La historieta de los inventados “ataques” acústicos se esclarece


Por Arthur González.

Estados Unidos creador de la guerra sicológica, no hace nada sin que detrás se oculte un objetivo y así lo hace contra Cuba con los “ataques acústicos” que no cesan de divulgarse por su prensa oficialista.

Pasadas algunas semanas el panorama se ve mucho más claro y evidencia que el verdadero propósito es dañar la entrada a Cuba de visitantes extranjeros de Estados Unidos, y todo parece indicar que Canadá será su próximo objetivo, el mayor emisor de turistas.

En 1953, el diccionario de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, define la Guerra Sicológica como:

 “La acción emprendida por parte de una nación o de varias naciones, de propaganda y otros medios de información contra grupos enemigos, neutrales o amigos de la población, para influir en sus concepciones, sentimientos, opiniones y conductas, de manera que apoyen la política y los objetivos de la acción y grupos de las naciones que sirven a la guerra sicológica”.

En la actualidad, la guerra sicológica es una estrategia global para desestabilizar gobiernos no afines a los Estados Unidos, donde se pretende cambiar su sistema político, económico y social.

Emplean las nuevas tecnologías de la informática para trasladar informaciones falsas o distorsionadas, desinformar y difamar, con el fin de confundir, sembrar dudas y crear matrices de opinión a fines con los intereses estadounidenses.

Prueba de que los propósitos de Estados Unidos es cortar la entrada de visitantes y afectar la economía cubana, fueron las alertas del presidente Donald Trump, de que Cuba es responsable de los “ataques acústicos” y para limitar el flujo de visitantes, diariamente publican nuevos casos de supuestos afectados por los ruidos.

Con vistas a lograrlo, Washington emitió restricciones de alojamiento en los hoteles Nacional y Capri; reciente divulgaron que “un visitante norteamericano regresó afectado por los ruidos”, todo sin la menor prueba legal, ni la definición de qué equipo los produce, dónde se instala, quiénes lo operan y que características técnicas posee que nadie lo ve, ni siquiera los oficiales del FBI y la CIA acreditados dentro de su embajada en La Habana.

Para incrementar el miedo entre los estadounidenses y especialmente en el tema de los altos gastos de salud que tendrían que pagar si son “atacados” por el ruido misterioso, la AP, acaba de publicar una fantástica historia de un yanqui que dice llamarse Chris Allen, residente de Carolina del Sur, quien asegura que en abril del 2014 se hospedó dos noches en el Hotel Capri, pero decidió marcharse porque sintió en su cuerpo un inexplicable entumecimiento y hormigueo.

Míster Allen declaró a la AP que viajó a Cuba a través de México para pasar vacaciones, violando las leyes del “embargo”, pero de eso la AP no escribió una letra, ni el Departamento de Estado ni la OFAC lo han citado para multarlo, como establecen sus leyes.

Sin embargo, garabatean páginas para describir los miles de dólares que tuvo que pagar en exámenes médicos para supuestos tratamientos médicos, algo que, si puede causar pánico entre los estadounidenses, por ser el único país del llamado primer mundo que no posee un servicio de salud público sin costos para sus ciudadanos.

Para crear terror entre sus lectores, la AP asegura que “pasados seis meses Allen continuó con sus síntomas y fue examinado por seis neurólogos” sin más detalles, y añaden que “este es uno de tres docenas de viajeros estadounidenses que han contactado a la agencia, alarmados por la posibilidad de haber sido víctimas de estos extraños y sigilosos ataques en Cuba”.

Al constatar que sus mentiras no frenan la afluencia de turistas a Cuba, y ante la próxima temporada alta, continúan con su guerra sicológica con relatos infantiles.

El más reciente se trata de la historia de uno de los más de 100 presos que tienen los yanquis en su ilegal cárcel en la base naval en Guantánamo.

Esos presos, trasladados a dicha base después de la ocupación militar de Estados Unidos a Afganistán, no tienen derecho a juicio, ni a visitas de sus familiares y amigos, los mantienen confinados en celdas de castigo, donde son torturados y sometidos a tratos inhumanos, por lo que el Departamento de Estado tuvo que declarar ante la Comisión de las Naciones Unidas encargada del tema.

Para incrementar su campaña contra Cuba, el libelo El Nuevo Herald, publicó un artículo firmado por Henry Chirinos, donde relata que “un prisionero dijo haber percibido ruidos extraños en su celda en Guantánamo, con  síntomas muy parecidos a los denunciados por los diplomáticos estadounidenses que fueron víctimas de presuntos “ataques acústicos” en La Habana”.

Parece que El Nuevo Herald olvidó las huelgas de hambre que sistemáticamente hacen los prisioneros en la base naval yanqui, por el maltrato de que son víctimas y la ilegalidad del confinamiento que padecen.

La realidad es que Ramzi bin al Shibh, internado en la base yanqui desde 2006, ha denunciado sentir vibraciones en su cama dentro de la celda que ocupa.

Sobre el hecho, el fiscal Clay Trivett declaró que ningún empleado estadounidense de la base naval, válida las denuncias de Bin al Shib, y aunque el detenido se queja reiteradamente sobre los ruidos, seis o siete guardias de la cárcel estudiaron la situación y solo ese detenido es quien se queja, por lo que se muestran escépticos ante tal denuncia.

Como la acusación afecta a las autoridades yanquis, el fiscal Clay Trivett concluyó: “según lo que sabemos, no está ocurriendo, es algo que sólo está en la mente de una persona”.

En el caso de La Habana la reacción no es similar, porque la campaña política es amplificar los “ataques” y causar temor en los turistas; así de sencillo.

Razón tenía José Martí cuando afirmó:

“Mientras más de cerca toco las cosas políticas, más repugnancia me inspiran”.

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Los responsables de tantas muertes acusan a Cuba de afectar a sus diplomáticos en La Habana.


Por Arthur González.

Sin dudas la Casa Blanca en sus campañas mediáticas contra los países que tienen gobiernos no aceptables para ellos, inventan cualquier situación, ahora le tocó a Cuba con un supuesto ataque con armas acústicas contra sus diplomáticos en La Habana. Según las noticias divulgadas por sus agencias noticiosas, la exposición a ese tipo de armas el pasado año 2016, habría “afectado la audición” de algunos de sus funcionarios diplomáticos.

Hay que tener muy poca vergüenza para hacer ese tipo de acusación contra Cuba, país víctima de cientos de ataques mortales por parte de Estados Unidos.

¿Se les habrá olvidado a los funcionarios del Departamento de Estado, que fue Estados Unidos quien intentó asesinar al presidente Fidel Castro cientos de veces y ante la denuncia no les quedó otro remedio que conformar una comisión senatorial, conocida como Comisión Church, la cual reconoció casi una decena de intentos de asesinato, por el solo hecho de que Fidel tenía una línea de pensamiento diferente a la de ellos? Eso es un delito grave y jamás la ONU los condenó.

Tendrán los yanquis tan mala memoria para no recordar la epidemia de meningoencefalitis introducida en Cuba en 1964, causante de la muerte de decenas de niños y la del dengue hemorrágico en 1981, que solo en ese año provocó la muerte de 158 personas, de ellas 101 niños e infectó a 344 mil 203.

Los que poseen laboratorios especiales para la producción de armas letales son precisamente los Estados Unidos y es público que de tales centros salen numerosas epidemias que infestan a pueblos inocentes.

En 1986 un informe elaborado para el Congreso de Estados Unidos, aseguró que el Gobierno de ese país logró conformar agentes biológicos, entre ellos virus modificados, toxinas naturales y agentes alterados mediante la ingeniería genética, para cambiar su carácter inmunológico e impedir el tratamiento por medio de todas las vacunas existentes en la actualidad.

Un año después, el Departamento de Defensa admitió que continuaba la ejecución de investigaciones en 127 institutos y universidades de toda la nación, para el desarrollo de agentes biológicos, a pesar de la prohibición establecida en tratados internacionales firmados por Estados Unidos. El centro principal de toda esa actividad se encuentra .

Cuba siempre ha sido respetuosa de los tratados y convenciones internacionales sobre la protección de las misiones diplomáticas acreditadas en la isla. Quienes no la respetan son los Estados Unidos que utilizan los locales de su misión diplomática, para realizar actos de espionaje electrónico y con fuentes humanas, así como la preparación e instigación de la contrarrevolución interna para ejecutar actos provocativos contra el gobierno cubano.

El mundo debe saber que los Estados Unidos son los responsables de introducir enfermedades contra otros países y no es Cuba la que provoca enfermedades a seres humanos.

Ejemplo de esos actos criminales fue la contaminación en 1931, de cientos de ciudadanos puertorriqueños con células cancerígenas, cuando Cornelius Rhoads, realizaba ciertos experimentos médicos patrocinados por el Instituto Rockefeller, quien además formó parte de la Comisión de Energía Atómica de EE.UU.

¿Ya no recuerdan en la Casa Blanca que, en el año 1951, Estados Unidos utilizó plumas de aves infectadas con Ántrax para enfermar a la población de Corea del Norte y que posteriormente también inoculó la fiebre amarilla en ese país?

Y qué dicen los puritanos funcionarios del Departamento de Estados, respecto a lo ejecutado en 1966 por el Pentágono cuando diseminó a través las rejas de ventilación del metro de Nueva York, varias bolsas con la bacteria Bacillus subtilis, exponiendo a más de un millón de personas.

Otro acto semejante ocurrió en 1990 en Los Ángeles, California, cuando especialistas en guerra biológica aplicaron de forma experimental, la vacuna del sarampión a bebes negros y latinos para observar su reacción ante esa enfermedad.

Hace solo 6 años, en el 2011, el ex presidente de Guatemala, Álvaro Colom, denunció que Estados Unidos inoculó enfermedades venéreas a 696 guatemaltecos durante 1946 y 1948. Ante el escándalo que esa acción provocó, el gobierno de Estados Unidos solo pidió disculpas, pero no indemnizó a nadie ni fue condenado por los organismos encargados de velar por el respeto a los derechos humanos.

Es evidente que los funcionarios yanquis han perdido la audición, porque no escuchan los reclamos del mundo para que eliminen la despiadada guerra económica, comercial y financiera que pretende matar por hambre y enfermedades a 11 millones de cubanos.

Aun no se conoce qué tenebrosos planes se ocultan tras la falsa acusación contra Cuba, respecto ante el supuesto ataque acústico contra sus diplomáticos, pero lo que sí está más que definido es que son los propios Estados Unidos quienes tienen una larga historia de crímenes en el mundo en esa materia.

Tampoco es descartable que se trate de una auto provocación para actuar contra la Revolución; la explosión del acorazado Maine en 1898 para justificar su intervención en la guerra contra España, está muy presente en el pueblo cubano que conoce de lo que son capaces, como lo fue la guerra contra Iraq acusándolos de poseer armas químicas que nunca existieron.

Podrán fabricar historias de todo tipo, pero los cubanos nunca se rendirán ante ellos, porque como dijera José Martí:

“Alzar la frente es mucho más hermoso que bajarla”