La CIA la más perjudicada por la reducción del personal en Cuba.


Por Arthur González.

Cuando el 3 de enero de 1961 el presidente Dwight Eisenhower, rompió relaciones diplomáticas con Cuba, Mike Pompeo era un niño de 9 años y no sufrió el error que constituyó retirar la estación local de la CIA de la Isla, en medio de los trascendentales cambios políticos y económicos que acontecían, en medio del proceso revolucionario que se llevaba a cabo.

En aquellos días la CIA aseguraba que la Revolución no resistiría la invasión que estaba preparándose, pero al ver como se rendían sus “brigadistas” a las milicias y al ejército rebelde, sus ilusiones fueron cambiando.

La CIA tuvo que recurrir a sus aliados, europeos y canadienses, para obtener información de lo que acontecía en Cuba; sus oficiales tuvieron que trasladar la atención de su red de espías, algo que no les agradó y menos al comprobar como era desmantelada por los Órganos de la Seguridad.

No fue hasta 1977 cuando el presidente James Carter autorizó la apertura de la Sección de Intereses en La Habana, y la CIA pudo retornar para reclutar nuevos agentes y buscar informaciones para sus planes subversivos.

La situación actual, es parecida a la de 1961, producto de la decisión de Donald Trump de reducir en un 60 % los funcionarios de la embajada en La Habana, entre ellos los oficiales CIA que laboraban encubiertos en cargos diplomáticos, en momentos que se produce la salida del presidente Raúl Castro.

Trump, asesorado por Mike Pompeo, en combinación con Marco Rubio, fabricaron la operación de los falsos ataques acústicos, para interrumpir las frágiles relaciones establecidas por Obama, quien cambió la estrategia para desmontar el socialismo en Cuba, bajo el viejo adagio de que “es más fácil matar a una mosca con miel que a latigazos”.

Un error más de los cometidos por los yanquis; por eso al ser nominado como Secretario de Estado, Pompeo acaba de afirmar que trabajará para “construir un equipo diplomático en Cuba que pueda responder a los intereses estadounidenses en la isla”.

Cómo será ese equipo, no lo explicó, pero es posible que la CIA tenga una mayor representación en la embajada, que le permita ejecutar planes de influencia y reclutamiento entre el gobierno cubano, siguiendo recomendaciones de quien estuviera al frente de la legación diplomática en La Habana, cuando en un informe secreto expuso:

“Es preciso que busquemos en otra parte, incluso dentro del propio Gobierno, para identificar a los más probables sucesores del régimen de Castro”.

“Se hace necesario tratar de ampliar nuestros contactos dentro de la sociedad cubana, tanto como sea posible, hablando de liderazgo e iniciativas democráticas. Debemos continuar abriendo Cuba a la era de la información a través de medidas como las anunciadas el 13 de abril 2015, para ayudar y estimular a las generaciones más jóvenes de cubanos en la búsqueda de más libertades y oportunidades”.

Esas acciones subversivas no se pueden ejecutar a distancia, la CIA requiere estar en el terreno para llevarlas a cabo, algo que Marco Rubio no entiende y de ahí sus acciones que impiden la labor de las agencias de inteligencia que estaban presentes en La Habana.

El propósito que busca el Senador es afectar al turismo americano y de otros países, algo en lo que fracasó, por eso la presión sobre el gobierno de Canadá como último recurso.

Pompeo ha tratado de reforzar la guerra económica, financiera y mediática, incluso como director de la CIA en junio de 2017 recibió en su despacho a connotados representantes de la Brigada mercenaria 2506, prometiéndoles medidas más duras contra la isla.

La vida le demostró a Pompeo que sin información no se pueden trazar planes, por ahora diseña la estrategia de darle marcha atrás a la decisión de Trump, sin reconocer la mentira de los ataques y las enfermedades, pero sí desea estar presente en el actual teatro de operaciones, no tiene más opción que volver a armar la estación de la CIA que el mismo desmotó.

En su audiencia de confirmación ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, afirmó:

Nos comprometemos en construir un equipo que proporcione diplomacia en Cuba para impulsar los intereses estadounidenses”.

Al parecer Marco Rubio ha sido persuadido de la importancia de la presencia de la CIA, porque en sus más recientes declaraciones sobre los inventados ataques acústico dijo:

“Considero que Rusia pudiera estar detrás de los misteriosos ataques, sucedidos en residencias diplomáticas y en los hoteles Capri y Nacional, en La Habana, entre noviembre de 2016 y agosto de 2017”.

No obstante, mantiene su postura de responsabilizar al gobierno cubano de la agresión, expresando que “sus autoridades saben que pasó y quien lo hizo”.

Hay que esperar la entrada de Pompeo al Departamento de Estado para ver qué actitud asume, pero sus antecedentes son muy negativos hacia Cuba.

En 2015, siendo representante por Kansas, copatrocinó el proyecto de ley Cuban Military Transparency Act, que prohíbe intercambios financieros con empresas gestionadas por los militares cubanos.

Pertenece a la rama más conservadora republicana y es miembro de la Asociación Nacional del Rifle.

Participó como militar en la primera Guerra del Golfo y en Europa del Este.  Es graduado de Ingeniería Mecánica en la Academia Militar de West Point, donde recibió el grado de capitán. Una vez licenciado del ejército, se graduó de abogado en Harvard.

En 1998 inició su carrera como empresario junto con tres amigos de estudios de West Point, adquiriendo tres empresas de piezas para aviones, creando  y entre sus clientes estaban Lockheed Martin y Boeing.

En 2006 se incorporó como presidente a la empresa Sentry International, dedicada a equipamiento petrolífero, vinculada a Koch Industries; por eso coincide con Trump en los temas del cambio climático y el petrolero.

El tiempo dirá como conduce su trabajo exterior pero los cubanos seguirán resistiendo, pues al decir de José Martí:

“El aire de la libertad tiene una enorme virtud que mata a las serpientes”

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Canadá dobló las rodillas ante presiones de Donald Trump


Por Arthur González.

En un gesto que significa pérdida de soberanía y falta de valor, el gobierno de Canadá cedió finalmente a las presiones del presidente Donald Trump, para que lo siguieran en su farsa de los “ataques acústicos” en La Habana. El resultado es la decisión de la cancillería canadiense de retirar a las familias de los diplomáticos de su embajada en Cuba, al declararla como una Misión sin acompañantes.

Tal medida buscar crear una imagen distorsionada de la seguridad que tienen los extranjeros en Cuba, con el malsano propósito de afectar la entrada de turistas canadienses a la Isla, lo que incrementa las medidas yanquis que buscan ahogar la ya afectada economía cubana, por la sostenida guerra económica durante los últimos 59 años.

Al no poder demostrar la mentira de los ataques acústicos contra los diplomáticos yanquis en La Habana, ni impedir la entrada de turistas, especialmente los canadienses, la Casa Blanca utiliza el chantaje para doblarle el brazo al actual gobernante canadiense, a cambio de mantener el Tratado de Libre Comercio, pero cuando el chantajista logra sus propósitos la primera vez, se siente con la fuerza suficiente para continuar con su meta.

Nadie puede poner en dudas que el próximo paso será exigirle a la cancillería canadiense que emita una declaración, en la cual alerten a sus ciudadanos del “riesgo” que corren al visitar la Isla, algo muy difícil de creer pues son millones de canadienses los que viajan a las playas paradisiacas de Cuba y han comprobado la seguridad que tienen durante sus vacaciones.

Canadá, al ponerse de rodillas ante los yanquis, afecta a sus propios diplomáticos sometiéndolos a una separación forzosa de sus familiares, y es posible que alguno proteste o cuente la verdad, porque ninguno de los diplomáticos que fueron regresados a su país día estuvo enfermo en La Habana y todos trabajaron hasta el último momento sin manifestar síntomas de dolencias.

Si los ataques fueron falsos, las “enfermedades” también son falsas, algo que hay que gritar a los cuatro vientos para que el mundo sepa la verdad, aunque se conoce perfectamente que Estados Unidos poseen una fábrica de pretextos, cuando pretenden alcanzar un objetivo.

Es triste comprobar como países fuertes ceden a los chantajes del imperio, dañando su prestigio antes los ojos de sus propios ciudadanos, al perder soberanía nacional, esa que el pueblo cubano mantiene a pesar de invasiones mercenarias, actos terroristas, guerra económica, biológica, mediática y planes para asesinar a sus principales dirigentes, haciendo gala de mucha valentía y firmeza, por las que el mundo entero los admira y respeta.

Por esas razones afirmó José Martí:

“Ni laurel ni corona necesita quien respira valor”

La emigración, vieja arma subversiva de Estados Unidos


Por Arthur González.

Utilizada primeramente contra la Europa socialista, la emigración es empleada como arma subversiva para hacerle creer al mundo que la gente huye del comunismo, retomándola con más fuerza al triunfar la Revolución cubana en 1959.

En su obsesión por difamar a Cuba, Estados Unidos aceptó en su territorio a los asesinos, torturadores, ladrones y testaferros del dictador Fulgencio Batista, a pesar de reclamos oficiales de los tribunales cubanos, debido a las causas pendientes que tenían aquellos que salieron ilegalmente de la isla y entraron en aquel país de igual manera.

El FBI ni las cortes de justicia investigaron a esa pléyade de maleantes que posteriormente conformaron la mafia terrorista anticubana, haciendo estallar bombas y asesinar a personas en sus guerras intestinas por el control de las drogas, el juego y la prostitución.

Estados Unidos aún protege a terroristas connotados que poseen una amplia hoja de crímenes, muchos de ellos al servicio de la CIA contra Cuba, pero lo peor es que son los propios ciudadanos norteamericanos quienes los mantienen con parte de sus impuestos.

Ahora la historia se repite con los venezolanos, siendo utilizados por Washington para sus campañas mediáticas contra el gobierno de Nicolás Maduro, haciéndole creer a los americanos que los quienes arriban a Miami son “perseguidos políticos”, tal y como hacen con los cubanos, situación que agravará la crisis económica de algunos estados, especialmente la Florida.

Para demostrar como repiten la historia, basta señalar que oficialmente el Gobierno de Trump, inició conversaciones con varios países latinoamericanos aliados, para acoger en Estados Unidos a más refugiados venezolanos, a pesar de que contradice su política de no permitir más emigrantes.

Informaciones a tribuidas a un alto funcionario del gobierno estadounidense, aseguran que esas conversaciones “informales” forman parte de la estrategia para enfrentar a los cientos de miles de venezolanos que “huyen” y que amenazan con desestabilizar a los socios de EE.UU. en América Latina y el Caribe.

Ese es el resultado de la política anti chavista de la Casa Blanca y que ahora los países de la región como Colombia, Ecuador y Brasil, no pueden aceptar, pues ya presentan suficientes problemas internos para asimilar a miles de venezolanos.

Solo Colombia absorbió a más de 600 mil venezolanos y según la Organización Internacional para los Refugiados, existen 1,5 millones de venezolanos desplazados, distribuidos por más de 15 países en América Latina y el Caribe.

La causa fundamental de esa emigración es la situación económica, provocada por la cruel y despiadada guerra que inició Estados Unidos contra Venezuela, para evitar que la Revolución Bolivariana pueda satisfacer las necesidades de sus ciudadanos y que estos culpen al sistema de sus problemas, lo mismo que hacen desde hace 59 años contra Cuba.

Cuando Estados Unidos con sus operaciones encubiertas, inició la estimulación de la emigración cubana, la administración de Dwight Eisenhower, inauguró en diciembre de 1960 el Centro de Emergencia de Refugiados cubanos en Miami, calificando con la categoría de “refugiados”, a todos los que arribaban a los Estados Unidos, a pesar de carecer de fundamento legal.

Documentos desclasificados confirman como la CIA utilizó a esos “refugiados”, para sus actividades subversivas, incluida la fracasada invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en abril de 1961.

La CIA conformó la triste Operación Peter Pan, y por ella sacó de Cuba sin acompañantes, a 14 mil 48 niños, algo despiadado al separarlos de sus padres por muchos años.

Ante el incremento de “refugiados cubanos”, en 1961 el presidente John F. Kennedy, aprobó el Programa de Refugiados Cubanos (Cuban Refugee Program), para facilitar la integración en EE.UU. a todos los que “huían” del régimen de Castro, y ayudarlos a su adaptación en tierra extraña.

En 1961 el presupuesto inicial del Programa fue de 4 millones de dólares y en 1962 ascendió a 38 millones de dólares, hasta alcanzar en 1972 la cifra de 144 millones de dólares.  Dicho programa duró 15 años y le costó al gobierno estadounidense y a los contribuyentes, la cifra de 727 millones de dólares.

Aun hoy los que reciben la clasificación de “refugiados políticos” bajo la vigente Ley de Ajuste Cubano de 1966, reciben una ayuda financiera por solo decir que son “perseguidos por el comunismo”, como el caso de Rosa María Payá y su familia.

A pesar de la situación económica que tiene Estados Unidos en la actualidad, aprueba millonarios fondos para subsidiar a los venezolanos emigrados, monto que alcanza hoy la suma de 16 millones.

Al incrementar la guerra económica, comercial y financiera contra Venezuela, unida las sanciones a sus funcionarios, cada día son más los venezolanos que viajan en busca de una vida más holgada – algo que no todos encuentran – creándole un serio y difícil problema a la economía norteamericana y de otros países de la región.

Ninguno de esos emigrantes clasifica para que la Organización Internacional para los Refugiados de la ONU y la Organización Internacional para la Migraciones, les otorguen ayuda monetaria.

La situación que sufren hoy millones de venezolanos es provocada por Estados Unidos con su guerra económica y la manipulación mediática, con la esperanza de derrocar al gobierno de Maduro y reinstalar un gobierno al servicio de sus órdenes con una economía neoliberal, para eliminar todos los programas sociales que benefician al pueblo, algo que en casi 60 años no han podido hacer con Cuba.

Los yanquis no aprenden las lecciones, su prepotencia los mata y arrastran a sus aliados en tales acciones, que al final solo perjudican a los pueblos, incluido el estadounidense.

Sabio fue José Martí cuando afirmó:

“Los necios creen que debajo de su plastrón se esconde la llave del mundo…y niegan con sincera imbecilidad…todo lo que en ellos nos sea, sobre todo si se les desarregla su plastrón”.

Estados Unidos 60 años de errores con Cuba


Por Arthur González.

Cualquiera comete una torpeza, pero lo de Estados Unidos con Cuba es un record Guinness.

El más reciente de los desaciertos fue la reunión sostenida del sub secretario de Estado, en la Cumbre de las Américas que se celebra en Lima, con un grupito de sus asalariados que poseen un historial muy alejado al de cualquier joven cubano.

El sub secretario John J. Sullivan, se reunió el 12 de abril 2018 a puertas cerradas, con miembros de la “oposición”, que no trabaja ni estudia en Cuba, pero Estados Unidos insiste en calificarla como “miembros de la sociedad civil independiente”. Por supuesto que son independientes del pueblo, pero totalmente dependientes del dinero y órdenes de Washington.

Esos que Estados Unidos exhibe actualmente como “disidentes”, seguirán el mismo camino del olvido de sus antecesores en los años 80 y 90, cuando embriagados por el éxito obtenido con el Programa Democracia aprobado por Ronald Reagan, la Casa Blanca destinó millones de dólares para la fabricación de una “oposición cubana”.

¿Quién se acuerda de Yndamiro Restano y Hubert Jerez, de la llamada Asociación de Periodistas Independientes?; ¿De Lázaro Cabrera, Vladimir García y Omar López, de la Asociación Pro Arte Libre?

¿Alguien menciona a Humberto Colás y a Berta Mexidor, de aquellas inventadas Bibliotecas Independientes?

¿Han vuelto a ser noticia en los medios de Miami, Ricardo Bofill, Martha Freyre, María Elena Cruz Varela y Roberto Luque Escalona, quienes integraron el fantaseado Comité Cubano Pro Derechos Humanos, y la Concertación Democrática Cubana?

Ni en Cuba y menos en Miami, se habla del llamado Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, compuesto entre otros asalariados por Samuel Martínez Lara, Tania Díaz Castro y su líder Odilia Collazo Valdés, quien en realidad era la agente Tania de la Seguridad del Estado cubano, según sus testimonios aparecidos en el libro “Los Disidentes”, del 2003.

A otros que eran noticia diariamente, como lo son ahora Rosa María Payá y Antonio Enrique González-Rodiles, ya nadie les envía dinero,  y pasaron a mejor vida, entre ellos Vladimiro Roca, René Gómez Manzano, Félix Bonne Carcasés, Martha Beatriz Roque Cabello, Elizardo Sánchez, Jesús Yanes Pelletier y Gustavo Arcos, quienes conformaron el Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna Cubana, y llevaron a cabo la campaña “La Patria es de Todos”, impulsada por la mafia terrorista de Miami con Ileana Ros-Lehtinen al frente.

La fuerza que le dio Estados Unidos a Yoani Sánchez en el año 2007, haciéndola una súper “estrella” de la Web, con millonarios premios periodísticos, la conformación de un Blog, más un diario digital, ya no es noticia, porque su imagen fue confeccionada artesanalmente con cartón, por especialistas del Departamento de Estados y la CIA.

A pesar de todos sus fracasos los yanquis le echan nuevamente mano a una nueva promoción de asalariados, que desdicen mucho de sus patrocinadores, por conformar un equipo de megalómanos como Guillermo Fariñas, íntimo del asesino terrorista Luis Posada Carriles y González-Rodiles, con sus fantasías de ser licenciado en Física, a quien le construyeron el 2007 en Miami, un proyecto bajo el nombre de Estado de Sats, en fecha similar al de Yoani.

Como elemento significativo se destaca que, en cada una de las escuálidas reuniones de Estado de Sats, participaba un “diplomático” de la Misión de Estados Unidos en La Habana, quien controlaba lo que se decía y hacía. Al no obtener resultados, González-Rodiles fue destinado al apoyo de las Damas de Blanco, y a viajar constantemente a Miami para hacer campañas anticubanas.

Lo más denigrante para John J. Sullivan, fue tener que darle la mano a Danilo Maldonado, conocido por “El Sexto”, drogadicto confeso y sin nivel académico alguno, lo que demuestra el fracaso de Estados Unidos durante casi 60 años, en su intento por inventar una oposición a la Revolución popular cubana.

Se empecinan los yanquis en no reconocer el socialismo cubano, gastan miles de millones en planes, actos terroristas, campañas de prensa y en el abastecimiento a una contrarrevolución que, como reconocen sus diplomáticos en La Habana, “dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día”.

El tiempo se encargará de ver al grupito actual de “disidentes”, tomar el mismo rumbo de aquellos que en su momento fueron sus “estrellas rutilantes” y hoy nadie se acuerda de que existen.

Quizás algunos de ellos tomen la suerte de otros que, como, Néstor Baguer, Luis Veliz, Ana Rosa Jorna, Yamila Pérez, Noel Ascanio, Aleida Godínez, Alicia Zamora, Otuardo Hernández y Carlos Serpa Maseira, fueron desclasificados por los Órganos de la Seguridad de Cuba, y recibieron el reconocimiento de su pueblo por las tareas cumplidas como agentes secretos, que lograron engañar durante años a los experimentados Servicios de Inteligencia yanqui.

Cuba tiene mucho que mostrarles a sus hermanos latinoamericanos y caribeños, algo que Estados Unidos no puede y menos aún sus lacayos, porque como dijera José Martí:

“Cuba no anda de pedigüeña, anda de hermana y obra con la autoridad de tal. Al salvarse, salva. Nuestra América no le fallará, por ella no le falla a América”

 

Cantarle las verdades a quién


Por Arthur González.

Hay cubanos que cuando dejan atrás a su patria se olvidan de la historia y se les nubla el pensamiento con la propaganda yanqui.

Recientemente un artículo escrito por uno de esos, publicado en el Nuevo Herald, se refería a la ausencia del presidente Donald Trump en la Cumbre de las Américas y afirmaba que, “para cantarles las verdades a Castro, era igual si lo hacía el vice presidente Mike Pence”, algo que demuestra una pérdida total del contacto con la realidad.

Cuba tiene en esa Cumbre una excelente representación de artistas, entre ellos dos repentistas del punto cubano, canto que improvisan los campesinos sobre diferentes temas, y con el que podrán decirles las verdades a los representantes yanquis.

No es el gobierno de Cuba quien hace guerras para apoderarse de las riquezas naturales de otros países, utilizando argumentos falsos, como sucedió en Afganistán, Irak, Libia y Siria, dejando una cifra de muertos indeterminada y ciudades destrozadas que antes fueron hermosas.

No es el régimen cubano quien lanza bombas sobre hospitales, escuelas y matan a civiles por “error”.

No es Cuba quien ha introducido gérmenes patógenos y virus para enfermar a miles de ciudadanos en muchos países, ni quien diseñó Golpes de Estado en Chile, Brasil, Hondura, Guatemala, ni apoyó a las dictaduras en Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Colombia, el Salvador y Nicaragua, enviando a torturadores como el caso de Dan Mitrione, policía estadounidense, miembro del FBI y “funcionario” del Departamento de Estado; o Robert K. Thierry, “asesor” de torturas en Paraguay.

Cuba lleva calidad de vida a los pueblos de América Latina, para eliminar el analfabetismo, la insalubridad y la incultura que deja el capitalismo entre sus habitantes; no se lleva ningún recurso natural de esos pueblos; solo aporta conocimientos y bienestar. Ofrece estudios y superación gratuita, para aquellos que no tienen recursos para estudiar en las universidades de sus países.

Las visitas que hizo Mike Pence el pasado año a Argentina, Chile, Colombia y Panamá, no fueron para ofrecer ayuda a los necesitados, sino para presionar a sus presidentes y que apoyaran la guerra económica, financiera y mediática que desarrolla Estados Unidos contra Venezuela, en su obstinación por desaparecer el socialismo de la región.

Si de cantar las verdades se trata, Pence tendrá que escuchar los reclamos de los latinoamericanos por el trato injusto e inhumano que  da su gobierno a los inmigrantes del continente, los crímenes que comete en la frontera con México, la expulsión de padres que dejan atrás a hijos nacidos en Estados Unidos, separando familias enteras, o la de hijos que crecieron allí y ahora el presidente Trump los quiere expulsar.

Si le gusta el canto al vicepresidente Pence, podría estar horas oyendo las verdades de miles de guatemaltecos, enfermados premeditadamente por médicos yanquis entre los años 1946 y 1949, con sífilis, gonorrea y otras enfermedades venéreas, con el fin de comprobar la efectividad de nuevos antibióticos.

Para lograr sus fines, a muchos no les suministraron antibióticos, sino líquidos simulados, por lo cual murieron y padecieron de los efectos de tales enfermedades, algo reconocido oficialmente en el año 2010, cuando la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton se disculpó públicamente ante el pueblo guatemalteco.

Otras verdades que podrían cantársele a Pence, es la protección que le brindan las autoridades yanquis a cientos de terroristas y asesinos como Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano, donde perecieron 73 inocente, prófugo de una cárcel venezolana, a pesar de las reclamaciones oficiales del gobierno de esa República.

Hace pocos días se conmemoró el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y su chofer en Washington, a manos de terroristas de origen cubano entre ellos Guillermo Novo Sampoll, quien obtuvo un perdón del presidente Ronald Reagan, solicitado por la congresista Ileana Ros-Lehtinen, quien también pidió al presidente George Bush padre, una visa de refugiado político al terrorista nacido en Cuba, Orlando Bosch Ávila, a pesar de ser considerado por el FBI como inadmisible y terrorista peligroso.

Bosch murió en Miami protegido por las autoridades, confeso públicamente de dirigir la Operación CORU, apéndice de la Operación Cóndor, diseñada por la CIA contra América Latina.

Entre sus crímenes está la colocación de bombas en varias embajadas cubanas en Latinoamérica, el secuestro y asesinato de diplomáticos de Cuba en Argentina, encontrados, treinta años después, dentro de dos barriles con cemento en un rio.

En declaraciones en Miami el pasado año, Trump aseguró que “Estados Unidos siempre defenderá la libertad en este hemisferio y más allá, porque apreciamos nuestros valores”.

La verdad deja bien definidos los “valores” que Estado Unidos defiende, y de encontrarse con el presidente Raúl Castro será una oportunidad única para decirle las verdades sobre la dictadura militar totalitaria que Estados Unidos le impone a Latinoamérica, con sus intervenciones militares y sus decenas de bases militares, donde solo se imparten lecciones de como matar y aniquilar a los pueblos, e incluso se tortura, como hacen en Guantánamo, Cuba.

La verdad que tendrá que escuchar Pence y el senador Marco Rubio, si se decide a asistir a la reunión parlamentaría, será la cruel guerra económica y financiera impuesta por Estados Unidos contra el pueblo cubano desde hace 58 años, con la malsana pretensión de matar por hambre y enfermedades a su pueblo, que repiten contra Venezuela.

Si el senador Rubio no pudo obtener los votos del electorado de su país para postularse como candidato presidencial, menos podrá esperar de los latinoamericanos que padecen diariamente los males que deja la política imperialista y que se incrementarán con los aranceles impuestos por el presidente Trump.

Los cantos de los pueblos se escucharán con fuerza y no importa el engaño y la mentira de los yanquis, pues como afirmó José Martí:

“De tal manera necesitan los pueblos el concepto de dignidad, que hasta conviene herirla para darles el placer de defenderla”.

La mala memoria de los que atacan a Cuba


Por Arthur González.

Quizás sea la vejez de los que llevan más de medio siglo intentando derrotar a la Revolución popular cubana, lo que les hace perder la memoria a ciertas personas que se han enriquecido gracias al socialismo cubano, porque sin los fondos que aprueba el gobierno yanqui, ninguno fuera hoy senadores, representantes en el Congreso, ni adinerados empresarios en Miami y otras ciudades del Norte.

Ahora desde España atacan la postura valiente del embajador Juan Antonio Fernández, asumida en defensa de su patria por las payasadas de uno de los que Estados Unidos financió para hablar mal de Cuba, cuando el diplomático le salió al paso para decirle “con Cuba no te metas”, frase que se hizo viral en las redes sociales.

Esa defensa a los que agreden a Cuba la califican como “diplomacia de la guapería”, demostrando su ignorancia respecto a la historia de la diplomacia cubana, encabezada desde los primeros años de la Revolución por el Dr. Raúl Roa, apodado como el “canciller de la dignidad”, debido a sus valientes e inteligentes intervenciones en reuniones de la OEA y durante la Asamblea General de la ONU, ante las mentiras del embajador estadounidense durante los ataques a los aeropuertos cubanos, por aviones procedentes de Estados Unidos, pintados con insignias de la fuerza aérea cubana, horas antes de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos.

Cuba ha tenido que defenderse de los ataques yanquis, demostrando su verdad ante los que se prestan para mentir y ofender al pueblo cubano.

Sin embargo, parece que olvidaron la actitud prepotente y colonial asumida por el Rey Juan Carlos de España, cuando en una Cumbre Iberoamericana mandó a callar al presidente de Venezuela Hugo Chávez, haciendo galas de una grosería sin precedentes, muy alejada de las normas diplomáticas.

Si a los contrarrevolucionarios no les gusta la guapería cubana, que la dejen en paz, no la provoquen ni la ofendan con intromisiones ordenadas desde Estados Unidos.

No es secreto que, durante la pasada Cumbre celebrada en Panamá, la mafia terrorista anticubana radicada en Miami, envió a un grupo de provocadores que no participan con su pueblo en el esfuerzo cotidiano por vencer las dificultades creadas por la guerra económica, los que recibieron el rechazo contundente de la delegación cubana.

Ahora repiten el espectáculo para crear problemas en Lima, y volverán a recibir la respuesta digna y decidida de quienes, sí conforman la sociedad civil que trabaja y estudia en Cuba, y no en Miami o bajo las órdenes yanquis.

Por otra parte, llama la atención que la vocera del Departamento de Estado estadounidense, Heather Nauert, diera a conocer un comunicado de su Departamento, quejándose que “autoridades cubanas impidieron el viaje de algunos contrarrevolucionarios que obtuvieron visas de Perú para la Cumbre”, quienes pretendían organizar alteraciones del orden en ese evento; pero la vocera no comentó que cientos de cubanos se ven impedidos de visitar o reunirse con sus familiares en Estados Unidos, porque su Departamento les niega las visas, o les obliga a viajar a un tercer país para acudir a una embajada yanqui, debido a que su gobierno retiró al personal consular de La Habana, solo para enrarecer más las frágiles relaciones diplomáticas.

Por qué no critican el desprecio que manifiesta el presidente yanqui Donald Trump, por los países de América Latina, corroborado con su actual negativa de asistir a la Cumbre y reunirse con los mandatarios de la región.

Es tanto su sentimiento de ser superior, que decidió no estar unas horas mirándoles las caras, o estrecharles las manos a esos representantes que llamó hace unas semanas “países de mierda”, o a México que le quiere cobrar la construcción de más muros en su frontera, imponerle aranceles más altos a sus productos, expulsar a cientos de miles de inmigrantes que buscan los trabajos en Estados Unidos que los yanquis no quieren acometer, y desterrar cientos de jóvenes latinoamericanos que crecieron, estudiaron y trabajan en ese país, llevados ilegalmente de niños por sus padres.

Trump sabía que no sería bien recibido por sus constantes ataques a la región y por la noticia del envío de miles de soldados a custodiar la frontera con México.

Cuba es bien vista por su apoyo solidario a todos los pueblos latinoamericanos, a donde van sus médicos, maestros, profesores de educación física, deporte e instructores de arte, así como recibe a miles de estudiantes que se forman gratuitamente como profesionales, en escuelas cubanas.

Eso no lo pueden negar, de ahí que los asalariados como Rosa María Payá y su invento made in USA, de la Red Latinoamericana de juventudes, sean rechazados por los miembros de la sociedad civil latinoamericana, que conoce la verdad de quien paga esos reality show que pretenden conformar, sin ayudar en nada a los latinoamericanos necesitados de educación, salud, trabajo y la lucha contra el flagelo de las drogas, que tanto golpea a los más pobres de la región.

Sabio fue José Martí cuando sentenció:

“La América ha de promover todo los que acerque a los pueblos, y de abominar todo lo que los aparte”.

 

 

 

Manipulación de la Ley, nueva táctica de Estados Unidos


Por Arthur González.

La condena de Luiz Inácio Lula da Silva, es la materialización más reciente de la nueva estrategia de Estados Unidos contra la izquierda latinoamericana, en la cual se emplea a la justicia como fórmula para quitar del camino a los líderes elegidos por el pueblo en las urnas.

Ya lo emplearon en el mismo Brasil contra la presidenta constitucional Dilma Rousseff, a quien sacaron del cargo acusándola de corrupción, sin una sola prueba, a pesar de que aquellos funcionarios que fueron reclutados para la farsa, eran verdaderos corruptos, como lo es también el actual presidente de Brasil.

Con el apoyo total de la prensa derechista controlada por los partidos que responden a los intereses yanquis, las campañas mediáticas se diseñan para engañar a la población y fabricar estados de opinión que apoyen las inventadas acusaciones contra los líderes políticos que Estados Unidos no acepta.

Las primeras acciones contra Dilma fueron las manifestaciones organizadas y financiadas en su contra, para crear el caos y hacerle creer al pueblo que todo era responsabilidad de la mandataria, lo que está basado en las tácticas diseñadas por Gene Sharp, y que le fueron aplicadas exactamente a la Presidenta del Partido de los Trabajadores, entre ellas:

  • Promover acciones “no violentas” para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad, destacando denuncias de corrupción, promoción de intrigas o divulgación de falsos rumores.
  • Desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de “totalitarismo” contra el gobierno en el poder.
  • Lucha activa por “reivindicaciones políticas y sociales”, y manipulación de los colectivos para que emprendan manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones.
  • Operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.

A Temer, presidente impuesto que tiene los niveles de popularidad más bajos de la historia de Brasil, no lo llevan a los tribunales para juzgarlo por sus acciones de corrupción comprobadas en grabaciones telefónicas y filmaciones, además de otras pruebas de carácter legal, porque la mayoría de los Senadores responden a los partidos de derecha, en plena concordancia con los dictados de la embajada de Estados Unidos en Brasilia, donde sus diplomáticos campean libremente por oficinas y pasillos de la Cancillería y del Congreso, presionando y reclutando a diestra y siniestra.

A la ex presidenta Cristina Fernández le hacen lo mismo, con el marcado propósito de evitar su postulación para las próximas elecciones argentinas. El acoso y denuncias respecto a inventados casos de corrupción evidencian el mismo camino, poniéndose al descubierto que esa es la actual estrategia para legitimar las mentiras conformadas contra todos los que se pronuncien a favor de medidas que beneficien a los de menos recursos.

La reciente sanción contra Lula no deja la más mínima duda de que esa será la actuación en lo adelante, y llama la atención que, sin prueba alguna, solo por falsedades afirmadas por las campañas de prensa al servicio de la derecha, fueron trasladadas a la justicia como ciertas, algo que evidencia que son parte del diseño estratégico ideado por Estados Unidos.

A Lula da Silva lo condenaron en juicios casi sumarísimos, por la rapidez empleada, cuando causas muchos más graves demoran meses y hasta años en ser culminadas, todo con el fin de evitar su participación en las elecciones presidenciales, porque en la ley de Brasil una persona con condenas judiciales no puede ser elegida para cargos de esa envergadura.

A pesar de las magnificadas cruzadas mediáticas en su contra, su imagen popular no se vio afectada entre los electores, porque los trabajadores saben que todo es un invento político para cortarle el camino a la presidencia, y hoy Lula cuenta con el apoyo mayoritario de los brasileños.

De la derecha hay que aprender a ser implacable con los asalariados y peones de los yanquis. Los partidos de izquierda en Latinoamérica tienen que repensar en los más mínimos detalles sin caer en ingenuidades, para mantener el poder y enfrentar con la verdad a la prensa al servicio del imperio.

Cada mentira tiene que ser descaracterizada, hay que emplear las redes sociales para llegar a toda la población con la verdad; descubrir y denunciar el accionar de los “diplomáticos” de Estados Unidos sobre congresistas, funcionarios de alto nivel, abogados y fiscales, quienes se dejan presionar y chantajear por ellos, tal y como se les ve hacer en las reuniones de Naciones Unidas cuando desean un voto a su favor.

Prueba de que contra Lula todo fue políticamente diseñado con antelación, es la información que acaba de publicar el diario O Globo, respecto a la celda que la Policía Federal local (PF), preparó especialmente para él, en la prisión de la sureña ciudad de Curitiba.

El proceso con el dirigente del Partidos de los Trabajadores es una farsa total, diseñada desde que manifestó su interés de presentarse en las elecciones y no habrá ningún recurso legal que impida su reclusión por 12 años, como escarmiento para aquellos que intenten aponerse a los dictados de Washington en América Latina, pues como afirmó sínicamente el ex secretario de Estado Rex Tillerson, lo que está vigente es la imperial Doctrina Monroe, de que “América es solo para ellos”.

Ante los vientos del aletear del águila imperial, debemos tener presente lo que alertó José Martí, al que denominó “El Norte brutal que nos desprecia”:

“¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el Gigante de las Siete leguas!”

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.”