Contrarrevolución cubana en el estertor de la muerte.


Por Arthur González.

Fabricada por Estados Unidos en los primeros meses de 1960, la contrarrevolución en Cuba ha pasado por muchas etapas, pero en todas, el dinero yanqui ocupa el motor principal para la conformación de pequeños grupúsculos, que mueren en el transcurso de los años por las luchas internas para alcanzar protagonismo, rivalidades por el dinero, la penetración de la Seguridad del Estado cubano, las mentiras que trasladan a sus amos norteamericanos, y esencialmente por la ausencia de apoyo popular.

En 60 años de Revolución surgieron decenas de pequeñas agrupaciones por orientaciones de la CIA y la mafia terrorista y asesina radicada en Miami, pero sin alcanzar resultados.

Todas viven de los presupuestos millonarios que anualmente aprueba la Casa Blanca, en su política obstinada para derrocar el sistema socialista cubano, y sin excepción sucumben sin penas ni glorias.

De aquellos grupúsculos como: Abdala, Asociación Defensora de los Derechos Políticos, Asociación de Periodistas Independientes de Cuba, Asociación Nacional de Economistas Independientes de Cuba, Asociación Pro Arte libre, Bibliotecas Independientes, Comité cubano Pro Derechos Humanos, Consejo Unitario de Trabajadores de Cuba, Coordinadora de Derechos Humanos, Corriente Cívica Cubana, Coordinadora Obrera Cubana, Corriente Socialista Democrática Cubana, Criterio Alternativo, Foro Feminista Aliadas Democráticas, Fundación Lawton de Derechos Humanos, Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna Cubana, Movimiento de Madres Cubanas por la Solidaridad, Movimiento Armonía, Movimiento Camaradas de Mella, Unión Agramontista de Cuba, Tercera Opción y otros más, no queda ni el recuerdo, porque ninguno fue autentico ni contó con el respaldo del pueblo.

En vísperas del referendo popular para la aprobación de la nueva Constitución cubana, desde Miami despliegan cruzadas de prensa con la ilusión de que el pueblo no vote de forma favorable, algo muy difícil pues el estudio y discusión del proyecto de la nueva Constitución marcó una notable diferencia con lo que sucede en el mal llamado mundo libre, donde los pueblos no tienen participación en la redacción de esa ley de leyes.

A la mafia terrorista y asesina de Miami le duele ver que, a pesar de la guerra económica, comercial y financiera impuesta por Estados Unidos contra el pueblo cubano, este se mantenga unido a su Revolución y participe activamente en los debates para mejorar el texto constitucional, con el propósito de que cada Título, Capítulo y Artículos, reflejen el sentir de todos los cubanos.
Empleando twittees intentan influir en la juventud de la Isla, pero esta sabe leer y escribir, piensa con cabeza propia y observa como en países del mundo occidental sus trabajadores y estudiantes salen semanalmente a protestar por derechos que los cubanos disfrutan gracias a su Revolución.
Mientras desde Estados Unidos le exigen cambios a Cuba, callan ante las peticiones populares en Argentina, Honduras, Guatemala, Colombia, Brasil, Panamá, Chile, Ecuador, Perú, España o Francia, donde las fuerzas policiales reprimen salvajemente y apresan a los manifestantes, sin que ninguno de esos gobiernos sea condenado ni sancionado.

Los cubanos saben que le nueva Constitución posibilitará ejecutar los ajustes necesarios para alcanzar una Cuba prospera, con más participación popular y siempre sin afectar los logros alcanzados por la Revolución, que ha hecho de la Isla un país con alta calificación educacional, con salud y una seguridad ciudadana envidiable en la región.

Amargados, los mafiosos terroristas y asesinos pretenden criticar el llamado al Voto por el Sí a la Constitución, que se televisa y radialisa en Cuba, mientras olvidan las campañas de prensa en Estados Unidos y otros países capitalistas previo a las elecciones, todas respaldadas por cientos de millones de dólares que recaudan los candidatos, algo que en la Revolución cubana no ocurre.
Gústele o no, el pueblo de Cuba saldrá como siempre a votar mayoritariamente por el Sí a su Constitución, porque esa magna Ley de Leyes, se redactó con las propuestas y modificaciones que hizo el pueblo, algo que jamás harían en Estados Unidos u otros países autocalificados de “democráticos”.

El 24 de febrero del 2019, marcará un punto en la vida política de Cuba y el mundo comprobará lo que es realmente una democracia, a pesar de las mentiras y noticias falsas que pagan los yanquis para deformar la realidad de un pueblo que resiste acciones terroristas, planes de subversión política y una guerra económica, comercial y financiera, como no ha soportado ningún país en el mundo.

Cubanos y cubanas votarán ese día por su futuro, de forma soberana, sin injerencias de ninguna potencia extranjera, ni presiones políticas, porque saben que volver a la Cuba de 1958 es regresar a las penurias, discriminación social por nivel económico, color de la piel, sexo, orientación sexual y limitación de todos los derechos alcanzados, como la educación y salud gratuititas, participación en el movimiento cultural y deportivo como nunca se conoció en la Isla hasta el triunfo de la Revolución socialista.

No por gusto José Martí afirmó:

“Los traidores alientos no llegan donde alcanza la brava voluntad”.

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Fake News contra Cuba, vieja historia de un fracaso.

Por Arthur González.

¿Quién no recuerda las mentiras construidas en Washington contra Cuba desde el mismo año 1959?

Para desacreditar el proceso revolucionario cubano los yanquis inventaron todas las mentiras posibles, como parte de la guerra psicológica conformada con el objetivo de debilitar el apoyo popular a Fidel Castro. Sin embargo, ni con los inventos más fantasiosos pudieron lograron.

Una de las más crueles mentiras fue la supuesta Ley de pérdida de la Patria Potestad que la CIA circuló en Cuba, como inició de la despiadada Operación Peter Pan, confabulada con la Iglesia Católica, provocando que padres incautos, influidos por las permanentes campañas anticomunistas, enviaran a sus hijos menores de edad para Estados Unidos sin acompañantes, mentira conocida poco después cuando ya se habían separado de sus pequeños.

Jamás la CIA ni la Iglesia Católica han pedido perdón por esa crueldad que separó durante años, a 14 mil 48 niños de sus padres.

Al cumplirse el 60 aniversario del triunfo revolucionario cubano, miembros de la mafia terrorista y asesina radicada en Miami, que no aceptan el mejoramiento de las relaciones entre Washington y La Habana, presionan al presidente Donald Trump para echar por tierra las tibias y edulcoradas medidas adoptadas por Obama, que buscaban los mismos objetivos de destruir a la Revolución, pero con métodos diferentes.

Trump retomó las técnicas del garrote, obstaculizando los viajes de norteamericanos a Cuba, bajo las licencias que otorga el Departamento de Estado aprobadas por Obama, y aunque perseguían el traslado de los valores yanquis, dejaban cierto dinero en Cuba por alojamiento y alimentación, algo que la CIA siempre ha tratado de impedir, porque considera que a los Castros hay que ahogarlos económicamente.

Para continuar esa línea de acciones contra Cuba y ante las presiones internas y mundiales contra la criminal guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia de la humanidad, desde Miami intentan fabricar una matriz de opinión para dar la imagen de que la comunidad cubana radica en ese país, está de acuerdo con el bloqueo económico a la Isla, algo que se sabe es incierto y la prueba está en los miles de cubanos que visitan anualmente la tierra donde nacieron, cifra que aumenta por años.

Los cubanos y sus descendientes saben perfectamente las penurias que sufre su pueblo por la criminal guerra económica, esa que como dijo en 1960 el entonces sub secretario de Estado Lester Mallory, busca enajenar el apoyo interno a la Revolución a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Pero para fabricar una matriz de opinión que justifique el mantenimiento e introducción de nuevas medidas de bloqueo económico, se lanzan a divulgar los resultados de una manipulada encuesta realizada, nada menos que por la ultraderechista Universidad Internacional de la Florida, vinculada a programas contra la Revolución cubana y a la mafia terrorista y asesina de Miami.

Dicha encuesta afirma que la mayoría de los cubanos residentes en Miami “están de acuerdo” en seguir apoyando el bloqueo económico a Cuba, algo que se contradice con encuestas anteriores ejecutadas durante la administración Obama, donde respaldaban el restablecimiento de relaciones diplomáticas, el levantamiento de la prohibición de visitas familiares y el envío continuo de remesas, restringidas a una cada tres años por el entonces presidente George W. Bush.

Se conoce que los resultados de ese tipo de encuestas se manejan políticamente, siempre que se pretende crear corrientes de opinión para imponer determinadas estrategias.

Si en realidad los cubanos residentes en la Florida estuvieran a favor del bloqueo económico, no viajarían a Cuba, ni ayudaran económicamente a sus familiares. Lo mismo harían los cientos de miles de estadounidenses que visitan el archipiélago cubano cada año, cifras que también aumentan.

Allá los tontos que se dejen engañar con las adulteradas cifras que expuso la mencionada encuesta de la reaccionaria Universidad Internacional de la Florida, institución que abrió sus aulas a programas diseñados por la Fundación Nacional Cubano Americana para los hijos y otros familiares de la contrarrevolución cubana, fabricada, entrenada y financiada por Estados Unidos, y a ciertos elementos residentes en Cuba pagados por Washington para deformar la realidad interna del país que los vio nacer, a pesar de haberles dado gratuitamente los conocimientos educacionales que hoy poseen.

Otro argumento que pone en evidencia la mentira de la encuesta de marras, fue la derrota aplastante sufrida en Miami por la candidata republicana María Elvira Salazar, aspirante a ocupar el escaño que dejó vacante la miembro de la mafia terrorista asesina, Ileana Ros-Lehtinen.

María Elvira, ultra reaccionaria de ocupación periodista, que basó su campaña en defender la política que ejecuta el presidente Trump de revertir el acercamiento a Cuba, pero fue derrotada precisamente por esa razón, al igual que Carlos Luis Curbelo, otro de los políticos de ascendencia cubana, que también apuntala a la mafia terrorista y asesina.

Si en verdad los cubanos apoyaran las políticas anticubanas, como el bloqueo económico, comercial y financiero, hubiesen votado por María Elvira y Curbelo, no por sus rivales del partido demócrata.

Lo cierto es que anualmente 189 países representados en las Naciones Unidas, votan en contra de ese inhumano bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba, incluidos los países miembros de la OTAN y otros considerados aliados estratégicos de Estados Unidos, prueba de que tantas personas no pueden estar equivocadas y que son los yanquis quienes reciben el rechazo mundial por su obstinado anhelo de destruir a un pueblo que decidió hace 60 años, ser independiente, soberano y sin un amo imperial que le imponga la conducta que debe asumir.

Sabiduría la de José Martí al afirmar:

“Cuando se aduce un argumento, no se demuestra que es malo porque lo sea quien lo presenta, sino porque en él no hay razón”.

Sin careta ni antifaz Washington dirige la oposición contra Venezuela.


 

Por Arthur González.

Desde el ascenso de Hugo Chávez al poder, Estados Unidos inició sus acciones para derrocarlo al no acepta un gobierno más con tendencias socialistas en América Latina, región considerada desde el siglo XIX como su patio particular. La historia recoge decenas de golpes militares organizados desde Washington, invasiones y planes desestabilizadores diseñados y ejecutados por la CIA, contra países latinoamericanos que no eran de su agrado.

Apantallada detrás de la USAID y la NED, la CIA financia, instruye y abastece a la llamada oposición venezolana, como hacen contra Cuba, Bolivia, Brasil, Ecuador, Argentina y todos los países que asumen políticas nacionalistas en favor de sus pueblos, algo que Estados Unidos no tolera.

Contra la Revolución bolivariana de Venezuela intentaron los mismos planes aplicados en Cuba, excepto la invasión mercenaria, que aún no descartan con el apoyo de Colombia y ahora con Brasil. El golpe militar ejecutado contra el presidente chileno Salvador Allende, también fue puesto en práctica en Venezuela, apresando al presidente constitucional Hugo Chávez, sin respetar instituciones legales y el voto popular que lo eligió por amplia mayoría.

Cuando los yanquis desean alcanzar sus objetivos pisotean leyes, democracia y elecciones libres; sin mirar Asamblea Nacional, las voces del pueblo, los derechos humanos y menos el parecer de los partidos políticos establecidos. Como si fuera un buldócer de alto poder, arrasan con todos los que se opongan a sus intereses, a partir de sus principios imperialistas de “la sacrosanta seguridad nacional” de Estados Unidos.

Ahora, cuando el presidente Nicolás Maduro asumirá por mandato popular otro período presidencial, los yanquis se cocinan el hígado porque no pudieron desilusionar al pueblo y hacerle creer que las penurias económicas que atraviesa Venezuela, son culpa de la Revolución bolivariana, y no de las permanentes acciones de guerra económica, comercial y financiera que desde Washington le aplican a ese pueblo.

Tal como hicieron contra Cuba en febrero de 1962 durante la reunión de la OEA, donde el Departamento de Estado yanqui presionó a todos los gobiernos de la región, organizaron al Grupo de Lima para acusar a Venezuela y negarle reconocimiento al nuevo gobierno encabezado por el presidente Maduro, ya que en la OEA con el agente CIA Luis Almagro, no pudieron lograrlo.

Al pueblo venezolano le han aplicado todas las fórmulas posibles, desde el golpe suave ideado por Gene Sharp, que tan excelentes resultados les dio contra Polonia en la década de los 80 del siglo XX; el reclutamiento de altos funcionarios del gobierno, el ejército e instituciones jurídicas; cruzadas de prensa para deformar la realidad; el apoyo total de la alta jerarquía católica; la burguesía nacional; estimulación a la emigración; el acaparamiento de productos alimenticios para provocar escasez; la corrupción administrativa a todos los niveles y otras recetas más, pero el pueblo sigue mayoritariamente dándole apoyo a su Revolución que, como nunca antes, se ocupa de las clases más pobres del país.

Venezuela estuvo gobernada desde el siglo XX por dirigentes corruptos que se enriquecieron robándose las riquezas del país, pero ninguno recibió una acusación o medida coercitiva por tales hechos, debido a que todos se plegaron a las órdenes yanquis y entregaron los recursos naturales y gran parte de la economía nacional a los norteamericanos.

Cuando Chávez inició los programas sociales para darle salud gratuita al pueblo, educación, cultura, deportes, viviendas e igualdad para las mujeres, Estados Unidos puso en práctica su maquinaria de inteligencia y subversión para destruirlo, pensando que eliminándolo físicamente el proceso revolucionario acabaría, lo mismo que pensaron erróneamente con Cuba.

Los yanquis no creen en ideología y todo lo calculan en base a su política interna, obviando la experiencia de sus permanentes fracasos con la Revolución cubana.

Ante el nuevo ciclo presidencial de Nicolás Maduro, el lacayo Grupo de Lima, que agrupa a varios países del hemisferio, por instrucciones del Departamento de Estado, declaró nuevamente la “ilegitimidad” del nuevo período presidencial e instó a Maduro a entregarle el poder a la Asamblea Nacional, como si el voto popular, que es en definitiva la voz del pueblo, no contara.

Ni intentos de golpe militar, planes de asesinato, guerra económica, comercial y financiera, ni campañas cargadas de mentiras, podrán derrocar a esa Revolución porque es verdadera, democrática y le ha dado un ejemplo al mundo de que pueden gobernar, porque es el pueblo quien lo decidió, en las casi dos decenas de veces que acudió a votar libre y soberanamente por su proceso.

Vergüenza debería darle a la Unión Europea por respaldar a Estados Unidos en su guerra contra Venezuela, manteniendo un doble racero porque expresan abiertamente que el Bloqueo contra Cuba debe cesar y a la vez acusan al gobierno venezolano, se unen a las sanciones yanquis e incitan a no reconocer los comicios en los que se impuso el presidente Nicolás Maduro, por considerar que dichas elecciones no fueron “libres ni justas”.

¿Por qué no dijeron lo mismo de las elecciones de Estados Unidos donde Donald Trump no ganó el voto popular? ¿O las de Brasil en las cuales el capitán Bolsonaro utilizó las redes sociales para divulgar noticias falsas y manipular la opinión popular?

¿Que han declarado respecto a las patrañas diseñadas en Washington contra la presidente Dilma Rousseff y el presidente Luis Ignacio Lula?

Hay mucha desvergüenza y doble moral en ese mundo mal llamado “libre y democrático”, permitiéndole a Israel que asesine diariamente a decenas de palestinos, quien se resiste a cumplir con las resoluciones de la ONU, siempre con el respaldo de Estados Unidos.

El pueblo venezolano decidió su destino y hay que respetarlo, dejar de intervenir en sus asuntos internos y que pueda prosperar soberanamente sin guerras económicas, comerciales, financieras y mediáticas. De ahí su lucha constante para mantener la independencia de su patria, porque como aseguró José Martí:

“La lucha racional y sincera por una patria decorosa y libre, redime a los hombres honrados de esa creciente amargura”.

 

 

Los yanquis no se respetan.


Por Arthur González.

Acostumbrados a las mentiras, a los gobernantes yanquis no les importa que pasado un tiempo la verdad les salte en la cara, demostrando como falsean la verdad cuando pretenden alcanzar un objetivo concreto.

Aún se recuerda con la firmeza que el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson, negó que su país estuviera involucrado en los ataques aéreos a los aeropuertos de la Habana, Santiago de Cuba y la base aérea de San Julia, el 15 de abril de 1961, preámbulo de la invasión mercenaria a Cuba preparada por la Casa Blanca y la CIA.

En su declaración contra la acusación del canciller cubano Raúl Roa, el embajador Stevenson mostró una foto, entregada por el Departamento de Estado, donde se veía un supuesto avión de las fuerzas aéreas revolucionarias cubanas, con el inventado piloto desertor.

Poco duró la farsa y el embajador Stevenson reconoció años después que “aquella había sido la experiencia más humillante de mi vida pública, al sentirme deliberadamente manipulado por mi propio gobierno”.

Otras mentiras se han producido en los años, como la que Irak tenía armas químicas y era preciso invadirla con el ejército yanqui, días después el mundo conocía que todo era parte de un plan expansionista para apoderarse del petróleo, entre otras razones.

Cuba tiene una larga lista de hechos mentirosos desarrollados por Estados Unidos para justificar agresiones, actos de guerra económica y otros con la esperanza de destruir a la Revolución socialista que tanto odian.

El más reciente es la gran mentira de los inventados ataques acústicos y las falsas enfermedades, casualmente de los oficiales CIA que con ropaje diplomático trabajaban en su misión diplomática en La Habana, todo con única intención de cerrar la embajada y congelar al máximo las relaciones establecidas por Barack Obama, tal y como prometió Donald Trump en Miami, durante sus discursos de campaña en 2016.

Después de dos años sin mostrar una sola prueba de las inventadas enfermedades y las causas, el legendario diario The New York Times, publicó un artículo donde afirma que un grupo de “importantes científicos y biólogos” de Estados Unidos y el Reino Unido, después de realizar “un profundo estudio” sobre los presuntos ataques acústicos sufridos por los diplomáticos estadounidenses en La Habana, llegaron a la conclusión de que de lo escuchado por los diplomáticos “afectados”, son realmente los chirridos de un tipo de insecto específico, nada menos que el grillo cubano “Anurogryllus celerinictus”.

Como mismo le sucedió al embajador Adlai Stevenson, le pasará los supuestos científicos que se prestaron al juego de la CIA para afirmar tal ridiculez, pues nadie con un poco de sentido común puede creerse que un grillo cause las enfermedades que afirman padecer los oficiales diplomáticos.

El verdadero causante de esos hechos se llama Mike Pompeo, director de la CIA, en ese entonces, que aprobó el plan para cerrar poco a poco la misión diplomática en La Habana, a pesar de que muchos de sus subordinados se opusieron a tal acto, debido a la pérdida de posibilidades para el trabajo de espionaje, que un cierre de la misión les ocasionaría.

Hay más tiempo que vida, por tanto, en unos años se conocerá toda la verdad y harán el ridículo todos los que se prestaron para esta patraña, incluidos biólogos, científicos y demás especialistas, quienes perderán todo prestigio ante la comunidad científica.

Mientras, la CIA tendrá que disponer de altos presupuestos para pagar las indemnizaciones que seguramente reclamarán los afectados, ahora respaldados por esas “consideraciones científicas”.

A la par, Cuba exhibe seguridad y bellezas naturales a los turistas y visitantes a la Isla, incluidas figuras de la cultura, la ciencia y de variadas ocupaciones que poseen aquellos que siguen optando por disfrutar de las playas y ciudades cubanas, porque como afirmara José Martí:

“La dicha es el premio de los que crean y no de los se destruyen”

 

 

¿A dónde fue a parar el lobby a favor del mejoramiento de relaciones EE.UU. y Cuba?


¿A dónde fue a parar el lobby a favor del mejoramiento de relaciones EE.UU. y Cuba?

 Por Arthur González.

Con la entrada en escena del presidente Barack Obama, se conformó un lobby a favor del mejoramiento de relaciones con Cuba, conformado por senadores, representantes, grupos de influencia, organizaciones y personalidades de la vida común norteamericana, que culminaron en 2014, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambas naciones, enfrentadas a un diferendo político desde 1959.

Fue tal la efectividad demostrada en el trabajo de esas fuerzas, que lograron convencer al presidente Obama para llevar a cabo una visita a La Habana, donde él y su familia constataron una realidad muy diferente de la que siempre escuchó, especialmente por la propaganda de los integrantes de la mafia anticubana, entre ellos los representantes Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y el senador Marco Rubio.

Para convencer al Presidente y a su equipo de trabajo, se agruparon personalidades y organizaciones como #CubaNow, encabezada por su director ejecutivo Ricardo Herrero, empresario de origen cubano y líder de su comunidad en Miami, unido a su ayudante Davis Gómez, quienes fueron enviando correos electrónicos de forma masiva, comunicados de prensa contentivos de noticias, análisis y solicitudes de apoyo para una nueva política hacia Cuba, dirigidos a líderes de opinión radicados en Washington y Miami.

#CubaNow fue uno de los pilares de la campaña de presión política iniciada en 2013 por el Grupo Trimpa, de corte filantrópico con sede en la ciudad de Denver, Colorado, que trabaja con acaudalados personajes quienes hacen donaciones para alcanzar cambios en cuestiones específicas, mediante una estrategia política y promoción de políticas, como los derechos de la comunidad LGBT, igualdad del matrimonio y otras, financiadas por multimillonarios yanquis.

Uno de los millonarios fue Tim Gil, quien junto a Patty Ebrahimi, nacida en Cuba, visitaron la Isla en 2012, y a su regreso aunaron esfuerzos para el cambio de política de Estados Unidos hacia La Habana y expresaron públicamente que deberían usar el dinero para cambiar esa política.

#CubaNow y el Grupo Trimpa patrocinaron anuncios en la gran prensa norteamericana exigiendo una nueva política hacia la Isla y con el dinero aportado por esos millonarios entregaron donativos para acceder a senadores, ayudar a abrir puertas en la Casa Blanca y llevar a cabo una estrategia de comunicación a favor de la libertad de viajes a Cuba, así como la eliminación de otras medidas que limitan la libre actuación de los ciudadanos norteamericanos.

Entre los funcionarios con los que se pudieron reunir estaban Jim Messina, subjefe de gabinete de Obama y Jon Carson, director de la Oficina de Participación Pública de la Casa Blanca, David Wade, jefe del secretariado del Secretario de Estado, la secretaria adjunta para Asuntos del Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson y Ricardo Zúñiga, del Consejo de Seguridad Nacional.

Otras medidas para empujar al cambio de política, fue la contratación del encuestador de Obama en Florida, John Anzalone, para ejecutar una encuesta que midiera la corriente a favor de las relaciones con la Isla.

El Grupo Trimpa financió otra encuesta del Instituto de Investigaciones sobre Cuba de la Universidad Internacional de Florida y se encargaron de que el Atlantic Council realizara un estudio sobre el tema en todos los Estados Unidos.

Fueron múltiples y variadas las acciones para el diseño de la estrategia comunicacional y líneas de mensajes realizadas, entre ellas una carta al presidente Obama, firmada por 46 eminencias del mundo de la política y los negocios, donde lo instaron a tomar la decisión de acercarse a Cuba, reforzando la idea de que Estados Unidos estaban cada día más aislados internacionalmente por su política anticubana.

Entre los firmantes aparecían nombres como John Negroponte, director de Inteligencia Nacional de George W. Bush, Thomas Pickering, el almirante James Stavridis y el empresario de origen cubano Andrés Fanjul.

Editoriales aparecidos en The New York Times, reforzaron esa campaña, a la que se sumó el Instituto Brookings, el Council on Foreign Relations, y el Vaticano, este último con un destacado papel en el secreto cabildeo político entre Cuba y Estados Unidos.

Si todo ese esfuerzo dio como resultado un cambio de política hacia La Habana, siempre manteniendo la obsesión de lograr el desmontaje del socialismo por medio de “la corrosión desde adentro”, ¿cómo es posible que de un plumazo, por presiones del senador Marco Rubio y otros viejos y desprestigiados miembros de la mafia terrorista de Miami, funcionarios de la administración Trump pudieron echar por tierra lo alcanzado por personalidades de fuerte influencia en la vida académica, artística, militar y política de Estados Unidos?

¿Dónde están ahora esas luminarias de la política estadounidense, que no consiguieron seguir unidas para impedir que el actual presidente Trump, hiciera añicos lo construido pacientemente con inteligencia y tesón?

Estados Unidos está cada vez más aislado por el sostenimiento de su hostilidad hacia la Revolución cubana, actualmente influidos por una extrema derecha que sigue soñando con ver la caída del socialismo, a pesar de 60 años de fracasos en su persistente guerra económica, comercial y financiera que Obama no eliminó, por el contrario, incrementó con la persecución financiera a la banca internacional y aprobó 160 millones de dólares para la subversión interna, como no hizo ninguno de los 10 presidentes que le antecedieron.

Allá los que no supieron sostener sus propósitos, porque a pesar del regreso a la política del garrote y las amenazas, Cuba sigue su curso con dignidad e hidalguía, sin claudicar en sus principios, haciendo los cambios que entiende necesarios para modernizar su modelo político-económico, sin presiones externas y como dijo José Martí:

“Con ese esplendor tan grato de ver ¡que solo la fuerza de la dignidad da a los hombres!”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El oráculo de Miami.


Por Arthur González.

Quienes salieron de Cuba en 1959 huyéndole a la justicia por delitos cometidos durante la sangrienta tiranía de Fulgencio Batista, a la que sumó la alta y pequeña burguesía, con la ilusión de que Estados Unidos no aceptaría tener a 90 millas un gobierno revolucionario, tuvieron que sufrir la decepción de no haber logrado derrocar a Fidel Castro.

Noticas falsas para asustar al pueblo, acciones terroristas, planes de subversión ideológica como la macabra Operación Peter Pan, la cual divulgó una supuesta ley de pérdida de la patria potestad, que el nuevo gobierno aprobaría para enviar a los niños menores de edad a la URSS donde les lavarían el cerebro, el reclutamiento de personas para realizar espionaje, organización de bandas terroristas para matar y amedrentar a los campesinos, y otras medias inimaginables, no pudieron dar al traste con el proceso revolucionario.

No satisfechos con la realización de medidas contra Cuba, diseñaron la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia mundial, con el propósito de matar por hambre y enfermedades al pueblo, llevándolo al cansancio y decepción, al no ver satisfechas sus necesidades económicas.

Al cumplirse 60 años de la victoria del 1º de enero de 1959, los oráculos miamenses siguen pronosticando la caída del socialismo cubano, algo repetido como letanía religiosa, sin percatarse que todos los años la predicen sin resultados.

Lo cierto es que pasaron los años de la década del 60 y los cubanos continuaron llenando las plazas para escuchar a Fidel Castro, a pesar de que Estados Unidos cortó el suministro de petróleo, dejó de comprar la cuota azucarera, presionó a la OEA para expulsar a Cuba y cercarla diplomáticamente, impidió la entrada a sus puertos de los buques que antes hubiesen arribado a puertos cubanos, no vendió más una sola pieza de repuesto para la industria y otros equipos norteamericanos, ni alimentos, ni medicinas.

En esa misma década, Cuba venció en solo 67 horas a la brigada mercenaria organizada por la CIA, mantuvo su soberanía durante y después de la Crisis de los Misiles, y con la inventiva nacional conservó viejas maquinarias para seguir produciendo bienes para el pueblo.

Los años 70 fueron duros por las medidas de guerra económica, pero tampoco llegó el cataclismo anunciado por los adivinos de Miami, la zafra azucarera no alcanzo los 10 millones de toneladas, pero el pueblo se sumó al esfuerzo y se sacaron experiencias de aquello.

Con el arribo de Ronald Reagan al poder en la década de los 80, los ideólogos del partido republicano y especialistas de la CIA, diseñaron el Programa Democracia, para liquidar el socialismo europeo, reclutaron a decenas de sus dirigentes que indujeron a la comisión de muchos errores, con el fin de crear desilusión en las masas y el rechazo al sistema, e involucraron al Vaticano para sus acciones subversivas en Polonia. Paralelamente le hicieron creer a la URSS que podían vencerla militarmente en una fantasiosa guerra de las galaxias.

Pero Cuba se mantuvo incólume al lado de Fidel y de las conquistas alcanzadas.

Muchos diplomáticos occidentales solicitaban prorrogas en La Habana para disfrutar la caída del socialismo. Todos se marcharon y no lo vieron, Cuba se consolidó a pesar de la guerra económica que afecta todas las esferas de la sociedad, unido al reclutamiento por la CIA de decenas de funcionarios con el ensueño de entorpecer el desarrollo del país, evitar la obtención de créditos bancarios y otras medidas de guerra económica, pues al decir de la CIA, “a Fidel no se le podía dar un centavo por ser oxígeno para la Revolución y había que ahogarlo”.

Reagan aprobó la Radio Martí para estimular las salidas ilegales y los actos de sabotaje. Creó la Fundación Nacional Cubano Americana con el interés de que el mundo pensara que el diferendo era entre cubanos y no con el gobierno yanqui

Los golpes suaves proyectados por Gene Sharp, fueron introducidos por diplomáticos yanquis asentados en La Habana, pero tampoco hubo éxitos y el dinero aprobado se perdió totalmente. Las campañas de informaciones falsas sobre inventadas violaciones de los derechos humanos se incrementaron en esa década, sin obtener resultados.

El inicio de la década de los 90, sin la URSS y los países socialistas europeos, pusieron a prueba de fuego a la Revolución cubana dada la fuerte crisis económica vivida, a partir de la pérdida abrupta del 85% de su comercio exterior, el suministro del petróleo soviético, las piezas de repuesto para todo el país y la compra de productos cubanos, proceso que se convirtió en otro bloqueo económico, comercial y financiero, casi similar al aplicado por Washington.

Los cubanos se unieron más y resistieron lo que ningún país de Europa o America Latina hubiera hecho. La meta era mantener, a toda costa y costo, la independencia y la soberanía alcanzadas para no volver a la Cuba de 1958.

Con la entrada de los años 90, se recrudeció la política contra Cuba, único baluarte socialista que los desafiaba. Fomentaron el lobby anticubano en el Congreso con la presencia de miembros de la mafia terrorista anticubana, todos vinculados familiarmente con testaferros del dictador Batista, se aprobó por primera vez un plan de la USAID para la subversión interna, y se impulsaron nuevas leyes como la Torricelli y la conocida Ley Helms-Burton.

Introdujeron más de cien nuevos movimientos religiosos cristianos, con el interés de influir sobre la mente de las personas. Presiones sobre la Iglesia Católica hicieron que esta asumiera posiciones abiertas contra la Revolución, al confeccionar varias Pastorales incitando al desmontaje del socialismo cubano y el apoyo a elementos contrarrevolucionarios.

Estados Unidos diseñó nuevos programas para fomentar una inventada oposición interna, cuyos miembros recibieron cuantiosos salarios para ejecutar actos provocativos, recibieron cursos de capacitación dentro de locales especialmente abiertos en la misión diplomática yanqui, a la vez que la CIA conformó una maquinaria propagandística con el apoyo de agencias de prensa extranjeras, acreditadas en La Habana.

Para amedrentar a los turistas foráneos, sufragaron actos de terrorismo contra instalaciones turísticas en la capital de la Isla, utilizando mercenarios latinoamericanos y acogieron en Miami a los principales autores intelectuales.

Nada de eso pudo restarle apoyo popular a la Revolución y Fidel Castro brilló tanto como en aquellos días luminosos de la Crisis de los Misiles.

En medio de esas medidas para estrangular la economía cubana, Fidel estimuló la inversión extranjera, la ampliación del turismo internacional, el desarrollo de la industria biotecnológica y el trabajo privado, saliendo poco a poco del vacío que dejó la pérdida de los socios comerciales euro-socialistas.

La guerra biológica estuvo muy presente en las dos décadas, 80 y 90, introduciendo Estados Unidos enfermedades para los seres humanos, la fauna y la flora cubana. El Dengue Hemorrágico, la Meningitis la Conjuntivitis Hemorrágica, Tristeza del Cítrico, Thrips-Palmi-Karmy, Moho Azul del Tabaco, Roya de la Caña y la Broca del Café, son algunos ejemplos.

Con la entrada en escena de George W. Bush en el nuevo siglo XXI, se fortalecen las acciones anticubanas y diseñan la llamada eufemísticamente “Transición Pacífica a la Democracia”, limitando la entrada de remesas familiares y visitas de cubanos desde Estados, como medida para fortalecer la guerra económica, dándole continuidad al principio de la CIA que: “A Fidel ni un centavo”.

La enfermedad y posterior muerte del líder histórico de la Revolución cubana, no produjo los augurios hechos por décadas de que el pueblo se lanzaría a las calles y al mar, para llegar a las costas de la Florida. La pérdida física de Fidel Castro unió aún más al pueblo en apoyo a su Revolución.

Barack Obama asume la presidencia con un diseño diametralmente opuesto a todos sus antecesores, el llamado “abrazo de la muerte”, planteando claramente que la vieja política asumida por las admiraciones anteriores, no logró obtener las metas de Estados Unidos de producir un cambio de sistema en la Isla.

Con inteligencia, carisma y un lenguaje sumamente edulcorado, Obama se aventuró al cambio de política hacia Cuba, algo recomendado por especialistas del Council on Foreign Relations años atrás. Restableció relaciones diplomáticas sin desmontar una sola Ley del complejo entramado de la guerra económica, comercial y financiera.

Dispuesto a estrangular la economía cubana, Obama impuso las multas más altas a la banca internacional, por solo ejecutar transacciones con Cuba. No autorizó el uso del dólar, ni permitió que los ciudadanos norteamericanos viajaran a la Isla como turistas. Su propósito fue estimular el trabajo privado para “promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano”.

Trasladar sus símbolos y valores fueron tareas que trató de cumplir a cabalidad, de ahí la aprobación de la presencia de Google y el uso de Internet para llegar con sus mensajes a todos los cubanos, soñando en provocar un estallido social al estilo de la “primavera árabe”.

Al no tener resultados ese cambio de actuación, y percatarse los estadunidenses que visitaron la Isla de las mentiras inculcadas por su gobierno durante más de 50 años, Donald Trump interrumpió el plan Obama, regresando a la vieja y fracasada política del garrote, algo que tampoco le da resultados, pues el pueblo conocedor de la historia, resiste unido y apoya el cambio generacional de la dirección histórica de la Revolución.

Los adivinos de la CIA y los viejos que aún quedan vivos de esa mafia anticubana en la Florida, vaticinan cada año el fin de la Revolución socialista, exigiendo cambios estructurales y de sistema, algo que no le piden a Argentina, otros países latinoamericanos y europeos, sumidos en verdaderas crisis económicas, desempleo, corrupción, asesinatos a periodistas, tráfico de drogas y de personas, violencia, prostitución infantil, problemas con la educación, salud y seguridad social, en nada parecido al panorama cubano a pesar de ser el único en el mundo sometido a una guerra económica despiadada.

Allá ellos con sus augurios incumplibles, pues como señaló José Martí:

“Se adivina lo que no se conoce”

 

 

Senado yanqui aprueba enmienda sobre comercio con Cuba. ¿Y qué?


Por Arthur González.

La senadora por Dakota del Norte, Heidi Heitkamp, logró que la Cámara Alta del Congreso norteamericano, aprobara dentro de la nueva Ley Agrícola 2018, una enmienda sobre el comercio con Cuba.

Dicha Ley contiene varias provisiones introducidas y/o defendidas por la senadora Hietkamp, entre ella una enmienda “para impulsar el comercio con Cuba”.

Con el apoyo del senador republicano John Boozman, la mencionada enmienda bipartidista permitirá que el Departamento de Agricultura (USDA) use sus programas de desarrollo del mercado de exportación en Cuba, lo que teóricamente permitirá crear, expandir y mantener un fuerte mercado de exportación a Cuba, para los productores y procesadores agrícolas de Estados Unidos, sin costo adicional para los contribuyentes norteamericanos.

Visto así, es un paso favorable en el más elemental sentido común, pues pudiera permitirle a los agricultores y ganaderos ingresar con mejores ventajas económicas en el mercado cubano, aumentando sus exportaciones.

Lo novedoso es que la nueva Ley autoriza a los agricultores y ganaderos estadounidenses, a usar para las exportaciones a Cuba, los fondos del Programa de Desarrollo del Mercado Exterior y del Programa de Acceso al Mercado.

Sin embargo, al analizar los beneficios para la parte cubana, la cosa es diferente, debido al entramado de leyes que prohíben el comercio con “el enemigo”, unido a la Ley del Embargo, aprobada por J.F. Kennedy en 1962, además de la prohibición de que Cuba utilice el dólar, manteniéndose la decisión de que el pago es por adelantado para todos los productos embarcados hacia la Isla.

Respecto a la aprobación de la nueva Ley, el presidente Donald Trump expresó: “los fondos no podrán ser utilizados si su uso se encuentra en contravención con el memorando presidencial de 2017, el cual recoge una serie de medidas para recortar la entrada de dinero a Cuba y en especial al sector militar”, el cual rige la casi totalidad de las ventas minoristas para los cubanos.

El comercio exterior de Cuba adquiere anualmente productos alimenticios por un monto de mil 800 millones, y en los adquiridos en Estados Unidos tiene que depositar en un banco ubicado en el exterior, el costo de las facturas antes de que las mercancías sean desembarcadas, situación que no se elimina con la normativa aprobada.

Si hubiese una puerta trasera en ese aparente paso adelante, estaría dirigida a hacer creer al pueblo cubano que mientras el Grupo Empresarial de las Fuerzas Armadas controle las ventas en los centros comerciales y empresas importadoras, no habrá mejoría alguna en las relaciones contractuales con Estados Unidos, e incluso la presencia de norteamericanos en los hoteles controlados por ese Grupo.

Durante el gobierno del presidente Barack Obama, se aprobaron medidas que “flexibilizaron” el comercio con Cuba, pero todo era dirigido al sector no estatal, prioridad de la política que se diseñó para cambiar el sistema socialista desde adentro.

Para quienes no lo recuerden y vean un paso adelante en la actual ley aprobada por el Senado, basta señalarles que el 26 de enero del 2016, Estados Unidos publicó las nuevas medias aprobadas por el Presidente, dirigidas a “flexibilizar el control y las regulaciones impuestas por Estados Unidos”, y sobre el particular la entonces la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker, aseguró en su Twitter:

“Las provisiones están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama y fortalecer la sociedad civil cubana”.

A eso se sumó el secretario del Tesoro, Jack Lew, quien declaró:

Estas medidas, al igual que las que se han ido tomando durante el último año, envían un claro mensaje al mundo: Estados Unidos se ha comprometido a potenciar y permitir avances económicos para el pueblo cubano y continuaremos tomando las medidas necesarias para ayudar al pueblo cubano a alcanzar la libertad política y económica que merece”.

“Las nuevas regulaciones subrayan el compromiso del presidente Barack Obama en promover un cambio constructivo para el pueblo cubano…Una relación bilateral más abierta y fuerte tiene el potencial de crear oportunidades económicas para estadounidenses y cubanos por igual”.

Para reafirmar cual era la línea política del Gobierno yanqui, el vocero del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ned Price, destacó en un comunicado escrito:

“Así como los Estados Unidos están haciendo su parte para eliminar los impedimentos que han limitado a los cubanos, urgimos al gobierno cubano a que facilite que sus ciudadanos emprendan un negocio, puedan comerciar y accedan a la información en línea”.

En aquellos momentos el presidente del Consejo Económico y Comercial EEUU-Cuba, John Kavulich, comentó que se trataba de la mayor modificación en materia comercial y de inversiones entre los dos países, en décadas.

El resultado concreto fue nulo, Cuba tuvo que seguir pagando por adelantado y haciendo cambios de moneda ante a la prohibición del uso del dólar yanqui.

Con esos antecedentes, ¿qué interés político pudiera haber detrás de la nueva Ley, esa que no cambia ninguna de las prohibiciones existentes en el comercio con Cuba?

Cada cual tiene el derecho de verlo con el prisma que desee, pero la vida se encargará de esclarecer la verdad y como dijo José Martí:

“Todo se ha de tratar con equidad, y junto al mal, ver la excusa, y estudiar las cosas en su raíz y significación, no en su mera apariencia”.