Cómo se deforma la realidad de Cuba


Por Arthur González

El gobierno de Estados Unidos nunca aceptó a Fidel Castro como sustituto del tirano Fulgencio Batista, y así lo expresaron en diciembre de 1958, antes de su victoria, el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional.

Es falso que el disgusto de Estados Unido con Cuba fuese motivado por las nacionalizaciones de sus propiedades, como quieren hacerle ver al mundo.

Desde el mismo día que Fidel Castro asumió el poder, los yanquis iniciaron campañas mediáticas y planes para socavar el proceso revolucionario, demostrado en informe del 14 de abril de 1959 confeccionado por Daniel M. Braddock, ministro consejero de la embajada en La Habana, a solo 4 meses del triunfo.

Otra prueba de la animadversión por la Revolución cubana, fue el hecho de que Eisenhower no recibió a Castro durante su 1ra visita a Washington en junio de 1959, en su lugar lo hizo el vicepresidente Richard Nixon, atendiéndolo en su oficina del Capitolio y no en la Casa Blanca. La historia no se puede cambiar y esos hechos son pruebas irrefutables.

Memorandos de Philip W. Bonsal, embajador en La Habana, (19.02.1959 al 03.01.1961), recogen informaciones importantes que reflejan la realidad de la no aprobación de la Revolución cubana:

“Funcionarios en Washington, sospechaban que Castro era peligrosamente radical, aunque no fuera comunista. Su nacionalismo y compromiso con el cambio social, sin dudas, entrarían en conflicto con los intereses de los EEUU en la Isla, donde los inversionistas estadounidenses tenían más de mil millones de dólares en activos”.

Durante casi 60 años Estados Unidos ha persistido en satanizar a la Revolución y a su máximo líder, con cruzadas propagandísticas en su contra, algo que jamás le hicieron al tirano Batista, a pesar de sus torturas sanguinarias y el asesinato de 20 mil personas, situación que la OEA y otras organizaciones de Derechos Humanos, ignoraban intencionalmente.

Ante la avalancha de leyes promulgadas en 1959 que favorecían al pueblo, como fueron la creación de la Dirección General de Deportes, la suspensión de los desalojos de las viviendas en ciudades y campos, la rebaja de alquileres, la promoción de la cultura, creación de la imprenta nacional y el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la prohibición de la mendicidad infantil, instauración de 3 mil escuelas rurales, la conversión de todos los cuarteles de la tiranía en centros escolares, la reforma agraria, la campaña de alfabetización, la transformación de las escuelas privadas en públicas con enseñanza gratuita  y el inicio del Servicio Médico Rural para la atención del campesinado sin costo alguno, dieron lugar a que Casa Blanca calificara a la Revolución de comunista.

Pasados 59 años de Revolución aún persisten en sus mentiras para intentar desacreditar una obra sin precedentes en Latinoamérica, fabricando disidentes que el pueblo ni conoce ni apoya, unido a organizaciones que se auto declaran “defensoras de los derechos humanos”, solo para acusar a Cuba, como la mal llamada Fundación para los Derechos Humanos en Cuba y el inventado Observatorio Cubano de Conflictos, (OCC), financiados con millones de dólares, pero que nunca denuncian las verdaderas violaciones de los derechos de millones de seres humanos en América Latina y menos las que cometen los yanquis diariamente.

El inventado OCC, es otra fórmula para sufragar a un grupo de personas con el fin de deformar la imagen de Cuba, conformado por Estados Unidos como “herramienta que permita denunciar situaciones engendradas por violaciones de derechos humanos y buscar el empoderamiento de los ciudadanos para que obtengan victorias en sus reclamos”.

¿Por qué no hacen lo mismo para denunciar lo que hacen los yanquis en su frontera con México, donde además de matar como animales a los inmigrantes, les quitan los niños a las madres y las deportan sin sus hijos?

¿Cuáles son las justificaciones para no iniciar un Observatorio de Conflictos en México, donde desaparecen jóvenes, asesinan a mujeres y periodistas, los altos funcionarios se roban el salario de millones de trabajadores y no existe seguridad alguna para la vida, que allí no vale nada?

¿Acaso Honduras no merece un monitoreo de las violaciones de los derechos humanos, con el robo de las elecciones, golpizas salvajes a los que protestan en las calles y los asesinatos de líderes campesinos?

¿Y los negros asesinados por policías blancos en ciudades norteamericanas, la no aceptación como residentes legales a miles de jóvenes latinos que ingresaron en Estados Unidos de niños, y los 40,6 millones de estadounidenses que viven por debajo de la línea de la pobreza sin seguro médico, no son violaciones de los derechos humanos?

Lo que Washington no soporta es no poder desembarcar sus tropas en Cuba como hicieron bajo la llamada Enmienda Platt, ni obtener privilegios especiales para sus inversionistas que se apoderaron de la economía de la Isla, con la sumisa aceptación de los gobernantes de turno, y menos aún tener influencia política sobre las decisiones que se adoptan en el país, cuando su embajador ordenaba y disponía lo que debía hacerse para garantizar los intereses imperiales.

El vicepresidente yanqui Mike Pence, podrá decir boberías y mentiras respecto a Cuba, como hizo en su reciente discurso ante su ministerio de colonias, la OEA, donde calificó a Cuba, Venezuela y Nicaragua como “oscura nube de la tiranía”.

Las posibilidades actuales de conocer la historia mediante documentos oficiales yanquis, hacen que los pueblos se burlen de esos discursos cargados de inventos y falsedades, donde Estados Unidos sangra por la herida de haber perdido la hegemonía que siempre tuvieron en su patio trasero.

En esos tres países se acabaron las nubes de la ignorancia y el analfabetismo, sus pueblos pueden leer e interpretar la verdad sin dejarse engañas ni oprimir más por las botas del gigante de las 7 leguas, pues como dijo José Martí:

“Los árboles se han de poner en fila para no pase”.

 

 

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Cantarle las verdades a quién


Por Arthur González.

Hay cubanos que cuando dejan atrás a su patria se olvidan de la historia y se les nubla el pensamiento con la propaganda yanqui.

Recientemente un artículo escrito por uno de esos, publicado en el Nuevo Herald, se refería a la ausencia del presidente Donald Trump en la Cumbre de las Américas y afirmaba que, “para cantarles las verdades a Castro, era igual si lo hacía el vice presidente Mike Pence”, algo que demuestra una pérdida total del contacto con la realidad.

Cuba tiene en esa Cumbre una excelente representación de artistas, entre ellos dos repentistas del punto cubano, canto que improvisan los campesinos sobre diferentes temas, y con el que podrán decirles las verdades a los representantes yanquis.

No es el gobierno de Cuba quien hace guerras para apoderarse de las riquezas naturales de otros países, utilizando argumentos falsos, como sucedió en Afganistán, Irak, Libia y Siria, dejando una cifra de muertos indeterminada y ciudades destrozadas que antes fueron hermosas.

No es el régimen cubano quien lanza bombas sobre hospitales, escuelas y matan a civiles por “error”.

No es Cuba quien ha introducido gérmenes patógenos y virus para enfermar a miles de ciudadanos en muchos países, ni quien diseñó Golpes de Estado en Chile, Brasil, Hondura, Guatemala, ni apoyó a las dictaduras en Argentina, Paraguay, Uruguay, Bolivia, Colombia, el Salvador y Nicaragua, enviando a torturadores como el caso de Dan Mitrione, policía estadounidense, miembro del FBI y “funcionario” del Departamento de Estado; o Robert K. Thierry, “asesor” de torturas en Paraguay.

Cuba lleva calidad de vida a los pueblos de América Latina, para eliminar el analfabetismo, la insalubridad y la incultura que deja el capitalismo entre sus habitantes; no se lleva ningún recurso natural de esos pueblos; solo aporta conocimientos y bienestar. Ofrece estudios y superación gratuita, para aquellos que no tienen recursos para estudiar en las universidades de sus países.

Las visitas que hizo Mike Pence el pasado año a Argentina, Chile, Colombia y Panamá, no fueron para ofrecer ayuda a los necesitados, sino para presionar a sus presidentes y que apoyaran la guerra económica, financiera y mediática que desarrolla Estados Unidos contra Venezuela, en su obstinación por desaparecer el socialismo de la región.

Si de cantar las verdades se trata, Pence tendrá que escuchar los reclamos de los latinoamericanos por el trato injusto e inhumano que  da su gobierno a los inmigrantes del continente, los crímenes que comete en la frontera con México, la expulsión de padres que dejan atrás a hijos nacidos en Estados Unidos, separando familias enteras, o la de hijos que crecieron allí y ahora el presidente Trump los quiere expulsar.

Si le gusta el canto al vicepresidente Pence, podría estar horas oyendo las verdades de miles de guatemaltecos, enfermados premeditadamente por médicos yanquis entre los años 1946 y 1949, con sífilis, gonorrea y otras enfermedades venéreas, con el fin de comprobar la efectividad de nuevos antibióticos.

Para lograr sus fines, a muchos no les suministraron antibióticos, sino líquidos simulados, por lo cual murieron y padecieron de los efectos de tales enfermedades, algo reconocido oficialmente en el año 2010, cuando la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton se disculpó públicamente ante el pueblo guatemalteco.

Otras verdades que podrían cantársele a Pence, es la protección que le brindan las autoridades yanquis a cientos de terroristas y asesinos como Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano, donde perecieron 73 inocente, prófugo de una cárcel venezolana, a pesar de las reclamaciones oficiales del gobierno de esa República.

Hace pocos días se conmemoró el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y su chofer en Washington, a manos de terroristas de origen cubano entre ellos Guillermo Novo Sampoll, quien obtuvo un perdón del presidente Ronald Reagan, solicitado por la congresista Ileana Ros-Lehtinen, quien también pidió al presidente George Bush padre, una visa de refugiado político al terrorista nacido en Cuba, Orlando Bosch Ávila, a pesar de ser considerado por el FBI como inadmisible y terrorista peligroso.

Bosch murió en Miami protegido por las autoridades, confeso públicamente de dirigir la Operación CORU, apéndice de la Operación Cóndor, diseñada por la CIA contra América Latina.

Entre sus crímenes está la colocación de bombas en varias embajadas cubanas en Latinoamérica, el secuestro y asesinato de diplomáticos de Cuba en Argentina, encontrados, treinta años después, dentro de dos barriles con cemento en un rio.

En declaraciones en Miami el pasado año, Trump aseguró que “Estados Unidos siempre defenderá la libertad en este hemisferio y más allá, porque apreciamos nuestros valores”.

La verdad deja bien definidos los “valores” que Estado Unidos defiende, y de encontrarse con el presidente Raúl Castro será una oportunidad única para decirle las verdades sobre la dictadura militar totalitaria que Estados Unidos le impone a Latinoamérica, con sus intervenciones militares y sus decenas de bases militares, donde solo se imparten lecciones de como matar y aniquilar a los pueblos, e incluso se tortura, como hacen en Guantánamo, Cuba.

La verdad que tendrá que escuchar Pence y el senador Marco Rubio, si se decide a asistir a la reunión parlamentaría, será la cruel guerra económica y financiera impuesta por Estados Unidos contra el pueblo cubano desde hace 58 años, con la malsana pretensión de matar por hambre y enfermedades a su pueblo, que repiten contra Venezuela.

Si el senador Rubio no pudo obtener los votos del electorado de su país para postularse como candidato presidencial, menos podrá esperar de los latinoamericanos que padecen diariamente los males que deja la política imperialista y que se incrementarán con los aranceles impuestos por el presidente Trump.

Los cantos de los pueblos se escucharán con fuerza y no importa el engaño y la mentira de los yanquis, pues como afirmó José Martí:

“De tal manera necesitan los pueblos el concepto de dignidad, que hasta conviene herirla para darles el placer de defenderla”.

La seguidilla, “ataques a diplomáticos yanquis en Cuba”


Por Arthur González.

Si no fuese por la doble intención que se esconde tras las reiteradas noticias de los supuestos ataques a diplomáticos yanquis en Cuba, no valdría la pena perder el tiempo en leerlas y menos en responder, pero evidentemente la campaña sigue y se incrementa por las figuras más altas de la política de la administración de Donald Trump.

Durante una entrevista concedida por el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, al canal Telemundo 51 de Miami el pasado 23.08.2017, aseguró que “la administración continúa examinando con mucha seriedad las lesiones físicas sufridas por diplomáticos estadounidenses en La Habana, a causa de un posible ataque acústico”.

Por estar en Miami, capital de la mafia terrorista anticubana y para calmar los ánimos de aquellos que esperan el endurecimiento de la política hacia Cuba, Pence les expresó que “en este momento se están ultimando los detalles para la implementación de los cambios en la política hacia la isla”.

Esas amenazas se suman a la reciente noticia divulgada por la prensa oficialista yanqui, en la cual un supuesto “médico” estadounidense que dijo haber evaluado a los diplomáticos de Estados Unidos y de Canadá, les diagnosticó “enfermedades tan graves como lesión cerebral traumática, con un probable daño al sistema nervioso central”, todo un novelón de terror y misterio al estilo de Hollywood.

En las noticias publicadas sobre el supuesto ataque, se afirma que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y el Gobierno cubano están investigando los “incidentes” en La Habana, que según el Departamento de Estado tuvieron lugar a finales de 2016.

La información no aclara quien es el médico, su especialidad y la institución donde trabaja, lo que hace dudar de la veracidad de dicha noticia y la pone a nivel del rumor que desea crear el Departamento de Estado, sin que aún se conozca lo que persigue.

Estados Unidos no ha culpado hasta la fecha al Gobierno cubano; sin embargo, el pasado mes de mayo decidió expulsar a dos diplomáticos de la embajada de Cuba en Washington, bajo el rebuscado pretexto de que La Habana “no cumplió” adecuadamente la obligación de proteger al personal diplomático.

No hay país en el mundo donde los diplomáticos de Estados Unidos, ni aquellos que viajan a Cuba bajo las 12 licencias aprobadas, puedan pasear solos por las calles a cualquier hora del día y la noche, sus hijos jugar libres en parques y plazas sin peligro alguno, como no se atreven a hacerlo es su país debido al alto nivel de violencia y criminalidad.

La notica lleva más de una semana en titulares de la prensa oficialista, algo anormal, cuando en América Latina se suceden asesinatos constantes, desaparecidos como el del joven argentino Santiago Maldonado y huelgas de maestros, sin que sus medios le den la más mínima importancia.

Heather Nauert, portavoz del Departamento de Estado, durante su habitual rueda de prensa, se negó a confirmar la situación médica de ningún miembro del personal estadounidense en Cuba, aunque volvió con la retórica de que “lo sucedido en La Habana es de gran preocupación para el gobierno de Estados Unidos”.

Pero a lo que no hace referencia el Departamento de Estado ni la prensa oficialista, es a los hechos que han acontecido en su territorio y en otros países aliados, con el personal diplomático cubano, donde incluso algunos han perdido la vida, por asesinos residentes en los Estados Unidos.

El 11 de septiembre de 1980 Félix García Rodríguez, diplomático de la misión cubana ante las Naciones Unidas en New York, fue asesinado por terroristas cubanos residentes allá, mientras conducía su auto por el barrio de Queens en New York. El Gobierno estadounidense, no cumplió adecuadamente la obligación de proteger al personal diplomático.

La organización terrorista Omega 7, con oficinas públicas en Miami, fue la responsable del asesinato. El plan inicial era asesinar a cuatro funcionarios cubanos de la misión diplomática. Implicados en ese criminal acto estaban Eduardo Arocena, Pedro Remón, Eduardo Losada y Andrés García. Excepto Arocena, todos viven libres en Estados Unidos.

El 23 de julio de 1976 fue asesinado en México el técnico cubano de la pesca Artaigñan Díaz, uno de los autores Gaspar Jiménez Escobedo logró fugarse a Estados Unidos. El 17 de noviembre del 2000 participó en el plan de asesinato al presidente Fidel Castro en Ciudad Panamá. Hoy continua libre en Miami y los oficiales del FBI no lo molestan, a pesar de ser un connotado terrorista.

La lista de hechos ocurridos contra la embajada cubana en New York es amplia y variada, entre ellas bombas colocadas bajo el auto oficial del jefe de la misión y al parecer las autoridades yanquis son ineficientes para detectar a tiempo esos actos de terrorismo, ni se preocupan por juzgar a sus autores.

Nada de eso ha sucedido contra la embajada yanqui en La Habana, ni sus diplomáticos son asediados o agredidos, a pesar de participar abiertamente en reuniones conspirativas con la contrarrevolución interna, tanto en la capital como en otras provincias.

Al Departamento de Estado ni al FBI, no parece preocuparles que terroristas de origen cubano se paseen por las calles de Estados Unidos, como lo hace Luis Posada Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano en 1976, donde murieron 73 inocentes, por tanto no tienen nada que investigar en Cuba, mejor que empleen sus recursos y tiempo en capturar a quienes asesinan y hieren a inocentes, incluso dentro del propio territorio de Estados Unidos, colocando artefactos explosivos en oficinas gubernamentales y privadas.

Cuba no tiene de que preocuparse, allá los yanquis que protegen a terroristas de larga data, esos que fueron capaces de matar sin escrúpulos al presidente J.F. Kennedy.

La Casa Blanca debería tener presente a José Martí cuando señaló:

“Lo único verdadero es lo que la razón demuestra”