Cómplices de crímenes de lesa humanidad.


Por Arthur González.

El silencio que hacen muchos países llamados “democráticos”, ante las incrementadas sanciones que el impero yanqui adopta contra aquellos países que son gobernados o tienen sistemas que no son de su agrado, son crímenes que deberán ser juzgado en algún momento.

¿Cómo es posible que el mundo permita que Estados Unido imponga a la fuerza un nuevo orden internacional político y económico, violando todos los preceptos legales establecidos en la Carta de las Naciones Unidas y otras convenciones adoptadas desde el siglo XX?

¿Hasta dónde le dejarán actuar sin ponerle coto a esta locura imperial?

La historia dice claramente que esos errores se pagan muy caros y Adolfo Hitler es un ejemplo que la humanidad no puede olvidar. Hoy lo vemos resucitar en la figura del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ambos con personalidades egocéntricas y prepotentes muy similares, que amenaza con invasiones, aplica sanciones a diestra y siniestra apoyado por naciones supuestamente soberanas, las que se arrodillan ante el “emperador” y cumplen sus disparatadas decisiones.

Estados Unidos desde el inicio de su conformación como nación asumió posiciones imperiales, robándole de una parte de territorio a México.

En la actualidad no tiene quien los frene, invadiendo países con justificaciones falsas, con el objetivo de apoderarse de sus riquezas naturales. Irak es un vivo ejemplo y ningún Estado, ni la ONU, lo sancionaron por esa guerra que ha provocado la muerte de cientos de miles de personas inocentes, destruido un país que fue próspero y saquearon su patrimonio considerado historia de la humanidad.

Que decir de Afganistán, Libia, Siria, y la más reciente amenaza a la República Islámica de Irán, todos con abundantes reservas de petróleo.

Venezuela le sigue en la lista y al igual que los anteriormente mencionados, posee la reserva petrolera más grande del mundo, además de oro y otros minerales muy apetecibles por el imperialismo yanqui.

Estados Unidos es el número uno a nivel del planeta en conformar mentiras y construir escenarios propicios para sus guerras expansionistas, confundiendo a la opinión pública internacional como paso previo a la invasión y así hacen contra Venezuela y su presidente Nicolás Maduro, con lo hicieron contra Fidel Castro, desde los años 60 hasta su muerte.

Pero el desliz del actual secretario de Estado, Mike Pompeo, puso en evidencia lo que hacen cotidianamente contra los que se oponen a someterse a los Estados Unidos, cuando reconoció recientemente ante cientos de jóvenes universitarios de su país:

 Yo era el director de la CIA. Mentimos, engañamos y robamos. Teníamos hasta cursos de entrenamiento…Era como si tuviéramos todos los cursos de capacitación para hacerlo”.

 Ese planteamiento explica la ausencia de ética y moral de los Estados Unidos y sus más altos funcionarios. De esa forma organizan golpes de Estado, juicios amañados a presidentes, como el de Luis Ignacio Lula, unido a falsas cuando el propósito es eliminar a los que les molestan.

El inventado tema de los “ataques acústicos” contra sus diplomáticos en La Habana, es otra de las pruebas, a lo que cobardemente se sumó Canadá, ante las amenazas de no aprobar el tratado de libre comercio, situación que pasará a la historia como una mancha indeleble en la política exterior canadiense.

El recurso de las sanciones para doblegar a pueblos enteros es ya una práctica impuesta por Estados Unidos y aceptada por casi todos sus aliados, los que van cediendo independencia y soberanía ante las exigencias irresponsables y desequilibradas del actual mandatario yanqui.

¿En qué lugar han quedado los derechos humanos que dicen defender Europa y su Parlamento? ¿Cómo pueden observar impasibles a millones de personas padecer de limitaciones alimentarias y de medicinas, solo porque a un orate y su equipo de asesores, se les ha metido en la cabeza acabar con Cuba, Venezuela y Nicaragua? ¿Eso es democracia y respeto a los derechos humanos?

Contra Cuba llevan 60 años sometiéndola a una brutal y despiadada guerra económica, financiera e incluso biológica, para matar de hambre y enfermedades a todos sus ciudadanos, como aseguró uno de los subsecretarios de Estado en 1960.

Hoy las sanciones continúan llegando al punto de sancionar a los estadounidenses que adquieran un abanico o beban un refresco de limón en Cuba, algo que para cualquier psiquiatra es prueba de trastorno de la conducta, lo que debe ser tratado de inmediato, e incluso con internamiento para quien asuma esa actitud tan desequilibrada.

A Venezuela Donald Trump le aplica similar receta, con la complicidad de la Unión Europea, fabricando un presidente sin elecciones populares ni respaldo alguno, imponiéndolo por la fuerza para saquear los fondos financieros de ese país y solventar a la contrarrevolución creada y entrenada por la CIA, e intentar comprar a altos funcionarios y a jefes militares para que traicionen a su patria.

Lo que se vive el mundo actualmente no tiene parangón en la historia, es algo bien peligroso porque ningún Estado está exento de que Estados Unidos le aplique similar formula, aun los más desarrollados como pudiera se Canadá, si no se agacha sumisamente ante sus órdenes.

Desde que entró en la Casa Blanca en 2017, Trump se han enfrentado a todo el mundo, poniendo en evidencia su desequilibrio y ausencia de experiencia política, al provenir del mundo empresarial donde todo se evalúa en pérdidas y beneficios.

A solo dos semanas de estar en la Sala Oval, tuvo un fuerte desencuentro con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, por el tema del muro fronterizo, le siguieron disputas con el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, por el asunto del TLC, a quien finalmente le dobló el brazo; el de Australia, Malcolm Turnbull, para obligarlo a recibir centenares de refugiados sirios.

En sus primeras intervenciones desbarró contra la Unión Europea y el euro, teniendo fricciones con la canciller alemana, Ángela Merkel, al no darle la mano ante la prensa y posiciones encontradas con el presidente francés, François Hollande y más tarde con su sucesor Emmanuel Macron.

Los desplantes con su esposa son prueba del desprecio que Trump siente por los demás, evidenciando su desequilibrio patológico con la peligrosidad que conlleva por ser Presidente de una potencia militar con alta capacidad nuclear.

Trump es vulnerable a la manipulación hábil por personas como su asesor John Bolton, mañoso y mezquinó personaje con experiencia política que le permite influenciar en un Presidente inexperto, narcisista y necesitado de halagos.

El mundo puede estar al borde de una tragedia irreversible por el cambio climático, ese que asegura Trump ser falso y por tanto se retiró del Acuerdo de Paris; también abandonó la UNESCO en solidaridad con Israel, y renunció al acuerdo con Irán, situación sumamente peligrosa por las consecuencias de un ataque de Estados Unidos con ese país, que no pensaría dos veces en tomar represalias contra quienes lo agredan, en defensa de su soberanía, aspecto que la Unión Europea y otros aliados del Medio Oriente tienen que analizar en detalles.

Rusia y China, intentan frenar la carrera desenfrenada de Trump, haciendo gala de entereza y sabiduría, dos potencias con derecho al veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero conscientes de la actuación ilógica de un personaje con serios trastornos de personalidad, les resulta muy complejo predecirla y solo con muestras de fuerza y poderío militar, pudieran paralizar los desatinos de quien solo sabe sumar y restar, pero no analizar los escenarios futuros de un mundo inmerso en una posible tercera guerra mundial.

Con sapiencia sentenció José Martí:

“Para todo hay en este mundo: imbéciles y viles”

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Fracasaron los planes para sabotear la XIII Bienal de La Habana.


Por Arthur González.

A pesar de los propósitos yanquis de hacer fracasar la XIII Bienal de La Habana, con acciones de algunos de sus secuaces como Tania Brugueras y otros más, la fiesta de las artes fue un éxito rotundo con la participación del pueblo, algo poco común en el mundo que demuestra la educación cultural del cubano.

Bajo el lema –La construcción de lo posible-, la fiesta habanera recibió con agrado la participación de decenas de artistas foráneos, de casi sesenta países de todo el mundo, quienes brindaron su arte sin limitaciones ni represión de ningún tipo, mostrando su maestría para interactuar con la población, sin manipulaciones subversivas como deseaban los enemigos de la Revolución.

Ante un escenario a favor del arte, artistas como Brugueras no asistieron, al no tener espacios para articular sus provocaciones, como intentaron en años anteriores. Por tanto, la Bienal transcurrió como lo que es, un total jolgorio para artistas y el pueblo.

Del extranjero, expusieron sus obras decenas de creadores de Argentina, Colombia, Chile, México, Barbados, Martinica, Haití, Puerto Rico, República Dominicana, Mali, República del Congo, Benín, Kenia, Marruecos, República de Senegal, Nigeria, Egipto, Siria, Japón, China, India, Filipinas, España, Francia, Finlandia, Alemania y Portugal.

Por Cuba, presentaron sus obras más de ochenta artistas de diferentes generaciones, entre ellos los consagrados Manuel Mendive, René Francisco, José Villa Soberón y José Manuel Fors, todos premios nacionales de Artes Plásticas, y otros más jóvenes que se abren camino a base de talento y creatividad, como Juan Carlos Alom, Frank Martínez, Adonis Flores, Alejandro Campins, Rocío García, David Beltrán, Dania González Sanabria, José Manuel Mesías, Ruslán Torres Leyva, Ossaín Raggi, Ariamna Contino, Alex Hernández, Rafael Villares, Rachel Valdés y Duvier del Dago.

Un hecho que demuestró la libertad del arte en Cuba, lo fue la extensión de esta XIII Bienal a otras provincias del país.

En Pinar del Río sesionó el Proyecto Farmacia; en Matanzas, el denominado Ríos intermitentes; Cienfuegos expuso una muestra colectiva bajo el titulo Mar adentro, y Camagüey aportó obras en su Festival Internacional del Videoarte.

Un hecho significativo lo fue el llamado Corredor cultural de la calle Línea, que se extendió hasta las márgenes del rio Almendares en el Taller Chullima, y en este, como sede del arte por primera, mostraron obras Joan Baizas, Cildo Meireles, Alberto Kalash, Hubert Sauper y Wilfredo Prieto.

Ante un resultado sin parangón de otras Bienales del mundo, los yanquis intentaron desesperadamente manchar la fiesta, y de ahí que casi al final del encuentro enviaran a los mexicanos Ximena Luna Gaona y Jesús Benítez, para ejecutar un abierta y clara provocación en la vivienda de elementos contrarrevolucionarios, que la denominan “Museo de la disidencia”, donde personas de escaso talento y obra cultural, pretendieron atraer la atención de la prensa extranjera, quedándose con las ganas de enturbiar un ambiente plenamente cultural, que si compartió muestras de alta relevancia internacional.

Por su parte, Tania Brugueras, el peón que tiene Estados Unidos para su propaganda anti cultural cubana, al percatarse de que no podría ensombrecer la XIII Bienal, solo atinó a declarar en las redes sociales y libelos contrarrevolucionarios:

No voy a la XIII Bienal de La Habana porque no entiendo la incoherencia de suspender la Bienal en el 2017 para ceder sus recursos a la reconstrucción del huracán Irma – lo que constituyó una postura planteada desde lo estético-ético – y ahora, en el 2019, cuando hace unos meses un tornado devastó en La Habana varias de las zonas más pobres y obreras de la ciudad, el Ministerio de Cultura ha decidido que es más importante gastar una buena parte de su presupuesto en promocionar y usar a La Bienal de La Habana para limpiar su imagen internacional ante la campaña contra el decreto-ley 349”.

Indigentes e incoherente sus argumentos ante un exitazo como fue la XIII fiesta del arte en Cuba.

Los enemigos de la Revolución no se resignan a ver los avances en el sector cultural cubano, el que a pesar de las limitaciones impuestas por la criminal guerra económica, comercial y financiera, continúan regalando su creatividad e imaginación cual talentosos artistas de la Isla, creciéndose ante tantas dificultades, para ofrecer un arte autentico admirado por millones de cubanos, además de ser altamente valorizado por curadores y galeristas internacionales.

Esos vasallos al servicio de una potencia extranjera que procura dominar al mundo, deben aprender con José Martí cuando asevero:

“La madre del decoro, la savia de la libertad, el mantenimiento de la República y el remedio de sus vicios, es, sobre todo lo demás, la propagación de la cultura”.

 

 

 

Otra manipulación tendenciosa contra Cuba.


Por Arthur González.

Resulta inverosímil que personas inteligentes y con sobrada experiencia de lo que son noticias falsas y tergiversadas contra Cuba, se dejen llevar por sentimientos y no por razonamientos.

Eso ha vuelto ocurrir con el manipulado desfile de la comunidad LGBTI, el pasado 12 de mayo 2019, en La Habana, donde a pesar de anunciarse ampliamente que el desfile sería cambiado por una fiesta en un centro recreativo, más la velada artística en el mayor teatro de Cuba, varios elementos contrarrevolucionarios orientados por personas ajenas a esa comunidad, organizaron una marcha para provocar a las autoridades, con el apoyo mediático que orquestarían publicaciones al servicio de los intereses yanquis.

Informaciones reportadas por el Nuevo Herald, Cambios de Cuba y otros libelos anticubanos, quienes encabezaron el desfile fueron los auto titulados “activistas independientes” Ileana Hernández, Oscar Casanella, Ariel Ruiz Urquiola y Boris González Arena, ninguno miembro de la comunidad LGBTI y con amplios antecedentes vinculados a Estados Unidos en sus planes contra la Revolución, que constan en Internet.

A pesar del cambio del desfile por otras actividades, la marcha se efectuó bajo la tolerancia de las autoridades y caminaron con entera tranquilidad, desde el Parque Central de La Habana, hasta la esquina de Prado y Malecón.

Durante el trayecto por todo el paseo del Prado no hubo impedimentos, pero los instigadores sabían que el conflicto se crearía al pretender desfilar por la Avenida del Malecón, e interrumpir el tráfico de vehículos con su espectáculo.

Al llegar a ese punto, las autoridades detuvieron el desfile pidiendo el fin del mismo, pero los incitadores se opusieron de forma provocativa, tal y como lo planificaron para divulgar posteriormente que fueron “reprimidos”, con el respaldo propagandístico que esperaba por las fotos y comentarios en las redes sociales.

En ningún momento pudieron captar un bastonazo de parte de la policía cubana, ni gases lacrimógenos o carros con potentes chorros de agua. No se vieron policías con cascos, escudos, chalecos antibalas, ni armas largas ni cortas. Solamente pudieron fijar el instante en que algunos de los provocadores eran cargados en brazos por hombres, muchos de ellos constructores del hotel en fase de terminación ubicado en esa intercepción de Prado y Malecón, que acudieron en apoyo a la policía, menor en número que los cerca de 300 miembros de la comunidad LGBTI, algo que no se menciona en ninguna de las noticias publicadas.

Para darse cuenta de lo que había tras el desfile de marras, hay que buscar un poco de información y evitar valoraciones apasionadas sin elementos objetivos.

De forma sorpresiva, el martes 7 de mayo, la embajada yanqui en La Habana, que no ofrece servicios para los cubanos desde la fabricada y mentirosa acusación de ataques acústicos para afectar el turismo internacional, convocó a cabecillas contrarrevolucionarios con el propósito de visionar y debatir, una video-conferencia presentada por Kelley E. Currie, representante estadounidense en el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, en Nueva York, referida a la campaña  “Encarcelado ¿Para qué?”, en idioma inglés  “Jailed for What ?” .

Entre los cubanos estaban Ariel Ruiz Urquiola y su hermana Omara.

¿Casualidad? Allá los tontos e ingenuos que se lo crean. Los yanquis no hacen nada por gusto sin perseguir un fin concreto.

No es un secreto que, desde hace varias semanas, sitios contrarrevolucionarios pronostican revueltas populares ante la escasez de productos alimenticios, pero no mencionan el incremento de la guerra financiera contra Cuba por Estados Unidos con mayores sanciones a la banca extranjera, para impedir las transacciones de pagos para las compras cubanas, así como otras acciones de guerra económica que buscan derrumbar el socialismo en la Isla.

Nuestros artistas no pueden alejarse del análisis político para tener una idea objetiva de lo que está sucediendo en Cuba y en el mundo, pero no solo la publicada por sitios que solo atacan a la Revolución.

Nunca se puede olvidar que los yanquis trabajan, hoy más que nunca, en socavar el apoyo popular y la división de los cubanos. Por eso Estados Unidos declara abiertamente que pretende liquidar el socialismo en Cuba.

Hay que tener presente los planes subversivos e injerencistas, diseñados por Gene Sharp y otros especialistas de la CIA, en su programa de cinco etapas, las cuales plantean:

– Promover acciones “no violentas” para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad, destacando entre ellas denuncias de corrupción, promoción de intrigas o divulgación de falsos rumores.

– Desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de “totalitarismo” contra el gobierno en el poder.

– Centrarse en la lucha activa por “reivindicaciones políticas y sociales”, y en la manipulación del colectivo para que emprenda manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones.

– Ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.

– Forzar la renuncia del Presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, preparar el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

Llama la atención la divulgación inmediata de la manipulada noticia de la “represión” a la marcha, por diarios y organizaciones contrarrevolucionarias creadas y sostenida por los yanquis, tales como el diario digital “14yMedio” de la bloquera Yoani Sánchez; CUBANET; Diario de Cuba; el inventado “Observatorio Cubano de Derechos Humanos”, ubicado en España; la titulada “Fundación Cubana por los Derechos LGBTI”, también con sede en Madrid que ataca permanentemente al CENEX; la ficticia “Asociación Sindical Independiente de Cuba”, y otros similares.

Quienes en las redes pidieron que se expusiera el respaldo económico yanqui, deben leerse los presupuestos anuales de la NED y la USAID contra Cuba, para ganar en conocimientos antes de acusar a las autoridades con tanta pasión, a favor de quienes reclaman el derrocamiento del socialismo, como hace la mafia terrorista de Miami.

La National Endowment for Democracy (NED), informó en su sitio oficial, que en el 2018 gastó 4,643,525 de usd en subvenciones para Cuba, un aumento del 22% en comparación con los 3,814,328 usd reportados en el 2017. Los acápites están detallados en su página.

¿Por qué razón no exigen con similar vehemencia el cese de la guerra económica, financiera y biológica que pretende matar por hambre y enfermedades al pueblo cubano?

Ni una sola letra se encuentra en las redes sociales sobre algunos de los que describieron la actuación de los encargados del orden público, como verdaderamente “deprimente y triste”; “absurda y vergonzante”; y otro que aseguró “tener una vergüenza enorme”. Sin embargo, ignoran lo que se mueve tras el tapete y asumen posiciones a favor de elementos que no les importa la comunidad LGBTI, sino atacar a la Revolución.

Oportunistamente y frotándose las manos con la ilusión de ver manifestaciones callejeras que den al traste con el proceso revolucionario, la embajada yanqui asumió posiciones similares al acuñar como “detenciones agresivas las que se produjeron el sábado durante la marcha”, asegurando en Twitter: “estamos con el pueblo de Cuba”. Demasiado cinismo yanqui que desborda la paciencia de los cubanos.

Si un país es condenable por la represión policial es Estados Unidos, quien arremete sin piedad contra quienes se atreven a protestar en las calles.

Por situaciones similares dijo José Martí:

“Se considera criminal el querer forzar la opinión pública.

Reconoce Donald Trump que fue engañado sobre Venezuela.


Por Arthur González.

El diario The Washington Post acaba de publicar un artículo donde afirma que el actual inquilino de la Casa Blanca, el inexperto en política Donald Trump, aseguró sentirse frustrado ante las constantes derrotas sufridas en Venezuela, en su obsesión por derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Todo indica que el Presidente yanqui está insatisfecho con la estrategia diseñada por los especialistas de la CIA y su asesor de seguridad nacional, John Bolton, la que no logra aglutinar al pueblo venezolano a favor del títere Juan Guaidó, figura gris mal seleccionada para fungir, o, mejor dicho, fingir como gobernante interino.

Guaidó, ausente de carisma, imagen atractiva y de un discurso encendido, no ha sido capaz de movilizar a la oposición y menos aún de ser reconocido por los militares, demostrando una nefasta actuación durante el fallido intento de trasladar hacia Venezuela la ayuda “humanitaria” por la frontera colombiana, el pasado mes de febrero 2019, a pesar del fuerte apoyo sustentado por Estados Unidos, en el que movilizaron al Secretario General de la OEA, y a los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay, para estar junto al títere Guaidó.

Como operación mediática, Estados Unidos aprobó un concierto organizado por el empresario británico Richard Branson, fundador del Grupo Virgin, el que atrajo a un grupo de artistas de fama internacional, quienes quedaron en ridículo y marcados para la historia como peones de los yanquis, al no obtener los resultados planificados.

Funcionarios del Gobierno y de la Casa Blanca, aseguran que Trump se siente engañado, pues la CIA y Bolton le aseguraron que reemplazar al presidente Maduro por Juan Guaidó, sería una tarea muy fácil, pero en realidad ha sido todo lo contrario.

Ya pasaron tres meses de su auto proclamación como Presidente sin resultados, y la vida dice que todo el dinero gastado en sostenerlo ha sido un fiasco total. Los 50 países que se dejaron presionar por Washington, deben estar sacando las mismas conclusiones y en el futuro tendrán que volver a reconocer a Maduro como único y legitimo presidente de Venezuela.

Lo que le sucede hoy a Trump, también lo sufrió el presidente John F. Kennedy, cuando el entonces director de la CIA, Allen Dulles, le aseguró en 1961, que el pueblo cubano “esperaba ansioso” la llegada de la invasión con la brigada mercenaria por Bahía de Cochinos, la que fue enfrentada y vencida en solo 67 horas.

Al tener que asumir la derrota, Kennedy tomó la decisión de defenestrar a la CIA y a varios de sus asesores por engañarlo, medida que tendrá que tomar Trump con Bolton y Elliott Abrams, que no dan en el centro de la diana con sus planes imperiales contra Maduro, y solo han incrementado el odio de millones de personas y de países como los centroamericanos, a los que les retiró más de 450 millones de dólares, al no poder detener el flujo de inmigrantes indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras, hacia la frontera sur de Estados Unidos con México.

Hoy Estados Unidos posee mayor rechazo en América Latina y otros lugares del mundo, debido a su política intervencionista e injerencista, incluidas las sanciones económicas y financieras a Cuba y Venezuela, unido a las elevadas multas impuestas a bancos extranjeros y la reciente liberación de la aplicación del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, que perjudica a miles de inversionistas extranjeros en Cuba, muchos de ellos procedentes de países aliados a Estados Unidos.

Kennedy también subestimó a Fidel Castro y su prepotencia imperial no le permitió valorar el mayoritario respaldo popular que tuvo, de ahí sus constantes fracasos en derrocarlo, llegando en su desesperación a aceptar los planes propuestos por la CIA para asesinarlo, unido a operaciones de terrorismo de Estado, acciones de guerra económica y biológica, que sus sucesores han seguido sin el menor resultado, porque continúan sin evaluar objetivamente el apoyo del pueblo a su Revolución.

Con Venezuela les sucede de forma idéntica, y cuales trasnochados embriagados, persisten en la guerra económica como medio para que el pueblo se lance a las calles, ante las crecientes limitaciones alimentarias.

Si Trump no toma en serio sus fracasos en Venezuela, terminará aceptando las propuestas del anciano John Bolton, que pide constantemente una intervención militar en Venezuela, y sin dudas será el fracaso y fin de su carrera política, debido a la cantidad de muertos que pondrá el ejército norteamericano, bajas que no podrá justificar ante sus ciudadanos, pues los venezolanos, al igual que los cubanos en Bahía de Cochinos, defenderán su patria con todo el coraje que tienen como herencia de sus próceres, principalmente de Simón Bolívar.

Hay que estar ciego para no ver que la oposición venezolana no está dispuesta a enfrentarse en las calles con el pueblo, pues la integran miembros de la burguesía acostumbrados a vestir con sacos y corbatas, sin mezclarse con los trabajadores y personas humildes, quienes apoyan a Maduro por ser los más beneficiados de la Revolución chavista y de sus programas sociales.

Esa oposición burguesa tomó el camino de Miami, España y otros países de habla hispana, llevándose en sus maletas el capital suficiente para vivir bien en el “exilio”.

Los que se quedaron, después del fiasco de la intentona golpista, corren a refugiarse en embajadas para evitar la justicia y otros son encarcelados por violar las leyes del país.

Guaidó sigue en libertad, como una magistral maniobra de Maduro para que aumente su desprestigio ante el mundo, detenerlo sería convertirlo en víctima, pero él caerá por su propio peso sin penas ni glorias.

Mientras, desde Washington, Bolton y Abrams con total ignorancia del sentimiento de los pueblos, continúan jugando a la guerra desde posiciones seguras, pero sin mojarse sus posaderas.

Certero fue José Martí cuando afirmó:

“La ignorancia es la garantía de los extravíos políticos”.

 

Presenta compañía petrolera ExxonMobil demanda contra Cuba.


Por Arthur González.

A solo un día de entrar en vigor el Título III de la criminal Ley Helms-Burton, el pasado 3 de mayo 2019, la compañía petrolera ExxonMobil, presentó ante el Tribunal del Distrito de Columbia, una reclamación por la nacionalización de una refinería de petróleo en La Habana, Cuba, el 1ro de julio de 1960, además de varias gasolineras y otros activos que poseían en la Isla.

El monto de su reclamación asciende a 280 millones usd, como pago por sus activos, acusando al gobierno cubano de “traficar” con ellos, los cuales pertenecen hoy a la empresa estatal de Cuba, CUPET y al holding de empresas de la Corporación CIMEX.

La controvertida Ley Helms-Burton, aprobada en 1996 por el entonces presidente Bill Clinton, persigue el único fin de ahogar la economía cubana, con la frustrada esperanza de derrocar el socialismo, para lo cual reclutaron al presidente español José María Aznar, a fin de que paralelamente propusiera a la Unión Europea la llamada Posición Común, y así completar el aislamiento de la Revolución socialista, que en aquellos años resistía estoicamente el desmoronamiento del campo socialista del este europeo.

Ni una ni otra han alcanzado los sueños yanquis, convertidos en pesadilla ante la unidad de los cubanos para mantener a todo costo su independencia y soberanía, algo que Estados Unidos no acepta.

La citada demanda de la petrolera yanqui no menciona que Estados Unidos se negó a negociar la compensación monetaria propuesta por el gobierno cubano, en la década de los años 60 del pasado siglo XX, como sí aceptaron otros países. Washington pensaba que la Revolución no resistiría las acciones de guerra económica que ya empezaban a aplicar contra Cuba.

Tampoco se recogen el texto de dicha reclamación, las razones por las cuales Cuba inició el proceso de nacionalización, al negarse el 7 de junio de 1960, la Exxon y Texaco, más la británica Shell, a refinar el primer cargamento de petróleo que la URSS le vendió a Cuba a precios preferenciales, a pesar de la solicitud anticipada que hicieron las autoridades de la Isla, el 24 de mayo del mismo año 60.

Está plasmado en documentos históricos que Estados Unidos para esa fecha ya preparaba una invasión a Cuba, mediante una brigada de mercenarios reclutados, entrenados y financiados por la CIA.

En el documento presentado por los abogados de la ExxonMobil, no consta ninguna exigencia al gobierno de Estados Unidos por los daños causados a la instalación, por el sabotaje terrorista perpetrado contra la refinería habanera, la noche del 25 de abril de 1963.

Aquella acción pretendía destruirla para afectar la economía cubana, y fue ejecutado por un avión bimotor procedente de Estados Unidos, que voló a baja altura sobre la refinería situada en el fondo de la bahía habanera. Una vez sobre la misma lanzó una bomba de cien libras y varios contenedores con napalm que provocaron un incendio. De inmediato la aeronave tomó rumbo norte.

Posteriormente, agencias cablegráficas yanquis difundieron la información de que el ciudadano estadounidense nombrado Alexander Rorke, había declarado ante periodistas en la ciudad de Washington, que él, junto a otro ciudadano norteamericano que no identificó, se encontraban en el avión que había bombardeado la refinería, con el propósito de hacerla estallar.

Gracias a la rápida actuación de los obreros y técnicos cubanos se pudo sofocar el incendio, el que hubiera reducido a chatarra a la refinería, esa que ahora reclaman sus anteriores propietarios norteamericanos.

Si como se prevé, la compañía petrolera Texaco, sigue los pasos de la Exxon, deberá agregarle a su reclamación judicial por la nacionalización el 29 de junio de 1960, de la refinería  tenían en la bahía de Santiago de Cuba, los daños causados por la CIA contra la misma, cuando fue atacada el 12 de marzo de 1961 por una lancha rápida artillada con grueso calibre, procedente del buque-madre de la CIA, nombrado Bárbara J., con el objetivo de destruirla e interrumpir su proceso productivo, vital para la región oriental cubana.

Ese acto terrorista provocó un incendio en la torre de la planta de destilación y otros daños en la instalación, unidos al sabotaje contra la torre del tendido eléctrico que suministraba energía a dicha industria.

Una vez más la inmediata respuesta de los trabajadores cubanos evitó la destrucción total de la refinería, pero en el criminal acto ejecutado por la CIA, perdió la vida el miembro de la Marina de Guerra René Rodríguez Hernández, de 27 años y fue herido de gravedad el joven de 19 años de edad, Roberto Ramón Castro, custodio de la instalación.

Si los abogados de la Texaco desean más detalles para formular su reclamación, pueden leer el informe ya desclasificado, escrito por el inspector general de la CIA, Liman Kirk Patrick, en octubre de 1961, donde reconoce la participación de su Agencia en el hecho, prueba contundente de las acciones de terrorismo de Estado ejecutadas por la potencia yanqui contra el pueblo cubano, por lo cual tendrán que indemnizar a Cuba.

Por eso, los yanquis deberían recordar a José Martí cuando afirmó:

“Hay que estar seguros de sí, para poder echar en cara a los demás”.

La doble moral de Donald Trump.


Por Arthur González.

Para que todos sepan la doble moral que tiene el actual inquilino de la Casa Blanca, el pasado mes de abril 2019, Donald Trump y tres de sus hijos, Donald Jr., Ivanka y Eric, más y su empresa la Trump Organization, interpusieron sendas demandas a los bancos Deutsche Bank de la República Alemana y al Capital One, de propiedad estadounidense.

El motivo de las mismas es impedir que los bancos entreguen informaciones sobre sus finanzas personales, a dos Comités de la Cámara de Representantes, situación a la que dichas entidades bancarias están obligadas debido a un requerimiento judicial presentado en la Corte del distrito sur de New York.

El Clan Trump trata de impedir, por todos los medios, la investigación que llevan a cabo los demócratas en la Cámara de Representantes

El contenido de la demanda de los abogados de los Trump, se hizo público y ha permitido conocer que en la misma alegan que la solicitud de información “no tiene ninguna legitimidad ni fin legítimo y ha sido emitida por los demócratas con un objetivo político”.

El Deutsche Bank, a través de su portavoz, Kerrie McHugh, declaró que “están comprometidos en brindar la información correspondiente para todas las investigaciones que han sido autorizadas y ellos cumplirán con las órdenes judiciales”.

La negativa del Clan Trump pone en evidencia la doble moral yanqui, que mientras obstaculizan las informaciones sobre sus finanzas, aprueban anualmente altos presupuestos para que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, se ocupe de exigirle a los bancos de todo el mundo, información sobre las transacciones que ejecutan con entidades cubanas, incluso para pagar las cuotas de los organismos internacionales, entre ellas las de Naciones Unidas, todo eso con un fin político.

Precisamente en el 2014 bajo la administración de Barack Obama, la OFAC solicitó al Deutsche Bank, información concerniente a los pagos en dólares efectuados por sus instituciones, provenientes o hacia Cuba.

En 2015 el banco alemán Commerzbank, fue obligado a pagar a varias autoridades estadounidenses 1,196 millones de euros (1,452 millones de dólares) por haber realizado transacciones con empresas de Cuba. Otras compañías comerciales alemanas como Siemens, Daimler y Deutsche Telekom, recibieron advertencias de la OFAC para que no ejecutaran ninguna acción financiera con la Isla.

Ante tales imposiciones imperiales, el abogado y profesor de Derecho Internacional en Düsseldorf, Siegfried Elsing, declaró en ese momento:

En Estados Unidos existe la tendencia de imponer sus propias leyes y un banco que actúa a nivel global, no puede evitar a Estados Unidos, por eso hay que someterse ante ellos”.

Con anterioridad la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), había multado a una de las sucursales del banco alemán Commerzbank, situada en Nueva York, por respaldar transacciones con entidades cubanas, que violan la guerra económica, comercial y financiera que Estados Unidos impone a la Isla desde hace más de medio siglo.

La multa más alta aplicada por los yanquis a bancos extranjeros que mantienen relaciones con Cuba, la recibió en 2015 bajo el gobierno de Obama, el BNP Paribas, el mayor banco de Francia, por un total de 10 mil millones de dólares, rebajado a 8 mil 834 millones de dólares después de un largo proceso de conversaciones entre París y Washington.

Adicionalmente, dicho banco fue sancionado a no realizar operaciones en dólares durante un año, especialmente en el sector del petróleo y el gas, demostrando con ese proceder que Estados Unidos está por encima de lo regulado en derecho internacional, al imponerles sanciones por comerciar directamente con Cuba a naciones soberanas.

Con esos antecedentes, es posible que el banco alemán entregue los requerimientos solicitados por la Corte de New York respecto a las cuentas del Clan Trump, como desquite por las multas y presiones políticas que reciben las entidades alemanas, pues como afirmó José Martí:

“La historia salda cuentas”.

La prepotencia imperial de los yanquis.


Por Arthur Gonzalez.

Estados Unidos hace y deshace sin frenos ante los ojos de la comunidad internacional. Pisotea la carta de las Naciones Unidas, viola los derechos humanos, discrimina por nacionalidad, sexo y raza, pero nadie propone sancionarlos y menos aun presentar el caso ante la Corte Internacional para que sean juzgadas sus constantes y crecientes violaciones de las leyes.

¿Acaso invadir un estado soberano basado en la mentira y sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU, no es una violación absoluta del derecho internacional?

¿Amenazar con atacar a otro país sin una declaración de guerra, no es otro delito que no se le permite a ningún estado?

¿Aplicar una guerra económica, comercial y financiera a todo un pueblo, con el propósito declarado de matarlo por hambre y enfermedades, no es un crimen de lesa humanidad?

¿Financiar e instruir a una oposición fabricada para ejecutar actos provocativos, con la intención manifiesta de derrocar a un régimen democrático, no es repudiable y sancionado por las leyes internacionales?

¿Incitar al ejército de un estado soberano para que se subleve contra el orden constitución, es permitido en el mundo sin que el incitador sea condenado por la comunidad internacional?

¿Estructurar planes de terrorismo de estado contra otro país, por el solo hecho de no aceptar su decisión de ser independiente y soberano sin someterse a Estados Unidos, no es acaso sancionable por la Corte Internacional de Justicia?

Esas y muchas otras violaciones las cometen a diario los Estados Unidos, auto proclamándose “paladín” de los derechos humanos en el mundo y tomándose el derecho de confeccionar listas negras para condenar a todos aquellos que no se arrodillen a sus pies y cumplan sus órdenes sin levantar la cabeza.

A esos delitos súmensele que su actual Secretario de Estado, Mike Pompeo, reconoció recientemente ante cientos de estudiantes de la Universidad de Texas A&M, que, durante su etapa como director de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, hasta hace muy poco tiempo, “mentimos, engañamos y robamos, e incluso teníamos hasta cursos de entrenamiento para ello”.

Esos son los valores y la ética que la actual administración del presidente Donald Trump, inculca a sus jóvenes para que den continuidad a la prepotencia imperial que caracteriza a los Estados Unidos desde el siglo XIX.

Ante esa criminal forma de actuar, los pueblos del mundo, no sus gobernantes, repudian el actuar de los yanquis quienes pisotean valores y normas legales establecidos en la Carta de las Naciones Unidas, sin que sean condenados por países con larga tradición democrática, dejándose presionar y chantajear burdamente por el imperio todo poderoso.

Desde hace medio siglo, la Casa Blanca ejecuta planes tenebrosos contra Cuba, Venezuela, Nicaragua y otros países que no se dejan amedrentar por sus presiones políticas y económicas.

A Cuba desde 1959 la quieren desangrar y para ello aplican la receta propuesta en 1960 por el entonces sub secretario de Estado, Lester Mallory, quien afirmó sin pudor ni sentimientos humanos:

Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Ante la resistencia de los cubanos, intentaron invadirla en 1961 con un ejército mercenario, el que se rindió en solo 67 horas ante la valentía y dignidad de hombres y mujeres de su pueblo.

Planes de Acciones Encubiertas de la CIA son ejecutados permanentemente, para sembrar el terror y enfermedades mediante la introducción de plagas, virus, bacterias y todo cuanto pueda hacer daño e incluso causar la muerte, como la introducción de epidemias de meningitis, conjuntivitis hemorrágica, el dengue, y otros males dañinos contra la flora y faunas cubanas.

Campañas psicológicas con noticias falsas, elaboradas por la CIA, llenan a diario cuartillas en órganos de prensa, la TV y las redes sociales, algo común en esa agencia de inteligencia, como bien reconoce Mike Pompeo.

Lo mismo le hacen a Venezuela, llegando a emplear ataques cibernéticos para dejar sin electricidad a millones de familias, hospitales, centros de elaboración y producción de alimentos, el transporte público y escuelas, ante el silencio cómplice de la Unión Europea y sus lacayos latinoamericanos, encabezados por el agente de la CIA Luis Almagro, quien se sumó al respaldo orientado por Washington, del auto proclamado “presidente”, Juan El Títere Guaidó, situación insólita en tiempos donde la misma OEA reclama elecciones democráticas para reconocer a presidentes en América Latina.

Estados Unidos no comprende de valores, ni de dignidad de los pueblos para defender la soberanía nacional, porque son tantas las mentiras fabricadas contra otros, que tal parece se las llegan a creer y de ahí sus fracasos.

Cuba y Venezuela tienen historias comunes y ambos pueblos decidieron caminar por el sendero de la libertad, sin someterse al amo imperial, ese que solo deja a su paso hambre, enfermedades, desigualdad y muerte.

Para comprobarlo, basta mirar a los necesitados latinoamericanos, esos que no conocen un médico, un maestro, un teatro, ni una biblioteca, pues para sus niños solo hay asegurada la miseria y el trabajo explotador, impidiéndoles disfrutar de una infancia segura y feliz como la tienen aseguradas las niñas y niños cubanos, a pesar de la cruel guerra económica impuesta por los yanquis, hace medio siglo.

Basta ya de engaños y mentiras, el mundo merece más respeto para conocer la verdad sobre Cuba y Venezuela, porque como nos enseñó José Martí:

“La verdad no es más que una, y quien la dice cuando los demás tienen miedo de decirla, impera”.