España, intereses comerciales versus intereses políticos.


Por Arthur González.

Mucho se habla de democracia, respeto a los derechos humanos, leyes internacionales y pactos, pero fundamentalmente es para criticar y sancionar a gobiernos no aceptables para los Estados Unidos, mientras ese país y sus aliados hacen y deshacen sin que nadie los pueda señalar.

Uno de esos es España, cuyo sector empresarial asume posiciones favorables a las relaciones comerciales con Cuba, desafían la guerra económica, comercial y financiera impuesta desde hace 60 años por la Casa Blanca, mientras el gobierno se pliega a los dictados yanquis, aunque lo haga de forma más solapada, pero con idénticos fines.

Así las cosas, el pasado 25 de noviembre la embajada española en La Habana, convocó a un grupo de contrarrevolucionarios, financiados por Estados Unidos para ejecutar actos provocativos contra el gobierno cubano, con el propósito de sostener un encuentro “discreto”, situación que desde hace algunos años no se efectuaba, según publicó el sitio digital CiberCuba, creado y sufragado con dinero de los Estados Unidos.

El contenido del encuentro no fue divulgado a pedidos de los diplomáticos españoles, pero pudiera haber sido para disculpar al Rey por no haber sostenido una reunión con ellos, algo que los yanquis estuvieron exigiéndole a la Corona antes de su visita a la Isla, la primera en 500 años.

En ese sentido se destacó el senador Marco Rubio, quien envió una carta el Rey Felipe VI, exigiéndole que abogara en Cuba por “los principios democráticos, la defensa de los derechos humanos y la libre expresión”, de ahí la actitud que asumió durante la cena ofrecida al presidente cubano, donde pretendió darle lecciones de democracia, mientras en España se apresaba y sancionaba por sedición, a los catalanes que exigen la independencia de Madrid.

La sede diplomática de España ha dado apoyo material, financiero y moral a los contrarrevolucionarios creados por Estados Unidos, desde los años 80, como parte de su visión cercana a los yanquis, tal y como hizo en los años 60 cuando Jaime Caldevila García del Valle y su secretaria, Carmen Jiménez Gómez, ambos miembros de la inteligencia española, asumieron la atención de algunos agentes de la CIA después del cierre de la Estación Local, producto de la ruptura de relaciones diplomáticas de Washington con La Habana, el 3 de enero de 1961.

Por su actividad de espionaje en 1966 el “diplomático” fue expulsado de Cuba.

Cuba representa para España una plaza importante para sus negocios y el empresariado desafía las sanciones establecidas en la Ley Helms-Burton, aprobada por el Congreso yanqui como herramienta para sumir al pueblo cubano en la miseria y que este culpe al socialismo de sus penurias.

Sin embargo, su política ligada a la OTAN, la Unión Europea y sobre todo a los Estados Unidos, hace que mantengan la misma línea de señalamientos a las campañas fabricadas por Washington, sobre las inventadas violaciones de los derechos humanos y la falta de libertades, a pesar de que sus diplomáticos conocen perfectamente que en la Isla no ocurren represiones como se observa en otros países, y la contrarrevolución es sufragada desde el exterior, incluso desde España.

Un claro ejemplo de esto es la negativa del gobierno español a extraditar a Cuba a un individuo que tiene causa legal abierta por el delito de tráfico de personas, encubriéndolo por presiones políticas al calificarlo como “opositor al régimen”, algo bien diferente a lo que exigen respecto a los catalanes que permanecen en otros países europeos, a quienes acusan de sedición y malversación, desconociéndoles su condición de perseguidos políticos, además de la brutal represión que ejecutaron contra los que exigían la independencia en las calles y plazas.

También defienden a los contrarrevolucionarios que calumnian e injurian a los gobernantes cubanos, algo que la ley española sanciona con pena de prisión de seis meses a dos años, si es sobre el Rey, la Reina y su familia.  Para aquellos que se les ocurra afectar el prestigio de la Corona, la ley les impone fuertes multas.

Con Cuba todo es distinto, y un caso más que evidente es el de la española Elena Larrinaga, miembro del Partido Popular y directora del Observatorio Cubano de los Derechos Humanos, construido y costeado por los yanquis, solo para mentir deliberadamente contra el gobierno de Cuba. A ella se le admiten todas sus declaraciones públicas y acusaciones falsas ordenadas desde Miami, sin que nadie la pare su carrera desenfrenada llena de odio hacia la Revolución.

Otro caso que prueba la doble moral española es el respaldo brindado al terrorista venezolano Leopoldo López, instigador y participante en los actos violentos contra instituciones oficiales, universidades y centros comerciales en Venezuela, además de su participación en el frustrado golpe militar a inicios del 2019, junto a Juan El Títere Guaidó.

López fue enviado años atrás al Instituto Lesch Walesa, en Polonia, junto a varios contrarrevolucionarios cubanos para recibir preparación de como subvertir el orden en las calles, crear partidos políticos y otras tácticas que la CIA puso en marcha en aquel país de Europa del Este, dentro de la línea de trabajo del Programa Democracia, aprobado bajo la administración de Ronald Reagan, durante su cruzada contra el sistema socialista.

A diferencia de lo que hace el actual gobierno golpista de Bolivia contra la embajada de México, por darle asilo político a funcionarios del gobierno del presidente Evo Morales, Venezuela no ejecuta ninguna acción de hostigamiento contra la sede de España, a pesar de que en la misma le permiten al contrarrevolucionario Leopoldo López, dirigir acciones subversivas contra el gobierno venezolano, como fue el reciente asalto a una unidad militar al sur del país por miembros de la llamada oposición, donde resultó muerto un militar venezolano.

La vida se encarga de juzgar esas acciones y el 1ro de enero de 2020 la Revolución cubana cumplirá 61 años, a pesar de los miles de millones de dólares empleados por los yanquis para destruirla, porque como aseguró José Martí:

“Lo que tiene razón de vivir trae consigo tal pujanza, que no hay preocupación, ley hostil o capricho pasajero que lo ahoguen”

 

Estados Unidos en la etapa fascista.


Por Arthur González.

Sin duda alguna, el gobierno de los Estados Unidos ha llegado a la fase superior del imperialismo, el fascismo despiadado que no respeta ningún derecho y menos la soberanía de los otros estados. Así lo confirman los hechos acontecidos durante el presente año 2019.

El presidente Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca, demostró ausencia de ética y valores, que unido a su falta de experiencia política lo hacen un dirigente que toma decisiones a caprichos, a partir de su distorsionada personalidad, sin importarle reglas establecidas para las relaciones internacionales.

Sus desmanes se han puesto en evidencia en el maltrato y ofensas al personal y funcionarios de su gabinete, por lo que muchos renuncian en demostración de rechazo al gobernante.

Trump seleccionó a funcionarios con las más altas posiciones de derecha, de ahí las decisiones que aprueba contra los países y gobiernos que no aceptan sus órdenes imperiales.

Hoy Estados Unidos está fuera de casi todos los tratados internacionales firmados por administraciones anteriores, desata políticas contra quienes se oponen a sus ideas, propicia golpes militares en el mundo, declaró una guerra comercial con China, Rusia y las más recientes con aliados como Francia, Brasil y Argentina, situación que certifica el carácter fascista de su pensamiento.

La obsesión que tiene contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia lo llevan a tomar medidas de guerra económica, comercial y financiera jamás vistas con anterioridad, superando ampliamente a los presidentes que le precedieron.

La designación de Mike Pompeo, ex director de la CIA, como Secretario de Estado, derribó la división virtual que existía entre las acciones de política exterior y las de inteligencia, como son la guerra sucia, los planes de asesinato a dirigentes que no son del agrado yanqui, el terrorismo de Estado, las campañas de guerra psicológica y el diseño y financiamiento de golpes militares, al mejor estilo de los ejecutados en la década de los años 60 y 70 del siglo XX.

El neo fascismo yanqui incrementa el racismo, brutales represiones contra los pueblos, si el menor respeto por los derechos humanos, civiles, religiosos, de género y pensamiento, algo que recuerda la actuación del ejército alemán y las SS de Adolfo Hitler, de quien Trump copia hasta algunos gestos y formas de gobernar.

En ese sentido, es tal la guerra psicológica, las campañas de mentiras fabricadas contra todo el que no se le arrodille, que lo conducen al chantaje, la extorsión y la persecución política más despiadada que se pueda imaginar.

Hoy la NED y la USAID, de conjunto con el Departamento de Estado y la CIA, obtienen presupuestos desorbitantes para erosionar a aquellos gobiernos no aceptables para Estados Unidos, que superan ampliamente aquellos dedicados a programas sociales del pueblo norteamericano.

Los planes yanquis para derrocar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, son violatorios de toda razón política, de la Carta de las Naciones Unidas, los Derechos Humanos y de la lógica sensata, sin que nadie en el mundo se le oponga, ni siquiera la Unión Europea, que dobla las rodillas antes sus locuras.

Pompeo sigue al pie de la letra los caprichos de Trump, llegando a confesar sin el más minino pudor, que la CIA prepara a sus funcionarios para mentir, lo que demuestra las razones de tantas falsedades construidas para dañar la imagen de gobernantes no aceptables para los yanquis.

Lo inaudito de esta etapa fascista de Estados Unidos es que, con toda desfachatez y prepotencia imperial, el Secretario de Estado declaró el 2 de diciembre 2019, que “Washington ayudará a los gobiernos legítimos de América Latina para evitar que las protestas, que se desarrollan en diversos países, se conviertan en sublevaciones”.

Fascistas del siglo XXI que apoyan las salvajes y criminales represiones que acometen los gobiernos de Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia, contra los pueblos obstinados de tanta desigualdad, pobreza, exorbitantes costos de la educación, salud, vivienda y transporte, en contraste con los bajos salarios, las exiguas pensiones y recortes en seguridad social, mientras los ricos se llenan sus bolsillos explotando sin piedad.

Para que nadie se llame a engaños del verdadero rostro del neofascismo yanqui, Pompeo, sin ningún temor, justificó que su país pueda participar en los esfuerzos represivos contra las pacíficas protestas populares en América Latina, asegurando con la mayor desfachatez que “Estados Unidos representa el mayor ejemplo de democracia en la historia del mundo”.

¿Pensará el señor que los pueblos no conocen quien reparte dinero para la subversión contra los gobiernos no aceptables para la Casa Blanca?

Con visitar las páginas oficiales de la NED y la USAID se puede comprobar los millones de dólares que destina anualmente Estados Unidos, para derrocar a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, entre otros no aceptables para ellos.

En su continuado discurso para demonizar a Cuba y Venezuela, y justificar las repudiables guerra económica, comercial y financiera que aplican para ahogar a sus pueblos, expresó que “ambos países están detrás de quienes incitan a la violencia y disturbios en estos territorios”, ocultando que precisamente es Estados Unidos quien financia los golpes militares, la propaganda subversiva, los llamados opositores e incluso los actos provocativos y acciones terroristas, con el objetivo de destruir ambos procesos revolucionarios que tanto odian los yanquis.

En la locura enfermiza que corroe a la administración Trump, Pompeo señaló que “La Habana y Caracas quieren secuestrar las protestas y  tratan de convertir las democracias aliadas de Washington en dictaduras”, y en su desvarío mediático acusó igualmente a Rusia de “ser una influencia maligna en América Latina”.

Basado en la doctrina hitleriana de repetir una mentira para convertirla en una verdad, acusó a Nicolás Maduro de “negarse a honrar el deseo democrático del pueblo venezolano y su presidente interino legítimo, Juan Guaidó”, idea que causa risas pues el mundo sabe que el Títere fue fabricado por los yanquis, no ha podido obtener respaldo del pueblo, ni tan siquiera de los partidos de la oposición, siendo acusado de corrupto por embolsillarse el dinero de la supuesta “ayuda humanitaria”, durante el fallido Cucutazo, teatro montado meses atrás en la ciudad de colombiana de Cúcuta, fronteriza con Venezuela.

En su imparable guerra psicológica dijo que “miles de agentes de inteligencia cubanos son el soporte vital de régimen de Maduro y por eso hemos echado atrás algunos de los acercamientos con Cuba, aplicándole nuevas sanciones”.

Pompeo elogió sínicamente la expulsión de médicos cubanos de países como Brasil, Ecuador y Bolivia, acciones que persiguen cortar la entrada de dividas a Cuba, como parte del recrudecimiento de su repudiable guerra económica, que en 60 años no han podido doblegar la resistencia y unidad de los cubanos.

Sin máscaras ni afeites, los neo fascistas declaran al mundo que asesinar, masacrar y apresar arbitrariamente a los pueblos, es parte de su política en Latinoamérica, para evitar que los ciudadanos reclamen una vida más digna y humana de la que les ofrece el neo liberalismo impulsado por los yanquis, sistema que solo conlleva a la pobreza, desigualdad, al alto consumo de drogas y a la prostitución infantil, como formas de sobre vivir en ese sistema inhumano, donde las personas solo valen por lo que tienen en sus bolsillo.

Hoy los latinoamericanos no son los mismos de 30 años atrás y si en aquellos años se lanzaron a las calles sin temor a ser asesinados, torturados y desaparecidos, como hicieron los yanquis durante la Operación Cóndor, las nuevas generaciones no podrán ser acalladas, aunque retornen las mismas tácticas imperiales, porque como afirmó José Martí:

“Vencer es el secreto único del bienestar de los pueblos y la garantía de su libertad”

 

 

 

 

El que más derechos humanos viola asume el rol de juez.


Por Arthur González.

No es necesario ser erudito para darse cuenta de las permanentes violaciones que comente Estados Unidos a los derechos humanos de la humanidad, incluidos a sus propios ciudadanos, pero de eso no hablan y acusan a todos los países que no se arrodillan ante ellos.

Prueba irrebatible de que los yanquis son violadores por naturaleza están en los múltiples escritos y cartas de sus principales figuras políticas desde el siglo XVIII.

En 1767 iniciaron su expansión territorial hacia el Oeste y el Sur, para robarle tierras a sus verdaderos dueños.

Thomas Jefferson, en 1786, afirmó: “Nuestra Confederación debe ser considerada como el nido desde el cual toda America, así la del Norte como la del Sur, habrá que de ser poblada…”

Dos años más tarde Alexander Hamilton, uno de los llamados Padres Fundadores, expresaba: “Podemos esperar que dentro de poco tiempo nos convirtamos en los árbitros de Europa en América, pudiendo inclinar la balanza de las luchas europeas en esta parte del mundo…”

En 1823 James Monroe proclamó el concepto expansionista de los yanquis, al declarar: “América para los americanos”.

Andrew Jackson al ostentar la presidencia de los Estados Unidos, (1829-1837) proclamó la doctrina del “Destino Manifiesto”, con el objetivo de arrebatarle a México parte de su territorio, en especial Texas, rico en petróleo.

Por esas acciones imperialistas, Simón Bolívar afirmaba en 1829: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar a América de miserias, en nombre de la Libertad”.

La lista de hechos llega hasta las invasiones cometidas en el siglo XX contra muchos países latinoamericanos como los casos de Cuba, Panamá, República Dominicana, Guatemala, Salvador, México, Honduras, Nicaragua, Haití, Granada, haciendo gala de su doctrina de “Las Cañoneras y la diplomacia del dólar”, estructurando golpes militares para imponer a sus peones, con el objetivo de apropiarse de las economías latinoamericanas a base de sangre y violación del derecho de los humildes.

En su propio territorio la discriminación racial y el asesinato de los líderes negros que exigían sus derechos civiles, marcó una época, con la intención de eliminar todos los movimientos que agruparon a millones de personas. Martin Luther King es el ejemplo más relevante, al que se le sumó Malcon X y otros que fueron encarcelados para acallar sus reclamos, entre ellos la activista Ángela Davis.

La segregación racial continua y la policía está autorizada a disparar contra toda persona que se les haga sospechosa, aunque no existan elementos legales que lo sustenten. Es así como a diario matan a decenas de inocentes, incluidos adolecentes, principalmente de la raza negra.

Para esas conductas violatorias de los derechos humanos más elementales no hay sanciones ni campañas de prensa, mientras llueven las acusaciones contra países que exigen el cumplimiento de sus leyes, como le hacen a Cuba cuando se detiene a provocadores fabricados y financiados por los yanquis.

En su permanente cruzada de noticias falsas contra la Revolución, iniciada desde 1959, la actual administración de Donald Trump, volvió a incluir en días pasados a Cuba en su lista de países “donde más abusos se comenten contra los derechos humanos alrededor del mundo”.

Sus argumentos son repetitivos y roñosos por no haber podido impedir el triunfo de Fidel Castro, a pesar del apoyo militar y financiero que desplegaron para sostener al dictador Fulgencio Batista, a quien jamás lo acusaron de violar los derechos humanos, a pesar de que incumplía a diario la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Batista asumió el poder de Cuba mediante un golpe militar que violó la Constitución de 1940, pero de inmediato fue reconocido por Washington, dándole su apoyo.

Asesinó, torturó, desapareció a centenares de jóvenes que tenían ideas diferentes y con el asesoramiento y apoyo logístico del FBI, fundó el Buró de Represión a las Actividades Comunistas, BRAC. Por esa razón los yanquis nunca lo condenaron ni sancionaron, a pesar de los 20 mil muertos que pesan sobre sus hombros.

Sin embargo, desde que Fidel Castro triunfó los ataques y condenas no cesan.

En junio de 1958 Fidel, después de un bombardeo criminal sobre humildes casas de campesinos inocentes, con armas entregadas por Estados Unidos, le escribió una nota a la guerrillera Celia Sánchez:

“Celia: al ver los cohetes que tiraron en la casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo. Cuando esta guerra acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero”.

Es por eso que los yanquis intentaron asesinarlo cientos de veces, a pesar de ser un delito y una flagrante violación de los derechos humanos.

Nunca le perdonarán a Cuba el desafío de enfrentarlos y vencerlos, además de abrirle los ojos a los desposeídos del mundo, luchar por la eliminación del sistema discriminatorio del Apartheid, al que tanto apoyó Estados Unidos en África del sur, y defender todas las causas justas en favor de los pobres de esta tierra.

Trump, al igual que sus antecesores, podrá mantener la guerra económica y financiera, más sus acciones de guerra biológica, los sabotajes, la subversión política y las cruzadas de noticias falsas, que los cubanos saben quién es el verdadero violador de los derechos humanos, aquel que fabrica listas espurias para coartar la libertad de viajes a sus propios ciudadanos, e incluso prohibirles adquirir un sencillo abanico en una tienda cubana.

Lo que les duele a los yanquis es la resistencia del pueblo de Cuba, que a pesar de las dificultades que conlleva la carga de 60 años de bloqueo económico y comercial, la Revolución continua con un alto poder de convocatoria, mientras la exigua contrarrevolución financiada y entrenada en Estados Unidos, no ha logrado tener una membresía respetable y menos aún de jóvenes.

Por ese motivo inventan torturas que no pueden demostrar, ni otras de sus acusaciones; al contrario, son ellos los que ejecutan esas violaciones en Afganistán, Irak, Guantánamo, Libia y en Siria.

A Trump hay que agradecerle sus torpezas, porque cada nueva sanción contra el pueblo cubano es una cuota adicional de unidad y rechazo popular a los yanquis por mantener un arcaico y gastado discurso sin obtener resultados.

Ante hechos con este José Martí expresó:

“Unámonos, cubanos, en esta otra fe: con todos y para todos”.

 

 

La CIA pretende perpetuar a Luis Almagro en la OEA.


Por Arthur González.

Mientras en Estados Unidos fabrican campañas de descredito contra Nicolás Maduro y Evo Morales, por reelegirse como presidentes de Venezuela y Bolivia, ahora pretenden hacer lo mismo con el agente secreto de la CIA, Luis Almagro, actual Secretario General de la OEA y punta de lanza de los yanquis en sus intentos por cercar políticamente a Venezuela, e incluso con la pretensión de apoyar una invasión militar.

Almagro fue elegido en 2015 después que el Departamento de Estado presionara a los dos candidatos, el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein y el jurista peruano Diego García-Sayán, para que retiraran sus respectivas candidaturas, recibiendo el voto de los 33 países miembros de la OEA, al contar con la imagen de un hombre de izquierda, hasta ese momento Canciller nombrado por el entonces presidente del Uruguay, José Mujica.

Como brazo derecho de los yanquis, Almagro se quitó el disfraz de hombre con ideas de izquierda, pues su misión a partir de ese instante fue la de condenar a Venezuela y a su presidente constitucional Nicolás Maduro, con vistas a respaldar todas las acciones de Washington por sacarlo del poder.

Evidentemente las instrucciones que recibía de la CIA y el Departamento de Estado, eran la de lograr que la Asamblea General de la OEA aprobara la condena a Venezuela, para lo cual en 2016 invocó la Carta Democrática Interamericana, al considerar que el orden democrático en ese país caribeño había sufrido alteraciones graves, pero no obtuvo el consenso necesario porque no todos los países se sumaron a esa componenda made in USA.

La actitud servil de Almagro se hace evidente en cada sesión de trabajo de la OEA, posición respaldada por el Canciller chileno, Roberto Ampuero, quien tiene una trayectoria política similar a la del uruguayo, porque de militante comunista refugiado en Cuba, casado con la hija de un viejo dirigente del partido, saltó de la noche a la mañana a la posición de derecha pro yanqui, a pesar de que durante décadas los atacó y condenó.

Para su deseada reelección, Almagro declaró recientemente que cuenta con el respaldo de varios países, principalmente de Chile y Colombia, ambos con gobiernos subordinados a la política de Estados Unidos.

Los yanquis requieren en la OEA de un hombre que responda totalmente a sus intereses geopolíticos en Latinoamérica, y ningún candidato será mejor que ese hombre reclutado por la CIA en 1979 para cumplir misión diplomática en Irán, país que presidió años más tarde el importante Movimiento de Países No Alineados, MNOAL, organización de máxima prioridad política para el trabajo de las agencias de inteligencia estadounidense.

Tal es así que cuando Luis Almagro asumió en 2015 su cargo como Secretario General, declaró oficialmente que no buscaría la reelección, e incluso en abril 2018 publicó un video donde afirma: la reelección no es un derecho humano, e impedir la reelección no limita los derechos de los candidatos o los votantes”, debido a que Estados Unido está opuesto a la reelección de Evo Morales y de Nicolás Maduro, líderes que no son del agrado de la Casa Blanca y por eso ejecuta numerosos planes encubiertos para derrocarlos.

El ascenso a la presidencia de Brasil del capitán Jair Bolsonaro, junto a los de Argentina, Chile y Colombia, constituyen pilares de apoyo a la decisión anunciada por el hombre de la CIA en la OEA, pero la llegada de Manuel López Obrador a la presidencia de México, cambia el panorama latinoamericano, el que, unido a Venezuela, Bolivia y los países del Caribe, le harán más difícil el camino al Departamento de Estado yanqui para imponer sus políticas imperiales en la región.

Ahora la disyuntiva de Estados Unidos está en que hacer contra Maduro antes de las próximas elecciones, algo bien difícil de planificar con una oposición política desprestigiada, sin apoyo popular, dividida y carente de liderazgo, porque a pesar de la incrementada persecución financiera, la guerra económica y comercial que aplica Estados Unidos y sus aliados europeos, Venezuela sigue en pie de lucha apoyando a su presidente y la obra de la Revolución chavista.

En su intento para atacar también a Cuba antes del 10 de diciembre, día de los derechos humanos, Almagro convocó, a toda carrera, una reunión para atacar a la Revolución en un arranque de impotencia, pues llevan 60 años sin poder derrocarla, ni mermar el apoyo mayoritario del pueblo.

Vergüenza debería darle a Estados Unidos que ha malgastado miles de millones de dólares en acciones encubiertas, planes de terrorismo de estado, invasión mercenaria, cientos de planes para asesinar a su principal líder, guerra económica, financiera y biológica, subversión política, unido a la estimulación de una emigración masiva, sin alcanzar su objetivo.

La fabricada “oposición”, según sus propios documentos desclasificados, “no tiene respaldo alguno, carece de programas políticos para sustituir la obra revolucionaria, buscan la forma de obtener muchos dólares para satisfacer sus ambiciones personales y la mayoría de sus escasos miembros responden a la Seguridad del Estado cubano”.

Una de las invitadas a ese show mediático es Martha Beatriz Roque Cabello, quien los ha engañado reiteradamente con eventos que nunca se celebraron, pero le permitieron embolsillarse miles de dólares y hacer falsas huelgas de hambre que pusieron en ridículo a diplomáticos yanquis, periodistas de agencias internacionales de prensa, e incluso a otros “disidentes” que fueron en su apoyo.

Triste papel el jugado por Luis Almagro, quien pasará a la historia como uno de los peleles más sumisos a Estados Unidos, lo que hace tener presente a José Martí cuando expresó:

“Los hombres que se dejan marcar como los caballos y los toros, van por el mundo ostentando su hierro”.

 

EE.UU. acusa a Cuba de violar los derechos humanos, pero ignora lo que realmente sucede en otros países


Por Arthur González.

La guerra mediática diseñada por Estados Unidos contra Cuba desde 1959, intenta satanizar a la Revolución por el simple hecho de no haberse subordinado a los intereses políticos y económicos yanquis.

Por esa razón, el mismo año del triunfo del ejército rebelde encabezado por Fidel Castro, desarrollaron una feroz campaña sobre los juicios y las condenas a pena de muerte de los asesinos y torturadores del gobierno del dictador Fulgencio Batista, contra quien jamás se publicaron noticias por los cientos de muertos que aparecían a diario en calles y carreteras cubanas, por el simple hecho de estar contra el gobierno que tomó el poder mediante un golpe de estado militar.

Durante 58 años han continuado con sus acusaciones a Cuba por supuestas violaciones de los derechos humanos, a pesar de ser uno de los países que más hace por los seres humanos, al brindarle atención médica totalmente gratuita, lo que redunda en los altos indicies de longevidad y las bajas tasas de mortalidad infantil en el primer año de vida.

A esto se unen la educación plena sin costo alguno, el derecho a  la cultura, la seguridad de cada ciudadano, la práctica deportiva, la igualdad de la mujer con el hombre, las leyes de protección sobre la maternidad, los derechos de todos sin importar el color de la piel, el sexo, la preferencia sexual, las creencias religiosas y la procedencia social.

Estados Unidos no considera esos derechos humanos pues ellos cumplen poco con tales parámetros y politizan a su antojo el tema.

Sin embargo, países como México, Honduras o Guatemala, por citar algunos ejemplos, tienen altos índices de torturas, asesinatos, desaparecidos y secuestrados, y no son acusados por Estados Unidos, solo por tener un sistema político al gusto de la Casa Blanca.

México jamás ha sido incluido en listas facturadas en Estados Unidos, como violador total de los derechos humanos más elementales. Allí se puede asesinar, desaparecer o secuestrar a miles de personas que los yanquis ni se molestan en llamar la atención de lo que sufre la ciudadanía. Para esos hechos no hay campañas que reclamen apoyo internacional ni el Parlamento Europeo otorga premios a las organizaciones populares que luchan contra esos males.

Solo en los últimos 5 años, 10 mil mujeres mexicanas han sido asesinadas y la prensa oficialista yanqui ni lo menciona, algo que no se comporta igual con Cuba, pues si detiene a una de las llamadas “damas” de blanco, pagadas con dinero de Estados Unidos para ejecutar provocaciones en la vía publica, todas las agencias de prensa y hasta el Departamento de Estado, forman una alharaca sin justificación alguna.

La violencia contra las mexicanas no es considerada como violaciones de los derechos humanos, ni Washington se preocupa por esos casos, a pesar de que cada día son asesinadas entre 6 y 7 mujeres, sin contar los casos de hombres donde las cifras son muy elevadas.

De enero de 2012 a junio de 2016 fueron asesinadas en forma violenta en todo México, 9 mil 581 mujeres, pero sólo 1 mil 887 de esos crímenes, el 19 %, fueron tipificados como feminicidios.

Informes oficiales aseguran que 7 mil 694 mujeres fueron asesinadas a balazos, descuartizadas, violadas, asfixiadas o golpeadas hasta morir, pero esos hechos tampoco tienen repercusión en Estados Unidos, España o en el propio Parlamento Europeo.

En Cuba jamás suceden hechos similares, pero la guerra mediática es permanente, con el fin de hacerle creer al mundo que es el país más terrible en materia de derechos humanos.

Los países del llamado triángulo norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala), son calificados por la organización Small Arms Survey, entre los 12 países más peligrosos del mundo, pero ninguno está sancionado por Estados Unidos por violar los derechos a la vida, especialmente de sus mujeres.

El presidente Enrique Peña Nieto es recibido en la Casa Blanca y en el Palacio Real de Madrid, sin que se le hagan reclamos al cese de la violencia contra las mujeres y las violaciones a los derechos humanos, entre ellos los asesinatos a periodistas, a pesar de que solo en los últimos cuatro años se contabiliza la alarmante cifra de 6 mil 235 secuestros de personas, sin un accionar efectivo de los órganos policiales muchas veces implicados en esos casos, debido al alto índice de corrupción existente en todas las esferas gubernamentales.

Así de simple son las diferencias en el tratamiento a Cuba, como castigo por haber decidido mantener su soberanía nacional e independencia de los Estados Unidos y por esos motivos en los planes de acción encubierta, aprobados por los presidentes Eisenhower y Kennedy en 1960 y 1962 se afirma:

“El objetivo de estos programas es provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos”.

Esa es la doble moral de quien se adjudica el derecho de juzgar y sancionar a los que no se sometan a sus dictados, pero el pueblo cubano no acepta volver al pasado oprobioso en que vivió por 58 años y resiste estoicamente esos embates, porque como dijo José Martí:

“La libertad cuesta cara y es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio”.