Leyenda fabricada al atacante de la embajada cubana en Washington.


Por Arthur González.

Los yanquis con su acostumbrada prepotencia, piensan que las demás personas no tienen inteligencia suficiente para descubrir sus mentiras fabricadas, a pesar de que su historia está cargada de ejemplos.

Ahora repiten la construcción de una leyenda poco creíble, sobre el responsable del ataque terrorista contra la misión diplomática de Cuba en Washington, queriendo justificar sus acciones por una supuesta psicosis, debido a una repentina paranoia carente de antecedentes médicos.

En horas de la madrugada del 30 de abril 2020, Alexander Alazo Baró, ciudadano estadounidense nacido en Cuba, detuvo su auto frente a la entrada de la embajada cubana, bajó del mismo y comenzó a gritar ofensas.

Posteriormente sacó del auto una bandera cubana, pintada con frases de amor al presidente Donald Trump, la tiró al suelo e intentó quemarla con gasolina frente a la puerta de la reja de la sede. Volvió al vehículo y tomó una bandera de Estados Unidos, gritando insultos contra el gobierno de la Isla.

Como si estuviera dejando el tiempo correr, extrajo del auto un fusil AKM-47, y comenzó a disparar hacia el interior de la sede diplomática 32 proyectiles, los que impactaron en las columnas, puerta principal, uno de los faroles, la verja y la estatua de José Martí, apóstol de la independencia de Cuba.

El terrorista no intentó darse a la fuga, evidentemente esperaba que llegara la policía y lo detuvieran, cual guion elaborado que debía cumplir totalmente.

Sus acciones terroristas transcurrieron sin que apareciera un auto de la policía, a pesar de estar la embajada cubana vigilada secretamente por el FBI, las 24 horas del día, y existir en la zona otras misiones diplomáticas, en las cercanías de la propia Casa Blanca.

Solo ante el llamado de los “vecinos”, apareció la policía y detuvieron al atacante, sin mostrar este la menor resistencia. El espectáculo había salido perfectamente y de la embajada cubana, donde habían 10 funcionarios, no recibió una respuesta como quizás esperaban.

Según informaciones publicadas en Internet, el terrorista Alazo Baró, dos semanas antes hizo una visita al lugar para modelar sus actos, prueba de la premeditación de estos.

Para tejer la leyenda que le pretenden construir, previamente asistió a un hospital donde desarrolló parte de la misma, al expresar sentimientos de persecución por parte de inexistentes grupos criminales de Cuba.

Continuando con la línea de conducta indicada, concurrió a oficinas del FBI y otras agencias de seguridad del sistema estadunidense, en las que reiteró sus “preocupaciones”, responsabilizando de las mismas a Cuba y sus autoridades de quererlo matar, diligencias premeditadas para dejar más evidencias de su leyenda.

¿Piensan los yanquis que Cuba no tiene experiencias de todas las mentiras que han elaborado a lo largo de 60 años?

Alazo es un hombre arruinado económicamente, sin recursos monetarios para sobre vivir en una sociedad metalizada, por tanto, vinculado a personajes que se dedican a conspirar y atacar a Cuba en Miami, parece ser el hombre ideal para cualquier tipo de provocación a cambio de dinero.

Las informaciones publicadas afirman que junto a su esposa dormían en el auto, al no disponer de recursos para rentar una vivienda. En esa precaria situación, ¿con qué dinero pudo trasladarse un desempleado hasta Washington? ¿Cómo adquirió un arma costosa? ¿Tenía algún seguro médico que respaldara el pago de la consulta, cuando asistió al hospital para ser atendido de su “psicosis”?

Todo está demasiado oscuro para creerle su fábula.

Este entramado novelesco nos recuerda la historia que le hilvanaron a Lee Harvey Oswald, chivo expiatorio del asesinato del presidente J.F. Kennedy, cuando la CIA quiso involucrar a Cuba de su muerte.

Antes del magnicidio, la CIA ejecutó acciones premeditadas que dejaran evidencias contra Cuba y la URSS, para servir de pruebas en su acusación posterior.

Entre aquellas evidencias fabricadas estaba la participación de Oswald en una manifestación callejera, en agosto de 1963, a favor de la Revolución cubana, por miembros del Comité Juego Limpio para Cuba, y su enfrentamiento callejero con elementos anticastristas, donde fue detenido por la policía. Ese hecho fue filmado por la televisión local.

En septiembre Oswald fue entrevistado por una emisora radial, donde se declaró marxista-leninista y simpatizante de Fidel Castro. Dicha grabación fue conservada inexplicablemente por la emisora. Era otra evidencia más para el expediente del FBI.

Otros elementos incluidos en aquella fantasiosa leyenda de la CIA, fue la visita en septiembre 1963, de Oswald al consulado cubano en Ciudad México, para solicitar un visado con el fin de viajar a la Isla, el que no le fue concedido, pero quedó registrado en el control que tienen las embajadas cubanas.

La CIA tiene amplios antecedentes en construir ese tipo de personajes y Alexander Alazo, parece encajar en esa línea, porque sus antecedentes y relaciones con elementos contrarrevolucionarios en Miami así lo demuestran.

¿Quién responderá en el FBI por los vínculos de este mercenario, con el pastor de la iglesia Doral Jesús Worship Center, en Miami Dade?

Es notorio que en la misma se congregan elementos contrarrevolucionarios que se expresan agresivamente contra Cuba y su pastor Frank López, sostiene estrechas relaciones con personas de la derecha extremista de Estados Unidos, entre ellos el Senador Marco Rubio y el congresista Mario Díaz-Balart.

Otra de las relaciones de Alazo es el cubano Leandro Pérez, quien se ufana de sus deseos de que se ejecuten actos violentos contra Raúl Castro y el presidente Miguel Díaz-Canel, y además es amigo del terrorista Ramón Saúl Sánchez, a quien el FBI lo ha vetado para obtener la residencia permanente en Estados Unidos, por su larga lista de antecedentes delictivos.

Todo encaja para señalar que Alexander Alazo, fue reclutado como una las tantas piezas para las agresiones reiteradas de Estados Unidos contra Cuba, pero la leyenda de sus “delirios de persecución” no tienen solidez, como tampoco las tuvieron aquellas inventadas relaciones de Lee H. Oswald con Cuba, porque las mentiras tienen piernas cortas y como dijera José Martí:

“Nunca fueron juntos apóstoles y mercaderes”

 

 

 

 

 

 

 

 

Venezuela, alerta ante las trampas yanquis.


Por Arthur González.

Por estos días los yanquis ensayan viejas estrategias para lograr el derrocamiento de la Revolución Bolivariana de Venezuela, asesinar al presidente constitucional Nicolás Maduro y otros altos funcionarios de su gobierno, con el empleo de mercenarios de origen venezolano y norteamericano, lo mismo que hicieron contra Cuba durante décadas.

Paralelamente a estos intentos de invasión con respaldo de las fuerzas de Estados Unidos, los yanquis pretenden ejecutar una táctica de engaño, al proponerle al presidente Maduro un plan de “Transición”, donde esté presente la oposición al servicio de ellos, además de mantener discretas comunicaciones con el gobierno, algo que también quisieron hacer con Cuba.

Si revisamos la historia podemos encontrar que el 4 de enero de 1963, después la aplastante derrota de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, McGeorge Bundy, Asistente Especial para los Asuntos de Seguridad del presidente John F. Kennedy, le propuso explorar la posibilidad de establecer una discreta comunicación con el líder cubano Fidel Castro.

Después de analizar los costos y beneficios que esa propuesta podría tener para Estados Unidos, el 21 de abril, McGeorge Bundy presentó al Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad, un detallado informe referente a las Alternativas sobre Cuba, contentivo de posibles variantes a explorar en su política hacia la Revolución.

El 30 de abril del 63, en la reunión del Grupo se acordó mantener la línea de comunicación con Fidel, iniciada en 1962 por el abogado James Donovan, durante las negociaciones para obtener la liberación de los mercenarios de la invasión por Bahía de Cochinos.

Otra vía para la comunicación entre los dos gobiernos, se abrió con la joven periodista Lisa Howard, presentada a Castro por el mismo abogado, a la que le aceptó una entrevista de una hora para la cadena ABC, en mayo de 1963. A partir de la misma se divulgó en Estados Unidos que el líder cubano daba indicios de querer negociar con el presidente Kennedy.

Demostrando su carácter terrorista, la CIA pretendió utilizar a Donovan para asesinar a Fidel Castro, regalándole un equipo de buceo contaminado con bacilos de la tuberculosis y hongos.

Esa breve relación sirvió para que Gordon Chase, asistente de McGeorge Bundy, propusiera “atraer suavemente a nosotros a Fidel Castro y sí la dulce aproximación a Cuba tiene resultados, los beneficios para Estados Unidos serían sustanciales”.

El Grupo Especial acordó, el 3 de junio de 1963, la propuesta del establecimiento de una discreta comunicación con Castro, lo cual no se contraponía con su política de hostigamiento y a la vez, continuar las acciones para el derrocamiento del régimen socialista en la Isla.

Las ideas entregadas en abril por Bundy, contemplaban tres variantes:

1-Imponer en Cuba una solución no comunista, por todos los medios que fuesen necesarios.

2-Insistir en fines mayores, pero limitados.

3-Avanazar gradualmente en el desarrollo de alguna forma de llegar a un arreglo con Fidel Castro.

Esa fórmula se parece mucho a la que ahora pretenden los yanquis aplicar con Venezuela, incluso el candidato presidencial demócrata Joe Biden, acaba de expresar que, de alcanzar la presidencia de los Estados Unidos, restablecerá las relaciones diplomáticas, pero insistiendo en el interés de derrocar a Maduro.

A pesar de establecer el canal de comunicación con Cuba, durante los debates de las variantes expuestas en abril y mayo 1963, John McCone, Director de la CIA y miembro del Comité Ejecutivo del Consejo de Seguridad Nacional, propuso un conjunto de medidas para incrementar las dificultades económicas de Cuba, las cuales serían respaldadas con actos de sabotajes, con la finalidad de crear una situación interna que permitiera subvertir a los mandos militares, para que apoyaran el derrocamiento de Castro.

En ese contexto, el 8 de junio de 1963 la CIA presentó al Grupo Especial del Consejo de Seguridad, un documento con la política encubierta y el programa de acciones a ejecutar para destruir el proceso revolucionario cubano, algo casi idéntico al que desarrollan hoy contra Venezuela.

Ese plan de acciones encubiertas, era independiente a lo que Bundy había propuesto, considerándose como una Doble Vía o una Corrosión desde adentro de la Isla.

Las acciones de la CIA eran:

  • Recolección encubierta de información, tanto de los requerimientos estratégicos de Estados Unidos, como de las necesidades operativas de la Agencia.
  • Acciones de propagada para estimular sabotajes simples de bajo riesgo y otras formas de resistencia pasiva y activa.
  • Aprovechamiento y estimulación a la desafección en los centros de poder militar y otros.
  • Acciones progresivas contra la economía cubana.
  • Sabotaje general y hostigamiento.
  • Apoyo a los grupos anticastristas para su complemento y ayuda en la ejecución de las acciones antes expuestas.

El 3 de octubre de ese año, el Grupo Especial aprobó nueve operaciones contra Cuba, entre ellas actos terroristas tales como la destrucción de una de las plantas de generación eléctrica, una refinería de petróleo y un central azucarero.

Los yanquis poseen una torcida y sucia política contra los gobiernos que para ellos no son aceptables.

Tienen la Doble Vía como opción para alcanzar su objetivo estratégico de derrocar las revoluciones.

Con una mano aparentan buena voluntad, establecen relaciones diplomáticas formales y con la otra clavan el puñal por la espalda con sus políticas de guerra económica, comercial y financiera, acciones de subversión política y apoyo a la contrarrevolución, añeja fórmula que, con Cuba no ha tenido ni tendrá éxitos.

Venezuela saca sus propias experiencias de las estrategias yanquis, y como hace la Revolución cubana, resiste y gana sus batallas, con los ojos bien abiertos ante las patrañas ladinas que no engañan a nadie.

Vigente las palabras de José Martí cuando dijo:

“A Venezuela la hemos de querer y admirar sin límites”.

William Morgan, de agente CIA a estrella de Hollywood.


Por Arthur González.

Los especialistas en guerra psicológica de Estados Unidos, manipulan la historia mundial para vender a sus soldados como súper héroes, aun cuando lo que hacen es asesinar a miles de personas en nombre de una supuesta libertad.

Recordamos las declaraciones del presidente de Estados Unidos, resaltando a sus pilotos después del lanzamiento de las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki, con la pretensión de hacerle creer al pueblo que, con ese monstruoso crimen “habían salvado” a miles de jóvenes yanquis, omitiendo los muertos japoneses por aquel bombardeo injustificado.

Otras manipulaciones fueron los filmes de Hollywood sobre héroes latinoamericanos, como los mexicanos Emiliano Zapata y Pancho Villa; la intervención yanqui en la guerra hispano cubana y muchas más, que llegan hasta nuestros días con historias distorsionadas.

La finalidad es cambiar la historia a su favor, para que las nuevas generaciones interioricen lo que los ideólogos estadounidenses desean.

Basado en esos principios políticos, ahora anuncian que en el 2021 Hollywood pretende filmar la historia de William Alexander Morgan Ruderth, quien en 1957 cumpliendo instrucciones de la CIA, se infiltró en las fuerzas rebeldes cubanas que luchaban contra el dictador Fulgencio Batista, en el denominado II Frente Nacional del Escambray, ubicado en la zona montañosa del centro de la Isla.

Las historias de la CIA en la Isla son conocidas y se incrementaron en 1953 después del asalto al cuartel Mocada.

Ante la fuerza que ganaba el movimiento revolucionario dirigido por Fidel Castro, la CIA reforzó su labor de reclutamiento en el país y envió agentes con fachada no oficial (NOC), para obtener informaciones del apoyo popular, caracterizar a sus principales líderes y tratar de obtener posiciones dentro de estos.

La visita a La Habana en 1954 de Allen Dulles, director de la CIA, estuvo motivada entre otras cuestiones, a la creación del Buró de Represiones de Actividades Comunistas, BRAC, organización asesorada directamente por los yanquis.

En esa época, Francisco Muñoz Olivé, fungía como contacto entre los órganos represivos con la Estación Local de la CIA en la Isla, y después del triunfo del 1ro de enero de 1959, pasó a dirigir una red de espionaje al servicio de Estados Unidos.

En junio de 1956 Lyman Kirikpatrick, Inspector General de la CIA, viajó a Cuba para comprobar la verdadera evolución de la situación política, perfilar el trabajo en apoyo a los órganos represivos de la dictadura y el tratamiento informativo, según escribió en sus memorias.

En abril de 1957 regresó, preocupado por el auge del Movimiento 26 de julio y el interés de la CIA por consolidar la recopilación de información.

Ante la involución de la situación del dictador Batista, a mediados de 1958 Kirikpatrick realizó un tercer viaje, lo que confirma el interés de la Agencia por la situación de Cuba.

Consecuentes con sus propósitos, deciden infiltrar a Morgan en el ejército rebelde, pero no en la Sierra Maestra controlada por el Movimiento 26 de julio, sino donde el Movimiento 13 de marzo abría un nuevo frente, con la participación de Eloy Gutiérrez Menoyo, a quien se ocupó de reclutar con la intención de impedir la unidad entre los grupos revolucionarios, cumpliendo instrucciones de la CIA de conformar una tercera fuerza e impedir la victoria de Castro.

En 1955 la CIA ya había introducido en Cuba al oficial David Atlee Phillips, bajo fachada de propietario de una oficina de relaciones públicas y amplia experiencia en el golpe militar que dirigieron contra el presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz.

En sus memorias, Phillips detalla parte de su labor para adentrarse en la sociedad cubana hasta finales de 1958, sin levantar sospechas de su relación con la CIA. Durante su estancia, reclutó a varios colaboradores, entre ellos a Antonio Veciana Blanch, quien más tarde conspiró contra la Revolución y preparó el plan de asesinato a Fidel Castro, en el balcón norte del Palacio Presidencial.

En 1960, de regreso a su país, Phillips forma parte de la rama WH-4 de la CIA, encargada de la propaganda contra la Revolución.

En 1958 la CIA sembró en Cuba a otro de sus agentes experimentados, el estadounidense Frank Sturgis, conocido como Frank Fiorini, personaje vinculado posteriormente al asesinato del presidente J.F. Kennedy y al escándalo del Watergate.

Ese agente relató múltiples informaciones durante la entrevista que le hiciera en 1977, Ron Rosenbaum, periodista de la revista High Times.

En ese escenario es que William Morgan cumple su misión secreta de evitar la victoria de Castro y al no poder evitar el triunfo, le encomiendan organizar una contrarrevolución interna.

Su tarea había sido reforzada en 1957, con el envío a la Isla del experimentado agente CIA, John Meckless Espiritto, participante también en el golpe contra Arbenz en Guatemala, y en misiones de vigilancia sobre Fidel Castro en 1956, durante su estancia en México, cuando preparaba la salida hacia Cuba en el yate Granma.

El 8 de junio 1958, Espiritto logra incorporase a II Frente Nacional del Escambray, para reforzar las tareas encomendadas a William Morgan, de “entorpecer la unidad revolucionaria y estructurar la ambicionada tercera fuerza que pudiera gobernar en Cuba”, como expresó el presidente Eisenhower, en la reunión del Consejo de Seguridad, en diciembre de 1958.

Espiritto fue detenido en 1962, cuando ya estaba licenciado del ejército rebelde, donde alcanzó los grados de Capitán en el II Frente Nacional y relató en detalles las misiones que ambos desarrollaron.

En 1967 el norteamericano Robert Emmet Johnson, analista de inteligencia de los Servicios Especiales de República Dominicana, declaró a la prensa, que Morgan llegó a la Florida en 1959, donde aseguró contar con el apoyo de varios emigrados cubanos para derrocar a Fidel Castro, a pesar de ostentar los grados de Comandante del ejército revolucionario.

Por eso fue designado como jefe de la contrarrevolución en Cuba, bajo el seudónimo de Henry y participa en la conocida “Conspiración Trujillista”, derrocada el 13 de agosto de 1959.

El trabajo de Morgan era ejecutar un levantamiento con parte de los soldados que pelearon en el II Frente Nacional del Escambray, entre ellos el Comandante Eloy Gutiérrez Menoyo, todo bajo el consentimiento de la CIA, pues esa Agencia había enviado a uno de sus oficiales para reunirse con Trujillo y perfilar los detalles de la fracasada invasión por la ciudad de Trinidad, “Conspiración Trujillista”.

Morgan es detenido en octubre de 1960, juzgado y sancionado a pena de muerte por alta traición, al ser un alto oficial en activo.

Después de medio siglo pretenden vender una historia falsa y encartonada al mejor estilo de los filmes yanquis, en su afán por empañar la imagen de la Revolución.

Por qué no se atreven a filmar los cientos de actos terroristas ejecutados por la CIA en Cuba, entre ellos la voladura del buque francés La Coubre, donde murieron más de 100 personas y 200 heridos; la explosión del avión civil perpetrada por agentes de la CIA en 1976, donde perecieron sus 73 pasajeros; o el incendio provocado en una guardería infantil con 500 niños, donde no hubo que lamentar vidas humanas gracias al apoyo de las autoridades y del pueblo.

La historia de la CIA contra Cuba es amplia y tenebrosa, y nadie dude que Morgan es parte de ella.

José Martí expresó:

“La historia no es cera que se amolda a manos caprichosas”

La negación plausible.


Por Arthur González.

Acostumbrados a mentir y manipular la opinión pública, el Presidente  Donald Trump y su jefe del Departamento de Estado, Mike Pompeo, negaron que Estados Unidos tuviera participación en la frustrada acción militar contra el gobierno constitucional de Venezuela, en días pasados.

A pesar de las contundentes pruebas mostradas y las declaraciones de los detenidos, entre ellos norteamericanos vinculados a la seguridad personal de Trump, ambos funcionarios se empeñan en negar su vinculación directa con la llamada Operación Gedeón.

Nada extraño en la conducta histórica de los yanquis, cuando se ven desenmascarados ante la opinión pública internacional.

¿Quién no recuerda aquel 15 de abril de 1961, cuando el representante de Estados Unidos ante la ONU, embajador Adlai Stevenson, negó rotundamente que aviones de su país hubieran bombardearon instalaciones militares cubanas esa mañana?

El canciller cubano Raúl Roa, denunció con vehemencia la acción terrorista, ante la sesión de emergencia del Comité Ejecutivo de la Asamblea General de la ONU y alertó que era el preludio de una invasión organizada por Estados Unidos.

Funcionarios del Departamento de Estado le habían entregado a su embajador, una foto trucada de un supuesto desertor cubano que piloteaba un B-26, con insignias de la fuerza aérea de Cuba, impactado por supuestos disparos de la artillería revolucionaria.

Más tarde, Adlai Stevenson declaró: “Esa fue la experiencia más humillante de mi vida política, me sentí deliberadamente manipulado por mi propio gobierno.

La verdad historia, ya conocida, es que los B-26 salieron de bases en Nicaragua aquel 15 de abril 1961, con pilotos pagados por la CIA.

Al amanecer del siguiente día, se producía la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, confirmándose las acusaciones de Cuba, a pesar de la negación plausible del embajador yanqui.

Los múltiples intentos de asesinato al líder cubano Fidel Castro, también fueron negados por Estados Unidos durante muchos años, a pesar de las continuadas denuncias de Cuba.

El 4 de enero de 1975, el presidente Gerald Ford estableció un panel especial (Blue Ribbon), para investigar acusaciones contra la CIA, por las denuncias de sus actividades de espionaje dentro de Estados Unidos, algo ilegal según su reglamento. Además, autorizó que la Comisión Rockefeller examinara el papel de la CIA en los planes de asesinatos a líderes extranjeros, entre ellos contra Fidel Castro.

Las mentiras de la CIA empezaron a desmoronarse y el 27 de enero de ese año, el Senado estableció la denominada Comisión Church, para investigar las operaciones a nivel nacional e internacional, incluidas las del FBI.

Como resultado, la CIA reconoció su participación en casi una decena de planes de asesinato contra Castro. Nadie fue enjuiciado por ese delito y los intentos para eliminarlo continuaron.

Esa ha sido y es la política de Estados Unidos en el mundo. Engañan y mienten para invadir a países que tienen gobernantes inadmisibles para ellos. Así invadieron Irak, acusándolo de poseer armas químicas que nunca encontraron, pero se apoderaron de su petróleo y principales industrias.

Durante esa invasión, asesinaron y torturaron a miles de personas justificando sus métodos, sin ser sancionados por la ONU, la OEA y la Unión Europea.

Otro tanto pasó antes en Afganistán, abriendo cárceles ilegales, donde se tortura, y los presos no tienen derecho a juicio ni visitas familiares. Libia es un espejo de esa metodología imperial, basada en las invenciones de la CIA.

Por eso no es de extrañar que, ante el fracaso de la intentona de invadir a Venezuela, secuestrar y asesinar al presidente Nicolás Maduro, y a pesar de las contundentes pruebas mostradas a la prensa mundial, el presidente Donald Trump, declarara el pasado 5 de mayo 2020:

“No tenemos nada que ver con las dos incursiones marítimas en Venezuela”.

En la acción mercenaria fallecieron ocho personas y fueron detenidos dos ciudadanos estadounidenses, los que han participado como parte del dispositivo de seguridad del presidente Trump, según filmaciones públicas exhibidas en Internet.

Idéntica conducta asumió Mike Pompeo, al afirmar ante la prensa:

“Estados Unidos no tuvo nada que ver con el incidente en Venezuela, si así fuera, hubiera sido diferente”.

Respuesta prepotente de quien ha recibido una derrota como nunca imaginaron, pues al parecer la CIA volvió a engañar al Gobierno asegurándole, como hicieron antes de la invasión por Bahía de Cochinos, “que el pueblo estaba deseoso de ver desembarcar a los marines yanquis para salvarlos del socialismo”.

Podrán negar y renegar su participación en la llamada Operación Gedeón, pero las declaraciones previas de ambos funcionarios, ponen en evidencias que Estados Unidos está implicado hasta el cuello, en el intento de derrocamiento del presidente Maduro, tal como sucedió antes con Cuba, pero la vida demostrará quien tiene la razón.

Ante situaciones similares expresó José Martí:

“Para todo hay en este mundo imbéciles y viles”.

 

 


Acciones contra Venezuela, una historia repetida.

Por Arthur González.

¿Cómo Estados Unidos puede cometer tantos errores al aplicar copias de viejos planes que han fracasado?

Evidentemente no sacan experiencias de sus descalabros, como fueron sus planes que pretendían derrocar a la Revolución cubana y asesinar a su líder Fidel Castro.

60 años después vuelven a cometer los mismos errores.

La denominada “Operación Gedeón”, contra Venezuela el pasado 3 de mayo del 2020, organizada por Estados Unidos en complicidad con el gobierno de Colombia, fue liquidada por el ejército venezolano junto al pueblo, evidenciándose la injerencia de esos gobiernos, incluso el plan para asesinar al presidente constitucional, Nicolás Maduro, y a otros dirigentes venezolanos.

Al revisar la historia de las operaciones de la CIA contra Cuba, saltan rápidamente las similitudes en su organización, financiamiento y objetivos a lograr.

El pasado 29 de abril 2020, el secretario de Estado, Mike Pompeo, declaraba:

“Estados Unidos considera que “el cambio está llegando” en Venezuela y por eso está acelerando los planes para reabrir su Embajada en Caracas, una vez empiece la transición”. “Maduro no puede aguantar para siempre, y la presión contra el régimen es mayor que nunca”.

Hace un año, Estados Unidos rompió relaciones con Caracas y fabricó al títere Juan Guaidó, como presidente interino, a la vez que preparaba el golpe militar que “derrocaría” a Maduro, al amanecer del 30 de abril de 2019, donde participó el contrarrevolucionario Leopoldo López, personaje financiado por la CIA y preparado políticamente por Lesch Walesa en Polonia.

La intentona militar fue un fracaso total, porque las Fuerzas Armadas Bolivarianas no se sumaron a la traición soñada por Washington. Guaidó y López quedaron en ridículo, sin el menor respaldo del ejército ni del pueblo.

En Cuba quisieron hacer lo mismo desde el propio año del triunfo revolucionario. Para eso contaron con el apoyo del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y organizaron desde aquel país, una invasión a Cuba por la ciudad de Trinidad, el 13 de agosto de 1959, aspirando a contar con el respaldo de la contrarrevolución interna, financiada y orientada por la CIA.

Fidel Castro personalmente dirigió toda la acción de enfrentamiento, junto al ejército y al pueblo. La tentativa duró solo horas, siendo detenidos sus participantes, incluidos agentes de la CIA norteamericanos. Estados Unidos, como siempre, negó toda participación en el hecho, pero las pruebas desenmascararon sus planes.

Al igual que declaran ahora sobre Venezuela el presidente Donald Trump y Mike Pompeo, en 1959 el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, afirma en sus memorias:

“En cuestión de semanas, después que Castro entró en La Habana, el 9 de enero de 1959, nosotros en el gobierno, comenzamos a examinar las medidas que podían ser efectivas para reprimir a Castro”.

La fallida operación de infiltración en Venezuela estuvo diseñada por Estados Unidos, desde el pasado, y para ir creando condiciones de lo que ejecutarían, Mike Pompeo declaró semanas antes del 3 de mayo:

“Hemos dejado claro que la gente con la que trabajamos en Venezuela, son el pueblo venezolano y su representante electo, Juan Guaidó”.

El pasado mes de marzo 2020, Estados Unidos inicio el show mediático, que le permitiría capturar y secuestrar al Presidente Maduro y a un grupo de altos funcionarios venezolanos, al formular oficialmente una acusación penal por narcotráfico, ofreciendo una millonaria recompensa a cambio de información que condujera a su detención.

El 31 de marzo, como parte evidente de las medidas de la “Operación Gedeón” contra la Revolución bolivariana, el Departamento de Estado publicó un plan de Transición, para la supuesta salida de la llamada “crisis política” en Venezuela, encubriendo la guerra económica, comercial y financiera impuesta por ellos y las acciones de desestabilización política creadas contra Maduro, plan que contó con respaldo de un grupo de países latinoamericano y europeos, presionados por los yanquis.

En ese momento Pompeo expresó: Sigue leyendo

Estados Unidos sin sentimientos humanos ni solidaridad.


Por Arthur González.

A pesar de los millones de enfermos y cientos de miles de muertos en el mundo a causa de la Covid-19, Estados Unidos manifiesta su ausencia de sentimientos humanos y de solidaridad, impiden la ayuda a países que carecen de recursos y personal de la salud, así como la adquisición de medios de protección, equipamiento médico y medicinas, a países que someten a crueles guerras económicas, comerciales y financieras.

Tras la careta de supuestos paladines de los derechos humanos con la que pretenden engañar al mundo, Estados Unidos esconde su verdadero rostro, ese que no le importa la muerte, el hambre, la desnutrición y las necesidades de países pobres, especialmente aquellos que no se doblegan a sus órdenes.

Para quienes osan desobedecer sus dictados, diseñan y financian políticas hostiles, con el propósito de debilitar su vida económica, negarle dinero y suministros para causar hambre, desesperación y el derrocar sus gobiernos, algo puesto en práctica contra Cuba desde hace 60 años y contra Venezuela casi una docena.

Cuba reparte salud por el mundo para salvar vidas, sus médicos y enfermeros no miran en qué lugar se vive mejor, sino donde está su deber, como misioneros sanadores de cuerpos y espíritus de los necesitados, actitud que los yanquis no entienden pues para ellos la medicina es un negocio, demostrado en los altos costos de la salud y la escasa presencia de sus médicos en lugares que requieren sus servicios.

Esa actitud que Cuba, pobre y bloqueada, exhibe desde 1960, les pone a los yanquis el hígado al borde de la cirrosis. Por eso sus mentiras persiguen incrementar su guerra económica, comercial y financiera, para impedir la entrada de dinero al país, fabricando campañas difamatorias.

En septiembre 2006, el Departamento de Estado aprobó el programa Cuban Medical Professional Parole, para estimular el abandono de las misiones médicas, entre el personal de la salud cubana, y que viajaran a Estados Unidos, donde no les reconocen sus títulos profesionales.

La finalidad era debilitar la atención de salud a los cientos de miles de pacientes tratados por los cubanos.

Ante el fracaso de tal programa, comenzaron a difundir que los cubanos eran “esclavos”, obligados a trabajar por el gobierno revolucionario, que no se les pagaba directamente y el estado recibe la mayor parte del dinero.

Detrás de esa ponzoñosa cruzada mediática está la guerra económica, pues tanto el jefe del Departamento del Tesoro como el de Estado, declaran que “Estados Unidos pretende cortar toda entrada de divisas a la Isla, para ahogar su economía”.

Por eso incrementan las sanciones a terceros que negocian con Cuba, en 2019 pusieron en vigor el Título III de la Ley Helms-Burton, extienden anualmente la aplicación de la Ley de Comercio con el Enemigo, de 1917 y arremeten contra la colaboración médica cubana, presente en más de 160 países.

Sus presiones sobre los actuales gobernantes de Brasil, Ecuador y Bolivia, lograron que esos lacayos rechazaran la presencia de médicos cubanos, sin saber que no podrían enfrentar los miles de enfermos por la pandemia de la Covd-19.

Las imposiciones yanquis se han visto rechazadas ante el escenario del Coronavirus y por eso 21 países del mundo solicitaron la presencia de médicos y enfermeros cubanos, donde ya 22 brigadas prestan sus servicios.

Ante el fracaso de sus coacciones y amenazas, Mike Pompeo, del Departamento de Estado, sin el menor sentimiento humano y evidenciando sus pretensiones reales, declaró:

“Hemos notado cómo el régimen en La Habana se aprovecha de la pandemia del Covid-19, para seguir explotando a sus médicos. Aplaudimos a los líderes en Brasil, Ecuador y Bolivia y otros países, que se han negado a hacerse de la vista gorda ante estos abusos por parte del régimen cubano, y les pedimos a todos los países que hagan lo mismo, incluidos Sudáfrica y Catar”.

¿Por qué Estados Unidos no envía a sus médicos a cubrir las necesidades de personal profesional en esos países?

Muy sencillo, los estadounidenses no tienen lo que a los cubanos les sobra, solidaridad y humanidad, sin pretender enriquecerse a costa de enfermedades curables, como hacen sus médicos.

La más reciente mentira para cortar la entrada de dinero a Cuba, va dirigida contra los medicamentos cubanos como el Interferón Alfa 2b Humano Recombinante.

Los yanquis conocieron la información publicada por el Ministerio de Salud Pública cubano, que más de 80 países se interesan en adquirir el Interferón producido en la Isla para tratar el Covid-19 y utilizado en China con éxito, hecho que incrementará la entrada de dividas a Cuba.

Ese ingreso monetario es inaceptable para la política de guerra comercial y financiera de Estados Unidos contra Cuba, por eso de inmediato desataron una cruzada psicológica contra ese medicamento, y divulgaron declaraciones de profesionales estadounidense, posiblemente presionados por el Departamento de Estado y otras autoridades, las que afirman:

“El Interferón favorece una infección más grave de la Covid-19”, tratando de amedrentar a los países que lo adquieran.

Vergüenza debería darles a los profesores Alex K. Shalek, del Instituto Tecnológico de Massachusetts y José Manuel Ordovás-Montañés, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, por prestarse para esa guerra psicológica que buscar desconocer al medicamento cubano.

Para divulgar esa calumnia en Europa, los yanquis utilizaron el suplemento Alimente del diario español El Confidencial, y otras publicaciones norteamericanas, donde aparece la declaración de Ordovás-Montañés:

“Lo que hace el Interferón es favorecer la creación de más puntos de anclaje para el virus, con lo que la infección es más virulenta y más grave”.

Tratando de salvar algo de su reputación, añadió:

“La molécula Interferón normalmente se encarga de interferir y frenar la multiplicación de los virus, sin embargo, en este caso le sirve como fuente de propagación”.

El tratamiento aplicado en China demostró lo contrario y por eso pudieron cortar la pandemia en solo tres meses, algo que Estados Unidos no ha conseguido, incrementándose diariamente los contagios y las muertes.

Dr. Eulogio Pimentel Vázquez, director general del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba, aseguró:

“El Interferón Alfa 2b Humano Recombinante, en combinación con otros fármacos, se emplea en los pacientes contagiados con el Covid-19, pero no en aquellos en estado grave o crítico, y hasta el 14 de abril se trató al 93,4% de los enfermos portadores del Sars-cov-2, y solo el 5,5% llegó al estado de gravedad”.

El Ministerio de Salud de Cuba expuso que la tasa de letalidad hasta esa fecha, fue de 2,7%, mientras que, para los pacientes en los cuales se usó el Interferón, resultó de 0,9%”.

El estudio del Interferón realizado en Wuhan demostró que, cerca de 7 mil miembros del personal médico, a los que se les aplicó el Interferón Alfa 2b Humano Recombinante, no contrajeron la enfermedad, mientras que aquellos que no lo recibieron se contagiaron.

La guerra psicológica iniciada contra el Interferón Alfa 2b Humano Recombinante, intenta aterrar a médicos y pacientes, al afirmar que “favorece el avance del coronavirus en el cuerpo humano”, pero la verdad se impone y las vidas salvadas lo demuestran.

Sabio fue José Martí cuando dijo:

“Si el sentimiento pudiera obrar sin que la infamia lo infestara, el mundo sería feliz”.

 

Los yanquis ordenan y sus lacayos cumplen.


Por Arthur González.

Desde 1959 el gobierno de Estados Unidos y la CIA, iniciaron una guerra psicológica contra la naciente Revolución cubana, encabezada por Fidel Castro, a quien el presidente D. Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, no querían para dirigir a Cuba, como expresaron en la reunión del Consejo de Seguridad, celebrada el 23 de diciembre de 1958: “Debemos evitar la victoria de Castro”.

Por la animadversión hacia el líder cubano, la CIA desató una amplia campaña de mentiras, con el objetivo de desacreditarlo ante la opinión pública, algo que el propio Fidel Castro denunció en 1959 durante la conocida Operación Verdad.

Se iniciaba así la cruzada mediática contra la naciente Revolución, que aun 60 años después se mantiene e intensifica.

Muchas han sido las mentiras elaboradas por especialistas en guerra psicológicas de la CIA, consumiendo presupuestos millonarios que no le han servido para nada.

Documentos desclasificados de la CIA confirman su participación, como se expone en el Proyecto Cuba:

[…] “La reunión de la OEA (nota: contra Cuba) será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

En los años más recientes esa guerra se centró en varios temas: los inventos de las “violaciones de los derechos humanos”, “falta de libertades”, incluida la religiosa, “esclavitud de los médicos” y todo lo pueda crear una matriz de opinión negativa contra Cuba.

Para ejecutarlo, fabrican “disidentes” que se encargan de divulgar sus falsedades, como el caso de José Daniel Ferrer, quien intentó acusar a un policía cuando estaba detenido, de que lo había golpeado, sin saber que una cámara oculta filmaba su auto agresión, pero aun viendo ese espectáculo el Parlamento Europeo, bajo las presiones yanquis, se hacía eco de la denuncia del mercenario.

La más reciente campaña es contra el Decreto Ley 370 “Sobre la informatización de la sociedad cubana”, en el cual se establece como una contravención: “Difundir, a través de las redes públicas de transmisión de datos, información contraria al interés social, la moral, las buenas costumbres y la integridad de las personas”.

Ante esto, los yanquis se asustaron porque les impide hacer campañas subversivas a través de las redes, algo que soñaron desde 1996 cuando la Rand Corporation, del Instituto de Investigaciones para la Defensa Nacional, preparó un estudio para el Departamento de Defensa, que expresa:

“Es nuestro interés ayudar a la apertura y forzar el surgimiento de una sociedad civil independiente, mediante el empleo del enlace de Cuba a Internet, utilizándola para transmitir noticias y análisis balanceados, promover su uso por ONG cubanas, universidades y otros destinatarios”.

Similar interés se aprecia en las declaraciones del senador Marco Rubio, durante evento celebrado el 2012, en la Fundación Heritage, de conjunto con Google Ideas:

“El sistema totalitario cubano podría derrumbarse si todos los cubanos tuvieran libre acceso a Internet, porque Cuba seguiría la misma suerte de aquellos países que pasaron la Primavera Árabe”.

Basado en ese propósito, el presidente Barack Obama, aprobó, durante su segundo mandato, la licencia a Google para entrar en Cuba, con el fin de llegar con sus informaciones distorsionadas, sus símbolos y sus valores, a la juventud cubana, por eso al hacerlo afirmó:

Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso”. “Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano. […] y brindarles nuevas fuentes de información…”

Ante esos planes subversivos, la Revolución cubana tiene el derecho de defenderse legalmente, aunque ladren los lacayos dirigidos y financiados con los dólares norteamericanos.

No importa el partido que esté en el poder, ambos persiguen el mismo fin, destruir el proceso revolucionario de Cuba a como dé lugar y para eso destinan millones de dólares.

El actual mandatario Donald Trump, dijo durante su campaña electoral en 2016:

Reclamamos una plataforma aérea para las transmisiones de Radio y TV Martí, y la promoción del acceso a Internet como herramienta tecnológica para fortalecer el movimiento pro democracia en Cuba.”

Por estas razones hoy observamos como los principales lacayos financiados por los yanquis, se lanzan contra el Decreto Ley 370, como si fuese algo extraterrestre y que ningún otro país tuviera leyes semejantes.

¿Por qué no condenan la plataforma Twitter o a Facebook, cuando cancelan cuentas de usuarios que defienden a la Revolución y combaten las calumnias de aquellos financiados por los yanquis para mentir contra Cuba?

Eso sí impide la libre expresión y el pensamiento, pero como es a favor de Cuba no les importa.

¿Qué derecho tiene el construido Observatorio Cubano de Derechos Humanos, pagado con dinero yanqui, de acusar a Cuba? Sigue leyendo