Washington debe sacar conclusiones de lo cuesta calumniar a Cuba.


Por Arthur González.

Desde que el asalariado de Estados Unidos, José Daniel Ferrer fue arrestado, al ser acusado por varios ciudadanos que sufrieron golpizas propinadas por él y por dos de sus secuaces, las campañas mediáticas para atacar a Cuba no han cesado, prueba de que realmente Ferrer es uno de sus peones en la Isla.

El Departamento de Estado, la OEA, el Parlamento Europeo y Amnistía Internacional, se lanzaron a calumniar a las autoridades cubanas de “arrestarlo arbitrariamente”, desconociendo la salvaje agresión que este delincuente propinó a sus víctimas, ahora trasmutado en “disidente” por obra y gracia de los yanquis.

Una demostración de cómo manipulan las informaciones contra la Revolución cubana, es la cruzada a favor de un solo detenido, mientras callan sobre los miles de detenidos arbitrariamente en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia, porque esos sí son realmente opositores a los regímenes neoliberales que cuentan con el visto bueno de los yanquis.

Estados Unidos, la OEA y la Unión Europea, no han condenado el golpe militar fraguado por la CIA contra el presidente Evo Morales, situación que recuerda a los ejecutados durante el pasado siglo XX en Latinoamérica, organizado desde el Norte contra gobiernos que no eran del agrado de Washington.

Evidentemente los yanquis no quieren aceptar la realidad y por eso levantan calumnias, algo que deberían tener presente los miembros del Parlamento Europeo que siguen sus instrucciones, por constituir delitos sancionado por leyes.

Recientemente el diario español El País, publicó una noticia en la que relata la condena emitida por un tribual de Granada, sobre un ex Concejal del partido Izquierda Unidas, quien calumnió e insultó a un agente de la Guardia Civil y ahora tendrá que pagar nada menos que 5 mil euros.

Esa suma se compone de 3 mil 500 euros de indemnización al calumniado, más mil 440 euros de multa a razón de ocho euros al día durante seis meses, más los costos judiciales, que en ese caso se valoran aproximadamente en 3 mil euros. El total, sin incluir el costo de publicar la sentencia en un diario local, alcanzan los 8 mil euros.

Entre las varias calumnias estaban la de cometer abusos de autoridad y maltrato a la gente en el cuartel.

La investigación ejecutada por las autoridades determinó que todo era inventado, algo similar a las acusaciones que realizan varios de los asalariados de Estados Unidos y hasta la Encargada de Negocios yanqui en La Habana, quien viaja a Santiago de Cuba para entrevistarse e instruir a José Daniel y otros “disidentes”, a los que entrega altas sumas de dinero, en total violación de la Convención de Viena de 1961 para las relaciones diplomáticas.

Cuba tendrá que aplicar lo establecido en el código penal vigente y sancionar a los asalariados de Estados Unidos, para que sepan que no son impunes y tienen que respetar las leyes como cualquier ciudadano del mundo.

Cotidianamente los contrarrevolucionarios delinquen al ejecutar acusaciones falsas, a sabiendas que faltan a la verdad, además de difamar públicamente a las instituciones de la República y a las organizaciones políticas, de masa y sociales del país.

Convencidos de que los hechos que divulgan son falsos, solo con el interés de desacreditar a las autoridades, comenten el delito de calumnia; así como el de difamación, al imputar conductas y hechos que dañan la reputación de los agentes del orden, con el propósito de predisponer a la opinión pública contra ellos.

Los asalariados siguen las instrucciones de su amo, prueba de ello fueron las declaraciones del ex director de la CIA y actual secretario de Estado, Mike Pompeo, quien dijo el pasado 23 de noviembre 2019:

“El régimen ha lanzado acusaciones infundadas contra Mara Tekach, Encargada de Negocios en La Habana, en un intento por desviar la atención internacional del aberrante trato que recibe el pueblo cubano, en particular la actual detención del opositor José Daniel Ferrer. “Nuestro único deseo es que otros ciudadanos cubanos, incluidos los más de 100 presos políticos que se encuentran actualmente encarcelados por el régimen cubano y los cientos de otros disidentes que padecen la persecución oficial, puedan gozar de ese mismo derecho de libertad de expresión y de la posibilidad de criticar a su propio Gobierno en Cuba, como deberían poder hacerlo si Cuba cumpliera sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos.”

Acusaciones falsas y calumnias para desacreditar a la Revolución, frustrados por los 60 años de fracasos, al no poder derrocar el socialismo que tanto odio les causa debido a las ventajas sociales que le da al pueblo, algo que sus políticas neoliberales no hacen y traen como resultados las protestas de cientos de miles de personas en Europa y América Latina, las que reprimen brutalmente al mejor estilo de los nazis.

Es la mentira repetida hasta hacer creer que es una verdad, porque en Cuba no existen esos llamados “presos políticos”, como quieren sembrar en la mente de ciudadanos de otros países y nadie es perseguido por hablar lo que piensa. Prueba de ellos son las constantes mentiras que divulgan los “opositores” en las redes sociales, los criterios que emiten libremente muchos ciudadanos en ómnibus, establecimientos comerciales y otros lugares, sin tener problemas con la policía.

Tales falacias ponzoñosas las expresó el presidente Barack Obama en su discurso del 17 de diciembre 2014, cuando mintió al afirmar:

“…No me hago ilusiones con respecto a los continuos obstáculos a la libertad que aún enfrenta el ciudadano cubano común. Los Estados Unidos consideran que ningún cubano debe ser víctima de acoso, arresto o golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que su voz se escuche. Continuaremos apoyando a la sociedad civil allí”.

Al informar la apertura de su embajada en La Habana, expresó claramente:

“…Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano” … “Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la Isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor” … “Estados Unidos no dudará en protestar cuando vean que en Cuba se actúa de forma contradictoria con sus valores y sobre sus conceptos de libertad de expresión, asociación y el acceso a la información”.

Nada ha cambiado porque su injerencia en Cuba no está sometida a un partido u otro, es intrínseca a sus políticas hegemónicas en el mundo, por eso como afirmó el General Antonio Maceo, “no nos entendemos”.

Ante las mentiras y falsedades a Cuba no le temblará la mano para actuar de acuerdo a sus leyes, porque como aseveró José Martí:

“No se ha de permitir el embellecimiento del delito, porque es como convidar a cometerlo”

 

 

 

 

La ceguera política de los que condenan a Cuba y Venezuela.


Por Arthur González.

Personajes funestos como el agente CIA Luis Almagro, adoptan posiciones que evidencian la ceguera política que los afecta, en su obsesión enfermiza contra Cuba y Venezuela.

Cuando salió del closet, dándose a conocer como traidor de sus propias ideas de izquierda, Almagro tuvo que seguir las orientaciones de sus jefes, pero ya de forma pública, y atacar todo lo que oliera a socialismo en la región. De ahí que fuese seleccionado para dirigir la desprestigiada OEA, con el fin de condenar a Venezuela y a Cuba, a pesar de que esta última no forma parte de ese llamado “Ministerio de colonias yanquis”.

No queriendo reconocer que el proceso revolucionario venezolano es auténtico y cuenta con el apoyo mayoritario de sus ciudadanos, debido a los incuestionables logros sociales alcanzados desde que Hugo Chávez ganó las elecciones por primera vez, Estados Unidos fabrica campañas de prensa para hacerle creer al mundo que Nicolás Maduro es un “incapaz y el pueblo no lo apoya”.

Le aplican la misma receta que a Cuba: la guerra económica, comercial y financiera, en intento desesperado por evitar la satisfacción de las necesidades del pueblo, y después culpar al gobierno de mala gestión y de que el sistema socialista es “un desastre” que solo trae penurias.

A pesar de los actos terroristas contra las instalaciones de generación eléctrica; manifestaciones públicas pagadas por la NED y la USAID desde la embajada yanqui; el robo de activos y las finanzas venezolanas en el exterior; sanciones económicas; presiones a países aliados para que no comercien con Venezuela;  la construcción de un presidente auto nombrado en una avenida de Caracas; las amenazas a quienes en la Unión Europea no lo reconocieran y las instrucciones a la OEA para que le dieran respaldo a ese títere, la Revolución Bolivariana de Venezuela se mantiene inalterable y el pueblo reconoce que Estados Unidos es el verdadero responsable de sus carencias.

No obstante, Luis Almagro, instruido por los yanquis, declara que el apoyo de los colaboradores cubanos en el área de la Salud, educación, cultura y agricultura urbana, es el sostén del gobierno de Maduro, pues sin ellos ya la Revolución hubiese sido derrotada, craso error de ceguera política al no querer admitir el apoyo popular con que cuenta el gobierno bolivariano.

Cuan diferente es la situación que viven Argentina, Colombia, Ecuador, Chile y Honduras con protestas verdaderamente populares y no fabricadas por los yanquis, contra los gobiernos neoliberales que aplican medidas económicas impuestas por el FMI.

Las represiones salvajes contra los manifestantes en las calles de Quito, Santiago de Chile y de Buenos Aires, no se observan ni en Cuba y menos en Venezuela.

Los pueblos se cansan de tanta explotación, desigualdad social y pérdida del nivel de vida, pero no por una guerra económica y financiera impuesta desde Estados Unidos, sino por el mal manejo de la economía de un sistema capitalista, donde el ser humano es el último eslabón de la cadena, pues el enriquecimiento de las clases pudientes es lo primordial.

Las políticas económicas de ajustes impuestas por el FMI, hacen que en esos países capitalistas se incremente la pobreza, el desempleo, suban los precios, los costos de salud y educación, reclamos ahora exigidos por los ciudadanos, sin temor a las salvajes represiones del ejército que golpea brutalmente, incluso hasta los periodistas, lanzando gases lacrimógenos y chorros de agua, disparan balas de goma, matan, hieren y detienen arbitrariamente.

Ninguna de esas represiones al mejor estilo de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX, han sido condenadas por el Parlamento Europeo, la Alta Representante del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los múltiples organismos de derechos humanos que se la pasan acusando a Cuba y a Venezuela, el Grupo de Lima, la OEA, Freedon House, la Sociedad Interamericana de Prensa, y menos aún el Departamento de Estado, quien observa con pavor como se les va de las manos la derecha que impusieron en América Latina, en su intento por aplastar a la izquierda.

Luis Ignacio Lula fue encarcelado injustamente para impedir su postulación, Cristina Fernández y Rafael Correa, son acusados de corruptos para que no puedan volver a gobernar en Argentina y Ecuador; contra Evo Morales las cruzadas mediáticas y la repartición de millones de dólares a la oposición, pretenden confundir para restarle apoyo popular, pero los pueblos ya no pueden ser más engañados, el sufrimiento causado por el capitalismo es cada día mayor y la gente se agota de ver a los gobernantes atesorar, mientras la miseria y la desprotección aumenta.

Hoy la pobreza crece en el mundo bajo el sistema capitalista, incluido en los Estados Unidos, donde son más de 40 millones los pobres, sin seguros médicos ni protección alguna. A pesar de eso, el presidente Donald Trump arremete contra el socialismo y sanciona criminalmente a los pueblos cubano, venezolano y nicaragüense, quienes resisten estoicamente porque saben lo que sufrirían de instaurarse el capitalismo salvaje, como lo definió su Santidad Juan Pablo II, quien vivió en su natal Polonia los dos sistemas y pudo sacar conclusiones.

Las calles de Venezuela y de Cuba no tiene que ser patrulladas por Comandos de Operaciones del Ejército, como se constata hoy en Chile, donde para reprimir al pueblo han sacado de los cuarteles a cientos de miles de soldados y cadetes, declarar un toque de queda para prohibir el repudio popular al gobierno capitalista de Sebastián Piñera.

Vergüenza debería darle a Washington por apoyar esa represión, al igual que a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que, como Michelle Bachelet, solo han declarado tibiamente que “siguen con preocupación las protestas”, pero no hay una resolución de condena como hicieron rápidamente cuando las Guarimbas organizadas por la oposición venezolana, a pesar de aquellos actos terroristas, donde incluso quemaron vivos a varios simpatizantes de Maduro.

Hasta la fecha, no hay una sola reclamación de esos organismos por las miles de detenciones arbitrarias, ejecutadas en Ecuador y Chile, contra los ciudadanos que protestan hartos de tan desigualdad en esas sociedades, el sistema de pensiones, el alto costo de la salud, el deficiente sistema público de educación y los bajos salarios en relación con el costo de la vida, como sí muestran ante las inventadas detenciones temporales en Cuba, de elementos contrarrevolucionarios fabricados y financiados por Estados Unidos, que intentan alterar el orden público.

Por eso hay que tener presente a José Martí cuando dijo:

“Los pueblos no se rebelan contra las causas  naturales de su malestar, sino contra las que nacen de algún desequilibrio o injusticia”.

La voracidad del imperio yanqui.


Por Arthur González.

Obsesionados por liquidar la izquierda latinoamericana, Estados Unidos acude a sanciones económicas y financieras como arma para intentar derrocar a los gobiernos que se inclinan hacia políticas contrarias a las que dicta para la región, especialmente contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia.

Cuba es el laboratorio donde los yanquis aplican cuantas ideas se les ocurran a sus especialistas en subversión, incluido el terrorismo de Estado, la guerra biológica y psicológica, adicionadas a las comercial y financiera, en su intento desesperado por hacer fracasar el modelo socialista escogido por el pueblo.

Los yanquis se oponen a los programas sociales de la salud y educación gratuitas, pues ellos mantienen esos sectores como mercados apetitosos para sus grandes empresas, sin importarle que mueran inocentes por carecer de recursos financieros para sufragar los altos costos de la medicina, o que el analfabetismo aumente. Tampoco les importa que el acceso a la cultura sea un derecho del pueblo, ni la carencia de programas de seguridad social y para personas discapacitadas, o de la tercera edad.

Es tal el negocio en Estados Unidos que no se ha podido limitar la venta de armas, incluidas las de alto poder de fuego, porque la Asociación Nacional del Rifle sufraga campañas de senadores, representantes y hasta de presidentes, sin importarles la muerte de cientos de estudiantes y buenas personas.

Nada de eso sucede en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, pero los yanquis pretenden estrangularlos para que su modelo nunca sea imitado, como afirman, sin el menor sonrojo, los tanques pensantes del Council on Foreign Relations:

La oposición de Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

El propósito que persiguen con sus medidas de guerra económica, es provocar la escasez de productos de todo tipo, y hacerle cree a la población de esos países que el único responsable es el modelo político-económico adoptado, idea que plasmó el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad de Estados Unidos, en el Proyecto Cuba, aprobado por el presidente J.F. Kennedy en 1962, el cual dice textualmente:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen”.

Ante los continuos fracasos de una caduca política, el presidente Donald Trump, insiste en apretar las tuercas para estrangular la economía de esos países, adoptando torpemente nuevas medidas que ponen de manifiesto sus verdaderas intenciones: la violación de los derechos humanos y el deseo de matar de hambre y enfermedades a los pueblos, situación que incrementa el rechazo popular.

La persecución a los buques tanqueros que llevan petróleo a Cuba es implacable, algo que constituye un delito internacional, al convertirse en un acto de piratería y una cacería de brujas contra un país que decidió defender su soberanía, al costo que sea necesario.

Contra Venezuela aplican medidas para robarle el dinero depositado en bancos extranjeros, congelan sus activos, se apropian de empresas en Estados Unidos, persiguen sus compras y ventas en el exterior, chantaje sobre terceros países para que desconozcan al presidente electo por el voto popular, incitan al terrorismo, planes de magnicidio, intentos de golpe militar y para colmo, obligaron a otros a reconocer a uno de sus agentes pagados, auto proclamado presidente en una calle de Caracas.

Las presiones y maniobras en la OEA, el Parlamento Europeo, el Grupo de Lima y la conformación de matrices de opinión en la prensa contra el presidente Nicolás Maduro, no tienen antecedentes en la historia, pero, aun así, el pueblo venezolano se mantiene firme y resiste los embates de la bestia imperial que demuestra una voracidad nunca vista, para derrocar a un gobierno que no se doblega ante sus órdenes.

Cuba lleva 60 años de victorias enfrentado todas las formas de subversión que los yanquis ejecutan. Ninguna de las decenas de planes para asesinar a Fidel Castro tuvo resultados, todos fueron descubiertos. Tal fue el escándalo, que el Senado de Estados Unidos se vio obligado a conformar una comisión para investigarlos, aunque nadie fue condenado.

Cuba ha podido sortear inteligentemente la guerra económica, comercial y financiera, sin doblar las rodillas; el gobierno informa al pueblo las medidas que se adoptan para seguir adelante, a pesar de las graves limitaciones, y los cubanos saben perfectamente que el único culpable de sus males es Estados Unidos, por eso resisten y refuerzan su ideología. El tiro le salió por la culata y no logran dañar el apoyo al socialismo, ese que les enseñó a leer y a escribir, para no ser más engañados como en épocas anteriores a 1959.

Los venezolanos van por la misma ruta, enfrentan estoicamente la peor crisis política, económica y social de su historia, y reconocen que no es el gobierno de Maduro el responsable de sus penurias, sino el gobierno de Estados Unidos con su guerra implacable, iniciada por el presidente Barack Obama y continuada por Donald Trump.

Medidas criminales adoptan los yanquis para hacer desaparecer a Venezuela y liquidar a sus ciudadanos por hambre y enfermedades, todo ante los ojos del mundo y de aquellos que se autocalifican “defensores de los derechos humanos”.

Datos oficiales del Banco Central de Venezuela, afirman que el producto interno bruto ha caído, al menos, 52% desde que Maduro está en el poder, a partir de las medidas aplicadas por Estados Unidos. Su industria petrolera es el blanco principal de las acciones subversivas, desde actos terroristas hasta el robo de sus activos en el exterior, la prohibición a otros de comprarle petróleo y las amenazas de fuertes sanciones a los países que no acaten las ordenes imperiales.

Ante la resistencia popular y el apoyo a su presidente Maduro, Estados Unidos desconcertado por sus fracasos, decidió tomar nuevas sanciones, al mejor estilo nazi, para impedir cualquier transacción comercial y financiera que oxigene al gobierno bolivariano, ante la contemplación pasiva de la ONU, la Unión Europea y otros países del mundo, a los que Estados Unidos chantajea con cortarles la ayuda financiera o romper tratados comerciales, política del garrote ejecutada en pleno siglo XXI.

Estados Unidos rabioso ante sus fracasos, busca nuevas sanciones con el sueño de derrocar al presidente Nicolás Maduro, de ahí la insistencia de Elliott Abrams, representante especial para Venezuela, de que la Unión Europea comience a imponerle sanciones a Maduro y a sus aliados.

Ese viejo halcón de la política exterior yanqui, quiere hacerle creer al mundo que la grave escasez de alimentos, medicamentos y de agua que padecen los venezolanos, sumando a los repetidos cortes de energía eléctrica provocados desde el exterior, es por culpa del gobierno bolivariano, como si los venezolanos de hoy día, no hayan recibido educación facilitada por Hugo Chávez, padre de las misiones que alfabetizaron a quienes no sabían leer ni escribir, permitiéndoles alcanzar, gratuitamente, nivel superiores de educación.

Para contrarrestar las acciones de Estados Unidos, el gobierno distribuye alimentos y medicinas a precios subvencionados, y mantiene los programas de salud apoyados con los médicos y enfermeros cubanos, algo que poner a rabiar a los yanquis.

Los intentos de la CIA por penetrar las fuerzas leales a Maduro fracasan, a pesar de copiar los planes que diseñaron contra Cuba en 1962, cuando en la conocida Operación Mangosta expresaron:

“La CIA propondrá, el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el “nombre” de un desertor valorado al menos en un millón de dólares. Esto puede ser la clave de nuestro objetivo de acción política y debe ser llevado sin demora como un proyecto principal de la CIA”.

“La CIA completará los planes del 1ro de febrero 1962 para las acciones encubiertas y de engaño, para ayudar a dividir el régimen comunista en Cuba. Son colaboradores en esto los Departamentos de Defensa, de Estado y el FBI”.

Con sus medidas de guerra psicológica pretenden confundir al mundo al asegurar que:

“Las grietas dentro del régimen de Maduro se están multiplicando y ensanchando, y su tiempo se está acabando. No puede resolver ni incluso paliar los problemas desesperados que aquejan al pueblo de Venezuela”.

Pero la realidad se impone y los que creyeron tales falacias impuestas por Washington y que Juan El Títere Guaidó, tenía un amplio respaldo popular, incluso dentro de las fuerzas armadas, se han dado cuenta que los engañaron y pasado casi un año de ese show mediático, cada vez son menos sus seguidores, a pesar del amplio financiamiento con el que lo mantienen desde Estados Unidos.

Los acuerdos alcanzados entre el gobierno y partidos de la oposición, dejan sin credibilidad al Títere Guaidó, abriendo un camino para revertir la situación interna, solicitarle a Estados Unidos el cese de su guerra económica y mejorar los niveles de vida del pueblo, a lo que se oponen El Títere y sus jefes en Washington.

Michelle Bachelet se prestó para la componenda diseñada por los yanquis, con el fin de darle un viso legal a las inventadas violaciones de los derechos humanos en Venezuela, pero se manchó para siempre al quedar demostrada su parcialidad con Estados Unidos, cayendo sobre ella más porquería al no pronunciarse contra la brutal represión ejecutada en Ecuador, los asesinatos, las desapariciones y las detenciones arbitrarias contra la población que exigió en las calles durante 10 días, la derogación de un paquete de medidas económicas, impuestas por el FMI.

Con un cinismo sin par, Elliott Abrams expresó ante la prensa que: “Estados Unidos seguirá ejerciendo presión sobre el régimen de Maduro y sobre aquellos que facilitan sus tácticas represivas, incluidas Rusia y Cuba”.

Si el gobierno de Venezuela es tan despreciado por el pueblo y no tiene apoyo popular, ¿Por qué Estados Unidos tiene que presionarlo y sancionarlo económicamente?

La respuesta es clara, la población apoya a Maduro y por eso hay que incrementar las sanciones para que paguen caro por ese respaldo, tal y como hacen desde 1959 con los cubanos. Los yanquis no aprenden de sus fracasos, su prepotencia los ciega y de ahí el descalabro de sus políticas.

Para criminalizar aún más sus medidas contra Venezuela, impiden el desarrollo de su industria petrolera y provocan una escasez de combustible que afecta también el servicio a las ambulancias, víctima actual de la crisis que enfrentan los venezolanos, debido a los problemas para abastecerse de combustible.

Algo similar pretenden hacerle a Cuba y por eso la persecución de los buques tanqueros para impedir la llegada de combustible a la Isla.

El error de Estados Unidos está en no reconocer que los pueblos no se pueden comprar con dinero y que no hay entendimientos cuando está en juego su independencia y la soberanía, porque como afirmó José Martí:

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.

 

Dónde quedaron la libertad de prensa y los Derechos Humanos.


Por Arthur González

 

¿Alguien pudiera imaginar lo que sucedería si las actuales protestas masivas en Ecuador fuesen en Venezuela?

De inmediato la OEA, el TIAR, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el Parlamento Europeo y por su puesto la Casa Blanca, condenarían al presidente Nicolás Maduro por la represión contra el pueblo, y la invasión militar con las tropas yanquis, colombianas y brasileñas, ya estarían bombardeando a Venezuela para invadirla y restablecer la seguridad ciudadana y los Derechos Humanos.

Sin embargo, después de 10 días de manifestaciones populares en Ecuador en contra de las medidas neoliberales, tomadas por el presidente Lenin Moreno, declarar toque de queda y aprobar la brutal y salvaje represión contra los miles de ciudadanos que protestan pacíficamente, ninguno de los organismos antes mencionados, lo ha condenado por sus actos.

El lenguaje empleado por las cadenas internacionales de TV y de prensa, es muy diferente al usado cuando un mínimo grupo de opositores venezolanos, realizaba actos vandálicos y terroristas en su intento por desestabilizar el orden interno, con la intensión de destituir al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Durante el fallido golpe de Estado presidido por Juan El Títere Guaidó, auto proclamado presidente con el apoyo de la Casa Blanca y la CIA, las noticias publicadas por la prensa al servicio de los yanquis eran muy diferentes a las que ocurren en Ecuador, a pesar de las mil 70 personas detenidas desde el 3 de octubre hasta el 10 de octubre de 2019, los más de 554 heridos, 5 muertos y otros tantos desaparecidos, por estar opuestos al decreto 883 firmado por Lenin Moreno y que afecta económicamente a todos los ecuatorianos.

Las protestas están encabezadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador y la brutalidad demostrada por las Fuerzas Armadas contra la población, no tienen paralelo con la actitud de las venezolanas, cuando se enfrentaron a los grupos terroristas en las llamadas Guarimbas, que llegaron a quemar vivos a simpatizantes de Nicolás Maduro.

Las noticias transmitidas por los medios al servicio de las clases poderosas, no respetan la libertad de prensa, manipulan la verdad y acusan a los que protestan de ser culpables de la situación existente. Las fotos publicadas muestras a los indignados en las calles y evitan plasmar las fuerzas represivas, que más que policías parecen hombres de la Guerra de las Galaxias, por los cascos, escudos, protectores de piernas y las porras que portan.

Son informaciones tergiversadas para satanizar al pueblo, afirmando que son los protestantes los que lanzan gases lacrimógenos, cuando son las fuerzas represivas quienes disponen de ellos y los emplean contra la población civil.

En ese sentido el Nuevo Herald de Miami publicaba:

“Manifestantes y uniformados chocaron entre sí. Las imágenes mostraban a hombres cojeando, cubriéndose las cabezas y las bocas para protegerse de los gases y levantando los brazos en alto para fracturar piedras contra el piso y lanzarlas a la policía”.

“Los indígenas de Ecuador protestan desde el lunes en ese sector, donde la confrontación dejó un saldo de personas con problemas de asfixia, contusiones y heridas de diversa magnitud que recibieron atención por parte de personal de asistencia médica de las universidades y de la Cruz Roja”.

“El gobierno ha señalado que se han registrado más de 900 detenidos y que muchos ya fueron liberados”.  Manifestantes arrojan gases lacrimógenos a la policía cerca del Palacio Legislativo de Ecuador en Quito”.

De los periodistas que reportan para sus medios y han sido heridos por las balas de goma lanzadas por los operativos policiales, ni una sola palabra de condena. Bien distinta es la redacción que hacen para acusar con mentiras a Cuba, al publicar ese mismo libelo de Miami noticias falsas como la siguiente:

“En medio de una nueva oleada represiva contra periodistas independientes, artistas, opositores y defensores de los Derechos Humanos en Cuba, la Unión Europea dialogó en Bruselas con representantes de la sociedad civil cubana”.

O las informaciones divulgadas contra la Revolución Bolivariana de Venezuela, durante el fracaso golpe de Estado hace unos meses, en la que dieron un tono totalmente diferente al utilizado ahora para relatar los hechos de Ecuador, como esta:

“Al menos cuatro personas han fallecido, más de 200 resultaron heridas y 205 han sido detenidas, durante la represión estatal de diversas protestas que han tenido lugar en toda Venezuela desde el 30 de abril, ha confirmado Amnistía Internacional”.

“Las fuerzas de seguridad bajo el mando de Nicolás Maduro y los grupos de civiles armados que lo apoyan, insisten en reprimir las protestas de las personas que demandan una salida a la grave crisis política y de Derechos Humanos que aqueja al país desde hace varios años”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional. 

“Los crímenes de derecho internacional que están cometiendo engrosarán el ya largo expediente ante la justicia internacional. Maduro debe poner fin a su política de represión de inmediato”. Amnistía Internacional ha estado documentando las graves violaciones a los Derechos Humanos y crímenes de derecho internacional que están sucediendo en Venezuela desde el agravamiento de la crisis en enero de 2019. La organización ha documentado ejecuciones extrajudiciales, uso ilegitimo de la fuerza letal, detenciones arbitrarias masivas y malos tratos contra personas que manifiestan su opinión en contra del gobierno de Maduro”.

Nada parecido está autorizado a publicar para describir la actual situación de represión que viven los ecuatorianos, la llamada “libertad de prensa” no lo permite, porque el presidente Moreno es un lacayo de los yanquis.

El sacrosanto Parlamento Europeo que tanta “preocupación” muestra por los Derechos Humanos en Cuba y Venezuela, se ha quedado mudo, y espera las instrucciones de Washington; pero cuando el golpe de Estado made in USA en Caracas, se pronunciaron de inmediato y en su declaración oficial condenaron “la violencia y la impunidad” en Venezuela, llamaron al diálogo y el respeto de los Derechos Humanos y solicitaron que una comisión parlamentaria adhoc de verificación, visitara el país.

En resolución lamentaron las “muertes y los actos violentos”, recordaron que “velar por la seguridad y los derechos y la libertad de expresión de todos sus ciudadanos, no importa cuál sea su ideología, es tarea del Gobierno nacional”. Exigieron la liberación de los detenidos durante las manifestaciones y el respeto de la labor periodística, texto aprobado por 463 votos a favor, 45 en contra y 37 abstenciones.

La Alta Representante de la Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, presionó para la búsqueda del diálogo y el respeto de las libertades civiles y los Derechos Humanos, pero ahora con la situación dramática que vive el pueblo ecuatoriano no se pronuncia, a pesar de que son cientos de miles los que protestan y no un puñado financiado por la CIA, como sucedió en Caracas.

Después de la visita a Venezuela de la Alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, emitió un informe desbalanceado que repitió las mismas acusaciones falsas de la Casa Blanca y sus lacayos; omitió la obra social ejecutada por la Revolución, y los daños causados al pueblo de la guerra económica, comercial y financiera que lleva a cabo el imperio norteamericano.

Coincidiendo con el texto de la resolución del Parlamento Europeo, condenó “la represión y violencia, el uso de las detenciones arbitrarias, la tortura y los asesinatos extrajudiciales” y por supuesto, señaló “la responsabilidad directa de Nicolás Maduro, así como de las Fuerzas Armadas y del servicio de Inteligencia” en el uso indiscriminado de la violencia para reprimir el proceso de transición democrática y el restablecimiento del Estado de Derecho en el país y exigido el cese inmediato de las violaciones de Derechos Humanos.

El informe de Bachelet afirma, sin pruebas, la cifra 7 mil ejecuciones extrajudiciales en operaciones de seguridad en Venezuela, en los últimos 18 meses, y que se emplea el recurso a la tortura por parte de los aparatos de Seguridad e Inteligencia del régimen, así como la persecución política a la oposición.

Esperemos que el Parlamento Europeo asuma una fuerte condena a Lenin Moreno, porque en Ecuador la represión es real y no inventada como hacen contra Venezuela, se viola los más elementales Derechos Humanos contra todo un pueblo, que reclama la destitución del presidente por su entrega al Fondo Monetario Internacional.

¿Solicitaran los parlamentarios europeos la imposición de sanciones contra las autoridades responsables de violaciones de los Derechos Humanos y la represión, la congelación de sus activos y prohibirles los visados a la Unión Europea y a sus familiares más cercanos, como pidieron para Venezuela?

Mucha demagogia existe en ese Parlamento, en la OEA, el Grupo de Lima y en el Departamento de Estado yanqui, porque cuando se trata de sancionar las verdaderas represiones y violaciones a los Derechos Humanos de sus aliados, la cosa es bien diferente, lo que demuestra la falsedad de sus preocupaciones.

Por eso José Martí afirmó:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”

Eliminado John Bolton, pero queda Elliott Abrams.


Por  Arthur González.

El despido a caja destemplada de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional del presidente de Estados Unidos, pudiera ser un posible cambio de táctica de Donald Trump, para ganar en apoyo popular e internacional ante el futuro proceso eleccionario, donde aspira a ser reelegido por 4 años más, pero aún queda en pie otro viejo halcón, Elliott Abrams, enviado especial para Venezuela, quien junto a Bolton  arrastraron al presidente Trump por un camino equivocado, poniéndolo en ridículo ante el descalabro sufrido por el apoyo a Juan El Títere Guaidó.

Bolton le hizo mucho daño a Estados Unidos con sus propuestas nefastas, como la retirada del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la salida del acuerdo nuclear con Irán y la recomendación de una guerra contra ese Estado, la organización y financiamiento de la fallida intentona golpista en Venezuela, encabezada por El títere Guaidó y Leopoldo López, demostrándole a Europa la ausencia total de apoyo popular a esos opositores, sostenidos económica y políticamente por Washington.

Otras de las infortunadas posiciones asumidas por el halcón Bolton, fue su oposición a una negociación seria con Corea del Norte y con Rusia para restablecer su participación en el G-7.

Elliott es muy probable que termine siendo expulsado con la misma receta aplicada contra Bolton, al no lograr remover las bases del apoyo popular al presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, a pesar de la intensa y despiadada guerra económica, comercial y financiera a la que someten al pueblo de ese gigante sudamericano, dueño de las más grandes reservas de petróleo del planeta.

La cruzada mediática contra el presidente Maduro, haciéndolo parecer como un líder incapaz, fracasó, porque cada una de las medidas tomadas por él ante la escalada yanqui para caer de rodillas, demuestran su capacidad de dirección, liderazgo y fortaleza, demostrado en el respaldo de la mayoría de los venezolanos, al comprender que Estados Unidos es el único responsable de las carencias y limitaciones que hoy padecen.

La reciente fabulación propagandística de Abrams contra Venezuela, es la fabricada “acogida” de los líderes guerrilleros colombianos, para confundir a la opinión pública internacional, mentira que pretende desviar la atención de la contundente denuncia venezolana, sobre los planes terroristas que Colombia organizó contra la estabilidad y seguridad de Venezuela.

En esa denuncia, la parte venezolana mostró magistralmente los planes tejidos desde Colombia, señalando a cada uno de los elementos terroristas implicados, sus campamentos y materiales explosivos que serían empleados contra instalaciones estatales de Venezuela, actos que sin dudas estaban financiados con dinero de Estados Unidos, el más interesado en apoderarse de las riquezas mineras venezolanas.

La mano de Elliott Abrams se percibe en sus propias declaraciones, al exponer: “La comunidad internacional debería estar muy preocupada por el apoyo de Maduro a los narcoterroristas”.

Además, reiteró el soporte total de Estados Unidos a Colombia, frente a la tensión con Venezuela, pero no mencionó la ola de asesinatos de los líderes comunitarios colombianos, ni las decenas de ex guerrilleros que son literalmente cazados, por fuerzas paramilitares sostenidas por el gobierno de Colombia.

Al constatar el fracaso de sus acciones de guerra económica contra Venezuela, ahora se lanzan en la desprestigiada OEA, a solicitar la activación del TIAR, Tratado Interamericano de Defensa Reciproca, que se aplica solo ante una posible agresión a un estado miembro. Sin embardo, cuando Estados Unidos invadió militarmente a la República Dominicana y a Panamá, la OEA no se acordó de la vigencia del TIAR.

Para lograr esa aprobación por 12 países, el Departamento de Estado intimidó fuertemente a varios gobiernos, ya que la convocatoria fue realizada por el embajador que representa ilegalmente a Juan El Títere Guaidó, porque Venezuela se retiró oficialmente de la OEA.

Hace unas semanas, John Bolton había asegurado: “mi gobierno responderá con represalias a cualquier país que apoye al gobierno de Maduro”, y añadió: “es una herramienta rara vez empleada por Estados Unidos y sólo la hemos utilizado con moderación en el último medio siglo”.

Todo el mundo sabe que la intimidación es precisamente su arma más eficaz para someter a los gobiernos.

En la segunda quincena de septiembre 2019, los Cancilleres de los países firmantes del TIAR, se reunirán nuevamente para decidir las medidas a tomar contra Venezuela, entre las que pudieran estar la ruptura de relaciones diplomáticas e incluso un bloqueo aéreo y marítimo, algo que demuestra la impotencia yanqui ante el fracaso de sus políticas para derrotar a la Revolución bolivariana.

Hoy los 55 países que reconocieron a Juan El Títere Guaidó, entre ellos algunos europeos, están en la disyuntiva de enfrentarse a los yanquis por haberlos engañado, o volver a darle apoyo a Nicolás Maduro, quien exhibe gobernabilidad y moral ante las patrañas imperiales, evidenciando quien es verdadero usurpador del poder en Venezuela.

Veremos si la Unión Europea acepta las presiones del enviado especial de Estados Unidos, Elliott Abrams, quien exigió imponerle nuevas sanciones al régimen de Maduro, al considerar que “las reticencias europeas a adoptar más medidas, no han ayudado a las negociaciones entre el Gobierno y la oposición del país latinoamericano auspiciadas por Noruega”.

No se puede perder de vista la política del garrote empleada por Estados Unidos, contra países que mantienen su soberanía e independencia, como lo hacen contra Irán, algo que dejó claramente expuesto su actual Secretario de Estado, Mike Pompeo, al asegurar:

“La política de máxima presión de Washington, está diseñada para cambiar el comportamiento de Teherán, y tomando en cuenta la severidad de las sanciones, parecen diseñadas para poner de rodillas a Irán. Ahora hemos hecho que la economía iraní sea un desastre”.

Es la misma fórmula que aplican contra Cuba y Venezuela, a pesar del fracaso y rechazo que reciben de sus pueblos, que los repudian y vencen cada día, porque como señaló José Martí:

“El aire de la libertad tiene una enérgica virtud que mata a las serpientes”

 

 

 

Marco Rubio y sus mentiras.


Por Arthur González.

A quién querrá engañar el senador Marco Rubio al asegurar en su cuenta Twitter:

“Cuba es libre de comerciar con cualquier país. El embargo estadounidense no es un bloqueo internacional, como tergiversa intencionalmente la Cancillería cubana al asegurar que el embargo es un bloqueo y lo usa como excusa de su modelo económico fallido”.

La ignorancia es atrevida, pues solo con leer algunos de los documentos escritos por la CIA y el Departamento de Estado, el mencionado Senador se daría cuenta de sus falacias.

El conocido Proyecto Cuba, aprobado por el presidente John F. Kennedy el 18 d enero de 1962, afirma claramente:

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país”.

Ni embargo ni bloqueo aparecen en dicho documento.

En ese mismo Proyecto se expresa:

“El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero 1962, esperando obtener amplio respaldo del Hemisferio Occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio”.

Entre las 13 tareas diseñadas para afectar la economía cubana, hay varias que afirman:

“El Departamento de Estado informará el 15 de febrero 1962 sobre el estado de los planes para ganar la cooperación de los aliados de la OTAN (bilateralmente o en el foro de la OTAN, como sea más apropiado) El objetivo es convencer a esas naciones a dar los pasos para aislar a Cuba de Occidente.  

“El Departamento de Estado informará el 15 de febrero 1962 sobre el estado de las acciones adoptadas con Japón, quien tiene un comercio comparativamente importante con Cuba, las cuales son similares a las seguidas con las naciones de la OTAN”.

Cuba nunca ha dejado de acusar a Estados Unidos por esa criminal política que pretende matar de hambre y enfermedades al pueblo, algo que la propia CIA reconoce en sus documentos desclasificados, que al parecer olvidó el Senador.

El 12 de diciembre de 1963, un extenso memorando de la CIA, ya desclasificado, afirma sobre la situación interna de Cuba:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre […] estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

En fechas más recientes, las multas impuestas a los bancos internacionales demuestran que aquellos que se atrevan a ejecutar alguna transacción financiera con Cuba, por compras o pagos a compañías extranjeras, pueden correr la misma suerte que el Banco francés PNB Paribas, sancionado, bajo la administración Obama, a pagar 10 mil millones de dólares, al igual que el Banco francés Société Générale S.A. quien pagó a Estados Unidos una multa ascendente a mil millones 340 mil dólares.

El Banco canadiense Toronto Dominion (TD), fue multado por Estados Unidos en 955 mil 750 dólares, por violar las regulaciones del bloqueo a Cuba. El grupo bancario italiano UniCredit pagó mil 300 millones de dólares como sanción por violar las leyes del bloqueo económico; al igual que Banco francés Credit Agricole que fue multado en 787,3 millones de dólares por similares motivos.

Estos ejemplos son solamente a la banca internacional, pero a la lista se suman las presiones y sanciones a entidades comerciales que procuran establecer negociaciones libres con Cuba.

No por gusto anualmente la Asamblea General de la ONU, vota en contra del Bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra la Isla, con excepción de los yanquis y su aliado incondicional, Israel.

Las embajadas estadounidenses en el mundo espían a las empresas extranjeras que ejecutan negocios con alguna cubana, a las que amenazan y presionan para que no le vendan nada a Cuba, ejemplos sobran, e incluso cuando no pueden impedirlo la CIA se ha ocupado de sabotear los productos, con el propósito de evitar el desarrollo económico cubano.

Especialistas del Council on Foreign Relations, CFR, de Estados Unidos, publicaron en 1999 propuestas para modificar la política hacia Cuba y en sus objetivos plantean sin tapujos:

La oposición de Estados Unidos a la Revolución cubana, y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Marco Rubio podrá engañar a sus votantes en Miami, pero los cubanos saben perfectamente como la política yanqui pretende asfixiar la economía de Cuba.

Solo bajo la administración de Barack Obama, Estados Unidos sancionó a decenas de entidades europeas por establecer negociaciones con La Habana, las que pagaron al gobierno yanqui un acumulado de 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares, persecución implacable que el Senador omite.

La obsesión enfermiza es tal que, hasta empresas artesanales cubanas para la fabricación de abanicos femeninos, están contempladas entre las sancionadas.

Los barcos extranjeros que toquen puertos cubanos, se ven obligados a esperar 6 meses para entrar en puertos estadounidenses, algo insólito en el comercio internacional.

Por tanto, Marco Rubio continuará negándolo, pero la guerra económica que se le hace al pueblo de Cuba desde hace 60 años, mantiene vigentes las recomendaciones hechas por el subsecretario de Estado yanqui en 1960, cuando escribió:

Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Después de 12 administraciones yanquis obcecadas por ver caer a la Revolución, valdría la pena que se convencieran que con Cuba no han podido, no pueden ni podrán, porque millones de cubanos no desean volver al pasado con una Enmienda Platt, que permitía la intervención militar de Estados Unidos y hacer lo que desearan en la Isla.

Por esos motivos alertaba José Martí:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Receta made in USA para cambios políticos en Latinoamérica.


Por Arthur González.

En los últimos años, los ideólogos yanquis ejecutan una receta para provocar cambios políticos en aquellos países con gobiernos de izquierda, llegados al poder mediante elecciones populares.

Brasil vivió campañas de prensa con noticias falsas para conformar una matriz de opinión negativa contra la presidenta Dilma Rousseff, unido al reclutamiento y compra de diputados y jueces para sacarla de la presidencia sin una sola prueba legal. La receta funcionó y por eso pudo ascender el verdadero corrupto, pero fiel servidor de los Estados Unidos, Michel Temer, quien logró rápidamente iniciar el desmontaje de los beneficios sociales para el pueblo que, desde la presidencia de Luis Ignacio Lula, se habían instaurado.

La receta contempla también la persecución judicial a través de jueces sobornado y presionados, con el propósito de evitar que candidatos de izquierda alcancen la presidencia, como hicieron con Lula, acusado por la prensa de derecha al servicio de la embajada yanqui, sin una sola prueba para ser condenado y encarcelado.

Argentina siguió el mismo camino de las cruzadas propagandísticas contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, su actual acoso político y posible enjuiciamiento, impedirán su elección como presidenta de un país, en que su sucesor, Mauricio Macri, fiel agente de la CIA, lo convirtió en uno de los más empobrecidos de América Latina.

Informes oficiales afirman que la inflación allí aumentó en marzo un 4,7 por ciento respecto a febrero 2019, y hoy acumula un incremento del 11,8 por ciento en el primer trimestre del año, algo que elevó a 5,7 por ciento los precios en los últimos doce meses, uno de los más altos del mundo, arrojando a cientos de miles de personas a las calles al quedar sin trabajo y no poder pagar sus viviendas; de ahí que la pobreza en Argentina subió al 32 por ciento y el desempleo al 9,1, al cierre del 2018, gracias a la política neoliberal impuesta por el hombre de Washington en Buenos Aires.

En Ecuador, el solapado agente CIA, Lenin Moreno, siguió al pie de la letra las orientaciones impartidas por los oficiales que le dirigían para obtener información sobre los planes del Presidente Rafael Correa, sus relaciones con UNASUR, el ALBA, la CELAC y demás organismos y mecanismos de integración creados para enfrentar las políticas imperialistas en la región, con el fin de sacar de la pobreza a millones de personas.

Moreno es el ejemplo vivo del daño que causa un político reclutado por la CIA, no solo en su país sino en la región, donde arremetió contra su vicepresidente Jorge Glas, hasta encarcelarlo sin pruebas, para frustrar su posible carrera a la presidencia de Ecuador.

Igual acción pretendió ejecutar contra Correa, al que le fabricaron una acusación para encarcelarlo y anularlo políticamente, idéntica receta aplicada contra Lula y Cristina.

Para descabezar a la izquierda ecuatoriana el agente Lenin Moreno la emprendió contra el ex canciller Ricardo Patiño, poniéndose de manifiesto que dentro de la reunión del Movimiento Revolución Ciudadana al que pertenece, existen otros agentes de la CIA, pues la acusación que le hacen es por haber propuesto unirse para hacer propuestas públicas, durante una reunión del pasado año 2018.

Con vistas a evitar su captura, Patiño se vio obligado a salir del país solo horas antes de ejecutarse la orden de su apresamiento.

Sin embargo, Cuba es acusada y sancionada por detener, momentáneamente a los asalariados de Washington que reciben instrucciones de hacer provocaciones en la vida pública, a pesar de que las autoridades no los acusan ante los tribunales por tales delitos.

Moreno en cuanto asumió la presidencia se quitó el disfraz de izquierdista e inició el desmontaje de todo lo construido por el gobierno de Correa, sustituyéndolo por modelos neoliberales. Antes, preparó el camino judicial para perseguir a todos los revolucionarios, al reformar la estructura judicial para lo cual cambió fiscales, jueces e integrantes del Tribunal Constitucional.

Dejando en claro su adicción a la Casa Blanca, aceptó que Estados Unidos abriera oficinas militares en Ecuador bajo fachada, como las que tuvieron en gobiernos anteriores al de Correa, en que la CIA llegó a instalar escuchas secretas en ese país para espiar a funcionarios, sindicatos, partidos políticos y movimientos populares.

Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Jair Bolsonaro e Iván Duque, encabezan la lista de presidentes plegados a los dictados yanquis contra la república Bolivariana de Venezuela y su presidente constitucional Nicolás Maduro, a los que rápidamente se sumó Lenin Moreno para recibir al títere Juan Guaidó, fabricado por Estados Unidos.

Todos aplican las políticas neoliberales que desea el FMI, incrementando los niveles desigualdad y pobreza en sus países.

Duque persigue con saña criminal a los líderes sociales sin ser sancionado ni acusado por los yanquis, la Organización de Estados Americanos, OEA, y la Unión Europea.

Parte de esa receta yanquis son las condenas de la OEA, donde el también agente CIA, Luis Almagro, cumple disciplinadamente las órdenes de los oficiales que lo dirigen, por eso el apoyo total que le ofrecen la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

La historia recoge las recetas made in USA que actualmente cambian los antiguos golpes militares por el reclutamiento de políticos, para que con una conducta supuestamente de izquierda, con promesas a favor de pueblo contra la corrupción y acusaciones falsas hacia presidentes con posiciones anti yanqui, logren ascender al poder con el voto popular de las masas manipuladas por las campañas mediáticas, atestadas de noticias falsas en las redes sociales.

Por personajes como esos definió José Martí:

“Ocultos están largo tiempo la traición y el engaño, más una vez sospechados, tienen para ser descubiertos rapidez asombrosa”.