Joe Biden y su camino hacia el fracaso.


Por Arthur González.

Presionado por un grupo de amargados en Miami, el presidente de Estados Unidos incrementa las sanciones contra el pueblo cubano, creyéndose lo que le dicen quienes en 62 años solo han conseguido fracasar en su sueño de derrocar a la Revolución, y ese mismo destino tendrá el presidente en las próximas elecciones, porque al final, esos norteamericanos de origen cubano le darán su voto al partido republicano.

Biden evidencia mucha debilidad ante los mafiosos que ocupan puestos en el Congreso, incumpliendo sus promesas de campaña de que eliminaría algunas de las medidas impuestas por Trump contra Cuba, e incluso añadió otras para hacerle el juego a la Florida, pero la vida se encargará de demostrarle sus errores.

En medio de la pandemia de la Covid-19, dio su aprobación para que esa mafia y los servicios de inteligencia, arreciaran sus acciones encaminadas a ejecutar la llamada guerra no convencional, con el empleo de las redes sociales, unida a la criminal guerra económica y financiera que tiene en crisis a la economía de la Isla.

Una de esas medidas fue la convocatoria a las protestas, a sabiendas de que aumentarían el número de contagios y así tratar de colapsar el sistema de salud cubano, algo realmente inhumano y despiadado que contradice su supuesta preocupación por el bienestar del pueblo. El resultado es palpable, el número de enfermos creció como nunca antes y casi desbordan las capacidades hospitalarias, pero Cuba demuestra su potencial y no deja a nadie sin la debida atención, a pesar de la limitación de los recursos.

La solidaridad internacional demuestra su apoyo a la Revolución y amplía el rechazo a las políticas yanquis contra una pequeña nación que lucha por su independencia.

Biden recibe presiones de los senadores Bob Menéndez y Marco Rubio, quienes lo acusan a diario de no ser más fuerte en sus medidas contra Cuba. Por eso, en un intento de aparentar fortaleza, sancionó ridículamente a varios funcionarios de la Isla que no viajan a Estados Unidos, ni tienen cuentas bancarias en ese país, evidenciando desespero por aparentar fortaleza, y hasta recibió a un grupito de cubanos de la Florida, en su delirio de ganar votos en el futuro.

A su vez, ha desatado una presión insólita sobre la Unión Europea y la OEA, para que se unan a los Estados Unidos en su ataque contra Cuba, bajo el manipulado pretexto de la “represión” contra los manifestantes, cuando los yanquis y europeos carecen de moral por ser ellos quienes reprimen brutalmente a sus ciudadanos.

Para conformar una matriz de opinión anticubana, tuvieron que acudir a imágenes de otros países como si fueran en Cuba, mentiras que poco a poco se van descubriendo, entre ellas policías de Brasil golpeando en el suelo a personas, o manifestaciones en Egipto y Argentina, como si fueran en ciudades cubanas y publicar imágenes del pueblo apoyando a la Revolución, aparentando ser opositores.

Las cruzadas mediáticas contra Cuba ejecutada en las redes sociales, son pagadas con dinero de la NED, la USAID, el Departamento de Estado y la CIA, porque no pueden evidenciar represiones similares a las que suceden en ciudades yanquis, europeas, asiáticas y latinoamericanas, donde la policía asesina y golpea sin piedad, a quienes exigen derechos que los cubanos disfrutan, entre ellos la salud, educación, empleo y seguridad social.

¿Por qué Washington y la Unión Europea no condenan las brutales represiones en Francia contra los chalecos amarillos, que protestaron durante un año, ni se preocupa por las actuales que llevan tres semanas consecutivas, con más de 200 mil personas pidiendo libertad?

¿No les preocupan las manifestaciones vistas en estos días en Suiza, donde más de 4 mil personas marcharon ante las medidas tomadas por el gobierno, que atentan contra las libertades civiles, o las de Italia?

¿Dónde estaban los senadores Marco Rubio, Bob Menéndez, Ted Cruz, Albio Sires y otros “preocupados” que ahora se suman a la comparsa para atacar a Cuba, que no le exigieron al Senado, aprobar una resolución bipartita para sancionar a los jefes de la policía que permitieron las salvajes represiones contra los que pedían justicia para los asesinos de George Floyd y otros ciudadanos de raza negra?

Ante esos hechos repudiables la Unión Europea hizo silencio cómplice, al igual que la OEA.

A esos “preocupados” y a la culta Europa, no les importan los derechos humanos de los asesinados en Colombia, ni los reprimidos con violencia descomunal en Chile. Por supuesto, esos gobiernos no son de izquierda.

Joseph Borrell, Alto Representante de la Unión Europea, al parecer no le importan las actuales protestas en Hungría, en las que miles de trabajadores sanitarios se quejan de las precarias condiciones de trabajo y el deterioro del sistema de salud pública.

Mucho cinismo hay en este mundo, porque la OEA no ha condenado las más de 300 masacres de campesinos colombianos, ni los detenidos y desaparecidos en Chile, Honduras o Guatemala.

Para esos países la NED no asigna presupuestos para fomentar descomunales cruzadas mediáticas, como hacen contra Cuba, plagadas de falsedades que han confundido a muchas personas decentes en el mundo.

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La injerencia contra Cuba no cesa


Por Arthur González.

Mientras el régimen de Estados Unidos entrena a terroristas colombianos para asesinar a presidentes en otros países, como se comprobó en Venezuela y en Haití, cínicamente incluyen a Cuba en una espuria lista de países que cooperan con el terrorismo, solo para que otros gobiernos se vean impedidos de colaborar con la isla, ante las amenazas de ser sancionados, como parte de la enfermiza persecución económica y financiera que pretende estrangular al pueblo cubano.

Una evidencia más de que los yanquis actúan como amos del mundo, es el nuevo presupuesto aprobado por el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, que, bajo el amparo de una ley, autoriza al Departamento de Estado a gastar 20 millones de dólares, durante el año fiscal 2022, en proyectos para “promover la democracia” en Cuba.

Si la Asamblea Nacional cubana aprobara una ley para apoyar a los negros y latinos de Estados Unidos, de inmediato el imperio le declararía la guerra a Cuba.

Esa injerencia yanqui es la misma historia fracasada que enriquece a políticos anticubanos, mantiene encadenada la política exterior y evidencia hasta dónde son capaces de llegar en su obstinación.

Los contribuyentes norteamericanos deberían conocer, en que malgasta su régimen el dinero que ellos aportan anualmente con sus impuestos, pues acaban de destinar 9,98 millones para alimentar a una llamada “sociedad civil” cubana, que no trabaja y solo vive gracias al dinero de Estados Unidos.

Otros 4,78 millones de dólares se repartirán en supuestos medios de prensa “independientes”, la mayor parte radicados fuera de Cuba y recibiendo instrucciones de la CIA para influir en la mente de los cubanos, como afirmó Allen Dulles, su ex director:

Gracias a su diversificado sistema propagandístico, Estados Unidos debe imponerle su visión, estilo de vida e intereses particulares al resto del mundo”. “Estamos hablando de Ciencia, de una Ciencia para ganar en un nuevo escenario, la mente de los hombres”.

Además, destinarán 5,24 millones para gastar en acciones de una supuesta promoción de los “derechos humanos”, aunque históricamente ese dinero termina en los bolsillos de pícaros que viven sin sudar la camisa.

Esa cantidad de dólares es tomada del Fondo de Apoyo Económico del Departamento de Estado, encargado de la subversión política en países que no se arrodilla ante ellos, y los yanquis desean derrocar a cualquier costo. Esto no incluye otras partidas que aporta la NED, la USAID y la propia CIA, en presupuestos para pagar a sus agentes.

La mencionada ley aprobada, repite el viejo cotorreo:

La asistencia de Estados Unidos tiene como objetivo promover los valores que Estados Unidos defiende en todo el mundo”.

El mismo concepto esgrimido por Allen Dulles en 1953, cuando dijo:

“El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de las ideas, a las alternativas a nuestro dominio mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo” […] “Sin que sea percibido, sustituiremos sus valores por otros falsos y les obligaremos a creer en ellos”.

El cinismo yanqui no tiene límites y a la par que recrudecen su guerra económica y financiera contra Cuba, impiden el envío de remesas familiares y aprueban no menos de 5 millones de dólares “para programas de asistencia técnica y de otro tipo al pueblo cubano, para apoyar el desarrollo de empresas privadas y organizaciones comerciales privadas en Cuba y para actividades educativas y culturales de pueblo a pueblo”.

¿Se olvidaron que Donald Trump con sus sanciones, prohibió la entrada de cruceros a Cuba, de visitantes norteamericanos bajo licencias aprobadas por el Departamento de Estado, los vuelos a provincias cubanas y el consumo de bebidas hechas en la Isla, lo cual hizo quebrar al naciente sector privado cubano?

Los emprendedores cubanos demuestran capacidad de creatividad y desarrollo para sus negocios, tanto en los servicios gastronómicos, hoteleros, manufactura, creación de Software, diseño industrial, arquitectura y proyectos ingenieros, porque la Revolución les da gratuitamente, la instrucción y herramientas académicas necesarias para ser competitivos en el mundo.

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Por qué se volvió Cuba prioridad política para Estados Unidos


Por Arthur González.

El mundo conoce de la hipocresía y las mentiras de los yanquis en su política exterior, la historia está atestada de ejemplos. Desde el lanzamiento de dos bombas nucleares sobre la población civil de Japón, la guerra contra Vietnam, Laos y Camboya, las falsedades fabricadas contra Irak, Libia y Siria, donde las violaciones a los derechos humanos, los muertos, heridos y desaparecidos, lo demuestran.

Estados Unidos se destaca por sus métodos de tortura, al mejor estilo nazis, empleados contra prisioneros en cárceles secretas, sin que sus familiares fueran informados de sus paraderos, ni se le permitiera el acceso a un abogado para su defensa, situación que ha sido reconocida ante la Comisión contra la tortura de la ONU, pero a pesar de eso nunca han sido sancionados, ni condenados.

Sin embargo, se invisten con el traje de “campeones” de los derechos humanos y se adjudican el derecho de sancionar a otros, especialmente a quienes no se pliegan a sus órdenes, como son los casos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán y Siria, contra los que se gastan cientos de millones de dólares en campañas desinformativas, para distorsionar su realidad e incluso fabrican elementos opositores que instruyen para ejecutar actos provocativos.

¿Se puede hablar de respeto a los derechos humanos hacia una nación a la que Estados Unidos aplica una despiadada guerra económica, comercial y financiera, para matar de hambre y enfermedades a su pueblo durante 62 años, similar a un holocausto?

Para seguir con su guerra psicológica, Estados Unidos, único instigador de las manifestaciones observadas en la Isla el 11 de julio 2021, ahora declara con cinismo e hipocresía que Cuba se ha convertido en una prioridad para su política exterior, después que el presidente Joe Biden lleva 6 meses declarando que no lo era y mantiene las 243 sanciones impuestas por Donald Trump, que prometió eliminarlas durante su campaña electoral.

Biden, manipulado abiertamente por congresistas anticubanos que apoyaron a Trump en su contra, evidencia su debilidad como presidente, al dejarse presionar para no reanudar el envío de remesas familiares a la Isla, ni habilitar la sección consular en su embajada en La Habana, situación que agrava aún más el sufrimiento de los cubanos.

Prueba del chantaje que le hacen los senadores y representantes anticubanos que también se opusieron a investigar a Trump, hace unos días organizaron una audiencia del Congreso para abordar las protestas en Cuba y como testigos llevaron a José Miguel Vivanco, director ejecutivo de Human Rights Watch para las Américas, personaje mantenido con dinero aprobado para las acciones subversivas contra la Revolución y a Rosa María Payá, devenida en ahijada del senador Marco Rubio, mujer que se vendió a los yanquis a cambio de un visado de “refugiada política”, para ella, su madre y dos hermanos, y de acusar al gobierno cubano de ser responsable de la muerte de su padre, Oswaldo Payá Sardiñas. 

Evidencia de que sus afirmaciones son falsas y fabricadas por los yanquis, fue la respuesta de los tribunales españoles cuando después de escuchar su acusación, dictaminaron que no procedía, ante la ausencia de pruebas. El único autor del homicidio de Payá Sardiñas, es Ángel Carromero, conductor del auto en que viajaban a exceso de velocidad, repartiendo dinero por la Isla enviado por el Partido Popular Español para actos subversivos.

¿Por qué sólo llevaron a esos testigos y no a otros como los estadounidenses Medea Benjamín, Félix Sharpe-Caballero y Carlos Lazo, quienes trabajan por la eliminación de la guerra económica y financiera impuesta a Cuba, que afecta a once millones de ciudadanos?

La mafia anticubana en el congreso, integrada por Bob Menéndez, Marco Rubio, Ted Cruz, Albio Sires, Mario Díaz-Balart y recientemente por María Elvira Salazar, impide que se escuchen voces a favor de una política de entendimiento con La Habana, al retomar el lenguaje virulento empleado en la década de los años 90, cuando lograron aprobar la ley Torricelli y la execrable Helms-Burton. 

El odio hacia Cuba por mantenerse firme y soberana, marca la actitud de esos políticos que hacen carrera con su lenguaje anticubano, quienes jamás actúan de igual forma contra Colombia, Chile o Brasil, a pesar de la cruenta represión contra sus pueblos, que exigen derechos a la salud, educación, trabajo y alimentación.

La represión en esos países ha dejado decenas de muertos, heridos, mutilados y desaparecidos, pero al ser aliados de los yanquis no se les acusa de nada.

Causó risa escuchar a Rosa María en su inglés masticado y mal pronunciado, cuando leyó el informe confeccionado en la oficina de Marco Rubio, plagado de mentiras para intentar lavarles el cerebro a los congresistas, muchos de ellos conocedores de la realidad cubana por haber visitado la Isla, como la actual Primera Dama, quien constató personalmente las falacias que le habían contado sobre Cuba y su Revolución.

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Los obispos cubanos no quieren quedarse atrás.


Por Arthur González.

Para no ser condenados por Estados Unidos, la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba publicó rápidamente un comunicado referente los sucesos acontecidos el pasado 11 de julio 2021, donde defienden el derecho de los ciudadanos cubanos a “manifestar sus necesidades, anhelos y esperanzas”, además de señalar que algunas medidas tomadas por el gobierno están afectando seriamente a la población.

No es de extrañar esa posición de la Iglesia, la cual nunca ha condenado la criminal guerra económica, comercial y financiera impuesta por Estados Unidos, para matar de hambre y enfermedades a los cubanos.

¿Por qué la Conferencia de Obispos Católicos no emitió un comunicado en rechazo a la prohibición del envío de remesas familiares, que afecta directamente a las familias cubanas?

¿Dónde está la denuncia a los actos terroristas contra las instalaciones turísticas habaneras, que dejaron un muerto y varios heridos?

¿Por qué cerraron los ojos o entornaron la mirada, como si nada hubiese sucedido, ante la voladura del avión cubano en 1976, en el cual murieron 73 civiles inocentes que también eran hijos de Dios?

¿Pensarán los eclesiásticos cubanos que el gobierno revolucionario desea que el pueblo tenga penurias y se manifieste en su contra? ¿Quién es el que hace lo imposible para eso?

¿Dónde están sus ojos y oídos para ver y escuchar los reclamos del mundo, para que se elimine el bloqueo comercial y financiero contra Cuba, ese que obstaculiza las transacciones financieras con dólares norteamericanos, e imposibilita el pago de las mercancías necesarias para la vida del pueblo?

Ante la negativa de Estados Unidos para que Cuba pudiera adquirir equipos de ventilación para enfermos de la Covid-19, los obispos callaron, a pesar de ser un crimen. 

Los religiosos cubanos parecen no conocer, que desde Miami se enviaron miles de tuits estimulando las protestas y que los que salieron a manifestarse gritaban lo que pretenden los yanquis. Muchos ejecutaron actos vandálicos, incluso contra las fuerzas del orden público, algo que, en Colombia, Chile o Estados Unidos, hubiese desatado una masacre, algo que no sucedió en la Isla.

Dónde está el llamado de los Obispos a la paz, para quienes en Miami exigen una invasión que dejarían miles de muertos y heridos, destrucción y miseria, incluidas las iglesias, sacerdotes y monjas, pues las bombas no tienen nombre.

Dicen los obispos en su reciente escrito, “estamos preocupados de que la respuesta a los reclamos de los manifestantes, sea el inmovilismo, que contribuye a dar continuidad a los problemas, sin resolverlos”.

¿Habrán visto que, en algún otro país, su presidente y el consejo de ministros, se reúnan diariamente para analizar los principales problemas de la nación?

¿No sabe la curia católica cubana cuantas medidas se han aprobado en los últimos años para avanzar en los asuntos económicos, que van desde la ampliación del trabajo privado, las cooperativas no agropecuarias, las pequeñas y medianas empresas privadas y estatales, los cambios de conceptos en el funcionamiento de las empresas estatales, la ampliación de la inversión extranjera, la posibilidad de los empresarios privados de importar y exportar y muchas otras medidas que demuestra la falsedad del llamado “inmovilismo”?

A ellos como pastores debería preocuparles las 243 nuevas medidas aplicadas por Donald Trump, para hacerle más dura la vida a las familias cubanas, incluido el sector privado, que de la noche a la mañana perdió su capacidad de trabajo y alimentar a sus hijos de forma lícita. Pero ante esto, hacen silencio para no disgustar a los yanquis.

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Triste el papel asignado a Michelle Bachelet.


Por Arthur González.

Ni por ser hija de una víctima de los planes yanquis contra Chile, cuando organizaron el cruento golpe militar, la señora Michelle Bachelet asume una posición soberana en defensa de los derechos humanos en el mundo.

Desde que el pasado año el pueblo chileno salió a las calles a reclamar justicia social, derecho a una buena educación, empleos, derecho una salud publica adecuada, rebaja del precio del transporte y otros servicios necesarios para todos, ella no condenó las muertes, las desapariciones de detenidos, las crueles represiones policiales similares a las ejecutadas por el dictador Augusto Pinochet, quienes maltrataron con salvajismo a los que protestaron en plazas y avenidas.

Sus demorados y tibios pronunciamientos dan vergüenza. Igual sentimiento causa su silencio ante las masacres continuadas en Colombia contra líderes sociales, los ex combatientes de las FARC incorporados al trabajo en los campos y sus timoratas declaraciones sobre la sostenida represión contra el pueblo que protesta en las ciudades colombianas desde hace semanas.

Tampoco condenó a Francia por las represiones durante meses contra los llamados Chalecos Amarillos, conformado por trabajadores y estudiantes que exigen mejores formas de vida; ni por los españoles que exigieron la libertad del rapero catalán, que cantaba denunciando las actitudes corruptas del Rey Emérito, en total coerción a la libertad de expresión. Menos se le escuchó condenar a España por la Ley Mordaza.

Las represiones en Estados Unidos contra los que se oponen al asesinato de ciudadanos negros y el trato discriminatorio que reciben a diario, parecen no estar en la agenda de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ni la brutal represión en Tailandia que se observa en las imágenes televisivas.

Sin embargo, con una inmediatez desacostumbrada, la señora Bachelet, en solo 24 horas, pidió la urgenteliberación en Cuba de todas las personas detenidas por “ejercer su derecho a la libertad de reunión pacífica, opinión y expresión”, durante las protestas ocurridas el 11 de julio 2021.

Sin tener los elementos necesarios para hacer tal acusación contra el estado cubano, se lanzó a solicitar una “investigación independiente, transparente y eficaz del suceso, tras la cual los responsables sean sancionados”.

¿A qué se refiere ella con investigación independiente?

¿Será una realizada por Estados Unidos que aún no ha investigado ni sancionado a los asaltantes del Capitolio Nacional, ni condenado a su principal instigador, Donald Trump?

¿Por qué no hace la misma solicitud para Chile, Colombia, Francia, España y los Estados Unidos, países que reprimen con una crueldad terrible, con el empleo de balas de goma que dejan ciegos a sus víctimas, chorros de agua fría en pleno invierno, gases lacrimógenos que afectan los ojos, y brutales golpizas que jamás se han visto en Cuba?

¿Por qué no ha condenado el magnicidio del presidente de Haití, por mercenarios formados por los yanquis?

¿Vio ella como los “pacíficos” manifestantes cubanos lanzaron piedras y cócteles molotov contra la policía, destruyeron sus autos oficiales, saquearon centros comerciales, atacaron escuelas y hasta hospitales?

 A pesar de esos actos terroristas, Cuba no emplea los métodos represivos de otros países, ni carros lanza agua, ni balas de goma contra esa parte del pueblo, incitada desde el Norte.

¿Por qué no le exige a Estados Unidos una investigación independiente por el uso de la plataforma Twitter, para enviar llamados a la movilización de los cubanos, empleando robots que multiplicaron los tuits de forma exponencial y la divulgación de imágenes manipuladas por las redes sociales, todo sufragado con dinero federal de congreso de la Florida?

Si en Cuba hay falta de alimentos y medicinas no es porque el gobierno revolucionario desee molestar a su pueblo, se sabe bien que es por la criminal guerra económica y financiera que busca precisamente el disgusto popular, como dicen los documentos oficiales yanquis, algo que ella debería condenar diariamente, pues esa guerra dura 62 años, recrudecida en medio de la pandemia mundial de la Covid-19 y que será mantenida, según el presidente Joe Biden, quien aseguró que ni las remesas familiares permitirá para el pueblo cubano.

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