Reconoce Roberta Jacobson verdaderos objetivos de la política de Barack Obama hacia Cuba.


Por Arthur González.

Roberta Jacobson, sub secretaria de Estado para el Hemisferio Occidental durante la administración del presidente Barack Obama, y quien encabezó la delegación yanqui durante las conversaciones con Cuba para reanudar las relaciones diplomáticas, reconoció durante una entrevista concedida a la BBC el pasado 20 de junio 2019, que “la política de Obama hacia Cuba no fue un regalo al gobierno de Castro”.

Para aquellos que aun creían en las buenas intenciones del presidente Obama hacia Cuba, ahora comprobarán que solo buscaba derrocar el sistema socialista con una estrategia más acaramelada, para confundir y engañar, a partir del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el reconocimiento que: “años de enfrentamiento de su país con la Isla no dieron los resultados ambicionados por todas las administraciones”, desde que en 1959 Eisenhower iniciara la hostilidad política contra Fidel Castro.

Roberta Jacobson argumentó que “la estrategia era lograr que el gobierno de Raúl Castro, diera paso a un cambio de la economía socialista hacia la capitalista, situación que no sucedió”.

Agregó que, para intentar obtener sus propósitos, “Obama aprobó una nueva estrategia política que se fundamentó en establecer intercambios, visitas de estadounidenses a la Isla, más tecnología, y otras acciones, con el sueño de abrir la Isla de forma tal que se pudiera avanzar políticamente después”.

Por esas razones se confirma que lo hecho en materia de relaciones diplomáticas, viajes, intercambios y algunos acuerdos no fueron privilegios a la Revolución, sino para ir socavando los principios socialistas desde adentro, de forma inteligente, sutil y muy dulcificada.

Jacobson retirada del mundo diplomático y actualmente asesora principal del Albright Stonebridge Group, en Washington, explicó que “El presidente Trump no entiende que la negociación del gobierno de Obama con el régimen castrista, fue una manera de ayudar al pueblo cubano, para cambiar la Isla desde abajo y no desde arriba”.

Existen especulaciones de que los contactos de la administración Obama con funcionarios cubanos, les posibilitaron ejercer cierta influencia sobre estos, con el fin de que apoyarán la nueva política y evitar las barreras a los cambios, a partir de recomendaciones que pudo haber realizado el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, ya que, en el comunicado oficial del gobierno de Estados Unidos, emitido el 17.12.2014 se afirma:

“La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos”.

Esa estrategia no es nueva y tiene antecedentes en lo que tramaba la CIA en 1967, cuando expusieron su nueva dirección de trabajo contra Cuba, la que planteaba entre otras cuestiones:

“Debemos tratar de desarrollar contactos dentro del círculo más íntimo de Castro, […] saber más acerca de quiénes son sus asesores y qué piensan”.

El 15 de agosto de 1968 durante reunión llevada a cabo con el Departamento de Estado, para analizar las próximas acciones contra Cuba, la CIA presentó un conjunto de propuestas, entre ellas:

“Abordar a los líderes cubanos alrededor de Castro para asegurarles que Estados Unidos no deseaban echar por tierra los logros de la Revolución, y estaban preparados para cooperar con ellos y apoyarlos en lo que fuera necesario, en un gobierno post CastroA cambio, la CIA les propondrían trabajar secretamente, que brindaran información y quizás ejecutar acciones oportunas que acelerarán la sustitución de Fidel Castro como líder del país”.

Ya alejada del Departamento de Estado, Jacobson habló con más soltura al explicar parte de la estrategia seguida en las negociaciones con la parte cubana, confesando que:

“Decir que no recibimos lo suficiente por parte de los cubanos, es entender mal la razón para iniciar esa política”.

Y auguró:

“La actual estrategia de mi gobierno, de estrangular al gobierno cubano no va a funcionar, porque regresar a la misma política de los años ’60 y ’70 del siglo XX, no ha funcionado. Tenemos que recordar que otra de las razones de la política de la administración Obama, fue sacar el tema de Cuba como irritante en nuestras relaciones con el resto de América Latina, y eso fue un logro espectacular”.

Durante sus visitas a La Habana, Roberta Jacobson sostuvo encuentros con miembros de los grupos contrarrevolucionarios, creados por la CIA para ejecutar actos provocativos, estimulándolos a seguir las orientaciones de los “diplomáticos” yanquis, acreditados en la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos.

Finalizada su misión al frente de las negociaciones, fue nombrada embajadora de Estados Unidos en México, aunque tuvo que esperar largos meses para ser ratificada por el Congreso, debido a la oposición de los miembros de la mafia anticubana.

La verdad siempre sale a flote, aunque realmente Obama nunca ocultó sus verdaderas intenciones y declaró públicamente que:

“Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano… Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

“Con la apertura de nuestra embajada podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla, incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor”.

De los yanquis nunca se podrá esperar limpieza de actuación, respeto al derecho ajeno y una relación transparente; sus pretensiones de apoderarse de Cuba se mantendrán eternamente, tal y como plasmó en abril de 1823, el entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, en carta remitida a un agente secreto en Cuba, donde le orienta:

“Usted comunicará privadamente en notas confidenciales a este Departamento, todas las informaciones que le sean dable obtener con respecto a la situación política de la Isla, a las miras de su Gobierno y a los sentimientos de sus habitantes. Se mantendrá atento a cualquier agitación popular, sobre todo aquellas que puedan referirse a la cesión de la Isla por España a cualquier otra potencia…”

Nada ha cambiado desde entonces, el objetivo es el mismo, por eso nos alertaba José Martí:

“Impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas, los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza, sobre nuestras tierras de América”.

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La psicosis de Donald Trump.


Por Arthur González.

Si el famoso director de cine Alfred Hitchcock viviera, ya hubiese realizado un nuevo filme sobre la psicosis que padecen en relación a Cuba, el presidente Donald Trump y algunos de sus más allegados funcionarios, como Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abrams, pues cada una de las sanciones aprobadas demuestran un síndrome enfermizo, que cualquier psicólogo lo determinaría con solo leerlas.

Desde el invento de los ruidos y las falsas enfermedades de los diplomáticos acreditados en La Habana, que culminaron con el cierre del consulado para dificultarle la vida a los cubanos que desean reunificarse con sus familiares en Estados Unidos; atemorizar a los turistas; y las más cercanas medidas, así lo confirman.

Todo indica que Trump y su pandilla no pueden conciliar el sueño con la psicosis que padecen, al ver la resistencia de los cubanos y su apoyo a la Revolución, a pesar del recrudecimiento de la guerra económica, comercial, financiera y biológica que soportan desde hace 60 años, posición que los tiene desconcertados.

Esa pandilla de los cuatro, a diario se buscan problemas con el mundo creyéndose que con eso fortalecen el apoyo interno, sin percatarse que incrementan el rechazo de cientos de millones de personas que ven a los yanquis como el enemigo número uno de la humanidad.

Dichos psicópatas no se percatan que el uso de la amenaza, las presiones y el chantaje burdo, le hacen daño a los Estados Unidos y no al resto de los países que se sienten victimas de tantas locuras.

La reciente medida, anunciada el 20.06.2019 por el Departamento de Estado, de incluir a Cuba en la lista de países que trafican con personas, ejemplifica el desequilibrio mental de la pandilla por los argumentos esgrimidos, los cuales se refieren a los médicos cubanos que prestan su ayuda humanitaria a millones de personas, en países carentes de profesionales de la salud, donde salvan cientos de vidas.

Para el gobierno yanqui, esos médicos son “traficados” por Cuba, calificativo que proviene de la alucinación que padecen también los miembros de la mafia terrorista asesina de Miami, entre ellos los senadores Marco Rubio y Bob Menéndez, pues saben que los médicos son parte del ingreso de divisas que recibe la Isla y la estrategia trazada es cerrar todas las entradas económicas, con la ilusión de colapsar a la Revolución, por eso los ataques al turismo y a la Salud.

Ellos mismos en sus justificaciones reconocen que “los servicios médicos profesionales, representan la mayor fuente de ingresos del régimen y por tanto hay que cortarlos”.

Recientemente Trump prohibió la visita a Cuba de los estadounidenses que viajaban dentro de las 12 licencias contempladas en el programa People to People, que, si bien pretendía trasladar sus valores y símbolos a la sociedad cubana, no obtuvo los resultados calculados de “empoderar” al pueblo, como manifestara el presidente Barack Obama, al anunciar ese programa.

Trump también vedó la entrada de los cruceros, porque dijo que no quería que los dólares de los norteamericanos alimentaran al gobierno socialista.

Antes, había elaborado una lista de hoteles, centros comerciales, bebidas y otros artículos, que los norteamericanos no podían disfrutar durante su estancia en Cuba, enajenación evidente de un presidente, que según importantes y calificados psicólogos estadounidenses, no está apto para gobernar ese país, debido a su inmadurez psicológica y otros desajustes adicionales manifestados en cada discurso, que van desde sus gestos hasta sus ataques de histeria contra la prensa local, el personal de la Casa Blanca y la actitud que asume públicamente con su esposa.

La colaboración médica cubana se inició en 1960 y siempre ha demostrado su carácter eminentemente humano, por eso calificarla como “tráfico de persona” es algo que nadie en el mundo puede respaldar.

Cuba ha prestado servicios con su personal de la Salud en 109 países, lo que no hacen los Estados Unidos ni otros países desarrollados.

Posee una brigada organizada especialmente para asistir a personas ante desastres naturales, como huracanes, terremotos, inundaciones ocasionadas por tormentas, graves epidemias y otras causas, brindándoles un servicio humano reconocido por la Organización Mundial de la Salud.

Un ejemplo fue la asistencia en África contra la epidemia del ébola, esfuerzo reconocido por las Naciones Unidos, lo que jamás harán los médicos estadounidenses, porque para ellos la medicina es un negocio jugoso y no un servicio humano.

Presiones yanquis sobre su aliado Jair Bolsonaro en Brasil, provocaron que Cuba retirara a su personal de la misión Más Médicos, y actualmente reconocen que millones de brasileños en zonas selváticas y citadinas, perdieron la asistencia médica que ofrecían los cubanos, no siendo posible que médicos nativos cubran esas plazas, algo que solo hacían los cubanos, basado en el sentimiento solidario y humano que llevan en el corazón.

Mentiras y tergiversaciones inventadas desde Miami intentan justificar las sanciones contra Cuba, aduciendo que parte del pago que hacen esos países va a parar al Estado, pero no mencionan que con ese dinero se sufragan el sistema gratuito de salud de la Isla y las escuelas de medicina, donde además estudian alumnos de decenas de países.

Quiénes deberían estar acusados y sancionados son los funcionarios de Estados Unidos, por cobrar altísimos precios de la asistencia médica a su población, más los medicamentes, siendo uno de los países donde más cuesta un tratamiento y millones de norteamericanos carecen del dinero para pagarlo, siendo incontables los fallecimientos por enfermedades totalmente curables, si todos pudieran acceder a los hospitales, como lo hacen gratuitamente once millones de cubanos.

La psicopatía anticubana continua y ahora alcanza empresas especializada en servicios de búsqueda de hoteles y alojamientos, como si ese trabajo fuese criminal, todo con el único objetivo de reforzar su guerra económica y financiera contra los cubanos.

Otras de sus locuras puestas de manifiesto, es la decisión insólita de prohibir la actuación de artistas cubanos en Miami, lo que muestra el odio y resentimiento de aquellos que han envejecido sin ver el derrumbe del socialismo, en la Isla que abandonaron con la falsa ilusión de regresar a los seis meses.

La enfermiza obcecación llega a tal punto que amenazan con sancionar a la empresa Western Union, autorizada desde hace décadas, a enviar las remesas familiares a los cubanos, todo bajo el mismo invento de que el dinero va para los bolsillos del gobierno.

Si realmente Trump aspira a captar los 29 votos electorales de la Florida, con esas acciones contra el pueblo cubano, muy pocos adeptos podrán encontrar en una comunidad que se ha visto impedida de recibir las visitas de sus seres queridos, la anulación de los visados múltiples por cinco años, la obligatoriedad de viajar fuera de Cuba para obtener un visado temporal o por reunificación familiar y ahora con la coacción de suspender el envío legal de las remesas.

Mientras eso sucede en Estados Unidos, la sede londinense de Public Health England, agencia del Departamento de Salud británico, destaca la vocación internacionalista y solidaria de la medicina cubana, reconociéndose que el sistema de salud cubano es universal, gratuito, accesible, regionalizado, integral, y con una concepción humanista.

Lo que no dicen los yanquis es que Cuba ha formado a más de 95 mil médicos, a pesar de la guerra económica, y redujo la mortalidad infantil a cuatro por mil nacidos vivos, unido al incremento de la esperanza de vida a 78,4 años.

Su propaganda anticubana calla que, gracias a su sistema de salud, los cubanos cuentan con un régimen de atención primaria, con un médico por cada 118 habitantes, unido a la prevención y eliminación de decenas de enfermedades infecciosas y el desarrollo de la Biofarmaceútica con nuevos medicamentos, incluidas las vacunas contra el cáncer.

Aunque sigan castigando a Cuba, su pueblo continuará el camino con libertad y soberanía, junto al agradecimiento de millones de personas en el mundo, porque como dijera José Martí:

“No puede ser que pasen inútiles por el mundo, la piedad incansable del corazón y la limpieza absoluta de la voluntad”.

 

 

 

Los yanquis y su mafia de Miami no saben que más hacer contra Cuba.


Por Arthur González.

Amargados por sus fracasos permanentes durante 60 años, los mafiosos terroristas de Miami, siguen cocinándose en su veneno y por eso acaban de aprobar una resolución, al mejor estilo de los nazis, contra el arte proveniente de Cuba, algo increíble en el siglo XXI.

La mencionada resolución fue presentada por el alcalde, Francis Suárez y por el comisionado Manolo Reyes, para impedir el intercambio cultural con artistas residentes en Cuba, elevándola al Congreso de Estados Unidos para que formule una ley que permita, a los estados y gobiernos locales, prohibir la contratación de artistas que vienen de Cuba.

El odio de los hijos y nietos de esbirros del dictador Fulgencio Batista es tal que no soportan la auténtica cultura cubana, esa con sabor a ron y tabaco, copiada en Miami por los que un día abandonaron su patria, pensando que la Revolución no duraría 6 meses y llevan ya 60 años sufriendo sus derrotas.

A esos mafiosos les duele que los cubanos de la Isla bailen, canten y gocen con felicidad, a pesar de estar sometidos a una extrema guerra económica, comercial, financiera y biológica, durante más de medio siglo, que no ha podido doblegar a todo un pueblo que disfruta su soberanía e independencia de los Estados Unidos.

La realidad los golpea, porque a pesar de sus planes para convertir a los artistas cubanos que actúan en Miami, en agentes transmisores de sus ideas subversivas, regresan a la patria satisfechos de ofrecer un arte de calidad, al estar formados en prestigiosas escuelas de la Isla, donde estudian gratuitamente, pintores, escultores, bailarines, actores y músicos, algo que no tienen otros países del aérea.

Personajes que se buscan la vida en Miami atacando a la Revolución, como Willy Chirino, Los Tres de La Habana, Amaury Gutiérrez, y el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, ahijado del dictador Fulgencio Batista, dieron su apoyo a dicha resolución.

Sin contar con los ciudadanos de Miami, que sí disfrutan del arte cubano, los defensores de la llamada “democracia representativa”, adoptan decisiones sin tomar en cuenta la verdadera voluntad popular, situación que se les revertirá en las próximas elecciones presidenciales en las que Donald Trump aspira a ser reelegido.

Ese anhelo del actual Presidente le será difícil de materializar, por las medidas que adopta contra los emigrantes latinoamericanos, los portorriqueños afectados por huracanes que aún esperan por la asistencia del gobierno, los cubanos que no pueden reunificarse con sus familiares en Cuba y por quienes tendrán que pagar más dinero por los productos importados desde China, a partir de las nuevas imposiciones arancelarias.

Una realidad que demuestra la división que existe en Miami por la política hacia Cuba la está mostrando Mario Díaz-Balart, miamense Representante en el Congreso por el distrito 25, quien se expresa contra de la política de Trump de cerrar el consulado yanqui en La Habana.

Aunque su verdadero interés es captar votantes en Miami, Mario envió en días pasados una carta al Secretario de Estado, Mike Pompeo, pidiéndole “mejorar el acceso de servicios consulares para cubanos en la Habana”, situación que contradice su apoyo hace dos años a las campañas de mentiras sobre los inventados ruidos que “afectaron” a los diplomáticos yanquis, los que hasta la noche antes de retirarse de Cuba bebían ron y cerveza, en bares y restaurantes habaneros.

Para no buscarse la enemistad total del presidente Trump, Mario le declaró su agradecimiento por dar vía libre a la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton y la prohibición de los cruceros yanquis a Cuba, aplaudiendo la medida por considerarlo como “pasos cruciales para promover la democracia, las libertades esenciales y los derechos humanos en Cuba”, aunque en verdad la misma restringe la libertad de los estadounidenses, al no poder visitar un país tan cercano a los Estados Unidos, donde son recibidos con hospitalidad y amistad.

Los votantes del referido Representante, le escriben molestos por la situación creada en La Habana ante el cierre del consulado de Estados Unidos, situación que les dificulta y encarecen los trámites para la reunificación familiar, algo que para él es una contradicción con la facilidad que poseen los artistas de la Isla para obtener visas y actuar en ciudades norteamericanas.

A la vez, Trump continúa arremetiendo contra compañías que organizan viajes a Cuba, porque su pretensión es ahogar económicamente a los cubanos, para que protesten por la crisis económica que padecen y culpen al socialismo, como si fuesen analfabetos que no saben quién es el único responsable de la guerra económica, comercial y financiera que sufren desde hace 60 años.

Para amedrentar con mayor fuerza a quienes mantienen relaciones con La Habana, Trump acaba de anunciar fuertes multas a las compañías Expedia Group, Hotelbeds USA y Cubasphere, por organizar viajes a Cuba y violar las disposiciones del bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos.

Esas medidas coercitivas siguen el interés de que nadie se acerque a la Mayor de las Antillas, a fin de cercarla más para rendirla por hambre y enfermedades, sueño que no alcanzó España en 1897 cuando declaró la tristemente célebre Reconcentración de Weyler, en alusión al General ibérico, Valeriano Weyler, quien mató de hambre a miles de campesinos encerrados en zonas donde no podían cosechar, ni recibir ayuda del exterior.

Esas tres compañías pagarán cientos de miles de dólares por la prestación de servicios de viajes relacionados con Cuba, que violaban el Reglamento de Control de Activos Cubanos (CACR).

Expedia, con sede en Bellevue, Washington, acordó con la OFAC desembolsar 325 mil 406 dólares, por haber asistido en sus viajes y movimientos dentro de Cuba a más de 2000 viajeros estadounidenses, entre los años 2011 y 2014, algo que los yanquis consideran un delito.

Hotelbeds USA, subsidiaria ubicada en Florida, Estados Unidos, del Grupo español Hotelbeds, con sede en Mallorca, pactó el pago de 222 mil 705 dólares, y Cubasphere, deberá liquidarle a la OFAC, 40 mil 320 dólares, acusada de estar involucrada en transacciones que no fueron autorizadas, al asistir a 100 personas en viajes hacia Cuba, entre diciembre de 2013 y febrero de 2014.

Estas y otras razones son la que demuestran la violación flagrante de los derechos humanos sobre once millones de cubanos, a los que se les impide, a la fuerza, su desarrollo económico por el solo hecho de no aceptar someterse a los dictados de la Casa Blanca, como hicieron gobiernos anteriores a 1959.

Ni esas ni otras sanciones podrán doblegar a los cubanos, que seguirán unidos resistiendo los embates del imperialismo yanqui, porque como expresó José Martí:

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

Permite Estados Unidos viajes a Cuba bajo licencias con fines subversivos.


Por Arthur González.

El Departamento de Estado continuará permitiendo que ciudadanos de Estados Unidos viajen a Cuba, amparados en una licencia que persigue objetivos subversivos, según información publicada en su sitio oficial.

La licencia titulada, “Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades cubanas”, será admitida para que ciudadanos norteamericanos continúen viajando a la Isla, siempre que su finalidad sea la de:

Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades del país, lo cual resultará en una interacción significativa entre el viajero y las personas de Cuba”.

De acuerdo con la información publicada por las autoridades yanquis, los “intercambios deben desarrollarse bajo los auspicios de una organización sujeta a la jurisdicción de los EE.UU., que favorezca dichos intercambios, siempre que su propósito sea la de promover las llamadas conexiones de pueblo a pueblo”. 

Tales viajes “contarán con un programa de actividades a tiempo completo, diseñado para incrementar el contacto con los cubanos, y que estos produzcan interacciones significativas entre el viajero y las personas de Cuba”.

Para garantizar ese objetivo, los grupos de estadounidenses que viajen a la Isla, “deberán estar encabezados por un empleado, consultor pagado o agente de la organización auspiciadora, que siempre acompañe a cada grupo en su viaje a Cuba, a fin de garantizar que todos los viajeros tenga un programa a tiempo completo de actividades de “intercambio educativo”, debiendo certificar que no sostengan contactos con personas o entidades que actúen en nombre de determinados funcionarios prohibidos del gobierno de Cuba, o ciertos miembros del Partido Comunista de Cuba”.

Un aspecto puntualizado por el Departamento de Estado yanqui y de estricto cumplimiento por los agentes de viajes, es que tienen ajustarse al requisito contemplado en la licencia “Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades cubanas”, el cual establece claramente que “los viajes a Cuba solo se autorizan, siempre y cuando sus actividades sean con organizaciones reconocidas defensoras de los derechos humanos; una organización independiente diseñada para promover una transición rápida y pacífica a la democracia o, con personas y organizaciones no gubernamentales, siempre que promuevan actividades independientes, con la intención de fortalecer la sociedad civil en Cuba”. 

Otro de los elementos a consumar es que “el programa de actividades del viajero no puede incluir tiempo libre, ni de recreo en exceso de lo normal para un programa a tiempo completo”.

Este elemento deja por sentado que están prohibidas las actividades de placer y recreo, o sea turísticas.

Todas las gestiones en Cuba tienen que ser con trabajadores no estatales, tales como el alojamiento, transporte y la alimentación.

La mencionada licencia se estableció bajo la administración de George W. Bush, quien dio luz verde al plan de la “Comisión para la Asistencia de una Cuba Libre”, más conocido como Plan Bush, aprobado en mayo del 2004, que pretendía acelerar la “Transición pacífica de Cuba hacia la democracia”.

El Plan Bush, aceleró un conjunto de medidas para estrangular la economía cubana, incrementándose las multas impuestas por la OFAC, a las entidades financieras que sostenían relaciones con la Isla y a ciudadanos estadounidenses que viajaran a Cuba.

Limitó las visitas familiares de cubanos residentes en Estados Unidos, a una cada tres años y recortó el monto anual de las remesas a mil usd, cifra vuelta a imponer por el presidente Donald Trump.

En esa época, Bush revitalizó la Ley Helms-Burton con sus Títulos III y IV para amedrentar a los inversionistas extranjero.

A pesar del recrudecimiento de las sanciones económicas, permitió viajes con fines subversivos, con el sueño de provocar el derrocamiento del sistema desde adentro, para lo cual incrementó el apoyo a los grupúsculos contrarrevolucionarios, muchos de ellos abastecidos e instruidos por viajeros estadounidenses que ingresaban a Cuba, amparados en la licencia para “Apoyar a la “sociedad civil” de Cuba, como sucedió el 20 de mayo del 2005 cuando la asalariada del gobierno de Estados Unidos, la contrarrevolucionaria Marta Beatriz Roque Cabello, orientada por los yanquis, fomentó en La Habana una supuesta reunión de la “Asamblea Nacional para Promover la Sociedad Civil”, con varios invitados extranjeros y la presencia fiscalizadora del entonces Jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, James Cason.

La Revolución cubana tiene suficiente experiencia en esos menesteres y las autoridades competentes, de conjunto con el pueblo, sabrán detectar los intentos subversivos e impedir actos provocativos contra la integridad de la nación, porque como dijera José Martí:

“Quien bien vela, todo se le revela”

Una historia repetida.


Por Arthur González.

Si algo tiene abundante Cuba es su historia, cargada de batallas heroicas para alcanzar su independencia del yugo colonial español, la abolición de la esclavitud y lograr la verdadera libertad para poder andar soberana con la frente bien alta, sin el amo del Norte que fabricó el pretexto del hundimiento del acorazado Maine en la rada habanera, para intervenir militarmente en la Isla y arrebatarle el triunfo a los que desde 1868 combatían por su libertad.

Luchas obreras y estudiantiles prosiguieron en la República mediatizada, esa que nació con el grillete de la repugnante Enmienda Platt, apéndice constitucional impuesto por los yanquis en 1901 para mantener el poder político y económico de Cuba. Aquellas luchas dejaron centenares de muertos y muchos héroes que enriquecen la historia del pueblo cubano.

En 1959 los cubanos pudieron saborear la libertad, dejando atrás medio siglo de subordinación a Estados Unidos, pero el costo de mantener esa independencia es muy alto, porque los yanquis no se resisten a perder a esa Cuba, que tanto ambicionan desde los albores del siglo XIX.

Por eso comenzaron sus acciones terroristas, los planes de asesinato a sus líderes, y la guerra económica, comercial, financiera y biológica, con el objetivo de rendir por hambre y enfermedades a un pueblo aguerrido y estoico que se resiste a volver a un pasado oprobioso.

Sin embargo, siempre hay quienes se dejan comprar con el dinero del poderoso vecino del Norte, le creen sus mentiras fabricadas hábilmente para confundir, desilusionar e intentar demostrar que, con el retorno a la subordinación de Washington, todo les irá mejor.

De esos que se cansan y desencantan hay muchos, que hoy rechazan las posiciones patrióticas de la mayoría, criticándoles y acusándolos de politizarlo todo. Por eso aceptan con agrado el incremento de la guerra económica y financiera, el cerco político y carecen del valor suficiente de enfrentarse al poderío yanqui, con tal de no perder un visado, o ser señalados como aliados de la Revolución.

En días pasados el presidente Donald Trump apretó aún más la tuerca de la guerra económica contra Cuba, al suspender abruptamente los viajes de los ciudadanos estadounidenses que visitaban la Isla, respaldados por una licencia del Departamento de Estado, bajo el programa Pueblo a Pueblo, y prohibió la entrada de los cruceros.

Ante tamaña crueldad, algunos artistas que se dejaron llevar por campañas falsas contra Cuba, de supuestas represiones a una marcha de la comunidad LGBTI, liderada por elementos orientados por “diplomáticos” de la embajada yanqui en La Habana, no se han pronunciado contra esas medidas que afectan grandemente a once millones de cubanos.

Aquellos que creyeron lo que las redes sociales manipulaban, calificaron la actuación de los encargados del orden público, como “verdaderamente deprimente y triste”; “absurda y vergonzante”; y “sentir una vergüenza enorme”, ahora hacen silencio ante las medidas tomadas por Trump, aguijoneado por la mafia terrorista anticubana de Miami, algo que sí resulta condenable, absurdo, vergonzoso y criminal.

Cuando dos excelentes actores cubanos, Fernando Echevarría y Jorge Enrique Caballero, se sumaron a la condena de Cuba, mediante un spot por la televisión contra la aplicación total de la Ley aprobada por el presidente Bill Clinton en 1996, bajo el nombre de “Ley para la libertad y solidaridad democrática cubana”, conocida como Ley Helms-Burton, de inmediato surgió desde Miami la crítica de uno de esos que se fueron a la Florida, buscando dinero, fama y aplausos, nombrado Roberto San Martín Pérez, quien declaró que un artista no puede justificar todo lo que pasa en Cuba culpando al bloqueo”.

Ignorante personaje que nunca se ha leído los documentos oficiales de la CIA, ya desclasificados, donde se asegura: “

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre….  Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

En Cuba abundan el honor y la dignidad, algo que puso de manifiesto el cantante Israel Rojas, integrante del famoso dúo Buena Fe, quien respondió al miamense:

Cada cual es dueño de su voz y de sus silencios. Es cierto. Cada cual tiene derecho a escoger sus batallas” … “Tanto Fernando como Jorge Enrique hacen bien. Ponerse del lado de los verdaderos dolientes y no del abusador. No ofenden. No insultan. Oponerse a la Helms-Burton, al bloqueo económico y financiero que nos hace tanto daño, es lo ético, lo martiano”.

Finalizada la guerra por la independencia en 1898 y avanzada la seudo república, también hubo cubanos influenciados por la política yanqui, incluso patriotas y ciertos traidores, vanidosos y logreros.

Ante eso, la Revista Patria y Libertad, creada en 1916 por José de Jesús Pons y Naranjo, hombre de toda la confianza de José Martí, conocido como el Agente General Luis, refiriéndose a la convulsa situación que vivía Cuba a inicios del siglo XX, expuso:

[…] Ante tamaña realidad, lo patriótico es ahora inoportuno y romántico, según se ha dado en calificar con insuperable ignorancia, a cuanto sea noble y desinteresado; pues lo necesario y conveniente es hacer política, aunque se deshaga la Patria, no sirviendo los grandes y las grandezas de la Revolución, sino para adornar vistosamente la arenga atronadora de un orador callejero o el manifiesto vacío de una gavilla de politicastros”.

En otros de sus importantes artículos, alertaba:

“El que tenga el corazón enfermo apartémoslo del camino, de ese camino que es tan solo para los grandes ciudadanos que supieron cumplir con su deber de hombres libres” […] “Si no conseguimos modificar nuestras tendencias atávicas, por la práctica constante de las virtudes cívicas, volveremos a ser esclavos. ¿De quién? Del primer amo que se presente.

En estos tiempos la historia parece repetirse. No en vano alertó Martí:

“¿Y de qué vive el artista sino de los sentimientos de la Patria?”

Quién castiga a los Estados Unidos.


Por Arthur González.

Desde hace 60 años, Estados Unidos emplea diferentes pretextos para sancionar a Cuba por haber hecho una Revolución socialista a solo 90 millas de sus costas.

De ser una neo colonia yanqui, invadida en tres ocasiones desde 1898 y con su economía sometida a los grandes capitales, en 1959 Cuba pasó a ser un país libre, soberano e independiente de las órdenes de la Casa Blanca, algo que jamás le perdonarán los imperialistas.

En un inicio, el pretexto que impidan las relaciones fueron las relaciones con la URSS y China; después el apoyo a los movimientos de liberación en América Latina, y le siguió la presencia militar cubana en África para ayudar a Angola, invadida por Sudáfrica para evitar su independencia del colonialismo portugués.

Eliminados esos argumentos, inventaron las violaciones a los derechos humanos, la libertad religiosa y cuantas ideas se les ocurrieron, con tal de continuar su enfrentamiento contra la Revolución, pues el único y verdadero motivo es lo que se afirma en el primer Programa de Acciones Encubiertas de la CIA, aprobado por el presidente Dwight Eisenhower, el 17 de marzo de 1960:

El propósito del programa es provocar la sustitución del régimen de Castro, por uno que sea más aceptable para Estados Unidos”.

Esto pudiera considerarse como la piedra filosofal de la política yanqui contra Cuba, de ahí que mientras exista un sistema socialista en la Isla, jamás habrá un entendimiento normal entre los dos países.

Todas sus acciones siempre tendrán el interés de cambiar el sistema, algo que señaló perfectamente Barack Obama, al iniciar las relaciones diplomáticas:

Décadas de aislamiento de Cuba no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática. La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba”.

Al no obtener los resultados añorados con la política de la zanahoria dulce, Donald Trump decidió retomar la política del garrote, pero con más fuerza, soñando derrocar lo que 12 administraciones anteriores no pudieron.

El retroceso en el acercamiento almibarado de Obama no se hizo esperar, dando curso a su política, tal y como anunciara el 16 de junio de 2017, ante la mafia terrorista asesina de Miami.

Ahora el nuevo pretexto es la ayuda al gobierno venezolano de Nicolás Maduro, acusando a La Habana de ser la responsable de la resistencia de ese pueblo, ante las acciones de guerra económica, comercial y financiera.

Ridícula acusación, porque Cuba solo ofrece salud, educación, cultura, deportes y asesoramiento en la agricultura, algo que los yanquis saben que el pueblo de Venezuela le agradece a su Revolución bolivariana, porque nunca antes los gobiernos de turno se preocuparon por los desposeídos.

Los yanquis pretenden crear un caos interno en Venezuela para que la gente se lance a las calles y derroten a Maduro, vieja táctica que ejecutan contra Cuba desde hace más de medio siglo, sin resultados.

La realidad que no deja dormir a sus ideólogos es el pánico de que Venezuela se convierta en otra Cuba, por eso aseguran que ahora es el momento de resolverlo, “antes de que sus consecuencias afecten a la región entera”.

Con la trasnochada ilusión de que el pueblo cubano y sector de los trabajadores no estatales, pudieran salir a protestar contra el gobierno ante la baja en sus ingresos personales y la escasez de alimentos por falta de liquidez financiera, Trump, mal asesorado por John Bolton y el senador Marco Rubio, prohibió los viajes de los norteamericanos a Cuba, incluido los cruceros, bajo el argumento que “no desea que sus dólares sostengan al socialismo”, y por el falso subterfugio de que Cuba sostiene al régimen de Maduro.

Pero, ¿quién sanciona a Estados Unidos por mantener al régimen de Israel, ese que viola todas las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de la ONU, ocupa ilegalmente parte de los territorios palestinos dividiéndolo en dos partes, asesina diariamente a niños inocentes, mujeres, ancianos y a toda la población civil, impide la entrada de ayuda humanitaria y cierra los pasos fronterizos con Egipto para incrementar sus necesidades básicas de alimentos, medicina y vestuario?

¿Querrán que el mundo se olvide de sus bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, la guerra contra Viet Nam con sus cientos de miles de muertos y mutilados, la de Afganistán, Irak, Libia, Yemen y Siria, siempre bajo argumentos falsos?

Mucha ausencia de moral tiene Estados Unidos para inventar justificaciones por su guerra económica, comercial y financiera contra Cuba y Venezuela, mientras respalda, a capa y espada, al genocida Estado de Israel, silenciando sus crímenes en la gran prensa norteamericana, enviándole millones de dólares anuales para mantener prospera su economía, sumado a la venta de armamentos sofisticados, con el fin de que le sirvan de gendarmes en la región.

Estados Unidos tiene que ser sancionado por sus crímenes y su responsabilidad en los golpes de Estado en Chile, Brasil, Guatemala, Paraguay, Uruguay, Argentina, a lo que hay que sumarle las acciones de la CIA, como la execrable Operación Cóndor, causante de miles de asesinatos, desapariciones, torturas y robo de niños.

La Unión Europea, Canadá, Latinoamérica completa, África, el Medio Oriente y el sudeste asiático, deberían unirse para declararle una guerra comercial a Estados Unidos, como sanción por tantos horrores cometidos, y demostrarle que el mundo puede vivir si ellos. Pero la realidad es triste porque los yanquis han dedicado muchos esfuerzos en dividir, crear alianzas a su favor y comprar conciencias para evitar ser condenados.

Por esa razón, cuando existen gobiernos con dignidad que no se dejan comprar ni amedrentar, Estados Unidos descarga toda su rabia contra ellos para evitar que sean imitados por otros, y que el mundo tome conciencia de que contra ellos no es posible actuar.

No se equivocó José Martí cuando aseveró:

“Los bribones tienen un modo muy fácil de desembarazarse de los tribunos de la justicia pública”

Muchas gracias presidente Donald Trump.


Por Arthur González.

En realidad hay que darle gracias al Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por demostrarle al pueblo cubano, especialmente a los nacidos después de los años 80 del pasado siglo XX, quienes son los imperialistas yanquis, porque esas generaciones no vivieron los primeros años del triunfo de la Revolución, cuando la CIA ejecutaba sus planes de terrorismo de Estado haciendo estallar centros comerciales, cines, teatros, escuelas, incendiando industrias y pequeñas fábricas, campos de caña, asesinando a campesinos inocentes y tiroteando pueblos de pescadores.

En esos años el gobierno de Estados Unidos inició la guerra económica, comercial y financiera contra Cuba, la que se mantiene hasta nuestros días, aunque algunos cubanos no la evalúan en toda su dimensión y muchas veces culpan al gobierno de la escasez, ante la falta de conocimientos históricos de las agresiones ejecutadas por los yanquis.

Con el ascenso a la presidencia de Barack Obama y el desarrollo de una política hábil y edulcorada, con la que se atrevió a restablecer las relaciones diplomáticas, e incluso visitar La Habana, siempre con el objetivo de acabar con el socialismo, pero bajo otros métodos, embriagó a no pocos, al creer que avanzaba por “la dirección correcta pero limitada”, sin percatarse del peligro que los asechaba tras aquel lenguaje acaramelado y simpático.

Como parte de su mañosa estrategia, hasta participó en el programa humorístico de mayor tele audiencia en la Isla, a fin de trasladar una imagen diferente a sus antecesores; pero Obama fue claro y preciso en sus intereses al declarar públicamente:

“Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso…” “Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro…”.   “Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente…” “La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos…”  “Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano…”

“Al final, los cubanos conducirán las reformas económicas y políticas”.

Aquella política del llamado “abrazo de la muerte”, fue eliminada el 16 de junio del 2017, cuando el nuevo presidente Donald Trump firmó el memorando presidencial titulado “Fortalecimiento de la política de EE.UU. hacia Cuba”, inducido por integrantes de la mafia terrorista anticubana de Miami.

Desde ese momento y enaltecido por dos viejos halcones que lo mal asesoran, John Bolton y Elliott Abrams, el recrudecimiento de las sanciones ha vuelto a ser el eje de la política anticubana, sin percatarse que esas le permiten al pueblo cubano reforzar su sentimiento anti yanqui, ante el incremento de las agresiones que buscan ahogar la economía.

Obama, en su almibarada política, mantuvo la guerra económica y financiera, siendo el presidente que más sanciones impuso a la banca internacional, para evitar que Cuba pudiera tener una mejoría económica. Es bueno recordar que en sus 8 años de mandato las multas ascendieron a 14 mil 404 millones 358 mil 605 dólares, siendo el banco francés PNB Paribas quien pagó la multa record de 8 mil 500 millones de dólares, por sus relaciones financieras con La Habana.

En materia de subversión política contra Cuba, Obama sumó otra marca, al aprobar en 8 años 160 millones de dólares, sin contar otros presupuestos secretos de la CIA y sus organizaciones pantalla.

Trump cambió la miel por un lenguaje arrogante, haciéndose más evidente el actuar imperial contra el pueblo cubano, que, si bien le hace la vida cotidiana más difícil, también ayudará a encontrar nuevas soluciones internas, promover ideas novedosas para incrementar la producción nacional, y cambiar todo lo que sea necesario, para mantener la soberanía nacional que tanto esfuerzo y sangre ha costado.

La llamada sociedad civil que tanto añoran captar para sus planes subversivos, también rechazan las nuevas sanciones yanquis, por ser los trabajadores privados notablemente perjudicados.

La mafia terrorista de Miami cegada por su odio visceral, no se percata que cada nueva sanción crea más unidad entre los cubanos, al ver con mayor nitidez al único responsable de sus penurias, situación que fortalece políticamente al pueblo, pues compara la posición del senador Marco Rubio, con la asumida en 1960 por el sub secretario de Estado yanqui, Lester Mallory cuando propuso:

“Enajenar el apoyo interno a la Revolución  a través del desencanto y el desaliento basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Si en aquellos años no lograron sus objetivos, 60 años después con una población mejor preparada cultural y políticamente, y con experiencias suficientes, menos podrán hacerlo, porque como nos indicó José Martí:

“Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada”.