Estados Unidos, lobo escondido bajo la piel de oveja.


Por Arthur González.

¿Qué sucesos terribles han ocurrido en el mundo en el que Estados Unidos no tenga responsabilidad? Casi ninguno para no ser absoluto.

Sin embargo, se dan golpes de pecho autodefiniéndose como “paladines” de los derechos humanos, la libertad y la democracia en el mundo.

El 6 de agosto Japón conmemoró 73 años de una de las acciones más criminales de la historia, los bombardeos a las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, por aviones estadounidenses que lanzaron por primera vez la bomba nuclear, matando a cientos de miles de civiles inocentes, cuantiosos heridos y mutilados de por vida, la destrucción de casas, fábricas, escuelas, hospitales y centros de recreación, además del padecimiento de cáncer y otras enfermedades, durante varias generaciones de japoneses.

En vez de remordimiento, Estados Unidos manifiesta otro sentimiento: superioridad militar por encima del resto del mundo y prepotencia que, como bandera, enarbolan hoy en día para recordarle a quienes se le enfrenten que pueden destruirlos en minutos.

Recientemente el presidente Donald Trump, autorizó el lanzamiento de la llamada “bomba de todas las bombas”, en una base aérea de Siria, para evidenciar su gran poderío armamentístico, aunque ello signifique un desafío a la paz.

Otras acciones de destrucción y muerte causadas por los “campeones” de los derechos humanos, fueron la guerra de Corea, la invasión mercenaria a Cuba por la Bahía de Cochinos, la guerra contra Viet Nam, Laos, Cambodia, la intervención militar en República Dominicana en 1965, la participación de la CIA en todos los golpes militares ejecutados en America Latina, entre ellos el de Brasil en 1964, Argentina en 1966, en Uruguay en 1967, contra el presidente de Chile, Salvador Allende, en 1973.

Otros hechos, como el apoyo a Gran Bretaña en la guerra de las Islas Malvinas en 1983, marcan a Estados Unidos en su política de muerte y destrucción; la guerra sucia en Nicaragua 1982, contra el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional; la invasión a la Isla de Granada en 1983, la de Panamá en 1989, que dejó un saldo de 3 mil muertos, varios miles de heridos y cerca de 15 mil personas quedaron sin casas por los bombardeos yanquis.

Haití fue otra víctima de las tropas estadounidenses en la llamada “Intervención Democrática”, repetida en el 2004, cuando ocuparon militarmente el país, bajo el viejo pretexto de “proteger los intereses yanquis e imponer el orden”.

A lo anterior hay que sumarle el golpe militar en Venezuela 2002 y en Honduras 2009, donde la CIA, y otras agencias de inteligencia yanquis, unidas a las acciones de presión diplomática del Departamento de Estado, dejaron una cifra elevada de muertos y heridos, violando los sistemas democráticos para derrocar a presidentes elegidos legalmente por el pueblo.

La Operación Cóndor, ejecutada entre 1975 y 1983 en varios países de Latinoamérica, para respaldar las dictaduras militares impuestas y apoyadas por Washington, como las de Chile, Argentina, Venezuela, Paraguay, Uruguay, Brasil y Bolivia, es un vivo ejemplo de cómo actúan los yanquis para mantener su dominio político, militar y económico.

Los planes para asesinar a líderes políticos no aceptables para Estados Unidos, en una muestra fehaciente de su falta de escrúpulos y la violación del más elemental de los derechos, la vida.

Entre los casos más relevantes está el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, víctima de cientos de intentos de asesinato, lo que fue certificado por el Comité Selecto establecido por la Comisión de Inteligencia del Senado, denominada Comisión Church, la cual realizó un estudio en 1975, de algunas operaciones de la CIA contra la vida del presidente cubano.

Para no dejar dudas de la capacidad de matar que tienen los yanquis y su carácter imperialista, basta decir que provocaron el pretexto de las Torres Gemelas, destruidas por un grupo seleccionado de extremistas, evidentemente reclutados por oficiales encubiertos de la CIA aparentando ser árabes, que deseaban “luchar contra Estados Unidos”.

Esa operación bien diseñada y guardada como una de las joyas más valiosas de la CIA, permitió llevar a cabo la invasión de Afganistán, donde la muerte de miles de civiles aún permanece vigente, unida a la de Irak bajo el empleo de otra mentira, la presencia de armas biológicas por Sadam Husein, que jamás se encontraron, pero fomentaron un gran rio de sangre, muerte y destrucción, sin solución a la vista.

El asesinato del presidente de Libia y la invasión de ese país, amplía la lista de crímenes cometidos en nombre de la “democracia” made in USA”, apoyado por países de la OTAN que se mancharon igualmente con sangre inocente, seguida por la guerra contra el pueblo sirio, que le cuesta diariamente cientos de millones de dólares a los contribuyentes norteamericanos.

África no queda aislada, Yemen, Chad, Somalia y otros países de la región, sufren de igual forma por la sed imperialista de apoderarse de sus recursos naturales, estimulando revueltas internas que han desestabilizados países que habían vivido en calma.

En fin, los pueblos del mundo conocen bien la lección de lo que es la “democracia”, “los derechos humanos” y “la libertad” que imponen los yanquis a lo largo y ancho del mundo, con sus bombas, tanques, destructores y portaviones.

Basta de engaños y mentiras, al lobo siempre se le ven los cascos debajo de su disfraz de oveja, y como expresara José Martí:

“Las cosas han de decirse descarnadamente, para que resulten como son”.

 

 

 

 

 

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Los que se cambiaron de chaqueta en Miami.


Por Arthur González.

Ser opositor al socialismo cubano es un negocio jugoso en Miami, algo que ha transformado en millonarios a no pocos.

Recientemente un artículo publicado en el libelo Nuevo Herald, expone a uno de esos personajillos que se cambiaron de casaca, para hacer de su “oposición” a la Revolución cubana un jugoso medio de vida, su nombre: Juan Antonio Blanco Gil, quien desde hace unos años funge como director de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, en Miami.

Hijo de Elena Gil, miembro del Partido Socialista Popular antes de 1959, trabajadora de la Cuban Telephon Company, y estrecha colaboradora de Fidel Castro, Juan Antonio Blanco anunció recientemente su campaña para denunciar y deportar a antiguos “represores” de la Cuba socialista, quienes posteriormente decidieron emigrar a los Estados Unidos.

Según el artículo, ese académico devenido en connotado contrarrevolucionario, cuando residía en La Habana perteneció a las Brigadas de Respuesta Rápida y antes de convertirse en “defensor” de los derechos humanos, tuvo una larga carrera dentro del gobierno socialista, primero como diplomático y después como funcionario del Departamento América, del Comité Central del Partido Comunista, dirigido por Manuel Piñero.

Al dejar ese cargo, y en su carrera hacia el dinero fácil, creó la Fundación Félix Varela, para promover una “sociedad civil” en Cuba, de acuerdo a los parámetros yanquis.

El pasado junio 2018, Blanco denunció a dos ex policías fidelistas, que ahora viven en Estados Unidos, con el objetivo de que esos supuestos “represores” fueran deportados hacia Cuba, por las autoridades migratorias.

Juan Antonio también se acogió a la Ley de Ajuste Cubano en 1997, convirtiéndose en “defensor de los derechos humanos y director de Cooperación Internacional de la organización Human Rights Internet”, lo que le permite contar con un jugoso salario.

Posteriormente, logró la plaza de subdirector visitante del Instituto de Investigaciones Cubanas (CRI) de la Universidad Internacional de la Florida y más tarde fue nombrado director ejecutivo del Centro de Iniciativas para América Latina y el Caribe en el Miami Dade College.

En el 2016 la Fundación Nacional Cubano Americana, lo contrató para el cargo de director ejecutivo de la Fundación de Derechos Humanos de Cuba, con el fin de “apoyar y empoderar” a la llamada sociedad civil cubana, para alcanzar la soñada transición hacia el capitalismo.

Desde ese cargo propició que 15 jóvenes cubanos fueran como becarios a estudiar en el Miami Dade College”, mediante un programa diseñado para formar futuros “líderes” comunitarios en Cuba.

Entre esos becarios estaban la hija y el hijo de Berta Soler, la sobrina de Guillermo Fariñas, la sobrina de Ángel Moya, esposo de Berta, Danilo Maldonado, alias El Sexto, y otros parientes de esos asalariados de los norteamericanos. Algunos se acogieron a la Ley de Ajuste y no retornaron a la Isla, violando el compromiso asumido antes de viajar. Otros fueron expulsados por bajo índice académico y conductas impropias.

El programa fue un fracaso total y suspendido ante la pérdida de dinero mal empleado, pues por cada joven cobraron 16 mil dólares, negocio redondo para aquellos que se hacen millonarios a costa de la Revolución cubana.

Coautor del libro “El asesinato de la reputación”, Juan Antonio ha iniciado una lucha para denunciar lo que él denomina “represores del gobierno cubano” que ahora viven en el sur de la Florida, pero no menciona a los asesinos, torturadores, terroristas y ladrones cubanos, que sirvieron al régimen del dictador Fulgencio Batista y posteriormente a la CIA en su guerra sucia contra Cuba y otros países latinoamericanos, como fue la Operación Cóndor, con los cuales convive en ese mismo estado.

Queriéndose congraciar con la mafia terrorista anticubana, no se atreve a denunciar a los esbirros que sumieron en sangre y dolor a Cuba, contra los cuales luchó su madre hasta la muerte.

A Juan Antonio Blanco Gil, las cosas no parecen salirle como las ideó para ganar más dinero, pues su pasado comunista, pleno de vínculos con el gobierno de Castro, lo hacen calificar para lo que él mismo diseñó contra sus coterráneos, poniendo ahora al escrutinio público sus antecedentes.

Nada que Roma paga a los traidores, pero al final los repudia y como dijo José Martí:

“A la ignominia la traición es guía”

 

 

Nicaragua atención, el imperio os asecha.


Por Arthur González.

Estados Unidos aprobó millonarios presupuestos para pagar a la derecha latinoamericana con el fin de derrocar los procesos de izquierda. A eso se suman los planes de acciones violentas ejecutados por ciudadanos de baja calaña, los cuales reciben altos pagos, como sucedió en Venezuela, y ahora en Nicaragua, bajo los patrones diseñados por Gene Sharp.

No es ocioso recordar su teoría, desarrollada para remover gobiernos no aceptables para Estados Unidos:

  • La lucha activa se centra por “reivindicaciones políticas y sociales”, y en la manipulación del colectivo para que emprenda manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones.
  • Ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.
  • Forzar la renuncia del Presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle.

El gobierno sandinista está en la mirilla imperialista desde hace tiempo, entorpeciendo las inversiones previstas para la ejecución de un nuevo canal interoceánico y otras que pueden elevar los niveles económicos de ese país, que ya sufrió el desgaste de la contrarrevolución pagada, abastecida y entrenada por la CIA.

Ante la imposibilidad de derrocar al presidente Daniel Ortega en el proceso electoral, Estados Unidos aprovecha cualquier oportunidad para desestabilizar a Nicaragua y los hechos más recientes así lo prueban.

En cuanto se anunciaron las reformas al Seguro Social por el gobierno nicaragüense, comenzaron las protestas que evidencian la mano yanqui, pues la violencia callejera ejecutada por jóvenes que no se perjudican por la misma, no justifican ese estado de “irritación”, que ya deja un saldo de 25 muertos, entre ellas el asesinato de Ángel Eduardo Gahona, periodista del Canal 6 de Nicaragua, por un disparo en la cabeza mientras reportaba hechos de violencia en la ciudad de Bluefields.

La situación es idéntica a la creada en Venezuela, ejecutada por grupos financiados por la oposición vinculados a la embajada norteamericana.

Imposible que sea una casualidad que en Nicaragua los que protestan de forma vandálica y terrorista, sean también jóvenes estudiantes universitarios, unidos a pandilleros.

Los de Venezuela recibieron importantes cantidades de dinero para ejecutar dichos actos, que acabaron con la vida de decenas de personas, saquearon centros comerciales y quemaron instituciones estatales, lo mismo que ahora sucede en Nicaragua.

Si fueran protestas verdaderas por reclamos políticos como sucede en España, Italia, Argentina o Grecia, no existirían actos terroristas, lo que demuestra la mano de la CIA en esa violencia.

El presidente Ortega lo dejó bien esclarecido cuando declaró:

Esto que está aconteciendo en nuestro país, no tiene nombre. Los muchachos ni siquiera saben el partido que los están manipulando. Incorporan a pandilleros y criminalizan las protestas”.

Si las protestas son teóricamente por reclamos ante las reformas al Seguro Social anunciadas por el gobierno sandinista, ¿cómo se explican los saqueos a centros comerciales de ventas de televisores, neveras y hasta motocicletas, unido a los daños en instalaciones estatales, entre ellos algunos hospitales?

¿Acaso eso es respetar los derechos humanos y ayudar al pueblo?

Todo es una copia del plan elaborado por la CIA contra Venezuela, con el que se pretende aplicar la teoría de Sharp.

Si actos similares se produjeran en España la policía acabaría las protestas a bastonazos, disparos con gomas de bala, chorros de agua fría y gases lacrimógenos, todo con la violencia salvaje que caracteriza a la derecha cuando enfrenta manifestaciones pacíficas. Estados Unidos y la Unión Europea le darían todo el apoyo mediático y ninguno impondría sanciones al gobierno del Partido Popular.

La actual campaña de prensa está dirigida a satanizar al gobierno sandinista y no a los responsables de los actos vandálicos, incluso la Conferencia Episcopal de Nicaragua condenó la “represión” contra los manifestantes y exhortó al gobierno a escucharlos y a derogar las reformas al Seguro Social, pero hace silencio contra los responsables de las 25 muertes, incluida la del periodista.

El gobierno argentino ha tomado más medidas que afectan a la población, como los llamados tarifazos, desplegó las tropas policiales cuando el pueblo se lanzó a protestas y las acabó a porrazos y balas de goma, pero no hay campañas contra Macri, porque es uno de los países donde la derecha pro yanqui retomó el poder, junto con Brasil, a lo que va sumándose Ecuador y en los próximos días Paraguay, donde las elecciones fueron ganadas por el hijo del ayudante del dictador Alfredo Stroessner, uno de los que llevó a cabo la Operación Cóndor diseñada por la CIA en Suramérica.

No por casualidad intentan desmontar todos los organismos creados por los gobiernos de izquierda, entre ellos la UNASUR, donde los seis países que siguen al pie de la letra las órdenes de Washington (Argentina, Colombia, Chile, Brasil, Paraguay y Perú) han declarado su decisión de no participar en las distintas instancias de UNASUR, “hasta tanto no cuenten con resultados concretos que garanticen el funcionamiento adecuado de la organización”.

Se trata de un show montado para no permitir la presidencia de Bolivia, país que junto a Venezuela mantienen las banderas de la izquierda en favor de los desposeídos, situación a la que se opone el imperialismo yanqui con todo su poderío.

Las razones son obvias, la secretaría de UNASUR está vacante desde enero del 2017, cuando dejó el cargo el colombiano Ernesto Samper, debido a la falta de consenso alrededor del único candidato presentado hasta la fecha, el argentino José Octavio Bordón.

Ante esa maniobra política que pretende desmembrar la unidad de los países del Sur. El ministro de Exteriores de Bolivia, Fernando Huanacuni Mamani, declaró desconocer la intención de algunos países de abandonar la UNASUR y adelantó que su resolución, como presidente pro témpore del organismo, es convocar para mayo una reunión con sus homólogos.

Esperemos pues las próximas exigencias de la derecha nicaragüense, pero como alertó José Martí:

“Cuando el águila extiende sus alas, desgarra con sus pies la superficie de la tierra”.

 

 

Cantarle las verdades a quién


Por Arthur González.

Hay cubanos que cuando dejan atrás a su patria se olvidan de la historia y se les nubla el pensamiento con la propaganda yanqui.

Recientemente un artículo escrito por uno de esos, publicado en el Nuevo Herald, se refería a la ausencia del presidente Donald Trump en la Cumbre de las Américas y afirmaba que, “para cantarles las verdades a Castro, era igual si lo hacía el vice presidente Mike Pence”, algo que demuestra una pérdida total del contacto con la realidad.

Cuba tiene en esa Cumbre una excelente representación de artistas, entre ellos dos repentistas del punto cubano, canto que improvisan los campesinos sobre diferentes temas, y con el que podrán decirles las verdades a los representantes yanquis.

No es el gobierno de Cuba quien hace guerras para apoderarse de las riquezas naturales de otros países, utilizando argumentos falsos, como sucedió en Afganistán, Irak, Libia y Siria, dejando una cifra de muertos indeterminada y ciudades destrozadas que antes fueron hermosas.

No es el régimen cubano quien lanza bombas sobre hospitales, escuelas y matan a civiles por “error”.

No es Cuba quien ha introducido gérmenes patógenos y virus para enfermar a miles de ciudadanos en muchos países, ni quien diseñó Golpes de Estado en Chile, Brasil, Hondura, Guatemala, ni apoyó a las dictaduras en Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Colombia, el Salvador y Nicaragua, enviando a torturadores como el caso de Dan Mitrione, policía estadounidense, miembro del FBI y “funcionario” del Departamento de Estado; o Robert K. Thierry, “asesor” de torturas en Paraguay.

Cuba lleva calidad de vida a los pueblos de América Latina, para eliminar el analfabetismo, la insalubridad y la incultura que deja el capitalismo entre sus habitantes; no se lleva ningún recurso natural de esos pueblos; solo aporta conocimientos y bienestar. Ofrece estudios y superación gratuita, para aquellos que no tienen recursos para estudiar en las universidades de sus países.

Las visitas que hizo Mike Pence el pasado año a Argentina, Chile, Colombia y Panamá, no fueron para ofrecer ayuda a los necesitados, sino para presionar a sus presidentes y que apoyaran la guerra económica, financiera y mediática que desarrolla Estados Unidos contra Venezuela, en su obstinación por desaparecer el socialismo de la región.

Si de cantar las verdades se trata, Pence tendrá que escuchar los reclamos de los latinoamericanos por el trato injusto e inhumano que  da su gobierno a los inmigrantes del continente, los crímenes que comete en la frontera con México, la expulsión de padres que dejan atrás a hijos nacidos en Estados Unidos, separando familias enteras, o la de hijos que crecieron allí y ahora el presidente Trump los quiere expulsar.

Si le gusta el canto al vicepresidente Pence, podría estar horas oyendo las verdades de miles de guatemaltecos, enfermados premeditadamente por médicos yanquis entre los años 1946 y 1949, con sífilis, gonorrea y otras enfermedades venéreas, con el fin de comprobar la efectividad de nuevos antibióticos.

Para lograr sus fines, a muchos no les suministraron antibióticos, sino líquidos simulados, por lo cual murieron y padecieron de los efectos de tales enfermedades, algo reconocido oficialmente en el año 2010, cuando la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton se disculpó públicamente ante el pueblo guatemalteco.

Otras verdades que podrían cantársele a Pence, es la protección que le brindan las autoridades yanquis a cientos de terroristas y asesinos como Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano, donde perecieron 73 inocente, prófugo de una cárcel venezolana, a pesar de las reclamaciones oficiales del gobierno de esa República.

Hace pocos días se conmemoró el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y su chofer en Washington, a manos de terroristas de origen cubano entre ellos Guillermo Novo Sampoll, quien obtuvo un perdón del presidente Ronald Reagan, solicitado por la congresista Ileana Ros-Lehtinen, quien también pidió al presidente George Bush padre, una visa de refugiado político al terrorista nacido en Cuba, Orlando Bosch Ávila, a pesar de ser considerado por el FBI como inadmisible y terrorista peligroso.

Bosch murió en Miami protegido por las autoridades, confeso públicamente de dirigir la Operación CORU, apéndice de la Operación Cóndor, diseñada por la CIA contra América Latina.

Entre sus crímenes está la colocación de bombas en varias embajadas cubanas en Latinoamérica, el secuestro y asesinato de diplomáticos de Cuba en Argentina, encontrados, treinta años después, dentro de dos barriles con cemento en un rio.

En declaraciones en Miami el pasado año, Trump aseguró que “Estados Unidos siempre defenderá la libertad en este hemisferio y más allá, porque apreciamos nuestros valores”.

La verdad deja bien definidos los “valores” que Estado Unidos defiende, y de encontrarse con el presidente Raúl Castro será una oportunidad única para decirle las verdades sobre la dictadura militar totalitaria que Estados Unidos le impone a Latinoamérica, con sus intervenciones militares y sus decenas de bases militares, donde solo se imparten lecciones de como matar y aniquilar a los pueblos, e incluso se tortura, como hacen en Guantánamo, Cuba.

La verdad que tendrá que escuchar Pence y el senador Marco Rubio, si se decide a asistir a la reunión parlamentaría, será la cruel guerra económica y financiera impuesta por Estados Unidos contra el pueblo cubano desde hace 58 años, con la malsana pretensión de matar por hambre y enfermedades a su pueblo, que repiten contra Venezuela.

Si el senador Rubio no pudo obtener los votos del electorado de su país para postularse como candidato presidencial, menos podrá esperar de los latinoamericanos que padecen diariamente los males que deja la política imperialista y que se incrementarán con los aranceles impuestos por el presidente Trump.

Los cantos de los pueblos se escucharán con fuerza y no importa el engaño y la mentira de los yanquis, pues como afirmó José Martí:

“De tal manera necesitan los pueblos el concepto de dignidad, que hasta conviene herirla para darles el placer de defenderla”.

La clave de Cuba es su resistencia


Por Arthur González

Incluso desde antes del triunfo de la Revolución cubana el 1ro de enero de 1959, el Gobierno de los Estados Unidos se empeñaba por evitar que Fidel Castro venciera al dictador Fulgencio Batista, a quien le daban total apoyo a pesar de haber alcanzado la presidencia mediante un golpe de estado anti constitucional y ser un flagrante violador de todos los derechos humanos.

Nunca contra ese tirano la OEA ni la Casa Blanca y menos aún el Consejo Nacional de Seguridad, mostraron preocupación por lo que sucedía con el pueblo cubano, miles de asesinatos, torturas y prisiones inmundas. Contra Batista no se aprobaron resoluciones de condena, ni leyes de embargo.

Sin embargo, bien diferente sucedió a partir del mismo año 59. Las campañas mediáticas conformadas por la prensa estadounidense y otras latinoamericanas contra la Revolución, fueron estructuradas para crear una matriz de opinión negativa, haciéndole creer al mundo que se fusilaban inocentes, cuando en realidad eran asesinos, torturadores y ladrones al servicio de Batista.

Durante la administración de James Carter, el tema de los derechos humanos tomó una fuerza sin precedentes, especialmente contra Cuba, a la vez que silenciaron todos los procesos que realizó la CIA en América Latina, a través de la tenebrosa Operación Cóndor, para eliminar movimientos populares que se oponían a los abusos permanentes que sufrían los pueblos.

El más escandaloso de esos planes fue el golpe de estado en Chile, contra Salvador Allende, cientos de miles de personas fueron asesinadas, desaparecidas y torturadas por sus ideas políticas.

Estados Unidos no rompió relaciones con Augusto Pinochet y se opuso a toda condena internacional, no lo bloqueó económica, comercial y financieramente, ni tampoco sancionó a bancos extranjeros por hacer transacciones con ese régimen.

Cuba ha sufrido todo tipo de agresiones, desde planes de asesinato a Fidel Castro, invasiones mercenarias, operaciones de guerra psicológica, de terrorismo de estado, aprobados por los presidentes de Estados Unidos, un férreo bloqueo económico, comercial y financiero para matar por hambre al pueblo, la creación y financiamiento de una contrarrevolución interna que ha transitado desde actos terroristas hasta aparentes “disidentes” políticos, además de la transmisión de cientos de horas semanales desde estaciones de radio y televisión con noticas falsas, como hicieron con la execrable Operación Peter Pan.

Casi 60 años de sufriresistencia-2miento lleva el pueblo cubano, pero su arma mortífera contra todos esos programas que buscan subvertir el orden interno, ha sido su resistencia, algo inimaginable para las 11 administraciones yanquis que ya no tienen más nada que inventar para eliminar el socialismo de Cuba, ese que tanto les incomoda.

El presidente Barack Obama, como vocero de su Consejo de Seguridad Nacional, decidió intentar alcanzar sus añejos sueños con un cambio de envoltura a sus tradicionales actos contra Cuba, para lo cual restableció las relaciones diplomáticas, a fin de contar con más personal en su misión en La Habana que permitiera palpar, en el terreno, las reacciones a ese cambio de táctica, trasladar sus valores y símbolos, enviar directamente a especialistas en temas subversivos y tratar de que el pueblo olvidara el pasado preñado de agresiones.

Ninguno de esos programas y planes les ha dado resultados, el mundo hoy conoce muchas de las verdades y lo que sufre el pueblo cubano a causa de los mismos.

Por eso, el pasado 28.10.16 en la Asamblea General de Naciones Unidas, Cuba fue reelegida como Estado miembro del Consejo de los Derechos Humanos (CODEHU) para el período 2017-2019, con 160 votos de los 193 Estados miembros, resultando el país más que más votos alcanzo en su región.

Ese Consejo fue creado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 15 de marzo de 2006, para analizar las violaciones de los Derechos Humanos en el mundo, en sustitución de la desprestigiada Comisión de Derechos Humanos que Estados Unidos manipulaba a su antojo, e incluso para atacar a Cuba designó como su representante a un ex miembro del ejercito batistiano, que cumplió prisión en La Habana por actos terroristas.

Las constantes denuncias de Cuba en materia de hostigamiento por parte de Estados Unidos, el ejemplo de solidaridad que le brinda al mundo en salud, educación, deportes y cultura, han opacado las cruzadas propagandísticas fabricadas para deformar su realidad.

De nada han valido los premios regalados a los mal llamados “disidentes”, tanto del parlamento europeo como de otros países de la OTAN y de Estados Unidos.

No hay uno de esos asalariados que pueda demostrar que son reprimidos físicamente, ni torturados y ni uno solo ha desaparecido, como sucede en otros países latinoamericanos, ejemplo México, donde aún no se conoce el paradero de 43 estudiantes; son cientos los periodistas asesinados y sin que jamás sus gobernantes fuesen condenados por la Casa Blanca.

El cerco sobre esos “opositores” cubanos, pagados con el dinero de los contribuyentes norteamericanos, se va cerrando, de ahí que Elizardo Sánchez Santa Cruz-Pacheco, uno de los que más años ha vivido sin necesidad de trabajar, anda aullando contra la elección de Cuba, ante el temor de que se le cabe el subsidio que recibe mensualmente desde Estados Unidos, por enviar inventadas violaciones de los derechos humanos.

Ese personaje ha estado incluido en más de una docena de grupos contrarrevolucionario desde 1980, y declaró a la prensa de Miami sobre la elección de Cuba que:

“Se trata de una mayoría mecánica de gobiernos criminales que violentan los derechos fundamentales de sus ciudadanos y actúan como una especie de pandilla en los organismos internacionales, entre los cuales el gobierno de Cuba ejerce un papel de liderazgo”.

No se necesitan comentarios, pues su acusación contra 160 gobiernos democráticos lo dice todo.
Esos son los peones que posee Estados Unidos y de ahí su fracaso político contra una pequeña isla del Caribe que sabe que su triunfo está en su verdad.

Por eso José Martí aseguró:

“La grandeza está en la verdad y la verdad en la virtud”

Los Carroñeros: desde la Operación Cóndor, hasta los Fondos Buitres


Por Mario Jordán

En 1939 el revolucionario-poeta Cesar Vallejo en su poemario “España, aparta de mi este cáliz”, en el poema XIV o XV, según la edición, señalaba:
…! Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!

Tal parece una advertencia de lo que vendría después y, por cierto, que bueno sería “si olvidáramos la historia”. ¿No es lo que pretende el presidente Obama?

El imperialismo norteamericano se fundamentó desde los primeros años del siglo XIX y en 1823 con la doctrina Monroe miraba hacia el Sur y al Caribe, dejándole claro a las naciones europeas que para Estados Unidos Latinoamérica estaba dentro de su esfera de influencias.

aguila
De inmediato Washington activó sus redes, apoyándose en la trilogía que mutaría más tarde por determinadas circunstancias, pero hasta hoy y en esos ciclos están presentes: las oligarquías nacionales, el clero y sus ejércitos.

Fueron impuestos regímenes conservadores que dominaron el escenario de América Latina post independentista en la primera mitad del siglo XIX; así las luchas inter oligárquicas entre conservadores y liberales establecieron la inestabilidad política en la que se fraguaron los nuevos actores de nuestra historia.

No es de esa historia de la que queremos ahora hablamos, sino de la del nuevo estilo de los mismos carroñeros.

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Estados Unidos el torturador mayor


Arthur González

Soldado de Eu torura prisionero vietnamitaEl empleo de métodos inhumanos de tortura es algo cotidiano utilizado por carceleros, policías, oficiales de los servicios de inteligencia y miembros del ejército estadounidense.

En los años 60 y 70 durante la criminal e injusta guerra contra Vietnam, fueron múltiples los casos de tortura ejecutados contra su valiente y aguerrido pueblo, lo que fue expuesto en varios documentales que se filmaron en ese época, en los que el mundo conoció de la brutalidad de las tortura. Sigue leyendo