Bolivia en la mirilla de Estados Unidos.


Por Arthur González.

Estados Unidos en su interés por eliminar todos los gobiernos de izquierda en América Latina, cierra fila con sus agencias de inteligencia y algunas ONG, que son pantalla de la CIA, para llevar a cabo sus programas subversivos y desestabilizar a los países que no son de su agrado. En esos casos están Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Cuba, que continúa resistiendo las acciones más añejas de la región.

En Venezuela y Nicaragua los yanquis emplean los métodos de Gene Sharp, ideólogo de la “Lucha No Violenta”, los que dieron buenos resultados en Polonia y otros países de Europa socialista, desarrollando sus cinco etapas para desestabilizar el orden interno.

Ahora toca el turno nuevamente a Bolivia, instigando y repartiendo mucho dinero para ejecutar actos callejeros en protestas contra el presidente Evo Morales, algo que ya hicieron en años recientes sin obtener los resultados deseados.

Ante la decisión del Tribunal Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia, de aceptar la candidatura de Evo Morales para las elecciones presidenciales de 2019, el Departamento de Estado expresó “su profunda preocupación” por la decisión de dicho Tribunal y declaró oficialmente que “para Estados Unidos no es aceptable la decisión de declarar inaplicables las disposiciones de la Constitución del país, que prohíbe a los funcionarios electos cumplir más de dos mandatos consecutivos, incluido el presidente”.

En su injerencia en los asuntos internos de los países con gobiernos no bien vistos por Washington, la representante Ileana Ros-Lehtinen, expuso hace unos meses, “la necesidad de que las naciones envíen un mensaje claro a Bolivia sobre el afán de Morales de perpetuarse en el poder y añadió que “el pueblo de Bolivia necesita nuestra ayuda”, haciendo un llamado “a prestar atención a lo que está sucediendo”.

Esas posiciones yanquis están motivadas por el peso geopolítico que tiene el presidente Evo Morales en la región, y también por el interés de Estados Unidos de acceder a materiales estratégicos bolivianos para su “seguridad nacional”.

Como parte de la campaña contra Evo Morales, el ex presidente de Bolivia, Jorge “Tuto” Quiroga, pretende solicitar a la Comisión de Derechos Humanos de la OEA que solicite oficialmente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que decida si las reelecciones indefinidas pueden considerarse un “derecho humano”, todo con el único fin de invalidar la reelección del actual mandatario que tanto ha hecho por el pueblo boliviano, elevando el nivel económico del país, que ya alcanza uno de los PIB más altos de la región.

Estados Unidos ejecuta diferentes maniobras para lograr desestabilizar a Bolivia y para ello se empleó a fondo con la USAID, desde 2006 hasta 2009.

No se puede olvidar que, en marzo del 2004, la USAID abrió en Bolivia la Oficina de Iniciativa para la Transición (OTI), la que tenía por objetivo “ayudar” a reducir las tensiones en zonas de conflicto social y apoyar a la preparación de las elecciones.

La USAID, como pantalla de la CIA, contrató a la empresa yanqui, Casals & Associates, Inc. (C&A) para operar en Bolivia los más de 13,3 millones de dólares, distribuidos en 379 organizaciones, partidos políticos y proyectos.

Esa misma empresa estadunidense realiza idénticas actividades subversivas a las que realizó la DAI en Venezuela, porque la CIA se repite constantemente en sus planes. Es sabido que la DAI y Casals & Associates, tienen fuertes vínculos con el Departamento de Defensa, el Departamento de Energía, Broadcasting Board of Governance, la Voz de América, la Oficina para Transmisiones a Cuba, el Departamento de Seguridad Interior, el Departamento de Estado, y otros más.

La USAID-OTI jugó un fuerte papel de influencia sobre la Asamblea Constituyente boliviana, para lograr el separatismo de las regiones ricas en recursos naturales, como Santa Cruz y Cochabamba, siguiendo instrucciones de Washington que buscaba quebrantar el gobierno de Evo Morales, penetrar e infiltrar las comunidades indígenas, sembrar el modelo capitalista, e influir sobre los medios de comunicación promoviendo la propaganda pro yanqui y anti socialista.

Ante eso, Evo decidió expulsar a la USAID de Bolivia, cortándole los tentáculos que trataban desestabilizar el orden constitución del país.

Otra de las agencias que trabajan para la CIA en la región, es la National Endowment for Democracy (NED) Fundación Nacional para la Democracia, creada bajo la administración de Ronald Reagan para ejecutar planes que antes hacia la CIA.

La USAID y la NED son reservorio de presupuestos millonarios del gobierno de Estados Unidos, para llevar a cabo operaciones y planes subversivos contra los gobiernos que desean derrocar.

Durante las elecciones de 2009 Estados Unidos ejecutó una campaña mediática para sembrar la desconfianza del pueblo contra Evo, divulgando mentiras para empañar su imagen. A pesar de eso ganó sin dificultades.

En estos días vuelven a surgir algunas manifestaciones callejeras contra la reelección del presidente Evo Morales, apoyadas por la cruzada propagandística generada por la NED y Human Rights Watch.

Los argumentos son los mismos que difunden en Cuba, Venezuela y Nicaragua, sobre una inventada impunidad de delitos violentos y violaciones de derechos humanos.

Según Human Rights Watch, “el gobierno del presidente Evo Morales ha generado un clima hostil para los defensores de derechos humanos, que menoscaba sus posibilidades de trabajar de manera independiente”.

Durante el período 2013-2018, la Casa Blanca destinó un total de 70 millones 349 mil 728 dólares para la “asistencia económica” a Bolivia, mediante siete programas, llamando la atención el de “gobernanza” para el que asignaron más de 68 millones de dólares, siendo el único programa que han llevado a cabo sin interrupciones.

Está comprobada la injerencia yanqui en los asuntos internos de Bolivia, y sus deseos de invadirla con ideas, sin descartar la vía militar, como hacen en Venezuela y Nicaragua, con la marcada intensión de derrocar a sus dirigentes, porque no son aceptados por Estados Unidos, dada sus posiciones soberanas e independientes que manifiestan a favor de sus pueblos.

No se equivocó José Martí cuando aseguró:

“Es más fácil invadir a un país que tiende los brazos, que un país que vuelve la espalda”.

 

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Estados unidos utiliza sus peones contra Venezuela.


Por Arthur González.

Como si fuera una vuelta atrás en el tiempo, Estados Unidos aplica contra Venezuela las mismas políticas ejecutadas contra la Revolución cubana, en los primeros años del 60 del pasado siglo. Actualmente, al no encontrar la forma de derrotar al presidente Nicolás Maduro, dirigen a un grupo de países para intentar cercarlo.

Hace solo días, el actual canciller chileno, Roberto Ampuero, siguiendo los dictados de Washington, hizo declaraciones en las que calificó la situación en Venezuela como una “tragedia”, algo que forma parte de la campaña mediática creada para deformar la realidad y satanizar a Maduro.

Ese personaje, quien fuera militante comunista y se pasó de la noche a la mañana a la ultraderecha, tal y como hizo el secretario general de la OEA, Luis Almagro, intenta lograr consenso para que los países latinoamericanos rompan relaciones con Venezuela, copiando las acciones desarrolladas en 1962 contra Cuba, cuando Estados Unidos presionó fuertemente para que los integrantes de la OEA, rompieran relaciones y la expulsaran de esa organización regional, dirigida totalmente por el Departamento de Estado yanqui.

Al releer documentos del gobierno de Estados Unidos de esa época, ya desclasificados, se puede apreciar lo que le hicieron a Cuba, al afirmar:

El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero 1962, esperando obtener amplio respaldo del Hemisferio Occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del HemisferioName=n1070; HotwordStyle=BookDefault; . Se está considerando una resolución solidaria, mediante la cual OEA ofrezca alivio directo al angustiado pueblo cubano (similar a la de EE.UU. para Rusia, de 1919-20), como un medio para lograr la simpatía del pueblo cubano, sin tener que reconocer al gobierno comunista. La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

“La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

El resultado obtenido fue el que Estados Unidos diseñó, excepto México que decidió no romper relaciones con la Isla, en un aparente acto de rebeldía contra el imperio yanqui.

Tristemente, hace algunos años documentos desclasificados permitieron conocer que, en verdad, todo fue un acto de sumisión del presidente mexicano Adolfo López Mateo, quien decidió colaborar en secreto con el gobierno de los Estados Unidos.

Contra Venezuela despliegan campañas de prensa muy negativas, idénticas a las fabricadas contra Cuba; estimulan la emigración, igual lo que hacen contra la Revolución cubana cuando aceptaron a asesinos, torturadores y ladrones del gobierno del dictador Fulgencio Batista, otorgándoles estatus de “refugiados políticos”, además de estimular las salidas ilegales que obligaron al presidente Lyndon Johnson, a firmar la llamada Ley de Ajuste Cubano en 1966.

Los actos callejeros, acciones terroristas y la creación de la oposición contrarrevolucionaria, también la copiaron de los planes anticubanos, pero ahora Estados Unidos cuenta, además de la CIA, con las organizaciones USAID y NED, encargadas de desarrollar programas subversivos más sofisticados, respaldados con presupuestos millonarios que aprueba el Congreso yanqui.

Al no poder derrocar en las urnas a Maduro y demás dirigentes que alcanzaron posiciones en la mayoría de los estados del país, ni consolidar una oposición respaldada por el pueblo venezolano, y ante la posibilidad casi segura de una nueva victoria electoral en el próximo año, cocinan una conjura para intentar nuevamente sacar del poder a ese presidente, elegido democráticamente.

Cuando surgen dirigentes políticos que no son del agrado de Washington, de inmediato germinan campañas de prensa y acciones de todo tipo para destituirlo. Ejemplos sobran en América Latina y los casos más recientes son los de Honduras, Paraguay y Brasil.

¿Por qué no se hizo lo mismo contra el golpe militar en Honduras, cuando sacaron al presidente de su residencia en ropa de dormir y lo trasladaron a la fuerza a México?

Estados Unidos organizó, financió y apoyó ese acto antidemocrático y violador de los derechos humanos. Congresistas yanquis de origen cubano viajaron a Tegucigalpa para respaldar a los golpistas.

En Paraguay suavizaron la acción con un golpe generado en el Congreso y aceptaron gustosamente su resultado.

A ningún país donde se violan constantemente los derechos humanos, como México, Guatemala, Honduras, Argentina y Chile, se le aplican medidas de guerra económica y financiera como hacen contra Cuba y Venezuela, con el objetivo de que el pueblo se canse de la carencia de productos de primera necesidad, pierda fe en el futuro de su proceso revolucionario, y caiga finalmente en brazos de los yanquis.

Contra Venezuela se ha sumado la Unión Europea, evidentemente presionada por su aliado más fuerte, Estados Unidos, ayudando a mantener parte de la guerra económica y financiera impuesta por los yanquis.

Lo contrario se ve ahora con lo sucedido en Francia, donde las revueltas callejeras han sido más grandes y violentas que las pagadas por la CIA en Venezuela. Sin embargo, no hay declaraciones del Departamento de Estado yanqui contra el presidente francés, ni campañas mediáticas exigiendo su destitución. El Parlamento Europeo no respalda ni premia a los líderes obreros que se exponen a las balas y gases lacrimógenos de los órganos represivos franceses.

El canciller chileno tampoco ha condenado la represión de la policía francesa, ni propone medidas sancionadoras, porque desde Washington no se lo han ordenado.

Emmanuel Macron no tiene apoyo en Francia, dirige con un 19 % de aceptación, muy diferente al respaldo que obtuvo Maduro en las elecciones, pero contra Macron no existen sanciones, al final es un político neoliberal que no toma medidas a favor del pueblo.

Exacto fue José Martí cuando escribió:

“La vergüenza se ha de poner de moda y fuera de moda la desvergüenza”.

Los verdaderos oprimidos de Latinoamérica.


Por Arthur González.

Los obreros, campesinos, estudiantes y pensionados de América Latina, tiene todo el derecho a protestar ante las medidas neoliberales que aplican los gobernantes, para complacer al FMI y otras entidades creadas por el sistema capitalista que los aplasta, sin importarle los verdaderos derechos humanos.

Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de Argentina, eliminó las ventajas establecidas por el gobierno de Cristina Fernández, como continuidad a las aplicadas antes por su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner.

Lo mismo sucedió en Brasil, cuando Temer impuso métodos que en nada ayudan a las capas más pobres del país, borrando de un plumazo las medidas aprobadas por el presidente Luis Ignacio Lula, mantenidas por su sucesora Dilma Rousseff.

El capitalismo salvaje solo beneficia a las clases altas y así sucede en toda Latinoamérica e incluso llega a algunos países de Europa.

Sin embargo, Estados Unidos se empeña en impedir que gobiernos nacionalistas, preocupados por sus pueblos, avancen con leyes populares, aplicándoles planes de guerra económica, aprueban altos presupuestos para subvertir el orden interno, sufragan grupos para cometer actos terroristas y orientan manifestaciones populares que llegan hasta el asesinato, tal y como hicieron en Venezuela y ejecutan actualmente en Nicaragua.

El empleo de la manipulación jurídica para juzgar y encarcelar a verdaderos líderes populares, es la táctica recientemente implementada, violando todo derecho legal a los que son acusados sin pruebas, solo basado en campañas de prensa fabricadas para crear un ambiente psicológico que les favorezca en sus acciones criminales, que solo persiguen anular de por vida a las figuras políticas que no son de su agrado.

Millonarios presupuestos son aprobados por Estados Unidos para esos fines, distribuidos entre el Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia para reclutar políticos, jueces y periodistas, así como a la USAID a la NED, con el fin de llevar a cabo la preparación de jóvenes, que posteriormente son encargados de salir a manifestarse violentamente en las calles, incluso con el empleo de armas de fuego.

Esos terroristas que queman, destruyen y asesinan, reciben total apoyo de la prensa oficialista que responde a los intereses yanquis. Son calificados de “inconformes” que protestan “pacíficamente”, y al ser reprimidos por sus actos de terrorismo, desatan cruzadas periodísticas en su defensa, como si los muertos que originan sus acciones no reclamaran justicia.

Ahora cuando en Argentina los trabajadores agobiados por el alza del costo de la vida, la pérdida de sus derechos, el aumento del desempleo y la inseguridad de un futuro cierto para sus familias, salen a las calles a protestar, sin la violencia empleada por los orientados y financiados con los millones de Estados Unidos, Patricia Bullrich, ministra de seguridad, declara con total desfachatez, que “no sabe de dónde sacan el dinero para manifestarse todos los días”, y acusa a las centrales sindicales de querer sacar al Gobierno.

¿Por qué la ministra no se hace la misma pregunta para saber de dónde sale el dinero para sufragar las protestas violentas fabricadas desde la embajada de Estados Unidos en Venezuela y en Nicaragua?

¿No sabrá ella que los trabajadores argentinos se cansan de tanta explotación?

En Venezuela, solo la NED tuvo una asignación para el presupuesto del año fiscal de 2017, de 2 millones 893 mil 847 usd; sin contar el dinero que dispone la USAID, el cual es muy superior, sumado al asignado a la CIA y al Departamento de Estado.

Con tanto dinero si se pueden organizar protestas y manifestaciones callejeras en Nicaragua, país que también recibe desde hace algunos años, millonarios presupuestos para organizar cursos de preparación en los locales de la embajada norteamericana en Managua, de donde egresaron los principales cabecillas ejecutantes de los actos callejeros y las acciones terroristas, incluida la confección de armas de fuego casera y otros medios que causaron muerte y destrucción en varias ciudades de ese país centroamericano.

Solo con buscar en las páginas de la USAID y la NED, disponibles en Internet, la ministra podrá conocer esos datos y comprobar que para Argentina la situación no es la misma, porque a los yanquis no les interesa ayudar a las centrales sindicales que reclaman los derechos de sus afiliados.

Si ella está inconforme con las protestas, debería compadecer al pueblo de Venezuela y de Nicaragua que sufren del terrorismo financiado por Estados Unidos.

Todo indica que la ministra de seguridad vive de espaldas a la realidad que padece su pueblo, por las medidas económicas impuestas por el gobierno del presidente Macri, y como bien señaló recientemente Hugo Yasky, diputado y dirigente de la CTA, “en Argentina hay dos millones de personas que no llegan al final del día. No estamos hablando de llegar a fin de mes, estamos hablando del día”.

Ante el caos económico creado por Mauricio Macri, la Confederación General del Trabajo (CGT), las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTA), la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y otros sindicatos, no les ha quedado otra alternativa que salir a las calles a protestar por el acuerdo firmado recientemente por el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI), a lo que se suma el plan económico de ajuste que ese organismo impone.

No es el sistema socialista el que ahoga al pueblo de Argentina, es sencillamente el capitalismo salvaje que no respeta el derecho a la vida.

Por tanto, la ministra Patricia Bullrich debería recordar lo que dijo José Martí:

“Los pueblos no se rebelan contra las causas naturales de su malestar, sino contra las que nacen de algún desequilibrio o injusticia”

 

 

 

 

 

 

 

 

Estados Unidos contra Venezuela.


Por Arthur González.

Desde que Hugo Chávez Frías alcanzó la presidencia de Venezuela, Estados Unidos inició variadas operaciones especiales para derrocarlo, siguiendo los mismos planes aplicados contra Cuba desde 1959.

Su plan maestro es la guerra económica, comercial y financiera para evitar que el gobierno satisfaga las necesidades del pueblo y luego culpar al sistema de la crisis, aunque todos saben que el único responsable es Estados Unidos, quien a través de sus agencias de inteligencia presionan, reclutan y organizan a la contrarrevolución, copiando sus fracasados métodos aplicados a la Revolución cubana.

Contra Nicolás Maduro incrementaron sus acciones subversivas, con el fin de evitar que ganara las elecciones presidenciales, situación que el pueblo no respaldó, eligiéndolo en las urnas de forma democrática en dos oportunidades.

De nada valieron los millones de dólares repartidos entre estudiantes universitarios, partidos opositores, la burguesía y hasta grupos de delincuentes; ni la preparación llevada a cabo por la USAID y la NED desde la misión diplomática yanqui y otras entidades, incluida la Iglesia Católica venezolana.

Ante la impotencia por sus constantes fracasos en Cuba, en 1962, Estados Unidos optó por intentar comprar algún funcionario de alto rango dentro del gobierno, ofreciéndole una alta suma de dinero, con vistas a provocar un golpe militar que justificara la invasión a la Isla por el ejército yanqui.

De acuerdo con la Operación Mangosta, aprobada por el presidente J.F. Kennedy, la CIA tenía que:

“Proponer el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el nombre de un desertor valorado al menos en un millón de dólares”

Esas acciones estarían respaldadas por la desprestigiada OEA, siempre al servicio de los dictados de la Casa Blanca, y al analizarlas se constata la similitud de las aplicadas ahora contra Caracas, copia fiel de las que desarrollaron contra La Habana en aquel año de 1962, y según consta en la mencionada Operación:

“El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero, esperando obtener un amplio respaldo del Hemisferio Occidental, a las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio. Se está considerando una resolución solidaria, mediante la cual OEA ofrezca alivio directo al angustiado pueblo cubano…, como un medio para lograr la simpatía del pueblo, sin tener que reconocer al gobierno comunista. La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Igual que hicieron contra la Revolución cubana, ahora Estados Unidos presionó a un grupo los líderes latinoamericanos, para aceptaran sus decisiones y afirmen que el presidente de Venezuela “es un gobernante cada vez más autoritario que ha arruinado la economía de su país, provocando una escasez extrema de alimentos y medicinas”, como resultado, el colapso que desencadenó el éxodo de venezolanos desesperados”.

Todo es parte del montaje de la guerra económica, prevista para lograr el desencanto y el desaliento de la población, respaldado por campañas de prensa diseñadas para influir psicológicamente en los venezolanos y el mundo en general.

El pasado 08 de septiembre 2018, un artículo de The New York Times afirmaba que: La administración Trump sostuvo reuniones secretas con militares rebeldes de Venezuela el año pasado, para discutir sus planes de derrocar al presidente Nicolás Maduro”.

El final que busca el diseño de esa operación contra Venezuela, es la invasión militar norteamericana con el apoyo de varios países de la región, tal y como planificaron contra Cuba, lo que quedó plasmado en el Plan Mangosta, que expone textualmente:

“La CIA ha alertado al Departamento de Defensa que hará falta un considerable apoyo militar, incluyendo dos submarinos, lanchas PT, guardacostas tipo Cutter, instructores de fuerzas especiales, aviones C-54, aviones F-86, aviones anfibios, portahelicópteros, un batallón del ejército dedicado a la confección y lanzamiento de volantes, y Guantánamo como base para las operaciones submarinas. La CIA cree que su papel será fabricar y extender un movimiento popular, prestigioso y real, el cual creará un clima político que puede proporcionar un marco de justificación plausible, para la intervención armada de Estados Unidos en Cuba”.

Recordemos que, en agosto 2017, el presidente Donald Trump declaró: “Estados Unidos tiene una opción militar para Venezuela”, lo que provocó la condena de sus aliados en la región. Además, prorrogó por un año más, el decreto de “emergencia nacional”, que declara a Venezuela como una “amenaza inusual” a la seguridad nacional y a los intereses estadounidenses, precepto firmado por primera vez en el 2015 por su antecesor, el presidente demócrata Barack Obama.

La historia está carga de hechos similares ejecutados por Estados Unidos. Entre los más cercanos están la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, la invasión a República Dominicana, el golpe militar contra Salvador Allende en Chile, la organización de la contrarrevolución en Nicaragua, que culminó con el escándalo del Irán-Contra, la invasión a Panamá y a Granada, entre muchas otras.

No por gusto José Martí alertó:

“Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las 7 leguas…y para eso, hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

Intentan asesinar al presidente venezolano.


Por Arthur González.

Quienes exigen democracia y derechos humanos al gobierno legítimo del presidente venezolano Nicolás Maduro, actúan violándolo todo, puesto de manifiesto en el más reciente acto terrorista contra la Revolución bolivariana, al intentar asesinar al presidente ante las cámaras de la televisión, el sábado 4 de agosto de 2018.

Es la misma historia que hicieron contra la Revolución cubana, cuando la CIA, con total apoyo del gobierno yanqui, intentó de forma reiterada asesinar al líder Fidel Castro, hechos que negaron durante años hasta que la comisión del Comité de Inteligencia del Congreso, conocida como Comisión Church, obligó a declarar a los máximos dirigentes de la CIA, quienes solo reconocieron 8 planes de asesinato, algo monstruoso que debió ser condenado por la corte internacional, como crímenes similares a los ejecutados por los nazis.

Esos planes iban desde el uso de bazucas, fusil con mirilla telescópica, lapiceros con aguja hipodérmica envenenada, pastillas de veneno para introducirlo en los batidos de leche que tomaba Castro en la cafetería del antiguo Hotel Habana Hilton, lanzamientos de granadas en el estadio de béisbol, y muchos más.

En realidad, la seguridad cubana tiene elementos de 600 acciones para intentar asesinar al líder odiado por el gobierno de Estados Unidos, desde antes de lograr el triunfo revolucionario según expresiones del presidente D. Eisenhower y Allen Dulles, director de la CIA, recogidas en el acta de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, fechada en diciembre de 1958.

El intento de asesinar a Maduro, es un acto criminal que pudo matar a decenas de personas reunidas durante la parada militar, incluidos cientos de civiles, funcionarios del gobierno y miembros de las fuerzas armadas.

Muchos países de la región, incluidos los Estados Unidos y de Europa, no se manifestaron contra el despreciable hecho, callando en plena complicidad. Son los mismos países que sancionan a Venezuela siguiendo los dictados de la Casa Blanca, y ahora no expresan sus opiniones, poniéndose al desnudo ante los pueblos.

Washington tampoco condenó la acción, pues se alegraría de eliminar al presidente y como siempre, se encuentra detrás de esos hechos criminales. John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, negó que Estados Unidos estuviera involucrado en el presunto atentado y, siguiendo la línea acostumbrada, sugirió hipócritamente que “el propio régimen podría estar detrás del caso”, según dijo durante una entrevista ofrecida a la Fox News.

Es público y notorio que el financiamiento, abastecimiento material y el apoyo político a la oposición venezolana, proviene desde Estados Unidos, entregado a través de diferentes organizaciones como la NED y la USAID, creadas para ejecutar lo que durante años hizo la CIA, mediante sus planes de acciones encubiertas. No hay que ser un erudito para comprenderlo.

Allen Weinstein, historiador y primer presidente de la NED, declaró en 1991 de forma “cándida y sorprendente”:

Mucho de lo que hoy hacemos, lo hacía ya hace 25 años la CIA de manera encubierta”.

Ahora para tratar de acallar las voces de condena, desde Miami la oposición venezolana, apoyada por la prensa oficialista, declara que sienten preocupación de que “el presunto atentado con drones del sábado 04, pueda ser utilizado por el régimen de Nicolás Maduro para emprender una nueva y atroz oleada de represión contra la oposición y los grupos democráticos en Venezuela”.

Mucho cinismo hay en esas palabras. Primero ponen en duda el intento de asesinato denominándolo “presunto”, y después inician la escalada propagandística respecto a la supuesta oleada de represión contra la oposición “democrática”, queriendo convertir en víctimas a los asesinos y terroristas que quemaron vivos y destruyeron escuelas y centros de trabajo en Venezuela, durante las llamadas Guarimbas, como si tales hechos no fueran repudiables.

Cuando en Europa se han producido hechos terroristas a manos de los grupos extremistas del islán, nadie se pronunció para que los órganos policiales y de seguridad, dejaran de tomar las medidas establecidas contra quienes asesinan y hacen estallar bombas en lugares públicos.

Las autoridades estadounidenses persiguen y matan al instante, aquellos que disparan en escuelas y plazas, sin siquiera detenerlos para interrogarlos y posteriormente juzgarlos. Ante eso, nadie levanta la voz para decir que la policía no puede tomarse la justicia por sus manos.

Sin embargo, cuando países con posiciones no aceptables para Estados Unidos, se ven obligados a tomar medidas con los autores de actos terroristas, cometidos tras el escudo de ser “opositores”, de iso facto se despliegan las campañas de prensa en defensa de los manipulados derechos humanos.

La oposición venezolana se quitó la careta ante la vista de millones de personas que observaban el acto por la televisión. Ahora que se atengan a las consecuencias de sus crimines, pues se les aplicará el mismo racero con que la culta Europa sanciona a los que comenten actos similares.

Torpes políticos que, en su desesperación por eliminar el proceso bolivariano, no se percatan que la Revolución iniciada por Hugo Chávez, al igual que una estaca, mientras más golpes reciba se entierra más profundamente, y por tanto resultará imposible sacarla del corazón de los venezolanos.

Fue exacto José Martí cuando afirmó:

“A bien que es fiero el pueblo, cuando obra movido de justicia, o movido de ira”

Estados Unidos culpable de las migraciones ilegales.


Por Arthur González

Desde el pasado siglo XX los movimientos migratorios en el mundo crecen vertiginosamente, provocado por guerras y desigualdades económicas. En la última década la situación se volvió incontrolable y el verdadero responsable es Estados Unidos, con sus planes desestabilizadores y operaciones encubiertas contra países que tienen gobernantes no aceptables para ellos.

¿Quién provocó las salidas ilegales de Cuba hacia Estados Unidos?

El propio gobierno estadounidense que aceptó desde enero de 1959, la entrada a su territorio de los prófugos de la justicia cubana, asesinos, torturadores y ladrones que sirvieron al dictador Fulgencio Batista, a los cuales otorgó la categoría de “refugiados políticos”, a pesar de sus crímenes y otros delitos comunes cometidos.

Por su fuera poco, la CIA de conjunto con la Iglesia Católica cubana, organizaron en 1960 la abominable Operación Peter Pan, sacando del país sin acompañantes a 14 mil 48 niñas y niños menores de 16 años, no otorgándole visas a sus padres, quienes no tuvieron otra alternativa que lanzarse al mar para llegar a la Florida, donde eran recibidos como héroes.

Para darle legalidad al fenómeno, en 1966 el presidente Lyndon B. Johnson aprobó la Ley de Ajuste Cubano, aún vigente, que admite a todo cubano que llegue a suelo estadounidense y solicite asilo por “huir del comunismo”.

En los últimos cinco años, países latinoamericanos se vieron envueltos por movimientos migratorios ilegales, de miles de cubanos que trataban de llegar a Estados Unidos en busca de mejorías económicas.

Washington mantiene una guerra económica, financiera y mediática total contra Cuba, con el propósito de provocar revueltas populares que pongan fin al sistema socialista, pero los cubanos en vez de eso, buscan la forma de arribar a la frontera norteamericana, convirtiéndose esa guerra económica en un bumerán para los propios yanquis.

A Venezuela le aplicaron la misma receta y el resultado obtenido es similar, porque la emigración hacia los Estados Unidos desborda sus posibilidades de asimilarlos, teniendo que adoptar medidas de deportación, al no existir Ley de Ajuste Venezolano.

Esto también afecta a otros países centroamericanos que se ven en graves problemas por las entradas masivas de venezolanos, que desestabiliza sus economías y sistemas de seguridad interna.

Otro tanto sucede en la actualidad con Nicaragua. Desde hace algunos años Estados Unidos intenta derrocar al gobierno de Daniel Ortega, asignándole a la USAID y a la NED, millonarios presupuestos para preparar a la contrarrevolución interna, lo que hacen también contra Cuba y Venezuela.

Esa contrarrevolución nicaragüense ejecutó recientemente planes terroristas diseñados por la CIA, dirigidos desde la embajada yanqui en Managua, con el fin de crear el caos interno.

Ante tantos hechos terroristas, incluido los asesinatos a personas simpatizantes de Ortega, la desestabilización interna y el temor de una escalada mayor de violencia, miles de ciudadanos se encaminan hacia la frontera de Costa Rica, conformando una situación bien compleja para esa nación centroamericana que no fabricó ni estimuló a la contrarrevolución nica.

Estados Unidos, padre de la desestabilización interna en esos países, observa desde lejos pero no recibe a ninguno de los nicaragüenses que salen de su país.

El gran consumo interno de drogas en Norteamérica, estimula la producción de cocaína y marihuana en países latinoamericanos, por lo que cada día surgen más carteles dedicados al tráfico de drogas hacia EE.UU.

México como país fronterizo con Estados Unidos es quien más sufre las consecuencias nefastas. Los asesinatos son por decenas diariamente, la violencia contra la población campesina es cotidiana y la miseria prolífera sin límites.

Esa es la causa fundamental de la emigración ilegal hacia el Norte, donde la guardia fronteriza yanqui los matan como animales, y ahora por decisión del presidente Donald Trump, les quitan a sus hijos enviándolos a centros de detención mientras esperan la deportación.

Está sucediendo algo similar en Europa, posterior a la guerra iniciada injustificadamente por Estados Unidos en Afganistán, con el verdadero propósito de acercarse a la frontera con Rusia e Irán, apoderarse de sus recursos naturales y cambiar el mapa mundial.

Lo mismo sucedió después de la guerra criminal contra Yugoeslavia, Irak, Libia, Yemen y Siria, dando como resultado una desestabilización total en la región, a la que se suman las revueltas en países africanos, después que Estados Unidos con el apoyo de Israel, fabricó un ejército mercenario para combatir en Siria.

Esas oleadas de emigrantes ilegales no llegan a las costas de Estados Unidos, sino a la de países europeos que se ven obligados a la asimilación de cientos de miles de personas, creándose el desorden interno, además de los cientos de ahogados en el mar.

Sin embargo, las campañas mediáticas construidas por la prensa oficialista de muchos países, no señalan al verdadero responsable de los conflictos bélicos en el mundo y acusan a los que son víctimas de los planes de acción encubierta, brindando una imagen tergiversada de la realidad.

Miles de personas huyen de la violencia construida por los yanquis, que diseñan, financian y abastecen a los grupos terroristas disfrazados de “opositores”.

Lo que sucede en los países afectados no es más que la aplicación de la mal llamada “lucha no violenta”, ideada por el viejo agente CIA, Gene Sharp, con sus cinco etapas.

1ra. Promover acciones “no violentas” para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad, denuncias de corrupción, promoción de intrigas y divulgación de falsos rumores.

2da. Desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de “totalitarismo” contra el gobierno en el poder.

3ra. Centrar la lucha por “reivindicaciones políticas y sociales”, manipular los colectivos para que emprendan manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones estatales.

4ta. Ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.

5ta. Forzar la renuncia del Presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, se prepara el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

No son coincidencias, sino un programa subversivo que al final origina la emigración ilegal de los que no quieren morir, ni pasar hambre en sus países.

Esos planes imperiales resultan muy peligrosos y Estados Unidos debería tener presente que con los pueblos no se puede jugar, porque como el elefante, nunca olvidan.

Por eso señaló José Martí:

“Con el elefante no hay que jugar, porque cuando se le enoja la dignidad, sacude la trompa como un azote y de un latigazo echa por tierra al hombre más fuerte”.

 

 

Conferencia de Obispos Católicos de Cuba apoya campañas contra Nicaragua.


Por Arthur González.

Sumándose a las campañas mediáticas contra el gobierno sandinista de Nicaragua, generadas por los ideólogos de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos, Juan de Dios Hernández Ruiz, Obispo Auxiliar de La Habana y Secretario General de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, COCC, envió una carta al Cardenal Leopoldo Brenes, Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, donde toma partido en contra las autoridades de ese país centroamericano.

En su misiva Monseñor Juan de Dios Hernández, afirma que “hemos visto con profunda tristeza y horror, las imágenes de la barbarie ocurrida el pasado domingo en la Basílica de San Sebastián en Diriamba. Estos hechos de violencia y profanación, de crímenes y abusos de poder, resultan verdaderamente denigrantes y, por ello, experimentamos el lógico sentido de fraternidad pastoral ante el momento que afrontan”.

Sin embargo, no menciona que la violencia y los crímenes son generados por los llamados opositores al gobierno, entrenados y financiados desde la embajada yanqui en Managua, mediante programas de la NED y la USAID, para intentar derrocar al gobierno sandinista, de acuerdo con programas publicados por esas agencias norteamericanas en sus sitios oficiales en Internet.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba no se pronuncia respecto a los asesinatos de jóvenes y policías a manos de los que se dicen “opositores”, quienes queman instituciones oficiales, cierran calles y avenidas para impedir el paso de ambulancias con heridos, lo que ha provocado decenas de muertos.

Tampoco condenan la quema y destrucción de autos, comercios e incluso de instalaciones gubernamentales y ornamentos en las avenidas, una de las cuales mató a un periodista.

Mucha es la hipocresía solidaria, pues Jesús no apoya el crimen, los asesinatos ni la violencia entre hermanos, estimulada con dinero de Estados Unidos con el único interés de destruir el sistema revolucionario sandinista, al igual que ejecutan contra Venezuela e hicieron contra la Revolución cubana en los años 60, donde la iglesia católica de Cuba también se puso de parte de los terroristas y agentes de la CIA.

No es casual que ahora la COCC ofrezca su apoyo “solidario” a quienes no impiden la violencia en Nicaragua y se parcialicen con los “opositores”. El pueblo cubano no olvida que en templos católicos se guardaron armas enviadas desde Estados Unidos y se resguardó a asesinos, como el secuestrador de un avión de Cubana de Aviación después de asesinar al piloto, solicitando para él, asilo canónico.

¿Por qué no se solidarizaron con Nicaragua cuando el dictador Anastasio Somoza exterminaba a diestra y siniestra en ese país centroamericano, o cuando Estados Unidos armaba a la contrarrevolución para matar a campesinos que simpatizaban con la Revolución Sandinista, durante la llamada Irán-contra?

La historia es una sola y no se borra tan fácilmente, la Operación Peter Pan, generada por la CIA, contó con el apoyo de la iglesia católica cubana, acción criminal que separó a padres e hijos por años, al seguir las campañas generadas por la CIA de que el gobierno revolucionario cubano les quitaría la patria potestad a los padres.

Por esa mentira, cientos de padres enviaron a sus hijos menores sin acompañantes para Miami, en total 14 mil 048 niños que fueron distribuidos por todo el país en centros religiosos, casas de familias y orfanatos, donde muchos sufrieron maltratos psíquicos y físicos, incluida la violación.

En vez de hacer el papel del buen samaritano, la COCC debió condenar desde un inicio la violencia generada en Nicaragua y ponerse al lado del pueblo, ese que el pasado mes de noviembre acudió democráticamente a las urnas para elegir al presidente Daniel Ortega, con un margen mayoritario.

El dolor de los nicaragüenses lo provocan las acciones violentas llevadas a cabo por los que dicen amar la libertad y la democracia y no por las autoridades que nunca iniciaron tales acciones.

Para hablar de “anhelos de verdad, justicia y apego a la legalidad constitucional, que conduzcan a alcanzar una paz estable y verdadera”, lo primero que debe hacer la COCC, es exhortar a los opositores financiados por los yanquis, a que cesen sus actos vandálicos y dejen de quemar, destruir y asesinar a sus hermanos, por el solo hecho de apoyar el sandinismo, ese movimiento que acabó con los crímenes y desmanes del gobierno de Somoza, el que siempre contó con el apoyo de Washington a pesar de ser un dictador.

Por actitudes similares expresó José Martí:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”.