Persisten los yanquis en su guerra psicológica contra Cuba


Por Arthur González.

Cuando Estados Unidos desea ocultar una noticia, por muy importante que sea desaparece de inmediato de los medios de comunicación, pero si desean mantenerla en titulares, sus medios oficialistas no dejan de publicarla con el empleo de matices sensacionalistas.

Así sucede con los inventados “ataques acústicos”, que dicen “afectaron” a varios diplomáticos destacados en su misión en La Habana, lo cual es parte de una Operación que pretende asustar a los turistas que visitan la Isla, e incluso al mercado de Canadá que es su primer emisor, para recrudecer la guerra económica y financiera que perdura por más de medio siglo.

No fue casualidad que tal historieta surgiera en medio de la crisis que enfrenta la economía cubana, especialmente después de los desastres causados por los huracanes Irma y María, con marcado acento en la agricultura, viviendas, centros industriales y de servicios, incluidos los de salud y educación, unido a las instalaciones turísticas de los cayos al norte de Villa Clara y Ciego de Ávila.

Detrás de esa fabula creada por sus especialistas en guerra psicológica, está la influencia de la mafia terrorista de Miami, a la que el presidente Donald Trump prometió arreciar las medidas para intentar liquidar el proceso socialista, e incrementar la escasez de la población, tal y como diseñó la CIA en 1962, en su conocido Plan Mangosta, donde se expresa:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, y las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Con la pretensión de no dejar morir la noticia, la prensa oficialista de Estados Unidos vuelve con el tema, al publicitar que una delegación bipartidista de congresistas, liderada por el senador demócrata Patrick Leahy, se encuentra de visita a Cuba desde el 08.08.2018, para abordar con autoridades cubanas la investigación sobre los misteriosos ataques, que según Washington afectaron a una veintena de sus diplomáticos en la isla.

Por supuesto, que, en el actual panorama del enfriamiento de las relaciones entre los dos países, la visita de altos funcionarios es noticia a seguir por la prensa, pero todo hace sospechar que también pudiera ser una forma de mantener vivo el episodio de los falsos “ataques”, cuando la parte cubana ha divulgado los resultados científicos de su investigación, mientras Estados Unidos oculta sus pesquisas, porque no tienen científicamente nada que probar.

El senador Leahy, vicepresidente del comité de asignaciones del Senado y miembro de subcomité de asignaciones del Departamento de Estado y Operaciones en el Extranjero, arribó a La Habana con otros dos senadores y tres miembros de la Cámara de Representantes.

Algo que llama la atención y en nada tiene relación con los inventados “ataques acústicos”, es el interés de sostener reuniones con algunos representantes del sector privado de la isla, lo que ha estado en la línea del trabajo subversivo desplegado por Barack Obama, quien soñó que ese segmento podría lograr desmontar el socialismo desde adentro.

Otro de los temas en la agenda es indagar sobre la transición presidencial en Cuba, ante la decisión del presidente Raúl Castro, de dejar su cargo al frente de los Consejos de Estado y de Ministros el próximo mes de abril, algo que tiene ilusionados a los yanquis porque piensan que es una forma de cambiar el sistema político y económico cubano.

Los demás temas que plantean conversar, pudieran considerarse como comodines, y no modifican las presiones políticas contra la Revolución, más bien representan oportunidades mayores para ellos que para Cuba, como son la cooperación bilateral en seguridad marítima, búsqueda y rescate; lucha contra narcóticos y trata de personas; migración; salud pública; cumplimiento de la ley; así como sobre los intercambios científicos comerciales, educativos o culturales, todos disminuidos a la mínima expresión por las dificultades actuales de los cubanos para obtener una visa.

¿Qué derecho tiene EE.UU. para esas indagaciones? Todo forma parte de la vieja política de la “Fruta Madura”, de ahí su interés por entrevistarse con el sector no estatal e inquirir por el relevo político de Raúl Castro.

Perennemente hay que tener presente lo expresado en 1823 por el expresidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados”.

En esa misma posición, el Secretario de Estado, John Quincy Adams apuntaba:

“Por su ubicación geográfica, Cuba y Puerto Rico constituyen apéndices naturales de Estados Unidos”. 

Ilustrativo de esa postura del entonces Secretario de Estado, fue la carta que enviara el 29 de abril de 1823, a uno de sus agentes en la Isla, nombrado Thomas Randall, donde le orientaba:

“Durante su residencia en Cuba…usted comunicará privadamente y en notas confidenciales, todas las informaciones que le sean dable obtener respecto a la situación política de la Isla, a las miras de su Gobierno y a los sentimientos de sus habitantes. Observará atentamente todos los sucesos que guarden relación con su conexión con España […] Caso de que en La Habana residan agentes franceses o británicos, tratará de darse cuenta, sin investigaciones directas o curiosidad aparente, sobre sus asuntos, objetos y propósitos, y observará cualquier fuerza marítima de esas potencias que puedan hacer estación en las Antillas o presentarse en la vecindad de la Isla…” 

La avaricia yanqui por apoderarse de Cuba nunca finalizó, y la meta actual es retrotraer la historia a 1958, cuando la economía y la política estaba en sus manos, de ahí sus acciones para reforzar la guerra económica, para que el pueblo, cansado de tantas penurias, caiga en brazos del Tío Sam.

Recordemos a José Martí cuando sobre Estados Unidos afirmó:

Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz, se pavonea orgulloso”.

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¿Por qué los yanquis no quieren elecciones en Cuba y Venezuela?


Por Arthur González.

Estados Unidos, antes exigía elecciones en Cuba y Venezuela, pero ahora se oponen a ellas bajo el argumento de que “no son democráticas”.

El motivo es que cuando soñaban con que los “opositores”, pagados con su dinero, iban a ganar, gritaban a los cuatro vientos que ambos países tenían que celebrar procesos electorales.

Ahora, conscientes de que ganarán dirigentes de izquierda, dicen que desconocerán los resultados porque no se ajustan a los parámetros que ellos establecen.

Sin embargo, hacen total silencio ante el fraude en las elecciones de México, donde escamotearon el triunfo al candidato del pueblo Manuel López Obrador; en Honduras violaron todos los preceptos democráticos; en Perú la corrupción llegó al punto extremo de reimponer al presidente acusado de actos de corruptela, quien firmó el indulto de Fujimori, a pesar de los crímenes cometidos.

De Brasil nada dicen, allí la libertad, la democracia y la opinión del pueblo se pisotearon abiertamente, para mantener a un presidente corrupto hasta la medula.

Esa es la democracia representativa que los yanquis pretenden imponerle nuevamente a Cuba y Venezuela, por eso se oponen a los sistemas populares que defienden los verdaderos intereses de sus pueblos.

La actual cruzada mediática desplegada por la prensa oficialista yanqui, unida a las presiones sobre la Unión Europea para que sancione a funcionarios venezolanos, las posiciones asumidas por la desprestigiada OEA, junto al fabricado Grupo de Lima que pretenden oponerlo a la CELAC, intentan deformar la realidad, e imponer una matriz de opinión contraria a los procesos electorales de los dos países, que poseen regímenes sociales mucho más democráticos que el estadounidense.

Venezuela ha impuesto record de elecciones democráticas con 22 en los últimos años, pero no son reconocidas por Washington debido a que la oposición no ha podido derrocar a la Revolución Bolivariana.

Contra Cuba se repite la vieja fórmula de ataques contra la forma en que se postula y eligen los delegados del Poder Popular, y a pesar de eso, soñaron con obtener algunos escaños con el engendro denominado Cuba Decide, que no tiene respaldo ni de los propios grupúsculos contrarrevolucionarios, a pesar del dinero invertido en la “refugiada política” Rosa María Paya Acevedo, residente en Miami.

Esa inventada “perseguida política”, deliró con postular algunos de sus patrocinados, sin lograr un solo candidato.

Otro que engañó y estafó a los que le dieron miles de dólares, es Manuel Cuesta Morua, con su proyecto “Mesa Unida de Acción Democrática”, quien aseguraba disponer de imaginarios 175 candidatos opositores, finalmente no pudo postular a ninguno y con los dólares obtenidos se fue a viajar por el extranjero.

Para tener una idea cierta del desprestigio de esa llamada “oposición” cubana, basta citar el caso de Eliécer Ávila, quien, al regresar de su gira europea en el 2014, donde culminó un curso de adiestramiento impartido por el polaco Lech Walesa, conformó el grupo “Somos +”, no pudiendo agrupar la membresía que le exigían desde Miami y además rechazado por otros “disidentes” que no le permitieron alcanzar representatividad entre la contrarrevolución tradicional.

El resultado fue similar al de otros “opositores”, se aprovechó del apoyo de Estados Unidos para recibir una visa y se acogerá a la Ley de Ajuste. Actualmente reside en Miami con su esposa, la que dio a luz un niño que es ciudadano norteamericano.

Probablemente en lo adelante se dedique a ejercer la ingeniería informática que gratuitamente obtuvo en Cuba, gracias al sistema socialista, que con seguridad le rendirá mejores frutos económicos para sostener cómodamente a su mujer e hijo.

El resto es más de lo mismo, aunque lo nuevo es la adición de Luis Almagro, titular de la OEA, organización que ni pinta ni da color, ni es respetada por nadie por responder a los dictados del Departamento de Estado y la CIA, como demuestran varios documentos desclasificados.

Cacareando lo que le indican los oficiales de la CIA, Almagro hace llamados a desconocer la sucesión de Raúl Castro, después que Estados Unidos se cansó de exigir la salida del gobierno de Fidel y de Raúl, plasmado en la “Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas”, de 1996.

Como prueba de su servilismo, le orientaron viajar a Miami para participar en un acto organizado por Rosa María Payá, para continuar la guerra mediática contra Cuba, en una supuesta promoción de un “plebiscito vinculante para que el pueblo cubano decida qué sistema político quiere”.

A dicho bochinche asistió el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, miembro de la mafia terrorista, e hijo de uno de los principales testaferros del tirano Fulgencio Batista. Allí Almagro expresó su apoyo al proyecto fabricado para Rosa María Payá, y volvió a recitar el guion escrito por la CIA contra Venezuela, al señalar: “La dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, es un burdo intento de replicar la experiencia cubana, incluso en la generación de una diáspora para liberar la presión interna”.

Triste papel de vender su alma al que más dinero le aporte.

En un gesto similar al ofrecido a José María Aznar, ex presidente español que logró imponer en 1997 la llamada Posición Común contra Cuba, la zona de Coral Gables, integrada dentro del condado de Miami-Dade, proclamó el 10 de febrero “Día de Luis Almagro”.

Esos son los que quieren retrotraer a Cuba al pasado, aquel en el que politiqueros corruptos se postulaban para alcaldes, concejales y gobernadores, prometían en sus campañas electorales, agua, camino y escuelas, se robaban el escaso presupuesto destinado a un desayuno escolar y nunca dieron empleo a cientos de miles de desocupados que llenaban las calles de la isla.

Aquella situación cambió para siempre con la triunfante Revolución, a la que el imperio no le perdona los niveles de educación, cultura, seguridad social y salud alcanzados por su pueblo.

A darle lecciones de democracia a otros, a los cubanos les basta recordar lo que dijo José Martí:

“Es recia y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos”.

Estados Unidos asesinó a los marines del Maine para invadir a Cuba.


Por Arthur González.

Han pasado 120 años de aquel fatídico 15 de febrero de 1898, cuando la ciudad de La Habana se estremeció por la explosión del acorazado estadounidense Maine.

Los hechos, preparados de ante mano por el gobierno de Estados Unidos, buscaban el pretexto para invadir la Isla y evitar la victoria de los cubanos en su guerra para independizarse de España.

Al analizar detalladamente los sucesos, se observa que los métodos son similares a los empleados posteriormente en los siglos XX y XXI, cada vez que Estados Unidos desea ocupar militarmente a otro país para apoderarse de sus recursos naturales. Los casos de Corea, Vietnam, Afganistán, Irak, Libia y Siria, lo demuestran con creces.

Una mirada al urdido crimen del Maine, da la medida de lo que puede sucederle a Venezuela en las próximas semanas, pues la coincidencia de hechos no es casual, son los mismos métodos ejecutados por Estados Unidos desde hace 200 años.

Días antes de que el presidente William McKinley, ordenara en 1898 la salida del Maine hacia La Habana, se produjeron un conjunto de actos vandálicos que fueron utilizados por el Presidente para la toma de tal decisión, los que, a la luz de hoy y con la experiencia acumulada por acciones similares, se llega a la conclusión de que aquellos sucesos fueron realmente provocados y financiados por la embajada de Estados Unidos en la Isla.

Los acontecimientos mencionados consistieron en varios disturbios ejecutados por aparentes “seguidores” del Capitán General español, Valeriano Weyler, quien había sido destituido, entre ellos el asalto a diarios que en su línea editorial respaldaban la autonomía de Cuba.

A partir esos “incidentes” callejeros, el presidente McKinley dio la orden de enviar a la Habana al Maine, bajo el pretexto, muy utilizado por los yanquis, de “proteger” los negocios y la vida de los ciudadanos estadounidenses residentes en Cuba.

Muchos elementos prueban que todo fue un plan para invadir a Cuba; basta señalar que Fitzhugh Lee, entonces cónsul yanqui, fue quien calificó la situación en La Habana como “peligrosa” y, por tanto, instó a su Gobierno al envío de un buque de guerra para “proteger” a los estadounidenses establecidos en Cuba, cuando ninguno de los que en ese momento residían en la Mayor de las Antillas corría el más mínimo peligro.

Todo fue diseñado con la idea de entrar en la guerra con España para arrebatarle la victoria al ejército libertador cubano, que la tenía ya en sus manos.

Para lograr sus pretensiones, al presidente McKinley no le tembló la mano para firmar la orden de hundir el acorazado con su carga humana, pues al final los marines muertos serían convertidos en héroes y se les rendirán los homenajes para acusar a España del hecho.

El plan concebía, entre otras medidas, asegurar que todos los oficiales bajaran a tierra porque solo podían morir los marines, entre ellos varios de raza negra. Por ese motivo, el capitán Sigsbee, al frente de las tropas del acorazado, permitió que solo los oficiales dejaran el buque para asistir al homenaje ofrecido por las autoridades españolas, ignorando estas lo que sucedería horas después.

El macabro plan fue elaborado bajo la más estricta compartimentación, e incluso se le ocultó al propio secretario de la Marina de Estados Unidos, John Davis Long, quien dio la orden del regreso del Maine, por considerar que la situación en La Habana no ameritaban su permanencia por más tiempo. Sin embargo, el cónsul, Fitzhugh Lee, no estuvo de acuerdo y Washington aceptó sus argumentos, ordenando prolongar la estadía en la rada habanera, lo que demuestra que era la embajada yanqui quien tenía una fuerte participación en dicha operación.

En la explosión murieron 260 tripulantes al instante y días después fallecieron otros seis, a consecuencia de las heridas.

De inmediato Estados Unidos acusó a España de ser responsable del hecho y se conformó una comisión para las pesquisas, presidida por el capitán de la Marina, William Sampson.

El plan se ejecutaba sin dificultades y el resultado de la comisión investigadora fue que “el Maine había sido volado por una mina colocada bajo el casco de la embarcación, la que a su vez causó la explosión de los almacenes de municiones localizados en la proa”, información registrada en el Reporte Oficial de la Corte Naval, el 22 de marzo de 1898.

Como colofón de esa farsa, el presidente McKinley solicitó autorización al Congreso para intervenir en la guerra hispano-cubana, enviándole un ultimátum a España, exigiéndole su inmediata retirada de Cuba. Al no ser aceptada, Estados Unidos inició sus acciones militares en el oriente cubano, evitando la entrada de las tropas del General Calixto García a Santiago de Cuba, después que este apoyó a los yanquis en el desembarco y combates contra el ejército español.

Al rendirse los españoles, Estados Unidos no impidió la participación a los cubanos en la firma de los acuerdos de París del 10 de diciembre de 1898 y Cuba fue ocupada militarmente por los norteamericanos durante cuatro años, hasta garantizar un gobierno cubano que se sometiera sin condiciones a sus órdenes.

El 13 de marzo de 1962 el Presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, General de Brigada, Lyman L. Lemnitzer, firmó un memorando dirigido al Secretario de Defensa, contentivo de un conjunto de operaciones para justificar una intervención militar en Cuba.

Dicho documento, ya desclasificado, afirma:

Organizar una operación similar a la del acorazado Maine. Para esto pudiera volarse un barco norteamericano en la Bahía de Guantánamo y acusar a Cuba de la acción”.

Así son realmente los yanquis, por eso José Martí afirmó:

“…entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Insiste Estados Unidos en atacar a Cuba con la religión.


Por Arthur González.

Las acciones de la CIA contra Cuba se iniciaron desde 1959, al no aceptar que un proceso revolucionario popular cortara las ataduras que desde 1898 impuso la Casa Blanca a la mayor de las Antillas, de ahí que una de las medidas iniciales fue enfrentar a la iglesia católica a la triunfante Revolución.

En informe fechado el 14 de abril de 1959, titulado “Crecimiento del comunismo en Cuba”, se firma:

“La Iglesia Católica ha tomado un interés activo en resistir la ampliación del comunismo, pero excepto en lo que concierne a la Juventud Obrera Católica, no ha estado particularmente efectiva…”

Ante esa poca efectividad de la Iglesia, comenzaron las presiones de la CIA para que llevara a cabo actividades en apoyo a sus planes subversivos. Uno de los autores del informe fue James A. Noel, jefe de la Estación Local de la CIA en Cuba.

Al no obtener los éxitos ansiados, por las excelentes relaciones sostenidas del estado con las diferentes religiones asentadas en la Isla, la CIA retoma las falsas acusaciones de que “en Cuba no hay libertad religiosa”, para lo cual ejecuta una cruzada propagandística en la que poner a jugar algunos de sus peones, entre ellos el sacerdote católico José Conrado Rodríguez Alegre, de histórica vinculación con la mafia terrorista de Miami.

Rodríguez Alegre sumó a los sacerdotes Castor José Álvarez de Deves y Roque Nelvis Morales, quienes se prestaron para llevar a cabo actos provocativos instruidos desde Estados Unidos.

El mundo conoce que en Cuba existe una total libertad para profesar todas las religiones, ratificado durante las vistas de los tres últimos Papas a la Isla, acompañada de miles de visitantes extranjeros que arribaron al país para asistir a las misas, quienes comprobaron las facilidades que tienen los cubanos para desarrollar su fe religiosa.

Con el cambio de estrategia hacia la Revolución cubana que había ejecutado el presidente Barack Obama, pero sin desmontar ni una sola de las medidas que pretenden destruir el socialismo e incluso aportar el mayor presupuesto aprobado por la Casa Blanca durante 8 años para las tareas subversivas, Donald Trump retoma la línea sostenida por sus antecesores, desde que Eisenhower aprobara el primer Plan de Acciones Encubiertas de la CIA, en 1960.

Trump aseguró en junio de 2017 que desmontaría la política sutil de Obama, para imponer nuevamente el enfrentamiento abierto y directo, lo que se va materializando en diferentes aspectos de las frágiles relaciones diplomáticas restablecidas en 2014.

Uno de los aspectos retomados son las acusaciones de que “en Cuba no hay libertades religiosas”.

Varios son los religiosos en la Isla que se prestan para esa línea de los enemigos de la Revolución, quienes reciben financiamiento desde Miami para elaborar sus mentiras. Uno de ellos es el pastor protestante Mario Félix Lleonart Barroso, quien, alejado de la actuación de un verdadero religioso, ejecutaba actos provocativos en busca de protagonismo en los medios de prensa anticubanos, añeja fórmula para lograr residencia permanentemente en Estados Unidos, algo que materializó en el 2016.

Otro de los que sirven a la CIA plenamente es el laico pinareño Dagoberto Valdés, quien, con financiamiento yanqui, logró abrir dentro de la catedral católica de Pinar del Río, el llamado Centro de Reflexión y Dialogo, más la revista Vitral, ambos cerrados por la propia iglesia al percatarse del daño que ese agente al servicio de Estados Unidos, hacia a la labor pastoral de la Iglesia, al no ser religiosos sus propósitos, que solo seguían las directrices de Miami y de la Unión Europea, en momentos en los que se diseñaba la fracasada Posición Común.

Miami subvenciona a Dagoberto en su nuevo engendro, el Centro de Estudios Convivencia, pero sin respaldo del obispado pinareño, que no le permite usa sus locales para tales fines.

Una prueba de quién le paga y manda, es el reciente viaje de Valdés a Estados Unidos, el 10.02.2018, bajo el pretexto de presentar una ponencia durante la Quinta Semana Social Católica, celebrada en la Ermita de la Caridad de Miami, aunque todo indica que realmente asiste para recibir instrucciones, a partir de la nueva cruzada de la CIA y del presidente Trump contra Cuba.

Es conocida la estrategia de la CIA de hacer creer que los religiosos son “acosados” en países que tienen gobiernos no aceptables para Estados Unidos, y en el caso cubano sueñan con fabricar un “opositor” a la medida del polaco Lech Walesa, quien contó con el respaldo de la Iglesia en la conocida como la Santa Alianza, establecida entre el Vaticano y el gobierno estadounidense.

Para ello, algunos de los llamados “opositores” cubanos, viajaron hace unos años a Polonia, con los gastos pagados por los yanquis, para recibir experiencias del polaco y ejecutar provocaciones en la Isla.

Bajo la administración Obama, crearon en febrero de 2013 el llamado “Instituto Patmos”, con el fin de “monitorear el respeto a las libertades religiosas en Cuba”, remitiendo informes de fantasiosas represiones, replicados por el vaticanista Giuseppe Rusconi, con la pretensión de que se analice por el Alto Comisionado de Derecho Humanos de la ONU en Ginebra, durante el próximo Examen Periódico Universal en mayo. De ahí la avalancha de denuncias contra Cuba.

En el Desayuno Nacional de Oración, en febrero 2018, Donald Trump mencionó a Cuba entre los “regímenes represivos”, y aseguró que su gobierno está del lado de los que sufren “persecución” debido a su fe. En el mismo acto informó que había nombrado como embajador en Cuba, a Sam Brownback, quien declaró que la libertad religiosa en será su prioridad.

Cuba no figura entre las naciones sancionadas por Estados Unidos por supuestas afrentas a la libertad religiosa, incluso en su informe de agosto 2017, el Departamento de Estado afirmó que “el ambiente de libertad religiosa en Cuba ha mejorado”, algo que pudiera variar a partir de la actual posición de Trump.

Llama la atención que, en el marco de esta escalada, el 8 de febrero de 2018, el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, recibiera al sacerdote Castor José Álvarez de Devesa, donde recibió explicación de lo expuesto en la misiva que enviaron al presidente Raúl Castro, sobre sus “preocupaciones por la situación en Cuba y la petición de elecciones en libertad, con varios partidos e independencia de poderes”.

Previamente, Álvarez visitó el Observatorio Cubano de Derechos Humanos en Madrid, fabricado con dinero de la CIA para atacar a la Revolución.

En el actual contexto, medios de prensa contrarrevolucionarios informaron que el Obispo de la Diócesis de Holguín, Emilio Aranguren, envió al sacerdote Orlando Corso, a visitar la vivienda de unos “opositores”, que dicen estar en “huelga de hambre”, algo que no tiene antecedentes y pudiera marcar una nueva línea de actuación en correspondencia con la de Donald Trump.

Ante este tipo de personas, recordamos a José Martí, cuando dijo:

“Debe ser penoso inspirar desprecio a los hombres desinteresados y viriles”.

 

 

 

Estados Unidos prepara condiciones para invadir a Venezuela


Por Arthur González.

Ante los fracasos de sus planes subversivos contra Venezuela, Estados Unidos opta por lo que más sabe hacer, invadir militarmente, aunque puede sufrir otra derrota.

La reciente gira del secretario de Estado, Rex Tillerson, demuestra la desesperación ante las próximas elecciones en Venezuela, en las que Nicolás Maduro tiene amplias posibilidades de ser reelegido, situación que pondría a Washington en ridículo después de millonarios gastos en campañas mediáticas, la guerra económica y el financiamiento a una oposición que se divide cada día más, sin alcanzar respaldo popular.

Contra Venezuela, Estados Unidos ha puesto en práctica todos sus recursos de inteligencia y subversión, incluidas las doctrinas del recientemente fallecido Gene Sharp, con sus golpes blandos; intento de golpe de estado y el secuestro del presidente Hugo Chávez; sabotajes a la industria petrolera; bajas de precios; desabastecimiento alimentario; campañas de prensa; preparación de opositores; financiamiento e instrucción a los grupos provocativos para ejecutar actos vandálicos, pero a pesar de todo Maduro permanece con más apoyo popular.

Cuba ha soportado semejantes acciones, seguida de Venezuela, porque ambas representan a los movimientos populares que luchan por alcanzar mejores niveles de vida, algo que el imperialismo yanqui no soporta.

El chavismo logró que el pueblo venezolano sea tratado con todo el humanismo que merece, ofreció la luz de la enseñanza de forma gratuita; salud para todos mediante diferentes misiones médicas, en lugares donde jamás se vio a un galeno ni a una enfermera; construye millones de viviendas confortables para sus ciudadanos, los que nunca fueron preocupación de los gobiernos pro-norteamericanos; brinda cultura y deportes a los niños y jóvenes que crecen felices y sanos gracias a esa Revolución popular.

Nada de eso es del agrado de Washington, que lo ve como un peligro y de ahí sus actividades para retrotraer a los venezolanos al pasado de desigualdad, discriminación y hambre del que Hugo Chávez los sacó.

Ante tantas frustraciones, la Casa Blanca ha decidido jugarse la última carta y es evidente que desempolva el plan de la CIA ejecutado en 1973 contra el presidente chileno Salvador Allende.

Esa es la razón de la rápida gira de Tillerson por América latina, a fin de encontrar apoyo de los gobiernos que se arrodillan ante sus dictados, al que se le suma la Unión Europea, que aplaudirá la invasión bajo el pretexto de “restaurar la democracia”.

No en balde ese alto funcionario, desde Colombia, le prohibió a la delegación de la oposición venezolana, reunida en Santo Domingo, firmar el acuerdo que permitiría un diálogo racional y necesario con el gobierno de Nicolás Maduro, algo inaceptable para los yanquis que nunca aceptarán al gobierno revolucionario.

Encontrándose en un callejón sin salida, Estados Unidos moviliza al Comando Sur, con el apoyo de sus títeres de Colombia y Brasil, el respaldo del secretario general de la OEA y los miembros del grupo de Lima, más el visto bueno de la Unión Europea, que trata el tema de Venezuela de forma diametralmente opuesta al de Cuba, siguiendo al pie de la letra instrucciones de Washington.

Recientemente la Unión Europea amplió la lista de funcionarios venezolanos sancionados, con el respaldo de Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea, la que tiene un doble discurso, pues mientras en el caso Cuba después de 20 años del fracaso de la llamada Posición Común Europea, declaró en La Habana:

“La posición común ha quedado obsoleta… Sé muy bien que en estos momentos hay quien intenta aislar a Cuba… No es el momento para demostraciones de fuerza que no conducen a ningún lugar y son en realidad una prueba de debilidad…Construir muros es inútil, solamente pueden empeorar la situación. La verdadera fuerza está en el diálogo y la cooperación. El bloqueo es obsoleto e ilegal; la UE seguirá trabajando para ponerle fin. El bloqueo no es la solución”.

Si ella defiende esos criterios, ¿por qué actúa en la dirección contraria en el caso de Venezuela?

No hay que ser un erudito para entender que la mano de Washington está detrás de la actual postura de la Unión Europea.

En Julio del 2017, cuando Venezuela tomó la decisión soberana de llevar acabo la elección la Asamblea Constituyente, siguiendo la línea dictada por Estados Unidos declaró:

“La Unión Europea y sus Estados Miembros lamentan profundamente la decisión de las autoridades venezolanas de seguir adelante con la elección de una Asamblea Constituyente el 30 de julio”.

Esa postura es una total injerencia en los asuntos internos de un Estado, como lo denominan los que atacan a Venezuela.

Preparando el camino a los yanquis ante una posible intervención militar, el pasado 22.01.2018, la UE formalizó sanciones contra siete altos cargos del Gobierno de Nicolás Maduro por la supuesta represión en Venezuela, entre ellos Diosdado Cabello; Maikel Moreno presidente del Tribunal Supremo, Néstor Reverol, ministro de Interior y Justicia; Gustavo Enrique González, jefe del servicio de inteligencia; Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral; Tarek William Saab, fiscal general y José Benavides, excomandante de la Guardia Nacional.

Si alguien tiene dudas, debe remitirse a las declaraciones del Director de la CIA, quien admitió públicamente su papel en las sanciones impuestas contra Venezuela.

Sobre el particular eurodiputado de Izquierda Unida, Javier Couso, expresó el 07.02.2018:

“La UE se equivoca, como pasó con Cuba, apoyando a los mismos extremistas que en su día impusieron la Posición Común”, e increpó a Federica Mogherini, a dejar de hacer trampas con las sanciones unilaterales y apostar por la paz”, acotando:

 “Algunos lo deben pasar mal intentando acabar con un Gobierno democrático. Se creen que todavía hay colonias, pero no las hay, porque por una parte de ese pueblo venezolano todavía hay sangre de libertadores y no van a aceptar imposiciones de ustedes. Hay que respetar la soberanía de un país y un Gobierno democrático, y acompañar el diálogo”.

Hoy cobra mucha vigencia lo que afirmó José Martí:

“Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas”.

 

 

Cuba, la obsesión eterna


Por Arthur González

Desde antes del triunfo de la Revolución cubana, ya los políticos de Estados Unidos estaban preocupados ante la inminente caída de la dictadura de Fulgencio Batista, apoyada y sostenida con financiamiento, inversiones, entrega de armamentos, asesoramiento en el combate contra el comunismo y enseñanza de métodos de tortura, más el entrenamiento militar a su ejército en las principales academias yanquis.

Al asumir el poder Fidel Castro, Estados Unidos entró en pánico, porque nacía un estado que se declaraba independiente, a solo 90 millas de sus costas, algo insólito para quienes siempre habían campeado a su gusto en Cuba y en toda América Latina.

Por esas razones, desde el mismo año 1959 la CIA inició sus planes para tratar de asesinar a Castro, fabricar una “oposición” y desplegar todo su arsenal en guerra psicológica y acciones subversivas, ninguna con éxito, a pesar de los cientos de miles de millones empleados para lograr sus propósitos.

Prueba de esa obcecación fueron las palabras dedicadas por el Presidente Donald Trump, en su primer discurso a la nación el pasado 30 de enero 2018, donde solo hizo mención a Cuba y Venezuela, ignorando al resto de países, a pesar de los graves problemas que sufre la región entre asesinatos impunes, corrupción gubernamental, elecciones fraudulentas, desempleo, miseria y crisis económica.

Entre las actividades que desarrollan para intentar sostener una matriz de opinión contra Cuba, financian hasta proyectos artísticos como el que ejecuta la artista plástica Tania Bruguera, residente desde hace años en New York, aunque viaja a La Habana para realizar provocaciones diseñadas y costeadas por la mafia terrorista anticubana de Miami.

Su más reciente acción, con la pretensión de deformar la realidad cubana, es la instalación plástica que presentará el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el próximo 3 de febrero 2018, nombrada Untitled (Havana, 2000), en la cual pretende exponer las supuestas “contradicciones de la vida en Cuba durante la etapa revolucionaria”.

Esa obra la expuso en La Habana durante la VII Bienal de La Habana en el año 2000, pero fue retirada por la participación de hombres totalmente desnudos, algo inusual en la isla, ante un público de todas las edades, incluidos niñas y niños.

Según declaraciones de su autora en New York:

“Cuba atraviesa por un momento de mucha confusión, el gobierno está cometiendo errores que afectan a varios grupos poblacionales y la gente tiene menos miedo porque empieza a tener acceso a una información que no es generada por los canales oficiales. Muchos cubanos ya han visto otros mundos y algunos tienen cierta independencia económica que podría traducirse en independencia ideológica”.

Es importante recordar que Tania Brugueras nunca tuvo obstáculos para su trabajo como artista, fue formada en la universidad de las artes de La Habana, era miembro de la Unión de Escritores y Artistas, hija de un destacado diplomático y gozó de todas las oportunidades materiales.

Añas atrás, logró radicarse en Estados Unidos para ampliar sus estudios, pero dio un brusco giro ideológico al parecer por falta de suficientes recursos económicos, al decaer el interés de sus obras en el mercado, y necesitar de propaganda para alcanzar mayores ventas, por lo que aceptó vincularse a elementos sufragados por los servicios de inteligencia yanqui, como Yoani Sánchez Cordero y más tarde con Rosa María Payá Acevedo.

Con ambas realizó actos provocativos en sus visitas a Cuba, sin poder movilizar a otros artistas ni a la población.

Tania jamás ha ejecutado una acción plástica en México, Honduras, Guatemala, Argentina o Brasil, para denunciar el asesinato de periodistas, los miles de desaparecidos, el desempleo, la corrupción administrativa, el hambre de los desposeídos, las muertes por falta de asistencia médica, el analfabetismo y muchos de los males que afectan a esos países, y no existentes en Cuba.

Es cierto que los cubanos pueden viajar al exterior con más facilidad y tener la posibilidad de conocer realidades que nunca han visto en su país, y aquellos que logran una visa para ingresar a los Estados Unidos, pueden ver a diario asesinatos, brutales agresiones entre los ciudadanos, cómo la policía mata a tiros a haitianos y latinos, tiroteos en escuelas debido a la adquisición libre de armas de fuego, asaltos a mano armada en centros comerciales y joyerías,  secuestro y asesinato de mujeres y niños, los efectos nocivos de las drogas y otros delitos que no ven en su patria.

Si realmente esta artista estuviera preocupada por la situación de las personas, debería dedicarle una instalación a Estados Unidos, donde, según reconoció el propio presidente Trump, hay más de 43 millones de personas que viven en la pobreza, y 1 de cada 5 ciudadanos no tiene trabajo.

Mucha hipocresía persiste entre los asalariados que le venden su alma a la mafia anticubana, esa que tiene las manos manchadas de sangre y que no ha podido destruir una Revolución auténtica ganada por su pueblo, pues como afirmó José Martí:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”.

 

Miami, la pobreza de la que no se habla


Por Arthur González.

Los que no soportan el socialismo cubano, ciertamente imperfecto, pero si mucho más humano que el sistema capitalista salvaje, como lo calificara el Santo Padre Juan Pablo II, casi nunca escriben artículos dedicados a criticar la pobreza existente en los Estados Unidos y menos la de Miami.

La triste realidad de los habitantes de Miami dista mucho de la cubana, que, a diferencia de ellos, padece una cruel guerra económica desde hace 58 años, con la malsana intensión de matar por hambre al pueblo.

La verdad que no se divulga es que, hoy en día en el estado de Florida se cuentan más de 789 mil núcleos familiares, obligados a destinar la mitad de sus ingresos en pagar la renta de sus viviendas, a lo que se le suman 11,4 millones de estadounidenses que tiene que gastar más de la mitad de su salario en costear la renta y los servicios públicos, situación que no existe en Cuba, a pesar de las campañas mediáticas para hacerla parecer como “el país de mayor pobreza” de Latinoamérica.

En la isla comunista todos los ciudadanos son propietarios de su vivienda, y en Estados Unidos es una quimera poder comprar una, debido a los precios prohibitivos que estas tienen, de ahí que se asegura que el 37 por ciento de los núcleos familiares son inquilinos.

La situación en Padre Juan Pablo II, es aún peor, al estar calificado oficialmente como el tercer condado del país con los precios de renta más elevados, perjudicándose especialmente las personas de bajos y medianos ingresos, ya que deben invertir en alquiler más del 30 %, pues el costo de un simple apartamento de una sola habitación, es no menos de mil 145 dólares mensuales.

Cubanos y otros latinos que llegan a Miami con el sueño dorado de tener abundancia, chocan con otra realidad, unida a la violencia callejera, drogas y la brutal actuación de la policía que mata a tiros a cualquier persona, solo por suponer que iban armadas.

Francis Suárez, alcalde de Miami, reconoció recientemente que “en Miami hay personas que pagan el 100 por ciento de sus ingresos solo en la vivienda, y tienen que ser subsidiados por la familia”.

Esa es una de las causas por las que los ciudadanos carecen de un seguro médico, porque a diferencia de Cuba, la medicina en Estados Unidos hay que pagarla.

En Cuba a pesar de las campañas para satanizar su sistema, ningún ciudadano tiene que desembolsar un solo centavo para sufragar una operación de corazón, pulmón, riñones o un parto, todos los gastos los asume el estado socialista, al igual que la educación, incluida la de niños con discapacidad, las de arte, deportivas y otras especiales.

El sistema de salud cubano garantiza la vida de cada ciudadano, por eso este año logró una tasa de mortalidad infantil de 4,2, en niños menores de un año, entre mil nacidos vivos, lo que no posee ningún estado de Estados Unidos.

Mucha propaganda negativa se divulga en el país del Norte contra Cuba, con imágenes de la Habana Vieja destruida y desgastada por el tiempo y la ausencia de mantenimiento constructivo, pero todos los niños asisten con su uniforme y zapatos a la escuela.

Los indigentes que dormían en portales, aceras, parques y escalinatas de las iglesias, no existen en Cuba desde que triunfó la Revolución, sin embargo, esos casos aumentan en Estados Unidos y Europa, sin que la prensa acuse al sistema capitalista de ignorar el derecho de todos al trabajo, la vivienda, la salud y la escolaridad, como si esos no fueran los derechos humanos básicos para cualquier sociedad.

Jamás Estados Unidos ha sido condenado por el trato inhumano que brinda a sus ciudadanos, al no disponer de un servicio que garantice la salud de todos, donde millones de personas sufren y mueren de enfermedades curables, por la falta de recursos para obtener un seguro médico.

Antes de criticar a Cuba, país pobre y bloqueado por el poderoso imperio yanqui, tienen que mirarse ellos primero. Por eso les prohíben a los norteamericanos visitar libremente al vecino socialista, para que no constaten las mentiras que les cuentan desde hace más de medio siglo y comparen las ventajas de tener otro sistema, que no será perfecto, pero si muchísimo más humano.

Por esas razones dijo José Martí:

“Se exige a Cuba el reconocimiento de los derechos humanos en una sociedad que no puede vivir en paz, sino sobre la base de la sanción y práctica de esos derechos”.