El porqué de la ley Helms-Burton.


Por Arthur González.

Para comprender las razones por las cuales el presidente William Clinton, aprobó la llamada Ley Helms-Burton en 1997, hay que buscar sus antecedentes en la cruzada contra el sistema socialista, ejecutada por el presidente Ronald Reagan en los años 80 del siglo XX.

Al asumir la presidencia el republicano Reagan, sus ideólogos se trazaron como meta la eliminación del socialismo en Europa, y de ahí nace su conocido Programa Democracia.

En mayo de 1981, en un discurso pronunciado en la Universidad de Notre Dame, afirmó:

“Occidente no frenará al comunismo, trascenderá al comunismo. No nos molestaremos en denunciarlo, lo eliminaremos como un triste y grotesco capítulo en la historia humana, cuyas últimas páginas están escribiéndose ahora”.

A principios de 1982, el presidente Reagan y sus consejeros claves, comenzaron a ejecutar la nueva estrategia para atacar las debilidades fundamentales, económicas y políticas, del sistema soviético, y según declaró Caspar Weinberger años después:

Adoptamos una estrategia abarcadora que incluyó la guerra económica, para atacar las debilidades soviéticas. Fue una campaña silenciosa, trabajando a través de aliados y utilizando otras medidas. Era una ofensiva estratégica, diseñada para cambiar el centro de la lucha de las superpotencias hacia el bloque soviético, incluso a la misma Unión Soviética”.

Una vez derrumbado el muro de Berlín y el desmoronamiento del socialismo en Europa del Este, le siguió la URSS en 1991, por eso todos los esfuerzos yanquis se centraron sobre Cuba, país que a pesar de la pérdida del 85 % de su comercio exterior con esos países, resistía estoicamente.

En su apetito por devorarse a la Revolución cubana, Estados Unidos arreció su guerra económica, comercial y financiera, de ahí que el presidente George Bush, firmara en 1992 la llamada Ley Torricelli, (“Ley para la Democracia en Cuba”), que según ellos era para promover un proceso de “Transición pacífica hacia la democracia”, pero a pesar de eso, Cuba se mantenía firme y soberana sin claudicar ante tantas agresiones.

Ninguna de las medidas subversivas diseñadas en aquellos años contra la Revolución, obtenían resultados, entre ellas la creación de la Fundación Nacional Cubano Americana; la Radio Martí, a la que le sumaron la TV Martí; la preparación e incitación a los grupúsculos contrarrevolucionarios desde la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana, para ejecutar actos de desobediencia civil; la estimulación de las salidas ilegales por aire y mar; unido a hechos terroristas para atemorizar a la población.

Ante esa realidad, el presidente Clinton aprueba por primera vez un programa de la USAID para Cuba, que justificara un millonario presupuesto para respaldar actividades de subversión político-ideológicas.

Sin los resultados esperados y ante un posible mejoramiento de las tensiones entre ambos gobiernos, la mafia terrorista anticubana organiza incursiones aéreas sobre La Habana, con el fin de provocar un incidente que permitiera una respuesta militar yanqui. Aquella etapa, culminó con el derribo de tres de las avionetas que participaban en la violación del espacio aéreo cubano.

Producto de las presiones de la mafia de Miami, el presidente Clinton firmó en 1996 la Ley Helms-Burton, (Ley para la Libertad y Solidaridad Democrática Cubanas), que tiene como objetivo reforzar aún más la guerra económica, comercial y financiera, entregándole al Congreso de Estados Unidos la decisión de levantar el llamado “Embargo”, lo que hasta ese momento era potestad del presidente.

Dicha Ley ataca también la inversión extranjera, que en esos momentos se fortalecía en la Isla, posterior a la reforma constitucional de 1992, unido a un conjunto de Leyes y Decretos Leyes que daban un cambio radical en la economía cubana, posibilitando salir de la grave crisis económica surgida de la pérdida del comercio con la URSS y Europa del Este.

Entre esos cambios estaban:

La despenalización de las divisas extranjeras; la legalización del trabajo privado; la creación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa; el reordenamiento de la Administración Central del Estado; la Ley Tributaria, la apertura del Mercado Agropecuario de oferta-demanda; el Mercado Industrial y Artesanal; la autorización de restaurantes y cafeterías privadas; una nueva Ley de Inversiones y la de Minas; de Aduana; el Reglamento del Registro Nacional de Sucursales y Agentes de Sociedades Mercantiles Extranjeras; además del Decreto Ley para regular la creación y organización de zonas francas.

Otra medida importante fue el desarrollo e incremento del turismo internacional y la asociación económica con empresas extranjeras.

Esa rápida e inteligente actuación del gobierno revolucionario cubano no fue prevista por los yanquis, quienes observaban desorientados el florecimiento económico de Cuba, a pesar de su guerra económica, comercial y financiera.

Ante ese nuevo escenario es que nace el engendro criminal de la Ley Helms-Burton, con sus 4 Títulos, siendo los más crueles el primero y el segundo, que establecen el “Fortalecimiento de las Sanciones Internacionales contra el gobierno de Castro”, y la “Ayuda a una Cuba Libre e Independiente”, ejecutados desde su aprobación en 1996.

El Título III está diseñado para asustar y ahuyentar a los inversionistas extranjeros, el que fue puesto en vigor en mayo del 2019.

El Título IV pretende excluir de los Estados Unidos, a los extranjeros que negocien con propiedades de norteamericanos confiscadas en Cuba.

La persecución económica y financiera es lo que realmente afecta al pueblo cubano, al sancionar con altas sumas de dinero a quienes ejecuten transacciones bancarias y comercien con Cuba.

Una vez más los yanquis perderán la partida contra un pueblo que defiende hasta con su sangre la soberanía alcanzada, porque como dijera José Martí:

“Una vez gozada la libertad, no se puede ya vivir sin ella”.

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Los yanquis insisten en asustar a quienes inviertan en Cuba.


Por Arthur González.

La táctica de asustar a los que se acerquen a Cuba ya cumplió 60 años y los resultados no se ven, aunque los yanquis repiten sus viejas amenazas con la pretensión de ahogar la economía de la Isla, para después culpar al sistema socialista.

Con la puesta en marcha del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, aprobada por el presidente Bill Clinton en 1996, Donald Trump pretende alcanzar los votos de la Florida, en su aspiración a la reelección de 2020, sin percatarse que cada año son menos los cubanos que sostienen posiciones reacias a las relaciones con Cuba, pues la composición de la emigración ha cambiado sustancialmente, y ya no son mayoría los testaferros del régimen del dictador Fulgencio Batista.

No obstante, el objetivo de Trump y sus ancianos asesores, es incrementar la guerra económica y financiera contra la Revolución cubana, método seleccionado contra todos los países que se oponen a someterse a sus designios.

Para asustar a los inversionistas extranjeros que desafían las sanciones yanquis, entre ellos los españoles que apuestan por el desarrollo turístico en la Isla, un grupito de los lacayos en Madrid, financiado por Estados Unidos, bajo el nombre de Mesa de Unidad Cubana (MUC), presentarán una denuncia ante la Fiscalía de la Audiencia Nacional de España, contra empresas españolas y europeas que, “en complicidad con la dictadura cubana, someten al trabajador cubano a un nuevo sistema esclavista en pleno siglo XXI”.

La MUC declaró que esas empresas europeas “violan e ignoran” las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las Directrices de la OCDE en materia de responsabilidad corporativa, así como derechos fundamentales recogidos en la Carta Universal de los Derechos Humanos de la ONU o principios fundacionales de la propia UE.

El artificial argumento no es nuevo y solo persigue el interés de crear un ambiente enrarecido contra empresas de prestigio como Meliá, Iberostar y otras, que ignoran las amenazas yanquis.

En 1995 los cubanos radicados en Miami, Rolando Castañeda y George Plinio Montalván, quienes laboraban en el Banco Interamericano de Desarrollo, dieron a conocer un grupo de “Principios” para promover los derechos humanos en Cuba y prácticas “justas de empleo y pagos”.

Tales principios fueron bautizados como “Principios Arcos”, en homenaje al contrarrevolucionario Gustavo Arcos Bergnes, quien dirigía el grupúsculo Comité Cubano de Derechos Humanos en Cuba.

Según ellos, los principios eran para que las empresas extranjeras que abrían sus negocios en Cuba, los acogieran voluntariamente para seguir prácticas de “igualdad y justicia en el pago y la contratación de empleados, sin discriminación por consideraciones políticas, sexuales, religiosas o de edad”.

También planteaban “eliminar los expedientes laborales, los acumulativos escolares, informaciones sobre antecedentes morales, conducta social, la participación en organizaciones políticas y promover la contratación directa sin limitaciones”, todo basado en la llamada Ley Torricelli

En 1992 Cuba inició un programa de medidas económicas para enfrentar la pérdida de sus relaciones comerciales y financieras con el extinto campo socialista y la URSS.

Ese programa de reformas abarcó entre otras, la despenalización de la tenencia de divisas, fijó el marco legal para el trabajo no estatal, se crearon las Unidades Básicas de Producción Cooperativas, introdujo el sistema tributario, la apertura del Mercado Agropecuario con precios de oferta-demanda, autorizó establecimientos de centros privados para la elaboración y venta de alimentos y bebidas, se aprobó una nueva Ley de Inversión Extranjera, que incluía la participación hasta de un 100% de capital extranjero, y un Decreto Ley para la creación de zonas francas.

Ante esos cambios en Cuba el enemigo convulsionó de rabia, al no ver cumplidos sus sueños de destruir el socialismo como en Europa del Este; solo le quedaba fortalecer la persecución económica y financiera, sumándole las amenazas a los inversionistas extranjeros que apostaban por sus negocios en el país.

Ninguna de esas presiones dio resultados. La inversión extranjera creció rápidamente, importantes empresas se decidieron por el mercado cubano y las dedicadas al turismo desafiaron las intimidaciones y sanciones de Estados Unidos.

La vida les dio la razón y hoy compañías españolas son líderes en la industria hotelera, algo que los estadounidenses hubieran podido hacer, sino fuera por la obstinación de sus gobernantes que prohíben hasta las visitas a Cuba.

La llamada MUC debería luchar por los derechos de los trabajadores españoles, rebajar las tasas impositivas, el derecho de las mujeres a ser tratadas igual que los hombres, la discriminación que existe con los inmigrantes, ampliar las oportunidades de trabajo en ciudades que en pocos años parecerán pueblos fantasmas ante la huida de sus habitantes en busca de fuentes laborales, luchar contra la corrupción administrativa que corroe su sociedad, recortar los privilegios financieros que tiene la monarquía sin trabajar y otros problemas que enfrenta el ciudadano común español.

Cuba hizo una Revolución social para rescatar a sus trabajadores y campesinos de la opresión de las empresas norteamericanas, lograr una jornada laboral de 8 horas, eliminar la discriminación racial, por sexo y posición económica imperante, otorgarles derechos a las mujeres a un salario igual al de los hombres por el mismo trabajo y el derecho a una seguridad social para todos.

Hoy las cubanas cuentan con leyes que las benefician durante su gestación, otorgándoles licencias pagadas hasta un año después del parto, con posibilidades de extensión otro año más, sin retribución, manteniéndoles su puesto de trabajo, una licencia de maternidad pagada que permite que el padre, o lo abuelos, atiendan a los recién nacidos, mientras las madres se incorporan al trabajo.

Una justicia laboral que impide la expulsión del trabajador sin razones legales sustentables, subsidios para los accidentados en el trabajo o por adquirir enfermedades laborales.

Posibilidades de superación para los trabajadores, enviados a cursos sin afectar su salario, estimulación monetaria por resultados productivos y derecho a analizar y debatir los planes económicos de sus empresas.

Nada de eso existía en la Cuba capitalista de 1958, pero ni el gobierno yanqui, o los de Europa, protestaban por la explotación a la que estaban sometidos los cubanos, especialmente los campesinos que ni tierra poseían, ni servicios médicos y escuelas donde educar a sus hijos.

Ahora los lacayos dicen que el trabajo en Cuba es “indecente y constituye un paraíso para los evasores de derechos”, campaña que pretende deformar la realidad.

¿Por qué no defienden los derechos de los trabajadores de México, Guatemala, Honduras, Panamá y Argentina, que marchan protestando en las calles ante la difícil situación que confrontan?

Muy poca moral tienen los escasos integrantes de la MUC, financiados para atacar a la Revolución socialista que tanto hace por la clase obrera y campesina cubana.

El foco de sus acusaciones falsas son las más de 300 empresas españolas y europeas que operan en Cuba, desde grupos hoteleros, operadoras de viajes, bancos, e inmobiliarias, hasta empresas de servicios e industrias, que tanto molestan a los yanquis por desafiar sus órdenes.

En el 2015 el embajador cubano en España, se enfrentó a similares provocaciones durante un foro para promover las inversiones en la Isla, cuando uno de esos asalariados intentó provocarlo con “reflexiones” sobre la situación del mercado laboral en Cuba, donde el Estado es el único empleador.

Los empresarios españoles saben de la seguridad que tienen en Cuba, unido a la actitud positiva de sus trabajadores altamente calificados, por tener un sistema de educación gratuito que les asegura capacidad para asumir diferentes puestos de trabajo.

El fin que persigue Estados Unidos es el mismo de hace más de medio siglo, destruir a la Revolución, y para eso repiten la misma mentira, y como declaró a la prensa el diputado del Partido Popular (PP) español Teófilo de Luis, “es un flanco por el que se puede provocar nerviosismo en el Gobierno cubano”, palabras que hacen honor a su ignorancia histórica, pues a los cubanos nada les crea nerviosismo, ni siquiera la amenaza de una invasión militar como la prevista en octubre de 1962, durante la conocida Crisis de los Misiles.

Bravo por los valientes que mantienen su firmeza con Cuba, porque como afirmó José Martí:

“Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos”.

Cuba, el viejo sueño yanqui


Por Arthur González.

Sin resignarse a ver a Cuba soberana e independiente, el gobierno de Estados Unidos insiste en diseñar planes y operaciones para derrocar a la Revolución socialista, pues no permiten el libre pensamiento y autodeterminación de todo un pueblo.

La Historia comenzó antes del triunfo de Fidel Castro, lo que trataron de impedir apoyando al dictador Fulgencio Batista, a pesar de llegar al poder mediante un golpe militar que pisoteó la constitución de 1940.

En diciembre de 1958 en reunión del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA Allen Dulles, afirmaron: “Hay que impedir la victoria de Castro”.

Al no poderlo ejecutar, Estados Unidos y la CIA iniciaron su trabajo sucio en el mismo 1959, para retrotraer el proceso revolucionario popular e incluso durante la visita no oficial de Fidel a Estados Unidos en el mes de abril, un alto funcionario de la CIA se entrevistó con Castro, en el Hotel Statler Hilton de New York.

En dicha reunión, el oficial Gerry Droller, alias Frank Bender, quien participó en 1961 en la invasión por Bahía de Cochinos, insistió en convencer a Fidel sobre los riesgos del comunismo internacional, proponiéndole establecer un canal secreto de comunicación para intercambiar información sobre movimientos comunistas. Un mes después la Estación Local de la CIA en la Habana intentó activar el canal, pero nunca recibieron respuesta.

En la década de los años 60, la CIA pone en marcha el primer plan de acciones encubiertas para destruir a la Revolución, creó organizaciones contrarrevolucionarias, actos de violencia, acciones terroristas con el empleo de explosivos, armas de alto calibre y la organización de un ejército ilegal con casi 5 mil personas en las montañas de la zona central de Cuba, quienes asesinaron a cientos de campesinos y sus familiares, maestros y alfabetizadores civiles.

Operaciones psicológicas para sembrar el terror al comunismo se ejecutaron masivamente para sacar del país a profesionales, técnicos y especialistas, incluso a niños mediante la tenebrosa Operación Peter Pan.

Los integrantes de la invasión mercenaria en abril de 1961, se rindieron al ejército cubano y sus milicias revolucionarias, apenas 70 horas después del desembarco, lo que demostró hasta donde eran capaces de llegar los yanquis en su sueño de apoderarse nuevamente de la Isla.

La Operación Mangosta aprobada en 1962, inició el camino de la guerra económica, comercial y financiera para ahogar el proceso revolucionario, cortándole a Cuba sus relaciones diplomáticas, comerciales y financieras con América Latina y Europa Occidental, pero la unidad del pueblo y su resistencia frustraron las ambiciones yanquis.

Los años 70 dieron nuevas esperanzas a Estados Unidos respecto a su obsesión de ver a Cuba en sus brazos, si minaban desde adentro a los países socialistas, lo que cortaría el apoyo comercial y financiero de la Revolución.

Estados Unidos y la CIA trabajaron en desmontar el socialismo en Europa y salieron a flote las políticas de “tendido de puentes” y el cambio a través de la “aproximación”, doctrina desplegada por Zbigniew Brzezinski, durante la administración de James Carter, quien aseguraba:

La distensión es necesaria para ir transformando paulatinamente el status de los países de Europa del Este”.

Los sectores seleccionados inicialmente fueron el intelectual y el de la juventud.

Cuba también recibió parte de esa doctrina, pero no les dio resultado, a pesar de los múltiples intentos de captar adeptos en importantes ramas de la sociedad. Un hecho significativo para desplegar esa política fue la apertura de la Sección de Estados Unidos en La Habana.

En ese período la CIA creó organizaciones de corte terrorista, que actuaron contra embajadas cubanas, oficinas comerciales e incluso volaron buques mercantes y un avión civil en pleno vuelo.

Los años 80 se inician con mayores acciones contra el socialismo con el diseño del Programa Democracia, de Ronald Reagan.

En Cuba, inician sus trasmisiones la Radio y la Tv Martí con programaciones subversivas y nace la Fundación Nacional Cubano Americana, como intento por desvirtuar que los yanquis son los padres del conflicto con la Revolución. Se estimularon las salidas ilegales y la entrada violenta en sedes diplomáticas.

Ante el aumento de esa táctica enemiga, Cuba decide abrir el puerto del Mariel para aquellos que desearan emigrar hacia Estados Unidos.

La CIA fabricó grupúsculos para acusar a La Habana de “violar” los derechos humanos, comienzan acciones subversivas de mayor complejidad, e incluso el reclutamiento masivo de cubanos en las principales instituciones gubernamentales, obligando al gobierno cubano a denunciar 27 agentes de la CIA, pero que realmente trabajaban para la Seguridad del Estado.

Los 90 nacen con el envalentonamiento de los yanquis al ver caer el socialismo en Europa y mantienen su vieja aspiración de que Cuba siguiera el mismo camino.

Muchos diplomáticos occidentales solicitaron prorroga en la Habana, con la ilusión de disfrutar la vuelta de Cuba al capitalismo, regresaron frustrados ante la resistencia estoica de los cubanos a su socialismo.

Desde su Sección de Intereses, la CIA y el Departamento de Estado organizaron clases de desobediencia civil para sus asalariados, en centros ilegales creados para tales fines. Incitaron falsas huelgas de hambre, ayunos, provocaciones en la vía pública y constantes denuncias de inexistentes violaciones de derechos humanos.

La guerra económica se recrudeció con las leyes Torricelli y Helms-Burton, esta última aprobada por un presidente timorato atrapado por la mafia terrorista y asesina de Miami.

El tema migratorio volvió a ensombrecer la política yanqui, viéndose obligados a firmar un nuevo acuerdo con Cuba.

Acciones terroristas contra hoteles de la capital, marcaron la actuación de la mafia de Miami y la CIA en esos años.

Con su falta de realismo, la CIA aseguraba en junio 2001:

“Existe una oportunidad mejor que nunca, para que Fidel Castro caiga en los próximos años […] Cuando las condiciones se deterioren más, es posible que los incidentes violentos se extiendan por la creciente frustración popular, ante los cortes de electricidad, dificultades del transporte y escasez de alimentos…”

Volvieron a quedarse con las ganas. No obstante, persisten en apretarle el cuello a los cubanos, pues no conciben el nivel de resistencia y su unidad.

La enfermedad de Fidel Castro y la total estabilidad del país desboronaron los pronósticos de la CIA. Decenas de periodistas y otros de sus colaboradores fueron enviados a la Isla para comprobar que pasaba, y las razones de la total tranquilidad ciudadana. Su muerte tampoco removió el apoyo al proceso revolucionario y menos aún el cambio generacional de los gobernantes.

El tendido de puente de la edulcorada estratégica de Barack Obama para desmontar el socialismo, no alcanzó los resultados planificados y de ahí el brusco giro de la actual política anticubana de la Casa Blanca, al regresar a la guerra fría, el recrudecimiento de la guerra económica y financiera, más la amenaza de una agresión militar, errores que ya cometieron 10 administraciones anteriores sin alcázar sus objetivos.

Los yanquis tienen que aprender que con el pueblo cubano la tarea es bien distinta y ya deberían saber que su victoria contra sus políticas imperiales está en lo que aseguró José Martí:

“El secreto del éxito es dedicarse por entero a un fin”.

Finalmente, los yanquis se dieron cuenta de que perdían dinero.


Por Arthur González

Los yanquis han tardado casi medio siglo para darse cuenta que anualmente perdían millones de dólares, en alimentar a una contrarrevolución dentro de Cuba que nadie apoya, ni respalda.

De eso acaba de enterarse el presidente Donald Trump, quien de política no sabe nada, pero contar dinero sí.

Por tal motivo, le ha dado un recorte profundo a los 20 millones que todos los años aprueba la Casa Blanca, para acciones de subversión en Cuba bajo el edulcorado título de: “promover la democracia y los derechos humanos en Cuba”.

Se sabía perfectamente que una gran parte de ese dinero iba a parar a los bolsillos de la mafia terrorista anticubana de Miami y solo algunos miles de dólares llegaba a los llamados “disidentes” dentro de la Isla, quienes lo emplean en comprarse nuevas casas, ropas costosas y pasar sus vacaciones en hoteles de lujo en las mejores playas cubanas.

Barack Obama fue el presidente que más dinero autorizó para la subversión contra la Revolución, y en sus ocho años malgastó 120 millones de dólares, sin obtener los resultados soñados de ver destruido el socialismo.

El propio Jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana, Jonathan Farrar, lo informó en uno de sus informes secretos enviados al Departamento de Estado y a la CIA, con la referencia: 09HAVANA221 – ID:202438, fechado el 15 de abril del 2009, donde afirmaba:

“…No es probable que el movimiento disidente tradicional pueda reemplazar al gobierno cubano… es preciso que busquemos en otra parte, incluso dentro del propio gobierno, para identificar a los más probables sucesores del régimen de Castro. […] No vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día, de los principales organizadores y sus seguidores…”

Trump, al parecer influenciado por sus dos ancianos asesores, Elliott Abraham y John Bolton, apuesta por aplicar más sanciones económicas contra Cuba, al considerar que es el “camino correcto” para ver realizados los sueños que doce administraciones yanquis no pudieron materializar.

Quienes están remordiéndose los hígados y tratando de que Trump reevalúe su decisión, son los congresistas de la mafia terrorista anticubana, Marco Rubio, Bob Menéndez y Mario Díaz-Balart, quienes junto a Mike Pompeo, Elliott y Bolton, pudieron obligarlo a declarar que autorizará la puesta en vigor del Capítulo III de la conflictiva Ley Helms-Burton, aunque solo logrará buscarse más problemas con los aliados europeos, sin poder hacer nada efectivo contra la economía de la Isla.

El primero en quejarse fue el senador Marco Rubio, quien expresó de inmediato: “Esto demuestra la gran desconexión que existe entre las personas que llevan el presupuesto del Estado y los encargados de hacer efectivas las políticas del Presidente”.

El corte de tijeras ha dejado solo 6 millones de dólares para “promover la democracia y los derechos humanos en Cuba”, cifra que les apretará el cinto a los que en Miami llevan 60 años prometiendo “derrumbar a Fidel Castro” y nunca lograron sus propósitos.

Envalentonados con las medidas de guerra económica y sabotajes ejecutados contra Venezuela, los mafiosos anticubanos Marco Rubio y Bob Menéndez, presentaron el pasado 12 de marzo 2019 ante el Congreso, un proyecto de ley para prohibir el reconocimiento ante los tribunales de Estados Unidos, de todas las marcas comerciales cubanas que pudieran estar vinculadas con propiedades nacionalizadas después de 1959.

Parece que esa será línea de acción de los yanquis contra Cuba, olvidándose que, desde la aprobación de la Operación Mangosta, madre de la guerra económica contra el pueblo cubano aprobada el 18 de enero de 1962, por el presidente John F. Kennedy, pasando por la Ley Torricelli y la Helms-Burton, nunca obtuvieron el éxito añorado.

Quizás por sus años y la falta de estudios de la historia, Marco Rubio no recuerde los constantes fracasos que obtuvieron los gobiernos de turno en Estados Unidos y ahora pretende que Trump se sume a la lista de los incompetentes Presidentes que prometieron la caída de Castro, sin poder disfrutarlo.

Por esa razón, presentan la nueva ley que aspira a prohibirle a los tribunales de Estados Unidos, “el reconocimiento o la validación de cualquier derecho por parte de un individuo o compañía que haya registrado una marca, o los activos de la misma, siempre que estén relacionadas de alguna manera con propiedades confiscadas por el régimen cubano después de 1959, a menos que el propietario original de la marca lo haya consentido expresamente”.

Ingenuo Marco Rubio que no sabe que Cuba también puede impedir que las marcas estadounidenses que tienen aún licencias comerciales, se distribuyan en la Isla como son Coca Cola, Pepsi Cola, Gillette y muchas más, que perderían su valor en un mercado de 11 millones de personas, que, aunque no muy grande, si representa la posibilidad de ventas para esas compañías.

De todas formas, por la guerra económica, comercial y financiera aplicada brutalmente contra Cuba, los productos cubanos no circulan en Estados Unidos.

Por tanto, ese proyecto de ley no sería efectivo en estos momentos, ni en el futuro inmediato, y el auténtico ron Havana Club y los famosos puros cubanos confeccionados con el mejor tabaco del mundo, seguirán siendo consumidos por aquellos yanquis que viajen a la Isla bajo una licencia, o comprándolos en el mercado negro que existe allá, para esos deseados productos cubanos.

Siempre recordamos a José Martí cuando dijo:

“Los negocios tienen sus rufianes, sus fanáticos y sus calaveras”.

Los yanquis cegados por su prepotencia.


Por Arthur González.

Quienes desconocen la historia están condenados al fracaso y así les sucede a los yanquis con Cuba, porque su prepotencia imperial no les permite mirar atrás y sacar balance de sus 60 años de fracasos y cientos de miles de millones de dólares malgastados en planes y operaciones especiales, que ninguna ha podido derrotar a la Revolución socialista que tanto les molesta.

Ahora Cuba es dirigida por una nueva generación de hombres y mujeres nacidos después de 1959, los que, guiados por el ejemplo, sabiduría y experiencia de los líderes históricos en las victorias alcanzadas contra el imperio más poderoso del mundo, encaminan a la nación por la misma senda socialista, pero con el modelo actualizado acorde a las nuevas circunstancias.

El actual gobierno de Estados Unidos, embriagado por los cambios de líderes de izquierda en Latinoamérica, sueña con destruir a la Revolución, olvidándose que peor que las nuevas sanciones que acaban de imponer, fue la pérdida del campo socialista europeo, pues el comercio de Cuba con esos países alcanzaba el 85 % y a pesar de aquel durísimo golpe, el pueblo cubano resistió y mantuvo las conquistas alcanzadas en salud, educación, deporte, cultura y seguridad social.

Tal parece que el presidente Donald Trump, carente de experiencia política, no se da cuenta que sus principales asesores, John Bolton y Elliott Abraham, son dos ancianos que solo aplican políticas arcaicas que nunca dieron resultados contra Cuba.

De forma permanente acusaron a la Isla de estar dirigida por dirigentes de más de 75 años y ahora son ellos los que mantienen un equipo de trabajo integrado por personas de la tercera edad, que no quieren darse cuenta de que el mundo cambió y las políticas de terror y fuerza no funcionan con los cubanos, solo aumentan el repudio y rechazo a los yanquis.

Ni la ruptura de relaciones de Washington con La Habana en 1961, ni el aislamiento diplomático aplicado con el apoyo de la desprestigiada OEA en 1962, ni la guerra económica, comercial y financiera impuesta por el presidente J. F. Kennedy ese mismo año, con el sueño de ver al pueblo lanzándose a las calles contra Fidel Castro, ni la guerra biológica que desarrolla la CIA contra seres humanos, la flora y la fauna de la Isla, ni los criminales planes de terrorismo de Estado, les dieron resultado.

Tampoco tuvieron éxito con la invasión mercenaria organizada con cubanos residentes en Miami y derrocada en solo 67 horas, ni obtuvieron efectos favorables con la Ley Torricelli de 1992, la execrable Ley Helms-Burton de 1996 y menos aún con el Programa de Transición de 2004 aprobado por George W. Bush, quien limitó el dinero de las remesas familiares, el envío de regalos y la visita de cubanos a sus familiares. Ninguna de ellas destruyó el socialismo criollo.

Por el contrario, los cubanos y cubanos vieron al imperio como el único responsable de sus penurias y se unieron aún más entorno a Fidel, que los siguió ayudando como no hizo presidente alguno desde 1902 hasta 1959.

Ahora el “abuelito” John Bolton, propuso poner en marcha lo que ningún mandatario norteamericano hizo antes, aprobar la ejecución del Capítulo III de la Ley Helms-Burton, aprobada por el débil William Clinton, quien se dejó presionar por la mafia terrorista asesina de Miami, entregándole al Congreso el poder de decisión sobre el Bloqueo Económico contra Cuba, sin percatarse que tal acción debilita el poder del Presidente.

Ese Capítulo es la prueba fehaciente del carácter extra territorial de las leyes que Estados Unidos aplica contra Cuba y será rechazado nuevamente por el mundo, cuando se presente la resolución cubana ante la Asamblea General de la ONU contra el Bloqueo.

Como reconoció el hábil y edulcorado presidente Barack Obama en 2017:

“Décadas de aislamiento de Cuba por parte de EE.UU. no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática. En determinados momentos, esta política de larga data de los EE.UU. en relación con Cuba, provocó un aislamiento regional e internacional de nuestro país, restringió nuestra capacidad para influenciar el curso de los acontecimientos en el hemisferio occidental e imposibilitó el uso de toda una gama de medidas que Estados Unidos puede utilizar para promover un cambio positivo en Cuba”.

Si ahora Trump cree que va a doblegar al pueblo cubano, vuelve a errar, porque cada golpe que le dé a Cuba será como golpear a una estaca en la tierra que, al penetrar más, es mucho más difícil de sacar.

Para los jóvenes cubanos nacidos posterior a la década de los años 90 del siglo XX, que no conocieron las penurias sufridas por sus padres y abuelos, esta nueva artimaña de los yanquis será la mejor escuela, que les demostrará quienes son en verdad los que dicen desear “la libertad” y “el bienestar” del pueblo.

Cada nueva acción que Estados Unidos lleve a cabo contra la Revolución, es una cuota adicional de odio que inyectan en el pueblo cubano, y como todas las medidas anteriormente impuestas durante los últimos 60 años, irán a parar al basurero de la historia, mientras los cubanos buscarán con su ingenio, nuevas fórmulas para seguir viviendo siempre con la mejor sonrisa, su música contagiosa y entre todos construyendo un mundo mejor, a pesar de las dificultades cotidianas causadas por las sanciones yanquis, a los que siempre verán como los máximos responsables de sus problemas.

Siempre hay que recordar a José Martí cuando aseguró:

“Anchas tumbas se construyen con sus propias manos las maldades”

Donald Trump, el continuador


Por Arthur González.

Cuando se mira hacia atrás en el tiempo, se puede constatar que Donald Trump es un continuador coherente de la política exterior de los Estados Unidos, aunque su personalidad acentúa aún más el carácter imperialista, ante la falta del edulcorante que otros presidentes han empleado.

La década de los años 80 del pasado siglo, marcó un nuevo rumbo del imperio yanqui hacia América Latina y desempolvó la llamada Doctrina Monroe, lo que se constata en los postulados del Programa Santa Fe, puesto en marcha bajo la administración de Ronald Reagan. En dicho texto se afirma:

“Históricamente la política de Estados Unidos hacia América Latina nunca ha estado separada de la distribución global de poder. […] América Latina, tanto como Europa Occidental y Japón, es parte de la base de poder de Estados Unidos. No podemos permitir que se desmorone ninguna base de poder de Norteamérica…”

Lo que sucede hoy en la región es exactamente lo que ese Programa diseñó y ejecutó.

Respecto a Cuba, fue tácita la proyección del trabajo para destruir el proceso revolucionario, al exponer que:

“Estados Unidos ya no puede aceptar el estatus de Cuba […] El precio que La Habana debe pagar por sus actividades no debe ser un precio bajo… Los primeros pasos deben ser francamente punitivos. Los diplomáticos cubanos deben irse de Washington… Hay que cortar los dólares de los turistas norteamericanos… Debe quedarle absolutamente claro al gobierno cubano, que si siguen como en el pasado se tomaran otras medidas apropiadas.”

Trump y sus asesores retomaron ese camino, a pesar de que el presidente Barack Obama comprendió que no les había permitido obtener los resultados esperados y de ahí el viraje en su política hacia la isla, trasladando una imagen diferente con el acercamiento diplomático, pero dejó intactas todas las medidas aprobadas por sus antecesores para impedir el desarrollo del país, entre ellas la guerra económica, el financiamiento y apoyo a la subversión interna, la Radio y TV Martí, las Leyes Torricelli, Helms-Burton y Ajuste Cubano, las campañas de prensa para satanizar el socialismo, unido a una feroz persecución financiera hacia la banca extranjera, como nunca antes.

Entre las acciones para subvertir el orden interno, Obama dio su visto bueno al empleo de Internet con fines subversivos, con la creación del twitter Zunzuneo y el wifi Conmotion para crear redes inalámbricas sin necesidad de Internet, ensayado con efectividad en Túnez; el envío a Cuba del “contratista” Allan Gross para estructurar redes que transmitieran información a través de Internet, con la introducción del potente equipo de comunicaciones Bgan, unido al abastecimiento ilegal de varias antenas parabólicas camufladas como tablas de surf, para la formación de redes por el sistema Wifi, que evidentemente trasmitirían hacia el lugar donde se instalara el Bgan.

En sus azucarados mensajes al pueblo cubano, Obama no dejó de recalcar sus propósitos de desmontar el socialismo y al igual que pretende ejecutar hoy Trump, su punto de mira fue la llamada sociedad civil y los jóvenes cubanos, por eso expresó:

Podemos hacer más para apoyar al pueblo cubano y promover nuestros valores a través del compromiso […] Los ciudadanos deben tener la libertad de participar en los procesos políticos…Insistiremos en que la sociedad civil se nos una para que sean los ciudadanos, y no solo los líderes, los que conformen nuestro futuro”.        

“Podremos aumentar considerablemente nuestro contacto con el pueblo cubano […] Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana, pero creo que el compromiso estadounidense, mediante nuestra embajada, empresas y ante todo nuestro pueblo, es la mejor manera de representar nuestros intereses y apoyar la democracia y los derechos humanos”.

“Nuestras políticas en materia de viajes y remesas están ayudando a los cubanos, al brindarles nuevas fuentes de información, oportunidades de trabajar como autónomos y acceso a bienes de propiedad privada, además de fortalecer a la sociedad civil independiente. Estas medidas servirán para fomentar aún más los contactos personales, respaldar con mayor fuerza a la sociedad civil en Cuba”.

En los últimos años, las acciones yanquis contra gobiernos con ideas socialistas han dado como resultado el retorno a políticas neoliberales, apoyadas con millones de dólares para desplegar compañas mediáticas contra líderes revolucionarios, movilizar a la derecha y financiar actos provocativos para desestabilizar la economía y el orden interno en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

De ahí que Estados Unidos cumpla al pie de la letra el diseño del Programa de Santa Fe, el que sin el menor sonrojo señaló:

“América Latina es vital para Estados Unidos, la proyección del poder mundial de Estados Unidos siempre ha descansado en un Caribe cooperativo y en una América Latina que ha brindado apoyo”.

Ese es el motivo del odio visceral hacia Cuba y Venezuela, porque sus programas sociales cortaron el monopolio imperialista y ha repartido las riquezas entre los desposeídos, algo que los yanquis no perdonan y por tanto “el precio que La Habana debe pagar no debe ser un precio bajo”.

Una vez más se equivocan, los pueblos latinoamericanos y caribeños han crecido y no se dejan confundir por palabras engañosas y como concluyó José Martí:

“Con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América, al Norte revuelto y brutal que los desprecia”

“Es la hora del recuento y de la marca unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

 

La dignidad plena de los cubanos II


Arthur González

Cuba continuó su camino de apertura y en 1995 la Asamblea Nacional del Poder Popular aprueba la Ley 77 de la inversión extranjera, donde no se excluyen los cubanos radicados en el exterior, todos tienen derecho, siempre que sus ofertas sean competitivas y beneficiosas para el país. Ese mismo año el Banco Nacional establece un nuevo sistema bancario y se inician cuentas de ahorro y depósitos en moneda libremente convertibles. Sigue leyendo