Regresan los golpes militares en América Latina.


Por Arthur González.

Desesperados por eliminar de raíz todo vestigio de nacionalismo, soberanía y desobediencia ante sus órdenes, Estados Unidos no ha tenido otra opción que desempolvar los golpes militares, para intentar imponerse a la fuerza sobre gobiernos que levantan las banderas de la libertad e independencia en Latinoamérica.

Ante el fracaso de su política contra Venezuela, aplicaron la vieja y sangrienta fórmula contra el presidente constitucional Hugo Chávez, para lo cual contaron con el apoyo inmediato de algunos países europeos que se declaran “democráticos”, pero el tiro le salió por la culata, al no tomar en cuenta al pueblo que respaldó a su presidente, hasta regresarlo al palacio.

La OEA, desprestigiada y fiel servidora de su amo, ni habló para condenar el golpe militar, como tampoco lo hizo cuando Juan El Títere Guaidó, junto a Leopoldo López, sirvieron de pantalla al nuevo golpe militar contra el presidente Nicolás Maduro, electo por el voto popular. La Unión Europea no reprobó la acción, al contrario, arreció sus sanciones contra Venezuela, como muestra evidente de su subordinación a Washington.

La puñalada a la democracia popular la dio el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, al enfrentar al ejército con el pueblo con una brutalidad descomunal, para acallar los reclamos de quienes sufren las consecuencias de la aplicación de una economía neoliberal, por mandato del Fondo Monetario Internacional, ídem Estados Unidos.

Los hechos que viven hoy los chilenos son idénticos a los que ejecutó la dictadura militar de Augusto Pinochet, quien derrocó al presidente Salvador Allende, mediante una Operación de la CIA y el Departamento de Estado yanqui, para impedir que un presidente socialista imitara las acciones de soberanía nacional de Cuba.

Los cientos de miles de asesinados, desaparecidos y torturados por esa tiranía, nunca recibieron el repudio de la Casa Blanca, no hubo ruptura de relaciones, ni guerras económicas, comerciales y financieras contra Pinochet, vivió felizmente e impuso una constitución al deseo de Washington

Hoy, Sebastián Piñera goza del apoyo pleno de los yanquis y no hay una sola declaración de la Unión Europea, la Comisión de Derechos Humanos ONU ni de la OEA, en contra de sus asesinatos, cientos de detención arbitrarias, adolescentes y jóvenes heridos por las balas del ejército que reprime con saña a pacíficos chilenos que piden una vida mejor.

La alta jerarquía de la Iglesia Católica ecuatoriana y chilena se ha quedado muda, sin embargo, para acusar a Venezuela y exigir libertades en Cuba tiene incontinencia verbal.

Ahora lo sucedido contra el mandatario Evo Morales, demuestra lo que alertaba Ernesto Che Guevara, que “al imperialismo no se le puede dar ni un tantico así”.

Ellos no respetan soberanía nacional, ni libertad de pensamiento y menos democracia. La de ellos es sobre la base de represión y sangre para amedrentar a los pueblos.

La Operación desarrollada por la CIA y el Departamento de Estado, contra el presidente Evo Morales, estaba avisada. La oposición ecuatoriana estuvo asesorada desde el inicio del proceso eleccionario, por oficiales de la CIA, bajo manto diplomático, desde la misión estadounidense en La Paz. Oficiales de esa Agencia, con diferentes coberturas, campearon a sus anchas por Bolivia, como realizan en todo el mundo los No Official Cover, NOC, para no evidenciar a sus “diplomáticos”.  

La OEA se relamió los bigotes al ser designada por Evo Morales, para ejecutar la auditoría de las elecciones, algo que bien pudo asesorarle algún agente CIA reclutado dentro de su equipo de trabajo, pues se sabe perfectamente que Luis Almagro es uno de los cientos de colaboradores secretos, que poseen en Latinoamérica para penetrar los movimientos sociales, como le orientaron cuando trabajaba con José Mujica, ex miembro del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

Sabiendo que Evo ganaría las elecciones a pesar de la cruzada mediática desarrollada por la prensa y las redes sociales, debido a los avances económicos y sociales alcanzados durante los años de sus mandatos, comenzaron el golpe militar con las declaraciones públicas de sus contrincantes de derecha, de: “no reconoceremos los resultados”.

Los altos mandos militares, formados en academias yanquis, fueron reclutados uno a uno, mediante dinero y ofertas jugosas, lo mismo que hicieron antes del golpe militar de Pinochet.

El mecanismo de la Operación CIA estaba listo para ejecutar cada tarea aprobada en Washington, algo muy parecido a la Operación Mangosta contra la Revolución cubana, aprobada por el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad, en febrero de 1962, la cual incluida actos provocativos para justificar una invasión con el ejército norteamericano.

Carlos Mesa Gispert, ex presidente de Bolivia y Francisco Camacho, líder del Comité Cívico de Santa Cruz, son las caras visibles del golpe militar, pero quien gobierna hoy en el país es el alto mando militar, quienes colocaron la banda presidencial a la senadora opositora Jeanine Áñez, a pesar de no ser aprobada por la mayoría del legislativo, pero sí el visto bueno de la CIA.

Así funciona la democracia que imponen los yanquis ante su impotencia de no poder derrocar los deseos del pueblo.

Una imagen bien definida, evidentemente contemplada en la Operación CIA en Bolivia, la dio Stanislaw Dowlaszewicz, Obispo Auxiliar de Santa Cruz de la Sierra, polaco, nombrado por el Papa San Juan Pablo II, quien en su homilía calificó el 12 de noviembre 2019, como “un día histórico para el país, por ser la resurrección de una nueva Bolivia”; y añadió:

Gracias por recuperar la democracia. Gracias Santa Cruz por pacificar a nuestra nación y a nuestra ciudad. Gracias por el sacrificio a lo largo de los paros y los bloqueos. Gracias a los policías y a las fuerzas armadas, y gracias a los jóvenes de Santa Cruz y Bolivia. Gracias por su testimonio, fortaleza y valentía y por su entrega, porque ustedes luchaban por su presente y futuro”.

Todo encaja y por eso el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, en el contexto de la Sesión Especial del Consejo Permanente, solicitó a la Conferencia Episcopal Boliviana, “guiar el proceso de pacificación constitucional en Bolivia”.

Significativo resultó que Francisco Camacho, sin ser molestado por el ejército, ingresó al Palacio de Gobierno de La Paz y depositó una Biblia, pocos minutos antes del anuncio de dimisión de Evo.

Una vez culminada esas etapas de la Operación, Mike Pompeo, ex director de la CIA y secretario de Estado, declaró que, con el fin de restaurar la credibilidad del proceso electoral, “todos los funcionarios del Gobierno y los funcionarios de cualquier organización política implicada en las elecciones defectuosas del 20 de octubre, deben hacerse a un lado del proceso electoral”.

Vergüenza histórica para los que apoyan a los yanquis en este nuevo golpe militar que pisotea la voluntad de los pueblos y mancha de sangre inocente a Latinoamérica, sin recibir la justa condena de aquellos que levantan su voz contra gobiernos verdaderamente democráticos y luchadores por el bien de sus ciudadanos.

Por esa razón, José Martí expresó:

“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

 

Dónde quedaron la libertad de prensa y los Derechos Humanos.


Por Arthur González

 

¿Alguien pudiera imaginar lo que sucedería si las actuales protestas masivas en Ecuador fuesen en Venezuela?

De inmediato la OEA, el TIAR, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el Parlamento Europeo y por su puesto la Casa Blanca, condenarían al presidente Nicolás Maduro por la represión contra el pueblo, y la invasión militar con las tropas yanquis, colombianas y brasileñas, ya estarían bombardeando a Venezuela para invadirla y restablecer la seguridad ciudadana y los Derechos Humanos.

Sin embargo, después de 10 días de manifestaciones populares en Ecuador en contra de las medidas neoliberales, tomadas por el presidente Lenin Moreno, declarar toque de queda y aprobar la brutal y salvaje represión contra los miles de ciudadanos que protestan pacíficamente, ninguno de los organismos antes mencionados, lo ha condenado por sus actos.

El lenguaje empleado por las cadenas internacionales de TV y de prensa, es muy diferente al usado cuando un mínimo grupo de opositores venezolanos, realizaba actos vandálicos y terroristas en su intento por desestabilizar el orden interno, con la intensión de destituir al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Durante el fallido golpe de Estado presidido por Juan El Títere Guaidó, auto proclamado presidente con el apoyo de la Casa Blanca y la CIA, las noticias publicadas por la prensa al servicio de los yanquis eran muy diferentes a las que ocurren en Ecuador, a pesar de las mil 70 personas detenidas desde el 3 de octubre hasta el 10 de octubre de 2019, los más de 554 heridos, 5 muertos y otros tantos desaparecidos, por estar opuestos al decreto 883 firmado por Lenin Moreno y que afecta económicamente a todos los ecuatorianos.

Las protestas están encabezadas por la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador y la brutalidad demostrada por las Fuerzas Armadas contra la población, no tienen paralelo con la actitud de las venezolanas, cuando se enfrentaron a los grupos terroristas en las llamadas Guarimbas, que llegaron a quemar vivos a simpatizantes de Nicolás Maduro.

Las noticias transmitidas por los medios al servicio de las clases poderosas, no respetan la libertad de prensa, manipulan la verdad y acusan a los que protestan de ser culpables de la situación existente. Las fotos publicadas muestras a los indignados en las calles y evitan plasmar las fuerzas represivas, que más que policías parecen hombres de la Guerra de las Galaxias, por los cascos, escudos, protectores de piernas y las porras que portan.

Son informaciones tergiversadas para satanizar al pueblo, afirmando que son los protestantes los que lanzan gases lacrimógenos, cuando son las fuerzas represivas quienes disponen de ellos y los emplean contra la población civil.

En ese sentido el Nuevo Herald de Miami publicaba:

“Manifestantes y uniformados chocaron entre sí. Las imágenes mostraban a hombres cojeando, cubriéndose las cabezas y las bocas para protegerse de los gases y levantando los brazos en alto para fracturar piedras contra el piso y lanzarlas a la policía”.

“Los indígenas de Ecuador protestan desde el lunes en ese sector, donde la confrontación dejó un saldo de personas con problemas de asfixia, contusiones y heridas de diversa magnitud que recibieron atención por parte de personal de asistencia médica de las universidades y de la Cruz Roja”.

“El gobierno ha señalado que se han registrado más de 900 detenidos y que muchos ya fueron liberados”.  Manifestantes arrojan gases lacrimógenos a la policía cerca del Palacio Legislativo de Ecuador en Quito”.

De los periodistas que reportan para sus medios y han sido heridos por las balas de goma lanzadas por los operativos policiales, ni una sola palabra de condena. Bien distinta es la redacción que hacen para acusar con mentiras a Cuba, al publicar ese mismo libelo de Miami noticias falsas como la siguiente:

“En medio de una nueva oleada represiva contra periodistas independientes, artistas, opositores y defensores de los Derechos Humanos en Cuba, la Unión Europea dialogó en Bruselas con representantes de la sociedad civil cubana”.

O las informaciones divulgadas contra la Revolución Bolivariana de Venezuela, durante el fracaso golpe de Estado hace unos meses, en la que dieron un tono totalmente diferente al utilizado ahora para relatar los hechos de Ecuador, como esta:

“Al menos cuatro personas han fallecido, más de 200 resultaron heridas y 205 han sido detenidas, durante la represión estatal de diversas protestas que han tenido lugar en toda Venezuela desde el 30 de abril, ha confirmado Amnistía Internacional”.

“Las fuerzas de seguridad bajo el mando de Nicolás Maduro y los grupos de civiles armados que lo apoyan, insisten en reprimir las protestas de las personas que demandan una salida a la grave crisis política y de Derechos Humanos que aqueja al país desde hace varios años”, dijo Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional. 

“Los crímenes de derecho internacional que están cometiendo engrosarán el ya largo expediente ante la justicia internacional. Maduro debe poner fin a su política de represión de inmediato”. Amnistía Internacional ha estado documentando las graves violaciones a los Derechos Humanos y crímenes de derecho internacional que están sucediendo en Venezuela desde el agravamiento de la crisis en enero de 2019. La organización ha documentado ejecuciones extrajudiciales, uso ilegitimo de la fuerza letal, detenciones arbitrarias masivas y malos tratos contra personas que manifiestan su opinión en contra del gobierno de Maduro”.

Nada parecido está autorizado a publicar para describir la actual situación de represión que viven los ecuatorianos, la llamada “libertad de prensa” no lo permite, porque el presidente Moreno es un lacayo de los yanquis.

El sacrosanto Parlamento Europeo que tanta “preocupación” muestra por los Derechos Humanos en Cuba y Venezuela, se ha quedado mudo, y espera las instrucciones de Washington; pero cuando el golpe de Estado made in USA en Caracas, se pronunciaron de inmediato y en su declaración oficial condenaron “la violencia y la impunidad” en Venezuela, llamaron al diálogo y el respeto de los Derechos Humanos y solicitaron que una comisión parlamentaria adhoc de verificación, visitara el país.

En resolución lamentaron las “muertes y los actos violentos”, recordaron que “velar por la seguridad y los derechos y la libertad de expresión de todos sus ciudadanos, no importa cuál sea su ideología, es tarea del Gobierno nacional”. Exigieron la liberación de los detenidos durante las manifestaciones y el respeto de la labor periodística, texto aprobado por 463 votos a favor, 45 en contra y 37 abstenciones.

La Alta Representante de la Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, presionó para la búsqueda del diálogo y el respeto de las libertades civiles y los Derechos Humanos, pero ahora con la situación dramática que vive el pueblo ecuatoriano no se pronuncia, a pesar de que son cientos de miles los que protestan y no un puñado financiado por la CIA, como sucedió en Caracas.

Después de la visita a Venezuela de la Alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, emitió un informe desbalanceado que repitió las mismas acusaciones falsas de la Casa Blanca y sus lacayos; omitió la obra social ejecutada por la Revolución, y los daños causados al pueblo de la guerra económica, comercial y financiera que lleva a cabo el imperio norteamericano.

Coincidiendo con el texto de la resolución del Parlamento Europeo, condenó “la represión y violencia, el uso de las detenciones arbitrarias, la tortura y los asesinatos extrajudiciales” y por supuesto, señaló “la responsabilidad directa de Nicolás Maduro, así como de las Fuerzas Armadas y del servicio de Inteligencia” en el uso indiscriminado de la violencia para reprimir el proceso de transición democrática y el restablecimiento del Estado de Derecho en el país y exigido el cese inmediato de las violaciones de Derechos Humanos.

El informe de Bachelet afirma, sin pruebas, la cifra 7 mil ejecuciones extrajudiciales en operaciones de seguridad en Venezuela, en los últimos 18 meses, y que se emplea el recurso a la tortura por parte de los aparatos de Seguridad e Inteligencia del régimen, así como la persecución política a la oposición.

Esperemos que el Parlamento Europeo asuma una fuerte condena a Lenin Moreno, porque en Ecuador la represión es real y no inventada como hacen contra Venezuela, se viola los más elementales Derechos Humanos contra todo un pueblo, que reclama la destitución del presidente por su entrega al Fondo Monetario Internacional.

¿Solicitaran los parlamentarios europeos la imposición de sanciones contra las autoridades responsables de violaciones de los Derechos Humanos y la represión, la congelación de sus activos y prohibirles los visados a la Unión Europea y a sus familiares más cercanos, como pidieron para Venezuela?

Mucha demagogia existe en ese Parlamento, en la OEA, el Grupo de Lima y en el Departamento de Estado yanqui, porque cuando se trata de sancionar las verdaderas represiones y violaciones a los Derechos Humanos de sus aliados, la cosa es bien diferente, lo que demuestra la falsedad de sus preocupaciones.

Por eso José Martí afirmó:

“Hay pocas cosas que en el mundo sean tan odiadas como los hipócritas”

Informe de Bachelet sobre Venezuela al gusto de los yanquis.


Por Arthur González.

Ni sorpresas ni casualidades, todo estaba preconcebido por los yanquis desde que Nicolás Maduro aceptó el desafío de invitar a la alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet.

El propósito era justificar las sanciones contra el gobierno constitucional y mantener las campañas de mentiras para que Europa continúe sus posiciones a favor del títere Juan Guaidó.

En los años 80 del siglo XX, a Cuba le hicieron algo similar y después que la Comisión de las Naciones Unidas visitó la Isla, el informe fue igualmente manipulado a favor de los dictados de Washington.

Si los yanquis dieron su visto bueno para que la chilena ocupara ese alto cargo en la ONU, era porque todo estaba arreglado para que ella bailara al compás del tamboril de Washington, de ahí que el informe de su visita sea una copia de lo que desean quienes mandan en este mundo.

Dicho informe no podía contener otra cosa que las mismas acusaciones que se generan en el Departamento de Estado y la Casa Blanca, tales como que:

“Maduro debe adoptar medidas urgentes para detener y remediar las graves vulneraciones de los derechos básicos del pueblo; que en los últimos 10 años en Venezuela “el gobierno ha puesto en marcha una estrategia orientada a neutralizar, reprimir y criminalizar a la oposición política”; “un conjunto de leyes, políticas y prácticas aprobadas han reducido el ámbito democrático y desmontado el sistema de control institucional sobre el poder ejecutivo”.

Siguiendo al pie de la letra las inventadas acusaciones que hace el gobierno de Estados Unidos, la Sra. Bachelet afirma en su informe que:

“Tanto a las fuerzas civiles como las militares, se les atribuye la responsabilidad de detenciones arbitrarias, malos tratos y torturas a críticos del Gobierno”, y señala sin pruebas documentales que: “existen 66 muertes de opositores durante las protestas realizadas de enero a mayo de 2019, de las cuales 52 son atribuibles a los colectivos de grupos armados civiles progubernamentales”.

Como dato de interés se señala que las informaciones se basaron en “558 entrevistas con víctimas y testigos en Venezuela y otros ocho países, así como en otras fuentes, y abarca el período entre enero de 2018 y mayo de 2019”; sin embargo, no se tomaron en cuenta las declaraciones de las víctimas y familiares de los muertos y heridos durante las revueltas ejecutadas por la oposición, con financiamiento de organizaciones de Estados Unidos.

De las acciones de guerra económica, comercial y financiera que ejecuta Estados Unidos para ahogar a Venezuela y la repercusión directa en la salud y bienestar del pueblo, ni una condena, solo se menciona: “la profunda crisis económica ha privado a la población de los medios necesarios para satisfacer sus derechos en materia de alimentación y salud”, sin apuntar claramente quien es el verdadero responsable.

Del robo de 2,562,455 millones de usd de que es víctima Venezuela, por las sanciones yanquis para afectar su capacidad financiera e impedir adquirir alimentos, medicinas y artículos de consumo, más piezas de repuesto para la industria, nada, como si esas acciones punitivas no fueran la causa verdadera de las penurias que sufren hoy los venezolanos.

El informe se hace eco de las campañas de mentiras fabricadas por Estados Unidos, como que “el gobierno viola los derechos humanos de forma sostenida, método adoptado para tratar de someter a los disidentes”, y miente al afirmar que:

Aunque la economía de Venezuela estaba en crisis mucho antes de que se les impusieran sanciones, las últimas sanciones económicas vinculadas a la exportación de petróleo están agravando la crisis, y el Estado incumple su obligación de garantizar los derechos a la alimentación y la atención sanitaria”.

Solo con revisar la lista de sanciones económicas impuestas a Venezuela por Estados Unidos y sus fechas, puede derrumbarse ese señalamiento, pues antes de las penalidades yanquis en Venezuela no existía crisis de abastecimiento, todo comenzó a partir de querer satanizar a la Revolución para culparla de los males, idéntica estrategia a la aplicada contra Cuba, que según los documentos de la CIA lo que se pretende: “es aplicar una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país”.

La Bachelet sabe perfectamente que su informe no dice la verdad, pues no reconoce ni uno solo de los planes y misiones sociales estructuradas por la Revolución Bolivariana para ayudar a las capas más pobres de la población, algo que jamás hicieron los gobiernos anteriores y a los que nunca Estados Unidos impuso sanciones, porque todos se plegaron a sus órdenes, siendo dueños de parte de los recursos naturales que tanto ambicionan.

¿Cuándo un gobierno venezolano envió médicos a las zonas selváticas, y a los barrios marginales y pobres de ese país?

¿Cuándo un gobierno venezolano antes del presidente Hugo Chávez, se preocupó por enseñar a leer y a escribir a los pobres, brindarles la oportunidad de estudiar en las universidades, practicar deportes y hacer de la cultura una necesidad de enriquecer el espíritu de los desposeídos y hacerle casas decentes?

De los hechos de intento de asesinato al Presidente Maduro, los golpes de Estado cocinados por la CIA, las manifestaciones violentas en las calles ejecutadas por los opositores, el incendio a locales estatales, universidades y los millones de dólares suministrados por la USAID, la NED y el Departamento de Estado para los actos subversivos que pretenden destruir a la Revolución, no se mencionan en el informe. 

Elementos que demuestran la manipulación del texto, cumpliendo indicaciones de Estados Unidos, se pueden señalar que:

  • El 82% de las entrevistas referidas en el informe, fueron realizadas a personas radicadas fuera de Venezuela.
  • Se expone que el gobierno venezolano reconoció la “crisis humanitaria”, cuando se le explicó claramente que el impacto negativo en la situación venezolana es producto de la guerra económica y financiera que desarrolla Estados Unidos.
  • Omite que el 75% del presupuesto de la nación, es destinado por el gobierno para el área social venezolana, información que le presentó el Ministro de Educación Aristóbulo Isturiz, a Bachelet.
  • Miente deliberadamente la Comisión cuando expresa en su informe que: “el Estado no ha demostrado usar todos los recursos a su disposición para asegurar el derecho a la alimentación”, a pesar de que recibieron información sobre las medidas aplicadas por el gobierno para garantizar el derecho a la alimentación del pueblo, a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), y en el área de salud.

La Sra. Bachelet se encargó de asegurar que en su informe no apareciera una condena a Estados Unidos por su guerra económica, comercial y financiera contra Venezuela, ni le exige su levantamiento inmediato por constituir una violación de los derechos humanos de todo el pueblo.

Tampoco rechaza el llamado a la intervención militar extranjera que hace a diario la oposición, especialmente el auto proclamado presidente, Juan El títere Guaidó, hecho que viola los derechos de la mayoría de los venezolanos que eligieron en las urnas a Nicolás Maduro.

Para no dejar dudas de que el informe fue elaborado según las directivas yanquis, el títere Guaidó, lo celebró y apuntó que el mismo “recoge ampliamente el sufrimiento de los venezolanos. Es un logro, producto del sacrificio y trabajo de muchas ONG, de víctimas, familiares, dirigentes y diputados que han hecho todo para visibilizar los abusos de un régimen corrupto y asesino”.

La pretensión de Estados Unidos con ese documento es validar sus acusaciones contra el presidente Maduro y continuar aislando a Venezuela, con el propósito de que el pueblo se lance a las calles a culparlo por sus penurias; por eso Guaidó al conocerlo declaró a la prensa:

“Celebró que en estos momentos esa versión recorra el mundo y por eso he recibido llamadas de presidentes y líderes que se han escandalizado al leerlo”.

Los pueblos rechazarán esas mentiras porque como afirmó José Martí:

“Contra la verdad, nada dura”

Lo absurdo de una mentira.


Por Arthur González.

No es de extrañar que Mike Pompeo, secretario de Estado de los Estados Unidos, exprese deliberadamente una de sus tantas mentiras, al afirmar en una conferencia de prensa que: mi país está enfocado en presionar al gobierno cubano para que repiense su apoyo a Maduro, y mi gobierno seguirá insistiendo a sus aliados sobre la necesidad de presionar a Cuba, que apoya a Maduro en materia de inteligencia y contrainteligencia”.

El gran error de Estados Unidos es su fabricada pretensión de hacérsele creerse al mundo que el gobierno de Nicolás Maduro, se mantiene por el apoyo de una pequeña nación como Cuba, insólita afirmación que pretende desconocer que la Revolución bolivariana ha hecho más por el pueblo venezolano, que todas las administraciones anteriores.

Fue el presidente Hugo Chávez Frías quien diseñó y ejecutó las misiones sociales para ayudar al pueblo, ese que durante décadas estuvo olvidado para las clases dominantes venezolanas.

Gracias a esas misiones, millones de venezolanos tienen acceso a la salud de forma gratuita, como es la Misión Milagro y Barrio Adentro, que instituyó los centros integrales de diagnóstico para atender enfermos en cada parroquia del país, incluso en la selva donde no conocían un médico.

Las misiones de cultura, deporte y de educación, cambiaron la vida de millones de personas, enseñándoles a leer y a escribir bajo el método cubano “Yo sí puedo”, algo que molesta al imperialismo yanqui porque le abrió los ojos a los que antes no sabían cómo reclamar sus derechos.

La cultura se generalizó en todos los estados de Venezuela, detectando valores en niños, adolescentes y adultos, que pudieron alcanzar una educación artística sin precedentes en la historia de ese gran país.

Cuba le tendió la mano a Venezuela al igual que a otros países del mundo, ayudando a los más necesitados, algo que Estados Unidos ni Europa hacen, a pesar de las riquezas económicas que poseen.

Los cubanos comparten lo que tienen, no lo que les sobra y eso irrita a los yanquis porque es para ellos un mal ejemplo que no quieren que se copie.

Por esas razones y muchas más, el pueblo defiende su soberanía e independencia de los Estados Unidos, acostumbrados a meterse en los asuntos internos de los países latinoamericanos, al considerarlos como su patio, sin embargo, jamás ha desembolsado un dólar para ayudar los más necesitados y sí para invertir en beneficio de sus grandes trasnacionales y compañías, que solo explotan los recursos naturales para enriquecerse a costa de los demás.

Es por ese motivo que Washington diseña acciones encubiertas contra Cuba y Venezuela con la intensión de desestabilizar sus economías, para fomentar el malestar en la población a fin de que culpen a los procesos revolucionarios.

Esa fórmula, ya gastada contra Cuba por 60 años de guerra económica, comercial y financiera, la replican contra Venezuela, pero ya es tarde para que obtengan resultados, pues precisamente el pueblo ya sabe leer, escribir y pensar con entera libertad, resultándole difícil a los yanquis engañarlos con sus mentiras y tergiversaciones.

¿Quién en Venezuela no sabe hoy que los ataques al sistema electro energético nacional, que dejó sin electricidad a los hospitales, escuelas, centros fabriles, el transporte público y las viviendas de los ciudadanos, no es obra de los yanquis?

¿Quién no conoce en Venezuela que el intento de golpe de estado y el apoyo a Juan El títere Guaidó, no fue por obra y gracia de los yanquis?

Cada medida de guerra económica que impide al gobierno de Maduro adquirir alimentos y medicinas para el pueblo, une más a los venezolanos y fortalece el sentimiento anti yanqui.

Ningún venezolano que aprendió a leer y a escribir, ha sido operado gratuitamente y recibido tratamiento médico, le fue entregada una vivienda con el mejor nivel, y sus hijos pueden estudiar en la universidad o escuelas de arte como nunca lo soñaron, puede desear regresar al pasado que dejó el expresidente Carlos Andrés Pérez, quien robó con las dos manos, enriqueciéndose junto a cientos de funcionarios de su gobierno.

De eso la prensa yanqui no dice una sola palabra, como si la historia de Venezuela comenzara solo bajo el gobierno de Chávez. El chavismo acabó con la explotación de los pobres, como jamás otro gobierno hizo por ese pueblo.

Las cruzadas de mentiras fabricadas contra la Revolución Bolivariana son brutales, todo con el único fin de satanizar a Chávez y a Maduro, haciendo campañas de desinformación en todo el mundo para evitar el apoyo a ese proceso.

La Unión Europea también ha sido víctima de esas falsedades y de ahí el apoyo que le dan a la política agresiva y violatoria del marco legal internacional contra Venezuela, pero la verdad está saliendo a flote, pues desde el mes de enero 2019 en que Estados Unidos fabricó al auto nombrado “presidente” Juan El Títere Guaidó, no ha recibido respaldo del pueblo, ni de los militares de Venezuela.

A pesar de los planes de la CIA para comprar a los generales del ejército bolivariano, no logran resultado alguno y por tanto no pudieron llevar adelante el golpe de estado el 30 de abril 2019. Los líderes de la oposición ante el aplastante fracaso, corrieron a solicitar asilo o alberge en embajadas, dando por sentado que el gobierno de Maduro es fuerte y cuenta con todo el apoyo de su pueblo.

Los yanquis andan desesperados y sin muchas posibilidades para sus proyectos. La opción militar no es apoyada por los gobiernos latinoamericanos ni los europeos, y aunque no se descarta que Estados Unidos la ejecute, los costos en vidas yanquis serían demasiado altos para enfrentar a la opinión interna, ante el proceso electoral, aunque la táctica a emplear sea similar a la ejecutada en Yugoslavia, con un bombardeo diario para someter al ejército y aniquilar la vida económica del país.

Por esa razón, quieren construir la matriz de opinión de que hay que doblegar la resistencia y unidad del pueblo cubano, pues “es Cuba la que mantiene vivo al gobierno de Nicolás Maduro”, como si los venezolanos no tuvieran criterio y pensamiento propio para saber qué es lo mejor para ellos.

La pasada semana, un alto funcionario del Departamento de Estado confesó al Miami Herald que: “el Gobierno estadounidense estudia opciones para limitar la influencia de Cuba en Venezuela, pues constituye un obstáculo en la búsqueda de una solución a la crisis política en ese país y el propósito principal del Departamento de Estado es conseguir que los cubanos salgan de Venezuela”.

La táctica es clara, dejar a los venezolanos sin la asistencia médica gratuita, la deportiva, la educacional, la cultural, la de la agricultura y otras que reciben de los colaboradores cubanos, lo que agravaría aún más las limitaciones de la población y por tanto su malestar se incrementaría, siendo aprovechado por los yanquis para culpar a Maduro de sus penurias.

Pero ya sabemos que el mismo secretario de Estado reconoce que la CIA entrena a sus oficiales para mentir, engañar y robar; por eso a otros con ese cuento, mientras, los cubanos continuarán su apoyo a los venezolanos, haciendo gala a lo expresado por José Martí:

“Dígame Venezuela en que servirla; ella tiene en mi a un hijo”

 

 

Pueblos del mundo conozcan al imperialismo yanqui.


Por Arthur González.

Estados Unidos se autoproclama paladín de los derechos humanos del mundo, pero realmente es el máximo violador y solo con su dinero y poderío militar logran silenciar sus crimines, compran y chantajean a funcionarios y gobernantes de otros países, y muchos periodistas se arrodillan antes sus amenazas; ejemplos sobran.

El más reciente hecho que pone en evidencia la anterior aseveración, lo realizó el Senador Marco Rubio, quien en compañía del Representante Mario Díaz-Balart, ambos miembros de la mafia terrorista asesina de Miami, visitaron la ciudad de Cúcuta, en Colombia, zona fronteriza con Venezuela por donde pretenden ingresar la supuesta ayuda humanitaria, que enmascara la invasión militar con la que planifican acabar con la Revolución Bolivariana venezolana.

Desde el 2014 Estados Unidos incrementó la guerra económica, comercial y financiera contra el Gobierno de Nicolás Maduro, con la finalidad de que las penurias que esa acción ilegal causa en el pueblo venezolano, le resten apoyo popular y provocar masivas revueltas que serían respaldadas por las fuerzas militares de Colombia, como punta de lanza de una invasión con tropas yanquis.

El pueblo venezolano alfabetizado y preparado culturalmente por la Revolución iniciada por el presidente Hugo Chávez, no se ha dejado engañar por campañas de noticias falsas generadas por la CIA, a través de los mecanismos creados para esos fines, unido a las acciones ejecutadas por la USIA y la NED que, desde la embajada yanqui en Caracas, inciden en grupos de estudiantes universitarios, asociaciones de empresarios, organizaciones religiosas y la prensa.

Gracias al conocimiento adquirido por la población trabajadora y los sectores más humildes de Venezuela, Estados Unidos no ha podido manipular a su antojo a las masas, de ahí que la Revolución bolivariana haya ganado mayoritariamente en 20 de los 23 procesos electorales celebrados en ese país, algo que exaspera a la Casa Blanca al no poder derrocar el socialismo bolivariano.

La desprestigiada y divida oposición tampoco alcanzó las metas impuestas desde Washington de sumar seguidores, y al estar integrada mayoritariamente por personas de la burguesía, no representa los intereses de la clase trabajadora, campesina y las etnias indígenas, los que saben perfectamente a donde irán a parar los beneficios que les da el proceso revolucionario iniciado por Chávez.

Por esas razones los yanquis ven como única solución el empleo de la fuerza militar para imponer sus intereses, algo en lo que tienen vasta experiencia, demostrada con sus guerras fratricidas en Yugoslavia, Serbia, Afganistán, Irak, y Libia.

Para no dejar dudas de cómo es realmente el imperialismo yanqui, el Senador Marco Rubio, junto al Representante Mario Díaz-Balart, llegaron a Colombia para ultimar detalles de la provocación militar en el puente que divide ese país con Venezuela, prevista para el próximo 23 de febrero 2019, para apuntalar el golpe de Estado organizado con Juan el Títere Guaidó hace dos semanas, pues no ha tenido el menor respaldo del pueblo, aunque lamentablemente sí de otros países y de la Unión Europea, debido a las fuertes presiones políticas y amenazas de represión económica anunciadas por el propio Presidente Donald Trump.

Para tener más clara la proyección de amenazas imperiales, hay que tener presente lo declarado por Marco Rubio, cuando dijo ante la prensa colombiana y extranjera: “Los militares venezolanos que impidan la entrada de la ayuda humanitaria, pasarán el resto de su vida huyendo”.

Esa es la democracia yanqui que imponen al mundo desde el siglo XIX, mediante el uso de las armas que tantos crímenes ha causado en este mundo.

¿Pensará ese Senador mafioso que los militares venezolanos dispuestos a dar la vida por la soberanía de su patria, se atemorizarán ante sus amenazas?

¡Que poco conocen a los pueblos que se niegan a ser esclavos de los yanquis!

No aprenden las lecciones que los cubanos y cubanas les dan a diario desde 1959, enfrentados a cientos de actos terroristas organizados por la CIA, vencedores de la invasión mercenaria derrocada en solo 67 horas, resistiendo la guerra económica más larga y despiadada del mundo, unido a cruzadas comunicacionales para deformar la realidad de la Revolución encabezada por Fidel Castro, líder que no pudieron asesinar a pesar de los casi 600 planes generados desde Estados Unidos.

¿De cuál justicia internacional habla Marco Rubio, quien califica la defensa de la patria como un crimen internacional?

Según afirmó: “negar la comida y negar la medicina a civiles es un crimen internacional y se pasarán el resto de su vida escondiéndose”.

¿Y la guerra económica, comercial y financiera que desarrolla el gobierno que él representa, contra Cuba y Venezuela no es un crimen de lesa humanidad?

El mundo condena anualmente el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, impuesto oficialmente en 1962 por el Presidente John F. Kennedy, pero sus responsables esperan por ser juzgados en un tribunal internacional, como el que juzgó y sancionó a los nazis alemanes.

Cuba es atacada desde hace 60 años por Estados Unidos con acciones de todo tipo, desde el terrorismo, el bandidismo, la guerra biológica causante de muertes y enfermedades en personas, animales y su fauna, los planes de asesinato a sus principales dirigentes reconocidos por la CIA durante la investigación ejecutada por la Comisión Church, organizada en el Senado yanqui, pero jamás las organizaciones judiciales internacionales han sentado en el banco de los acusados a sus responsables.

Estados Unidos protege en su territorio a connotados autores de actos terroristas contra Cuba, otorgándoles el estatus de refugiados políticos, como hizo con Carlos Alberto Montaner y Armando Valladares, quienes colocaron bombas en centros comerciales de La Habana por órdenes de la CIA; Luis Posada Carriles autor de la voladura de un avión civil cubano donde murieron 73 inocentes, y de las explosiones en varios hoteles de la Isla; Orlando Bosch Ávila, ejecutor de las bombas que explotaron en embajadas, consulados y oficinas comerciales cubanas en el exterior y entidades estadounidenses que tenían alguna relación contractual con Cuba.

Quien no tiene sentimientos patrios no sabe lo que es ofrendar la vida por defender su bandera, su libertad e independencia, y eso es lo que le sobra a los incorruptibles militares y jefes venezolanos, que no temen a las amenazas imperiales de aquellos que no tienen moral para condenar a otros.

Por eso en sus versos aseguró José Martí:

“Quien a su patria defender ansía / ni sangre ni en obstáculos repara /del tirano desprecia la soberbia y en su pecho se estrella la amenaza”.

Sale a flote la verdad sobre el golpe de estado en Venezuela.


Por Arthur González.

 

Al igual que el mundo conoció la mentira fabricada por Estados Unidos respecto a la existencia de armas químicas en Irak, pretexto para justificar su agresión imperialista con el único propósito de apoderarse de su petróleo, ahora ocurre lo mismo con el golpe de Estado que pretenden darle al presidente constitucional Nicolás Maduro, electo por la mayoría de su pueblo.

Posterior al 23 de enero 2019, fecha en que Juan el Títere Guaidó, se auto proclamó presidente de Venezuela, el mundo ha ido conociendo la verdad del execrable hecho, a pesar de la manipulación comunicacional desplegada por Estados Unidos.

Ya se sabe que el Títere Guaidó viajó a Colombia y de allí a los Estados Unidos, donde recibió las instrucción y seguridad de que sería respaldado en su acción ilegal, a fin de calmarle los miedos ante el temor de ser juzgado por rebelión y sublevación, como hará España con los catalanes que proclamaron su independencia.

En Washington el Títere fue recibido por el asesor de seguridad John Bolton, uno de los ideólogos de ese acto desesperado ante tantos fracasos para sacar a Maduro del poder. Ese viejo halcón participó directamente en el diseño de la mentira contra Irak, cuando servía a la administración de George W. Bush.

También le dieron instrucciones Mike Pompeo, Secretario de Estado y se comenta que el director de la CIA le dio su respaldo para que Guaidó dejara a un lado el desasosiego que lo abrumaba.

Igualmente, salió a luz pública el conocimiento previo del presidente de España Pedro Sánchez, porque “casualmente” el día 22 de enero, su secretario de Estado de Cooperación y para toda Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, se encontraba de visita en Washington y entre las personas con las que se reunió estaba la Subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier, vieja oficial de la CIA y otros funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional.

La Subsecretaria Breier confesó a la prensa europea que Estados Unidos había “alentado”, entiéndase presionado, a todos los gobiernos europeos para que respaldaran a Juan el Títere Guaidó, como presidente interino, para no dejar dudas de que Estados Unidos es quien dirige toda la operación subversiva al mejor estilo de los años 60 del siglo XX.

El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español, Josep Borrell, admitió que el Departamento de Estado le avisó del golpe antes de este llevarse a cabo y lo han presionado fuertemente para que España y el resto de los países de la Unión Europea, reconozcan al Títere, y no acepten la conformación de un grupo para el diálogo con Maduro, ratificado por el vicepresidente Mike Pence, quien aseguró que “este no es el momento para el diálogo en Venezuela, sino para la acción”.

Todo encaja y hoy se conoce que el mismo día 23 de enero 2019, el ministro Borrell estaba reunido en Madrid con su homólogo de Portugal, Augusto Santos Silva, analizando los pormenores del llamado grupo de contacto internacional para Venezuela, acordado por la Unión Europea el mes de octubre 2018, de conjunto con algunos países latinoamericanos.

En medio de dicha reunión Duke Buchan III, embajador yanqui en Madrid, informó a Borrell que la fecha del golpe de estado era ese mismo día y Estados Unidos lo reconocería de inmediato, reafirmado por Mike Pence mediante un artículo que publicó el diario The Wall Street Journal el propio 23.

La operación estaba en marcha y todos los detalles aprobados anticipadamente se desarrollaban sin dificultades, incluidas las presiones a la UE y a otros aliados como Canadá y Australia.

Todo indica que España recibió el encargo de explicarle personalmente al canciller de Portugal, dada las relaciones de estos estados con Venezuela, al ser los dos países europeos con mayores intereses allí, pues del millón de ciudadanos de Europa residentes en Venezuela, cerca de 500 mil son españoles y portugueses.

La sumisión de España a Estados Unidos en el tema venezolano tiene sus antecedentes en el 2002, cuando fue el primer país que reconoció al golpista Pedro “El breve”, impuesto por los yanquis.

La fecha seleccionada por Washington para el golpe estuvo relacionada con la celebración en Suiza del Foro de Davos, porque así podían presionar mejor a los presidentes allí presentes.

Informaciones desde España afirman que el criterio de la cancillería española era diferente al del presidente Sánchez, quien al parecer no deseaba quedarse al margen de postura asumida por otros gobiernos europeos, unido a las presiones del Partido Popular y Ciudadanos, ambos seguidores de los yanquis.

Inicialmente el Ministerio de Exteriores no deseaba sumarse al apoyo del golpe, al sentar un precedente que rompía la doctrina Estrada, la cual afirma que “lo que se reconoce diplomáticamente es el Estado, no el Gobierno de turno” y es la primera vez en la historia que se reconoce a un presidente que no controla el funcionamiento del aparato estatal y rompe con quién ostenta el poder de facto como resultado de elecciones populares, aunque se cuestione su legalidad.

La Unión Europea demostró que en política exterior son los Estados Unidos quien la dirige, pisoteando la soberanía de los pueblos.

La intervención militar será el próximo paso que darán los yanquis de no poder consolidar el golpe, como expuso Trump en entrevista con la CBS News.

No se equivocó José Martí cuando afirmó:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

 

La agresión yanqui contra Venezuela, una lección para el mundo.


Por Arthur González.

Aquellos “inocentes” que aún creen en la llamada democracia representativa tan divulgada por los yanquis, ahora podrán comprobar que no existe, y el mejor ejemplo es la agresión de Estado Unidos contra el gobierno venezolano, elegido democráticamente el pasado 2018, ante la supervisión internacional que calificó dicho proceso como limpio y correcto.

En esas elecciones, incluso pospuestas ante el reclamo de la oposición que finalmente no participó en el proceso por órdenes de Washington, se demostró que Nicolás Maduro tiene el apoyo mayoritario de su pueblo, algo que el imperialismo yanqui no tolera.

Ante tantos planes subversivos fracasados, su impotencia se multiplica y como alternativa fabricaron al títere Juan Guaidó, desconocido para el pueblo, quien aceptó prestarse para seguir a las indicaciones de la CIA.

¿Se puede hablar de democracia y participación popular en la auto proclamación como presidente del títere Guaidó?

Por supuesto que no, es un acto de rebeldía según el código penal de todos los países del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Lastimosamente la Unión Europea y Canadá aceptaron las presiones de la Casa Blanca, demostrando un doble racero en su política exterior, y que ante los llamados del presidente Donald Trump cierran filas a su favor, a pesar de ese puede marcar un antecedente muy peligroso para el futuro de la región.

Lo que está sucediendo contra el pueblo venezolano es piratería moderna, al apoderarse de los fondos monetarios de Venezuela, negarse bancos europeos al traspaso de su oro y congelarle cuentas bancarias para entregárselas a la oposición, hecho sin antecedentes y que Europa ahora acepta en total sumisión.

Sin embargo, en los propios Estados Unidos la prensa acusa al presidente Trump de loco e irresponsable, lo que se evidenció con el cierre del gobierno federal al no interesarle el bienestar de los ciudadanos de su país, como afirmó recientemente Maribel Hastings, asesora ejecutiva de America’s Voice.

Si para los norteamericanos la decisión de Trump de ese cierre gubernamental es descabellada, por haber castigado a casi un millón de familias sin poder cobrar sus salarios durante 35 días, sin importarle las penurias que esas personas pasarían, ¿por qué no se solidarizan con el pueblo venezolano y el cubano que están sometidos a una cruel y despiadada guerra económica y financiera desde hace muchos años?

A Trump y a la mayoría de su Gabinete no les interesa lo que sufren sus conciudadanos y menos los cubanos y venezolanos, porque el interés por apoderarse de las riquezas de otros países es mucho más importante que la vida de millones de seres humanos.

La operación para construir al títere Juan Guaidó, contó con el visto bueno de Donald Trump y su asesor en política contra Cuba y Venezuela, el senador Marco Rubio, integrante de la mafia terrorista asesina de Miami, algo que el propio títere confirmó al asegurar que dialogó con el mandatario estadounidense, sobre la crisis del país, quien le aseguró que contara con todo su apoyo.

Ya salen a luz pública los pasos que dio la CIA y funcionarios del Departamento de Estado para preparar al títere durante sus visitas a Washington y a Colombia, país que visitó subrepticiamente para recibir los últimos consejos y acordar la fecha en que se auto proclamaría presidente.

No por gusto el primer mandatario en reconocer al títere fue su jefe Donald Trump, de ahí le siguieron los demás que ya estaban advertidos por funcionarios del Departamento de Estados.

Lo que sucede en Venezuela hoy no es una simple payasada, es una operación que cuenta con varias etapas, las cuales irán subiendo de tono y de complejidad en la medida que el pueblo continúe su respaldo al presidente constitucional Nicolás Maduro.

La segunda etapa se produjo en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos intentó legitimizar la operación subversiva, pero ahí no obtuvo los resultados que deseaba.

La siguiente fue apretar aún más la tuerca sobre la economía venezolana, al secuestrar el dinero de las ventas de petróleo y pretender adjudicárselo al títere Guaidó para que compre a sus seguidores e intente sobornar algunos militares.

A esa se unió la farsa del títere yanqui de nombrar embajadores en los países latinoamericanos que le apoyaron, siguiendo instrucciones del Departamento de Estado, especialmente algunos integrantes del Grupo de Lima, en Washington y en el consulado de Miami. El objetivo es cortarle a Venezuela sus lazos con Latinoamérica y legitimar el golpe de estado.

Si ninguna de esas medidas remueve al presidente Maduro, todos los esfuerzos se concentrarán en el ejército, en busca de un nuevo Augusto Pinochet que se pliegue a los dictados de la CIA, para repetir el vergonzoso golpe contra el presidente chileno , donde el mundo observaría el derramamiento de sangre en todas las calles venezolanas.

De producirse ese escenario, tendría la gran diferencia que mucha de la sangre será de los yanquis y sus secuaces, porque ese pueblo que alcanzó a leer y a escribir, tener la salud gratuita, cultura, viviendas, trabajo y la dignidad de ser libres y soberanos, no se dejará arrebatar el poder que les dio Hugo Rafael Chávez Frías, cuando fue elegido presidente por mandato popular.

La Unión Europea, los lacayos latinoamericanos y los actuales dirigente de Estados Unidos, llevarán sobre su espalda la traición y la conjura, y los pueblos exigirán justicia, más temprano que tarde, por tantas felonías en nombre de una “democracia” ensangrentada.

No son los mismos tiempos en que los yanquis quitaban y ponían presidentes y juntas militares, como hicieron en Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, Guatemala, Salvador, Honduras, Haití, República Dominicana y Cuba, en el pasado siglo XX.

Hoy venezolanos y venezolanas defienden con los dientes su independencia, porque como expresara José Martí:

“Los hombres, subidos ya a la libertad entera, no han de bajar hasta una de sus gradas”.