Subversión contra Cuba en medio de la pandemia.


Por Arthur González.

A pesar de la pandemia que azota al mundo y en especial a los Estados Unidos, donde la cifra de contagiados y muertos es la más alta, los centros generadores de subversión contra Cuba no descansan.

La propaganda anticubana tiene millones de dólares asignados para crear matrices de opinión, con el fin de satanizar a la Revolución y a la vez tratar de captar jóvenes con campañas y promesas de una supuesta sociedad mejor, al estilo del neoliberalismo impuesto en otros países como Argentina y Chile, donde los derechos de los trabajadores, estudiantes y ancianos desaparecen gracias al capitalismo salvaje.

La propia pandemia del coronavirus se encargó de poner al descubierto las diferencias de los sistemas de salud capitalistas con el de Cuba, pues en países capitalistas desarrollados los hospitales colapsan, mueren los ancianos sin recibir la asistencia adecuada y los cadáveres son enterrados en fosas comunes, muy distinto a lo que sucede en la Isla, a pesar de la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia.

Pero, mientras Cuba ofrece salud en decenas de países con su colaboración médica, Estados Unidos gasta millones de dólares para acusarla de “esclavitud”, como si los esclavos salvaran vidas humanas, mirando de qué lado está el deber y no donde se vive mejor y se gana más dinero.

Ese ejemplo no es perdonado por los yanquis y de ahí sus campañas subversivas que la Organización Mundial de la Salud se encarga de desbaratar, al reconocer la labor encomiable de los profesionales de la salud de Cuba.

En el mismo escenario Estados Unidos pretende lavarles el cerebro a los jóvenes cubanos, algo hacen desde hace décadas sin obtener resultados, y por eso ofertan programas de becas para fabricar “líderes” comunitarios que puedan trasladar ideas subversivas.

La entonces Sección de Intereses de Washington en La Habana, divulgó en 2009 el primer programa de becas para jóvenes cubanos, entre 16 y 20 años de edad.

Aquel programa tenía dos variantes, una por tres meses y otra por seis meses. El requisito de ambas era que debían ser estudiantes de nivel medio y universitario y una vez concluido sus estudios en Estados Unidos, debían regresar a Cuba para trabajar en los barrios.

El fracaso fue total. No obstante, en abril del 2015 lanzaron otra utilizando como pantalla a la organización World Learning Inc., con sede en Washington, denominado “Programa de Liderazgo de Verano,” durante cuatro semanas, para jóvenes cubanos de 16 a 18 años.

Cuba lo denunció públicamente y quienes asistieron, no hicieron nada de lo indicado por los yanquis. Los gastos fueron altos y no obtuvieron el menor resultado.

Como perro hueveros, a inicios del año 2017 volvieron por la misma senda del fracaso, promoviendo una convocatoria para diez becas ofrecidas por la organización Líderes Sociales, y sin ambages decían que el objetivo perseguido era “promover el desarrollo profesional juvenil y fortalecer la sociedad civil cubana”, sueño que nunca se convierte en realidad y vuelven a perder el dinero.

Ahora en el 2020 insisten en construir “líderes” jóvenes, pero esta vez convocan a un curso Online, solo para residentes en Cuba, bajo el título de “Aulas Abiertas”, ofrecido por el Instituto Político para la Libertad, con sede en Perú, financiado con dinero de la NED y la USAID, que funcionan como pantalla de la CIA.

El referido curso, ofertado en medio de la pandemia que sufre Perú y los propios Estados Unidos, pretende impartir clases de “democracia, comunicación, derechos humanos y creación de contenidos digitales”, con herramientas teóricas y prácticas.

Entre las materiales a impartir estan la redacción de textos en plataformas digitales, el uso de normas ortográficas, reglas estandarizadas para una expresión clara y concisa, pensamiento crítico y reflexivo, así como el conocimiento para dirigir un portal digital de opinión.

Dicho curso comenzará el 19 de mayo y culmina el 27 de junio 2020 y como carnada ofrecen la recarga gratuita para acceder a Internet.

Los requisitos son: ser ciudadano cubano residente en la Isla, tener entre 20 y 35 años, y presentar un potencial de “liderazgo”, compromiso comprobado y experiencia de trabajo dentro de una organización civil o en iniciativas que buscan el desarrollo de su comunidad.

Aulas Abiertas, del Instituto Político para la Libertad, Perú, había presentado una convocatoria Online, para un curso sobre “Democracia, derechos humanos y juventudes”, del lunes 18 de mayo hasta al 30 de junio 2020, también con la intensión de formar a los activistas juveniles cubanos, en temas de “democracia” y potenciar sus habilidades para documentar, analizar, producir y divulgar información independiente, sobre la situación y los derechos de los jóvenes en su país.

¿Por qué no ofertan cursos para jóvenes de Chile, Colombia, Guatemala, Honduras y Brasil, donde los gobiernos reprimen sus reclamos?

La desesperación de los yanquis es encontrar líderes juveniles para sus acciones subversivas contra la Revolución cubana, pero la contrarrevolución fabricada y financiada por ellos, solo busca obtener dinero fácil.

Millones de dólares derrochan los Estados Unidos para materializar sus sueños, sin reconocer que esa contrarrevolución carece de objetivos ideológicos y solo existe por los dólares y la posibilidad de emigrar, como hicieron la mayoría de los “disidentes” construidos en los años 80 del siglo XX, durante la presidencia de Ronald Reagan, cuando presentó el llamado Proyecto Democracia, y nació la National Endowment for Democracy, NED.

Importante recordar lo afirmado en 1991 por Allen Weinstein, primer presidente e historiador de la NED:

Mucho de lo que hoy hacemos, lo hacía la CIA hace 25 años, de manera encubierta”.

Ahí están los casos de Ricardo Bofill, Gustavo Arcos Bergnes, Yndamiro Restano, Elizardo Sánchez, Oswaldo Payá, María Elena Cruz Varela, Jesús Yanes Pelletier, Félix Bonne Carcasés, Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca, Oscar Elías Biscet, René Gómez Manzano, Laura Pollán, Berta Soler y otros mercenarios.

El fiasco de la inventada bloguera Yoani Sánchez y el casi millón de dólares recibidos como premios internacionales, no sirvieron para atraer a los jóvenes cubanos. Idéntico destino siguieron Eliecer Ávila y Antonio Enrique González–Rodiles.

A pesar de eso, anualmente asignan millones de dólares que pagan los contribuyentes estadounidenses, para que esos “disidentes” reciban altos salarios, sin obtener triunfos.

Los yanquis intentan rejuvenecer su añeja nómina de “opositores” cubanos y para eso destinan cuantiosos recursos monetarios, pagan viajes al exterior, programas en la TV y sitios en Internet, para sostener a supuestos grupos de la “sociedad civil independiente de la Isla”, quienes cobran sin trabajar ni mostrar éxitos.

La táctica actual para atraer a los jóvenes cubanos es el manipulado principio del “Estado de Derecho, la gestión de organizaciones y la participación ciudadana y juvenil”, como si los cubanos no conocieran sus leyes, analizaran y debatieron, a todos los niveles, el proyecto de la nueva Constitución y votaran secretamente por ella en referendo popular.

Podrán malgastar millones de dólares en proyectos desconocidos por los ciudadanos norteamericanos, ni auditados por el Congreso e instituciones oficiales, que todos terminarán en fracasos, porque como afirmó José Martí:

“Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.

 

Cuba tiene esclavos que curan enfermedades y salvan vidas.


Por Arthur González.

Todo hace indicar que Cuba tiene poderes nunca vistos, pues ahora tiene esclavos por el mundo que previenen enfermedades, las curan y salvan vidas con su solidaridad humana.

Esos nuevos “esclavos”, clasificados así por altos funcionarios de la administración yanqui, son los cientos de miles de médicos, enfermeros y personal técnico de la salud cubanos, que trabajan en lugares donde galenos de otros países “democráticos”, no aceptan ir ni de visita, porque para esos la medicina es solo un negocio donde ganan mucho dinero, algo bien distinto a Cuba, donde es un sacerdocio para salvar vidas, especialmente a personas de escasos recursos económicos.

Por ese motivo, Estados Unidos que, a pesar de ser la primera economía mundial posee millones de ciudadanos sin acceso a la salud por carecer de dinero para adquirir un seguro médico, ha desatado una cacería de brujas contra las misiones médicas internacionales de Cuba, porque sabe que es la entrada fundamental de divisas para el país, con las que se sostiene el sistema de Salud totalmente gratuito para todo el pueblo.

El sistema de Salud cubano es un ejemplo para el mundo y principalmente para los países subdesarrollados, con un médico y una enfermera en consultorios construidos en cada barrio, citadino o rural. Hoy todos los niños de la Isla nacen en un hospital y las embarazadas con bajo peso o anemia, son ingresadas en casa especiales para ellas, donde se les da seguimiento hasta el parto. De ahí la baja tasa de mortalidad infantil al nivel de países desarrollados.

La cruzada anticubana fabricada por algunos de los miembros de la mafia terrorista anticubana radicada en Estados Unidos, intenta hacerle creer a muchos que Cuba explota a sus médicos colaboradores y no les paga el salario por el cual el estado firma contratos con los países donde trabajan.

Sin embargo, los yanquis ocultan que parte de ese dinero se destina a la compra de equipos de alta tecnología y medicamentos que ellos impiden su adquisición, al sancionar a las empresas fabricantes y a los bancos que tiene que ejecutar las transacciones bancarias de esas ventas, imponiéndoles multas de miles de millones de dólares para imposibilitar su adquisición, hecho que, sí es un delito de lesa humanidad, por atentar contra la vida de todo un país.

La mentira fabricada por Estados Unidos solo persigue impedir la entrada de divisas a Cuba, algo expuesto por el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, con total desfachatez, al afirmar:

“Mi Departamento está negando el acceso de Cuba a las divisas”.

Para no dejar dudas de la cacería anticubana, el secretario de Estado Mike Pompeo explicó:

Cuba es una prioridad de política exterior para la administración Trump”

“Todas estas acciones están diseñadas para evitar que los dólares llenen los bolsillos de los militares cubanos”

“El Departamento de Estado sancionó a los jefes de las misiones médicas del gobierno cubano en el extranjero. La nueva ronda de sanciones está dirigida específicamente a cortar el dinero que llega al gobierno, porque el programa de exportación de servicios médicos reportó al gobierno cubano más de $6,000 millones en 2018”.

A los yanquis no les importa que cientos de miles de latinoamericanos y africanos se queden sin la atención médica que brindan los colaboradores cubanos, pues esos pobres sin recursos financieros no pueden pagar las costosas operaciones y tratamientos que de forma gratuita ejecuta el personal cubano.

¿Son realmente humanos quienes cortan la asistencia cubana?

Claramente que no, a ellos solo le interesa estrangular la economía de la Isla para que renuncie al sistema socialista y caiga en brazos de los yanquis, como siempre soñaron con la teoría de la Fruta Madura, enarbolada en abril de 1823 por John Quincy Adams, cuando ocupaba el mismo cargo que Mike Pompeo.

Dos años después fue electo presidente de los Estados Unidos y persistió en su empeño, análogo al expuesto en 1820 por su antecesor Thomas Jefferson, a John C. Calhoun, en ese entonces su secretario de la guerra: “Debemos, a la primera oportunidad, apoderarnos de Cuba”.

Las presiones sobre los gobiernos que tienen firmado contratos con el ministerio de Salud cubano son brutales, y los efectos se comprueban en las declaraciones que rápidamente hizo el brasileño Jair Bolsonaro, seguidas por el traidor Lenin Moreno en Ecuador y los militares golpistas en Bolivia.

El pasado 12 de enero 2020, el propio Pompeo escribió en su cuenta de Twitter:

“Instamos a los países anfitriones de las llamadas misiones médicas cubanas, a que pongan fin a los acuerdos contractuales con el régimen de Castro, que facilitan los abusos contra los derechos humanos de los profesionales de la Isla que participan en tales programas”.

Para justificar su criminal accionar compran a quienes se prestan para acusar a Cuba, con tal de ganarse unos miles de dólares, como es el caso de las relatoras especiales de la Organización de Naciones Unidas, sobre las formas contemporáneas de la esclavitud, incluidas sus causas y consecuencias, Urmila Bhoola y María Grazia Giammarinaro, respecto a la trata de personas, especialmente mujeres y niños.

Ambas se prestaron para dirigirle una carta al gobierno cubano, donde lo acusan de “someter a los médicos a condiciones de trabajo forzoso”, dándole un plazo de 60 días para responder a sus preocupaciones, como si Cuba fuera una colonia más de los yanquis.

La alharaca también la armaron con la organización Cuban Prisoners Defenders, financiada con dinero del gobierno estadounidense a través de la USAID y la NED, bajo el mismo guion confeccionado por especialistas en guerra psicológica.

Con total desfachatez las mencionadas relatoras de la ONU, declaran que “el derecho a la privacidad estaría limitado por el control y seguimiento efectuado a los médicos cubanos, incluyendo la comunicación y las relaciones sostenidas con personas nacionales y extranjeras durante las misiones de internacionalización”, olvidándose que son los Estados Unidos quienes espían y controlan las comunicaciones mundiales, incluidas las de presidentes y ministros, mediante las comunicaciones telefónicas, correos electrónicos y el uso de cuentas de Facebook y Twitter, hecho denunciado públicamente desde hace años.

Ya no se sabe que historieta de terror van a diseñar contra Cuba, a pesar de que en 60 años de mentiras no logran dañar la labor de la Revolución, que tiene una larga historia de conducta humanitaria y apoyo a los desposeídos y pobres de la tierra.

El Senador Marco Rubio y Mike Pompeo, pasarán a la historia como rufianes fracasados en su intento por derrocar a la Revolución cubana, esa fruta que no cayó, porque como afirmó José Martí:

“La libertad cuesta muy cara y es necesario a resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.”

¿Podrá Donald Trump entrar en el reino de Dios?


Por Arthur González.

Cuando el actual presidente de Estados Unidos abandone este mundo, no será aceptado en el reino del Señor por ser un pecador consuetudinario que incumple con los 10 mandamientos, y comete a diario los 7 pecados capitales. Por tanto, irá al infierno directo y sin escalas.

Su accionar contra el pueblo de Cuba, con la malsana pretensión de matarlo por hambre y enfermedades, a partir de incrementar la guerra económica, comercial y financiera iniciada por J.F. Kennedy, y sostenida por todos sus antecesores, es una prueba de sus pecados, unido a sus actos impuros, mentir de formar permanente para lograr sus objetivos hegemónicos, robar, tener deseos viciados y codiciar los bienes de otros países.

Por eso, el día del juicio final pagará por sus crímenes, porque como en cualquier restaurante, nadie se va sin pagar.

La conducta de Trump es totalmente pecadora, en él se unen la lujuria, la avaricia, la gula, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia, algo puesto de manifiesto en las sanciones que desde 2017 impone al pueblo de Cuba, solo por no someterse a sus órdenes y mantener a todo costo, su independencia y soberanía.

De forma reiterada expresa que Estados Unidos se ha propuesto cortar toda entrada de divisas y de petróleo a la Isla para ahogar a los cubanos, so pretexto de ser “contra el gobierno”, pero realmente son los niños, las mujeres, ancianos y hombres quienes padecen los resultados de su criminal guerra económica.

Para satanizar a la Revolución, que en 61 años no han podido doblegar, vuelven a mentir con el invento de las “detenciones arbitrarias”, situación que no pueden comprobar ni siquiera con videos caseros, ni declaraciones de las iglesias, de los representantes de agencias de prensa extranjera, ni tampoco de los diplomáticos acreditados en La Habana.

En días recientes uno de los engendros fabricados y financiados por Washington para sus campañas anticubanas, el llamado “Observatorio Cubano de Derechos Humanos”, con sede oficial en Madrid, España, y un financiamiento anual de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), de más de 125 mil dólares, sumado a otras cifras que reciben de la USAID, divulgó la falsa noticia de que en el 2019 hubo “3 mil 157 detenciones en Cuba”, algo que causa risa porque nadie las vio ni comprobó fílmicamente, a diferencia de lo que ocurre en Ecuador, Bolivia, Chile, Colombia e incluso en Estados Unidos, que a pesar de los videos mostrando las brutales golpizas, las detenciones y la persecución implacable contra el pueblo, no condenan a esos gobiernos por ser lacayos de los yanquis.

Para que nadie se deje engañar de quien está detrás de las campañas del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, para infestar a la opinión pública mundial, basta recordar que la NED inició sus funciones a principios de 1984, como una Organización “No Gubernamental”, cuya misión es “asistir al desarrollo de las instituciones, procedimientos y valores democráticos en otros países, a través del apoyo financiero de proyectos dirigidos a expandir la libertad económica y política en estos.”

Falso argumento desmentido por Allen Weinstein, historiador y su primer presidente, quien declaró públicamente en 1991: “Mucho de lo que hoy hacemos, ya lo hacía la CIA hace 25 años de manera encubierta”.

A Cuba pretenden demonizarla con campañas de prensa pagadas por Estados Unidos, mientras a los gobiernos que sí detienen y asesinan a líderes sociales para que no puedan ser una fuerza opositora real, como suceden en Colombia donde tropas paramilitares, solo en los 10 días primeros del 2020, asesinaron a 13 líderes sociales y defensores de derechos humanos, unidos al caso de un excombatiente de las FARC-EP.

El tema más relevante de violaciones de los derechos humanos y que no es sancionado ni criticado por Estados Unidos, ni por las organizaciones que atacan a Cuba, es el de Chile, donde se reportan mil 800 detenidos desde que se iniciaron las protestas populares, divulgadas por las redes sociales y televisoras no gubernamentales chilenas, en las que el mundo pudo comprobarlas; no como en el caso cubano que afirman detenciones inventadas para desprestigiar al sistema socialista.

Además de esas detenciones, se reportan denuncias de apresamientos irregulares por los carabineros, confirmándose el secuestro de un joven, obligado a subir a un vehículo sin placas, método ejecutado durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Para esas acciones no hay cruzadas mediáticas, ni Observatorio de los Derechos Humanos financiados por Estados Unidos.

Los yanquis que se auto proclaman “campeones de los derechos humanos”, silencian las violaciones en sus cárceles, como fue recientemente denunciado por más de 30 hombres y mujeres quienes presentaron este mes de enero 2020, una demanda colectiva ante el Tribunal Superior del Condado de Merrimack, Nuevo Hampshire, por abusos físicos, sexuales y emocionales en un centro de detención de menores en ese estado norteamericano, durante las últimas tres décadas.

Sobre tal demanda la prensa yanqui hace silencio total, para que no se conozca que dos ex asesores violaban de forma reiterada a un adolescente en el Centro de Desarrollo Juvenil en Manchester, a finales de la década de 1990, donde otras 35 personas afirman haber sufrido abusos entre 1982 y 2014, cuando tenían entre 11 y 17 años, siendo los funcionarios agresores hombres y también mujeres.

Contra Cuba si hay cruzadas mediáticas permanentes desde 1959 cuando triunfó una Revolución, que no estaba dispuesta a seguir de rodillas ante el gobierno yanqui.

¿Por qué no se acusa al presidente de Chile por sus violaciones de los derechos humanos y la actuación criminal de los carabineros disparándole al pueblo, por lo que cientos los chilenos han perdido un ojo por las balas de goma disparadas con esa intención?

¿Sucede algo parecido en Cuba para que le fabriquen esas falsas detenciones?

Todos los contrarrevolucionarios pagados con parte de los 20 millones de dólares anuales que destina la Casa Blanca para el accionar subversivo contra la Revolución cubana, gozan de excelente salud y reciben la misma atención médica gratuita que la población que apoya el sistema socialista.

Estados Unidos y sus aliados podrán acusar lo que quieran, pero la realidad se impone, pues los cabecillas contrarrevolucionarios cubanos que reciben un salario mensual procedente de los Estados Unidos, viven tranquilamente, viajan al exterior para recibir preparación impartida por especialistas en temas subversivos, sin que ninguno sea detenido o sancionado por ser agentes de una potencia extranjera.

Si alguno de ellos, como el caso de José Daniel Ferrer, comete un delito común, entonces es juzgado y sancionado, tal y como establece el código penal vigente, sin importar los reclamos de quienes le pagan y dirigen desde los Estados Unidos.

Los cubanos tienen limpia la conciencia porque actúan con transparencia y humanidad. Allá Trump con su condena que tendrá que rendir cuentas por tantos muertos, heridos y hambrientos en sus guerras fratricidas contra pueblos inocentes, unido al robo de los recursos naturales de los países invadidos y las mentiras que dice cotidianamente, porque como aseguró José Martí:

“La culpa no es excusada ni por el mismo que de ella se aprovecha”

 

 

 

 

 

 

 Presos a los que nadie escucha.


Por Arthur González.

El odio de los Estados Unidos contra la Revolución cubana es tal, que fabrican mentiras con el fin de hacerle creer al mundo que la Isla es un infierno peor que el descrito por Dantes, por eso rompieron relaciones diplomáticas el 3 de enero de 1961, prohíben los viajes a Cuba de sus ciudadanos, presionaron a los integrantes de la OEA a romper relaciones con Cuba, y crearon estaciones de radio y TV para transmitir noticias falsas.

A pesar de los millones de dólares empleados en esas cruzadas, sumada la construcción de una “oposición” que nunca alcanza el apoyo popular; los planes de actos terroristas para hundir la economía; los intentos de asesinato a sus líderes principales; la guerra económica, comercial, financiera y biológica; unidas a la guerra subversiva que ejecutan con el empleo de organizaciones como la NED,USAID y otras pantallas de la CIA, la Revolución se mantiene firme desde hace 60 años, apoyada por la mayoría de los cubanos y por millones de personas en América Latina, Europa, África, Asia y Oceanía, como prueba de que tantas personas no pueden estar equivocadas.

La construcción de calumnias está presente en cada acción de los yanquis, ordenándole a sus lacayos darle seguimiento a las acusaciones que emanan de la CIA y el Departamento de Estado, como sucedió con la cercana detención de su más amado servidor, José Daniel Ferrer, delincuente con amplia hoja de violaciones de las leyes cubanas y no precisamente políticas.

En medio de una brutal represión en Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia, los yanquis desataron una defensa mediática a ultranza por la detención de su asalariado cubano, entre las que se destacan las de Dita Charanzová, Vicepresidenta del Parlamento Europeo encargada de América Latina; el Gobierno de Suecia; Erik Jennische, director del Programa para América Latina del grupo Defensores de los Derechos Civiles; el eurodiputado Hermann Tertsch, representante del partido español VOX y el director de toda esa campaña, Mike Pompeo, Secretario de Estado.

Sin embargo, ninguno de los defensores del delincuente cubano dice una sola palabra respecto a las violaciones de los derechos humanos que padecen a diario los presos que cumplen sus condenas en la cárcel de Rikers Island, calificada como la prisión de los horrores de New York.

Ese centro de reclusión inaugurado en 1932, como centro de detención temporal, para quienes esperaban juicio o para cumplir cortas condenas. Con capacidad para 14 mil presos, ha llegado a tener más de 20 mil reclusos, el 90% de raza negra o de origen latino, donde las palizas propinadas por los guardias, las peleas entre reclusos y abusos, son cotidianos sin que nadie denuncie las violaciones a los Derechos Humanos que allí acontecen.

Frecuentemente ocurren peleas entre bandas organizadas, pero los guardias no actuaban hasta que los presos están a punto de matarse o quedan mal heridos, algo común en el sistema penal en Estados Unidos, reflejado en múltiples filmes, sin que nadie reclame y acuse al gobierno yanqui por tantos abusos y la masividad de presos en esos almacenes de seres humanos.

Rikers Island está considerara como una de las cárceles más peligrosas del mundo, pero nadie se interesa en saber lo que sucede tras los muros de ese centro aislado, que brutaliza al ser humano.

¿Dónde están los defensores de los Derechos Humanos que no proponen resoluciones para condenar a Estados Unidos, por esos miles de presos sin un trato justo que los reeduque para su posterior inserción en la vida pública?

¿Por qué no califican a Estados Unidos como una dictadura que condena sin pruebas a personas inocentes?

La Vice Presidenta del Parlamento Europeo debería investigar lo que realmente sucede en ese y cientos de prisiones yanquis, si es que realmente es una defensora de los Derechos Humanos y no una cumplidora más de las órdenes de los yanquis, como todo hace indicar.

¿No le preocupan al Reino de Suecia y a su Cancileer, las violaciones que comete Estados Unidos con sus detenidos, las palizas brutales que los guardias le propinan a los reclusos, ni las semanas en que mantienen a los presos en celdas de castigo, sin tomar sol o bañarse?

Lo que sucede en la cárcel de Rikers Island, no es propaganda comunista, lo reconoció el diario The New York Times, en   julio del 2014, al publicar el resultado de una investigación que detallaba 129 casos de presos, muchos de ellos con trastornos mentales, que sufrieron lesiones graves durante discusiones con los guardias, en 11 meses del año 2013. Muchos de los heridos requirieron atención médica fuera del recinto, por carecer la prisión del material necesario para tratarlos.

Esa situación fue avalada posteriormente por Preet Bharara, fiscal del distrito sur de Nueva York, en un informe que afirma: “la verificación de la cultura de la violencia profundamente instalada entre los funcionarios de Rikers Island, radica en el trato que dan a los internos más jóvenes”.

Ninguno de los funcionarios implicados en esos hechos fue investigado, procesado o sancionado, ni existen declaraciones del Departamento de Estado o las organizaciones de Derechos Humanos, esas que ahora acusan a Cuba por la detención del asalariado José Daniel Ferrer y se preocupan por sus familiares, como hace la actual Encargada de Negocios de Estados Unidos en La Habana, o la misma Vicepresidenta del Parlamento Europeo, quien envió un mensaje a las familias de Ferrer, Roilán Zárraga, Fernando González Vaillant y José Chaveco, ratificándole todo el respaldo y la solidaridad del Parlamento Europeo.

Moral en paños menores la que muestran quienes cumplen instrucciones de Washington, mientras desoyen a las verdaderas víctimas de un sistema que destruye a sus detenidos, sin importarles su vida y reeducación.

Lo que les duele es que Cuba no se doblega ante las injurias de los yanquis y sus lacayos, porque como bien expuso José Martí:

“La dignidad propia se levanta contra la falta de dignidad ajena”.

 

 

 

 

Estados Unidos del Soft Power al Sharp Power.


Por Arthur González.

La actual política que desarrolla Estados Unidos hacia Cuba, pasó bruscamente del Soft Power -Poder Suave o Inteligente-, aplicado por el presidente Barack Obama, al Sharp Power –Poder Agudo o Penetrante-, que lleva a cabo el actual presidente Donald Trump.

Esas clasificaciones de poder descritas por ideólogos yanquis, entre los que se encuentran algunos vinculados a la National Endowment Foundation, NED, está la definida por Joseph Nye, quien expuso claramente:

“El Poder Inteligente es la capacidad de combinar el Poder Duro y el Blando, para alcanzar una estrategia exitosa”, concepto que se hizo popular entre los miembros de la Administración Clinton y la de Obama.

El Poder Blando o Inteligente está definido como: “la capacidad de dominar por el ejemplo, la atracción cultural y la difusión de los valores propios”, y aunque este concepto surgió según los yanquis, en China y Rusia, en realidad es la propia estrategia hegemonista empleada por los Estados Unidos, en sus relaciones internacionales de dominación mundial.

Recordemos las declaraciones de Obama al anunciar las relaciones con Cuba, donde explicó en detalles sus propósitos con una inteligencia muy sutil:

“Continuaremos abordando los temas relacionados con la democracia y los derechos humanos en Cuba […] podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso”.“Los Estados Unidos consideran que ningún cubano debe ser víctima de acoso, arresto o golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que su voz se escuche. Continuaremos apoyando a la sociedad civil allí”. “Con nuestra embajada podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la Isla…incluida la sociedad civil, y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor…Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses, y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

Ideólogos de esa línea de acción, como Joseph Nye, consideran que: “La seducción siempre es más efectiva que la coerción, y muchos valores como la democracia, los derechos humanos y las oportunidades individuales son profundamente seductores. El poder blando es simplemente una forma de poder, una forma de obtener los resultados deseados”.

Pero la política “blanda” de Obama, estuvo combinada con el Poder Duro, pues no permitió el uso del dólar, mantuvo la Radio y Tv Martí, financió aún más a la contrarrevolución y todo el sistema de subversión política, persiguió encarnizadamente a la banca internacional por sus relaciones financieras con Cuba, no levantó la prohibición del turismo estadounidense, prorrogó cada año la Ley de Comercio con el Enemigo, mantuvo la prohibición de otorgar créditos a las compras cubanas de alimentos y se negó a discutir el tema de la Base Naval en Guantánamo, entre otras medidas que estaban a su alcance.

Con la llegada de Donald Trump, el Soft Power fue cambiado por el Sharp Power, asesorado por halcones que no aceptaban el abrazo dado por Obama, aunque fuese para clavar el puñal por la espalda. Trump desea destruir a la Revolución por la vía rápida y sueña que, junto a Venezuela y Nicaragua, erradicar de raíz el socialismo que tanto odia.

Ese Sharp Power (Poder Duro, Poder Punzante o Afilado), emplea los medios militares y económicos como fórmula para influir en la actuación y en los intereses de otros Estados. Su receta de dominio político es agresiva y basada en la coerción, al considerar que tiene efectos inmediatos, especialmente contra países de menor capacidad económica y militar, o cuando parte de su comercio depende de los Estados Unidos.

Precisamente el gobierno de Trump se sustenta en esos principios y observamos como emplea las promesas de ayudas económicas como chantaje, a la par que usa la diplomacia coercitiva, la amenaza de intervención militar y/o la implementación de sanciones económicas, como armas políticas para que los demás cumplan sus órdenes y deseos.

A lo anterior se suman las herramientas cibernéticas y campañas mediáticas, con el fin manipular e influir en la opinión pública, basado en el espionaje que hacen las grandes corporaciones como Google, Facebook y otras que entregan los datos de sus usuarios, preferencias y amistades, permitiéndole posteriormente ejercer influencias políticas y emitir noticias falsas para confundir.

Todas las acciones ejecutadas por Trump están enmarcadas en el Sharp Power, principalmente contra aquellos países que no aceptan arrodillarse ante sus exigencias, pero hasta la fecha no ha obtenido los resultados ambicionados.Cuba, Venezuela y Nicaragua resisten sus embates con el apoyo mayoritario de sus pueblos.

El rechazo mundial a la Guerra Económica, Comercial y Financiera, impuesta a Cuba desde hace 60 años y recrudecida hasta la saciedad, es total, a lo que suman las maniobras coercitivas para derrocar a Nicolás Maduro y a Daniel Ortega.

Corea del Norte no cede ante las presiones yanquis y responde a sus amenazas sin descartar el diálogo. Irán desafía las intimidaciones de Trump y demuestra confianza en su poderío militar y económico, sin aceptar chantajes.  China y Rusia actúan con firmeza e inteligencia ante las sanciones comerciales, tomando contramedidas importantes.

La guerra en Afganistán continua, no pueden doblegar a su pueblo y los gastos que ocasiona mantener a cientos de miles de soldados norteamericanos, crecen y afectan la economía estadounidense, lo mismo sucede en Irak, donde la inestabilidad establecida por una guerra injustificada no se logra detener.

Al final Trump no obtiene los resultados ambicionados, pero pone al mundo en peligro de una nueva guerra de dimensiones incalculables y los ideólogos de esas políticas fascistas se enriquecen, mientras los pueblos rechazan cada día más a los Estados Unidos, quienes no han ganado ninguna guerra.Cuba junto a Venezuela y Nicaragua, continúan sin miedo trabajando por mejorar a sus pueblos, porque como afirmó José Martí:

“Es de vencidos la ira, y de la fuerza verdadera, el reposo y la serenidad”.