La soledad del imperio.


Por Arthur González.

Estados Unidos tiene dinero, tecnología, poderío militar, pero eso no basta para lograr que el mundo lo apoye en su criminal y despiadada guerra económica, comercial, financiera y biológica, contra una pequeña Isla, la que no posee medios que afecten la seguridad nacional del imperio, aunque su rebeldía y resistencia para defender la independencia y soberanía, hayan enfermado de los nervios a todos los presidentes norteamericanos durante los últimos 60 años.

Dwight Eisenhower fue el primer presidente que mostró síntomas profundos de alteración nerviosa, al no poder impedir el triunfo de la Revolución encabezada por Fidel Castro, como expuso en la última reunión del Consejo de Seguridad Nacional, celebrada el 23 de diciembre de 1958, donde el entonces director de la CIA, Allen Dulles, expresó: “Debemos evitar la victoria de Castro”, recibiendo la aprobación del Presidente quien respondió: “ Tengo la esperanza de lograr una tercera fuerza que crezca en fortaleza e influencia, si se organiza alrededor de un hombre capaz, pertrechado con financiamiento y armamentos”.

Al comprobar como Fidel Castro entraba triunfante en la Habana, aclamado por el pueblo, Eisenhower tomó la decisión de trabajar rápidamente en su derrocamiento, ordenándole a la CIA diseñar planes secretos, conociéndose que el 14 de abril del propio año 1959, se elaboró el primero de una larga lista de planes y operaciones especiales, incluidos los de asesinatos al propio Fidel Castro, como consta en el memorando para el director de la CIA, fechado el 11 de diciembre de 1959 y confeccionado por J.C. King, quien en ese entonces era el Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la Agencia.

En abril 1960, Lester Mallory, entonces sub secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, proponía en un informe secreto:

“[…] El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno…”

Es así como Eisenhower inicia las primeras medidas de presión económica contra Cuba y el 3 de enero de 1961, días antes de dejar su puesto al electo presidente J.F. Kennedy, rompe las relaciones diplomáticas.

Kennedy asume el plan aprobado de la fracasada invasión mercenaria contra Cuba y ante la derrota sufrida, crea el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad, para diseñar acciones con el propósito de destruir a la Revolución cubana.

Es Kennedy quien aprueba la Operación Mangosta, el 18 de enero 1962, en la cual se plasma, entre las 32 tareas, la guerra económica para ahogar a todo un pueblo, donde se dice textualmente:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Para legalizar dicho Programa secreto, JFK, aprueba el 6 de febrero 1962, el “Decreto N0 3447, 27 Resolución Federal N0 IO85, Embargo sobre el comercio con Cuba”.

El argumento en el cual se basa ese Decreto, fue:

“El actual Gobierno de Cuba es incompatible con los principios y objetivos del Sistema Interamericano…”

“Considerando: Que los Estados Unidos, de acuerdo con sus obligaciones necesarias para promover la seguridad nacional y hemisférica mediante el aislamiento del actual Gobierno de Cuba, y, por lo tanto, reducir la deriva de su alineamiento con las potencias comunistas”:

“Por cuanto: Yo, John F. Kennedy, Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica”, […] Proclamo el embargo sobre el comercio entre los Estados Unidos y Cuba” […]

La esperanza de que el pueblo cubano no apoyara a la Revolución y se lanzara a las calles, culpando al sistema socialista de sus penurias, a partir de las campañas de guerra psicológica estructuradas por la CIA, como propone la Operación Mangosta, no dieron resultados, y pasados 60 años los cubanos y cubanas saben perfectamente quien es el verdadero responsable de las carencias materiales que padecen, desde hace más de medio siglo.

Documentos desclasificados de la CIA, permiten conocer sus consideraciones al respecto, como el que expresa:

El principal objetivo de los Programas Encubiertos contra Castro, es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre…Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

¿Habrá leído ese memorando el actual subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Michael G. Kozak?, antes de escribir mensajes en su cuenta de Twitter, donde afirmó:

La responsabilidad por los fallos de la economía en la Isla es por la mala gestión económica del régimen”. “La mala administración del régimen de Castro y no las sanciones de Estados Unidos es responsable por la escasez de alimentos en Cuba”.

Al mundo no le quedan dudas de quién es el único culpable de la situación económica cubana, a lo que se suma la guerra financiera, que impide criminalmente todas las transacciones bancarias desde y hacia Cuba, a fin de que no pueda comprar alimentos, materias primas, maquinarias, equipos médicos y medicinas, piezas de repuesto, ni efectuar los pagos que adeuda y menos aún cobrar las ventas que realiza.

Solo durante los 8 años de la administración del presidente Barack Obama (2009-2016), las multas impuestas a la banca internacional por trabajar con Cuba, ascendieron a 47, por violar las regulaciones contra Cuba, y el monto de las misma alcanzó la suma de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares.

Por esas razones, año tras año el mundo vota a favor de Cuba en las Naciones Unidos, porque no es un “embargo” bilateral como quieren aparentar los yanquis, es una persecución implacable contra todos los que pretendan hacer negocios con la Isla, sean estadounidenses, miembros de la Unión Europea, de Asia, África, o de América Latina.

Triste papel debe jugar el diplomático yanqui ante la Asamblea General de la ONU cada año, pues sabe de ante mano que las mentiras que le dan a leer, son rechazadas por la inmensa mayoría de las naciones allí representadas.

Los pretextos de Estados Unidos para justificar el Bloqueo, como los relativos a las fabricadas mentiras de “detenciones arbitrarias” en Cuba, solo le bastaron para alcanzar el respaldo de 3 países, en contraposición con los 187 que apoyaron el documento presentado por el canciller cubano, porque la verdad es que en Cuba no existe un asesinado, torturado o desaparecido, como sucede en países con los que Estados Unidos mantiene excelentes relaciones y cooperación.

Por eso José Martí afirmó:

“La verdad como el sol, ilumina la tierra a través de las nubes”.

 

 

 

 

Aplastante derrota yanqui en la ONU.


Por Arthur González.

El 1ro de noviembre de 2018 quedará recogido en la historia de las Naciones Unidas, por la rotunda victoria de Cuba ante las maniobras y presiones de Estados Unidos, para incorporar 8 enmiendas que pretendieron acusar a la Isla, con el objetivo de evitar lo inevitable, la aplastante derrota yanqui.

El resultado de la votación fue de 189 países que rechazaron el Bloqueo, o sea la guerra económica, comercial y financiera que le impone Washington a La Habana desde 1959, solo por haber decidido caminar soberanamente sin la injerencia yanqui. Únicamente Israel acompañó a Estados Unidos en su política y no hubo una sola abstención.

Por vigésima séptima ocasión Cuba presentó su proyecto de resolución “Poner Fin al bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba”, el cual pretende matar por hambre y enfermedades al pueblo y evitar que el gobierno revolucionario logre satisfacerle sus necesidades, a la vez que intentan, mediante campañas engañosas, hacerle creer que es el socialismo el incapaz de alcanzarlo.

Este año Estados Unidos presentó 8 enmiendas para enrarecer el ambiente de la Asamblea General de la ONU, obligando a votar cada una de ellas antes que las delegaciones emitirán su voto sobre el proyecto de resolución cubano.

Ninguna de esas enmiendas fue aprobada, demostrando la voluntad internacional de condenar la guerra económica, comercial y financiera, aislando aún más a los yanquis por su actitud injerencista y violatoria de los derechos humanos de once millones de cubanos.

Con una expresión de pánico, la embajadora de Estados Unidos, Nikki Haley, contemplaba la pizarra de las votaciones, tragando en seco ante la derrota.

La guerra económica, comercial y financiera se inició al triunfo de la Revolución en 1959, como presión para que el triunfante gobierno encabezado por Fidel Castro, se sometiera a los yanquis como hicieron todos los gobiernos que le antecedieron desde 1902.

Para lograrlo, Estados Unidos ejecutó diferentes medidas, incluso el acercamiento de la CIA al propio Fidel Castro, durante su primera visita a Washington y New York en abril de 1959, cuando el oficial Gerry Droller, alias Frank Bender, lo visitó en la habitación que ocupaba en el hotel Statler Hilton, de la ciudad de los rascacielos.

Estados Unidos insiste en disfrazar el Bloqueo con el traje de un Embargo, pero documentos oficiales de la CIA reconocen que se trata realmente de una Guerra Económica.

El programa de Acciones Encubiertas aprobado por el presidente JFK en enero de 1962, expone sin ambages:

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Un memorando confeccionado por la CIA en 1963 afirma textualmente:

“El principal objetivo de los programas encubiertos de los Estados Unidos contra Castro, es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba con respecto a America Latina y al mundo libre…Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

El gobierno yanqui insiste en ahogar la economía cubana para que su modelo político, económico y social no sea un ejemplo hacia otros países del hemisferio, lo que aparece reflejado en documento confeccionado en 1999 por especialistas del Council on Foreign Relations, donde se afirma desfachatadamente:

“La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

La guerra económica es un genocidio contra un pequeño país que decidió andar libre e independiente, a pesar de invasiones mercenarias, guerra biológica y miles de actos terroristas organizados por el gobierno de Estados Unidos bajo un plan de terrorismo de estado diseñado por la CIA, recogido en documento de 1963 denominado: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”.

A todo esto, se suma la creación de grupúsculos contrarrevolucionarios, entrenados, abastecidos y financiados con parte de los 20 millones de dólares que anualmente aprueba la Casa Blanca para la subversión.

Estados Unidos nunca aceptó a Fidel Castro como líder de Cuba, por eso la afirmación de Allen Dulles, director de la CIA, en diciembre de 1958 ante el Consejo de Seguridad de EEUU: “Hay que evitar la victoria de Castro”.

¿A caso es un embargo bilateral sus acciones contra aquellos países que negocian con Cuba?

Un vivo ejemplo de su guerra económica, se explica en el artículo publicado en 14 de febrero de 1975 por el Washington Post, donde se denuncia como la CIA organizó una operación secreta para interrumpir la venta de ómnibus británicos, marca Leyland, a Cuba.

La misma consistió en colisionar uno de los barcos japoneses, capitaneado por Yamashiro Maru, quien, siguiendo instrucciones de la CIA, chocó con el carguero alemán Madeberg, cuando este salía del puerto. Como resultado los ómnibus atados en la cubierta del buque se dañaron y no pudieron llegar a la Isla.

La persecución financiera es la más amplia y cruel contra país alguno, para impedir las importaciones, pagos y exportaciones de Cuba.

Barack Obama ha sido el presidente que más y mayores multas impuso a los bancos extranjeros por hacer transacciones con Cuba, pues del 2009 hasta el 2017 puso 52 multas, con un valor acumulado ascendente a 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares.

El presidente Donald Trump continua con esa persecución imponiendo nuevas multas para atemorizar a los que se atrevan a desafiar sus medidas.

El mundo rechaza las violaciones de Estados Unidos y el resultado de la ONU a favor de Cuba es la mejor prueba.

Allá los que se dejen confundir con campañas engañosas, pues como aseguró José Martí:

Viví en el monstro y le conozco sus entrañas.

¿Quién provoca la pobreza en America Latina?


Por Arthur González.

El 25 de septiembre 2018 el presidente Donald Trump, habló en la Asamblea General de Naciones Unidas y sus palabras causaron amplia riza entre las delegaciones presentes, debido a las mentiras sobre inventados logros alcanzados bajo su mandato.

Otro aspecto en que volvió a falsear la realidad, fue cuando dándole continuidad a la cruzada para demonizar a los gobiernos revolucionarios de Venezuela, Nicaragua y Cuba, aseguró: “virtualmente donde quiera que el socialismo o el comunismo han sido intentados, han producido sufrimiento, corrupción y decadencia”,

Estados Unidos se caracteriza por haber tenido presidentes ignorantes, como Ronald Reagan y George W. Bush, con total desconocimiento en geografía e historia, al confundir capitales de países y otorgarles puertos a países sin costas y otras barbaridades, pero hasta donde ha llegado Trump es difícil de ser igualado.

¿No tendrá ningún asesor con raciocinio que le ayude a no hablar tantas barbaridades? ¿O será que le están dejando hacer el hazme reír del mundo para lesionar aún más su imagen?

En ese país todo puede suceder, pero la realidad sobre el socialismo es bien diferente a la que el Presidente yanqui pretende trasladar.

Para demostrar la verdad, solo hay que tomar en cuenta las estadísticas que oficialmente recoge el Fondo Monetario Internacional, FMI, la CEPAL y otros organismos de la ONU.

De acuerdo con recientes reportes del FMI, los países con mayor deuda externa pública en Latinoamérica no tienen gobiernos socialistas, todo lo contrario, es capitalismo al más alto nivel político y económico.

La lista la encabeza México con 180 mil 986 millones de usd, más 321 mil millones de deuda privada; seguido de Brasil con 130 mil 274 millones de usd; Argentina con 95 mil 304 millones de usd; Colombia con 71 mil 308 millones de usd; Chile con 35 mil 309 millones de dólares y Perú con 29 mil 623 millones de usd.

A esto debe sumársele la clasificación que hace de los países más pobres de la región, destacándose Haití, Honduras, Guatemala, El Salvador, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Brasil, República Dominicana, Nicaragua, Costa Rica, México, Argentina, Uruguay, Chile y Panamá.

Por tanto, ¿es el sistema socialista el responsable de tanta pobreza, hambre, analfabetismo, incultura, insalubridad y mortalidad infantil?

¿Qué sistema se responsabiliza con los crecientes indicies de pobreza en el mundo, incluido Estados Unidos?

Muchas campañas se financian para crear matrices de opinión contra el socialismo, pero Trump no habló nada respecto a las medidas de guerra económica, comercial y financiera impuesta a Cuba y contra Venezuela, con el único propósito de hacer fracasar su modelo político, económico y social que beneficia a sus pueblos, como nunca hicieron los gobiernos capitalistas doblados a Estados Unidos.

¿Por qué razones no dejan que ambos países desarrollen sus planes normalmente? La respuesta la dio hace años la CIA, al afirmar en uno de sus documentos:

“La actual política de los Estados Unidos respecto a Cuba tiene por objetivo aislarla del hemisferio occidental y del resto del mundo libre, y ejercer la mayor presión posible…para evitar la consolidación y estabilización del régimen comunista de Castro […] El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba, respecto a América Latina y al mundo libre…Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

¿Por qué Trump no dio explicaciones sobre esa política criminal que ahora replican contra Venezuela?

El argumento es simple y de ello se encargaron los tanques pensantes del Council on Foreign Relations de Estados Unidos, cuando aseguraron en una de sus propuestas para cambiar la política hacia la Revolución cubana:

“La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

A esta política deliberada para hacer fracasar sistema socialista y con ello evitar que otros la imiten, se suma la persecución financiera que desarrollan contra Cuba y Venezuela, impidiéndole hacer transacciones con el dólar yanqui, lo que ocasiona grandes pérdidas de dinero e incluso la imposibilidad de exportar e importar, situación que afecta la economía interna de ambas naciones.

Esa guerra pretende causar el desencanto y desaliento entre sus ciudadanos, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas, como propuso en 1960 el ex secretario de Estado Lester Mallory, con vistas a “disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Una forma de ejecutar su guerra económica son las sanciones a la banca internacional, la persecución y altas multas aplicadas contra quienes no obedecen las órdenes yanquis.

Solamente bajo la presidencia de Barack Obama, se impusieron 52 multas a bancos internacionales, que ascendieron a 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares.

Una idea precisa del ensañamiento de Estados Unidos contra Cuba, fue la multa que generó un record Guinness, aplicada contra el banco francés BNP Paribas, durante el régimen de Obama, ascendente a 10 mil millones de usd, la cual fue rebajada después de gestiones entre París y la Casa Blanca, a 8 mil 834 millones usd, equivalentes a 6 mil 450 millones de euros.

Si Estados Unidos cesara su guerra económica contra Cuba y Venezuela y ambos países pusiese desarrollar sus planes, la situación sería muy diferente a la que padecen hoy sus pueblos, algo que no desean los yanquis.

De corrupción mejor que no hable. Uno de sus casinos vulneró 100 veces las leyes federales de protección contra el blanqueo de dinero, y tuvo que pagar la multa más elevada de la historia de un casino, por “violar de manera voluntaria” las normas contra el lavado de dinero.

Esa es la verdad que Trump quiere ocultar, pero como afirmara José Martí:

“El sol sigue alumbrandos ámbitos del cielo y la verdad continua incólume su marcha por la tierra”.

Venezuela en la mirilla de los yanquis.


Por Arthur González.

Al igual que una piedra dentro de un zapato, el gobierno de Hugo Chávez y posteriormente el de Nicolás Maduro, no dejan dormir tranquilos a los yanquis que ven como una pesadilla que sus planes de acción encubierta, acciones de subversión política y las presiones internacionales, no pueden doblegar al pueblo venezolano que continúa dándole apoyo a su Revolución Bolivariana.

Las costosas campañas mediáticas para satanizar la figura de Maduro, no arrojan resultados internamente, a pesar de la amplificación de los medios oficialistas que responden a los intereses de Estados Unidos.

Ni la criminal guerra económica y financiera puede cambiar la opinión de millones de venezolanas y venezolanos que hoy pueden leer, escribir, tener una vivienda, un trabajo bien remunerado, asistencia gratuita y ser reconocidos mundialmente por el valor de enfrentarse a las políticas autoritarias y expansionistas de Estados Unidos.

Como el remake de un filme ejecutado durante 60 años contra la Revolución cubana, la CIA y otras agencias subordinadas, ejecutan planes para desestabilizar el orden interno en Venezuela, cientos de actos terroristas, estimulación a la emigración legal e ilegal, unido a los intentos de asesinar al presidente Nicolás Maduro, pero todos se caminan hacia el fracaso al no tener apoyo del pueblo.

La OEA, al igual que hizo contra Cuba, se ha puesto al servicio de las órdenes de la Casa Blanca, en una historia ya conocida por ser el ministerio de colonia de los yanquis, al jugar el vergonzoso papel de subordinación incondicional a su amo imperial.

En puro desespero, Washington no sabe qué hacer para sacar a Maduro del poder y acaba de protagonizar el tercer intento de magnicidio durante la más reciente parada militar, hecho no condenado por los organismos internacionales y la Unión Europea que “tanta preocupación” muestran por los derechos humanos.

Chile, México, Colombia, Estados Unidos, junto a la alta jerarquía católica venezolana, están implicados en el intento de asesinar al Presidente Maduro y a decenas de altos funcionarios, demostrando hasta dónde son capaces por lograr sus propósitos.

Para tirar una cortina de silencio ante las contundentes pruebas legales presentadas por Venezuela; Perú, Argentina, Chile, Colombia y Paraguay, pretenden acusar a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional, mediante una carta que debe haberse redactado en el Departamento de Estados yanqui, en la que denunciarán al presidente venezolano Nicolás Maduro ante la fiscalía de la Corte Penal Internacional “por violación de los derechos humanos de manera sistemática y específicamente por crímenes de lesa humanidad”.

Si no fuese por lo delicado del tema darían ganas de reír, pues ninguno de esos países movió un dedo para condenar a Estados Unidos por su despiadada guerra económica y financiera, que pretende matar por hambre y enfermedades a los venezolanos y además sembrar el desencanto y el desaliento, con el fin de restarle apoyo a la Revolución Bolivariana.

Una de las más recientes acciones de la prensa oficialista yanqui, fue contra la invitación que recibiera el Presidente venezolano a un almuerzo en el restaurante de un famoso chef internacional, y como si hubiese sido en el mismísimo infierno, desataron inmediatamente una suerte de persecución por el hecho de ingerir la carne ofrecida por el dueño del lugar.

Sin embargo, nunca condenan al extravagante presidente Donald Trump por residir en un lujoso apartamento ubicado en Manhattan, copiando el diseño del palacio francés de Versalles, con puertas de oro e incrustaciones de brillantes, mientras en Estados Unidos viven 47 millones de personas por debajo del índice de pobreza, según datos oficiales.

Para el Señor de los Millones no hay críticas, a pesar del derroche de dinero que hace en lujosas mansiones, campos de golf y costosas ropas y calzado de marcas internaciones para su esposa, unido a los altísimos gastos en viajes y seguridad personal a costa del presupuesto oficial, cada vez que desea trasladarse a su “choza” en la Florida, mientras el ciudadano estadounidense promedio no le alcanza el salario para cubrir el pago de los alquileres, el seguro médico y la educación de sus hijos.

Así es la guerra psicológica desarrollada contra aquellos mandatarios que no se someten a la voluntad de los yanquis. Dilma, Lula, Correa y Cristina Fernández son vivos ejemplos.

Por eso siempre tenemos que recordar a José Martí cuando dijo:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”.

Estados Unidos contra Venezuela.


Por Arthur González.

Desde que Hugo Chávez Frías alcanzó la presidencia de Venezuela, Estados Unidos inició variadas operaciones especiales para derrocarlo, siguiendo los mismos planes aplicados contra Cuba desde 1959.

Su plan maestro es la guerra económica, comercial y financiera para evitar que el gobierno satisfaga las necesidades del pueblo y luego culpar al sistema de la crisis, aunque todos saben que el único responsable es Estados Unidos, quien a través de sus agencias de inteligencia presionan, reclutan y organizan a la contrarrevolución, copiando sus fracasados métodos aplicados a la Revolución cubana.

Contra Nicolás Maduro incrementaron sus acciones subversivas, con el fin de evitar que ganara las elecciones presidenciales, situación que el pueblo no respaldó, eligiéndolo en las urnas de forma democrática en dos oportunidades.

De nada valieron los millones de dólares repartidos entre estudiantes universitarios, partidos opositores, la burguesía y hasta grupos de delincuentes; ni la preparación llevada a cabo por la USAID y la NED desde la misión diplomática yanqui y otras entidades, incluida la Iglesia Católica venezolana.

Ante la impotencia por sus constantes fracasos en Cuba, en 1962, Estados Unidos optó por intentar comprar algún funcionario de alto rango dentro del gobierno, ofreciéndole una alta suma de dinero, con vistas a provocar un golpe militar que justificara la invasión a la Isla por el ejército yanqui.

De acuerdo con la Operación Mangosta, aprobada por el presidente J.F. Kennedy, la CIA tenía que:

“Proponer el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el nombre de un desertor valorado al menos en un millón de dólares”

Esas acciones estarían respaldadas por la desprestigiada OEA, siempre al servicio de los dictados de la Casa Blanca, y al analizarlas se constata la similitud de las aplicadas ahora contra Caracas, copia fiel de las que desarrollaron contra La Habana en aquel año de 1962, y según consta en la mencionada Operación:

“El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero, esperando obtener un amplio respaldo del Hemisferio Occidental, a las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio. Se está considerando una resolución solidaria, mediante la cual OEA ofrezca alivio directo al angustiado pueblo cubano…, como un medio para lograr la simpatía del pueblo, sin tener que reconocer al gobierno comunista. La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Igual que hicieron contra la Revolución cubana, ahora Estados Unidos presionó a un grupo los líderes latinoamericanos, para aceptaran sus decisiones y afirmen que el presidente de Venezuela “es un gobernante cada vez más autoritario que ha arruinado la economía de su país, provocando una escasez extrema de alimentos y medicinas”, como resultado, el colapso que desencadenó el éxodo de venezolanos desesperados”.

Todo es parte del montaje de la guerra económica, prevista para lograr el desencanto y el desaliento de la población, respaldado por campañas de prensa diseñadas para influir psicológicamente en los venezolanos y el mundo en general.

El pasado 08 de septiembre 2018, un artículo de The New York Times afirmaba que: La administración Trump sostuvo reuniones secretas con militares rebeldes de Venezuela el año pasado, para discutir sus planes de derrocar al presidente Nicolás Maduro”.

El final que busca el diseño de esa operación contra Venezuela, es la invasión militar norteamericana con el apoyo de varios países de la región, tal y como planificaron contra Cuba, lo que quedó plasmado en el Plan Mangosta, que expone textualmente:

“La CIA ha alertado al Departamento de Defensa que hará falta un considerable apoyo militar, incluyendo dos submarinos, lanchas PT, guardacostas tipo Cutter, instructores de fuerzas especiales, aviones C-54, aviones F-86, aviones anfibios, portahelicópteros, un batallón del ejército dedicado a la confección y lanzamiento de volantes, y Guantánamo como base para las operaciones submarinas. La CIA cree que su papel será fabricar y extender un movimiento popular, prestigioso y real, el cual creará un clima político que puede proporcionar un marco de justificación plausible, para la intervención armada de Estados Unidos en Cuba”.

Recordemos que, en agosto 2017, el presidente Donald Trump declaró: “Estados Unidos tiene una opción militar para Venezuela”, lo que provocó la condena de sus aliados en la región. Además, prorrogó por un año más, el decreto de “emergencia nacional”, que declara a Venezuela como una “amenaza inusual” a la seguridad nacional y a los intereses estadounidenses, precepto firmado por primera vez en el 2015 por su antecesor, el presidente demócrata Barack Obama.

La historia está carga de hechos similares ejecutados por Estados Unidos. Entre los más cercanos están la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, la invasión a República Dominicana, el golpe militar contra Salvador Allende en Chile, la organización de la contrarrevolución en Nicaragua, que culminó con el escándalo del Irán-Contra, la invasión a Panamá y a Granada, entre muchas otras.

No por gusto José Martí alertó:

“Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las 7 leguas…y para eso, hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

La CIA una historia repetida


Por Arthur González.

Todo indica que las nuevas generaciones de oficiales de la CIA no tienen suficiente experiencia para diseñar planes contra países que tienen gobiernos no aceptables para Estados Unidos. En esto se incluye su ex director Mike Pompeo.

Esa insuficiencia profesional se constata en el duplicado de planes ejecutados hace medio siglo contra Cuba y aplicados hoy a Venezuela.  Un ejemplo que no deja dudas fue la reciente Asamblea de la OEA, donde repitieron la historia ejecutada contra Cuba en 1964, cuando la CIA y el Departamento de Estado presionaron a gobiernos latinoamericanos para expulsarla de esa organización.

Quienes no lo crean solo tiene que leer la Operación Mangosta, presentada al Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional en enero de 1962, por el General de Brigada Edward G. Lansdale, jefe de las operaciones.

En reunión presidida por el Fiscal General, Robert Kennedy, hizo un llamado para no fracasar en el cumplimiento de esas tareas y aseguró:

“La solución del problema cubano tiene en este momento una alta prioridad del gobierno de Estados Unidos, todo lo demás es secundario. No se escatimarán tiempo, dinero, esfuerzos o recursos humanos, porque el Presidente de Estados Unidos me indicó que el último capítulo sobre Cuba todavía no se ha escrito y por lo tanto hay que hacerlo y así se hará”.

Evidentemente desempolvaron aquella Operación y la aplican hoy a Venezuela con el mismo objetivo de:

“…ejecutar una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Otras de aquellas tareas reproducidas ahora contra Venezuela decían:

El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero 1964, esperando obtener amplio respaldo del Hemisferio Occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio…”

“La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA. La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Sin dudas trajeron aquel pasado al 2018.

Entre los puntos del Plan Magosta reproducidos contra Venezuela están:

-Guerra económica.

En este aspecto Mangosta exponía:

“Es la clave principal de nuestro Proyecto de acción política, bajo la dirección del Departamento de Estado. El mismo está estableciendo las acciones económicas futuras, incluso los planes para un embargo al comercio cubano, al resultado de la venidera reunión de la OEA. Mientras tanto, el Departamento de Estado ha creado un grupo de acción económica…”

Elementos mayores de la población. 

“El Departamento de Estado y la CIA continúan explorando sus capacidades para montar operaciones especiales dentro de Cuba, centradas sobre elementos activos de la población, específicamente operaciones a través de la Iglesia católica para llegar a las mujeres y sus familiares, así como mediante contactos laborales para alcanzar a los trabajadores. Otros elementos alistados incluyen las agrupaciones de jóvenes y profesionales. Consideración especial se le dará a esto por medio de los contactos operacionales latinoamericanos. Esto es vital para el éxito de nuestros núcleos de acción política cuando la CIA los pueda poner en su lugar”.

-Perspectivas.

“Después de un estudio, la CIA ha concluido que su papel real será la de crear la ilusión de un movimiento popular que gana apoyo exterior y ayudar a establecer un clima que permitirá actos provocativos en apoyo a un cambio hacia una acción abierta, al aumentar su capacidad operacional”.

-Política.

“El Departamento de Estado insistirá, a través de las embajadas estadounidenses en América Latina en la reunión de la OEA, con el fin de explotar todas las oportunidades de ganar la simpatía local para el pueblo cubano e incrementar la hostilidad hacia el régimen comunista en Cuba…”

– Psicológicas.  

“La USIA propondrá el 15 de febrero un plan para llevar a cabo la explotación de acciones altamente psicológicas en el Proyecto, encaminadas a despertar la simpatía mundial en favor del pueblo cubano (al igual que un David) que combate al régimen comunista (como Goliat) y que tendría como objetivo estimular a los cubanos en la Isla para que se unan a la causa”.

No cabe la menor duda, es el mismo programa subversivo, solo cambiaron el país, algo demostrado en esta Asamblea de mayo 2018, entre otras por la virulenta intervención del canciller chileno Roberto Ampuero.

Ampuero tiene un pasado algo oscuro. En medio del golpe militar diseñado por la CIA para derrocar a Salvador Allende, logró salir de Chile en diciembre de 1973 hacia la República Democrática Alemana, no como exiliado político sino como becario en la Universidad de Leipzig.

En 1977 viaja a La Habana por su matrimonio con una hija del embajador cubano y trabaja en el MINREX como profesor de alemán. Estudió en la Universidad de La Habana e ingresa a la Unión de Jóvenes Comunistas. En 1979 regresa a Berlín, vinculándose a chilenos comunistas, incorporándose con ellos durante un año a la Escuela Juvenil Superior Wilhelm Pieck, para estudiar marxismo leninismo.

En 1983 cruza la frontera hacia Alemania Occidental, y a pesar de su pasado comunista, obtiene la plaza de corresponsal para la agencia IPS, y de editor de Desarrollo y Cooperación de la Fundación Alemana para la Cooperación Internacional, así como moderador de la revista Europa Semanal de DW-TV para América Latina. En 1993 retorna a Chile.

El único cambio en el escenario de esta Asamblea de la OEA es que México no repitió su papel de aparente rebeldía, como hizo cuando Cuba fue expulsada.

Documentos desclasificados revelan que fue un pacto secreto con los yanquis, a quienes convenía tener una embajada latinoamericana en La Habana, y México aceptó gustosamente.

Por eso José Martí afirmó:

“Recuerdos hay que queman la memoria”

 

 

Donald Trump, el continuador


Por Arthur González.

Cuando se mira hacia atrás en el tiempo, se puede constatar que Donald Trump es un continuador coherente de la política exterior de los Estados Unidos, aunque su personalidad acentúa aún más el carácter imperialista, ante la falta del edulcorante que otros presidentes han empleado.

La década de los años 80 del pasado siglo, marcó un nuevo rumbo del imperio yanqui hacia América Latina y desempolvó la llamada Doctrina Monroe, lo que se constata en los postulados del Programa Santa Fe, puesto en marcha bajo la administración de Ronald Reagan. En dicho texto se afirma:

“Históricamente la política de Estados Unidos hacia América Latina nunca ha estado separada de la distribución global de poder. […] América Latina, tanto como Europa Occidental y Japón, es parte de la base de poder de Estados Unidos. No podemos permitir que se desmorone ninguna base de poder de Norteamérica…”

Lo que sucede hoy en la región es exactamente lo que ese Programa diseñó y ejecutó.

Respecto a Cuba, fue tácita la proyección del trabajo para destruir el proceso revolucionario, al exponer que:

“Estados Unidos ya no puede aceptar el estatus de Cuba […] El precio que La Habana debe pagar por sus actividades no debe ser un precio bajo… Los primeros pasos deben ser francamente punitivos. Los diplomáticos cubanos deben irse de Washington… Hay que cortar los dólares de los turistas norteamericanos… Debe quedarle absolutamente claro al gobierno cubano, que si siguen como en el pasado se tomaran otras medidas apropiadas.”

Trump y sus asesores retomaron ese camino, a pesar de que el presidente Barack Obama comprendió que no les había permitido obtener los resultados esperados y de ahí el viraje en su política hacia la isla, trasladando una imagen diferente con el acercamiento diplomático, pero dejó intactas todas las medidas aprobadas por sus antecesores para impedir el desarrollo del país, entre ellas la guerra económica, el financiamiento y apoyo a la subversión interna, la Radio y TV Martí, las Leyes Torricelli, Helms-Burton y Ajuste Cubano, las campañas de prensa para satanizar el socialismo, unido a una feroz persecución financiera hacia la banca extranjera, como nunca antes.

Entre las acciones para subvertir el orden interno, Obama dio su visto bueno al empleo de Internet con fines subversivos, con la creación del twitter Zunzuneo y el wifi Conmotion para crear redes inalámbricas sin necesidad de Internet, ensayado con efectividad en Túnez; el envío a Cuba del “contratista” Allan Gross para estructurar redes que transmitieran información a través de Internet, con la introducción del potente equipo de comunicaciones Bgan, unido al abastecimiento ilegal de varias antenas parabólicas camufladas como tablas de surf, para la formación de redes por el sistema Wifi, que evidentemente trasmitirían hacia el lugar donde se instalara el Bgan.

En sus azucarados mensajes al pueblo cubano, Obama no dejó de recalcar sus propósitos de desmontar el socialismo y al igual que pretende ejecutar hoy Trump, su punto de mira fue la llamada sociedad civil y los jóvenes cubanos, por eso expresó:

Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso […] Los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos…Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.        

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano […] Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

“Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente. Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

En los últimos años, las acciones yanquis contra gobiernos con ideas socialistas han dado como resultado el retorno a políticas neoliberales, apoyadas con millones de dólares para desplegar compañas mediáticas contra líderes revolucionarios, movilizar a la derecha y financiar actos provocativos para desestabilizar la economía y el orden interno en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

De ahí que Estados Unidos cumpla al pie de la letra el diseño del Programa de Santa Fe, el que sin el menor sonrojo señaló:

“América Latina es vital para Estados Unidos, la proyección del poder mundial de Estados Unidos siempre ha descansado en un Caribe cooperativo y en una América Latina que ha brindado apoyo”.

Ese es el motivo del odio visceral hacia Cuba y Venezuela, porque sus programas sociales cortaron el monopolio imperialista y ha repartido las riquezas entre los desposeídos, algo que los yanquis no perdonan y por tanto “el precio que La Habana debe pagar no debe ser un precio bajo”.

Una vez más se equivocan, los pueblos latinoamericanos y caribeños han crecido y no se dejan confundir por palabras engañosas y como concluyó José Martí:

“Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”

“Es la hora del recuento y de la marca unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.