Los yanquis y su mafia de Miami no saben que más hacer contra Cuba.


Por Arthur González.

Amargados por sus fracasos permanentes durante 60 años, los mafiosos terroristas de Miami, siguen cocinándose en su veneno y por eso acaban de aprobar una resolución, al mejor estilo de los nazis, contra el arte proveniente de Cuba, algo increíble en el siglo XXI.

La mencionada resolución fue presentada por el alcalde, Francis Suárez y por el comisionado Manolo Reyes, para impedir el intercambio cultural con artistas residentes en Cuba, elevándola al Congreso de Estados Unidos para que formule una ley que permita, a los estados y gobiernos locales, prohibir la contratación de artistas que vienen de Cuba.

El odio de los hijos y nietos de esbirros del dictador Fulgencio Batista es tal que no soportan la auténtica cultura cubana, esa con sabor a ron y tabaco, copiada en Miami por los que un día abandonaron su patria, pensando que la Revolución no duraría 6 meses y llevan ya 60 años sufriendo sus derrotas.

A esos mafiosos les duele que los cubanos de la Isla bailen, canten y gocen con felicidad, a pesar de estar sometidos a una extrema guerra económica, comercial, financiera y biológica, durante más de medio siglo, que no ha podido doblegar a todo un pueblo que disfruta su soberanía e independencia de los Estados Unidos.

La realidad los golpea, porque a pesar de sus planes para convertir a los artistas cubanos que actúan en Miami, en agentes transmisores de sus ideas subversivas, regresan a la patria satisfechos de ofrecer un arte de calidad, al estar formados en prestigiosas escuelas de la Isla, donde estudian gratuitamente, pintores, escultores, bailarines, actores y músicos, algo que no tienen otros países del aérea.

Personajes que se buscan la vida en Miami atacando a la Revolución, como Willy Chirino, Los Tres de La Habana, Amaury Gutiérrez, y el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, ahijado del dictador Fulgencio Batista, dieron su apoyo a dicha resolución.

Sin contar con los ciudadanos de Miami, que sí disfrutan del arte cubano, los defensores de la llamada “democracia representativa”, adoptan decisiones sin tomar en cuenta la verdadera voluntad popular, situación que se les revertirá en las próximas elecciones presidenciales en las que Donald Trump aspira a ser reelegido.

Ese anhelo del actual Presidente le será difícil de materializar, por las medidas que adopta contra los emigrantes latinoamericanos, los portorriqueños afectados por huracanes que aún esperan por la asistencia del gobierno, los cubanos que no pueden reunificarse con sus familiares en Cuba y por quienes tendrán que pagar más dinero por los productos importados desde China, a partir de las nuevas imposiciones arancelarias.

Una realidad que demuestra la división que existe en Miami por la política hacia Cuba la está mostrando Mario Díaz-Balart, miamense Representante en el Congreso por el distrito 25, quien se expresa contra de la política de Trump de cerrar el consulado yanqui en La Habana.

Aunque su verdadero interés es captar votantes en Miami, Mario envió en días pasados una carta al Secretario de Estado, Mike Pompeo, pidiéndole “mejorar el acceso de servicios consulares para cubanos en la Habana”, situación que contradice su apoyo hace dos años a las campañas de mentiras sobre los inventados ruidos que “afectaron” a los diplomáticos yanquis, los que hasta la noche antes de retirarse de Cuba bebían ron y cerveza, en bares y restaurantes habaneros.

Para no buscarse la enemistad total del presidente Trump, Mario le declaró su agradecimiento por dar vía libre a la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton y la prohibición de los cruceros yanquis a Cuba, aplaudiendo la medida por considerarlo como “pasos cruciales para promover la democracia, las libertades esenciales y los derechos humanos en Cuba”, aunque en verdad la misma restringe la libertad de los estadounidenses, al no poder visitar un país tan cercano a los Estados Unidos, donde son recibidos con hospitalidad y amistad.

Los votantes del referido Representante, le escriben molestos por la situación creada en La Habana ante el cierre del consulado de Estados Unidos, situación que les dificulta y encarecen los trámites para la reunificación familiar, algo que para él es una contradicción con la facilidad que poseen los artistas de la Isla para obtener visas y actuar en ciudades norteamericanas.

A la vez, Trump continúa arremetiendo contra compañías que organizan viajes a Cuba, porque su pretensión es ahogar económicamente a los cubanos, para que protesten por la crisis económica que padecen y culpen al socialismo, como si fuesen analfabetos que no saben quién es el único responsable de la guerra económica, comercial y financiera que sufren desde hace 60 años.

Para amedrentar con mayor fuerza a quienes mantienen relaciones con La Habana, Trump acaba de anunciar fuertes multas a las compañías Expedia Group, Hotelbeds USA y Cubasphere, por organizar viajes a Cuba y violar las disposiciones del bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos.

Esas medidas coercitivas siguen el interés de que nadie se acerque a la Mayor de las Antillas, a fin de cercarla más para rendirla por hambre y enfermedades, sueño que no alcanzó España en 1897 cuando declaró la tristemente célebre Reconcentración de Weyler, en alusión al General ibérico, Valeriano Weyler, quien mató de hambre a miles de campesinos encerrados en zonas donde no podían cosechar, ni recibir ayuda del exterior.

Esas tres compañías pagarán cientos de miles de dólares por la prestación de servicios de viajes relacionados con Cuba, que violaban el Reglamento de Control de Activos Cubanos (CACR).

Expedia, con sede en Bellevue, Washington, acordó con la OFAC desembolsar 325 mil 406 dólares, por haber asistido en sus viajes y movimientos dentro de Cuba a más de 2000 viajeros estadounidenses, entre los años 2011 y 2014, algo que los yanquis consideran un delito.

Hotelbeds USA, subsidiaria ubicada en Florida, Estados Unidos, del Grupo español Hotelbeds, con sede en Mallorca, pactó el pago de 222 mil 705 dólares, y Cubasphere, deberá liquidarle a la OFAC, 40 mil 320 dólares, acusada de estar involucrada en transacciones que no fueron autorizadas, al asistir a 100 personas en viajes hacia Cuba, entre diciembre de 2013 y febrero de 2014.

Estas y otras razones son la que demuestran la violación flagrante de los derechos humanos sobre once millones de cubanos, a los que se les impide, a la fuerza, su desarrollo económico por el solo hecho de no aceptar someterse a los dictados de la Casa Blanca, como hicieron gobiernos anteriores a 1959.

Ni esas ni otras sanciones podrán doblegar a los cubanos, que seguirán unidos resistiendo los embates del imperialismo yanqui, porque como expresó José Martí:

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

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Permite Estados Unidos viajes a Cuba bajo licencias con fines subversivos.


Por Arthur González.

El Departamento de Estado continuará permitiendo que ciudadanos de Estados Unidos viajen a Cuba, amparados en una licencia que persigue objetivos subversivos, según información publicada en su sitio oficial.

La licencia titulada, “Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades cubanas”, será admitida para que ciudadanos norteamericanos continúen viajando a la Isla, siempre que su finalidad sea la de:

Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades del país, lo cual resultará en una interacción significativa entre el viajero y las personas de Cuba”.

De acuerdo con la información publicada por las autoridades yanquis, los “intercambios deben desarrollarse bajo los auspicios de una organización sujeta a la jurisdicción de los EE.UU., que favorezca dichos intercambios, siempre que su propósito sea la de promover las llamadas conexiones de pueblo a pueblo”. 

Tales viajes “contarán con un programa de actividades a tiempo completo, diseñado para incrementar el contacto con los cubanos, y que estos produzcan interacciones significativas entre el viajero y las personas de Cuba”.

Para garantizar ese objetivo, los grupos de estadounidenses que viajen a la Isla, “deberán estar encabezados por un empleado, consultor pagado o agente de la organización auspiciadora, que siempre acompañe a cada grupo en su viaje a Cuba, a fin de garantizar que todos los viajeros tenga un programa a tiempo completo de actividades de “intercambio educativo”, debiendo certificar que no sostengan contactos con personas o entidades que actúen en nombre de determinados funcionarios prohibidos del gobierno de Cuba, o ciertos miembros del Partido Comunista de Cuba”.

Un aspecto puntualizado por el Departamento de Estado yanqui y de estricto cumplimiento por los agentes de viajes, es que tienen ajustarse al requisito contemplado en la licencia “Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades cubanas”, el cual establece claramente que “los viajes a Cuba solo se autorizan, siempre y cuando sus actividades sean con organizaciones reconocidas defensoras de los derechos humanos; una organización independiente diseñada para promover una transición rápida y pacífica a la democracia o, con personas y organizaciones no gubernamentales, siempre que promuevan actividades independientes, con la intención de fortalecer la sociedad civil en Cuba”. 

Otro de los elementos a consumar es que “el programa de actividades del viajero no puede incluir tiempo libre, ni de recreo en exceso de lo normal para un programa a tiempo completo”.

Este elemento deja por sentado que están prohibidas las actividades de placer y recreo, o sea turísticas.

Todas las gestiones en Cuba tienen que ser con trabajadores no estatales, tales como el alojamiento, transporte y la alimentación.

La mencionada licencia se estableció bajo la administración de George W. Bush, quien dio luz verde al plan de la “Comisión para la Asistencia de una Cuba Libre”, más conocido como Plan Bush, aprobado en mayo del 2004, que pretendía acelerar la “Transición pacífica de Cuba hacia la democracia”.

El Plan Bush, aceleró un conjunto de medidas para estrangular la economía cubana, incrementándose las multas impuestas por la OFAC, a las entidades financieras que sostenían relaciones con la Isla y a ciudadanos estadounidenses que viajaran a Cuba.

Limitó las visitas familiares de cubanos residentes en Estados Unidos, a una cada tres años y recortó el monto anual de las remesas a mil usd, cifra vuelta a imponer por el presidente Donald Trump.

En esa época, Bush revitalizó la Ley Helms-Burton con sus Títulos III y IV para amedrentar a los inversionistas extranjero.

A pesar del recrudecimiento de las sanciones económicas, permitió viajes con fines subversivos, con el sueño de provocar el derrocamiento del sistema desde adentro, para lo cual incrementó el apoyo a los grupúsculos contrarrevolucionarios, muchos de ellos abastecidos e instruidos por viajeros estadounidenses que ingresaban a Cuba, amparados en la licencia para “Apoyar a la “sociedad civil” de Cuba, como sucedió el 20 de mayo del 2005 cuando la asalariada del gobierno de Estados Unidos, la contrarrevolucionaria Marta Beatriz Roque Cabello, orientada por los yanquis, fomentó en La Habana una supuesta reunión de la “Asamblea Nacional para Promover la Sociedad Civil”, con varios invitados extranjeros y la presencia fiscalizadora del entonces Jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, James Cason.

La Revolución cubana tiene suficiente experiencia en esos menesteres y las autoridades competentes, de conjunto con el pueblo, sabrán detectar los intentos subversivos e impedir actos provocativos contra la integridad de la nación, porque como dijera José Martí:

“Quien bien vela, todo se le revela”

Una historia repetida.


Por Arthur González.

Si algo tiene abundante Cuba es su historia, cargada de batallas heroicas para alcanzar su independencia del yugo colonial español, la abolición de la esclavitud y lograr la verdadera libertad para poder andar soberana con la frente bien alta, sin el amo del Norte que fabricó el pretexto del hundimiento del acorazado Maine en la rada habanera, para intervenir militarmente en la Isla y arrebatarle el triunfo a los que desde 1868 combatían por su libertad.

Luchas obreras y estudiantiles prosiguieron en la República mediatizada, esa que nació con el grillete de la repugnante Enmienda Platt, apéndice constitucional impuesto por los yanquis en 1901 para mantener el poder político y económico de Cuba. Aquellas luchas dejaron centenares de muertos y muchos héroes que enriquecen la historia del pueblo cubano.

En 1959 los cubanos pudieron saborear la libertad, dejando atrás medio siglo de subordinación a Estados Unidos, pero el costo de mantener esa independencia es muy alto, porque los yanquis no se resisten a perder a esa Cuba, que tanto ambicionan desde los albores del siglo XIX.

Por eso comenzaron sus acciones terroristas, los planes de asesinato a sus líderes, y la guerra económica, comercial, financiera y biológica, con el objetivo de rendir por hambre y enfermedades a un pueblo aguerrido y estoico que se resiste a volver a un pasado oprobioso.

Sin embargo, siempre hay quienes se dejan comprar con el dinero del poderoso vecino del Norte, le creen sus mentiras fabricadas hábilmente para confundir, desilusionar e intentar demostrar que, con el retorno a la subordinación de Washington, todo les irá mejor.

De esos que se cansan y desencantan hay muchos, que hoy rechazan las posiciones patrióticas de la mayoría, criticándoles y acusándolos de politizarlo todo. Por eso aceptan con agrado el incremento de la guerra económica y financiera, el cerco político y carecen del valor suficiente de enfrentarse al poderío yanqui, con tal de no perder un visado, o ser señalados como aliados de la Revolución.

En días pasados el presidente Donald Trump apretó aún más la tuerca de la guerra económica contra Cuba, al suspender abruptamente los viajes de los ciudadanos estadounidenses que visitaban la Isla, respaldados por una licencia del Departamento de Estado, bajo el programa Pueblo a Pueblo, y prohibió la entrada de los cruceros.

Ante tamaña crueldad, algunos artistas que se dejaron llevar por campañas falsas contra Cuba, de supuestas represiones a una marcha de la comunidad LGBTI, liderada por elementos orientados por “diplomáticos” de la embajada yanqui en La Habana, no se han pronunciado contra esas medidas que afectan grandemente a once millones de cubanos.

Aquellos que creyeron lo que las redes sociales manipulaban, calificaron la actuación de los encargados del orden público, como “verdaderamente deprimente y triste”; “absurda y vergonzante”; y “sentir una vergüenza enorme”, ahora hacen silencio ante las medidas tomadas por Trump, aguijoneado por la mafia terrorista anticubana de Miami, algo que sí resulta condenable, absurdo, vergonzoso y criminal.

Cuando dos excelentes actores cubanos, Fernando Echevarría y Jorge Enrique Caballero, se sumaron a la condena de Cuba, mediante un spot por la televisión contra la aplicación total de la Ley aprobada por el presidente Bill Clinton en 1996, bajo el nombre de “Ley para la libertad y solidaridad democrática cubana”, conocida como Ley Helms-Burton, de inmediato surgió desde Miami la crítica de uno de esos que se fueron a la Florida, buscando dinero, fama y aplausos, nombrado Roberto San Martín Pérez, quien declaró que un artista no puede justificar todo lo que pasa en Cuba culpando al bloqueo”.

Ignorante personaje que nunca se ha leído los documentos oficiales de la CIA, ya desclasificados, donde se asegura: “

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre….  Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

En Cuba abundan el honor y la dignidad, algo que puso de manifiesto el cantante Israel Rojas, integrante del famoso dúo Buena Fe, quien respondió al miamense:

Cada cual es dueño de su voz y de sus silencios. Es cierto. Cada cual tiene derecho a escoger sus batallas” … “Tanto Fernando como Jorge Enrique hacen bien. Ponerse del lado de los verdaderos dolientes y no del abusador. No ofenden. No insultan. Oponerse a la Helms-Burton, al bloqueo económico y financiero que nos hace tanto daño, es lo ético, lo martiano”.

Finalizada la guerra por la independencia en 1898 y avanzada la seudo república, también hubo cubanos influenciados por la política yanqui, incluso patriotas y ciertos traidores, vanidosos y logreros.

Ante eso, la Revista Patria y Libertad, creada en 1916 por José de Jesús Pons y Naranjo, hombre de toda la confianza de José Martí, conocido como el Agente General Luis, refiriéndose a la convulsa situación que vivía Cuba a inicios del siglo XX, expuso:

[…] Ante tamaña realidad, lo patriótico es ahora inoportuno y romántico, según se ha dado en calificar con insuperable ignorancia, a cuanto sea noble y desinteresado; pues lo necesario y conveniente es hacer política, aunque se deshaga la Patria, no sirviendo los grandes y las grandezas de la Revolución, sino para adornar vistosamente la arenga atronadora de un orador callejero o el manifiesto vacío de una gavilla de politicastros”.

En otros de sus importantes artículos, alertaba:

“El que tenga el corazón enfermo apartémoslo del camino, de ese camino que es tan solo para los grandes ciudadanos que supieron cumplir con su deber de hombres libres” […] “Si no conseguimos modificar nuestras tendencias atávicas, por la práctica constante de las virtudes cívicas, volveremos a ser esclavos. ¿De quién? Del primer amo que se presente.

En estos tiempos la historia parece repetirse. No en vano alertó Martí:

“¿Y de qué vive el artista sino de los sentimientos de la Patria?”

Quién castiga a los Estados Unidos.


Por Arthur González.

Desde hace 60 años, Estados Unidos emplea diferentes pretextos para sancionar a Cuba por haber hecho una Revolución socialista a solo 90 millas de sus costas.

De ser una neo colonia yanqui, invadida en tres ocasiones desde 1898 y con su economía sometida a los grandes capitales, en 1959 Cuba pasó a ser un país libre, soberano e independiente de las órdenes de la Casa Blanca, algo que jamás le perdonarán los imperialistas.

En un inicio, el pretexto que impidan las relaciones fueron las relaciones con la URSS y China; después el apoyo a los movimientos de liberación en América Latina, y le siguió la presencia militar cubana en África para ayudar a Angola, invadida por Sudáfrica para evitar su independencia del colonialismo portugués.

Eliminados esos argumentos, inventaron las violaciones a los derechos humanos, la libertad religiosa y cuantas ideas se les ocurrieron, con tal de continuar su enfrentamiento contra la Revolución, pues el único y verdadero motivo es lo que se afirma en el primer Programa de Acciones Encubiertas de la CIA, aprobado por el presidente Dwight Eisenhower, el 17 de marzo de 1960:

El propósito del programa es provocar la sustitución del régimen de Castro, por uno que sea más aceptable para Estados Unidos”.

Esto pudiera considerarse como la piedra filosofal de la política yanqui contra Cuba, de ahí que mientras exista un sistema socialista en la Isla, jamás habrá un entendimiento normal entre los dos países.

Todas sus acciones siempre tendrán el interés de cambiar el sistema, algo que señaló perfectamente Barack Obama, al iniciar las relaciones diplomáticas:

Décadas de aislamiento de Cuba no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática. La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba”.

Al no obtener los resultados añorados con la política de la zanahoria dulce, Donald Trump decidió retomar la política del garrote, pero con más fuerza, soñando derrocar lo que 12 administraciones anteriores no pudieron.

El retroceso en el acercamiento almibarado de Obama no se hizo esperar, dando curso a su política, tal y como anunciara el 16 de junio de 2017, ante la mafia terrorista asesina de Miami.

Ahora el nuevo pretexto es la ayuda al gobierno venezolano de Nicolás Maduro, acusando a La Habana de ser la responsable de la resistencia de ese pueblo, ante las acciones de guerra económica, comercial y financiera.

Ridícula acusación, porque Cuba solo ofrece salud, educación, cultura, deportes y asesoramiento en la agricultura, algo que los yanquis saben que el pueblo de Venezuela le agradece a su Revolución bolivariana, porque nunca antes los gobiernos de turno se preocuparon por los desposeídos.

Los yanquis pretenden crear un caos interno en Venezuela para que la gente se lance a las calles y derroten a Maduro, vieja táctica que ejecutan contra Cuba desde hace más de medio siglo, sin resultados.

La realidad que no deja dormir a sus ideólogos es el pánico de que Venezuela se convierta en otra Cuba, por eso aseguran que ahora es el momento de resolverlo, “antes de que sus consecuencias afecten a la región entera”.

Con la trasnochada ilusión de que el pueblo cubano y sector de los trabajadores no estatales, pudieran salir a protestar contra el gobierno ante la baja en sus ingresos personales y la escasez de alimentos por falta de liquidez financiera, Trump, mal asesorado por John Bolton y el senador Marco Rubio, prohibió los viajes de los norteamericanos a Cuba, incluido los cruceros, bajo el argumento que “no desea que sus dólares sostengan al socialismo”, y por el falso subterfugio de que Cuba sostiene al régimen de Maduro.

Pero, ¿quién sanciona a Estados Unidos por mantener al régimen de Israel, ese que viola todas las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de la ONU, ocupa ilegalmente parte de los territorios palestinos dividiéndolo en dos partes, asesina diariamente a niños inocentes, mujeres, ancianos y a toda la población civil, impide la entrada de ayuda humanitaria y cierra los pasos fronterizos con Egipto para incrementar sus necesidades básicas de alimentos, medicina y vestuario?

¿Querrán que el mundo se olvide de sus bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, la guerra contra Viet Nam con sus cientos de miles de muertos y mutilados, la de Afganistán, Irak, Libia, Yemen y Siria, siempre bajo argumentos falsos?

Mucha ausencia de moral tiene Estados Unidos para inventar justificaciones por su guerra económica, comercial y financiera contra Cuba y Venezuela, mientras respalda, a capa y espada, al genocida Estado de Israel, silenciando sus crímenes en la gran prensa norteamericana, enviándole millones de dólares anuales para mantener prospera su economía, sumado a la venta de armamentos sofisticados, con el fin de que le sirvan de gendarmes en la región.

Estados Unidos tiene que ser sancionado por sus crímenes y su responsabilidad en los golpes de Estado en Chile, Brasil, Guatemala, Paraguay, Uruguay, Argentina, a lo que hay que sumarle las acciones de la CIA, como la execrable Operación Cóndor, causante de miles de asesinatos, desapariciones, torturas y robo de niños.

La Unión Europea, Canadá, Latinoamérica completa, África, el Medio Oriente y el sudeste asiático, deberían unirse para declararle una guerra comercial a Estados Unidos, como sanción por tantos horrores cometidos, y demostrarle que el mundo puede vivir si ellos. Pero la realidad es triste porque los yanquis han dedicado muchos esfuerzos en dividir, crear alianzas a su favor y comprar conciencias para evitar ser condenados.

Por esa razón, cuando existen gobiernos con dignidad que no se dejan comprar ni amedrentar, Estados Unidos descarga toda su rabia contra ellos para evitar que sean imitados por otros, y que el mundo tome conciencia de que contra ellos no es posible actuar.

No se equivocó José Martí cuando aseveró:

“Los bribones tienen un modo muy fácil de desembarazarse de los tribunos de la justicia pública”

Muchas gracias presidente Donald Trump.


Por Arthur González.

En realidad hay que darle gracias al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por demostrarle al pueblo cubano, especialmente a los nacidos después de los años 80 del pasado siglo XX, quienes son los imperialistas yanquis, porque esas generaciones no vivieron los primeros años del triunfo de la Revolución, cuando la CIA ejecutaba sus planes de terrorismo de Estado haciendo estallar centros comerciales, cines, teatros, escuelas, incendiando industrias y pequeñas fábricas, campos de caña, asesinando a campesinos inocentes y tiroteando pueblos de pescadores.

En esos años el gobierno de Estados Unidos inició la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, la que se mantiene hasta nuestros días, aunque algunos cubanos no la evalúan en toda su dimensión y muchas veces culpan al gobierno de la escasez, ante la falta de conocimientos históricos de las agresiones ejecutadas por los yanquis.

Con el ascenso a la presidencia de Barack Obama y el desarrollo de una política hábil y edulcorada, con la que se atrevió a restablecer las relaciones diplomáticas, e incluso visitar La Habana, siempre con el objetivo de acabar con el socialismo, pero bajo otros métodos, embriagó a no pocos, al creer que avanzaba por “la dirección correcta pero limitada”, sin percatarse del peligro que los asechaba tras aquel lenguaje acaramelado y simpático.

Como parte de su mañosa estrategia, hasta participó en el programa humorístico de mayor tele audiencia en la Isla, a fin de trasladar una imagen diferente a sus antecesores; pero Obama fue claro y preciso en sus intereses al declarar públicamente:

“Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso…” “Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro…”.   “Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente…” “La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos…”  “Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano…”

“Al final, los cubanos conducirán las reformas económicas y políticas”.

Aquella política del llamado “abrazo de la muerte”, fue eliminada el 16 de junio del 2017, cuando el nuevo presidente Donald Trump firmó el memorando presidencial titulado “Fortalecimiento de la política de EE.UU. hacia Cuba”, inducido por integrantes de la mafia terrorista anticubana de Miami.

Desde ese momento y enaltecido por dos viejos halcones que lo mal asesoran, John Bolton y Elliott Abrams, el recrudecimiento de las sanciones ha vuelto a ser el eje de la política anticubana, sin percatarse que esas le permiten al pueblo cubano reforzar su sentimiento anti yanqui, ante el incremento de las agresiones que buscan ahogar la economía.

Obama, en su almibarada política, mantuvo la guerra económica y financiera, siendo el presidente que más sanciones impuso a la banca internacional, para evitar que Cuba pudiera tener una mejoría económica. Es bueno recordar que en sus 8 años de mandato las multas ascendieron a 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares, siendo el banco francés PNB Paribas quien pagó la multa record de 8 mil 500 millones de dólares, por sus relaciones financieras con La Habana.

En materia de subversión política contra Cuba, Obama sumó otra marca, al aprobar en 8 años 160 millones de dólares, sin contar otros presupuestos secretos de la CIA y sus organizaciones pantalla.

Trump cambió la miel por un lenguaje arrogante, haciéndose más evidente el actuar imperial contra el pueblo cubano, que, si bien le hace la vida cotidiana más difícil, también ayudará a encontrar nuevas soluciones internas, promover ideas novedosas para incrementar la producción nacional, y cambiar todo lo que sea necesario, para mantener la soberanía nacional que tanto esfuerzo y sangre ha costado.

La llamada sociedad civil que tanto añoran captar para sus planes subversivos, también rechazan las nuevas sanciones yanquis, por ser los trabajadores privados notablemente perjudicados.

La mafia terrorista de Miami cegada por su odio visceral, no se percata que cada nueva sanción crea más unidad entre los cubanos, al ver con mayor nitidez al único responsable de sus penurias, situación que fortalece políticamente al pueblo, pues compara la posición del senador Marco Rubio, con la asumida en 1960 por el sub secretario de Estado yanqui, Lester Mallory cuando propuso:

“Enajenar el apoyo interno a la Revolución  a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Si en aquellos años no lograron sus objetivos, 60 años después con una población mejor preparada cultural y políticamente, y con experiencias suficientes, menos podrán hacerlo, porque como nos indicó José Martí:

“Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada”.

 

 

 

 

 

 

Los yanquis insisten en asustar a quienes inviertan en Cuba.


Por Arthur González.

La táctica de asustar a los que se acerquen a Cuba ya cumplió 60 años y los resultados no se ven, aunque los yanquis repiten sus viejas amenazas con la pretensión de ahogar la economía de la Isla, para después culpar al sistema socialista.

Con la puesta en marcha del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, aprobada por el presidente Bill Clinton en 1996, Donald Trump pretende alcanzar los votos de la Florida, en su aspiración a la reelección de 2020, sin percatarse que cada año son menos los cubanos que sostienen posiciones reacias a las relaciones con Cuba, pues la composición de la emigración ha cambiado sustancialmente, y ya no son mayoría los testaferros del régimen del dictador Fulgencio Batista.

No obstante, el objetivo de Trump y sus ancianos asesores, es incrementar la guerra económica y financiera contra la Revolución cubana, método seleccionado contra todos los países que se oponen a someterse a sus designios.

Para asustar a los inversionistas extranjeros que desafían las sanciones yanquis, entre ellos los españoles que apuestan por el desarrollo turístico en la Isla, un grupito de los lacayos en Madrid, financiado por Estados Unidos, bajo el nombre de Mesa de Unidad Cubana (MUC), presentarán una denuncia ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional de España, contra empresas españolas y europeas que, “en complicidad con la dictadura cubana, someten al trabajador cubano a un nuevo sistema esclavista en pleno siglo XXI”.

La MUC declaró que esas empresas europeas “violan e ignoran” las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las Directrices de la OCDE en materia de responsabilidad corporativa, así como derechos fundamentales recogidos en la Carta Universal de los Derechos Humanos de la ONU o principios fundacionales de la propia UE.

El artificial argumento no es nuevo y solo persigue el interés de crear un ambiente enrarecido contra empresas de prestigio como Meliá, Iberostar y otras, que ignoran las amenazas yanquis.

En 1995 los cubanos radicados en Miami, Rolando Castañeda y George Plinio Montalván, quienes laboraban en el Banco Interamericano de Desarrollo, dieron a conocer un grupo de “Principios” para promover los derechos humanos en Cuba y prácticas “justas de empleo y pagos”.

Tales principios fueron bautizados como “Principios Arcos”, en homenaje al contrarrevolucionario Gustavo Arcos Bergnes, quien dirigía el grupúsculo Comité Cubano de Derechos Humanos en Cuba.

Según ellos, los principios eran para que las empresas extranjeras que abrían sus negocios en Cuba, los acogieran voluntariamente para seguir prácticas de “igualdad y justicia en el pago y la contratación de empleados, sin discriminación por consideraciones políticas, sexuales, religiosas o de edad”.

También planteaban “eliminar los expedientes laborales, los acumulativos escolares, informaciones sobre antecedentes morales, conducta social, la participación en organizaciones políticas y promover la contratación directa sin limitaciones”, todo basado en la llamada Ley Torricelli

En 1992 Cuba inició un programa de medidas económicas para enfrentar la pérdida de sus relaciones comerciales y financieras con el extinto campo socialista y la URSS.

Ese programa de reformas abarcó entre otras, la despenalización de la tenencia de divisas, fijó el marco legal para el trabajo no estatal, se crearon las Unidades Básicas de Producción Cooperativas, introdujo el sistema tributario, la apertura del Mercado Agropecuario con precios de oferta-demanda, autorizó establecimientos de centros privados para la elaboración y venta de alimentos y bebidas, se aprobó una nueva Ley de Inversión Extranjera, que incluía la participación hasta de un 100% de capital extranjero, y un Decreto Ley para la creación de zonas francas.

Ante esos cambios en Cuba el enemigo convulsionó de rabia, al no ver cumplidos sus sueños de destruir el socialismo como en Europa del Este; solo le quedaba fortalecer la persecución económica y financiera, sumándole las amenazas a los inversionistas extranjeros que apostaban por sus negocios en el país.

Ninguna de esas presiones dio resultados. La inversión extranjera creció rápidamente, importantes empresas se decidieron por el mercado cubano y las dedicadas al turismo desafiaron las intimidaciones y sanciones de Estados Unidos.

La vida les dio la razón y hoy compañías españolas son líderes en la industria hotelera, algo que los estadounidenses hubieran podido hacer, sino fuera por la obstinación de sus gobernantes que prohíben hasta las visitas a Cuba.

La llamada MUC debería luchar por los derechos de los trabajadores españoles, rebajar las tasas impositivas, el derecho de las mujeres a ser tratadas igual que los hombres, la discriminación que existe con los inmigrantes, ampliar las oportunidades de trabajo en ciudades que en pocos años parecerán pueblos fantasmas ante la huida de sus habitantes en busca de fuentes laborales, luchar contra la corrupción administrativa que corroe su sociedad, recortar los privilegios financieros que tiene la monarquía sin trabajar y otros problemas que enfrenta el ciudadano común español.

Cuba hizo una Revolución social para rescatar a sus trabajadores y campesinos de la opresión de las empresas norteamericanas, lograr una jornada laboral de 8 horas, eliminar la discriminación racial, por sexo y posición económica imperante, otorgarles derechos a las mujeres a un salario igual al de los hombres por el mismo trabajo y el derecho a una seguridad social para todos.

Hoy las cubanas cuentan con leyes que las benefician durante su gestación, otorgándoles licencias pagadas hasta un año después del parto, con posibilidades de extensión otro año más, sin retribución, manteniéndoles su puesto de trabajo, una licencia de maternidad pagada que permite que el padre, o lo abuelos, atiendan a los recién nacidos, mientras las madres se incorporan al trabajo.

Una justicia laboral que impide la expulsión del trabajador sin razones legales sustentables, subsidios para los accidentados en el trabajo o por adquirir enfermedades laborales.

Posibilidades de superación para los trabajadores, enviados a cursos sin afectar su salario, estimulación monetaria por resultados productivos y derecho a analizar y debatir los planes económicos de sus empresas.

Nada de eso existía en la Cuba capitalista de 1958, pero ni el gobierno yanqui, o los de Europa, protestaban por la explotación a la que estaban sometidos los cubanos, especialmente los campesinos que ni tierra poseían, ni servicios médicos y escuelas donde educar a sus hijos.

Ahora los lacayos dicen que el trabajo en Cuba es “indecente y constituye un paraíso para los evasores de derechos”, campaña que pretende deformar la realidad.

¿Por qué no defienden los derechos de los trabajadores de México, Guatemala, Honduras, Panamá y Argentina, que marchan protestando en las calles ante la difícil situación que confrontan?

Muy poca moral tienen los escasos integrantes de la MUC, financiados para atacar a la Revolución socialista que tanto hace por la clase obrera y campesina cubana.

El foco de sus acusaciones falsas son las más de 300 empresas españolas y europeas que operan en Cuba, desde grupos hoteleros, operadoras de viajes, bancos, e inmobiliarias, hasta empresas de servicios e industrias, que tanto molestan a los yanquis por desafiar sus órdenes.

En el 2015 el embajador cubano en España, se enfrentó a similares provocaciones durante un foro para promover las inversiones en la Isla, cuando uno de esos asalariados intentó provocarlo con “reflexiones” sobre la situación del mercado laboral en Cuba, donde el Estado es el único empleador.

Los empresarios españoles saben de la seguridad que tienen en Cuba, unido a la actitud positiva de sus trabajadores altamente calificados, por tener un sistema de educación gratuito que les asegura capacidad para asumir diferentes puestos de trabajo.

El fin que persigue Estados Unidos es el mismo de hace más de medio siglo, destruir a la Revolución, y para eso repiten la misma mentira, y como declaró a la prensa el diputado del Partido Popular (PP) español Teófilo de Luis, “es un flanco por el que se puede provocar nerviosismo en el Gobierno cubano”, palabras que hacen honor a su ignorancia histórica, pues a los cubanos nada les crea nerviosismo, ni siquiera la amenaza de una invasión militar como la prevista en octubre de 1962, durante la conocida Crisis de los Misiles.

Bravo por los valientes que mantienen su firmeza con Cuba, porque como afirmó José Martí:

“Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos”.

Miembros de la mafia anticubana intentan más sanciones contra Venezuela.


Por Arthur González.

Los senadores anticubanos Bob Menéndez y Marco Rubio, lograron el 23 de mayo de 2019, la aprobación en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, de un proyecto de ley con medidas muy similares a las que aun sostienen contra Cuba, bajo el principio de la guerra económica, financiera y psicológica, sin descartar las militares, con el objetivo de derrocar el proceso bolivariano y chavista que tanto odian.

A pesar del fracaso en el caso cubano, los dos senadores copiaron elementos básicos contenidos en la Operación Magosta, aprobada por el presidente J.F. Kennedy, en enero de 1962, que soñaba destruir a la Revolución.

Las nuevas sanciones contra el pueblo venezolano, pretenden reforzar el cerco para ahogarlos económicamente y de esa forma, inducirlo a salir a las calles a protestar por la escasez de alimentos y bienes de todo tipo, principio expuesto en la Operación Mangosta.

El nuevo proyecto titulado: “Ley de Ayuda de Emergencia, Asistencia para la Democracia y Desarrollo de Venezuela” (VERDAD), incrementa las medidas contra el gobierno del presidente Maduro, entre  ellas: la asignación de 400 millones de usd en “ayuda humanitaria”, la revocación de visas a los familiares de funcionarios del régimen chavista sancionados, castigar el endeudamiento indebido del gobierno bolivariano y el comercio del oro, así como coordinar otras sanciones internacionales, especialmente con gobiernos de países latinoamericanos y europeos aliados.

Una simple lectura de la Operación Mangosta, permite confirmar la similitud de medidas, 60 años después, contra un país que al igual que Cuba, posee un gobierno no aceptable para Estados Unidos.

El objetivo que buscaba Mangosta era: “ayudar a los cubanos a derrocar al régimen comunista en Cuba e instaurar un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.

Para lograrlo, diseñaron un conjunto de acciones encaminadas a:

“Provocar una rebelión del pueblo cubano, que derrocará al régimen comunista e instaurará un nuevo gobierno”.

“La sublevación necesita un movimiento de acción política fuertemente motivado y arraigado en Cuba, capaz de generar la rebelión, de dirigirla hacia el objetivo perseguido y de aprovecharse de su momento clímax. La acción política será apoyada por una guerra económica, que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

¿Es o no lo mismo que le hacen hoy a la Revolución Bolivariana?

A Venezuela llevan varios años sometiéndola a una brutal guerra financiera, privándola de utilizar sus cuentas bancarias en el exterior para impedirle comprar y vender, incluido un bloqueo petrolero con el fin de sacar del poder al presidente constitucional, Nicolás Maduro.

Desde agosto de 2017, el presidente Donald Trump prohibió por decreto, consentir nuevas deudas emitidas por el gobierno de Venezuela y su petrolera estatal PDVSA, situación que afecta renegociar unos 150 mil millones de usd de deuda, sacándola de los mercados financieros a pesar de contar con la mayor reserva de petróleo del mundo.  También vetó las transacciones con bonos del sector público venezolano y los pagos de dividendos al gobierno de Maduro.

Ante esta situación, el gobierno venezolano lanzó en febrero 2018 el petro como moneda que, con respaldo en oro, le permitiría salir al mercado a comprar alimentos, medicinas y bienes para mantener su economía, pero el 19 de marzo de 2018 Washington prohibió a los estadounidenses negociar con el petro.

Apretándole más la soga al cuello de los venezolanos, en mayo 2018 otro decreto de Washington vetó las transacciones de deuda con entidades oficiales como PDVSA y el Banco Central, incluidos unos pagarés o cuentas por cobrar. Prohibieron la venta de acciones en las que el actual gobierno de Venezuela tenga más del 50%, lo que afecta a la filial de PVDSA en Estados Unidos, Citgo.

A inicios del 2019 los yanquis vedaron todas las operaciones petroleras de Venezuela en su sistema financiero, siendo el petróleo el que mantiene el 96 % de las finanzas del país. Por tanto, con esa sanción la empresa Citgo no puede pasar sus ganancias a su único dueño, Venezuela, quedándose el dinero en Estados Unidos, robo que les permite financiar a la contrarrevolución que ahora encabeza Juan El Títere Guaidó.

El oro venezolano ha sido sancionado de la misma forma, cortando las operaciones de oro de la minera estatal Minerven.

Las sanciones punitivas yanquis llegan a los bancos, como el estatal Banco de Desarrollo Económico y Social (Bandes), y tres filiales en Venezuela; así como a Prodem, con sede en Bolivia, y a Bandes, en Uruguay, congelándole todos los bienes y activos que poseen en Estados Unidos, o bajo el control de estadounidenses.

Igualmente, se lanzaron contra 34 embarcaciones de PDVSA y sancionaron a dos compañías navieras por enviar crudo de Venezuela a Cuba.

¿Qué país del mundo sin respaldo de su pueblo puede resistir estoicamente esa despiadada guerra económica y financiera?

La prueba de que Maduro es apoyado por la mayoría de los venezolanos es que el golpe militar fracasó, los cabecillas se escondieron en embajadas o andan prófugos intentando llegar a Estados Unidos.

Copiando la Operación Magosta, Estados Unidos presiona a la OEA para sancionar a Venezuela, lo mismo que hicieron en 1962 contra Cuba. En dicha Operación se puede leer:

El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, del 22 de enero 1962, esperando obtener amplio respaldo del Hemisferio Occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del HemisferioName=n1070; HotwordStyle=BookDefault; … La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

Contra la Revolución cubana también planificaron en la mencionada Operación, una invasión militar, como hacen contra Venezuela:

“El Departamento de Defensa tiene la tarea de preparar un plan de contingencia para la acción militar estadounidense en apoyo al pueblo cubano, cuando este inicie la rebelión, haciéndola progresar. Este plan de contingencia permitirá lograr una decisión política, basada en las principales intenciones norteamericanas, y es visto como un factor político psicológico favorable en una rebelión popular, incluso mucho más que una posible acción militar. Se le ha asignado la responsabilidad como Comisión de Defensa, de los requerimientos de hombres, dinero y material, con la asistencia total del Departamento de Estado y la CIA”.

Los yanquis no aprenden de sus errores, y como sucede con Cuba, el pueblo venezolano resistirá para no caer en brazos del imperio, el que desmontaría todas las misiones sociales para instaurar una dictadura militar, al servicio de sus intereses económicos.

Sabio fue José Martí cuando expresó:

“Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”