La verdad que oculta el sacerdote José Conrado Rodríguez


Por Arthur González.

El sacerdote cubano José Conrado Rodríguez Alegre, estrechamente vinculado a la mafia terrorista de Miami, acaba de escribir un libro titulado: “Sueños y pesadillas de un cura en Cuba”, en el cual expone sus sentimientos contra la Revolución.

Llama la atención que dicho sacerdote nacido en Santiago de Cuba en 1951, un año antes que el tirano Fulgencio Batista asumiera el poder mediante un golpe de Estado, no se pronuncie en su libro sobre las pesadillas que vivió su Santiago de Cuba, cuando la sangre de sus mejores hijos corría calles abajo por los asesinatos del dictador.

Tampoco menciona la ausencia de sueños de cientos de miles de campesinos, por la triste realidad que los consumía sin derecho a enviar a sus hijos a escuelas, ni tener un solo hospital que atendiera a los niños que morían en brazos de sus padres.

La realidad que constató cuando en 1976 asumió la atención pastoral de los hospitales de Santiago de Cuba, Oncológico, de Maternidad y el Pediátrico, era muy diferente a la que dejó el capitalismo.

Desde 1959 la atención médica y la educación son totalmente gratuitas, gracias al proceso revolucionario que ataca.

En sus recuerdos José Conrado no menciona la limitación que tienen hoy los hospitales oncológicos, particularmente sus salas infantiles, debido a la guerra económica impuesta por Estados Unidos desde hace 58 años y que según sus propios documentos persigue el malvado fin de:

“Debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Esa guerra va contra la ley de Dios porque persigue la muerte y desesperación de los seres humanos, mientras el sacerdote enmudece en complicidad con el gobierno yanqui, situación que debería causarle pesadillas por el pecado que se comete contra su pueblo.

Si fuera consecuente con sus preocupaciones, estuviera contra esa guerra económica impuesta por los que ahora aplauden su libro y le publican precisamente donde residen terroristas y asesinos de cubanos, como los que murieron en 1976 por la voladura del avión que traía de regreso al equipo juvenil de esgrima, cuyo autor se pasea libremente por las calles de Miami.

En reciente carta de José Conrado al presidente cubano Raúl Castro, afirma: “Las dificultades de cada día se tornan tan aplastantes que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza”.

Pero parece que su odio sin límites a la Revolución, lo ciega de tal forma que olvida que la propia CIA afirma en sus informes:

Solamente después que los efectos de la represalia económica y de las acciones de sabotaje, se sientan profundamente en la población y en los grupos de élite, puede uno esperar que convertir la desafección…en revueltas activas contra el séquito Castro-comunista”.

“Las medidas de aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y al mundo libre…han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Fidel Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

En 1999, el Council on Foreign Relations de Estados Unidos, publicó un conjunto de recomendaciones para lograr una “transición” en Cuba, donde afirman:

“La oposición de los Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Esas verdades son soslayadas por el párroco, pero la historia no miente y las acciones permanentes contra Cuba son las causantes de las limitaciones en que han vivido varias generaciones de cubanos.

Sin el menor pudor, el sacerdote va a deleitarse con los autores de esos planes, cuando es a ellos a los que debe pedirle cuentas por tantos crímenes.

Jamás se le ha escuchado reprocharle a Estados por sus actos terroristas contra el pueblo de Cuba y si estuviese realmente preocupado por la situación de sus conciudadanos, debiera reclamarles a tantos pecadores residentes en Miami, que si tienen una larga lista de muerte y destrucción.

Con leer un documento elaborado por el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, bastaría para que el sacerdote condenara a los yanquis, únicos responsables de las penurias cubanas.

En uno de sus informes Hawkins afirma:

Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

Esas operaciones lograron un éxito considerable. Las embarcaciones que prestaban servicio de Miami a Cuba entregaron más de 40 toneladas de armas, explosivos y equipos militares e infiltraron y sacaron a un gran número de personal… La mayoría de los sabotajes perpetrados en La Habana y otros lugares se realizaron con materiales suministrados de esta manera”.

Esos fueron verdaderos horrores y no los que ahora expone para agradar en Miami.

De los sucesos de la embajada del Perú pasó por alto el asesinato del custodio de la sede, embestido por el ómnibus que inició el asalto a dicha misión, ni la estimulación que desde EEUU se hacía para salidas ilegales de la isla.

Tampoco condena la ley de Ajuste Cubano causante de tantas muertes, unido a la limitación de visas para emigrar de forma segura y ordenada.

Dios los cría y el diablo los une. No en balde afirmó José Martí:

“Para todo hay en este mundo, imbéciles y viles”

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¿Adivinos o solapados?


Por Arthur González.

Desde que el ex presidente Barackadivino Obama anunciara la eliminación del reajuste de la Ley de Ajuste, conocida como pies secos-pies mojados, instrumentada en 1995 por el ex presidente Bill Clinton, como medida para evitar la llegada masiva de cubanos a Estados Unidos, algunos libres pensadores y otros con deseos solapados, se han dado a la tarea de crear matrices de opinión que coinciden con las pretensiones de Estados Unidos, en relación al socialismo cubano que tanto odian.

Para esos, el fin de una manipulada política contra la Revolución que finalmente se volvió contra la propia económica estadounidense, y se convirtió en una penosa carga, la emigración de cubanos era una “válvula de escape a la dura cotidianidad” que enfrenta el pueblo, de la única nación en el mundo que resiste desde hace casi 60 años, una guerra económica, comercial y financiera del imperio más poderoso de la tierra.

Es público y notorio que esa guerra fuertemente estructurada por el Gobierno de Estados Unidos en 1962, al conocer el rumbo socialista cubano, lo que pretende es doblegar al pueblo, hacerle creer que la economía socialista no funciona y contraponerlo al régimen para que regrese al sistema capitalista que nunca benefició a la mayoría y sí a la oligarquía unida al capital yanqui.

¿Qué piensan esos videntes de la gran emigración mexicana que proviene de un país capitalista ligada a Estados Unidos por el Tratado de Libre Comercio y que busca una mejoría en el primer mundo?

¿Cuáles son los cambios que tendrían que hacer México, Guatemala, Honduras, El Salvador o República Dominicana en sus economías para que sus ciudadanos no intenten emigrar ilegalmente a Estados Unidos, ante la dura realidad que enfrentan?

Todos esos países tienen un sistema capitalista que no les resuelve sus problemas fundamentales. Sin embargo, los gurúes que le exigen a Cuba “acelerar los cambios económicos”, no les proponen lo mismo a esos gobiernos que ni garantizan puestos de trabajo bien remunerados, un sistema de seguridad social que les permita llegar a la vejez con sus problemas fundamentales resueltos, ni la salud gratuita y mucho menos un sistema de educación que forme a niños y jóvenes como hombres de bien.

Esos que asumen posiciones abiertas o solapadas contra la economía socialista, no mencionan la Guerra Económica a la que está sometida, aunque sí reconocen que los cubanos poseen una alta calificación cultural gracias al socialismo, pero a la vez fabrican una falsa realidad pues los cubanos que emigran a Estados Unidos, en su gran mayoría, no pueden volver a ejercer sus profesiones y se ven obligados a realizar trabajos pocos remunerados casi siempre en empleos de servicios.

Para esos académicos que argumentan que el salario en Cuba es de 20 dólares mensuales y ser la razón de sus deseos de emigrar, no sacan cuentas de que al llegar a Miami la mayoría solo puede ganar 8 dólares la hora y cuando se suma el pago de un minúsculo departamento, que no baja de 600 dólares mensuales, la electricidad, el agua, la compra a plazos de un auto ante la ausencia de transporte público, los impuestos en las autopistas, la gasolina, el manteamiento y seguro del auto, la alimentación, un seguro médico, más la ropa y calzado, el salario se reduce casi al mismo nivel que el que percibían en su patria.

A esos que emigran buscando el paraíso terrenal, la realidad los golpea dramáticamente y entonces vemos a médicos especialistas como gastronómicos, fregadores de vajillas, camareros de hoteles o camioneros y los que más suerte tienen como enfermeros, si es que pueden cursar los estudios en idioma inglés y pagar las matrículas.

Muchos de los cubanos que emigraron conforman varias generaciones perdidas de profesionales altamente capacitados en su país, a quienes el Bloqueo económico les impidió vivir mucho mejor, pues ese es el fin que persigue esa criminal política. Sigue leyendo

EE.UU. reconoce sus mentiras


Por Arthur González.

Ha tenido que transcurrir medio siglo para que finalmente el gobierno de Estados Unidos reconozca que los cubanos no salen de Cuba “huyéndole al comunismo”, como afirmaron al aprobar en 1966 la Ley de Ajuste Cubano para engañar al mundo.

Después de años de campañbalserosas difamatorias contra la Revolución cubana y erogando miles de millones de dólares en mantener a los cubanos que arribaban sin visas al territorio norteamericano, han tenido que aceptar que esa emigración es puramente económica y en buena medida creada por la propia política de la Casa Blanca, obstinada en mantener una despiadada guerra económica contra Cuba.

Esa misma guerra económica, comercial y financiera impuesta en 1962 para evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo por parte del régimen comunista, como consta en documentos oficiales de la CIA ya desclasificados, provocó a partir de 1980 olas migratorias que pretendían desestabilizar al sistema socialista y al final se revirtió sobre los propios Estados Unidos, creándole serios problemas internos.

No hay país en el mundo que hubiese podido resistir tantas agresiones juntas, ni los propios Estados Unidos soportarían un bloqueo económico y comercial por un mes, los ciudadanos al constatar la escasez de productos saldrían a derribar de inmediato al Presidente de turno.

Pero eso no pasa en Cuba porque, aunque no quieran reconocerlo, el proceso revolucionario es auténtico, el pueblo sabe leer y escribir gratuitamente gracias a la Revolución, posee altos niveles de salud, cultura, seguridad social y niveles de igualdad de género y racial, como jamás tuvo durante 58 años de capitalismo que provocó el alzamiento de miles de jóvenes para luchar contra la dictadura batistiana, apoyada totalmente por Washington.

Ahora el mundo comprenderá las razones de Cuba en sus continuas demandas contra la criminal Ley de Ajuste Cubano y su política de pies secos-pies mojados que privilegiaba solo a los cubanos, como también ira percatándose de cuánto hay de manipulación en las posiciones de los Congresistas de origen cubano, que dominan las campañas anticubanas en el Senado y la Cámara de Representantes.

Una prueba de esa manipulación la acaba de dar hace pocas horas el senador Marco Rubio, el mismo que hizo recientes declaraciones a favor de modificar los privilegios que otorga a los cubanos la llamada Ley de Ajuste, pero al conocer la derogación de la política del llamado Parole Humanitario, solo para el personal de la salud cubana que presta su ayuda en países del mundo, anda chillando para que el robo de médicos, enfermeros y técnicos de la salud, se restablezca.

La resistencia y unidad de Cuba es el antídoto que le permite mantener su sistema socialista que tanto molesta a Estados Unidos, pero la verdad se va abriendo paso porque no puede taparse el sol con un dedo y menos cuando la Isla es visitada anualmente por 4 millones de personas del mundo que observan las diferencias con otros países del tercer mundo, comprueban las necesidades y limitaciones económicas producto del Bloqueo, y también la fuerza del pueblo por levantarse de esas dificultades.

Preciso fue José Martí al expresar:

“Esperar para creer demuestra sensatez y verdad”

Evidentemente “The Washington Post” no sabe leer


Por Arthur González.

Como si fuera un boxeador a punto de recibir un knock out, el diario “The Washington Post” lanza golpes a ciegas contra la nueva Directiva Presidencial, PPD-43, firmada por Barack Obama, sobre la política de Normalización de las Relaciones con Cuba, acusándolo de enviarle un mensaje equivocado al presidente cubano Raúl Castro.

Es sabido que ese diathe-washington-postrio estadounidense defiende los intereses más reaccionarios de la comunidad cubana radicada en Estados Unidos, con especial preferencia de los miembros de la mafia terrorista anticubana de Miami, integrada por esbirros del dictador Fulgencio Batista y sus descendientes; asesinos, torturadores y ladrones, que sienten odio visceral por la Revolución.

Recientemente el FBI desclasificó documentos sobre esos cubanos, ratificando sus acciones terroristas en Estados Unidos, por tanto, la verdad sale a flote respecto a esos auto titulados “exiliados”, cuando realmente muchos son prófugos de la justicia cubana por cometer delitos comunes.

En sus ataques a la mencionada Directiva, ese diario demuestra su incapacidad para leer e interpretar la letra de la misma, que en ningún momento pretende ayudar al gobierno cubano.

Para demostrar que las intenciones de Estados Unidos continúan la misma línea trazada en 1959 por el presidente Dwight Eisenhower, solo deben prestarles atención a los proyectos para desmontar el socialismo desde adentro, en una simbiosis filosófica con el “Proyecto Democracia”, aprobado por el presidente republicano Ronald Reagan, con el cual logró acabar con el socialismo en Europa del Este.

La candidata presidencial por el partido demócrata, Hillary Clinton, lo confirmó en agosto del 2015 en Miami, cuando defendió la nueva política hacia Cuba, al afirmar:

[…] “pude comprender que nuestra política de aislar a Cuba estaba fortaleciendo las garras de Castro en el poder en vez de debilitarlas, lo cual perjudicaba nuestros esfuerzos para restablecer el liderazgo de Estados Unidos en todo el hemisferio […] estábamos ayudando al régimen para que mantuviera a Cuba como una sociedad cerrada y controlada, en vez de promover la apertura positiva a la influencia externa en la misma forma que lo hicimos de forma tan efectiva con el antiguo bloque Soviético y en otros lugares…”

Los periodistas de “The Washington Post” parece que no comprenden que las relaciones diplomáticas no persiguen ayudar al gobierno socialista, sino minarlo desde adentro al ejercer influencia directa sobre su población, mediante el traslado de los valores que defiende Estados Unidos, y poco a poco trabajar a los jóvenes, y a aquellos cubanos que está acogidos a las licencias otorgadas por el gobierno para el trabajo privado.

Si fueran más astutos e inteligentes esos que acusan a Obama, pudieran descifrar lo que este pretende alcanzar de una forma más práctica y sutil, ya que casi 60 años de una política obtusa no dio los resultados esperados y sí la pérdida de cientos de miles de millones mal empleados, algo reconocido incluso por el ex jefe de la Sección de Intereses en La Habana, que puede leerse en los cables publicados por el sitio WikiLeaks. Sigue leyendo

Miami el estercolero de los “disidentes”


Por Arthur González.

Un viejo proverbio popular asegura que “las aves de igual plumaje vuelan en el mismo bando” y así se cumple ahora en Miami, capital de la mafia terrorista anticubana.

Desde 1959 allí se reúne con total amparo de las autoridades, un amplio espectro de asesinos al servicio de la tiranía de Fulgencio Batista, torturadores, ladrones, cubanos al servicio de la CIA, secuestradores de naves y aeronaves, y cuanta morralla de elementos execrables que pueda imaginarse, protegidos todos por la Ley de Ajuste Cubano, la cual los trasformó de prófugos de la justicia en “exiliados”.

Dicha Ley fue aprobada en 1966 por el presidente Lindon Johnson, con el propósito de darles un estatus migratorio legal a todos esos cubanos que habían arribado por vía ilegal, o tener vencidas sus visas, convirtiéndolos de iso facto en “refugiados políticos”.

En ese escenario no pueden faltar los “disidentes” actuales de Cuba, quienes viven sin sudar la camisa acosta del amplio presupuesto que anualmente aprueba la Casa Blanca para mantenerlos, con el fin de conformar una matriz de opinión contraria a la Revolución, algo tan viejo como lo es el propio diferendo de Estados Unidos con Cuba.

Para darle ese sabor agrio que caracteriza a la contrarrevolución miamense, nucleada en el café Versalles y la llama Torre de la Libertad, Tomás Regalado, alcalde de Miami, entregó hace pocos días la Llave de la Ciudad, a un grupito de los llamados “opositores” a Castro, que se mantienen en la Isla sin pasar los trabajos que los residentes en Miami sufren ante la falta de empleos, altos costos de los alquileres, segurosmédicos e inseguridad ciudadana.

llave-de-miamiQuien recibió la mencionada Llave, fue nada menos que la grosera, inculta y corrupta Berta Soler, la misma que acaba de adquirir una residencia de tres niveles en una zona residencial de La Habana, con el dinero desviado de su grupúsculo Damas de Blanco, de lo que es acusada por algunas de sus seguidoras.

El dinero que seguramente se embolsillaron los organizadores del acto, debe provenir de los fondos de la alcandía, algo común entre los “tiburones” que se apropian de los dólares de sus contribuyentes y los hacen desaparecer con la vasta experiencia de excelentes prestidigitadores.

Para no dejar dudas de quienes son los padrinos de los “disidentes” en la Isla, estaban en la presidencia del susodicho acto, nada menos que la representante Ileana Ros-Lehtinen, más los hermanos Lincoln y Mario Díaz Balart, todos del partido republicano y máximos críticos del cambio de política de Washington hacia La Habana, impulsado por presidente Barack Obama, al no aceptar la nueva fórmula de destruir el socialismo desde adentro, como hizo el presidente Ronald Reagan en el ex campo socialista europeo.

Los tres representantes “casualmente” son hijos de destacados testaferros de la sanguinaria dictadura batistiana y en el caso de la congresista Ros-Lehtinen, tiene como currículo el apoyo total que le otorgó a los asesinos del ex canciller chileno Orlando Letelier, logrando un perdón presidencial para liberarlos, además de la protección negociada con la Casa Blanca para el asesino y terrorista Orlando Boch y su compañero de fechorías Luis Posada Carriles, ambos autores de decenas de asesinatos, actos terroristas en Estados Unidos, Cuba y varios países del hemisferio occidental.

Junto a Berta Soler estaban Antonio Enrique González-Rodiles y el ex recluso por hurto y falsificación de documentos públicos devenido en “disidente”, Jorge Luis García Pérez (Antúnez).

Para darle más sabor al jolgorio vernáculo, se encontraban la cantante Albita Rodríguez Herrera,  el desquiciado drogadicto Gorki Ávila, cuyo nombre de la banda musical que dirige lo dice todo: Porno para Ricardo, y los caricaturistas también cubanos,  Garrincha (Gustavo Rodríguez) y Arístides Pumariega (Arístides).

En ese caldo se cocina la llamada “oposición” cubana, la cual en casi 60 años acumula un conjunto incalculable de fracasos, sin poder destruir a la Revolución cubana, pero sus campañas y acciones al servicio de la CIA, les permitió hacer carreras políticas y enriquecerse ampliamente.

El único logro de esos politiqueros ha sido el encadenamiento de la política de Estados Unidos respecto a Cuba, convirtiéndola de un tema de política exterior, en uno de política doméstica, en su viejo afán de anexarse a la Isla, tal y como promoviera en 1823 el ex presidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Yo confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados…”

Este deseo venía desde mucho antes, cuando en 1802, el gobernador de Mississippi, William C. Claiborne, informó al propio presidente Jefferson:

“[…] en el desarrollo de los acontecimientos nada deseo más que ver la bandera de mi país ondeando sobre el castillo del Morro […]

Miami podrá entregarle llaves y cerraduras a los contrarrevolucionarios, pero no puede otorgarle la fórmula de unidad y de apoyo popular de los que carecen, por ser una “oposición” creada por un servicio de inteligencia extranjero, entrenada, dirigida y financiada por otro país y que en 60 años solo ha sabido vivir sin trabajar, enriqueciéndose para su propio beneficio.

En vez de persistir tanto tiempo en destruir a la Revolución cubana, esos políticos deberían direccionar sus energías en resolver los graves problemas internos que tiene la población estadounidense.

No por gusto José Martí que vivió en el monstro afirmó:

“…los pueblos de América son más libres y prósperos a media que más se apartan de los Estados Unidos.

Estados Unidos y la distorsión de la realidad


Por Arthur González.

Tal parece que cierto sector de la prensa estadounidense observa la realidad a través de un cristal empañado y así se la trasmite a su población en un intento por hacerle creer que lo rojo es verde. El tema Cuba es un diáfano ejemplo.

Hace casi 60 años que la Casa Blanca se empeña en destruir a la Revolución cubana, por apartarse de la línea que Estados Unidos trazó para América Latina. Para lograrlo, la CIA diseñó y llevó a cabo decenas de planes y programas de acciones encubiertas de terrorismo de Estado.

Entre esos se encuentran múltiples planes de asesinato contra Fidel Castro, algo inaudito e investigado por una comisión del Senado, que Estados Unidos ve como algo normal; pero bien diferente sería si Cuba hubiese intentado asesinar a algún presidente estadounidense.

A pesar de haberle causado tanto muertos y heridos al pueblo cubano, la prensa yanqui tiene la desfachatez de exigir que el Gobierno de la Isla haga cambios y califican las reclamaciones cubanas de “demandas castristas desmesuradas”.

¿Sabrá el pueblo estadounidense que la voladura del buque francés La Coubre por agentes de la CIA en marzo de 1960, dejó un saldo de 101 muertos y más de 200 heridos?

¿Cómo reaccionaría el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos si el hecho hubiera sido en un puerto de su paísobama firmando y los muertos y heridos ciudadanos estadounidenses?

Cuba jamás ejecutó actos terroristas contra centros comerciales, fábricas, cines, hoteles, restaurantes, puentes, líneas del ferrocarril, plantas eléctricas, ni campos de cultivos de Estados Unidos. Tampoco introdujo plagas y enfermedades para afectar su flora, fauna o contra los ciudadanos de ese país.

Los planes contra Cuba están desclasificados y publicados por el Departamento de Estado, y en diferentes archivos de bibliotecas norteamericanas donde se puede conocer y comprobar las atrocidades consumadas por la CIA que ha sufrido el pueblo cubano.

De eso la prensa yanqui no habla, ni The Washington Post, The New York Times, o The Miami Herald escriben y un solo párrafo, al parecer los muertos cubanos no son seres humanos como los que fallecieron en el trágico y turbio suceso de las Torres Gemelas.

En un intento por hacerle creer al gran público estadounidense, su prensa acusa al presidente Barack Obama de haber sido inconsistente con su política hacia Cuba, al restablecer relaciones diplomáticas y reconocer algo evidente, que la política emprendida contra la Revolución no les dio la posibilidad de derrocarla.

Serán ciegos los que redactan editoriales calificando a Obama como un “pato cojo”, denominación que emplean en Estadios Unidos para funcionario electo saliente que ocupa el cargo entre las elecciones y el juramento del sucesor.
Para los conocedores de la política doméstica de Estados Unidos saben que quien realmente manda en ese país es el Consejo de Seguridad Nacional y no el Presidente.

Obama no actuó por sus propios deseos, siguió las recomendaciones de los integrantes del Consejo, pues la CIA era del criterio que debían ampliar sus acciones dentro de la Isla; para eso necesitaba aumentar el número de sus oficiales que pudieran evaluar en el terreno la verdadera situación que presenta Cuba, y sobre todo poder estudiar, reclutar e influir en funcionarios gubernamentales para alcanzar sus sueños de la Transición.

Tal esquema de actuación no es novedoso y había sido propuesto en agosto de 1968, según consta en un acta de la reunión sostenida entre la CIA y el Departamento de Estado, donde se analizaron las propuestas de un cambio de política hacia Cuba.

En dicho documento se pueden leer las ventajas que veían, donde expusieron abiertamente:

“…la posibilidad de abordar a los líderes cubanos alrededor de Castro y asegurarles que Estados Unidos no desean echar por tierra o borrar los logros de la Revolución, y que estaban preparados para cooperar con ellos y apoyarlos en un régimen posterior a Castro, a cambio de que cooperarán de forma encubierta con la CIA para proporcionarle informaciones y quizás realizar acciones oportunas que acelerarán la sustitución de Castro como líder del régimen”.
Obama no ha hecho ninguna concesión a Cuba, su política es precisa y subrayada en el Comunicado de la Casa Blanca del 17.12.2014, al exponer: Sigue leyendo

Estados Unidos y su política de doble vía hacia Cuba


Por Arthur González.

Para que nadie se equivoque con los verdaderos propósitos de la actual política de Estados Unidos hacia Cuba, mientras firman documentos de entendimiento sobre aspectos que no mejoran en nada la guerra económica, comercial y financiera, ni las acciones subversivas que hacen la vida del pueblo más difícil, por otra parte, continúan condenando al Gobierno de la Isla.casa blanca

Así sucedió hace unas semanas, con la información aportada por el Departamento de Estado en la nueva edición de su informe anual del 2015 sobre el tráfico de personas, donde mantienen a Cuba en la categoría de “observación especial”.

Sin el menor respeto por la verdad dicho reporte considera que Cuba “no cumple completamente con los estándares mínimos para la eliminación del tráfico de personas”, algo insólito cuando Washington insiste en mantener la manipulada Ley de Ajuste Cubano, aprobada en 1966 para ajustarle el estatus migratorio a cientos de personas que a partir de 1959 entraron de forma ilegal en ese país.

Parte de los beneficiados fueron asesinos, torturadores, ladrones y testaferros del régimen del dictador Fulgencio Batista, quien asumió el poder en 1952 mediante un golpe de estado y a pesar de ello fue apoyado por la Casa Blanca.

Para que nadie piense que las relaciones entre los dos países transitan por un camino de leche y miel, producto de la firma de 11 documentos de entendimiento, el Gobierno estadounidense anunció a inicios del presente mes de julio que en el caso de Cuba ellos consideran que su Gobierno “no cumple completamente con los estándares mínimos para la eliminación del tráfico de personas, a pesar de estar haciendo esfuerzos significativos para hacerlo”. Sigue leyendo