Insiste Estados Unidos con los falsos “ataques sónicos”.


Por Arthur González.

Para comprender por qué desde el 2017 Estados Unidos insiste en acusar a Cuba de los inventados ataques sónicos, hay que revisar la historia para no cometer errores.

Esos no son presuntos ataques, son simplemente falsos ataques y así se les debe calificar, porque forman parte del plan diseñado por la ultraderecha yanqui, incluida la mafia terrorista de Miami, para afectar la entrada de turistas y la economía cubana.

El sistema de salud de Estados Unidos es uno de los más costosos del mundo, no existe medicina comunitaria y una simple consulta en un hospital cuesta no menos de 100 dólares, es por eso que la mentira se extiende a la campaña de la falsa afectación de salud, con el único propósito de atemorizar a los que se atrevan a viajar a la isla.

G.W. Bush puso en práctica un plan para cortar la entrada de cubanos residentes en Estados Unidos y las remesas familiares, con el objetivo de reducir la entrada de dinero a Cuba y estrangularla económicamente con la idea de “poner fin expedito a la dictadura de Castro”, como declaró.

Había que impedir la entrada de estadounidenses a la Isla, porque como afirmaban sus ideólogos “a medida que más personas la visiten y compartan sus experiencias con sus familiares y amigos, Cuba empezará a parecer una isla tropical más, quizás un poco más pobre, pero no el maligno archipiélago construido por nuestra retorica”.

Cuba no debe dejarse arrastrar al juego yanqui y tiene que repetir hasta el cansancio que son falsos ataques y por tanto falsos también los padecimientos.  Antecedentes sobran, por eso es imprescindible repasar la historia.

Cuando John R. Bolton era el subsecretario para el Control de Armas y Seguridad Internacional de Estados Unidos, acusó a Cuba de desarrollar armas biológicas, y lo ratificó en su discurso conocido “Más allá del eje del mal”, el 6 de mayo de 2003 en la reaccionaria Fundación Heritage, donde calificó de “Estados bribones” a Libia, Siria y Cuba, y subrayó que “la isla tiene al menos un esfuerzo limitado de investigación y desarrollo de armas biológicas”.

Fidel Castro respondió de forma contundente y acabó con la comedia, al expresar públicamente que las afirmaciones de Bolton eran “diabólicos inventos y calumnias infames”, invitó a cualquier agencia internacional a inspeccionar las instalaciones de biotecnología. El show propagandístico terminó.

La actual operación de los “ataques sónicos” solo pretende incrementar aún más el cerco económico contra Cuba y servir de pretexto para el cierre de su misión diplomática, algo que exige el senador Marco Rubio, miembro de la mafia terrorista de Miami.

La historia recoge episodios cometidos por Vicki Huddleston y James Cason, ex jefes de la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, quienes hicieron lo imposible por provocar al gobierno cubano para que los expulsaran y darle la oportunidad a la Casa Blanca de tomar la decisión de eliminar esa Sección.

La Sra. Huddleston desde 1999 fue la encargada de llevar a cabo la política de William Clinton de promover la “democracia”, para ello recibió a través de la valija diplomática toneladas de materiales subversivos, repartiéndolos entre los cubanos, según documentos oficiales.

Cientos de miles de radios de onda corta fueron entregados, provocando de forma permanente a las autoridades cubanas, además de violar la Convención de Viena en cuanto al empleo de la valija diplomática.

En el 2002 James Cason reemplazó a Vicki Huddleston y adoptó posiciones mucho más provocativas, buscando ser expulsado. Para ello ofreció su residencia y locales de la Sección, para reuniones de la contrarrevolución que Estados Unidos organizó y financió. Inauguró centros ilegales de preparación para esa “disidencia” e instaló un cartel lumínico con noticias en la fachada del edificio, introducido en Cuba por la valija diplomática.

Fidel Castró recalcó el 6 marzo de 2003 ante la Asamblea Nacional: “Cuba puede prescindir tranquilamente de esa oficina, incubadora de contrarrevolucionarios y puesto de mando de las acciones subversivas más groseras contra nuestro país”, y añadió: “quizás el gobierno de Bush está tratando de provocar intencionalmente para romper el último lazo diplomático”.

No se equivocó, documentos oficiales conocidos posteriormente indican que provocar a Castro era exactamente el objetivo asignado a James Cason. Según afirmaciones de Roger Noriega, sub secretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental: “Le dijimos a nuestro amigo James Cason que, si lograba provocar al régimen cubano para que lo expulsara del país, podríamos responder cerrado la Sección de Intereses de Cuba en Washington”.

La operación de los falsos ruidos se mantiene en cartelera para no dejar morir la noticia y provocar la caída del turismo, algo que no han logrado.

A la vez, el hecho de cerrar el consulado en La Habana pretende conformar una presión interna para que los cubanos inicien salidas ilegales, tal como sucedió en el pasado cuando Reagan dejó de cumplir el acuerdo migratorio de entregar hasta 20 mil visas anuales, repetido por Clinton en el 1994. Ambas situaciones dieron origen a salidas ilegales masivas.

Los yanquis no hacen nada por gusto y ahora pretenden llamar la atención de sus mentiras, enviando a La Habana el 24 de julio 2018, a tres altos funcionarios del Departamento de Estado, “para evaluar los desafíos únicos de los misteriosos incidentes que dañaron la salud de 26 funcionarios de la embajada en La Habana”, según declaraciones de su portavoz oficial.

No hay que ser muy inteligente para entender el show mediático que han creado contra Cuba, todo es sencillamente falso. No han presentado pruebas porque no existen, solo buscan acciones mediáticas y a la vez quieren que La Habana pierda tiempo y dinero en investigar sus inventados ruidos, pero el FBI no ejecuta ninguna acción para detener y enjuiciar a las decenas de terroristas que acogen y protegen en Miami, causantes de muertes y destrucción de seres humanos y medios materiales en Cuba.

La respuesta tiene que ser contundente, los ruidos son, como dijera Fidel, solo diabólicos inventos y calumnias infames, nada de “supuestos ataques”. Él nos enseñó que a los yanquis hay que responderles con fuerza porque no entienden de otra forma y así lo recoge nuestra historia de los últimos 60 años.

Por eso decía José Martí:

“No ha de temerse la sinceridad”

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Respecto a Cuba, nada ha cambiado.


Por Arthur González.

Desde 1959 Fidel Castro intentó mantener una relación amistosa con Estados Unidos, demostrado durante su primera visita a Washington en abril del mismo año. Sin embargo, allá recibió hostilidad y el rechazo del entonces presidente Dwight Eisenhower, quien no quiso saludarlo.

Eisenhower estaba en contra de la victoria de la Revolución, algo que manifestó de conjunto con Allen Dulles, director de la CIA, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional, celebrada en diciembre de 1958.

A pesar de todas las agresiones contra Cuba, en agosto del 1961, a solo tres meses de la invasión organizada por la CIA, el Comandante Ernesto Che Guevara, se reunió discretamente con el joven asesor de la Casa Blanca, Richard Goodwin, con el objetivo de abrir un diálogo y encontrar la posibilidad de una convivencia normal entre los ambos países.

Con todas las administraciones, Cuba buscó esa armonía entre vecinos, pero siempre la oposición extremista de los yanquis hizo acto de presencia abortando las conversaciones que se establecieron.

Alcanzado el acuerdo para la apertura de las Secciones de Intereses en 1977, bajo la presidencia de James Carter, las presiones de la derecha ultra reaccionaria, encabezada por el consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, impidieron un avance del camino hacia el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, a pesar del interés de Cyrus Vance, Secretario de Estado en aquel entonces.

De acuerdo con informes desclasificados, Brzezinski consideraba que “Cuba era una de las zonas más erógenas de la política exterior de Estados Unidos” y tenía dudas sobre la utilidad de las conversaciones con los cubanos. Por tanto, asumió posiciones de fuerza y diseñó junto con la CIA, acciones para tensar las débiles relaciones establecidas.

Situación similar la encontramos 40 años después en la actual administración de Donald Trump.

Para comprobar que es una misma línea de acción, basta recordar la inventada crisis de los cazabombardeos MIG-23 en 1978, información que fue “filtrada” a la prensa para provocar la reacción en los Estados Unidos, al punto de querer hacer una equivalencia con la Crisis de los Misiles de 1962.

Ante eso, reanudaron sus vuelos espías con el avión SR-71, violando el espacio aéreo de Cuba, vuelos que Carter había suspendido como un acto de buena voluntad.

Aquella amenaza fue inventada como pretexto para enrarecer el ambiente, ante el temor de se podría avanzar hasta la eliminación parcial del bloqueo económico, algo inaceptable para la ultraderecha.

Lo mismo hicieron con las falsas acusaciones elaboradas por la CIA, de que tropas cubanas de conjunto con las de Katanga, habían invadido a Zaire, lo que se conoce como Shaba II.

Rápidamente Fidel respondió que todo era absolutamente falso y basado en mentiras descaradamente repetidas. Esa enérgica actitud cortó las posibilidades de que siguieran engañando a la opinión pública.

Fidel nunca permitió una acusación falsa y lo mismo hizo cuando el entonces subsecretario de Estado, John Bolton, de conjunto con la CIA, divulgó que Cuba estaba produciendo armas biológicas.

La respuesta del líder cubano fue inmediata, calificándola de embuste y engaño, afirmando:

“Si un científico cubano perteneciente a cualquiera de nuestras instituciones biotecnológicas, hubiera estado cooperando con cualquier país en el desarrollo de armas bilógicas, o hubiese intentado crearlas por su propia iniciativa, sería sometido de inmediato a los tribunales como un acto de traición al país”.

Fidel siempre les repitió a los yanquis:

“No se equivoquen, nosotros no podemos ser presionados, impresionados, sobornados o comprados, basta de acusaciones falsas”.

Resultado, la mentira quedó desenmascarada.

En estos momentos quien sirve de presión en la Casa Blanca es el senador Marco Rubio, miembro de la mafia terrorista anticubana, que de conjunto con la CIA enrarece las endebles relaciones diplomáticas establecidas por Barack Obama, que al igual que Carter, mantuvo el bloqueo comercial y financiero, el financiamiento a la subversión, la Radio y TV Martí, la Ley de Ajuste Cubano, la Torricelli y la Helms Burton, y nunca permitió abordar el tema de la devolución del territorio cubano que ocupa la base naval en Guantánamo.

Por las presiones actuales, Trump derogó la directiva presidencial de Obama, que buscaba derrumbar el socialismo desde adentro, utilizando al sector de trabajadores no estatales, la iglesia y la contrarrevolución interna.

Como parte de las nuevas mentiras, inventaron los falsos ataques acústicos y las falsas enfermedades causadas, algo risible que todavía mantienen como noticia, con el fin de tener el pretexto para finalmente cerrar su embajada en la Habana, la cual se encuentra a un nivel de trabajo mucho menor que cuando se abrieron las Secciones de Intereses en 1977.

El gobierno cubano lo ha reiterado, Estados Unidos miente y no ha presentado una sola prueba del hecho.

Es la misma historia que demuestra la ausencia de voluntad política para mantener una relación normal y armoniosa con Cuba, basado en los mismos argumentos brindados por el director de la CIA y el presidente de Estados Unidos en diciembre de 1958: “Tenemos que evitar la victoria de Fidel Castro”

Los yanquis quieren una Cuba sometida, complaciente y sin soberanía, tal y como la tuvieron desde 1898 hasta 1959 en que llegó Fidel y los puso en su lugar.

Estados Unidos debe recordar que los cubanos aprendieron con José Martí a decir siempre la verdad, pues como él aseguró:

“No se miente cuando se lleva a la patria en el corazón.

Aprueban presupuesto para fabricar la “democracia” en Cuba.


Por Arthur González.

El Congreso de Estados Unidos acaba de aprobar un millonario presupuesto destinado a fabricar la “democracia” en Cuba y Venezuela, con el cual pagarán a sus asalariados y las campañas de prensa, a fin de hacerle creer al mundo que en esos países hay opositores “independientes” y se “violan” los derechos humanos.

De no existir ese dinero los llamados disidentes no existirían, ni la prensa hablara tantas falsedades sobre ambos países, pues todo se formula desde Estados Unidos para tergiversar la realidad, viejo estilo yanqui cuando quieren construir supuestas “víctimas y violaciones”, en gobiernos que ellos no aceptan.

Para los que aun tengan dudas, basta con leer las noticias publicadas en la prensa yanqui para conocer que el senador Marco Rubio, presidente del Subcomité para el Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, logró hacer lobby para la aprobación de 20 millones para promover la “democracia” en Venezuela y 15 millones para Cuba.

A pesar de que el Departamento de Estado había solicitado al Congreso solo 9 millones para Venezuela y 10 millones para programas relacionados con Cuba, los integrantes de la mafia terrorista anticubana, Rubio y Mario Díaz-Balart, presionaron a sus colegas para elevar el dinero destinado a subvertir a esos países, quienes aprobaron la nueva Ley del presupuesto del año fiscal 2018-19, insistiendo en malgastar el dinero de los contribuyentes para ejecutar esos planes subversivos.

Además de esos fondos, en el caso cubano se aprobaron adicionalmente 29 millones para la Oficina de Transmisiones a Cuba, destinados a Radio y TV Martí, a pesar que jamás su señal se ha podido escuchar ni ver en la isla.

Nicaragua, país donde Estados Unidos insiste en derrocar al presidente Daniel Ortega, también fue “favorecido” con 5 millones para “promover” la democracia y apoyar, entiéndase fabricar, la sociedad civil.

Este presupuesto se sumaría al aprobado para la USAID y la NED, organizaciones que ejecutan acciones subversivas que anteriormente desarrollaba la CIA. En el caso de Cuba se observa como sus proyectos va dirigidos a construir mercenarios “luchadores” por los derechos humanos, la “democracia”, el arte “independiente”, medios de prensa para apoyar sus campañas mediáticas, la conformación de líderes juveniles, y otros similares.

Ejemplo palpable de cómo el dinero fabrica la mal llamada “democracia”, son algunos de los siguientes programas de la NED:

  • Abogando por un Marco de Derechos Humanos para Cuba, con 85 mil usd.
  • Construyendo ciudadanía democrática en Cuba, con 55,241 usd.
  • Libertad de expresión del artista independiente cubano, con 95 mil usd.
  • Promoviendo el cine independiente en Cuba, con 55 mil usd.
  • Promoviendo la libertad de prensa en Cuba, con 23,470 usd.
  • Diario de Cuba, con 220 mil usd.
  • CubaNet News, Inc., con 225 mil usd.
  • Apoyando el periodismo independiente en Cuba, con 109,833 usd.
  • Instituto Prensa y Sociedad, con 60 mil usd.
  • Apoyo a sindicatos independientes, educación cívica y empresa libre en Cuba, con 230 mil usd.
  • Educar a los activistas juveniles cubanos sobre la democracia y las habilidades de liderazgo, con 99,993 usd.
  • Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con125 mil usd.
  • Promover la participación ciudadana en la responsabilidad local, con 118,865 usd.
  • Promoviendo Informes Comunitarios en Cuba, con 140 mil usd.
  • Promover ideas democráticas y participación ciudadana, con 67,980 usd.
  • Promover la libertad religiosa y construir puentes dentro de la sociedad civil, con 66,700 usd.

Con tanto dinero en juego los yanquis inventan disidentes, líderes y matrices de opinión contra Cuba y el resto de países latinoamericanos que tienen gobiernos que no son de su agrado, haciéndole creer a aquellos que desconocen sus planes, que sus asalariados son “luchadores por la libertad”, cuando realmente sus servidores solo cumplen las instrucciones al pie de la letra, unido a las campañas desinformativas elaboradas por especialistas de la CIA.

A otros con ese cuento de la “democracia y la sociedad civil”, porque en verdad son terroristas que provocan muerte y destrucción, como se observa en Venezuela y Nicaragua; pero en Cuba no podrán repetir esa tenebrosa historia, porque su pueblo tiene preparación y conocimientos de lo que hacen realmente los yanquis, y leen sus documentos desclasificados, donde se plasma sin sonrojo la verdad.

No por gusto José Martí aseguró:

Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas.

 

 

 

 

Persiste Estados Unidos en su acoso contra Venezuela.


Por Arthur González.

Estados Unidos insiste en propagar “su amor” por la democracia, la libertad de pensamiento, palabra, respeto a la Constitución y la celebración de elecciones transparentes, libres y verificables, pero de boca hacia afuera, pues hacen todo lo contrario en aquellos países que tienen gobiernos no aceptables, por no someterse a sus dictados. Un ejemplo es Venezuela.

Desde que Hugo Chávez Frías alcanzó la presidencia, mediante elecciones libres y transparentes, Washington ha hecho y hace lo imposible por derrocar a la Revolución Bolivariana, violando todas las leyes internacionales, la sacrosanta democracia y la propia Constitución.

No pudiendo derrocar al presidente Chávez en las urnas, organizaron y financiaron un burdo golpe militar, que incluyó su secuestro y encarcelamiento clandestino, unido a la imposición apresurada de un sustituto que contó con el reconocimiento inmediato de varios países aliados, encabezados por España.

Ninguna de esas acciones fue democrática, ni respetaron el orden constitucional venezolano. Sin embargo, la propaganda que financian en la prensa oficialista contra el actual presidente Nicolás Maduro, lo acusan de no ser democrático, de violar las libertades civiles, irrespetar la Constitución y no efectuar elecciones libres y transparentes, aunque haya efectuado 22 procesos electorales, de los que ha ganado 20, situación que le tiene a los yanquis el hígado cocinado.

Ante la augurada derrota en las próximas elecciones del 20 de mayo, preparan otro golpe con el empleo de militares, algo que hasta la fecha les ha resultado imposible de materializar, dada la fidelidad de los altos mandos al chavismo y a Maduro.

En días recientes, la Universidad Internacional de la Florida (FIU) llevó a cabo la Tercera Conferencia Anual de Seguridad Hemisférica, en el cual Juan Cruz, ex oficial de la CIA y actual asesor del Presidente-Emperador Donald Trump, afirmó: “una fórmula pacífica para superar la grave crisis venezolana involucraría a militares y a individuos que Washington preferiría ver tras las rejas”, argumentándolo con la aseveración de que “en la historia de Venezuela  nunca ha habido un momento determinante que no haya involucrado la participación militar”.

Evidentemente Cruz está anunciando la posibilidad de un golpe militar, algo pretendido en varias oportunidades sin resultados.

Como si la gente fuese estúpida y no conociera la historia sucia de Estados Unidos en la gestación de golpes militares en América Latina, el asesor Cruz quiso endulzar sus expresiones aclarando que “Washington no está promoviendo que los militares venezolanos tomen las armas para derrocar al gobernante Nicolás Maduro”, algo que ni el mismo se cree.

Las cruzadas mediáticas elaboradas por especialistas en guerra psicológica de la CIA, conformaron matrices de opinión internacionalmente contra el presidente Maduro, haciéndole creer al mundo que su gobierno, al que califican de “régimen”, es responsable del estado actual de la economía, silenciando la guerra económica, comercial y financiera que pretende ahogar al país, para que el pueblo culpe al actual gobierno de tales males, similar receta aplicada contra la Revolución cubana.

¿Por qué Washington no desclasifica los documentos que demuestran su política sucia contra Venezuela?

En el caso de Cuba existen muchos memorandos de la CIA que así lo confirman, como es el Proyecto Cuba de enero de 1962 que dice textualmente:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Otros informes permiten conocer como la CIA diseñó y aun ejecuta esa guerra económica contra el pueblo cubano, como el análisis sobre la situación de la Isla, donde afirman con total desfachatez:

“El principal objetivo de los programas encubiertos de Estados Unidos contra Cuba es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba… Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

Si analizamos la actual situación interna de Venezuela es una copia exacta de esos planes contra Cuba, al final la CIA dice que Maduro pretende hacer una repetición del socialismo cubano.

Otro análisis de la CIA contra la Revolución cubana que se identifica perfectamente con la actualidad venezolana, expone:

“Existen aún muchas posibilidades para fortalecer el cerco económico en torno a Castro. Pudieran imponerse sanciones más severas por parte de Estados Unidos contra los países que comercian con Cuba o le envían productos por vía marítima”.

Al constatar lo que sufre Venezuela hoy, no cabe la menor duda que es el mismo programa, al que se añaden las medidas contra el Petro para ahogarlos totalmente.

Ante la eminente victoria de Maduro en las urnas, Estados Unidos busca una fisura dentro de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, que les abra la posibilidad de una intervención por parte de militares venezolanos, e imponer un gobierno dócil y subordinado totalmente a la Casa Blanca, idea que fue esbozada por Rex Tillerson, poco antes de salir del cargo de Secretario de Estado.

El senador Marco Rubio, miembro de la mafia terrorista anticubana de Miami, también declaró: “Washington vería con buenos ojos una intervención militar en Venezuela, para poner fin a un régimen que está propiciando la gradual destrucción del país petrolero”.

Todo indica que el caldo se está cocinando, pero falta lo principal, los militares que se presten a la traición, algo bien difícil de encontrar para un pueblo formado bajo los principios de Simón Bolívar, quien señaló:

“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”, y años más tarde con total visión José Martí aseguraba:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

 

Cantarle las verdades a quién


Por Arthur González.

Hay cubanos que cuando dejan atrás a su patria se olvidan de la historia y se les nubla el pensamiento con la propaganda yanqui.

Recientemente un artículo escrito por uno de esos, publicado en el Nuevo Herald, se refería a la ausencia del presidente Donald Trump en la Cumbre de las Américas y afirmaba que, “para cantarles las verdades a Castro, era igual si lo hacía el vice presidente Mike Pence”, algo que demuestra una pérdida total del contacto con la realidad.

Cuba tiene en esa Cumbre una excelente representación de artistas, entre ellos dos repentistas del punto cubano, canto que improvisan los campesinos sobre diferentes temas, y con el que podrán decirles las verdades a los representantes yanquis.

No es el gobierno de Cuba quien hace guerras para apoderarse de las riquezas naturales de otros países, utilizando argumentos falsos, como sucedió en Afganistán, Irak, Libia y Siria, dejando una cifra de muertos indeterminada y ciudades destrozadas que antes fueron hermosas.

No es el régimen cubano quien lanza bombas sobre hospitales, escuelas y matan a civiles por “error”.

No es Cuba quien ha introducido gérmenes patógenos y virus para enfermar a miles de ciudadanos en muchos países, ni quien diseñó Golpes de Estado en Chile, Brasil, Hondura, Guatemala, ni apoyó a las dictaduras en Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Colombia, el Salvador y Nicaragua, enviando a torturadores como el caso de Dan Mitrione, policía estadounidense, miembro del FBI y “funcionario” del Departamento de Estado; o Robert K. Thierry, “asesor” de torturas en Paraguay.

Cuba lleva calidad de vida a los pueblos de América Latina, para eliminar el analfabetismo, la insalubridad y la incultura que deja el capitalismo entre sus habitantes; no se lleva ningún recurso natural de esos pueblos; solo aporta conocimientos y bienestar. Ofrece estudios y superación gratuita, para aquellos que no tienen recursos para estudiar en las universidades de sus países.

Las visitas que hizo Mike Pence el pasado año a Argentina, Chile, Colombia y Panamá, no fueron para ofrecer ayuda a los necesitados, sino para presionar a sus presidentes y que apoyaran la guerra económica, financiera y mediática que desarrolla Estados Unidos contra Venezuela, en su obstinación por desaparecer el socialismo de la región.

Si de cantar las verdades se trata, Pence tendrá que escuchar los reclamos de los latinoamericanos por el trato injusto e inhumano que  da su gobierno a los inmigrantes del continente, los crímenes que comete en la frontera con México, la expulsión de padres que dejan atrás a hijos nacidos en Estados Unidos, separando familias enteras, o la de hijos que crecieron allí y ahora el presidente Trump los quiere expulsar.

Si le gusta el canto al vicepresidente Pence, podría estar horas oyendo las verdades de miles de guatemaltecos, enfermados premeditadamente por médicos yanquis entre los años 1946 y 1949, con sífilis, gonorrea y otras enfermedades venéreas, con el fin de comprobar la efectividad de nuevos antibióticos.

Para lograr sus fines, a muchos no les suministraron antibióticos, sino líquidos simulados, por lo cual murieron y padecieron de los efectos de tales enfermedades, algo reconocido oficialmente en el año 2010, cuando la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton se disculpó públicamente ante el pueblo guatemalteco.

Otras verdades que podrían cantársele a Pence, es la protección que le brindan las autoridades yanquis a cientos de terroristas y asesinos como Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano, donde perecieron 73 inocente, prófugo de una cárcel venezolana, a pesar de las reclamaciones oficiales del gobierno de esa República.

Hace pocos días se conmemoró el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y su chofer en Washington, a manos de terroristas de origen cubano entre ellos Guillermo Novo Sampoll, quien obtuvo un perdón del presidente Ronald Reagan, solicitado por la congresista Ileana Ros-Lehtinen, quien también pidió al presidente George Bush padre, una visa de refugiado político al terrorista nacido en Cuba, Orlando Bosch Ávila, a pesar de ser considerado por el FBI como inadmisible y terrorista peligroso.

Bosch murió en Miami protegido por las autoridades, confeso públicamente de dirigir la Operación CORU, apéndice de la Operación Cóndor, diseñada por la CIA contra América Latina.

Entre sus crímenes está la colocación de bombas en varias embajadas cubanas en Latinoamérica, el secuestro y asesinato de diplomáticos de Cuba en Argentina, encontrados, treinta años después, dentro de dos barriles con cemento en un rio.

En declaraciones en Miami el pasado año, Trump aseguró que “Estados Unidos siempre defenderá la libertad en este hemisferio y más allá, porque apreciamos nuestros valores”.

La verdad deja bien definidos los “valores” que Estado Unidos defiende, y de encontrarse con el presidente Raúl Castro será una oportunidad única para decirle las verdades sobre la dictadura militar totalitaria que Estados Unidos le impone a Latinoamérica, con sus intervenciones militares y sus decenas de bases militares, donde solo se imparten lecciones de como matar y aniquilar a los pueblos, e incluso se tortura, como hacen en Guantánamo, Cuba.

La verdad que tendrá que escuchar Pence y el senador Marco Rubio, si se decide a asistir a la reunión parlamentaría, será la cruel guerra económica y financiera impuesta por Estados Unidos contra el pueblo cubano desde hace 58 años, con la malsana pretensión de matar por hambre y enfermedades a su pueblo, que repiten contra Venezuela.

Si el senador Rubio no pudo obtener los votos del electorado de su país para postularse como candidato presidencial, menos podrá esperar de los latinoamericanos que padecen diariamente los males que deja la política imperialista y que se incrementarán con los aranceles impuestos por el presidente Trump.

Los cantos de los pueblos se escucharán con fuerza y no importa el engaño y la mentira de los yanquis, pues como afirmó José Martí:

“De tal manera necesitan los pueblos el concepto de dignidad, que hasta conviene herirla para darles el placer de defenderla”.

Filmará Hollywood accionar terrorista de la mafia anticubana en Miami.


Por Arthur González.

La verdad siempre se abre camino, aunque demore, y ahora Hollywood aceptó llevar a la gran pantalla la historia de una parte de las acciones terroristas ejecutadas por la mafia terrorista anticubana de Miami, que tanto el pueblo cubano ha denunciado.

La totalidad de las denuncias de esas acciones terroristas contra Cuba, tendrán que esperar para que Hollywood se decida a contarlas, pues muchos de sus ejecutores aún viven plácidamente en Estados Unidos, apoyados por Congresistas renombrados como Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Bob Menéndez, Marco Rubio, Ted Cruz y otros más.

El filme basado en el reciente libro titulado The Corporation, intenta relatar los hechos acontecidos durante 30 años, ejecutados por mafiosos cubanos, todos con estatus de “refugiados políticos” otorgado por las autoridades estadounidenses, aunque en el libro son catalogados como “aventuras reales”, evitando llamarlos actos terroristas para no buscarse conflictos con los máximos responsables de esos planes.

Esa mafia fue formada, entrenada y financiada por la CIA para actuar en Cuba contra la Revolución, muchos de sus miembros formaron parte de la Brigada mercenaria que invadió la Isla en 1961 y después de ser liberados por el Gobierno cubano regresaron a Estados Unidos, entrenándose para actos terroristas, donde la lucha por el dinero y el poder político trajo como consecuencia una guerra entre ellos.

The Corporation, relata parte de la vida de un solo grupo de esos “refugiados políticos” cubanos, dirigido por José Miguel Battle, mercenario de la invasión por Bahía de Cochinos, devenido en capo del juego ilegal y las drogas, desde Miami hasta New York, algo que todavía se materializa en el bajo mundo de esos anticubanos, muchos de los cuales amasan poderosas fortunas con la que apoyan a políticos de origen cubano y estadounidense, para que se opongan a la mejoría de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

José Miguel Battle, es uno de los cientos de esbirros del dictador Fulgencio Batista, que lograron escapar de la justicia revolucionaria y encontraron apoyo y refugio seguro de las autoridades yanquis, las que se negaron a cumplir con el acuerdo de extradición firmado con Cuba y vigente hasta 1961, a pesar del reclamo oficial que las autoridades cubanas hicieron durante años.

Asesinos, torturadores y ex miembros de los órganos represivos del dictador Batista, como Battle, conforman esa mafia descrita a medias en el libro, porque otros como Rafael Díaz-Balart, ex ministro del interior, también refugiado en Miami; Rolando Masferrer, asesino jefe de un órgano paramilitar conocido como Los tigres; el Coronel Esteban Ventura, asesino de cientos de jóvenes; Conrado Carratalá Ugalde, ex jefe del Departamento de la Dirección de la policía batistiana; Luis Alberto del Rio Chaviano, General de Brigada del ejército batistiano; los Coroneles Orlando Piedra Negueruela, Mariano Faget Díaz y Rafael M. A. Gutiérrez Martínez; Pilar Danilo García y García, General de Brigada jefe de la policía del tirano; Teniente Coronel Irenaldo Remigio García Báez ex jefe del Servicio de Inteligencia Militar de Batista, entre otros, no son mencionados en dicho libro a pesar del volumen de crímenes que acumulan.

El texto tampoco narra la Operación Cóndor, ejecutada por la CIA en América Latina, donde muchos de esos mafiosos cubanos se encargaron de asesinar y torturar a miles de jóvenes; ni los actos terroristas que sufrió el pueblo cubano a manos de agentes de la CIA, como Carlos Alberto Montaner, detenido y sancionado por colocar una petaca incendiaria en un centro comercial en La Habana, fugado de la cárcel y refugiado hoy en Estados Unidos.

Igualmente, omiten mencionar al asesino múltiple Luis Posada Carriles, “refugiado político” en Miami a pesar de ser el autor confeso de la voladura de un avión civil cubano en pleno vuelo, donde murieron 73 inocentes.

Los actos terroristas planificados y ejecutados por decenas de organizaciones contrarrevolucionarias financiadas por la CIA, como los Comandos L, Alfa 66 y Omega 7, necesitan de una serie con muchas temporadas, para que el mundo conozca la verdad del por qué Cuba lleva 60 años denunciándolos.

Miles son los muertos y asesinados por esos mafiosos, entre ellos diplomáticos cubanos, la detonación de bombas en embajadas, consulados y oficinas comerciales de Cuba en el exterior, buques dinamitados, la introducción de gérmenes patógenos para enfermar a personas, animales y la flora de la Isla, y muchos crímenes más. 

The Corporation es una mínima parte la historia de esa mafia anticubana, toda con estatus de “refugiados políticos”, gracias a la manipulación subversiva de la política migratoria de Estados Unidos contra Cuba, encabezada por la Ley de Ajuste Cubano.

Los relatos de enfrentamientos a tiros a plena luz del día en las calles de La Pequeña Habana y los golpes exitosos celebrados con fiestas donde regalaban bolsas de cocaína, son casi juegos de niños comparado con las tenebrosas acciones de esa mafia, como fue la colocación de una bomba bajo el asiento del ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington, donde murieron despedazados él, su esposa y el chofer.

Sus autores, entre ellos Guillermo Novo Sampol, viven tranquilamente en Miami como “refugiados políticos”, gracias a las gestiones realizadas por la congresista Ileana Ros-Lehtinen.

El libro, aunque no abarca todas las acciones terroristas, es una muestra de quienes son esos asesinos a los que Estados Unidos acogió como” refugiados”, ocultándole la verdad a sus ciudadanos que con parte de sus impuestos han mantenido a esa crápula que conforma parte del mal llamado “exilio cubano”.

Por eso recordamos a José Martí cuando expresó:

“Se sonríe ante la aparición de la verdad”.

 

 

 

EE.UU. donde no hay libertad de pensamiento ni de palabra


Por Arthur González.

Congresistas y Senadores de Estados Unidos llevan medio siglo acusando a Cuba de coartar la libertad de pensamiento y expresión, acusándola ante organismos de derechos humanos en Ginebra, con respaldo de campañas mediáticas en sus medios oficialistas; pero ahora la verdad sale como el sol, demostrando que es en Estados Unidos donde no existe libertad para pensar y menos de expresar lo que se siente.

Quienes se atrevan a disentir de la política trazada por el Gobierno, será castigado y acusado de “comunista”, aunque nunca haya leído el Capital de Karl Marx.

Así sucedió con la joven Emma González, alumna que sufrió el tiroteo en la escuela de Parkland, al ver morir a sus compañeros y ahora exige, junto a miles de jóvenes, que se prohíba la venta de armas de combate para que no se repitan esos crímenes.

El discurso encendido de Emma asustó a los ultraderechistas estadounidenses, por considerarla “un peligro potencial” debido a su liderazgo natural.

Pero mayor rechazo del ala conservadora yanqui, fue su chaqueta verde olivo con una bandera cubana, símbolos satanizados en el país de la “democracia y la libertad”, por recordarles el uniforme de Fidel Castro, espina que Washington no ha podido sacarse desde hace 59 años, a pesar de los planes para asesinarlo.

De inmediato surgieron los ataques contra la joven norteamericana de padre cubano. El primero fue contra su orientación sexual, seguido del calificativo preconcebido de tener “ideas comunistas”.

A la derecha eso le ha preocupado más que la muerte de los estudiantes y la búsqueda de una solución que termine definitivamente con hechos similares, aun cuando muchos de esos fanáticos extremistas tienen hijos que pueden correr la misma suerte.

Emma, al igual que el resto de los manifestantes, solo pide cambios legislativos para que niños y adolescentes no estén en peligro de ser las próximas víctimas, cuando estén es sus aulas o en lugares públicos escuchando un concierto, o sentados en un parque.

Para los que se llenan los bolsillos con las ventas de armas, la vida de esos jóvenes no es lo primordial, sino el dinero, por eso se oponen a cualquier cambio legal que los afecte, y aquellos que reciben apoyo financiero para sus campañas electorales, como el senador Marco Rubio, hacen silencio cómplice.

Con el propósito de crucificar a Emma, iniciaron rápidamente una campaña mediática vinculándola a las ideas de los Castro, para asustar a quienes la sigan.

Mientras los ideólogos yanquis crean becas para fabricar líderes juveniles dentro de Cuba, que puedan arrastrar a sus compañeros a una oposición a la Revolución, y construyen organizaciones en sus universidades como fue Raíces de Esperanza, en Estados Unidos le tienen pánico al surgimiento de verdaderos líderes que exijan cambios a favor de los desposeídos, y en este caso de las leyes que solo favorecen a un grupo pequeño de personas, en perjuicio de millones de ciudadanos.

Tal ha sido la persecución contra la joven, que se vio obligada a declarar públicamente que es bisexual, algo muy íntimo que no reconocen muchos Congresistas, aunque todo el mundo conozca de su orientación sexual.

Ahora los homofóbicos le persiguen de forma implacable, con el objetivo de conformarle una imagen negativa, incluso llegaron a falsificar una foto de Emma donde aparece rompiendo la Constitución, siendo el responsable de tal sucia acción el legislador Steve King, republicano por Iowa, quien publicó dicho ataque en la página de Facebook de su campaña de reelección y al pie de la foto escribió:

“Así es como luces cuando reclamas tu herencia cubana, pero no hablas español e ignoras el hecho de que tus ancestros huyeron de la Isla cuando la dictadura convirtió a Cuba en una prisión, después de quitarle todas las armas a sus ciudadanos, y con ello el derecho a su autodefensa”.

Una prueba más de la falta de libertades que padecen los ciudadanos estadounidenses, fueron las múltiples críticas que recibió la cantante cubana, naturalizada norteamericana, Gloria Estefan, solo por apoyar a la joven Emma González, en sus reclamos de mayores restricciones a las armas de fuego en EE.UU.

Para tener una idea de los padecimientos de aquellos que dicen lo que sienten, creyéndose que en Estados Unidos hay realmente libertad, basta con exponer lo que le han dicho a Gloria Estefan en las redes sociales: “Dedícate a cantar en vez de apoyar a una comunista”.

No importa que ella apoye la política contra Cuba, ni que cantara ante el asesino terrorista Luis Posada Carriles, porque cuando hay que cerrar filas ante el peligro de que surja una líder negativa, se hace sin compasión.

Otro elemento que ilustra la ausencia de libertades, fue la advertencia lanzada por el Senador republicano Marco Rubio, a Todd Robinson, Encargado de Negocios de la embajada de Estados Unidos en Caracas, después que el diplomático emitiera su opinión respecto a las próximas elecciones presidenciales, las que fueron interpretadas por el miembro de la mafia terrorista anticubana como un “distanciamiento” de la posición oficial de la Casa Blanca.

Lo que realmente Todd Robinson declaró a una radio emisora venezolana fue: “Hay varias teorías sobre los resultados de las elecciones y al final los venezolanos van a decidir si las elecciones tienen credibilidad o no, y nosotros vamos a esperar la decisión de los venezolanos”, expresiones que no toman posición a favor de Maduro, pero eso no es lo que el Senador quería oír y menos la oposición venezolana.

En una clara amenaza al diplomático, Marco Rubio apuntó:

“No hay ningún cambio en la política del Presidente Trump y EE.UU. sobre Maduro y Venezuela, pero lo que si puede cambiar es el jefe de nuestra embajada en Venezuela.

Nada más que añadir; en EE.UU. nadie tiene derecho a pensar diferente porque no existe la libertad para ello.

Razón tenía José Martí cuando sentenció:

“El limpio pensamiento ha menester de una atmosfera limpia”