Estados Unidos prepara condiciones para invadir a Venezuela


Por Arthur González.

Ante los fracasos de sus planes subversivos contra Venezuela, Estados Unidos opta por lo que más sabe hacer, invadir militarmente, aunque puede sufrir otra derrota.

La reciente gira del secretario de Estado, Rex Tillerson, demuestra la desesperación ante las próximas elecciones en Venezuela, en las que Nicolás Maduro tiene amplias posibilidades de ser reelegido, situación que pondría a Washington en ridículo después de millonarios gastos en campañas mediáticas, la guerra económica y el financiamiento a una oposición que se divide cada día más, sin alcanzar respaldo popular.

Contra Venezuela, Estados Unidos ha puesto en práctica todos sus recursos de inteligencia y subversión, incluidas las doctrinas del recientemente fallecido Gene Sharp, con sus golpes blandos; intento de golpe de estado y el secuestro del presidente Hugo Chávez; sabotajes a la industria petrolera; bajas de precios; desabastecimiento alimentario; campañas de prensa; preparación de opositores; financiamiento e instrucción a los grupos provocativos para ejecutar actos vandálicos, pero a pesar de todo Maduro permanece con más apoyo popular.

Cuba ha soportado semejantes acciones, seguida de Venezuela, porque ambas representan a los movimientos populares que luchan por alcanzar mejores niveles de vida, algo que el imperialismo yanqui no soporta.

El chavismo logró que el pueblo venezolano sea tratado con todo el humanismo que merece, ofreció la luz de la enseñanza de forma gratuita; salud para todos mediante diferentes misiones médicas, en lugares donde jamás se vio a un galeno ni a una enfermera; construye millones de viviendas confortables para sus ciudadanos, los que nunca fueron preocupación de los gobiernos pro-norteamericanos; brinda cultura y deportes a los niños y jóvenes que crecen felices y sanos gracias a esa Revolución popular.

Nada de eso es del agrado de Washington, que lo ve como un peligro y de ahí sus actividades para retrotraer a los venezolanos al pasado de desigualdad, discriminación y hambre del que Hugo Chávez los sacó.

Ante tantas frustraciones, la Casa Blanca ha decidido jugarse la última carta y es evidente que desempolva el plan de la CIA ejecutado en 1973 contra el presidente chileno Salvador Allende.

Esa es la razón de la rápida gira de Tillerson por América latina, a fin de encontrar apoyo de los gobiernos que se arrodillan ante sus dictados, al que se le suma la Unión Europea, que aplaudirá la invasión bajo el pretexto de “restaurar la democracia”.

No en balde ese alto funcionario, desde Colombia, le prohibió a la delegación de la oposición venezolana, reunida en Santo Domingo, firmar el acuerdo que permitiría un diálogo racional y necesario con el gobierno de Nicolás Maduro, algo inaceptable para los yanquis que nunca aceptarán al gobierno revolucionario.

Encontrándose en un callejón sin salida, Estados Unidos moviliza al Comando Sur, con el apoyo de sus títeres de Colombia y Brasil, el respaldo del secretario general de la OEA y los miembros del grupo de Lima, más el visto bueno de la Unión Europea, que trata el tema de Venezuela de forma diametralmente opuesta al de Cuba, siguiendo al pie de la letra instrucciones de Washington.

Recientemente la Unión Europea amplió la lista de funcionarios venezolanos sancionados, con el respaldo de Federica Mogherini, jefa de la diplomacia europea, la que tiene un doble discurso, pues mientras en el caso Cuba después de 20 años del fracaso de la llamada Posición Común Europea, declaró en La Habana:

“La posición común ha quedado obsoleta… Sé muy bien que en estos momentos hay quien intenta aislar a Cuba… No es el momento para demostraciones de fuerza que no conducen a ningún lugar y son en realidad una prueba de debilidad…Construir muros es inútil, solamente pueden empeorar la situación. La verdadera fuerza está en el diálogo y la cooperación. El bloqueo es obsoleto e ilegal; la UE seguirá trabajando para ponerle fin. El bloqueo no es la solución”.

Si ella defiende esos criterios, ¿por qué actúa en la dirección contraria en el caso de Venezuela?

No hay que ser un erudito para entender que la mano de Washington está detrás de la actual postura de la Unión Europea.

En Julio del 2017, cuando Venezuela tomó la decisión soberana de llevar acabo la elección la Asamblea Constituyente, siguiendo la línea dictada por Estados Unidos declaró:

“La Unión Europea y sus Estados Miembros lamentan profundamente la decisión de las autoridades venezolanas de seguir adelante con la elección de una Asamblea Constituyente el 30 de julio”.

Esa postura es una total injerencia en los asuntos internos de un Estado, como lo denominan los que atacan a Venezuela.

Preparando el camino a los yanquis ante una posible intervención militar, el pasado 22.01.2018, la UE formalizó sanciones contra siete altos cargos del Gobierno de Nicolás Maduro por la supuesta represión en Venezuela, entre ellos Diosdado Cabello; Maikel Moreno presidente del Tribunal Supremo, Néstor Reverol, ministro de Interior y Justicia; Gustavo Enrique González, jefe del servicio de inteligencia; Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral; Tarek William Saab, fiscal general y José Benavides, excomandante de la Guardia Nacional.

Si alguien tiene dudas, debe remitirse a las declaraciones del Director de la CIA, quien admitió públicamente su papel en las sanciones impuestas contra Venezuela.

Sobre el particular eurodiputado de Izquierda Unida, Javier Couso, expresó el 07.02.2018:

“La UE se equivoca, como pasó con Cuba, apoyando a los mismos extremistas que en su día impusieron la Posición Común”, e increpó a Federica Mogherini, a dejar de hacer trampas con las sanciones unilaterales y apostar por la paz”, acotando:

 “Algunos lo deben pasar mal intentando acabar con un Gobierno democrático. Se creen que todavía hay colonias, pero no las hay, porque por una parte de ese pueblo venezolano todavía hay sangre de libertadores y no van a aceptar imposiciones de ustedes. Hay que respetar la soberanía de un país y un Gobierno democrático, y acompañar el diálogo”.

Hoy cobra mucha vigencia lo que afirmó José Martí:

“Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas”.

 

 

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Hechos que hablan por sí solos


Por Arthur González

Algunas señales indicaban que estaba gestándose nuevamente una conjura contra Cuba con el empleo de la iglesia, mediante provocaciones del sacerdote católico José Conrado Rodríguez Alegre, de larga data de vínculos con la mafia terrorista de Miami, entre ellas la misa ofrecida fuera de todo contexto religioso en la vivienda de Berta Soler, de las “Damas” de Blanco y días después la reunión con otros “disidentes”, para lo cual viajó desde Trinidad 347 kilómetros.

A esas acciones sumó el sacerdote Castor Álvarez, que oficia en la provincia de Camagüey, ubicada a 553 kilómetros de la Habana.

Siguiendo las huellas dejadas en sus provocaciones diseñadas desde Estados Unidos, surge otro hecho que llama la atención y es la posición asumida por el Obispo de la provincia de Cienfuegos, Domingo Oropesa, quien de forma inusual remitió una carta al Arzobispo de La Habana, para interceder por un contrarrevolucionario en proceso jurídico por violaciones de las leyes cubanas.

Para no dejar imprecisiones de que tal estrategia está en marcha, en días recientes el Secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, presentó el informe que confecciona el Buró de Democracia, Derechos humanos y Asuntos Laborales de su Departamento, sobre la libertad religiosa en el mundo, correspondiente al 2016.

Los amos de la tierra asumen el derecho de decidir donde se actúa bien o mal, como si tuvieran moral para ser los jueces del planeta.

En ese informe afirman que “el Gobierno y el Partido Comunista de Cuba, supervisan a los grupos religiosos a través de la Oficina de Asuntos Religiosos en el Ministerio de Justicia y controlan la mayoría de los aspectos de la vida religiosa en la isla”.

En total injerencia en los asuntos de Cuba, Estados Unidos a través de su embajada en la Habana sostuvo reuniones con funcionarios de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central del Partido, para “discutir el proceso de inscripción de nuevas organizaciones religiosas e investigar sobre los derechos de los grupos no registrados a practicar su religión”.

Por supuesto, ese interés está dado en que Estados Unidos es donde se engendran esos nuevos grupos religiosos, que tienen un corte bien diferente al de religiones protestantes tradicionales presentes en la sociedad cubana.

No fue por gusto la “preocupación” de los funcionarios del Departamento de Estado en esas nuevas denominaciones, casi todas portadoras de valores no acordes con las tradiciones del pueblo cubano, que inculcan principios enajenantes. En los propios Estados Unidos confrontan serios problemas.

El gobierno estadounidense no se oculta para ejecutar acciones en Cuba que pretenden desmontar el sistema socialista y desmovilizar al pueblo. Por ese motivo, el embajador Itinerante para la Libertad Religiosa Internacional y el Representante Especial para la Religión y Asuntos Globales, viajaron a la Isla y se reunieron con líderes de los grupos religiosos católicos, protestantes y minoritarios, para hablar sobre el ambiente de libertad religiosa en el país.

No satisfechos con la libertad que Cuba les ofreció como prueba de buena voluntad, el propio informe del Departamento de Estado afirma que su embajada en La Habana “permaneció en estrecho contacto con grupos religiosos, incluyendo la facilitación de intercambios entre delegaciones visitantes y los grupos religiosos en el país”.

A pesar de ello, en sus declaraciones públicas el gobierno de Estados Unidos exigió al gobierno cubano que “respete las libertades fundamentales de sus ciudadanos, incluida la libertad de religión”.

Todas las acusaciones efectuadas contra Cuba, provienen de organizaciones radicadas en Estados Unidos que no representan a la comunidad religiosa cubana, sino que son engendros con líneas políticas camufladas en los nuevos movimientos religiosos, poseedores de un fuerte financiamiento para su accionar cotidiano, algo que llama poderosamente la atención.

Entre esos que acusan a Cuba está la “ONG” Christian Solidarity Worldwide (CSW), que el pasado mes de enero informó que “de 2014 a 2015 hubo un aumento en las amenazas gubernamentales de cerrar iglesias. La mayoría relacionadas con amenazas de clausurar iglesias pertenecientes a las congregaciones de las Asambleas de Dios”.

Lo que no dijo es que eran iglesias ilegales con construcciones sin los permisos establecidos, algo que Estados Unidos tampoco se permite.

Otro caso divulgado en sus campañas anticubanas fue el de un supuesto investigador de la organización caritativa Open Doors, quien aseguró que “los cristianos cubanos fueron acosados y sujetos a estricta vigilancia y discriminación, incluyendo el encarcelamiento ocasional de sus líderes”.

Una idea clara de cómo está estructurada la cruzada mediática, se observa en la reseña divulgada por The Morning Star News, agencia de noticias cristiana, respecto a la sentencia de arresto domiciliario por un año, al pastor Juan Carlos Núñez por perturbar la paz ciudadana.

Dicho pastor empleaba para sus sermones dominicales, potentes altavoces que causaban daño auditivo en el vecindario debido al insoportable ruido, haciéndole la vida imposible a los ciudadanos de los alrededores y oponiéndose a bajar el volumen, por lo que fue acusado por toda la vecindad.

¿En qué país se le permite a una iglesia o individuo hacer semejante ruido?  Esa es la muestra de la manipulación contra Cuba.

El informe de Rex Tillerson, reconoce que:

No se reportaron acciones significativas de la sociedad que afectaran la libertad religiosa, los grupos religiosos informaron que sus líderes continuaron viajando al extranjero para participar en intercambios de dos vías entre las comunidades religiosas locales y las de otros países. La mayoría de los grupos religiosos continuó reportando mejoras en su capacidad para atraer nuevos miembros sin interferencia del gobierno y una reducción en la interferencia gubernamental en la realización de sus servicios”.

No obstante, Estados Unidos insiste en sus declaraciones públicas en que Cuba tiene que respetar las libertades fundamentales de sus ciudadanos, incluida la libertad de religión.

58 años no le han servido de lección a los vecinos del Norte, pero Cuba sigue su camino con la unidad de su pueblo, creyente en su independencia, porque como dijo José Martí:

“Hay que creer en lo que uno pinta”