Lo que hace el dinero


Por Arthur González.

Las noticias que se publican en Miami ya no sorprenden a nadie, todas están estrechamente relacionadas con campañas diseñadas contra Cuba, por aquellas personas que se autodenominan exiliadas y conforman la tenebrosa mafia terrorista, puesta una vez más en tela de juicio en los últimos documentos desclasificados del magnicidio del presidente J.F. Kennedy, donde se comprueba fehacientemente que son asesinos y terroristas pagados por la CIA.

Por eso es que cuando el Nuevo Herald publicó recientemente las declaraciones de Ofelia Acevedo, viuda del contrarrevolucionario Oswaldo Paya Sardiñas, no es otra cosa que la misma línea seguida por esa mafia anticubana, aunque en el caso de ella y de su hija Rosa María Payá, tiene al mismo tiempo elementos de ausencia de principios morales, al tratarse de la manipulación del homicidio del esposo, con el propósito de buscar dinero fácil.

Hace cinco años que Esperanza Aguirre, alta dirigente del Partido Popular Español, envió a Cuba al entonces líder de las juventudes de ese partido, Ángel Carromero, a repartir miles de euros a la contrarrevolución interna en la Isla, a fin de llevar a cabo provocaciones contra el Gobierno, algo que prueba el carácter mercenario de los “opositores” y la total injerencia en los asuntos internos cubanos.

Carromero, probado amante de la velocidad, conducía un auto rentado donde sus pasajeros eran Oswaldo Payá y Harold Cepero, responsabilizados con indicar los receptores de esos euros.

Cuando se dirigían a la provincia de Granma en la zona oriental, a una velocidad muy superior a la permitida, el auto se salió de la vía estrechándose contra un árbol, muriendo solamente los dos “opositores”.

En el juicio celebrado contra Carromero por homicidio, la fiscalía expuso todas las pruebas y experimentos de instrucción practicados, con alto nivel profesional. Estaban presentes el Embajador y el Cónsul general de España en Cuba, quienes reconocieron la transparencia del proceso, en el cual Carromero declaró su culpabilidad por la muerte de ambos “opositores”.

Ofelia Acevedo ni sus hijos quisieron presenciar el juicio, donde resultó sancionado el único culpable, quien poco tiempo después fue entregado al Embajador, hasta su salida hacia España donde cumpliría su sanción, bajo un acuerdo suscrito entre ambas naciones.

Durante la estancia del homicida en la residencia del Embajador no negó su culpabilidad en el hecho, ni cambió su versión emitida ante el tribunal, donde también estaba presente la prensa extranjera.

Ofelia y su hija Rosa María, al percatarse que la entrada de dinero que recibía mensualmente Payá Sardiñas, se cortaba con su deceso, de inmediato comenzaron a declarar que la vida de ellas “corría peligro” en Cuba, estableciendo contacto con oficiales CIA, que bajo fachada de diplomáticos trabajaban en la misión yanqui en La Habana.

En el encuentro, ambas aceptaron desarrollar una amplia campaña de denuncias falsas contra la Revolución, a cambio de recibir, en tiempo record, un visado como “perseguidas políticas”.

Una vez en Miami, los miembros de la mafia anticubana las recibieron e impartieron las encomiendas que a partir de ese instante tenían que cumplir.

Ambas fueron enviadas a Europa, donde sin el menor escrúpulo se retrataron sonrientes con Carromero, único responsable de la muerte de Payá, se pasearon por París, Bruselas, Luxemburgo, España y otros países, sin el menor sentimiento de pesar ante la reciente pérdida del ser querido.

Los costos de viajes, hoteles, alimentación y trasporte en esos países fueron sufragados por Estados Unidos.

En España tuvieron la sorpresa de que el Canciller no aceptó recibirlas y las remitió a los tribunales para que formularan su acusación contra el Gobierno cubano.

Para su sorpresa, el resultado de dicha denuncia no fue como esperaban, pues los letrados expresaron que carecían de pruebas legales y mantuvieron como responsable al ciudadano español Ángel Carromero. La apelación a la instancia superior tuvo idéntica respuesta.

Solo los integrantes de la mafia terrorista anticubana de Miami, autora de cientos de planes de asesinato a líderes cubanos e incontables actos terroristas, donde la sangre de cubanos inocentes ha sido derramada por más de medio siglo, como consta en los documentos desclasificados de la CIA, las apoyan e instan a que continúen con el libreto fabricado por especialistas en guerra psicológica.

Recientemente Ofelia y Rosa María viajaron a La Habana para ejecutar actos provocativos, los que seguramente tendrían el apoyo de ciertas agencias de prensa extranjeras, que se prestan para las cruzadas de mentiras contra la Revolución.

Las autoridades cubanas con amplia experiencia en ese tipo de actos durante 58 años, decidieron negarle la entrada a Ofelia y le platearon que regresara a Miami, donde continúa condenándose con criminales y terroristas de origen cubano.

Rosa María, no obstante tener un visado de refugiada política con residencia en Estados Unidos y derecho a la ciudadanía en los próximos meses, mantiene su residencia en La Habana, lo que demuestra la falsedad de la historieta de que su vida “corre peligro” en la isla comunista.

No hay mejor verdad que la de un día tras otro y la vida demuestra que Ofelia y Rosa María les vendieron su alma a los terroristas de la CIA, a cambio del salario mensual que ambas reciben por llevar a cabo el guion escrito.

Para toda persona que haya perdido un familiar tan cercano, causa repudio la actitud de esas mujeres que no manifiestan el más mínimo sentir por la muerte del esposo y padre, demostrando que solo el dinero las mueve y andan por el mundo carentes de valores primordiales para cualquier persona, independientemente de la ideología que defiendan.

Juicioso fue José Martí cuando sentenció:

“Si el sentimiento pudiera obrar sin que la infamia lo infestara, el mundo sería feliz”

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Estados Unidos acepta que los cubanos de Miami son terroristas


Por Arthur González

La verdad se abre camino y pasado más de medio siglo, el gobierno de Estados Unidos no ha tenido otra alternativa que decidirse a desclasificar miles de documentos en los que se demuestra que los llamados “luchadores por la libertad” e integrantes del denominado “exilio cubano”, son realmente comunes asesinos terroristas al servicio de la CIA  y directa participacion en el asesinato de JFK.

El actual presidente Donald Trump, se reunió en Miami con parte de esos asesinos, a los que, para complacerlos, les prometió endurecer la guerra económica contra Cuba.

Ante la posible desclasificación de cientos de miles de páginas celosamente guardadas en los archivos de la CIA y del FBI, el mundo podrá comprobar que las denuncias de Cuba durante casi 60 años son ciertas y que la mafia anticubana está integrada por asesinos y terroristas, que de políticos no tienen ni la ropa que llevan puesta.

Funcionarios gubernamentales yanquis admiten hoy que muchos de los participantes en el magnicidio del Presidente John F. Kennedy, son cubanos radicados en Miami bajo el estatus migratorio de refugiados, otorgados bajo las administraciones de Dwight Eisenhower y paradójicamente por el propio Kennedy.

Muchos de esos delincuentes comunes nunca fueron entregados Cuba, a pesar de las reclamaciones legales del gobierno cubano, debido a los delitos que habían cometido en la isla antes de 1958.

Esos asesinos estuvieron bajo las órdenes de la CIA en sus planes para aplastar los movimientos revolucionarios en América Latina y África, pero nunca se les sancionó, como son los casos de Orlando Bosch, Félix Rodríguez y Luis Posada Carriles, quienes recibieron además el apoyo de congresistas de origen cubano como Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart.

Debido a su participación en acciones terroristas y asesinatos de líderes revolucionarios, la CIA aún se opone a que se desclasifiquen importantes documentos, ya que prueban la responsabilidad de esa Agencia en el asesinato del presidente J.F. Kennedy y de su hermano Robert, y provocaría que la opinión pública los acusara de tales actos, bajo el supuesto nombre de “la libertad”.

Cuando la Revolución cubana califica a los cubanos acogidos en Miami de terroristas, la prensa oficialista yanqui cumpliendo órdenes de la CIA, los llama “patriotas que luchan por liberar a su pueblo”.

Esos supuestos “patriotas” fueron parte de la brigada mercenaria, organizada y financiada por la CIA, para invadir a Cuba en 1961 y en otras misiones de bombardeo y ametrallamiento a objetivos económicos y civiles cubanos, donde perdieron la vida personas inocentes.

Organizaciones contrarrevolucionarias como Comandos L, Alfa 66, Omega 7 y otras similares, cometieron miles de actos terroristas contra embajadas cubanas y oficinas cubanas en el exterior, pueblos pesqueros, buques mercantes y de pesca, instalaciones turísticas y centros de producción y servicios, con el fin de causar la muerte y el terror en el pueblo.

Tampoco faltaron la introducción de virus y gérmenes patógenos que produjeron múltiples enfermedades en la población, la flora y la fauna de la isla, como fue el Dengue Hemorrágico que solo en 1981 infestó a 344 mil 203 personas, de las que murieron 158, de ellos 101 eran niños.

Ahora la prensa oficialista de Estados Unidos no tendrá otra alternativa que publicar alguno de esos documentos, donde se prueba la participación de los “refugiados cubanos”, los que han sido protegidos por las autoridades estadounidenses desde 1959, a pesar de la supuesta lucha mundial que dicen librar contra el terrorismo, cuando son ellos los creadores del terror a escala planetaria.

Nombres como los de Manuel Artime, integrante de la brigada mercenaria que invadió Cuba por Bahía de Cochinos, Virgilio González, Eugenio Martínez, Ricardo -El mono- Morales, Antonio Cuesta, unido a Bosch y Posada, aparecen en numerosos informes como actores de asesinatos y otras acciones terroristas, lo que obligará al FBI a tomar algunas medidas legales, a no ser que continúen protegiéndoles bajo el manipulado calificativo de “patriotas por la libertad”, dedicados a la “causa por la democracia cubana”.

El propio presidente Trump tendrá que dar explicaciones a sus electores, por el apoyo público que brinda a esos ciudadanos de origen cubano, que tienen sus manos manchadas de sangre inocente de un pueblo que su único delito es haber decidido, en 1959, tomar un camino sin el tutelaje de Estados Unidos.

Habrá que esperar para conocer cuáles serán los documentos que Donald Trump autoriza a desclasificar, siempre que cuente con el visto bueno de la CIA y el FBI, porque en ellos aparecen personas y organizaciones creadas en la Florida, las que han tenido un papel protagónico en delitos que van, desde los planes para asesinar al líder cubano Fidel Castro, hasta su participación directa en los programas de acción encubierta elaborados por la CIA y aprobados por los presidentes de Estados Unidos.

El mundo conocerá que Cuba nunca ha mentido y lleva más de medio siglo siendo una víctima de ese país que se autodenomina paladín de los derechos humanos, cuando en realidad es el principal violador de cuanta norma internacional existe en el mundo, como es la criminal guerra económica que persigue matar por hambre y enfermedades a todo un pueblo.

Por eso, José Martí que los conoció bien por dentro, aseguró:

“De esta tierra no espero nada más que males”

 

La verdad que oculta el sacerdote José Conrado Rodríguez


Por Arthur González.

El sacerdote cubano José Conrado Rodríguez Alegre, estrechamente vinculado a la mafia terrorista de Miami, acaba de escribir un libro titulado: “Sueños y pesadillas de un cura en Cuba”, en el cual expone sus sentimientos contra la Revolución.

Llama la atención que dicho sacerdote nacido en Santiago de Cuba en 1951, un año antes que el tirano Fulgencio Batista asumiera el poder mediante un golpe de Estado, no se pronuncie en su libro sobre las pesadillas que vivió su Santiago de Cuba, cuando la sangre de sus mejores hijos corría calles abajo por los asesinatos del dictador.

Tampoco menciona la ausencia de sueños de cientos de miles de campesinos, por la triste realidad que los consumía sin derecho a enviar a sus hijos a escuelas, ni tener un solo hospital que atendiera a los niños que morían en brazos de sus padres.

La realidad que constató cuando en 1976 asumió la atención pastoral de los hospitales de Santiago de Cuba, Oncológico, de Maternidad y el Pediátrico, era muy diferente a la que dejó el capitalismo.

Desde 1959 la atención médica y la educación son totalmente gratuitas, gracias al proceso revolucionario que ataca.

En sus recuerdos José Conrado no menciona la limitación que tienen hoy los hospitales oncológicos, particularmente sus salas infantiles, debido a la guerra económica impuesta por Estados Unidos desde hace 58 años y que según sus propios documentos persigue el malvado fin de:

“Debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Esa guerra va contra la ley de Dios porque persigue la muerte y desesperación de los seres humanos, mientras el sacerdote enmudece en complicidad con el gobierno yanqui, situación que debería causarle pesadillas por el pecado que se comete contra su pueblo.

Si fuera consecuente con sus preocupaciones, estuviera contra esa guerra económica impuesta por los que ahora aplauden su libro y le publican precisamente donde residen terroristas y asesinos de cubanos, como los que murieron en 1976 por la voladura del avión que traía de regreso al equipo juvenil de esgrima, cuyo autor se pasea libremente por las calles de Miami.

En reciente carta de José Conrado al presidente cubano Raúl Castro, afirma: “Las dificultades de cada día se tornan tan aplastantes que nos mantienen sumidos en la tristeza y la desesperanza”.

Pero parece que su odio sin límites a la Revolución, lo ciega de tal forma que olvida que la propia CIA afirma en sus informes:

Solamente después que los efectos de la represalia económica y de las acciones de sabotaje, se sientan profundamente en la población y en los grupos de élite, puede uno esperar que convertir la desafección…en revueltas activas contra el séquito Castro-comunista”.

“Las medidas de aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y al mundo libre…han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Fidel Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

En 1999, el Council on Foreign Relations de Estados Unidos, publicó un conjunto de recomendaciones para lograr una “transición” en Cuba, donde afirman:

“La oposición de los Estados Unidos a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Esas verdades son soslayadas por el párroco, pero la historia no miente y las acciones permanentes contra Cuba son las causantes de las limitaciones en que han vivido varias generaciones de cubanos.

Sin el menor pudor, el sacerdote va a deleitarse con los autores de esos planes, cuando es a ellos a los que debe pedirle cuentas por tantos crímenes.

Jamás se le ha escuchado reprocharle a Estados por sus actos terroristas contra el pueblo de Cuba y si estuviese realmente preocupado por la situación de sus conciudadanos, debiera reclamarles a tantos pecadores residentes en Miami, que si tienen una larga lista de muerte y destrucción.

Con leer un documento elaborado por el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, bastaría para que el sacerdote condenara a los yanquis, únicos responsables de las penurias cubanas.

En uno de sus informes Hawkins afirma:

Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

Esas operaciones lograron un éxito considerable. Las embarcaciones que prestaban servicio de Miami a Cuba entregaron más de 40 toneladas de armas, explosivos y equipos militares e infiltraron y sacaron a un gran número de personal… La mayoría de los sabotajes perpetrados en La Habana y otros lugares se realizaron con materiales suministrados de esta manera”.

Esos fueron verdaderos horrores y no los que ahora expone para agradar en Miami.

De los sucesos de la embajada del Perú pasó por alto el asesinato del custodio de la sede, embestido por el ómnibus que inició el asalto a dicha misión, ni la estimulación que desde EEUU se hacía para salidas ilegales de la isla.

Tampoco condena la ley de Ajuste Cubano causante de tantas muertes, unido a la limitación de visas para emigrar de forma segura y ordenada.

Dios los cría y el diablo los une. No en balde afirmó José Martí:

“Para todo hay en este mundo, imbéciles y viles”

Soñar no cuesta nada


Por Arthur González

Dice un viejo refrán español que “Soñar no cuesta nada”, y es lo que le pasa a Rosa María Payá Acevedo, refugiada política en Estados Unidos pero residente en Cuba, quien negoció ese status migratorio con las autoridades yanquis, a cambio de hacer propaganda con la muerte de su propio padre, algo que deja a las claras la ausencia de valores éticos y morales.

Para seguir las órdenes que le imparten en Miami, ahora ha convocado a un nuevo reality show, siempre empleando el nombre de su difunto padre, sin el menor pudor, que intenta atraer a jóvenes cubanos residentes en la Isla, a los que ni pagándole altas sumas de dinero ha podido captar para sus fracasados proyectos.

Recodemos que, a su llegada a Miami junto a su madre y dos hermanos, Rosa María fue conducida ante los principales miembros de la mafia terrorista anticubana, entre ellos Ileana Ros-Lehtinen, hija de un testaferro del dictador Fulgencio Batista y madrina de terroristas connotados como Orlando Bosch, Guillermo Novo Sampol y Luis Posada Carriles.

También fue presentada a Mario Díaz-Balart, hijo de quien fuera uno de los ministros más cercanos a Batista e igualmente defensor de los terroristas residentes en Florida, y para no dejar dudas del papel que tenía que jugar a cambio de su visado de “refugiada política” entregado por el Departamento de Estado, Rosa María le fue presentada al senador Marco Rubio, furibundo anticubano y asesor del presidente Donald Trump para su actual política hacia la Isla.

¿Quién puede acceder con tanta facilidad a esos congresistas si no va a cumplir tareas específicas contra la Revolución cubana?

Hasta los más tontos se percatan que no se llega a un Senador en Estados Unidos, ni por suerte ni por ser joven con cara agraciada.

Conociéndose como actúan esos personajes es muy simple entender que ahora la convocatoria lanzada por Rosa María para una segunda edición el inventado premio con el nombre de su padre, es parte de la fracasa estrategia de engatusar a la juventud cubana, algo destinado al mismo fracaso que la edición anterior y todas las tareas que le han encargado a la huerfanita, que de su padre solo se acuerda para manipularlo, algo bien demostrado en sus giras por Europa y América Latina, donde la actividad turística y las diversiones marcan su conducta, muy alejadas del pesar y la tristeza.

Supuestamente el “Premio” es para reconocer a los activistas democráticos que han mostrado un claro compromiso con la defensa de los derechos humanos en Latinoamérica, debido a que una de las medidas que diseñó la mafia anticubana en Miami fue la creación de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia (RedLat), y situar a Rosa María al frente del engendro, con el fin de otorgarle alguna imagen que la respalde internacionalmente.

El mayor error de cálculo de los anticubanos fue entregarle el “premio” el pasado año al Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, personaje que se sabe de sobra que es un fiel cumplidor de los dictados de Washington contra Venezuela y que no fue capaz de aglutinar a los países integrantes de la OEA para condenar a Caracas, algo que pone en tela de juicio de los jóvenes su moral y principios.

La tal RedLat, no ha condenado la muerte de Berta Cáceres, luchadora de los derechos humanos asesinada vilmente, ni tampoco se pronunció contra la detención, secuestro y asesinato del líder argentino Santiago Maldonado.

Entonces vale preguntarse: ¿Qué derechos humanos son los que defiende esa supuesta Red latinoamericana que no enfrenta ninguna de las verdaderas violaciones de los derechos humanos, condenados por decenas de miles de personas en este continente?

Es más que evidente la burda manipulación política dibujada por Estados Unidos contra Cuba, algo que perdura por 59 años sin lograr un solo resultado, pero que ha enriquecido a un manojo de mafiosos en La Florida.

Rosa María acusa al gobierno cubano del fallecimiento de su papá, pero cuando fue enviada a España para buscar apoyo de ese gobierno, el propio ministro de Exteriores y Cooperación la remitió a los tribunales para que los jueces decidieran si ella tenía razones para tal acusación, y se fue como perro con el rabo entre las patas, porque la decisión fue tajante, no tenía una sola prueba que culpara a las autoridades de la Isla. Su apelación ante el tribunal supremo obtuvo similar respuesta.

El único culpable del fallecimiento de Payá Sardiñas y su compañero Harold Cepero, fue el español Ángel Carromero, enviado a Cuba por Esperanza Aguirre, a repartir dinero a la contrarrevolución asalariada para sus actos provocativos.

Carromero conducía a exceso de velocidad, algo usual en él y por lo que le fue suspendida su licencia de conducción en España.

Una prueba de la manipulación de dicho “premio” es la lista de invitados al acto en La Habana, ciudad que supuestamente abandonó Rosa María por peligrar su vida y la de su familia y la que visita constantemente, lo que debía ser una preocupación del Departamento de Estado, pues están sosteniendo financieramente a una “refugiada política”, la cual no demuestra en la práctica dicha condición.

Esperemos por los nombres de los próximos candidatos al Premio Oswaldo Payá, pero de antemano se puede adelantar que no serán los verdaderos luchadores por los derechos humanos en Latinoamérica y si algunos de los que han quemado y asesinado a personas inocentes en Venezuela, considerados “luchadores por la libertad”.

Triste papel la de esta huérfana que vendió su alma y sentimientos, a cambio de dinero y una residencia en Estados Unidos, país que asesina, reprime y viola sistemáticamente los Derechos Humanos de los desposeídos del mundo.

Ante personas con similares actitudes dijo José Martí:

“Desconfíese de los que comercian sin miedo con las cosas santas”

La verdad sobre la Crisis de los Misiles


Por Arthur González.

En Estados Unidos cuentan la historia de la llamada Crisis de los Misiles de octubre de 1962, como les conviene, pero siempre ocultando la verdad de que mucho antes de ese suceso, J.F. Kennedy planteaba invadir a Cuba, como represalia por la derrota sufrida en las playas de Bahía de Cochinos.

La Casa Blanca siempre responsabilizó a Cuba de haber permitido la presencia de los misiles nucleares soviéticos, pero no reconoce que Kennedy creó un Grupo Especial Ampliado en su Consejo de Seguridad Nacional en noviembre de 1961, para desarrollar un Programa, bajo la dirección del Fiscal General, Robert Kennedy, y ejecutar acciones que justificaran una invasión a la isla con el ejército estadounidense.

Cuba al conocer por fuentes amigas de esos planes, aceptó la presencia de los misiles como persuasión, con el propósito de evitar la invasión que gestaba el gobierno yanqui.

Los documentos oficiales desclasificados permiten analizar en detalles los objetivos de Kennedy, apreciándose que, en noviembre de 1961, muchos meses antes de arribar a Cuba los mencionados misiles, ya este había ordenado la confección del plan para la invasión.

El 18 de enero de 1962 el General de Brigada Edward G. Lansdale, Jefe de operaciones de la Operación Mongoose, entregó a las más altas autoridades del gobierno de Estados Unidos y al Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad Nacional, el primer Proyecto de 32 tareas preparatorias de la Operación Mongoose (Mangosta).

Ese Proyecto contenía acciones políticas, diplomáticas, económicas, psicológicas, propagandísticas, de espionaje, militares, más la ejecución de actos terroristas.

Todo estaba diseñado para provocar una rebelión del pueblo cubano, lo que establecería las premisas para la intervención militar directa de las fuerzas armadas de Estados Unidos y de sus aliados en América Latina.

Por tanto, es falso que la ocupación militar de Cuba se planificara después de la presencia de los misiles soviéticos.

El 15 de octubre de 1962, casi un año después de iniciado el plan Mongoose, fue que aviones espías de Estados Unidos fotografiaron las 36 posiciones de lanzamiento de misiles nucleares soviéticos SS-4 (R-12) y SS-5 (R-14), ubicadas cerca de la Sierra del Esperón y Guanajay, Los Palacios y San Cristóbal, provincia de Pinar del Río y en Remedios, Encrucijada y Cifuentes, en la entonces provincia de Las Villas.

Esas construcciones se iniciaron en el verano de 1962. Cuba tenía derecho a defenderse ante una nueva invasión.

El 22 de octubre el presidente John F. Kennedy anunció oficialmente la presencia de los misiles en Cuba, a la vez que ordenó la preparación de la invasión a la Isla.

Hoy se conoce que el General Maxwell D. Taylor, presidente del Estado Mayor Conjunto, envió el 27 de octubre 1962, un memorando al presidente Kennedy y al secretario de Defensa, Robert McNamara, proponiendo ejecutar golpes aéreos y la invasión, un día antes de que Moscú anunciara la retirada de sus misiles.

El citado memorando desclasificado por la NSA, contenía la Proclama No. 1 del Gobierno Militar, en la cual “se aconsejaba a todos los cubanos a obedecer de inmediato y sin cuestionamientos todas las promulgaciones y órdenes del gobierno militar, advirtiendo que la resistencia a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos sería eliminada por la fuerza, y los responsables de quebrantamientos graves tratados con severidad”.

Y añadía:

Una vez que el régimen agresivo de Castro haya sido completamente destruido y que Estados Unidos instale un nuevo gobierno receptivo a las necesidades del pueblo de Cuba, las fuerzas armadas de los Estados Unidos se retirarán y la tradicional amistad entre Estados Unidos y el gobierno de Cuba estará una vez más asegurada”.

Sin embargo, de lo que no se divulga en Estados Unidos es del documento que remitió el 13 de marzo de 1962, el Jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor y Jefe de Operaciones del plan Mongoose, General de Brigada Lyman L. Lemnitzer, al Secretario de Defensa, donde se enumeran un conjunto de acciones que podían realizarse, con el fin de justificar la intervención militar de los Estados Unidos en Cuba.

En su propuesta el General Lemnitzer expone:

[…] “Tal plan permitirá la evaluación de proyectos individuales en el contexto de acciones relacionadas entre sí y diseñadas con el objetivo de lograr una justificación adecuada para una intervención militar de EE.UU. a Cuba”. 

Para no dejar dudas de cómo trabaja el gobierno de Estados Unidos en su política anticubana, el memorando finaliza diciendo:

“El Departamento de Estado también se encuentra preparan­do determinadas acciones capaces de justificar una intervención en Cuba”.

Cada acción diseñada contra la Revolución es discutida y consensuada entre los Departamentos que tienen responsabilidad en la política contra Cuba, como lo es la actual historia inventada de los “ataques acústicos” y la decisión premeditada, no precipitada, de retirar a sus diplomáticos de La Habana.

Hay que estudiar la historia de las relaciones entre ambos países para poder entender que, Estados Unidos jamás aceptará un proceso revolucionario en su traspatio, porque como afirmó el 23 de diciembre de 1958, el entonces director de la CIA: “debemos evitar la victoria de Fidel Castro”.

El principal objetivo de Estados Unidos es y será: “Provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos”, como expresa el 1er Plan de acciones encubiertas, aprobado por el presidente Dwight Eisenhower, del 17 de marzo de 1960.

Esa es la historia contada por sus propios documentos y como dijo José Martí:

“Nada hay más justo que dejar en punto de verdad las cosas de la historia”.

La historieta de los inventados “ataques” acústicos se esclarece


Por Arthur González.

Estados Unidos creador de la guerra sicológica, no hace nada sin que detrás se oculte un objetivo y así lo hace contra Cuba con los “ataques acústicos” que no cesan de divulgarse por su prensa oficialista.

Pasadas algunas semanas el panorama se ve mucho más claro y evidencia que el verdadero propósito es dañar la entrada a Cuba de visitantes extranjeros de Estados Unidos, y todo parece indicar que Canadá será su próximo objetivo, el mayor emisor de turistas.

En 1953, el diccionario de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, define la Guerra Sicológica como:

 “La acción emprendida por parte de una nación o de varias naciones, de propaganda y otros medios de información contra grupos enemigos, neutrales o amigos de la población, para influir en sus concepciones, sentimientos, opiniones y conductas, de manera que apoyen la política y los objetivos de la acción y grupos de las naciones que sirven a la guerra sicológica”.

En la actualidad, la guerra sicológica es una estrategia global para desestabilizar gobiernos no afines a los Estados Unidos, donde se pretende cambiar su sistema político, económico y social.

Emplean las nuevas tecnologías de la informática para trasladar informaciones falsas o distorsionadas, desinformar y difamar, con el fin de confundir, sembrar dudas y crear matrices de opinión a fines con los intereses estadounidenses.

Prueba de que los propósitos de Estados Unidos es cortar la entrada de visitantes y afectar la economía cubana, fueron las alertas del presidente Donald Trump, de que Cuba es responsable de los “ataques acústicos” y para limitar el flujo de visitantes, diariamente publican nuevos casos de supuestos afectados por los ruidos.

Con vistas a lograrlo, Washington emitió restricciones de alojamiento en los hoteles Nacional y Capri; reciente divulgaron que “un visitante norteamericano regresó afectado por los ruidos”, todo sin la menor prueba legal, ni la definición de qué equipo los produce, dónde se instala, quiénes lo operan y que características técnicas posee que nadie lo ve, ni siquiera los oficiales del FBI y la CIA acreditados dentro de su embajada en La Habana.

Para incrementar el miedo entre los estadounidenses y especialmente en el tema de los altos gastos de salud que tendrían que pagar si son “atacados” por el ruido misterioso, la AP, acaba de publicar una fantástica historia de un yanqui que dice llamarse Chris Allen, residente de Carolina del Sur, quien asegura que en abril del 2014 se hospedó dos noches en el Hotel Capri, pero decidió marcharse porque sintió en su cuerpo un inexplicable entumecimiento y hormigueo.

Míster Allen declaró a la AP que viajó a Cuba a través de México para pasar vacaciones, violando las leyes del “embargo”, pero de eso la AP no escribió una letra, ni el Departamento de Estado ni la OFAC lo han citado para multarlo, como establecen sus leyes.

Sin embargo, garabatean páginas para describir los miles de dólares que tuvo que pagar en exámenes médicos para supuestos tratamientos médicos, algo que, si puede causar pánico entre los estadounidenses, por ser el único país del llamado primer mundo que no posee un servicio de salud público sin costos para sus ciudadanos.

Para crear terror entre sus lectores, la AP asegura que “pasados seis meses Allen continuó con sus síntomas y fue examinado por seis neurólogos” sin más detalles, y añaden que “este es uno de tres docenas de viajeros estadounidenses que han contactado a la agencia, alarmados por la posibilidad de haber sido víctimas de estos extraños y sigilosos ataques en Cuba”.

Al constatar que sus mentiras no frenan la afluencia de turistas a Cuba, y ante la próxima temporada alta, continúan con su guerra sicológica con relatos infantiles.

El más reciente se trata de la historia de uno de los más de 100 presos que tienen los yanquis en su ilegal cárcel en la base naval en Guantánamo.

Esos presos, trasladados a dicha base después de la ocupación militar de Estados Unidos a Afganistán, no tienen derecho a juicio, ni a visitas de sus familiares y amigos, los mantienen confinados en celdas de castigo, donde son torturados y sometidos a tratos inhumanos, por lo que el Departamento de Estado tuvo que declarar ante la Comisión de las Naciones Unidas encargada del tema.

Para incrementar su campaña contra Cuba, el libelo El Nuevo Herald, publicó un artículo firmado por Henry Chirinos, donde relata que “un prisionero dijo haber percibido ruidos extraños en su celda en Guantánamo, con  síntomas muy parecidos a los denunciados por los diplomáticos estadounidenses que fueron víctimas de presuntos “ataques acústicos” en La Habana”.

Parece que El Nuevo Herald olvidó las huelgas de hambre que sistemáticamente hacen los prisioneros en la base naval yanqui, por el maltrato de que son víctimas y la ilegalidad del confinamiento que padecen.

La realidad es que Ramzi bin al Shibh, internado en la base yanqui desde 2006, ha denunciado sentir vibraciones en su cama dentro de la celda que ocupa.

Sobre el hecho, el fiscal Clay Trivett declaró que ningún empleado estadounidense de la base naval, válida las denuncias de Bin al Shib, y aunque el detenido se queja reiteradamente sobre los ruidos, seis o siete guardias de la cárcel estudiaron la situación y solo ese detenido es quien se queja, por lo que se muestran escépticos ante tal denuncia.

Como la acusación afecta a las autoridades yanquis, el fiscal Clay Trivett concluyó: “según lo que sabemos, no está ocurriendo, es algo que sólo está en la mente de una persona”.

En el caso de La Habana la reacción no es similar, porque la campaña política es amplificar los “ataques” y causar temor en los turistas; así de sencillo.

Razón tenía José Martí cuando afirmó:

“Mientras más de cerca toco las cosas políticas, más repugnancia me inspiran”.

Obsesionado Donald Trump en abandonar acuerdos


Por Arthur González.

En evidentes señales de sus peculiares características psicológicas, el presidente Donald Trump manifiesta una marcada obsesión por asumir lo que algunos analistas han calificado como “doctrina del abandono”, es decir, deshacer y cortar todos los pactos multilaterales firmados por Estados Unidos.

 

A esa obsesión enfermiza se une otra y es la relativa a tratar de borrar de la historia del país, todo lo que logró su antecesor, Barack Obama, lo que pudiera incluir un sentimiento racista.

El hecho más reciente de este accionar fue el anunció de que Estados Unidos abandonará el 31.12.2017, la UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en apoyo a Israel, quien no aceptó el reconocimiento de Palestina como un estado independiente.

El mundo sabe de los crímenes que a diario comete Israel contra el pueblo palestino, en un holocausto peor al que los nazis cometieron contra el pueblo judío y que dura muchos más años, gracias a las presiones de Estados Unidos en la ONU, para que las sanciones a Israel no sean efectivas.

Desde que Trump tomó posesión de su cargo, canceló tratados y abandonó  organizaciones internacionales, entre ellos:  el Tratado Transpacífico, (TTP), pacto comercial con 11 naciones de la cuenca del Pacífico; el acuerdo de París sobre el cambio climático, apoyado por 195 países; el  Tratado de libre comercio con México y Canadá, (TLCAN), todo eso unido a sus críticas a la OTAN, la ONU y otros convenios como el Tratado nuclear con Irán, (JCPOA); el comercial con Corea del Sur, el de reducción del arsenal nuclear con Rusia.

La obsesión de Trump por romper los lazos multilaterales se ha convertido en la base de su política exterior.

A lo interno también lanza sus dardos contra el ACA y DACA, a lo que se suma su persistencia, cuasi enfermiza, para derogar el Obamacare en materia de salud, para lo cual acaba de informar que dejará de pagar miles de millones de dólares en subsidios a las aseguradoras de salud, fuerte golpe al funcionamiento del mencionado seguro médico para personas de bajos ingresos.

Respecto a la salida de Estados Unidos de la UNESCO, es cierto que no es la primera oportunidad que rompen lanzas a favor de Israel. En 1974, Washington le retiró sus contribuciones financieras debido al reconocimiento de la UNESCO, a la Organización para Liberación Palestina y sus condenas al estado de Israel.

El 31.12. 1984 el presidente Ronald Reagan, retiró a EE.UU. al considerar que “el organismo estaba politizado y que era hostil hacia las instituciones básicas de una sociedad libre, especialmente contra el libre mercado y la libertad de prensa”. Regresaron en el 2003.

Como si fuese una historia cotidiana, en octubre de 2012, la UNESCO aprobó la adhesión de Palestina como miembro con plenos derechos, con lo que EE.UU. estuvo en desacuerdo y le volvió suspender sus contribuciones financieras.

En octubre de 2016, los yanquis condenaron otra resolución contra Israel, en solidaridad con ese país.

La historia se encarga de exponer la verdad sobre las represalias de los opresores cuando la UNESCO asume posiciones democráticas; tales son los casos de Sudáfrica en 1956, cuando acusó a dicha organización de “interferir en sus problemas raciales”, retirándose como miembro pleno.

El propio Barack Obama decidió congelar el aporte financiero de EE.UU. a la UNESCO, que representa el 22 % del total que recibe, en respuesta a la entrada de Palestina como miembro pleno. Desde esa fecha, la Casa Blanca acumula una deuda de más de 500 millones de dólares con la UNESCO.

Las presiones y manipulación política de Estados Unidos por defender a su aliado Israel, están por encima de los propósitos de la UNESCO, que es una institución cultural y educativa de Naciones Unidas, lo que prueba la verdadera naturaleza de los yanquis, a lo que en estos momentos se le unen las características sociopáticas de su presidente, con su narcisismo maligno.

Para rematar la obsesión de Trump contra los acuerdos internacionales, hay que tomar en cuenta las afirmaciones del destacado sico-historiador Robert Jay Lifton, quien recientemente afirmó: “La mente de Donald Trump está estacionada en la realidad solipsista, lo que significa que un individuo sólo es capaz de abrazar una realidad que tiene que ver con él mismo y la percepción y protección de su propio ser”.

Algo que no se puede dejar de mencionar en los acuerdos deshechos por Trump, es la relación diplomática establecida con Cuba por Obama, debido a que:

Décadas de aislamiento de Cuba por parte de EE.UU. no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática… No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar obtener un resultado diferente… es mejor fomentar y respaldar las reformas que imponer políticas…”

“Debemos poner fin a nuestro enfoque obsoleto y promover de manera más eficaz la implantación de cambios en Cuba, dentro de un marco acorde con el apoyo de EE.UU. al pueblo cubano y en
consonancia con los intereses de seguridad nacional de EE.UU.”

En su realidad solipsista, Trump inventó los supuestos ataques acústicos, para justificar retrotraer la estrategia diseñada hacia La Habana, por la administración Obama.

Habrá que esperar para saber cuál será su próxima decisión, la que alejará más a Estados Unidos del resto de las naciones y podrá en evidencia el verdadero rostro del supuesto paladín de los derechos humanos, dirigido hoy por un perturbado mental que peligrosamente tiene su dedo en el disparador nuclear y ojalá que no le permitan accionarlo.

Por esas actitudes expresó José Martí:

“Los peligros no se han de ver cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede evitar”.