La emigración, vieja arma subversiva de Estados Unidos


Por Arthur González.

Utilizada primeramente contra la Europa socialista, la emigración es empleada como arma subversiva para hacerle creer al mundo que la gente huye del comunismo, retomándola con más fuerza al triunfar la Revolución cubana en 1959.

En su obsesión por difamar a Cuba, Estados Unidos aceptó en su territorio a los asesinos, torturadores, ladrones y testaferros del dictador Fulgencio Batista, a pesar de reclamos oficiales de los tribunales cubanos, debido a las causas pendientes que tenían aquellos que salieron ilegalmente de la isla y entraron en aquel país de igual manera.

El FBI ni las cortes de justicia investigaron a esa pléyade de maleantes que posteriormente conformaron la mafia terrorista anticubana, haciendo estallar bombas y asesinar a personas en sus guerras intestinas por el control de las drogas, el juego y la prostitución.

Estados Unidos aún protege a terroristas connotados que poseen una amplia hoja de crímenes, muchos de ellos al servicio de la CIA contra Cuba, pero lo peor es que son los propios ciudadanos norteamericanos quienes los mantienen con parte de sus impuestos.

Ahora la historia se repite con los venezolanos, siendo utilizados por Washington para sus campañas mediáticas contra el gobierno de Nicolás Maduro, haciéndole creer a los americanos que los quienes arriban a Miami son “perseguidos políticos”, tal y como hacen con los cubanos, situación que agravará la crisis económica de algunos estados, especialmente la Florida.

Para demostrar como repiten la historia, basta señalar que oficialmente el Gobierno de Trump, inició conversaciones con varios países latinoamericanos aliados, para acoger en Estados Unidos a más refugiados venezolanos, a pesar de que contradice su política de no permitir más emigrantes.

Informaciones a tribuidas a un alto funcionario del gobierno estadounidense, aseguran que esas conversaciones “informales” forman parte de la estrategia para enfrentar a los cientos de miles de venezolanos que “huyen” y que amenazan con desestabilizar a los socios de EE.UU. en América Latina y el Caribe.

Ese es el resultado de la política anti chavista de la Casa Blanca y que ahora los países de la región como Colombia, Ecuador y Brasil, no pueden aceptar, pues ya presentan suficientes problemas internos para asimilar a miles de venezolanos.

Solo Colombia absorbió a más de 600 mil venezolanos y según la Organización Internacional para los Refugiados, existen 1,5 millones de venezolanos desplazados, distribuidos por más de 15 países en América Latina y el Caribe.

La causa fundamental de esa emigración es la situación económica, provocada por la cruel y despiadada guerra que inició Estados Unidos contra Venezuela, para evitar que la Revolución Bolivariana pueda satisfacer las necesidades de sus ciudadanos y que estos culpen al sistema de sus problemas, lo mismo que hacen desde hace 59 años contra Cuba.

Cuando Estados Unidos con sus operaciones encubiertas, inició la estimulación de la emigración cubana, la administración de Dwight Eisenhower, inauguró en diciembre de 1960 el Centro de Emergencia de Refugiados cubanos en Miami, calificando con la categoría de “refugiados”, a todos los que arribaban a los Estados Unidos, a pesar de carecer de fundamento legal.

Documentos desclasificados confirman como la CIA utilizó a esos “refugiados”, para sus actividades subversivas, incluida la fracasada invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en abril de 1961.

La CIA conformó la triste Operación Peter Pan, y por ella sacó de Cuba sin acompañantes, a 14 mil 48 niños, algo despiadado al separarlos de sus padres por muchos años.

Ante el incremento de “refugiados cubanos”, en 1961 el presidente John F. Kennedy, aprobó el Programa de Refugiados Cubanos (Cuban Refugee Program), para facilitar la integración en EE.UU. a todos los que “huían” del régimen de Castro, y ayudarlos a su adaptación en tierra extraña.

En 1961 el presupuesto inicial del Programa fue de 4 millones de dólares y en 1962 ascendió a 38 millones de dólares, hasta alcanzar en 1972 la cifra de 144 millones de dólares.  Dicho programa duró 15 años y le costó al gobierno estadounidense y a los contribuyentes, la cifra de 727 millones de dólares.

Aun hoy los que reciben la clasificación de “refugiados políticos” bajo la vigente Ley de Ajuste Cubano de 1966, reciben una ayuda financiera por solo decir que son “perseguidos por el comunismo”, como el caso de Rosa María Payá y su familia.

A pesar de la situación económica que tiene Estados Unidos en la actualidad, aprueba millonarios fondos para subsidiar a los venezolanos emigrados, monto que alcanza hoy la suma de 16 millones.

Al incrementar la guerra económica, comercial y financiera contra Venezuela, unida las sanciones a sus funcionarios, cada día son más los venezolanos que viajan en busca de una vida más holgada – algo que no todos encuentran – creándole un serio y difícil problema a la economía norteamericana y de otros países de la región.

Ninguno de esos emigrantes clasifica para que la Organización Internacional para los Refugiados de la ONU y la Organización Internacional para la Migraciones, les otorguen ayuda monetaria.

La situación que sufren hoy millones de venezolanos es provocada por Estados Unidos con su guerra económica y la manipulación mediática, con la esperanza de derrocar al gobierno de Maduro y reinstalar un gobierno al servicio de sus órdenes con una economía neoliberal, para eliminar todos los programas sociales que benefician al pueblo, algo que en casi 60 años no han podido hacer con Cuba.

Los yanquis no aprenden las lecciones, su prepotencia los mata y arrastran a sus aliados en tales acciones, que al final solo perjudican a los pueblos, incluido el estadounidense.

Sabio fue José Martí cuando afirmó:

“Los necios creen que debajo de su plastrón se esconde la llave del mundo…y niegan con sincera imbecilidad…todo lo que en ellos nos sea, sobre todo si se les desarregla su plastrón”.

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Donald Trump, el continuador


Por Arthur González.

Cuando se mira hacia atrás en el tiempo, se puede constatar que Donald Trump es un continuador coherente de la política exterior de los Estados Unidos, aunque su personalidad acentúa aún más el carácter imperialista, ante la falta del edulcorante que otros presidentes han empleado.

La década de los años 80 del pasado siglo, marcó un nuevo rumbo del imperio yanqui hacia América Latina y desempolvó la llamada Doctrina Monroe, lo que se constata en los postulados del Programa Santa Fe, puesto en marcha bajo la administración de Ronald Reagan. En dicho texto se afirma:

“Históricamente la política de Estados Unidos hacia América Latina nunca ha estado separada de la distribución global de poder. […] América Latina, tanto como Europa Occidental y Japón, es parte de la base de poder de Estados Unidos. No podemos permitir que se desmorone ninguna base de poder de Norteamérica…”

Lo que sucede hoy en la región es exactamente lo que ese Programa diseñó y ejecutó.

Respecto a Cuba, fue tácita la proyección del trabajo para destruir el proceso revolucionario, al exponer que:

“Estados Unidos ya no puede aceptar el estatus de Cuba […] El precio que La Habana debe pagar por sus actividades no debe ser un precio bajo… Los primeros pasos deben ser francamente punitivos. Los diplomáticos cubanos deben irse de Washington… Hay que cortar los dólares de los turistas norteamericanos… Debe quedarle absolutamente claro al gobierno cubano, que si siguen como en el pasado se tomaran otras medidas apropiadas.”

Trump y sus asesores retomaron ese camino, a pesar de que el presidente Barack Obama comprendió que no les había permitido obtener los resultados esperados y de ahí el viraje en su política hacia la isla, trasladando una imagen diferente con el acercamiento diplomático, pero dejó intactas todas las medidas aprobadas por sus antecesores para impedir el desarrollo del país, entre ellas la guerra económica, el financiamiento y apoyo a la subversión interna, la Radio y TV Martí, las Leyes Torricelli, Helms-Burton y Ajuste Cubano, las campañas de prensa para satanizar el socialismo, unido a una feroz persecución financiera hacia la banca extranjera, como nunca antes.

Entre las acciones para subvertir el orden interno, Obama dio su visto bueno al empleo de Internet con fines subversivos, con la creación del twitter Zunzuneo y el wifi Conmotion para crear redes inalámbricas sin necesidad de Internet, ensayado con efectividad en Túnez; el envío a Cuba del “contratista” Allan Gross para estructurar redes que transmitieran información a través de Internet, con la introducción del potente equipo de comunicaciones Bgan, unido al abastecimiento ilegal de varias antenas parabólicas camufladas como tablas de surf, para la formación de redes por el sistema Wifi, que evidentemente trasmitirían hacia el lugar donde se instalara el Bgan.

En sus azucarados mensajes al pueblo cubano, Obama no dejó de recalcar sus propósitos de desmontar el socialismo y al igual que pretende ejecutar hoy Trump, su punto de mira fue la llamada sociedad civil y los jóvenes cubanos, por eso expresó:

Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso […] Los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos…Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.        

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano […] Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

“Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente. Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

En los últimos años, las acciones yanquis contra gobiernos con ideas socialistas han dado como resultado el retorno a políticas neoliberales, apoyadas con millones de dólares para desplegar compañas mediáticas contra líderes revolucionarios, movilizar a la derecha y financiar actos provocativos para desestabilizar la economía y el orden interno en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

De ahí que Estados Unidos cumpla al pie de la letra el diseño del Programa de Santa Fe, el que sin el menor sonrojo señaló:

“América Latina es vital para Estados Unidos, la proyección del poder mundial de Estados Unidos siempre ha descansado en un Caribe cooperativo y en una América Latina que ha brindado apoyo”.

Ese es el motivo del odio visceral hacia Cuba y Venezuela, porque sus programas sociales cortaron el monopolio imperialista y ha repartido las riquezas entre los desposeídos, algo que los yanquis no perdonan y por tanto “el precio que La Habana debe pagar no debe ser un precio bajo”.

Una vez más se equivocan, los pueblos latinoamericanos y caribeños han crecido y no se dejan confundir por palabras engañosas y como concluyó José Martí:

“Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”

“Es la hora del recuento y de la marca unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

 

Como cambian las cosas para Cuba


Por Arthur González

Cuba era condenada porque exigía a sus ciudadanos un permiso de salida y una carta de invitación, para realizar un viaje a otro país por interés personal.

Nuevos cambios introducidos en 2013 en su ley de migración y reajustes en su política de viajes, eliminaron tales requisitos y entonces se pudo ver a las claras que ambos no eran la verdadera causa que impedía a cubanas y cubanos disfrutar de una estancia en el exterior, sino la dificultad para obtener un visado en alguna embajada.

Cualquier ciudadano del llamado “mundo libre” que desee ir como turista a otro, solo debe contactar con una agencia de viaje que le organiza su recorrido, incluidas las visas y boletos de avión. Para esos no hay exigencias que si les exigen a los cubanos y hace un penoso martirio lo que pudiera ser un deleite.

Desde 1966 Estados Unidos aprobó la llamada Ley de Ajuste Cubano, la cual permite que cualquier cubano residente en la Isla que llegue al territorio yanqui, solicitar asilo político con solo decir a las autoridades migratorias que “huye del comunismo”, algo que politiza ilegítimamente el movimiento migratorio.

Esa fue la solución que encontró la administración de Lyndon B. Johnson, para legalizar el estatus migratorio de los que llegaban ilegalmente a las fronteras estadounidenses, principalmente esbirros del dictador Fulgencio Batista y sus seguidores, los atemorizados por las campañas mediáticas contra la Revolución y aquellos padres que se dejaron engañar con la falsa Ley sobre la pérdida de la patria potestad, circulada por agentes de la CIA, y enviaron solos a sus hijos a los Estados Unidos, como parte de la tenebrosa Operación Peter Pan.

La Ley de Ajuste, aún vigente, privilegia solo a cubanos y de ahí el temor de varios países en facilitarles visas, pero lo que, si resulta indignante y hasta humillante, son los requerimientos que muchas embajadas solicitan solo a los cubanos para entregarles un visado, entre ellos mostrar una cuenta bancaria, violando el secreto bancario y la privacidad personal, escrituras de sus propiedades y hasta reservaciones en hoteles.

¿A que ciudadano francés, turco, austriaco, australiano o argentino, se les exigen esos requisitos para visarle su pasaporte?

Muchos de los cónsules que hacen esas solicitudes a los cubanos no tienen ni casa propia, ni cuentas de ahorro, al igual que sus compatriotas que visitan a Cuba.

De eso la prensa de Estados Unidos no hace campañas, ni sus aliados denuncian como se les limita la libertad a los cubanos para viajar. Sin embargo, cuando los llamados “disidentes”, fabricados y sufragados por Estados Unidos, viajan a México, Colombia, Chile, España y a los propios Estados Unidos, nadie les pide nada de lo que le obligan a mostrar a los cubanos que pretenden visitar familiares o amigos. Sobre ese proceder discriminatorio nada se habla.

A partir de las medidas adoptadas por el presidente Donald Trump en octubre de 2017, de no emitir más visas en la Habana para visitas temporales, contraer matrimonio con ciudadanos norteamericanos, o de reunificación familiar, los cubanos están obligado a viajar a México y a Colombia para asistir a las entrevistas que se le programan en los consulados de Estados Unidos, con el fin de evaluar si se les entrega o no el visado.

Por supuesto que, para obtener el codiciado visado de ambos países, los cubanos tienen que mostrarles a los funcionarios consulares su estado de cuenta bancaria y las escrituras de sus propiedades, y solo después de evaluar cada caso el cónsul accede o no a visarlo, lo que resulta un tratamiento denigrante en un mundo que incrementa los movimientos migratorios y el turismo.

Para demostrar el injusto trato que reciben los cubanos, que no es criticado por las organizaciones de Derechos Humanos que antes cuestionaban a Cuba, basta con conocer lo que Colombia ha impuesto a su consulado en Miami, donde sus funcionarios declaran que “el consulado de Colombia en Miami no tiene obligación de otorgarle visa a los cubanos que quieren reunirse con sus familias en Bogotá y para obtener la visa hay un proceso con requisitos que deben ser respetados”.

Desde que el Departamento de Estado anunció que procesaría las visas de inmigrantes para cubanos en su embajada en Bogotá, y las de no inmigrantes en México, la afluencia de cubanos solicitando visas a Colombia es masiva, tanto en La Habana como en Miami, pues los familiares residentes en la Florida desean asistirlos económica y técnicamente antes de las entrevistas en el consulado yanqui.

Lograr una cita en los consulados de México y Colombia en la Habana es una verdadera odisea, sin la certeza de obtener el permiso de internamiento, algo que aprovechan los especuladores para sacarle dinero a los interesados.

Antes del 2013 las acusaciones eran contra Cuba y fue común las denuncias sobre su política migratoria. Ahora que ya esas trabas desaparecieron y hasta los “disidentes” viajan constantemente a recibir entrenamiento en otros países, o para participar en eventos donde se condena a la Revolución, no hay una sola acusación contra aquellos países latinoamericanos, Estados Unidos, Canadá y de la Unión europea, por sus prácticas discriminatorias y violadoras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU.

Ahora nadie se acuerda de la libertad de viajar, de movimiento ni el respeto a la vida privada, las normas impuestas por esos países no violan nada, al final ellos responden a un modelo capitalista que, a su decir, es el “paladín de los derechos humanos”.

Mientras, las familias cubanas no tienen derecho a reunirse, festejar juntos y pasar buenos momentos unidos. Así son los que imponen las normas que rigen hoy el mundo.

Exacto fue José Martí cuando sentenció:

“Algo que daña mucho el ejercicio de un derecho, es la hipocresía del derecho”

La verdad que oculta el sacerdote José Conrado Rodríguez


Por Arthur González.

El sacerdote cubano José Conrado Rodríguez Alegre, estrechamente vinculado a la mafia terrorista de Miami, acaba de escribir un libro titulado: “Sueños y pesadillas de un cura en Cuba”, en el cual expone sus sentimientos contra la Revolución.

Llama la atención que dicho sacerdote nacido en Santiago de Cuba en 1951, un año antes que el tirano Fulgencio Batista asumiera el poder mediante un golpe de Estado, no se pronuncie en su libro sobre las pesadillas que vivió su Santiago de Cuba, cuando la sangre de sus mejores hijos corría calles abajo por los asesinatos del dictador.

Tampoco menciona la ausencia de sueños de cientos de miles de campesinos, por la triste realidad que los consumía sin derecho a enviar a sus hijos a escuelas, ni tener un solo hospital que atendiera a los niños que morían en brazos de sus padres.

La realidad que constató cuando en 1976 asumió la atención pastoral de los hospitales de Santiago de Cuba, Oncológico, de Maternidad y el Pediátrico, era muy diferente a la que dejó el capitalismo.

Desde 1959 la atención médica y la educación son totalmente gratuitas, gracias al proceso revolucionario que ataca.

En sus recuerdos José Conrado no menciona la limitación que tienen hoy los hospitales oncológicos, particularmente sus salas infantiles, debido a la guerra económica impuesta por Estados Unidos desde hace 58 años y que según sus propios documentos persigue el malvado fin de:

“Debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Esa guerra va contra la ley de Dios porque persigue la muerte y desesperación de los seres humanos, mientras el sacerdote enmudece en complicidad con el gobierno yanqui, situación que debería causarle pesadillas por el pecado que se comete contra su pueblo.

Si fuera consecuente con sus preocupaciones, estuviera contra esa guerra económica impuesta por los que ahora aplauden su libro y le publican precisamente donde residen terroristas y asesinos de cubanos, como los que murieron en 1976 por la voladura del avión que traía de regreso al equipo juvenil de esgrima, cuyo autor se pasea libremente por las calles de Miami.

En reciente carta de José Conrado al presidente cubano Raúl Castro, afirma: “Las dificultades de cada día se tornan tan aplastantes que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza”.

Pero parece que su odio sin límites a la Revolución, lo ciega de tal forma que olvida que la propia CIA afirma en sus informes:

Solamente después que los efectos de la represalia económica y de las acciones de sabotaje, se sientan profundamente en la población y en los grupos de élite, puede uno esperar que convertir la desafección…en revueltas activas contra el séquito Castro-comunista”.

“Las medidas de aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y al mundo libre…han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Fidel Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

En 1999, el Council on Foreign Relations de Estados Unidos, publicó un conjunto de recomendaciones para lograr una “transición” en Cuba, donde afirman:

“La oposición de los Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Esas verdades son soslayadas por el párroco, pero la historia no miente y las acciones permanentes contra Cuba son las causantes de las limitaciones en que han vivido varias generaciones de cubanos.

Sin el menor pudor, el sacerdote va a deleitarse con los autores de esos planes, cuando es a ellos a los que debe pedirle cuentas por tantos crímenes.

Jamás se le ha escuchado reprocharle a Estados por sus actos terroristas contra el pueblo de Cuba y si estuviese realmente preocupado por la situación de sus conciudadanos, debiera reclamarles a tantos pecadores residentes en Miami, que si tienen una larga lista de muerte y destrucción.

Con leer un documento elaborado por el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, bastaría para que el sacerdote condenara a los yanquis, únicos responsables de las penurias cubanas.

En uno de sus informes Hawkins afirma:

Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

Esas operaciones lograron un éxito considerable. Las embarcaciones que prestaban servicio de Miami a Cuba entregaron más de 40 toneladas de armas, explosivos y equipos militares e infiltraron y sacaron a un gran número de personal… La mayoría de los sabotajes perpetrados en La Habana y otros lugares se realizaron con materiales suministrados de esta manera”.

Esos fueron verdaderos horrores y no los que ahora expone para agradar en Miami.

De los sucesos de la embajada del Perú pasó por alto el asesinato del custodio de la sede, embestido por el ómnibus que inició el asalto a dicha misión, ni la estimulación que desde EEUU se hacía para salidas ilegales de la isla.

Tampoco condena la ley de Ajuste Cubano causante de tantas muertes, unido a la limitación de visas para emigrar de forma segura y ordenada.

Dios los cría y el diablo los une. No en balde afirmó José Martí:

“Para todo hay en este mundo, imbéciles y viles”

¿Adivinos o solapados?


Por Arthur González.

Desde que el ex presidente Barackadivino Obama anunciara la eliminación del reajuste de la Ley de Ajuste, conocida como pies secos-pies mojados, instrumentada en 1995 por el ex presidente Bill Clinton, como medida para evitar la llegada masiva de cubanos a Estados Unidos, algunos libres pensadores y otros con deseos solapados, se han dado a la tarea de crear matrices de opinión que coinciden con las pretensiones de Estados Unidos, en relación al socialismo cubano que tanto odian.

Para esos, el fin de una manipulada política contra la Revolución que finalmente se volvió contra la propia económica estadounidense, y se convirtió en una penosa carga, la emigración de cubanos era una “válvula de escape a la dura cotidianidad” que enfrenta el pueblo, de la única nación en el mundo que resiste desde hace casi 60 años, una guerra económica, comercial y financiera del imperio más poderoso de la tierra.

Es público y notorio que esa guerra fuertemente estructurada por el Gobierno de Estados Unidos en 1962, al conocer el rumbo socialista cubano, lo que pretende es doblegar al pueblo, hacerle creer que la economía socialista no funciona y contraponerlo al régimen para que regrese al sistema capitalista que nunca benefició a la mayoría y sí a la oligarquía unida al capital yanqui.

¿Qué piensan esos videntes de la gran emigración mexicana que proviene de un país capitalista ligada a Estados Unidos por el Tratado de Libre Comercio y que busca una mejoría en el primer mundo?

¿Cuáles son los cambios que tendrían que hacer México, Guatemala, Honduras, El Salvador o República Dominicana en sus economías para que sus ciudadanos no intenten emigrar ilegalmente a Estados Unidos, ante la dura realidad que enfrentan?

Todos esos países tienen un sistema capitalista que no les resuelve sus problemas fundamentales. Sin embargo, los gurúes que le exigen a Cuba “acelerar los cambios económicos”, no les proponen lo mismo a esos gobiernos que ni garantizan puestos de trabajo bien remunerados, un sistema de seguridad social que les permita llegar a la vejez con sus problemas fundamentales resueltos, ni la salud gratuita y mucho menos un sistema de educación que forme a niños y jóvenes como hombres de bien.

Esos que asumen posiciones abiertas o solapadas contra la economía socialista, no mencionan la Guerra Económica a la que está sometida, aunque sí reconocen que los cubanos poseen una alta calificación cultural gracias al socialismo, pero a la vez fabrican una falsa realidad pues los cubanos que emigran a Estados Unidos, en su gran mayoría, no pueden volver a ejercer sus profesiones y se ven obligados a realizar trabajos pocos remunerados casi siempre en empleos de servicios.

Para esos académicos que argumentan que el salario en Cuba es de 20 dólares mensuales y ser la razón de sus deseos de emigrar, no sacan cuentas de que al llegar a Miami la mayoría solo puede ganar 8 dólares la hora y cuando se suma el pago de un minúsculo departamento, que no baja de 600 dólares mensuales, la electricidad, el agua, la compra a plazos de un auto ante la ausencia de transporte público, los impuestos en las autopistas, la gasolina, el manteamiento y seguro del auto, la alimentación, un seguro médico, más la ropa y calzado, el salario se reduce casi al mismo nivel que el que percibían en su patria.

A esos que emigran buscando el paraíso terrenal, la realidad los golpea dramáticamente y entonces vemos a médicos especialistas como gastronómicos, fregadores de vajillas, camareros de hoteles o camioneros y los que más suerte tienen como enfermeros, si es que pueden cursar los estudios en idioma inglés y pagar las matrículas.

Muchos de los cubanos que emigraron conforman varias generaciones perdidas de profesionales altamente capacitados en su país, a quienes el Bloqueo económico les impidió vivir mucho mejor, pues ese es el fin que persigue esa criminal política. Sigue leyendo

EE.UU. reconoce sus mentiras


Por Arthur González.

Ha tenido que transcurrir medio siglo para que finalmente el gobierno de Estados Unidos reconozca que los cubanos no salen de Cuba “huyéndole al comunismo”, como afirmaron al aprobar en 1966 la Ley de Ajuste Cubano para engañar al mundo.

Después de años de campañbalserosas difamatorias contra la Revolución cubana y erogando miles de millones de dólares en mantener a los cubanos que arribaban sin visas al territorio norteamericano, han tenido que aceptar que esa emigración es puramente económica y en buena medida creada por la propia política de la Casa Blanca, obstinada en mantener una despiadada guerra económica contra Cuba.

Esa misma guerra económica, comercial y financiera impuesta en 1962 para evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo por parte del régimen comunista, como consta en documentos oficiales de la CIA ya desclasificados, provocó a partir de 1980 olas migratorias que pretendían desestabilizar al sistema socialista y al final se revirtió sobre los propios Estados Unidos, creándole serios problemas internos.

No hay país en el mundo que hubiese podido resistir tantas agresiones juntas, ni los propios Estados Unidos soportarían un bloqueo económico y comercial por un mes, los ciudadanos al constatar la escasez de productos saldrían a derribar de inmediato al Presidente de turno.

Pero eso no pasa en Cuba porque, aunque no quieran reconocerlo, el proceso revolucionario es auténtico, el pueblo sabe leer y escribir gratuitamente gracias a la Revolución, posee altos niveles de salud, cultura, seguridad social y niveles de igualdad de género y racial, como jamás tuvo durante 58 años de capitalismo que provocó el alzamiento de miles de jóvenes para luchar contra la dictadura batistiana, apoyada totalmente por Washington.

Ahora el mundo comprenderá las razones de Cuba en sus continuas demandas contra la criminal Ley de Ajuste Cubano y su política de pies secos-pies mojados que privilegiaba solo a los cubanos, como también ira percatándose de cuánto hay de manipulación en las posiciones de los Congresistas de origen cubano, que dominan las campañas anticubanas en el Senado y la Cámara de Representantes.

Una prueba de esa manipulación la acaba de dar hace pocas horas el senador Marco Rubio, el mismo que hizo recientes declaraciones a favor de modificar los privilegios que otorga a los cubanos la llamada Ley de Ajuste, pero al conocer la derogación de la política del llamado Parole Humanitario, solo para el personal de la salud cubana que presta su ayuda en países del mundo, anda chillando para que el robo de médicos, enfermeros y técnicos de la salud, se restablezca.

La resistencia y unidad de Cuba es el antídoto que le permite mantener su sistema socialista que tanto molesta a Estados Unidos, pero la verdad se va abriendo paso porque no puede taparse el sol con un dedo y menos cuando la Isla es visitada anualmente por 4 millones de personas del mundo que observan las diferencias con otros países del tercer mundo, comprueban las necesidades y limitaciones económicas producto del Bloqueo, y también la fuerza del pueblo por levantarse de esas dificultades.

Preciso fue José Martí al expresar:

“Esperar para creer demuestra sensatez y verdad”

Evidentemente “The Washington Post” no sabe leer


Por Arthur González.

Como si fuera un boxeador a punto de recibir un knock out, el diario “The Washington Post” lanza golpes a ciegas contra la nueva Directiva Presidencial, PPD-43, firmada por Barack Obama, sobre la política de Normalización de las Relaciones con Cuba, acusándolo de enviarle un mensaje equivocado al presidente cubano Raúl Castro.

Es sabido que ese diathe-washington-postrio estadounidense defiende los intereses más reaccionarios de la comunidad cubana radicada en Estados Unidos, con especial preferencia de los miembros de la mafia terrorista anticubana de Miami, integrada por esbirros del dictador Fulgencio Batista y sus descendientes; asesinos, torturadores y ladrones, que sienten odio visceral por la Revolución.

Recientemente el FBI desclasificó documentos sobre esos cubanos, ratificando sus acciones terroristas en Estados Unidos, por tanto, la verdad sale a flote respecto a esos auto titulados “exiliados”, cuando realmente muchos son prófugos de la justicia cubana por cometer delitos comunes.

En sus ataques a la mencionada Directiva, ese diario demuestra su incapacidad para leer e interpretar la letra de la misma, que en ningún momento pretende ayudar al gobierno cubano.

Para demostrar que las intenciones de Estados Unidos continúan la misma línea trazada en 1959 por el presidente Dwight Eisenhower, solo deben prestarles atención a los proyectos para desmontar el socialismo desde adentro, en una simbiosis filosófica con el “Proyecto Democracia”, aprobado por el presidente republicano Ronald Reagan, con el cual logró acabar con el socialismo en Europa del Este.

La candidata presidencial por el partido demócrata, Hillary Clinton, lo confirmó en agosto del 2015 en Miami, cuando defendió la nueva política hacia Cuba, al afirmar:

[…] “pude comprender que nuestra política de aislar a Cuba estaba fortaleciendo las garras de Castro en el poder en vez de debilitarlas, lo cual perjudicaba nuestros esfuerzos para restablecer el liderazgo de Estados Unidos en todo el hemisferio […] estábamos ayudando al régimen para que mantuviera a Cuba como una sociedad cerrada y controlada, en vez de promover la apertura positiva a la influencia externa en la misma forma que lo hicimos de forma tan efectiva con el antiguo bloque Soviético y en otros lugares…”

Los periodistas de “The Washington Post” parece que no comprenden que las relaciones diplomáticas no persiguen ayudar al gobierno socialista, sino minarlo desde adentro al ejercer influencia directa sobre su población, mediante el traslado de los valores que defiende Estados Unidos, y poco a poco trabajar a los jóvenes, y a aquellos cubanos que está acogidos a las licencias otorgadas por el gobierno para el trabajo privado.

Si fueran más astutos e inteligentes esos que acusan a Obama, pudieran descifrar lo que este pretende alcanzar de una forma más práctica y sutil, ya que casi 60 años de una política obtusa no dio los resultados esperados y sí la pérdida de cientos de miles de millones mal empleados, algo reconocido incluso por el ex jefe de la Sección de Intereses en La Habana, que puede leerse en los cables publicados por el sitio WikiLeaks. Sigue leyendo