Cuba: un bloqueo criminal que debe terminar.


 

Por Felipe Ciprián.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y  jefe de redacción de Listín Diario, en República Domincana.

El bloqueo financiero y del comercio que por más de 50 años ha impuesto Estados Unidos contra Cuba de forma unilateral y sin que represente nunca la opinión mayoritaria de la comunidad internacional, pervive en el tiempo y se agrava, como dedo acusador contra su patrocinador, porque nada justifica semejante acoso extraterritorial contra una isla antillana que no amenaza a nadie.

Cuando Estados Unidos impuso el bloqueo inicialmente, lo hizo para tratar de asfixiar y revertir la Revolución popular que liquidó una de las dictaduras más corruptas y asesinas del Caribe, la de Fulgencio Batista, cuyas fuerzas represivas eran armadas, asesoradas y provistas por el mismo Estados Unidos.

En aquellos años de Guerra Fría, el pretexto era que como Cuba se había constituido en un bastión importante y un país solidario e internacionalista al lado de los pueblos de América Latina que luchaban contra las dictaduras militares y el saqueo de los recursos de la región por parte de las grandes corporaciones extranjeras, había que derrotarla para que no “exportara” su Revolución.

Era un contexto diferente y un pretexto que compartían líderes militares latinoamericanos adiestrados en las escuelas de mando de Estados Unidos que les inculcaron que la seguridad nacional era lo más importante, olvidando que la misión de los militares, desde la Independencia hasta siempre, es proteger a su pueblo y defender, incluso con su vida, la soberanía frente a los agresores externos.

Pedían aislar a Cuba para que no exportara guerrillas de jóvenes latinoamericanos que se proponían insurreccionar los pueblos y desestabilizar gobiernos “legítimos” que en la mayoría de los casos eran dictaduras sostenidas por la fuerza.

Ahora resulta que a Cuba no se le acusa de exportar guerrillas, sino de dar apoyo para sostener a gobiernos legítimos, salidos de las urnas y no de los cuartelazos militares, como es el de Venezuela.

Se han invertido los roles: Cuando Estados Unidos inspiraba y apoyaba golpes de Estado como el perpetrado contra Salvador Allende en Chile, el 11 de septiembre de 1973, a Cuba se le acusaba de promover la subversión.

Ahora que Cuba apoya, aunque sea políticamente y con sus médicos, a gobiernos legítimos, votados por la mayoría de los ciudadanos y respaldados por sus fuerzas armadas, como sucede en Venezuela, Estados Unidos se ocupa de desestabilizarlos, de apoyar de todas formas la subversión y de amenazar con la agresión militar después que ha ejecutado el golpeo a su economía y saboteado sus servicios de salud, de electricidad, su sistema bancario y su comercio.

Sogas al cuello

Lo que resulta increíble es que, en un mundo caracterizado por la globalización del comercio, del financiamiento y la inversión, de las migraciones masivas en forma de turismo o de permanencia, con tecnologías disponibles para la información y la comunicación en tiempo real, la nación más poderosa del mundo bloquee y trate de asfixiar a una pequeña isla antillana que no representa amenaza para nadie.

Peor aún: después de que Estados Unidos y Cuba restablecieron sus relaciones diplomáticas por reconocer que el bloqueo era inútil para torcer el rumbo político de la Revolución cubana y que solo aportaba sufrimiento al pueblo cubano, el gobierno de Donald Trump mantiene las relaciones diplomáticas, pero aprieta la soga a todos los cubanos.

En los últimos dos años, lo que está haciendo el gobierno de Trump contra los cubanos no tiene punto de comparación: Sanciona y presiona a bancos y empresas de todo tipo para que no hagan negocios con Cuba y si los hacen, los sanciona.

Pero aún más, impone restricciones para que cruceros y líneas aéreas no lleguen a puertos cubanos, lesionando la industria del turismo que es la que genera una parte importante de las divisas de la economía cubana.

Lo que acaba de hacer el gobierno de Estados Unidos al limitar solo al aeropuerto internacional “José Martí”, de La Habana, la llegada de aeronaves procedentes de su territorio, es una agresión directa tanto a Cuba como a las propias aerolíneas norteamericanas que arribaban a nueve aeropuertos en la mayor de las Antillas.

El derecho al libre tránsito, solo sujeto a las leyes, se está cercenando para millones de turistas de Estados Unidos y para familiares de cubanos que estando en Norteamérica, no rompen sus vínculos con su patria y con su pueblo.

Limitar la cantidad de dinero que una persona pueda enviar a sus familiares o amigos en Cuba, por puros motivos de agredir a un gobierno que no les simpatiza y a un pueblo que lo respalda, es una acción colectiva de crueldad e indolencia frente al mismo pueblo que suelen señalar que sufre graves precariedades de ingreso.

Lo peor del bloqueo, aparte del daño económico y financiero a todo un pueblo, es la política agresiva contra el sistema de salud cubano, que le impide adquirir medicamentos, equipos, materias primas, exportar productos de comprobada eficacia contra la diabetes y hasta el cáncer, que impide los intercambios científicos y compartir experiencias.

¿Qué ensañamiento más cruel? ¿Cómo se convierte a todo un pueblo en rehén y se le somete a semejante sufrimiento por diferencias políticas e ideológicas con su gobierno?

Voto en Naciones Unidas

En pocas horas la Asamblea General de Naciones Unidas pondrá en debate y votación una nueva petición para que termine ya el bloqueo contra Cuba.

Año tras año es casi consenso del mundo que ese tipo de agresión debe cesar y más aún en el caso de un pueblo que como el cubano, ha impuesto su marca en el mundo: envía médicos y forma médicos para ir a los lugares más recónditos a prestar servicio; manda sus rescatistas y su ayuda a todos los lugares del planeta donde hay desastres naturales, y despliega sus maestros para enseñar a los iletrados.

Si un pueblo con esos atributos, con la carga de antillanía y solidaridad, es agredido y bloqueado, pero no derrotado, ¿para qué persistir con ese tipo de villanía política, totalmente inútil, salvo para provocar penurias y maldades?

Cuando se discuta y se vote en Naciones Unidas, espero que el voto dominicano siga siendo resueltamente afirmativo contra el bloqueo, porque quienes mantienen esa ignominia contra Cuba, mantienen y protegen a regímenes sanguinarios, crueles, terroristas, como el de Arabia Saudí e Israel.

Arabia Saudí asesinó al periodista Jamal Khashoggi en su consulado de Estambul, Turquía, y Estados Unidos, en una decisión inexplicable, miró para otro lado; los mandarines saudíes tienen cuatro años destruyendo a Yemen con las armas y el apoyo occidental; Israel agrede, asesina y se apropia de las tierras de los palestinos y sirios, pero eso no motiva ni siquiera una condena verbal.

Aun en los casos de Arabia Saudí y de Israel, no se justifica imponer un bloqueo a esos pueblos porque sus gobernantes sean sanguinarios. ¡Menos contra Cuba!

 

Estados Unidos y su política estancada contra Cuba.


Por Arthur González.

La enfermiza obsesión de los yanquis por destruir a la Revolución cubana, los ha empantanado en su política hacia Cuba. Ninguna iniciativa novedosa para cambiar su loca carrera de cercarla económicamente, aparece en el escenario estadounidense, ni siquiera bajo la administración de Barack Obama, a pesar del cambio de táctica que introdujo con el restablecimiento de relaciones diplomáticas.

El desarrollo de programas subversivos para debilitar la ideología socialista se mantiene desde hace 60 años, junto a sus permanentes fracasos de fabricar una “oposición”, financiada, instruida y abastecida con cientos de millones de dólares, que al final enriquecen a la mafia terrorista anticubana de Miami y sostienen a una escuálida disidencia interna, que lejos de aumentar decrece y se fragmenta, ante las pugnas por obtener la mejor parte del dinero.

Las cruzadas mediáticas contra la Revolución no cesan de inventar falacias, con el sueño de hacerle creer al mundo que Cuba es un infierno y el socialismo un fracaso económico, cuando la realidad es bien conocida, la criminal guerra económica, comercial, financiera y biológica que impone Estados Unidos hace más de medio siglo, son las únicas responsables de las penurias.

La actual administración republicana de Donald Trump, repite fielmente la actuación de sus antecesores, tanto republicanos como demócratas, ya que fue bajo la presidencia del demócrata J.F. Kennedy, que se le dio cuerpo legal a la guerra económica, se impuso el Acta de Comercio con el Enemigo, y denominaron “refugiados políticos” a los que arribaban a territorio yanqui, incluidos los asesinos, torturadores y ladrones del gobierno del dictador Fulgencio Batista.

Con la apertura en 1977 de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, bajo el gobierno del demócrata James Carter, se inició una nueva etapa donde el espionaje y la subversión política primaron, en vez de fortalecer las relaciones diplomáticas, culturales, y comerciales.

Aprovechando la presencia de decenas de “diplomáticos” yanquis en la Isla, abastecieron con equipos de comunicaciones de alta tecnología y dinero a sus agentes, además de crear centros ilegales para preparar a la contrarrevolución interna.

Mediante el empleo de su valija diplomática, introdujeron literatura subversiva, radios para la escucha de la emisora anticubana, alimentos, ropas y medicinas para atraer a la “disidencia”, e incluso el cartel lumínico que colocaron en los ventanales del edificio de la misión diplomática, todo en violación flagrante de la Convención de Viena de 1961 que norma las relaciones diplomáticas, entre ellas el uso de los locales de la Misión, las valijas diplomáticas y la no injerencia en los asuntos internos del Estado acreditante, entre otras cuestiones.

Hoy los yanquis acometen las mismas violaciones con actitudes provocativas y desafiantes hacia las autoridades cubanas. Sin embargo, expulsan a diplomáticos cubanos aduciendo falsamente actos que “afectan” su seguridad nacional, como si los que ellos ejecutan en territorio cubano, no fuesen en verdad los que atentan contra la estabilidad del estado cubano.

Dando un vistazo a la historia y a las declaraciones de Fidel Castro, ante los actos provocativos de diplomáticos yanquis, se puede palpar que la política de Estados Unidos hacia Cuba, se mantiene estancada en un laberinto sin salida.

El 25 de abril 2003, durante su presencia televisiva en el programa Mesa Redonda, decía Fidel Castro que Otto Reich, nombrado provisionalmente como Secretario Asistente de Estado para el Hemisferio Occidental, trazó pautas de la política del Departamento de Estado contra Cuba, entre ellas acusaciones de que Cuba preparaba una guerra electrónica contra las comunicaciones de Estados Unidos y otras denuncias falsas semejantes, que jamás existieron.

Y agregaba Fidel:

“Entre mentiras disparatadas de este tipo, la acusación más pérfida: Cuba desarrolla un programa de investigación para producir armas biológicas. Todas las acusaciones fueron desmentidas y ridiculizadas”.

En los momentos actuales la mentira reiterada son los “ataques acústicos” que “afectaron” solo a ciertos diplomáticos estadounidenses, a lo que se sumó Canadá con similar invención.

Ni ataques ni enfermos, lo que buscan es alejar de la Isla a los turistas extranjeros, por ser una de las fuentes de entrada de dinero al país y la guerra económica hay que arreciarla, como dijo el actual Secretario del Tesoro: “Se trabaja para cortar todas las entradas de dinero a Cuba”.

En esa propia intervención, el Presidente Fidel Castro denunciaba las acciones provocativas desarrolladas por el entonces jefe de la Sección de Intereses, James Cason, en sus reuniones con elementos contrarrevolucionarios y el abastecimiento de propaganda anticubana que entregaba durante sus visitas a otras provincias de la Isla, en su residencia y locales de la Misión diplomática en La Habana.

Explicaba Fidel:

Entre los días 19 y 25 de enero del 2003 James Cason y Ricardo Zúñiga, durante seis días realizaron un recorrido por las provincias de Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo, solicitado para realizar visitas privadas, dedicándose al abastecimiento material de los grupúsculos contrarrevolucionarios, en función de potenciar y unificar a la llamada “oposición” y establecer contactos con el medio religioso”.

En el 2019 se observa como la actual Encargada de Negocios de Washington, Mara Tekach, tampoco cesa de inmiscuirse en los asuntos internos cubanos,  reuniéndose con elementos contrarrevolucionarios, prepararlos para las provocaciones y estimulándolos a continuar por ese camino.

En ese sentido, en reunión efectuada dentro de la sede diplomática con los organizadores de la Marcha Gay, los preparó para fomentar desórdenes públicos que sería apoyados por campañas de prensa, como en efecto sucedió.

Igualmente, durante una supuesta visita de familiarización a la provincia de Guantánamo, se entrevistó con elementos contrarrevolucionarios y posteriormente publicó en la página oficial en Facebook de la Embajada:

“Las medidas legales aplicadas al opositor reflejan la crueldad e injusticia del gobierno cubano, el que continúa violando los derechos humanos y libertades de sus ciudadanos”.

Mara Tekach, en su accionar provocativo y desafiante, el 13 de septiembre 2019 lanzó una convocatoria haciendo un llamado a todos los jóvenes emprendedores cubanos, para participar en la llamada Iniciativa de Jóvenes Líderes de América, con el viejo anhelo de fabricar líderes contrarrevolucionarios dentro de Cuba, empeño que iniciaron en 2009.

Ante aquellas actitudes asumidas por Cason, semejantes a las que realiza hoy la Encargada de Negocios yanquis, expresó Fidel Castro:

Cuba se tomará toda la calma necesaria para decidir la conducta a seguir con este extraño funcionario. Tal vez los numerosos miembros de la Inteligencia norteamericana que trabajan en esa Oficina de Intereses, le expliquen que Cuba puede prescindir tranquilamente de tal Oficina, incubadora de contrarrevolucionarios y puesto de mando de las acciones subversivas más groseras contra nuestro país. Los funcionarios suizos que los representaron largo tiempo, realizaron durante años un excelente trabajo y no hacían labores de espionaje ni organizaban la subversión. Si eso es realmente lo que desean, provocar con tan insolentes declaraciones, es mejor que tengan la vergüenza y el valor de decirlo”. 

El 26 de julio de 2005, Fidel le explicaba al pueblo cubano:

“…Los meses que precedieron al 52 aniversario del inicio de nuestra lucha armada por la definitiva independencia de Cuba, se caracterizaron por una especial agresividad por parte de la administración Bush contra Cuba.  La extrema derecha nazi-fascista que se apoderó de la dirección del imperio, no ha cesado de rumiar su odio impotente contra nuestra Patria”.

“W. Bush y su camarilla no han cesado un instante de adoptar medidas crueles y llenas de odio a lo largo de más de cuatro años para desestabilizar, golpear y tratar de barrer de la faz de la Tierra la independencia de Cuba y el derecho de su pueblo a un sistema político y económico verdaderamente humano y justo”. 

“Resoluciones grotescas fueron aplicadas para endurecer el bloqueo y asfixiar la economía del país…Se multiplicaron las calumnias; se calificaba a Cuba de país terrorista; se inventaban descabelladas mentiras sobre la fabricación de armas biológicas, planes de guerra electrónica con el propósito de interferir las comunicaciones del gobierno de Estados Unidos y otras por el estilo, con el objetivo de buscar pretextos para una agresión genocida contra nuestro pueblo”.

“La administración Bush encarna el más repugnante y siniestro odio contra un pueblo digno y heroico que no se doblega, ni puede ser intimidado por las amenazas y las agresiones del poderoso imperio”.

El presidente Donald Trump, repite agresiones y errores de sus antecesores, sin lograr un solo triunfo contra el pueblo cubano que defiende una Revolución autentica, y jamás permitirá regresar a un pasado lleno de desigualdades, discriminación y sin los beneficios sociales que pretenden destruir con sus guerras económica, comercial y financiera, porque como aseguró José Martí:

“La Revolución en Cuba es el aire que se respira. Nada puede vencerla”.

 

Bloqueo contra Cuba, ver para creer.


Por Arthur González.

Para quienes aseguran que los problemas de la economía cubana no tienen vinculación con el criminal bloqueo que imponen los yanquis desde hace 60 años, deben leer las nuevas sanciones aplicadas recientemente por la actual administración del presidente Donald Trump, para convencerse que sí afecta y mucho.

No por gusto esa guerra económica, comercial y financiera la mantienen inamovible, a pesar de la condena de todas las naciones representadas en la ONU, haciendo caso omiso de los reclamos mundiales, pues el objetivo que persiguen los yanquis es lograr el desencanto y el desaliento del pueblo, a partir de las penurias causadas por esa política en más de medio siglo.

Para no dejar dudas de lo que trata de alcanzar Estados Unidos con esa cruel y despiadada política al más puro estilo nazi, el pasado 19 de noviembre de 2018, se conoció la multa impuesta por el gobierno de Trump al tercer banco más grande de Francia, el banco Société Générale S.A., ascendente a mil millones 340 mil dólares por sus relaciones con la banca de Cuba, demostrando que, como imperio mundial, le aplica medidas extraterritoriales a quienes no acaten sus órdenes.

Dicha sanción fue resultado de un proceso jurídico abierto por la parte estadounidense contra la entidad francesa, acusándola de violar las sanciones que Estados Unidos tiene establecidas.

Una parte de ese monto será cobrado por el Departamento de Estado. Además, el banco Société Générale S.A., tiene que pagarle 420 millones de dólares al Departamento de Servicios Financieros de Nueva York; 717 millones al Departamento de Justicia; 81,3 millones a la Reserva Federal; 163 millones a la Fiscalía Distrital de Manhattan y otros 54 millones al Departamento del Tesoro.

Como medida adicional impuesta por el tribunal yanqui, la Société Générale está obliga a despedir a todos los empleados que hubiesen estado involucrados en las operaciones, con el compromiso de no volverlos contratar jamás.

No satisfechos con esa felonía imperialista, Estados Unidos exige que se le muestren los programas implementados por la Société Générale, para impedir el restablecimiento de relaciones financieras con Cuba.

Aquellos que sueñan que, con cambios internos solamente, la economía cubana puede prosperar, ahora tienen la palabra de cómo hacer para pagar las compras que Cuba ejecuta, el pago de otras obligaciones y recibir el dinero por sus ventas.

Cualquier país del tercer mundo como Cuba, sin muchos recursos naturales y dependiente de su comercio exterior, hubiera claudicado ante la bota imperial de los yanquis, pero los cubanos, con su dignidad y moral, no renuncian al sistema que escogieron y resisten estoicamente cada nueva sanción de Estados Unidos, el que se enfurece aún más ante la valentía del pueblo de la mayor isla de las Antillas.

El presidente Barack Obama, es uno de los que más penalidades impuso a la banca internacional por sus relaciones contractuales con Cuba. Basta señalar que, del 2009 a enero de 2017, el monto acumulado por esas multas ascendió a la cifra de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares.

No satisfechos con eso, insisten en estrangular aún más la entrada de dinero fresco a Cuba, intentando cortar el turismo internacional y de aquellos estadounidenses que viajan con alguna de las licencias establecidas por el Departamento de Estado, pues desde 1961 tienen prohibido visitar la Isla como turistas.

Para ello fabricaron los “ataques acústicos” a sus diplomáticos en La Habana, y la historieta que saben puede atemorizar más a los viajeros: las falsas enfermedades que dicen padecer. Toda esa mentira premeditada es una sanción adicional a la guerra económica.

Además de esto, el Departamento de Estado publicó el 14 de noviembre 2018, otro extenso listado con 26 entidades y sub-entidades cubanas restringidas para los estadounidenses, que se suman a las publicadas el pasado año.

Las nuevas entidades y sub entidades prohibidas, son fundamentalmente hoteles ubicados en importantes sitios turísticos cubanos, como La Habana, Varadero y los cayos al norte de la provincia de Villa Clara.

Para mayor muestra de la psicosis que le causa la Revolución cubana a Washington, han incluido ridículamente algunas boutiques y centros comerciales, que, hasta para el menor entendido, es sabido que no pueden afectar en nada la seguridad nacional estadounidense y todo forma parte de esa política que pretende asfixiar al pueblo cubano, el más se afectado, algo que los yanquis conocen y aspiran a que algún día se lance a las calles para protestar de las escaseces que padecen.

Magos son los dirigentes de Cuba para sortear tantas sanciones y garantizar el sistema de salud gratuito, la educación, la cultura, el deporte, la industria biotecnológica y otras fábricas importantes para la vida de la nación, así como la agricultura, que también es atacada por plagas y enfermedades introducidas por la CIA para afectar sus producciones, y aun así garantiza la canasta básica que se le entrega a toda la población a precios subsidiados.

Sin esta guerra económica la situación cubana sería muy distinta a la de hoy, por eso especialistas del Foreign on Council Relations de Estados Unidos, aseguraron en 1999:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Esa es la razón por la cual el presidente Obama, a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas, no hizo nada para desmontar el Bloqueo, aunque contaba con determinadas facultades para hacerlo más flexible.

No obstante, tanta guerra económica, Cuba sigue su camino no exento de dificultades, pero libre y soberana sin el amo yanqui que la ocupó militarmente en tres ocasiones antes del triunfo revolucionario de 1959, porque como dijera José Martí:

“Somos libres, porque no podemos ser esclavos”

“ Y una vez gozada la libertad no se puede vivir sin ella”

 

Mercenario de las letras


Por Arthur González

Cada vez que se publican libros y artículos contra Cuba en el llamado “mundo libre”, recordamos la desclasificada operación de la CIA Mockingbird, la cual inició sus acciones en la década de los años 50 del siglo XX, bajo el mando de Frank Wisner, de la dirección de Planes de la propia Agencia.

Esa operación consistió en el reclutamiento de un grupo de periodistas de importantes órganos de prensa, con el fin de difundir informaciones manipuladas para crear matrices de opinión favorables a los planes de la CIA.

Para ese trabajo de Guerra Sicológica, divulgaron noticias falsas y tergiversadas sobre la Revolución cubana, con el propósito de lograr su aislamiento internacional, mientras callaron los crímenes de la dictadura de Fulgencio Batista.

En esa misma línea de mentiras y tergiversaciones circula un libro titulado Cuba sin Fidel, de Julio Patán, mexicano periodista cultural, escritor y conductor de programas de noticias Foro TV y en el Canal 22.

Dicho libro, cargado de falsedades, describe una Cuba al gusto de la mafia terrorista anticubana de Miami, pero lejana a la realidad, donde pretende ocultar las verdades de la Revolución de Fidel Castro.

Ni una palabra para condenar la guerra económica, comercial y financiera impuesta por el imperio del Norte, que busca matar por hambre y enfermedades al pueblo por el solo hecho de haber escogido su propio destino.

El escritor no sabe o no quiere saber, lo que en 1960 escribió el entonces sub Secretario de Estado yanqui, Lester Mallory, cuando en memorando a su jefe afirmó:

“…El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Por supuesto que los efectos de 58 años de esa guerra se sienten y palpan en la isla, pero lo que no menciona el mexicano, nacido en 1968 cuando los estudiantes de su país eran masacrados en la plaza de las tres culturas de Ciudad México, es la resistencia de los cubanos a esa cruel y despiadada guerra y el apoyo mayoritario a los logros del proceso revolucionario.

Desconocedor total de Cuba, intenta desprestigiar una obra que no tiene parangón en el hemisferio occidental, solo describe la Habana despintada y apuntalada de edificios de más de 100 años en la parte más vieja de la ciudad. Sin embargo, no menciona que todos los niños asisten diariamente a las escuelas con uniformes, zapatos y medias blancas, sin que sus padres tengan que pagar un solo centavo, algo inimaginable para millones de mexicanos.

La Habana tiene derrumbes por su antigüedad y falta de mantenimientos constructivos, pero los moradores de esos edificios no quedan a la buena de Dios, son atendidos por las autoridades de forma inmediata, trasladados a centros donde reciben albergue, alimentación y atención médica sin costo, situación que no sucede en México ni en Estados Unidos, donde los damnificados por los últimos huracanas aún esperan la ayuda gubernamental como sucede en la colonia de Puerto Rico.

El conductor de la TV mexicana en su libro Cuba sin Fidel, no hace alusión a la seguridad ciudadana que le permitió caminar las calles habaneras sin temor a ser asaltado, como sucede en México, país que posee record mundial de periodistas asesinados, según la Sociedad Internacional de Prensa (SIP), con 12 muertos en 2017.

Su mala fe es tan alta que trata de crear una atmosfera de represión en la sociedad cubana, al afirmar que aquellas personas que rentan sus viviendas “se ven obligados a tomar los datos del pasaporte e informar a las autoridades migratorias”.

¿Ignorancia? Todos los hoteles del mundo tienen que informar a las autoridades de sus huéspedes, por eso se llenan formularios que incluye el número de pasaporte, algo que protege al extranjero de sucederle algún percance, al conocerse su lugar de estancia.

¿Por qué no plasmó en su libro que no vio en La Habana niños limpiando cristales de autos, haciendo de payasitos en medio de las avenidas, vendiendo baratijas, descalzos o inhalando pegamento para drogarse y calmar el hambre, como sucede en México?

Algunas páginas las dedica a la “larguísima nómina de represaliados”, ¿Dónde vio esa represión? En Cuba la policía no usa cascos, escudos, chalecos antibalas, ni armas largas como la mexicana, no hay carros lanzando chorros de agua, ni balas de goma o gases lacrimógenos.

Ausencia de ética profesional para quien se dice hombre del periodismo.

A Julio Patán le faltó escribir que Cuba, pequeña y bloqueada por el imperio más poderoso de la edad moderna, gracias a Fidel Castro es admirada y reconocida por las Naciones Unidas debido a su labor humanitaria en materia de salud.

407 mil profesionales y técnicos de la salud cubana brindan asistencia en 164 países y en 50 años han atendido a un millón 688 personas en las zonas más recónditas del planeta, algo que no hacen los yanquis ni los europeos, además de operar a 12 millones de pacientes, acción reconocida por la Organización Mundial de la Salud.

En su visión “devastadora” de Cuba, ocultó que gracias a la Revolución existe un desarrollo científico, donde especialistas nacidos y formados después de 1959 crearon las vacunas contra la Hepatitis B; la Meningoencefalitis; Haemophilus Influenza tipo B; Pentavalente contra varias enfermedades contagiosas; anticuerpos monoclonales contra el cáncer;  Heberprot-P, único medicamento contra las úlceras del pie diabético; vacuna contra el cáncer de pulmón; Melagenina contra el vitíligo y muchas más.

Si eso es decadencia de un país, que revise el suyo para que vea la miseria por doquier; los asesinatos y desaparecidos, como los 43 estudiantes de Ayotzinapa; carteles de las drogas matando a su antojo y una corrupción generalizada que pudre esa sociedad, situación que no se atreve a denunciar a profundidad por temor a ser la próxima víctima.

Si la intención es afectar el turismo como desea Estados Unidos está fracasado.   En el 2017 Cuba recibió a cuatro millones 700 mil turistas que aprecian sus bellezas y problemas, su cultura y altos niveles de instrucción, verdad que Washington pretende ocultar con periodistas que se prestan para sus campañas mediáticas.

Razón tenía José Martí cuando expresó:

“En la tierra hay más ratas que águilas”

Donald Trump y su continuo apoyo al socialismo cubano


Por Arthur González

No es necesario ser un avezado especialista en temas políticos para darse cuenta de que cada medida que toma el actual presidente de Estados Unidos, fortalece el sistema socialista en Cuba, al dejarle al descubierto a un pueblo culto y con elevada preparación académica, los verdaderos sentimientos humanos del gobierno de su vecino del Norte, revuelto y brutal como lo denominó José Martí, apóstol de la independencia de Cuba.

Si Trump piensa que con cada nueva decisión contra la Revolución podrá reblandecer la ideología de su aguerrido pueblo, va por el camino equivocado pues, contrario a sus deseos, fortalecen la unidad de todos los cubanos para seguir resistiendo la criminal guerra económica impuesta por el presidente J.F. Kennedy en 1962, cuando aprobó el Programa Cuba, conocido por el nombre código de Plan Magosta, donde se puede leer que el fin perseguido por dicha guerra, es “…evitar la satisfacción de las necesidades económicas del país, unido a una guerra psicológica que hará surgir el resentimiento contra el régimen…”

Con la desclasificación y publicación de decenas de planes tenebrosos contra Cuba, es imposible disfrazarse de oveja, las patas del lobo se ven fácilmente, brindándole al mundo la posibilidad de conocer hasta donde son capaces de llegar los yanquis para lograr sus propósitos, a pesar de auto declararse “paladines de los derechos humanos”.

Brindándole gratuitamente más y mejores argumentos a Cuba para seguir acusando a Estados Unidos por su criminal bloqueo económico, comercial y financiero, el Departamento del Tesoro acaba de imponerle otra multa a la subsidiaria en Canadá de la compañía de seguros American International Group, ascendente a 148 mil 698 dólares.

El supuesto y grave delito cometido por la susodicha empresa canadiense, fue proveer de cobertura de seguro a ciertas exportaciones e importaciones de mercancías hacia o desde Cuba. Esta situación recurrente en la persecución del comercio cubano, demuestra lo irracional que resulta la guerra económica, porque el libre comercio entre los países del mundo es lo que ellos mismos proclaman como derecho de los pueblos, demostrando como de forma consuetudinaria pisotean el derecho de los cubanos.

Quienes se hacen llamar “campeones” de los derechos humanos le han impuesto, durante el presente año 2017, cuatro multas de cientos de miles de dólares a compañías estadounidenses, sucursales de estas o de extranjeras, y de tales penalidades dos fueron en el propio mes de junio.

Esas medidas le regalan a Cuba más argumentos para su denuncia anual ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde 191 países rechazan ese cruel Bloqueo, el cual está basado en las sugerencias realizadas el 06.04.1961 por el entonces Sub Secretario de Estado para el hemisferio occidental, Lester Mallory, en las que expresó:

“…el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Medio siglo no ha sido suficiente para que 10 tercos y obstinados Presidentes de Estados Unidos, se percaten que esa política criminal no les permitió alcanzar sus objetivos de enajenar el apoyo del pueblo a su Revolución y, por el contrario, son cada día más cubanos los que nacen bajo la guerra económica yanqui, pero con un gen transmitido por sus ancestros, el que multiplica su rechazo y el repudio a ese imperialismo despiadado, porque como dijera José Martí:

“En los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia, y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria”.

EE.UU. reconoce sus mentiras


Por Arthur González.

Ha tenido que transcurrir medio siglo para que finalmente el gobierno de Estados Unidos reconozca que los cubanos no salen de Cuba “huyéndole al comunismo”, como afirmaron al aprobar en 1966 la Ley de Ajuste Cubano para engañar al mundo.

Después de años de campañbalserosas difamatorias contra la Revolución cubana y erogando miles de millones de dólares en mantener a los cubanos que arribaban sin visas al territorio norteamericano, han tenido que aceptar que esa emigración es puramente económica y en buena medida creada por la propia política de la Casa Blanca, obstinada en mantener una despiadada guerra económica contra Cuba.

Esa misma guerra económica, comercial y financiera impuesta en 1962 para evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo por parte del régimen comunista, como consta en documentos oficiales de la CIA ya desclasificados, provocó a partir de 1980 olas migratorias que pretendían desestabilizar al sistema socialista y al final se revirtió sobre los propios Estados Unidos, creándole serios problemas internos.

No hay país en el mundo que hubiese podido resistir tantas agresiones juntas, ni los propios Estados Unidos soportarían un bloqueo económico y comercial por un mes, los ciudadanos al constatar la escasez de productos saldrían a derribar de inmediato al Presidente de turno.

Pero eso no pasa en Cuba porque, aunque no quieran reconocerlo, el proceso revolucionario es auténtico, el pueblo sabe leer y escribir gratuitamente gracias a la Revolución, posee altos niveles de salud, cultura, seguridad social y niveles de igualdad de género y racial, como jamás tuvo durante 58 años de capitalismo que provocó el alzamiento de miles de jóvenes para luchar contra la dictadura batistiana, apoyada totalmente por Washington.

Ahora el mundo comprenderá las razones de Cuba en sus continuas demandas contra la criminal Ley de Ajuste Cubano y su política de pies secos-pies mojados que privilegiaba solo a los cubanos, como también ira percatándose de cuánto hay de manipulación en las posiciones de los Congresistas de origen cubano, que dominan las campañas anticubanas en el Senado y la Cámara de Representantes.

Una prueba de esa manipulación la acaba de dar hace pocas horas el senador Marco Rubio, el mismo que hizo recientes declaraciones a favor de modificar los privilegios que otorga a los cubanos la llamada Ley de Ajuste, pero al conocer la derogación de la política del llamado Parole Humanitario, solo para el personal de la salud cubana que presta su ayuda en países del mundo, anda chillando para que el robo de médicos, enfermeros y técnicos de la salud, se restablezca.

La resistencia y unidad de Cuba es el antídoto que le permite mantener su sistema socialista que tanto molesta a Estados Unidos, pero la verdad se va abriendo paso porque no puede taparse el sol con un dedo y menos cuando la Isla es visitada anualmente por 4 millones de personas del mundo que observan las diferencias con otros países del tercer mundo, comprueban las necesidades y limitaciones económicas producto del Bloqueo, y también la fuerza del pueblo por levantarse de esas dificultades.

Preciso fue José Martí al expresar:

“Esperar para creer demuestra sensatez y verdad”

Crisis en las economías capitalistas


Arthur González

Décadas de propaganda contra el socialismo le han hecho creer al mundo que su economía es un fracaso total y por tanto deben incorporarse al sistema capitalista.

Sobre este objetivo el presidente Barack Obama ha sido enfático en trasladar esa idea a los cubanos y de ahí sus medidas para apoyar a los que establecen pequeños negocios privados de cafeterías, restaurantes, renta de habitaciones, artesanos, arreglos de teléfonos móviles y otros similares.

Sin embargo, Estados Unidos persiste en mantener su guerra económica, comercial y financiera contra la Isla, que ya casi cubre 60 años, como castigo por haber adoptado un sistema socialista en abril de 1961, desafío que los yanquis no le perdonan a la Revolución encabezada por Fidel Castro y por eso los cientos de planes para asesinarlo, unido a los programas de Acción Encubierta de la CIA para impedir el desarrollo económico del país y culpar al socialismo.

A pesar de esa criminal política de aislamiento, Cuba exhibe resultados inigualables en su sistema de Salud gratuito para todos, una educación con acceso libre y sin costos hasta la universidad, más programas de seguridad sociales que no poseen muchos países capitalistas.

La guerra mediática que se ejecuta contra el Revoluciona exagera y miente la realidad, no exenta de dificultades por errores cometidos, pero principalmente por el efecto de las medidas de Bloqueo económico que persigue con saña a muchos que llevan a cabo relaciones contractuales con Cuba, como son las inverosímiles multas multimillonarias impuestas a entidades bancarias que buscan ahogar la economía cubana.

Al terminar el año 2016 el panorama de América Latina, Europa, Asia y África, e incluso de Estados Unidos, con economías para nada socialistas, es bastante desolador.miseria

Uno de los países más grandes de la región es México, con su economía totalmente capitalista y un tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, pero lo que le puede mostrar a la bloqueada y perseguida economía socialista cubana es solo hambre y miseria.

Cifras publicadas a finales del pasado diciembre por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), hablan por sí mismas de la diferencia con la actual situación de la bloqueada Cuba socialista, al asegurar que los niveles de pobreza de los mexicanos se incrementaron entre 2008 y 2014, al pasar de 44,3 por ciento a 46,2 en el 2016, porciento que abarca a 55,3 millones de mexicanos. Sigue leyendo