Estados Unidos no aprende de sus fracasos


Por Arthur González.

¿Ignorantes que no leen su propia historia o imperialistas prepotentes? Sin duda alguna las dos variantes. Así son los gobernantes yanquis y sus servicios de inteligencia que no aprenden de su fracasada política hacia Cuba, hostil y arrogante.

¿A caso no recuerdan que el pueblo cubano resiste la guerra económica y financiera más larga de la historia, sin flaquear su apoyo a la Revolución?

El diseño de esa política es para matar por hambre y enfermedades a 11 millones de cubanos, simpaticen o no con el sistema, pero sin los resultados ambicionados por el presidente Dwight Eisenhower, cuando el 25 de enero de 1960 señaló: “si los cubanos tienen hambre sacarán a Castro”.

Actos terroristas ejecutados por la CIA, tampoco lograron la meta prevista. El pueblo se unió para combatirlos, al igual que hace ahora con los fabricados “disidentes” y sus campañas engañosas. La división entre ellos y su lucha por obtener más dólares y visas de “refugiados”, los hace menos creíbles para un pueblo culto como el cubano.

El enfoque “dulce” para atraer al gobierno cubano hacia la política yanqui e intentar “domesticar” a Castro a través del diálogo, estudiada en 1962 y confesada en 1996 por McGeorge Bundy, asesor del presidente JFK, fue puesta en práctica por Barack Obama en 2014, pero tampoco les permitió recoger frutos.

Bundy afirmó que su fórmula de acercamiento debía ser “secreta, segura y confiable, pero de maldad abierta y encubierta contra Cuba”.

Obama declaró abiertamente al informar el restablecimiento de relaciones con La Habana:

Décadas de aislamiento de Cuba por parte de EE.UU. no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática”. “Hay que poner fin a nuestro enfoque obsoleto y promover de manera más eficaz la implantación de cambios en Cuba”.

Al no obtener lo que esperaban y asumir el poder Donald Trump, congeló el “enfoque dulce”, restaurando la arcaica política de fuerza, esa que a los cubanos es más atractiva porque pone a prueba su valentía y la lucha por su soberanía nacional.

Ante ese escenario y embriagados por los resultados obtenidos en Argentina, Brasil, Ecuador, a partir de financiar a grupos opositores con millonarios presupuestos entregados a través de la USAID y la NED, repartidos entre estudiantes universitarios, partidos políticos, iglesias e incluso delincuentes comunes, como hacen hoy en Venezuela y Nicaragua, Nikky Haley, embajadora ante la ONU, aseguró que “Latinoamérica no puede permitirse que las últimos gobiernos autoritarios que quedan en el hemisferio, arrastren al resto de la región”, en clara alusión a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Evidentemente los yanquis creen que el mundo es el mismo de hace 100 años, cuando llegaban a cualquier país latinoamericano con sus cañoneras y desembarcaban los marines para ocuparlo. Aún lo hacen en el medio oriente, pero América Latina es harina de otro costal.

El imperio ya no puede actuar a sus anchas y las reuniones en la OEA para aislar a Venezuela no les da dividendos. Por mucho dinero que gasten contra el presidente Nicolás Maduro, el pueblo lo apoya, en contra de las campañas de prensa que lo satanizan y distorsionan la realidad de ese país.

A Daniel Ortega, triunfador en las recientes elecciones, le pretenden formar una cabeza de playa, sufragando actos terroristas que los yanquis jamás permitirían en sus ciudades, como quedó demostrado el pasado año en las manifestaciones llevadas a cabos por norteamericanos negros, que se lanzaron a las calles a protestar por los asesinatos cometidos por policías blancos contra jóvenes negros.

Ante esas masivas protestas, la policía embistió brutalmente a los manifestantes y a palos, gases lacrimógenos, balas de goma y de guerra, dominaron la situación, e impidieron campañas de prensa.

Si algún periodista estadounidense con dignidad y ética profesional se decide a arriesgar su trabajo y libertad personal, publicando noticias que reflejen la realidad que viven los 42 millones de pobres en los Estados Unidos, o denuncia las violaciones a los derechos humanos de los negros, latinos e inmigrantes, es inmediatamente silenciado y reprimido.

Un vivo ejemplo son las acusaciones hechas por Trump en días pasados, cuando amenazó con retirarle la acreditación para entrar a las conferencias de prensa en la Casa Blanca, a reporteros de aquellos medios que hagan críticas a su gobierno, lo que viola la tan cacareada libertad de prensa aducida por los yanquis.

Para el presidente Trump las informaciones que reflejan la realidad de su mal gobierno y los padecimientos que sufren los estadounidenses, son “noticias falsas”, como las que reportan sobre la economía. A esos periodistas los tilda de “corruptos” y no los quiere en la Casa Blanca.

Programas de las cadenas televisivas CNN y MSNBC, y los periódicos The New York Times y Washington Post que divulgan la realidad de sus desvaríos políticos, los acusa de mentirosos y de publicar noticias falsas. Sin embargo, a los que deforman la realidad de Cuba y Venezuela los condecora y aplaude, porque escriben lo que les dictan desde el Departamento de Estado y la CIA.

Para palpar la hipocresía yanqui contra países como Venezuela haciéndole campañas para no reconocer sus elecciones, basta comprobar que el Departamento de Justicia abrió una investigación para comprobar su Trump o los responsables de su campaña presidencial del 2016, cometieron el delito de obstrucción de justicia, en colusión con el gobierno de Rusia para socavar las presidenciales de ese año, pero esas elecciones no se cuestionan.

Para el emperador eso es una “cacería de brujas”, al igual que las informaciones sobre el pago que hizo con dinero de su campaña presidencial, a la actriz del cine porno Stormy Daniels, por sus favores sexuales.

Si dedicaran parte del tiempo a leer su propia historia y los tantos fracasos, quizás entendieran mejor a los cubanos, porque como dijera José Martí:

“La Revolución en Cuba es el aire que se respira”.

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Cómo se deforma la realidad de Cuba


Por Arthur González

El gobierno de Estados Unidos nunca aceptó a Fidel Castro como sustituto del tirano Fulgencio Batista, y así lo expresaron en diciembre de 1958, antes de su victoria, el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional.

Es falso que el disgusto de Estados Unido con Cuba fuese motivado por las nacionalizaciones de sus propiedades, como quieren hacerle ver al mundo.

Desde el mismo día que Fidel Castro asumió el poder, los yanquis iniciaron campañas mediáticas y planes para socavar el proceso revolucionario, demostrado en informe del 14 de abril de 1959 confeccionado por Daniel M. Braddock, ministro consejero de la embajada en La Habana, a solo 4 meses del triunfo.

Otra prueba de la animadversión por la Revolución cubana, fue el hecho de que Eisenhower no recibió a Castro durante su 1ra visita a Washington en junio de 1959, en su lugar lo hizo el vicepresidente Richard Nixon, atendiéndolo en su oficina del Capitolio y no en la Casa Blanca. La historia no se puede cambiar y esos hechos son pruebas irrefutables.

Memorandos de Philip W. Bonsal, embajador en La Habana, (19.02.1959 al 03.01.1961), recogen informaciones importantes que reflejan la realidad de la no aprobación de la Revolución cubana:

“Funcionarios en Washington, sospechaban que Castro era peligrosamente radical, aunque no fuera comunista. Su nacionalismo y compromiso con el cambio social, sin dudas, entrarían en conflicto con los intereses de los EEUU en la Isla, donde los inversionistas estadounidenses tenían más de mil millones de dólares en activos”.

Durante casi 60 años Estados Unidos ha persistido en satanizar a la Revolución y a su máximo líder, con cruzadas propagandísticas en su contra, algo que jamás le hicieron al tirano Batista, a pesar de sus torturas sanguinarias y el asesinato de 20 mil personas, situación que la OEA y otras organizaciones de Derechos Humanos, ignoraban intencionalmente.

Ante la avalancha de leyes promulgadas en 1959 que favorecían al pueblo, como fueron la creación de la Dirección General de Deportes, la suspensión de los desalojos de las viviendas en ciudades y campos, la rebaja de alquileres, la promoción de la cultura, creación de la imprenta nacional y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la prohibición de la mendicidad infantil, instauración de 3 mil escuelas rurales, la conversión de todos los cuarteles de la tiranía en centros escolares, la reforma agraria, la campaña de alfabetización, la transformación de las escuelas privadas en públicas con enseñanza gratuita  y el inicio del Servicio Médico Rural para la atención del campesinado sin costo alguno, dieron lugar a que Casa Blanca calificara a la Revolución de comunista.

Pasados 59 años de Revolución aún persisten en sus mentiras para intentar desacreditar una obra sin precedentes en Latinoamérica, fabricando disidentes que el pueblo ni conoce ni apoya, unido a organizaciones que se auto declaran “defensoras de los derechos humanos”, solo para acusar a Cuba, como la mal llamada Fundación para los Derechos Humanos en Cuba y el inventado Observatorio Cubano de Conflictos, (OCC), financiados con millones de dólares, pero que nunca denuncian las verdaderas violaciones de los derechos de millones de seres humanos en América Latina y menos las que cometen los yanquis diariamente.

El inventado OCC, es otra fórmula para sufragar a un grupo de personas con el fin de deformar la imagen de Cuba, conformado por Estados Unidos como “herramienta que permita denunciar situaciones engendradas por violaciones de derechos humanos y buscar el empoderamiento de los ciudadanos para que obtengan victorias en sus reclamos”.

¿Por qué no hacen lo mismo para denunciar lo que hacen los yanquis en su frontera con México, donde además de matar como animales a los inmigrantes, les quitan los niños a las madres y las deportan sin sus hijos?

¿Cuáles son las justificaciones para no iniciar un Observatorio de Conflictos en México, donde desaparecen jóvenes, asesinan a mujeres y periodistas, los altos funcionarios se roban el salario de millones de trabajadores y no existe seguridad alguna para la vida, que allí no vale nada?

¿Acaso Honduras no merece un monitoreo de las violaciones de los derechos humanos, con el robo de las elecciones, golpizas salvajes a los que protestan en las calles y los asesinatos de líderes campesinos?

¿Y los negros asesinados por policías blancos en ciudades norteamericanas, la no aceptación como residentes legales a miles de jóvenes latinos que ingresaron en Estados Unidos de niños, y los 40,6 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de la pobreza sin seguro médico, no son violaciones de los derechos humanos?

Lo que Washington no soporta es no poder desembarcar sus tropas en Cuba como hicieron bajo la llamada Enmienda Platt, ni obtener privilegios especiales para sus inversionistas que se apoderaron de la economía de la Isla, con la sumisa aceptación de los gobernantes de turno, y menos aún tener influencia política sobre las decisiones que se adoptan en el país, cuando su embajador ordenaba y disponía lo que debía hacerse para garantizar los intereses imperiales.

El vicepresidente yanqui Mike Pence, podrá decir boberías y mentiras respecto a Cuba, como hizo en su reciente discurso ante su ministerio de colonias, la OEA, donde calificó a Cuba, Venezuela y Nicaragua como “oscura nube de la tiranía”.

Las posibilidades actuales de conocer la historia mediante documentos oficiales yanquis, hacen que los pueblos se burlen de esos discursos cargados de inventos y falsedades, donde Estados Unidos sangra por la herida de haber perdido la hegemonía que siempre tuvieron en su patio trasero.

En esos tres países se acabaron las nubes de la ignorancia y el analfabetismo, sus pueblos pueden leer e interpretar la verdad sin dejarse engañas ni oprimir más por las botas del gigante de las 7 leguas, pues como dijo José Martí:

“Los árboles se han de poner en fila para no pase”.

 

 

Norcorea, cuidado con las trampas yanquis


Por Arthur González.

Estados Unidos acostumbrados a los engaños, sueña con prepararle un golpe bajo a la República Popular de Corea en sus próximas negociaciones respecto al tema nuclear.

Para lograrlo, el director de la CIA Mike Pompeo, antes de ser confirmado como secretario de Estado, sostuvo el pasado 30 de marzo en Pyongyang, un contacto secreto con el presidente norcoreano Kim Jong-un, con el objetivo de coordinar una reunión entre el líder de Corea del Norte y el presidente Donald Trump.

El propósito fundamental del histórico encuentro es convencer al líder coreano para que desmantele su programa nuclear de forma inmediata, a cambio Estados Unidos eliminaría algunas sanciones en el marco económico, pero mantendría su numerosa presencia militar en Corea del Sur, donde poseen varias bases militares con armamento capaz de transportar armas nucleares.

Si Estados Unidos se ha decidido a esa reunión es precisamente por la capacidad nuclear que Norcorea ha logrado desarrollar, haciendo de ese país una potencia militar, que en caso de un ataque desde el sur pudiera lanzar sus cohetes y hacer blanco en las bases yanquis ubicadas allí, en Japón y hasta en el territorio continental de los Estados Unidos.

Sin embargo, ya la Casa Blanca declaró que no retirará sus tropas en Corea del Sur, lo que mantiene la amenaza hacia el Norte y más si accede a desmantelar su capacidad nuclear.

Estados Unidos posee 377 mil efectivos entre militares y civiles en Corea del Sur, de ellos 28 mil pertenecen a la fuerza aérea y a la marina. En su más reciente base ubicada en Yongsan, a 40 km de la frontera con Norcorea, tiene 19 mil efectivos pertenecientes a la 8va División.

Estados Unidos se ha preparado para invadir al Norte y solo en esa base de Camp Humphreys, que ocupa una superficie de 14 kilómetros cuadrados, dispone además de una amplia plantilla de helicópteros CH-47 Chinook y AH-64D Apache, una pista de aterrizaje de dos kilómetros para aviones C-130 y otros vehículos, más varios modelos de aviones de combate.

La disparidad es sustancial y el único impedimento para lanzar un ataque hacia el Norte, es precisamente la capacidad que tuvo obligatoriamente que conformar la República Popular de Corea, la cual no tiene bases militares en las fronteras de Estados Unidos, ni en otros países.

Mike Pompeo a su regreso de Pyongyang declaro en conferencia pública sin tapujos: “EE.UU. está decidido a desmantelar el programa nuclear norcoreano sin demora”, y agregó “Estamos comprometidos con el desmantelamiento permanente, verificable e irreversible del programa de armas de destrucción masiva de Corea del Norte y hay que hacerlo sin dilación”.

Los norcoreanos han demostrado gran capacidad de maniobra y de valentía, lo que obligó a Estados Unidos a dar el paso para la reunión de los dos presidentes. No obstante, Kim Jong-un deberá tener sumo cuidado con sus decisiones, porque en los yanquis nunca se puede confiar, ellos son expertos profesionales en el engaño y las trampas, tal como demuestra la historia.

Informaciones aparecidas en diferentes medios noticiosos, aseguran que el pasado 21 de abril, el presidente Kim Jong-un, anunció “que suspendía las pruebas nucleares y los lanzamientos de misiles balísticos intercontinentales a partir de ese mismo día”, y añadió “desmantelaré el polígono de pruebas nucleares de Punggye-ri para garantizar de forma transparente que cumpliré con nuestros compromisos”.

En contraposición con esa actitud, la Casa Blanca afirma que continuará con su presencia en Corea del Sur, algo que no tiene razón alguna, para seguir amenazando al Norte ante cualquier situación que puedan crear para justificar su ambicionado ataque contra el Norte.

China estará muy atenta al desenvolviendo de la situación por tener frontera con la República Popular de Corea y con su sabiduría milenaria apoyará a que el proceso sea transparente, aunque mirando el ejemplo del celebrado en Colombia entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno de Juan Manuel Santos, habrá que tener mucho recelo, pues una vez firmado los acuerdos de paz y desmilitarizada la guerrilla, comenzó el asesinato selectivo de los líderes sociales campesinos, y la persecución de los jefes principales de las FARC, para impedir que puedan ser electos para cargos políticos.

En relación a Cuba, en el 2014 el presidente Barack Obama, restableció las relaciones diplomáticas rotas por D. Eisenhower en 1961 y no hubo condicionamientos por ambas partes para lograr ese paso; pero Estados Unidos mantiene inamovible su guerra económica, comercial y financiera como instrumento de presión; condiciona su diálogo con La Habana al cumplimiento que esta haga de los principios yanquis sobre derechos humanos, libertades civiles y democráticas; retomó sus añejas exigencias acusando a Cuba de apoyar el terrorismo y exigirle que cumpla los requisitos de la Carta democrática de la OEA.

Abrió en el 2015 su embajada en la Isla, sin dejar de apoyar a los grupos contrarrevolucionarios creados y financiados por Washington; la Radio y TV Martí siguen sus transmisiones subversivas; la Ley de Ajuste Cubano no se deroga y el tema de la Base Naval que poseen en Guantánamo contra la voluntad popular, no admite que se discuta en las reuniones bilaterales.

La vida dirá la última palabra, y como expresó José Martí:

“En este mundo hay que andar con la espada en una mano y el bálsamo en la otra; porque desconfiar es muy necesario”.

Cuba una espina en la garganta del imperio


Por Arthur González.

Miles de millones de dólares gasta Estados Unidos desde 1959, para deformar la realidad de la Revolución cubana, describiendo falsas historias de terror con el propósito de que su ejemplo no sea imitado por otros países, especialmente los latinoamericanos.

Campañas mediáticas sobre sucesos inexistentes creados por la CIA, como la muerte de Camilo Cienfuegos, discrepancias con Ernesto Che Guevara, fusilamientos masivos, represión a “disidentes” y muchas más, llenan  páginas de diarios y revistas internacionales para confundir, pero la realidad se impone y las mentiras toman su camino.

Las grandes marchas del pueblo cubano para celebrar el 1ro de mayo, día de los trabajadores, son una muestra palpable del apoyo mayoritario de los cubanos a su gobierno y sistema político, algo muy diferente a lo que ocurre en muchos países del mundo, donde sus trabajadores no salen a las calles a celebrar, sino a protestar y son salvajemente reprimidos por la policía.

Respecto a esas golpizas brutales no hay cruzadas permanentes en la prensa, si acaso una mínima noticia que se diluye entre banalidades de la farándula o crímenes pasionales.

El 1ro de mayo en Cuba fue una fiesta a lo largo de la Isla, prueba de que, a pesar de la guerra económica, comercial y financiera impuesta por el gobierno yanqui desde hace 57 años, el pueblo está unido y resiste estoicamente para no regresar al pasado de explotación, falta de trabajos, altos costos de educación y salud, discriminación de raza y sexo, diferencias sociales y otros males que fueron erradicados gracias a la Revolución que tanto odia Estados Unidos.

En Puerto Rico los trabajadores salieron a reclamar trabajo y apoyo a la reconstrucción de sus casas, la decisión del cierre de 300 escuelas, el restablecimiento del sistema eléctrico y otros servicios básicos interrumpidos por dos huracanes desbastadores. Ese pueblo, que pacíficamente quiso marchar por las calles, fue reprimido con bastonazos y gases lacrimógenos que afectaron a decenas de personas, sin la menor piedad ni respeto a los derechos humanos.

Cuba jamás ha reprimido a las provocadoras Damas de Blanco, pero por solo levantarlas del piso cuando obstaculizan premeditadamente el tránsito, recibe una andanada de condenas de Estados Unidos y la Unión Europea.

Sin embargo, ahora que se constatan las imágenes de la represión policial en Puerto Rico y la detención de decenas de manifestantes, del que no se conoce su paradero y no hay una sola resolución del Parlamento Europeo condenando esas violaciones de los derechos humanos y la libertad de expresión.

En Tegucigalpa, Honduras, también hubo una fuerte represión con gases lacrimógenos y balas de goma contra los trabajadores que marcharon exigiendo trabajo, tierras para labrar y denunciar el robo de las elecciones presidenciales, hecho apoyado por Estados Unidos en complicidad con la OEA y  países de la región, que ahora dicen que no reconocerán las que el 20 de mayo celebrará Venezuela.

Otro tanto se observó en la democrática Francia, donde los trabajadores salieron a las calles para reclamar aumentos salariales, y otros beneficios sociales que el actual presidente Emmanuel Macron les ha recortado, como parte de los paquetes de medidas neoliberales del agrado de Washington.

Brutales fueron las golpizas de la policía contra el pueblo francés y la detención de ciento nueve manifestantes, pero el silencio del Consejo de Ministros de la Unión Europea y de su Parlamento, marcan la diferencia con los premios que le otorgan a unos cuantos asalariados de los yanquis, que dentro de Cuba viven del dinero que envían desde Miami.

A los cubanos no les importan esas condenas orientadas desde la Casa Blanca y el Departamento de Estado, su pueblo trabaja y se esfuerza por buscar soluciones a los problemas y rectificar errores cometidos, en pos de alcanzar niveles de vida superiores a pesar de la guerra económica que trata de ahogarlos.

La alegría contagiosa de sus marchas al compás de la música, demostró que no hay obligatoriedad alguna, como suele decir la propaganda anticubana desde hace 60 años. No se puede intimidar a millones de trabajadores, funcionarios, amas de casa, jubilados y a jóvenes estudiantes que tienen poder para decidir sobre sus vidas, gustos y prioridades.

Gústele o no a los mafiosos terroristas de Miami, los cubanos se sienten orgullosos de ser soberanos e independientes y por esa razón Ileana Ros-Lehtinen, pretende impedir que el Departamento de Estado les otorgue visas a los 400 artistas en actuarán próximamente en el Kennedy Center de Washington, para lo cual envió una carta a Mike Pompeo, recientemente nombrado como secretario de Estado, presionándolo con frases engañosas, a lo que sumó al gobernador de Florida.

Cada cual podrá sacar sus propias conclusiones, pero las imágenes no engañan y Cuba sigue su ruta indetenible hacia el futuro, a pesar de los planes yanquis para impedirlo, pues como afirmó José Martí:

“Nada enseña tanto, ni prueba mejor, que un hecho concreto”.

 

 

 

Persiste Estados Unidos en su acoso contra Venezuela.


Por Arthur González.

Estados Unidos insiste en propagar “su amor” por la democracia, la libertad de pensamiento, palabra, respeto a la Constitución y la celebración de elecciones transparentes, libres y verificables, pero de boca hacia afuera, pues hacen todo lo contrario en aquellos países que tienen gobiernos no aceptables, por no someterse a sus dictados. Un ejemplo es Venezuela.

Desde que Hugo Chávez Frías alcanzó la presidencia, mediante elecciones libres y transparentes, Washington ha hecho y hace lo imposible por derrocar a la Revolución Bolivariana, violando todas las leyes internacionales, la sacrosanta democracia y la propia Constitución.

No pudiendo derrocar al presidente Chávez en las urnas, organizaron y financiaron un burdo golpe militar, que incluyó su secuestro y encarcelamiento clandestino, unido a la imposición apresurada de un sustituto que contó con el reconocimiento inmediato de varios países aliados, encabezados por España.

Ninguna de esas acciones fue democrática, ni respetaron el orden constitucional venezolano. Sin embargo, la propaganda que financian en la prensa oficialista contra el actual presidente Nicolás Maduro, lo acusan de no ser democrático, de violar las libertades civiles, irrespetar la Constitución y no efectuar elecciones libres y transparentes, aunque haya efectuado 22 procesos electorales, de los que ha ganado 20, situación que le tiene a los yanquis el hígado cocinado.

Ante la augurada derrota en las próximas elecciones del 20 de mayo, preparan otro golpe con el empleo de militares, algo que hasta la fecha les ha resultado imposible de materializar, dada la fidelidad de los altos mandos al chavismo y a Maduro.

En días recientes, la Universidad Internacional de la Florida (FIU) llevó a cabo la Tercera Conferencia Anual de Seguridad Hemisférica, en el cual Juan Cruz, ex oficial de la CIA y actual asesor del Presidente-Emperador Donald Trump, afirmó: “una fórmula pacífica para superar la grave crisis venezolana involucraría a militares y a individuos que Washington preferiría ver tras las rejas”, argumentándolo con la aseveración de que “en la historia de Venezuela  nunca ha habido un momento determinante que no haya involucrado la participación militar”.

Evidentemente Cruz está anunciando la posibilidad de un golpe militar, algo pretendido en varias oportunidades sin resultados.

Como si la gente fuese estúpida y no conociera la historia sucia de Estados Unidos en la gestación de golpes militares en América Latina, el asesor Cruz quiso endulzar sus expresiones aclarando que “Washington no está promoviendo que los militares venezolanos tomen las armas para derrocar al gobernante Nicolás Maduro”, algo que ni el mismo se cree.

Las cruzadas mediáticas elaboradas por especialistas en guerra psicológica de la CIA, conformaron matrices de opinión internacionalmente contra el presidente Maduro, haciéndole creer al mundo que su gobierno, al que califican de “régimen”, es responsable del estado actual de la economía, silenciando la guerra económica, comercial y financiera que pretende ahogar al país, para que el pueblo culpe al actual gobierno de tales males, similar receta aplicada contra la Revolución cubana.

¿Por qué Washington no desclasifica los documentos que demuestran su política sucia contra Venezuela?

En el caso de Cuba existen muchos memorandos de la CIA que así lo confirman, como es el Proyecto Cuba de enero de 1962 que dice textualmente:

La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Otros informes permiten conocer como la CIA diseñó y aun ejecuta esa guerra económica contra el pueblo cubano, como el análisis sobre la situación de la Isla, donde afirman con total desfachatez:

“El principal objetivo de los programas encubiertos de Estados Unidos contra Cuba es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba… Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

Si analizamos la actual situación interna de Venezuela es una copia exacta de esos planes contra Cuba, al final la CIA dice que Maduro pretende hacer una repetición del socialismo cubano.

Otro análisis de la CIA contra la Revolución cubana que se identifica perfectamente con la actualidad venezolana, expone:

“Existen aún muchas posibilidades para fortalecer el cerco económico en torno a Castro. Pudieran imponerse sanciones más severas por parte de Estados Unidos contra los países que comercian con Cuba o le envían productos por vía marítima”.

Al constatar lo que sufre Venezuela hoy, no cabe la menor duda que es el mismo programa, al que se añaden las medidas contra el Petro para ahogarlos totalmente.

Ante la eminente victoria de Maduro en las urnas, Estados Unidos busca una fisura dentro de las Fuerzas Armadas Bolivarianas, que les abra la posibilidad de una intervención por parte de militares venezolanos, e imponer un gobierno dócil y subordinado totalmente a la Casa Blanca, idea que fue esbozada por Rex Tillerson, poco antes de salir del cargo de Secretario de Estado.

El senador Marco Rubio, miembro de la mafia terrorista anticubana de Miami, también declaró: “Washington vería con buenos ojos una intervención militar en Venezuela, para poner fin a un régimen que está propiciando la gradual destrucción del país petrolero”.

Todo indica que el caldo se está cocinando, pero falta lo principal, los militares que se presten a la traición, algo bien difícil de encontrar para un pueblo formado bajo los principios de Simón Bolívar, quien señaló:

“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”, y años más tarde con total visión José Martí aseguraba:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

 

Mercenario de las letras


Por Arthur González

Cada vez que se publican libros y artículos contra Cuba en el llamado “mundo libre”, recordamos la desclasificada operación de la CIA Mockingbird, la cual inició sus acciones en la década de los años 50 del siglo XX, bajo el mando de Frank Wisner, de la dirección de Planes de la propia Agencia.

Esa operación consistió en el reclutamiento de un grupo de periodistas de importantes órganos de prensa, con el fin de difundir informaciones manipuladas para crear matrices de opinión favorables a los planes de la CIA.

Para ese trabajo de Guerra Sicológica, divulgaron noticias falsas y tergiversadas sobre la Revolución cubana, con el propósito de lograr su aislamiento internacional, mientras callaron los crímenes de la dictadura de Fulgencio Batista.

En esa misma línea de mentiras y tergiversaciones circula un libro titulado Cuba sin Fidel, de Julio Patán, mexicano periodista cultural, escritor y conductor de programas de noticias Foro TV y en el Canal 22.

Dicho libro, cargado de falsedades, describe una Cuba al gusto de la mafia terrorista anticubana de Miami, pero lejana a la realidad, donde pretende ocultar las verdades de la Revolución de Fidel Castro.

Ni una palabra para condenar la guerra económica, comercial y financiera impuesta por el imperio del Norte, que busca matar por hambre y enfermedades al pueblo por el solo hecho de haber escogido su propio destino.

El escritor no sabe o no quiere saber, lo que en 1960 escribió el entonces sub Secretario de Estado yanqui, Lester Mallory, cuando en memorando a su jefe afirmó:

“…El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros a Cuba para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Por supuesto que los efectos de 58 años de esa guerra se sienten y palpan en la isla, pero lo que no menciona el mexicano, nacido en 1968 cuando los estudiantes de su país eran masacrados en la plaza de las tres culturas de Ciudad México, es la resistencia de los cubanos a esa cruel y despiadada guerra y el apoyo mayoritario a los logros del proceso revolucionario.

Desconocedor total de Cuba, intenta desprestigiar una obra que no tiene parangón en el hemisferio occidental, solo describe la Habana despintada y apuntalada de edificios de más de 100 años en la parte más vieja de la ciudad. Sin embargo, no menciona que todos los niños asisten diariamente a las escuelas con uniformes, zapatos y medias blancas, sin que sus padres tengan que pagar un solo centavo, algo inimaginable para millones de mexicanos.

La Habana tiene derrumbes por su antigüedad y falta de mantenimientos constructivos, pero los moradores de esos edificios no quedan a la buena de Dios, son atendidos por las autoridades de forma inmediata, trasladados a centros donde reciben albergue, alimentación y atención médica sin costo, situación que no sucede en México ni en Estados Unidos, donde los damnificados por los últimos huracanas aún esperan la ayuda gubernamental como sucede en la colonia de Puerto Rico.

El conductor de la TV mexicana en su libro Cuba sin Fidel, no hace alusión a la seguridad ciudadana que le permitió caminar las calles habaneras sin temor a ser asaltado, como sucede en México, país que posee record mundial de periodistas asesinados, según la Sociedad Internacional de Prensa (SIP), con 12 muertos en 2017.

Su mala fe es tan alta que trata de crear una atmosfera de represión en la sociedad cubana, al afirmar que aquellas personas que rentan sus viviendas “se ven obligados a tomar los datos del pasaporte e informar a las autoridades migratorias”.

¿Ignorancia? Todos los hoteles del mundo tienen que informar a las autoridades de sus huéspedes, por eso se llenan formularios que incluye el número de pasaporte, algo que protege al extranjero de sucederle algún percance, al conocerse su lugar de estancia.

¿Por qué no plasmó en su libro que no vio en La Habana niños limpiando cristales de autos, haciendo de payasitos en medio de las avenidas, vendiendo baratijas, descalzos o inhalando pegamento para drogarse y calmar el hambre, como sucede en México?

Algunas páginas las dedica a la “larguísima nómina de represaliados”, ¿Dónde vio esa represión? En Cuba la policía no usa cascos, escudos, chalecos antibalas, ni armas largas como la mexicana, no hay carros lanzando chorros de agua, ni balas de goma o gases lacrimógenos.

Ausencia de ética profesional para quien se dice hombre del periodismo.

A Julio Patán le faltó escribir que Cuba, pequeña y bloqueada por el imperio más poderoso de la edad moderna, gracias a Fidel Castro es admirada y reconocida por las Naciones Unidas debido a su labor humanitaria en materia de salud.

407 mil profesionales y técnicos de la salud cubana brindan asistencia en 164 países y en 50 años han atendido a un millón 688 personas en las zonas más recónditas del planeta, algo que no hacen los yanquis ni los europeos, además de operar a 12 millones de pacientes, acción reconocida por la Organización Mundial de la Salud.

En su visión “devastadora” de Cuba, ocultó que gracias a la Revolución existe un desarrollo científico, donde especialistas nacidos y formados después de 1959 crearon las vacunas contra la Hepatitis B; la Meningoencefalitis; Haemophilus Influenza tipo B; Pentavalente contra varias enfermedades contagiosas; anticuerpos monoclonales contra el cáncer;  Heberprot-P, único medicamento contra las úlceras del pie diabético; vacuna contra el cáncer de pulmón; Melagenina contra el vitíligo y muchas más.

Si eso es decadencia de un país, que revise el suyo para que vea la miseria por doquier; los asesinatos y desaparecidos, como los 43 estudiantes de Ayotzinapa; carteles de las drogas matando a su antojo y una corrupción generalizada que pudre esa sociedad, situación que no se atreve a denunciar a profundidad por temor a ser la próxima víctima.

Si la intención es afectar el turismo como desea Estados Unidos está fracasado.   En el 2017 Cuba recibió a cuatro millones 700 mil turistas que aprecian sus bellezas y problemas, su cultura y altos niveles de instrucción, verdad que Washington pretende ocultar con periodistas que se prestan para sus campañas mediáticas.

Razón tenía José Martí cuando expresó:

“En la tierra hay más ratas que águilas”

Nueva amenaza del emperador Cesar Trump


Por Arthur González.

Nada es extraño en el actuar cotidiano del presidente Donald Trump, quien cual emperador romano hace y desde hace a su antojo, desde ordenar el bombardeo a otros países hasta el chantaje de eliminar la ayuda si no acatan sus desvaríos.

Así lo hemos visto desde su investidura, donde la descortesía con su propia esposa ha dejado asombrado a todo el que tenga algo de sentido común, unido a las exigencias a México para que asuma los gastos de la construcción de nuevos tramos del muro entre ambos países; respuestas sin diplomacia alguna a la canciller alemana y a la primera ministra del Reino Unido, unido al uso de tuits para despedir a sus principales funcionarios.

El chantaje es una de sus armas preferidas, las que empleó recientemente con Canadá para que se sumara a la campaña contra Cuba, con el invento fantástico de los ataques acústicos, y de no hacerlo suspendería de inmediato el Tratado de Libre Comercio.

Pero lo más insólito es su amenaza abierta y directa contra aquellos países que osen oponerse a la candidatura de Estados Unidos como sede de la Copa del Mundo del futbol en el 2026, la cual se prevé compartir con México y Canadá.

El nuevo chantaje fue escrito por el emperador “Cesar Trump” el pasado 27 de abril de 2018, en su tuit, el cual dice textualmente:

“Estados Unidos ha construido una candidatura fuerte con Canadá y México para el Mundial del 2026. Sería una pena que los países que siempre hemos apoyado, fueran a cabildear contra la candidatura de Estados Unidos. ¿Por qué habríamos de apoyar a estos países, cuando ellos no nos apoyan (incluido en Naciones Unidas)?”

“The U.S. has put together a strong bid w/ Canada & Mexico for the 2026 World Cup. It would be a shame if countries that we always support were to lobby against the U.S. bid. Why should we be supporting these countries when they don’t support us (including at the United Nations)?”

El motivo de tal amenaza es la oposición de algunos países a que el Mundial de futbol se realice en América del Norte, algo que disgustó al emperador, pues él no concibe que nadie se le interponga en el camino de sus ideas e ilusiones.

Previendo lo que podía suceder, la misma CONCACAF había pedido que el tema de la candidatura para albergar la Copa del Mundo 2026 entre Estados Unidos, México y Canadá, no se politizara, pero con el imprevisible “Cesar Trump” es imposible todo pronóstico.

Hasta la fecha Marruecos es la única rival para llevarse la sede y ya recibe el apoyo de varias naciones y personalidades del mundo futbolístico, como el expresidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien declaró que “el país norte africano debería ser el lógico ganador”.

Ahora habrá que esperar la reacción de los países musulmanes, porque el presidente norteamericano los ha maltratado de palabras y hechos, al cortarle la entrada a ciudadanos de seis países en su mayoría árabes, calificándolos de “terroristas en potencia”.

Pero no os asombréis, esa es la “democracia” que el imperio pretende imponerle al resto del mundo y después hablan de derechos humanos.

No por gusto José Martí cuando los conoció a profundidad afirmó:

“De esta tierra no espero nada… más que males”