Insiste Estados Unidos en golpe contra Venezuela después de las elecciones.


Por Arthur González.

Estados Unidos, decepcionado ante los permanentes fracasos de su estrategia política para destruir el proceso revolucionario venezolano, prepara el escenario internacional para arremeter militarmente contra el gobierno de Nicolás Maduro, al estilo de lo que ejecutaron contra Irak, Libia y Siria.

Durante los últimos 16 años, han empleado todas las tácticas que les dieron resultados en el derrocamiento del sistema socialista en Europa Oriental, especialmente en Polonia con la contrarrevolución financiada y entrenada por la CIA, a través del líder del Sindicato Solidaridad encabezado por Lech Walesa.

La teoría de Gene Sharp, fue puesta en práctica contra Venezuela desde hace años, desde la primera etapa hasta la quinta, las cuales son:

  1. Promover acciones “no violentas” para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad.
  2. Desarrollar intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos.
  3. Lucha activa por “reivindicaciones políticas y sociales”, y manipulación de colectivos para emprender manifestaciones y protestas violentas.
  4. Operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno.
  5. Mediante revueltas callejeras, forzar la renuncia del Presidente y controlar las instituciones. Mantener la presión en las calles mientras se prepara el terreno para una intervención militar, desarrollar una guerra civil prolongada y lograr el aislamiento internacional del país.

Un simple repaso a los acontecimientos de los últimos años en Venezuela, permite comprobar la aplicación de esas tapas, pero sin los resultados esperados. Por tal motivo, Estados Unidos no parece aceptar ni un diálogo de la oposición con el gobierno y menos la cohabitación con Maduro al frente del país y por esa razón quieren a todo costo, jugarse la carta de la intervención militar.

Durante la reciente gira latinoamericana de Rex Tillerson, magnate petrolero devenido en Canciller, posterior a la que realizó el vicepresidente, dejó caer que, en el caso de Venezuela, podrían ser los militares los que intervinieran para “promover un cambio democrático”.

No por casualidad seguidamente el almirante Kurt W. Tidd, sostuvo reuniones con altos mandos militares de Colombia, incluidos el presidente Juan Manuel Santos, ex ministro de defensa de Uribe; el vicepresidente Óscar Naranjo, experto en guerra contrainsurgente y formación de paramilitares; el ministro de Defensa Luis Villegas, y Alberto José Mejía, jefe de Defensa.

Dicha reunión no era para saborear el café colombiano, el tema fundamental fue Venezuela y la intervención militar a través de la frontera colombiana, donde Estados Unidos dispone de 7 bases militares.

Ya en 2015 el Comando Sur tuvo preparado un operativo de intervención en Venezuela desde Honduras; en 2017 el presidente Donald Trump dejó entrever la posible intervención militar en Venezuela y previéndola, aprobó un aumento desmesurado del presupuesto del Departamento de Defensa para 2019, con el fin de incrementar 25 mil 900 efectivos en las fuerzas militares.

Barack Obama, firmó en marzo de 2015 una orden ejecutiva en la que declaró una emergencia nacional, por la amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior causada por la situación en Venezuela y afirmó:

“Estamos comprometidos por hacer avanzar el respeto por los derechos humanos, al proteger las instituciones democráticas y el sistema financiero de EE.UU. de los flujos financieros ilícitos de la corrupción pública en Venezuela”.

A esto se suma la Estrategia de Seguridad Nacional para 2018, aprobada por Trump, en la que se aborda explícitamente la necesidad de favorecer un cambio de régimen en Venezuela y de Cuba. 

La revista Foreign Affairs publicó un trabajo donde explica que la intervención militar no siempre genera los resultados esperados de inmediato y en Venezuela podría conducir a años de ocupación militar. Sugiere utilizar la coerción a través de una demostración de fuerza y para convencer a Maduro de que negocie con la oposición y restituya la ley, Washington debería desplegar un portaviones, más uno o dos destructores en la región. A la vez, estudiar un ataque aéreo para lograr la sedición interna de las FFAA venezolanas y un golpe militar en contra de Maduro, que permita la intervención de las FFAA de EE.UU. junto con algunas latinoamericanas.

Todo está dispuesto para actuar después de la presumible victoria de Maduro, por eso se produjo el arribo de marines yanquis a Panamá, junto a 415 miembros de la fuerza aérea estadounidense el pasado 02.01.2018, teniendo planificado permanecer allí hasta el mes de junio.

Organismos internacionales manipulados por Estados Unidos, continúan denunciando las fabricadas “violaciones” a los derechos humanos en Venezuela, con vistas a crear matrices de opinión que respalden una “intervención humanitaria”, a lo que se sumó recientemente la Unión Europea con nuevas sanciones.

Como colofón de esa campaña, un grupo de “activistas” venezolanos, el 26.02.2018 entregaron en el Congreso estadounidense más de 500 cartas dirigidas a los legisladores, en las que solicitan conformar una coalición internacional para intervenir militarmente en Venezuela.

Para darle sazón a la petición, argumentan que “la población venezolana es actualmente rehén de un régimen criminal inmerso en actividades de corrupción y narcotráfico, que mantiene vínculos con organizaciones terroristas del Medio Oriente”.

Ya no les queda nada por inventar, solo falta el boicot petrolero y ese viene en camino. Todo está previsto para justificar la intervención armada cuando se den a conocer los resultados de las elecciones.

El pueblo de Venezuela está listo para defender su libertad porque tiene presente a José Martí cuando alertó:

“Los peligros no se han de ver cuando se les tiene encima, sino cuando se los puede evitar”.

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La Florida, un lugar de alto peligro para la vida.


Por Arthur González

El estado norteamericano de la Florida es uno de los lugares más peligrosos del hemisferio occidental, debido a la violencia reportada diariamente por la prensa. En cada emisión de los diarios de ese estado, se pueden leer noticias de terror, donde la vida de los ciudadanos no vale nada.

Asaltos en centros comerciales en pleno día, robos en residencias, trifulcas callejeras, muchas de ellas por temas de las drogas, choferes que atacan a otros en las autopistas, agresiones a policías, violaciones de mujeres y asesinatos, son cometidos a cada hora en el llamado Estado del Sol y el más reciente fue la masacre de 17 adolecentes, ocurrida en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, condado Broward, el 14.02.2018, ejecutada por un joven de 19 años con un fusil de asalto.

A pesar de esa alta peligrosidad, el Departamento de Estado ni Donald Trump, no han emitido alertas de seguridad para que los norteamericanos no viajen a ese estado, por correr riesgo su salud y vida, como ha hecho con Cuba, uno de los lugares más seguros del mundo, reconocido por agencias de ONU y por la asociación estadounidense de turoperadores Respect, (Responsible Ethical Cuba Travel).

El 29.09.2017 el Departamento de Estado, emitió una alerta recomendando a los estadounidenses no viajar a Cuba, porque podían correr el riesgo de ser víctimas de los misteriosos “ataques” que dicen haber sufrido 24 diplomáticos y sus familiares en La Habana.

En enero de 2018 reformuló la alerta, donde plantean a los visitantes “reconsiderar” sus viajes a la Isla.

Los estadounidenses tienen prohibido viajar como turistas a Cuba, algo que viola su libertad de movimiento.

Toda esa alharaca forma parte de una Operación diseñada por sus servicios de inteligencia, con el propósito de afectar el turismo, una de las más fuertes fuentes de divisas al país, e incrementar la guerra económica que estableció la Casa Blanca contra la Revolución, desde hace más de medio siglo.

El método de guerra económica es empleado constantemente por Estados Unidos, contra los países que tienen gobiernos no aceptables para ellos, ejemplos evidentes son Venezuela, Irán, Rusia y Corea del Norte.

La política sucia desarrollada por Estados Unidos es bien conocida y, como muestra de su poderío, aplican sanciones para intentar doblegar a los que no aceptan someterse a las órdenes del dictador de turno en el salón oval de la Casa Blanca.

En Cuba cualquier ciudadano camina por sus calles de día y de noche sin temer ser asesinado, asaltado o violado, la policía no porta armas largas y no existen tiroteos como ocurren en la Florida o Cancún, lugares para los cuales no existen alertas de seguridad.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), médicos y autoridades de salud pública estadounidenses, consideran que, desde hace muchos años, las muertes por armas de fuego representan una amenaza a la salud pública en ese país.

Por supuesto, todo tiene una marcado interés político  y de ahí la
la reticencia de las autoridades de Estados Unidos de ver la violencia interna con armas de fuego, como un asunto de salud pública, porque una alerta como la establecida contra Cuba, afectaría la economía de la Florida.

Los datos son ilustrativos y según un estudio de Visit Florida, los turistas gastan aproximadamente 108 mil 800 millones al año en Florida, generando 11 mil 300 millones en impuestos estatales y locales. En un día unos 2,2 millones de visitantes llegan a ese estado y gastan un promedio de 300 millones diarios.

Para tener una idea de la diferencia abismal con Cuba, basta señalar que en la Florida desde el 2016, hay un tiroteo colectivo al año, cuando un hombre mató a 49 personas e hirió a 58 en el Pulse, un club nocturno de Orlando. En 2017 otro hombre armado asesinó a cinco personas e hirió a seis, en el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale-Hollywood.

De acuerdo con informaciones reportadas por los CDC, posterior a la señalada masacre en Orlando, la relación de muertes por armas de fuego en la Florida, aumentó de 11,5 por cada 100 mil floridanos en el 2014 a 12,6 por cada 100 mil en el 2016.

El Departamento de Salud de la Florida reportó recientemente que las armas de fuego están entre las tres primeras causas de muerte, en personas de entre 10 y 34 años, en los años 2013, 2014 y 2015. Solo en 2016 hubo 38 mil 551 muertes por armas de fuego en Estados Unidos, algo que jamás sucede en Cuba.

Otro lugar para el que tampoco existen alertas de seguridad es el balneario mexicano de Cancún, muy frecuentado por estadounidenses y con varias cadenas de hoteles propiedad de empresas de Estados Unidos.

Pero a diferencia del Departamento de Estado, la Secretaría de Relaciones Exteriores de Alemania, publicó una advertencia de viaje para los alemanes que deseen visitar Cancún, donde recomiendan no quedarse durante las noches en la zona del centro, ya que “recientemente se han producido varios enfrentamientos violentos”, y añaden:

“En muchas regiones de México, hay conflictos armados entre las fuerzas de seguridad del estado y el crimen organizado, el número de crímenes violentos está aumentando, al igual que la violencia contra las mujeres, en particular en las regiones turísticas”.

Esa es la prueba de la doble moral yanqui y su marca pretensión de dañar la economía cubana, pero el turismo a la Isla crece porque la verdad prevalece y como dijera José Martí:

“Nunca se acepta lo que viene en forma de imposición injuriosa”.

 

Con los yanquis no hay arreglos.


Por Arthur González.

A pesar de la voluntad expresada y demostrada por el gobierno cubano, de mantener un diálogo respetuoso y equitativo con Estados Unidos, la Casa Blanca persiste en no aceptar que su vecino del Sur tenga un sistema diferente y se declare independiente de toda dominación estadounidense, como le fue impuesta a la Isla desde 1898 hasta 1958.

Las frágiles relaciones diplomáticas que estableció el presidente Barack Obama, con la ilusión de desmontar el socialismo desde adentro, a partir de su táctica de los golpes suaves, no dieron el resultado que esperaban obtener, de ahí que su sucesor Donald Trump decidiera volver a la hostilidad que ha caracterizado las relaciones entre los dos países, desde 1959.

Nunca se puede olvidar que antes del triunfo del ejército rebelde sobre el de Fulgencio Batista, tanto el presidente Dwight Eisenhower, como el director de las CIA Allen Dulles, habían manifestado en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, celebrada el 23 de diciembre de 1958, que había que evitar la victoria de Fidel Castro.

Por tanto, no fue la Reforma Agriaría, ni la nacionalización de sus propiedades en la Isla la causante del empeoramiento de relaciones entre ambas naciones, sencillamente sabían que Fidel no era un político similar a los que gobernaron la república mediatizada, aquellos que eran fieles cumplidores de las órdenes de Washington.

La CIA lo plasmó sin tapujos en su primer Plan de Acciones Encubiertas, aprobado el 17 de marzo de 1960 por el Presidente de Estados Unidos:

El propósito del programa expuesto es provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos”.

Muy firme es el propósito yanqui, mientras en Cuba exista un gobierno anti imperialista no habrá jamás arreglo, lo demás es fantasía, la historia de más de medio siglo así lo avala.

Esa es la razón por la que no existe un diálogo respetuoso, debido a que los Estados Unidos es el máximo violador de todas las normas internacionales y conserva intactas todas las sanciones contra la Revolución cubana, incluso bajo la presidencia de Obama, quien además fue el presidente que más dinero aprobó para las acciones subversivas y estableció record de multas multimillonarias a la banca internacional que se atrevió a realizar transacciones con Cuba.

El 22 de febrero 2018 Donald Trump, emitió una proclama para continuar la denominada “emergencia nacional” con respecto a Cuba, que sostiene la regulación del anclaje y el movimiento de embarcaciones, algo aprobado por William Clinton en marzo de 1996, y ratificado por Barack Obama dos veces más, en febrero del 2004 y febrero del 2016.

El presidente Donald Trump, entre los ocho argumentos expuestos para esa aprobación, mencionó el impacto de la emigración cubana y la situación de la economía de la Isla, recordó el bloqueo que Estados Unidos sostiene contra Cuba y trajo nuevamente a colación los objetivos del denominado Memorando Presidencial de Seguridad Nacional, sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba, el cual decretó el 16 de junio de 2017, ante la mafia terrorista anticubana de Miami.

Trump y las fuerzas ultraconservadoras que lo rodean, se oponen al cambio de táctica aplicado por Obama para destruir a la Revolución socialista, al preferir las acciones abiertas y directas que ha seguido Estados Unidos desde 1959, lo que explicó detalladamente el 11.11.2017, Carlos Díaz-Rosillo, asesor del Presidente para la política hacia Cuba, cuando aseguró:

“El motivo del viraje de la política de Estados Unidos hacia Cuba, establecida por el gobierno de Obama, es que el actual Presidente expresó que no estaba de acuerdo con la misma, porque esas negociaciones no dieron resultados adecuados, porque ni el pueblo norteamericano ni el cubano se han beneficiado, solo el gobierno de La Habana”.

Esa es la verdad que deben conocer todos los cubanos y los que están por nacer, para que nunca se equivoque con ese poderoso vecino que siempre ha soñado con anexarse a la Mayor de las Antillas.

Por suerte José Martí nos dejó su legado cuando afirmó:

“Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”.

 

 

 

 

Marco Rubio defensor del dinero, no de los seres humanos.


Por Arthur González.

El senador Marco Rubio, ese que tanto dice defender los derechos humanos, siempre que su discurso le brinde posibilidades de escalar políticamente entre los integrantes de la mafia terrorista anticubana, demuestra en cada uno de sus actos cotidianos que para él lo único importante es ganar mucho dinero.

Así lo ha estado haciendo desde que perdió su batalla por alcanzar la nominación para ser candidato a presidente de Estados Unidos, por el partido republicano, específicamente en sus cruzadas para que Donald Trump endurezca la guerra económica y financiera contra Cuba, país donde nacieron sus padres, emigrados en los Estados Unidos antes de triunfar la Revolución.

El más reciente destape de su ausencia de sentimientos por el bienestar de los seres humanos, fue su respaldo a la Asociación Nacional del Rifle, organización que le aportó 3 millones de dólares con el propósito de que se oponga a cualquier propuesta de ley, que controle o limite la venta de armas.

Por su puesto, él no es el único que acepta esos aportes financieros para que las ventas de armas continúen sin límites, a pesar de las matanzas ocurridas en Estados Unidos, debido a la libertad de adquirir un arma, incluidas las de alto poder de fuego.

A la lista de los “muy preocupados” por los derechos humanos en Cuba – pero no por la muerte de cientos de jóvenes estadounidenses inocentes – y que aceptan “contribuciones” de la Asociación para sus campañas políticas, están otros mafiosos anticubanos como el senador Carlos Curbelo, quien recibió 75 mil 475 usd; Ted Cruz, 75 mil 450 usd; Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, cada uno 32 mil 002 usd, destacándose el ultra derechista con la suma más alta de todos, 7 millones 740 mil 521 usd.

Ante el suceso ocurrido en una escuela de Parkland, condado Broward, de la Florida, en la primera quincena de febrero 2018, Marco Rubio, integrante de esa mafia anticubana, declaró públicamente que “las restricciones de armas no habrían impedido el tiroteo en la Marjory Stoneman Douglas High School”.

Sin armas no se producen esos actos criminales, algo como que “sin perro no hay rabia”, pero si él se atreve a oponerse a la venta liberada de armas, no le entrará el dinero que tanto ayuda a sus campañas electorales. Primero el negocio y los seres humanos después, si es que hay tiempo para ocuparse de ellos.

Las nuevas épocas y las jóvenes generaciones exigen cambios en la Constitución de Estados Unidos para actualizarla al siglo XXI. La Casa Blanca reclama que, países con gobiernos no aceptables para ellos, deben cambiar su ley fundamental, pero cuando se trata de la norteamericana no es necesario y la mantienen, porque una actualización afectaría sus intereses políticos y monetarios.

Marco Rubio enfrenta una oleada de rechazo en la Florida por sus posiciones derechistas, algo que sin dudas le restará votantes en las venideras elecciones y peor será cuando cientos de miles de jóvenes alcancen la mayoría de edad y por tanto su derecho a ejercer el voto, unido al de padres que desean un futuro seguro para sus hijos.

Hoy en Estados Unidos un rifle de asalto militar, con alto poder de fuego como el AR-15, cuesta solamente 130 usd, mucho menos que un TV o un refrigerador, posibilitando su adquisición por cualquier persona, aunque esta tenga desórdenes mentales, causa de los lamentables hechos ocurridos en varios centros escolares en los últimos cinco años.

El país que posee el más alto consumo de drogas del mundo y el mayor número de jóvenes traumatizados por participar en guerras imperialistas, sin comprender por qué los envían a matar a personas inocentes, no debería permitir la compra masiva de armas de fuego, algo que no sucede en otro lugar del planeta.

El riesgo de que, una persona bajo los efectos de los estupefacientes, por traumas de la guerra o por ser hijos de padres con estos padecimientos, pueda cometer actos criminales como el perpetrado por Nikolas Cruz, de solo 19 años de edad, es evidente.

Basta citar que, desde el 1 de enero al 19 de febrero de 2018, han ocurrido 7 mil 142 incidentes violentos con armas de fuego, dejando un saldo de 1 mil 977 muertos que pudieron evitarse, si en Estados Unidos existiera, como con el resto del mundo, una limitación para las ventas de armas de fuego.

Esos son los que reclaman a otros el cumplimento de los derechos humanos, sin atender los derechos de los seres humanos de su propio país.

En Cuba no suceden hechos semejantes porque lo primero son los ciudadanos y en especial los niños que crecen saludables y felices, a pesar de la criminal guerra económica impuesta desde hace más de medio siglo, por los que se dicen “paladines de los derechos humanos”.

Por esa razón dijo José Martí:

“En ese pueblo revuelto, suntuoso y enorme, la vida no es más que la conquista de la fortuna, esa es la enfermedad de su grandeza… los que imiten a ese pueblo, cuídense de no caer en ella.”

Persisten los yanquis en su guerra psicológica contra Cuba


Por Arthur González.

Cuando Estados Unidos desea ocultar una noticia, por muy importante que sea desaparece de inmediato de los medios de comunicación, pero si desean mantenerla en titulares, sus medios oficialistas no dejan de publicarla con el empleo de matices sensacionalistas.

Así sucede con los inventados “ataques acústicos”, que dicen “afectaron” a varios diplomáticos destacados en su misión en La Habana, lo cual es parte de una Operación que pretende asustar a los turistas que visitan la Isla, e incluso al mercado de Canadá que es su primer emisor, para recrudecer la guerra económica y financiera que perdura por más de medio siglo.

No fue casualidad que tal historieta surgiera en medio de la crisis que enfrenta la economía cubana, especialmente después de los desastres causados por los huracanes Irma y María, con marcado acento en la agricultura, viviendas, centros industriales y de servicios, incluidos los de salud y educación, unido a las instalaciones turísticas de los cayos al norte de Villa Clara y Ciego de Ávila.

Detrás de esa fabula creada por sus especialistas en guerra psicológica, está la influencia de la mafia terrorista de Miami, a la que el presidente Donald Trump prometió arreciar las medidas para intentar liquidar el proceso socialista, e incrementar la escasez de la población, tal y como diseñó la CIA en 1962, en su conocido Plan Mangosta, donde se expresa:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, y las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Con la pretensión de no dejar morir la noticia, la prensa oficialista de Estados Unidos vuelve con el tema, al publicitar que una delegación bipartidista de congresistas, liderada por el senador demócrata Patrick Leahy, se encuentra de visita a Cuba desde el 08.08.2018, para abordar con autoridades cubanas la investigación sobre los misteriosos ataques, que según Washington afectaron a una veintena de sus diplomáticos en la isla.

Por supuesto, que, en el actual panorama del enfriamiento de las relaciones entre los dos países, la visita de altos funcionarios es noticia a seguir por la prensa, pero todo hace sospechar que también pudiera ser una forma de mantener vivo el episodio de los falsos “ataques”, cuando la parte cubana ha divulgado los resultados científicos de su investigación, mientras Estados Unidos oculta sus pesquisas, porque no tienen científicamente nada que probar.

El senador Leahy, vicepresidente del comité de asignaciones del Senado y miembro de subcomité de asignaciones del Departamento de Estado y Operaciones en el Extranjero, arribó a La Habana con otros dos senadores y tres miembros de la Cámara de Representantes.

Algo que llama la atención y en nada tiene relación con los inventados “ataques acústicos”, es el interés de sostener reuniones con algunos representantes del sector privado de la isla, lo que ha estado en la línea del trabajo subversivo desplegado por Barack Obama, quien soñó que ese segmento podría lograr desmontar el socialismo desde adentro.

Otro de los temas en la agenda es indagar sobre la transición presidencial en Cuba, ante la decisión del presidente Raúl Castro, de dejar su cargo al frente de los Consejos de Estado y de Ministros el próximo mes de abril, algo que tiene ilusionados a los yanquis porque piensan que es una forma de cambiar el sistema político y económico cubano.

Los demás temas que plantean conversar, pudieran considerarse como comodines, y no modifican las presiones políticas contra la Revolución, más bien representan oportunidades mayores para ellos que para Cuba, como son la cooperación bilateral en seguridad marítima, búsqueda y rescate; lucha contra narcóticos y trata de personas; migración; salud pública; cumplimiento de la ley; así como sobre los intercambios científicos comerciales, educativos o culturales, todos disminuidos a la mínima expresión por las dificultades actuales de los cubanos para obtener una visa.

¿Qué derecho tiene EE.UU. para esas indagaciones? Todo forma parte de la vieja política de la “Fruta Madura”, de ahí su interés por entrevistarse con el sector no estatal e inquirir por el relevo político de Raúl Castro.

Perennemente hay que tener presente lo expresado en 1823 por el expresidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados”.

En esa misma posición, el Secretario de Estado, John Quincy Adams apuntaba:

“Por su ubicación geográfica, Cuba y Puerto Rico constituyen apéndices naturales de Estados Unidos”. 

Ilustrativo de esa postura del entonces Secretario de Estado, fue la carta que enviara el 29 de abril de 1823, a uno de sus agentes en la Isla, nombrado Thomas Randall, donde le orientaba:

“Durante su residencia en Cuba…usted comunicará privadamente y en notas confidenciales, todas las informaciones que le sean dable obtener respecto a la situación política de la Isla, a las miras de su Gobierno y a los sentimientos de sus habitantes. Observará atentamente todos los sucesos que guarden relación con su conexión con España […] Caso de que en La Habana residan agentes franceses o británicos, tratará de darse cuenta, sin investigaciones directas o curiosidad aparente, sobre sus asuntos, objetos y propósitos, y observará cualquier fuerza marítima de esas potencias que puedan hacer estación en las Antillas o presentarse en la vecindad de la Isla…” 

La avaricia yanqui por apoderarse de Cuba nunca finalizó, y la meta actual es retrotraer la historia a 1958, cuando la economía y la política estaba en sus manos, de ahí sus acciones para reforzar la guerra económica, para que el pueblo, cansado de tantas penurias, caiga en brazos del Tío Sam.

Recordemos a José Martí cuando sobre Estados Unidos afirmó:

Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz, se pavonea orgulloso”.

¿Por qué los yanquis no quieren elecciones en Cuba y Venezuela?


Por Arthur González.

Estados Unidos, antes exigía elecciones en Cuba y Venezuela, pero ahora se oponen a ellas bajo el argumento de que “no son democráticas”.

El motivo es que cuando soñaban con que los “opositores”, pagados con su dinero, iban a ganar, gritaban a los cuatro vientos que ambos países tenían que celebrar procesos electorales.

Ahora, conscientes de que ganarán dirigentes de izquierda, dicen que desconocerán los resultados porque no se ajustan a los parámetros que ellos establecen.

Sin embargo, hacen total silencio ante el fraude en las elecciones de México, donde escamotearon el triunfo al candidato del pueblo Manuel López Obrador; en Honduras violaron todos los preceptos democráticos; en Perú la corrupción llegó al punto extremo de reimponer al presidente acusado de actos de corruptela, quien firmó el indulto de Fujimori, a pesar de los crímenes cometidos.

De Brasil nada dicen, allí la libertad, la democracia y la opinión del pueblo se pisotearon abiertamente, para mantener a un presidente corrupto hasta la medula.

Esa es la democracia representativa que los yanquis pretenden imponerle nuevamente a Cuba y Venezuela, por eso se oponen a los sistemas populares que defienden los verdaderos intereses de sus pueblos.

La actual cruzada mediática desplegada por la prensa oficialista yanqui, unida a las presiones sobre la Unión Europea para que sancione a funcionarios venezolanos, las posiciones asumidas por la desprestigiada OEA, junto al fabricado Grupo de Lima que pretenden oponerlo a la CELAC, intentan deformar la realidad, e imponer una matriz de opinión contraria a los procesos electorales de los dos países, que poseen regímenes sociales mucho más democráticos que el estadounidense.

Venezuela ha impuesto record de elecciones democráticas con 22 en los últimos años, pero no son reconocidas por Washington debido a que la oposición no ha podido derrocar a la Revolución Bolivariana.

Contra Cuba se repite la vieja fórmula de ataques contra la forma en que se postula y eligen los delegados del Poder Popular, y a pesar de eso, soñaron con obtener algunos escaños con el engendro denominado Cuba Decide, que no tiene respaldo ni de los propios grupúsculos contrarrevolucionarios, a pesar del dinero invertido en la “refugiada política” Rosa María Paya Acevedo, residente en Miami.

Esa inventada “perseguida política”, deliró con postular algunos de sus patrocinados, sin lograr un solo candidato.

Otro que engañó y estafó a los que le dieron miles de dólares, es Manuel Cuesta Morua, con su proyecto “Mesa Unida de Acción Democrática”, quien aseguraba disponer de imaginarios 175 candidatos opositores, finalmente no pudo postular a ninguno y con los dólares obtenidos se fue a viajar por el extranjero.

Para tener una idea cierta del desprestigio de esa llamada “oposición” cubana, basta citar el caso de Eliécer Ávila, quien, al regresar de su gira europea en el 2014, donde culminó un curso de adiestramiento impartido por el polaco Lech Walesa, conformó el grupo “Somos +”, no pudiendo agrupar la membresía que le exigían desde Miami y además rechazado por otros “disidentes” que no le permitieron alcanzar representatividad entre la contrarrevolución tradicional.

El resultado fue similar al de otros “opositores”, se aprovechó del apoyo de Estados Unidos para recibir una visa y se acogerá a la Ley de Ajuste. Actualmente reside en Miami con su esposa, la que dio a luz un niño que es ciudadano norteamericano.

Probablemente en lo adelante se dedique a ejercer la ingeniería informática que gratuitamente obtuvo en Cuba, gracias al sistema socialista, que con seguridad le rendirá mejores frutos económicos para sostener cómodamente a su mujer e hijo.

El resto es más de lo mismo, aunque lo nuevo es la adición de Luis Almagro, titular de la OEA, organización que ni pinta ni da color, ni es respetada por nadie por responder a los dictados del Departamento de Estado y la CIA, como demuestran varios documentos desclasificados.

Cacareando lo que le indican los oficiales de la CIA, Almagro hace llamados a desconocer la sucesión de Raúl Castro, después que Estados Unidos se cansó de exigir la salida del gobierno de Fidel y de Raúl, plasmado en la “Ley para la libertad y la solidaridad democrática cubanas”, de 1996.

Como prueba de su servilismo, le orientaron viajar a Miami para participar en un acto organizado por Rosa María Payá, para continuar la guerra mediática contra Cuba, en una supuesta promoción de un “plebiscito vinculante para que el pueblo cubano decida qué sistema político quiere”.

A dicho bochinche asistió el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, miembro de la mafia terrorista, e hijo de uno de los principales testaferros del tirano Fulgencio Batista. Allí Almagro expresó su apoyo al proyecto fabricado para Rosa María Payá, y volvió a recitar el guion escrito por la CIA contra Venezuela, al señalar: “La dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, es un burdo intento de replicar la experiencia cubana, incluso en la generación de una diáspora para liberar la presión interna”.

Triste papel de vender su alma al que más dinero le aporte.

En un gesto similar al ofrecido a José María Aznar, ex presidente español que logró imponer en 1997 la llamada Posición Común contra Cuba, la zona de Coral Gables, integrada dentro del condado de Miami-Dade, proclamó el 10 de febrero “Día de Luis Almagro”.

Esos son los que quieren retrotraer a Cuba al pasado, aquel en el que politiqueros corruptos se postulaban para alcaldes, concejales y gobernadores, prometían en sus campañas electorales, agua, camino y escuelas, se robaban el escaso presupuesto destinado a un desayuno escolar y nunca dieron empleo a cientos de miles de desocupados que llenaban las calles de la isla.

Aquella situación cambió para siempre con la triunfante Revolución, a la que el imperio no le perdona los niveles de educación, cultura, seguridad social y salud alcanzados por su pueblo.

A darle lecciones de democracia a otros, a los cubanos les basta recordar lo que dijo José Martí:

“Es recia y nauseabunda, una campaña presidencial en los Estados Unidos”.

Estados Unidos asesinó a los marines del Maine para invadir a Cuba.


Por Arthur González.

Han pasado 120 años de aquel fatídico 15 de febrero de 1898, cuando la ciudad de La Habana se estremeció por la explosión del acorazado estadounidense Maine.

Los hechos, preparados de ante mano por el gobierno de Estados Unidos, buscaban el pretexto para invadir la Isla y evitar la victoria de los cubanos en su guerra para independizarse de España.

Al analizar detalladamente los sucesos, se observa que los métodos son similares a los empleados posteriormente en los siglos XX y XXI, cada vez que Estados Unidos desea ocupar militarmente a otro país para apoderarse de sus recursos naturales. Los casos de Corea, Vietnam, Afganistán, Irak, Libia y Siria, lo demuestran con creces.

Una mirada al urdido crimen del Maine, da la medida de lo que puede sucederle a Venezuela en las próximas semanas, pues la coincidencia de hechos no es casual, son los mismos métodos ejecutados por Estados Unidos desde hace 200 años.

Días antes de que el presidente William McKinley, ordenara en 1898 la salida del Maine hacia La Habana, se produjeron un conjunto de actos vandálicos que fueron utilizados por el Presidente para la toma de tal decisión, los que, a la luz de hoy y con la experiencia acumulada por acciones similares, se llega a la conclusión de que aquellos sucesos fueron realmente provocados y financiados por la embajada de Estados Unidos en la Isla.

Los acontecimientos mencionados consistieron en varios disturbios ejecutados por aparentes “seguidores” del Capitán General español, Valeriano Weyler, quien había sido destituido, entre ellos el asalto a diarios que en su línea editorial respaldaban la autonomía de Cuba.

A partir esos “incidentes” callejeros, el presidente McKinley dio la orden de enviar a la Habana al Maine, bajo el pretexto, muy utilizado por los yanquis, de “proteger” los negocios y la vida de los ciudadanos estadounidenses residentes en Cuba.

Muchos elementos prueban que todo fue un plan para invadir a Cuba; basta señalar que Fitzhugh Lee, entonces cónsul yanqui, fue quien calificó la situación en La Habana como “peligrosa” y, por tanto, instó a su Gobierno al envío de un buque de guerra para “proteger” a los estadounidenses establecidos en Cuba, cuando ninguno de los que en ese momento residían en la Mayor de las Antillas corría el más mínimo peligro.

Todo fue diseñado con la idea de entrar en la guerra con España para arrebatarle la victoria al ejército libertador cubano, que la tenía ya en sus manos.

Para lograr sus pretensiones, al presidente McKinley no le tembló la mano para firmar la orden de hundir el acorazado con su carga humana, pues al final los marines muertos serían convertidos en héroes y se les rendirán los homenajes para acusar a España del hecho.

El plan concebía, entre otras medidas, asegurar que todos los oficiales bajaran a tierra porque solo podían morir los marines, entre ellos varios de raza negra. Por ese motivo, el capitán Sigsbee, al frente de las tropas del acorazado, permitió que solo los oficiales dejaran el buque para asistir al homenaje ofrecido por las autoridades españolas, ignorando estas lo que sucedería horas después.

El macabro plan fue elaborado bajo la más estricta compartimentación, e incluso se le ocultó al propio secretario de la Marina de Estados Unidos, John Davis Long, quien dio la orden del regreso del Maine, por considerar que la situación en La Habana no ameritaban su permanencia por más tiempo. Sin embargo, el cónsul, Fitzhugh Lee, no estuvo de acuerdo y Washington aceptó sus argumentos, ordenando prolongar la estadía en la rada habanera, lo que demuestra que era la embajada yanqui quien tenía una fuerte participación en dicha operación.

En la explosión murieron 260 tripulantes al instante y días después fallecieron otros seis, a consecuencia de las heridas.

De inmediato Estados Unidos acusó a España de ser responsable del hecho y se conformó una comisión para las pesquisas, presidida por el capitán de la Marina, William Sampson.

El plan se ejecutaba sin dificultades y el resultado de la comisión investigadora fue que “el Maine había sido volado por una mina colocada bajo el casco de la embarcación, la que a su vez causó la explosión de los almacenes de municiones localizados en la proa”, información registrada en el Reporte Oficial de la Corte Naval, el 22 de marzo de 1898.

Como colofón de esa farsa, el presidente McKinley solicitó autorización al Congreso para intervenir en la guerra hispano-cubana, enviándole un ultimátum a España, exigiéndole su inmediata retirada de Cuba. Al no ser aceptada, Estados Unidos inició sus acciones militares en el oriente cubano, evitando la entrada de las tropas del General Calixto García a Santiago de Cuba, después que este apoyó a los yanquis en el desembarco y combates contra el ejército español.

Al rendirse los españoles, Estados Unidos no impidió la participación a los cubanos en la firma de los acuerdos de París del 10 de diciembre de 1898 y Cuba fue ocupada militarmente por los norteamericanos durante cuatro años, hasta garantizar un gobierno cubano que se sometiera sin condiciones a sus órdenes.

El 13 de marzo de 1962 el Presidente de la Junta de Jefes del Estado Mayor, General de Brigada, Lyman L. Lemnitzer, firmó un memorando dirigido al Secretario de Defensa, contentivo de un conjunto de operaciones para justificar una intervención militar en Cuba.

Dicho documento, ya desclasificado, afirma:

Organizar una operación similar a la del acorazado Maine. Para esto pudiera volarse un barco norteamericano en la Bahía de Guantánamo y acusar a Cuba de la acción”.

Así son realmente los yanquis, por eso José Martí afirmó:

“…entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.