Estados Unidos y su falsa democracia


Por Arthur González

Para los que aún creen en la democracia made in USA, la posición actual de la Casa Blanca, contraria a las próximas elecciones en Venezuela para aprobar la Asamblea Constituyente, es prueba de su hipocresía.

Mientras a Cuba le fabrican campañas mediáticas para presionarla a que cambie su sistema electoral por considerarlo no acorde a sus parámetros, y trazan planes para llevar a cabo acciones como las asignadas a la “refugiada política” Rosa María Payá Acevedo, con el proyecto Cuba Decide,  la construida Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD)  y su hermana la plataforma “Otro 18”, con el propósito de ejecutar una hipotética consulta pública sobre las elecciones cubanas del próximo año 2018, para Venezuela tienen un discurso en la dirección contraria.

Donald Trump se opone a las próximas elecciones venezolanas y pidió ayuda a sus aliados en Latinoamérica y Europa para evitar ese proceso electoral, en el cual el pueblo votará libre y democráticamente. Todo ese alboroto porque evidentemente tienen la certeza de que la Constituyente será aprobada por mayoría popular y de ahí su temor.

En la última década Estados Unidos ha gastado cientos de miles de millones de dólares para mantener una oposición a la Revolución Bolivariana, fomentar una guerra económica total, unida a la guerra mediática para intentar quitarles el poder a los seguidores de Hugo Chávez, sin obtener resultados.

Ahora ante las próximas elecciones del 31 de julio 2017 y previendo un nuevo fracaso de la oposición financiada por ellos, presionan a varios países de la región y amenazan con reforzar las sanciones contra el gobierno presidido por Nicolás Maduro, elegido democráticamente por el voto del pueblo, llegando a intimidarlo con la decisión de no comprarle más petróleo a Venezuela.

¿Quién puede entender que Estados Unidos se oponga a un proceso electoral democrático como el que siempre reclaman? ¿Por qué tanto miedo a una votación abierta y transparente?

La respuesta es simple, saben que no cuentan con el apoyo mayoritario del pueblo venezolano y una victoria de Maduro sería la prueba de sus mentiras y tergiversaciones de la realidad de ese país, además de que el triunfo del pueblo será el entierro de los que hoy desde el Congreso ponen obstáculos a toda medida que favorezca al pueblo.

Estados Unidos quiere impedir por todos los medios, que la Asamblea Constituyente trabaje en la confección de una nueva Constitución, la cual dejaría aprobado en la Ley fundamental de la República, todos los programas sociales que ejecuta la Revolución Bolivariana en favor de los desposeídos.

Los opositores venezolanos, muchos de ellos radicados en Miami, ven que su futuro se parece cada día más al de los cubanos que abandonaron la isla en 1959, con la ilusión de en 6 meses regresarían cuando la Revolución encabezada por Fidel Castro fuese derrocada. Han transcurrido 58 años y no han alcanzado su viejo sueño.

Estados Unidos persiste en su desgastado esquema político de que tiene que existir un gobierno que sea aceptado por ellos, para poder mantener una relación armoniosa con su país.

En sus reclamos de democracia y pluripartidismo no está concebido que existan países con sistemas diferentes al de ellos, y por tanto, mientras exigen libertad de expresión y pensamiento, y acusan falsamente a Cuba de “acosar, arrestar o dar golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que la voz de los opositores se escuche”, como aseguró el presidente Barack Obama el 17.12.2014 al anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con La Habana, a Venezuela la sancionan por convocar elecciones libres.

Esa posición de los yanquis demuestra que ni son demócratas ni aceptan la libertad de pensamiento y de palabras, cuando estos no coinciden con sus preceptos.

Venezuela expone a diario su disposición de mantener su proceso Revolucionario Bolivariano bajo los principios de Chávez y su pueblo firme y decidido está dispuesto a resistir el reforzamiento de la guerra económica, igual que lo hacen los cubanos desde hace más de medio siglo, porque los principios no se venden ni se negocian.

El pueblo de Bolívar saldrá victorioso de esta contienda, porque en la defensa de sus ideas les va la libertad, siguiendo el principio de José Martí de que:

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”

 

Donald Trump y su continuo apoyo al socialismo cubano


Por Arthur González

No es necesario ser un avezado especialista en temas políticos para darse cuenta de que cada medida que toma el actual presidente de Estados Unidos, fortalece el sistema socialista en Cuba, al dejarle al descubierto a un pueblo culto y con elevada preparación académica, los verdaderos sentimientos humanos del gobierno de su vecino del Norte, revuelto y brutal como lo denominó José Martí, apóstol de la independencia de Cuba.

Si Trump piensa que con cada nueva decisión contra la Revolución podrá reblandecer la ideología de su aguerrido pueblo, va por el camino equivocado pues, contrario a sus deseos, fortalecen la unidad de todos los cubanos para seguir resistiendo la criminal guerra económica impuesta por el presidente J.F. Kennedy en 1962, cuando aprobó el Programa Cuba, conocido por el nombre código de Plan Magosta, donde se puede leer que el fin perseguido por dicha guerra, es “…evitar la satisfacción de las necesidades económicas del país, unido a una guerra psicológica que hará surgir el resentimiento contra el régimen…”

Con la desclasificación y publicación de decenas de planes tenebrosos contra Cuba, es imposible disfrazarse de oveja, las patas del lobo se ven fácilmente, brindándole al mundo la posibilidad de conocer hasta donde son capaces de llegar los yanquis para lograr sus propósitos, a pesar de auto declararse “paladines de los derechos humanos”.

Brindándole gratuitamente más y mejores argumentos a Cuba para seguir acusando a Estados Unidos por su criminal bloqueo económico, comercial y financiero, el Departamento del Tesoro acaba de imponerle otra multa a la subsidiaria en Canadá de la compañía de seguros American International Group, ascendente a 148 mil 698 dólares.

El supuesto y grave delito cometido por la susodicha empresa canadiense, fue proveer de cobertura de seguro a ciertas exportaciones e importaciones de mercancías hacia o desde Cuba. Esta situación recurrente en la persecución del comercio cubano, demuestra lo irracional que resulta la guerra económica, porque el libre comercio entre los países del mundo es lo que ellos mismos proclaman como derecho de los pueblos, demostrando como de forma consuetudinaria pisotean el derecho de los cubanos.

Quienes se hacen llamar “campeones” de los derechos humanos le han impuesto, durante el presente año 2017, cuatro multas de cientos de miles de dólares a compañías estadounidenses, sucursales de estas o de extranjeras, y de tales penalidades dos fueron en el propio mes de junio.

Esas medidas le regalan a Cuba más argumentos para su denuncia anual ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde 191 países rechazan ese cruel Bloqueo, el cual está basado en las sugerencias realizadas el 06.04.1961 por el entonces Sub Secretario de Estado para el hemisferio occidental, Lester Mallory, en las que expresó:

“…el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Medio siglo no ha sido suficiente para que 10 tercos y obstinados Presidentes de Estados Unidos, se percaten que esa política criminal no les permitió alcanzar sus objetivos de enajenar el apoyo del pueblo a su Revolución y, por el contrario, son cada día más cubanos los que nacen bajo la guerra económica yanqui, pero con un gen transmitido por sus ancestros, el que multiplica su rechazo y el repudio a ese imperialismo despiadado, porque como dijera José Martí:

“En los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia, y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria”.

Donald Trump, un mago de nuevo tipo


Por Arthur González

En su reciente comparecencia en Miami, Donald Trump demostró que es un mago de nuevo tipo, al engañar a los presentes con acciones similares a las de un prestidigitador, que satisfizo las demandas de la mafia anticubana terrorista con palabras que les gustan escuchar, sin que realmente hiciera nada adicional contra Cuba.

Decirle al auditorio que recrudecería la guerra económica, al no permitir transacciones con empresas cubanas vinculadas a la Fuerzas Armadas, y repondría las restricciones a los viajes educaciones Pueblo a Pueblo establecidas durante la administración del presidente G.W. Bush, fue suficiente para que los ancianos refugiados en Miami y sus hijos, se creyeran el cuento de que ahora si se acerca el fin de la Revolución socialista.

Causa pena que después tantos fracasos, el Presidente Trump se deje encadenar nuevamente por un puñado de mafiosos, que solo han logrado enriquecerse acosta de los cientos de miles de millones de dólares malgastados por las 10 administraciones que lo antecedieron.

La guerra económica establecida contra Cuba no tiene más posibilidades de ser reforzada, todo está previsto y una prueba fehaciente es la multa impuesta hace solo unos días, a la  American Honda Finance  Corporation (AHFC), por un valor de 87 mil 255 dólares, porque una subsidiaria en Ottawa, Canadá,  aprobó y financió  acuerdos de arrendamiento de autos entre la Embajada de Cuba en ese país, entre febrero de 2011 y marzo de 2014.

Engañados como tontos, los mafiosos Miami y sus descendientes, no se percataron de la forma en que Trump les escamoteó la verdad, con palabras irrespetuosas que aparentaban ser más de lo que en realidad serán sus nuevas acciones.

La Directiva Presidencial de Barack Obama, PPD-43, no hizo la menor concesión a Cuba, pues mantuvo intacta la guerra económica, las acciones subversivas, las campañas acusatorias contra la Revolución como “violadora” de los derechos humanos, y falsa la “represión” hacia los que piensan o se expresan contra el Gobierno.

Igualmente, continuó asignando cientos de millones de dólares para sostener Radio y la TV Martí. El tema de la devolución del territorio que ocupa la base naval en Guantánamo, no lo permitió introducir en las conversaciones bilaterales.

La ampliación de las licencias de viaje a la Isla y las facilidades en cuanto a los viajes educaciones Pueblo a Pueblo, tienen como propósito destruir el socialismo desde adentro, expresado por el propio Obama en reiteradas oportunidades.

No permitió el uso del dólar para las transacciones cubanas; fue el Presidente que más multas impuso a los bancos extranjeros, y estimuló la labor de influencia hacia los trabajadores privados con propósitos subversivos, para lo cual buscó alianzas con centros creados por la Iglesia Católica cubana. Sigue leyendo

Favorece Donald Trump a la Revolución cubana


Por Arthur González

Parecería imposible creer que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pudiera tomar decisiones que lejos de perjudicar favorecerán a la Revolución cubana.

Evidentemente Trump jamás ha puesto un clavo en la pared, si lo hubiera hecho, podría entender que mientras más golpes le diera, más fuerte, profundo y perdurable lo dejaría para soportar cualquier peso.

Eso mismo pasará con las medidas que debe anunciar el viernes 16.06.2017 en Miami, para quedar bien con la mafia terrorista anticubana.

A Cuba no se le puede apretar más de lo ya hecho  Estados Unidos en los últimos 58 años, por tanto, la eliminación de algunas flexibilizaciones que realizó Barack Obama, con el propósito de minar desde adentro a la Revolución y erosionar el socialismo, les permitirán a algunos que se marearon con tales medidas, y hasta aplaudieron al Presidente por tomar “la dirección correcta”, comprender que con los yanquis no hay arreglo alguno.

Obama mantuvo intacta la guerra económica contra Cuba, e incluso fue el Presidente que más sanciones impuso a los que se atrevieron a comerciar con la Isla, aprobó los mayores presupuestos para las acciones subversivas, no eliminó la Radio ni la TV Martí, a pesar de que ni se escuchan ni se ve en el territorio cubano, no permitió el correo postal directo ni el uso del dólar, no obstante haberlo asegurado, y la base naval yanqui en Guantánamo, no fue nunca tema de discusión con La Habana.

La marcha atrás de algunas de las medidas tomadas por Obama en su cambio de estrategia, harán que el pueblo cubano entienda realmente que pretende Estados Unidos, sobre todo las nuevas generaciones de cubanos que ahora con más fuerza, seguirán protestando por esa criminal guerra económica que quiere asfixiarlos.

El apoyo de la mafia terrorista anticubana de Miami y sus asalariados en Cuba, esos que miran con buenos ojos la eliminación de algunas “flexibilizaciones”, harán que el pueblo los rechace aún más y comprenda quienes son y cómo desean ver a los cubanos que defienden su soberanía.

Con sus medidas, Donald Trump favorecerá la firmeza ideológica del pueblo cubano, el que tomará más conciencia y probablemente miren diferente a aquellos cubanos, que sin tener en cuenta lo que significa para Cuba la bandera norteamericana, andan vestidos con ella por calles y ciudades, olvidando la oprobiosa Enmienda Platt.

Ojalá Trump en su arrebato, también decida cerrar la estación local de la CIA en la Habana, como hiciera en 1961 el entonces presidente D. Eisenhower, así Cuba se libraría de muchas acciones de espionaje y subversión a la que está permanentemente sometida, con el incremento del personal “diplomático” y el equipamiento tecnológico introducido después del 17.12.2014.

Mas limitaciones y escaseces de las que han sufrido los cubanos desde 1960, serán muy difíciles de elevar y para aquellos ilusos que aseguran que la crisis de Venezuela será el fin del socialismo cubano, deberían recordar que augurios semejantes emitieron en 1989 cuando cayó el muro de Berlín y más tarde la URSS en 1991.

Parece que no acaban de comprender que los cubanos provienen de una estirpe mambisa, que sufrió el primer campo de concentración del mundo en aquella criminal concentración de Valeriano Weyler, que enfrentó sangrientas tiranías como la de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, ambos ahijados de Washington, y que solo la Revolución socialista les entregó soberanía y dignidad.

Por eso, con calma y sapiencia los cubanos esperarán las medidas de Trump, con la convicción de que la única dirección correcta que pudiera tomar Estados Unidos, es eliminar la guerra económica, el apoyo y financiamiento a la subversión, el cierre de Radio y TV Martí, la devolución incondicional del territorio que ocupan en Guantánamo y dejar que Cuba marche por el camino que tomó, por voluntad propia, el 1ro de enero de 1959.

Recrudecer las acciones contra la Revolución fortalecerán la conciencia social y permitirá a los confundidos, saber quiénes son los imperialistas y sus aliados. Al final, sin pretenderlo, Trump le hará un favor al proceso revolucionario cubano, porque como aseguró José Martí:

“…ni actividad, ni espíritu de invención, ni artes de comercio, ni campos para la mente, ni ideas originales, ni amor a la libertad siquiera, ni capacidad para entenderla, tenemos que aprender de los Estados Unidos”.

 

 

Willy Brandt y Donald Trump, coincidencias o realidades del espionaje


Por Arthur González.

El fantasma del posible trabajo de los servicios de inteligencia rusos alrededor del equipo de Donald Trump, trae a la memoria un escándalo similar al que vivió el Canciller alemán Willy Brandt, en 1973.

En sus recientes declaraciones ante el comité de inteligencia del Senado de los Estados Unidos, el ex director del FBI, James B. Comey, dejó flotando en el ambiente la posibilidad de que los Servicios de Inteligencia de Rusia, estuvieran en la ejecución de acciones sobre Mike Flynn, quien fuera director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, antes sumarse al equipo de trabajo del candidato a presidente Donald Trump.

Para echarle más lecha al fuego, Comey aseguró que se sintió presionado por el propio Presidente, cuando le pidió que el FBI no prosiguiera con las investigaciones de la conexión rusa.

La crisis que en 1973 llevó a Willy Brandt a su renuncia como Canciller de Alemania, tiene elementos similares con la actual situación de Trump, quizás por coincidencias de la vida, o por las cualidades profesionales de los Servicios de la Inteligencia rusa. La vida se encargará de responder esas interrogantes.

En aquel año, los servicios de contrainteligencia de la entonces República Federal de Alemania, obtuvieron informaciones sobre la presunta actividad de espionaje para los Servicios de Inteligencia de Alemania Oriental, que realizaba Günter Guillaume, entonces asistente personal del Canciller Brandt.

Para comprobar si Guillaume era realmente un espía de la Alemania comunista, altos jefes de la contrainteligencia de Alemania Occidental, se reunieron con Willy Brandt, orientándole que tenía que seguir trabajando como de costumbre con su asistente, e incluso pasar juntos unas vacaciones privadas, hasta tanto la contrainteligencia concluyera su investigación.

Al concluir las pesquisas, Guillaume fue hallado culpable y apresado el 24 de abril de 1974. Al darse a conocer el hecho, muchos culparon a Brandt por tener un espía comunista en su círculo íntimo.

Esta situación lo hizo caer en desgracia, viéndose obligado a renunciar a su cargo el 6 de mayo de 1974, aunque se mantuvo en el Bundestag y como Presidente del SPD hasta 1987. Sigue leyendo

Declaraciones del ex jefe del FBI complican futuro de Trump


Por Arthur Gonzalez.

Muy complicadas las declaraciones del ex jefe del FBI, James Comey, ante el comite del Senado. El tema bien peliagudo y pudieran decir el futuro del Presidente Donald Trump. Ls pongo a disposicion de mis amgios para que cada cual  saque sus propias conclusion.

Texto completo: Declaración de James Comey ante el Comité de
Inteligencia del Senado acerca de contactos con Trump.


8 de junio, 2017. Declaración para el Acta. Comité Senatorial de Inteligencia.


James B. Comey . 8 de junio de 2017

Presidente Burr, principal miembro de la oposición Warner, miembros del Comité. Gracias por invitarme a comparecer ante ustedes hoy. Se me pidió que testificara hoy para describir ante ustedes mis interacciones con el presidente electo y el presidente Trump en temas que yo entiendo que son de interés para ustedes.

No he incluido todos los detalles de mis conversaciones con el presidente, pero, según lo que recuerdo, he tratado de incluir información que pueda ser pertinente para el Comité.

Sesión de información del 6 de enero

Me encontré por primera vez con el entonces presidente electo Trump el viernes 6 de enero en una sala de conferencias de la Torre Trump en Nueva York. Estuve allí con otros líderes de la comunidad de Inteligencia (CI) para informarle a él y a su nuevo equipo de seguridad nacional de los hallazgos de una evaluación de la CI acerca de los esfuerzos rusos para interferir en las elecciones.

Al concluir esa exposición, permanecí solo con el presidente electo para informarle sobre algunos aspectos personalmente confidenciales de la información reunida durante la evaluación.

El liderazgo de la CI consideró importante, por diversas razones, alertar al presidente entrante de la existencia de este material, aunque fuera salaz y no verificado.

Entre esas razones estaban:

(1) sabíamos que los medios estaban a punto de publicar el material y creíamos que la CI no debía mantener en la ignorancia al presidente acerca del conocimiento del material y su inminente publicación; y (2) en la medida en que hubo algún esfuerzo para comprometer a un presidente entrante, podríamos contener cualquier esfuerzo de ese tipo con una sesión defensiva de información.

El Director de Inteligencia Nacional me pidió que yo personalmente hiciera esta parte del briefing porque yo iba a mantener mi puesto y porque el material implicaba las responsabilidades de contrainteligencia del FBI.

También acordamos que lo haría yo solo para minimizar un posible embarazo para el presidente electo. Aunque estuvimos de acuerdo en que tenía sentido que yo hiciera el briefing, los altos funcionarios del FBI y yo estábamos preocupados de que briefing pudiera crear una situación en la que un nuevo presidente tomara posesión sin saber si el FBI estaba conduciendo una investigación de contrainteligencia de su conducta personal.

Es importante entender que las investigaciones de contrainteligencia del FBI son diferentes al más conocido trabajo  investigativo criminal.

El objetivo del Buró en una investigación de contrainteligencia es entender los métodos técnicos y humanos que potencias hostiles extranjeras están utilizando para influir a Estados Unidos o robar nuestros secretos.  El FBI utiliza ese entendimiento para interrumpir esos esfuerzos.

A veces la interrupción toma la formada alertar a una persona que es un objetivo de reclutamiento o influencia por parte de la potencia extranjera. A veces se trata de fortalecer un sistema informático que está siendo atacado. A veces implica convertir a la persona reclutada en un agente doble, o dar a conocer públicamente el comportamiento con sanciones o expulsiones de oficiales de inteligencia con sede ​​en embajadas. En ocasiones, el procesamiento criminal se utiliza para interrumpir las actividades de inteligencia.

Debido a que la naturaleza de la nación extranjera hostil es bien conocida, las investigaciones de contrainteligencia tienden a centrarse en individuos que el FBI sospecha de ser agentes voluntarios o involuntarios de esa potencia extranjera.

Cuando el FBI desarrolla razones para creer que un estadounidense ha sido objeto de reclutamiento por parte de una potencia extranjera o actúa encubiertamente como un agente de la potencia extranjera, el FBI “iniciará una investigación” acerca de ese estadounidense y usará las autoridades legales para tratar de conocer más acerca de la naturaleza de cualquier relación con la potencia extranjera para que pueda ser interrumpida.

En ese contexto, antes de la reunión del 6 de enero, discutí con la dirección del FBI si debía estar preparado para asegurar al presidente electo Trump que no lo estábamos investigando personalmente. Eso era cierto; no teníamos un caso abierto de contrainteligencia contra él.  Estuvimos de acuerdo en que debía hacerlo si las circunstancias lojustificaban. Durante nuestra reunión individual en la Torre Trump, basándome en la reacción del presidente electo Trump a la sesión informativa y sin que él hiciera la pregunta directamente, ofrecí esa garantía.

Me sentí obligado a documentar mi primera conversación con el presidente electo en un memorando. Para asegurar la exactitud, comencé a transcribirla en un ordenador portátil en un vehículo del FBI frente a la Torre Trump en el momento que salí de la reunión.

La creación de documentos escritos inmediatamente después de conversaciones individuales con el señor Trump fue mi práctica desde ese punto en adelante. Esto no había sido mi práctica en el pasado.

Hablé solo dos veces en persona con el presidente Obama (y nunca por teléfono) – una vez en 2015 para discutir cuestiones de política de aplicación de la ley y una segunda vez, brevemente, cuando él se despidió a finales de 2016.

En ninguna de estas circunstancias puse por escrito las discusiones. Puedo recordar nueve conversaciones personales con el presidente Trump en cuatro meses, tres en persona y seis en el teléfono.

Cena del 27 de enero

El presidente y yo cenamos el viernes 27 de enero a las 6:30 pm en la Sala Verde de la Casa Blanca. Me había llamado a la hora de almuerzo ese día y me invitó a cenar esa noche, diciendo que iba a invitar a toda mi familia, pero decidió tenerme solo esta vez, y que la familia viniera la próxima vez. Por la conversación, no me quedaba claro quién más estaría en la cena, aunque asumí que habría otros.

Resultó que éramos solo nosotros dos, sentados a una pequeña mesa ovalen el centro de la Sala Verde. Dos camareros de la Marina nos sirvieron, y solo entraban en la habitación para servir comida y bebidas.

El presidente empezó preguntándome si quería permanecer como director del FBI, lo cual me pareció extraño, porque él ya me había dicho dos veces en conversaciones anteriores que esperaba que permaneciera y yo le había asegurado que tenía la intención deshacerlo. Dijo que mucha gente quería mi puesto y, dado el maltrato que había recibido durante el año anterior, él entendería si yo quería irme.

Mi instinto me dijo que la reunión a solas y la excusa de que esta era nuestra primera discusión acerca de mi cargo significaba que la cena fue, al menos en parte, un esfuerzo para que yo le pidiera permanecer en mi cargo y crear algún tipo de relación de patronazgo.

Eso me preocupó mucho, dada la posición tradicionalmente independiente del FBI del Poder Ejecutivo. Le respondí que me encantaba mi trabajo y tenía la intención de quedarme y cumplir mi mandato de diez años como director. Y luego, porque la situación me hizo sentir incómodo, añadí que no era “confiable” en la manera en que los políticos usan esa palabra, pero siempre podía contar conmigo para decirle la verdad. Añadí que no estaba políticamente a favor de nadie y no se podía contar conmigo en el sentido político tradicional, una postura que
dije servía mejor a los intereses del presidente.

Al cabo de unos instantes, el presidente dijo: “Necesito lealtad. Espero lealtad”. No me moví, ni hablé, ni cambié mi expresión facial de alguna manera durante el silencio incómodo que siguió. Simplemente nos miramos en silencio.

La conversación siguió adelante, pero volvió al tema al finalizar nuestra cena. En un punto, le expliqué por qué era tan importante que el FBI y el Departamento de Justicia sean independientes de la Casa Blanca.

Dije que era una paradoja: a lo largo de la historia, algunos presidentes han decidido que debido a que había “problemas” con el Departamento de Justicia, debían tratar de mantener cerca al Departamento. Pero hacer imprecisos esos límites en última instancia empeora los problemas, al socavar la confianza del público en las instituciones y su trabajo.

Al final de nuestra cena, el presidente volvió al tema de mi cargo, diciendo que estaba muy contento de que quisiera quedarme, agregando que él había oído grandes cosas acerca de mí de parte de Jim Mattis,Jeff Sessions, y muchos otros. Entonces me dijo: “Necesito lealtad”.

Le respondí: “Siempre obtendrá de mí la honestidad”. Hizo una pausa y luego dijo: “Eso es lo que quiero, lealtad honesta”.

Hice una pausa y luego dije: “Usted tendrá eso de mí”.

Como escribí en el memorando que creé inmediatamente después de la cena, es posible que entendiéramos la frase “lealtad honesta” de manera diferente, pero decidí que no sería productivo llevarlo más allá. El término –lealtad honesta– había ayudado a poner fin a una conversación muy incómoda y mis explicaciones habían dejado claro lo que él debía esperar.

Durante la cena, el presidente regresó al material salaz de que yo le había informado el 6 de enero y, como lo había hecho anteriormente, expresó su repugnancia por las acusaciones y las negó rotundamente.

Dijo que estaba considerando pedirme que investigara el presunto
incidente para demostrar que no sucedió.

Le respondí que debía pensarlo cuidadosamente, porque podría crear una idea de que lo estábamos investigando personalmente, lo que no estábamos haciendo, y porque era muy difícil probar una negación. Dijo que pensaría en ello y me pidió que lo pensara. Como era mi práctica para las conversaciones con el presidente Trump, escribí un memorando detallado sobre la cena inmediatamente después y lo compartí con el equipo de dirección del FBI.

Reunión en la Oficina Oval, 14 de febrero

El 14 de febrero, fui a la Oficina Oval para una sesión informativa programada al presidente acerca del contraterrorismo. Se sentó detrás del escritorio y un grupo de nosotros estábamos sentados en un semicírculo de seis sillas al otro lado del escritorio.

El vicepresidente, el director adjunto de la CIA, el director del Centro Nacional de Lucha contra el Terrorismo (NCTC), el secretario de Seguridad Nacional, el fiscal general y yo estábamos en el semicírculo de sillas. Yo me encontraba exactamente frente al presidente, sentado entre el director adjunto de la CIA y el director de NCTC. Había unos cuantos más en la sala, sentados detrás de nosotros en sofás y sillas.

El Presidente dio por terminado el briefing agradeciendo al grupo y diciéndoles que quería hablar a solas conmigo. Me quedé en mi silla.

Cuando los participantes comenzaron a salir de la Oficina Oval, el fiscal general se mantuvo junto a mi silla, pero el presidente le dio las gracias dijo que solo quería hablar conmigo. La última persona que se marchó fue Jared Kushner, quien también se quedó a mi lado e intercambió algunas bromas conmigo. El presidente lo excusó, diciendo que quería hablar conmigo.

Cuando se cerró la puerta junto al reloj de pie y nos quedamos solos, el presidente comenzó diciendo: “Quiero hablar de Mike Flynn”. Flynn había dimitido el día anterior.

El presidente comenzó diciendo que Flynn no había hecho nada malo al hablar con los rusos, pero tuvo que salir de él porque había engañado al vicepresidente.

Añadió que tenía otras preocupaciones acerca de Flynn, que no especificó a continuación.

El presidente hizo entonces una larga serie de comentarios acerca del problema con filtraciones de información clasificada, una preocupación que compartí y comparto.

Después de hablar unos minutos acerca de filtraciones, Reince Priebus se asomó a la puerta junto al reloj de pie y pude ver a un grupo de personas esperando detrás de él. El presidente le hizo una seña para que cerrara la puerta, diciendo que pronto terminaría. La puerta se cerró.

El presidente volvió al tema de Mike Flynn, diciendo: “Es un buen tipoy ha pasado por mucho”. Repitió que Flynn no había hecho nada malo en sus llamadas con los rusos, pero que había engañado al vicepresidente.

Entonces dijo: “Espero que usted pueda ver claro y pasar esto por alto, pasar a Flynn por alto. Él es un buen chico”. (De hecho, tuve una experiencia positiva al tratar con Mike Flynn cuando era colega como director de la Agencia de Inteligencia de Defensa al principio de yo ocupar mi puesto en el FBI. Yo no dije que “pasaría esto por alto”.

El presidente volvió brevemente al problema de las filtraciones. Entonces me levanté y salí por la puerta junto al reloj de pie, atravesando el gran grupo de personas que esperaba allí, incluyendo al señor Priebus y al vicepresidente.

Inmediatamente preparé un memorando no clasificado de la conversación acerca de Flynn y discutí el asunto con la dirección del FBI.

Según entendí, el presidente pedía que abandonáramos cualquier investigación de Flynn en relación con declaraciones falsas acerca de sus conversaciones con el embajador ruso en diciembre.

No entendí que el presidente estuviera hablando de una investigación más amplia acerca de Rusia o de posibles vínculos con su campaña. Podría estar equivocado, pero consideré que estaba enfocado en lo que acababa de suceder con la salida de Flynn y la controversia en torno a su versión de las llamadas telefónicas. Sin embargo, era muy preocupante, dado el
papel del FBI como una agencia independiente de investigación.

El equipo del FBI estaba de acuerdo conmigo en que era importante no infectar al equipo de investigación con la solicitud del presidente, que no teníamos la intención de cumplir.

También concluimos que, dado que se trataba de una conversación en solitario conmigo, no había nada que corroborara mi versión.

Llegamos a la conclusión de que tenía poco sentido comunicarlo a las Sesiones del Fiscal General, quien esperábamos que se recusaría a sí mismo de participar en investigaciones relacionadas con Rusia. (Lo hizo dos semanas más tarde).

El fiscal general adjunto fue designado entonces como interino por parte de un fiscal federal, que tampoco pasaría mucho tiempo en el cargo.

Después de discutir el asunto, decidimos mantenerlo muy en secreto, decidiendo averiguar qué hacer con el asunto a medida que nuestra investigación progresara. La investigación avanzó a toda velocidad, sin que ninguno de los miembros del equipo de investigación –o los abogados del Departamento de Justicia que los apoyaban– conocieran dela solicitud del presidente.

Poco tiempo después, conversé con el fiscal general Sessions en persona para transmitirle las preocupaciones del presidente acerca delas filtraciones. Aproveché la oportunidad para implorar al fiscal general que evitara cualquier comunicación directa futura entre el presidente y yo.

Le dije que lo que acababa de ocurrir –que le pidiera que renunciara mientras que el director del FBI, que se subordina al fiscal general, permaneciera– era inapropiado y nunca debería suceder.

No respondió. Por las razones discutidas arriba, no mencioné que el presidente abordó la investigación potencial del FBI acerca del general Flynn.

Llamada telefónica, 30 de marzo

En la mañana del 30 de marzo, el Presidente me llamó al FBI. Él describió la investigación de Rusia como “una nube” que estaba deteriorando su capacidad de actuar en nombre del país.

Dijo que no tenía nada que ver con Rusia, que no había estado involucrado con prostitutas en Rusia, y que siempre había asumido que le estaban grabando cuando estuvo en Rusia.

Me preguntó qué podíamos hacer para “disipar la nube”. Respondí que estábamos investigando el asunto tan rápido como podíamos, y que sería muy beneficioso, si no encontrábamos nada, que hubiéramos hecho el trabajo bien. Estuvo de acuerdo, pero luego hizo hincapié en los problemas que esto le estaba acusando.

A continuación, el presidente preguntó por qué había habido una audiencia en el Congreso acerca de Rusia la semana anterior –en la que yo, como había ordenado el Departamento de Justicia, confirmé la investigación acerca de una posible coordinación entre Rusia y la campaña Trump.

Expliqué las exigencias de la dirección de ambos partidos en el Congreso en cuanto a más información, y que el senador Grassley incluso había detenido la confirmación del fiscal general adjunto hasta que le informamos en detalle acerca de la investigación.

Le expliqué que habíamos informado a los dirigentes del Congreso acerca de qué personas exactamente estábamos investigando y que les habíamos dicho a los líderes del Congreso que no estábamos investigando personalmente al Presidente Trump.

Le recordé al presidente que previamente le había dicho eso. Él me dijo repetidamente: “Tenemos que hacer público ese hecho”. (No le dije al presidente que el FBI y el Departamento de Justicia habían sido reticentes a hacer declaraciones públicas de que no teníamos un caso abierto contra el presidente Trump por un número de razones, principalmente porque nos obligaría a corregir la declaración si eso cambiara.)

El presidente continuó diciendo que si hubiera algunos asociados “satélites” suyos que hubieran hecho algo mal sería bueno descubrirlo, pero que él no había hecho nada malo y esperaba encontrar una manera de aclarar de que no lo estábamos investigando.

En un giro abrupto, cambió la conversación en cuanto al subdirector del FBI, Andrew McCabe, diciendo que no había planteado “la cosa de McCabe” porque yo había dicho que McCabe era un hombre honorable, aunque McAuliffe estaba cerca de los Clinton y le había dado (creo que se refería a la esposa del subdirector McCabe) dinero para la campaña.

Aunque no entendía por qué el Presidente estaba planteando esto, repetí que el señor McCabe era una persona honorable.

Él terminó subrayando lo de “la nube” que estaba interfiriendo con su capacidad de hacer tratos para el país y dijo que esperaba que yo pudiera encontrar una forma de decir que él no  estaba bajo
investigación. Le dije que vería lo que podíamos hacer y qué haríamos nuestro trabajo de investigación lo más rápido posible.

Inmediatamente después de esa conversación, llamé al fiscal general adjunto interino Dana Boente (para entonces el fiscal general Sessions se había recusado a sí mismo en cuanto a todos los asuntos relacionados con Rusia), para informarle acerca del meollo de la llamada del presidente, y le dije que esperaría su orientación.

No recibí respuesta de él antes de que el presidente volviera a llamarme dos semanas más tarde.

Llamada telefónica, 11 de abril

En la mañana del 11 de abril, el Presidente me llamó y me preguntó qué había hecho acerca de su petición de que yo “dijera públicamente” de que él personalmente no estaba bajo investigación.

Le respondí que había pasado su solicitud al fiscal general adjunto interino, pero que no había recibido respuesta. Él respondió que “la nube” estaba interponiéndose en su capacidad para hacer su trabajo. Dijo que quizás él haría que su gente su comunicara con el fiscal general adjunto interino.

Dije que era la mejor manera en que su petición debía ser manejada. Dije que el asesor legal de la Casa Blanca debería ponerse en contacto con la dirección del Departamento de Justicia para hacerla solicitud, que era el canal tradicional.
Dijo que lo haría y añadió: “Porque he sido muy leal con usted, muy
leal; tuvimos aquella cosa que usted sabe”.

No le respondí ni le pregunté qué quería decir con “aquella cosa”. Sólo le dije que la manera de manejar el asunto era que el asesor legal de la Casa Blanca llamara al fiscal general adjunto interino. Dijo que eso era lo que él haría y colgó.

Esta fue la última vez que hablé con el presidente Trump

 

 

 

 

Donald Trump y el fantasma de sus errores


Donald Trump y el fantasma de sus errores

Por Arthur González.

El actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump es perseguido por el fantasma de sus errores, tanto en su política doméstica como en la internacional.

Desde que tomó posición de la Sala Oval en la Casa Blanca, ha sufrido múltiples críticas por los tropiezos en su desarrollo como Presidente, que van desde una actitud descortés y poco amorosa con su esposa, hasta en la forma de expresarse hacia la prensa.

No existen antecedentes de una conducta similar en los Presidentes de Estados Unidos, por lo que sus desmanes tienen preocupados al Congreso y a gran parte del pueblo que no votó en las urnas por él, al considerarlo errático, torpe y con falta de pericia para conducir el país.

Ejemplos son muchos, pero uno evidente y súper complejo es la polémica con el ex director de FBI James Comey, y la manera inusual de despedirlo, enterándose el afectado por la prensa.

Evidentemente el traje de Presidente le queda grande a quien maneja hábilmente sus negocios, pero un país no se dirige como una empresa y menos ante las complejidades que vive hoy el mundo, en gran parte por las políticas erróneas de sus antecesores, debido a las guerras injustificadas en el Medio Oriente, las que cambiaron el panorama mundial y la estabilidad política y económica que tenía esa zona antes de las guerras en Afganistán, Irak, Libia y Siria.

A tal punto llegan sus tropezones que, hoy Trump es el Presidente con menos imagen positiva en los primeros meses de su mandato, con solo el 40% de apoyo. En el Congreso la tiene aún peor, y solo lo salva, por el momento, la catástrofe que significaría su destitución para el partido republicano.

La situación que creó el mismo Trump, con las presiones sobre el director del FBI para que no siguiera hurgando en las relaciones con Rusia, son una bomba de tiempo que los demócratas están dispuestos hacer estallar y, de llevarse a cabo, traería como resultado un juicio político, pues tal acción tipifica como obstrucción a la justicia, y por tanto al partido republicano se le haría sumamente difícil defenderlo.

El más reciente resbalón fue su comunicado hacia Cuba al conmemorarse la fecha del 20 de mayo, día que los cubanos recuerdan como nefasto para su independencia, pues en 1902 el ejército de Estados Unidos terminaba su primera intervención militar en la Isla, pero dejaba a los cubanos encadenados a la oprobiosa Enmienda Platt, apéndice que el Congreso norteamericano aprobó para limitar la libertad de Cuba, estableciendo el derecho a invadirla cada vez que lo entendieran, la instalación de la Base Naval en Guantánamo, más el control político y económico.

A tal punto llegó la citada Enmienda que la isla de Pinos, hoy de La Juventud, siguió en posesión yanqui hasta 30 años después, de ahí que los cubanos con vergüenza y dignidad no celebran ese día por considerarlo triste y negro en la historia de Cuba, después que tanta sangre se anegó en los campos luchando por obtener la independencia de España.

Trump intentó hacerle una señal a la mafia terrorista anticubana de Miami, esa que nunca lo apoyó en su campaña electoral pero que lo presiona para que rompa las relaciones diplomáticas y elimine algunas flexibilizaciones que instauró Barack Obama, no para beneficiar al pueblo cubano, sino para destruir a la Revolución socialista cambiando de métodos para lograrlo.

No se puede olvidar que, en una cena en la residencia de Jorge Mas Santo, al frente de la terrorista Fundación Nacional Cubano Americana, a finales del año 2013, Obama abrazó a dos de sus asalariados, Guillermo Fariñas y a Berta Soler, y declaró:

“…la libertad de Cuba llegará, gracias a sus extraordinarios activistas y el increíble valor personal de personas como ellos […] Estados Unidos puede ayudar, pero debemos ser creativos, y recalcó:

“Los objetivos seguirán siendo siempre los mismos”.

La carencia de asesores profesionales y conocedores de la historia, están minando el camino del actual mandatario estadounidense y respecto a Cuba, debieron haberle informado que precisamente José Martí, dedicó su vida a evitar la presencia de los Estados Unidos en la Isla, alertando del peligro que representaban para la verdadera independencia.

Para mencionar al Apóstol de la libertad de Cuba, Trump tiene que conocer lo expresado por Martí, solo horas antes de caer en combate contra las fuerzas coloniales españoles, cuando escribió:

[…] ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América […]

De igual forma, debe solicitarle al FBI información sobre las acciones terroristas ejecutadas por los mafiosos de origen cubano y el apoyo que dieron a sus participantes esos que hoy son congresistas, muchos de ellos testaferros e hijos de los que sirvieron al asesino Fulgencio Batista y en 1959 encontraron refugio en Miami.

Solo así conocerá la calaña de algunos de esos que “han hecho contribuciones sobresalientes en Estados Unidos… y se han sacrificado en defensa de nuestra libertad”.

Precisamente, ante el panorama político que vive hoy Estados Unidos, los cubanos hacen más firmes los criterios de José Martí, cuando dijo:

¡Los Arboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!

Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.