Viajes diplomáticos para qué


Arthur González

Cuba USUno de los temas presentados por el Departamento de Estado de EE.UU. en sus encuentros con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba para el restablecimiento de relaciones entre ambos países, es el libre movimiento de los diplomáticos estadounidenses por toda la isla.Actualmente los diplomáticos del Norte pueden hacerlo solicitándole un permiso de la parte cubana, situación lograda después de la llegada a la Casa Blanca de Barack Obama, pues en la era Bush, el Departamento de Estado limitó unilateralmente los viajes de los diplomáticos cubanos acreditados en la Sección de Intereses en Washington; en reciprocidad La Habana adoptó similar medida.

Quien perdió más con tal decisión fue la parte estadounidense, al ver reducida sus posibilidades de ejecutar acciones de espionaje, como la denunciada por la TV cubana en 1987, y de apoyar material y financieramente a la contrarrevolución interna creada por ellos.

En las actuales conversaciones bilaterales el tema es considerado como una prioridad para la apertura de la embajada norteamericana, lo cual aseguró la subsecretaria de Estado, Roberta Jacobson, al plantear que Estados Unidos no aceptará la exigencia cubana de que debe cesar la injerencia de los diplomáticos yanquis en los asuntos internos cubanos, en cuanto a la atención, entrenamiento y abastecimiento material a los denominados “disidentes”, fabricados para subvertir el orden interno en la isla.

Y agregó: “No puedo pensar que pasaremos a la próxima etapa de nuestra relación diplomática, con un acuerdo de no ver a los activistas de la democracia”.

El mundo conoció a través de los cables confidenciales divulgados en el sitio Wikileaks, de informes confeccionados por el Jefe de la Sección de Intereses de Washington en Cuba, donde detalla sus consideraciones sobre los “disidentes” cubanos, y asegura la falta de respaldo popular, liderazgo, planes para el futuro y que el dinero representa la única motivación para su trabajo a favor de Estados Unidos.

Varios documentales televisivos utilizados por Cuba como denuncia a las violaciones de la Convención de Viena de 1961 por los diplomáticos estadounidenses, reflejan su actuación durante la entrega de decenas de cajas y bultos a los contrarrevolucionarios radicados en el interior del país, algo que el Ministerio de Exteriores de Cuba ha denunciado en notas verbales, muchas de ellas publicadas en la prensa.

El mal empleo de la valija diplomática es otra de las prácticas criticadas por Cuba, al utilizar los estadounidenses ese medio para introducir en la isla millones de toneladas de artículos, propaganda subversiva contra el gobierno, ropa, alimentos, radios y otros medios para el sostenimiento de la llamada “oposición” interna.

Datos oficiales de la USAID exponen que entre 1996 y 2006, su “Programa Cuba” para la subversión política, suministró 385 mil libras de medicinas, alimentos y ropa para la contrarrevolución, más 23 mil radios de onda corta y larga, con el propósito de que escucharan las transmisiones provenientes de las estaciones de radio creadas en Estados Unidos contra Cuba, como el caso de Radio Martí.

Millones de libros, boletines y revistas con temas de preparación ideológica fueron remitidos mediante su valija diplomática, hasta llegar al clímax de la violación del artículo 27 de la Convención de Viena, que afirma: “la valija diplomática debe contener solo documentos diplomáticos o artículos destinados al uso de oficina”, con la introducción de un cartel electrónico que fue instalado en los ventanales exteriores de los pisos superiores de la propia Sección de Intereses, dando lugar al rechazo popular.

Un informe del gobierno de Estados Unidos reconoce que solo entre el año 2000 y el 2005 el volumen anual de las importaciones de su Sección de Intereses en La Habana, se incrementó en un 200 %, equivalente de 23,2 toneladas a 70,5 toneladas, y la mayor parte fue destinada al abastecimiento de la contrarrevolución interna.

Si en las actuales circunstancias la Casa Blanca pretende hacer lo mismo a partir de la apertura de una embajada en La Habana, la normalización de relaciones será solo una aspiración carente de una base sólida.

Quizás ese sea el propósito del presidente Obama y de ahí su apuro por concretar la instalación de la misión diplomática, pero encontrará sin dudas un pueblo mucho mejor preparado y más experto en esos temas, pues Cuba no es Polonia y su Revolución no fue impuesta por los tanques del Ejército Rojo, sino lograda por sus propios ciudadanos vestidos de verde olivo, cansados de tanto capitalismo.

Si realmente Barack Obama desea tener una relación armoniosa con su vecino al Sur de la Florida, tendrá que respetar totalmente la resolución de 1981 de la Asamblea General de la ONU, “Declaración de Inadmisibilidad de Intervención e Interferencia en los Asuntos Internos de los Estados”, la que entre otras cuestiones define “el deber de un Estado en abstenerse de la promoción, aliento o apoyo, directo o indirecto, de actividades rebeldes o secesionistas dentro de otros Estados, bajo cualquier pretexto, o cualquier acción que busque perturbar la unidad o socavar o subvertir el orden político de otros estados”.

Con los cubanos no hay otro arreglo, y como expresó José Martí: “La conciliación es garantía de la paz”.

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