Acciones contra Venezuela, una historia repetida.

Por Arthur González.

¿Cómo Estados Unidos puede cometer tantos errores al aplicar copias de viejos planes que han fracasado?

Evidentemente no sacan experiencias de sus descalabros, como fueron sus planes que pretendían derrocar a la Revolución cubana y asesinar a su líder Fidel Castro.

60 años después vuelven a cometer los mismos errores.

La denominada “Operación Gedeón”, contra Venezuela el pasado 3 de mayo del 2020, organizada por Estados Unidos en complicidad con el gobierno de Colombia, fue liquidada por el ejército venezolano junto al pueblo, evidenciándose la injerencia de esos gobiernos, incluso el plan para asesinar al presidente constitucional, Nicolás Maduro, y a otros dirigentes venezolanos.

Al revisar la historia de las operaciones de la CIA contra Cuba, saltan rápidamente las similitudes en su organización, financiamiento y objetivos a lograr.

El pasado 29 de abril 2020, el secretario de Estado, Mike Pompeo, declaraba:

“Estados Unidos considera que “el cambio está llegando” en Venezuela y por eso está acelerando los planes para reabrir su Embajada en Caracas, una vez empiece la transición”. “Maduro no puede aguantar para siempre, y la presión contra el régimen es mayor que nunca”.

Hace un año, Estados Unidos rompió relaciones con Caracas y fabricó al títere Juan Guaidó, como presidente interino, a la vez que preparaba el golpe militar que “derrocaría” a Maduro, al amanecer del 30 de abril de 2019, donde participó el contrarrevolucionario Leopoldo López, personaje financiado por la CIA y preparado políticamente por Lesch Walesa en Polonia.

La intentona militar fue un fracaso total, porque las Fuerzas Armadas Bolivarianas no se sumaron a la traición soñada por Washington. Guaidó y López quedaron en ridículo, sin el menor respaldo del ejército ni del pueblo.

En Cuba quisieron hacer lo mismo desde el propio año del triunfo revolucionario. Para eso contaron con el apoyo del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y organizaron desde aquel país, una invasión a Cuba por la ciudad de Trinidad, el 13 de agosto de 1959, aspirando a contar con el respaldo de la contrarrevolución interna, financiada y orientada por la CIA.

Fidel Castro personalmente dirigió toda la acción de enfrentamiento, junto al ejército y al pueblo. La tentativa duró solo horas, siendo detenidos sus participantes, incluidos agentes de la CIA norteamericanos. Estados Unidos, como siempre, negó toda participación en el hecho, pero las pruebas desenmascararon sus planes.

Al igual que declaran ahora sobre Venezuela el presidente Donald Trump y Mike Pompeo, en 1959 el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, afirma en sus memorias:

“En cuestión de semanas, después que Castro entró en La Habana, el 9 de enero de 1959, nosotros en el gobierno, comenzamos a examinar las medidas que podían ser efectivas para reprimir a Castro”.

La fallida operación de infiltración en Venezuela estuvo diseñada por Estados Unidos, desde el pasado, y para ir creando condiciones de lo que ejecutarían, Mike Pompeo declaró semanas antes del 3 de mayo:

“Hemos dejado claro que la gente con la que trabajamos en Venezuela, son el pueblo venezolano y su representante electo, Juan Guaidó”.

El pasado mes de marzo 2020, Estados Unidos inicio el show mediático, que le permitiría capturar y secuestrar al Presidente Maduro y a un grupo de altos funcionarios venezolanos, al formular oficialmente una acusación penal por narcotráfico, ofreciendo una millonaria recompensa a cambio de información que condujera a su detención.

El 31 de marzo, como parte evidente de las medidas de la “Operación Gedeón” contra la Revolución bolivariana, el Departamento de Estado publicó un plan de Transición, para la supuesta salida de la llamada “crisis política” en Venezuela, encubriendo la guerra económica, comercial y financiera impuesta por ellos y las acciones de desestabilización política creadas contra Maduro, plan que contó con respaldo de un grupo de países latinoamericano y europeos, presionados por los yanquis.

En ese momento Pompeo expresó: Sigue leyendo

Los yanquis ordenan y sus lacayos cumplen.


Por Arthur González.

Desde 1959 el gobierno de Estados Unidos y la CIA, iniciaron una guerra psicológica contra la naciente Revolución cubana, encabezada por Fidel Castro, a quien el presidente D. Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, no querían para dirigir a Cuba, como expresaron en la reunión del Consejo de Seguridad, celebrada el 23 de diciembre de 1958: “Debemos evitar la victoria de Castro”.

Por la animadversión hacia el líder cubano, la CIA desató una amplia campaña de mentiras, con el objetivo de desacreditarlo ante la opinión pública, algo que el propio Fidel Castro denunció en 1959 durante la conocida Operación Verdad.

Se iniciaba así la cruzada mediática contra la naciente Revolución, que aun 60 años después se mantiene e intensifica.

Muchas han sido las mentiras elaboradas por especialistas en guerra psicológicas de la CIA, consumiendo presupuestos millonarios que no le han servido para nada.

Documentos desclasificados de la CIA confirman su participación, como se expone en el Proyecto Cuba:

[…] “La reunión de la OEA (nota: contra Cuba) será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

En los años más recientes esa guerra se centró en varios temas: los inventos de las “violaciones de los derechos humanos”, “falta de libertades”, incluida la religiosa, “esclavitud de los médicos” y todo lo pueda crear una matriz de opinión negativa contra Cuba.

Para ejecutarlo, fabrican “disidentes” que se encargan de divulgar sus falsedades, como el caso de José Daniel Ferrer, quien intentó acusar a un policía cuando estaba detenido, de que lo había golpeado, sin saber que una cámara oculta filmaba su auto agresión, pero aun viendo ese espectáculo el Parlamento Europeo, bajo las presiones yanquis, se hacía eco de la denuncia del mercenario.

La más reciente campaña es contra el Decreto Ley 370 “Sobre la informatización de la sociedad cubana”, en el cual se establece como una contravención: “Difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”.

Ante esto, los yanquis se asustaron porque les impide hacer campañas subversivas a través de las redes, algo que soñaron desde 1996 cuando la Rand Corporation, del Instituto de Investigaciones para la Defensa Nacional, preparó un estudio para el Departamento de Defensa, que expresa:

“Es nuestro interés ayudar a la apertura y forzar el surgimiento de una sociedad civil independiente, mediante el empleo del enlace de Cuba a Internet, utilizándola para transmitir noticias y análisis balanceados, promover su uso por ONG cubanas, universidades y otros destinatarios”.

Similar interés se aprecia en las declaraciones del senador Marco Rubio, durante evento celebrado el 2012, en la Fundación Heritage, de conjunto con Google Ideas:

“El sistema totalitario cubano podría derrumbarse si todos los cubanos tuvieran libre acceso a Internet, porque Cuba seguiría la misma suerte de aquellos países que pasaron la Primavera Árabe”.

Basado en ese propósito, el presidente Barack Obama, aprobó, durante su segundo mandato, la licencia a Google para entrar en Cuba, con el fin de llegar con sus informaciones distorsionadas, sus símbolos y sus valores, a la juventud cubana, por eso al hacerlo afirmó:

Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso”. “Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano. […] y brindarles nuevas fuentes de información…”

Ante esos planes subversivos, la Revolución cubana tiene el derecho de defenderse legalmente, aunque ladren los lacayos dirigidos y financiados con los dólares norteamericanos.

No importa el partido que esté en el poder, ambos persiguen el mismo fin, destruir el proceso revolucionario de Cuba a como dé lugar y para eso destinan millones de dólares.

El actual mandatario Donald Trump, dijo durante su campaña electoral en 2016:

Reclamamos una plataforma aérea para las transmisiones de Radio y TV Martí, y la promoción del acceso a Internet como herramienta tecnológica para fortalecer el movimiento pro democracia en Cuba.”

Por estas razones hoy observamos como los principales lacayos financiados por los yanquis, se lanzan contra el Decreto Ley 370, como si fuese algo extraterrestre y que ningún otro país tuviera leyes semejantes.

¿Por qué no condenan la plataforma Twitter o a Facebook, cuando cancelan cuentas de usuarios que defienden a la Revolución y combaten las calumnias de aquellos financiados por los yanquis para mentir contra Cuba?

Eso sí impide la libre expresión y el pensamiento, pero como es a favor de Cuba no les importa.

¿Qué derecho tiene el construido Observatorio Cubano de Derechos Humanos, pagado con dinero yanqui, de acusar a Cuba? Sigue leyendo

Quién sostiene a Donald Trump en el poder.


Por Arthur González.

Se asegura que el verdadero poder en Estados Unidos es el militar, porque constituye la base orgánica de su hegemonía, de ahí que algunos analistas afirmen que ante las limitaciones que enfrenta hoy su poderío político y resquebrajándose su posición como superpotencia mundial, las fuerzas militares asumen una posición de mayor agresiva, como fórmula para mantener su hegemónica en el escenario internacional.

Eso se observa en sus recientes ataques a Siria, las provocaciones en los mares cercanos a Irán, Corea del Norte y el actual despliegue de las fuerzas navales del Comando Sur en el Caribe, como amenaza al gobierno constitucional de Venezuela

La actuación del Pentágono evidencia un reemplazo real del Departamento de Estado en su papel de la política exterior yanqui. Hoy los altos mandos militares ejercen la función de procónsules, con la encomienda de ser diplomáticos al servicio de la guerra, como se constata en visitas a Brasil y Colombia.

El presidente Donald Trump, carente de experiencia política y militar, parece darles a los militares una relevante participación en sus decisiones y para lograr su apoyo aprobó, en el 2019, el mayor presupuesto de gastos militares ascendente a 732 mil millones de dólares, lo que incrementa en un 5,3 % el asignado para el año 2018.

El Departamento de Defensa se ha convertido en una suerte de sociedad anónima, conformada por empresas contratistas militares privadas, que acumulan una monumental influencia sobre los hilos que manejan el poder público en Estados Unidos.

Ese patrón federal y privado tiene una fuerza, tanto en el marco político como económico, que evidentemente influye de forma sustancial en las decisiones de la Casa Blanca, en sus relaciones exteriores con aquellos países considerados como “amenaza”.

La relación guerras-incremento de presupuesto, favorece proporcionalmente a las empresas privadas productoras del material bélico, responsables del diseño de nuevas armas, su fabricación, el mantenimiento de equipos, más el entrenamiento de tropas, lo que eleva las ganancias este escenario, lo que llaman algunos politólogos estadounidenses como “Complejo de Guerra Permanente, inmensa maquinaria económica de saqueo presupuestario y guerras geopolíticas sin sentido, que se auto reproduce”.

La pandemia del Covid-19 puso de manifiesto la incapacidad del presidente Donald Trump, su inseguridad y debilidad política, arropada bajo un leguaje grandilocuente, acompañado de insultos y poses que no convencen y ponen en dudas su coeficiente de inteligencia, al recomendarle a los especialistas en salud, experimentar con inyecciones de cloro o su ingestión, para acabar con el coronavirus.

Ante eso, los más importantes diarios de Estados Unidos lo califican como “el peor presidente de la historia del país”, pero, por lo antes expuesto, continua con el respaldo del poderío militar y su complejo industrial, beneficiado con sus decisiones presupuestarias.

En la actualidad el mayor enemigo de los yanquis parece ser el Covid-19, que desestabiliza su economía.

Sin distinción de posiciones políticas, económicas, color de la piel, sexo, o religión, infesta también a las fuerzas armadas debilitando su capacidad de maniobra, aunque los mantos militares digan lo contrario.

La primera señal ocurrió hace unos días en el porta aviones nuclear, USS Theodore Roosevelt, donde resultaron infestados cerca de 150 marineros, algo que el Pentágono trató de silenciar y sancionó al Comandante por filtrar la carta remitida a sus jefes, donde solicitaba la evacuación de los enfermos ante el peligro de contagiar a toda la tripulación.

Por ese hecho, el Departamento de Defensa ordenó a todos los mandos de las bases militares y comandos de combate, no ofrecer información sobre las cifras de contagio de efectivos militares, ratificado por el portavoz, Alyssa Farah, quien declaró:

“No informaremos el número total de casos individuales afectados por coronavirus, de miembros del servicio en la unidad individual, la base o comandos combatientes”.

Informaciones no oficiales afirman que existen más de 3 mil militares contagiados y fuera de servicio, siendo la Marina de Guerra el de mayor afectación, seguida del Ejército y la Fuerza aérea, por las malas decisiones del presidente Trump de no aprobar el distanciamiento, ni el uso de naso bucos en la población de Estados Unidos.

Como consecuencias, hoy Estados Unidos es el país de más contagiados y muertos del mundo, y el Covid-19 está presente en el personal de no menos de 150 bases militares en 41 estados, según publicó Newsweek en días pasados.

De acuerdo con esa publicación: “Los más afectados son los complejos de bases navales en Norfolk, Virginia, San Diego, y Jacksonville en Florida; las bases del área de San Antonio, Texas; y las bases navales del estado de Washington”.

De igual forma, se comenta que dos marineros a bordo del portaaviones USS Ronald Reagan, dieron positivo al coronavirus, situación que se presenta en el USS Nimitz, que tenía la misión de trasladarse al Pacífico, y en el USS Carl Vinson, actualmente en mantenimiento en Puget Sound.

Sin dudas, la incompetencia de Trump pone a los mandos militares en la disyuntiva de exponer a los efectivos militares al contagio o enviarlos a una cuarentena forzada, para evitar males mayores, pues se afirma que los contagios se enfrentan por lo menos, en 4 de los 11 portaaviones nucleares yanquis, creando un impacto negativo.

Esta situación se percibe en las declaraciones oficiales del propio Departamento de Defensa, al exponer: “nuestras capacidades para ayudar al sistema de atención médica doméstica durante el coronavirus, son limitadas y no están dirigidas a las enfermedades infecciosas”.

La pandemia llega hasta el complejo militar industrial, donde y ha provocado afectación en sus operaciones, por la baja de un alto número de empleados, demostrándole a Trump y sus seguidores, que la fuerza de trabajo es lo más valioso de toda economía.

La Covid-19 está haciendo mellas en la base orgánica de la hegemonía de los Estadios Unidos, por la irresponsabilidad de su Presidente, quien perdió 70 días en los que pudo preparar al país para lo que les venía encima.

En vez de eso, se pavoneó afirmando: “todo es un fraude de los demócratas y el flu mata a más gente”.

El 6 de febrero Trump rechazó miles de test de la OMS para detectar el virus. El 10 de febrero, en plena epidemia internacional, Trump recortó 16% el presupuesto del Centro Nacional de Enfermedades Infecciosas y el propio Centro tuvo que fabricar a la carrera sus propios test, que resultaron defectuosos.

El 9 de marzo tuiteó: “El virus desaparecerá. Cálmense”.

Ahora la economía está en plena recesión, los precios del petróleo en menos de un dólar, la fuerza de trabajo enferma y los militares, su principal columna protectora, en riesgo.

Veremos qué posición asumen ante el proceso electoral.

Así pasará a la historia este Presidente, como el responsable de cientos de miles de muertos y el más incapaz de los que se sentaron en la Sala Oval de la Casa Blanca.

Razón tiene José Martí al afirmar:

“Puede inferirse que cuando los imperios llegan a la cumbre de su prosperidad, están al borde del precipicio que los devora”.

El odio de los yanquis contra Cuba es enfermizo.


Por Arthur González.

Cualquier persona en el mundo que revise las múltiples leyes aprobadas por los Estados Unidos para sancionar a Cuba, independiente de la ideología que tenga, puede darse cuenta que el odio que sienten hacia la Revolución es patológico, porque no hay una situación similar en toda la historia de la humanidad.

60 años de una despiadada guerra económica, comercial, financiera y biológica contra todo un pueblo, con la cruel intensión de matarlo por hambre y enfermedades, es rechazada por la casi totalidad de los países representados ante la ONU, pero los yanquis con ese odio enfermizo demuestran ausencia de humanidad, solo por el hecho de que Cuba no se arrodilla ante sus presiones.

En pleno desarrollo de la pandemia de la Covid-19, los yanquis arrecian sus acciones de bloqueo económico, creyéndose que es el momento oportuno para que mueran miles de cubanos, se incrementen las penurias y surjan protestas populares.

Ciegos por su animadversión contra le Revolución socialista, no se percatan de las acciones que ejecuta el gobierno a favor del pueblo, con un sistema de salud fuerte y gratuito que garantiza la atención de todos los ciudadanos.

Paralelamente, Cuba con su tradición solidaria en materia de Salud, apoya a otros países que necesitan de los médicos y enfermeros cubanos, algo que los yanquis han querido desprestigiar con campañas mediáticas, solo con el marcado objetivo de cortar la entrada de divisas al país, aunque pretendan darle un rostro de “preocupación” por el pago que reciben los profesionales de la Isla, pretexto que inventan con tal de ahogar la economía cubana.

Al llegar Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil, bajo las presiones de Washington, atacó virulentamente la presencia de los médicos cubanos, seguido del traidor ecuatoriano Lenin Moreno y la golpista de Bolivia, pero ahora pagan esa decisión con la muerte y contagio miles de ciudadanos por la Covid-19, haciendo colapsar sus sistemas de salud.

No obstante esas campañas y presiones de Estados Unidos, más de cuarenta naciones han solicitado ayuda cubana con personal médico, para enfrentar los miles de enfermos que desbordan sus posibilidades de atención, algo inesperado para los yanquis que los desconcertó; de ahí su reacción de hostilidad para intentar nuevamente empañar la labor humanista que, cual misioneros, llevan a cabo los especialistas de Cuba.

Estados Unidos tiene actualmente una situación alarmante de muertos y enfermos por la Covid-19, debido a que, por su acostumbrada prepotencia, restaron la importancia debida a la pandemia. Sus hospitales colapsan, no tiene capacidad de atención para todos, ni siquiera para guardar los cadáveres y enterrar a sus muertos, abriendo fosas comunes.

Ante ese triste panorama solo piensan en la economía, las ganancias de las empresas y la baja de las bolsas de valores, en vez de buscar soluciones internas para evitar el aumento de contagiados y muertes.

Sin embargo, no pierden tiempo para volver a la carga con su veneno contra Cuba y prueba de eso son las declaraciones en Twitter, de Mara Tekach, encargada de negocios de la embajada de Estados Unidos en La Habana, quien atacó sin piedad la posible participación de médicos cubanos en Argentina y otros países, bajo la mentira asquerosa de que la exportación de los mismos, para obtener beneficios de su trabajo, viola las normas laborales internacionales”.

Ausencia de vergüenza y valores humanos exhiben los yanquis al tratar de impedir la asistencia médica, solo les interesa continuar el ahogo de la economía de Cuba, pues, si realmente los derechos humanos les importaran, propondrían ser ellos los que brindaran esa colaboración, por supuesto con salarios que ningún país podría pagarles.

Es conocido que la medicina en Estados Unidos es un negocio muy jugoso, donde una operación de hernia discal cuesta cerca de los 60 mil dólares, un simple ultrasonido abdominal no menos de 900 usd y un chequeo ante un cólico nefrítico casi 2,000 usd.

Para la diplomática estadounidense, que dice “preocuparse” tanto por el derecho de los médicos cubanos, parece no importarle lo que sufren 28 millones de sus compatriotas que no poseen un seguro médico por falta de dinero, o los 46 millones que viven en pobreza extrema, según cifras oficiales, y no acuden a un hospital ante los síntomas de estar contagiados, al carecer de los recursos monetarios para pagar los 34 mil usd que, como promedio, vale el tratamiento en un hospital de la mayor potencia económica del mundo.

Dónde dejó la diplomática su “humanismo” que no se pronuncia por el contagio que está produciéndose entre los soldado y marines yanquis dentro de sus buques, como el reciente escándalo el portaaviones nuclear USS Theodore Roosevelt, con 150 enfermos con Covid-19 que el Pentágono se negaba a evacuar.

Estados Unidos es el país más afectado por la pandemia de la Covid-19, con unos 900 mil contagiados, ya muy cerca de 55 mil muertos, realidad que ignora la diplomática, prueba de que para ella y los jefes que ordenan sus declaraciones, la vida humana es menos importante que las cruzadas mediáticas para tratar de enturbiar la imagen de Cuba.

La realidad se impone y la diferencia de actuación prevalece, pues mientras Estados Unidos envía tropas y medios navales para hacer la guerra en países a miles de millas de su territorio, Cuba va con sus médicos a salvar vidas, sin mirar tiempo ni dinero, algo que no pueden entender aquellos que solo piensan primero en sus ganancias y después, si les quedara tiempo, en la vida de sus semejantes.

Sabio fue José Martí cuando aseveró:

“Las piedras del odio, a poco de estar al sol, hieden y se desmoronan, como masas de fango”

 

Otra farsa yanqui.


Por Arthur González.

Los Estados Unidos no cesan mentir y para eso venden la imagen de ser “solidarios y humanos”, a pesar de que solo siembran terror, la muerte, división, chantaje y amenazas, a quienes no obedecen sus órdenes.

Sobran los ejemplos de ese accionar bajo y prepotente, pero en estos meses, en que ellos y el resto del mundo enfrentan la pandemia de la Covid-19, se hace más patente, en especial ante los reclamos de la ONU y de muchos países, para que levanten las sanciones injustamente aplicadas a Cuba, Venezuela, Irán, Siria y Rusia, para que estas naciones puedan adquirir, pagar y transportar equipos médicos, medicinas y medios de protección para sus poblaciones enfermas y para el personal de la salud que trabaja afanosamente para salvar vidas.

La crueldad de los yanquis es inconmensurable, demostrada en sus deseos de regocijarse ante la muerte de ciudadanos de estados que no se arrodillan ante sus exigencias imperiales. Por eso se oponen al reclamo mundial para el levantamiento de dichas sanciones, lo que manifiesta que, ni les importan los derechos humanos ni desean ayudar a los pueblos, como dicen en sus hipócritas declaraciones.

Ante el incremento de las peticiones, incluidas las del Papa Francisco y el secretario general de la ONU, los yanquis han tratado de vender una imagen de falsa sensibilidad y de ahí que, después de tres meses de pandemia, el Departamento del Tesoro emitiera un comunicado, el pasado 16 de abril 2020, donde afirma:

Los programas de sanciones administrados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros(OFAC), permiten de un modo general, el comercio humanitario legítimo, la asistencia o las actividades en el marco de las leyes y regulaciones existentes” […] “La regla temporal es efectiva desde el 7 de abril de 2020 hasta el 10 de agosto de 2020”.

Una farsa más para hacerle creer a los tontos, que son sensibles y humanitarios, cuando en realidad las trabajas y sanciones se mantienen inalterables.

De acuerdo con la información oficial publicada en el caso de Cuba, la madeja de sanciones de la guerra económica, comercial y financiera, continua, por lo cual es casi imposible adquirir nada.

Las llamadas “flexibilidades” expresan textualmente:

“Estados Unidos se compromete a garantizar que la asistencia humanitaria continúe llegando a las poblaciones en riesgo, a través de canales legítimos y transparentes, a países de todo el mundo que luchan contra la enfermedad Covid-19”.

“Los programas de sanciones administrados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, generalmente permiten el comercio, la asistencia o la actividad legítima relacionada con la asistencia humanitaria, según las leyes y regulaciones existentes”.

“OFAC alienta a aquellos interesados ​​en proporcionar dicha asistencia durante la crisis de la Covid-19, a que aprovechen las exenciones, excepciones y autorizaciones de larga data relacionadas con la asistencia humanitaria y el comercio disponibles en muchos programas de sanciones de los Estados Unidos”. […]

En todos los casos y Cuba en particular, buscan vender una cierta “flexibilidad” de las sanciones impuestas desde 1961, que persiguen matar por hambre y enfermedades al pueblo, y al leerlas se percibe que todo está igual, y las solicitudes deben ser analizada caso a caso, lo que al final impide toda adquisición, transacción bancaria y su transporte, aéreo o naval, hacia la Isla.

Esto se hace patente en el propio Comunicado, al asegurar:

“El embargo a Cuba se dirige al régimen comunista de Cuba, que durante décadas ha oprimido al pueblo cubano y no ha logrado satisfacer sus necesidades más básicas”. Sigue leyendo

Washington aprovecha el Covid-19 para estrangular más a Cuba y Venezuela.


Por Arthur Gonzalez.

Por estos días en que la pandemia del Coronavirus ataca al mundo, Estados Unidos ejecuta acciones para estrangular aún más a Cuba y Venezuela, con la ilusión de derrocar sus procesos revolucionarios que tanto los agria, al constatar que su guerra económica, comercial y financiera, no logra indisponer a los pueblos contra sus gobernantes.

Muchas voces se unen para solicitarle a Estados Unidos que levante su criminal bloqueo y permita que ambos países puedan comprar medicinas y equipos imprescindibles para salvar vidas, pero los yanquis se niegan a aceptar los reclamos y aduce que es falso que ellos impidan tales compras, como si la gente fuera tan bruta que no conocieran las crueles medidas que lo impiden.

Desvergonzadamente el 16 de abril 2020, el Departamento del Tesoro afirmó en un comunicado:

“Nuestra política de sanciones contra los gobiernos de Cuba y de Venezuela permiten la ayuda humanitaria y el comercio para combatir la Covid-19”. Argumento que refutaron La Habana y Caracas, por ser falsos y sin pruebas.

Recientemente una donación para Cuba de la empresa privada china Alibaba, no pudo llegar a la Isla porque el transportista adujo que podía ser multado por violar las regulaciones establecidas en la Ley Torricelli y Helms-Burton. Las autoridades cubanas explicaron que, por esa guerra financiera, los bancos internaciones se niegan a efectuar transacciones para los pagos de las medicinas que Cuba necesita, viéndose obligados a sortear mil trabas para poder adquirirlas.

Palabrerías de bajo costo emplean los funcionarios yanquis para confundir a quienes no dominan las regulaciones legales, pero al final siempre se descubren sus verdaderos planes, porque resulta imposible ocultarlos, como las afirmaciones de Michael Kozak, subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, quien dijo:

El embargo tiene como objetivo al régimen comunista que durante décadas ha oprimido el pueblo de Cuba”.

La pregunta es, si no dejan entrar medicinas y alimentos ¿a quién perjudican, a los gobernantes o la población que se ve impedida de adquirirlos?

Sus argumentos de que “el Bloqueo es contra el gobierno comunista” no engañan a los cubanos, porque son los ciudadanos de a pie quienes sufren la escasez, con el objetivo calculado de que estos culpen al sistema socialista de ineficiente, algo que no han logrado en 60 años, porque la gente común sabe leer y escribir y conoce perfectamente el nudo gordiano de leyes aprobadas contra Cuba y el esfuerzo del gobierno para mantener las necesidades básicas cubiertas, a pesar de esa guerra económica.

Con Venezuela ejecutan similar receta, por eso el Departamento del Tesoro declaró hace pocos días que la guerra económica “está diseñada para limitar las fuentes de ingresos para el régimen de Nicolás Maduro”.

Pero no es el Presidente quien se afecta, si no su pueblo.

El diseño lo publican descaradamente al afirmar:

“Este programa es una forma de responsabilizar a aquellos que se interponen en el camino de restaurar la democracia en Venezuela, asegurando un flujo de bienes humanitarios y servicios al pueblo de Venezuela”.

O sea, Estados Unidos embarga bienes venezolanos en el exterior, incluidos los fondos depositados en bancos yanquis y en otros países, impide la venta de suministros para el pueblo y es Nicolás Maduro el responsable.

Por eso es que fracasan y su títere Juan Guaidó, pasado más de un año de su auto proclamación como presidente de Venezuela, no tiene apoyo popular alguno.

Siempre se dice que se detecta primero a un mentiroso que a un cojo y así se puso de manifiesto el pasado año cuando Mike Pompeo, Secretario de Estado y ex director de la CIA, respondió varias preguntas con relación a Cuba y América Latina, donde afirmó descarnadamente los verdaderos propósitos que persigue Estados Unidos contra el pueblo cubano, para intentar que los ciudadanos se lancen a las calles a protestar, tal como hicieron en Polonia y Alemania.

En esas declaraciones Pompeo confesó la crueldad de la política yanqui al reconocer: Sigue leyendo

Predicciones sobre Cuba de economistas detrás de una mesa.


Por Arthur González.

Qué fácil resulta analizar la economía de un país asediado durante 60 por una guerra económica, comercial y financiera, leyendo libros detrás de una mesa de trabajo, sin nunca haberse enfrentado a la dirección de una empresa, donde tendrían que sortear los verdaderos obstáculos que imponen el “embargo”, como los yanquis insisten en calificarlo.

Ahí sí tendría que demostrar inteligencia y osadía para mantener la producción con falta de piezas de repuesto, la negativa de consorcios extranjeros a venderle materias primas, amenazados por Washington de ser sancionados, o porque un equipo importante para la empresa tiene más del 10 % de componentes made in USA y no se le permite adquirirlo, o que un banco internacional se niegue a efectuar una transferencia bancaria para el pago o la compra de determinada mercancía.

Entonces, esos “oráculos” de la economía cubana sabrían las peripecias que se ejecuta diariamente para importar un equipo que salvar vidas, producir determinada medicina o los alimentos para 11 millones de cubanos.

Esos “genios” de libros, se darían cuenta que las piedras en el camino económico de Cuba no son por problemas estructurales, como quieren hacerle ver a otros, sin mirar a los que residen en países como Chile, Bolivia, Brasil, Argentina, Panamá, Honduras, Guatemala, etc. que padecen verdaderas y profundas crisis económicas, con índices de pobreza crecientes, a pesar de tener economías de mercado, grandes, medianas y pequeñas empresas privadas.

Ante esas crisis que, sí son estructurales del sistema capitalista, los trabajadores carecen de servicios de salud, educación y una seguridad social adecuada a sus necesidades, unido a los despidos constantes, subidas de precios y recortes presupuestarios, sin que nunca hayan tenido que padecer la criminal guerra económica, comercial y financiera a la que someten a la Revolución cubana.

Esos países capitalistas, tampoco han sufrido programas subversivos elaborados por la CIA, con acciones terroristas para destruir sus industrias, centros comerciales, cines, teatros, buques mercantes, aviones civiles, hoteles y campos de cultivos para producir alimentos, unido a la introducción de plagas y enfermedades.

Sí Cuba mantiene sus logros sociales, con un elevado nivel de instrucción y salud gratuito para todos, incluidos aquellos que no apoyan el sistema socialista, es precisamente porque no aplica las recetas que Estados Unidos sueña con imponerle y que aplauden esos “economistas” de academia, formados gratuitamente.

Evidentemente tales “economistas” con sus fórmulas milagrosas, nunca han leído detenidamente, el conjunto de leyes aprobadas por Estados Unidos para ahogar la economía cubana y evitar que su modelo sea exitoso y un ejemplo para otros países, tal y como afirman académicos del Council on Foreign Relations:

La oposición de Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política.

¿Podría un país con una economía diferente a la de Cuba, resistir 60 años de una terrible guerra económica?

Hoy el mundo enfrenta la pandemia del Covid-19 y un ejemplo del desastre del modelo económico, que esos “economistas de mesa” sueña con imponerla a la Isla, se percibe en España, Italia, Estados Unidos, Ecuador, Chile y muchos más, donde los recortes presupuestarios para la salud, unido a la privatización de hospitales, llevan a la muerte a miles de seres humanos.

Quienes califican “distorsiones estructurales” del modelo sociopolítico cubano, con su perdurable “matriz soviética”, pueden comparar la ejecución de ese modelo “distorsionado”, donde el ser humano es lo primero y puede salvarles la vida a ellos y sus familiares, sin pagar un centavo.

Estados Unidos hace lo imposible para destruir el proceso socialista cubano, difunde campañas venenosas, infesta la mente de personas para hacerles creer que Cuba es un infierno producto de su modelo político-económico, pero a la vez incrementa las sanciones de su guerra económica, corta de un tajo la entrada de norteamericanos, prohíbe la visita de cruceros, reduce al mínimo posible los vuelos hacia la Isla, amenaza con multas millonarias y años de cárcel, a las empresas que intenten invertir en la economía cubana con la aplicación del Título III de la execrable Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas, de 1996, (conocida por Ley Helms-Burton.

Aumenta la persecución de las transacciones bancarias imponiéndole cientos de millones de multas a quienes se atrevan a ejecutar alguna con la banca cubana y presiona a países para cortar la colaboración médica y la entrada de dinero, con campañas calumniosas.

¿Cómo podría funcionar una empresa privada cubana sin petróleo ni créditos para sus comprar?

Nadie en Cuba puede hacer compras utilizando el dólar estadounidense y Estados Unidos ha desatado una cacería contra los buques tanqueros de Venezuela o de cualquier país, que desee venderle petróleo a Cuba. ¿Eso es un problema estructural como afirman los sabios economistas de manuales?

Las sanciones ejecutadas en los últimos años por Estados Unidos demuestran que mientras Cuba no se arrodille ante sus pies, aplique un sistema neoliberal como el de Argentina o Chile, jamás podrá tener una economía libre de sanciones, que le permita demostrar la valía de su sistema.

Es tanta la obsesión enfermiza de los yanquis, que ni un jugo o refresco de limón pueden consumir en Cuba los ciudadanos norteamericanos. ¿Tendrá eso alguna relación con la supuesta deformación del modelo estructural cubano, como afirman los oráculos que defienden retomar el capitalismo para la Revolución?

Hay que ser muy torpe y ciego para no percatarse que, gracias al imperfecto modelo socialista de la economía cubana, el Estado puede mantener la vida del pueblo, que no es mejor por causas de esa despiadada guerra y no precisamente por el socialismo.

A pesar de la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia mundial, Cuba logra alimentar al pueblo, sostener el transporte, abastecer de agua a lugares remotos en las montañas, la salud con su sistema primario, secundario y especializado, sin haber cerrado un solo centro escolar o universidad del país, algo que no pudieran hacer quienes asumieron el neoliberalismo recomendado por el Fondo Monetario Internacional.

Esos que intentan asustar a los cubanos con otro período especial no dicen que, gracias al modelo que tanto atacan, Cuba resistió y salió adelante cuando Washington se preparaba para ver caer el socialismo, pero volvieron a recomerse el hígado al observar como el pueblo unido resurgía como Ave Fénix.

A darle clases magistrales a Estados Unidos que, a pesar de su poderío, tiene que enterrar a sus muertos en fosas comunes, debido al colapso del sistema de salud, pues allá la medicina es una mercancía.

Miren la diferencia de la Cuba bloqueada y agredida, salvando a su gente y a otros que en el mundo lo solicitan, con su modelo socialista, imperfecto sí, pero humano, porque como afirmó José Martí:

“Es al servicio de todos y por el bien de todos”.