Mientras atacan a Cuba, el sistema de salud y seguridad social de Estados Unidos se tambalea.


Por Arthur González.

Cuba sometida a una despiadada guerra económica, comercial y financiera desde hace 60, con el propósito de matar a su población de hambre y enfermedades, demuestra que tiene organizado un sistema de salud gratuito, capaz de enfrentar la actual pandemia del Coronavirus, unido a su seguridad social que no deja desamparado a ningún trabajador, algo solo alcanzable con un gobierno donde el ser humano es lo más importante.

Enemigos de Cuba no cesan de señalar manchas y acusaciones falsas, mediante campañas de prensa, especialmente por las redes sociales, pero callan el caos que experimentan sistemas de salud en países desarrollados, entre ellos los Estados Unidos, donde salen a luz las múltiples deficiencias de su sistema, por ser la salud pública un negocio.

Cuando en enero se conoció la magnitud de la epidemia del Coronavirus en China, Estados Unidos le restó importancia con su acostumbrada prepotencia de que a ellos no los afectaría, por tanto, no prepararon su sistema de salud, ni orientaron a la población a tomar medidas para prevenir la enfermedad, en las fronteras no aplicaron planes para detectar pasajeros con fiebre, ni otras acciones que pudieron evitar el contagio.

Cuba desde el inicio preparó a su personal de salud en las fronteras, centros turísticos y de servicios, instruyó al pueblo sobre las medidas higiénico sanitarias que deben asumir para evitar la propagación del virus, organizó rápidamente sus hospitales y otros centros para garantizar el aislamiento de enfermos y sospechosos, puso en marcha el sistema de monitoreo a nivel de barrios con los médicos y las enfermeras que atienden a cada familia y en su momento cortó la entrada de extranjeros.

En todas las escuelas y centros de trabajo dispuso el lavado de manos con hipoclorito de sodio y la limpieza de cuanta superficie pudiera servir de reservorio al virus.

Nada es perfecto, pero existe un sistema capaz de enfrentar la pandemia y la conciencia popular educada, algo de lo que carecen otros países con economías fuertes y sin la guerra económica y financiera que soporta la Isla.

Sin embargo, esos que se pasan el día viéndole manchas al sol en Cuba, no hacen lo mismo contra Estados Unidos u otros países, donde la falta de un sistema de salud popular gratuito, ha costado cientos de vidas.

Estados Unidos enfrenta carencia de material de seguridad necesario para sus médicos y enfermeros que luchan contra el Covid-19, como máscaras, guantes y ropa quirúrgica, exponiéndolos al contagio.

Donald Trump no ha puesto en marcha un plan de contingencia nacional, no le informa a su pueblo que se hace para enfrentar la pandemia, ordena fabricar priorizadamente esos medios de protección, unido a ventiladores y otros suministros necesarios para salvar vidas.

Estados Unidos evidencia la carencia de kits de pruebas, ni decreta reglas de contingencia para atender, sin costo alguno, a personas carentes de recursos económicos, donde la medicina es una industria de hacer dinero.

A más de tres meses de iniciarse la pandemia, Estados Unidos no tiene un plan de rescate económico para sus ciudadanos y el Congreso y la Casa Blanca no se ponen de acuerdo para aprobarlo, a pesar de que las cifras de infestados, sospechosos y muertos aumenta por horas.

No existe seguridad económica para los trabajadores que son enviados a sus casas por el cierre de centros comerciales, de servicios y otros, el gobierno no los respalda y se quedan sin recursos para alimentar a sus familias, pagar la renta y el seguro médico, escenario muy diferente al de Cuba, pero los críticos solo señalan la escasez de alimentos y jabón de baño, obviando los daños de la guerra económica que sufren los cubanos, ni de las ventajas del sistema de salud y seguridad social que disfrutan.

Congresistas demócratas y republicanos no acuerdan un plan de ayuda económica, porque los intereses de las clases dominantes son mayores al del pueblo, mientras las horas pasan y crecen los enfermos, muertos y desempleados.

Trump solo piensa en su reelección y en la caída de las bolsas que puede ser decisiva para sus aspiraciones, el pueblo no está entre sus prioridades. Como parte de su campaña de imagen hace promesas y ofende groseramente a periodistas, asumiendo conductas dictatoriales.

Mientras la inacción está presente en el Congreso y la Casa Blanca, Bill de Blasio, alcalde de la ciudad de Nueva York, alerta que los meses de abril y mayo serán mucho peores, suplicándole a la Casa Blanca medidas para ayudar a la compra de equipos de respiración asistida y otros suministros médicos, responsabilizando a Trump por no mover un dedo para ayudar, aun cuando conoce que más de 100 millones de estadounidenses están en cuarentena, otros 30 mil contagiados y la cifra de muertos supera los 300.

En Florida, el Departamento de Salud informó mil infestados con el Covid-19 y 13 muertos, y no existen suficientes camas para atender a los enfermos, si las cifras continúan creciendo.

Al carecer de un sistema de salud primario como el de Cuba, muchos de los contagiados están entre las personas que regresan del extranjero sin asistir al médico, porque el seguro les cobra la visita y al quedarse en sus casas, infestan a la familia.

Dándole la espalda a esa grave situación interna, Trump hace politiquería, enviándole una carta personal al líder norcoreano, Kim Jong-un, “como muestra de mi disposición para impulsar las relaciones”, ofreciéndose a cooperar en la lucha contra la pandemia de coronavirus.

Quizás pretende copiar a los 52 profesionales cubanos del sector de la Salud que viajaron a Italia para ayudar, no por dinero sino por humanismo y amor a la profesión, unido a 140 que arribaron a Jamaica para luchar contra la pandemia, más otro tanto en Venezuela y Nicaragua, algo que los médicos yanquis no hacen.

Esa es la diferencia que no soportan, porque como aseguró José Martí:

“Cuba no anda de pedigüeña por el mundo, anda de hermana”.

 

El miedo al coronavirus chino se volvió contra ellos.


Por Arthur González.

Hace solo semanas la prensa occidental y en especial la yanqui, iniciaron una fuerte campaña de terror contra China, ante la sorpresiva y extraña aparición del coronavirus en Wuhan, provocando un pánico nunca visto a nivel mundial y el rechazo a todo lo que oliera a China.

Por supuesto que la crisis creada afecta económicamente a lo chinos, muchísimo más que el alza de los aranceles estructurada por Donald Trump en su guerra contra China, al considerar a ese país como “una amenaza” para la industria yanqui, debido a su alta competitividad por su eficacia y eficiencia.

En Europa muchos asumieron un elevado riesgo visitar a China, adquirir algún producto de ese país e incluso el temor a acudir a una tienda o restaurante chino, los que tuvieron que cerrar temporalmente sus negocios, como sucedió en España, pero tanto terror sembrado en la ciudadanía mundial por las noticias sensacionalistas, terminaron con afectar la economía europea y parece que tendrá similares efectos en la estadounidense.

Recientemente un artículo del Wall Street Journal, titulado: “China es el verdadero enfermo de Asia”, contribuyó al rechazo creado e incluso al aumento de la chino fobia, pero ahora, como boomerang, el pánico está llegando a la sociedad estadounidense y lo peor, afecta a la bolsa de valores, algo que puede constituirse en crisis para esa sociedad y para la economía mundial.

Ante esa realidad, el propio Presidente acaba de declarar que no hay que tener tanto temor por el coronavirus y contrario al terror fabricado contra China. Expertos yanquis rápidamente han enviado un mensaje a la población estadounidense para que “mantengan la calma y evitar a toda costa el pánico”.

Contrario a lo dicho hasta la fecha, ahora las autoridades y los especialistas yanquis insisten en que “las respuestas no pueden estar guiadas por el pánico”, mensaje que hoy difunden los medios de comunicación de Estados Unidos.

Las razones parecen estar basadas en lo que sucede en las bolsas, pues los especialistas en temas financieros pronostican que pudieran estar muy cerca de un viernes negro en los mercados mundiales, debido a que producto al pánico sembrado en Europa ante la aparición de varias docenas de infestados, las principales bolsas abrieron el viernes 28 de febrero 2020, con pérdidas por encima del 3%, contagiadas por el retroceso sufrido en Wall Street el jueves 27, de casi un 4,5%, cuando comenzó a difundirse la llegada del Covid-19, a la ciudad de Los Ángeles, California.

El mercado de Shanghái, el principal de China, cayó un 3,3 %, igual al de Seúl. La compañía automovilística coreana Hyundai, tiene cerrada una de sus principales fábricas, tras detectarse un caso de coronavirus y el Nikkei de Tokio perdió un 4,5 %, mientras Japón ordenó el cierre de escuelas por un período de tiempo.

Analistas consideran a esta semana como la peor desde la crisis de 2008, el Financial Times informó que el barómetro MSCI, que mide la salud de las bolsas mundiales, ha caído 11 puntos en una semana.

Para tener una idea de cómo el terror creado contra China se les fue de las manos, ahora Italia que tiene 650 casos de enfermos, estima que sufrirá pérdidas por 100 mil millones de euros, porque esa campaña de pánico trajo como consecuencia la cancelación del 70 % de las reservas turísticas, incluido la suspensión del carnaval de Venecia.

Italia recibe anualmente entre 40 a 50 millones de turistas y por el miedo al Covid-19 hoy la baja es de casi el 70 % de las reservas que tenían.

La Organización Mundial de la Salud declaró:

“Es comprensible que la situación cause estrés y ansiedad, pero si no te encuentras en una zona donde se esté propagando el coronavirus, si no has viajado desde o hacia alguna de esas zonas, ni has estado en contacto cercano con alguien que lo haya hecho y no te sientes mal, tienes bajas posibilidades de contraerlo”.

Cuanta diferencia a las noticias divulgadas contra China.

Ante el derrumbe que se puede pronosticar de la economía mundial y en especial la de Estados Unidos, la OMS añadió:

“En la mayoría de los casos el Covid-19 solamente causa una enfermedad leve, aunque puede provocar enfermedades muy graves en algunas personas y muy raramente puede ser letal”.

En consonancia con la nueva línea informativa para bajar el pánico creado, el 27 de febrero 2020, Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, emitió un parte para tranquilizar a la población de Estados Unidos, donde explica que la gente:

No debe tenerse miedo, lavarse las manos. Toser o estornudar sobre los brazos y codos. No abstenerse de utilizar productos de limpieza y las personas que tengan algún tratamiento médico deben continuar tomando sus medicinas. No hay motivos para acaparar alimentos ni hay razones para usar en los Estados Unidos máscaras quirúrgicas, si las personas están sanas”.

Un giro de 180 grados en relación a lo que indujeron contra China, porque saben que la afectación económica que pudiera sufrir Estados Unidos, si se disminuyen las visitas al país y las compras, sería incalculable en estos momentos de campaña electoral.

Ellos están aplicando el proverbio que dice “cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo”, porque lo que hoy padece Italia no desean sufrirlo en carne propia.

Los italianos se dieron cuenta que el pánico les trajo consecuencias nefastas para su economía, de ahí que el diputado Eugenio Sangregorio, líder de la Unión Sudamericana de Emigrantes Italianos, declarara:

“En Italia han exagerado un poco la situación con el coronavirus porque los contagiados solo son 650 y 17 los fallecidos. El temor difundido provoca un daño enorme, más allá del desastre del coronavirus. Hoy el brote está totalmente controlado y creo que en 30 días más este tema se termina”.

Alemania, Francia y España han sido más cautelosos y los daños no son similares a los de Italia.

Ni el dengue ni la influenza sembraron tanto pánico en el mundo, lo que evidencia la mala intención hacia China. No en vano dijo José Martí:

“Nace con el delito el temor”

 

 

Estados Unidos no difunde terror ante sus pandemias virales.


Por Arthur González.

En 2009 Estados Unidos contabilizó no menos de un millón de casos infestados por el virus de la influenza H1N1, según cifras oficiales de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, CDC, pero no trasladaron el pánico terrorífico como el desatado hoy contra el coronavirus en China, COVID-19, algo que evidencia la intencionalidad que ocultan tras las noticias sensacionalistas, cuando se detecta un caso en Europa.

¿Por qué razones en Estados Unidos no se cerraron oficinas, restaurantes, mercados y espectáculos públicos, si desde el 12 de abril del 2009 hasta el 10 de abril del 2010, los CDC estimaron que hubo 60.8 millones de casos infestados por el virus de la influenza H1N1 y 18 mil 500 muertes, acuñado por la Organización Mundial de la Salud?

Los estimados oficiales reflejan que cerca de 575 mil 400 personas murieron en 12 países por dicho virus, pero no se creó el pavor que actualmente se siembra en Europa y Asia, a pesar de que el 80% de los fallecidos tenían menos de 65 años de edad.

En agosto del 2010 la OMS anunció el fin de la pandemia de influenza H1N1 iniciada en 2009, aunque el virus continúa circulando como estacional y cada año causa miles de hospitalizaciones y muertes a nivel mundial, pero la prensa no hace campañas similares a la fabricadas contra China, ni siembra el miedo entre los viajeros hacia Estados Unidos.

Organismos especializados yanquis se apresuran a subrayar que, aunque persiste la presencia del virus H1N1, actualmente no hay en Estados Unidos una pandemia de influenza, fórmula para quitarle temor a la gente, cuando ese terror los puede afectar económicamente.

Para tener una idea clara de cómo los yanquis evitan el alarmismo en su contra, vale destacar que sus medios masivos de comunicación no dicen una sola palabra respecto a los 105 niños muertos desde enero 2020 a febrero de este año, a causa de la influenza, según datos publicados recientemente por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, la cifra más alta en cuanto a muertes infantiles, desde que en 2004 se comenzaran a registrar, a excepción de la pandemia de 2009.

El doctor Buddy Creech, profesor asociado de enfermedades infecciosas pediátricas en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt, expuso: “es la primera vez en 25 años en que la influenza B se volvió común tan temprano”.

El doctor Arnold Monto, profesor de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Michigan, señaló que cada año en los Estados Unidos hay muchas muertes relacionadas con la influenza entre los niños, pero la actual temporada es extraña y pudiera durar más tiempo.

¿Por qué eso no es noticia de primera plana en los medios yanquis y del mundo?

¿Por qué no alertar de lo que está sucediendo en Estados Unidos para evitar los viajes, eventos deportivos, culturales y otros similares, con el propósito de no propagar el virus de la influenza en el mundo?

Ese virus es mortal al igual que el COVID-19 de China, y se traslada de estado a estado en todo el territorio estadounidense, atacando sin piedad a los enfermos, adultos mayores y niños. Autoridades sanitarias afirman que “representa una amenaza mucho mayor para los estadounidenses, que el brote de coronavirus que sí es noticia en el mundo”.

“Cuando pensamos en el peligro relativo de este nuevo coronavirus y de la influenza, simplemente no hay comparación”, explicó el doctor William Schaffner.

El doctor Peter Hotez, profesor de pediatría, virología molecular y microbiología en el Baylor College of Medicine de Houston, manifestó que “la influenza rara vez recibe ese tipo de atención, a pesar que mata a más estadounidenses cada año que cualquier otro virus”.

Estadísticas de los CDC exponen que la influenza ha enfermado al menos a 15 millones de estadounidenses en este invierno 2019-20, con 120 mil hospitalizaciones y 8 mil 200 muertes, alegando que, en un mal año, el virus de la influenza puede matar hasta 61 mil personas.

La Organización Mundial de la Salud registra a nivel mundial unos 5 millones de casos graves anualmente y 650 mil muertes por la influenza.

Ante esta triste realidad los estadounidenses no están particularmente preocupados, debido a que no existen campañas mediáticas similares a las impuestas contra el coronavirus.

Sin embargo, los virus del Ébola, el Zika y el coronavirus, inspiran terror porque la publicidad estadounidense está diseñada para crearlo y fomentar rechazo a los africanos, latinos y chinos.

La OMS no ha declarado el brote de Wuhan como una emergencia sanitaria internacional, pero desde Estados Unidos las noticias avivan el miedo y la chino fobia.

¿Será por casualidad o porque Donald Trump le declaró la guerra a China para evitar que su economía supere a la de Estados Unidos?

Informes oficiales dicen que solo ocho estadounidenses se infectaron con el COVID-19 y ninguno murió, ¿qué extraño?, con el amplio movimiento de viajeros que tienen, pero no suspendieron un solo vuelo, ni eventos masivos que pudieran afectar el bolsillo de sus empresarios.

Para tener una idea más certera de como los yanquis manipulan la opinión pública interna y mundial, basta recordar que en la temporada de influenza 2017-2018, murieron unas 61 mil personas y 45 millones se enfermaron en los Estados Unidos y nadie entró en pánico ni usaron naso bucos por las calles.

Las acciones de guerra psicológica se demuestran en un artículo del Wall Street Journal, titulado: “China es el verdadero enfermo de Asia”, declaraciones racistas y difamatorias contra China que persiguen satanizarla.

Una imagen de la desigualdad en el tratamiento informativo en Estados Unidos es la epidemia de influenza, que hoy está presente en 44 estados, pero no causa sobresaltos entre la población mundial.

Esos son los yanquis, especialistas en ver manchas ajenas. No por gusto aseveró José Martí:

“De ese pueblo del Norte hay mucho que temer”

¿Por qué tanto pánico mundial ante el Coronavirus?


Por Arthur González.

La salud es lo más preciado que tienen los seres humanos, sin ella no hay horizontes de felicidad, de ahí el cuidado para no perderla.

Hoy el mundo está en pánico por la aparición repentina en China del Coronavirus o Fiebre de Wuhan, lo que obligó al gigante asiático a tomar medidas extremas que afectan grandemente su economía, situación que favorece a Estados Unidos en su guerra sucia contra ese país, al que consideran su enemigo económico número uno.

Por eso el presidente Donald Trump le aplica medidas coercitivas, con el marcado propósito de que no sean superiores a la economía yanqui.

China para Estados Unidos es su principal enemigo estratégico en el escenario mundial, de ahí la sospecha de que sus laboratorios de armas biológicas pudieran estar detrás de dicho virus.

Si analizamos los datos del Coronavirus, su letalidad y difusión a nivel mundial, podemos constatar que es muchísimo menor que el Dengue con sus cinco serotipos y sin embargo las campañas sensacionalistas de los yanquis son muy diferentes a las desatadas por la llamada Fiebre de Wuhan, algo que huele a guerra psicológica.

Estadísticas oficiales de la Organización Mundial de la Salud aseguran que “El Dengue es la arbovirosis con mayor frecuencia e impacto en la salud pública del mundo”.

Hoy el 40% de la población mundial vive en zonas de riesgo al Dengue, y se detecta en más de 125 países, con cerca de 90 millones de enfermos sintomáticos y 20 mil muertes anuales, siendo las Américas la de mayor incidencia con 18 países, de los 30 del mundo que padecen esa pandemia.

Más de 13 millones de casos se registraron en los últimos años, pero no existen acciones de prensa similares a la desatada contra el Coronavirus en China, que, si bien puede causar la muerte, el Dengue, además del deceso del paciente, acarrea otras dolencias peligrosas como:

La disminución de las plaquetas; Hemorragias en orina, transvaginal, por la nariz y encías; Gastritis con dolor abdominal; Estreñimiento; Complicaciones renales; Complicaciones hepáticas; Inflamación del bazo; Náuseas, vómitos y diarreas; así como percepción distorsionada del sabor de los alimentos.

Ocasionalmente, puede afectar varios órganos y generar descenso del nivel de conciencia, atribuido a la encefalitis, o indirectamente como resultado de la afectación de otros órganos, y desórdenes neurológicos como el Síndrome de Guillain-Barré.

Entonces, ¿por qué no se ha creado similar pánico para evitar el traslado de personas procedentes de países de América latina y otros del mundo, donde el Dengue es endémico?

Hasta noviembre del 2019 se reportaron, solo en Latinoamérica, 3 millones 139 mil 335 casos de Dengue, con mil 538 defunciones, el mayor número registrado en las Américas.

En las primeras 5 semanas del 2020 se reportan 155 mil 343 casos, incluidas 28 defunciones.

Ante esta realidad no hay un tratamiento alarmista de la prensa como se ejecuta contra China, a pesar de que el Dengue también mata y produce daños altamente peligrosos para la salud humana, sumados a los que provocan el Zika y el Chikungunya, transmitidos por el mismo vector, el mosquito Aedes Aegyiptis, presente en casi todos los continentes.

Hasta la fecha, el Coronavirus ha infestado a 74 mil 576 personas en China, de ellas murieron 2 mil 118 y en otros países ocho personas, (dos en Hong Kong e Irán. Taiwán, Japón, Filipinas y Francia reportaron una muerte).

Sin embargo, el pasado 2019 la OPS reportó más de 3 millones de enfermos por Dengue en América Latina y de ellos mil 500 fallecidos, pero no se suspendieron los vuelos internacionales, visitas de turistas, hombres de negocios, artistas, ni se cancelaron eventos deportivos.

Colombia activó la alerta amarilla en la ciudad de Cali, debido a la cantidad de personas que llegan a sus hospitales diariamente, donde los muertos suman varias docenas.

México, Honduras, Bolivia, Brasil, Guatemala, Salvador, Panamá, Costa Rica, Belice, Nicaragua, Venezuela, Paraguay, República Dominicana, Haití, Perú, Estados Unidos y las islas del Caribe, reportan miles de casos, y centenares de muertes, pero no se conforma el pánico sobre dimensionado que hacen hoy contra China, donde, ante la campaña insidiosa y el pánico creado en el mundo, han cerrado temporalmente restaurantes y tiendas en los barrios chinos en países de Europa, con altas pérdidas económicas para sus propietarios de origen chino.

La fobia anti china es sembrada a diario por la prensa occidental como parte de ese fabricado rechazo, pero llama la atención que Estados Unidos no ha cerrado una sola instalación ni suspendido un evento internacional.

¿Por qué razones no existe la misma publicidad alarmista por el Dengue, si ese virus enferma y mata a más personas que el Coronavirus?

En lo que va de 2020, Paraguay y Honduras encabezan los brotes de Dengue. Paraguay declaró más de 20 mil infestados, incluido al presidente Maro Abdo Benítez. El 29 de enero pasado, la capital, Asunción, declaró emergencia ambiental y sanitaria por 90 días, pero el tratamiento mediático no habla de esa emergencia.

Brasil, en 2019 reportó 2 millones 241 mil 974 casos, el 70% del total de la región, pero no suspendieron los carnavales de Sao Pablo y Rio de Janeiro, en febrero 2020.

La OPS asegura que siete de cada diez habitantes de América Latina están expuestos al Dengue y la Organización Mundial de la Salud afirma que la mitad de la población mundial ahora está en riesgo de padecer Dengue”, pero no se ha sembrado el terror de visitar ninguno de los128 países donde ya es endémico y afecta a unos 96 millones de personas cada año.

No hay dudas, las evidencias exponen que la cruzada contra China es total, a pesar de los esfuerzos que realiza para enfrentar el Coronavirus, incluso con la construcción en tiempo récord de dos hospitales para aislar a los enfermos y evitar el contagio de la población, pero el pueblo chino saldrá adelante con su tesón y perseverancia, porque como aseguró José Martí:

“Un pueblo está hecho de hombres que resisten y hombres que empujan”.