60 años de la declaración de guerra de los Estados Unidos contra Cuba.


Por Arthur González.

El 17 de marzo de 1960, coincidiendo con el santoral de San Patricio, el presidente republicano Dwight Eisenhower, le daba su aprobación a la CIA para ejecutar el primer Programa de Acciones Encubiertas contra la Revolución cubana, con el objetivo de destruir el proceso que despedazó la subordinación de Cuba a los Estados Unidos.

Fidel Castro no era aceptado por Eisenhower desde antes del 1ro de enero de 1959, sentimiento recogido en el acta de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, celebrada el 23 de diciembre de 1958, donde el director de la CIA, Allen Dulles y el mismo presidente de los Estados Unidos, afirmaron: “hay que evitar la victoria de Castro”.

A la vez, Eisenhower orientó buscar una tercera persona, ni Fulgencio Batista ni Fidel Castro, sino un hombre capaz que pudiera crecer en fortaleza e influencia, al que le darían suficiente dinero y armamentos, para lograr la dirección política de Cuba.

Ante la derrota del ejercito batistiano y la huida del dictador, Fidel Castro entraba triunfante en el escenario político cubano, a pesar de los esfuerzos yanquis por impedirlo. Por ese motivo Estados Unidos tomó la decisión de minarlo desde adentro y para eso la CIA tenía que repetir el plan ejecutado años antes en Guatemala, contra el presidente Jacobo Arbenz.

El objetivo del Programa de Acciones Encubiertas contra Cuba expone explícitamente:

Provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos, de manera tal que se evite cualquier asomo de intervención estadounidense”.

Esa negación ante la opinión pública, fue el requisito impuesto por Eisenhower, por si ocurría algún descalabro, poder decir que “no sabía nada de lo que la CIA había ejecutado”.

Para alcanzar dicho objetivo se establecieron varios procedimientos o metas, las que recogen:

Fabricar una oposición cubana responsable, atractiva y unificada al régimen de Castro, que se declare públicamente como tal, por lo que debe estar necesariamente ubicada fuera de Cuba”.

Esa “oposición” se construiría con elementos de la tiranía batistiana y testaferros de su política, con los cuales la CIA ya tenía contactos, preparándolos con el fin de “conformar una entidad política en forma de Consejo o Junta, integrada por tres grupos de aceptables”.

El lema que la CIA decidió utilizar era el de “Restaurar la Revolución”, acusando a Fidel Castro de haber traicionado los principios de la misma.

“Iniciar una poderosa ofensiva propagandística en nombre de la   oposición declarada”.

El fin era emplear una emisora radial clandestina, que transmitirá por onda larga y corta desde la isla Swan, en Honduras, para debilitar la base del apoyo popular a Castro. Así nacía la conocida Radio Swan que trasmitía noticias falsas, como parte de la guerra psicológica.

Desde esa emisora se emitieron las campañas de la inventada Ley de pérdida de la patria potestad, dando a luz a la Operación Peter Pan, que, bajo el terror infundido fueron enviados por sus padres hacia Estados Unidos, 14 mil 48 niños sin acompañantes, criminal acción diseñada por los jefes de la CIA, en contubernio con la Iglesia Católica.

“Creación de una organización secreta de inteligencia y acción dentro de Cuba, que responderá a las órdenes e instrucciones de la oposición en el “exilio”.

Con esa organización, la CIA buscaba obtener informaciones importantes de inteligencia, gestionar la infiltración y ex filtración de individuos de su interés, ayudar en la distribución en Cuba de propaganda, planear la disidencia de individuos claves y organizar grupos de apoyo a sus planes subversivos.

En esa época la CIA organizó y dirigió una veintena de redes con cerca de 500 agentes para la recolección de información militar, económica y política de Cuba, para trazar sus planes de terrorismo, reclutamiento de personas y la traición de funcionarios gubernamentales.

Paralelamente en territorio yanqui organizaron una fuerza paramilitar, con los mecanismos para el apoyo logístico a operaciones militares encubiertas en la Isla, con la intensión de crear focos contrarrevolucionarios en las zonas campesinas, que posibilitaran conformar una oposición armada a la Revolución.

“Evitar la rivalidad que perturbe y divida a los principales líderes cubanos de la oposición, en su papel de dirección dentro de la organización. Seleccionar a un presidente que sea un político juicioso, no ambicioso y eminente. Para derrocar a Castro se debe seleccionar a un líder, con apoyo norteamericano concentrado sobre él y fortalecido con la tarea a realizar”.

“La CIA tendrá que tener contactos directos con cierto número de cubanos y, para protegerlos, utilizará cuidadosamente como cobertura a un grupo de hombres de negocio norteamericanos, los cuales tienen interés marcado en los asuntos cubanos y desean apoyar a la oposición. Esos hombres de negocio actuarán como un mecanismo de financiamiento y a la vez como una vía para la dirección y apoyo al directorio de la oposición, bajo condiciones controladas por oficiales de la CIA.”

Estas acciones fueron desmanteladas por la Revolución cubana con el apoyo del pueblo, algo que no tuvieron en cuenta los dirigentes yanquis, al menospreciar la conciencia revolucionaria fortalecida a diario en torno a su máximo líder.

60 años después, la CIA repite sus mismos errores, tanto en Cuba como en Venezuela, país al que le aplican similares planes, a pesar de sus permanentes fracasos.

Ni ese ni los subsiguientes Programas de Acciones Encubiertas pudieron derrocar a la Revolución cubana, ni tampoco asesinar a Fidel Castro, a pesar de los centenares de planes.

Hoy la política yanqui no es secreta ni encubierta, es abierta y pública, lo que demuestra su verdadera faceta de emperadores del mundo, y aun así lo que recogen son más fracasos, porque como dijo José Martí:

“Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, detiene a un escuadrón de acorazados”.

Demanda de Venezuela contra Estados Unidos un ejemplo a imitar.


Por Arthur González.

La denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional por el gobierno de Venezuela contra Estados Unidos, ante los crímenes de lesa humanidad que cometen los yanquis contra ese pueblo, es un ejemplo a imitar por todos los países que sufren similares acciones genocidas, ejecutadas por el gobierno estadounidense.

Basta ya de soportar su hacer y deshacer en el mundo sin que nadie los sancione.

Guerras genocidas que barren ciudades enteras, monumentos del patrimonio de la humanidad, asesinatos en masa de niños, mujeres y hombres, cárceles secretas con métodos de tortura copiados a los nazis, robo de recursos naturales, guerras económicas, comerciales, financieras y biológica para matar de hambre y enfermedades, todo sin que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ni otros organismos internacionales, condenen y sancionen a los responsables de tantos crímenes.

El mundo no puede tolerar ese silencio cómplice de los aliados europeos, que ven, callan y hasta participan en las guerras fratricidas yanquis, por apoderarse de territorios ricos en minerales importantes.

¿Por qué los pueblos tienen que aguantar las medidas de guerra económica, comercial y financiera diseñadas por Estados Unidos, sin que sean sancionados?

Un evidente ejemplo es la votación anual que se ejecuta en la Asamblea General de la ONU, contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba desde hace 60 años. La totalidad de las naciones lo condenan, pero Estados Unidos en vez de eliminarlo lo incrementa con medidas cada vez más brutales, con el deseo de exterminar a todo un pueblo.

La decisión tomada por Venezuela es correcta, aunque se enfrentará a las presiones yanquis sobre quienes deben decidir. No importa, el mundo conocerá la demanda bien argumentada de cada medida que adopta Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro, solo con el objetivo de imponer a un peón que vuelva a colocar los recursos naturales venezolanos en manos de empresas norteamericanas.

Cuba también puede presentar pruebas irrefutables de las criminales Operaciones Encubiertas ejecutas por Washington, muchas de ellas desclasificadas y publicadas, como pruebas de su política delictiva, entre ellas los planes de asesinato a Fidel Castro, algunos reconocidos por la denominada Comisión Church del Comité Selecto del Senado, en los años 70 del siglo XX.

Constan documentos elaborados por la CIA de sus acciones ilícitas contra la Revolución cubana desde 1959, como el Plan de influencia subversiva y reclutamiento en sectores priorizados de la sociedad cubana”, elaborado en abril de 1959 por la embajada yanqui y la estación CIA en La Habana; el informe confeccionado por el Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, enviado al director general el 11 de diciembre de 1959, donde propone “darle una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro”.

Otros planes macabros como el aprobado por el presidente Dwight Eisenhower a la CIA, el 17 de marzo 1960, para crear una oposición a Castro, una red de espionaje interno en la Isla, iniciar una poderosa ofensiva propagandística a nombre de la “oposición”, y organizar la invasión mercenaria financiada por la CIA.

Solamente la despiadada Operación Peter Pan, diseñada por la CIA con campañas falsas sobre una inventada Ley revolucionaria que les quitaría la patria potestad a los padres cubanos, sirve para condenar a Estados Unidos en cualquier tribunal que respete la ley, pues mediante el engaño y la mentira lograron sacar de Cuba, sin acompañantes, a 14 mil 48 niños que quedaron afectados psicológicamente para toda la vida, al verse separados abruptamente de sus padres.

Cualquier Corte de Justicia sancionaría sin reservas a Estados Unidos por ejecutar la Operación Mangosta en enero de 1962, la cual estuvo dirigida a “provocar una rebelión del pueblo cubano, a partir de una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar, en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, junto a operaciones psicológicas que acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Esa Operación pretendía justificar una invasión a Cuba por parte del ejército yanqui, como respuesta a la derrota sufrida en su invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en 1961.

En la misma se demuestra como Estados Unidos preparó la reunión de la OEA en 1962, para condenar a Cuba y organizó, a través del Departamento de Estado, las presiones a gobiernos latinoamericanos y las manifestaciones populares, sumadas a las campañas de prensa en apoyo a tal acción, todas sufragadas por su Agencia de Información (USIA).

Cualquier juez que se respete no le temblaría la mano para castigar a Estados Unidos, máxime si Cuba presenta como prueba contundente en su denuncia, otros planes yanquis desclasificados y publicados, como es el documento preparado por CIA para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, el 8                                                     de junio de 1963, titulado “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, el cual contiene tareas para llevar a cabo acciones de terrorismo de Estado contra toda la economía cubana, un espionaje total, unido a la propagada mediática  para estimular los sabotajes.

Con qué derecho un país extranjero puede aprobar leyes para aniquilar el sistema político y económico de otro estado soberano. ¿Eso es permitido por la Corte de Justicia Internacional?

Las Leyes Torricelli y la repudiable Helms-Burton son ejemplos irrebatibles de las actividades ilegales de Estados Unidos contra una pequeña isla del Caribe, solo por haber decidido cortar las cadenas impuestas en 1901.

La lista de pruebas es larga y cada una más convincente, respecto a las violaciones de la ley internacional que comete el país que se auto proclama “paladín de los derechos humanos en el mundo”.

Pocas investigaciones tendrían que hacer los fiscales de la Corte Internacional de la Haya. Solo con leer los documentos oficiales yanquis les bastaría para conocer la verdad, esa que es manipulada o silenciada por la prensa de Estados Unidos.

Sabio José Martí al sentenciar:

“La justicia a secas, es lo único a lo que ha de asirse el hombre decoroso y sensato”.

 

 


Lanzan oleadas de mentiras contra Cuba.

Por Arthur González.

Siguiendo las tácticas ejecutadas en las elecciones de Estados Unidos, denunciadas con elevada profesionalidad en el documental Great Hack, diseñan y lanzan mentiras contra Cuba con el propósito de demonizar a la Revolución, haciéndole creer a los incautos que existe una represión contra los “opositores”, dígase agentes pagados por Washington.

No es nada novedoso. Desde el mismo año 1959 especialistas en guerra psicológica de la CIA, conforman campañas mediáticas contra Cuba, que van, desde transformar a asesinos y torturadores en santos varones, hasta operaciones subversivas como la cruel y repudiable Peter Pan, mediante la cual sacaron a 14 mil 48 niños de la Isla sin acompañantes, bajo la mentira de que la Revolución les quitaría la patria potestad a los padres, para enviar a sus hijos a Rusia donde serían convertidos en carne enlatada.

En esa misma línea de trabajo han inventado represiones que nadie ve, golpizas indemostrables y detenciones denominada “arbitrarias”, cuando los asalariados que financia Washington, desarrollan actos provocativos.

Por eso aspiran a conformar matrices de opinión contra Cuba, especialmente en Estados Unidos, donde sus ciudadanos tienen prohibido visitar la mayor de las Antillas, para que no comprueben las mentiras con las que han crecido varias generaciones de estadounidenses. Muchos de ellos así lo verificaron cuando Barack Obama, se ilusionó con la idea de “empoderar” a los cubanos, y acabar con el socialismo desde adentro, permitiendo los viajes a Cuba, pero solo bajo licencias aprobadas por el Departamento de Estado.

En estos días se intensifica la cruzada propagandística, de la cual se hace eco la ultraderechista asociación International Pen, con sede en Londres, la que agrupa a escritores de posiciones conservadoras y anti izquierdas, que, siguiendo la táctica made in USA, denunció una inventada represión contra escritores y periodistas, de los etiquetados “independientes” del gobierno cubano, pero totalmente dependientes del dinero y orientaciones yanquis.

Esta cruzada va dirigida a presionar a la Unión Europea, quien establecerá nuevas conversaciones con La Habana el 8 de septiembre 2019, situación que no aprueba Washington en su escalada para ahogar económicamente a Cuba.

De ahí las falsas acusaciones de las “represiones contra los disidentes”, como si la historia de las fantasmales organizaciones contrarrevolucionarias no se conociese por el pueblo cubano y muchas personas en el mundo.

¿Por qué Pen International no ejecuta acusaciones contra México y otros países latinoamericanos, donde los asesinatos de verdaderos periodistas de reconocidos medios de prensa, son el pan de cada día?

En Cuba no hay un solo periodista desaparecido, ni asesinado. Los que se denominan periodistas “independientes”, en verdad dependen del financiamiento que anualmente entrega Estados Unidos, en su vieja lucha por derrocar a la Revolución socialista que tanto odian.

Son públicos los presupuestos destinados a las acciones subversivas contra Cuba, pudiéndose comprobar que desde enero 2017 la administración de Donald Trump, gastó 22 millones 92 mil 43 dólares en diferentes proyectos contrarrevolucionarios, prueba de que ningún “opositor” es independiente de las órdenes y programas diseñados en Washington, aunque con sus falsas operaciones intenten crear esa idea en los lectores.

Esa suma es parte del dinero que le asignan a la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y al Departamento de Estado, sin contar el destinado a la USAID y la CIA para tales acciones.

Se afirma que 14 millones 386 mil 98 dólares fueron concedidos a 42 organizaciones que ejecutan supuestos proyectos para “promover la democracia” en Cuba, aunque experiencias anteriores dicen del desvío de cuantiosos recursos en beneficios personales, comprobado en auditorías oficiales.

Entre las organizaciones que se benefician con parte de esos millones, están, además de la NED, la Fundación de la Familia Bacardí, que recibió 288 mil 283 dólares y la empresa Comunicaciones Canyon, con 273 mil 580 dólares, más otros 159 mil 263 dólares para fondos dirigidos a programas de la llamada “sociedad civil”, que no fueron revelados.

La repartición es amplia, comprobándose las razones para tanta gritería y acusaciones a Cuba, de “reprimir y asediar” a los contrarrevolucionarios, pues sobra dinero para tales maniobras, al igual que se hace durante los procesos eleccionarios yanquis, donde se sufragan medios de prensa para convencer a los electores, muchas veces con mentiras.

La NED informó oficialmente que en 2018 gastó 4 millones 643 mil 525 dólares en “subvenciones” para Cuba, lo que significó un incremento del 22% en comparación con los 3 millones 814 mil 328 dólares en 2017.

El dinero corre para tratar de subvertir a los cubanos, por eso son los 27 mil 640 dólares asignados para “Promover la libertad de prensa en Cuba”; los 220 mil para la Asociación Diario de Cuba, a fin de conformar un medio de comunicación “independiente”; los 132 mil 730 dólares para el “Instituto cubano por la libertad de expresión y prensa”; 91 mil 500 dólares para la “Campaña Global por la Libertad de Expresión”; 71 mil 934 dólares para promover el acceso a la información en Cuba; 72 mil 324 para fomentar el pensamiento y la escritura independiente en Cuba, así como 60 mil dólares para la Libertad de información en la Isla.

Esa es la razón que mueve a Pen International para afirmar que “la represión se cierne sobre periodistas independientes y blogueros”, que como se conoce, algunos fueron formados a la carrera en locales de la misión diplomática yanqui en La Habana.

Para deformar la realidad de Cuba hay mucho dinero y después afirman con desfachatez que son “independientes”.

En su pretensión de presionar a la Unión Europea durante la celebración del Consejo Conjunto con Cuba, el 8 de septiembre 2019 en La Habana, dos de los grupúsculos contrarrevolucionarios mejor pagados por los yanquis, (UNPACU y Rosa María Payá), incitan a una provocación callejera ese mismo día, “para que la Alta Representante de la Unión Europea, Federica Mogherini, tenga que pronunciarse en contra de Cuba”, aunque nunca han logrado una manifestación callejera por ausencia de apoyo popular.

La verdadera causa de toda esa algarabía, es la mortificación de Estados Unidos por la firma del Acuerdo de Diálogo Político, Cooperación y Comercio (PDCA), entre la Unión Europea y Cuba, pues este abre la posibilidad a la inversión extranjera en la Isla, situación que Washington intenta impedir con todos sus medios, para apretar aún más la soga en el cuello de la economía cubana, siguiendo el viejo principio de “debilitar la vida económica, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del  gobierno”.

Ilusos los servidores de los yanquis que no aprenden que el pueblo cubano no se dejará arrebatar su Revolución, porque como dijo José Martí:

“La justicia, la igualdad del mérito, el trato respetuoso del hombre, la igualdad plena del derecho, eso es la Revolución”.

Manipulan a los lectores con noticias falsas contra Cuba.


Por Arthur González.

Estados Unidos tiene una estrategia bien definida contra países que no son de su agrado, entre ellos Cuba que es víctima de una guerra total, incluida la mediática, con el objetivo de satanizar a su gobierno revolucionario.

Desde el mismo año 1959, cuando triunfó la Revolución popular encabezada por Fidel Castro, los yanquis iniciaron campañas de prensa contra el proceso cubano, al no ser del agrado de Washington, tal y como aseguraron en 1958 durante la reunión del Consejo de Seguridad, el director de la CIA y el presidente Dwight Eisenhower: “Es necesario evitar la victoria de Castro”.

El empleo de la tergiversación y mentiras falsas que hoy se mantienen contra Cuba, y otros países como Venezuela e Irán, está protegido por la Directiva de Seguridad Nacional de Estados Unidos, conocida como NSC10/2 de junio de 1948.

En dicha directiva se expresa: “Estados Unidos denomina operaciones encubiertas, a las acciones de propaganda negra, guerra económica, sabotaje y subversión, contra aquellos estados considerados hostiles”.

Basado en ese principio han acusado a Cuba a través de la fabricación de noticias falsas, entre ellas una de alta crueldad como fue la llamada Operación Peter Pan, en la cual la CIA hizo circular un falso proyecto de ley que aprobaría el gobierno revolucionario, donde se establecía la pérdida de la patria potestad de los padres sobre sus hijos, los que sería enviados a la URSS para convertirlos en carne y envasarlos en latas, lavarles el cerebro y otras atrocidades que fueron apoyadas por la Iglesia Católica cubana y de Estados Unidos.

Engañando a los padres y embuidos por la propaganda negra diseñada por especialistas de la CIA, sacaron de la Isla a 14 mil 48 niños y entregados a la Iglesia Católica estadounidense, sin acompañantes, para desplegar la noticia por el mundo que se iban huyendo de su patria.

La mentira más reciente para dañar a Cuba y justificar nuevas sanciones, fue publicada el 20 de mayo 2019, por el libelo El Nuevo Herald y replicado por otras agencias al servicio de los yanquis, referente a la detección de un cargamento de drogas en un contenedor que arribó al Puerto de Cristóbal, provincia de Colón, proveniente de Cuba con destino final Estambul, Turquía, con una escala antes en el puerto de Rotterdam, Holanda.

La noticia añade que Unidades del Servicio Nacional Aeronaval de Panamá, descubrieron mil 517 paquetes de cocaína en supuestos sacos de carbón vegetal, distribuidos en más de 40 maletines.

A partir del hecho, comenzaron las acusaciones contra Cuba y para hacerlas más creíbles y confundir a la opinión pública aseveran que “no es la primera vez que un barco proveniente de Cuba con material ilícito es descubierto en Panamá”.

Entre líneas y después de acusar con sus infamias, el artículo señala que “las autoridades panameñas no descartan que personal, o trabajadores del mismo puerto panameño, estén involucrados en el trasiego de la sustancia, o hayan contaminado el contenedor”.

Para sembrar la duda en los lectores, de forma mal intencionada ponen como ejemplo que “en marzo del 2015, autoridades de Colombia inmovilizaron el barco chino Da Dan Xia, que viajaba con destino a Cuba y transportaba ilegalmente “100 toneladas de pólvora, 2.6 millones de fulminantes, 99 núcleos de proyectil y alrededor de 3,000 casquillos de referencia para la construcción de cañones de artillería”.

Sin embargo, después de predisponer a quienes leyeron la noticia con las fanfarrias anticubanas, diluyen la información de que:

En el 2016, Panamá incautó un cargamento de 401 paquetes de cocaína provenientes de la Isla. La droga se encontraba dentro de un contenedor, camuflada entre tanques con melaza de caña y tenía como destino Bélgica, explicó en aquella ocasión el Ministerio de Seguridad Pública panameño. La droga fue incautada como parte de un operativo denominado “Caña Brava” por agentes de la zona policial de Colón, de servicio en la Dirección de Inteligencia Policial. En aquel momento las investigaciones demostraron que la droga fue introducida en Panamá”.

Por tanto, Cuba no fue responsable del hecho, pero la forma en que se relata la información persigue el propósito de confundir e introducir subliminalmente la culpabilidad de Cuba.

Sumándose a las campañas de condena a Cuba, sospechosamente el agente CIA, Luis Almagro, Secretario General de la OEA, a través de su cuenta en Twitter, felicitó a las autoridades panameñas por el descubrimiento de la droga “proveniente de Cuba”, y añadió: “Es hora de acabar los vínculos del narcotráfico con las dictaduras, mientras sus pueblos viven oprimidos y en la miseria estas actividades crecen”.

Con estos elementos, podemos versionar que estamos ante el preludio de nuevas sanciones contra Cuba, como pudiera ser incluirla nuevamente a la lista de países patrocinadores del terrorismo, en vez de mantenerla en la lista de países observados, en la que el presidente Barack Obama la colocó, aunque las sanciones para ambos listados son similares.

La campaña mediática está en desarrollo y ahora las informaciones van dirigidas a señalar que, a dos días del descubrimiento de la droga en Panamá, “el Gobierno cubano sigue sin ofrecer una versión oficial, ni sin reaccionar sobre el descubrimiento”.

Llama la atención que la noticia de marras es lanzada durante la visita a La Habana del canciller turco, para estrechar relaciones con el gobierno de la Isla, algo que no es del agrado de los yanquis que intentar cércala aún más, con el fin de derrocar el sistema socialista.

Cuba mantiene relaciones de cooperación con Estados Unidos para combatir el tráfico de drogas, especialmente la que es bombardeada en el mar y recala en las costas de la Isla.

Razón tenía José Martí cuando apuntó:

“Levantarse sobre intrigas, es levantarse sobre serpientes”.

 

 

 

 


Fake News contra Cuba, vieja historia de un fracaso.

Por Arthur González.

¿Quién no recuerda las mentiras construidas en Washington contra Cuba desde el mismo año 1959?

Para desacreditar el proceso revolucionario cubano los yanquis inventaron todas las mentiras posibles, como parte de la guerra psicológica conformada con el objetivo de debilitar el apoyo popular a Fidel Castro. Sin embargo, ni con los inventos más fantasiosos pudieron lograron.

Una de las más crueles mentiras fue la supuesta Ley de pérdida de la Patria Potestad que la CIA circuló en Cuba, como inició de la despiadada Operación Peter Pan, confabulada con la Iglesia Católica, provocando que padres incautos, influidos por las permanentes campañas anticomunistas, enviaran a sus hijos menores de edad para Estados Unidos sin acompañantes, mentira conocida poco después cuando ya se habían separado de sus pequeños.

Jamás la CIA ni la Iglesia Católica han pedido perdón por esa crueldad que separó durante años, a 14 mil 48 niños de sus padres.

Al cumplirse el 60 aniversario del triunfo revolucionario cubano, miembros de la mafia terrorista y asesina radicada en Miami, que no aceptan el mejoramiento de las relaciones entre Washington y La Habana, presionan al presidente Donald Trump para echar por tierra las tibias y edulcoradas medidas adoptadas por Obama, que buscaban los mismos objetivos de destruir a la Revolución, pero con métodos diferentes.

Trump retomó las técnicas del garrote, obstaculizando los viajes de norteamericanos a Cuba, bajo las licencias que otorga el Departamento de Estado aprobadas por Obama, y aunque perseguían el traslado de los valores yanquis, dejaban cierto dinero en Cuba por alojamiento y alimentación, algo que la CIA siempre ha tratado de impedir, porque considera que a los Castros hay que ahogarlos económicamente.

Para continuar esa línea de acciones contra Cuba y ante las presiones internas y mundiales contra la criminal guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia de la humanidad, desde Miami intentan fabricar una matriz de opinión para dar la imagen de que la comunidad cubana radica en ese país, está de acuerdo con el bloqueo económico a la Isla, algo que se sabe es incierto y la prueba está en los miles de cubanos que visitan anualmente la tierra donde nacieron, cifra que aumenta por años.

Los cubanos y sus descendientes saben perfectamente las penurias que sufre su pueblo por la criminal guerra económica, esa que como dijo en 1960 el entonces sub secretario de Estado Lester Mallory, busca enajenar el apoyo interno a la Revolución a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Pero para fabricar una matriz de opinión que justifique el mantenimiento e introducción de nuevas medidas de bloqueo económico, se lanzan a divulgar los resultados de una manipulada encuesta realizada, nada menos que por la ultraderechista Universidad Internacional de la Florida, vinculada a programas contra la Revolución cubana y a la mafia terrorista y asesina de Miami.

Dicha encuesta afirma que la mayoría de los cubanos residentes en Miami “están de acuerdo” en seguir apoyando el bloqueo económico a Cuba, algo que se contradice con encuestas anteriores ejecutadas durante la administración Obama, donde respaldaban el restablecimiento de relaciones diplomáticas, el levantamiento de la prohibición de visitas familiares y el envío continuo de remesas, restringidas a una cada tres años por el entonces presidente George W. Bush.

Se conoce que los resultados de ese tipo de encuestas se manejan políticamente, siempre que se pretende crear corrientes de opinión para imponer determinadas estrategias.

Si en realidad los cubanos residentes en la Florida estuvieran a favor del bloqueo económico, no viajarían a Cuba, ni ayudaran económicamente a sus familiares. Lo mismo harían los cientos de miles de estadounidenses que visitan el archipiélago cubano cada año, cifras que también aumentan.

Allá los tontos que se dejen engañar con las adulteradas cifras que expuso la mencionada encuesta de la reaccionaria Universidad Internacional de la Florida, institución que abrió sus aulas a programas diseñados por la Fundación Nacional Cubano Americana para los hijos y otros familiares de la contrarrevolución cubana, fabricada, entrenada y financiada por Estados Unidos, y a ciertos elementos residentes en Cuba pagados por Washington para deformar la realidad interna del país que los vio nacer, a pesar de haberles dado gratuitamente los conocimientos educacionales que hoy poseen.

Otro argumento que pone en evidencia la mentira de la encuesta de marras, fue la derrota aplastante sufrida en Miami por la candidata republicana María Elvira Salazar, aspirante a ocupar el escaño que dejó vacante la miembro de la mafia terrorista asesina, Ileana Ros-Lehtinen.

María Elvira, ultra reaccionaria de ocupación periodista, que basó su campaña en defender la política que ejecuta el presidente Trump de revertir el acercamiento a Cuba, pero fue derrotada precisamente por esa razón, al igual que Carlos Luis Curbelo, otro de los políticos de ascendencia cubana, que también apuntala a la mafia terrorista y asesina.

Si en verdad los cubanos apoyaran las políticas anticubanas, como el bloqueo económico, comercial y financiero, hubiesen votado por María Elvira y Curbelo, no por sus rivales del partido demócrata.

Lo cierto es que anualmente 189 países representados en las Naciones Unidas, votan en contra de ese inhumano bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba, incluidos los países miembros de la OTAN y otros considerados aliados estratégicos de Estados Unidos, prueba de que tantas personas no pueden estar equivocadas y que son los yanquis quienes reciben el rechazo mundial por su obstinado anhelo de destruir a un pueblo que decidió hace 60 años, ser independiente, soberano y sin un amo imperial que le imponga la conducta que debe asumir.

Sabiduría la de José Martí al afirmar:

“Cuando se aduce un argumento, no se demuestra que es malo porque lo sea quien lo presenta, sino porque en él no hay razón”.

Estados Unidos culpable de las migraciones ilegales.


Por Arthur González

Desde el pasado siglo XX los movimientos migratorios en el mundo crecen vertiginosamente, provocado por guerras y desigualdades económicas. En la última década la situación se volvió incontrolable y el verdadero responsable es Estados Unidos, con sus planes desestabilizadores y operaciones encubiertas contra países que tienen gobernantes no aceptables para ellos.

¿Quién provocó las salidas ilegales de Cuba hacia Estados Unidos?

El propio gobierno estadounidense que aceptó desde enero de 1959, la entrada a su territorio de los prófugos de la justicia cubana, asesinos, torturadores y ladrones que sirvieron al dictador Fulgencio Batista, a los cuales otorgó la categoría de “refugiados políticos”, a pesar de sus crímenes y otros delitos comunes cometidos.

Por su fuera poco, la CIA de conjunto con la Iglesia Católica cubana, organizaron en 1960 la abominable Operación Peter Pan, sacando del país sin acompañantes a 14 mil 48 niñas y niños menores de 16 años, no otorgándole visas a sus padres, quienes no tuvieron otra alternativa que lanzarse al mar para llegar a la Florida, donde eran recibidos como héroes.

Para darle legalidad al fenómeno, en 1966 el presidente Lyndon B. Johnson aprobó la Ley de Ajuste Cubano, aún vigente, que admite a todo cubano que llegue a suelo estadounidense y solicite asilo por “huir del comunismo”.

En los últimos cinco años, países latinoamericanos se vieron envueltos por movimientos migratorios ilegales, de miles de cubanos que trataban de llegar a Estados Unidos en busca de mejorías económicas.

Washington mantiene una guerra económica, financiera y mediática total contra Cuba, con el propósito de provocar revueltas populares que pongan fin al sistema socialista, pero los cubanos en vez de eso, buscan la forma de arribar a la frontera norteamericana, convirtiéndose esa guerra económica en un bumerán para los propios yanquis.

A Venezuela le aplicaron la misma receta y el resultado obtenido es similar, porque la emigración hacia los Estados Unidos desborda sus posibilidades de asimilarlos, teniendo que adoptar medidas de deportación, al no existir Ley de Ajuste Venezolano.

Esto también afecta a otros países centroamericanos que se ven en graves problemas por las entradas masivas de venezolanos, que desestabiliza sus economías y sistemas de seguridad interna.

Otro tanto sucede en la actualidad con Nicaragua. Desde hace algunos años Estados Unidos intenta derrocar al gobierno de Daniel Ortega, asignándole a la USAID y a la NED, millonarios presupuestos para preparar a la contrarrevolución interna, lo que hacen también contra Cuba y Venezuela.

Esa contrarrevolución nicaragüense ejecutó recientemente planes terroristas diseñados por la CIA, dirigidos desde la embajada yanqui en Managua, con el fin de crear el caos interno.

Ante tantos hechos terroristas, incluido los asesinatos a personas simpatizantes de Ortega, la desestabilización interna y el temor de una escalada mayor de violencia, miles de ciudadanos se encaminan hacia la frontera de Costa Rica, conformando una situación bien compleja para esa nación centroamericana que no fabricó ni estimuló a la contrarrevolución nica.

Estados Unidos, padre de la desestabilización interna en esos países, observa desde lejos pero no recibe a ninguno de los nicaragüenses que salen de su país.

El gran consumo interno de drogas en Norteamérica, estimula la producción de cocaína y marihuana en países latinoamericanos, por lo que cada día surgen más carteles dedicados al tráfico de drogas hacia EE.UU.

México como país fronterizo con Estados Unidos es quien más sufre las consecuencias nefastas. Los asesinatos son por decenas diariamente, la violencia contra la población campesina es cotidiana y la miseria prolífera sin límites.

Esa es la causa fundamental de la emigración ilegal hacia el Norte, donde la guardia fronteriza yanqui los matan como animales, y ahora por decisión del presidente Donald Trump, les quitan a sus hijos enviándolos a centros de detención mientras esperan la deportación.

Está sucediendo algo similar en Europa, posterior a la guerra iniciada injustificadamente por Estados Unidos en Afganistán, con el verdadero propósito de acercarse a la frontera con Rusia e Irán, apoderarse de sus recursos naturales y cambiar el mapa mundial.

Lo mismo sucedió después de la guerra criminal contra Yugoeslavia, Irak, Libia, Yemen y Siria, dando como resultado una desestabilización total en la región, a la que se suman las revueltas en países africanos, después que Estados Unidos con el apoyo de Israel, fabricó un ejército mercenario para combatir en Siria.

Esas oleadas de emigrantes ilegales no llegan a las costas de Estados Unidos, sino a la de países europeos que se ven obligados a la asimilación de cientos de miles de personas, creándose el desorden interno, además de los cientos de ahogados en el mar.

Sin embargo, las campañas mediáticas construidas por la prensa oficialista de muchos países, no señalan al verdadero responsable de los conflictos bélicos en el mundo y acusan a los que son víctimas de los planes de acción encubierta, brindando una imagen tergiversada de la realidad.

Miles de personas huyen de la violencia construida por los yanquis, que diseñan, financian y abastecen a los grupos terroristas disfrazados de “opositores”.

Lo que sucede en los países afectados no es más que la aplicación de la mal llamada “lucha no violenta”, ideada por el viejo agente CIA, Gene Sharp, con sus cinco etapas.

1ra. Promover acciones “no violentas” para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad, denuncias de corrupción, promoción de intrigas y divulgación de falsos rumores.

2da. Desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de “totalitarismo” contra el gobierno en el poder.

3ra. Centrar la lucha por “reivindicaciones políticas y sociales”, manipular los colectivos para que emprendan manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones estatales.

4ta. Ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.

5ta. Forzar la renuncia del Presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, se prepara el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

No son coincidencias, sino un programa subversivo que al final origina la emigración ilegal de los que no quieren morir, ni pasar hambre en sus países.

Esos planes imperiales resultan muy peligrosos y Estados Unidos debería tener presente que con los pueblos no se puede jugar, porque como el elefante, nunca olvidan.

Por eso señaló José Martí:

“Con el elefante no hay que jugar, porque cuando se le enoja la dignidad, sacude la trompa como un azote y de un latigazo echa por tierra al hombre más fuerte”.

 

 

Conferencia de Obispos Católicos de Cuba apoya campañas contra Nicaragua.


Por Arthur González.

Sumándose a las campañas mediáticas contra el gobierno sandinista de Nicaragua, generadas por los ideólogos de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo Auxiliar de La Habana y Secretario General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, COCC, envió una carta al Cardenal Leopoldo Brenes, Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, donde toma partido en contra las autoridades de ese país centroamericano.

En su misiva Monseñor Juan de Dios Hernández, afirma que “hemos visto con profunda tristeza y horror, las imágenes de la barbarie ocurrida el pasado domingo en la Basílica de San Sebastián en Diriamba. Estos hechos de violencia y profanación, de crímenes y abusos de poder, resultan verdaderamente denigrantes y, por ello, experimentamos el lógico sentido de fraternidad pastoral ante el momento que afrontan”.

Sin embargo, no menciona que la violencia y los crímenes son generados por los llamados opositores al gobierno, entrenados y financiados desde la embajada yanqui en Managua, mediante programas de la NED y la USAID, para intentar derrocar al gobierno sandinista, de acuerdo con programas publicados por esas agencias norteamericanas en sus sitios oficiales en Internet.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba no se pronuncia respecto a los asesinatos de jóvenes y policías a manos de los que se dicen “opositores”, quienes queman instituciones oficiales, cierran calles y avenidas para impedir el paso de ambulancias con heridos, lo que ha provocado decenas de muertos.

Tampoco condenan la quema y destrucción de autos, comercios e incluso de instalaciones gubernamentales y ornamentos en las avenidas, una de las cuales mató a un periodista.

Mucha es la hipocresía solidaria, pues Jesús no apoya el crimen, los asesinatos ni la violencia entre hermanos, estimulada con dinero de Estados Unidos con el único interés de destruir el sistema revolucionario sandinista, al igual que ejecutan contra Venezuela e hicieron contra la Revolución cubana en los años 60, donde la iglesia católica de Cuba también se puso de parte de los terroristas y agentes de la CIA.

No es casual que ahora la COCC ofrezca su apoyo “solidario” a quienes no impiden la violencia en Nicaragua y se parcialicen con los “opositores”. El pueblo cubano no olvida que en templos católicos se guardaron armas enviadas desde Estados Unidos y se resguardó a asesinos, como el secuestrador de un avión de Cubana de Aviación después de asesinar al piloto, solicitando para él, asilo canónico.

¿Por qué no se solidarizaron con Nicaragua cuando el dictador Anastasio Somoza exterminaba a diestra y siniestra en ese país centroamericano, o cuando Estados Unidos armaba a la contrarrevolución para matar a campesinos que simpatizaban con la Revolución Sandinista, durante la llamada Irán-contra?

La historia es una sola y no se borra tan fácilmente, la Operación Peter Pan, generada por la CIA, contó con el apoyo de la iglesia católica cubana, acción criminal que separó a padres e hijos por años, al seguir las campañas generadas por la CIA de que el gobierno revolucionario cubano les quitaría la patria potestad a los padres.

Por esa mentira, cientos de padres enviaron a sus hijos menores sin acompañantes para Miami, en total 14 mil 048 niños que fueron distribuidos por todo el país en centros religiosos, casas de familias y orfanatos, donde muchos sufrieron maltratos psíquicos y físicos, incluida la violación.

En vez de hacer el papel del buen samaritano, la COCC debió condenar desde un inicio la violencia generada en Nicaragua y ponerse al lado del pueblo, ese que el pasado mes de noviembre acudió democráticamente a las urnas para elegir al presidente Daniel Ortega, con un margen mayoritario.

El dolor de los nicaragüenses lo provocan las acciones violentas llevadas a cabo por los que dicen amar la libertad y la democracia y no por las autoridades que nunca iniciaron tales acciones.

Para hablar de “anhelos de verdad, justicia y apego a la legalidad constitucional, que conduzcan a alcanzar una paz estable y verdadera”, lo primero que debe hacer la COCC, es exhortar a los opositores financiados por los yanquis, a que cesen sus actos vandálicos y dejen de quemar, destruir y asesinar a sus hermanos, por el solo hecho de apoyar el sandinismo, ese movimiento que acabó con los crímenes y desmanes del gobierno de Somoza, el que siempre contó con el apoyo de Washington a pesar de ser un dictador.

Por actitudes similares expresó José Martí:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”.