Con los yanquis no hay arreglos.


Por Arthur González.

A pesar de la voluntad expresada y demostrada por el gobierno cubano, de mantener un diálogo respetuoso y equitativo con Estados Unidos, la Casa Blanca persiste en no aceptar que su vecino del Sur tenga un sistema diferente y se declare independiente de toda dominación estadounidense, como le fue impuesta a la Isla desde 1898 hasta 1958.

Las frágiles relaciones diplomáticas que estableció el presidente Barack Obama, con la ilusión de desmontar el socialismo desde adentro, a partir de su táctica de los golpes suaves, no dieron el resultado que esperaban obtener, de ahí que su sucesor Donald Trump decidiera volver a la hostilidad que ha caracterizado las relaciones entre los dos países, desde 1959.

Nunca se puede olvidar que antes del triunfo del ejército rebelde sobre el de Fulgencio Batista, tanto el presidente Dwight Eisenhower, como el director de las CIA Allen Dulles, habían manifestado en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, celebrada el 23 de diciembre de 1958, que había que evitar la victoria de Fidel Castro.

Por tanto, no fue la Reforma Agriaría, ni la nacionalización de sus propiedades en la Isla la causante del empeoramiento de relaciones entre ambas naciones, sencillamente sabían que Fidel no era un político similar a los que gobernaron la república mediatizada, aquellos que eran fieles cumplidores de las órdenes de Washington.

La CIA lo plasmó sin tapujos en su primer Plan de Acciones Encubiertas, aprobado el 17 de marzo de 1960 por el Presidente de Estados Unidos:

El propósito del programa expuesto es provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos”.

Muy firme es el propósito yanqui, mientras en Cuba exista un gobierno anti imperialista no habrá jamás arreglo, lo demás es fantasía, la historia de más de medio siglo así lo avala.

Esa es la razón por la que no existe un diálogo respetuoso, debido a que los Estados Unidos es el máximo violador de todas las normas internacionales y conserva intactas todas las sanciones contra la Revolución cubana, incluso bajo la presidencia de Obama, quien además fue el presidente que más dinero aprobó para las acciones subversivas y estableció record de multas multimillonarias a la banca internacional que se atrevió a realizar transacciones con Cuba.

El 22 de febrero 2018 Donald Trump, emitió una proclama para continuar la denominada “emergencia nacional” con respecto a Cuba, que sostiene la regulación del anclaje y el movimiento de embarcaciones, algo aprobado por William Clinton en marzo de 1996, y ratificado por Barack Obama dos veces más, en febrero del 2004 y febrero del 2016.

El presidente Donald Trump, entre los ocho argumentos expuestos para esa aprobación, mencionó el impacto de la emigración cubana y la situación de la economía de la Isla, recordó el bloqueo que Estados Unidos sostiene contra Cuba y trajo nuevamente a colación los objetivos del denominado Memorando Presidencial de Seguridad Nacional, sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba, el cual decretó el 16 de junio de 2017, ante la mafia terrorista anticubana de Miami.

Trump y las fuerzas ultraconservadoras que lo rodean, se oponen al cambio de táctica aplicado por Obama para destruir a la Revolución socialista, al preferir las acciones abiertas y directas que ha seguido Estados Unidos desde 1959, lo que explicó detalladamente el 11.11.2017, Carlos Díaz-Rosillo, asesor del Presidente para la política hacia Cuba, cuando aseguró:

“El motivo del viraje de la política de Estados Unidos hacia Cuba, establecida por el gobierno de Obama, es que el actual Presidente expresó que no estaba de acuerdo con la misma, porque esas negociaciones no dieron resultados adecuados, porque ni el pueblo norteamericano ni el cubano se han beneficiado, solo el gobierno de La Habana”.

Esa es la verdad que deben conocer todos los cubanos y los que están por nacer, para que nunca se equivoque con ese poderoso vecino que siempre ha soñado con anexarse a la Mayor de las Antillas.

Por suerte José Martí nos dejó su legado cuando afirmó:

“Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”.

 

 

 

 

Razones para desmontar la política de Obama hacia Cuba


Por Arthur González

El 17.12.2014, cuando el presidente Barack Obama dio a conocer el restablecimiento de relaciones con La Habana, expuso con claridad y precisión:

“Décadas de aislamiento a Cuba por parte de los Estados Unidos, no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática… A pesar de que esa política se basó en la mejor de las intenciones, su efecto ha sido prácticamente nulo”.

Ese cambio de estrategia fue negociado secretamente entre altos funcionarios de su Consejo de Seguridad Nacional.

Los objetivos trazados por Estados Unidos se mantuvieron, lo único que decidieron utilizar otro camino para intentar el empoderamiento de la sociedad cubana desde adentro.

No era la primera ocasión que Washington esperaba flexionar su política hacia Cuba, pero siempre se interpusieron los miembros de la ultra derecha y la mafia terrorista anticubana, que no aceptan el reconocimiento del gobierno revolucionario.

El 02.05.1967, Henry Owen, presidente del Comité de Planificación Política del Departamento de Estado, aseguraba:

“Después de seis años vale preguntarse si esta política será la mejor para hacer avanzar nuestros intereses nacionales, bajo las condiciones que puedan prevalecer en el futuro… La revisión de nuestra política podría concluir que no se requiere un cambio fundamental, pero se podrían explorar varias estrategias alternativas… aplicar una presión considerablemente creciente sobre el régimen y estudiar las posibilidades y riesgos en la búsqueda de cierto acomodo”.

Hubo oponentes al diseño del nuevo programa que señalaron:

“No es el momento más propicio, ya que las dificultades económicas de Cuba y las señales del creciente descontento, indican que las penurias tienen un efecto real y es mejor mantener las presiones a fin de lograr el derrumbe del socialismo”.

El 1995 el presidente William Clinton, inició el conocido programa Pueblo a Pueblo, permitiendo viajes a la Isla con la finalidad de trasladar ideas y valores estadounidenses a los cubanos, algo que no fructificó y los que salieron con ideas en defensa de la eliminación del Bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, fueron los que supuestamente debían ejercer influencia entre la población, por tanto, el mencionado programa se cortó.

Lo mismo sucedió con los cruceros de estudiantes, quienes tenían la misión de influir sobre los jóvenes universitarios cubanos, algo que tampoco fructificó, al final retornaban a su país palpando una realidad muy diferente a la que le describían antes de su llegada a La Habana. Eso también fue prohibido al no alcanzar los éxitos esperados.

Después de casi tres años de la nueva estrategia de Obama, los cientos de miles de visitantes que según él llegarían a Cuba para: “apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso, empoderar al pueblo cubano, brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada y fortalecer a la sociedad civil independiente”, no pudieron rebajar el apoyo mayoritario de los cubanos a su Revolución.

Esos viajeros conocieron una sociedad diferente a la de ellos, plagada de limitaciones a causa del Bloqueo, pero con alegría contagiosa y espíritu emprendedor, que supo aprovechar la afluencia de norteamericanos para alojarlos en miles de habitaciones acondicionadas en las casas de renta a lo largo del país, acogerlos con afecto en restaurantes privados, atendidos por jóvenes con un elevado nivel académico, buena apariencia, conocimiento de su idioma y una cultura general envidiable, además de mostrarles las ciudades en antiguos autos de las décadas de los años 40 y 50, como si estuvieran montados en la máquina del tiempo.

Estados Unidos no obtuvo los resultados planificados, y viajar a Cuba se estaba convirtiendo en el sueño americano que destrozaba el mito de una isla comunista “violadora de los derechos humanos”, algo que ningún visitante constató, y eso no estaba acorde con el plan de influencia diseñado.

Las presiones de la ultra derecha y la mafia terrorista no se hicieron esperar; el 16.06.2017 Donald Trump, anunciaba en Miami el retroceso de la política de Obama y para eso sus ideólogos inventaron la falsa historieta de los ataques acústicos y las imaginarias enfermedades de sus diplomáticos, lo que dio pie, como primera medida, al cierre del consulado de Estados Unidos en La Habana y reducir al mínimo sus funcionarios, y paralelamente expulsar a diplomáticos cubanos de Washington.

Después de semanas de permanentes campañas mediáticas para amedrentar a los posibles viajeros a la Isla, se anunciaron otras medidas sancionadoras a una amplia gama de entidades cubanas, que cortan las aspiraciones del empresariado norteamericano de invertir en Cuba y a los viajeros de consumir una simple bebida refrescante de cola, piña o limón, si son hechos en fábricas cubanas.

Ante la impotencia de no acariciar los resultados soñados, la mafia terrorista anticubana presionó a todo el que podía asumir una postura a su favor, para volver a cerrar el acceso de visitantes estadounidenses, con vistas a impedir que Cuba ingrese dinero por esa vía, lo que contribuye a mejorar económicamente al país.

Esto fue confirmado el 11.11.2017 por Carlos Díaz-Rosillo, estadounidense descendiente de cubanos, con mayor rango en la Casa Blanca y asesor del presidente Donald Trump para su política hacia Cuba, quien en entrevista a la prensa expresó:

“El motivo del viraje de la política de Estadios Unidos hacia Cuba, establecida por el gobierno de Obama, es que el actual presidente expresó que no estaba de acuerdo con la misma, porque esas negociaciones no dieron resultados adecuados, porque ni el pueblo norteamericano ni el cubano se han beneficiado, solo el gobierno de La Habana”.

Razón tenía José Martí cuando afirmó:

“Los necios creen que debajo de su plastrón se esconde la llave del mundo…y niegan con sincera imbecilidad todo lo que en ellos no sea, sobre todo si les desagarra su plastrón.”