Continua la manipulación mediática de la Iglesia Católica contra Nicaragua.


Por Arthur González.

Las revueltas en Nicaragua empezaron hace tres meses, supuestamente tras el anuncio del gobierno sandinista de Daniel Ortega, de recortes al Seguro Social. Los mismos se revirtieron poco después, pero los estudiantes salieron a las calles y ocuparon plazas, calles y la principal universidad del país, para pedir la renuncia del presidente, algo que era el objetivo real y solapado.

Para alcanzarlo, ejecutan desde hace 90 días actos de violencia con armas de fuego, que han dejado más de 270 muertos y unos 2 mil 100 heridos.

Pero ¿quién le propuso al gobierno sandinista que hiciera tales recortes? Nada menos que el Fondo Monetario, institución que impone sus criterios y provoca la disminución de la capacidad adquisitiva de los pueblos. Lo mismo hacen en Argentina y en días recientes en Haití, con el aumento de los precios del combustible, que provocaron revueltas populares.

En Nicaragua todo estaba premeditado. La embajada yanqui en Managua venía impartiendo cursos a los estudiantes dentro de los locales de esa misión diplomática, de cómo había que luchar por los derechos civiles, los derechos humanos y toda la lista de acciones que no cumplen en su propio país.

Por eso es que una vez derogado el anunciado recorte al seguro social, los estudiantes incrementaron sus protestas y actos vandálicos, adquirieron y fabricaron armas de fuego, unido a bobas caseras y cocteles molotov.

¿Eso era necesario para revertir un recorte del presupuesto al Seguro Social, o había algo oculto tras esos reclamos, impulsado desde el exterior?

De nada han servido las sesiones de diálogo que el gobierno convocó, nada menos que con la Iglesia Católica, a pesar de ser parte bien activa de esa oposición al movimiento sandinista desde siempre y por su puesto al servicio de Washington.

Al no tener los resultados esperados de derrumbar al gobierno, ni lograr acciones internacionales contra Ortega, ahora recurren a mezclar más a la Iglesia Católica, con el marcado propósito de buscar una imagen prefabricada de represión gubernamental y pasar de “victimarios a víctimas”, vieja estratagema para confundir y manipular a la opinión pública internacional.

Basta con mirar y estudiar algunas imágenes que la prensa no ha podido ocultar, para percatarse de cuanta violencia hay en los manifestantes, los cuales portan armas de fuego para matar y herir a policías y al pueblo que apoya mayoritariamente al sandinismo, demostrado en las elecciones democráticas de noviembre 2017.

Los estudiantes orientados por la embajada yanqui, ocuparon la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN), ubicada al lado de la parroquia Divina Misericordia, desde donde dirigían las acciones violentas contra la población y almacenaban un arsenal de armas, municiones y bombas, levantando barricadas para hacer intransitables las vías principales de Managua y otras ciudades como Masaya, creando el caos y el terror.

Los actos no tienen nada de pacíficos, queman, matan y hieren a todo el que se les ponga delante, los delincuentes organizan el pago de peajes ilegales para extorsionar a los que necesiten transitar por esas calles tomadas por la llamada “oposición”, algo que la curia católica no menciona.

Todo el teatro mediático está estudiado para trasladar la imagen de un gobierno represivo, a pesar de que las agresiones con armas y cocteles molotov fueron iniciadas por los “opositores pacíficos”, pero ante esa realidad que tratan de deformar, el clero católico calla en total complicidad con las acciones terroristas.

La violencia, el asesinato y la mentira no están contempladas dentro de la ley de Dios y debe ser condenada, no apoyada y respaldada por una curia reaccionaria, esa que estuvo al lado de la contrarrevolución armada, entrenada y financiada por la CIA contra Nicaragua en la década de los años 80.

Basta de hacer propaganda contra los gobiernos de izquierda de la región, a la vez que no condenan los abusos de gobiernos pro yanquis que ahogan a los pueblos, con medidas neoliberales y represiones salvajes como las que se producen en Argentina y Brasil, los asesinatos selectivos de líderes sociales en Guatemala, Honduras, Colombia y los cientos de miles en México, sin que la Iglesia los condene.

No se puede querer ser juez y parte para después hacerse el mea culpa hipócritamente.

Los jóvenes que mueren en Nicaragua son responsabilidad de los que salieron a las calles armados; tal situación de pacífica no tiene ni la más mínima pinta, a otro con eso cuento.

La propia Asociación Nicaragüense pro Derechos Humanos, asegura que los paramilitares usan armas de alto calibre y los manifestantes “opositores” portan armas y bombas artesanales.

¿No ven esos actos los obispos y sacerdotes nicaragüenses? ¿Por qué no hay una condena contra los que asesinan a policías y seguidores de Ortega?

Para sellar su complicidad con quienes organizaron e iniciaron la violencia y la muerte, el Cardenal de Nicaragua, Leopoldo Brenes, declaró hace unas horas: “urge la intervención de los organismos internacionales para evitar la repetición de esa noche de temor y balas”, después que lael Cardenal de Nicaragua, Leopoldo Brenes acogiera a los opositores que tenían tomada la Universidad. Sin embargo, el prelado no hace un llamado a los manifestantes a terminar con sus actos terroristas.

Dios los condenará a todos, pues siempre dijo: amaos los unos a los otros.

Cada cual cargará con su responsabilidad histórica y todos serán analizados en el juicio final, pero como sentenció José Martí:

“Hay hombres que viven contentos, aunque vivan sin decoro… y cuando hay muchos sin decoro, hay siempre otros que en sí tienen el decoro de muchos hombres”.

 

 

 

 

 

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Conferencia de Obispos Católicos de Cuba apoya campañas contra Nicaragua.


Por Arthur González.

Sumándose a las campañas mediáticas contra el gobierno sandinista de Nicaragua, generadas por los ideólogos de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo Auxiliar de La Habana y Secretario General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, COCC, envió una carta al Cardenal Leopoldo Brenes, Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, donde toma partido en contra las autoridades de ese país centroamericano.

En su misiva Monseñor Juan de Dios Hernández, afirma que “hemos visto con profunda tristeza y horror, las imágenes de la barbarie ocurrida el pasado domingo en la Basílica de San Sebastián en Diriamba. Estos hechos de violencia y profanación, de crímenes y abusos de poder, resultan verdaderamente denigrantes y, por ello, experimentamos el lógico sentido de fraternidad pastoral ante el momento que afrontan”.

Sin embargo, no menciona que la violencia y los crímenes son generados por los llamados opositores al gobierno, entrenados y financiados desde la embajada yanqui en Managua, mediante programas de la NED y la USAID, para intentar derrocar al gobierno sandinista, de acuerdo con programas publicados por esas agencias norteamericanas en sus sitios oficiales en Internet.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba no se pronuncia respecto a los asesinatos de jóvenes y policías a manos de los que se dicen “opositores”, quienes queman instituciones oficiales, cierran calles y avenidas para impedir el paso de ambulancias con heridos, lo que ha provocado decenas de muertos.

Tampoco condenan la quema y destrucción de autos, comercios e incluso de instalaciones gubernamentales y ornamentos en las avenidas, una de las cuales mató a un periodista.

Mucha es la hipocresía solidaria, pues Jesús no apoya el crimen, los asesinatos ni la violencia entre hermanos, estimulada con dinero de Estados Unidos con el único interés de destruir el sistema revolucionario sandinista, al igual que ejecutan contra Venezuela e hicieron contra la Revolución cubana en los años 60, donde la iglesia católica de Cuba también se puso de parte de los terroristas y agentes de la CIA.

No es casual que ahora la COCC ofrezca su apoyo “solidario” a quienes no impiden la violencia en Nicaragua y se parcialicen con los “opositores”. El pueblo cubano no olvida que en templos católicos se guardaron armas enviadas desde Estados Unidos y se resguardó a asesinos, como el secuestrador de un avión de Cubana de Aviación después de asesinar al piloto, solicitando para él, asilo canónico.

¿Por qué no se solidarizaron con Nicaragua cuando el dictador Anastasio Somoza exterminaba a diestra y siniestra en ese país centroamericano, o cuando Estados Unidos armaba a la contrarrevolución para matar a campesinos que simpatizaban con la Revolución Sandinista, durante la llamada Irán-contra?

La historia es una sola y no se borra tan fácilmente, la Operación Peter Pan, generada por la CIA, contó con el apoyo de la iglesia católica cubana, acción criminal que separó a padres e hijos por años, al seguir las campañas generadas por la CIA de que el gobierno revolucionario cubano les quitaría la patria potestad a los padres.

Por esa mentira, cientos de padres enviaron a sus hijos menores sin acompañantes para Miami, en total 14 mil 048 niños que fueron distribuidos por todo el país en centros religiosos, casas de familias y orfanatos, donde muchos sufrieron maltratos psíquicos y físicos, incluida la violación.

En vez de hacer el papel del buen samaritano, la COCC debió condenar desde un inicio la violencia generada en Nicaragua y ponerse al lado del pueblo, ese que el pasado mes de noviembre acudió democráticamente a las urnas para elegir al presidente Daniel Ortega, con un margen mayoritario.

El dolor de los nicaragüenses lo provocan las acciones violentas llevadas a cabo por los que dicen amar la libertad y la democracia y no por las autoridades que nunca iniciaron tales acciones.

Para hablar de “anhelos de verdad, justicia y apego a la legalidad constitucional, que conduzcan a alcanzar una paz estable y verdadera”, lo primero que debe hacer la COCC, es exhortar a los opositores financiados por los yanquis, a que cesen sus actos vandálicos y dejen de quemar, destruir y asesinar a sus hermanos, por el solo hecho de apoyar el sandinismo, ese movimiento que acabó con los crímenes y desmanes del gobierno de Somoza, el que siempre contó con el apoyo de Washington a pesar de ser un dictador.

Por actitudes similares expresó José Martí:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”.

 

 

 

 

 

 

Norcorea califica la posición de Estados Unidos de lamentable y preocupante.


Por Arthur González.

Antes de la Cumbre celebrada en junio 2018 entre el presidente norcoreano Kim Jong-un y Donald Trump, ya se percibía que Estados Unidos podía prepararle un golpe bajo a la República Popular de Corea en las negociaciones respecto al tema nuclear coreano.

En efecto, después del estrechón de manos y el acuerdo firmado, salen a relucir las patrañas yanquis.

Los indicios se reflejan en las declaraciones de la parte norcoreana unas horas después de que secretario de Estado, Mike Pompeo, culminara su breve estancia en Pyongyang, al calificar de “lamentable y preocupante la postura del gobierno de Donald Trump en esas conversaciones”.

Un comunicado oficial divulgado por la agencia estatal KCNA, afirma que las autoridades norcoreanas aseguraron que la demanda de Estados Unidos para que su desnuclearización sea “unilateral y forzada” fue lamentable, al tiempo que reiteró su petición de que el desarme se produzca de forma gradual.

Pyongyang subrayó que “las conversaciones no han servido para fortalecer la confianza entre ambas partes, sino para encarar una fase peligrosa en la que nuestra voluntad de desnuclearización podría tambalearse”.

Esa apreciación la basan en que Washington expresó demandas “en contra del espíritu de la histórica cumbre de junio en Singapur, entre Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un, algo que no ha servido para fortalecer la confianza entre ambas partes”.

Cuba conoce perfectamente cómo actúan los Estados Unidos en sus negociaciones, pues en casi 60 años lo ha comprobado en cada una de las que efectuó secretamente con los yanquis, para buscar una mejoría en sus relaciones como vecinos.

La posición estadounidense estaba sustentada en la estrategia que estableció hacia Cuba en 1967, cuando varios analistas recomendaron como alternativa, una “contención positiva”, en lugar de la empleada “contención pasiva”, todo con el objetivo de “crear un ambiente relajado que dejara atrás las amenazas, a través de compromisos diplomáticos y algunos alicientes para persuadir a Fidel Castro de modificar sus malos comportamientos y satisfacer los intereses de Estados Unidos”, según consta en documentos desclasificados y publicados por su Archivo de Seguridad Nacional.

Para tener clara la idea de la forma de manejar el engaño en sus negociaciones, los documentos reflejan que en el escenario de la “contención positiva”, los Estados Unidos mantendrían la guerra económica, comercial y financiera, como naipe bajo la manga, y a la vez continuar sus esfuerzos para detener el apoyo cubano a los movimientos revolucionarios de Latinoamérica.

Algo que presentan de forma similar a las negociaciones con Norcorea, es su estratagema de alcanzar un “magnetismo económico y cultural hacia los Estados Unidos”.

A Cuba también le prometieron beneficios económicos y políticos, los cuales se podrían obtener con “un comportamiento más racional”, de acuerdo a los intereses yanquis.

Henry Kissinger también puso en práctica conversaciones secretas con la parte cubana, pero siempre con miras a obtener provechos para Estados Unidos, entre ellos la liberación de prisioneros norteamericanos, a la vez que presionaban a Cuba en el tema de los derechos humanos acorde a sus parámetros politizados, el cese del apoyo cubano a la independencia de Puerto Rico y cortar el respaldo a los movimientos de izquierda.

Por esas razones no se concretaban avances en el mejoramiento de las relaciones entre ambos países, algo que le sucederá a Corea del Norte, pues Washington aspira a que estos eliminen totalmente su arsenal nuclear y a cambio solo le ofrecerá placebos que no resultarán en mejorías reales, al mantenerle las sanciones económicas para obligarlos a doblegarse.

Cuba es víctima de esa misma estrategia, incluso ante la caída del campo socialista europeo y con Mijaíl Gorbachov al frente de la URSS, Estados Unidos intensificó sus presiones sobre Moscú para que cortara su ayuda económica y militar a la isla, con la trasnochada ilusión de La Habana no resistiría y caería como ficha de dominó, sin tomar en cuenta la valentía y resistencia de su pueblo.

Durante la administración Clinton los engaños en política se hicieron muy evidentes, al afirmar algunos funcionarios que los Estados Unidos no representaban una amenaza militar para Cuba, a la par que afirmaban: “esperamos que el pueblo cubano obtenga su libertad a través de la transición pacífica a la comunidad democrática, como la que han llevado otras naciones.

En su acaramelada y falsa retórica, dieron pasos similares a los de Barack Obama, cuando alertaron a Cuba antes de ejecutar maniobras navales en aguas cercanas a la isla, iniciaron conversaciones contra el narcotráfico y paralelamente promovieron el trabajo pueblo a pueblo, concediendo licencias de viajes humanitarios, religiosos y educativos.

Se concluyeron negociaciones secretas, donde la parte cubana aceptó recibir como repatriados a mil 500 emigrantes del Mariel que ellos consideraron excluibles para ser residentes en Estados Unidos. Sin embargo, funcionarios yanquis afirman que “Cuba solo logró obtener de esos acuerdos, una vaga esperanza de que su concesión sentaría las bases para conversaciones bilaterales más amplias”, lo que no se materializó.

Obama, en sus aspiraciones de obtener ventajas ideológicas antes de que Cuba eligiera al sustituto del presidente Raúl Castro, reestableció las relaciones diplomáticas, pero mantuvo la guerra económica, el financiamiento a la subversión y se negó a tratar la retirada de la base naval en Guantánamo. Su línea fundamental fue socavar las bases del apoyo popular desde adentro, centrando su esfuerzo sobre la juventud y los trabajadores no estatales, mediante golpes suaves.

Corea del Norte no debe esperar ningún avance sustancial en las relaciones con Estados Unidos, todo será el espejismo que de conversan sobre temas que no llegan a ser cruciales, a la vez que insisten en ahogarla con sus sanciones económicas, esas que como hacen contra Cuba, solo levantarán cuando exista lo que ellos denominan un “cambio de régimen”.

Con Estados Unidos no hay otra opción que seguir luchando, porque como dijo José Martí:

“Vale más un rebelde que un manso”

 

El enemigo no aplaude por gusto.


Por Arthur González.

En estos días en las redes sociales se inició una campaña a favor del biólogo cubano, Ariel Ruiz Urquiola, detenido por desacato a las autoridades. Antes había sido alertado por cortar palmas reales sin autorización.

En Cuba, como en otros países, para cortar un árbol es necesario un permiso, y en la Isla después del paso desbastador de varios huracanes, la flora se protege de forma especial, trabajándose priorizadamente en la siembra de bosques.

Ante esa detención, el Departamento de Estado yanqui y Amnistía Internacional, iniciaron una cruzada mediática contra las autoridades cubanas, algo que no hacen ante la terrible situación que viven varios países latinoamericanos. La razón es simple, el biólogo no simpatiza con la Revolución y así lo manifiesta públicamente, de ser un militante comunista nunca hubieran abierto ese frente a su favor.

No por gusto la representante republicana Ileana Ros-Lehtinen, agradeció al secretario de Estado y ex director de la CIA, Mike Pompeo, por sus declaraciones a favor del citado biólogo.

Lo más lamentable del asunto es que algunos intelectuales de la Isla, que jamás han levantado su voz para solicitar la liberación de la líder social argentina Milagro Salas, ni reclamar justicia por el asesinato de la también líder social Berta Cáceres, Coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, abrieran fuego contra el gobierno de Cuba sin saber realmente las causas de la detención de Ariel Ruiz, influidos solamente por la alharaca que formó la contrarrevolución financiada desde Miami.

Tampoco en las redes sociales cubanas se levantan voces para exigir la salida de prisión de la autoridad espiritual mapuche de Chile, Celestino Córdova, ni existen voces de solidaridad con los jóvenes chilenos mapuches Manuel Baltierra, de 38 años de edad, y Cristóbal Reumay, de 21 años, que se encuentran en huelga de hambre desde hace varios días, pidiendo la liberación de su líder espiritual.

Silencio absoluto para condenar la represión ejecutada por los carabineros chilenos con tanquetas de agua, para dispersar a 100 personas que expresaban pacíficamente su apoyo al pueblo indígena mapuche, concentradas en la Plaza Italia, en Santiago de Chile.

Muchos de esos intelectuales cubanos y personas de bien, son los primeros que exigen la toma de medidas ante las incrementadas indisciplinas sociales que afectan hoy a la sociedad. Sin embargo, ahora apoyaron, quizás sin saberlo, una de esas violaciones y ante la toma de medidas por el irrespeto a las autoridades, se sumaron a las campañas miamenses.

La propia representante de la mafia terrorista anticubana califica a Ruiz Urquiola, de “opositor”, denominador que nunca dan a los detenidos en America Latina y luchadores por los derechos civiles que son encarcelados injustamente.

La líder de la mafia terrorista miamense apoyó totalmente el golpe de Estado contra el presidente Manuel Celaya en Honduras, su secuestro y traslado ilegal hacia México en ropa de dormir, pero apoya ahora al biólogo formado por la Revolución por ser un “opositor” al gobierno socialista.

Estados Unidos a través de la USAID y la NED, disponen de millonarios presupuestos para financiar a esos llamados “opositores pacíficos”, con el objetivo de lograr en Cuba actos violentos como los que se producen en Venezuela y Nicaragua, para derrocar el socialismo cubano.

¿Estarán en ese bando los intelectuales y personas de bien que se sumaron a la cruzada por la liberación del biólogo?

En Cuba todo el pueblo sabe leer y escribir, conoce de historia y está al tanto de los actos ejecutados por Estados Unidos por intentar derrocar el socialismo, ese que mantiene el bloqueo económico y financiero contra el pueblo desde hace 59 años y que, según dicen los memorandos de la CIA: “esas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

Estados Unidos cuenta con un excelente aparato de propaganda, controla los medios de prensa, aprueba lo que se dice y se escribe, y cuando desean silenciar una noticia o exacerbarla, lo realizan con total poder, quien se niega ya sabe a lo que se atiene.

Recientemente otro grupo de intelectuales salió a defender a un periodista extranjero, el cual tergiversó su situación en relación a su acreditación en Cuba y manipuló a la opinión pública sobre el cierre de su blog.

Prestigiosas figuras e incluso funcionarios de instituciones relacionadas con Latinoamérica, sin verificar la información, partieron lanzas a su favor. Al conocerse la verdad ninguno se retractó. Tampoco han alzado su voz a favor de la argentina Milagros Salas, la que cumple injusta prisión.

Si se es solidario hay que serlo con todos y no aventurarse a defender causas sin tener los elementos. Los enemigos de Cuba se aprovechan de cualquier resquicio para desunir, porque saben que el arma vital de los cubanos es su unidad, esa que proclamó José Martí, cuando dijo:

“Sin unidad se estará sin defensa apropiada para los colosales peligros”.

 

 

 

 

 

 

Respecto a Cuba, nada ha cambiado.


Por Arthur González.

Desde 1959 Fidel Castro intentó mantener una relación amistosa con Estados Unidos, demostrado durante su primera visita a Washington en abril del mismo año. Sin embargo, allá recibió hostilidad y el rechazo del entonces presidente Dwight Eisenhower, quien no quiso saludarlo.

Eisenhower estaba en contra de la victoria de la Revolución, algo que manifestó de conjunto con Allen Dulles, director de la CIA, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional, celebrada en diciembre de 1958.

A pesar de todas las agresiones contra Cuba, en agosto del 1961, a solo tres meses de la invasión organizada por la CIA, el Comandante Ernesto Che Guevara, se reunió discretamente con el joven asesor de la Casa Blanca, Richard Goodwin, con el objetivo de abrir un diálogo y encontrar la posibilidad de una convivencia normal entre los ambos países.

Con todas las administraciones, Cuba buscó esa armonía entre vecinos, pero siempre la oposición extremista de los yanquis hizo acto de presencia abortando las conversaciones que se establecieron.

Alcanzado el acuerdo para la apertura de las Secciones de Intereses en 1977, bajo la presidencia de James Carter, las presiones de la derecha ultra reaccionaria, encabezada por el consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, impidieron un avance del camino hacia el establecimiento de relaciones diplomáticas plenas, a pesar del interés de Cyrus Vance, Secretario de Estado en aquel entonces.

De acuerdo con informes desclasificados, Brzezinski consideraba que “Cuba era una de las zonas más erógenas de la política exterior de Estados Unidos” y tenía dudas sobre la utilidad de las conversaciones con los cubanos. Por tanto, asumió posiciones de fuerza y diseñó junto con la CIA, acciones para tensar las débiles relaciones establecidas.

Situación similar la encontramos 40 años después en la actual administración de Donald Trump.

Para comprobar que es una misma línea de acción, basta recordar la inventada crisis de los cazabombardeos MIG-23 en 1978, información que fue “filtrada” a la prensa para provocar la reacción en los Estados Unidos, al punto de querer hacer una equivalencia con la Crisis de los Misiles de 1962.

Ante eso, reanudaron sus vuelos espías con el avión SR-71, violando el espacio aéreo de Cuba, vuelos que Carter había suspendido como un acto de buena voluntad.

Aquella amenaza fue inventada como pretexto para enrarecer el ambiente, ante el temor de se podría avanzar hasta la eliminación parcial del bloqueo económico, algo inaceptable para la ultraderecha.

Lo mismo hicieron con las falsas acusaciones elaboradas por la CIA, de que tropas cubanas de conjunto con las de Katanga, habían invadido a Zaire, lo que se conoce como Shaba II.

Rápidamente Fidel respondió que todo era absolutamente falso y basado en mentiras descaradamente repetidas. Esa enérgica actitud cortó las posibilidades de que siguieran engañando a la opinión pública.

Fidel nunca permitió una acusación falsa y lo mismo hizo cuando el entonces subsecretario de Estado, John Bolton, de conjunto con la CIA, divulgó que Cuba estaba produciendo armas biológicas.

La respuesta del líder cubano fue inmediata, calificándola de embuste y engaño, afirmando:

“Si un científico cubano perteneciente a cualquiera de nuestras instituciones biotecnológicas, hubiera estado cooperando con cualquier país en el desarrollo de armas bilógicas, o hubiese intentado crearlas por su propia iniciativa, sería sometido de inmediato a los tribunales como un acto de traición al país”.

Fidel siempre les repitió a los yanquis:

“No se equivoquen, nosotros no podemos ser presionados, impresionados, sobornados o comprados, basta de acusaciones falsas”.

Resultado, la mentira quedó desenmascarada.

En estos momentos quien sirve de presión en la Casa Blanca es el senador Marco Rubio, miembro de la mafia terrorista anticubana, que de conjunto con la CIA enrarece las endebles relaciones diplomáticas establecidas por Barack Obama, que al igual que Carter, mantuvo el bloqueo comercial y financiero, el financiamiento a la subversión, la Radio y TV Martí, la Ley de Ajuste Cubano, la Torricelli y la Helms Burton, y nunca permitió abordar el tema de la devolución del territorio cubano que ocupa la base naval en Guantánamo.

Por las presiones actuales, Trump derogó la directiva presidencial de Obama, que buscaba derrumbar el socialismo desde adentro, utilizando al sector de trabajadores no estatales, la iglesia y la contrarrevolución interna.

Como parte de las nuevas mentiras, inventaron los falsos ataques acústicos y las falsas enfermedades causadas, algo risible que todavía mantienen como noticia, con el fin de tener el pretexto para finalmente cerrar su embajada en la Habana, la cual se encuentra a un nivel de trabajo mucho menor que cuando se abrieron las Secciones de Intereses en 1977.

El gobierno cubano lo ha reiterado, Estados Unidos miente y no ha presentado una sola prueba del hecho.

Es la misma historia que demuestra la ausencia de voluntad política para mantener una relación normal y armoniosa con Cuba, basado en los mismos argumentos brindados por el director de la CIA y el presidente de Estados Unidos en diciembre de 1958: “Tenemos que evitar la victoria de Fidel Castro”

Los yanquis quieren una Cuba sometida, complaciente y sin soberanía, tal y como la tuvieron desde 1898 hasta 1959 en que llegó Fidel y los puso en su lugar.

Estados Unidos debe recordar que los cubanos aprendieron con José Martí a decir siempre la verdad, pues como él aseguró:

“No se miente cuando se lleva a la patria en el corazón.

Continúa el asedio yanqui contra Cuba.


Por Arthur González.

Los que se creyeron el cuento de que Barack Obama suavizó las presiones contra Cuba, ahora podrán conocer lo que realmente significó su decisión en el 2015, de trasladarla de la lista de países patrocinadores del terrorismo, a la de países observados, algo que en la práctica fue solo un golpe de efecto psicológico, ya que las sanciones que aplica Estados Unidos son similares para ambos grupos. Lo mismo hizo con la lista de países que permiten el tráfico de personas.

Esa verdad fue ratificada en aquella ocasión por tres funcionarios del Departamento de Estado, quienes señalaron:

Rescindir a Cuba de esa lista no flexibiliza el bloqueo, porque existen muchas otras regulaciones y prohibiciones como parte de la política del bloqueo, que son independientes de las sanciones que implica estar en ella”.

El 29 de junio 2018 el Departamento de Estado en su informe anual sobre el tráfico de personas, ratificó por cuarto año consecutivo, que Estados Unidos mantiene a Cuba en su lista de países bajo vigilancia por el tráfico humano, y por consiguiente con todas las sanciones que aplican para tales casos.

Entre las justificaciones para mantener a Cuba en ese listado, aducen que “el gobierno cubano no demostró un aumento en sus esfuerzos para eliminar el tráfico de personas, en comparación con el año anterior, y tampoco cumple plenamente el mínimo de normas para la eliminación del tráfico humano”.

Mentiras e inventos que sirven de pretexto para continuar su guerra económica contra el pueblo cubano, con el interés de matarlo de hambre y que piensen que es el socialismo el único responsable de tantas penurias y que para su modelo económico no sea copiado por otros países de la región.

Así lo expusieron especialistas del Council on Foreign Relations en 1999, cuando aseguraron:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

El actual informe afirma que total desvergüenza que “el gobierno cubano no criminaliza la mayoría de las formas de trabajo violento o tráfico sexual de niños de 16 y 17 años, y no ha informado de los servicios especializados para las víctimas identificadas”.

Organismos de Naciones Unidas reconocen los resultados de Cuba en su trabajo con la niñez, poniéndola de ejemplo, pero Estados Unidos no acepta la obra de la Revolución, en esa y otras materias. Diseñan cruzadas desinformativas para establecer matrices de opinión contrarias al proceso cubano, incluso en su informe de este año vuelven a mentir, al decir que “las autoridades de la Isla carecen de procedimientos para identificar proactivamente a las víctimas de trabajo forzado y tráfico sexual potencial, ni para detectar víctimas por actos ilícitos cometidos como resultado directo de ser traficado”.

Para los yanquis el “trabajo forzado” son las escuelas al campo, donde los estudiantes hacen trabajos no remunerados en la agricultura, falacias para desprestigiar la obra de la Revolución, que desde 1959 les dio a todos los niños el acceso gratuito a la educación, hasta la universidad.

En Cuba ningún niño trabaja, ni se les ve en los basureros recogiendo desechos, ni limpiando cristales de autos, haciendo de payasos, o vendiendo baratijas para poderse alimentar, como sucede en otros países.

Tampoco las niñas tienen que prostituirse y participar en la industria del cine pornográfico como en Estados Unidos, donde son víctimas de abusos sexuales y del consumo de drogas.

Los niños cubanos no pueden ser traficados a otros países porque para viajar requieren de un poder legal de sus dos padres, amén de lo difícil que resulta obtener un visado para visitar cualquier nación, debido a exigencias que imponen las embajadas en La Habana, como la de poseer una cuenta bancaria de no menos de cinco mil dólares y otras, solo para Cuba.

Otro argumento fabricado e incluidos en el informe del Departamento de Estados, es que Cuba envía a sus profesionales de la Salud a otros países, algo que ellos califican como “trabajo forzado”, desmeritando la labor humanitaria que realizan médicos, enfermeros y técnicos de la salud, en naciones que no tienen suficientes médicos o esos se niegan a trabajar en zonas intrincadas.

La manipulación política contra Cuba es general y para Estados Unidos el hecho de que el Estado sea el principal empleador en la economía cubana, es considerado por ellos como un elemento para incluirla en ese espurio listado que nadie en el mundo les ha solicitado.

En febrero de 2018 funcionarios del Departamento de Estado y de la Cancillería cubana, sostuvieron conversaciones de cómo proteger a las víctimas del tráfico de personas, donde la parte de Cuba explicó que en el 2016 fueron juzgados en la Isla, 21 casos de delitos por el delito de corrupción de menores y proxenetismo, y trata de personas.

Aunque desde hace varios años el Departamento de Estado reconoce en su informe que “las autoridades cubanas dan pasos para mejorar su récord”, insisten en deformar la realidad al decir que “no demuestran de manera general que hayan aumentado los esfuerzos en comparación con el período anterior”.

Es el plan para deformar la realidad del pueblo cubano, la cual es muy diferente a la del resto de America Latina en cuanto a seguridad ciudadana y el enfrentamiento a esos delitos, incluidas las mafias de traficantes extranjeros, hechos que las autoridades norteamericanas conocen perfectamente.

Estados Unidos es uno de los mayores violadores de los derechos de los niños, pero se arroga el derecho de ser juez mundial, especialmente contra países que tienen gobiernos no aceptables para ellos.

Recientemente salió a la luz el descontrol que tienen las autoridades estadounidenses, sobre miles de niños latinoamericanos que cruzaron la frontera desde México, desconociéndose su paradero.

Cifras oficiales aseguran que solo en el 2014, cerca de 66 mil niños ingresaron en Estados Unidos sin acompañantes, lo que representa un peligro sustancial para esos infantes que caen en manos de mafias dedicadas al tráfico humano, de órganos, la prostitución infantil, el tráfico y consumo de drogas.

En Cuba no se reportan casos de niños robados o desaparecidos, ni ventas de órganos, ni prostitución forzada, como ocurre a diario en los Estados Unidos.

Los niños cubanos tienen garantizada su educación, incluida la cultural y deportiva, la salud y una infancia feliz, a pesar de las penurias que causan la guerra económica y la persecución de Estados Unidos contra la Revolución. Ningún joven en la Isla es asesinado por la venta indiscriminada de armas de fuego, como sucede a diario en el país de los que se creen fiscales del mundo.

EE.UU. no cumple con su deber de proteger a los niños, cuando en su sistema de justicia penal asume a muchos de ellos como adultos. En casi todos los estados permiten que los menores de edad sean juzgados como adultos y en 15 de ellos, esa modalidad es obligatoria en algunas circunstancias. Se estima que cada año 250 mil menores de 16 años son procesados penalmente como adultos.

La política agresiva y hostil de las administraciones yanquis, no logra empañar la obra de la Revolución en la protección y cuidado de sus niños y jóvenes, quienes reciben una esmerada atención desde sus primeros años de vida, algo que no perdonan y evitan que sirva de ejemplo.

Esa es la animadversión que sienten y como aseguró José Martí:

“Es el odio de quien no inspira simpatías hacia el que la inspira, del mezquino al generoso”.

Estados Unidos preocupado por presos en Cuba.


Por Arthur González.

El 26 de junio 2018, el Departamento de Estado emitió un comunicado “preocupado” por dos cubanos detenidos, e instó a las autoridades de la Isla a ponerlos en libertad, porque Amnistía Internacional, su ONG preferida y apoyada financieramente, los declaró “prisioneros de conciencia”, algo que jamás hizo con el puertorriqueño Oscar López, preso por 36 años en cárceles norteamericanas solo por tener ideas independentistas.

El actual comunicado y las declaraciones de Heather Nauert, vocera de ese Departamento, hizo recordar una solicitud similar de hace pocos años, efectuada por Roberta Jacobson, cuando era subsecretaria para el hemisferio occidental, para que Cuba pusiera en libertad a Sonia Garro, detenida y acusada por intento de homicidio junto a su esposo, por haber lanzado cocteles Molotov y tubos de pantalla de viejos televisores, contra oficiales de la policía, a la que calificó como “pacífica disidente”.

Cuando diplomáticos yanquis y oficiales de la CIA destacados en su embajada en La Habana, comprobaron que ambos eran puros delincuentes, se acabó de inmediato la reclamación, más nunca hablaron de ella y pasó al olvido como muchos de esos mal calificados “opositores”.

La más reciente rabieta del Departamento de Estado es a favor de Eduardo Cardet y Ariel Ruiz Urquiola, a quienes declaran como “opositores pacíficos”, detenidos de forma “arbitraria”.

Sin embargo, el Departamento de Estado no se pronuncia con esa “profunda preocupación”, por los mapuches detenidos en Chile, ni por los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos en Ayotzinapa hace casi dos años, como tampoco emitió comunicados por el vil asesinato de la guatemalteca Claudia Patricia Gómez González, de 20 años de edad, cuando intentaba, el pasado sábado 23 de mayo de 2018, emigrar a los Estados Unidos para obtener trabajo y poder ayudar a su familia. La joven fue asesinada por un oficial de la patrulla fronteriza.

Tampoco Mike Pompeo hace declaraciones de condena al presidente Donald Trump, por aplicar métodos nazistas al separar a padres e hijos menores de ciudadanos latinoamericanos que ingresan en su territorio, algo que el inmaduro Presidente copió de los alemanes, que hacían lo mismo con los judíos.

Cardet, médico de profesión, es sostenido financieramente desde Estados Unidos, y recibe orientaciones para ejecutar acciones provocativas en un idílico intento por copiar las revueltas callejeras ejecutadas en Venezuela y Nicaragua.

Silencio total hace el Departamento de Estado respecto a la muerte a tiros disparados por oficiales del ejército israelí, sobre la médica voluntaria de 21 años, Razan al-Najar, mientras corría hacia la cerca fronteriza, al este de la ciudad de Khan Younis, en el sur de Gaza, para socorrer a un herido palestino víctima de las masacres que lleva a cabo el gobierno de Israel.

Ante esos asesinatos, Estados Unidos debería estar profundamente preocupado y exhortar a los aliados y a los oficiales de su guardia fronteriza con México, para que cesen las represalias y abusos contra indefensos emigrantes, los ciudadanos palestinos y sobre el personal civil que atiende a los enfermos y heridos causados por las balas de sus aliados.

En vez de continuar con sus campañas de mentiras fabricadas contra Cuba, el gobierno de Estados Unidos tiene que mirar hacia su propio pueblo y buscar soluciones definitivas para acabar con la pobreza que crece por días, y la falta de un sistema de salud que cubra las necesidades de su población, la que se ve obligada a gastar cientos de dólares para pagar costosos seguros médicos que no asumen todos los tratamientos, como los del cáncer, otras patologías y operaciones complejas.

Un estudio realizado por el Institute for Policy Studies, conjuntamente con el Kairos Center, publicado el 29 de abril de 2018, reporta la realidad en que viven más de 40,6 millones de estadounidenses, fundamentalmente en los estados del sur, considerados por debajo de la línea de la pobreza. Según el indicador establecido por el gobierno yanqui, esas personas no tienen ingresos suficientes para satisfacer todas sus necesidades, especialmente las alimentarias.

El gobierno de Estados Unidos antes de acusar a Cuba tiene que resolver esa pobreza, principalmente en 25 estados sureños, donde existen leyes que prohíben aumentar el salario mínimo de 7,25 la hora, con el cual no se puede tener un seguro médico, alimentar a la familia, vestirla, calzarla, asumir el costo del alquiler de un simple apartamento de dos cuartos, más la electricidad.

Para Cuba también es una gran preocupación que la población de Estados Unidos no disponga de un sistema de salud al alcance de todos, con el que se evitarían miles de muertes especialmente de niños y ancianos.

Estados Unidos tiene que dejar de fabricar y financiar “disidentes” y cruzadas propagandísticas, al carecer de moral para acusar a Cuba, la cual es reconocida por organismos de Naciones Unidas, como un paradigma de atención y cuidado de su población.

Por eso decía José Martí:

“Con los ejemplos sucede que es más fácil censurarlos, que seguirlos”