Donald Trump juega con candela y se puede quemar.


Por Arthur González.

Estados Unidos acumula en su historia incontables pretextos falsos para ejecutar guerras de rapiña, y ahora preparan otro con el propósito de invadir a Venezuela para eliminar el proceso revolucionario bolivariano que tantas amarguras les causa.

Golpes militares, maniobras políticas, programas de acciones subversivas, actos terroristas, presiones a la Unión Europea y a gobiernos latinoamericanos y del Caribe, con el apoyo de la OEA, unido a intentos de reclutamiento entre los altos mandos militares y políticos de Venezuela, no han arrojado los resultados ambicionados.

Sin embrago, los gastos de miles de millones de dólares incrementan sus pérdidas, de las que algún día tendrán que rendir cuentas.

La ejecución de una sucia maniobra sin precedentes, como fue la autoproclamación en plena avenida de Caracas, de Juan Guaidó como presidente de la nación, es un rotundo fracaso, al que arrastraron bajo chantaje a unos 50 países de Europa y algunos lacayos latinoamericanos, que transcurrido un año comprueban la farsa que apoyaron a favor de Washington.

Desesperados por tantos descalabros, los yanquis se lanzan a una peligrosa escalada militar, basada en el invento de que “Venezuela es responsable del ingreso de la droga en Estados Unidos” y sus principales dirigentes “se enriquecen” de ese negocio, algo que no tiene el menor sustento probatorio, pero que ansía crear una matriz de opinión dentro de Estados Unidos y en otros países, para justificar la invasión militar.

Los funcionarios yanquis y la DEA saben perfectamente que es Colombia quien siembra, procesa la coca, y vende cientos de toneladas de cocaína a los cárteles internos de Estados Unidos, sin que jamás se descubran, encarcelen y sancionen a sus jefes, como si los capos latinoamericanos fuesen los dueños del mercado interno del país de mayor consumo en el mundo.

La mentira se teje sin el menor cuidado y así Donald Trump decidió, en medio de la pandemia del Covid-19 que infesta y mata a cientos de miles de estadounidenses, enviar buques de guerra a las aguas cercanas a Venezuela, como paso previo a la invasión, tal y como hicieron en otros países, entre ellos a Panamá en 1989.

El pretexto empleado por Trump de que “Estados Unidos de América está lanzando operaciones de lucha contra los narcóticos en el hemisferio occidental, para proteger al pueblo estadounidense…”, no se lo cree nadie, porque el mundo conoce perfectamente, incluso reconocido por Trump, que el 90 % de la droga que ingresa en Estados Unidos proviene de Colombia.

La DEA tiene pruebas de que la droga exportada por Colombia a Guatemala y a México entra en Estados Unidos por la costa del Pacífico y que Juan Guaidó está comprometido con los jefes del cártel Los Rastrojos, a quienes les prometió libertad para actuar, sí llegase a gobernar en Venezuela.

Sí tanto le preocupa el narcotráfico, debería presionar a su lacayo Iván Duque, presidente de Colombia, para que combata los cárteles de la droga que campean libremente en ese país, en las más de 250 mil hectáreas de sembradíos de coca, como afirmó Trump en enero 2020.

No hay una sola condena a Duque, ni a Álvaro Uribe, por la inacción contra los conocidos cárteles Los Rastrojos, Urabeños, Águilas Negras, Cártel del Golfo, y los grupos paramilitares que asesinan diariamente a líderes sociales, a pesar de que Estados Unidos firmó el 03 de noviembre 2009 un acuerdo con el entonces presidente Uribe, para que Estados Unidos utilizara siete bases militares existentes en ese  país.

El Acuerdo contempla el uso de las instalaciones de la Base Aérea Germán Olano Moreno, Palanquero; la Base Aérea Alberto Powell Rodríguez, Malambo; el Fuerte Militar de Tolemaica, Nilo; el Fuerte Militar Larandia, Florencia; la Base Aérea Capitán Luis Fernando Gómez Niño, Apia; la Base Naval ARC Bolívar en Cartagena; y la Base Naval ARC Málaga en Bahía Málaga; y permite el acceso de las fuerzas militares y civiles yanquis.

Las aeronaves yanquis no pagarán derechos, incluidos los de navegación aérea, sobrevuelo, aterrizaje y parqueo en rampa. Los buques civiles recibirán el mismo tratamiento y privilegios que los buques de guerra, y en consecuencia no estarán sujetos al pago de tasas de señalización marítima y fondeo.

¿Esas bases no son suficientes para la lucha contra la producción y venta de la droga de Colombia al mercando interno de Estados Unidos?

Esto desenmascara la payasada de acusar a Venezuela de “ser un estado narcotraficante”.

La verdad está plasmada en la estrategia para Latinoamérica y el Caribe en los próximos diez años, expuesta en marzo del 2018 por el Comando Sur norteamericano, que establece los principales “peligros o amenazas” identificadas y el modo de enfrentarlas.

Las amenazas son Cuba, Venezuela, Bolivia, la lucha contra el narcotráfico, redes ilícitas regionales y transnacionales, el incremento de la presencia de China, Rusia e Irán en América Latina y el Caribe.

En febrero del 2018, el almirante Kart Cid, Comandante del Comando Sur, expuso ante el Congreso los escenarios previstos para el continente, sus objetivos, medios y estrategias, acordes con la Estrategia de Defensa Nacional (2018) y la Estrategia de Seguridad Nacional (2017-2018), con el fin subvertir a los países que no son del agrado de Estados Unidos y la preparación para una posible acción militar.

El almirante Cid señaló:

“Los desafíos para la hegemonía, se enfrentarán por medio de una Red de Redes, operada por el Comando Sur en conjunto con las agencias estadounidenses y los aliados, y tres Fuerzas de Tarea Conjunta actuarán en este plan: Fuerza de Tarea Conjunta-Bravo (Base Aérea de Soto Cano, Honduras), Fuerza de Tarea Conjunta de Guantánamo, Cuba, La Fuerza de Tarea Interagencias y Conjunta-Sur (Cayo Hueso, Florida)”.

La invasión a Venezuela está cocinada hace rato, solo buscaban un pretexto ante los continuos fracasos de Juan Guaidó, las acciones de la guerra económica y financiera, los actos terroristas y las maniobras de subversión política que no logran indisponer al pueblo contra el presidente Nicolás Maduro.

Ahora el narcotráfico es la fórmula para la acusación, copia de la que ejecutaron contra Noriega para invadirá a Panamá en 1989, denominada “Causa Justa”.

Para alcanzar respaldo internacional a la invasión militar, Estados Unidos urge de una fuerza regional que intervenga, no solo en lo económico y político, también en lo militar.

Ya tienen respaldo político del español Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, quien declaró el 03 de abril 2020: “La Unión Europea apoya el plan de Estados Unidos, para un Gobierno de transición en Venezuela”.

El Grupo de Lima también expresó su apoyo a la propuesta estadounidense, al estimar que “busca garantizar el retorno a la democracia en Venezuela, mediante la celebración de elecciones presidenciales y parlamentarias libres”.

Paralelamente y en total respaldo a la posible agresión militar yanqui, la Marina del Reino Unido, anunció 2 de abril de 2020 el envío de un buque de guerra al Caribe con un doble propósito: “Apoyar a sus territorios de ultramar durante la temporada de huracanes, pero, de ser necesario también, reforzar los esfuerzos del país contra el coronavirus; argumento difícil de creer, pues ante los recientes desastres en el Caribe, el Reino Unido no mandó ningún barco, ni tropas para ayudar a los miles de damnificados en sus ex colonias.

Francia también despacha hacia las costas de las Antillas francesas y la Guayana Francesa, el buque de asalto anfibio Desmande, fuertemente armado y con 35 helicópteros de ataque y capacidad de participar en acciones ofensivas, con la posibilidad de convertirlo en buque hospital.

Según justificó el presidente Emmanuel Macron: “Se trata de una operación militar sin precedentes, dedicada a apoyar servicios públicos y al pueblo francés en las áreas de salud, logística y protección”.

Conmueve el “sentimiento de humanidad” de ambos países que padecen de una crisis ante la pandemia del Covid-19, unido al descontento popular por las medidas neoliberales que afectan a sus trabajadores.

Donald Trump ha expuesto que entre las variantes para derrocar al presidente Maduro y frustrar la Revolución Bolivariana, está la intervención militar.

Tienen previsto un anillo militar, compuesto por tropas de asalto basificadas en las bases colombianas y otras para el control y monitoreo, ubicadas en las bases Reina Sofía, de Aruba, y Hato Rey, en Curazao, y posiblemente la base de Palmerola, en Honduras, la mayor instalación extrajera en Latinoamérica, sirva como centro de operaciones, plan contenido en documento del Comando Sur, denominado “Operación Venezuela Freedom-II”.

El 11 de marzo 2020 el Almirante Craig Fallar, anunció la decisión de desplegar una fuerza militar marítima del Comando Sur, para “defender la democracia” en América Latina, combatir el narcotráfico y frenar la influencia de Rusia y China, alrededor de Venezuela”.

Las fuerzas movilizadas incluyen destructores de la Armada, barcos de la Guardia Costera, buques de combate, helicópteros, aviones de patrulla P-8 y aviones de la Fuerza Aérea E-3 AWACS y E-8 JSTARS, para labores de vigilancia, control y comunicaciones.

El general Mark Miley, presidente del Estado Mayor Conjunto, confesó que hay involucrados miles de marineros de guardacostas, soldados, pilotos y marines, situación que reafirma la decisión de invadir a Venezuela próximamente, a pesar del precio que pagarán los yanquis. Un avión E-3 AWACS cuesta más de 250 millones de dólares y Venezuela posee el armamento necesario para destruirlo.

Los autores de esa irresponsabilidad, que involucra a toda la región, son Donald Trump; Elliott Abrams, asesor para Venezuela; Mark Espera, secretario de Defensa; Robert O’Brien, director del Consejo de Seguridad Nacional y William Bar, fiscal general de Estados Unidos, quienes comerán el polvo de la derrota en esa operación, la cual tendrá un alto costo en vidas humanas y recursos para ambas partes, porque el pueblo venezolano defenderá con los dientes su soberanía, mientras los yanquis solo buscan apoderarse de las riquezas naturales.

En estos momentos recordamos a José Marta cuando alertó:

“Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas.

 

 

Solicitudes de ayuda por desempleo alcanzan nuevo récord en Estados Unidos por el coronavirus.


No es propaganda comunista, es la realidad reflejada por el diario El Nuevo Herald de Miami, donde se expone la verdadera cara del capitalismo salvaje, como bien lo calificara el Santo Padre, San Juan Pablo II, donde lo primero es el dinero y lo último son los seres humanos.

Cada cual puede sacar sus propias conclusiones, pero cuando la pandemia haya sido controlada, el mundo tendrá que cambiar porque de seguir así el futuro será el hambre de millones de seres humanos sin empleos, ni salud y educación, las cuales deberán ser gratuitas para realmente garantizar los verdaderos derechos de los seres humanos.

El Nuevo Herald.       02 de abril de 2020.  08:40 AM.

“Las solicitudes de subsidios por desempleo alcanzaron un nuevo récord la semana pasada en Estados Unidos con 6.6 millones, en momentos que la epidemia del coronavirus ha obligado a cerrar empresas en todo el país, informó este jueves el Departamento de Trabajo.

Estos datos sobre la semana terminada el 28 de marzo representan el doble de las peticiones registradas la semana anterior cuando 3.3 millones de empleados solicitaron los beneficios por desempleo, lo que entonces ya marcó un récord.

En Estados Unidos, donde la epidemia se ha cobrado más de 5,000 fallecidos y hay más de 200,000 casos confirmados, las grandes ciudades se han convertido en lugares fantasma con los negocios cerrados y las calles vacías.

En este contexto en que las autoridades intentan atajar el avance la de epidemia -que en el mundo ha dejado más de 940,000 infectados y más de 47,000 muertos-, los únicos negocios abiertos son las tiendas de comida y los hospitales.

Estas cifras revelan la magnitud que tendrá esta crisis, ya que son las primeras desde que las medidas de confinamiento y las restricciones se hicieron más generales en el país, que esta semana pasó a ser la nación con más casos en todo el mundo.

El miércoles el indicador ADP, que mide las nóminas en el sector privado, mostró que se perdieron 27,000 empleos, pero esta encuesta es mensual, por lo que los datos no reflejan el rápido cambio de la situación.

Sin embargo, este marcador mostró un indicio preocupante de que las pequeñas empresas habían perdido empleo a un ritmo que no se veía desde la peor parte de la crisis financiera global a principios de 2009.

Según analistas, los datos de abril pueden ser desastrosos y mostrar cifras que hubieran parecido inimaginables en el rango de entre 10 y 20 millones.

El viernes se publicarán las cifras de desempleo de marzo, pero estos datos no son un reflejo de la magnitud de la crisis por la forma en la que estas estadísticas son compiladas”.

Los ricos solo piensan en sus bolsillos, el bienestar de los demás no es problema de ellos, al final en el capitalismo es sálvese quien pueda.

No por gusto expresó José Martí:

“Nadie tiene el derecho de dormir tranquilo mientras haya un solo hombre infeliz”

 

Cólera yanqui ante fracasos contra Venezuela.


Por Arthur González.

Ante los constantes fracasos por derrocar a la Revolución Bolivariana de Venezuela, Washington no ha encontrado más acciones y ahora preparan a la opinión pública para lanzar la invasión militar, vieja fórmula empleada en América Latina y otros países del mundo.

Desde que Hugo Chávez ganó las elecciones en Venezuela, Estados Unidos inició sus planes subversivos, hasta llegar al bochornoso golpe de Estado, con el apoyo político de su peón José María Aznar. Aquella maniobra les salió mal y Chávez regresó victorioso a Caracas, dándole más dolores de cabeza al imperio.

Ni las acciones de terrorismo llevadas a cabo por la llamada oposición venezolana, entrenada, abastecida y financiada por la CIA, ni la guerra económica, comercial y financiera, y menos aún el intento de proclamar a un títere como presidente del país, sin ser electo por el pueblo, les ha resultado y por tanto no ven más salida que la intervención militar.

Ante el nuevo escenario que se avecina en la región, con un México que no se les subordina, una Argentina sin Macri, un Chile al borde del colapso, Bolivia a las puertas de elecciones donde el partido MAS se vislumbra como favorito y Ecuador a la espera de enviar loma abajo al traidor Lenin Moreno, Estados Unidos parece querer adelantar sus planes militaristas.

Para dar ese peligroso paso, Estados Unidos ha desempolvado viejos planes aplicados contra Cuba, y para ello echan a rodar sus libretos de guerra psicológica, al declarar:

“La Revolución bolivariana adelantada por Chávez, terminó desvirtuándose al poco tiempo de sus ideales socialistas, para quedar reducidos a las actividades del narcotráfico”, por eso acusan de narcotraficantes al presidente Nicolás Maduro y a otras figuras su gobierno.

Ese mismo argumento lo empleó la CIA en su Programa de Acciones Encubiertas contra Cuba, marzo 1960, que dice:

“Se alentará al Consejo adoptar como lema Restaurar la Revolución, para que desarrolle una posición política que se avenga con el lema y se dirija al pueblo cubano como una alternativa política atractiva a la de Castro”.

Dicho Programa culminó con la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en abril 1961.

Aunque llevan 60 años de frustraciones con Cuba, los nuevos oficiales de la CIA retoman viejos planes, con la esperanza de obtener una victoria. También recurren a la estratagema de declarar a Venezuela como país “patrocinador del terrorismo”, algo que hicieron contra la Revolución cubana, como regalo electoral a los grupos de presión política más poderosos de Estados Unidos, entre ellos el lobby anticubano.

El ser declarado como Estado “patrocinador del terrorismo”, es un arma legal empleada para justificar un conjunto de sanciones, incluso contra terceros países, en violación de leyes internacionales por su carácter extraterritorial.

Las leyes de Estados Unidos permiten que un país así calificado y sus funcionarios, no tengan inmunidad jurisdiccional en las cortes estadounidenses, por ese motivo solo castigan a los gobiernos que no son de su agrado.

Informes fabricados por organizaciones estadounidenses sirven de base a la Casa Blanca para sancionar a su antojo, mientras Estados Unidos, principal promotor y refugio de terroristas, no se menciona ni condena, a pesar de sus Programas y Planes especiales desclasificados, como pruebas irrebatibles de su actuar terrorista.

Estados Unidos posee amplia experiencia en acciones militares, mediante el empleo de pretextos creados por la CIA, tal y como le comentó el director Allen Dulles, al embajador británico, a quien le aseguró que “al negarle a Cuba la compra de armas en occidente, forzaban a Castro a comprarlas en el bloque soviético y en el caso de Guatemala, un envió de armas soviéticas creó la justificación a la CIA para derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz”.

Nicolás Maduro y su pueblo resisten agresiones ejecutadas por los yanquis, dirigidas a crear disgustos populares por las limitaciones de alimentos, medicinas y artículos de primera necesidad, la persecución comercial y financiera, actos terroristas contra fábricas, e incluso en la industria petrolera.

La construcción del Títere, Juan Guiado, y la presión ejercida sobre países aliados para que fuera reconocido, les salió mal, pues pasado un año de su auto proclamación continua sin respaldo popular y afloran sus vínculos con narcotraficantes colombianos y el enriquecimiento ilícito.

Las campañas mediáticas elaboradas para satanizar a Maduro son permanentes, la matriz de opinión va dirigida contra su capacidad intelectual, su ética y moral, les disparan a todos los puntos de su vida personal y política para sembrar la idea de que es “corrupto y se enriquece” con negocios ilícitos.

Acusaciones de supuestos abusos contra los derechos humanos, incluidos asesinatos extrajudiciales, torturas y arrestos arbitrarios, fueron respaldadas por Michelle Bachelet, en total complicidad con Estados Unidos, pero la verdad prevaleció y ella quedó desenmascarada al no asumir una posición similar ante las violaciones en Chile y Bolivia, avaladas con imágenes públicas, algo que en Venezuela no sucede.

Invenciones disimiles genera la CIA sin obtener una sola victoria, como las acusaciones descabelladas que Maduro alberga y trabaja con Hezbollah respaldado por Irán, algo risible.

Ante los fracasos de esas cruzadas asumen la acusación del narcotráfico, olvidándose que hasta la fecha las mismas autoridades yanquis aseguran que el 90% de la droga que ingresa a Estados Unidos, proviene de Colombia y los principales canales de tránsito son el Pacífico con el 84% del tráfico y no el Caribe, que apenas tiene un 7% del tránsito de la droga ingresada ilegalmente a Norteamérica.

Esa realidad no les importa para sus nuevos planes, hay que imputar a Maduro a toda costa, por eso el 26 de marzo 2020 el Departamento de Justicia lo acusó, junto a Diosdado Cabello, “de convertir a Venezuela en un Narco-Estado que auspicia el terrorismo, uniéndose a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia para exportar toneladas de cocaína hacia Estados Unidos”.

Cabe preguntarse, ¿por qué ahora realizan tal acusación, siendo Maduro uno de los hombres más perseguidos y vigilados por la CIA y otras agencias de inteligencia?

En un regreso a la época de los cowboys, William Barr, Fiscal General, anunció una recompensa de 15 millones de dólares por informaciones que ayude a capturar a Maduro, unido a otros 10 millones adicionales por 12 funcionarios o ex miembros de su administración, entre ellos el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López. ¿Es democracia pagar por la cabeza de jefes de Estado?

La impotencia yanqui es evidente y acuden a métodos violatorios de cuanta ley internacional existe y los derechos humanos que dicen defender; a la vez presionan a empresas y gobiernos extranjeros para que no le vendan a Venezuela medicinas y equipos para enfrentar la pandemia del Covid-19.

Estados Unidos parece estar jugando su última carta por cambiar el régimen en Venezuela y fabrican argumentos que justifique su intervención militar, pero como afirmara José Martí:

“Contra la verdad nada dura”.

 

 

 

Trump solo piensa en el dinero, no en la vida de los seres humanos.


Por Arthur González.

No hay dudas que el presidente Donald Trump está más interesado en el dinero que en salvarle la vida a millones de estadounidenses, ante el avance descontrolado de la pandemia del coronavirus que ya infestó a más de 46 mil personas y mató a unas 600, cifras que crecen por horas.

El estado de New York es el más afectado, donde la situación se hace muy crítica ante la falta de personal de la salud, equipos de ventilación y medios de protección, mientras el Presidente en conferencia de prensa le resta importancia a la pandemia al expresar:

“Los accidentes de automóviles son muchos más que cualquier número del que estemos hablando sobre el coronavirus y eso no significa que vayamos a decirle a todo el mundo que deje de conducir autos”.

Desde enero que se conocieron las dimensiones que tomaba la situación sanitaria del coronavirus, el gobierno de Estados Unidos no tomó acción alguna, pensando que, a ellos como “súper hombres”, no los afectaría y ahora su población paga caro los errores de sus gobernantes, que solo temen que la economía se afecte, algo confirmado por Trump al anunciar durante conferencia de prensa el 13.03.2020:

“Estoy considerando rebajar las medidas del Gobierno para frenar la propagación del covid-19, por el impacto negativo que están teniendo en la economía”.

¿Qué lugar ocupan los derechos humanos para el Presidente, al que solo le interesan las bolsas de valores y no la salud de sus ciudadanos?

En sus convicciones no hay equívocos y por eso afirmó:

“Esto puede crear un problema mucho mayor que el problema con el que empezamos, Estados Unidos no quiere perder empresas ni perder trabajadores”.

Todos los países toman medidas drásticas ante el avance de la pandemia, donde los muertos suman centenares por día, a pesar de la terrible afectación que tendrán sus economías, a la vez que buscan soluciones para los trabajadores que no pueden asistir al trabajo, pero Trump hace lo contrario, inactividad total, sumada a la del Congreso que, ante ese dantesco escenario de muertos y enfermos, no llega a un acuerdo para salvar vidas.

Los magnates están preocupados por sus negocios, dejando en un segundo plano la vida de los ciudadanos, algo que ratifica el carácter inhumano de ese sistema que se auto proclama “paladín de los derechos humanos”.

En momentos tan cruciales para la salud de millones de personas, los banqueros solo se intranquilizan por la crisis económica, temiendo que sea peor que la sufrida en el año 1929, algo que irremediablemente sucederá ante los miles de enfermos que no pueden asistir a sus trabajos y por tanto las producciones se verán reducidas, pero sino asumen una cuarentena como hizo China, la pandemia dejará más muertos entre los yanquis que las ocurridas durante las últimas guerras.

Trump se muestra enajenado ante la hecatombe que le espera y solo repite como un desequilibrado:

“Estados Unidos volverá, y pronto, a estar en funcionamiento, mucho más pronto que tres o cuatro meses como algunos sugieren. No podemos permitir que el remedio sea peor que la enfermedad”. Nuestro país no fue construido para ser cerrado”.

El coronavirus no solicita el monto de las cuentas bancarias para infestar y menos los cargos que ostentan sus víctimas, por eso están contagiados hombres de negocios, representantes y senadores, lo mismo que cualquier simple obrero, un homeless o un inmigrante sin documentos legales, situación que el mandatario no quiere ver.

Ya Nueva York suma 157 muertos y más de 20 mil infectados, entre ellos médicos, personal de la salud y hasta la policía, que reporta 129 agentes contagiados.

Una idea clara del pandemónium que vive hoy ese país, se refleja en la petición que le hicieran a Trump, varios gobernadores estatales y otros funcionarios, para que aplique iso facto la Ley de Defensa de la Producción, lo que permitiría al gobierno acelerar la producción de equipos y medios necesarios para salvar y proteger a la población, pero el presidente respondió: “tengo dudas, porque nacionalizar nuestros negocios no es un buen concepto”.

Esa forma de pensar es usual para hombre como él, nacido en cuna de millones de dólares, graduado en ciencias económicas, en la especialidad del sector inmobiliario. Su principal interés es hacer dinero sin mirar al prójimo, de ahí que en febrero 2018 la revista Forbes lo ubicara en el puesto 766, entre las personas más ricas del mundo, con un valor neto de 3 mil 100 millones de dólares. ​

Un gobernante diseñado para ganar millones no piensa jamás en su pueblo y eso lo pudieron escuchar los estadounidenses el 16 de septiembre de 2015, durante el segundo debate entre los precandidatos presidenciales del Partido Republicano, transmitido en vivo por la cadena CNN, donde sin el menor sonrojo dijo:

Soy un hombre muy rico”. “Yo manejo un gran negocio con números, uno en todos lados”. “Necesitamos mi manera de pensar y mi carácter para traer de vuelta el país. Por lo tanto, mi temperamento es bueno”.

En 2016 The Economist, publicó un análisis de la carrera empresarial de Trump,  en que concluyó:

“Su desempeño de 1985 a 2016 ha sido mediocre, en comparación con el mercado bursátil y la propiedad en Nueva York, teniendo en cuenta tanto sus éxitos como sus quiebras”. ​

Mientras The Washington Post afirmaba:

“Trump es una mezcla de fanfarronería, fracasos comerciales y verdadero éxito, y las quiebras de su casino son el fracaso más infame de su carrera comercial”.

La demora en la toma de medidas traerá como consecuencia una montaña de muertes, ante el crecimiento de la pandemia, situación que tendrá que cargar Trump sobre su endeble conciencia, observando con ansiedad como sus ambiciones de reelección de evaporan en cuestión de días.

Exacto fue José Martí cuando expresó:

“En los Estados Unidos el afán por la riqueza pervierte el carácter y hace a los hombres indiferentes”

 

 

 

Mientras atacan a Cuba, el sistema de salud y seguridad social de Estados Unidos se tambalea.


Por Arthur González.

Cuba sometida a una despiadada guerra económica, comercial y financiera desde hace 60, con el propósito de matar a su población de hambre y enfermedades, demuestra que tiene organizado un sistema de salud gratuito, capaz de enfrentar la actual pandemia del Coronavirus, unido a su seguridad social que no deja desamparado a ningún trabajador, algo solo alcanzable con un gobierno donde el ser humano es lo más importante.

Enemigos de Cuba no cesan de señalar manchas y acusaciones falsas, mediante campañas de prensa, especialmente por las redes sociales, pero callan el caos que experimentan sistemas de salud en países desarrollados, entre ellos los Estados Unidos, donde salen a luz las múltiples deficiencias de su sistema, por ser la salud pública un negocio.

Cuando en enero se conoció la magnitud de la epidemia del Coronavirus en China, Estados Unidos le restó importancia con su acostumbrada prepotencia de que a ellos no los afectaría, por tanto, no prepararon su sistema de salud, ni orientaron a la población a tomar medidas para prevenir la enfermedad, en las fronteras no aplicaron planes para detectar pasajeros con fiebre, ni otras acciones que pudieron evitar el contagio.

Cuba desde el inicio preparó a su personal de salud en las fronteras, centros turísticos y de servicios, instruyó al pueblo sobre las medidas higiénico sanitarias que deben asumir para evitar la propagación del virus, organizó rápidamente sus hospitales y otros centros para garantizar el aislamiento de enfermos y sospechosos, puso en marcha el sistema de monitoreo a nivel de barrios con los médicos y las enfermeras que atienden a cada familia y en su momento cortó la entrada de extranjeros.

En todas las escuelas y centros de trabajo dispuso el lavado de manos con hipoclorito de sodio y la limpieza de cuanta superficie pudiera servir de reservorio al virus.

Nada es perfecto, pero existe un sistema capaz de enfrentar la pandemia y la conciencia popular educada, algo de lo que carecen otros países con economías fuertes y sin la guerra económica y financiera que soporta la Isla.

Sin embargo, esos que se pasan el día viéndole manchas al sol en Cuba, no hacen lo mismo contra Estados Unidos u otros países, donde la falta de un sistema de salud popular gratuito, ha costado cientos de vidas.

Estados Unidos enfrenta carencia de material de seguridad necesario para sus médicos y enfermeros que luchan contra el Covid-19, como máscaras, guantes y ropa quirúrgica, exponiéndolos al contagio.

Donald Trump no ha puesto en marcha un plan de contingencia nacional, no le informa a su pueblo que se hace para enfrentar la pandemia, ordena fabricar priorizadamente esos medios de protección, unido a ventiladores y otros suministros necesarios para salvar vidas.

Estados Unidos evidencia la carencia de kits de pruebas, ni decreta reglas de contingencia para atender, sin costo alguno, a personas carentes de recursos económicos, donde la medicina es una industria de hacer dinero.

A más de tres meses de iniciarse la pandemia, Estados Unidos no tiene un plan de rescate económico para sus ciudadanos y el Congreso y la Casa Blanca no se ponen de acuerdo para aprobarlo, a pesar de que las cifras de infestados, sospechosos y muertos aumenta por horas.

No existe seguridad económica para los trabajadores que son enviados a sus casas por el cierre de centros comerciales, de servicios y otros, el gobierno no los respalda y se quedan sin recursos para alimentar a sus familias, pagar la renta y el seguro médico, escenario muy diferente al de Cuba, pero los críticos solo señalan la escasez de alimentos y jabón de baño, obviando los daños de la guerra económica que sufren los cubanos, ni de las ventajas del sistema de salud y seguridad social que disfrutan.

Congresistas demócratas y republicanos no acuerdan un plan de ayuda económica, porque los intereses de las clases dominantes son mayores al del pueblo, mientras las horas pasan y crecen los enfermos, muertos y desempleados.

Trump solo piensa en su reelección y en la caída de las bolsas que puede ser decisiva para sus aspiraciones, el pueblo no está entre sus prioridades. Como parte de su campaña de imagen hace promesas y ofende groseramente a periodistas, asumiendo conductas dictatoriales.

Mientras la inacción está presente en el Congreso y la Casa Blanca, Bill de Blasio, alcalde de la ciudad de Nueva York, alerta que los meses de abril y mayo serán mucho peores, suplicándole a la Casa Blanca medidas para ayudar a la compra de equipos de respiración asistida y otros suministros médicos, responsabilizando a Trump por no mover un dedo para ayudar, aun cuando conoce que más de 100 millones de estadounidenses están en cuarentena, otros 30 mil contagiados y la cifra de muertos supera los 300.

En Florida, el Departamento de Salud informó mil infestados con el Covid-19 y 13 muertos, y no existen suficientes camas para atender a los enfermos, si las cifras continúan creciendo.

Al carecer de un sistema de salud primario como el de Cuba, muchos de los contagiados están entre las personas que regresan del extranjero sin asistir al médico, porque el seguro les cobra la visita y al quedarse en sus casas, infestan a la familia.

Dándole la espalda a esa grave situación interna, Trump hace politiquería, enviándole una carta personal al líder norcoreano, Kim Jong-un, “como muestra de mi disposición para impulsar las relaciones”, ofreciéndose a cooperar en la lucha contra la pandemia de coronavirus.

Quizás pretende copiar a los 52 profesionales cubanos del sector de la Salud que viajaron a Italia para ayudar, no por dinero sino por humanismo y amor a la profesión, unido a 140 que arribaron a Jamaica para luchar contra la pandemia, más otro tanto en Venezuela y Nicaragua, algo que los médicos yanquis no hacen.

Esa es la diferencia que no soportan, porque como aseguró José Martí:

“Cuba no anda de pedigüeña por el mundo, anda de hermana”.

 

60 años de la declaración de guerra de los Estados Unidos contra Cuba.


Por Arthur González.

El 17 de marzo de 1960, coincidiendo con el santoral de San Patricio, el presidente republicano Dwight Eisenhower, le daba su aprobación a la CIA para ejecutar el primer Programa de Acciones Encubiertas contra la Revolución cubana, con el objetivo de destruir el proceso que despedazó la subordinación de Cuba a los Estados Unidos.

Fidel Castro no era aceptado por Eisenhower desde antes del 1ro de enero de 1959, sentimiento recogido en el acta de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, celebrada el 23 de diciembre de 1958, donde el director de la CIA, Allen Dulles y el mismo presidente de los Estados Unidos, afirmaron: “hay que evitar la victoria de Castro”.

A la vez, Eisenhower orientó buscar una tercera persona, ni Fulgencio Batista ni Fidel Castro, sino un hombre capaz que pudiera crecer en fortaleza e influencia, al que le darían suficiente dinero y armamentos, para lograr la dirección política de Cuba.

Ante la derrota del ejercito batistiano y la huida del dictador, Fidel Castro entraba triunfante en el escenario político cubano, a pesar de los esfuerzos yanquis por impedirlo. Por ese motivo Estados Unidos tomó la decisión de minarlo desde adentro y para eso la CIA tenía que repetir el plan ejecutado años antes en Guatemala, contra el presidente Jacobo Arbenz.

El objetivo del Programa de Acciones Encubiertas contra Cuba expone explícitamente:

Provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos, de manera tal que se evite cualquier asomo de intervención estadounidense”.

Esa negación ante la opinión pública, fue el requisito impuesto por Eisenhower, por si ocurría algún descalabro, poder decir que “no sabía nada de lo que la CIA había ejecutado”.

Para alcanzar dicho objetivo se establecieron varios procedimientos o metas, las que recogen:

Fabricar una oposición cubana responsable, atractiva y unificada al régimen de Castro, que se declare públicamente como tal, por lo que debe estar necesariamente ubicada fuera de Cuba”.

Esa “oposición” se construiría con elementos de la tiranía batistiana y testaferros de su política, con los cuales la CIA ya tenía contactos, preparándolos con el fin de “conformar una entidad política en forma de Consejo o Junta, integrada por tres grupos de aceptables”.

El lema que la CIA decidió utilizar era el de “Restaurar la Revolución”, acusando a Fidel Castro de haber traicionado los principios de la misma.

“Iniciar una poderosa ofensiva propagandística en nombre de la   oposición declarada”.

El fin era emplear una emisora radial clandestina, que transmitirá por onda larga y corta desde la isla Swan, en Honduras, para debilitar la base del apoyo popular a Castro. Así nacía la conocida Radio Swan que trasmitía noticias falsas, como parte de la guerra psicológica.

Desde esa emisora se emitieron las campañas de la inventada Ley de pérdida de la patria potestad, dando a luz a la Operación Peter Pan, que, bajo el terror infundido fueron enviados por sus padres hacia Estados Unidos, 14 mil 48 niños sin acompañantes, criminal acción diseñada por los jefes de la CIA, en contubernio con la Iglesia Católica.

“Creación de una organización secreta de inteligencia y acción dentro de Cuba, que responderá a las órdenes e instrucciones de la oposición en el “exilio”.

Con esa organización, la CIA buscaba obtener informaciones importantes de inteligencia, gestionar la infiltración y ex filtración de individuos de su interés, ayudar en la distribución en Cuba de propaganda, planear la disidencia de individuos claves y organizar grupos de apoyo a sus planes subversivos.

En esa época la CIA organizó y dirigió una veintena de redes con cerca de 500 agentes para la recolección de información militar, económica y política de Cuba, para trazar sus planes de terrorismo, reclutamiento de personas y la traición de funcionarios gubernamentales.

Paralelamente en territorio yanqui organizaron una fuerza paramilitar, con los mecanismos para el apoyo logístico a operaciones militares encubiertas en la Isla, con la intensión de crear focos contrarrevolucionarios en las zonas campesinas, que posibilitaran conformar una oposición armada a la Revolución.

“Evitar la rivalidad que perturbe y divida a los principales líderes cubanos de la oposición, en su papel de dirección dentro de la organización. Seleccionar a un presidente que sea un político juicioso, no ambicioso y eminente. Para derrocar a Castro se debe seleccionar a un líder, con apoyo norteamericano concentrado sobre él y fortalecido con la tarea a realizar”.

“La CIA tendrá que tener contactos directos con cierto número de cubanos y, para protegerlos, utilizará cuidadosamente como cobertura a un grupo de hombres de negocio norteamericanos, los cuales tienen interés marcado en los asuntos cubanos y desean apoyar a la oposición. Esos hombres de negocio actuarán como un mecanismo de financiamiento y a la vez como una vía para la dirección y apoyo al directorio de la oposición, bajo condiciones controladas por oficiales de la CIA.”

Estas acciones fueron desmanteladas por la Revolución cubana con el apoyo del pueblo, algo que no tuvieron en cuenta los dirigentes yanquis, al menospreciar la conciencia revolucionaria fortalecida a diario en torno a su máximo líder.

60 años después, la CIA repite sus mismos errores, tanto en Cuba como en Venezuela, país al que le aplican similares planes, a pesar de sus permanentes fracasos.

Ni ese ni los subsiguientes Programas de Acciones Encubiertas pudieron derrocar a la Revolución cubana, ni tampoco asesinar a Fidel Castro, a pesar de los centenares de planes.

Hoy la política yanqui no es secreta ni encubierta, es abierta y pública, lo que demuestra su verdadera faceta de emperadores del mundo, y aun así lo que recogen son más fracasos, porque como dijo José Martí:

“Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, detiene a un escuadrón de acorazados”.

Cuando el presidente Bill Clinton entregó el poder a la mafia terrorista anticubana.


Por Arthur González.

  Se iniciaba el año 1996 y la mafia terrorista anticubana radicada en Estados Unidos, veía con odio como el gobierno del presidente William Bill Clinton daba señales de un posible mejoramiento de las maltrechas relaciones con su vecino cubano, al desarrollar su política de Pueblo a Pueblo, permitiendo un tibio acercamiento con delegaciones de estudiantes estadounidenses a Cuba y de otros sectores de esa sociedad.

Varios senadores y representantes llegaban a la Habana y eran recibidos por el propio Fidel Castro, algo que la mafia observaba con disgusto y por tanto tenían que diseñar alguna provocación que impidiera esa peligrosa aproximación, según la consideraban ellos.

Ante ese escenario la representante Ileana Ros-Lehtinen intervino como facilitadora de la compra de varias avionetas, por parte de la organización contrarrevolucionaria Hermanos Al Rescate, con el fin de que esta iniciara varios vuelos ilegales a Cuba.

Tales vuelos eran para violar de forma reiterada el espacio aéreo cubano y lanzar a baja altura, propaganda en contra del gobierno cubano donde llamaban a la sublevación, acción riesgosa por hacerlo encima del populoso barrio del Vedado, en el cual se ubican los principales hoteles, ministerios, la universidad de la Habana, cinco hospitales, y los edificios de mayor altura del país.

Cuba denunció públicamente esas provocaciones e incluso envió mensajes al propio presidente Clinton, a través de una delegación de militares retirados que visitó la Isla.

Ninguna de esas denuncias fue escuchada, a pesar de la alerta de que no se permitirían otras provocaciones similares.

El gobierno cubano tenía muchos antecedentes de violaciones del espacio aéreo, cuando el 11 de octubre de 1959, a solo 10 meses del triunfo revolucionario, aviones procedentes de los Estados Unidos incursionaron en tres ocasiones sobre zonas de las provincias de Pinar del Río y Camagüey, donde bombardearon centrales azucareros.

El 21 del mismo mes y año, otro avión voló sobre la capital cubana y lanzó bombas, que dejaron un saldo de dos muertos y 45 heridos. El piloto de dicho avión era el desertor de la Fuerza Aérea de Cuba, Pedro Luis Díaz Lanz, quien días después lo admitió en declaraciones ante el FBI, sin que fuera detenido ni sancionado.

Un día después, el 22 de octubre, otra aeronave procedente de los Estados Unidos bombardeó un tren de pasajeros cuando recorría la provincia de Las Villas.

Al año siguiente, el 12 de enero de 1960 bombas incendiarias caían sobre campos de caña de azúcar en La Habana y el 21 de enero un avión también procendente de Estados Unidos, lanzaba cuatro bombas de cien libras sobre La Habana, causando cuantiosos daños materiales.

Acciones similares se produjeron el 28 y 29 de enero, cuando cinco aviones bombardearon campos de caña en las provincias de Camagüey y otros tres en Oriente. Actos idénticos suceden el 7 de febrero de 1960 en Camagüey, y el 23 sobre Las Villas y Matanzas.

En esta última provincia, el día 18 fue abatido un avión que atacó un central azucarero, donde resultó muerto el piloto yanqui, Roberts Ellis Frost.  En los documentos rescatados consta que en tres oportunidades anteriores había violado el espacio aéreo cubano, hechos reconocidos por el Departamento de Estado, ante las evidencias presentadas.

La lista de actos iguales es larga, por lo que Cuba ante las constantes provocaciones de la organización Hermanos Al Rescate, y su negativa de suspenderlas, decidió derribar a dos de las tres aeronaves en su nueva violación del territorio nacional.

Al tratarse de un plan concebido para lograr ese suceso, la mafia terrorista con representación en el Congreso yanqui, conformó un show mediático, haciéndole creer a la opinión pública que los pilotos de Miami eran inocentes y Cuba, la agredida, era la responsable del hecho, lo que condujo a fuertes presiones contra el presidente Clinton, conminándolo a que el 12 de marzo de 1996 aprobara la execrable Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas, conocida como Ley Helms-Burton.

Con su firma, Clinton le regaló al Congreso el derecho, que tenían hasta entonces los presidentes de Estados Unidos, de derogar el mal llamado Embargo contra Cuba, imponiéndole sanciones más fuertes con el propósito de matar por hambre y enfermedades a su pueblo.

La citada Ley “Libertad”, incrementa las medidas de guerra económica, comercial y financiera, establecidas en 1962 por el presidente John F. Kennedy, sancionando además a los bancos extranjeros que otorguen financiamientos a Cuba y otras medidas como la persecución de los extranjeros que inviertan en la Isla.

Triste día para la historia, donde se puso de manifestó como un grupo de terroristas secuestraron las facultades del presidente de los Estados Unidos, ante intereses espurios contra un pueblo, cuyo único delito fue decidir caminar soberanamente sin cadenas imperiales.

Mucha razón tenía José Martí cuando afirmó:

“Nada más justo que dejar en punto de verdad las cosas de la historia”.