¿Por qué tanto pánico mundial ante el Coronavirus?


Por Arthur González.

La salud es lo más preciado que tienen los seres humanos, sin ella no hay horizontes de felicidad, de ahí el cuidado para no perderla.

Hoy el mundo está en pánico por la aparición repentina en China del Coronavirus o Fiebre de Wuhan, lo que obligó al gigante asiático a tomar medidas extremas que afectan grandemente su economía, situación que favorece a Estados Unidos en su guerra sucia contra ese país, al que consideran su enemigo económico número uno.

Por eso el presidente Donald Trump le aplica medidas coercitivas, con el marcado propósito de que no sean superiores a la economía yanqui.

China para Estados Unidos es su principal enemigo estratégico en el escenario mundial, de ahí la sospecha de que sus laboratorios de armas biológicas pudieran estar detrás de dicho virus.

Si analizamos los datos del Coronavirus, su letalidad y difusión a nivel mundial, podemos constatar que es muchísimo menor que el Dengue con sus cinco serotipos y sin embargo las campañas sensacionalistas de los yanquis son muy diferentes a las desatadas por la llamada Fiebre de Wuhan, algo que huele a guerra psicológica.

Estadísticas oficiales de la Organización Mundial de la Salud aseguran que “El Dengue es la arbovirosis con mayor frecuencia e impacto en la salud pública del mundo”.

Hoy el 40% de la población mundial vive en zonas de riesgo al Dengue, y se detecta en más de 125 países, con cerca de 90 millones de enfermos sintomáticos y 20 mil muertes anuales, siendo las Américas la de mayor incidencia con 18 países, de los 30 del mundo que padecen esa pandemia.

Más de 13 millones de casos se registraron en los últimos años, pero no existen acciones de prensa similares a la desatada contra el Coronavirus en China, que, si bien puede causar la muerte, el Dengue, además del deceso del paciente, acarrea otras dolencias peligrosas como:

La disminución de las plaquetas; Hemorragias en orina, transvaginal, por la nariz y encías; Gastritis con dolor abdominal; Estreñimiento; Complicaciones renales; Complicaciones hepáticas; Inflamación del bazo; Náuseas, vómitos y diarreas; así como percepción distorsionada del sabor de los alimentos.

Ocasionalmente, puede afectar varios órganos y generar descenso del nivel de conciencia, atribuido a la encefalitis, o indirectamente como resultado de la afectación de otros órganos, y desórdenes neurológicos como el Síndrome de Guillain-Barré.

Entonces, ¿por qué no se ha creado similar pánico para evitar el traslado de personas procedentes de países de América latina y otros del mundo, donde el Dengue es endémico?

Hasta noviembre del 2019 se reportaron, solo en Latinoamérica, 3 millones 139 mil 335 casos de Dengue, con mil 538 defunciones, el mayor número registrado en las Américas.

En las primeras 5 semanas del 2020 se reportan 155 mil 343 casos, incluidas 28 defunciones.

Ante esta realidad no hay un tratamiento alarmista de la prensa como se ejecuta contra China, a pesar de que el Dengue también mata y produce daños altamente peligrosos para la salud humana, sumados a los que provocan el Zika y el Chikungunya, transmitidos por el mismo vector, el mosquito Aedes Aegyiptis, presente en casi todos los continentes.

Hasta la fecha, el Coronavirus ha infestado a 74 mil 576 personas en China, de ellas murieron 2 mil 118 y en otros países ocho personas, (dos en Hong Kong e Irán. Taiwán, Japón, Filipinas y Francia reportaron una muerte).

Sin embargo, el pasado 2019 la OPS reportó más de 3 millones de enfermos por Dengue en América Latina y de ellos mil 500 fallecidos, pero no se suspendieron los vuelos internacionales, visitas de turistas, hombres de negocios, artistas, ni se cancelaron eventos deportivos.

Colombia activó la alerta amarilla en la ciudad de Cali, debido a la cantidad de personas que llegan a sus hospitales diariamente, donde los muertos suman varias docenas.

México, Honduras, Bolivia, Brasil, Guatemala, Salvador, Panamá, Costa Rica, Belice, Nicaragua, Venezuela, Paraguay, República Dominicana, Haití, Perú, Estados Unidos y las islas del Caribe, reportan miles de casos, y centenares de muertes, pero no se conforma el pánico sobre dimensionado que hacen hoy contra China, donde, ante la campaña insidiosa y el pánico creado en el mundo, han cerrado temporalmente restaurantes y tiendas en los barrios chinos en países de Europa, con altas pérdidas económicas para sus propietarios de origen chino.

La fobia anti china es sembrada a diario por la prensa occidental como parte de ese fabricado rechazo, pero llama la atención que Estados Unidos no ha cerrado una sola instalación ni suspendido un evento internacional.

¿Por qué razones no existe la misma publicidad alarmista por el Dengue, si ese virus enferma y mata a más personas que el Coronavirus?

En lo que va de 2020, Paraguay y Honduras encabezan los brotes de Dengue. Paraguay declaró más de 20 mil infestados, incluido al presidente Maro Abdo Benítez. El 29 de enero pasado, la capital, Asunción, declaró emergencia ambiental y sanitaria por 90 días, pero el tratamiento mediático no habla de esa emergencia.

Brasil, en 2019 reportó 2 millones 241 mil 974 casos, el 70% del total de la región, pero no suspendieron los carnavales de Sao Pablo y Rio de Janeiro, en febrero 2020.

La OPS asegura que siete de cada diez habitantes de América Latina están expuestos al Dengue y la Organización Mundial de la Salud afirma que la mitad de la población mundial ahora está en riesgo de padecer Dengue”, pero no se ha sembrado el terror de visitar ninguno de los128 países donde ya es endémico y afecta a unos 96 millones de personas cada año.

No hay dudas, las evidencias exponen que la cruzada contra China es total, a pesar de los esfuerzos que realiza para enfrentar el Coronavirus, incluso con la construcción en tiempo récord de dos hospitales para aislar a los enfermos y evitar el contagio de la población, pero el pueblo chino saldrá adelante con su tesón y perseverancia, porque como aseguró José Martí:

“Un pueblo está hecho de hombres que resisten y hombres que empujan”.

 

 

 

Intensifica Estados Unidos su accionar subversivo en Cuba


Por Arthur González

Cuando Barack Obama anunció el 17.12.2014 el restablecimiento de relaciones diplomática con Cuba, cortadas por Estados Unidos en enero de 1961, hubo quienes aseguraron que las medias tomadas iban en el camino correcto pero muy limitadas.

No se puede calificar de camino correcto esas acciones acordadas por su Consejo de Seguridad Nacional, pues en su discurso Obama puntualizó con claridad que la nueva política reemplazaba una vieja, que no logró en 58 años derrumbar el socialismo cubano y por tanto había que cambiar de estrategia si se querían alcanzar los resultados deseados.

Una de las nuevas líneas de trabajo diseñadas contra la Revolución es su accionar subversivo sobre el sector no estatal, aprovechando la ampliación que hizo el Gobierno cubano en ese sentido, de ahí que Obama fue enfático al exponer en sus discursos que:

“Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba. Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano. Los cambios introducidos en nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano”.

Al aprobar un paquete de medidas relacionadas con el comercio con la Isla, no hubo subterfugios y se explicó notoriamente que solo eran para el sector privado cubano, algo que Penny Pritzker, Secretaria del Departamento de Comercio se encargó de exponer el 26 de enero del 2015 en su cuenta de Twitter:

Las provisiones están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama y fortalecer la sociedad civil cubana”.

De ahí que se iniciaran diferentes cursos de preparación para los denominados “jóvenes emprendedores”, como los impartidos por la Iglesia Católica, denominados Cuba Emprende y InCubaEmpresas, el primero en casas sacerdotales de la capital y en otras varias provincias del país, y el segundo en el católico Centro Fe y Cultura Loyola, ubicado en la iglesia del Sagrado Corazón, para lo cual han recibido un fuerte presupuesto del exterior, con el propósito de formar y asesorar, principalmente a los jóvenes, a que impulsen sus negocios privados y cooperativas.

Según la propia iglesia ha dicho, esos empeños persiguen “respaldar al emergente sector privado, fundamentados en la Doctrina Social de la Iglesia Católica y la necesidad de contribuir a su preparación, en espera de la legalización de las pequeñas y medianas empresas privadas”.

No hay dudas de lo que se pretende con esas  “buenas intenciones, pues según declaró el propio Obama, el 17.12.2014:

“…Continuamos pensando que los trabajadores cubanos deben tener la libertad de crear sus sindicatos, así como los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos…insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.

En esa misma línea y a pesar del discurso provocativo del presidente Donald Trump en Miami el pasado mes de junio, la embajada yanqui en la Habana ha transformado los tres centros ilegales, creados dentro de su recinto para la preparación de la contrarrevolución interna, en aulas para impartirle clases a los jóvenes cubanos.

Para consolidar sus pretensiones de “empoderar al pueblo”, el 6 de junio del 2017 esa misión diplomática informó que su Gobierno decidió ofrecer subvenciones de hasta 100 mil dólares al sector privado cubano, para fortalecer las pequeñas empresas en Cuba, dinero destinado a individuos u organizaciones sin fines de lucro, con el objetivo de preparar a los propietarios no estatales, para que crezcan y puedan tener sostenibilidad, eficiencia, creatividad, servicio al cliente, e innovación.

Las áreas beneficiadas por Washington son la agricultura, el medioambiente, meteorología, salud y cultura.

En cuanto al medioambiente, se valorarán las solicitudes que aborden la pesca sostenible, la contaminación marina, la vida marina en peligro de extinción, la conservación de los arrecifes de coral, de la vida silvestre y de las áreas protegidas.

En materia de salud, los proyectos deberán centrarse en la cooperación en la lucha contra las enfermedades transmisibles y no transmisibles que afectan a las poblaciones de los Estados Unidos y de Cuba, en específico centradas en el Zika, el cáncer y la diabetes. También serán evaluadas las propuestas que promuevan el intercambio cultural, mejoren la comprensión mutua, contribuyan a una mayor capacidad técnica en las profesiones culturales y las artes.

Todo está esbozado con mucha “nobleza”, como si los cubanos no tuvieran memoria de la guerra biológica a la que es sometida Cuba, como fue la Fiebre Porcina Africana, la Roya de la caña de azúcar, el Moho Azul del Tabaco, la Tristeza del Cítrico, la Broca del Café, el Dengue Hemorrágico, causante de cientos de muertos en su primera aparición en la Isla en 1981, entre muchas otras plagas y enfermedades inexistentes en Cuba.

Bien se conoce que en el llamado Fort Detrick, en Maryland, existe un centro de investigación biológica y de desarrollo de armas químicas, dedicado desde hace más de 50 años a detectar enfermedades mediante una “manipulada ingeniería de la infección”.

Hace unas décadas cambió de nombre, denominándose ahora , supervisado por Departamento de Defensa, el Departamento de Seguridad Interna, la CIA y el Instituto Nacional del Cáncer.

Como reconoció el canciller cubano Bruno Rodríguez, el 19.06.2017 en conferencia de prensa en Viena, Austria:

“…es falso afirmar que el presidente Obama hizo concesiones a Cuba, mantuvo en lo fundamental el Bloqueo y trató de avanzar los intereses norteamericanos, e incluso de subvertir el orden constitucional en nuestro país…”

Aunque edulcoren la estrategia todo va encaminado a minar las bases de la sociedad cubana para lograr su deseado “Transito pacífico hacia el capitalismo”.

Que los compren quienes no los conocen, porque como aseguró José Martí:

“…de esa tierra no espero nada más que males”