Persisten los yanquis en su guerra psicológica contra Cuba


Por Arthur González.

Cuando Estados Unidos desea ocultar una noticia, por muy importante que sea desaparece de inmediato de los medios de comunicación, pero si desean mantenerla en titulares, sus medios oficialistas no dejan de publicarla con el empleo de matices sensacionalistas.

Así sucede con los inventados “ataques acústicos”, que dicen “afectaron” a varios diplomáticos destacados en su misión en La Habana, lo cual es parte de una Operación que pretende asustar a los turistas que visitan la Isla, e incluso al mercado de Canadá que es su primer emisor, para recrudecer la guerra económica y financiera que perdura por más de medio siglo.

No fue casualidad que tal historieta surgiera en medio de la crisis que enfrenta la economía cubana, especialmente después de los desastres causados por los huracanes Irma y María, con marcado acento en la agricultura, viviendas, centros industriales y de servicios, incluidos los de salud y educación, unido a las instalaciones turísticas de los cayos al norte de Villa Clara y Ciego de Ávila.

Detrás de esa fabula creada por sus especialistas en guerra psicológica, está la influencia de la mafia terrorista de Miami, a la que el presidente Donald Trump prometió arreciar las medidas para intentar liquidar el proceso socialista, e incrementar la escasez de la población, tal y como diseñó la CIA en 1962, en su conocido Plan Mangosta, donde se expresa:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, y las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Con la pretensión de no dejar morir la noticia, la prensa oficialista de Estados Unidos vuelve con el tema, al publicitar que una delegación bipartidista de congresistas, liderada por el senador demócrata Patrick Leahy, se encuentra de visita a Cuba desde el 08.08.2018, para abordar con autoridades cubanas la investigación sobre los misteriosos ataques, que según Washington afectaron a una veintena de sus diplomáticos en la isla.

Por supuesto, que, en el actual panorama del enfriamiento de las relaciones entre los dos países, la visita de altos funcionarios es noticia a seguir por la prensa, pero todo hace sospechar que también pudiera ser una forma de mantener vivo el episodio de los falsos “ataques”, cuando la parte cubana ha divulgado los resultados científicos de su investigación, mientras Estados Unidos oculta sus pesquisas, porque no tienen científicamente nada que probar.

El senador Leahy, vicepresidente del comité de asignaciones del Senado y miembro de subcomité de asignaciones del Departamento de Estado y Operaciones en el Extranjero, arribó a La Habana con otros dos senadores y tres miembros de la Cámara de Representantes.

Algo que llama la atención y en nada tiene relación con los inventados “ataques acústicos”, es el interés de sostener reuniones con algunos representantes del sector privado de la isla, lo que ha estado en la línea del trabajo subversivo desplegado por Barack Obama, quien soñó que ese segmento podría lograr desmontar el socialismo desde adentro.

Otro de los temas en la agenda es indagar sobre la transición presidencial en Cuba, ante la decisión del presidente Raúl Castro, de dejar su cargo al frente de los Consejos de Estado y de Ministros el próximo mes de abril, algo que tiene ilusionados a los yanquis porque piensan que es una forma de cambiar el sistema político y económico cubano.

Los demás temas que plantean conversar, pudieran considerarse como comodines, y no modifican las presiones políticas contra la Revolución, más bien representan oportunidades mayores para ellos que para Cuba, como son la cooperación bilateral en seguridad marítima, búsqueda y rescate; lucha contra narcóticos y trata de personas; migración; salud pública; cumplimiento de la ley; así como sobre los intercambios científicos comerciales, educativos o culturales, todos disminuidos a la mínima expresión por las dificultades actuales de los cubanos para obtener una visa.

¿Qué derecho tiene EE.UU. para esas indagaciones? Todo forma parte de la vieja política de la “Fruta Madura”, de ahí su interés por entrevistarse con el sector no estatal e inquirir por el relevo político de Raúl Castro.

Perennemente hay que tener presente lo expresado en 1823 por el expresidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados”.

En esa misma posición, el Secretario de Estado, John Quincy Adams apuntaba:

“Por su ubicación geográfica, Cuba y Puerto Rico constituyen apéndices naturales de Estados Unidos”. 

Ilustrativo de esa postura del entonces Secretario de Estado, fue la carta que enviara el 29 de abril de 1823, a uno de sus agentes en la Isla, nombrado Thomas Randall, donde le orientaba:

“Durante su residencia en Cuba…usted comunicará privadamente y en notas confidenciales, todas las informaciones que le sean dable obtener respecto a la situación política de la Isla, a las miras de su Gobierno y a los sentimientos de sus habitantes. Observará atentamente todos los sucesos que guarden relación con su conexión con España […] Caso de que en La Habana residan agentes franceses o británicos, tratará de darse cuenta, sin investigaciones directas o curiosidad aparente, sobre sus asuntos, objetos y propósitos, y observará cualquier fuerza marítima de esas potencias que puedan hacer estación en las Antillas o presentarse en la vecindad de la Isla…” 

La avaricia yanqui por apoderarse de Cuba nunca finalizó, y la meta actual es retrotraer la historia a 1958, cuando la economía y la política estaba en sus manos, de ahí sus acciones para reforzar la guerra económica, para que el pueblo, cansado de tantas penurias, caiga en brazos del Tío Sam.

Recordemos a José Martí cuando sobre Estados Unidos afirmó:

Se miente y exagera a sabiendas. Se dan tajos en el vientre y por la espalda. Se creen legítimas todas las infamias. Todo golpe es bueno, con tal que aturda al enemigo. El que inventa una villanía eficaz, se pavonea orgulloso”.

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Miami el estercolero de los “disidentes”


Por Arthur González.

Un viejo proverbio popular asegura que “las aves de igual plumaje vuelan en el mismo bando” y así se cumple ahora en Miami, capital de la mafia terrorista anticubana.

Desde 1959 allí se reúne con total amparo de las autoridades, un amplio espectro de asesinos al servicio de la tiranía de Fulgencio Batista, torturadores, ladrones, cubanos al servicio de la CIA, secuestradores de naves y aeronaves, y cuanta morralla de elementos execrables que pueda imaginarse, protegidos todos por la Ley de Ajuste Cubano, la cual los trasformó de prófugos de la justicia en “exiliados”.

Dicha Ley fue aprobada en 1966 por el presidente Lindon Johnson, con el propósito de darles un estatus migratorio legal a todos esos cubanos que habían arribado por vía ilegal, o tener vencidas sus visas, convirtiéndolos de iso facto en “refugiados políticos”.

En ese escenario no pueden faltar los “disidentes” actuales de Cuba, quienes viven sin sudar la camisa acosta del amplio presupuesto que anualmente aprueba la Casa Blanca para mantenerlos, con el fin de conformar una matriz de opinión contraria a la Revolución, algo tan viejo como lo es el propio diferendo de Estados Unidos con Cuba.

Para darle ese sabor agrio que caracteriza a la contrarrevolución miamense, nucleada en el café Versalles y la llama Torre de la Libertad, Tomás Regalado, alcalde de Miami, entregó hace pocos días la Llave de la Ciudad, a un grupito de los llamados “opositores” a Castro, que se mantienen en la Isla sin pasar los trabajos que los residentes en Miami sufren ante la falta de empleos, altos costos de los alquileres, segurosmédicos e inseguridad ciudadana.

llave-de-miamiQuien recibió la mencionada Llave, fue nada menos que la grosera, inculta y corrupta Berta Soler, la misma que acaba de adquirir una residencia de tres niveles en una zona residencial de La Habana, con el dinero desviado de su grupúsculo Damas de Blanco, de lo que es acusada por algunas de sus seguidoras.

El dinero que seguramente se embolsillaron los organizadores del acto, debe provenir de los fondos de la alcandía, algo común entre los “tiburones” que se apropian de los dólares de sus contribuyentes y los hacen desaparecer con la vasta experiencia de excelentes prestidigitadores.

Para no dejar dudas de quienes son los padrinos de los “disidentes” en la Isla, estaban en la presidencia del susodicho acto, nada menos que la representante Ileana Ros-Lehtinen, más los hermanos Lincoln y Mario Díaz Balart, todos del partido republicano y máximos críticos del cambio de política de Washington hacia La Habana, impulsado por presidente Barack Obama, al no aceptar la nueva fórmula de destruir el socialismo desde adentro, como hizo el presidente Ronald Reagan en el ex campo socialista europeo.

Los tres representantes “casualmente” son hijos de destacados testaferros de la sanguinaria dictadura batistiana y en el caso de la congresista Ros-Lehtinen, tiene como currículo el apoyo total que le otorgó a los asesinos del ex canciller chileno Orlando Letelier, logrando un perdón presidencial para liberarlos, además de la protección negociada con la Casa Blanca para el asesino y terrorista Orlando Boch y su compañero de fechorías Luis Posada Carriles, ambos autores de decenas de asesinatos, actos terroristas en Estados Unidos, Cuba y varios países del hemisferio occidental.

Junto a Berta Soler estaban Antonio Enrique González-Rodiles y el ex recluso por hurto y falsificación de documentos públicos devenido en “disidente”, Jorge Luis García Pérez (Antúnez).

Para darle más sabor al jolgorio vernáculo, se encontraban la cantante Albita Rodríguez Herrera,  el desquiciado drogadicto Gorki Ávila, cuyo nombre de la banda musical que dirige lo dice todo: Porno para Ricardo, y los caricaturistas también cubanos,  Garrincha (Gustavo Rodríguez) y Arístides Pumariega (Arístides).

En ese caldo se cocina la llamada “oposición” cubana, la cual en casi 60 años acumula un conjunto incalculable de fracasos, sin poder destruir a la Revolución cubana, pero sus campañas y acciones al servicio de la CIA, les permitió hacer carreras políticas y enriquecerse ampliamente.

El único logro de esos politiqueros ha sido el encadenamiento de la política de Estados Unidos respecto a Cuba, convirtiéndola de un tema de política exterior, en uno de política doméstica, en su viejo afán de anexarse a la Isla, tal y como promoviera en 1823 el ex presidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Yo confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados…”

Este deseo venía desde mucho antes, cuando en 1802, el gobernador de Mississippi, William C. Claiborne, informó al propio presidente Jefferson:

“[…] en el desarrollo de los acontecimientos nada deseo más que ver la bandera de mi país ondeando sobre el castillo del Morro […]

Miami podrá entregarle llaves y cerraduras a los contrarrevolucionarios, pero no puede otorgarle la fórmula de unidad y de apoyo popular de los que carecen, por ser una “oposición” creada por un servicio de inteligencia extranjero, entrenada, dirigida y financiada por otro país y que en 60 años solo ha sabido vivir sin trabajar, enriqueciéndose para su propio beneficio.

En vez de persistir tanto tiempo en destruir a la Revolución cubana, esos políticos deberían direccionar sus energías en resolver los graves problemas internos que tiene la población estadounidense.

No por gusto José Martí que vivió en el monstro afirmó:

“…los pueblos de América son más libres y prósperos a media que más se apartan de los Estados Unidos.