No hay casualidad en la actuación de la contrarrevolución cubana.


Por Arthur González.

Con el propósito de vincular a la alta curia católica cubana a tomar una posición en contra de la Revolución, el fracasado grupúsculo contrarrevolucionario denominado Estado de SATS, encabezado por Antonio Enrique González-Rodiles, desde hace días divulga por las redes sociales una supuesta carta abierta, firmada por “un centenar de personas”, dirigida al Cardenal Juan de la Caridad García, Arzobispo de La Habana, con copia a la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, con el objetivo de presionarlos para que apoyen la convocatoria a la marcha provocativa del próximo mes de noviembre 2021.

Recordar que Estado de SATS se creó como parte del diseño de la CIA para incorporar a intelectuales y artistas a la llamada “oposición” y que en cada una de las reuniones que efectuó Rodiles en su casa, estuvo presente un oficial de la CIA, acreditado en La Habana como “diplomático”, para comprobar el desarrollo de la actividad, sus participantes y el avance o no del proyecto. Ante el fracaso, Rodiles terminó apoyando las marchas de las Damas de Blanco.

A la actual cruzada mediática, le añadieron desde España otra exhortación por las redes sociales, de un grupito con ropaje de “religiosos”, llamado “Pensemos juntos”, el cual reclama a las comunidades cristianas en Cuba y en la emigración, su apoyo a la provocación diseñada desde Estados Unidos, que pretende acabar con la tranquilidad ciudadana que se disfruta en la Isla.

Los ideólogos de la provocación anhelan desestabilizar al gobierno revolucionario, algo bien gastado que malsanamente intenta arrastrar a la Iglesia Católica. En los años 60 del siglo XX, los yanquis lo intentaron en algunos de sus planes que dicen:

“La CIA continúa explorando sus capacidades (con resultados muy desfavorables hasta el momento) para montar operaciones especiales dentro de Cuba, centradas sobre elementos activos de la población, específicamente operaciones a través de la Iglesia para llegar a las mujeres y sus familiares”.

Uno de los comunicados de esos religiosos, está firmado por el sacerdote contrarrevolucionario Kenny Fernández Delgado y otros laicos como Roberto Veiga Alonso, quien fuera editor de una revista protegida por la Arquidiócesis de la Habana, hasta que fue disuelta por crear un ambiente enrarecido y perjudicial a los intereses de la Iglesia, siendo enviado a España para prepararlo en nuevas tareas subversivas. 

El mensaje de estos “preocupados” por la situación en Cuba, expresa claramente las pretensiones de la denominada “marcha cívica”, que es el Cambio de Sistema, pero los cubanos saben perfectamente que la libertad y la independencia de la Isla no se pueden poner en juego y también conocen qué se esconde detrás del supuesto “civismo” de los contrarrevolucionarios, porque documentos secretos del gobierno de Estados Unidos afirman que:

“La CIA ha concluido que su papel real será la de crear la ilusión de un movimiento popular que gana apoyo exterior, y ayudar a establecer un clima que permitirá actos provocativos en apoyo a un cambio hacia una acción abierta”. “La CIA cree aparentemente que su papel debe ser crear y extender un movimiento popular, prestigioso y real, el cual creará un clima político que puede proporcionar un marco de justificación plausible para la intervención armada”.

Estos argumentos de la CIA son suficientes para comprender que se persigue con la mencionada marcha y quienes andan detrás de su organización.

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La CIA repite su historia contra Cuba.


Por Arthur González.

A pesar detantos fracasos sufridos en 62 años, la CIA y el gobierno de Estados Unidos insisten en derrocar el socialismo en Cuba y para eso repiten viejos planes, como si los cubanos fuesen tontos, olvidadizos e inexpertos.

Es cierto que hay una nueva generación de dirigentes en la Isla, pero todos crecieron bajo la educación histórica de las acciones yanquis para destruir a la Revolución, incluidos los planes de terrorismo de estado, la subversión política y las operaciones encubiertas para asesinar a Fidel Castro, algo que tal parece los actuales funcionarios de la CIA no toman en cuenta y por eso sus acciones se malogran.

El 18 de enero de 1962, el Presidente J.F. Kennedy, amargado por el engaño de la CIA en la invasión por Bahía de Cochinos, le reveló a su hermano Robert Kennedy, Fiscal General: “El último capítulo sobre Cuba no se ha escrito todavía, hay que hacerlo y así se hará”.

Esa decisión le fue comunicada al nuevo director de la CIA,con el siguiente señalamiento:

“Una solución del problema cubano constituye en estos momentos una alta prioridad del gobierno de Estados Unidos, todo lo demás es secundario y no se escatimará en tiempo, dinero, esfuerzos o recursos humanos”.

Nada ha cambiado, parece dicho ayer, de ahí que se desgasten en sus deseos y con la provocación ideada para el 15 de noviembre 2021, con una supuesta marcha gestada desde Estados Unidos, utilizando la imagen del dramaturgo Yúnior García y del terrorista Orlando Gutiérrez Boronat.

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La sociedad corrupta que quieren imponer en Cuba.


Por Arthur González.

Estados Unidos nunca aceptará que en Cuba exista una sociedad socialista con valores diferentes a los de ellos, donde el ser humano ocupa el lugar más alto y la niñez es protegida como el tesoro más preciado. Por esa razón, una de las primeras medidas tomadas después del triunfo de enero de 1959 fue la reforma integral de la educación, estableciéndose gratuita, universal para todos y obligatoria hasta la culminación del 6to grado, posteriormente incrementado hasta el noveno grado.

Otra de las decisiones tomadas fue el programa de vacunación para todos los niños sin costo alguno, que actualmente abarca 14 vacunas, incluida recientemente contra la Covid-19, bajo el precepto de que Nada es más importante que un niño.

Cuba fue uno de los primeros países en firmar y ratificar la Convención sobre los Derechos del Niño, por ser parte de la política de la Revolución.

La protección de los niños es primordial en Cuba, pero los que pretenden derrocar el socialismo para implantar nuevamente el capitalismo en la Isla, deberían trabajar en limpiar de estiércol la sociedad yanqui, como es su industria de la pornografía infantil y el abuso que sufren los menores en ese capitalismo inhumano.

Diariamente la prensa estadounidense y de otros países capitalistas que se auto titulan “ejemplos” de moralidad, publican noticias de abusos sexuales de maestros y policías contra menores y mujeres, hechos que se repiten en un sistema podrido desde la raíz.

Así vemos denuncias contra altos funcionarios por abusos sexuales, como el caso de Donald Trump y otros, pero insisten en venderle al pueblo cubano un modelo turbio.

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Estados Unidos debe pedirle perdón al pueblo cubano.


Por Arthur González.

Estados Unidos, con su política criminal contra Cuba, ha causado sufrimiento y dolor al pueblo, ya no solo con la cruel guerra económica, comercial y financiera que, según sus documentos oficiales, está diseñada para hacer fracasar al gobierno revolucionario, en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, con el marcado propósito de matar de hambre y enfermedades a todos los cubanos.

A estas acciones semejantes a las ejecutadas por los nazis, se suman las de guerra biológica para enfermar a los seres humanos, la fauna y la flora cubana, teniendo como exponentes más significativos la introducción en la Isla de la Meningitis, que  mató y enfermó a miles de niños, el Dengue Hemorrágico que enfermó a 344 mil 203 personas y provocó la muerte de 158, entre ellos 101 niños, la Conjuntivitis Hemorrágica, la Fiebre Porcina Africana, la Seudo Dermatosis Nodular Bovina, laSigatoka Negra que afecta los cultivos de plátanos, la Roya de la caña de azúcar y la Broca del Café, entre una larga lista de enfermedades inexistentes en Cuba.

Como si esto fuera poco, el gobierno de Estados Unidos le ordenó y aprobó a la CIA, incontables planes terroristas, entre estos el incendio de centros comerciales, cines, teatros, escuelas, círculos infantiles, fábricas, refinerías de petróleo, quema de sembrados de caña y otros hechos, que han dejado un saldo de 3 mil 478 muertos y 2 mil 099 discapacitados y enlutan a las familias cubanas. Muchos de sus autores viven libremente en el país que se auto proclama “paladín de los derechos humanos”, como son Carlos Alberto Montaner y Armando Valladares.

Los intentos de asesinato a Fidel Castro, reconocidos ante el Senado estadounidenses, bastan para una condena internacional, a los que se suman los 214 asesinatos ejecutados por las bandas de alzados, organizadas y abastecidas por la CIA, entre ellos 63 campesinos, 13 niños, 9 maestros y brigadistas alfabetizadores, torturados vilmente antes de ser asesinados.

Cuba no olvida los 101 muertos y los 200 heridos en la explosión del buque francés La Coubre, el 4 de marzo de 1960, cuando la CIA intentó impedir que la naciente Revolución se preparara para repeler una agresión militar, como sucedió un año después por Bahía de Cochinos.

Tampoco podrá olvidar las muertes de diplomáticos cubanos en el exterior, por las bombas colocadas en sus embajadas, entre estas las de Lisboa en abril de 1976, donde fallecieron dos funcionarios, o el secuestro y asesinato de dos jóvenes en la embajada cubana en Argentina, ese mismo año.

Un acto terrorista que ha dejado una profunda herida en el corazón de los cubanos, fue la voladura en pleno vuelo de un avión de Cubana de Aviación, el 6 de octubre de 1976, donde perdieron la vida 73 civiles, entre estos los integrantes del equipo juvenil de esgrima que regresaban victoriosos a su patria. Los asesinos, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, fueron recibidos en Miami sin ser jamás condenados por ese y otros crímenes similares.

Para quienes nieguen estos actos, pueden leer uno de los planes de terrorismo que el gobierno yanqui aprobó para aniquilar a la Revolución cubana, donde se refleja hasta donde son capaces de llegar, quienes acusan a otros de patrocinar el terrorismo. Dicho documento, preparado por la CIA para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, de fecha 8 de junio de 1963, titulado: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, y expone que:

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Estados Unidos disfruta con hacer sufrir al pueblo cubano.


Por Arthur González.

Asesorado por senadores anticubanos, demócratas y republicanos, el presidente Joe Biden mantiene todas las sanciones aplicadas por Donald Trump contra Cuba, e incumple sus promesas dichas en su campaña electoral.

El corrupto senador demócrata Bob Menéndez y su aliado republicano Marco Rubio, miembros de la mafia terrorista anticubana, lo presionan para que conserve intacta la política de Trump, a partir de los altos cargos que ocupan en importantes comisiones senatoriales, con la esperanza de destruir a la Revolución cubana, mientras disfrutan el sufrimiento del pueblo cubano, ante la supresión de las remesas familiares, la prohibición de los vuelos procedentes de Estados Unidos a provincias de la Isla, el corte del intercambio cultural y el incumplimiento del programa migratorio, incluidas las visas de reunificación familia y el sorteo internacional.

Menéndez, en un reciente discurso en el Senado, expresó: “la política de Barack Obama hacia Cuba fue un error que no debe repartirse” y le pidió al presidente Bidel aprobar más sanciones, algo que cumplió sin pensar que es el pueblo quien paga por tales decisiones.

La falta de sentimientos en la política yanqui, se pone de manifiesto en la manipulación que hacen con la emigración legal de los cubanos, quienes padecen los desmanes de ese gobierno que no tiene piedad con miles de familias, separadas desde que la CIA, bajo la dirección de Mike Pompeo, le propuso a Trump el plan para justificar el cierre de la misión diplomática en la Habana, aprobada por Obama, como colofón del restablecimiento de relaciones, hecho que enfureció a la mafia anticubana.

Dicho plan consistió en el invento de los inexisten ataques acústicos y la mentira de que estos “afectaron” la salud de sus diplomáticos, quienes “casualmente” son empleados de la CIA, hecho que sirvió de pretexto para cerrar el consulado y por consiguiente hacer más difícil la obtención de un visado para quienes deseen viajar a Estados Unidos.

La crueldad de los yanquis no tiene parangón y se demuestra en la ausencia de humanismo con el tema de las visas, incluidas a los cubanos ganadores del sorteo internacional que lanza anualmente el Departamento de Estado, unas 55 mil visas para todo el mundo y de ellas un poco más de mil para Cuba.

Esas visas deben ser otorgadas dentro del período de un año fiscal y de lo contrario se pierden, algo que sucede con los cubanos que deben viajar a Guayana para ser entrevistados en el consulado yanqui, situación que eleva los costos a sumas considerables para cualquier ciudadano, no solo para los cubanos.

A esa odisea se le unió la pandemia de la Covid, que redujo los vuelos internacionales y el cierre temporal de las embajadas, situación que puso en peligro el sueño de los cubanos de poder obtener su permiso para emigrar legalmente y reunirse con sus familiares cercanos.

Para Menéndez y Rubio, ambos hijos de emigrantes cubanos, esta angustia no les importa, prueba de su falta de humanidad por aquellos que viven separados, debido a la vigencia de una política sin sentido.

Otro tanto ocurre con el acuerdo migratorio vigente entre Estados Unidos y Cuba, donde se comprometieron a otorgar no menos de 20 mil visas anuales, también incumplido desde que Trump asumió la presidencia y prometió a la mafia anticubana incrementar la hostilidad contra el pueblo cubano, quien recibe directamente los efectos de todas las sanciones.

La crueldad contra los cubanos es total y no contra el gobierno como justifican, situación palpable en la cancelación que hizo Trump de las visas múltiples por cinco años, unido a la congelación de la emisión de muchas tarjetas de residencia permanente, incluidas las visas del sorteo internacional, conocido popularmente como Lotería.

El Congreso yanqui, tan “preocupado” por la situación de los derechos humanos en la Isla, no ha tomado acción con los cubanos ganadores del sorteo que perdieron su visa el 30 de septiembre, al no ser recibidos en el consulado de Guyana, situación que no es responsabilidad de los ganadores.

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