Los verdaderos intolerantes son los yanquis.


Por Arthur González.

Esos que acusan a la Revolución cubana de ser intolerante, no aceptar la pluralidad ni el diálogo y le reclaman negociaciones con aquellos que tiene opiniones y criterios distintos, callan en total complicidad ante las acciones ejecutadas por el gobierno de Estados Unidos contra Cuba, con las crueles sanciones impuestas para matar de hambre y enfermedades al pueblo, para que culpen al sistema de sus necesidades.

¿Dónde están los reclamos a la Casa Blanca por las más de 100 sanciones contra Cuba en este año 2020, y el incremento de la criminal guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia humana?

¿No es una violación de los Derechos Humanos el recorte del monto de las remesas familiares y el cierre del canal para su envió a Cuba?

Pero ante esas acciones yanquis sus aliados callan para no disgustar al señor de los cielos en la tierra, el prepotente y trastornado Presidente Donald Trump.

Las medidas coercitivas impuestas contra la Isla son una prueba contundente de la falta de pluralidad del gobierno yanqui, quien no acepta que a solo 90 millas de sus costas exista un sistema diferente, por eso no están dispuestos a un diálogo respetuoso con las autoridades cubanas, ni admiten una negociación con quienes tienen criterios diferentes.

Evidencia irrefutable son las cuantiosas multas a quienes comercian con Cuba y las sanciones a todas las empresas cubanas, para entorpecer la importación y exportación de productos necesarios para los once millones de cubanos, con el único propósito de agobiar y cansar para después acusar a la Revolución de esas carencias, como repiten constantemente los enemigos y aquellos que se dicen defensores del pueblo y pretenden dar lecciones de tolerancia y pluralidad de ideas.

Esos que se “preocupan” por el pueblo y su espiritualidad, no levantan la voz para condenar las sanciones impuestas, como las más recientes anunciadas el pasado 21 de diciembre 2020 por el Departamento del Tesoro, sobre tres empresas comerciales cubanas el Grupo de Administración Empresarial SA, Financiera Cimex SA y Kave Coffee, SA, con el objetivo de apretar más la economía cubana.

Ninguno de los países de la Unión Europea, el Parlamento Europeo ni la Iglesia Católica, condenaron estas sanciones, ni tampoco las impuestas en noviembre de este año, que prohíben a los ciudadanos estadounidenses las importaciones de ron y tabaco para su consumo personal, así como el hospedaje en hoteles o propiedades estatales cubanas, e incluso la intolerancia llegó a tal punto que la prohibición abarca las casas privadas de renta, donde resida un funcionario estatal o algún miembro del Partido Comunista.

¿Dónde está la libertad de pensamiento, la tolerancia y el respeto a la libertad de escoger el rumbo que cada cual desee?

Los yanquis y sus acólitos solo repiten esos conceptos para atacar a Cuba, la que no acepta subordinarse nuevamente al Tío Sam, de ahí el precio que le imponen para que se arrepienta y regrese a los pies del amo imperial.

Por qué razón los que le exigen a Cuba aceptar criterios diferentes y el diálogo, no se pronunciaron contra la decisión de sancionar a la empresa cubana de remesas American International Services (AIS), a partir del 29 de septiembre y al banco francés Credit Mutuel, con el objetivo de cortar totalmente el servicio que prestaban a la Isla con las remesas familiares procedentes de Estados Unidos, lo mismo que hicieron contra la Wester Union.

Eso es un acto descabellado, inhumano y criminal que lesiona directamente a las familias, pero el Parlamento Europeo, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, la Iglesia Católica, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y la OEA, cerraron la boca, algo que hace entender su aprobación con tal medida, pues según el proverbio, “El que calla otorga”.

A darle clases de tolerancia y respeto a otros, porque los cubanos y cubanas resisten desde hace 62 años una brutal guerra económica y psicológica, que intenta aplastar una Revolución que triunfó para limpiar de oprobios el país, para que las hieles se volvieran miel, para que la ortiga se hiciera clavel, para que la Patria dejara de ser un sombrío cuartel y para que la sombra se volviera luz, como dijo en sus versos el poeta Jesús Orta Ruiz.

Con Cuba no valen presiones externas ni lacayos pagados con dólares yanquis, porque como afirmó José Martí:

“Un error en Cuba es un error en América, es un error en la humanidad moderna”.

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