La agresión yanqui contra Venezuela, una lección para el mundo.


Por Arthur González.

Aquellos “inocentes” que aún creen en la llamada democracia representativa tan divulgada por los yanquis, ahora podrán comprobar que no existe, y el mejor ejemplo es la agresión de Estado Unidos contra el gobierno venezolano, elegido democráticamente el pasado 2018, ante la supervisión internacional que calificó dicho proceso como limpio y correcto.

En esas elecciones, incluso pospuestas ante el reclamo de la oposición que finalmente no participó en el proceso por órdenes de Washington, se demostró que Nicolás Maduro tiene el apoyo mayoritario de su pueblo, algo que el imperialismo yanqui no tolera.

Ante tantos planes subversivos fracasados, su impotencia se multiplica y como alternativa fabricaron al títere Juan Guaidó, desconocido para el pueblo, quien aceptó prestarse para seguir a las indicaciones de la CIA.

¿Se puede hablar de democracia y participación popular en la auto proclamación como presidente del títere Guaidó?

Por supuesto que no, es un acto de rebeldía según el código penal de todos los países del mundo, incluidos los Estados Unidos.

Lastimosamente la Unión Europea y Canadá aceptaron las presiones de la Casa Blanca, demostrando un doble racero en su política exterior, y que ante los llamados del presidente Donald Trump cierran filas a su favor, a pesar de ese puede marcar un antecedente muy peligroso para el futuro de la región.

Lo que está sucediendo contra el pueblo venezolano es piratería moderna, al apoderarse de los fondos monetarios de Venezuela, negarse bancos europeos al traspaso de su oro y congelarle cuentas bancarias para entregárselas a la oposición, hecho sin antecedentes y que Europa ahora acepta en total sumisión.

Sin embargo, en los propios Estados Unidos la prensa acusa al presidente Trump de loco e irresponsable, lo que se evidenció con el cierre del gobierno federal al no interesarle el bienestar de los ciudadanos de su país, como afirmó recientemente Maribel Hastings, asesora ejecutiva de America’s Voice.

Si para los norteamericanos la decisión de Trump de ese cierre gubernamental es descabellada, por haber castigado a casi un millón de familias sin poder cobrar sus salarios durante 35 días, sin importarle las penurias que esas personas pasarían, ¿por qué no se solidarizan con el pueblo venezolano y el cubano que están sometidos a una cruel y despiadada guerra económica y financiera desde hace muchos años?

A Trump y a la mayoría de su Gabinete no les interesa lo que sufren sus conciudadanos y menos los cubanos y venezolanos, porque el interés por apoderarse de las riquezas de otros países es mucho más importante que la vida de millones de seres humanos.

La operación para construir al títere Juan Guaidó, contó con el visto bueno de Donald Trump y su asesor en política contra Cuba y Venezuela, el senador Marco Rubio, integrante de la mafia terrorista asesina de Miami, algo que el propio títere confirmó al asegurar que dialogó con el mandatario estadounidense, sobre la crisis del país, quien le aseguró que contara con todo su apoyo.

Ya salen a luz pública los pasos que dio la CIA y funcionarios del Departamento de Estado para preparar al títere durante sus visitas a Washington y a Colombia, país que visitó subrepticiamente para recibir los últimos consejos y acordar la fecha en que se auto proclamaría presidente.

No por gusto el primer mandatario en reconocer al títere fue su jefe Donald Trump, de ahí le siguieron los demás que ya estaban advertidos por funcionarios del Departamento de Estados.

Lo que sucede en Venezuela hoy no es una simple payasada, es una operación que cuenta con varias etapas, las cuales irán subiendo de tono y de complejidad en la medida que el pueblo continúe su respaldo al presidente constitucional Nicolás Maduro.

La segunda etapa se produjo en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Estados Unidos intentó legitimizar la operación subversiva, pero ahí no obtuvo los resultados que deseaba.

La siguiente fue apretar aún más la tuerca sobre la economía venezolana, al secuestrar el dinero de las ventas de petróleo y pretender adjudicárselo al títere Guaidó para que compre a sus seguidores e intente sobornar algunos militares.

A esa se unió la farsa del títere yanqui de nombrar embajadores en los países latinoamericanos que le apoyaron, siguiendo instrucciones del Departamento de Estado, especialmente algunos integrantes del Grupo de Lima, en Washington y en el consulado de Miami. El objetivo es cortarle a Venezuela sus lazos con Latinoamérica y legitimar el golpe de estado.

Si ninguna de esas medidas remueve al presidente Maduro, todos los esfuerzos se concentrarán en el ejército, en busca de un nuevo Augusto Pinochet que se pliegue a los dictados de la CIA, para repetir el vergonzoso golpe contra el presidente chileno , donde el mundo observaría el derramamiento de sangre en todas las calles venezolanas.

De producirse ese escenario, tendría la gran diferencia que mucha de la sangre será de los yanquis y sus secuaces, porque ese pueblo que alcanzó a leer y a escribir, tener la salud gratuita, cultura, viviendas, trabajo y la dignidad de ser libres y soberanos, no se dejará arrebatar el poder que les dio Hugo Rafael Chávez Frías, cuando fue elegido presidente por mandato popular.

La Unión Europea, los lacayos latinoamericanos y los actuales dirigente de Estados Unidos, llevarán sobre su espalda la traición y la conjura, y los pueblos exigirán justicia, más temprano que tarde, por tantas felonías en nombre de una “democracia” ensangrentada.

No son los mismos tiempos en que los yanquis quitaban y ponían presidentes y juntas militares, como hicieron en Argentina, Brasil, Colombia, Paraguay, Uruguay, Perú, Bolivia, Guatemala, Salvador, Honduras, Haití, República Dominicana y Cuba, en el pasado siglo XX.

Hoy venezolanos y venezolanas defienden con los dientes su independencia, porque como expresara José Martí:

“Los hombres, subidos ya a la libertad entera, no han de bajar hasta una de sus gradas”.

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El 11 de septiembre fue el pretexto de EE.UU. para ejecutar invasiones


Por Arthur González.

Fatídico día el 11 de septiembre, tal parece estar marcado como un día de muertes.

En Chile ese día de 1973 moría el presidente Salvador Allende, en medio de un golpe militar diseñado, financiado y respaldado por la CIA y la Casa Blanca, algo vergonzoso para los que se proclaman campeones de los derechos humanos y de la democracia.

En el centro de New York el 11.09.2001, el mundo observaba estupefacto como se destruía una poderosa mole de hormigón y acero, sin que se pudiera hacer algo por detener su caída, hecho incomprensible y muy sospechosos para ingenieros y arquitectos que conocían de la calidad de su construcción.torres-gemelas

Lo sorprendente del caso fueron las imágenes cinematográficas del primer impacto, calidad que las cámaras de seguridad instaladas en la ciudad no poseen, lo que hace versionar que se esperaba el hecho con fotógrafos profesionales que las divulgarían para darle mayor dramatismo al suceso, él que posteriormente sirvió de pretexto para invadir a Afganistán.

A partir de ese hecho el mundo no ha vuelto a ser el mismo y los actos terroristas afectan hoy a cualquier ciudad de Europa, Asia o el Medio Oriente.

Estados Unidos, con su política de guerras de rapiñas para apoderarse de los recursos naturales y eliminar físicamente a líderes que no eran de su agrado, cambió la paz mundial por la guerra y la inestabilidad de millones de personas que hasta ese entonces vivían en armonía y relativa prosperidad.

La guerra contra Irak demostró hasta donde son capaces de llegar por obtener recursos naturales. La mentira tejida contra Sadam Husein de poseer armas químicas, sirvió para invadir un país que había alcanzado un buen desarrollo económico, cultural y social.

Contra él se diseñaron campañas para hacerle creer al mundo que era un criminal desmedido. Sin embargo, los que le criticaron fueron peores, al aniquilar poblados enteros en una guerra de rapiña que posteriormente se comprobó fue ejecutada sobre mentiras expresadas por altos funcionarios de Estados Unidos.

Le siguieron Libia y Siria, algo que desestabilizó toda la región, donde han muertos centenares de miles de civiles inocentes, se perdieron monumentos patrimoniales y el terrorismo se adueñó del mundo que, como bola de nieve en caída libre, resultará muy difícil de detener.

A pesar de tantas muertes y daños causados por Estados Unidos, aún tienen la desvergüenza de juzgar a los demás y confeccionar listas de supuestos violadores de los derechos humanos, siendo ellos los principales responsables de lo que sucede hoy a nivel mundial.

Cuba es un ejemplo vivo de lo que son capaces los políticos estadounidenses, con tal de derrocar su sistema socialista.

Planes de terrorismo de estado, de asesinato a sus principales líderes, introducción de plagas y enfermedades contra las personas, la flora y la fauna, más acciones contra su desarrollo económico con la imposición desde hace casi 60 años de la más larga y cruel guerra económica, son pruebas de la naturaleza de los Estados Unidos.

Recordando el 11 de septiembre vale la pena releer un plan propuesto el 13 de marzo de 1962 por el Jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor del ejército de los Estados Unidos, el General L.L. Lemnitzer, quien remitió un memorando al Secretario de Defensa, clasificado “Top Secret, Special Handling, Noforn”, para ser trasladado al Jefe de Operaciones del Proyecto Cuba, en el cual se proponían un conjunto de acciones con el fin de justificar una intervención militar de los Estados Unidos en Cuba.

Dichas acciones son las siguientes: Sigue leyendo

Reconocimiento de viejos pecados


Arthur Gónzalez

cia-jpgDespués de medio siglo, la CIA acaba de reconocer por primera vez  algo que todo el mundo conocía, su participación en el golpe de estado que tuvo lugar en Irán en 1953, para derrocar al entonces primer ministro de la república persa Muhammad Hidayat Musaddaq, a fin de imponer a Sigue leyendo