Silencio cómplice


Por Arthur González.

Luis Almagro, secretario general de la OEA y los 14 países que han apoyado las acusaciones contra Venezuela siguiendo los dictados de Washington, han quedado desenmascarados por el silencio cómplice que asumen ante la verdadera guerra civil que sufre el pueblo mexicano.

Mientras la violencia desatada en Venezuela, creada, dirigida y financiada por la CIA y el Departamento de Estado contra el gobierno bolivariano de Nicolás Maduro, en México se asesinan a los verdaderos luchadores por los derechos civiles y humanos de ese pueblo, quien sufre una cruenta guerra ejecutada por los carteles de la droga que tienen sus tentáculos en las altas esferas del gobierno azteca, e incluso en el territorio de los Estados Unidos, país que consume la mayor parte de la producción de cocaína que transita desde la frontera mexicana.

A tal punto llega la violencia en México que las cifras de muertos están por encima de Irak y Afganistán, países que soportan la ocupación militar norteamericana.

Expertos en la materia afirman que, México es el 2do país después de Siria que más violencia padece, donde esta campea ante la fría mirada de su Congreso, la OEA, el Departamento de Estado y ciertas organizaciones “humanitarias” creadas espacialmente para condenar a Cuba.

Jamás México ha sido señalado en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ahora denominada Consejo de Derechos Humanos, ni existe en España un Observatorio de Derechos Humanos o se ha fabricado una Fundación Memorial para las Víctimas, como hacen contra Cuba.

¿Será que Estados Unidos o los parlamentarios europeos no consideran a los mexicanos seres humanos y por tanto no hay que preocuparse por los cientos de miles que desaparecen y son asesinados anualmente?

Los congresistas Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Jeff Duncan, Carlos Curbelo y Dennis Ross, ni los senadores Bob Menéndez, Marco Rubio y Ted Cruz, alzan su voz en el Congreso de Estados Unidos en solidaridad con el pueblo que más desaparecidos y asesinados tienen en este hemisferio; por su puesto México posee un gobierno plegado totalmente a la política yanqui, a diferencia de Cuba y Venezuela que son etiquetados por Washington como gobiernos “totalitarios”.

Esos estados “totalitarios” si tienen programas sociales para mejorar la vida de sus ciudadanos, como los de salud y educación gratuita para todos, no tienen asesinatos ni desaparecidos, pero soportan una guerra económica total diseñada por la CIA, para hacerlos fracasar en su empeño de satisfacer las necesidades de la población, unida a la propagandística, y, por si fuera poco, el millonario financiamiento a una contrarrevolución fabricada y preparada también por Estados Unidos.

Mientras en México asesinan a los activistas que defienden los verdaderos derechos humanos y a periodistas que denuncian valientemente la impunidad con que actúan las bandas de narcotraficantes, en Cuba y en Venezuela, los cabecillas contrarrevolucionarios gozan de excelente salud y viajan constantemente a Miami para recibir entrenamiento, con el fin de derrocar el socialismo.

Tampoco se escucha a dirigentes políticos y activistas de derechos humanos de países latinoamericanos, solicitar la conformación de una Comisión Internacional para la Fiscalización de los Crímenes de Lesa Humanidad, como hicieron hace pocos días contra Cuba.

En Cuba no existen asesinatos ni desaparecidos, los contrarrevolucionarios transitan libremente por el país, viajan el mundo sin ser molestados y son asiduos visitantes a la embajada yanqui y otras europeas, despreocupados de cualquier ataque mortal de la policía o fuerzas paramilitares.

Sin embargo, en México las cifras de muertes se incrementan cada año y para eso no hay acusaciones ni reclamos. En el 2006, sin tener una guerra como la de Siria, la cifra de muertos llegó a 105 mil y en el 2017, solo en el primer trimestre, los muertos suman 5 mil 799, entre ellos 6 destacados periodistas, más varios activistas de colectivos de desaparecidos.

Es hora ya que la OEA, la ONU y el Parlamento europeo, tomen cartas en el asunto y conformen un Tribunal Internacional para Fiscalizar los Crímenes de Lesa Humanidad que se comenten contra el pueblo mexicano y que los funcionarios corruptos, enriquecidos de la noche a la mañana con el dinero de los narcotraficantes, paguen por lo que hacen contra el pueblo, algo que no sucede en Cuba a pesar de las campañas propagandísticas que intentan conformar matrices de opinión en su contra.

Cuánta razón tenía José Martí cuando expresó:

“En política, la única fuerza definitiva e incontrastable es la honradez”.

De Washington a Macondo


Por Arthur González.

Aunque parezca increíble todo indica que el surrealismo se apoderó de la Casa Blanca y como en Cien años de Soledad, célebre novela del premio Nobel, Gabriel García Márquez, porque las cosas que están sucediendo así lo demuestran.

Asombrosamente el flamante presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informó el 25.01.2017 en su cuenta Twitter, que solicitaría una investigación para determinar si existió un fraude electoral en las pasadas elecciones del mes de noviembre, donde salió electo Presidente, a partir de fuertes indicios de que personas registradas en dos estados hicieron uso del voto, otras con estatus ilegal en Estados Unidos también votaron e incluso ciudadanos fallecidos tiempo atrás depositaron sus boletas en las urnas.

¡Quién lo diría! pero de ser ciertas las sospechas, Estados Unidos pasaría a ser cualquier pueblecito de Latinoamérica donde son frecuentes los fraudes electorales, robos de urnas, votantes que murieron antes de elecciones, e incluso boletas falsas.

Un viejo programa humorístico cubano de la década de los 70, exponía la vida en un pueblo llamado San Nicolás del Peladero, donde los dos partidos existentes  se disputaban la alcandía mediante trampas políticas, entre ellas situaciones casi idénticas a las que ahora denuncia el flamante Presidente estadounidense.

¿Se habrá contagiado Estados Unidos con ese tipo de maniobras sucias para lograr los votos de los colegios electorales?

Todas las sospechas del Presidente comenzaron cuando recibió ciertos informes sobre estudios y evidencias de la manipulación electoral, y uno de ellos afirma, de forma no oficial, que el 14% de los votantes en las elecciones de noviembre no eran ciudadanos estadounidenses.

Para echarle más leña al fuego, la consultora Pew elaboró otro en el cual asegura que más de 1,8 millones de personas fallecidas figuraron como electores, aunque el citado documento no contiene las evidencias.

De inmediato políticos como el senador del Partido Republicano Ted Cruz, de origen cubano, dio su apoyo a las sospechas del Presidente Trump, al expresar: “Creo que el fraude electoral es un serio problema y los medios de comunicación lo ignoran de manera cotidiana”.

Como se sabe, el Presidente Trump recibió 2,9 millones de votos menos que su rival, la demócrata Hillary Clinton, pero finalmente ganó las elecciones por el sistema indirecto de los colegios electorales.

La vida se encargará de poner al descubierto si existió realmente una votación ilegal generalizada en los pasados comicios, lo que de comprobarse constituiría uno de los mayores escándalos políticos en la historia de Estados Unidos.

Son cosas del llamado estilo de vida norteamericano que no sorprendieron a José Martí y por eso escribió:

“Decir Estados Unidos no quiere decir perfección suma […] Sin soberbia se puede afirmar que ni actividad, ni espíritu de invención, ni artes de comercio, ni campos para la mente, ni ideas originales, ni amor a la libertad siquiera, ni capacidad para entenderla, tenemos que aprender de los Estados Unidos”.