Pueblos del mundo conozcan al imperialismo yanqui.


Por Arthur González.

Estados Unidos se autoproclama paladín de los derechos humanos del mundo, pero realmente es el máximo violador y solo con su dinero y poderío militar logran silenciar sus crimines, compran y chantajean a funcionarios y gobernantes de otros países, y muchos periodistas se arrodillan antes sus amenazas; ejemplos sobran.

El más reciente hecho que pone en evidencia la anterior aseveración, lo realizó el Senador Marco Rubio, quien en compañía del Representante Mario Díaz-Balart, ambos miembros de la mafia terrorista asesina de Miami, visitaron la ciudad de Cúcuta, en Colombia, zona fronteriza con Venezuela por donde pretenden ingresar la supuesta ayuda humanitaria, que enmascara la invasión militar con la que planifican acabar con la Revolución Bolivariana venezolana.

Desde el 2014 Estados Unidos incrementó la guerra económica, comercial y financiera contra el Gobierno de Nicolás Maduro, con la finalidad de que las penurias que esa acción ilegal causa en el pueblo venezolano, le resten apoyo popular y provocar masivas revueltas que serían respaldadas por las fuerzas militares de Colombia, como punta de lanza de una invasión con tropas yanquis.

El pueblo venezolano alfabetizado y preparado culturalmente por la Revolución iniciada por el presidente Hugo Chávez, no se ha dejado engañar por campañas de noticias falsas generadas por la CIA, a través de los mecanismos creados para esos fines, unido a las acciones ejecutadas por la USIA y la NED que, desde la embajada yanqui en Caracas, inciden en grupos de estudiantes universitarios, asociaciones de empresarios, organizaciones religiosas y la prensa.

Gracias al conocimiento adquirido por la población trabajadora y los sectores más humildes de Venezuela, Estados Unidos no ha podido manipular a su antojo a las masas, de ahí que la Revolución bolivariana haya ganado mayoritariamente en 20 de los 23 procesos electorales celebrados en ese país, algo que exaspera a la Casa Blanca al no poder derrocar el socialismo bolivariano.

La desprestigiada y divida oposición tampoco alcanzó las metas impuestas desde Washington de sumar seguidores, y al estar integrada mayoritariamente por personas de la burguesía, no representa los intereses de la clase trabajadora, campesina y las etnias indígenas, los que saben perfectamente a donde irán a parar los beneficios que les da el proceso revolucionario iniciado por Chávez.

Por esas razones los yanquis ven como única solución el empleo de la fuerza militar para imponer sus intereses, algo en lo que tienen vasta experiencia, demostrada con sus guerras fratricidas en Yugoslavia, Serbia, Afganistán, Irak, y Libia.

Para no dejar dudas de cómo es realmente el imperialismo yanqui, el Senador Marco Rubio, junto al Representante Mario Díaz-Balart, llegaron a Colombia para ultimar detalles de la provocación militar en el puente que divide ese país con Venezuela, prevista para el próximo 23 de febrero 2019, para apuntalar el golpe de Estado organizado con Juan el Títere Guaidó hace dos semanas, pues no ha tenido el menor respaldo del pueblo, aunque lamentablemente sí de otros países y de la Unión Europea, debido a las fuertes presiones políticas y amenazas de represión económica anunciadas por el propio Presidente Donald Trump.

Para tener más clara la proyección de amenazas imperiales, hay que tener presente lo declarado por Marco Rubio, cuando dijo ante la prensa colombiana y extranjera: “Los militares venezolanos que impidan la entrada de la ayuda humanitaria, pasarán el resto de su vida huyendo”.

Esa es la democracia yanqui que imponen al mundo desde el siglo XIX, mediante el uso de las armas que tantos crímenes ha causado en este mundo.

¿Pensará ese Senador mafioso que los militares venezolanos dispuestos a dar la vida por la soberanía de su patria, se atemorizarán ante sus amenazas?

¡Que poco conocen a los pueblos que se niegan a ser esclavos de los yanquis!

No aprenden las lecciones que los cubanos y cubanas les dan a diario desde 1959, enfrentados a cientos de actos terroristas organizados por la CIA, vencedores de la invasión mercenaria derrocada en solo 67 horas, resistiendo la guerra económica más larga y despiadada del mundo, unido a cruzadas comunicacionales para deformar la realidad de la Revolución encabezada por Fidel Castro, líder que no pudieron asesinar a pesar de los casi 600 planes generados desde Estados Unidos.

¿De cuál justicia internacional habla Marco Rubio, quien califica la defensa de la patria como un crimen internacional?

Según afirmó: “negar la comida y negar la medicina a civiles es un crimen internacional y se pasarán el resto de su vida escondiéndose”.

¿Y la guerra económica, comercial y financiera que desarrolla el gobierno que él representa, contra Cuba y Venezuela no es un crimen de lesa humanidad?

El mundo condena anualmente el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, impuesto oficialmente en 1962 por el Presidente John F. Kennedy, pero sus responsables esperan por ser juzgados en un tribunal internacional, como el que juzgó y sancionó a los nazis alemanes.

Cuba es atacada desde hace 60 años por Estados Unidos con acciones de todo tipo, desde el terrorismo, el bandidismo, la guerra biológica causante de muertes y enfermedades en personas, animales y su fauna, los planes de asesinato a sus principales dirigentes reconocidos por la CIA durante la investigación ejecutada por la Comisión Church, organizada en el Senado yanqui, pero jamás las organizaciones judiciales internacionales han sentado en el banco de los acusados a sus responsables.

Estados Unidos protege en su territorio a connotados autores de actos terroristas contra Cuba, otorgándoles el estatus de refugiados políticos, como hizo con Carlos Alberto Montaner y Armando Valladares, quienes colocaron bombas en centros comerciales de La Habana por órdenes de la CIA; Luis Posada Carriles autor de la voladura de un avión civil cubano donde murieron 73 inocentes, y de las explosiones en varios hoteles de la Isla; Orlando Bosch Ávila, ejecutor de las bombas que explotaron en embajadas, consulados y oficinas comerciales cubanas en el exterior y entidades estadounidenses que tenían alguna relación contractual con Cuba.

Quien no tiene sentimientos patrios no sabe lo que es ofrendar la vida por defender su bandera, su libertad e independencia, y eso es lo que le sobra a los incorruptibles militares y jefes venezolanos, que no temen a las amenazas imperiales de aquellos que no tienen moral para condenar a otros.

Por eso en sus versos aseguró José Martí:

“Quien a su patria defender ansía / ni sangre ni en obstáculos repara /del tirano desprecia la soberbia y en su pecho se estrella la amenaza”.

Anuncios

Sale a flote la verdad sobre el golpe de estado en Venezuela.


Por Arthur González.

 

Al igual que el mundo conoció la mentira fabricada por Estados Unidos respecto a la existencia de armas químicas en Irak, pretexto para justificar su agresión imperialista con el único propósito de apoderarse de su petróleo, ahora ocurre lo mismo con el golpe de Estado que pretenden darle al presidente constitucional Nicolás Maduro, electo por la mayoría de su pueblo.

Posterior al 23 de enero 2019, fecha en que Juan el Títere Guaidó, se auto proclamó presidente de Venezuela, el mundo ha ido conociendo la verdad del execrable hecho, a pesar de la manipulación comunicacional desplegada por Estados Unidos.

Ya se sabe que el Títere Guaidó viajó a Colombia y de allí a los Estados Unidos, donde recibió las instrucción y seguridad de que sería respaldado en su acción ilegal, a fin de calmarle los miedos ante el temor de ser juzgado por rebelión y sublevación, como hará España con los catalanes que proclamaron su independencia.

En Washington el Títere fue recibido por el asesor de seguridad John Bolton, uno de los ideólogos de ese acto desesperado ante tantos fracasos para sacar a Maduro del poder. Ese viejo halcón participó directamente en el diseño de la mentira contra Irak, cuando servía a la administración de George W. Bush.

También le dieron instrucciones Mike Pompeo, Secretario de Estado y se comenta que el director de la CIA le dio su respaldo para que Guaidó dejara a un lado el desasosiego que lo abrumaba.

Igualmente, salió a luz pública el conocimiento previo del presidente de España Pedro Sánchez, porque “casualmente” el día 22 de enero, su secretario de Estado de Cooperación y para toda Iberoamérica, Juan Pablo de Laiglesia, se encontraba de visita en Washington y entre las personas con las que se reunió estaba la Subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Kimberly Breier, vieja oficial de la CIA y otros funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional.

La Subsecretaria Breier confesó a la prensa europea que Estados Unidos había “alentado”, entiéndase presionado, a todos los gobiernos europeos para que respaldaran a Juan el Títere Guaidó, como presidente interino, para no dejar dudas de que Estados Unidos es quien dirige toda la operación subversiva al mejor estilo de los años 60 del siglo XX.

El ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación español, Josep Borrell, admitió que el Departamento de Estado le avisó del golpe antes de este llevarse a cabo y lo han presionado fuertemente para que España y el resto de los países de la Unión Europea, reconozcan al Títere, y no acepten la conformación de un grupo para el diálogo con Maduro, ratificado por el vicepresidente Mike Pence, quien aseguró que “este no es el momento para el diálogo en Venezuela, sino para la acción”.

Todo encaja y hoy se conoce que el mismo día 23 de enero 2019, el ministro Borrell estaba reunido en Madrid con su homólogo de Portugal, Augusto Santos Silva, analizando los pormenores del llamado grupo de contacto internacional para Venezuela, acordado por la Unión Europea el mes de octubre 2018, de conjunto con algunos países latinoamericanos.

En medio de dicha reunión Duke Buchan III, embajador yanqui en Madrid, informó a Borrell que la fecha del golpe de estado era ese mismo día y Estados Unidos lo reconocería de inmediato, reafirmado por Mike Pence mediante un artículo que publicó el diario The Wall Street Journal el propio 23.

La operación estaba en marcha y todos los detalles aprobados anticipadamente se desarrollaban sin dificultades, incluidas las presiones a la UE y a otros aliados como Canadá y Australia.

Todo indica que España recibió el encargo de explicarle personalmente al canciller de Portugal, dada las relaciones de estos estados con Venezuela, al ser los dos países europeos con mayores intereses allí, pues del millón de ciudadanos de Europa residentes en Venezuela, cerca de 500 mil son españoles y portugueses.

La sumisión de España a Estados Unidos en el tema venezolano tiene sus antecedentes en el 2002, cuando fue el primer país que reconoció al golpista Pedro “El breve”, impuesto por los yanquis.

La fecha seleccionada por Washington para el golpe estuvo relacionada con la celebración en Suiza del Foro de Davos, porque así podían presionar mejor a los presidentes allí presentes.

Informaciones desde España afirman que el criterio de la cancillería española era diferente al del presidente Sánchez, quien al parecer no deseaba quedarse al margen de postura asumida por otros gobiernos europeos, unido a las presiones del Partido Popular y Ciudadanos, ambos seguidores de los yanquis.

Inicialmente el Ministerio de Exteriores no deseaba sumarse al apoyo del golpe, al sentar un precedente que rompía la doctrina Estrada, la cual afirma que “lo que se reconoce diplomáticamente es el Estado, no el Gobierno de turno” y es la primera vez en la historia que se reconoce a un presidente que no controla el funcionamiento del aparato estatal y rompe con quién ostenta el poder de facto como resultado de elecciones populares, aunque se cuestione su legalidad.

La Unión Europea demostró que en política exterior son los Estados Unidos quien la dirige, pisoteando la soberanía de los pueblos.

La intervención militar será el próximo paso que darán los yanquis de no poder consolidar el golpe, como expuso Trump en entrevista con la CBS News.

No se equivocó José Martí cuando afirmó:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

 

La agresión yanqui contra Venezuela, una lección para el mundo.


Por Arthur González.

Aquellos “inocentes” que aún creen en la llamada democracia representativa tan divulgada por los yanquis, ahora podrán comprobar que no existe, y el mejor ejemplo es la agresión de Estado Unidos contra el gobierno venezolano, elegido democráticamente el pasado 2018, ante la supervisión internacional que calificó dicho proceso como limpio y correcto.

En esas elecciones, incluso pospuestas ante el reclamo de la oposición que finalmente no participó en el proceso por órdenes de Washington, se demostró que Nicolás Maduro tiene el apoyo mayoritario de su pueblo, algo que el imperialismo yanqui no tolera.

Ante tantos planes subversivos fracasados, su impotencia se multiplica y como alternativa fabricaron al títere Juan Guaidó, desconocido para el pueblo, quien aceptó prestarse para seguir a las indicaciones de la CIA.

¿Se puede hablar de democracia y participación popular en la auto proclamación como presidente del títere Guaidó?

Por supuesto que no, es un acto de rebeldía según el código penal de todos los países del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Lastimosamente la Unión Europea y Canadá aceptaron las presiones de la Casa Blanca, demostrando un doble racero en su política exterior, y que ante los llamados del presidente Donald Trump cierran filas a su favor, a pesar de ese puede marcar un antecedente muy peligroso para el futuro de la región.

Lo que está sucediendo contra el pueblo venezolano es piratería moderna, al apoderarse de los fondos monetarios de Venezuela, negarse bancos europeos al traspaso de su oro y congelarle cuentas bancarias para entregárselas a la oposición, hecho sin antecedentes y que Europa ahora acepta en total sumisión.

Sin embargo, en los propios Estados Unidos la prensa acusa al presidente Trump de loco e irresponsable, lo que se evidenció con el cierre del gobierno federal al no interesarle el bienestar de los ciudadanos de su país, como afirmó recientemente Maribel Hastings, asesora ejecutiva de America’s Voice.

Si para los norteamericanos la decisión de Trump de ese cierre gubernamental es descabellada, por haber castigado a casi un millón de familias sin poder cobrar sus salarios durante 35 días, sin importarle las penurias que esas personas pasarían, ¿por qué no se solidarizan con el pueblo venezolano y el cubano que están sometidos a una cruel y despiadada guerra económica y financiera desde hace muchos años?

A Trump y a la mayoría de su Gabinete no les interesa lo que sufren sus conciudadanos y menos los cubanos y venezolanos, porque el interés por apoderarse de las riquezas de otros países es mucho más importante que la vida de millones de seres humanos.

La operación para construir al títere Juan Guaidó, contó con el visto bueno de Donald Trump y su asesor en política contra Cuba y Venezuela, el senador Marco Rubio, integrante de la mafia terrorista asesina de Miami, algo que el propio títere confirmó al asegurar que dialogó con el mandatario estadounidense, sobre la crisis del país, quien le aseguró que contara con todo su apoyo.

Ya salen a luz pública los pasos que dio la CIA y funcionarios del Departamento de Estado para preparar al títere durante sus visitas a Washington y a Colombia, país que visitó subrepticiamente para recibir los últimos consejos y acordar la fecha en que se auto proclamaría presidente.

No por gusto el primer mandatario en reconocer al títere fue su jefe Donald Trump, de ahí le siguieron los demás que ya estaban advertidos por funcionarios del Departamento de Estados.

Lo que sucede en Venezuela hoy no es una simple payasada, es una operación que cuenta con varias etapas, las cuales irán subiendo de tono y de complejidad en la medida que el pueblo continúe su respaldo al presidente constitucional Nicolás Maduro.

La segunda etapa se produjo en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos intentó legitimizar la operación subversiva, pero ahí no obtuvo los resultados que deseaba.

La siguiente fue apretar aún más la tuerca sobre la economía venezolana, al secuestrar el dinero de las ventas de petróleo y pretender adjudicárselo al títere Guaidó para que compre a sus seguidores e intente sobornar algunos militares.

A esa se unió la farsa del títere yanqui de nombrar embajadores en los países latinoamericanos que le apoyaron, siguiendo instrucciones del Departamento de Estado, especialmente algunos integrantes del Grupo de Lima, en Washington y en el consulado de Miami. El objetivo es cortarle a Venezuela sus lazos con Latinoamérica y legitimar el golpe de estado.

Si ninguna de esas medidas remueve al presidente Maduro, todos los esfuerzos se concentrarán en el ejército, en busca de un nuevo Augusto Pinochet que se pliegue a los dictados de la CIA, para repetir el vergonzoso golpe contra el presidente chileno , donde el mundo observaría el derramamiento de sangre en todas las calles venezolanas.

De producirse ese escenario, tendría la gran diferencia que mucha de la sangre será de los yanquis y sus secuaces, porque ese pueblo que alcanzó a leer y a escribir, tener la salud gratuita, cultura, viviendas, trabajo y la dignidad de ser libres y soberanos, no se dejará arrebatar el poder que les dio Hugo Rafael Chávez Frías, cuando fue elegido presidente por mandato popular.

La Unión Europea, los lacayos latinoamericanos y los actuales dirigente de Estados Unidos, llevarán sobre su espalda la traición y la conjura, y los pueblos exigirán justicia, más temprano que tarde, por tantas felonías en nombre de una “democracia” ensangrentada.

No son los mismos tiempos en que los yanquis quitaban y ponían presidentes y juntas militares, como hicieron en Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, Guatemala, Salvador, Honduras, Haití, República Dominicana y Cuba, en el pasado siglo XX.

Hoy venezolanos y venezolanas defienden con los dientes su independencia, porque como expresara José Martí:

“Los hombres, subidos ya a la libertad entera, no han de bajar hasta una de sus gradas”.

¿Por qué EE.UU. y la UE no apoyaron a Carles Puigdemont y si a Juan Guaidó?


Por Arthur González.

¿Qué país en este mundo acepta que un individuo se auto proclame presidente de un Estado, sin haber sido elegido democráticamente por el voto popular y la reafirmación del tribunal supremo?

La respuesta es solo una: ninguno.

Pero en Venezuela, espina trabada en la garganta de los Estados Unidos, ha sucedido en días pasados, mediante la farsa diseñada por los yanquis con el desvergonzado apoyo de la Unión Europea, la misma que no respaldó al líder del pueblo de Cataluña, Carles Puigdemont, quien sí fue abalado por el voto popular.

¿Con qué moral los europeos van a respaldar al títere de Juan Guaidó, fabricado por las manos de la CIA y el Departamento de Estado, orientado a la carrera en los locales de la propia misión diplomática yanqui, como parte del plan diseñado para darle un golpe de Estado al presidente constitucional Nicolás Maduro?

Es evidente que los mandatarios de la Unión Europea recibieron indicaciones de la Casa Blanca, para darle apoyo a la farsa política contra Caracas en clara pérdida de su soberanía y de la memoria, pues hace menos de un año en Cataluña se celebraron elecciones y solo por haber declarado su deseo de ser independientes de España, Carles Puigdemont y los demás líderes de ese proceso fueron acusados de rebelión.

Ahora la canciller Ángela Merkel se humilla ante el presidente Donald Trump, aceptando el ridículo papel de acusar a Nicolás Maduro, y reconocer al títere impuesto por los yanquis, en el infantil e ilegal golpe de Estado, cuando ella misma aprobó la detención de Puigdemont, bajo sentencia del tribunal de primera instancia de Neumünster, que decidió mantener en prisión provisional al expresidente del gobierno autónomo de Cataluña, mientras se esperaba el trámite de entregarlo a España.

Recordemos que el líder independentista catalán se vio obligado a viajar a Bélgica, debido a que el gobierno de Madrid quería juzgarlo por los delitos de sedición, rebelión y malversación de fondos públicos, después de su participación en el proceso de independencia de Cataluña que había sido prohibido por las autoridades; de ahí que le solicitaran al gobierno de Berlín su detención cuando viajaba desde Finlandia hacia Bélgica.

La Unión Europea adopta una posición a favor de Washington en sus planes de reconocer al títere Juan Guaidó, cuando no hizo lo mismo con el catalán, lo que demuestra la manipulación política que ejerce Estados Unidos sobre sus aliados y subordinados latinoamericanos, al fracasar durante décadas en sus planes contra la Revolución bolivariana de Venezuela.

El mundo de hoy está gobernado por Estados Unidos, quien dispone del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para doblarle el brazo a los que se oponen a sus órdenes.

¿Cómo es posible que la Unión Europea con tantos problemas que enfrenta Francia, no adopte resoluciones de condena contra por las salvajes represiones que ordena contra los partidarios del movimiento Chalecos Amarillos?

El tratamiento opuesto que asume Estados Unidos y sus aliados europeos en el caso de Venezuela, es prueba de que no existen democracia ni respeto a los derechos humanos.

¿Con qué derecho legal Juan Guaidó decidió auto proclamarse presidente de Venezuela y ser respaldado por el gobierno de Estados Unidos?

¿Aceptarían los parlamentarios europeos, Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea y el propio Donald Tusk, actual presidente del Consejo Europeo, que uno de los líderes del movimiento Chalecos Amarillos, se auto proclame presidente de Francia bajo el Arco de Triunfo, aplaudido por miles de sus seguidores?

De inmediato sería detenido y acusado de sedición y rebeldía como le hicieron al catalán Puigdemont, sancionándolo a decenas de años de prisión, algo que Estados Unidos no aceptaría si Maduro decide detener y acusar al títere Juan Guaidó. Para respaldarlo, despegarían rápidamente al Comando Sur para invadir a Venezuela, como han hecho con otros países de America Latina.

La Unión Europea parece olvidar que en el 2017 el expresidente catalán fue acusado de los delitos de rebelión y sedición, con la posibilidad de cumplir hasta 30 años de cárcel, después de que el Parlamento catalán declarara la independencia el 27 de octubre 2017.  Además de Puigdemont, otros 14 imputados fueron obligados a depositar en un plazo de tres días, una fianza de 6,2 millones de euros para responder a posibles responsabilidades civiles.

Eso es lo que le corresponde ahora al títere venezolano, pero a diferencia del catalán cuenta con el respaldo yanqui y europeo que lo defienden como si fuese inocente, quien solo cumple con las órdenes recibidas de sus amos de Estados Unidos.

Washington busca un pretexto para invadir a Venezuela, porque todas las fórmulas empleadas han fracasado y a pesar de la despiadada guerra económica, comercial y financiera impuesta, unido a las campañas mediáticas para satanizar la imagen del presidente Maduro, la mayoría del pueblo le sigue dando su apoyo incondicional, porque saben quién es el único responsable de las penurias que sufren.

El mundo observa con asombro como los gobiernos de España, Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal y Holanda, se toman el derecho de imponerle ocho días de plazo a Nicolás Maduro, para que convoque nuevas elecciones en Venezuela y, si no lo hace, lo amenazan con reconocer al títere fabricado por los yanquis, Juan Guaidó, cuando nunca respaldaron al líder Puigdemont, quien ganó en elecciones libres celebradas en Cataluña.

Los pueblos del mundo tienen que asumir el papel que les corresponde, prepararse políticamente y mantener la unidad, porque de lo contrario serán convertidos en esclavos y pisoteados a su antojo por el emperador Donald Trump.

Razón tenía José Martí cuando sentenció:

“La educación es el único medio de salvarse de la esclavitud”.

 

 

 

Democracia yanqui al estilo de las cañoneras.


Por Arthur González.

A la par que Washington exige a otros, democracia, elecciones libres, múlti partidismo y libertad de pensamiento, ellos lo ignoran cuando existen gobiernos que luchan por mantener su soberanía nacional. Por esa razón, pisotean el resultado de las elecciones populares, la libre expresión y aquellos partidos que no responden a sus intereses hegemónicos, algo que se pone en evidencias en Venezuela.

Después de Cuba, el país que más agresiones recibe es precisamente Venezuela, a quien le aplican las mismas recetas políticas, la despiadada guerra económica, comercial y financiera, intentos de asesinato a sus líderes, una guerra mediática descomunal, unido a las presiones de todo tipo que ejercen los yanquis contra países del mundo para que se le unan a su guerra contra Nicolás Maduro.

Lo triste del asunto es ver como gobiernos supuestamente soberanos, son obligados mediante el chantaje abierto y total, a que obedezcan al imperio estadounidense, violando todas las normas legales.

La propia Unión Europea y en especial Federica Mogherini, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, se adhirieron a Estados Unidos en sus agresiones contra Venezuela, aceptando la guerra económica y mediática, en contraposición con la actitud asumida en el caso de Cuba, donde son firmes en su oposición al bloqueo comercial, económico y financiero impuesto por los yanquis desde hace 60 años.

La más reciente operación subversiva de Estados Unidos contra Caracas, es el auto nombramiento del diputado Juan Guaidó como presidente de Venezuela, selección que hizo la CIA desde su embajada, en un intento desesperado por sustituir a Maduro, algo que no han podido hacer en todos estos años, a pesar de las medidas económicas aplicadas que persiguen dar la imagen de que su gobierno es el responsable de desabastecimiento alimentario.

Estados Unidos ha retomado su política de las cañoneras que tanto empleó en el siglo XX en todo el mundo, en especial en América Latina, la que consideran su patio, y el ahora pretendido golpe de estado en contra del Presidente constitucional Nicolás Maduro, es más que evidente.

En esa operación de la CIA con el apoyo del Departamento de Estado, está previsto que la OEA declare su respaldo al títere Guaidó, y de ahí a la convocatoria del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca no hay más que un paso, con el propósito de darle un carácter legal a la intervención militar contra el pueblo venezolano, lo que convertiría a la región en un peligroso volcán de consecuencias imprevisibles, porque los pueblos se levantarían contra esa ocupación militar yanqui y la sangre correría de ambos lados.

El presidente Donald Trump rodeado de halcones que solo desean la guerra, puede tomar la decisión equivocada y aprobar una invasión contra Venezuela a un precio muy alto políticamente para él, en momentos que pasa por una fuerte crisis, debido a la falta de dinero para pagarle a miles de empleados federales, a lo que se suman las acusaciones que le persiguen desde su toma de posesión.

Esta operación subversiva contra Venezuela, es un intento desesperado de la CIA ante la frustración de no contar con una oposición unida, sin prestigio y con falta de apoyo popular en el pueblo.

El mundo puede constatar la doble moral de los Estados Unidos, que a la vez que exigen elecciones libres y democráticas, no respetan el resultado de las urnas, debido a que el elegido es un presidente socialista que nunca aceptarán.

Contra Venezuela los yanquis aplican todos los métodos conocidos, desde golpe de estado y secuestro del presidente Hugo Chávez en el 2002, imposición de un presidente nombrado desde Washington, conocido como “Pedro el Breve” por las pocas horas que duró a pesar del respaldo de países como España, actos vandálicos y terroristas contra instituciones estatales, industrias y centros de educación, barricadas en las calles, saqueo de comercios y el asesinato de personas en plena vía pública, algo que no recibió el rechazo de la Unión Europea, ni de la OEA.

Tantos fracasos y pérdida de sumas multimillonarias de dólares mal gastados, en una oposición dividida y seguramente penetrada por los órganos de seguridad venezolanos, dan como resultados la actual operación de querer nombrar de dedo, a un presidente que no ha sido electo democráticamente, ni tiene el respaldo del Tribunal Supremo de Justicia, el que declaró nulo los actos del títere Juan Guaidó, algo que también ratificó la Sala Constitucional del máximo organismo de Justicia de Venezuela.

Una prueba contundente de que todo es parte de una operación subversiva de la CIA coordinada con varios factores, fue la inmediata publicación de Wikipedia en español, dedicada al títere de los yanquis Juan Guaidó, algo sin antecedentes en otros golpes de estado acontecidos en años recientes, en África y Medio Oriente.

Los países que de ipso facto dieron su respaldo al títere, fueron los aliados de Estados Unidos, entre ellos Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Costa Rica, Canadá, Paraguay y por supuesto el incitador del golpe, Estados Unidos, situación que pudiera facilitar que el Consejo Permanente de la OEA apruebe una solicitud de invasión, bajo el pretexto yanquis de capturar al presidente Maduro, como esgrimieron para invadir a Panamá en 1989 y apresar al presidente Manuel Antonio Noriega.

La posición asumida por Canadá, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk y de Federica Mogherini, alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, demuestra como ante las presiones imperiales de los yanquis, bajan la cabeza y algunas ropas, para servirle rápidamente al amo, sin miramientos, ni principios de soberanía e independencia.

Vergüenza sentirán dentro de algunos años cuando se desclasifiquen los documentos de esta operación de inteligencia, y los nombres de todos los funcionarios que se prestaron para esa conjura yanqui, salgan a luz pública y sientan el despreció del mundo por la actitud servil tomada contra un pueblo valeroso, que asume con mucha dignidad su destino de ser libre e independiente.

Sabio fue José Martí cuando escribió:

“La verdad quedará dicha, porque reposa en el fondo de los actos humanos, como la felicidad en el fondo de la muerte”.