Reconoce Donald Trump que fue engañado sobre Venezuela.


Por Arthur González.

El diario The Washington Post acaba de publicar un artículo donde afirma que el actual inquilino de la Casa Blanca, el inexperto en política Donald Trump, aseguró sentirse frustrado ante las constantes derrotas sufridas en Venezuela, en su obsesión por derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Todo indica que el Presidente yanqui está insatisfecho con la estrategia diseñada por los especialistas de la CIA y su asesor de seguridad nacional, John Bolton, la que no logra aglutinar al pueblo venezolano a favor del títere Juan Guaidó, figura gris mal seleccionada para fungir, o, mejor dicho, fingir como gobernante interino.

Guaidó, ausente de carisma, imagen atractiva y de un discurso encendido, no ha sido capaz de movilizar a la oposición y menos aún de ser reconocido por los militares, demostrando una nefasta actuación durante el fallido intento de trasladar hacia Venezuela la ayuda “humanitaria” por la frontera colombiana, el pasado mes de febrero 2019, a pesar del fuerte apoyo sustentado por Estados Unidos, en el que movilizaron al Secretario General de la OEA, y a los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay, para estar junto al títere Guaidó.

Como operación mediática, Estados Unidos aprobó un concierto organizado por el empresario británico Richard Branson, fundador del Grupo Virgin, el que atrajo a un grupo de artistas de fama internacional, quienes quedaron en ridículo y marcados para la historia como peones de los yanquis, al no obtener los resultados planificados.

Funcionarios del Gobierno y de la Casa Blanca, aseguran que Trump se siente engañado, pues la CIA y Bolton le aseguraron que reemplazar al presidente Maduro por Juan Guaidó, sería una tarea muy fácil, pero en realidad ha sido todo lo contrario.

Ya pasaron tres meses de su auto proclamación como Presidente sin resultados, y la vida dice que todo el dinero gastado en sostenerlo ha sido un fiasco total. Los 50 países que se dejaron presionar por Washington, deben estar sacando las mismas conclusiones y en el futuro tendrán que volver a reconocer a Maduro como único y legitimo presidente de Venezuela.

Lo que le sucede hoy a Trump, también lo sufrió el presidente John F. Kennedy, cuando el entonces director de la CIA, Allen Dulles, le aseguró en 1961, que el pueblo cubano “esperaba ansioso” la llegada de la invasión con la brigada mercenaria por Bahía de Cochinos, la que fue enfrentada y vencida en solo 67 horas.

Al tener que asumir la derrota, Kennedy tomó la decisión de defenestrar a la CIA y a varios de sus asesores por engañarlo, medida que tendrá que tomar Trump con Bolton y Elliott Abrams, que no dan en el centro de la diana con sus planes imperiales contra Maduro, y solo han incrementado el odio de millones de personas y de países como los centroamericanos, a los que les retiró más de 450 millones de dólares, al no poder detener el flujo de inmigrantes indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras, hacia la frontera sur de Estados Unidos con México.

Hoy Estados Unidos posee mayor rechazo en América Latina y otros lugares del mundo, debido a su política intervencionista e injerencista, incluidas las sanciones económicas y financieras a Cuba y Venezuela, unido a las elevadas multas impuestas a bancos extranjeros y la reciente liberación de la aplicación del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, que perjudica a miles de inversionistas extranjeros en Cuba, muchos de ellos procedentes de países aliados a Estados Unidos.

Kennedy también subestimó a Fidel Castro y su prepotencia imperial no le permitió valorar el mayoritario respaldo popular que tuvo, de ahí sus constantes fracasos en derrocarlo, llegando en su desesperación a aceptar los planes propuestos por la CIA para asesinarlo, unido a operaciones de terrorismo de Estado, acciones de guerra económica y biológica, que sus sucesores han seguido sin el menor resultado, porque continúan sin evaluar objetivamente el apoyo del pueblo a su Revolución.

Con Venezuela les sucede de forma idéntica, y cuales trasnochados embriagados, persisten en la guerra económica como medio para que el pueblo se lance a las calles, ante las crecientes limitaciones alimentarias.

Si Trump no toma en serio sus fracasos en Venezuela, terminará aceptando las propuestas del anciano John Bolton, que pide constantemente una intervención militar en Venezuela, y sin dudas será el fracaso y fin de su carrera política, debido a la cantidad de muertos que pondrá el ejército norteamericano, bajas que no podrá justificar ante sus ciudadanos, pues los venezolanos, al igual que los cubanos en Bahía de Cochinos, defenderán su patria con todo el coraje que tienen como herencia de sus próceres, principalmente de Simón Bolívar.

Hay que estar ciego para no ver que la oposición venezolana no está dispuesta a enfrentarse en las calles con el pueblo, pues la integran miembros de la burguesía acostumbrados a vestir con sacos y corbatas, sin mezclarse con los trabajadores y personas humildes, quienes apoyan a Maduro por ser los más beneficiados de la Revolución chavista y de sus programas sociales.

Esa oposición burguesa tomó el camino de Miami, España y otros países de habla hispana, llevándose en sus maletas el capital suficiente para vivir bien en el “exilio”.

Los que se quedaron, después del fiasco de la intentona golpista, corren a refugiarse en embajadas para evitar la justicia y otros son encarcelados por violar las leyes del país.

Guaidó sigue en libertad, como una magistral maniobra de Maduro para que aumente su desprestigio ante el mundo, detenerlo sería convertirlo en víctima, pero él caerá por su propio peso sin penas ni glorias.

Mientras, desde Washington, Bolton y Abrams con total ignorancia del sentimiento de los pueblos, continúan jugando a la guerra desde posiciones seguras, pero sin mojarse sus posaderas.

Certero fue José Martí cuando afirmó:

“La ignorancia es la garantía de los extravíos políticos”.

 

Verdades que Estados Unidos oculta.


Por Arthur González.

A poco más de una semana del cierre del gobierno de los Estados Unidos por falta de fondos, se percibe un caos en la sociedad yanqui.

¿Alguien se imagina que pasaría si ese país fuera sometido a la misma guerra económica, comercial y financiera que desde hace 60 años sufre el pueblo de Cuba?

Sin dudas se convertiría en un país de mendigos y harapientos, como se puede constatar en barrios como Liberty City en Miami, o en Skid Row, ubicado en el centro de la ciudad de Los Ángeles, al que le llaman el barrio de los indigentes.

Algo muy diferente sucede en la estoica isla de Cuba, donde a pesar de esa despiadada guerra económica, la salud y la educación son gratuitas, y aunque no exentas de dificultades provocadas por la escasez de recursos, se mantienen brindando servicios por el esfuerzo del gobierno socialista, que tiene como primera prioridad el hombre, a pesar de las campañas tendenciosas fabricadas por los yanquis.

En la Cuba bloqueada por más de medio siglo, no hay indigentes durmiendo en las calles, ni niños limpiando cristales de autos, vendiendo baratijas o trabajando como esclavos sexuales, como ocurre en muchos países, incluso en los propios Estados Unidos donde la industria del cine porno los exhibe como trofeos.

Mucho critican a Cuba por la suciedad en sus calles ante la falta de colectores de basura y camiones suficientes para recogerla diariamente, pero no hablan del alto costo de cada camión y colectores, dinero del que las finanzas cubanas no siempre disponen para su adquisición, ni del crédito necesario porque las leyes del Bloqueo impiden acceder a ellos, e incluso a la ejecución de una transacción bancaria, debido a las sanciones millonarias que impone Estados Unidos a quienes se atrevan a llevarla a cabo.

El gobierno cubano se esfuerza por buscar soluciones sin lamentar epidemias, como las que parecen estar avocadas en grandes ciudades estadounidenses, debido a las dos semanas de cierre del gobierno, por negarse el Presidente Donald Trump a la aprobación del presupuesto, hasta tanto el Congreso acepte su capricho de que accedan a suscribir 5 mil millones de usd, para la construcción de un muro en la frontera con México.

Lo que oculta la gran prensa yanqui es que, por falta de una política coherente de ayuda real al pueblo, su sistema de salud pública es un negocio para hospitales y su industria farmacéutica, al cobrar sumas exorbitantes por una operación de hernia discal, cercana a los 60 mil dólares, mientras en Cuba el paciente no paga un solo centavo, aunque se trate de un enemigo al proceso revolucionario y reciba financiamiento desde Estados Unidos para sus acciones.

Un ejemplo reciente fue revelado por Rusia Today, al conversar con un sin techo en la ciudad de Los Ángeles, California. El entrevistado fue Ronald Anderson, un ingeniero eléctrico que hace años perdió su empleo y cayó en una depresión psicológica. Padecía de una lesión, al parecer una hernia discal, y al no disponer de seguro médico ni de los 60 mil dólares para someterse a la operación, quedó invalido para siempre. Además, contrajo una infección que le provocó la amputación de uno de sus pies.

Hoy Anderson vive en las calles de Los Ángeles, pero casos como este no son considerados violaciones de los derechos humanos.

En el barrio Skid Row, residen 4 mil 500 indigentes expuestos a enfermedades curables como el tifus y la hepatitis, si tuvieran un sistema de salud gratuito similar al de Cuba.

Esos ciudadanos se ven obligados a defecar en las calles por carecer de baños y un techo donde vivir. No tienen donde bañarse y son focos de contaminación para la ciudad, algo que The New York Times o The Washington Post nunca mencionan, lo contrario a sus artículos para hablar mal de Cuba y Venezuela, países sometidos a guerras económicas y mediáticas sin precedentes.

En Los Ángeles, donde residen muchas celebridades de la cultura de Estados Unidos, existen cerca de 58 mil personas sin techo, producto del sistema político y económico que tiene ese país, y no precisamente socialista.

Estados Unidos sin estar bajo una guerra económica como padece Cuba y con pocos días sin presupuesto, tiene casi 800 mil trabajadores estatales sin cobrar sus salarios, entre ellos los controladores aéreos, algo que puede poner en riesgo la seguridad de miles de pasajeros.

Museos, parques y otros sitios recreativos permanecen cerrados por falta de presupuesto, dejando de recibir un aproximado de 1,2 millones de visitantes, de mantenerse cerrados todo el mes de enero.

Numerosos científicos que trabajan en agencias federales, como la Fundación Nacional Científica, hacen que laboratorios de todo el país también estén cerrados, situación que afecta los ensayos clínicos relacionados con el cáncer, entre otras investigaciones de alta prioridad.

Ante la falta de financiamiento del Departamento de Agricultura, los campesinos confrontan problemas para optar por ayudas del gobierno, afectándose la producción de alimentos para la población.

Los empleados públicos, al no recibir sus salarios no pueden pagar el alquiler de sus viviendas, corriendo el peligro de desalojo.

En fin, el pueblo norteamericano no está preparado para esas limitaciones y se verá sumamente afectado por las penurias a la que están sometidos por la terquedad de su presidente.

Ahora podrán tener una ligera idea de las consecuencias que sufre el pueblo de Cuba desde hace más de medio siglo, por la criminal guerra económica, comercial y financiera a la que Estados Unidos somete a 11 millones de personas, con la intensión de debilitar su economía, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno, escenario que ocultan los ideólogos yanquis.

Por actitudes similares, expresó José Martí:

“Mientras más de cerca toco las cosas políticas

, más repugnancia me inspiran”.

 

Lo que omite el diario The Wall Street Journal


Por Arthur González.

Esos que se prestan raudos y veloces para incrementar las campañas de falsedades contra la Cuba socialista que tanto aborrecen, callan contra las verdaderas violaciones de los derechos humanos que se cometen en los Estados Unidos.

Así es cómo actúan varios diarios del Norte, entre ellos The Wall Street Journal, quien se sumó recientemente a las acciones de guerra psicológica contra Cuba, cruzada mediática incrementada en los últimos meses para tratar de sembrar una matriz de opinión negativa en el público norteamericano.

Sin embargo, no hay un solo editorial para denunciar la triste realidad que se vive en las cárceles de Estados Unidos, afirmada el pasado 8 de marzo 2017 por la Oficina del Inspector General del Departamento de Seguridad Nacional, uno de los organismos encargados de la vigilancia interna del Gobierno, donde se expresa entre otras violaciones, informes de la comida descompuesta, duchas mohosas y la mezcla de detenidos de alto y bajo riesgo, en el centro de detención para inmigrantes Theo Lacy, en el condado Orange, al sur de California.

En dicho reporte se describen los altos riegos para la salud humana que existe en dicha prisión y para la seguridad de los recluidos, centro administrado por la policía de ese condado, bajo un contrato firmado con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus iniciales en inglés).

La gran prensa de Estados Unidos no hace editoriales revelando esas constantes violaciones a los derechos humanos, a pesar de que activistas por los derechos de los inmigrantes, critican ese y otros centros de detención en otros estados, incluidos Arizona, Nuevo México y Texas.

Se conoce que, en el Centro de detención Eloy, en Arizona, bajo administración privada, hubo un brote de sarampión el pasado año 2016, y producto de sus malas condiciones higiénicas desde el año 2004 se reportan 15 fallecimientos.

Si algo parecido sucediera en Venezuela, Cuba, China, o Rusia, no alcanzarían las páginas de los periódicos norteamericanos para sus campañas, pero como es en el país “paradigma de los derechos humanos”, el silencio es la mejor propaganda.

Ante ese caso y otros mucho peores, el Comité de Naciones Unidas no se pronuncia, y cuando hace dos años convocaron al Departamento de Estado de Estados Unidos, a declarar por las torturas que se comenten contra los prisioneros en la cárcel de la Base Naval en el territorio cubano de Guantánamo, rápidamente se diluyó la información, sin cruzadas mediáticas similares a las que inventan contra Cuba.

Estados Unidos es el segundo país del mundo con mayor índice de presos, 693 presos por cada 100 mil habitantes, y en 2016 registró más de 15 mil muertos y alrededor de 30 mil 500 heridos víctimas de violencia armada, a lo que se suma el trato discriminatorio hacia las minorías étnicas, con la peor diferencia salarial en 40 años entre negros y blancos, unido al mal trato que reciben.

Esas verdades no son condenadas, y encima de eso se auto proclaman “campeones de los derechos humanos del mundo”, confeccionando listados acusando a otros, cuando ellos son los mayores violadores del planeta, algo que bien merece una serie de editoriales del diario The Wall Street Journal y su similar The Washington Post.

No se equivocó José Martí cuando expresó:

“De ese pueblo del Norte hay mucho que temar, y mucho que parece virtud y no lo es, y mucha forma de grandeza está hueca por dentro como las esculturas de azúcar”.

 

 

 

 

Evidentemente “The Washington Post” no sabe leer


Por Arthur González.

Como si fuera un boxeador a punto de recibir un knock out, el diario “The Washington Post” lanza golpes a ciegas contra la nueva Directiva Presidencial, PPD-43, firmada por Barack Obama, sobre la política de Normalización de las Relaciones con Cuba, acusándolo de enviarle un mensaje equivocado al presidente cubano Raúl Castro.

Es sabido que ese diathe-washington-postrio estadounidense defiende los intereses más reaccionarios de la comunidad cubana radicada en Estados Unidos, con especial preferencia de los miembros de la mafia terrorista anticubana de Miami, integrada por esbirros del dictador Fulgencio Batista y sus descendientes; asesinos, torturadores y ladrones, que sienten odio visceral por la Revolución.

Recientemente el FBI desclasificó documentos sobre esos cubanos, ratificando sus acciones terroristas en Estados Unidos, por tanto, la verdad sale a flote respecto a esos auto titulados “exiliados”, cuando realmente muchos son prófugos de la justicia cubana por cometer delitos comunes.

En sus ataques a la mencionada Directiva, ese diario demuestra su incapacidad para leer e interpretar la letra de la misma, que en ningún momento pretende ayudar al gobierno cubano.

Para demostrar que las intenciones de Estados Unidos continúan la misma línea trazada en 1959 por el presidente Dwight Eisenhower, solo deben prestarles atención a los proyectos para desmontar el socialismo desde adentro, en una simbiosis filosófica con el “Proyecto Democracia”, aprobado por el presidente republicano Ronald Reagan, con el cual logró acabar con el socialismo en Europa del Este.

La candidata presidencial por el partido demócrata, Hillary Clinton, lo confirmó en agosto del 2015 en Miami, cuando defendió la nueva política hacia Cuba, al afirmar:

[…] “pude comprender que nuestra política de aislar a Cuba estaba fortaleciendo las garras de Castro en el poder en vez de debilitarlas, lo cual perjudicaba nuestros esfuerzos para restablecer el liderazgo de Estados Unidos en todo el hemisferio […] estábamos ayudando al régimen para que mantuviera a Cuba como una sociedad cerrada y controlada, en vez de promover la apertura positiva a la influencia externa en la misma forma que lo hicimos de forma tan efectiva con el antiguo bloque Soviético y en otros lugares…”

Los periodistas de “The Washington Post” parece que no comprenden que las relaciones diplomáticas no persiguen ayudar al gobierno socialista, sino minarlo desde adentro al ejercer influencia directa sobre su población, mediante el traslado de los valores que defiende Estados Unidos, y poco a poco trabajar a los jóvenes, y a aquellos cubanos que está acogidos a las licencias otorgadas por el gobierno para el trabajo privado.

Si fueran más astutos e inteligentes esos que acusan a Obama, pudieran descifrar lo que este pretende alcanzar de una forma más práctica y sutil, ya que casi 60 años de una política obtusa no dio los resultados esperados y sí la pérdida de cientos de miles de millones mal empleados, algo reconocido incluso por el ex jefe de la Sección de Intereses en La Habana, que puede leerse en los cables publicados por el sitio WikiLeaks. Sigue leyendo

Encomiendan triste papel a The Washington Post


Por Arthur González.

El 18.09.2016 The Washington Post publicaba un nuevo artículo contra Cuba con el siguiente titular: “Las relaciones Cuba-EE.UU. recuerdan al arreglo de Washington con el régimen de Batista”; realmente apena observar hasta donde ha caído ese prestigioso diario estadounidense, al dejarse arrastrar por la mafia anticubana, esa que apoya y protege a connotados asesinos.

batistas-y-nixon-2

Vice presidente Richard Nixon celebra con Bastista en La Habana

 

Hace pocos días se conmemoró el 40 aniversario del acto terrorista más cruel y sangriento que haya sufrido la aviación civil cubana y la del hemisferio occidental, perpetrado por cubanos al servicio de la CIA como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, los cuales han vivido plácidamente en Miami bajo la protección de congresistas mafiosos como Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart; sobre ese horrendo crimen donde murieron 73 civiles inocentes,The Washington Post no hizo una reseña para condenarlo.

Sin embargo, bien diferente es la posición que asume para atacar y ofender al pueblo cubano, al comparar las actuales relaciones entre Estados Unidos y Cuba, con los arreglos que la Casa Blanca llevó a cabo con el tirano Fulgencio Batista, quien asumió el poder de la Isla en 1952 mediante un golpe de estado bajo la sombrilla protectora de Washington.

The Washington Post miente una vez más al asegurar que son los militares cubanos los que se benefician de los actuales negocios estadounidenses en la Isla, y no el pueblo.

Ante todo, The Washington Post debería informarse de que la guerra económica establecida por Estados Unidos contra el pueblo cubano hace casi 60 años, es quien impide que los cubanos puedan tener una mejor vida, algo reflejado así en numerosos documentos de la CIA hoy desclasificados.

El presidente Barack Obama adoptó algunas medidas que pudieran interpretarse como una “flexibilización” de esa guerra económica, que Estados Unidos insiste en denominarla embargo, a pesar que la CIA la llama claramente como guerra económica.

Nada más lejos de la verdad son esas flexibilizaciones del comercio, publicadas el 26 de enero del 2016, al menos así lo afirmó la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker, en su cuenta Twitter, cuando dijo:

“Las provisiones firmadas por Obama están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama, y fortalecer la sociedad civil cubana”.

Al respecto, el secretario del Tesoro, Jack Lew, aseguró:

“Estas medidas, al igual que las que se han ido tomando durante el último año, envían un claro mensaje al mundo: Estados Unidos se ha comprometido a potenciar y permitir avances económicos para el pueblo cubano y continuaremos tomando las medidas necesarias para ayudar al pueblo cubano a alcanzar la libertad política y económica que merece”.

El propósito de las flexibilizaciones es fortalecer a los trabajadores privados y no al Gobierno, a pesar de ser este quien asume los gastos de los servicios de salud y educación totalmente gratuitos para todos los cubanos, sin distinción de credos, razas, orientación sexual, o ideologías políticas.

El mencionado diario citó como ejemplo el supuesto negocio con las visas para los estadounidenses que viajan a la Isla, al costo de 50 dólares, algo que causa risa porque no son las organizaciones militares las encargadas de ese asunto, sino el consulado cubano que, al tener solo una representación en Washington, tiene que hacer convenios con agencias de viaje para la tramitación de las visas en otros estados de la unión.

Pero The Washington Post, al manipular y desinformar a sus lectores, no menciona que el consulado de Estados Unidos en la Habana cobra 160 dólares a cada cubano que solicita una visa, la obtenga o no, y si saben sumar, pueden calcular lo que recauda la Misión diplomática estadounidense en Cuba, al aprobar anualmente no menos de 20 mil visas y denegar una suma muy similar.

Por tanto, la cantidad de dólares que obtiene Washington por concepto de las visas que pagan los cubanos que desean visitar a sus familiares, es muy superior a la calculada por el diario norteamericano por parte de Cuba, y con ese monto de dinero Estados Unidos puede costear ampliamente los múltiples programas para subvertir el orden interno cubano, en vez de emplearlo en mejoras sociales.

The Washington Post debería darse a respetar un poco más y no publicar artículos que le restan cada día más credibilidad, sabiéndose que Batista fue apadrinado por la Casa Blanca desde el primer día que tomó el poder en Cuba mediante el golpe de estado, pisoteando la democracia representativa que tanto defienden los yanquis.

A pesar de eso Washington reconoció, apoyó su gobierno hasta diciembre de 1958 y aplaudió sus robos, actos de corrupción y el asesinato de no menos de 20 mil cubanos, solo por tener pensamientos diferentes. batista-times

Parece que el diario washingtoniano desconoce que Batista solo logró alcanzar estudios de nivel primario y de taquigrafía, tuvo un origen sumamente humilde, de padre no reconocido y madre que trabajaba como doméstica para mantenerlo a él y sus hermanos.

No obstante, en 1958 bajo la mirada y apoyo de Estados Unidos, solamente a seis años de tomar el poder, ya amasaba una fortuna multimillonaria, entre ellas la propiedad de 9 centrales azucareros, un banco, 3 aerolíneas, una fábrica de papel, varias editoriales, una planta productora de gas, 2 moteles, varias emisoras de radio, una de televisión, una fábrica de materiales de la construcción, una naviera, numerosos inmuebles urbanos y rurales, colonias de caña de azúcar y decenas de empresas conjuntas con capital estadounidense.

Evidentemente al diario The Washington Post no le interesa divulgar la verdadera historia de la mafia anticubana, hija de testaferros del tirano con un odio irracional hacia la Revolución por haberle devuelto al pueblo cubano lo que siempre le perteneció, sentimiento que también asume ese periódico contra Cuba; pero como sabiamente expresara José Martí:

“No hay medida mejor de la superioridad de un adversario que la cólera de sus enemigos”.

Se suma The Washington Post a campañas anticubanas


Por Arthur González.

No se conoce realmente quien puede estar instando o pagándole al importante diario estadounidense The Washington Post para que se sume a las campañas anticubanas, pero lo está haciendo a toda prisa en momentos ethe_washington_post_front_pagen que Cuba denuncia los programas subversivos desarrollados por agencias de inteligencia de Estados Unidos bajo destacadas organizaciones, tal y como ejecutaron durante la llamada Guerra Fría contra los antiguos países socialistas europeos.

El pasado viernes 23.09.2016 ya había publicado un editorial en el cual se proyectó contra el comercio entre Estados Unidos y Cuba, donde afirmó que “las actuales relaciones de ambos gobiernos recuerdan el arreglo de Washington con el derrocado régimen del tirano Fulgencio Batista”, algo que amerita una próxima respuesta.

En su nueva línea de trabajo a favor de las posiciones que proclama la mafia terrorista anticubana de Miami, el lunes 03.10.2016 el Post publicó un trabajo del periodista, Josh Rogin, el cual se sumó a la cruzada diseñada por los mafiosos para intentar interrumpir los vuelos directos de empresas estadounidenses a la Isla, recientemente reiniciados después de 54 años.

Es público que el senador corrupto Bob Menéndez y su aliado político Marco Rubio, acusan a Cuba de no tener seguridad en sus aeropuertos, pasando por alto que desde hace varias décadas procedentes de Estados Unidos vuelan a la Isla diariamente varios aviones alquilados por agencias de viajes radicadas en Miami y ninguno ha confrontado dificultades. Jamás esos congresistas se preocuparon por ese tema, a pesar de que las tripulaciones de dichos aviones son norteamericanas, algo que pone en evidencias la sucia maniobra política.

Según el artículo aparecido en la Sección de Opinión del The Washington Post, el principal funcionario de la TSA para el Caribe, Larry Mizel, declaró a miembros del Congreso en un encuentro a puerta cerrada en el pasado mes de marzo, que:

“Cuba le presentó a la delegación estadounidense de la TSA perros sarnosos de la calle de manera fraudulenta como animales entrenados.

Esa falacia responde a una política estructurada para desprestigiar a la Revolución cubana.

El artículo periodístico añade que “Mizell también dijo que había pocos escáneres en los aeropuertos cubanos para el chequeo de los viajeros, y que la mayoría son versiones de factura china, de los que no existe información confiable”.

Todo forma parte de las nuevas acciones de la mafia anticubana para incrementar las medidas de guerra económica contra Cuba, y en su escrito Rogin hizo hincapié en que los legisladores dicen que “las fallas de seguridad aumentan considerablemente el riesgo de que terroristas, criminales, drogas y espías entren en Estados Unidos desde Cuba”.

Hay que tener muy mala memoria y el alma bien oscura para hablar de preocupaciones de esos congresistas sobre supuestos riesgo de acciones criminales de tal corte, cuando han sido precisamente los Estados Unidos quienes organizaron, entrenaron y financiaron a grupos anticubanos para ejecutar planes de terrorismo de Estado, con el objetivo de destruir el proceso revolucionario cubano.

Desde pastillas envenenadas para asesinar a Fidel Castro, petacas incendiarias para quemar centros comerciales, cines, teatros, fábricas y campos agrícolas, hasta explosivos para detonar en hoteles y centros turísticos cubanos, fueron enviadas por la CIA utilizando líneas aéreas procedentes de Estados Unidos y otros países centroamericanos.

Para acusar a Cuba de no tener seguridad aeroportuaria, antes tienen que recordar como autoridades en la frontera aérea de la Isla han detectado y detenido a decenas de agentes enviados por la CIA y organizaciones contrarrevolucionarias bajo las órdenes de oficiales de esa Agencia, evitando daños de consideración.

El diario The Washington Post debería tener el valor de publicar algunos de los planes terroristas de la CIA contra Cuba, aprobados por el Gobierno de Estados Unidos, como el documento preparado por la Agencia Central de Inteligencia para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, fechado el 08.06.1963, bajo el título de: “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”.

Si ese prestigioso diario desea informar a sus lectores verdades irrefutables, puede divulgar ese Programa donde se exponen acciones terroristas de toda índole, entre ellas algunas que corroboran quien es el verdadero terrorista de este mundo.

Entre los puntos de ese programa está el referido a:

Sabotaje general y hostigamiento. Los sabotajes en este programa son tanto un arma económica como un estímulo a la resistencia, debe existir una visible y dramática evidencia del sabotaje para que sirva como un símbolo del creciente desafío popular al régimen de Castro.

Esas operaciones serán realizadas lo mismo por agentes controlados desde afuera ahora disponibles o por los agentes internos o aquellos que se consignan. Los agentes entrenados y controlados por la CIA serán empleados como lo serán los grupos autónomos exiliados seleccionados. Inicialmente, el énfasis será en el uso de agentes controlados desde afuera, con un cambio a los internos tan pronto como sea operativamente factible”.

[…] Cada acción tendrá sus peligros: habrá fracasos con la consecuente pérdida de vidas y acusaciones contra EE.UU. que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

[…] El gobierno de Estados Unidos debe estar preparado para negar públicamente cualquier participación en esos actos, no importa lo alto o incluso lo detallado que pudieran ser los informes de la complicidad de EE.UU.”.

Si la Sección de Opinión del The Washington Post, diera a conocer íntegramente ese Plan contra Cuba, ganaría en prestigio, transparencia y sin dudas aumentaría sus ventas, aunque es muy difícil que puedan contar con la suficiente libertad de hacer algo que ponga en evidencias la verdadera naturaleza de su Gobierno.

En defensa del periodismo José Martí proclamó:

“…la prensa debe ser el examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas.”

Estados Unidos y la distorsión de la realidad


Por Arthur González.

Tal parece que cierto sector de la prensa estadounidense observa la realidad a través de un cristal empañado y así se la trasmite a su población en un intento por hacerle creer que lo rojo es verde. El tema Cuba es un diáfano ejemplo.

Hace casi 60 años que la Casa Blanca se empeña en destruir a la Revolución cubana, por apartarse de la línea que Estados Unidos trazó para América Latina. Para lograrlo, la CIA diseñó y llevó a cabo decenas de planes y programas de acciones encubiertas de terrorismo de Estado.

Entre esos se encuentran múltiples planes de asesinato contra Fidel Castro, algo inaudito e investigado por una comisión del Senado, que Estados Unidos ve como algo normal; pero bien diferente sería si Cuba hubiese intentado asesinar a algún presidente estadounidense.

A pesar de haberle causado tanto muertos y heridos al pueblo cubano, la prensa yanqui tiene la desfachatez de exigir que el Gobierno de la Isla haga cambios y califican las reclamaciones cubanas de “demandas castristas desmesuradas”.

¿Sabrá el pueblo estadounidense que la voladura del buque francés La Coubre por agentes de la CIA en marzo de 1960, dejó un saldo de 101 muertos y más de 200 heridos?

¿Cómo reaccionaría el Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos si el hecho hubiera sido en un puerto de su paísobama firmando y los muertos y heridos ciudadanos estadounidenses?

Cuba jamás ejecutó actos terroristas contra centros comerciales, fábricas, cines, hoteles, restaurantes, puentes, líneas del ferrocarril, plantas eléctricas, ni campos de cultivos de Estados Unidos. Tampoco introdujo plagas y enfermedades para afectar su flora, fauna o contra los ciudadanos de ese país.

Los planes contra Cuba están desclasificados y publicados por el Departamento de Estado, y en diferentes archivos de bibliotecas norteamericanas donde se puede conocer y comprobar las atrocidades consumadas por la CIA que ha sufrido el pueblo cubano.

De eso la prensa yanqui no habla, ni The Washington Post, The New York Times, o The Miami Herald escriben y un solo párrafo, al parecer los muertos cubanos no son seres humanos como los que fallecieron en el trágico y turbio suceso de las Torres Gemelas.

En un intento por hacerle creer al gran público estadounidense, su prensa acusa al presidente Barack Obama de haber sido inconsistente con su política hacia Cuba, al restablecer relaciones diplomáticas y reconocer algo evidente, que la política emprendida contra la Revolución no les dio la posibilidad de derrocarla.

Serán ciegos los que redactan editoriales calificando a Obama como un “pato cojo”, denominación que emplean en Estadios Unidos para funcionario electo saliente que ocupa el cargo entre las elecciones y el juramento del sucesor.
Para los conocedores de la política doméstica de Estados Unidos saben que quien realmente manda en ese país es el Consejo de Seguridad Nacional y no el Presidente.

Obama no actuó por sus propios deseos, siguió las recomendaciones de los integrantes del Consejo, pues la CIA era del criterio que debían ampliar sus acciones dentro de la Isla; para eso necesitaba aumentar el número de sus oficiales que pudieran evaluar en el terreno la verdadera situación que presenta Cuba, y sobre todo poder estudiar, reclutar e influir en funcionarios gubernamentales para alcanzar sus sueños de la Transición.

Tal esquema de actuación no es novedoso y había sido propuesto en agosto de 1968, según consta en un acta de la reunión sostenida entre la CIA y el Departamento de Estado, donde se analizaron las propuestas de un cambio de política hacia Cuba.

En dicho documento se pueden leer las ventajas que veían, donde expusieron abiertamente:

“…la posibilidad de abordar a los líderes cubanos alrededor de Castro y asegurarles que Estados Unidos no desean echar por tierra o borrar los logros de la Revolución, y que estaban preparados para cooperar con ellos y apoyarlos en un régimen posterior a Castro, a cambio de que cooperarán de forma encubierta con la CIA para proporcionarle informaciones y quizás realizar acciones oportunas que acelerarán la sustitución de Castro como líder del régimen”.
Obama no ha hecho ninguna concesión a Cuba, su política es precisa y subrayada en el Comunicado de la Casa Blanca del 17.12.2014, al exponer: Sigue leyendo