El porqué de la ley Helms-Burton.


Por Arthur González.

Para comprender las razones por las cuales el presidente William Clinton, aprobó la llamada Ley Helms-Burton en 1997, hay que buscar sus antecedentes en la cruzada contra el sistema socialista, ejecutada por el presidente Ronald Reagan en los años 80 del siglo XX.

Al asumir la presidencia el republicano Reagan, sus ideólogos se trazaron como meta la eliminación del socialismo en Europa, y de ahí nace su conocido Programa Democracia.

En mayo de 1981, en un discurso pronunciado en la Universidad de Notre Dame, afirmó:

“Occidente no frenará al comunismo, trascenderá al comunismo. No nos molestaremos en denunciarlo, lo eliminaremos como un triste y grotesco capítulo en la historia humana, cuyas últimas páginas están escribiéndose ahora”.

A principios de 1982, el presidente Reagan y sus consejeros claves, comenzaron a ejecutar la nueva estrategia para atacar las debilidades fundamentales, económicas y políticas, del sistema soviético, y según declaró Caspar Weinberger años después:

Adoptamos una estrategia abarcadora que incluyó la guerra económica, para atacar las debilidades soviéticas. Fue una campaña silenciosa, trabajando a través de aliados y utilizando otras medidas. Era una ofensiva estratégica, diseñada para cambiar el centro de la lucha de las superpotencias hacia el bloque soviético, incluso a la misma Unión Soviética”.

Una vez derrumbado el muro de Berlín y el desmoronamiento del socialismo en Europa del Este, le siguió la URSS en 1991, por eso todos los esfuerzos yanquis se centraron sobre Cuba, país que a pesar de la pérdida del 85 % de su comercio exterior con esos países, resistía estoicamente.

En su apetito por devorarse a la Revolución cubana, Estados Unidos arreció su guerra económica, comercial y financiera, de ahí que el presidente George Bush, firmara en 1992 la llamada Ley Torricelli, (“Ley para la Democracia en Cuba”), que según ellos era para promover un proceso de “Transición pacífica hacia la democracia”, pero a pesar de eso, Cuba se mantenía firme y soberana sin claudicar ante tantas agresiones.

Ninguna de las medidas subversivas diseñadas en aquellos años contra la Revolución, obtenían resultados, entre ellas la creación de la Fundación Nacional Cubano Americana; la Radio Martí, a la que le sumaron la TV Martí; la preparación e incitación a los grupúsculos contrarrevolucionarios desde la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, para ejecutar actos de desobediencia civil; la estimulación de las salidas ilegales por aire y mar; unido a hechos terroristas para atemorizar a la población.

Ante esa realidad, el presidente Clinton aprueba por primera vez un programa de la USAID para Cuba, que justificara un millonario presupuesto para respaldar actividades de subversión político-ideológicas.

Sin los resultados esperados y ante un posible mejoramiento de las tensiones entre ambos gobiernos, la mafia terrorista anticubana organiza incursiones aéreas sobre La Habana, con el fin de provocar un incidente que permitiera una respuesta militar yanqui. Aquella etapa, culminó con el derribo de tres de las avionetas que participaban en la violación del espacio aéreo cubano.

Producto de las presiones de la mafia de Miami, el presidente Clinton firmó en 1996 la Ley Helms-Burton, (Ley para la Libertad y Solidaridad Democrática Cubanas), que tiene como objetivo reforzar aún más la guerra económica, comercial y financiera, entregándole al Congreso de Estados Unidos la decisión de levantar el llamado “Embargo”, lo que hasta ese momento era potestad del presidente.

Dicha Ley ataca también la inversión extranjera, que en esos momentos se fortalecía en la Isla, posterior a la reforma constitucional de 1992, unido a un conjunto de Leyes y Decretos Leyes que daban un cambio radical en la economía cubana, posibilitando salir de la grave crisis económica surgida de la pérdida del comercio con la URSS y Europa del Este.

Entre esos cambios estaban:

La despenalización de las divisas extranjeras; la legalización del trabajo privado; la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa; el reordenamiento de la Administración Central del Estado; la Ley Tributaria, la apertura del Mercado Agropecuario de oferta-demanda; el Mercado Industrial y Artesanal; la autorización de restaurantes y cafeterías privadas; una nueva Ley de Inversiones y la de Minas; de Aduana; el Reglamento del Registro Nacional de Sucursales y Agentes de Sociedades Mercantiles Extranjeras; además del Decreto Ley para regular la creación y organización de zonas francas.

Otra medida importante fue el desarrollo e incremento del turismo internacional y la asociación económica con empresas extranjeras.

Esa rápida e inteligente actuación del gobierno revolucionario cubano no fue prevista por los yanquis, quienes observaban desorientados el florecimiento económico de Cuba, a pesar de su guerra económica, comercial y financiera.

Ante ese nuevo escenario es que nace el engendro criminal de la Ley Helms-Burton, con sus 4 Títulos, siendo los más crueles el primero y el segundo, que establecen el “Fortalecimiento de las Sanciones Internacionales contra el gobierno de Castro”, y la “Ayuda a una Cuba Libre e Independiente”, ejecutados desde su aprobación en 1996.

El Título III está diseñado para asustar y ahuyentar a los inversionistas extranjeros, el que fue puesto en vigor en mayo del 2019.

El Título IV pretende excluir de los Estados Unidos, a los extranjeros que negocien con propiedades de norteamericanos confiscadas en Cuba.

La persecución económica y financiera es lo que realmente afecta al pueblo cubano, al sancionar con altas sumas de dinero a quienes ejecuten transacciones bancarias y comercien con Cuba.

Una vez más los yanquis perderán la partida contra un pueblo que defiende hasta con su sangre la soberanía alcanzada, porque como dijera José Martí:

“Una vez gozada la libertad, no se puede ya vivir sin ella”.

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Reconoce Roberta Jacobson verdaderos objetivos de la política de Barack Obama hacia Cuba.


Por Arthur González.

Roberta Jacobson, sub secretaria de Estado para el Hemisferio Occidental durante la administración del presidente Barack Obama, y quien encabezó la delegación yanqui durante las conversaciones con Cuba para reanudar las relaciones diplomáticas, reconoció durante una entrevista concedida a la BBC el pasado 20 de junio 2019, que “la política de Obama hacia Cuba no fue un regalo al gobierno de Castro”.

Para aquellos que aun creían en las buenas intenciones del presidente Obama hacia Cuba, ahora comprobarán que solo buscaba derrocar el sistema socialista con una estrategia más acaramelada, para confundir y engañar, a partir del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el reconocimiento que: “años de enfrentamiento de su país con la Isla no dieron los resultados ambicionados por todas las administraciones”, desde que en 1959 Eisenhower iniciara la hostilidad política contra Fidel Castro.

Roberta Jacobson argumentó que “la estrategia era lograr que el gobierno de Raúl Castro, diera paso a un cambio de la economía socialista hacia la capitalista, situación que no sucedió”.

Agregó que, para intentar obtener sus propósitos, “Obama aprobó una nueva estrategia política que se fundamentó en establecer intercambios, visitas de estadounidenses a la Isla, más tecnología, y otras acciones, con el sueño de abrir la Isla de forma tal que se pudiera avanzar políticamente después”.

Por esas razones se confirma que lo hecho en materia de relaciones diplomáticas, viajes, intercambios y algunos acuerdos no fueron privilegios a la Revolución, sino para ir socavando los principios socialistas desde adentro, de forma inteligente, sutil y muy dulcificada.

Jacobson retirada del mundo diplomático y actualmente asesora principal del Albright Stonebridge Group, en Washington, explicó que “El presidente Trump no entiende que la negociación del gobierno de Obama con el régimen castrista, fue una manera de ayudar al pueblo cubano, para cambiar la Isla desde abajo y no desde arriba”.

Existen especulaciones de que los contactos de la administración Obama con funcionarios cubanos, les posibilitaron ejercer cierta influencia sobre estos, con el fin de que apoyarán la nueva política y evitar las barreras a los cambios, a partir de recomendaciones que pudo haber realizado el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Ben Rhodes, ya que, en el comunicado oficial del gobierno de Estados Unidos, emitido el 17.12.2014 se afirma:

“La administración continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba, y fomentará reformas en nuestro compromiso de alto nivel con los funcionarios cubanos”.

Esa estrategia no es nueva y tiene antecedentes en lo que tramaba la CIA en 1967, cuando expusieron su nueva dirección de trabajo contra Cuba, la que planteaba entre otras cuestiones:

“Debemos tratar de desarrollar contactos dentro del círculo más íntimo de Castro, […] saber más acerca de quiénes son sus asesores y qué piensan”.

El 15 de agosto de 1968 durante reunión llevada a cabo con el Departamento de Estado, para analizar las próximas acciones contra Cuba, la CIA presentó un conjunto de propuestas, entre ellas:

“Abordar a los líderes cubanos alrededor de Castro para asegurarles que Estados Unidos no deseaban echar por tierra los logros de la Revolución, y estaban preparados para cooperar con ellos y apoyarlos en lo que fuera necesario, en un gobierno post CastroA cambio, la CIA les propondrían trabajar secretamente, que brindaran información y quizás ejecutar acciones oportunas que acelerarán la sustitución de Fidel Castro como líder del país”.

Ya alejada del Departamento de Estado, Jacobson habló con más soltura al explicar parte de la estrategia seguida en las negociaciones con la parte cubana, confesando que:

“Decir que no recibimos lo suficiente por parte de los cubanos, es entender mal la razón para iniciar esa política”.

Y auguró:

“La actual estrategia de mi gobierno, de estrangular al gobierno cubano no va a funcionar, porque regresar a la misma política de los años ’60 y ’70 del siglo XX, no ha funcionado. Tenemos que recordar que otra de las razones de la política de la administración Obama, fue sacar el tema de Cuba como irritante en nuestras relaciones con el resto de América Latina, y eso fue un logro espectacular”.

Durante sus visitas a La Habana, Roberta Jacobson sostuvo encuentros con miembros de los grupos contrarrevolucionarios, creados por la CIA para ejecutar actos provocativos, estimulándolos a seguir las orientaciones de los “diplomáticos” yanquis, acreditados en la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos.

Finalizada su misión al frente de las negociaciones, fue nombrada embajadora de Estados Unidos en México, aunque tuvo que esperar largos meses para ser ratificada por el Congreso, debido a la oposición de los miembros de la mafia anticubana.

La verdad siempre sale a flote, aunque realmente Obama nunca ocultó sus verdaderas intenciones y declaró públicamente que:

“Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano… Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

“Con la apertura de nuestra embajada podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano. Tendremos más personal, y nuestros diplomáticos podrán participar de manera más extensa en toda la isla, incluida la sociedad civil y con los cubanos que buscan alcanzar una vida mejor”.

De los yanquis nunca se podrá esperar limpieza de actuación, respeto al derecho ajeno y una relación transparente; sus pretensiones de apoderarse de Cuba se mantendrán eternamente, tal y como plasmó en abril de 1823, el entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, en carta remitida a un agente secreto en Cuba, donde le orienta:

“Usted comunicará privadamente en notas confidenciales a este Departamento, todas las informaciones que le sean dable obtener con respecto a la situación política de la Isla, a las miras de su Gobierno y a los sentimientos de sus habitantes. Se mantendrá atento a cualquier agitación popular, sobre todo aquellas que puedan referirse a la cesión de la Isla por España a cualquier otra potencia…”

Nada ha cambiado desde entonces, el objetivo es el mismo, por eso nos alertaba José Martí:

“Impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas, los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza, sobre nuestras tierras de América”.

La psicosis de Donald Trump.


Por Arthur González.

Si el famoso director de cine Alfred Hitchcock viviera, ya hubiese realizado un nuevo filme sobre la psicosis que padecen en relación a Cuba, el presidente Donald Trump y algunos de sus más allegados funcionarios, como Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abrams, pues cada una de las sanciones aprobadas demuestran un síndrome enfermizo, que cualquier psicólogo lo determinaría con solo leerlas.

Desde el invento de los ruidos y las falsas enfermedades de los diplomáticos acreditados en La Habana, que culminaron con el cierre del consulado para dificultarle la vida a los cubanos que desean reunificarse con sus familiares en Estados Unidos; atemorizar a los turistas; y las más cercanas medidas, así lo confirman.

Todo indica que Trump y su pandilla no pueden conciliar el sueño con la psicosis que padecen, al ver la resistencia de los cubanos y su apoyo a la Revolución, a pesar del recrudecimiento de la guerra económica, comercial, financiera y biológica que soportan desde hace 60 años, posición que los tiene desconcertados.

Esa pandilla de los cuatro, a diario se buscan problemas con el mundo creyéndose que con eso fortalecen el apoyo interno, sin percatarse que incrementan el rechazo de cientos de millones de personas que ven a los yanquis como el enemigo número uno de la humanidad.

Dichos psicópatas no se percatan que el uso de la amenaza, las presiones y el chantaje burdo, le hacen daño a los Estados Unidos y no al resto de los países que se sienten victimas de tantas locuras.

La reciente medida, anunciada el 20.06.2019 por el Departamento de Estado, de incluir a Cuba en la lista de países que trafican con personas, ejemplifica el desequilibrio mental de la pandilla por los argumentos esgrimidos, los cuales se refieren a los médicos cubanos que prestan su ayuda humanitaria a millones de personas, en países carentes de profesionales de la salud, donde salvan cientos de vidas.

Para el gobierno yanqui, esos médicos son “traficados” por Cuba, calificativo que proviene de la alucinación que padecen también los miembros de la mafia terrorista asesina de Miami, entre ellos los senadores Marco Rubio y Bob Menéndez, pues saben que los médicos son parte del ingreso de divisas que recibe la Isla y la estrategia trazada es cerrar todas las entradas económicas, con la ilusión de colapsar a la Revolución, por eso los ataques al turismo y a la Salud.

Ellos mismos en sus justificaciones reconocen que “los servicios médicos profesionales, representan la mayor fuente de ingresos del régimen y por tanto hay que cortarlos”.

Recientemente Trump prohibió la visita a Cuba de los estadounidenses que viajaban dentro de las 12 licencias contempladas en el programa People to People, que, si bien pretendía trasladar sus valores y símbolos a la sociedad cubana, no obtuvo los resultados calculados de “empoderar” al pueblo, como manifestara el presidente Barack Obama, al anunciar ese programa.

Trump también vedó la entrada de los cruceros, porque dijo que no quería que los dólares de los norteamericanos alimentaran al gobierno socialista.

Antes, había elaborado una lista de hoteles, centros comerciales, bebidas y otros artículos, que los norteamericanos no podían disfrutar durante su estancia en Cuba, enajenación evidente de un presidente, que según importantes y calificados psicólogos estadounidenses, no está apto para gobernar ese país, debido a su inmadurez psicológica y otros desajustes adicionales manifestados en cada discurso, que van desde sus gestos hasta sus ataques de histeria contra la prensa local, el personal de la Casa Blanca y la actitud que asume públicamente con su esposa.

La colaboración médica cubana se inició en 1960 y siempre ha demostrado su carácter eminentemente humano, por eso calificarla como “tráfico de persona” es algo que nadie en el mundo puede respaldar.

Cuba ha prestado servicios con su personal de la Salud en 109 países, lo que no hacen los Estados Unidos ni otros países desarrollados.

Posee una brigada organizada especialmente para asistir a personas ante desastres naturales, como huracanes, terremotos, inundaciones ocasionadas por tormentas, graves epidemias y otras causas, brindándoles un servicio humano reconocido por la Organización Mundial de la Salud.

Un ejemplo fue la asistencia en África contra la epidemia del ébola, esfuerzo reconocido por las Naciones Unidos, lo que jamás harán los médicos estadounidenses, porque para ellos la medicina es un negocio jugoso y no un servicio humano.

Presiones yanquis sobre su aliado Jair Bolsonaro en Brasil, provocaron que Cuba retirara a su personal de la misión Más Médicos, y actualmente reconocen que millones de brasileños en zonas selváticas y citadinas, perdieron la asistencia médica que ofrecían los cubanos, no siendo posible que médicos nativos cubran esas plazas, algo que solo hacían los cubanos, basado en el sentimiento solidario y humano que llevan en el corazón.

Mentiras y tergiversaciones inventadas desde Miami intentan justificar las sanciones contra Cuba, aduciendo que parte del pago que hacen esos países va a parar al Estado, pero no mencionan que con ese dinero se sufragan el sistema gratuito de salud de la Isla y las escuelas de medicina, donde además estudian alumnos de decenas de países.

Quiénes deberían estar acusados y sancionados son los funcionarios de Estados Unidos, por cobrar altísimos precios de la asistencia médica a su población, más los medicamentes, siendo uno de los países donde más cuesta un tratamiento y millones de norteamericanos carecen del dinero para pagarlo, siendo incontables los fallecimientos por enfermedades totalmente curables, si todos pudieran acceder a los hospitales, como lo hacen gratuitamente once millones de cubanos.

La psicopatía anticubana continua y ahora alcanza empresas especializada en servicios de búsqueda de hoteles y alojamientos, como si ese trabajo fuese criminal, todo con el único objetivo de reforzar su guerra económica y financiera contra los cubanos.

Otras de sus locuras puestas de manifiesto, es la decisión insólita de prohibir la actuación de artistas cubanos en Miami, lo que muestra el odio y resentimiento de aquellos que han envejecido sin ver el derrumbe del socialismo, en la Isla que abandonaron con la falsa ilusión de regresar a los seis meses.

La enfermiza obcecación llega a tal punto que amenazan con sancionar a la empresa Western Union, autorizada desde hace décadas, a enviar las remesas familiares a los cubanos, todo bajo el mismo invento de que el dinero va para los bolsillos del gobierno.

Si realmente Trump aspira a captar los 29 votos electorales de la Florida, con esas acciones contra el pueblo cubano, muy pocos adeptos podrán encontrar en una comunidad que se ha visto impedida de recibir las visitas de sus seres queridos, la anulación de los visados múltiples por cinco años, la obligatoriedad de viajar fuera de Cuba para obtener un visado temporal o por reunificación familiar y ahora con la coacción de suspender el envío legal de las remesas.

Mientras eso sucede en Estados Unidos, la sede londinense de Public Health England, agencia del Departamento de Salud británico, destaca la vocación internacionalista y solidaria de la medicina cubana, reconociéndose que el sistema de salud cubano es universal, gratuito, accesible, regionalizado, integral, y con una concepción humanista.

Lo que no dicen los yanquis es que Cuba ha formado a más de 95 mil médicos, a pesar de la guerra económica, y redujo la mortalidad infantil a cuatro por mil nacidos vivos, unido al incremento de la esperanza de vida a 78,4 años.

Su propaganda anticubana calla que, gracias a su sistema de salud, los cubanos cuentan con un régimen de atención primaria, con un médico por cada 118 habitantes, unido a la prevención y eliminación de decenas de enfermedades infecciosas y el desarrollo de la Biofarmaceútica con nuevos medicamentos, incluidas las vacunas contra el cáncer.

Aunque sigan castigando a Cuba, su pueblo continuará el camino con libertad y soberanía, junto al agradecimiento de millones de personas en el mundo, porque como dijera José Martí:

“No puede ser que pasen inútiles por el mundo, la piedad incansable del corazón y la limpieza absoluta de la voluntad”.

 

 

 

¿Qué se esconde detrás de Rosa María Paya?


Por Arthur González.

Desde que Rosa María Paya Acevedo, hija del contrarrevolucionario Oswaldo Paya Sardiñas, contactó con “diplomáticos” yanquis en La Habana, para aquellos buscadores de líderes juveniles cubanos de la CIA, fue como encontrar la combinación de una caja fuerte rellena de dólares, pues notoria es la ausencia de jóvenes que acepten trabajar para organizaciones creadas por los norteamericanos, en su intento por socavar a la Revolución socialista.

De inmediato, los “diplomáticos” informaron a Washington la aceptación de Rosa María de comenzar una campaña contra el gobierno cubano, responsabilizándolo con la muerte de su padre, a cambio de obtener una visa de refugiados políticos para ella, sus dos hermanos y la madre.

Al llegar a Miami fue recibida por Senadores y Congresistas de la mafia anticubana, quienes, junto a especialistas de la CIA en subversión política, la instruyeron en cómo actuar, qué decir y los países que visitaría para iniciar la fabricada cruzada acusatoria contra Cuba.

Al igual que hicieron con Yoani Sánchez, Rosa María fue recibida por miembros del Parlamento Europeo, ex presidentes y senadores latinoamericanos, pero al llegar a España para acusar a Cuba fue remitida a las Cortes de Justicia, donde se ventilaban esos temas.

Ahí mismo se acabó la farsa montada por los yanquis, pues el fallo fue en su contra, ante ausencia de pruebas legales para desmentir al tribunal cubano que juzgó al verdadero responsable del accidente automovilístico, en el cual resultaron muertos su padre y otro contrarrevolucionario que lo acompañaba repartiendo el dinero enviado por Esperanza Aguirre, del Partido Popular, para ejecutar acciones provocativas contra la Revolución.

No obstante, ese revés, los yanquis carentes de líderes jóvenes se aferran a Rosa María para intentar demostrar que sí existen, aunque ella es residente en Estados Unidos y carece de historial contrarrevolucionario en la Isla.

Ese es el motivo por el cual siguen promoviéndola con apoyo de los medios de prensa a su servicio y ejemplo de ello fue el reconocimiento a nombre del condado de Miami-Dade, de Florida, otorgado el 18.06.2019 por el Comisionado de Miami, Esteban Bovo, quien la considera “defensora de la libertad, la democracia y los derechos humanos universales, ser la voz para las personas de Cuba que buscan la libertad y que son oprimidas diariamente bajo el régimen de Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel”.

La maquinaria yanqui está en función de propagandizar que es “una líder” contra el gobierno cubano, muestra del desespero que tienen por conformar una oposición entre los jóvenes de la Isla.

El pasado 13 de junio 2019, Rosa María recibió en Ginebra el Premio Morris Abram de Derechos Humanos, la más alta distinción de derechos humanos de Naciones Unidas Watch.

Se sabe que los yanquis son famosos en construir estrellas al mejor estilo de Hollywood, así lo hicieron con Yoani Sánchez, a quien la revista TIME declaró entre las 100 personas más influyentes del mundo, a solo un año de iniciar el blog Generación Y, construido por la CIAAl año siguiente, la revista People la seleccionó entre las 25 personas más prestigiosas de Latinoamérica, algo totalmente fabricado para darla a conocer en el mundo, proyecto que tampoco impactó entre los jóvenes cubanos.

Todos los planes de la CIA, por seducir adeptos en ese sector de la sociedad cubana, han fracasado a pesar de los millonarios presupuestos destinados para tales fines.

Ni el atractivo programa de becas para estudiar en universidades norteamericanas, lanzado en el 2009, ni los que le siguieron en 2015 y 2017, ni siquiera el más reciente en 2019, obtuvieron resultados.

La autorización del presidente Barack Obama, para que Google pudiera estar presente en la Isla, y ejercer influir en los jóvenes cubanos, no dio los frutos soñados, acción que según declaró el propio senador Marco Rubio en 2012, durante un evento de Google Idea, en la Heritage Foundation:

“El objetivo es derrumbar el sistema totalitario cubano, si todos en Cuba tienen libre acceso a Internet, porque seguiría la misma suerte de aquellos países que pasaron la Primavera Árabe”.

Esa pretensión data de 1996, cuando la Rand Corporation, del Instituto de Investigaciones para la Defensa Nacional de Estados Unidos, preparó un estudio para el Departamento de Defensa, donde afirma:

“Es nuestro interés ayudar a la apertura y forzar el surgimiento de una sociedad civil independiente, mediante el empleo del enlace de Cuba a Internet, utilizándola para transmitir noticias y análisis balanceados, promover su uso por ONG cubanas, universidades y otros destinatarios”.

En resumen, hoy solo les queda manipular la imagen de una joven sin aval alguno, ni reconocimiento en Cuba por la gran masa de jóvenes, ni siquiera entre los elementos contrarrevolucionarios, quienes la califican de oportunista y usurpadora de las actividades de su padre.

Al no tener otra alternativa, se aferran a Rosa María Payá Acevedo y continúan pregonando las falsas acusaciones contra el gobierno de Cuba, responsabilizándolo por la muerte de Oswaldo Payá Sardinas, quien dirigió el exiguo grupúsculo respaldado por la Iglesia Católica cubana, Movimiento Cristiano Liberación, algo totalmente carente de pruebas legales.

En su infértil pataleteo, remitieron una carta a Michelle Bachelet, Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, solicitándole   investigar la muerte de Oswaldo Payá y Harold Cepero, pues afirman que “no está aclarada”.

Más de lo mismo para que el tema no se olvide y seguir acusando a Cuba; vieja táctica empleada por la CIA desde 1959 que nunca ha tenido resultados, porque tal y como afirmó José Martí:

“Quien sobre su fama duerme, se despierta desnudo”.

 

Los yanquis y su mafia de Miami no saben que más hacer contra Cuba.


Por Arthur González.

Amargados por sus fracasos permanentes durante 60 años, los mafiosos terroristas de Miami, siguen cocinándose en su veneno y por eso acaban de aprobar una resolución, al mejor estilo de los nazis, contra el arte proveniente de Cuba, algo increíble en el siglo XXI.

La mencionada resolución fue presentada por el alcalde, Francis Suárez y por el comisionado Manolo Reyes, para impedir el intercambio cultural con artistas residentes en Cuba, elevándola al Congreso de Estados Unidos para que formule una ley que permita, a los estados y gobiernos locales, prohibir la contratación de artistas que vienen de Cuba.

El odio de los hijos y nietos de esbirros del dictador Fulgencio Batista es tal que no soportan la auténtica cultura cubana, esa con sabor a ron y tabaco, copiada en Miami por los que un día abandonaron su patria, pensando que la Revolución no duraría 6 meses y llevan ya 60 años sufriendo sus derrotas.

A esos mafiosos les duele que los cubanos de la Isla bailen, canten y gocen con felicidad, a pesar de estar sometidos a una extrema guerra económica, comercial, financiera y biológica, durante más de medio siglo, que no ha podido doblegar a todo un pueblo que disfruta su soberanía e independencia de los Estados Unidos.

La realidad los golpea, porque a pesar de sus planes para convertir a los artistas cubanos que actúan en Miami, en agentes transmisores de sus ideas subversivas, regresan a la patria satisfechos de ofrecer un arte de calidad, al estar formados en prestigiosas escuelas de la Isla, donde estudian gratuitamente, pintores, escultores, bailarines, actores y músicos, algo que no tienen otros países del aérea.

Personajes que se buscan la vida en Miami atacando a la Revolución, como Willy Chirino, Los Tres de La Habana, Amaury Gutiérrez, y el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, ahijado del dictador Fulgencio Batista, dieron su apoyo a dicha resolución.

Sin contar con los ciudadanos de Miami, que sí disfrutan del arte cubano, los defensores de la llamada “democracia representativa”, adoptan decisiones sin tomar en cuenta la verdadera voluntad popular, situación que se les revertirá en las próximas elecciones presidenciales en las que Donald Trump aspira a ser reelegido.

Ese anhelo del actual Presidente le será difícil de materializar, por las medidas que adopta contra los emigrantes latinoamericanos, los portorriqueños afectados por huracanes que aún esperan por la asistencia del gobierno, los cubanos que no pueden reunificarse con sus familiares en Cuba y por quienes tendrán que pagar más dinero por los productos importados desde China, a partir de las nuevas imposiciones arancelarias.

Una realidad que demuestra la división que existe en Miami por la política hacia Cuba la está mostrando Mario Díaz-Balart, miamense Representante en el Congreso por el distrito 25, quien se expresa contra de la política de Trump de cerrar el consulado yanqui en La Habana.

Aunque su verdadero interés es captar votantes en Miami, Mario envió en días pasados una carta al Secretario de Estado, Mike Pompeo, pidiéndole “mejorar el acceso de servicios consulares para cubanos en la Habana”, situación que contradice su apoyo hace dos años a las campañas de mentiras sobre los inventados ruidos que “afectaron” a los diplomáticos yanquis, los que hasta la noche antes de retirarse de Cuba bebían ron y cerveza, en bares y restaurantes habaneros.

Para no buscarse la enemistad total del presidente Trump, Mario le declaró su agradecimiento por dar vía libre a la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton y la prohibición de los cruceros yanquis a Cuba, aplaudiendo la medida por considerarlo como “pasos cruciales para promover la democracia, las libertades esenciales y los derechos humanos en Cuba”, aunque en verdad la misma restringe la libertad de los estadounidenses, al no poder visitar un país tan cercano a los Estados Unidos, donde son recibidos con hospitalidad y amistad.

Los votantes del referido Representante, le escriben molestos por la situación creada en La Habana ante el cierre del consulado de Estados Unidos, situación que les dificulta y encarecen los trámites para la reunificación familiar, algo que para él es una contradicción con la facilidad que poseen los artistas de la Isla para obtener visas y actuar en ciudades norteamericanas.

A la vez, Trump continúa arremetiendo contra compañías que organizan viajes a Cuba, porque su pretensión es ahogar económicamente a los cubanos, para que protesten por la crisis económica que padecen y culpen al socialismo, como si fuesen analfabetos que no saben quién es el único responsable de la guerra económica, comercial y financiera que sufren desde hace 60 años.

Para amedrentar con mayor fuerza a quienes mantienen relaciones con La Habana, Trump acaba de anunciar fuertes multas a las compañías Expedia Group, Hotelbeds USA y Cubasphere, por organizar viajes a Cuba y violar las disposiciones del bloqueo económico y comercial impuesto por Estados Unidos.

Esas medidas coercitivas siguen el interés de que nadie se acerque a la Mayor de las Antillas, a fin de cercarla más para rendirla por hambre y enfermedades, sueño que no alcanzó España en 1897 cuando declaró la tristemente célebre Reconcentración de Weyler, en alusión al General ibérico, Valeriano Weyler, quien mató de hambre a miles de campesinos encerrados en zonas donde no podían cosechar, ni recibir ayuda del exterior.

Esas tres compañías pagarán cientos de miles de dólares por la prestación de servicios de viajes relacionados con Cuba, que violaban el Reglamento de Control de Activos Cubanos (CACR).

Expedia, con sede en Bellevue, Washington, acordó con la OFAC desembolsar 325 mil 406 dólares, por haber asistido en sus viajes y movimientos dentro de Cuba a más de 2000 viajeros estadounidenses, entre los años 2011 y 2014, algo que los yanquis consideran un delito.

Hotelbeds USA, subsidiaria ubicada en Florida, Estados Unidos, del Grupo español Hotelbeds, con sede en Mallorca, pactó el pago de 222 mil 705 dólares, y Cubasphere, deberá liquidarle a la OFAC, 40 mil 320 dólares, acusada de estar involucrada en transacciones que no fueron autorizadas, al asistir a 100 personas en viajes hacia Cuba, entre diciembre de 2013 y febrero de 2014.

Estas y otras razones son la que demuestran la violación flagrante de los derechos humanos sobre once millones de cubanos, a los que se les impide, a la fuerza, su desarrollo económico por el solo hecho de no aceptar someterse a los dictados de la Casa Blanca, como hicieron gobiernos anteriores a 1959.

Ni esas ni otras sanciones podrán doblegar a los cubanos, que seguirán unidos resistiendo los embates del imperialismo yanqui, porque como expresó José Martí:

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.


                               Insiste Estados Unidos en fabricar líderes contrarrevolucionarios.

Por Arthur González.

Aunque en 60 años Estados Unidos no ha logrado conformar una autentica oposición a la Revolución cubana, insiste en fabricarla y construir líderes que les sirvan a sus intereses.

Al revisar la historia de sus obsesiones contra Cuba, se comprueba que en fecha tan temprana como el 17 de marzo de 1960, el presidente Eisenhower aprobó el primer Programa de Acciones Encubiertas de la CIA, con el objetivo de derrocar a la naciente Revolución. El primer requisito era:

“Crear una oposición cubana responsable, atractiva y unificada contra Castro… la propaganda oral servirá para atraer la lealtad de los cubanos de una forma real; dirigir y llevar a cabo varias actividades de la oposición, y proporcionar una cobertura para otras operaciones compartimentadas, controladas por la CIA”.

A pesar de los constantes fracasos y la pérdida de cientos de millones de dólares, Estados Unidos y la CIA, se empeñan en darse golpes contra la pared, con el propósito de conformar cabecillas contrarrevolucionarios.

Es así como en el 2004, en el llamado Plan Bush para la “Transición pacífica a la democracia en Cuba”, se destinaron cuatro millones de dólares para entrenar a jóvenes residentes en la Isla, algo que se repetirá año tras año, mediante programas desarrollados por el Departamento de Estado, con el empleo de la USAID y la NED, sin obtener resultados.

El año 2009 marcó el desespero de los yanquis por lograr líderes juveniles en Cuba y para eso trazaron un programa de estudio en universidades de Estados Unidos, algo sin precedentes desde 1959. Ese programa de becas, publicitado por la Sección de Intereses en La Habana, tuvo dos vertientes, una para cubanos graduados de bachillerato y/o técnico medio superior, con un año de duración, y la otra, un seminario de estudio por 5 semanas para estudiantes universitarios; ambos para jóvenes con capacidad de liderazgo.

Al no poderlo materializar, crearon cursos dentro de su Sección de Intereses (USIS por sus siglas en inglés), en un centro denominado Benjamín Center, otra prueba de sus violaciones de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas de 1961, pues en su artículo 41-3 establece que:

“Los locales de la Misión diplomática no deben ser utilizados de manera incompatible con las funciones de la Misión, tal como están enunciadas en esta Convención, en otras normas del derecho internacional o en los acuerdos en vigor entre los Estados”.

No obstante, los yanquis continuaron asignando presupuestos millonarios en su empeño de fabricar líderes contrarrevolucionarios. Por eso, en octubre del 2014 financiaron un viaje a Polonia de varios de sus asalariados cubanos, para recibir clases del agente CIA Lech Walesa, entre ellos Berta Soler, de las llamadas “Damas” de Blanco, la bloguera Yoani Sánchez, Antonio Enrique González-Rodiles, Eliecer Ávila y hasta el venezolano Leopoldo López.

Durante el entrenamiento, Walesa indicó varias acciones a cumplimentar de inmediato, como “…la necesidad que tiene la contrarrevolución cubana de contar con una multitud de gente que diga: a partir de mañana vamos a cambiar nuestro país, pero no sólo basta con creerlo, hay que salir a las calles, llegar hasta las fábricas para convencer a otros, pero para eso hay que construir estructuras”.

Sin los resultados deseados, en abril del 2015 la organización World Learning Inc., con sede en Washington, abrió una convocatoria para un nuevo “Programa de Liderazgo de Verano”, con jóvenes cubanos de 16 a 18 años, durante cuatro semanas en Estados Unidos.

En el 2017 lanzaron otra para diez becas, asignadas por la organización Líderes Sociales, plateando sin ambages que el interés perseguido era “promover el desarrollo profesional juvenil y fortalecer la sociedad civil cubana”.

Sin evaluar los fiascos permanentes en su empeño, ni las pérdidas millonarias de los fondos asignados, en junio 2019 la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos, hizo pública otra convocatoria para “apoyar a líderes cubanos emergentes, entre estudiantes universitarios y jóvenes profesionales”.

El propósito de dicho proyecto, financiado con 1,033,086 dólares, es construir líderes cubanos para “promover la democracia y los derechos humanos en la Isla”, quienes recibirán las herramientas necesarias que les permitan “promover sus causas, y atraer audiencias más amplias, comunicar los mensajes de manera efectiva a otros líderes y socios; movilizar a actores independientes dentro de la sociedad civil para promover la libertad de expresión y reunión”.

Los seleccionados deberán representar la diversidad de géneros, razas y situación económica en varias provincias cubanas, algo similar a lo recomendado por Walesa en 2014 y que tampoco dio resultados.

En este empeño se suman desde hace algunos años varios países europeos, aliados de Estados Unidos, entre ellos el Reino Unido de la Gran Bretaña, donde en este junio del 2019 abrieron una convocatoria para estudiar maestrías dentro del programa “Chevening in Cuba”, divulgado por el sitio contrarrevolucionario Diario de Cuba.

Según la página web oficial, Chevening es el programa de premios internacionales del gobierno del Reino Unido, destinado a desarrollar líderes mundiales y ofrece una oportunidad única para que futuros líderes e influenciadores de todo el mundo se desarrollen profesional y académicamente”.

¿Casualidad o similitud de interés?

Mientras a los académicos cubanos con amplios currículos, se les dificultan o deniegan las visas para participar en eventos, a los jóvenes les abren las puertas con el único fin de entrenarlos como líderes comunitarios, con el único interés de que ejerzan influencia sobre otros, con vistas a cambiar el socialismo en Cuba, viejo empeño de los yanquis que mantienen su guerra económica, comercial y financiera para entorpecer el desarrollo económico cubano y culpar al sistema de ser incapaz de satisfacer las necesidades del pueblo.

No por gusto el presidente Barack Obama expresó en 2014 sobre su estrategia anti cubana:

“Nuestra administración continuará implementando programas enfocados en promover el cambio positivo en Cuba…Al final, los cubanos conducirán las reformas económicas y políticas”.

Nadie se asombre, es más de lo mismo y por tanto, tampoco lograrán sus propósitos, porque como dijera José Martí:

“De medios artificiales solo nacen raquíticos productos

Permite Estados Unidos viajes a Cuba bajo licencias con fines subversivos.


Por Arthur González.

El Departamento de Estado continuará permitiendo que ciudadanos de Estados Unidos viajen a Cuba, amparados en una licencia que persigue objetivos subversivos, según información publicada en su sitio oficial.

La licencia titulada, “Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades cubanas”, será admitida para que ciudadanos norteamericanos continúen viajando a la Isla, siempre que su finalidad sea la de:

Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades del país, lo cual resultará en una interacción significativa entre el viajero y las personas de Cuba”.

De acuerdo con la información publicada por las autoridades yanquis, los “intercambios deben desarrollarse bajo los auspicios de una organización sujeta a la jurisdicción de los EE.UU., que favorezca dichos intercambios, siempre que su propósito sea la de promover las llamadas conexiones de pueblo a pueblo”. 

Tales viajes “contarán con un programa de actividades a tiempo completo, diseñado para incrementar el contacto con los cubanos, y que estos produzcan interacciones significativas entre el viajero y las personas de Cuba”.

Para garantizar ese objetivo, los grupos de estadounidenses que viajen a la Isla, “deberán estar encabezados por un empleado, consultor pagado o agente de la organización auspiciadora, que siempre acompañe a cada grupo en su viaje a Cuba, a fin de garantizar que todos los viajeros tenga un programa a tiempo completo de actividades de “intercambio educativo”, debiendo certificar que no sostengan contactos con personas o entidades que actúen en nombre de determinados funcionarios prohibidos del gobierno de Cuba, o ciertos miembros del Partido Comunista de Cuba”.

Un aspecto puntualizado por el Departamento de Estado yanqui y de estricto cumplimiento por los agentes de viajes, es que tienen ajustarse al requisito contemplado en la licencia “Apoyar la sociedad civil de Cuba o promover la independencia del pueblo cubano de las autoridades cubanas”, el cual establece claramente que “los viajes a Cuba solo se autorizan, siempre y cuando sus actividades sean con organizaciones reconocidas defensoras de los derechos humanos; una organización independiente diseñada para promover una transición rápida y pacífica a la democracia o, con personas y organizaciones no gubernamentales, siempre que promuevan actividades independientes, con la intención de fortalecer la sociedad civil en Cuba”. 

Otro de los elementos a consumar es que “el programa de actividades del viajero no puede incluir tiempo libre, ni de recreo en exceso de lo normal para un programa a tiempo completo”.

Este elemento deja por sentado que están prohibidas las actividades de placer y recreo, o sea turísticas.

Todas las gestiones en Cuba tienen que ser con trabajadores no estatales, tales como el alojamiento, transporte y la alimentación.

La mencionada licencia se estableció bajo la administración de George W. Bush, quien dio luz verde al plan de la “Comisión para la Asistencia de una Cuba Libre”, más conocido como Plan Bush, aprobado en mayo del 2004, que pretendía acelerar la “Transición pacífica de Cuba hacia la democracia”.

El Plan Bush, aceleró un conjunto de medidas para estrangular la economía cubana, incrementándose las multas impuestas por la OFAC, a las entidades financieras que sostenían relaciones con la Isla y a ciudadanos estadounidenses que viajaran a Cuba.

Limitó las visitas familiares de cubanos residentes en Estados Unidos, a una cada tres años y recortó el monto anual de las remesas a mil usd, cifra vuelta a imponer por el presidente Donald Trump.

En esa época, Bush revitalizó la Ley Helms-Burton con sus Títulos III y IV para amedrentar a los inversionistas extranjero.

A pesar del recrudecimiento de las sanciones económicas, permitió viajes con fines subversivos, con el sueño de provocar el derrocamiento del sistema desde adentro, para lo cual incrementó el apoyo a los grupúsculos contrarrevolucionarios, muchos de ellos abastecidos e instruidos por viajeros estadounidenses que ingresaban a Cuba, amparados en la licencia para “Apoyar a la “sociedad civil” de Cuba, como sucedió el 20 de mayo del 2005 cuando la asalariada del gobierno de Estados Unidos, la contrarrevolucionaria Marta Beatriz Roque Cabello, orientada por los yanquis, fomentó en La Habana una supuesta reunión de la “Asamblea Nacional para Promover la Sociedad Civil”, con varios invitados extranjeros y la presencia fiscalizadora del entonces Jefe de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, James Cason.

La Revolución cubana tiene suficiente experiencia en esos menesteres y las autoridades competentes, de conjunto con el pueblo, sabrán detectar los intentos subversivos e impedir actos provocativos contra la integridad de la nación, porque como dijera José Martí:

“Quien bien vela, todo se le revela”