La OEA al servicio de los Estados Unidos.


Por Arthur González.

Cuando Cuba calificó a la Organización de Estados Americanos, OEA, como un ministerio de colonias yanquis, lo hizo con las evidencias de que Estados Unidos manipulaba a su conveniencia las resoluciones que se aprobaban en dicho organismo, siempre para respaldar su injerencia en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

Lo que el mundo observa hoy en la OEA es lo mismo que siempre hicieron, aunque hay que reconocer que en estos tiempos lo hacen de forma abierta y descarnada, de ahí que Washington respalde totalmente a Luis Almagro, viejo agente de la CIA desde los años 70, cuando lo reclutaron para conocer los planes políticos que se diseñaban en Uruguay, por parte de José Mujica.

Almagro fue elegido en 2015 como Secretario General, a partir de las presiones ejercidas por el Departamento de Estado yanqui, sobre los dos candidatos a ese cargo, el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Stein y el jurista peruano Diego García-Sayán, quienes retiraron sus candidaturas.

Lo que hace la OEA contra Venezuela en estos tiempos es copia de lo ejecutado contra Cuba desde 1960, cuando Washington desplegó una serie de medidas para ahogar a la naciente Revolución cubana, que mostraba su camino de independencia y soberanía, separada de la sumisión mostrada por anteriores gobiernos desde 1902.

Valiosos documentos oficiales yanquis, desclasificados y publicados, dan cuenta de cómo Estados Unidos maneja a su antojo a la OEA, algo que realmente asombra a los más incrédulos, por la forma tan dictatorial empleada para presionar a los países miembros.

Un informe redactado por Robert A. Stevenson, de la reunión presidida por el Secretario de Estado, el 27 de junio de 1960, para debatir las cuestiones relacionadas con el Programa de Presiones Económicas contra Cuba, ilustra lo antes expuesto.

Al presentar las posibles acciones para ahogar la economía de la naciente Revolución, Gordon Gray, Asistente especial del presidente Dwight Eisenhower para Asuntos de la Seguridad Nacional, preguntó si no había ninguna duda respecto a lo que pudiéramos decir ante la OEA en privado y lo que debíamos decir ahora en público.

Ante la inquietud del Secretario del Tesoro, Robert B. Anderson, si Roy Rubottom, Secretario Ayudante del Departamento de Estado, creía que el gobierno de Estados Unidos podría lograr el apoyo de la OEA a las medidas contra Cuba y al este decirle que no, el Secretario de Estado, John Foster Dulles, expresó: “Estamos de acuerdo en eso, porque el apoyo de la OEA no es seguro para realizar una operación conjunta contra Cuba”.

En ese sentido, el Secretario de Estado planteó:

“Si Estados Unidos lo solicita y no lo obtiene, la OEA volará más alto que un papalote”.

Por su parte el Secretario del Tesoro apuntó:

“En caso de fracasar, algunos de nuestros amigos en la OEA, no solo serán expulsados de sus cargos, sino que algunos serán eliminados como resultado de esa maniobra”

En 1962 después de derrotada la invasión mercenaria organizada por la CIA y financiada por el gobierno de Estados Unidos, el presidente J.F. Kennedy aprobó nuevas y más amplias medidas para derrocar a la Revolución, entre ellas algunas para justificar una invasión con las fuerzas regulares del ejército yanqui.

Dentro del conjunto de acciones diplomáticas se le asignó al Departamento de Estado, concentrar sus esfuerzos para actuar sobre los participantes en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, que iniciaba sus trabajos el 22 de enero 1962, con el propósito de buscar el respaldo mayoritario a las resoluciones que se presentarían para condenar a Cuba y la aislarla del resto del Hemisferio.

En esas acciones se le asignó a la CIA y a la Agencia de Información de Estados Unidos, USIA, la tarea de organizar en los países de América Latina, demostraciones públicas en apoyo a las decisiones tomadas en la OEA y campañas psicológicas en los medios masivos de comunicación para darle un mayor respaldo y crear el clima necesario, con la finalidad de que las masas condenaran a la Revolución cubana.

Así mismo apuntaron:

“La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Es lo mismo que hacen hoy contra la República Bolivariana de Venezuela, en complicidad de la Unión Europea y países serviles a Estados Unidos.

Nada ha cambiado desde esa época, porque la esencia de la política yanqui contra la Revolución radica en lo expresado en 1961 por el General Maxwell D. Taylor, en aquel entonces Presidente del Grupo de Estudios sobre Cuba, hasta junio de ese año, al analizar las causas de la derrota en Bahía de Cochinos:

“Tenemos la impresión general de que no puede haber convivencia a largo plazo con Fidel Castro como vecino. Su continuada presencia en la comunidad hemisférica, como un exponente peligrosamente efectivo del comunismo y el antinorteamericanismo, constituye una amenaza real capaz de derrocar, con el tiempo, a los gobiernos electos en una o más repúblicas de América Latina” …

“Es recomendable que la situación cubana se reevalúe a la luz de todos los factores actualmente conocidos y se proporcione una nueva guía para la acción política, militar, económica y propagandística contra Castro”.

A diferencia de esas posiciones, que no admiten reconocer y aceptar la soberanía de Cuba a solo 90 millas de sus costas, la expuso el 27 de enero de 1960 el entonces presidente de la República de Cuba, Osvaldo Dorticós Torrado, en nota de respuesta a declaraciones del presidente Eisenhower, cuando le explicó la posición cubana, la misma que se mantiene hasta nuestros días:

“Nuestro gobierno declara que, en el pleno ejercicio de su soberanía, no concebirá ni admitiría política de intervención alguna. Las diferencias de opinión que pueden existir entre ambos gobiernos, como sujetos a negociaciones diplomáticas, pueden resolverse, efectivamente, mediante tales negociaciones.

El gobierno de Cuba está en la mejor disposición para discutir tales reservas y con absoluta amplitud todas las diferencias, y declara expresamente, que entiende que no existen obstáculos de clase alguna que impidan la realización de esas negociaciones, a través de cualquiera de los medios e instrumentos tradicionales adecuados a ese fin, sobre la base del respeto mutuo y reciproco beneficio, con el gobierno y el pueblo de los Estados Unidos.

Desea el gobierno de Cuba mantener e incrementar las relaciones diplomáticas y económicas, que sobre esa base es indestructible la amistad tradicional de los pueblos cubanos y norteamericano”.

La vida demuestra que Estados Unidos persiste en su principio de no aceptar en Cuba un gobierno que no se arrodille ante ellos y por eso no hay arreglos, porque para el pueblo cubano, como dijo José Martí:

“La independencia es condición de esencia de la vida”

 

 

El imperio vuelve al ataque.


Por Arthur González.

Estados Unidos y su actual administración se comportan como aquellos personajes malévolos creados por Disney para sus filmes, al asesinar, enfermar y transformar en sapos, a todos los que no se arrodillan a sus pies y asumen posiciones soberanas.

Contra Cuba han empleado todos los métodos posibles para derrocar a la Revolución y a sus líderes. Fabricaron opositores, ejecutaron los más crueles actos terroristas imaginables, desde la voladura del buque francés La Coubre, en marzo de 1960, bombardeos a las refinerías de La Habana y Santiago de Cuba, incendios en centros comerciales, cines, teatros, escuelas, campos de cañas, industrias, más los planes para asesinar a Fidel Castro.

No bastándole tantos daños, estructuraron una guerra económica, comercial, financiera y biológica, para estrangular la economía, hacer padecer al pueblo y después culpar al sistema de ser incapaz de satisfacer las necesidades de los cubanos, con la esperanza que estos se lancen a las calles para derrocar al gobierno.

A pesar del rechazo a tan vil política, similar a la empleada por los nazis, Estados Unidos continúa reforzando sus sanciones a Cuba, con la fracasada añoranza de alcanzar sus añejos propósitos.

Ahora repiten su despiadada política contra Venezuela, país que han satanizado a través de sus poderosos medios propagandísticos, y a pesar de los múltiples actos terroristas ejecutados por sus agentes, increíblemente no tienen el rechazo de la Unión Europea, intoxicada por la propaganda fabricada por especialistas en subversión política de la CIA.

Golpes militares, financiamiento millonario a la oposición violadora de todas las normas jurídicas establecidas, actos terroristas y de corrupción, más la solicitud de la intervención del ejército yanqui, demuestran la naturaleza de esos opositores, incluso ante la posibilidad de muerte de millones de venezolanos.

Contra Cuba ya no les quedan casi opciones para sancionar a empresas, hoteles, restaurantes, centros comerciales, líneas aéreas, barcos, industrias, puertos, bancos, casas editoriales, bebidas y todo aquello que pudiera insuflar dinero a la economía.

La persecución financiera es algo sin antecedentes en la historia de la humanidad, sancionando a entidades bancarias internacionales como si fueran sus súbditos, al pago de multas multimillonarias por hacer alguna transacción con Cuba.

Es tal el odio visceral que acumulan los yanquis contra la Revolución cubana, que ahora pretenden bloquear la entrada de petróleo a la Isla, aspirando a dejarla sin electricidad para producir todo lo que cualquier país necesita para darle vida a su economía, incluida la electricidad doméstica, de hospitales, transporte público, funerarias, escuelas y las demás actividades de una sociedad moderna.

Todo ante la vista de países que se proclaman amantes de la libertad, la democracia y los derechos humanos, como si pretender matar por hambre y enfermedades a todo un país, fuese algo normal.

Similares acciones criminales aplican contra Venezuela y sus principales funcionarios, sancionándolos con espurias medidas basadas en mentiras construidas, solo con la intención de demonizarlos ante el mundo, mientras apañan a verdaderos corruptos y criminales como los presidentes de Chile, Colombia, Ecuador, Argentina y Brasil, que sí responden a todas sus órdenes.

La obsesión enfermiza de Elliott Abram, John Bolton, Mike Pompeo y Marco Rubio, llega a tal punto, que solo sueñan con estrangular cada día más la economía de Cuba y Venezuela, ante la mirada impasible de las Naciones Unidas, sin que nadie se atreva a acusar a los Estados Unidos por sus acciones ilegales, a pesar de que violan todos los principios legales establecidos en la carta de la ONU.

Los yanquis, transgresores históricos de los Derechos Humanos, se adjudican la facultad de acusar e incorporar a sus listas negras, a quienes no cumplan con sus imposiciones imperiales, actuando como vulgares hechiceros que procuran arrodillar al resto del mundo.

Vergüenza debería darle a la vieja y culta Europa, al permitir el avasallamiento de Estados Unidos contra sus empresas comerciales y bancos prestigiosos, que sumisamente pierden su soberanía al pagar elevadas multas al amo imperial, como si regresaran al medioevo entregándole el diezmo al señor feudal.

Lo inverosímil del tema es que tanto Donald Trump, Mike Pompeo, como Elliott Abram, enviado especial de la Casa Blanca para Venezuela, afirman desde hace meses que: “Cuba es la que mantiene en el poder al presidente Nicolás Maduro, debido a la presencia de miles de militares cubanos y agentes de inteligencia, en todos los órganos del régimen, hasta en el Palacio Miraflores”.

Según ellos, Maduro se sostiene en el poder por los cubanos, algo verdaderamente risible, con lo que pretenden ocultar el apoyo popular que posee, debido a las medidas adoptadas en casi dos décadas a favor del pueblo y las clases más pobres de Venezuela, los que no quieren regresar a los desmanes de gobiernos anteriores, como el de Carlos Andrés Pérez.

​60 años de fracasos en su política anticubana, no han servido para que la Casa Blanca saque conclusiones de que la Revolución tiene raíces verdaderas y sólidas, confirmado en la resistencia popular y su unidad.

Un documento desclasificado referente a reunión de alto nivel celebrada en el Departamento de Estado, el 27 de junio del 1960, expone el beneplácito al “Programa de presiones económicas contra el régimen de Castro”, que dio forma a lo acordado en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, CSN, del 17 de marzo del 1960, bajo el denominado “Programa de Acciones Encubierta contra el régimen de Castro”.

Estados Unidos está reciclando todas las medidas ejecutadas en aquellos años del siglo XX, pues en dicha reunión del CSN, el entonces Secretario del Tesoro, propuso privar de petróleo a Cuba, bajo el argumento de que, “en un mes, a lo sumo seis semanas, ello provocaría el desplome del gobierno de Castro”.

Error tras error, durante más de medio siglo no bastan para que los halcones comprendan que nunca alcanzarán a materializar sus anhelos, pues como dijo Barack Obama al justificar el cambio de política hacia La Habana:

Décadas de aislamiento de Cuba por parte de Estados Unidos, no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática”.

Pero ni el garrote, ni la zanahoria acaramelada de Obama, podrán someter a los cubanos, porque como afirmó José Martí:

“Una vez gozada la libertad, no se puede ya vivir si ella”.