En Cuba todos son simplemente cubanos.


Por Arthur González.

El tema de la racialidad es complejo, sensible, con aristas reales y otras manipuladas desde Estados Unidos para dividir la unidad del pueblo cubano, por ser la única fórmula para enfrentar victoriosamente todos sus planes y operaciones estructuradas por los ideólogos, especialmente de sus servicios especiales.

Decir cubano es hablar de un producto genéticamente nuevo, devenido de la mezcla de sangre de conquistadores españoles, de por sí ya combinada con la de los árabes que los dominaron durante 400 años, de la africana, la china, japonesa, nuevos árabes emigrados a principios del siglo XX y de otros europeos asentados en la Isla en busca de nuevas oportunidades, después de la 2da guerra mundial. Como resultado nació la identidad de Cuba.

La historia triste de la esclavitud africana y en menor medida china, marcó la diferencia social y económica de aquellos seres arrancados de sus tierras por los colonizadores, que aún tienen esa deuda pendiente.

Solo el proceso revolucionario de 1959 rescató ese desbalance, al decretar el 25 de marzo del mismo año, la eliminación de la discriminación racial, como una de las peores lacras de la sociedad cubana de todos los tiempos.

Desde ese instante las escuelas se abrieron para todos los cubanos, sin distinción del color de su piel, de ahí que Cuba cuente hoy con millones de graduados universitarios, técnicos y obreros calificados, sin que ninguno fuese excluido por su raza.

Cientos de miles fueron los becarios que pudieron superarse y dejar atrás los trabajos de menor remuneración económica y reconocimiento social. Negros y blancos de las clases más humildes del país, tuvieron las mismas oportunidades para acceder a puestos de trabajo prohibidos antes del triunfo de la Revolución.

Se terminó la prohibición de entrar en clubes para disfrutar de los baños de mar, en teatros, cines, centros nocturnos y practicar el deporte con los mismos derechos de los ricos y los blancos, quienes tenían el dominio casi absoluto del país.

Hoy Cuba posee un alto por ciento de maestros de raza negra o mestiza, producto de la combinación de negros, blancos y chinos que marcan sus rasgos exteriores. Otro tanto se palpa en el sistema de salud, con médicos, enfermeras y técnicos muy bien capacitados.

Los equipos deportivos cambiaron totalmente su imagen, ejemplo palpable es el de volibol que pasó ser las “Rubias de Caribe”, participantes en 1967 a los Juegos Panamericanos de San Juan, Puerto Rico, a las actuales “Morenas del Caribe”, campeonas mundiales y olímpicas.

En la cultura sucedió algo similar. Al crearse la Escuela Nacional de Arte y otras provinciales, ingresaron quienes demostraron su talento, sin importar procedencia social, económica, ni color de la piel. Músicos, pintores, escritores y bailarines son muestra de la composición étnica y cultural de los cubanos.

El famoso cabaret Tropicana, no tenía bailarinas negras, hoy exhibe la belleza escultural de sus morenas, formadas en instituciones educacionales donde reciben técnicas para desarrollar su nivel profesional.

A pesar de incuestionables avances, no todo está alcanzado. Aún persisten prejuicios en una sociedad de 500 años, pero disminuye sensiblemente y es usual ver parejas entre negros y blancos, sin sentir el rechazo de los pobladores como era medio siglo atrás.

No obstante, desde Estados Unidos, país donde el racismo es institucional, asesinan a diario a jóvenes negros con total impunidad, las oportunidades no son similares a la de los blancos, se fabrican campañas contra Cuba para dividir a los cubanos.

Han establecido el calificativo de afronorteamericano y de afrocubano, cambiando la raza por la procedencia, con el solapado interés de recordarle a los ciudadanos de raza negra que no son norteamericanos, sino africanos y por tanto Norteamérica no les pertenece. En 1825 el presidente Quince Adams, compró una porción de África, denominándola Liberia, y expulsó a miles de negros.

Sin embargo, nunca hablan de hispanos descendientes ni de chino descendientes, a esos no les interesa manipularlos.

Martin Luther King, jamás llamó afronorteamericanos a los negros y luchó por sus derechos hasta ser asesinado por los racistas.

En los años 80 del siglo XX, académicos norteamericanos y suizos comenzaron a estudiar el tema racial en Cuba, y la Fundación Smithsonian promovió investigaciones en la Universidad de La Habana y el Instituto de Antropología y Etnología de la Academia de Ciencias de Cuba.

En 1991, posterior al derrumbe del socialismo en Europa, la entonces Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana, inició actividades subversivas en torno al tema racial, a través del Secretario de cultura y prensa, David Evans, de raza negra, quien promovió contactos y facilitó becas a intelectuales y líderes de opinión del tema, insertándolos en los principales circuitos académicos negros y en instituciones especializadas de Norteamérica.

Desde 1993 intelectuales negros norteamericanos como Miriam de Costa Willis, funcionaria de alto rango en la comunidad de inteligencia y asesora del presidente William Clinton para la política hacia el sector negro, influenció sobre reconocidos intelectuales cubanos, resaltándoles la necesidad de trabajar en función del reconocimiento y protagonismo de los negros en Cuba, poniendo al descubierto la estrategia contra Cuba.

Entre 1993 y 1994 otorgaron becas David Rockefeller, a varios cubanos, auspiciadas por la Fundación Ford, mediante un financiamiento de 25 mil dólares. Esas becas eran por 6 meses para estudiar en el Centro de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de la Florida.

En febrero del 2005 la Sección de Intereses yanqui distribuyó en Cuba la revista “Islas”, editada en Weston, Florida, de corte racial con el soporte de la ONG Afro-Cuba Alliance. Dicha ONG es receptora de fondos provenientes de la NED y canalizados a través de la USAID.

En septiembre 2006, el “Consorcio de Mississippi para el Desarrollo Internacional”, que agrupa las cuatro universidades negras más importantes de Estados Unidos, anunció la fundación del “Centro para la Comprensión de los Afro-Descendientes Cubanos” (CUCAD), financiada por la USAID y el Departamento de Estado, bajo la dirección del contrarrevolucionario Ramón Humberto Colás Castillo, radicado en Estados Unidos.

Entre el 2009 y 2013, la Sección de Intereses en La Habana promovió debates y estudios de la situación racial en Cuba, ofreció tele conferencias y cine-debates con la intención de potenciar la división de la sociedad cubana, construyeron y financiaron varios grupos como “Proyecto Mediático Consenso”, “Corriente Socialista Democrática”, “Comité Ciudadano por la Integración Racial, “Movimiento por la Integración Racial” y “Proyecto Alianza Unidad Racial.

En el evento académico LASA 2013, celebrado en Washington a finales mayo, fueron invitados elementos “disidentes”, con el propósito de denigrar a la Revolución.

El 14 y 15 de abril 2018, el Instituto de Investigaciones Afrolatinas del Centro Hutchins de la Universidad de Harvard, celebró un evento para abordar el racismo en Cuba, al que fueron invitados con los gastos pagados, una treintena de activistas, intelectuales, emprendedores y músicos de la Isla.

Alejandro de la Fuente, director del Instituto de Investigaciones Afrolatinas y uno de los organizadores de la conferencia, expresó al Nuevo Herald que “quienes han seguido como estrategia mantener una interlocución con el Estado, consideran que las soluciones a temas como la “discriminación racial y la racialización de la desigualdad” en Cuba, pasan por la formulación de políticas públicas”.

Participantes en dicha conferencia expusieron que “un movimiento cívico que busca combatir el racismo en Cuba, no puede avanzar más allá de los límites que impone el gobierno”.

¿Qué se pretende con esas conferencias impartidas en el país que apoyó el Apartheid y asesina a sus jóvenes negros? Sin dudas fabricar grupos que se opongan al único gobierno que se ocupa por darle a todos sus ciudadanos educación, salud y cultura, sin mirar el color de la piel.

Para lograrlo, intentan atraer a reconocidos intelectuales y artistas que han obtenido conocimientos y prestigio gracias al socialismo, pues en una sociedad capitalista nunca hubiesen tenido la posibilidad de estudiar y formarse profesionalmente de manera gratuita.

Al repasar algunos programas actuales de la NED y la USAID para Cuba, se observan los objetivos que persiguen para desmontar el socialismo desde adentro.

Entre esos están:

Promover ideas democráticas y participación ciudadana, con 67, 980 y 5,055 usd, para organizar debates y eventos para exigir respeto por los “derechos humanos y las libertades”.

Promover el pensamiento independiente en Cuba, con 20,272 usd, con el fin de estimular “mayor libertad de expresión y escritura independiente” entre los intelectuales cubanos, más 61,517 usd para compilar libros y revistas producidos por escritores cubanos en el exterior y distribuirlos en la Isla.

Incitar un Nuevo Liderazgo Democrático, con 43,000 usd, donde pretenden “fortalecer el liderazgo y las habilidades organizativas de los grupos políticamente marginados” en Cuba, a través de cursos de capacitación a líderes emergentes.

Promover Tolerancia y Pluralismo en Cuba, con 21,678 usd, en busca de fomentar “ideas y valores democráticos”. La pretensión es alcanzar tolerancia entre los cubanos, sobre las voces críticas e independientes.

Fortalecer el diálogo democrático sobre las propuestas de políticas dirigidas por los cubanos, con 193,603 usd, para “fortalecer la capacidad de los tanques pensantes independientes, a favor de la democracia en Cuba para desarrollar análisis económicos y propuestas políticas independientes”.

Fortalecer la capacidad de los centros cívicos independientes, con 98,000 usd. El objetivo, elevar la capacidad organizativa de los grupos cívicos para llevar a cabo actividades de forma efectiva.

En tiempos como los que vive hoy el mundo no se puede ser ingenio, especialmente con un enemigo poderoso que no escatima dinero, ni esfuerzos por destruir a la Revolución.  Allá aquellos que le hagan el juego.

Sabio fue José Martí cuando afirmó:

“Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”.

 

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Estados Unidos, paladín de los derechos humanos


Por Arthur González

Sin que ninguna corte judicial o comisión de las Naciones Unidas así los haya calificado, el secretario de Estado, John Kerry, declaró el 14.08.2015 en La Habana, durante la reapertura de su embajada que:

“…Estados Unidos siempre será campeón y paladín de principios democráticos y reformas…”

Esa auto denominación forma parte intrínseca de la cruzada mediática que ellos mismo crearon, creyéndose que el resto de mundo, que los sufre y conoce, son simples estúpidos que no saben leer, escribir y observar como violan a diario los más elementales derechos de millones de seres humanos, incluidos los de sus propios ciudadanos.

derechos-humanos-5Son públicas y notorias las diferencias sociales en Estados Unidos, donde solo los ricos y poderosos pueden aspirar a obtener un cargo en el Congreso, o ser elegido Presidente. Todos saben lo que cuestan esas campañas politiqueras en las que resultan elegidos, no los que se interesan por mejorar a su pueblo con programas sociales, sino aquellos que se desprestigian ante la prensa ofendiéndose y acusándose mutuamente.

Para esos “paladines” de los principios democráticos no resulta una prioridad la salud y la educación de su pueblo y por eso millones de estadounidenses carecen de seguros médicos para poder recibir una atención humana ante una urgencia, operación importante para la vida, o simplemente para recibir vacunas que previenen enfermedades transmisibles.

La discriminación de género es sufrida por cientos de millones de mujeres que no pueden percibir salarios iguales al de los hombres, al ser consideradas seres humanos inferiores.

El arraigado racismo en la sociedad de los “campeones” de los derechos humanos, desde 1825 en que el entonces presidente John Quincy Adams adquiriera una porción de tierra en África, denominándola República de Liberia, hacia donde deportó a miles de negros por considerar que no tenían derecho a ser ciudadanos de Estados Unidos, se mantiene inalterable.

Prueba de eso son los constantes asesinatos de negros a manos de policías blanco, por solo sospechar que “podían atacarlos”, sin que sean condenados por tales actos criminales.

Bien forjada está la discriminación racial en ese país que, mediante sus poderosas campañas de prensa, han logrado renombrar a los negros como afronorteamericanos o afrodescendientes, quitándole el derecho natural de llamarlos simplemente norteamericanos, como se califica al resto de los estadounidenses, sean descendientes de irlandeses, italianos, alemanes, chinos, franceses o de cualquier otro país.

Martín Luther King luchó siempre por el derecho de los negros y jamás utilizó el calificativo excluyente de afronorteamericanos, el cual han divulgado tanto que es hoy un término muy utilizado, sin percatarse que contiene en sí una fuerte carga discriminatoria.

Todas las personas tienen el mismo derecho a ser considerados ciudadanos plenos del país donde nacieron ellos, sus abuelos y padres, tengan la piel de cualquier color. Sigue leyendo

Lo que Obama no dijo


Por Arthur González.

Nadie puede dudar de la inteligencia, carisma y habilidad política del presidente Barack Obama, algo demostrado en sus intervenciones públicas en La Habana.

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Entrenado para contiendas políticas, sabe cómo ganarse la simpatía de la audiencia y para eso su equipo de trabajo prepara los discursos para acaparar la atención del auditorio.

En sus palabras al pueblo cubano el 23.03.2016 en el Gran Teatro Alicia Alonso, fue preciso al señalar: “los Estados Unidos no tienen ni la capacidad ni la intensión de cambiar a Cuba, cada pueblo debe hacerlo por sí mismo”. Sin embargo, las acciones cotidianas que lleva a cabo confirman que mintió.

Desde que asumió la presidencia, Obama aprueba anualmente 20 millones de dólares para programas subversivos, con el propósito de desmontar el sistema socialista que tanto aborrecen; mantiene activas la radio y la TV Martí para influenciar ideológicamente a los cubanos; orienta y financia a la contrarrevolución interna en actos provocativos, y se fortalecen las campañas de que Cuba “viola” los derechos humanos.

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