Medidas premeditadas, no precipitadas


Por Arthur González.

Para quienes no se percataron que la historieta de los inventados ataques acústicos y las falsas enfermedades, era el inicio de una escalada para recrudecer la guerra económica contra Cuba, las nuevas medidas adoptadas por la Casa Blanca el 08.11.2017, lo prueban con creces.

Cuando se estudia y analiza la historia de los Estados Unidos en los dos últimos siglos, se ven a las claras los múltiples pretextos que aplicaron contra países que después fueron víctimas de sus agresiones, y Cuba es un vivo ejemplo de esa política sucia y rapaz.

La pobre justificación creada por especialistas en guerra psicológica de los falsos ataques, abrió el camino a una serie de medias que aún están por finalizar. Empezaron en mayo 2017 con la expulsión de dos diplomáticos cubanos de Washington, algo que se mantuvo en silencio, pero que permitieron establecer las condiciones para propagar sus mentiras y preparar a la opinión pública interna y externa.

La bomba explotó meses después cuando Trump aprobó la expulsión de 15 diplomáticos cubanos más, según se dijo, para mantener la paridad en relación a los diplomáticos yanquis que Estados Unidos decidió retornar de su misión en La Habana, dejando inoperante las dos embajadas, retrotrayendo la situación a 1976 cuando no existían las entonces Sección de Intereses.

Tal decisión fue ejecutada para satisfacer las exigencias de la mafia terrorista anticubana en el Congreso, encabezada ahora por el senador Marco Rubio, a quien Trump desea complacer como moneda de cambio para su defensa ante el Comité senatorial que lo investiga, por sus relaciones con Rusia.

La nueva política anticubana fue anunciada por el propio Presidente el 16.06.2017 en Miami, lo demás ha sucedido de forma constante y sin pausas, con el único fin de ahogar económicamente a la Revolución, viejo anhelo desde que el sub secretario de Estado, Lester Mallory, lo propuso en su histórico memorando del 06.03.1960, al afirmar:

“Debe utilizarse protamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de los cubanos; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Las actuales medias pretenden exactamente lo mismo y de ahí que se reinicie la brutal persecución contra los estadounidenses que se atrevan a violarla, estrategia que Barack Obama cambió, al reconocer que en 58 no se alcanzaron los resultados esperados, introduciendo otra más sutil y peligrosa que encandiló a no pocos, con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, apertura de la embajada y la ampliación de licencias de viajes a Cuba.

Ese cambio no hubiese sido negativo si realmente procurara respetar la soberanía de Cuba, y aceptar el sistema socialista, algo que Obama no pretendió, porque como el mismo afirmó, era para:

  • Promover de manera más eficaz la implantación de cambios en Cuba, dentro de un marco acorde con el apoyo de EE.UU. al pueblo cubano y en consonancia con los intereses de seguridad nacional de EE.UU.
  • Mejorar las condiciones en materia de derechos humanos y la implementación de reformas democráticas en Cuba.
  • Las políticas en materia de viajes y remesas para ayudar a los cubanos a brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente.
  • Para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba.
  • Continuar financiando la programación de la democracia, para proporcionar asistencia humanitaria, derechos humanos, libertades fundamentales, y apoyar la libre circulación de información, en lugares en donde el gobierno cubano la tiene restringida y censurada.
  • Continuar implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentar reformas en su compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos.

A la vez, mantuvo el Bloqueo, la subversión, y se negó a conversar sobre la devolución de la Base Naval.

Tampoco debe olvidarse lo que expresó Obama al darle apertura a su embajada en La Habana:

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla…incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor”.

La mafia terrorista anticubana al percatarse que la estrategia iba al fracaso total y la Revolución salía victoriosa, la emprendieron para retomar la vieja política que en 55 años solo malgastó cientos de miles de millones, pero afecta la economía del pueblo, con la finalidad de que este culpe al sistema socialista y no a la guerra económica de Estados Unidos.

Lo que procuran esos mafiosos que dan su apoyo a asesinos y terroristas, es ahogar la economía cubana y así lo expresó Marco Rubio, apoyado por Mario Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen, al declarar:

“Desafortunadamente, los burócratas del Departamento de Estado que se oponen a la política del Presidente Trump hacia Cuba, y se negaron a implementarlo íntegramente cuando omitieron de la lista de entidades y sub entidades cubanas restringidas, que están controladas o actúan en nombre de las fuerzas armadas, los servicios de inteligencia o la Seguridad del Estado de Cuba”.

Ya es hora de que Cuba presente una denuncia ante el Consejo de Seguridad de la ONU, contra el genocidio que significa la guerra económica contra su pueblo, felonía condenada por el mundo desde hace 26 años en la Asamblea General.

Más le valdría a Trump, juzgar a los terroristas cubanos que viven plácidamente en Miami apoyados por esos mismos congresistas, que intentar infructuosamente el derrumbe del socialismo en Cuba.

Si algo aprendieron los cubanos en este medio siglo, es a comprender perfectamente quien es el responsable de sus principales problemas y por esa razón mantienen mayoritariamente su apoyo a la Revolución y fortalecen cada día su anti imperialismo, siguiendo a su apóstol José Martí cuando exclamó:

“Unámonos cubanos, en esta otra fe: con todos y para todos”

 

 

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2 pensamientos en “Medidas premeditadas, no precipitadas

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