Intromisión provocativa de la Encargada de Negocios de EE.UU. en Cuba.


Por Arthur Gonzalez.

De acuerdo a las normas del derecho diplomático internacional, una embajada acreditada en otro país persigue el propósito de trabajar por fomentar las relaciones amistosas y desarrollar las relaciones económicas, culturales y científicas entre el Estado acreditante y el receptor, tomando en cuenta los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas relativos a la igual soberana de los Estados, el manteamiento de la paz y de la seguridad internacional entre las naciones.

Nada de eso cumple la embajada de Estados Unidos en La Habana, desde su apertura el 1ro de julio de 2015, como tampoco hizo su antecesora la Sección de Intereses desde 1977.

Espionaje económico, político, militar y acciones de subversión política, han sido el pan de cada día de los “diplomáticos” yanquis asignados en Cuba, en franca violación de la Convención de Viena de 1961, sobre las relaciones diplomáticas.

En 1987 el gobierno cubano se vio obligado a denunciar públicamente la actividad de espionaje ejecutada constantemente por los “diplomáticos” de la Sección de Intereses en La Habana, mostrando imágenes filmadas en las que se constató como oficiales de la CIA depositaban en carreteras, basureros y cuevas, plantas de transmisión satelital, dinero y otros medios de espionaje, para los agentes que tenían reclutados en el país, en los sectores del comercio exterior, inversión extrajera, la banca, la aviación civil, el transporte, la marina mercante, la política exterior, la agricultura, la ciencias, la salud, educación, el deporte.

La ejecución de su actuar subversivo fue y sigue siendo enorme, con el afán de fabricar una “oposición” a la Revolución, mediante la entrega de elevadas sumas de dinero a los denominados “disidentes”, darles preparación de cómo deben actuar en sus actividades provocativas callejeras, abastecerlos de literatura, videos y clases, con profesores yanquis y algunos latinoamericanos, dentro del edificio de la misión diplomática, en tres centro creados ilegalmente para el entrenamiento de los contrarrevolucionarios.

Múltiples son las violaciones de la Convención de Viena que cometen los “diplomáticos” yanquis desde sus puestos de la denominada “diplomacia pública” y derechos humanos, unido a los cargos políticos, bien alejados del fomento de las relaciones amistosas bilaterales.

Un claro y evidente ejemplo es el de Mara Tekach, actual Encargada de Negocios de Washington en Cuba, quien a pesar del virtual cierra de la Embajada, dada las medidas tomadas por la actual administración, no cesa de inmiscuirse en los asuntos internos cubanos, reunirse con los elementos contrarrevolucionarios, brindarles preparación para las provocaciones y estimularlos a continuar por ese camino.

En ese sentido, hay que recordar la reunión efectuada dentro de la sede diplomática yanqui con los organizadores de la Marcha Gay, con el único fin de fomentar desordenes públicos, apoyados por las campañas mediáticas de sus medios de prensa.

A eso se une la reciente visita realizada a la provincia de Guantánamo, con el objetivo de entrevistarse personalmente con un contrarrevolucionario, de los conocidos periodistas dependientes del dinero de Washington, algo que legalizó al publicarlo en la página oficial en Facebook de su Embajada.

Las declaraciones de la susodicha diplomática son un desafío a las autoridades cubanas, al afirmar que las medidas legales aplicadas al contrarrevolucionario reflejan la crueldad e injusticia del gobierno cubano, el que continúa violando los derechos humanos y libertades de sus ciudadanos”, lo cual constituye una total violación del artículo 41 de la Convención de Viena que afirma:

“Sin perjuicio de su privilegios e inmunidades, todas las personas que gocen de ellos, deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado Recepto y están obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado”.

Si un diplomático cubano hiciera algo semejante en los Estados Unidos, en aras de defender a los cientos de miles de emigrantes latinoamericanos detenidos inhumanamente en centros de concentración, al estilo nazi, separados de sus hijos y sin atención médica, de iso facto el Departamento de Estado lo declararía persona non grata, por entrometerse en sus asuntos internos.

Cuba soporta inteligentemente esas acciones insultantes, pero que no se equivoquen los yanquis, porque las pruebas de sus violaciones son contundentes y tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe, aunque como afirmó José Martí:

“La paciencia es la dote de los fuertes”

 

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Mafia anticubana pretende trastocar la historia.


Por Arthur González.

Una vez más los contrarrevolucionarios creados y financiados por el gobierno de los Estados Unidos para intentar derrocar a la Revolución cubana, pretenden cambiar la historia y vestirse con un disfraz de víctimas, cuando en verdad siempre han sido terroristas causantes de muertes y destrucción en Cuba.

Ahora pretenden proclamar el 22 de julio como el “Día de los Mártires de la democracia en América”, al cumplirse el 7mo aniversario de la muerte del contrarrevolucionario Oswaldo Payá Sardiñas y su adlátere Harold Cepero, cuando viajaban como pasajeros en un auto rentado por el español Ángel Carromero, líder de la juventud del Partido Popular, junto al presidente de la Juventud demócrata-cristiana de Suecia, Aron Modig, para repartir 4 mil euros destinados a pagar a “opositores” cubanos, a fin de ejecutar acciones contra el gobierno.

Está probado que el único responsable del accidente automovilístico de ese día fue su conductor, Carromero, quien viajaba a 120 kilómetros por hora, estrellando el auto rentado contra un árbol en la carretera, muriendo Payá y Cepero, quienes venían en el asiento trasero del coche.

La hija de Payá, Rosa María Payá Acevedo, utiliza la muerte de su padre para lograr favores de los yanquis, como fue la visa de “refugiada política” ofrecida por “diplomáticos” estadounidenses en La Habana, a cambio de iniciar la campaña de inculpar al gobierno cubano.

A partir de ahí la han paseado por Europa y América Latina con idénticos propósitos, queriéndola fabricar como una líder juvenil opuesta a la Revolución cubana.

De esa forma la apoyaron para celebrar el aniversario del fallecimiento del padre y denominar ese día como “Día de los Mártires de la democracia en América”, olvidándose de que Cuba llora la muerte de 3 mil 478 muertos por actos terroristas ejecutados por la CIA desde 1959, unido a 2 mil 99 personas que han quedado discapacitadas de por vida por dichos actos.

Solamente en la exposición del buque La Coubre, de bandera francesa, ocurrida el 4 de marzo de 1960 provocada por dos bombas introducidas subrepticiamente por la CIA en sus bodegas, causó la muerte de 101 personas, más de 200 heridos y 34 desaparecidos al no poder ser localizados ni identificados por quedar despezados, entre ellos 2 funcionarios de la Compañía Trasatlántica Francesa, acreditada en La Habana y 4 tripulantes franceses del buque.

Ese criminal acto, que dio inicio a una cadena de acciones terroristas contra el pueblo cubano desde hace 60 años, basta para declararlo como el verdadero Día de los mártires. Sin embargo, las autoridades yanquis se niegan a desclasificar los documentos de sus archivos, al igual que el expediente que guarda celosamente la naviera francesa Compañía General Trasatlántica, operadora del buque, quien tiene clasificada toda la documentación por 150 años.

Otros cientos de actos terroristas se ejecutaron en la Isla contra centros comerciales, cines, teatros, escuelas, fábricas de todo tipo, refinerías de petróleo, campos de caña, unido a las muertes causadas por las bandas conformadas por la CIA en las montañas del centro de Cuba, quienes asesinaron un total de 214 personas, entre ellos 63 campesinos y trabajadores agrícolas, 13 niños campesinos, 8 ancianos, 3 mujeres, 9 maestros voluntarios y colaboradores de la Campaña de Alfabetización, 8 obreros y 6 administraciones de granjas y tiendas en esas montañas.

El 6 de octubre de 1976 Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, organizaron la voladura, en pleno vuelo, de un avión civil cubano con 73 pasajeros. Todos murieron descuartizados. Sus dos responsables fueron acogidos en Miami por Estados Unidos, sin pagar por sus crímenes. Ni la OEA ni el Parlamento Europeo, que ahora premian a Rosa María Payá, condenaron dicha acción y tampoco sancionaron a Estados Unidos por financiar y respaldar a esos terroristas.

Para que nadie tenga dudas de quien es el responsable del terrorismo contra Cuba, basta señalar un informe desclasificado donde su autor, el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, en la denominada “Operación Cubana”, señala sin el más mínimo pudor:

“Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

“Se introdujeron en Cuba 75 toneladas de explosivos y armamentos, mediante 30 misiones aéreas, más 46,5 toneladas en 33 misiones de infiltración marítima, para abastecer a grupos urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas”.

A esto hay que sumarle los muertos provocados durante la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, organizada y financiada por la CIA, donde decenas de inocentes campesinos y sus familiares perdieron la vida por las bombas y balas yanquis.

Tampoco puede pasarse por alto la muerte de 158 cubanos, de ellos 101 niños, debido a la introducción del Dengue en el país en 1981, a cargo de un grupo orientado por la CIA comandado por Eduardo Arocena, según declaró ante el Tribunal Federal de New York, recogido en la página 2189, 1984, expediente 2 FBINY 185-1009.

El show mediático llevado a cabo por Rosa María estuvo preñado de terroristas como Ramón Saúl Sánchez, considerado así por las propias autoridades estadounidenses que se niegan reiteradamente a otorgarle la residencia legal en Estados Unidos, por su record de actos violatorios de las leyes, a pesar de ser uno de los amamantados por la CIA.

Otro de los participantes fue el sacerdote Gil Hernández, quien junto a los demás presentes terminaron la función con una misa celebrada en la Ermita de La Caridad, de Miami, donde jamás se han condenado los actos terroristas, ni la criminal guerra económica, comercial, financiera y biológica, que lleva a cabo Estados Unidos contra el pueblo cubano desde hace 60 años, con el declarado interés de matarlo por hambre y enfermedades.

Esos son los autoproclamados “luchadores por la libertad de Cuba” que siembran luto en el pueblo cubano, pero como dijo José Martí:

“Las verdades reales son los hechos”.

 

 

 

 

 

 

No hay dudas, la guerra económica contra Cuba es total.


Por Arthur González.

Para aquellos que pudieran tener algún titubeo de que Estados Unidos persigue matar de hambre y enfermedades al pueblo cubano, las constantes medidas que toma la Casa Blanca contra la economía de la Isla, son pruebas irrebatibles de sus propósitos criminales.

Todo lo que le permita a Cuba algún ingreso de divisas, Donald Trump y su camarilla neo nazi, integrada por Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abram, se han propuesto cortarlos.

La búsqueda de información detallada de los ingresos de Cuba la lleva a cabo la CIA, en parte por las estadísticas oficiales que se publican, intervenciones públicas de ministros y altos funcionarios y también con sus agentes secretos dentro del país, con el único fin de sancionar, presionar y chantajear a gobiernos y empresarios extranjeros que establezcan negocios con la Isla.

La guerra económica contra Cuba es total, porque aspiran a ver la caída de la Revolución; vieja y fracasada aspiración de 11 administraciones anteriores, y la actual no será la excepción.

La más reciente arremetida fue anunciada el 26 de julio 2019, por el ex director de la CIA y actual secretario de Estado, Mike Pompeo, coincidiendo con la celebración del Día de la Rebeldía Nacional en Cuba, asegurando que: “Estados Unidos sancionará a los funcionarios cubanos que explotan y coaccionan a los médicos cubanos, desplegados en más de 65 países en las llamadas misiones internacionalistas”.

El odio es tal que se les retuercen los intestinos al ver como la pequeña Isla del Caribe, resiste con hidalguía sus medidas punitivas, los actos terroristas, las campañas de mentiras y cuantas sanciones se les han ocurrido ejecutar en los últimos 60 años.

Para seguir dándole vueltas a la tuerca de la criminal guerra económica, ahora persiguen a los médicos que brindan salud y bienestar en el mundo, porque saben que también es una fuerte entrada de divisas empleadas para mantener la economía cubana, su sistema de salud y educación gratuitos, la cultura, el deporte, la seguridad social, investigaciones en las ciencias y la alimentación, todo en beneficio del pueblo.

La participación de la medicina cubana por países del mundo, salva vidas y previene enfermedades curables, porque en su sistema de salud lo primero es el ser humano y no el dinero, como en Estados Unidos, donde la medicina y los medicamentos son un negocio jugoso para enriquecerse e incapaz de prestar solidaridad humana a los que no tienen dinero para pagar los costosos servicios de salud.

El banal argumento esgrimido es que Cuba “explota” y “coacciona” a sus médicos que prestan servicio de colaboración en más de 65 países.

Hipocresía al por mayor, pues a los yanquis no les importan los seres humanos, de preocuparse no hubieran desarrollado campañas en Brasil contra los que participaban en el programa Mais Médicos, creado por la presidenta Dilma Rousseff y eliminado por Jair Bolsonaro, peón al servicio de Estados Unidos, quien trabajó para lograr la deserción del personal de la salud de Cuba y después los abandonó a su suerte, sin trabajo ni dinero para mantenerse.

La labor casi eclesiástica de los médicos cubanos, es reconocida mundialmente e incluso por la Organización Mundial de la Salud, porque sus valores humanos los impulsa a ayudar a los necesitados, sin importarle horas ni falta de descanso, mientras haya un niño u otros pacientes que requieran atención y cariño, lo que los médicos norteamericanos no hacen sino les pagan altos salarios.

Esa es la gran diferencia de un sistema y otro, por eso acusan de explotación, porque no hay un médico yanqui que trabaje por amor a su profesión de salvar vidas, sino hay dinero de por medio.

¿Por qué Pompeo no indaga en África la opinión que tienen los pacientes contagiados con Ébola y sus familiares, atendidos humanamente por el personal de salud cubana?

Mientras los estadounidenses bajo el salario de la USAID, estuvieron en África con un estilo de trabajo acorde a su sociedad, los médicos y enfermeros de Cuba no tenían horas ni reclamaban descanso para luchar por arrebatarle a la muerte a cada enfermo y gracias a ese esfuerzo muchos fueron salvados.

¿Cree Pompeo que algún médico o enfermera de su país estuviera dispuesto a trabajar en condiciones difíciles como hicieron los cubanos durante el terremoto en Pakistán, Chile, Perú, Ecuador, o ante fuertes inundaciones como las sufridas semanas atrás en Mozambique?

Si tienen tanta preocupación por el salario que reciben los médicos cubanos en sus misiones, ¿por qué mejor no se preocupan por los millones de pobres que residen en Estados Unidos, según cifras oficiales?

Antes de tener tanto desasosiego por lo que recibe el personal de la salud de Cuba durante sus misiones internacionales, deberían ocuparse de restructurar su sistema de seguro médico, trabajar en alcanzar un régimen gratuito como el de los cubanos, e incluso buscar una solución para elevar el salario mínimo en muchos estados, donde es de solo 8 dólares la hora, lo que ni siquiera alcanza para pagar los elevados costos de las rentas, viéndose esos trabajadores obligados a tener dos y hasta tres trabajos, con jornadas de 14 y 16 horas diarias para malamente subsistir.

La verdad que esconden Pompeo y sus pandilleros es que las misiones de la salud de Cuba permiten un ingreso anual de 8,000 millones de dólares, empleados en sostener la economía y hacerle frente a la despiadada guerra económica, comercial, financiera y biológica, que ejecutan contra once millones de cubanos desde hace 60 años, delito de Lesa Humanidad por el que deberían ser sancionados en la Corte Internacional de Justicia, si ese órgano fuese realmente imparcial e incólume ante las presiones del imperio yanqui.

La ridícula sanción impuesta a los funcionarios del Ministerio de Salud de Cuba, anunciadas por Pompeo, consiste en restringirle o denegarle el visado para ingresar en Estados Unidos, penalidad que incluye a sus familiares inmediato, aunque estos no tengan vinculación con el sistema de salud, lo que demuestra la violación flagrante de los derechos humanos al libre movimiento de las personas.

De acuerdo con afirmaciones del ex director de la CIA, su gobierno seguirá incrementando las medidas para afectar aún más la economía de Cuba, lo que demuestra el carácter imperial y deshumanizado de su sistema, que no le perdonarán jamás a la mayor de las Antillas haber decidido soberanamente, romper las cadenas impuestas por Estados Unidos desde que en 1898 ingresaron injustificadamente en la Isla, con la única pretensión de convertirla en una estrella más de su bandera.

Por eso ante actitudes similares de prepotencia yanqui, alertó José Martí:

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”

 

Pretenden los yanquis hacer en Cuba lo mismo que Argentina y Brasil: confundir al pueblo.


Por Arthur González.

Estados Unidos aspira a sembrar una matriz de opinión en el pueblo cubano contraria a la Revolución, culpando al gobierno de las limitaciones económica existentes, pero ocultan que sus profundas causas radican en la guerra económica, comercial y financiera, sostenida por 60 años para evitar que el modelo socialista sea un ejemplo para otros países, tal como aseguran los tanques pensantes del Council on Foreign Relations.

Esa vieja estrategia fue empleada contra Argentina y Brasil, para culpar a Cristina Fernández y al dúo Luis Ignacio Lula-Dilma Rousseff, de los problemas económicos, con el fin de sacar del juego político a dirigentes de izquierda e imponer a los neoliberales Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, quienes han arrastrado a la pobreza a millones de ciudadanos que se dejaron confundir por los cantos de sirena, aunque hoy lamentan sus errores políticos.

La actual campaña anticubana está lanzada por medios de prensa desde EE.UU. y sitios creados en Internet para deformar la realidad cubana, con la pretensión de confundir a los incautos; pero fallan nuevamente porque en Cuba el pueblo fue alfabetizado en 1960-1961 y su nivel educacional y político es bien elevado, conoce la historia de las acciones del imperialismo yanqui y el papel que juegan en los golpes de estado y acciones terrorista en el mundo.

En esta nueva campaña de mentiras, lanzada también por Radio y Televisión Martí, aseguran que “tres cuartas partes de los cubanos piden un cambio y un 31.3 % desea que ese cambio sea radical, que lo cambie todo”.

Según esas emisoras, creadas para la subversión política contra Cuba, “el 74.5 % de los encuestados reclama cambios y de ellos el 57.7%, acepta ofrecer algún tipo de salida para los responsables del régimen”.

Lo que no explican es quiénes y cómo hicieron tal encuesta en la Isla, algo que traslada una fuerte fetidez a mentiras made in USA, pues los “encuestadores” son miembros del fantasmal Observatorio Cubano de Derechos Humanos, asentado en España, fabricado y sostenido financieramente por Estados Unidos.

La táctica que persiguen es evidente, que el mundo se crea que los jóvenes cubanos desean erradicar el socialismo y regresar a una economía capitalista, como si esa masa juvenil, con más de 9 grados de escolaridad como mínimo, no observara lo que sucede a diario en economías capitalistas de Francia, España, Alemania, Argentina, Chile, Brasil, Honduras, Guatemala, México y Panamá, por solo citar algunos ejemplos.

La aludida “encuesta” quiere hacerle entender a los que no recuerdan las campañas mediáticas de los yanquis contra países que tienen gobiernos no aceptables para ellos, que los jóvenes cubanos culpan a los dirigentes de la situación económica de Cuba y desean “castigar a sus responsables”.

Obviamente es una manipulación burda y sucia, porque en Cuba se conoce bien la situación existente antes de la Revolución y la que se tiene hoy; las sanciones permanentes de Estados Unidos contra la economía y sus ataques a los sectores que producen ingresos en moneda convertible, como son el turismo y la salud, algo que se hace más evidente con los recientes decretos aplicados por la administración de Donald Trump, que afectan directamente a los trabajadores privados, esos que tanto estimuló Barack Obama para cambiar el socialismo desde adentro.

Estados Unidos conoce perfectamente que entorpeciéndole a Cuba sus ingresos en divisas, y las sanciones a quienes inviertan y presten dinero fresco, trae como consecuencia la escasez de alimentos, medicinas y otros artículos de primera necesidad, de ahí sus multas millonarias a la banca internacional, la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, unido a la prohibición de viajes de norteamericanos y sanciones a quienes se alojen en hoteles y adquieran libros de editoriales cubanas.

La obsesión es enfermiza y el pueblo cubano lo sabe perfectamente, además en Cuba nadie ignora lo que era la Isla en el pasado capitalista, a pesar de que en los últimos años desde Miami pretendan pintar La Habana como un “paraíso”, con sus hoteles, casinos, burdeles, barrios de clase media y alta, ocultando a los niños limpiando zapatos y tocando maracas en los ómnibus, los analfabetos, los mendigos, el desempleo, la discriminación racial y de género, los muertos por falta de asistencia médica y los campesinos pasando vicisitudes que solo la Revolución eliminó.

Por supuesto que el pueblo cubano aspira a tener una vida más holgada, sin limitaciones y escaseces, pero insatisfacción no es lo mismo que oposición, y los responsables de las penurias que hoy soporta estoicamente, están y estuvieron en la Casa Blanca.

Los cubanos conocen que la guerra económica la inició el presidente D. Eisenhower en 1959, al eliminar la compra de azúcar, prohibir el suministro de petróleo y la adquisición de productos hechos en Cuba; fue él quien organizó la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos y los nacientes actos terroristas que dejaron los primeros mártires en el pueblo. Sigue leyendo

El imperio vuelve al ataque.


Por Arthur González.

Estados Unidos y su actual administración se comportan como aquellos personajes malévolos creados por Disney para sus filmes, al asesinar, enfermar y transformar en sapos, a todos los que no se arrodillan a sus pies y asumen posiciones soberanas.

Contra Cuba han empleado todos los métodos posibles para derrocar a la Revolución y a sus líderes. Fabricaron opositores, ejecutaron los más crueles actos terroristas imaginables, desde la voladura del buque francés La Coubre, en marzo de 1960, bombardeos a las refinerías de La Habana y Santiago de Cuba, incendios en centros comerciales, cines, teatros, escuelas, campos de cañas, industrias, más los planes para asesinar a Fidel Castro.

No bastándole tantos daños, estructuraron una guerra económica, comercial, financiera y biológica, para estrangular la economía, hacer padecer al pueblo y después culpar al sistema de ser incapaz de satisfacer las necesidades de los cubanos, con la esperanza que estos se lancen a las calles para derrocar al gobierno.

A pesar del rechazo a tan vil política, similar a la empleada por los nazis, Estados Unidos continúa reforzando sus sanciones a Cuba, con la fracasada añoranza de alcanzar sus añejos propósitos.

Ahora repiten su despiadada política contra Venezuela, país que han satanizado a través de sus poderosos medios propagandísticos, y a pesar de los múltiples actos terroristas ejecutados por sus agentes, increíblemente no tienen el rechazo de la Unión Europea, intoxicada por la propaganda fabricada por especialistas en subversión política de la CIA.

Golpes militares, financiamiento millonario a la oposición violadora de todas las normas jurídicas establecidas, actos terroristas y de corrupción, más la solicitud de la intervención del ejército yanqui, demuestran la naturaleza de esos opositores, incluso ante la posibilidad de muerte de millones de venezolanos.

Contra Cuba ya no les quedan casi opciones para sancionar a empresas, hoteles, restaurantes, centros comerciales, líneas aéreas, barcos, industrias, puertos, bancos, casas editoriales, bebidas y todo aquello que pudiera insuflar dinero a la economía.

La persecución financiera es algo sin antecedentes en la historia de la humanidad, sancionando a entidades bancarias internacionales como si fueran sus súbditos, al pago de multas multimillonarias por hacer alguna transacción con Cuba.

Es tal el odio visceral que acumulan los yanquis contra la Revolución cubana, que ahora pretenden bloquear la entrada de petróleo a la Isla, aspirando a dejarla sin electricidad para producir todo lo que cualquier país necesita para darle vida a su economía, incluida la electricidad doméstica, de hospitales, transporte público, funerarias, escuelas y las demás actividades de una sociedad moderna.

Todo ante la vista de países que se proclaman amantes de la libertad, la democracia y los derechos humanos, como si pretender matar por hambre y enfermedades a todo un país, fuese algo normal.

Similares acciones criminales aplican contra Venezuela y sus principales funcionarios, sancionándolos con espurias medidas basadas en mentiras construidas, solo con la intención de demonizarlos ante el mundo, mientras apañan a verdaderos corruptos y criminales como los presidentes de Chile, Colombia, Ecuador, Argentina y Brasil, que sí responden a todas sus órdenes.

La obsesión enfermiza de Elliott Abram, John Bolton, Mike Pompeo y Marco Rubio, llega a tal punto, que solo sueñan con estrangular cada día más la economía de Cuba y Venezuela, ante la mirada impasible de las Naciones Unidas, sin que nadie se atreva a acusar a los Estados Unidos por sus acciones ilegales, a pesar de que violan todos los principios legales establecidos en la carta de la ONU.

Los yanquis, transgresores históricos de los Derechos Humanos, se adjudican la facultad de acusar e incorporar a sus listas negras, a quienes no cumplan con sus imposiciones imperiales, actuando como vulgares hechiceros que procuran arrodillar al resto del mundo.

Vergüenza debería darle a la vieja y culta Europa, al permitir el avasallamiento de Estados Unidos contra sus empresas comerciales y bancos prestigiosos, que sumisamente pierden su soberanía al pagar elevadas multas al amo imperial, como si regresaran al medioevo entregándole el diezmo al señor feudal.

Lo inverosímil del tema es que tanto Donald Trump, Mike Pompeo, como Elliott Abram, enviado especial de la Casa Blanca para Venezuela, afirman desde hace meses que: “Cuba es la que mantiene en el poder al presidente Nicolás Maduro, debido a la presencia de miles de militares cubanos y agentes de inteligencia, en todos los órganos del régimen, hasta en el Palacio Miraflores”.

Según ellos, Maduro se sostiene en el poder por los cubanos, algo verdaderamente risible, con lo que pretenden ocultar el apoyo popular que posee, debido a las medidas adoptadas en casi dos décadas a favor del pueblo y las clases más pobres de Venezuela, los que no quieren regresar a los desmanes de gobiernos anteriores, como el de Carlos Andrés Pérez.

​60 años de fracasos en su política anticubana, no han servido para que la Casa Blanca saque conclusiones de que la Revolución tiene raíces verdaderas y sólidas, confirmado en la resistencia popular y su unidad.

Un documento desclasificado referente a reunión de alto nivel celebrada en el Departamento de Estado, el 27 de junio del 1960, expone el beneplácito al “Programa de presiones económicas contra el régimen de Castro”, que dio forma a lo acordado en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, CSN, del 17 de marzo del 1960, bajo el denominado “Programa de Acciones Encubierta contra el régimen de Castro”.

Estados Unidos está reciclando todas las medidas ejecutadas en aquellos años del siglo XX, pues en dicha reunión del CSN, el entonces Secretario del Tesoro, propuso privar de petróleo a Cuba, bajo el argumento de que, “en un mes, a lo sumo seis semanas, ello provocaría el desplome del gobierno de Castro”.

Error tras error, durante más de medio siglo no bastan para que los halcones comprendan que nunca alcanzarán a materializar sus anhelos, pues como dijo Barack Obama al justificar el cambio de política hacia La Habana:

Décadas de aislamiento de Cuba por parte de Estados Unidos, no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática”.

Pero ni el garrote, ni la zanahoria acaramelada de Obama, podrán someter a los cubanos, porque como afirmó José Martí:

“Una vez gozada la libertad, no se puede ya vivir si ella”.

Empeñada la administración Trump en distorsionar la realidad de Cuba.


Por Arthur González.

El 18 de julio 2019 Mike Pompeo, ex director de la CIA y actual secretario de Estado, habló en la Conferencia Ministerial sobre Libertad Religiosa, donde sin elementos probatorios arremetió contra Cuba, acusando a la Revolución de tener una “naturaleza intolerante”.

El argumento tomado por los pelos fue que, no se le permitió viajar a ese evento en Washington a cinco pastores de algunas iglesias protestantes.

Desde el mismo año 1959 Estados Unidos comenzó a ejecutar acciones para derrocar a la Revolución, e incluso antes del triunfo expusieron en reunión del Consejo de Seguridad Nacional, que había que evitar la victoria de Castro. Entre las medidas diseñadas para lograr su anhelo, estaba el empleo de las iglesias, de acuerdo a sus documentos desclasificados.

A pesar de que algunas denominaciones religiosas siguieron las instrucciones yanquis y ejecutaron actos contrarrevolucionarios alejados de la religiosidad, en Cuba no se cerró un templo ni una orden religiosa, las que continuaron brindando asistencia espiritual a todos sus creyentes.

Actualmente las religiones en la Isla tienen una mayor significación que hace 50 años, algo reconocido por todas las órdenes y sectas religiosas, tanto católica, protestantes y otras, con una fuerte afluencia de creyentes.

Múltiples religiones tienen presencia en todo el país: católica, protestantes, ortodoxas rusa y griega, judaísmo, islamismo, budismo, espiritismo, religiones cubanas de origen africano, Fe baha’is, y los yogas. Según cifras oficiales, en los últimos años se registraron cinco nuevas denominaciones y centros ecuménicos evangélicos y protestante, sumandos a 136 centros espiritistas.

Todas practican su fe religiosa sin restricción alguna, en los más de 900 templos y capillas que poseen las 55 iglesias evangélicas y protestantes, y las cerca de 2, 500 casas culto que funcionan a lo largo y ancho del país, realidad que prueba fehacientemente la libertad religiosa que existe en Cuba.

La salida del país de una persona prácticamente de la fe cristiana u otra, no tiene relación directa, ni indirecta, con la libertad religiosa, pero lo que omitió Pompeo fue el propósito político que tenían previsto con la llegada de los cinco religiosos, quienes mantienen una posición pro yanqui, y serían entrenados para ejecutar acciones subversivas a su regreso a Cuba.

Una prueba irrebatible de eso fue la conversación telefónica sostenida por el mismo presidente Donald Trump con el pastor bautista Mario Félix Lleonart Barroso, “refugiado político” en Estados Unidos, donde denunció “la grave situación de las libertades religiosas en la Isla”, burda manipulación para ganarse la simpatía del responsable de las continuas sanciones económicas y financieras contra el pueblo cubano, algo que el mencionado pastor jamás ha criticado, a pesar de ir contra los principios cristianos, pues pretenden matar por hambre y enfermedades a once millones de seres humanos.

Estados Unidos estructura campañas falsas contra aquellos países que se niegan a someterse a sus propósitos, fabricando mentiras para conformar matrices de opinión contrarias a quienes mantienen su soberanía, a todo costo.

Tal parece que Mike Pompeo no recuerda que, según publicó la Unidad de Inteligencia de The Economist, Estados Unidos descendió en los últimos 10 años en el Índice Mundial de Democracia, al bajar del  puesto 18 en el índice mundial de 2008, al lugar 25 en el 2018, lo que ubica a ese país por debajo del umbral de una democracia plena, posición que según las estadísticas oficiales tenía en 2016, considerándose ahora como democracia defectuosa.

Criterios de los especialistas, argumentan que este bajón obedece a la grave disminución de la confianza pública en las instituciones estadounidenses.

¿Olvidó el secretario de Estado que, de acuerdo a las encuestas de la prestigiosa empresa Gallup, de enero a noviembre de 2018, el número de ciudadanos estadounidenses que aprobaban la forma en que el Congreso llevaba a cabo su trabajo, se redujo a un 18 por ciento, de un 40 por ciento en el 2000 y un 20 por ciento en el 2010?

A Cuba no le pueden dar lecciones de democracia ni de libertades, porque en Estados Unidos no se puede tener ideas y principios políticos diferentes, y quienes así lo muestren son condenados, como hace actualmente Donald Trump con los candidatos demócratas que poseen posiciones desiguales a las de él, a quienes acusa de ser “socialistas”, satanizándolos por solo expresar sus proyectos políticos contrarios a los de la actual administración.

Prueba de que Estados Unidos no acepta las diferencias de ideas contrarias a las de su sistema, fue el cuestionamiento que hicieron sobre la visita a La Habana del príncipe Carlos y su esposa la duquesa Camila, presionándolos por todos los medios posibles para que desistieran de la misma, ya que su presencia reflejaba el reconocimiento a los avances de Cuba en temas de educación, salud, cultura, deportes y seguridad social, gracias al sistema socialista que tanto satanizan los yanquis.

Pompeo, ni su presidente, sienten una verdadera preocupación por el pueblo cubano, al que sancionan constantemente reforzando la guerra económica, comercial y financiera, para evitar que el gobierno revolucionario pueda satisfacer las necesidades, y después culparlo de la escasez que se siente en todo el país.

Doble moral la de los yanquis que hacen guerras fratricidas contra pueblos inocentes y en seguida asisten a las iglesias a rezar, como si Dios y Cristo no los condenaran al infierno.

Es por esas razones que a Estados Unidos lo evalúan como una democracia defectuosa, porque como expresara José Martí:

“Solo la moralidad de los individuos conserva el esplendor de las naciones”.

 

 

Marco Rubio y sus mentiras.


Por Arthur González.

A quién querrá engañar el senador Marco Rubio al asegurar en su cuenta Twitter:

“Cuba es libre de comerciar con cualquier país. El embargo estadounidense no es un bloqueo internacional, como tergiversa intencionalmente la Cancillería cubana al asegurar que el embargo es un bloqueo y lo usa como excusa de su modelo económico fallido”.

La ignorancia es atrevida, pues solo con leer algunos de los documentos escritos por la CIA y el Departamento de Estado, el mencionado Senador se daría cuenta de sus falacias.

El conocido Proyecto Cuba, aprobado por el presidente John F. Kennedy el 18 d enero de 1962, afirma claramente:

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país”.

Ni embargo ni bloqueo aparecen en dicho documento.

En ese mismo Proyecto se expresa:

“El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero 1962, esperando obtener amplio respaldo del Hemisferio Occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio”.

Entre las 13 tareas diseñadas para afectar la economía cubana, hay varias que afirman:

“El Departamento de Estado informará el 15 de febrero 1962 sobre el estado de los planes para ganar la cooperación de los aliados de la OTAN (bilateralmente o en el foro de la OTAN, como sea más apropiado) El objetivo es convencer a esas naciones a dar los pasos para aislar a Cuba de Occidente.  

“El Departamento de Estado informará el 15 de febrero 1962 sobre el estado de las acciones adoptadas con Japón, quien tiene un comercio comparativamente importante con Cuba, las cuales son similares a las seguidas con las naciones de la OTAN”.

Cuba nunca ha dejado de acusar a Estados Unidos por esa criminal política que pretende matar de hambre y enfermedades al pueblo, algo que la propia CIA reconoce en sus documentos desclasificados, que al parecer olvidó el Senador.

El 12 de diciembre de 1963, un extenso memorando de la CIA, ya desclasificado, afirma sobre la situación interna de Cuba:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre […] estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

En fechas más recientes, las multas impuestas a los bancos internacionales demuestran que aquellos que se atrevan a ejecutar alguna transacción financiera con Cuba, por compras o pagos a compañías extranjeras, pueden correr la misma suerte que el Banco francés PNB Paribas, sancionado, bajo la administración Obama, a pagar 10 mil millones de dólares, al igual que el Banco francés Société Générale S.A. quien pagó a Estados Unidos una multa ascendente a mil millones 340 mil dólares.

El Banco canadiense Toronto Dominion (TD), fue multado por Estados Unidos en 955 mil 750 dólares, por violar las regulaciones del bloqueo a Cuba. El grupo bancario italiano UniCredit pagó mil 300 millones de dólares como sanción por violar las leyes del bloqueo económico; al igual que Banco francés Credit Agricole que fue multado en 787,3 millones de dólares por similares motivos.

Estos ejemplos son solamente a la banca internacional, pero a la lista se suman las presiones y sanciones a entidades comerciales que procuran establecer negociaciones libres con Cuba.

No por gusto anualmente la Asamblea General de la ONU, vota en contra del Bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra la Isla, con excepción de los yanquis y su aliado incondicional, Israel.

Las embajadas estadounidenses en el mundo espían a las empresas extranjeras que ejecutan negocios con alguna cubana, a las que amenazan y presionan para que no le vendan nada a Cuba, ejemplos sobran, e incluso cuando no pueden impedirlo la CIA se ha ocupado de sabotear los productos, con el propósito de evitar el desarrollo económico cubano.

Especialistas del Council on Foreign Relations, CFR, de Estados Unidos, publicaron en 1999 propuestas para modificar la política hacia Cuba y en sus objetivos plantean sin tapujos:

La oposición de Estados Unidos a la Revolución cubana, y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Marco Rubio podrá engañar a sus votantes en Miami, pero los cubanos saben perfectamente como la política yanqui pretende asfixiar la economía de Cuba.

Solo bajo la administración de Barack Obama, Estados Unidos sancionó a decenas de entidades europeas por establecer negociaciones con La Habana, las que pagaron al gobierno yanqui un acumulado de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares, persecución implacable que el Senador omite.

La obsesión enfermiza es tal que, hasta empresas artesanales cubanas para la fabricación de abanicos femeninos, están contempladas entre las sancionadas.

Los barcos extranjeros que toquen puertos cubanos, se ven obligados a esperar 6 meses para entrar en puertos estadounidenses, algo insólito en el comercio internacional.

Por tanto, Marco Rubio continuará negándolo, pero la guerra económica que se le hace al pueblo de Cuba desde hace 60 años, mantiene vigentes las recomendaciones hechas por el subsecretario de Estado yanqui en 1960, cuando escribió:

Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Después de 12 administraciones yanquis obcecadas por ver caer a la Revolución, valdría la pena que se convencieran que con Cuba no han podido, no pueden ni podrán, porque millones de cubanos no desean volver al pasado con una Enmienda Platt, que permitía la intervención militar de Estados Unidos y hacer lo que desearan en la Isla.

Por esos motivos alertaba José Martí:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.