¿Dónde está la libertad de expresión?


Por Arthur González.

Durante su intervención del 17 de diciembre 2014 para anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el presidente Barack Obama dijo:

“…No me hago ilusiones con respecto a los continuos obstáculos a la libertad que aún enfrenta el ciudadano cubano común. Los Estados Unidos consideran que ningún cubano debe ser víctima de acoso, arresto o golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que su voz se escuche.

El 01.07.2015 al informar la apertura de embajadas Obama precisó:

“Estados Unidos no dudará en protestar cuando vean que en Cuba se actúa de forma contradictoria con sus valores y sobre sus conceptos de libertad de expresión, asociación y el acceso a la información”.

Todo su discurso fue para calumniar a Cuba y justificar sus fabricadas acusaciones. Sin embargo, cuando verdaderamente se acosa y condena a personas en Estados Unidos por decir lo que piensan, la situación es diferente.

Un claro ejemplo de eso fue la medida de suspender de empleo a dos empleados de las emisoras subversivas, Radio y TV Martí, creadas solamente para atacar a la Revolución cubana, a partir de las presiones del senador Jeff Flake, contenidas en una misiva que envió a la dirección, protestando por un programa trasmitido hace cinco meses, en el cual afirmaron que el “multimillonario judío, George Soros, fue el artífice del colapso financiero ocurrido en los Estados Unidos en el año 2008”, algo que prueba de la falta de libertad de expresión y de prensa que hay en el país que se auto proclama “paladín de los derechos humanos”.

En el programa de marras, trasmitido en mayo del 2018, se acusaba a Soros de “financiar movimientos anti sistemas que engrosan sus bolsillos”, y afirmaron que ese millonario “estaba detrás de fraudes electorales en Venezuela, apoyaba a las FARC colombianas y al gobierno cubano”, describiéndolo como un “judío no creyente de moral flexible”.

Como la razón es atacar a Cuba y Venezuela, las emisoras subversivas inventan cualquier información posible con tal de influir negativamente en las personas, pero evidenciaron ciertas “posiciones antisemitas”, lo que motivó la protesta del Senador, algo que, según Tomás Regalado, director de la Oficina de Transmisiones a Cuba (OCB), resulta “muy preocupante”.

Por ese motivo, los dos empleados fueron puestos bajo licencia administrativa y sacados como delincuentes de las oficinas que ocupa la emisora e incluso escoltados fuera del edificio por personal de seguridad.

¿Dónde está la libertad de expresión que exigió Obama para los cubanos; ¿por qué ahora no protesta por la represión que se hace en su país, lugar donde no se admiten criterios contrarios a los que dicta la Casa Blanca?

Tras la carta del senador Flake, John F. Lansing, CEO de la USAGM aseguró en un comunicado que los responsables del artículo serían inmediatamente puestos en licencia administrativa y que, de comprobarse su responsabilidad, podrían ser despedidos.

Ante el hecho Lansing declaró: “Me siento personalmente y profesionalmente ofendido por este ejemplo de falta de profesionalidad, y me comprometo a garantizar que desarrollemos procesos y estructuras para evitar que esto vuelva a suceder”, pero de la libertad de expresión no habló media palabra.

Independientemente de las posiciones políticas de Soros, el hecho comprueba que en los Estados Unidos no existe la tan cacareada libertad que exigen a otros. ¿Alguien se imagina como estaría la campaña mediática si la expulsión de los dos periodistas hubiese sido en alguna radio emisora de Cuba?

Seguramente hubiesen presentado 16 enmiendas ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

¿Por qué no cierran las emisoras que solo transmiten mentiras contra Cuba?

Todos saben que ambas son interferidas certeramente por los ingenieros cubanos, pero ningún Senador se atreve a protestar por gastar cientos de millones por gusto.

Pero como dice el refrán popular, haz lo que digo, pero no lo que hago.

Moral en paños menores pregonan los políticos yanquis; por eso recordamos siempre a José Martí cuando expresó:

“Quiero que mi pueblo no sea como ese, una masa de ignorantes y apasionada, que va donde quieren llevarla”

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Aprueban presupuesto para fabricar la “democracia” en Cuba.


Por Arthur González.

El Congreso de Estados Unidos acaba de aprobar un millonario presupuesto destinado a fabricar la “democracia” en Cuba y Venezuela, con el cual pagarán a sus asalariados y las campañas de prensa, a fin de hacerle creer al mundo que en esos países hay opositores “independientes” y se “violan” los derechos humanos.

De no existir ese dinero los llamados disidentes no existirían, ni la prensa hablara tantas falsedades sobre ambos países, pues todo se formula desde Estados Unidos para tergiversar la realidad, viejo estilo yanqui cuando quieren construir supuestas “víctimas y violaciones”, en gobiernos que ellos no aceptan.

Para los que aun tengan dudas, basta con leer las noticias publicadas en la prensa yanqui para conocer que el senador Marco Rubio, presidente del Subcomité para el Hemisferio Occidental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, logró hacer lobby para la aprobación de 20 millones para promover la “democracia” en Venezuela y 15 millones para Cuba.

A pesar de que el Departamento de Estado había solicitado al Congreso solo 9 millones para Venezuela y 10 millones para programas relacionados con Cuba, los integrantes de la mafia terrorista anticubana, Rubio y Mario Díaz-Balart, presionaron a sus colegas para elevar el dinero destinado a subvertir a esos países, quienes aprobaron la nueva Ley del presupuesto del año fiscal 2018-19, insistiendo en malgastar el dinero de los contribuyentes para ejecutar esos planes subversivos.

Además de esos fondos, en el caso cubano se aprobaron adicionalmente 29 millones para la Oficina de Transmisiones a Cuba, destinados a Radio y TV Martí, a pesar que jamás su señal se ha podido escuchar ni ver en la isla.

Nicaragua, país donde Estados Unidos insiste en derrocar al presidente Daniel Ortega, también fue “favorecido” con 5 millones para “promover” la democracia y apoyar, entiéndase fabricar, la sociedad civil.

Este presupuesto se sumaría al aprobado para la USAID y la NED, organizaciones que ejecutan acciones subversivas que anteriormente desarrollaba la CIA. En el caso de Cuba se observa como sus proyectos va dirigidos a construir mercenarios “luchadores” por los derechos humanos, la “democracia”, el arte “independiente”, medios de prensa para apoyar sus campañas mediáticas, la conformación de líderes juveniles, y otros similares.

Ejemplo palpable de cómo el dinero fabrica la mal llamada “democracia”, son algunos de los siguientes programas de la NED:

  • Abogando por un Marco de Derechos Humanos para Cuba, con 85 mil usd.
  • Construyendo ciudadanía democrática en Cuba, con 55,241 usd.
  • Libertad de expresión del artista independiente cubano, con 95 mil usd.
  • Promoviendo el cine independiente en Cuba, con 55 mil usd.
  • Promoviendo la libertad de prensa en Cuba, con 23,470 usd.
  • Diario de Cuba, con 220 mil usd.
  • CubaNet News, Inc., con 225 mil usd.
  • Apoyando el periodismo independiente en Cuba, con 109,833 usd.
  • Instituto Prensa y Sociedad, con 60 mil usd.
  • Apoyo a sindicatos independientes, educación cívica y empresa libre en Cuba, con 230 mil usd.
  • Educar a los activistas juveniles cubanos sobre la democracia y las habilidades de liderazgo, con 99,993 usd.
  • Observatorio Cubano de Derechos Humanos, con125 mil usd.
  • Promover la participación ciudadana en la responsabilidad local, con 118,865 usd.
  • Promoviendo Informes Comunitarios en Cuba, con 140 mil usd.
  • Promover ideas democráticas y participación ciudadana, con 67,980 usd.
  • Promover la libertad religiosa y construir puentes dentro de la sociedad civil, con 66,700 usd.

Con tanto dinero en juego los yanquis inventan disidentes, líderes y matrices de opinión contra Cuba y el resto de países latinoamericanos que tienen gobiernos que no son de su agrado, haciéndole creer a aquellos que desconocen sus planes, que sus asalariados son “luchadores por la libertad”, cuando realmente sus servidores solo cumplen las instrucciones al pie de la letra, unido a las campañas desinformativas elaboradas por especialistas de la CIA.

A otros con ese cuento de la “democracia y la sociedad civil”, porque en verdad son terroristas que provocan muerte y destrucción, como se observa en Venezuela y Nicaragua; pero en Cuba no podrán repetir esa tenebrosa historia, porque su pueblo tiene preparación y conocimientos de lo que hacen realmente los yanquis, y leen sus documentos desclasificados, donde se plasma sin sonrojo la verdad.

No por gusto José Martí aseguró:

Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas.

 

 

 

 

The Cuban Revolution as It Is.


Por Arthur González.

Diversos artículos circulan sobre la reciente publicación del libro “The World as It Is” (El mundo tal como es), escrito por Ben Rhodes, asesor de seguridad del ex presidente Barack Obama y uno de los negociadores para el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba.

Dicho proceso se mantuvo en secreto, para que la mafia terrorista de Miami no se opusiese al cambio de estrategia que Obama estaba dispuesto a ejecutar, con el propósito de desmontar el socialismo cubano desde adentro, lo cual había dado buenos resultado para Estados Unidos en el siglo XX, reconocido por Hillary Clinton durante su campaña presidencial.

En sus memorias sobre ese hecho trascendental, culminado con el anunció al unísono el 17 de diciembre del 2014 por Barack Obama y el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Ben Rhodes, afirma: “Cuba nunca cumplió con algunas de las promesas que se discutieron en ese proceso”.

Según él, las reformas que Estados Unidos deseaba obtener de la parte cubana, estaban relacionadas con “ciertas reformas económicas y políticas, incluso la apertura de negocios de Estados Unidos en la Isla”, situación que afirma “quedaron congeladas posterior al discurso del presidente Obama en La Habana, transmitido al mundo por la TV”.

Al respecto asevera en su libro que ellos “estaban conscientes que de trasmitir ese discurso en vivo y sin censura por la TV, el tiro podría salirles por la culata”, o sea todas las promesas podían incumplirse.

En ese discurso, Obama dejó establecido que aspiraba a lograr, el eufemístico tránsito pacífico de Cuba hacia el capitalismo, sistema dejado atrás en 1959, por no resolver los acuciantes problemas económicos, sociales y políticos que padeció la República desde 1902, que solo sirvió para enriquecer a unos cuantos y a los inversionistas yanquis que se apoderaron de gran parte del país, situación denunciada por Fidel Castro, durante su defensa en el juicio por el asalto al cuartel Moncada.

Uno de los puntos que más repudio causó entre los cubanos, fue el llamado de Obama a “olvidar la historia”, lo que significaba borrar de un plumazo todo el daño causado por la política de terrorismo de Estado ejecutada por Estados Unidos y el sufrimiento del pueblo con la aplicación de la guerra económica diseñada por la CIA y aprobada por la Casa Blanca.

Lo que omite Rhodes en sus memorias es que, en ese proceso de negociaciones, Estados Unidos no aceptó eliminar la guerra económica, el financiamiento a la subversión contra Cuba, su apoyo a la contrarrevolución interna creada y dirigida por ellos, la Radio y TV Martí, las leyes Torricelli, Helms-Burton, de Ajuste Cubano, y menos devolver la base naval, enclavada en la bahía de Guantánamo.

Sin embargo, su estrategia era la misma de otros Presidentes que negociaron secretamente con la Revolución. Prueba de eso consta en el análisis que realizó el Consejo de Seguridad en 1977, respecto a una revisión de la política yanqui hacia Cuba, donde se expuso que Estados Unidos tenía razones de peso para avanzar hacia la normalización de sus relaciones con La Habana.

Las conclusiones a las que arribaron fueron:

“La normalización serviría a los intereses de Estados Unidos a largo plazo; reduciría la dependencia de Cuba hacia los países socialistas; ofrecería incentivos a los cubanos para que cesaran su intervención en otros países; podría mejorar la situación de los derechos humanos en la Isla, según los parámetros yanquis; se avanzaría en el trato para obtener una compensación por la nacionalización de sus propiedades; se abrirían oportunidades comerciales en el mercado cubano; Washington mejoraría su imagen en Latinoamérica y sobre todo reestablecerían la presencia estadounidense, especialmente de la CIA.

En aquella oportunidad el Consejo dio luz verde al proceso, con la estrategia del “paso a paso”, comenzando por negociar acuerdos sobre fronteras marítimas y la pesca, intercambios culturales, la reunificación familiar y otros similares.

Un principio acordado fue el de no ceder en la eliminación de la guerra económica y mantenerla como un arma para negociar en el futuro.

Obama tenía un escenario con elementos diferentes, entre ellos Allan Gross, enviado a Cuba para ejecutar acciones de subversión, bajo el manto de las Organizaciones No Gubernamentales, como la USAID, nueva mascara de la CIA para no dejar sus huellas.

Gross llevaba años en prisión, es judío y las presiones para su liberación se hacían insostenibles, similares a las que tenía para liberar a los tres cubanos que fueron sancionados de forma manipulada por las presiones de la mafia cubana de Miami, y los antecedentes de canjes que obraban con 10 espías ruso, unos años antes.

A eso se unía la situación desfavorable con América Latina y la pérdida del hegemonismo yanqui en la región, algo que Estados Unidos requería a toda costa.

Obama presionó todo el tiempo, con la ilusión de que los cubanos se dejarían engañar por su simpatía e inteligencia. Se reunió con los trabajadores no estatales, vendiéndoles supuestas bondades del capitalismo y aseguró en sus discursos:

“…continuaremos abordando los temas relacionados con la democracia y los derechos humanos en Cuba […] podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso… Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente…Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba…Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano”.

A la vez, fue el presidente que más sanciones impuso a la banca internacional, entre ellas la multa de 10 mil millones de dólares al banco francés PNB Paribas, situación que impide los negocios e inversiones extranjeras en Cuba.

Paralelamente y como trampa azucarada, aprobó algunas medias que aparentaban flexibilizar el bloqueo económico, algo que la Secretaria de Comercio, Penny Pritzker, se encargó de esclarecer cuando aseguró en su twitter:

Las provisiones aprobadas están diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar las metas históricas de política exterior del presidente Obama y fortalecer la sociedad civil cubana”.

Estados Unidos persiste en destruir el socialismo, no acepta ideas políticas diferentes a las que le impone al mundo, pero volvieron a errar porque Cuba no vende la soberanía ni su independencia, basado en los principios redactados por José Martí en el Partido Revolucionario Cubano, cuando afirmó:

“El Partido Revolucionario Cubano se constituye para lograr, con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba…”

 

 

EE.UU. reconoce sus actos subversivos contra Cuba.


Por Arthur González.

Con total desfachatez la prensa oficialista yanqui informó que las ilegales Radio y TV Martí, enviaron a Cuba la misma tecnología de acceso a Internet que introdujo Alan Gross en la Isla; similar a la que la CIA le remitió a su “agente” Raúl Capote y le fuera entregada a mano por un “diplomático” acreditado en La Habana.

La publicación asegura que, durante años, el gobierno estadounidense hizo lo mismo a través de la Oficina de Trasmisiones a Cuba (OCB), responsable de las emisoras Radio y TV Martí, creadas para trasmitir informaciones contra la Revolución, a pesar de ser un acto hostil e ilegal que jamás Estados Unidos permitiría le hicieran.

El equipo enviado es el conocido BGAN (Broadband Global Area Network), el cual tiene una venta controlada por las autoridades yanquis.

La información aparecida en el Nuevo Herald, asevera que esos envíos se iniciaron en el año fiscal 2013 y concluyeron en el 2015, según atestiguó Nasserie Carew, vocero del Broadcasting Board of Governors (BBG), agencia federal a la que pertenece la OCB. Sin embargo, no explicaron las vías para introducirlos en Cuba, ni si emplearon nuevamente la valija diplomática acompañada, como en el caso del equipo destinado al del doble agente Raúl Capote.

Nasserie Carew añadió que la suspensión del programa subversivo se debió al elevado costo de los equipos BGAN, información ratificada por el portugués André Mendes, director interino de la OCB y Director de Tecnología y de Información en la BBG, hasta su renuncia el pasado 28 de marzo de 2018.

El senador Marco Rubio al conocer la renuncia de Mendes, declaró sin tapujos: “Estamos trabajando de conjunto con el presidente Donald Trump y su administración, para encontrar nuevo director para la OCB que guíe a TV y Radio Martí en su importante misión de romper el bloqueo del régimen de Castro sobre las noticias y la información”.

La prepotencia imperial de Estados Unidos es tal, que no les importa reconocer la violación de las leyes internacionales, ni la transgresión de la soberanía de otro Estado al que pretenden derrocar su gobierno.

Mendes y Carlos García, entonces director de la OCB, viajaron en 2012 a la ilegal Base Naval, ubicada en la provincia cubana de Guantánamo, para hacer ensayos con el BGAN, una prueba más del uso con fines subversivos que da Estados Unidos a ese enclave militar, reclamado por Cuba desde 1959 por haber sido cedido en 1902, bajo las condiciones impuestas por el execrable apéndice constitucional, conocido como Enmienda Platt, por el apellido del senador estadounidense que la propuso.

En su habitual desvergüenza, los yanquis, además de reconocer tales actos subversivos, afirman que iniciaron otro proyecto entre el 2010 y el 2015, consistente en introducir y distribuir en Cuba DVDs y memorias flash con informaciones contra el sistema político cubano, bajo la pretensión de influir en la juventud para que se sublevara contra el Estado.

Entre esos programas subversivos estaban Zunzuneo, Piramideo y Conmotion, lo que ratifica que la Revolución cubana ha sido, y aún sigue siéndolo, víctima de los planes del Gobierno yanqui y sus Servicios de Inteligencia, entre ellos los de corte terrorista que han costado miles de vidas inocentes.

Otras acciones reconocidas por los directivos de la OCB, fue la transmisión de programas de TV Martí, mediante Facebook, IMO y Zapya.

El Congreso estadounidense aprobó en 1985 la Radio Martí y en 1990 la TV Martí, pero ambas estaciones son bloqueadas con excelente efectividad por Cuba, por lo cual Estados Unidos malgasta millones de dólares en algo que no cumple con su objetivo, aunque complace a la mafia terrorista anticubana de Miami, que obtiene beneficios de ese dinero.

Cuba denuncia de forma permanente ante los organismos internacionales, la violación de esas transmisiones, así como los programas subversivos contra su pueblo mediante las redes sociales.

Funcionarios de Estados Unidos, no vinculados a la mafia de Miami, como Geoff Thale, vicepresidente de la Washington Office on Latin America (WOLA), declaró recientemente que:

TV Martí es un desperdicio de dólares de los contribuyentes, pues llega a pocas personas en Cuba y ha estado plagado de batallas internas. Los reportajes de Radio Martí, a menudo no cumplen con los estándares periodísticos, y es difícil imaginar la justificación para gastar el dinero de los contribuyentes en una estación dirigida específicamente a Cuba, cuando ya tenemos un servicio en español de la Voz de América que llega al hemisferio.”

Pero la mafia anticubana insiste en mantenerlos por los beneficios que reciben con esos presupuestos; por ese motivo Ileana Ros-Lehtinen asegura que esas estaciones son “cruciales para promover la democracia” en Cuba y ayudar a garantizar que los líderes de la “oposición” en la isla reciban cobertura periodística.

Mario Díaz-Balart, también defendió la permanencia de ambas estaciones, a pesar de no ser vistas ni escuchadas en Cuba, porque según dijo “es vital para garantizar que el pueblo cubano, y en particular la “oposición pro democrática”, conozcan las actividades que ocurren en todo el mundo y en cada provincia en la isla.

Los planes contra la Revolución cubana tienen una cuota de beneficio para los que llevan 60 años viviendo en Miami, de los millonarios presupuestos que aprueba la Casa Blanca, a pesar del permanente fracaso que sufren.

 

Cuba ha resistido estoicamente y derrota cada Operación y Planes de Acciones Encubiertas diseñados y ejecutados por la CIA, porque las victorias solo la alcanzan los verdaderos procesos populares y como dijera José Martí:

 

“Las luchas cansan menos cuando las corona la victoria”

 

 

 

 

Donald Trump, el continuador


Por Arthur González.

Cuando se mira hacia atrás en el tiempo, se puede constatar que Donald Trump es un continuador coherente de la política exterior de los Estados Unidos, aunque su personalidad acentúa aún más el carácter imperialista, ante la falta del edulcorante que otros presidentes han empleado.

La década de los años 80 del pasado siglo, marcó un nuevo rumbo del imperio yanqui hacia América Latina y desempolvó la llamada Doctrina Monroe, lo que se constata en los postulados del Programa Santa Fe, puesto en marcha bajo la administración de Ronald Reagan. En dicho texto se afirma:

“Históricamente la política de Estados Unidos hacia América Latina nunca ha estado separada de la distribución global de poder. […] América Latina, tanto como Europa Occidental y Japón, es parte de la base de poder de Estados Unidos. No podemos permitir que se desmorone ninguna base de poder de Norteamérica…”

Lo que sucede hoy en la región es exactamente lo que ese Programa diseñó y ejecutó.

Respecto a Cuba, fue tácita la proyección del trabajo para destruir el proceso revolucionario, al exponer que:

“Estados Unidos ya no puede aceptar el estatus de Cuba […] El precio que La Habana debe pagar por sus actividades no debe ser un precio bajo… Los primeros pasos deben ser francamente punitivos. Los diplomáticos cubanos deben irse de Washington… Hay que cortar los dólares de los turistas norteamericanos… Debe quedarle absolutamente claro al gobierno cubano, que si siguen como en el pasado se tomaran otras medidas apropiadas.”

Trump y sus asesores retomaron ese camino, a pesar de que el presidente Barack Obama comprendió que no les había permitido obtener los resultados esperados y de ahí el viraje en su política hacia la isla, trasladando una imagen diferente con el acercamiento diplomático, pero dejó intactas todas las medidas aprobadas por sus antecesores para impedir el desarrollo del país, entre ellas la guerra económica, el financiamiento y apoyo a la subversión interna, la Radio y TV Martí, las Leyes Torricelli, Helms-Burton y Ajuste Cubano, las campañas de prensa para satanizar el socialismo, unido a una feroz persecución financiera hacia la banca extranjera, como nunca antes.

Entre las acciones para subvertir el orden interno, Obama dio su visto bueno al empleo de Internet con fines subversivos, con la creación del twitter Zunzuneo y el wifi Conmotion para crear redes inalámbricas sin necesidad de Internet, ensayado con efectividad en Túnez; el envío a Cuba del “contratista” Allan Gross para estructurar redes que transmitieran información a través de Internet, con la introducción del potente equipo de comunicaciones Bgan, unido al abastecimiento ilegal de varias antenas parabólicas camufladas como tablas de surf, para la formación de redes por el sistema Wifi, que evidentemente trasmitirían hacia el lugar donde se instalara el Bgan.

En sus azucarados mensajes al pueblo cubano, Obama no dejó de recalcar sus propósitos de desmontar el socialismo y al igual que pretende ejecutar hoy Trump, su punto de mira fue la llamada sociedad civil y los jóvenes cubanos, por eso expresó:

Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso […] Los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos…Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.        

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano […] Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

“Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente. Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

En los últimos años, las acciones yanquis contra gobiernos con ideas socialistas han dado como resultado el retorno a políticas neoliberales, apoyadas con millones de dólares para desplegar compañas mediáticas contra líderes revolucionarios, movilizar a la derecha y financiar actos provocativos para desestabilizar la economía y el orden interno en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

De ahí que Estados Unidos cumpla al pie de la letra el diseño del Programa de Santa Fe, el que sin el menor sonrojo señaló:

“América Latina es vital para Estados Unidos, la proyección del poder mundial de Estados Unidos siempre ha descansado en un Caribe cooperativo y en una América Latina que ha brindado apoyo”.

Ese es el motivo del odio visceral hacia Cuba y Venezuela, porque sus programas sociales cortaron el monopolio imperialista y ha repartido las riquezas entre los desposeídos, algo que los yanquis no perdonan y por tanto “el precio que La Habana debe pagar no debe ser un precio bajo”.

Una vez más se equivocan, los pueblos latinoamericanos y caribeños han crecido y no se dejan confundir por palabras engañosas y como concluyó José Martí:

“Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”

“Es la hora del recuento y de la marca unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

 

Favorece Donald Trump a la Revolución cubana


Por Arthur González

Parecería imposible creer que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pudiera tomar decisiones que lejos de perjudicar favorecerán a la Revolución cubana.

Evidentemente Trump jamás ha puesto un clavo en la pared, si lo hubiera hecho, podría entender que mientras más golpes le diera, más fuerte, profundo y perdurable lo dejaría para soportar cualquier peso.

Eso mismo pasará con las medidas que debe anunciar el viernes 16.06.2017 en Miami, para quedar bien con la mafia terrorista anticubana.

A Cuba no se le puede apretar más de lo ya hecho  Estados Unidos en los últimos 58 años, por tanto, la eliminación de algunas flexibilizaciones que realizó Barack Obama, con el propósito de minar desde adentro a la Revolución y erosionar el socialismo, les permitirán a algunos que se marearon con tales medidas, y hasta aplaudieron al Presidente por tomar “la dirección correcta”, comprender que con los yanquis no hay arreglo alguno.

Obama mantuvo intacta la guerra económica contra Cuba, e incluso fue el Presidente que más sanciones impuso a los que se atrevieron a comerciar con la Isla, aprobó los mayores presupuestos para las acciones subversivas, no eliminó la Radio ni la TV Martí, a pesar de que ni se escuchan ni se ve en el territorio cubano, no permitió el correo postal directo ni el uso del dólar, no obstante haberlo asegurado, y la base naval yanqui en Guantánamo, no fue nunca tema de discusión con La Habana.

La marcha atrás de algunas de las medidas tomadas por Obama en su cambio de estrategia, harán que el pueblo cubano entienda realmente que pretende Estados Unidos, sobre todo las nuevas generaciones de cubanos que ahora con más fuerza, seguirán protestando por esa criminal guerra económica que quiere asfixiarlos.

El apoyo de la mafia terrorista anticubana de Miami y sus asalariados en Cuba, esos que miran con buenos ojos la eliminación de algunas “flexibilizaciones”, harán que el pueblo los rechace aún más y comprenda quienes son y cómo desean ver a los cubanos que defienden su soberanía.

Con sus medidas, Donald Trump favorecerá la firmeza ideológica del pueblo cubano, el que tomará más conciencia y probablemente miren diferente a aquellos cubanos, que sin tener en cuenta lo que significa para Cuba la bandera norteamericana, andan vestidos con ella por calles y ciudades, olvidando la oprobiosa Enmienda Platt.

Ojalá Trump en su arrebato, también decida cerrar la estación local de la CIA en la Habana, como hiciera en 1961 el entonces presidente D. Eisenhower, así Cuba se libraría de muchas acciones de espionaje y subversión a la que está permanentemente sometida, con el incremento del personal “diplomático” y el equipamiento tecnológico introducido después del 17.12.2014.

Mas limitaciones y escaseces de las que han sufrido los cubanos desde 1960, serán muy difíciles de elevar y para aquellos ilusos que aseguran que la crisis de Venezuela será el fin del socialismo cubano, deberían recordar que augurios semejantes emitieron en 1989 cuando cayó el muro de Berlín y más tarde la URSS en 1991.

Parece que no acaban de comprender que los cubanos provienen de una estirpe mambisa, que sufrió el primer campo de concentración del mundo en aquella criminal concentración de Valeriano Weyler, que enfrentó sangrientas tiranías como la de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, ambos ahijados de Washington, y que solo la Revolución socialista les entregó soberanía y dignidad.

Por eso, con calma y sapiencia los cubanos esperarán las medidas de Trump, con la convicción de que la única dirección correcta que pudiera tomar Estados Unidos, es eliminar la guerra económica, el apoyo y financiamiento a la subversión, el cierre de Radio y TV Martí, la devolución incondicional del territorio que ocupan en Guantánamo y dejar que Cuba marche por el camino que tomó, por voluntad propia, el 1ro de enero de 1959.

Recrudecer las acciones contra la Revolución fortalecerán la conciencia social y permitirá a los confundidos, saber quiénes son los imperialistas y sus aliados. Al final, sin pretenderlo, Trump le hará un favor al proceso revolucionario cubano, porque como aseguró José Martí:

“…ni actividad, ni espíritu de invención, ni artes de comercio, ni campos para la mente, ni ideas originales, ni amor a la libertad siquiera, ni capacidad para entenderla, tenemos que aprender de los Estados Unidos”.

 

 

Balance de las relaciones EE.UU. y Cuba


Por Arthur González.

Varias son las opiniones sobre los resultados del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, pero lo más palpable es que finalmente tuvieron que “ponerle fin a un enfoque anticuado, que durante décadas no pudo promover sus intereses”, como dijera Barack Obama.Obama en Habana

Si eso se interpreta correctamente, lo que pretenden cambiar es solo el enfoque de su política, pero no la política contra la Revolución cubana, la cual sigue sin ser aceptable para Estados Unidos y de ahí el diseño de otra estrategia para lograr sus objetivos.

Transcurridos 17 meses de ese paso trascendental de reconocer al Gobierno revolucionario, sin que este hiciera la más mínima concesión, se constata que Estados Unidos no ha alterado ninguna de sus acciones contra la Revolución y trabajan aceleradamente para el desmontaje desde adentro, del régimen que no aceptan en Cuba ni en América Latina.

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