Disentir es un derecho básico.


Por Arthur González.

Durante la sesión 37 del Consejo de Derechos Humanos, iniciada en Ginebra del 26 de febrero al 21 de marzo del 2018, Michel Forst, relator especial de Naciones Unidas, le recordó al gobierno de Cuba “que disentir y expresar disidencia de forma pacífica, es un derecho básico y necesario”.

Excelente que el relator especial lo dejara plasmado en su intervención, porque disentir es un derecho de todo el pueblo de Cuba contra la política subversiva y hostil que el gobierno de los Estados Unidos desarrolla contra los cubanos, solo por apoyar a su Revolución socialista.

El verdadero y único disidente en Cuba es su población que abrazó el socialismo en 1961, algo que los gobernantes estadounidenses no admiten, pues no aceptan que nadie disienta de sus órdenes, ni se aparte del camino que le trazan a América Latina y a otros países del mundo.

Hace solo unos días el secretario de Estado Rex Tillerson, desempolvó la vieja Doctrina Monroe, esa que asegura que “América es solo para los norteamericanos” y, en el caso cubano, nadie dude que en cualquier momento también desempolven la execrable Enmienda Platt, impuesta al terminar la guerra hispano-cubana-americana, considerada la primera guerra imperialista del mundo, que le daba derecho a Estados Unidos a intervenir en la Isla cada vez que lo desearan.

Esa enmienda se introdujo en el Congreso yanqui para materializar su viejo anhelo de apoderarse de Cuba, incluso robándose una porción del territorio nacional en el caso de la isla de Pinos.

El relator Forst debe estudiar la historia de Cuba para percatarse cuál ha sido el papel de Estados Unidos, en el intento de someter a la mayor de las Antillas y apropiarse de ella a toda costa, algo que la Revolución popular cubana, le cortó de raíz al triunfar en 1959.

Desde esa fecha no permiten a los cubanos disentir de la política diseñada desde la Casa Blanca, ni construir un sistema político y económico diferente al que le quieren imponer a toda Latinoamérica. Cuando algún país del mundo se enfrenta a esa política impositiva de los yanquis, ahí van las campañas mediáticas y la fabricación de “opositores” pagados con jugosos presupuestos aprobados por ellos.

¿Sabrá el mencionado relator como vivían los cubanos antes de 1958, cuando Cuba era una neo colonia yanqui?

Solo la Revolución socialista erradicó el analfabetismo del pueblo, le entregó tierras a los campesinos que morían de hambre por no tener un espacio para producir, eliminó la discriminación de género y de raza que impedían el desarrollo de la mayoría del pueblo, estableció la educación y la salud para todos sin costo alguno, situación que no posee Estados Unidos donde cientos de millones de personas carecen de un seguro médico, eliminó la desnutrición infantil y gracias al servicio de salud revolucionario bajó la tasa de mortalidad infantil a 4,2 % por mil nacidos vivos.

Hoy en Cuba todo el pueblo tiene acceso libre a la cultura y es divulgada por cientos de miles de artistas por el mundo, que han cursado estudios superiores en la Universidad de las Artes sin pagar un solo centava y muchos de ellos actúan en Estados Unidos.

Esa es la única y verdadera disidencia que existe en la isla; las decenas de personas que han sido calificadas por Estados Unidos como “opositores”, no son conocidas por el pueblo, son los llamados diplodisidentes, pagados por los yanquis como estilo de una política establecida contra aquellos países que no se le someten y por tanto trabajan para derrocarlos.

Es evidente que el relator especial Michel Forst, no se ha leído el informe enviado por el entonces jefe de la Sección de Estados Unidos en La Habana al Departamento de Estado y a la CIA, donde afirma:

“Los disidentes son poco conocidos en Cuba fuera del círculo de los diplomáticos extranjeros y la prensa […] la búsqueda de recursos es su principal preocupación. […] es improbable que desempeñen algún papel significativo en cualquier gobierno que asuma después de los Castro […] su impacto en la sociedad cubana es muy poco y no ofrecen una alternativa política al gobierno”.

Esos son los criterios oficiales del representante de la Casa Blanca en La Habana, no de un comunista que defiende a la Revolución. Por tanto, la posición del relator especial es ridícula y pone en evidencia las instrucciones que seguramente recibió de la embajada yanqui en Ginebra para intentar acusar a Cuba.

La Revolución cubana tiene una larga hoja en defensa de los derechos de los seres humanos, a pesar de padecer la flagrante y criminal violación de los derechos humanos, por la política de Estados Unidos que mantiene una total guerra económica y financiera desde hace más de medio siglo, con la pretensión de matar de hambre y enfermedades al pueblo.

Cuba ya no es la fruta madura añorada por el vecino del Norte y como dijera José Martí:

“La Revolución ha venido a enseñar a Cuba como está constituida y que puede esperar o temer del porvenir”

 

 

 

 

Insiste Estados Unidos en golpe contra Venezuela después de las elecciones.


Por Arthur González.

Estados Unidos, decepcionado ante los permanentes fracasos de su estrategia política para destruir el proceso revolucionario venezolano, prepara el escenario internacional para arremeter militarmente contra el gobierno de Nicolás Maduro, al estilo de lo que ejecutaron contra Irak, Libia y Siria.

Durante los últimos 16 años, han empleado todas las tácticas que les dieron resultados en el derrocamiento del sistema socialista en Europa Oriental, especialmente en Polonia con la contrarrevolución financiada y entrenada por la CIA, a través del líder del Sindicato Solidaridad encabezado por Lech Walesa.

La teoría de Gene Sharp, fue puesta en práctica contra Venezuela desde hace años, desde la primera etapa hasta la quinta, las cuales son:

  1. Promover acciones “no violentas” para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad.
  2. Desarrollar intensas campañas en defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos.
  3. Lucha activa por “reivindicaciones políticas y sociales”, y manipulación de colectivos para emprender manifestaciones y protestas violentas.
  4. Operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno.
  5. Mediante revueltas callejeras, forzar la renuncia del Presidente y controlar las instituciones. Mantener la presión en las calles mientras se prepara el terreno para una intervención militar, desarrollar una guerra civil prolongada y lograr el aislamiento internacional del país.

Un simple repaso a los acontecimientos de los últimos años en Venezuela, permite comprobar la aplicación de esas tapas, pero sin los resultados esperados. Por tal motivo, Estados Unidos no parece aceptar ni un diálogo de la oposición con el gobierno y menos la cohabitación con Maduro al frente del país y por esa razón quieren a todo costo, jugarse la carta de la intervención militar.

Durante la reciente gira latinoamericana de Rex Tillerson, magnate petrolero devenido en Canciller, posterior a la que realizó el vicepresidente, dejó caer que, en el caso de Venezuela, podrían ser los militares los que intervinieran para “promover un cambio democrático”.

No por casualidad seguidamente el almirante Kurt W. Tidd, sostuvo reuniones con altos mandos militares de Colombia, incluidos el presidente Juan Manuel Santos, ex ministro de defensa de Uribe; el vicepresidente Óscar Naranjo, experto en guerra contrainsurgente y formación de paramilitares; el ministro de Defensa Luis Villegas, y Alberto José Mejía, jefe de Defensa.

Dicha reunión no era para saborear el café colombiano, el tema fundamental fue Venezuela y la intervención militar a través de la frontera colombiana, donde Estados Unidos dispone de 7 bases militares.

Ya en 2015 el Comando Sur tuvo preparado un operativo de intervención en Venezuela desde Honduras; en 2017 el presidente Donald Trump dejó entrever la posible intervención militar en Venezuela y previéndola, aprobó un aumento desmesurado del presupuesto del Departamento de Defensa para 2019, con el fin de incrementar 25 mil 900 efectivos en las fuerzas militares.

Barack Obama, firmó en marzo de 2015 una orden ejecutiva en la que declaró una emergencia nacional, por la amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior causada por la situación en Venezuela y afirmó:

“Estamos comprometidos por hacer avanzar el respeto por los derechos humanos, al proteger las instituciones democráticas y el sistema financiero de EE.UU. de los flujos financieros ilícitos de la corrupción pública en Venezuela”.

A esto se suma la Estrategia de Seguridad Nacional para 2018, aprobada por Trump, en la que se aborda explícitamente la necesidad de favorecer un cambio de régimen en Venezuela y de Cuba. 

La revista Foreign Affairs publicó un trabajo donde explica que la intervención militar no siempre genera los resultados esperados de inmediato y en Venezuela podría conducir a años de ocupación militar. Sugiere utilizar la coerción a través de una demostración de fuerza y para convencer a Maduro de que negocie con la oposición y restituya la ley, Washington debería desplegar un portaviones, más uno o dos destructores en la región. A la vez, estudiar un ataque aéreo para lograr la sedición interna de las FFAA venezolanas y un golpe militar en contra de Maduro, que permita la intervención de las FFAA de EE.UU. junto con algunas latinoamericanas.

Todo está dispuesto para actuar después de la presumible victoria de Maduro, por eso se produjo el arribo de marines yanquis a Panamá, junto a 415 miembros de la fuerza aérea estadounidense el pasado 02.01.2018, teniendo planificado permanecer allí hasta el mes de junio.

Organismos internacionales manipulados por Estados Unidos, continúan denunciando las fabricadas “violaciones” a los derechos humanos en Venezuela, con vistas a crear matrices de opinión que respalden una “intervención humanitaria”, a lo que se sumó recientemente la Unión Europea con nuevas sanciones.

Como colofón de esa campaña, un grupo de “activistas” venezolanos, el 26.02.2018 entregaron en el Congreso estadounidense más de 500 cartas dirigidas a los legisladores, en las que solicitan conformar una coalición internacional para intervenir militarmente en Venezuela.

Para darle sazón a la petición, argumentan que “la población venezolana es actualmente rehén de un régimen criminal inmerso en actividades de corrupción y narcotráfico, que mantiene vínculos con organizaciones terroristas del Medio Oriente”.

Ya no les queda nada por inventar, solo falta el boicot petrolero y ese viene en camino. Todo está previsto para justificar la intervención armada cuando se den a conocer los resultados de las elecciones.

El pueblo de Venezuela está listo para defender su libertad porque tiene presente a José Martí cuando alertó:

“Los peligros no se han de ver cuando se les tiene encima, sino cuando se los puede evitar”.