La ONU califica de asesino a los Estados Unidos


Por Arthur González.

La relatora especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, Agnes Callamard, demostró su valentía y dignidad, durante la presentación del informe sobre el uso de la fuerza con tecnología de drones al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el pasado 9 de julio de 2020, donde señaló a Estados Unidos como responsable injustificado del asesinato de General iraní, Qassem Soleiman y otros acompañantes, mediante el empleo de un dron artillado, el pasado mes de enero en Irak, cuando se dirigía al aeropuerto internacional de Bagdad.

La relatora especial, aseveró sin temor alguno:

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Demanda de Venezuela contra Estados Unidos un ejemplo a imitar.


Por Arthur González.

La denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional por el gobierno de Venezuela contra Estados Unidos, ante los crímenes de lesa humanidad que cometen los yanquis contra ese pueblo, es un ejemplo a imitar por todos los países que sufren similares acciones genocidas, ejecutadas por el gobierno estadounidense.

Basta ya de soportar su hacer y deshacer en el mundo sin que nadie los sancione.

Guerras genocidas que barren ciudades enteras, monumentos del patrimonio de la humanidad, asesinatos en masa de niños, mujeres y hombres, cárceles secretas con métodos de tortura copiados a los nazis, robo de recursos naturales, guerras económicas, comerciales, financieras y biológica para matar de hambre y enfermedades, todo sin que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ni otros organismos internacionales, condenen y sancionen a los responsables de tantos crímenes.

El mundo no puede tolerar ese silencio cómplice de los aliados europeos, que ven, callan y hasta participan en las guerras fratricidas yanquis, por apoderarse de territorios ricos en minerales importantes.

¿Por qué los pueblos tienen que aguantar las medidas de guerra económica, comercial y financiera diseñadas por Estados Unidos, sin que sean sancionados?

Un evidente ejemplo es la votación anual que se ejecuta en la Asamblea General de la ONU, contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba desde hace 60 años. La totalidad de las naciones lo condenan, pero Estados Unidos en vez de eliminarlo lo incrementa con medidas cada vez más brutales, con el deseo de exterminar a todo un pueblo.

La decisión tomada por Venezuela es correcta, aunque se enfrentará a las presiones yanquis sobre quienes deben decidir. No importa, el mundo conocerá la demanda bien argumentada de cada medida que adopta Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro, solo con el objetivo de imponer a un peón que vuelva a colocar los recursos naturales venezolanos en manos de empresas norteamericanas.

Cuba también puede presentar pruebas irrefutables de las criminales Operaciones Encubiertas ejecutas por Washington, muchas de ellas desclasificadas y publicadas, como pruebas de su política delictiva, entre ellas los planes de asesinato a Fidel Castro, algunos reconocidos por la denominada Comisión Church del Comité Selecto del Senado, en los años 70 del siglo XX.

Constan documentos elaborados por la CIA de sus acciones ilícitas contra la Revolución cubana desde 1959, como el Plan de influencia subversiva y reclutamiento en sectores priorizados de la sociedad cubana”, elaborado en abril de 1959 por la embajada yanqui y la estación CIA en La Habana; el informe confeccionado por el Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, enviado al director general el 11 de diciembre de 1959, donde propone “darle una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro”.

Otros planes macabros como el aprobado por el presidente Dwight Eisenhower a la CIA, el 17 de marzo 1960, para crear una oposición a Castro, una red de espionaje interno en la Isla, iniciar una poderosa ofensiva propagandística a nombre de la “oposición”, y organizar la invasión mercenaria financiada por la CIA.

Solamente la despiadada Operación Peter Pan, diseñada por la CIA con campañas falsas sobre una inventada Ley revolucionaria que les quitaría la patria potestad a los padres cubanos, sirve para condenar a Estados Unidos en cualquier tribunal que respete la ley, pues mediante el engaño y la mentira lograron sacar de Cuba, sin acompañantes, a 14 mil 48 niños que quedaron afectados psicológicamente para toda la vida, al verse separados abruptamente de sus padres.

Cualquier Corte de Justicia sancionaría sin reservas a Estados Unidos por ejecutar la Operación Mangosta en enero de 1962, la cual estuvo dirigida a “provocar una rebelión del pueblo cubano, a partir de una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar, en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, junto a operaciones psicológicas que acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”

Esa Operación pretendía justificar una invasión a Cuba por parte del ejército yanqui, como respuesta a la derrota sufrida en su invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en 1961.

En la misma se demuestra como Estados Unidos preparó la reunión de la OEA en 1962, para condenar a Cuba y organizó, a través del Departamento de Estado, las presiones a gobiernos latinoamericanos y las manifestaciones populares, sumadas a las campañas de prensa en apoyo a tal acción, todas sufragadas por su Agencia de Información (USIA).

Cualquier juez que se respete no le temblaría la mano para castigar a Estados Unidos, máxime si Cuba presenta como prueba contundente en su denuncia, otros planes yanquis desclasificados y publicados, como es el documento preparado por CIA para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, el 8                                                     de junio de 1963, titulado “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, el cual contiene tareas para llevar a cabo acciones de terrorismo de Estado contra toda la economía cubana, un espionaje total, unido a la propagada mediática  para estimular los sabotajes.

Con qué derecho un país extranjero puede aprobar leyes para aniquilar el sistema político y económico de otro estado soberano. ¿Eso es permitido por la Corte de Justicia Internacional?

Las Leyes Torricelli y la repudiable Helms-Burton son ejemplos irrebatibles de las actividades ilegales de Estados Unidos contra una pequeña isla del Caribe, solo por haber decidido cortar las cadenas impuestas en 1901.

La lista de pruebas es larga y cada una más convincente, respecto a las violaciones de la ley internacional que comete el país que se auto proclama “paladín de los derechos humanos en el mundo”.

Pocas investigaciones tendrían que hacer los fiscales de la Corte Internacional de la Haya. Solo con leer los documentos oficiales yanquis les bastaría para conocer la verdad, esa que es manipulada o silenciada por la prensa de Estados Unidos.

Sabio José Martí al sentenciar:

“La justicia a secas, es lo único a lo que ha de asirse el hombre decoroso y sensato”.

 

 

La verdadera cara de Estados Unidos.


Por Arthur González.

Violadores de todos los derechos humanos, invasores de países donde desean implantar sus doctrinas y apoderarse de los principales recursos naturales, asesinos de dirigentes que no se arrodillan ante ellos, maestros en Operaciones Encubiertas para destituir gobiernos que no son de su agrado, excelentes creadores de campañas propagandísticas para hacerle creer al mundo que son los “campeones” de los Derechos Humanos, y carentes de escrúpulos para introducir virus patógenos contra personas, la flora y la fauna en países donde pretenden acabar con su economía, son realmente los Estados Unidos.

No es propaganda anti yanqui, es la historia contada en sus propios documentos que desfachatadamente publican, quizás con la solapada intensión de sembrar pánico entre los que se oponen a sus políticas imperiales.

Nada ha cambiado en doscientos años y una prueba fehaciente son los hechos cometidos por la actual administración que, sin escrúpulos ni ética, su Presidente presionó a un gobernante extranjero para manchar la imagen de un candidato a la presidencia de Estados Unidos, hecho denunciado, pero rechazado por Senadores del partido republicano, haciendo gala de lo que son capaces para lograr sus objetivos.

La historia real de las acciones ejecutadas contra la Revolución cubana desde 1959, demuestran hasta donde son capaces de llegar con tal de eliminar a quienes se le atraviesen en su camino; así consta en sus documentos disponibles para estudiosos de la historia.

En abril de 1959 el Ministro Consejero de su embajada en La Habana y el Jefe de la Estación local de la CIA, enviaron a Washington un plan de influencia política y reclutamiento de altos funcionarios del naciente gobierno cubano, en el cual proponen entre varias medidas:

“Los funcionarios de la embajada y los líderes de la comunidad de negocios americanos, deberán hacer un esfuerzo concertado para desarrollar amigos dentro de los ministerios y agencias del gobierno, tales como el programa agrario, la eliminación de la corrupción, la industrialización, etc.”

“Tratar de aislar a Castro de la influencia comunista alrededor suyo. Podría estimularse una campaña de prensa, la cual enfocaría las luces sobre los comunistas en posiciones de importancia”.

“Denunciar las actividades comunistas locales en la prensa de Cuba, la de Estados Unidos y en el mundo libre”.

“Fortalecer a los elementos anticomunistas existentes en sus esfuerzos contra el comunismo. Los blancos serán:

  • El gobierno, las Fuerzas Armadas, los sindicatos de trabajadores, la prensa y escritores individuales; la radio y la TV, los partidos políticos y los grupos de acción, la iglesia, y los estudiantes”.

“Ampliar grandemente el programa de becas a dirigentes para poder brindar a algunos de los nuevos líderes, un cuadro más preciso de Estados Unidos que el proyectado por los comunistas y los compañeros de ruta. Ayudar a los anticomunistas a obtener visas de Estados Unidos”.

“Funcionarios individuales de la embajada deberán tratar de colocar en las manos de los funcionarios claves de los ministerios, literatura y libros de la USIS (Servicio de Información) sobre el tema del comunismo”. “Extender los esfuerzos de la USIS en las provincias, mediante el establecimiento de un salón de lectura en Santa Clara y mejorar los salones de lectura en Santiago”.

El plan propuesto a solo 4 meses del triunfo revolucionario, fue amplio y abarcador para influir rápidamente sobre la población cubana, satanizar las medidas adoptadas que favorecían a los desposeídos y acusar de comunista a todo lo que oliera a nacionalismo e independencia política y económica de los Estados Unidos.

A fines de ese mismo año 1959, el Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, J. C. King, le propuso al su Director General, Allen Dulles, un conjunto de objetivos y medidas entre ellas:

“El derrocamiento de Fidel Castro en el término de un año y su reemplazo por una Junta que sea del agrado de los Estados Unidos, la cual convocará a elecciones seis meses después de su llegada al poder”.

Ataques de una radio clandestina desde países del Caribe, por parte de un grupo liberal, trabajando estrechamente con nosotros y utilizando a cubanos para las transmisiones”. “Operaciones de interferencia contra la radio y la televisión de Castro, instrumentada desde dentro de la Isla”. “Alentar a grupos opositores a favor de Estados Unidos”.

Para cerrar sus propuestas el alto funcionario de la CIA apuntó:

“Debe dársele una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro…Muchas personas bien informadas consideran que la desaparición de Fidel, aceleraría grandemente la caída del gobierno actual”.

A solo once meses del triunfo, aun con relaciones diplomáticas y comerciales plenas, ya la CIA proponía asesinar al máximo líder de la Revolución, porque este asumía posiciones soberanas e independientes, muy diferentes a la de todos los presidentes desde 1902.

El 17 de marzo de 1960, el presidente Dwight Eisenhower le aprobó a la CIA un plan de Acciones Encubiertas, que contempla la creación de la llamada “oposición” a Castro y la preparación de condiciones para la invasión mercenaria, dejándosela conformada a su sucesor J.F. Kennedy, quien tendrá que asumir la responsabilidad de la derrota el 19 de abril 1961.

Una semana antes del desembarco de las fuerzas mercenarias entrenadas por la CIA, con asesores del ejército yanqui, Arthur Schlesinger Jr., Asistente Especial del presidente Kennedy, envió a este un amplio informe con medidas políticas, diplomáticas y económicas con el fin de enfrentar y contrarrestar, en lo posible, la repercusión que internacionalmente tendría esa invasión para Estados Unidos.

En ese memorando se pone de manifiesto la verdadera cara de Estados Unidos y como manipulan a la opinión pública, interna y externa, para no manchar su imagen.

Schlesinger sugiere algunas medidas para distraer la atención hacia otros países y contrapesar las noticias, entre ellas:

¿No podría hacerse algo contra la República Dominicana? ¿No podríamos afirmar, de alguna forma notable, nuestro apoyo a algún gobierno progresista de Latinoamérica como Venezuela? ¿No podríamos hacer algo en África o en Asia que contrarreste la afirmación soviética de que somos imperialistas irreconciliables? ¿No podríamos presentar algo ante la ONU en los próximos días, que nos permita asumir una posición antimperialista pujante?

En cuanto al apoyo a una “Cuba libre”, aseveró:

“Si la invasión triunfa, Estados Unidos asumirá la responsabilidad total de la Cuba posterior a Castro. El mundo pondrá sus ojos en Cuba como nunca…Si el régimen posterior comienza por prestar atención a los dueños de las propiedades confiscadas y a los inversionistas extranjeros, si echa a la gente corriente de las playas y de los hoteles, si trata de dar marcha atrás en lo tocante a las condiciones sociales y económicas, éstos serían elementos que fundamentarían la afirmación soviética, de que lo que perseguían los estadounidenses era poner a Cuba una vez más en manos del capitalismo estadounidense”.

[…] Debemos ponernos a pensar ya, en un hombre lo suficiente astuto, agresivo e influyente, que viaje a La Habana como embajador de los Estados Unidos y garantice que el nuevo régimen emprenda una vía socialmente progresista”. […] Otro grupo de economistas debe elaborar un plan perspectivo de desarrollo para Cuba, que sirva de guía al gobierno posterior a Castro”.

Es la vieja forma de actuar para encubrir su participación y los objetivos de sus intervenciones en otros países. Cuba volvería a sus brazos, tal y como ellos afirman, por eso no admitirán jamás un gobierno libre e independiente no aceptable para ellos, gobierne un demócrata o un republicano.

No por gusto alertó José Martí:

“Impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.

¿Para que han servido las relaciones con Estados Unidos?


Por Arthur González.

Estados Unidos nunca tuvo buenos ojos hacia Fidel Castro, algo que expusieron en 1958 el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles. Ambos estaban convencidos que no era el hombre que necesitaban para gobernar en Cuba; su autodefensa durante el juicio por su participación en el asalto al Cuartel Moncada, así lo demostraba.

Al no poder impedir el triunfo del movimiento revolucionario de 1959, de inmediato tomaron medidas para frustrar sus planes de desarrollar un proceso nacionalista, independiente y soberano, sin injerencia yanqui.

Por esa razón, a solo 11 meses de la victoria la CIA propuso eliminarlo físicamente, según documentos oficiales.

En enero de 1961 Eisenhower rompía las relaciones diplomáticas, iniciándose más de medio siglo de acciones terroristas, planes de asesinatos, invasión mercenaria, guerra económica, financiera, biológica y mediática, unido a programas subversivos elaborados por la CIA y el Departamento de Estado, respaldados por presupuestos de miles de millones de dólares, pero ninguna de esas acciones ha tenido éxito.

A pesar de esa posición contra la Revolución, Cuba siempre intentó mejorar las relaciones con Estados Unidos y en ocasiones buscó y en otras aceptó las propuestas de establecer conversaciones secretas, pero siempre las presiones y exigencias yanquis lo malograban.

Washington ponía como condición previa, que Cuba se alejara de Moscú y el bloque socialista europeo, eliminara sus relaciones militares con ellos; no apoyara los movimientos revolucionarios, incluida la independencia de Puerto Rico, y se retirara de África, donde los cubanos ayudaban a salvaguardar la independencia de Angola, a petición de su gobierno, por estar asediada militarmente por Sudáfrica, viejo aliado de Estados Unidos, quien apoyaba a la contrarrevolución angolana.

Posterior a la desaparición del socialismo en Europa del Este y la desintegración de la URSS, el presidente George W. Bush, puso como condición que Cuba abandonara el sistema socialista y restaurara el capitalismo, petición idílica y trasnochada.

Barack Obama tomó el mismo rumbo que las 10 administraciones antecesoras, pero en su segundo mandato optó por aceptar las propuestas que había hecho el Council on Foreign Relation durante el gobierno de Bill Clinton y tomó la decisión de entablar negociaciones secretas, sin condicionamientos previos, para lo cual debió excluir al Departamento de Estado y Defensa, evitando que la mafia terrorista anticubana se enterara.

Esa decisión no fue festinada. Estados Unidos estaba perdiendo influencia en Latinoamérica, tenía el repudio mundial por la guerra económica contra Cuba, que sentaba a su país en el banquillo anualmente, unido a las presiones por las campañas internacionales para liberar a los Cinco Héroes cubanos, más las internas por el judío norteamericano Alan Gross, preso en la Habana.

De no dar ese paso, dejaría pasar la oportunidad excepcional de poder influir a su favor en la sociedad cubana, especialmente a la juventud y los trabajares no estatales, antes del traspaso de la presidencia de Raúl Castro a un hombre que no es de la generación histórica de la Revolución.

Ante ese escenario, en diciembre del 2014 ambos gobiernos acuerdan el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la posterior apertura de embajadas. Sin embargo, la pretensión de destruir el socialismo fue recalcado en todas las intervenciones de Obama, y la guerra económica, financiera y mediática para las campañas contra la Revolución y el apoyo total a la subversión, quedaron intactas.

Obama impuso records de persecución a la banca internacional, para ahogar financieramente a Cuba; aprobó el mayor presupuesto anual hasta ese momento para los planes subversivos con 20 millones de dólares, el apoyo económico y moral a la “oposición” interna; la radio y TV Martí continuaron, al igual que la prohibición del turismo estadounidense a la Isla y el comercio bilateral, excepto la venta alimentos acordada en época de G.W. Bush, después del paso de un destructor huracán que azotó la Isla, siempre mediante el pago adelantado de cada compra.

La Ley de Ajuste, la Torricelli, Helms-Burton y el acta de prohibición de Comercio con el Enemigo, quedaron intactas, al igual que el uso de dólar. También prohibió conversar sobre la devolución del territorio que ocupa su

Su política fue edulcorada y engañosa, pues persiguió los mismos objetivos de sus antecesores, aunque con métodos más sutiles e inteligentes.

No obstante, aprobó algunos memorandos de entendimiento en cuestiones no cruciales para el mejoramiento de la economía de Cuba y que no le creaban mayores dificultades con la mafia anticubana, como fueron el tema de las misiones de búsqueda y rescate de embarcaciones; el combate al tráfico de drogas que mayormente va hacia Estados Unidos; cooperación medio ambiental; programa de capacitación de profesores de idioma inglés; cooperación  en la esfera de la seguridad de los viajeros; el uso de vuelos directos pero solo de empresas norteamericanas; cooperación en la esfera de la Salud y el restablecimiento del correo postal directo.

Amplió las licencias que otorga el Departamento de Estado para los viajes a Cuba, y expresó que con ellos buscaba “promover los valores yanquis entre el pueblo cubano, potenciar aún más su objetivo de empoderar al pueblo cubano, fomentar mayores contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba, con el marcado interés de promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del Estado cubano”.

Con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca, esa política regresó a los tiempos de la guerra fría, pues según argumentaron Obama no logró sus objetivos, por tanto, había que mantener las presiones buscando que el pueblo se lance a las calles a protestar por las carencias económicas acumuladas.

Para no quedarse atrás, Trump inventó el show de las mentiras de los ruidos acústicos y las falsas enfermedades, solo para afectar el turismo internacional a Cuba y las visitas de norteamericanos, incrementadas notablemente con la política de pueblo a pueblo. Con eso dejó inoperante a su embajada en La Habana.

Buscando el respaldo de los votos de la mafia terrorista anticubana, el Congreso acaba de aprobar un presupuesto ascendente a 35 millones de dólares, para fabricar la “democracia” en Cuba y Venezuela, pagar a los “disidentes” y las campañas mediáticas sobre las inventadas violaciones de los derechos humanos.

Para la radio y TV Martí, emisoras que desde 1985 ni se escuchan ni se ven en la Isla, se aprobaron 29 millones de dólares.

Vale penal resaltar que esos 35 millones, es una cifra inferior a la que solicitó Obama al Congreso en 2015, ascendente a 2 mil millones de dólares para Latinoamérica, y de esa suma 53,5 millones fueron destinadas a la “Iniciativa Regional de Seguridad” (CBSI) y una buena cantidad para programas de promoción de “la libertad de prensa y los derechos humanos” en Cuba, Venezuela, Ecuador, Nicaragua.

Al sacar cuentas, ¿de que sirvieron las relaciones diplomáticas?

Lúcido fue José Martí cuando dijo:

“De esa tierra no espero nada…más que males”

 

 

 

 

 

Carlos Alberto Montaner, de terrorista a profesor de democracia


Por Arthur González.

La CIA convirtió al terrorista Carlos Alberto Montaner Suris, en profesor de democracia, y lo acaba de patentizar en su más reciente libro titulado “El presidente, manual para electores y elegidos”, presentado en Miami el 18.11.2017.

Para quienes no conocen la historia de este agente de la CIA, es bueno contarles algo de su pasado para que puedan aquilatar lo que se esconde detrás de la imagen del periodista y profesor universitario, fabricado por la Agencia Central de Inteligencia yanqui.

Carlos Alberto Montaner Suris nació en La Habana, el 03.03.1943, hijo de un periodista vinculado a la embajada de Estados Unidos antes de 1959, que dirigió posteriormente en Miami, un periódico financiado por el dictador Fulgencio Batista.

Con 17 años, Montaner se integró a la organización terrorista “Movimiento de Recuperación Revolucionaria”, (MRR), encabezada por Manuel Artime y Orlando Bosch, bajo instrucciones de la CIA, y compartió la jefatura nacional de acción y sabotaje del grupo “Rescate Estudiantil”, del Frente Revolucionario Democrático (FRD), con Alfredo Carrión Obeso.

Entre los actos terroristas que ejecutó entre 1960 y 1962, estuvieron la colocación de bombas en centros comerciales y cines de La Habana, enmascaradas en cajetillas de cigarros.

En los meses de septiembre y diciembre de 1960, se reportaron más de 100, financiados por la CIA, ratificado por  el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar de la CIA, en la “Operación Cubana”, quien afirmó:

“Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña […] Para ello, entregamos más de 40 toneladas de armas y explosivos…”

Montaner estuvo relacionado con muchos de esos actos perpetrados en diciembre de 1960, entre ellos: el incendio el día 15 en la emisora radial CMQ; el estallido de una bomba en la Universidad de La Habana que hirió de gravedad a un estudiante; el incendio del cine Cándido, en Marianao, con siete heridos; y la petaca explosiva colocada el 24 de diciembre en la tienda Flogar, situada en la esquina de Galiano y San Rafael, donde resultaron gravemente heridas 15 personas, entre ellas un niño de 13 años, su hermana y su mamá.

Apoyó las atrocidades cometidas en el Escambray por mercenarios organizados y financiados por la CIA, con la colaboración del Frente Revolucionario Democrático, el Movimiento de Recuperación Revolucionaria, MRR, y Alpha-66, con base en los Estados Unidos para sembrar el terror entre en el campesinado cubano, mediante el incendio de escuelas, el asesinato de maestros y alfabetizadores, campesinos y sus familiares.

El 26.12.1960, Montaner fue arrestado en su vivienda en Miramar,  siéndole ocupado un maletín con cuatro detonadores, un rollo de mecha, un pomo con tres barras de fósforo vivo, cuatro cartuchos de municiones, numerosas bombas, dinamita, una ametralladora, detonadores y  bloques del explosivo C-3, todos suministrados por la CIA.

En uno de los paquetes de explosivos aparecía la advertencia: “Un bloque es equivalente a media libra de TNT”.

Montaner fue juzgado en la causa 06/61 y sancionado a 20 años.

Por consideración a su edad, el tribunal decidió que fuera internado en el Reclusorio Nacional para Menores de Torrens, el que poseía escasas medidas de seguridad, lo que aprovechó para fugarse y buscar asilo en la embajada de Brasil, en la que su embajador, Vasco Leitao Da Cunha y su esposa Virginia Leitao, eran colaboradores de la CIA.

Juana Castro Ruz, en su libro autobiográfico, confesó que ella fue reclutada por la CIA en México, por mediación de Virginia Leitao. Sigue leyendo