Los yanquis no se respetan.


Por Arthur González.

Acostumbrados a las mentiras, a los gobernantes yanquis no les importa que pasado un tiempo la verdad les salte en la cara, demostrando como falsean la verdad cuando pretenden alcanzar un objetivo concreto.

Aún se recuerda con la firmeza que el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson, negó que su país estuviera involucrado en los ataques aéreos a los aeropuertos de la Habana, Santiago de Cuba y la base aérea de San Julia, el 15 de abril de 1961, preámbulo de la invasión mercenaria a Cuba preparada por la Casa Blanca y la CIA.

En su declaración contra la acusación del canciller cubano Raúl Roa, el embajador Stevenson mostró una foto, entregada por el Departamento de Estado, donde se veía un supuesto avión de las fuerzas aéreas revolucionarias cubanas, con el inventado piloto desertor.

Poco duró la farsa y el embajador Stevenson reconoció años después que “aquella había sido la experiencia más humillante de mi vida pública, al sentirme deliberadamente manipulado por mi propio gobierno”.

Otras mentiras se han producido en los años, como la que Irak tenía armas químicas y era preciso invadirla con el ejército yanqui, días después el mundo conocía que todo era parte de un plan expansionista para apoderarse del petróleo, entre otras razones.

Cuba tiene una larga lista de hechos mentirosos desarrollados por Estados Unidos para justificar agresiones, actos de guerra económica y otros con la esperanza de destruir a la Revolución socialista que tanto odian.

El más reciente es la gran mentira de los inventados ataques acústicos y las falsas enfermedades, casualmente de los oficiales CIA que con ropaje diplomático trabajaban en su misión diplomática en La Habana, todo con única intención de cerrar la embajada y congelar al máximo las relaciones establecidas por Barack Obama, tal y como prometió Donald Trump en Miami, durante sus discursos de campaña en 2016.

Después de dos años sin mostrar una sola prueba de las inventadas enfermedades y las causas, el legendario diario The New York Times, publicó un artículo donde afirma que un grupo de “importantes científicos y biólogos” de Estados Unidos y el Reino Unido, después de realizar “un profundo estudio” sobre los presuntos ataques acústicos sufridos por los diplomáticos estadounidenses en La Habana, llegaron a la conclusión de que de lo escuchado por los diplomáticos “afectados”, son realmente los chirridos de un tipo de insecto específico, nada menos que el grillo cubano “Anurogryllus celerinictus”.

Como mismo le sucedió al embajador Adlai Stevenson, le pasará los supuestos científicos que se prestaron al juego de la CIA para afirmar tal ridiculez, pues nadie con un poco de sentido común puede creerse que un grillo cause las enfermedades que afirman padecer los oficiales diplomáticos.

El verdadero causante de esos hechos se llama Mike Pompeo, director de la CIA, en ese entonces, que aprobó el plan para cerrar poco a poco la misión diplomática en La Habana, a pesar de que muchos de sus subordinados se opusieron a tal acto, debido a la pérdida de posibilidades para el trabajo de espionaje, que un cierre de la misión les ocasionaría.

Hay más tiempo que vida, por tanto, en unos años se conocerá toda la verdad y harán el ridículo todos los que se prestaron para esta patraña, incluidos biólogos, científicos y demás especialistas, quienes perderán todo prestigio ante la comunidad científica.

Mientras, la CIA tendrá que disponer de altos presupuestos para pagar las indemnizaciones que seguramente reclamarán los afectados, ahora respaldados por esas “consideraciones científicas”.

A la par, Cuba exhibe seguridad y bellezas naturales a los turistas y visitantes a la Isla, incluidas figuras de la cultura, la ciencia y de variadas ocupaciones que poseen aquellos que siguen optando por disfrutar de las playas y ciudades cubanas, porque como afirmara José Martí:

“La dicha es el premio de los que crean y no de los se destruyen”

 

 

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Eminente cierre de la embajada yanqui en La Habana.


Por Arthur González.

El anuncio hecho por el Departamento de Estado el pasado 10 de diciembre 2018, sobre el cierre definitivo de las oficinas locales de los Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) en La Habana, confirma que la línea política a seguir es el cese total del trabajo de su misión diplomática, algo que pronosticamos desde el pasado año, cuando el gobierno yanqui inició la historieta de los falsos ataques acústicos.

Olvidando sus fracasos, ahora insisten en volver a desmantelar su embajada en Cuba, error cometido por el presidente D. Eisenhower, cuando el 3 de enero de 1961 rompió las relaciones diplomáticas, con la ilusión de que la Revolución cubana sería derrocada durante la fracasada invasión mercenaria que organizó la CIA por la Bahía de Cochinos en abril de ese año y  vencida en solo 67 horas.

Fue por aquel error de cálculo que la CIA se quedó fuera del panorama político cubano, al cerrar su poderosa estación en La Habana y verse obligada a depender de la colaboración de otros servicios de inteligencia, principalmente europeos, como fueron los británicos, españoles, belgas, alemanes, italianos, franceses y canadienses.

Ante la necesidad de atender a la amplia red de agentes cubanos reclutados por la CIA desde finales de los años 70, en el año 1977 James Carter aprobó la apertura de una Sección de Intereses en la Isla, decisión que amplió las posibilidades de ubicar en dicha misión diplomática a numerosos oficiales y técnicos en comunicaciones de la CIA, muchos de los cuales emprendieron la atención clandestina de 27 agentes, reclutados entre funcionarios cubanos de los sectores más importantes del país, sin sospechar que en realidad todos pertenecían a la Seguridad del Estado de Cuba, conocida como G-2.

El Ministerio de Comercio Exterior, el Banco Nacional, Ministerio de la Pesca, Cubana de Aviación, el Comité Estatal de Colaboración Económica, Ministerio de las Comunicaciones, la Marina Mercante, Ministerio de Salud Pública, Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de la Construcción, Universidad de la Habana, Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), fueron entre otros, los organismos de mayor interés de la CIA en esa época, según reportajes publicados por la prensa cubana durante la denuncia llevada a cabo en el verano de 1987.

En aquel momento la CIA tenía en la Sección de Intereses, a 22 oficiales para el trabajo ilegal con sus agentes, el estudio y caracterización de nuevos funcionarios cubanos con posibilidades de ser reclutados durante sus viajes al exterior, y más de 55 oficiales acreditados como funcionarios en tránsito.

Aquella capacidad de trabajo solo era posible por la existencia de su Sección de Intereses, USIS, algo que debió ampliarse al restablecerse las relaciones diplomáticas el 17 de diciembre de 2014 y con la apertura oficial de la embajada yanqui el 1ro de julio 2015, reconocido por el propio Barack Obama, cuando expresó:

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor”.

La alianza establecida por Donald Trump, con la mafia terrorista de Miami en junio 2017, debió impulsar a la CIA al desarrollo de otras variantes para la atención de su probable nueva red de colaboradores secretos en Cuba, a partir de los llamados NOC, No Oficial Cover, oficiales que actúan bajo cubierta no diplomática, según asegura un artículo de la revista TIME de febrero 20 de 1995, en el cual se ratifica que “la CIA ha ido calladamente sembrando a sus oficiales encubiertos en empresas comerciales, sucursales bancarias, agencias de viaje, corporaciones de alta tecnología y otras, que le permiten ejecutar operaciones clandestinas de forma más eficiente”.

El empleo del turismo y el intercambio académico fueron empleados con fuerza en Cuba hace pocos años, para el reclutamiento, orientación y abastecimiento técnico a sus nuevos agentes en la Isla, como quedó demostrado en el serial Las Razones de Cuba, visionado en la TV cubana durante 2012.

Esa situación quizás indujo a Mike Pompeo a diseñar la mentira de los “ataques acústicos y las falsas enfermedades de sus diplomáticos”, con el propósito de afectar la entrada de turistas a la Isla, pues estaba consiente que sacrificar a oficiales con la cubierta diplomática, podría compensarse con los NOC, unido a las facilidades de viajes que hoy brinda la nueva política migratoria cubana y el empleo de sitios Web para las comunicaciones secretas, según informaba Yahoo News en noviembre 2018.

Por tanto, no sería extraño que en poco tiempo anuncien el cierre total de su embajada, algo que prácticamente han ejecutado al cesar las actividades consulares en La Habana, las que constituían su mayor carga de trabajo, al no existir relaciones comerciales y ser escasas las políticas y culturales, debido a la vigencia de la guerra económica, comercial y financiera desde hace 60 años.

Las agencias de inteligencia yanquis podrán cambiar de ropaje, pero no deberán menospreciar el trabajo de la Seguridad del Estado, de esa pequeña pero valiente isla de Cuba, que trabaja con cautela, apoyada por su pueblo en el combate diario, para detectar, cortar y denunciar las acciones ilegales organizadas por Estados Unidos, porque como escribió José Martí:

“En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”.

 

 

 

 

Los yanquis no hacen nada por gusto.


Por Arthur González.

Cada medida adoptada por el gobierno de los Estados Unidos buscar un fin concreto, siempre beneficioso para sus políticas subversivas y de dominación. Así es el caso de los fabricados “ataques sónicos” contra algunos diplomáticos acreditados en su embajada en La Habana, campaña mediática que solo persigue afectar el turismo de la Isla, como parte del nuevo enfoque de Donald Trump y su rechazo a las medidas adoptadas durante la administración de Barack Obama.

Trump fue preciso en su discurso de junio 2017, ante un grupo de cubanos que conforman la llamada mafia terrorista anticubana de Miami, donde les prometió un cambio radical de las medidas aprobadas por su antecesor, algo que cumplió a cabalidad.

Quizás con la pretensión inicial de romper las relaciones diplomáticas, recompuestas por Obama en diciembre 2014, el Departamento de Estado expulsó en el 2017 a más de una docena de diplomáticos cubanos de Washington, bajo el alegato de inventados “ataques acústicos” que “enfermaron” a un grupo de diplomáticos yanquis en La Habana, a la vez que retiraba igual número de sus funcionarios acreditados en la Isla.

Era la señal más evidente del cambio, seguida de la alerta de seguridad emitida para los viajeros norteamericanos a Cuba, ante el peligro de sufrir similares “enfermedades” a la de sus diplomáticos, iniciándose la película de terror para amedrentar a los incautos.

Semanas después tomaron la decisión de prohibir las visitas de forma individual, amparadas en licencias del programa Pueblo a Pueblo, permitiendo solo las grupales con un responsable al frente de las mismas.

Pero la vida es más rica y la falta de personal diplomático y de oficiales de la CIA en La Habana, volvió a colocar a las Agencias de Inteligencia en una posición desventajosa, sin poder ejecutar sus acciones de espionaje y subversión, que ampliamente realizaban desde la apertura de su Sección de Intereses, en septiembre de 1977.

Aún se recuerda la denuncia efectuada por la Seguridad del Estado de Cuba, en el verano de 1987, cuando la TV cubana transmitió varios capítulos de 27 dobles agentes que lograron engañar por años a la CIA, unido a filmaciones de oficiales CIA bajo la cobertura diplomática, cuando colocaban sofisticados equipos de comunicación satelital, dinero, libretas para codificar y descodificar sus informaciones secretas y otras acciones ilegales que realizaban desde la Sección de Intereses.

Aquella denuncia fue totalmente silenciada por la prensa estadounidense.

Con la apertura de la embajada en 2015, posterior al restablecimiento de relaciones diplomáticas, el propio presidente Obama declaró:

“…Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor…nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses, y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

Transcurrido un año de la decisión de Trump para complacer las peticiones de la mafia anticubana y del Senador Marco Rubio, los resultados han sido desastrosos para sus intereses de inteligencia, a tal punto que el pasado 23 de agosto del 2018, un informe realizado por el Servicio de Investigación del Congreso de los Estados Unidos, reconoció que “la drástica reducción del personal diplomático en la Embajada estadounidense en La Habana, solo ha logrado entorpecer las acciones de supervisión sobre Cuba”.

Ante esa realidad la investigación congresional agrega:

“El trabajo que se realizaba con la sociedad civil y los activistas de derechos humanos en la Isla, se ha visto reducido y en muchos casos eliminado, en momentos en que se lleva a cabo una transición política en Cuba y se debate en los barrios el anteproyecto de una nueva Constitución, que será sometida próximamente a referendo popular.

No son necesarios más argumentos. La decisión fue un gravísimo error y en materia de inteligencia lo están pagando caro, siendo el mayor beneficiario el gobierno cubano, al no tener que enfrentar la ola de acciones subversivas que desarrollaban los yanquis en toda Cuba, desde su misión diplomática.

Un signo a seguir de cerca es el anuncio efectuado por el Departamento de Estado, respecto al cambio del nivel de advertencias sobre los viajes a Cuba, al reducirlo del nivel tres (reconsiderar el viaje) al dos (solo tomar precauciones adicionales).

Dicha información se publicó horas después que se conociera el resultado del informe del Servicio de Investigación del Congreso.

Esa medida, sin dudas, podría mejorar la entrada de más estadounidenses a la Isla, quienes tendrán la capacidad de monitorear en el terreno la situación política cubana, ante la merma de oficiales de inteligencia con cobertura diplomática, retomando la el empleo de oficiales con cobertura no oficial, como hacen con mayor alcance desde la caída del socialismo europeo, al utilizar otras fachadas como el turismo, los comerciantes, religiosos, académicos, estudiantes y otras categorías, que le posibilitan mayor libertad de movimientos para la búsqueda de la información de su interés.

Todo está analizado y aprobado, hay que buscar soluciones a las dificultades creadas por una decisión pasional que perjudicó fuertemente a los servicios de inteligencia yanqui, en momentos que más necesitan estar presentes en Cuba, pues Trump no dará marcha atrás.

No por gusto aseguró José Martí:

“Las pasiones, solo por serlo, son de suyo violentas, injustas e irracionales”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Florida, un lugar de alto peligro para la vida.


Por Arthur González

El estado norteamericano de la Florida es uno de los lugares más peligrosos del hemisferio occidental, debido a la violencia reportada diariamente por la prensa. En cada emisión de los diarios de ese estado, se pueden leer noticias de terror, donde la vida de los ciudadanos no vale nada.

Asaltos en centros comerciales en pleno día, robos en residencias, trifulcas callejeras, muchas de ellas por temas de las drogas, choferes que atacan a otros en las autopistas, agresiones a policías, violaciones de mujeres y asesinatos, son cometidos a cada hora en el llamado Estado del Sol y el más reciente fue la masacre de 17 adolecentes, ocurrida en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, condado Broward, el 14.02.2018, ejecutada por un joven de 19 años con un fusil de asalto.

A pesar de esa alta peligrosidad, el Departamento de Estado ni Donald Trump, no han emitido alertas de seguridad para que los norteamericanos no viajen a ese estado, por correr riesgo su salud y vida, como ha hecho con Cuba, uno de los lugares más seguros del mundo, reconocido por agencias de ONU y por la asociación estadounidense de turoperadores Respect, (Responsible Ethical Cuba Travel).

El 29.09.2017 el Departamento de Estado, emitió una alerta recomendando a los estadounidenses no viajar a Cuba, porque podían correr el riesgo de ser víctimas de los misteriosos “ataques” que dicen haber sufrido 24 diplomáticos y sus familiares en La Habana.

En enero de 2018 reformuló la alerta, donde plantean a los visitantes “reconsiderar” sus viajes a la Isla.

Los estadounidenses tienen prohibido viajar como turistas a Cuba, algo que viola su libertad de movimiento.

Toda esa alharaca forma parte de una Operación diseñada por sus servicios de inteligencia, con el propósito de afectar el turismo, una de las más fuertes fuentes de divisas al país, e incrementar la guerra económica que estableció la Casa Blanca contra la Revolución, desde hace más de medio siglo.

El método de guerra económica es empleado constantemente por Estados Unidos, contra los países que tienen gobiernos no aceptables para ellos, ejemplos evidentes son Venezuela, Irán, Rusia y Corea del Norte.

La política sucia desarrollada por Estados Unidos es bien conocida y, como muestra de su poderío, aplican sanciones para intentar doblegar a los que no aceptan someterse a las órdenes del dictador de turno en el salón oval de la Casa Blanca.

En Cuba cualquier ciudadano camina por sus calles de día y de noche sin temer ser asesinado, asaltado o violado, la policía no porta armas largas y no existen tiroteos como ocurren en la Florida o Cancún, lugares para los cuales no existen alertas de seguridad.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), médicos y autoridades de salud pública estadounidenses, consideran que, desde hace muchos años, las muertes por armas de fuego representan una amenaza a la salud pública en ese país.

Por supuesto, todo tiene una marcado interés político  y de ahí la
la reticencia de las autoridades de Estados Unidos de ver la violencia interna con armas de fuego, como un asunto de salud pública, porque una alerta como la establecida contra Cuba, afectaría la economía de la Florida.

Los datos son ilustrativos y según un estudio de Visit Florida, los turistas gastan aproximadamente 108 mil 800 millones al año en Florida, generando 11 mil 300 millones en impuestos estatales y locales. En un día unos 2,2 millones de visitantes llegan a ese estado y gastan un promedio de 300 millones diarios.

Para tener una idea de la diferencia abismal con Cuba, basta señalar que en la Florida desde el 2016, hay un tiroteo colectivo al año, cuando un hombre mató a 49 personas e hirió a 58 en el Pulse, un club nocturno de Orlando. En 2017 otro hombre armado asesinó a cinco personas e hirió a seis, en el Aeropuerto Internacional de Fort Lauderdale-Hollywood.

De acuerdo con informaciones reportadas por los CDC, posterior a la señalada masacre en Orlando, la relación de muertes por armas de fuego en la Florida, aumentó de 11,5 por cada 100 mil floridanos en el 2014 a 12,6 por cada 100 mil en el 2016.

El Departamento de Salud de la Florida reportó recientemente que las armas de fuego están entre las tres primeras causas de muerte, en personas de entre 10 y 34 años, en los años 2013, 2014 y 2015. Solo en 2016 hubo 38 mil 551 muertes por armas de fuego en Estados Unidos, algo que jamás sucede en Cuba.

Otro lugar para el que tampoco existen alertas de seguridad es el balneario mexicano de Cancún, muy frecuentado por estadounidenses y con varias cadenas de hoteles propiedad de empresas de Estados Unidos.

Pero a diferencia del Departamento de Estado, la Secretaría de Relaciones Exteriores de Alemania, publicó una advertencia de viaje para los alemanes que deseen visitar Cancún, donde recomiendan no quedarse durante las noches en la zona del centro, ya que “recientemente se han producido varios enfrentamientos violentos”, y añaden:

“En muchas regiones de México, hay conflictos armados entre las fuerzas de seguridad del estado y el crimen organizado, el número de crímenes violentos está aumentando, al igual que la violencia contra las mujeres, en particular en las regiones turísticas”.

Esa es la prueba de la doble moral yanqui y su marca pretensión de dañar la economía cubana, pero el turismo a la Isla crece porque la verdad prevalece y como dijera José Martí:

“Nunca se acepta lo que viene en forma de imposición injuriosa”.

 

Continúa la escalada de Estados Unidos contra Cuba


Por Arthur González.

Estados Unidos no se conforma con ver a Cuba transitar libremente a pesar de la guerra económica que le han impuesto desde hace 58 años. Año tras año sufren al comprobar que sus planes terroristas y de subversión, no pueden derrocar a la Revolución socialista y aun así persisten en su empeño.

Las más recientes acciones de la Casa Blanca, fueron desmontar la sutil e inteligente política subversiva diseñada bajo la administración Obama, quien pretendió desmontar el socialismo desde adentro, utilizando hábilmente la maniobra del acercamiento diplomático para como el mismo expresó:

“Aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor. […] Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses, y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

Al no palpar resultados con esa nueva línea política, los ideólogos de la actual administración Trump, decidieron regresar al reforzamiento de su añeja guerra económica, con la pretensión de que el pueblo cubano se lance a las calles a protestar, tal como hicieron antes en Polonia y ahora en Venezuela.

Ese retornar al pasado conllevó a la fabricación de la historieta de los falsos ataques acústicos y las inventadas enfermedades a algunos de sus funcionarios diplomáticos en La Habana, todo con el propósito de amedrentar a los estadounidenses que visitaban la isla bajo licencias ampliadas por Obama, quien perseguía el traslado de sus valores y símbolos, pero que finalmente beneficiaron económicamente a Cuba.

Como parte de la escalada diseñada para llegar al rompimiento de relaciones diplomáticas, Trump retiró a la mayoría de los funcionarios de su misión diplomática y cortó el otorgamiento de visas para emigrar y visitar temporalmente a Estados Unidos.

Para crear un incidente que le permita justificar el rompimiento de relaciones diplomáticas, en días pasados designó a Philip Goldberg como futuro Encargado de Negocios, personaje vinculado a la CIA desde que estuvo en Kosovo, Bolivia y Filipinas, lugares donde fomentó revueltas callejeras y alentó a la oposición a ejecutar acciones contra el gobierno, por lo cual fue expulsado o fuertemente criticado por los mandatarios.

Es evidente que algo similar sueñan con ejecutar en La Habana y de ser declarado persona non grata, tener el pretexto deseado.

Para allanarle el camino, el pasado 30.11.2017, el diplomático Lawrence J. Gumbiner, quien ocupa actualmente el cargo de Encargado de Negocios en la misión habanera, sostuvo una reunión con Berta Soler, “presidenta2 de las agónicas “Damas” de Blanco, en la que le manifestó el apoyo de su gobierno a la llamada “oposición cubana”, la que no tiene respaldo popular alguno, ni membresía respetable.

Según declaraciones de Berta a la prensa de Miami, pocos días después del arribo de Gumbiner a Cuba, estando ella en uno de los centros ilegales que mantiene la embajada yanqui para la preparación de la contrarrevolución, él se enteró que ella estaba ahí y fue a conocerla. Semanas después la titulada “presidenta”, recibió una llamada telefónica desde Washington, donde le indicaron que acudiera a la embajada el 30 de noviembre a las tres de la tarde, para una entrevista oficial con ese diplomático.

Esa acción confirma el plan para continuar la escalada contra la Revolución, pues no fue una iniciativa personal del diplomático, sino una decisión del Departamento de Estado yanqui.

Agregó la “presidenta”, que Gumbiner le confesó estar “muy preocupado por la situación de la “oposición” y la “represión” gubernamental, en particular por las “Damas” de Blanco”.

No caben dudas de lo que se está cocinando en Washington contra La Habana, porque si realmente estuvieran tan “preocupados” por lo que es realmente una represión, deberían tomar acciones contra México, país donde solo en el Estado de Coahuila, no menos de 118 personas por cada cien mil de sus habitantes, son víctimas de algún abuso, según datos aportados por la CDHEC, y el Censo Nacional de Derechos Humanos 2017, publicados por la prensa mexicana.

Se afirma que Coahuila, es uno de los once estados de la República mexicana, donde se ejecuta el mayor número de violaciones a los derechos humanos en los últimos tres años, sin que Estados Unidos emita una sola declaración en apoyo al pueblo mexicano.

Otro aspecto que demuestra la doble moral de la Casa Blanca, es el silencio que guardan ante la alarmante situación que sufre Puerto Rico, donde la coalición de grupos cívicos y académicos denunció ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el alarmante incremento de la pobreza que mantiene a muchas personas en condiciones infrahumanas, sin que los colonialista de Washington hagan algo para mitigar esa situación.

Con la sangre fría e inteligencia que poseen los cubanos, demostrada en 58 años de enfrentamiento a los planes de la CIA, sabrán tomar las medidas necesarias y evitar las provocaciones de la actual administración yanqui y como tantas, culminarán en fracasos.

Ignorantes de la historia de Cuba los trasnochados que aspiran a someterla nuevamente, porque como dijera José Martí:

“Ancha tumba construye con sus propias manos las maldades, donde el espíritu del

pueblo lanza a los que han querido enterrar en ella la conciencia de la nación”

Razones para desmontar la política de Obama hacia Cuba


Por Arthur González

El 17.12.2014, cuando el presidente Barack Obama dio a conocer el restablecimiento de relaciones con La Habana, expuso con claridad y precisión:

“Décadas de aislamiento a Cuba por parte de los Estados Unidos, no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática… A pesar de que esa política se basó en la mejor de las intenciones, su efecto ha sido prácticamente nulo”.

Ese cambio de estrategia fue negociado secretamente entre altos funcionarios de su Consejo de Seguridad Nacional.

Los objetivos trazados por Estados Unidos se mantuvieron, lo único que decidieron utilizar otro camino para intentar el empoderamiento de la sociedad cubana desde adentro.

No era la primera ocasión que Washington esperaba flexionar su política hacia Cuba, pero siempre se interpusieron los miembros de la ultra derecha y la mafia terrorista anticubana, que no aceptan el reconocimiento del gobierno revolucionario.

El 02.05.1967, Henry Owen, presidente del Comité de Planificación Política del Departamento de Estado, aseguraba:

“Después de seis años vale preguntarse si esta política será la mejor para hacer avanzar nuestros intereses nacionales, bajo las condiciones que puedan prevalecer en el futuro… La revisión de nuestra política podría concluir que no se requiere un cambio fundamental, pero se podrían explorar varias estrategias alternativas… aplicar una presión considerablemente creciente sobre el régimen y estudiar las posibilidades y riesgos en la búsqueda de cierto acomodo”.

Hubo oponentes al diseño del nuevo programa que señalaron:

“No es el momento más propicio, ya que las dificultades económicas de Cuba y las señales del creciente descontento, indican que las penurias tienen un efecto real y es mejor mantener las presiones a fin de lograr el derrumbe del socialismo”.

El 1995 el presidente William Clinton, inició el conocido programa Pueblo a Pueblo, permitiendo viajes a la Isla con la finalidad de trasladar ideas y valores estadounidenses a los cubanos, algo que no fructificó y los que salieron con ideas en defensa de la eliminación del Bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, fueron los que supuestamente debían ejercer influencia entre la población, por tanto, el mencionado programa se cortó.

Lo mismo sucedió con los cruceros de estudiantes, quienes tenían la misión de influir sobre los jóvenes universitarios cubanos, algo que tampoco fructificó, al final retornaban a su país palpando una realidad muy diferente a la que le describían antes de su llegada a La Habana. Eso también fue prohibido al no alcanzar los éxitos esperados.

Después de casi tres años de la nueva estrategia de Obama, los cientos de miles de visitantes que según él llegarían a Cuba para: “apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso, empoderar al pueblo cubano, brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada y fortalecer a la sociedad civil independiente”, no pudieron rebajar el apoyo mayoritario de los cubanos a su Revolución.

Esos viajeros conocieron una sociedad diferente a la de ellos, plagada de limitaciones a causa del Bloqueo, pero con alegría contagiosa y espíritu emprendedor, que supo aprovechar la afluencia de norteamericanos para alojarlos en miles de habitaciones acondicionadas en las casas de renta a lo largo del país, acogerlos con afecto en restaurantes privados, atendidos por jóvenes con un elevado nivel académico, buena apariencia, conocimiento de su idioma y una cultura general envidiable, además de mostrarles las ciudades en antiguos autos de las décadas de los años 40 y 50, como si estuvieran montados en la máquina del tiempo.

Estados Unidos no obtuvo los resultados planificados, y viajar a Cuba se estaba convirtiendo en el sueño americano que destrozaba el mito de una isla comunista “violadora de los derechos humanos”, algo que ningún visitante constató, y eso no estaba acorde con el plan de influencia diseñado.

Las presiones de la ultra derecha y la mafia terrorista no se hicieron esperar; el 16.06.2017 Donald Trump, anunciaba en Miami el retroceso de la política de Obama y para eso sus ideólogos inventaron la falsa historieta de los ataques acústicos y las imaginarias enfermedades de sus diplomáticos, lo que dio pie, como primera medida, al cierre del consulado de Estados Unidos en La Habana y reducir al mínimo sus funcionarios, y paralelamente expulsar a diplomáticos cubanos de Washington.

Después de semanas de permanentes campañas mediáticas para amedrentar a los posibles viajeros a la Isla, se anunciaron otras medidas sancionadoras a una amplia gama de entidades cubanas, que cortan las aspiraciones del empresariado norteamericano de invertir en Cuba y a los viajeros de consumir una simple bebida refrescante de cola, piña o limón, si son hechos en fábricas cubanas.

Ante la impotencia de no acariciar los resultados soñados, la mafia terrorista anticubana presionó a todo el que podía asumir una postura a su favor, para volver a cerrar el acceso de visitantes estadounidenses, con vistas a impedir que Cuba ingrese dinero por esa vía, lo que contribuye a mejorar económicamente al país.

Esto fue confirmado el 11.11.2017 por Carlos Díaz-Rosillo, estadounidense descendiente de cubanos, con mayor rango en la Casa Blanca y asesor del presidente Donald Trump para su política hacia Cuba, quien en entrevista a la prensa expresó:

“El motivo del viraje de la política de Estadios Unidos hacia Cuba, establecida por el gobierno de Obama, es que el actual presidente expresó que no estaba de acuerdo con la misma, porque esas negociaciones no dieron resultados adecuados, porque ni el pueblo norteamericano ni el cubano se han beneficiado, solo el gobierno de La Habana”.

Razón tenía José Martí cuando afirmó:

“Los necios creen que debajo de su plastrón se esconde la llave del mundo…y niegan con sincera imbecilidad todo lo que en ellos no sea, sobre todo si les desagarra su plastrón.”

De lo que son capaces los yanquis


Por Arthur González.

Una vez más la vida demuestra de lo que son capaces los yanquis con tal de lograr un objetivo y así se puso de manifiesto con la más reciente campaña de los inventados “ataques acústicos” contra sus diplomáticos en La Habana.

La información divulgada por las autoridades cubanas respecto al resultados de sus investigaciones practicadas, evidencian la profesionalidad de los  especialistas, al poner en marcha todo su potencial científico con el propósito de emplazar la patraña de la Casa Blanca, que pretende, con su historieta de terror y misterio, cortar la entrada de turistas a la Isla, arrastrando al Departamento de Estado de Canadá para que declarará similar situación sobre sus diplomáticos, actitud lamentable que los hace parecer serviles discípulos de Estados Unidos.

El proceso de la investigación ejecutado por Cuba, concluyó que resulta imposible que existieran tales ataques, incluso la grabación del supuesto ruido entregada por oficiales del FBI, es del sonido que hacen los grillos para atraer a las hembras en celo, algo ridículo que expone la falta de rigor técnico de los que diseñaron la historieta contra Cuba.

En medio de ese proceso el presidente Donald Trump, autorizó la desclasificación de algunos documentos de la investigación referente al magnicidio de J.F. Kennedy, en los que sale a la luz que la CIA presentó en 1962 una propuesta para bombardear zonas de Miami y de Washington, para culpar a la Revolución cubana y que esto sirviera de pretexto para invadir a Cuba con el ejército norteamericano.

Si los yanquis fueron capaces de proponer el bombardeo de su propio territorio y causar la muerte de sus ciudadanos, ¿cómo no darse cuenta que la novelita de misterio referente a inventados ataques acústicos es falsa?

Para ponerle la tapa al frasco, y en prueba de que las pretensiones yanquis son dañar la entrada de turistas a Cuba y reforzar la guerra económica, los miembros de la mafia terrorista anticubana con escaños en el Congreso de los Estados Unidos, solicitaron una investigación a la Oficina de Responsabilidad Gubernamental (GAO, por sus siglas en inglés), para que aclare cómo el Departamento de Estado respondió a los inventados ataques acústicos, que dicen “afectaron” a 24 diplomáticos estadounidenses y cinco canadienses Cuba.

Los que realizaron tal petición son los mafiosos Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Carlos Curbelo y Albio Sires. Sin embargo, estos no han exigido que el FBI y el Departamento de Justicia, ejecutar acciones urgentes contra Luis Posada Carriles y otros cubanos residentes de la Florida, mencionados en los documentos desclasificados recientemente, en los que se patentiza que son asesinos a sueldo con un amplio historial de terrorismo, que sí afecta gravemente la seguridad de Estados Unidos.

Esos congresistas, unidos al Senador Marco Rubio, son los que presionan al presidente Trump para que retome la fracasada política de hostilidad contra la Revolución, incapaz de obtener en 59 años los éxitos planificados, pero que han constado cientos de miles de millones de dólares a los contribuyentes, pues como reconoció la Casa Blanca el 17.12.2014:

“Décadas de aislamiento a Cuba por parte de EE.UU., no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática”.

Si de pesquisa se trata, el propio Buro Federal de Investigaciones debería investigar a esos congresistas por darle su apoyo político e influenciar en los presidentes Ronald Reagan y George Bush, padre e hijo, para proteger a asesinos y terroristas, entre ellos Orlando Bosch, declarado por el propio FBI como muy peligroso e inadmisible en Estados Unidos.

Ileana Ros-Lehtinen, con sus peticiones logró que fuese aceptado y declarado “refugiado político”, lo mismo que hizo posteriormente con Posada Carriles, coautor de la voladura de un avión civil cubano y de la colocación de bombas en varios hoteles de La Habana, y los hermanos Novo Sampol, protagonistas del asesinato del canciller chileno, Orlando Letelier, su chofer y secretaria norteamericana.

Un elemento más que demuestra que es el turismo a Cuba el blanco a atacar con esa historieta mal fabricada, fue el proyecto aprobado en la Cámara de Representantes, patrocinado por Albio Sires, donde exige a la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) una evaluación de cada uno de los 10 aeropuertos que tiene Cuba y presentar todos los acuerdos y memorandos firmados con extranjeros.

El pasado 26.10.2017 el senador Marco Rubio, reintrodujo en el Senado un proyecto de Ley similar al presentado sin éxito el pasado año, destinado a “impulsar la seguridad de los aeropuertos de Cuba”, bajo el pretexto de que “el régimen de Castro sigue siendo una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”.

La historia no miente y cada vez que se desclasifica un documento de la CIA, el mundo comprueba que Cuba ha sido y es una víctima de políticas enfermizas, diseñadas para asesinar a sus principales líderes y dañar su economía con los métodos más inverosímiles jamás vistos en la era moderna.

La Revolución cubana a pesar de esos tenebrosos planes se mantiene incólume, luchando por sostener sus logros en materia de educación, cultura, seguridad social y salud, como no han alcanzado ni siguiera los Estados Unidos, que aun en pleno siglo XXI posee más de 16 millones ciudadanos analfabetos, mucho más que otros países desarrollados, situación que no le preocupa a ninguno de los congresistas integrantes de la mafia anticubana.

Ante estas acciones yanquis, recordamos las palabras de José Martí cuando aseveró:

“De la podredumbre misma sale la luz”