Andrés Oppenheimer y sus horóscopos.


Por Arthur González.

Nadie sabe que misterios encierran las profecías del laureado periodista Andrés Oppenheimer, pero las escritas sobre la Revolución cubana han sido un fracaso total.

Después de puesto en marcha el Programa Democracia, aprobado en 1983 por el presidente Ronald Reagan, que devino en el reclutamiento sentimental del líder soviético Mijaíl Gorbachov, quien confesó en el 2000 que, para lograr el desmoronamiento del socialismo en Europa, “tuve que sustituir a toda la dirección del PCUS y de la URSS, así como a la dirección de todos los países socialistas europeos”; solo quedaba en pie Cuba, como la pieza más ambicionada de Estados Unidos.

Por aquellos años, países aliados de Washington se sumaron a la ofensiva ideológica, con el fin de “ayudar a la caída” del socialismo cubano.

Entre las iniciativas iniciadas en 1990, estimularon las entradas ilegales en varias embajadas, las salidas ilegales del país, reorganizaron y financiaron asociaciones de ciudadanos extranjeros asentados en la Isla, moribundas por falta de apoyo de sus gobiernos, conmemoración de fiestas patronales y hasta la celebración de algunas romerías, que no se efectuaban hacía medio siglo.

En ese contexto llegó a La Habana el periodista y escritor argentino radicado en Miami, Andrés Oppenheimer, ganador del Premio Pulitzer en 1987, con el interés de hacer una investigación sobre la Revolución cubana y el papel jugado por sus líderes históricos.

Para ello, recibió todas las facilidades para sus entrevistas, incluidas a Fidel Castro y “opositores” creados, entrenados y financiados por el gobierno de Estados Unidos, algunos de ellos agentes encubiertos de la Seguridad cubana. Todos respondieron sus preguntas y brindaron mucha información, que le sirvieron al periodista para escribir su libro “La hora final de Castro”, publicado en 1993, en el cual vaticinó la caída inminente del gobierno socialista.

Para disgusto de los yanquis, el horóscopo de Oppenheimer fue un rotundo fracaso, nada de lo pronosticado sucedió.

Fidel logró sacar el país adelante, estabilizó la economía y la llamada “Opción Cero” no fracasó, como auguraba Oppenheimer en su libro.

Transcurrido un cuarto de siglo de aquellos vaticinios infundados, la Revolución socialista se mantiene, incluso rejuvenecida con un nuevo presidente que no es parte de la generación histórica.

La falla del pronóstico radicó en su ceguera política, quizás orientado por autoridades estadounidenses para pintar un panorama sombrío y sin futuro, desconociendo la histórica entereza, resistencia y unidad del pueblo cubano, en torno a la defensa de su soberanía.

De nada le valieron los 6 meses en Cuba y las más de 500 entrevistas realizadas, su idea fija era el deseo de ver caer a la Revolución. Actualmente solo destila frustración por sus fallidas profecías.

Olvidando esa mal experiencia en su vida literaria, Oppenheimer vuelve por la picada, ahora con el tema de la nueva Constitución de Cuba, algo que pone en ridículo a Estados Unidos porque el texto propuesto es estudiado y discutido libremente por toda la nación, incluidos los cubanos residentes en el exterior, situación sin precedentes en América y Europa, que refleja el carácter democrático y popular del proceso cubano, verdadera piedra filosofal que ha permitido resistir las guerras económica, financiera, mediática y subversiva.

Según ha dicho el argentino, se tomó el trabajo de leer el documento y le resultó “espantoso” y un “gran paso atrás”. ¿Será más humana la de su país de origen? Ni la de Estados Unidos recoge tantos derechos a los ciudadanos como a propuesta cubana, pero hay que desprestigiarla a toda costa.

Otro error cometido por el múlti premiado periodista, fue tomar en cuenta las opiniones de Rosa María Paya Acevedo, devenida en politiquera gracias al dinero de la mafia terrorista de Miami y de su mentor el senador Marco Rubio.

Ella le aseguró que: “esta Constitución es peor que la anterior, porque al agregar que el Partido Comunista será el único dirigente superior de la sociedad y el Estado, le cerró las puertas a cualquier posibilidad de multipartidismo”.

Quienes sueñen en tener en Cuba partidos políticos diseñados por la CIA, con “disidentes” pagados con millones de dólares aprobados por la Casa Blanca para intentar destruir a la Revolución, seguirán el mismo camino que los mafiosos miamenses, que se han vuelto ancianos sin obtener una sola victoria.

La Revolución cubana no fue impuesta por los tanques soviéticos, la hizo el pueblo luchando en las calles y montañas de la Isla, contra la tiranía de Fulgencio Batista, apadrinado por Estados Unidos a pesar de llegar al poder mediante un golpe militar que pisoteó la Constitución y todas las leyes del país.

Los cubanos no desean regresar a aquella farsa de tener 25 partidos políticos que todos defendían lo mismo, el capitalismo, la corrupción, el maltrato al pueblo y la desigualdad social.

Ninguno resolvió el analfabetismo, la discriminación racial y de género, la ausencia de un sistema popular de salud, la educación, la cultura y el deporte como un derecho del pueblo.

Ese es el error original de Estados Unidos cegado ante una realidad aplastante, malgastando cientos de miles de millones de dólares para derrocar a la Revolución popular cubana.

Por eso son sus equivocaciones: la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, los cientos de planes terroristas que sembraron muerte y destrucción, su guerra económica para matar de hambre y enfermedades a los cubanos, unido al asesinato de decenas de seres humanos que no serán olvidados nunca por sus familiares, amigos y vecinos.

El traspié de Andrés Oppenheimer es pensar que el gobierno de Cuba necesita de la policía secreta, para enfrentarse a los enemigos de la Revolución.

Quienes se opondrán a cualquier intento que afecte su libertad y soberanía, son los propios cubanos y cubanas que dominan la historia de su patria, para que jamás vuelva a existir un Apéndice Constitucional, como el impuesto en 1901 por el Congreso yanqui, conocido por el nombre de Enmienda Platt, esa que permitió la invasión del ejército de Estados Unidos, cada vez que lo desearon, para pisotear la dignidad de todo el pueblo.

Les duele ver el referendo popular en Cuba porque se le acaban las mentiras y la deformación de la realidad.

Allá los yanquis con su condena y frustraciones, porque en Cuba como aseguró José Martí:

“Dos cosas hay que son gloriosas: el sol en el cielo y la libertad en la tierra”.

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Se abre paso la verdad sobre la caída de la URSS.


Por Arthur González.

Con Gerorge Bush, director de la CIA y presidente de EEUU

En el año 2000 Mijaíl Gorbachov confesó durante un discurso en la universidad norteamericana de Turquía:

“El objetivo de mi vida fue la aniquilación del comunismo…mi esposa me apoyó plenamente y lo entendió incluso antes que yo […] para lograrlo logré encontrar compañeros de lucha, entre ellos A.N. Yakovlev y E. A. Shevardnadze”.

Recientemente la CIA desclasificó algunos documentos donde se afirma que “el magnate financiero George Soros y la CIA, ayudaron a Gorbachov a proporcionar la posterior disolución de la URSS.

Sobre ellos el analista y ex empleado de la NSA, Agencia de Seguridad Nacional, Wayne Madsen, afirmó que el multimillonario George Soros, proporcionó en 1987 cobertura económica, al gobierno de Mijaíl Gorbachov, a través de una ONG de la CIA conocida como el Instituto de Estudios de Seguridad Este-Oeste, IEWSS, por sus siglas en inglés.

La información expone que Soros y la CIA promovieron la difusión de dos términos orquestados desde Occidente en aquellos años, la “perestroika” (apertura) y la “glasnost” (transparencia) para que ambas sirvieran como ente desestabilizador en acelerar la desaparición de la URSS.

Esos documentos de la CIA prueban que lo sucedido no fue producto de un acto “espontáneo y democratizador” de Gorbachov, debido a que el sistema socialista estaba “agotado y quebrantado”, como quieren hacerle creer al mundo.

En Turquía el propio Gorbachov afirmó:

“Para lograrlo aproveché mi posición en el Partido y en el país, tuve que sustituir a toda la dirección del PCUS y de la URSS, así como a la dirección de todos los países socialista de Europa”.

La verdad es que fue la CIA con el dinero de la Organización Soro, quien diseñó y ejecutó esa gran operación, con todo el apoyo del entonces líder soviético.

El ex analista Wayne Madsen asegura que el plan diseñado para eliminar el bloque socialista de Europa oriental, fue organizado por dos copresidentes del IEWWS de Soros, Joseph Nye, economista de Harvard, y Withney MacMillan, presidente del agro multinacional Cargill, quien había mantenido relaciones comerciales con la Unión Soviética en los años setenta del siglo XX.

No satisfechos con los resultados alcanzados, en 1991 la CIA y Soros centraron sus esfuerzos en provocar un fuerte golpe en la nueva Federación de Rusia, estimulando el separatismo en sus regiones con el fin de debilitarla al máximo.

El informe de Nye y MacMillan, augura el fin de la Unión Soviética y los elementos del nuevo modelo para las futuras relaciones de Moscú con Estados Unidos, para pasar a la era capitalista, y, según ellos, “cualquier nueva evaluación de las relaciones de Occidente con una Unión Soviética aperturista, tiene que partir de una posición de fuerza en vez de un equilibrio de poder”.

El informe del IEWWS fechado en 1987, y su aplicación práctica, fue una forma incruenta de ir despedazando a la URSS por etapas.

En dicho documento se exhorta a Occidente a tomar ventajas respecto de la agonizante Unión Soviética, en el nuevo mapa geopolítico que se avecinaba, en particular en el Tercer Mundo, un área que hasta entonces había sido de influencia soviética.

Madsen apunta que Soros y sus aliadas organizaciones de “derechos humanos”, trabajaron activamente para destruir la Federación de Rusia, apoyaron los movimientos independentistas en Kuzbass (Siberia), a través de los derechistas alemanes que buscaban restaurar Konigsberg y Prusia Oriental, y estos financiaron a nacionalistas lituanos y de otras repúblicas autónomas y regiones como Tatarstán, Osetia del Norte, Ingushetia, Chechenia, entre otras, con el propósito de estimular el separatismo en las llamadas Repúblicas Autónomas Socialistas Soviéticas.

La actividad injerencista de Soros contra Rusia no se ha detenido, se ha incrementado provocativamente a través de sus bases operativas repartidas en los territorios aledaños, en particular Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia, Suecia, Moldavia, Georgia, Azerbaiyán, Turquía, Rumania, Mongolia, Kirguistán, Kazajstán, Tayikistán y Uzbekistán, unido a grupos de corte terroristas en coalición con fascistas ucranianos y neonazis moldavos sionistas.

Recientemente, el presidente ruso Vladimir Putin, expulsó a varias organizaciones de Soros como, la Fundación Open Society Foundation y otras ONG de la CIA que operaban en similares circunstancias en territorio ruso, incluidas la NED (Fundación Nacional para la Democracia), el Instituto Republicano Internacional, la Fundación MacArthur y la Freedom House, considerándolas como indeseables y una amenaza para la seguridad del Estado ruso.

No por gusto Mijaíl Gorbachov fue premiado con el Nobel de la Paz, pues siguió diligentemente las orientaciones de la CIA y de George Soros.

La CIA no descansa y pretende eliminar todo vestigio de socialismo en la tierra, por eso sus planes contra Cuba y ahora en Venezuela, donde nada es casual ni por obra y gracias del espíritu santo, pero como dijo San Juan: 8-32, “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

Por eso cada día el mundo comprueba de lo que son capaces los yanquis para lograr sus intereses hegemónicos y las mentiras que tejen, creando patrones preconcebidos entre las grandes masas mediante sus campañas de prensa; de ahí que sabiamente José Martí afirmara:

“Hallar una verdad regocija tanto como ver nacer un hijo”.

Mijaíl Gorbachov pierde la memoria


Por Arthur González.

Los años pasan y la memoria va perdiéndose junto con el tiempo, y al parecer eso le sucede al ex presidente de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, aquel que fuera recibido en Londres por Margaret Tacher, conocida como la “Dama de Hierro”, y quedara deslumbrado con el sistema capitalista.gorbachov

Al cumplirse el 25 º Aniversario de los sucesos de 1991, le concedió una entrevista a la agencia Interfax el 20 de agosto del 2016, en las que afirmó que la URSS no se desintegró por las consecuencias del “Golpe de Agosto” de 1991, sino por las contradicciones y las viejas formas del Estado soviético.

Según sus actuales criterios, “al centro le faltaban capacidades para vigilar y hacerlo todo y mandar, mientras que en las Repúblicas soviéticas ya se habían creado sus propios grupos económicos populares y crecido las élites, perfilándose así un desajuste”.

Cuando se leen esas aseveraciones de quien fuera el jefe del Estado más poderoso del mundo socialista, uno se pregunta ¿qué papel jugaba entonces como 1er secretario del PCUS y jefe de Estado?

Todos conocen que fue él quien inició la llamada Perestroika y la Glasnost, procesos necesarios encaminados a perfeccionar el socialismo y actualizarlo a la realidad mundial, pero realmente sus verdaderos intereses fueron otros.

Ahora 25 años después le expresó a la agencia Interfax:

“El motín no fue un fenómeno que ocurriera una sola vez, hubo intentos de socavar el proceso de la Perestroika, obstaculizar la democratización de todo el sistema político en más de una ocasión. Yo los veía y tomaba medidas lo suficientemente eficaces como para que no tuvieran éxito, y estaba seguro de poder controlar a los que se oponían a los cambios”.

“Casualmente” Gorbachov, unos días antes, decidió tomarse dos semanas de descanso en la residencia oficial ubicada en la península de Crimea, bien lejos de Moscú, a pesar de que conocía perfectamente de la complicada situación por la que atravesaba su país.

Todo hace pensar que su salida hacia Crimea fue premeditada para facilitar la sublevación y no verse implicado en ese proceso que culminó con la desintegración de la URSS, algo en lo que Estados Unidos venía trabajando junto con sus aliados de la OTAN, desde finalizada la 2da guerra mundial.

Ahora Gorbachov, como si no tuviera responsabilidad alguna en aquellos sucesos, declara: Sigue leyendo