La CIA los utilizó y ahora los abandona.


Por Arthur González.

De acuerdo con informaciones divulgadas el 24 de agosto 2019 en la prensa de Miami, Francisco Verona Santana, cubano de 83 años de edad, recibió una respuesta negativa a su solicitud de ciudadanía estadounidense, cuando decidió aplicar por ella.

Francisco cumplía prisión en Cuba, sancionado por delitos contra la Seguridad del Estado por ejecutar acciones al servicio de la CIA para derrocar al gobierno revolucionario, cuando fue liberado en 1979 después de un proceso de negociación entre las autoridades cubanas y la administración del presidente Jimmy Carter, comprometiéndose la parte norteamericana a otórgales visas a un grupo de esos cubanos, que estaban presos por la misma causa, algo que Estados Unidos se negaba a cumplir.

Ese mismo año Verona Santana llegó a Estados Unidos, pero nunca solicitó la ciudadanía, hasta ahora que ha sentido temor ante las nuevas regulaciones migratorias que aplica el presidente Donald Trump.

Una muestra de cómo los yanquis utilizan a miles de personas para que cumplan sus órdenes y conspiren contra Gobiernos que no son de su agrado, es el caso de Francisco Verona, al que las mismas autoridades norteamericanas, que una vez lo recibieron como “héroe”, ahora lo consideran un delincuente común, al exigirle los funcionarios del Servicio de Inmigración y Naturalización, evidencias documentales que sustenten que su sanción penal en Cuba fue por actos políticos, algo que él no puede presentar.

Para reafirmar cómo esas personas se han dejado manipular y actualmente no son respaldados por quienes hace 40 años les pagaron para cometer acciones contrarrevolucionarias, es lo que el propio Francisco contó a periodistas de Miami, al expresar que ante la negativa de otórgale la ciudadanía estadounidense, acudió a varios Senadores y Congresistas cubanoamericanos buscando apoyo, (pudieran ser Bob Menéndez, Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, entre otros) pero ninguno se interesó en su caso, a pesar de que ellos hicieron carrera política instigando a cometer y apoyar actos contra la Revolución cubana.

Situación similar vivió un grupo de contrarrevolucionarios entrenados, abastecidos y financiados desde la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, cuando una década atrás viajaron a España, después de un proceso de mediación del Cardenal cubano, Jaime Ortega Alamino, con el gobierno español.

Una vez en España ninguno fue considerado como “preso político” y el tratamiento recibido fue similar al de otros emigrantes del mundo, e incluso fueron reprimidos brutalmente ante los desórdenes públicos que ejecutaron, al exigir prebendas como las que estaban acostumbrados a recibir de los diplomáticos de Estados Unidos, España y de otros países europeos, mientras cumplían instrucciones yanquis en la Isla.

Recientemente Ramón Saúl Sánchez, terrorista al servicio de la Agencia Central de Inteligencia, también denunciaba que no le aceptaron su solicitud de residencia permanente en Estados Unidos, después de cumplir por muchos años instrucciones de esos oficiales para ejecutar actos y provocaciones, en sus intentos por derrocar a la Revolución. Hoy es considerado un delincuente común.

Esto es una prueba de la forma en que la CIA trata a sus asalariados, los usa y después los abandona a su suerte, al igual que hacen con los materiales desechables.

Triste historia para quienes traicionan a su patria por unos dólares, que al final no les sirven ni para obtener una pensión honorable al llegar a viejos.

Así les pasa a todos aquellos que un día creyeron que, por aceptar su ingreso en los grupúsculos contrarrevolucionarios, como los creados para supuestamente defender los “derechos humanos” en Cuba, iban a ser para los yanquis estrellas rutilantes de por vida y hoy no tienen otro recurso que emborronar cuartillas diciendo mentiras, con la ilusión de recibir algunas migas de sus amos.

Qué razón tiene José Martí cuando sentenció:

“Debe ser penoso inspirar desprecio a los hombres”

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Terroristas en Miami hablan de presidio político en Cuba


Por Arthur González.

Muchos de los que se auto califican “exiliados” cubanos en Miami, parece olvidar las verdaderas razones que les hicieron abandonar la Isla, incluidos sus actos criminales durante la tiranía del dictador Fulgencio Batista, y las posteriores acciones terroristas ejecutadas cumpliendo órdenes de la CIA, causándole la muerte a muchos inocentes.

Ante el cambio generacional que se produce en la dirección del gobierno cubano con el apoyo mayoritario del pueblo a la Revolución, a pesar de la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia, que pretende sembrar el desencanto y el desaliento a partir de la insatisfacción de las necesidades básicas que esa criminal guerra provoca, en Miami ese “exilio” organiza el llamado “Primer Coloquio del Presidio Político Cubano”.

Después de 60 años viviendo del dinero que el gobierno yanqui le entrega como pago por sus servicios, pretenden llamar la atención de la prensa con ese Coloquio, omitiendo que la CIA los reclutó y entrenó para matar y sembrar el terror entre la población de Cuba.

Esos actos son calificados por las leyes de Estados Unidos como terrorismo y espionaje, nunca como acciones políticas.

El citado Coloquio lo organizó el llamado Instituto de la Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo, y se efectuó el 7 de octubre 2018 con varias mesas de trabajo, una de las cuales estuvo presidida por Ángel de Fana Serrano, participante en 1997 en un plan de asesinato al presidente Fidel Castro Ruz, durante la celebración de la Cumbre Iberoamericana en Isla Margarita, Venezuela.

De Fana fue uno de los vínculos más cercanos al asesino y terrorista Luis Posada Carriles, autor de la voladura del avión civil cubano en 1976 y de las bombas en varios hoteles de La Habana.

Esos terroristas pretenden que el público de Estados Unidos, y especialmente los cubanos, los consideren “presos políticos”, como Carlos Alberto Montaner, condenado en Cuba por colocar petacas explosivas en un centro comercial, que incendió el local e hirió gravemente a una madre con sus dos hijos pequeños, o Armando Valladares, igualmente agente CIA, que ejecutó idénticas acciones que Montaner. Ambos fueron juzgados y condenados por terroristas.

La historia no se puede variar al antojo de personas, y las acciones terroristas diseñadas por la CIA, todas con la aprobación de la Casa Blanca, se pueden leer hoy en miles de documentos desclasificados, como el plan de terrorismo de Estado, aprobado por el presidente J.F. Kennedy, en junio 1963, donde se expone:

“El Programa encubierto para Cuba es competencia de la CIA. Algunas partes del Programa han sido aprobadas y están siendo puestas en práctica”.

“Dentro del contexto de las presunciones políticas y los estímulos de la situación en Cuba descritos, la CIA presenta un programa consistente en los cursos de acción interdependientes siguientes:

-Recolección encubierta de inteligencia, tanto de los requerimientos estratégicos de EE.UU. como de las necesidades operativas.

-Acciones de propagada para estimular sabotajes simples de bajo riesgo y otras formas de resistencia pasiva y activa.

-Aprovechamiento y estimulación de desafección en los centros de poder militar y otros.

-Acciones negativas económicas sobre una base creciente.

-Sabotaje general y hostigamiento.

-Apoyo a los grupos cubanos anticastristas autónomos para su complemento y ayuda en la ejecución de los cursos de acción expuestos arriba.

[…] Los agentes entrenados y controlados por la CIA serán empleados como lo serán los grupos autónomos exiliados seleccionados”.

Este plan concluye con una aseveración que no permite dudas de que de presos políticos no tienen ni el nombre, al afirmar categóricamente:

[…] “Habrá fracasos con la consecuente pérdidas de vida y acusaciones contra EE.UU., que resultarán en críticas dentro y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso, si el programa expuesto tiene éxito como esperamos”.

Los que han cumplido o cumplen hoy prisión en Cuba no son santos inocentes, todos actuaron bajo órdenes de la CIA para espiar, hacer sabotajes y/o asesinar, no por tener ideas diferentes.
¿Acaso fue una presa política Leopoldina Grau Alsina?

Ella fue responsable y participante activa en el plan de la CIA para asesinar a Fidel Castro, mediante pastillas de veneno.

Tampoco es un delito político el haber ejecutado la despiadada Operación Peter Pan, que separó a 14 mil 48 niños de sus padres, quienes ante la propaganda psicológica de que el gobierno revolucionario cubano los enviaría para la Unión Soviética, donde algunos serían convertidos en carne para el consumo humano y a otros les “lavarían el cerebro” hasta convertirlos en comunistas, decidieron enviarlos para Miami sin acompañantes.

Fueron miles los delitos comunes cometidos por esos “exiliados políticos” bajo la dirección de la CIA, que están en la memoria histórica del pueblo de Cuba.

Un documento elaborado por el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, afirma:

“Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos. Se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar. Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluidas 21 viviendas de comunistas, y 800 incendios en plantaciones de caña”.

[…] “Estas operaciones lograron un éxito considerable. Las embarcaciones que prestaban servicio de Miami a Cuba entregaron más de 40 toneladas de armas, explosivos y equipos militares e infiltraron y sacaron a un gran número de personal. […] La mayoría de los sabotajes perpetrados en La Habana y otros lugares se realizaron con materiales suministrados de esta manera” …

Ahora en Miami quieren cambiar los tenebrosos actos cometidos, por simples acciones políticas, pero en Cuba están los muertos y mutilados que no olvidan.

Por eso José Martí afirmó:

“Nada hay más justo que dejar en punto de verdad las cosas de la historia”