Venezuela una historia repetida


Por Arthur González

Los métodos subversivos empleados hoy contra Venezuela por la CIA y el Departamento de Estado, son los mismos que utilizaron contra la Revolución cubana en 1960 y a pesar de sus fracasos insisten en  repetirlos, con la esperanza que les den resultados 58 años después.

Miles de millones de dólares son repartidos entre los partidos de la oposición venezolana, ilusionados en tener éxitos en sus propósitos de derrumbar la Revolución Bolivariana, unido a la teoría subversiva de Gene Sharp, más los consejos que le diera el polaco Lech Walesa a Leopoldo López, durante la visita que hiciera hace tres años al Instituto Walesa en Varsovia, junto a algunos asalariados cubanos.

Ninguna de esas viejas recetas ha triunfado y el pueblo venezolano sigue apoyando su proceso social, a pesar de las penurias causadas por la guerra económica implantada por Estados Unidos, copiando la misma receta aplicada contra el pueblo cubano.

Al revisar los lineamientos que estableció la CIA y el Departamento de Estado contra la Revolución cubana, se aprecia total coincidencia de acciones y objetivos, tal es el caso de lo propuesto por el entonces Sub Secretario de Estado para el hemisferio occidental, en abril de 1960, en el cual expresó:

“…el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. Negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Eso mismo hacen contra Venezuela en los últimos años con similar interés, sin lograr que el pueblo se subleve contra el presidente Nicolás Maduro.

Al releer los documentos de la Operación Mongoose, aprobada por el presidente J.F. Kennedy en enero de 1962, conocida oficialmente como Proyecto Cuba, se aprecia una semejanza en los objetivos que desean hoy alcanzar en Venezuela, al afirmar dicho documento:

“…. La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Como se aprecia, es una copia de la actual situación contra la Revolución Bolivariana.

El mismo Proyecto Cuba de 1962 afirma:

“El clímax del levantamiento saldrá de la reacción airada del pueblo ante un hecho gubernamental (producido por un incidente), o de un resquebrajamiento en la dirección política del régimen o de ambos incluso. (Desencadenar esto debe constituir un objetivo primordial del proyecto). El movimiento popular aprovechará el momento del clímax para iniciar un levantamiento abierto. Se tomarán y se mantendrán ocupadas las áreas. En caso de ser necesario el movimiento popular pediría ayuda a los países libres del Hemisferio Occidental. De ser posible, Estados Unidos, en concierto con otras naciones del Hemisferio Occidental, brindaría apoyo abierto a la sublevación del pueblo cubano. Tal apoyo incluiría una fuerza militar, si fuera necesario”.      

¿Qué ha sucedido en Venezuela? la desprestigiada OEA salió nuevamente a jugar el papel asignado por Estados Unidos, con el apoyo de países lacayos, tal y como hicieron contra Cuba en 1962. Basta con analizar lo expuesto en el Operación Mongoose, para constatarlo, pues la misma afirma:

El Departamento de Estado ha diseñado un esquema liberal. La CIA está elaborando una firme plataforma con esos puntos de vista para que los cubanos que operarán en Cuba estén dispuestos a arriesgar sus vidas, y sobre lo cual se puede generar un apoyo popular”.

Iguales actos le orientan a la oposición venezolana, financiaron las llamadas Guarimbas, unidas a las acciones terroristas contra instituciones estatales, fuerzas policiales y seguidores chavistas.

En cuanto al papel de la OEA hoy, es el mismo asignado contra Cuba en 1962, pues según consta en la Operación Mongoose:

El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero, esperando obtener amplio respaldo del Hemisferio Occidental para las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio. Se está considerando una resolución solidaria, mediante la cual OEA ofrezca alivio directo al angustiado pueblo cubano (similar a la de EE.UU. para Rusia, de 1919-20), como un medio para lograr la simpatía del pueblo cubano sin tener que reconocer al gobierno comunista. La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA. La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto”.

Si alguien aún tiene dudas, puede dedicarse a leer un grupo de planes contra la Revolución cubana para darse cuenta que los yanquis, como perros hueveros, se reiteran, aunque que se les queme el hocico.

A pesar del dinero mal gastado, Venezuela al igual que Cuba seguirán su camino libres y soberanas, enfrentándose al poder de Washington que no se dará por vencido, aunque no alcancen los resultados pretendidos.

Los yanquis si fueran menos soberbios y prepotentes actuarían como dijo José Martí:

“No debe perderse el tiempo en intentar lo que hay fundamentos sobrados para creer que no ha de lograrse”.

 

 

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Estados Unidos y su falsa democracia


Por Arthur González

Para los que aún creen en la democracia made in USA, la posición actual de la Casa Blanca, contraria a las próximas elecciones en Venezuela para aprobar la Asamblea Constituyente, es prueba de su hipocresía.

Mientras a Cuba le fabrican campañas mediáticas para presionarla a que cambie su sistema electoral por considerarlo no acorde a sus parámetros, y trazan planes para llevar a cabo acciones como las asignadas a la “refugiada política” Rosa María Payá Acevedo, con el proyecto Cuba Decide,  la construida Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD)  y su hermana la plataforma “Otro 18”, con el propósito de ejecutar una hipotética consulta pública sobre las elecciones cubanas del próximo año 2018, para Venezuela tienen un discurso en la dirección contraria.

Donald Trump se opone a las próximas elecciones venezolanas y pidió ayuda a sus aliados en Latinoamérica y Europa para evitar ese proceso electoral, en el cual el pueblo votará libre y democráticamente. Todo ese alboroto porque evidentemente tienen la certeza de que la Constituyente será aprobada por mayoría popular y de ahí su temor.

En la última década Estados Unidos ha gastado cientos de miles de millones de dólares para mantener una oposición a la Revolución Bolivariana, fomentar una guerra económica total, unida a la guerra mediática para intentar quitarles el poder a los seguidores de Hugo Chávez, sin obtener resultados.

Ahora ante las próximas elecciones del 31 de julio 2017 y previendo un nuevo fracaso de la oposición financiada por ellos, presionan a varios países de la región y amenazan con reforzar las sanciones contra el gobierno presidido por Nicolás Maduro, elegido democráticamente por el voto del pueblo, llegando a intimidarlo con la decisión de no comprarle más petróleo a Venezuela.

¿Quién puede entender que Estados Unidos se oponga a un proceso electoral democrático como el que siempre reclaman? ¿Por qué tanto miedo a una votación abierta y transparente?

La respuesta es simple, saben que no cuentan con el apoyo mayoritario del pueblo venezolano y una victoria de Maduro sería la prueba de sus mentiras y tergiversaciones de la realidad de ese país, además de que el triunfo del pueblo será el entierro de los que hoy desde el Congreso ponen obstáculos a toda medida que favorezca al pueblo.

Estados Unidos quiere impedir por todos los medios, que la Asamblea Constituyente trabaje en la confección de una nueva Constitución, la cual dejaría aprobado en la Ley fundamental de la República, todos los programas sociales que ejecuta la Revolución Bolivariana en favor de los desposeídos.

Los opositores venezolanos, muchos de ellos radicados en Miami, ven que su futuro se parece cada día más al de los cubanos que abandonaron la isla en 1959, con la ilusión de en 6 meses regresarían cuando la Revolución encabezada por Fidel Castro fuese derrocada. Han transcurrido 58 años y no han alcanzado su viejo sueño.

Estados Unidos persiste en su desgastado esquema político de que tiene que existir un gobierno que sea aceptado por ellos, para poder mantener una relación armoniosa con su país.

En sus reclamos de democracia y pluripartidismo no está concebido que existan países con sistemas diferentes al de ellos, y por tanto, mientras exigen libertad de expresión y pensamiento, y acusan falsamente a Cuba de “acosar, arrestar o dar golpizas, solo por ejercer el derecho universal de hacer que la voz de los opositores se escuche”, como aseguró el presidente Barack Obama el 17.12.2014 al anunciar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con La Habana, a Venezuela la sancionan por convocar elecciones libres.

Esa posición de los yanquis demuestra que ni son demócratas ni aceptan la libertad de pensamiento y de palabras, cuando estos no coinciden con sus preceptos.

Venezuela expone a diario su disposición de mantener su proceso Revolucionario Bolivariano bajo los principios de Chávez y su pueblo firme y decidido está dispuesto a resistir el reforzamiento de la guerra económica, igual que lo hacen los cubanos desde hace más de medio siglo, porque los principios no se venden ni se negocian.

El pueblo de Bolívar saldrá victorioso de esta contienda, porque en la defensa de sus ideas les va la libertad, siguiendo el principio de José Martí de que:

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”

 

El mismo problema, pero tratamientos diferentes


Por Arthur González

En Venezuela la contrarrevolución es entrenada y financiada por Estados Unidos, para crear conflictos internos y más dificultades al pueblo, el mismo que resiste una guerra económica y financiera despiadada.

Al ser parte de un plan de desestabilización con el propósito de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro, electo democráticamente en las urnas, las tareas de la guerra mediática también están presentes, con el fin de deformar la realidad y hacerle creer al mundo que hay ingobernabilidad para justificar la intervención extranjera, como intentaron hacer a través de la OEA.

Durante varias semanas en los distintos medios de prensa controlados por los yanquis, se han visto manifestaciones de la contrarrevolución, sus actos terroristas e incluso la tortura y el asesinato de partidarios de la Revolución Bolivariana, sin que sean condenados por los mismos que acusan al gobierno de Maduro y pretenden satanizarlo.

Bien diferente es el tratamiento que brinda la prensa internacional a idénticas situación que acontecen en México, y ninguno de los países que atacan a Venezuela levantan la voz para pedir elecciones, un cambio de sistema político y hasta la intervención de la OEA.

El pasado 2 de mayo 2017 se produjeron fuertes enfrentamientos en la ciudad de Reynosa, Tamaulipas, que han dejado hasta el momento, un saldo de 12 ciudadanos muertos.

Para enfrentar esos graves disturbios, las Fuerzas Federales y Estatales fueron desplegadas, enfrentando a los manifestantes con equipos de guerra, establecieron bloqueos en la propia ciudad de Reynosa y un patrullaje exhaustivo para restablecer el orden, ante la violencia que puso en riesgo a la población.

Pero ante esas acciones propias de las fuerzas del orden no hay campañas ni acusaciones.

Sin embargo, cuando el gobierno venezolano hace lo mismo la guerra mediática es indetenible, acusándolos de represivos, a pesar de que los hechos de violencia son ejecutados por la llamada “oposición”, orientada y financiada por los Estados Unidos, con el objetivo de conformar un caos en ese país, provocando una fuerte represión gubernamental que justifique el repudio interno y externo.

Esa misma estrategia fue seguida por los yanquis en Polonia, cuando el sindicato Solidaridad, dirigido por el agente de la CIA, Lech Walesa, exhortaba a sus seguidores a manifestarse violentamente en las calles, incitando una fuerte respuesta de los agentes del orden.

No es casual que desde hace años los llamados “opositores”, entre ellos Leopoldo López, pasaran un entrenamiento con el propio Walesa, en un Instituto que lleva su nombre en Varsovia.

Estados Unidos con su pragmatismo, pretende repetir la historia, sin tener en cuenta que Venezuela no es Polonia y su proceso revolucionario tiene raíces propias y no impuestas por tanques extranjeros, como sucedió en el país este-europeo, liberado por el Ejército Rojo.

Para tener una idea más exacta de la diferencia del tratamiento político-mediático entre lo que sucede a diario en México y los actos vandálicos ejecutados por la contrarrevolución venezolana, basta señalar que el miércoles 03.05.2017, en la ciudad mexicana de Palmarito, en el estado de Puebla, soldados de la 25 Zona Militar fueron agredidos con piedras y palos por manifestantes.

El saldo de esa agresión fue de dos soldados muertos y uno herido. Una hora después, personal militar que efectuaba reconocimientos terrestres en la zona de Palmarito, Puebla, fue agredido otra vez por un grupo de hombres armados que se trasladaban en cinco camionetas, tres de ellas, blindadas.

Fuerzas militares que recorrían la zona, volvieron a ser agredidas por un grupo de personas armadas. Los soldados repelieron el ataque y abatieron a cinco agresores e hirieron a otros nueve. Sigue leyendo