Quién tiene la culpa, el socialismo o el capitalismo.


Por Arthur González

Diariamente la prensa del llamado “mundo libre”, controlado por poderosas corporaciones, acusa al sistema socialista de ser responsable del empobrecimiento y poco desarrollo de aquellos países que lo adoptaron.

A todos, Estados Unidos les impone medidas para entorpecer el desarrollo de sus economías, como le hacen a Cuba desde hace 60 años, con el fin de que su modelo no sea imitado por otros, según afirmó el Council on Foreign Relation:

“La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Al triunfar Hugo Chávez en Venezuela y destinar fondos para misiones sociales como la alfabetización, estudios de nivel medio y superior, cultura, deporte, construcción de viviendas y asistencia médica gratuita con el apoyo solidario de Cuba, Estado Unidos le impuso una guerra económica y financiera, con el propósito de impedirle su desarrollo y evitar que brindara petróleo a precios justos a otros países del área.

Recientemente Donald Trump firmó un grupo de medidas contra Nicaragua, para tratar ahogar su economía, y al igual que hacen con Cuba y Venezuela, sembrar el desencanto y el desaliento en su pueblo, para que culpe mediante campañas de prensa, al gobierno revolucionario de la escasez y limitaciones financieras.

Sin embargo, la realidad en muchos países que tienen gobiernos capitalistas, con políticas económicas neoliberales impuestas por el Fondo Monetario Internacional, es mucho peor que en los tres países denominados por Estados Unidos como el “eje del mal”.

Argentina con el gobierno de Kirchner y de Cristina, vivieron momentos luminosos, aunque no exentos de problemas, pero los beneficios sociales eran palpables. Al tomar el poder el actual presidente pro yanqui, Mauricio Macri, las medidas adoptadas han llevado a la clase trabajadora a una crisis económica increíble, lanzando a la calle a miles de personas que no tienen dinero para pagar la renta de una vivienda; despidos masivos y recortes sociales de todo tipo, volviendo a endeudar al país con préstamos del FMI.

Datos oficiales de la Universidad Católica Argentina, UCA, afirman que la pobreza urbana en Argentina subió más de cinco puntos en 2018, elevándose entre el tercer trimestre de 2017 y 2018 del 28,2% al 33,6%, y ahora uno de cada tres argentinos es pobre, a pesar de que Macri prometió trabajar por llevar a cero la pobreza.

Actualmente Argentina tiene 2,1 millones de nuevos pobres, sobre un total de 13,6 millones, en un país que nada tiene de socialista.

Un estudio culminado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), relativo al panorama laboral latinoamericano de 2018, reveló que jóvenes y mujeres son los más perjudicados laboralmente, pues uno de cada cinco jóvenes de 15 a 24 años de la región, -que son el 19,6%-, no encuentra trabajo, cifra que casi triplicaba a la tasa de desempleo entre los mayores de 25 años (6,3%).

Dicha investigación expone que el porciento de desocupación juvenil en la región se mantuvo en el 14% entre 2012 y 2014, disparándose en cinco puntos porcentuales desde entonces, en buena medida por la ralentización de muchas de las grandes economías capitalistas de América Latina y el Caribe.

En esto no tiene responsabilidad el sistema socialista, toda es del capitalismo salvaje que no ve al ser humano como el objetivo principal del desarrollo, ni se preocupa por ejecutar programas sociales como los aplicados por Cuba y Venezuela, a pesar de la cruel guerra económica y financiera impuesta por Washington, unido a las acciones de subversión política ideológica, diseñadas por la CIA.

A diferencia de la economía socialista cubana, el resto de los países latinoamericanos con un sistema capitalista como paradigma del “desarrollo y la abundancia”, en 2018 una de cada diez mujeres no encontró trabajo, tasa mayor a la de los hombres en el mismo período (10% frente al 7,5%). La participación laboral femenina es igualmente menor: más de 20 puntos porcentuales por debajo de la de los hombres.

Tal situación no sucede en la Cuba socialista demonizada por la propaganda yanqui, quienes ocultan que las mujeres cubanas gozan de los mismos derechos que los hombres, con leyes que les aseguran sus derechos, como el de proteger su reproducción y sexualidad, la planificación familiar, salud, educación, seguridad, asistencia social, vivienda, empleo e igualdad de salarios, superación técnica y cultural, capacitación laboral y aprendizaje, más la posibilidad de acceder a todos los cargos del Estado, sin ningún tipo de discriminación.

Por su parte, la economía capitalista argentina exhibe un aumento de la indigencia de 0,4%, afectando a 2,47 millones de personas, que no ganan ni para comprar sus alimentos.

El informe de la UCA expone que los jóvenes sufren más la pobreza y casi el 52% de los menores de 17 años están por debajo del umbral de pobreza, siendo Buenos Aires la zona más golpeada del país, con un 43,4% de pobres.

¿Por qué la prensa yanqui y europea no denuncian esa realidad del capitalismo, como le hacen a Venezuela y a Cuba?

El capitalismo en Europa también hace de las suyas, siendo España un vivo ejemplo, donde se ha producido una fuerte emigración de jóvenes ante la crisis iniciada en 2010, no precisamente por “huir del comunismo”, sino del capitalismo que no les ofrecía oportunidades de desarrollo ni seguridad social para subsistir, cuando la tasa de paro juvenil en el país superaba el 40%.

En los últimos 10 años la población española en el exterior aumentó un 64%. Alemania y el Reino Unido, son los países a donde fueron a recalar los españoles, jóvenes en su mayoría, donde radica el 14% y el 27,7% de los emigrantes.

Otros países de la culta Europa, como Portugal y Grecia, también presentan escenarios similares a los de España en cuanto a la emigración, pero para ellos no hay Ley de Ajuste, porque dejan sus tierras para buscar mejoras económicas y no se politiza la emigración, como hace Estados Unidos contra Cuba y Venezuela.

Esa es la verdad que ocultan y tergiversan los yanquis, pero como dijo José Martí:

“La razón ha de entrar en lo que la razón ha de sostener”

 

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Los verdaderos oprimidos de Latinoamérica.


Por Arthur González.

Los obreros, campesinos, estudiantes y pensionados de América Latina, tiene todo el derecho a protestar ante las medidas neoliberales que aplican los gobernantes, para complacer al FMI y otras entidades creadas por el sistema capitalista que los aplasta, sin importarle los verdaderos derechos humanos.

Desde que Mauricio Macri asumió la presidencia de Argentina, eliminó las ventajas establecidas por el gobierno de Cristina Fernández, como continuidad a las aplicadas antes por su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner.

Lo mismo sucedió en Brasil, cuando Temer impuso métodos que en nada ayudan a las capas más pobres del país, borrando de un plumazo las medidas aprobadas por el presidente Luis Ignacio Lula, mantenidas por su sucesora Dilma Rousseff.

El capitalismo salvaje solo beneficia a las clases altas y así sucede en toda Latinoamérica e incluso llega a algunos países de Europa.

Sin embargo, Estados Unidos se empeña en impedir que gobiernos nacionalistas, preocupados por sus pueblos, avancen con leyes populares, aplicándoles planes de guerra económica, aprueban altos presupuestos para subvertir el orden interno, sufragan grupos para cometer actos terroristas y orientan manifestaciones populares que llegan hasta el asesinato, tal y como hicieron en Venezuela y ejecutan actualmente en Nicaragua.

El empleo de la manipulación jurídica para juzgar y encarcelar a verdaderos líderes populares, es la táctica recientemente implementada, violando todo derecho legal a los que son acusados sin pruebas, solo basado en campañas de prensa fabricadas para crear un ambiente psicológico que les favorezca en sus acciones criminales, que solo persiguen anular de por vida a las figuras políticas que no son de su agrado.

Millonarios presupuestos son aprobados por Estados Unidos para esos fines, distribuidos entre el Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia para reclutar políticos, jueces y periodistas, así como a la USAID a la NED, con el fin de llevar a cabo la preparación de jóvenes, que posteriormente son encargados de salir a manifestarse violentamente en las calles, incluso con el empleo de armas de fuego.

Esos terroristas que queman, destruyen y asesinan, reciben total apoyo de la prensa oficialista que responde a los intereses yanquis. Son calificados de “inconformes” que protestan “pacíficamente”, y al ser reprimidos por sus actos de terrorismo, desatan cruzadas periodísticas en su defensa, como si los muertos que originan sus acciones no reclamaran justicia.

Ahora cuando en Argentina los trabajadores agobiados por el alza del costo de la vida, la pérdida de sus derechos, el aumento del desempleo y la inseguridad de un futuro cierto para sus familias, salen a las calles a protestar, sin la violencia empleada por los orientados y financiados con los millones de Estados Unidos, Patricia Bullrich, ministra de seguridad, declara con total desfachatez, que “no sabe de dónde sacan el dinero para manifestarse todos los días”, y acusa a las centrales sindicales de querer sacar al Gobierno.

¿Por qué la ministra no se hace la misma pregunta para saber de dónde sale el dinero para sufragar las protestas violentas fabricadas desde la embajada de Estados Unidos en Venezuela y en Nicaragua?

¿No sabrá ella que los trabajadores argentinos se cansan de tanta explotación?

En Venezuela, solo la NED tuvo una asignación para el presupuesto del año fiscal de 2017, de 2 millones 893 mil 847 usd; sin contar el dinero que dispone la USAID, el cual es muy superior, sumado al asignado a la CIA y al Departamento de Estado.

Con tanto dinero si se pueden organizar protestas y manifestaciones callejeras en Nicaragua, país que también recibe desde hace algunos años, millonarios presupuestos para organizar cursos de preparación en los locales de la embajada norteamericana en Managua, de donde egresaron los principales cabecillas ejecutantes de los actos callejeros y las acciones terroristas, incluida la confección de armas de fuego casera y otros medios que causaron muerte y destrucción en varias ciudades de ese país centroamericano.

Solo con buscar en las páginas de la USAID y la NED, disponibles en Internet, la ministra podrá conocer esos datos y comprobar que para Argentina la situación no es la misma, porque a los yanquis no les interesa ayudar a las centrales sindicales que reclaman los derechos de sus afiliados.

Si ella está inconforme con las protestas, debería compadecer al pueblo de Venezuela y de Nicaragua que sufren del terrorismo financiado por Estados Unidos.

Todo indica que la ministra de seguridad vive de espaldas a la realidad que padece su pueblo, por las medidas económicas impuestas por el gobierno del presidente Macri, y como bien señaló recientemente Hugo Yasky, diputado y dirigente de la CTA, “en Argentina hay dos millones de personas que no llegan al final del día. No estamos hablando de llegar a fin de mes, estamos hablando del día”.

Ante el caos económico creado por Mauricio Macri, la Confederación General del Trabajo (CGT), las dos Centrales de Trabajadores de la Argentina (CTA), la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y otros sindicatos, no les ha quedado otra alternativa que salir a las calles a protestar por el acuerdo firmado recientemente por el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI), a lo que se suma el plan económico de ajuste que ese organismo impone.

No es el sistema socialista el que ahoga al pueblo de Argentina, es sencillamente el capitalismo salvaje que no respeta el derecho a la vida.

Por tanto, la ministra Patricia Bullrich debería recordar lo que dijo José Martí:

“Los pueblos no se rebelan contra las causas naturales de su malestar, sino contra las que nacen de algún desequilibrio o injusticia”

 

 

 

 

 

 

 

 

Enseñanzas para aprender


Por Arthur González.

Nadie se llame a engaño, las acciones que ejecuta la derecha en América latina contra gobiernos que trabajan por y para el pueblo, con el fin de descabezar los movimientos de izquierda, son lecciones que enseñan cómo actuar cuando se ostenta el poder en defensa de los intereses populares.

La derecha cuando tiene el poder es implacable, no respeta leyes ni derechos humanos, actúa con saña para arrancar de raíz todo lo que los gobiernos de izquierda han hecho por los desposeídos, para que no queden ni recuerdos de tales avances.

Así lo constatamos en Argentina y Brasil, países que sufren de gobiernos neoliberales hechos a la medida de lo que desea Washington, para recuperar su patio trasero e imponer políticas de privatización de la economía, pisoteando los derechos de millones de personas sin importarles los derechos humanos, que solo exigen a los gobiernos de izquierda.

Argentina está pagando el error de haber votado por Mauricio Macri, presidente pro yanqui, quien, desde los primeros días de su mandato, inició el desmantelamiento de todas las medias favorables a los trabajadores, pensionados, estudiantes e incluso contra la lucha llevada a cabo por las valerosas Abuelas de la Plaza de Mayo, para encontrar a sus nietos robados por la dictadura.

Para ese presidente no hay campañas mediáticas ni sanciones de la Unión Europea, la poderosa prensa de Estados Unidos no lo acusa de violar los derechos humanos y países como España, ni se dan por enterados de las medidas antipopulares que ha tomado.

La policía secuestró y asesinó a Santiago Maldonado, pero de ese tema no se habla. Si hubiese sucedido en Cuba o Venezuela otro gallo cantaría y el Comando Sur acuartelado dispuesto a una intervención militar.

Un ejemplo de la enseñanza que ofrece el presidente Macri, es la persecución despiadada que lleva a cabo contra la ex presidenta Cristina Fernández, trabajando hombro con hombro con el sistema judicial para enjuiciarla y encarcelarla, como advertencia de lo que puede sucederle en el futuro a los líderes de izquierda.

Sin embargo, en países como Venezuela que tienen que enfrentar operaciones subversivas, diseñadas y financiadas por Estados Unidos, donde han asesinado a partidarios del gobierno, organizado actos vandálicos contra instituciones estatales y se fabrican planes para ejecutar un golpe de estado, si le exigen al presidente Nicolás Maduro que libere a los responsables de esas violaciones de la ley y le organizan campañas mediáticas para satanizarlo, arrastrando al Parlamento Europeo para imponerle sanciones injustas sin basamentos legales.

Brasil es otra de las muestras notables, solo porque el gobierno del Partido de los Trabajadores llevó a cabo profundos cambios en favor de las clases más pobres del país, además de iniciar programas para llevarle salud y alfabetización a los indios en la profundidad de la amazonia, algo que jamás habían realizado ni realizarán los gobiernos de derecha.

En respuesta, Estados Unidos organizó un golpe de estado a nivel del parlamento, que destituyó a la presidenta constitucional Dilma Rousseff, ante el temor de que se consolidara la izquierda en el coloso de Suramérica, que, sumado a Venezuela, Ecuador y Argentina, ejercían una influencia inaceptable para los yanquis.

Acto seguido, y para impedir el retoño del Partido de los Trabajadores, le fueron encima con toda fuerza al ex presidente Ignacio Lula, para evitar que triunfe en las próximas elecciones, acusándolo sin pruebas, de haber aceptado un apartamento.

De ser encarcelado, Lula será convertido de inmediato en un preso político, aunque ese término la derecha lo tiene reservado exclusivamente para los “disidentes” que ellos fabrican contra los mercenarios que actúan contra los gobiernos de izquierda.

Para que no queden dudas de la manipulación política dirigida desde la Casa Blanca, el actual presidente Michel Temer, quien ocupó la silla sin ser elegido por el voto popular, fue acusado de corrupto con suficientes pruebas, pero los tribunales en vez de juzgarlo lo protegen, incluso los parlamentarios que acusaron a la ex presidenta Dilma, fueron destituidos por actos graves de corrupción, sin ser procesados, como ahora hacen con Lula Da Silva.

Esas lecciones dejan bien esclarecido que cuando el pueblo logra tomar el poder, no puede temblarle la mano para sancionar a los que, pagados por el imperialismo yanqui, ejecutan actos contra la ley.

Contra Estados Unidos solo vencen los que resisten como hace Cuba, a pesar del desgaste que conlleva la guerra económica y financiera sostenida hace más de medio siglo, porque si al imperialismo se le da un mínimo espacio, las consecuencias serán lamentadas por millones de cubanos y cubanas, quienes verán retroceder todos los logros alcanzados gracias a la Revolución socialista, ya que la mafia terrorista anticubana jamás perdonará a todos aquellos que participan en la obra revolucionaria.

La izquierda tiene que mantenerse unida, para juntos enfrentar las cruzadas mediáticas y las sanciones, como hace actualmente el gobierno popular de Maduro, porque la victoria está precisamente en la integración de la lucha contra ese enemigo que no respeta derecho alguno, cuando tratan de conservar el poder.

José Martí, que vivió en el monstro y le conoció bien sus entrañas, afirmó:

“Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.”