¿Dónde está la libertad de expresión?


Por Arthur González.

Durante su intervención del 17 de diciembre 2014 para anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el presidente Barack Obama dijo:

“…No me hago ilusiones con respecto a los continuos obstáculos a la libertad que aún enfrenta el ciudadano cubano común. Los Estados Unidos consideran que ningún cubano debe ser víctima de acoso, arresto o golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que su voz se escuche.

El 01.07.2015 al informar la apertura de embajadas Obama precisó:

“Estados Unidos no dudará en protestar cuando vean que en Cuba se actúa de forma contradictoria con sus valores y sobre sus conceptos de libertad de expresión, asociación y el acceso a la información”.

Todo su discurso fue para calumniar a Cuba y justificar sus fabricadas acusaciones. Sin embargo, cuando verdaderamente se acosa y condena a personas en Estados Unidos por decir lo que piensan, la situación es diferente.

Un claro ejemplo de eso fue la medida de suspender de empleo a dos empleados de las emisoras subversivas, Radio y TV Martí, creadas solamente para atacar a la Revolución cubana, a partir de las presiones del senador Jeff Flake, contenidas en una misiva que envió a la dirección, protestando por un programa trasmitido hace cinco meses, en el cual afirmaron que el “multimillonario judío, George Soros, fue el artífice del colapso financiero ocurrido en los Estados Unidos en el año 2008”, algo que prueba de la falta de libertad de expresión y de prensa que hay en el país que se auto proclama “paladín de los derechos humanos”.

En el programa de marras, trasmitido en mayo del 2018, se acusaba a Soros de “financiar movimientos anti sistemas que engrosan sus bolsillos”, y afirmaron que ese millonario “estaba detrás de fraudes electorales en Venezuela, apoyaba a las FARC colombianas y al gobierno cubano”, describiéndolo como un “judío no creyente de moral flexible”.

Como la razón es atacar a Cuba y Venezuela, las emisoras subversivas inventan cualquier información posible con tal de influir negativamente en las personas, pero evidenciaron ciertas “posiciones antisemitas”, lo que motivó la protesta del Senador, algo que, según Tomás Regalado, director de la Oficina de Transmisiones a Cuba (OCB), resulta “muy preocupante”.

Por ese motivo, los dos empleados fueron puestos bajo licencia administrativa y sacados como delincuentes de las oficinas que ocupa la emisora e incluso escoltados fuera del edificio por personal de seguridad.

¿Dónde está la libertad de expresión que exigió Obama para los cubanos; ¿por qué ahora no protesta por la represión que se hace en su país, lugar donde no se admiten criterios contrarios a los que dicta la Casa Blanca?

Tras la carta del senador Flake, John F. Lansing, CEO de la USAGM aseguró en un comunicado que los responsables del artículo serían inmediatamente puestos en licencia administrativa y que, de comprobarse su responsabilidad, podrían ser despedidos.

Ante el hecho Lansing declaró: “Me siento personalmente y profesionalmente ofendido por este ejemplo de falta de profesionalidad, y me comprometo a garantizar que desarrollemos procesos y estructuras para evitar que esto vuelva a suceder”, pero de la libertad de expresión no habló media palabra.

Independientemente de las posiciones políticas de Soros, el hecho comprueba que en los Estados Unidos no existe la tan cacareada libertad que exigen a otros. ¿Alguien se imagina como estaría la campaña mediática si la expulsión de los dos periodistas hubiese sido en alguna radio emisora de Cuba?

Seguramente hubiesen presentado 16 enmiendas ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

¿Por qué no cierran las emisoras que solo transmiten mentiras contra Cuba?

Todos saben que ambas son interferidas certeramente por los ingenieros cubanos, pero ningún Senador se atreve a protestar por gastar cientos de millones por gusto.

Pero como dice el refrán popular, haz lo que digo, pero no lo que hago.

Moral en paños menores pregonan los políticos yanquis; por eso recordamos siempre a José Martí cuando expresó:

“Quiero que mi pueblo no sea como ese, una masa de ignorantes y apasionada, que va donde quieren llevarla”

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Estados Unidos contra Venezuela.


Por Arthur González.

Desde que Hugo Chávez Frías alcanzó la presidencia de Venezuela, Estados Unidos inició variadas operaciones especiales para derrocarlo, siguiendo los mismos planes aplicados contra Cuba desde 1959.

Su plan maestro es la guerra económica, comercial y financiera para evitar que el gobierno satisfaga las necesidades del pueblo y luego culpar al sistema de la crisis, aunque todos saben que el único responsable es Estados Unidos, quien a través de sus agencias de inteligencia presionan, reclutan y organizan a la contrarrevolución, copiando sus fracasados métodos aplicados a la Revolución cubana.

Contra Nicolás Maduro incrementaron sus acciones subversivas, con el fin de evitar que ganara las elecciones presidenciales, situación que el pueblo no respaldó, eligiéndolo en las urnas de forma democrática en dos oportunidades.

De nada valieron los millones de dólares repartidos entre estudiantes universitarios, partidos opositores, la burguesía y hasta grupos de delincuentes; ni la preparación llevada a cabo por la USAID y la NED desde la misión diplomática yanqui y otras entidades, incluida la Iglesia Católica venezolana.

Ante la impotencia por sus constantes fracasos en Cuba, en 1962, Estados Unidos optó por intentar comprar algún funcionario de alto rango dentro del gobierno, ofreciéndole una alta suma de dinero, con vistas a provocar un golpe militar que justificara la invasión a la Isla por el ejército yanqui.

De acuerdo con la Operación Mangosta, aprobada por el presidente J.F. Kennedy, la CIA tenía que:

“Proponer el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el nombre de un desertor valorado al menos en un millón de dólares”

Esas acciones estarían respaldadas por la desprestigiada OEA, siempre al servicio de los dictados de la Casa Blanca, y al analizarlas se constata la similitud de las aplicadas ahora contra Caracas, copia fiel de las que desarrollaron contra La Habana en aquel año de 1962, y según consta en la mencionada Operación:

“El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero, esperando obtener un amplio respaldo del Hemisferio Occidental, a las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio. Se está considerando una resolución solidaria, mediante la cual OEA ofrezca alivio directo al angustiado pueblo cubano…, como un medio para lograr la simpatía del pueblo, sin tener que reconocer al gobierno comunista. La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Igual que hicieron contra la Revolución cubana, ahora Estados Unidos presionó a un grupo los líderes latinoamericanos, para aceptaran sus decisiones y afirmen que el presidente de Venezuela “es un gobernante cada vez más autoritario que ha arruinado la economía de su país, provocando una escasez extrema de alimentos y medicinas”, como resultado, el colapso que desencadenó el éxodo de venezolanos desesperados”.

Todo es parte del montaje de la guerra económica, prevista para lograr el desencanto y el desaliento de la población, respaldado por campañas de prensa diseñadas para influir psicológicamente en los venezolanos y el mundo en general.

El pasado 08 de septiembre 2018, un artículo de The New York Times afirmaba que: La administración Trump sostuvo reuniones secretas con militares rebeldes de Venezuela el año pasado, para discutir sus planes de derrocar al presidente Nicolás Maduro”.

El final que busca el diseño de esa operación contra Venezuela, es la invasión militar norteamericana con el apoyo de varios países de la región, tal y como planificaron contra Cuba, lo que quedó plasmado en el Plan Mangosta, que expone textualmente:

“La CIA ha alertado al Departamento de Defensa que hará falta un considerable apoyo militar, incluyendo dos submarinos, lanchas PT, guardacostas tipo Cutter, instructores de fuerzas especiales, aviones C-54, aviones F-86, aviones anfibios, portahelicópteros, un batallón del ejército dedicado a la confección y lanzamiento de volantes, y Guantánamo como base para las operaciones submarinas. La CIA cree que su papel será fabricar y extender un movimiento popular, prestigioso y real, el cual creará un clima político que puede proporcionar un marco de justificación plausible, para la intervención armada de Estados Unidos en Cuba”.

Recordemos que, en agosto 2017, el presidente Donald Trump declaró: “Estados Unidos tiene una opción militar para Venezuela”, lo que provocó la condena de sus aliados en la región. Además, prorrogó por un año más, el decreto de “emergencia nacional”, que declara a Venezuela como una “amenaza inusual” a la seguridad nacional y a los intereses estadounidenses, precepto firmado por primera vez en el 2015 por su antecesor, el presidente demócrata Barack Obama.

La historia está carga de hechos similares ejecutados por Estados Unidos. Entre los más cercanos están la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, la invasión a República Dominicana, el golpe militar contra Salvador Allende en Chile, la organización de la contrarrevolución en Nicaragua, que culminó con el escándalo del Irán-Contra, la invasión a Panamá y a Granada, entre muchas otras.

No por gusto José Martí alertó:

“Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las 7 leguas…y para eso, hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

The Cuban Revolution as It Is.


Por Arthur González.

Diversos artículos circulan sobre la reciente publicación del libro “The World as It Is” (El mundo tal como es), escrito por Ben Rhodes, asesor de seguridad del ex presidente Barack Obama y uno de los negociadores para el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.

Dicho proceso se mantuvo en secreto, para que la mafia terrorista de Miami no se opusiese al cambio de estrategia que Obama estaba dispuesto a ejecutar, con el propósito de desmontar el socialismo cubano desde adentro, lo cual había dado buenos resultado para Estados Unidos en el siglo XX, reconocido por Hillary Clinton durante su campaña presidencial.

En sus memorias sobre ese hecho trascendental, culminado con el anunció al unísono el 17 de diciembre del 2014 por Barack Obama y el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Ben Rhodes, afirma: “Cuba nunca cumplió con algunas de las promesas que se discutieron en ese proceso”.

Según él, las reformas que Estados Unidos deseaba obtener de la parte cubana, estaban relacionadas con “ciertas reformas económicas y políticas, incluso la apertura de negocios de Estados Unidos en la Isla”, situación que afirma “quedaron congeladas posterior al discurso del presidente Obama en La Habana, transmitido al mundo por la TV”.

Al respecto asevera en su libro que ellos “estaban conscientes que de trasmitir ese discurso en vivo y sin censura por la TV, el tiro podría salirles por la culata”, o sea todas las promesas podían incumplirse.

En ese discurso, Obama dejó establecido que aspiraba a lograr, el eufemístico tránsito pacífico de Cuba hacia el capitalismo, sistema dejado atrás en 1959, por no resolver los acuciantes problemas económicos, sociales y políticos que padeció la República desde 1902, que solo sirvió para enriquecer a unos cuantos y a los inversionistas yanquis que se apoderaron de gran parte del país, situación denunciada por Fidel Castro, durante su defensa en el juicio por el asalto al cuartel Moncada.

Uno de los puntos que más repudio causó entre los cubanos, fue el llamado de Obama a “olvidar la historia”, lo que significaba borrar de un plumazo todo el daño causado por la política de terrorismo de Estado ejecutada por Estados Unidos y el sufrimiento del pueblo con la aplicación de la guerra económica diseñada por la CIA y aprobada por la Casa Blanca.

Lo que omite Rhodes en sus memorias es que, en ese proceso de negociaciones, Estados Unidos no aceptó eliminar la guerra económica, el financiamiento a la subversión contra Cuba, su apoyo a la contrarrevolución interna creada y dirigida por ellos, la Radio y TV Martí, las leyes Torricelli, Helms-Burton, de Ajuste Cubano, y menos devolver la base naval, enclavada en la bahía de Guantánamo.

Sin embargo, su estrategia era la misma de otros Presidentes que negociaron secretamente con la Revolución. Prueba de eso consta en el análisis que realizó el Consejo de Seguridad en 1977, respecto a una revisión de la política yanqui hacia Cuba, donde se expuso que Estados Unidos tenía razones de peso para avanzar hacia la normalización de sus relaciones con La Habana.

Las conclusiones a las que arribaron fueron:

“La normalización serviría a los intereses de Estados Unidos a largo plazo; reduciría la dependencia de Cuba hacia los países socialistas; ofrecería incentivos a los cubanos para que cesaran su intervención en otros países; podría mejorar la situación de los derechos humanos en la Isla, según los parámetros yanquis; se avanzaría en el trato para obtener una compensación por la nacionalización de sus propiedades; se abrirían oportunidades comerciales en el mercado cubano; Washington mejoraría su imagen en Latinoamérica y sobre todo reestablecerían la presencia estadounidense, especialmente de la CIA.

En aquella oportunidad el Consejo dio luz verde al proceso, con la estrategia del “paso a paso”, comenzando por negociar acuerdos sobre fronteras marítimas y la pesca, intercambios culturales, la reunificación familiar y otros similares.

Un principio acordado fue el de no ceder en la eliminación de la guerra económica y mantenerla como un arma para negociar en el futuro.

Obama tenía un escenario con elementos diferentes, entre ellos Allan Gross, enviado a Cuba para ejecutar acciones de subversión, bajo el manto de las Organizaciones No Gubernamentales, como la USAID, nueva mascara de la CIA para no dejar sus huellas.

Gross llevaba años en prisión, es judío y las presiones para su liberación se hacían insostenibles, similares a las que tenía para liberar a los tres cubanos que fueron sancionados de forma manipulada por las presiones de la mafia cubana de Miami, y los antecedentes de canjes que obraban con 10 espías ruso, unos años antes.

A eso se unía la situación desfavorable con América Latina y la pérdida del hegemonismo yanqui en la región, algo que Estados Unidos requería a toda costa.

Obama presionó todo el tiempo, con la ilusión de que los cubanos se dejarían engañar por su simpatía e inteligencia. Se reunió con los trabajadores no estatales, vendiéndoles supuestas bondades del capitalismo y aseguró en sus discursos:

“…continuaremos abordando los temas relacionados con la democracia y los derechos humanos en Cuba […] podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso… Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente…Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba…Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano”.

A la vez, fue el presidente que más sanciones impuso a la banca internacional, entre ellas la multa de 10 mil millones de dólares al banco francés PNB Paribas, situación que impide los negocios e inversiones extranjeras en Cuba.

Paralelamente y como trampa azucarada, aprobó algunas medias que aparentaban flexibilizar el bloqueo económico, algo que la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker, se encargó de esclarecer cuando aseguró en su twitter:

Las provisiones aprobadas están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama y fortalecer la sociedad civil cubana”.

Estados Unidos persiste en destruir el socialismo, no acepta ideas políticas diferentes a las que le impone al mundo, pero volvieron a errar porque Cuba no vende la soberanía ni su independencia, basado en los principios redactados por José Martí en el Partido Revolucionario Cubano, cuando afirmó:

“El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba…”

 

 

Estados Unidos no aprende de sus fracasos


Por Arthur González.

¿Ignorantes que no leen su propia historia o imperialistas prepotentes? Sin duda alguna las dos variantes. Así son los gobernantes yanquis y sus servicios de inteligencia que no aprenden de su fracasada política hacia Cuba, hostil y arrogante.

¿A caso no recuerdan que el pueblo cubano resiste la guerra económica y financiera más larga de la historia, sin flaquear su apoyo a la Revolución?

El diseño de esa política es para matar por hambre y enfermedades a 11 millones de cubanos, simpaticen o no con el sistema, pero sin los resultados ambicionados por el presidente Dwight Eisenhower, cuando el 25 de enero de 1960 señaló: “si los cubanos tienen hambre sacarán a Castro”.

Actos terroristas ejecutados por la CIA, tampoco lograron la meta prevista. El pueblo se unió para combatirlos, al igual que hace ahora con los fabricados “disidentes” y sus campañas engañosas. La división entre ellos y su lucha por obtener más dólares y visas de “refugiados”, los hace menos creíbles para un pueblo culto como el cubano.

El enfoque “dulce” para atraer al gobierno cubano hacia la política yanqui e intentar “domesticar” a Castro a través del diálogo, estudiada en 1962 y confesada en 1996 por McGeorge Bundy, asesor del presidente JFK, fue puesta en práctica por Barack Obama en 2014, pero tampoco les permitió recoger frutos.

Bundy afirmó que su fórmula de acercamiento debía ser “secreta, segura y confiable, pero de maldad abierta y encubierta contra Cuba”.

Obama declaró abiertamente al informar el restablecimiento de relaciones con La Habana:

Décadas de aislamiento de Cuba por parte de EE.UU. no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática”. “Hay que poner fin a nuestro enfoque obsoleto y promover de manera más eficaz la implantación de cambios en Cuba”.

Al no obtener lo que esperaban y asumir el poder Donald Trump, congeló el “enfoque dulce”, restaurando la arcaica política de fuerza, esa que a los cubanos es más atractiva porque pone a prueba su valentía y la lucha por su soberanía nacional.

Ante ese escenario y embriagados por los resultados obtenidos en Argentina, Brasil, Ecuador, a partir de financiar a grupos opositores con millonarios presupuestos entregados a través de la USAID y la NED, repartidos entre estudiantes universitarios, partidos políticos, iglesias e incluso delincuentes comunes, como hacen hoy en Venezuela y Nicaragua, Nikky Haley, embajadora ante la ONU, aseguró que “Latinoamérica no puede permitirse que las últimos gobiernos autoritarios que quedan en el hemisferio, arrastren al resto de la región”, en clara alusión a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Evidentemente los yanquis creen que el mundo es el mismo de hace 100 años, cuando llegaban a cualquier país latinoamericano con sus cañoneras y desembarcaban los marines para ocuparlo. Aún lo hacen en el medio oriente, pero América Latina es harina de otro costal.

El imperio ya no puede actuar a sus anchas y las reuniones en la OEA para aislar a Venezuela no les da dividendos. Por mucho dinero que gasten contra el presidente Nicolás Maduro, el pueblo lo apoya, en contra de las campañas de prensa que lo satanizan y distorsionan la realidad de ese país.

A Daniel Ortega, triunfador en las recientes elecciones, le pretenden formar una cabeza de playa, sufragando actos terroristas que los yanquis jamás permitirían en sus ciudades, como quedó demostrado el pasado año en las manifestaciones llevadas a cabos por norteamericanos negros, que se lanzaron a las calles a protestar por los asesinatos cometidos por policías blancos contra jóvenes negros.

Ante esas masivas protestas, la policía embistió brutalmente a los manifestantes y a palos, gases lacrimógenos, balas de goma y de guerra, dominaron la situación, e impidieron campañas de prensa.

Si algún periodista estadounidense con dignidad y ética profesional se decide a arriesgar su trabajo y libertad personal, publicando noticias que reflejen la realidad que viven los 42 millones de pobres en los Estados Unidos, o denuncia las violaciones a los derechos humanos de los negros, latinos e inmigrantes, es inmediatamente silenciado y reprimido.

Un vivo ejemplo son las acusaciones hechas por Trump en días pasados, cuando amenazó con retirarle la acreditación para entrar a las conferencias de prensa en la Casa Blanca, a reporteros de aquellos medios que hagan críticas a su gobierno, lo que viola la tan cacareada libertad de prensa aducida por los yanquis.

Para el presidente Trump las informaciones que reflejan la realidad de su mal gobierno y los padecimientos que sufren los estadounidenses, son “noticias falsas”, como las que reportan sobre la economía. A esos periodistas los tilda de “corruptos” y no los quiere en la Casa Blanca.

Programas de las cadenas televisivas CNN y MSNBC, y los periódicos The New York Times y Washington Post que divulgan la realidad de sus desvaríos políticos, los acusa de mentirosos y de publicar noticias falsas. Sin embargo, a los que deforman la realidad de Cuba y Venezuela los condecora y aplaude, porque escriben lo que les dictan desde el Departamento de Estado y la CIA.

Para palpar la hipocresía yanqui contra países como Venezuela haciéndole campañas para no reconocer sus elecciones, basta comprobar que el Departamento de Justicia abrió una investigación para comprobar su Trump o los responsables de su campaña presidencial del 2016, cometieron el delito de obstrucción de justicia, en colusión con el gobierno de Rusia para socavar las presidenciales de ese año, pero esas elecciones no se cuestionan.

Para el emperador eso es una “cacería de brujas”, al igual que las informaciones sobre el pago que hizo con dinero de su campaña presidencial, a la actriz del cine porno Stormy Daniels, por sus favores sexuales.

Si dedicaran parte del tiempo a leer su propia historia y los tantos fracasos, quizás entendieran mejor a los cubanos, porque como dijera José Martí:

“La Revolución en Cuba es el aire que se respira”.

Barack Obama abrió el camino


Por Arthur González

Cuando el presidente Barack Obama aprobó la apertura de Google en Cuba, con vistas a permitir un acceso amplio a Internet, sabía bien lo que hacía, abrir el camino para los propósitos subversivos mediante esa vía que tanto añoraban los ideólogos yanquis para desmontar el socialismo desde adentro.

Esa fue la dirección que se trazó su administración desde que reconoció públicamente que la política del cerco a Cuba no había alcanzado los resultados ambicionados y por tanto decidió cambiarla por una apertura, para desde adentro intentar los mismos fines.

Ahora se ve a las claras que esa autorización, que permitió a Google brindar sus servicios a la isla, buscaba trabajar a la sociedad cubana como el mismo dijo, y la prueba está en el anuncio hecho el 23.01.2018 por el Departamento de Estado, sobre la creación del Grupo de Trabajo de Internet para Cuba “con el objetivo de promover el flujo de información hacia la isla de gobierno comunista”.

Ese selecto grupo estará integrado por representantes gubernamentales y no gubernamentales, quienes examinarán los desafíos tecnológicos y las oportunidades para ampliar el acceso a Internet y los medios independientes en Cuba.

Nada es causal en la política hostil de Estados Unidos contra el pueblo cubano, el propio presidente Donald Trump lo explicó en junio del 2017 ante la mafia terrorista anticubana de Miami y lo plasmó oficialmente en su Memorando Presidencial de Seguridad Nacional, del 16 de junio de 2017, titulado Fortalecimiento de la política de los Estados Unidos hacia Cuba.

Todavía no se conoce el presupuesto destinado para esa tarea, pero será de muchos millones de los que malgasta la Casa Blanca desde 1959, con la frustrada ilusión de ver caer el socialismo cubano, para lo cual desembolsan anualmente más de 28 millones de dólares para mantener a la radio y la TV Martí, que no se escuchan ni se ven en toda la isla, pero mantiene a cientos de personas que cobran altos salarios, sufragados por la Oficina de Trasmisiones para Cuba (OCB).

El poder emplear internet en Cuba para sus fines subversivos data de 1996, cuando la Rand Corporation, del Instituto de Investigaciones para la Defensa Nacional de Estados Unidos, preparó un estudio para el Departamento de Defensa, titulado “Las telecomunicaciones cubanas, redes de computación y sus implicaciones en la política de Estados Unidos”, en el cual se expresa tácitamente “el interés de ayudar a la apertura en Cuba y forzar el surgimiento de una sociedad civil independiente, mediante el empleo del enlace de Cuba a Internet, utilizando Internet para transmitir noticias y análisis balanceados, y promover el uso de Internet por ONG cubanas, universidades y otros destinatarios”.

Obama lo fue introduciendo en Cuba, al acogerse a las excepciones que contempla la Ley del Embargo en el área de las telecomunicaciones, para lo cual aprobó el plan presentado por Google en el 2015 para masificar el acceso a Internet en la isla, lo que algunos calificaron como la “dirección correcta” de Obama, sin ver lo que escondían realmente sus “nobles” propósitos.

De los yanquis nunca se puede esperar nada bueno respecto a Cuba, porque su obstinación es derrocar el socialismo a cualquier costo, aunque para ello tengan que emplear métodos engañosos.

El recientemente creado Grupo de Trabajo de Internet para Cuba, tratará de implementar las ideas que elaboró en 1996 la Rand Corporation, apoyadas en marzo de 2005, por Roger Noriega, entonces subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, cuando declaró en una audiencia congresional: “Estados Unidos flexibilizó los requisitos de las licencias para que, por primera vez, puedan ser entregadas computadoras personales de alta velocidad, a grupos de la sociedad civil en Cuba”.

El senador Marco Rubio, miembro de la mafia anticubana, se sumó al mismo proyecto contra Cuba, para presionar al gobierno a que iniciara una apertura en el tema de internet, a pesar de la guerra económica.

Por ese motivo fue invitado a participar en un encuentro preparado en el 2012 por la Fundación Heritage de Estados Unidos y para solicitar el permiso del Gobierno para introducir internet en la isla, dadas las ventajas que, según ellos, ese medio representa para derrocar a la Revolución cubana.

En su intervención el senador Rubio expresó: “El sistema totalitario cubano podría derrumbarse, si todos los cubanos tuvieran libre acceso a Internet, pues Cuba seguiría la misma suerte de aquellos países que pasaron la Primavera Árabe”.

Por tanto, nada es nuevo en ese tema y los cubanos están preparados para enfrentar el reto, a la vez que aprovechan la apertura para incrementar la tan necesaria informatización de la sociedad, sin temor a la contaminación made in USA, contra la cual están vacunados desde hace 58 años.

A los yanquis que los compre quienes no los conozcan, los cubanos conocen del peligro que encierra la tontera, porque como dijo José Martí:

“A los que bien velan todo se le revela”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuba y los retos para mantener el socialismo


Por Arthur González.

El 2018 se presenta como un año complejo para Cuba, tanto económica como políticamente.

Por una parte, se fortalece la guerra económica, comercial y financiera impuesta desde hace 58 años por Estados Unidos, con el objetivo de hacerle creer al pueblo que el sistema socialista es ineficiente e incapaz de satisfacer sus necesidades; por la otra, se avecina un cambio de la generación histórica de la Revolución, dándole paso a actores más jóvenes.

Cuando en 1962 la CIA diseñó esa guerra económica, pretendía que el pueblo cansado de las penurias se alzara contra el gobierno; por tales razones no la eliminan, a pesar de la votación favorable en la Asamblea General de Naciones Unidas contra ese criminal bloqueo.

Barack Obama, con su abierta política subversiva tampoco la eliminó, las frágiles medidas que aprobó fueron encaminadas al sector del trabajo no estatal; a pesar de sus anuncios nunca el Estado cubano pudo hacer transacciones financieras con el empleo del dólar, y fue el presidente que más multas impuso a los bancos que osaron aceptar alguna operación hacia o desde Cuba.

Lo mismo hacen contra Venezuela, con la pretensión de ahogar su economía y que su efecto repercuta en la cubana, algo que ya se siente en la isla.

Pero el mayor reto que hoy afronta Cuba es, entre otros problemas, la corrupción que cual enfermedad infecciosa afecta a la sociedad en general, algo reconocido por los máximos dirigentes de la Revolución y aprovechado por los yanquis en sus planes y operaciones para desmontar el socialismo.

La experiencia obtenida por Estados Unidos en su accionar contra el socialismo en Europa del Este, está presente en el actual diseño estratégico contra Cuba y otros países con gobiernos no aceptables para Washington, situación que nunca debe menospreciarse.

Fidel Castro lo analizaba con toda objetividad el 17 de noviembre del 2005 en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, cuando explicaba a los estudiantes los complejos problemas que enfrentaba el mundo y Cuba, al reflexionar las causas del derrumbe del socialismo, preguntándoles:

“¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedirlo los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse?”

Al referirse al tema de la corrupción reflexionaba con entera franqueza:

“¿Cuántas formas de robo hay en este país?

¿Puede ser o no irreversible un proceso revolucionario? ¿Cuáles serían las ideas o el grado de conciencia que harían imposible la reversión de un proceso revolucionario? Cuando los que fueron los primeros, los veteranos, se vayan desapareciendo y dando lugar a nuevas generaciones de líderes, ¿Qué hacer y cómo hacerlo? Si nosotros hemos sido, al fin y al cabo, testigos de muchos errores, y ni cuenta nos dimos”.

Más adelante sentenciaba:

“Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra”.

La CIA no está ajena a esta situación y dada su experiencia trabaja por aprovechar cada brecha; no en balde su ex director Allen Dulles, al explicar la estrategia contra la URSS en la 2da mitad del siglo XX, afirmaba:

“Pronto llegará el día en que tendremos que funcionar con conceptos directos de poder […] Sembrando el caos en la Unión Soviética, sin que sea percibido, sustituiremos sus valores por otros falsos y les obligaremos a creer en ellos”. […] En la dirección del Estado crearemos el caos y la confusión. De una manera imperceptible, pero activa y constante, propiciaremos el despotismo de los funcionarios, el soborno, la corrupción, la falta de principios. La honradez y la honestidad serán ridiculizadas como innecesarias y convertidas en un vestigio del pasado”.

Con la llegada a la Casa Blanca del presidente Ronald Reagan, sus ideólogos retomaron esa línea de acción, naciendo el denominado Programa Democracia, dado a conocer el 09.06.1982 en su discurso ante el Parlamento Británico.

En aquella intervención Reagan explicó:

Entre todos tenemos que emprender acciones para una campaña por la democracia, nutrir la estructura de la democracia, el sistema de la prensa libre, sindicatos, partidos políticos, universidades, todo lo que permita a los pueblos escoger su propio camino. […] No seamos tímidos por más tiempo, vayamos con nuestro poderío y ofrezcamos esperanza. Digámosle al mundo que una nueva era es factible”.

El propósito era transformarlo todo en las sociedades socialistas desde adentro, desencajar el orden interno, fabricar y estimular una contrarrevolución con la fachada de la defensa de los derechos humanos y corromper a todo el que pudieran, con el fin de imponer el sistema capitalista.

En ese sentido, Caspar Weinberger, su ministro de Defensa, confesó:

“Adoptamos una estrategia abarcadora que incluía la guerra económica…una campaña silenciosa, trabajando a través de nuestros aliados y utilizando otras medidas…” 

La Revolución cubana tiene que tomar fuertes e inmediatas medidas para sanear la compleja situación que tiene hoy la economía, lastrada por hechos de corrupción y robo en esferas importantes como el combustible, los alimentos y los medicamentos, entre otras, porque el malestar se generaliza en la población y es un factor que los yanquis aprovechan para sus campañas subversivas.

No por gusto Obama expresaba el 17.12.2014:

“Continuaremos abordando los temas relacionados con la democracia y los derechos humanos en Cuba […] podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso…Continuamos pensando que los trabajadores cubanos deben tener la libertad de crear sus sindicatos, así como los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos … insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.        

El socialismo se construye sobre bases morales y éticas socialistas y si estas se debilitan puede suceder lo que alertaba Fidel.

Ante estos retos el combate es de todos y solo así se alcanzará la victoria, pues como dijo José Martí:

“Vence el que insiste”

 

 

Intensifica Estados Unidos su accionar subversivo en Cuba


Por Arthur González

Cuando Barack Obama anunció el 17.12.2014 el restablecimiento de relaciones diplomática con Cuba, cortadas por Estados Unidos en enero de 1961, hubo quienes aseguraron que las medias tomadas iban en el camino correcto pero muy limitadas.

No se puede calificar de camino correcto esas acciones acordadas por su Consejo de Seguridad Nacional, pues en su discurso Obama puntualizó con claridad que la nueva política reemplazaba una vieja, que no logró en 58 años derrumbar el socialismo cubano y por tanto había que cambiar de estrategia si se querían alcanzar los resultados deseados.

Una de las nuevas líneas de trabajo diseñadas contra la Revolución es su accionar subversivo sobre el sector no estatal, aprovechando la ampliación que hizo el Gobierno cubano en ese sentido, de ahí que Obama fue enfático al exponer en sus discursos que:

“Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba. Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano. Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano”.

Al aprobar un paquete de medidas relacionadas con el comercio con la Isla, no hubo subterfugios y se explicó notoriamente que solo eran para el sector privado cubano, algo que Penny Pritzker, Secretaria del Departamento de Comercio se encargó de exponer el 26 de enero del 2015 en su cuenta de Twitter:

Las provisiones están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama y fortalecer la sociedad civil cubana”.

De ahí que se iniciaran diferentes cursos de preparación para los denominados “jóvenes emprendedores”, como los impartidos por la Iglesia Católica, denominados Cuba Emprende y InCubaEmpresas, el primero en casas sacerdotales de la capital y en otras varias provincias del país, y el segundo en el católico Centro Fe y Cultura Loyola, ubicado en la iglesia del Sagrado Corazón, para lo cual han recibido un fuerte presupuesto del exterior, con el propósito de formar y asesorar, principalmente a los jóvenes, a que impulsen sus negocios privados y cooperativas.

Según la propia iglesia ha dicho, esos empeños persiguen “respaldar al emergente sector privado, fundamentados en la Doctrina Social de la Iglesia Católica y la necesidad de contribuir a su preparación, en espera de la legalización de las pequeñas y medianas empresas privadas”.

No hay dudas de lo que se pretende con esas  “buenas intenciones, pues según declaró el propio Obama, el 17.12.2014:

“…Continuamos pensando que los trabajadores cubanos deben tener la libertad de crear sus sindicatos, así como los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos…insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.

En esa misma línea y a pesar del discurso provocativo del presidente Donald Trump en Miami el pasado mes de junio, la embajada yanqui en la Habana ha transformado los tres centros ilegales, creados dentro de su recinto para la preparación de la contrarrevolución interna, en aulas para impartirle clases a los jóvenes cubanos.

Para consolidar sus pretensiones de “empoderar al pueblo”, el 6 de junio del 2017 esa misión diplomática informó que su Gobierno decidió ofrecer subvenciones de hasta 100 mil dólares al sector privado cubano, para fortalecer las pequeñas empresas en Cuba, dinero destinado a individuos u organizaciones sin fines de lucro, con el objetivo de preparar a los propietarios no estatales, para que crezcan y puedan tener sostenibilidad, eficiencia, creatividad, servicio al cliente, e innovación.

Las áreas beneficiadas por Washington son la agricultura, el medioambiente, meteorología, salud y cultura.

En cuanto al medioambiente, se valorarán las solicitudes que aborden la pesca sostenible, la contaminación marina, la vida marina en peligro de extinción, la conservación de los arrecifes de coral, de la vida silvestre y de las áreas protegidas.

En materia de salud, los proyectos deberán centrarse en la cooperación en la lucha contra las enfermedades transmisibles y no transmisibles que afectan a las poblaciones de los Estados Unidos y de Cuba, en específico centradas en el Zika, el cáncer y la diabetes. También serán evaluadas las propuestas que promuevan el intercambio cultural, mejoren la comprensión mutua, contribuyan a una mayor capacidad técnica en las profesiones culturales y las artes.

Todo está esbozado con mucha “nobleza”, como si los cubanos no tuvieran memoria de la guerra biológica a la que es sometida Cuba, como fue la Fiebre Porcina Africana, la Roya de la caña de azúcar, el Moho Azul del Tabaco, la Tristeza del Cítrico, la Broca del Café, el Dengue Hemorrágico, causante de cientos de muertos en su primera aparición en la Isla en 1981, entre muchas otras plagas y enfermedades inexistentes en Cuba.

Bien se conoce que en el llamado Fort Detrick, en Maryland, existe un centro de investigación biológica y de desarrollo de armas químicas, dedicado desde hace más de 50 años a detectar enfermedades mediante una “manipulada ingeniería de la infección”.

Hace unas décadas cambió de nombre, denominándose ahora , supervisado por Departamento de Defensa, el Departamento de Seguridad Interna, la CIA y el Instituto Nacional del Cáncer.

Como reconoció el canciller cubano Bruno Rodríguez, el 19.06.2017 en conferencia de prensa en Viena, Austria:

“…es falso afirmar que el presidente Obama hizo concesiones a Cuba, mantuvo en lo fundamental el Bloqueo y trató de avanzar los intereses norteamericanos, e incluso de subvertir el orden constitucional en nuestro país…”

Aunque edulcoren la estrategia todo va encaminado a minar las bases de la sociedad cubana para lograr su deseado “Transito pacífico hacia el capitalismo”.

Que los compren quienes no los conocen, porque como aseguró José Martí:

“…de esa tierra no espero nada más que males”