Por qué presionan a la Unión Europea por sus relaciones con Cuba.


Por Arthur González.

Cada vez que la Unión Europea avanza de forma positiva hacia Cuba, a los yanquis se les inflama el hígado al ver como su política es desoída.

La llamada Posición Común, que lograron imponerle a los europeos en 1996 cuando tenían al frente de España a su más fiel lacayo, José María Aznar, fracasó y no pudieron ahogar económicamente a Cuba como soñaron.

Después de 20 años la Unión Europea tuvo que reconocerlo y acercarse a La Habana nuevamente para establecer programas de cooperación, como tienen con países de Latinoamérica donde la vida no vale nada, un periodista es asesinado cada 48 horas, líderes comunitarios, sindicalistas con posiciones de izquierda y hasta políticos son vilmente masacrados, sin que ninguna de las organizaciones de derechos humanos creadas contra Cuba, condenen y propongan sanciones contra sus gobiernos.

Colombia, Honduras, México, Brasil, Guatemala, Chile y otros más, son vivos ejemplos y la Unión Europea siempre ha mantenido relaciones, como si la vida en esos países fuese una panacea, a pesar de las huelgas y protestas callejeras reprimidas brutalmente por las fuerzas policiales, situación que no sucede en Cuba.

Sin embargo, el llamado Observatorio Cubano, con sede en Madrid y financiado con parte de los millones que anualmente aprueba el gobierno de Estados Unidos para el accionar subversivo contra Cuba, acusa constantemente a La Habana de “violar” los derechos humanos, exigiéndole a la Unión Europea que sostenga una postura más exigente con la Isla.

¿Cuándo ese Observatorio extraterritorial reclamará a la Unión Europea una actitud fuerte y condenatoria contra Francia por violar sistemáticamente los derechos de ese pueblo?

Desde hace meses cada semana se constatan las protestas populares en varias ciudades francesas, de los llamados chalecos amarillos, las que son salvajemente reprimidas por la policía, lanzándole gases lacrimógenos, chorros de agua fría, bastonazos a diestra y siniestra que dejan decenas de heridos, unido a las detenciones arbitrarias, pero nada de eso es criticado y menos aún sancionado.

Sin embargo, cuando en Cuba se detiene alguno de los asalariados de los yanquis por ejecutar actos provocativos orientados por sus patrones, de inmediato se forma la alharaca de aquellos que desde Miami y Madrid viven del cuento de ser “luchadores por los derechos humanos”.

Por suerte con la llegada de Internet, Facebook, Instagram y Twitter, las mentiras se esfuman al observar las imágenes que los mismos “opositores” colocan en la red, pues la supuesta represión no se ve por ninguna parte, las detenciones que hace la policía no tiene la violencia y brutalidad de las de otros países “democráticos” y “libres”.

La policía cubana no se disfraza con cascos, chalecos antibalas, escudos y cuando artefacto existe para reprimir. No hay en Cuba fuerzas antimotines, ni carros para atacar con potentes chorros de agua, ni gases y menos aún armas largas.

Las fotos de las detenciones son una muestra contundente de la diferencia entre el actuar de las fuerzas del orden interno cubano y las de otros países del mundo.

La misma Marcha Gay le demostró al mundo como fueron las detenciones de los provocadores, orientados días antes dentro de la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana. Ante la resistencia ostensible, fueron cargados en brazos, ni arrastrados y menos golpeados con bastones como se observa a diario en el mundo, y a pesar de las campañas mediáticas, muchos de los que actuaron fueron los mismos constructores del lujoso hotel Paseo Prado, que se levanta al inicio de esa popular avenida habanera.

La táctica enemiga es reforzar la matriz de opinión de que en Cuba “aumentan las detenciones arbitrarias y actos represivos”, para continuar sus acusaciones falsas, algo que los millones de visitantes extranjeros que arriban anualmente a la Isla comprueban, regresando a sus países con el criterio de que Cuba es un lugar alegre y seguro para pasar unas excelentes vacaciones.

Las actuales presiones a la Unión Europea contra La Habana, están dadas en que próximamente se iniciará una nueva legislatura en la Unión Europea y los yanquis pretenden que el tema de los Derechos Humanos sea tratado para condenar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, por ser los países que resisten las acciones de guerra económica, comercial y financiera de Estados Unidos, en su intento por estrangular sus economías, a fin de que sus ciudadanos se lancen a las calles a protestar.

Esa vieja aspiración no la han logrado en Cuba en 60 años, y en Venezuela y Nicaragua, el verdadero pueblo se mantiene al lado de sus máximos dirigentes, resistiendo los embates imperiales que han provocado más unidad en torno a sus procesos revolucionarios.

Por esas razones es importante recordar lo que sabiamente alertaba José Martí:

“Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas como almohada”

Estados Unidos expertos en fabricar opositores


Arthur González.

Al triunfar la Revolución cubana el 1ro de enero de 1959, en contra de las aspiraciones del gobierno de los Estados Unidos, que en 1958 preparaba una tercera fuerza que lograra opacar el liderazgo de Fidel Castro, la Casa Blanca inició la fabricación de “opositores” que pudieran derrocar a la naciente Cuba libre y soberana.

El 28 de enero de 1959 crearon en Miami la primera organización opositora, La Rosa Blanca, integrada por ex miembros de la tiranía de Fulgencio Batista, refugiados en Estados Unidos.

Meses más tarde el sub Secretario de Estado para el hemisferio occidental, Lester D. Mallory, redactó un memorando en el que afirmaba:

“… No existe una oposición política efectiva en Cuba…”

A partir de ese reconocimiento, la CIA se dio a la tarea de construirla, lo que se pone de manifiesto en su primer plan de acciones encubiertas, aprobado por el presidente Eisenhower el 17 de marzo de 1960, donde se expresa como una de las tareas a lograr:

Crear una oposición cubana responsable, atractiva y unificada contra el régimen de Castro…”

Para Estados Unidos es una obsesión construir “disidentes y opositores”, donde existen gobiernos que no son de su agrado, siendo la CIA la encargada de ejecutarlo.

La historia así lo demuestra y los ejemplos son Guatemala, Irán, Cuba, Chile, Nicaragua, Polonia, el Tíbet y Venezuela.

Desde el ascenso de Hugo Chávez Frías, Estados Unidos desató una cruenta guerra para tratar de derrocarlo.

Desde la embajada yanqui en Caracas, oficiales de la CIA bajo cargos diplomáticos, organizan, instruyen y financian a los llamados “opositores” contra la Revolución Bolivariana, con el empleo de métodos y planes idénticos a los aplicados contra Cuba.

No en vano la CIA creó hace 10 años, un Director de Misión para Cuba y Venezuela, para el análisis de información, organización y dirección de acciones de inteligencia contra ambos países.

El escenario venezolano es diferente al cubano porque la mayoría de la burguesía nacional y los partidos políticos no se marcharon hacia Miami, permanecen dentro del país, permitiéndole organizarlos para llevar a cabo acciones políticas y subversivas diseñadas por sus ideólogos.

Costosas campañas de prensa fomentadas internamente y en el exterior, persiguen el propósito de satanizar el proceso venezolano, manipulando la realidad a su antojo.

Cansados de fracasos, elevaron la varilla y llegaron a organizar un golpe militar, incluido el secuestro del presidente Chávez, algo que violó los más elementales derechos constituciones, la carta de la OEA, de la ONU y los tan manipulados Derechos Humanos, situación vergonzosamente respaldada por varios países al servicio del imperio, entre ellos España.

La tan “preocupada” Europa que sirve a Estados Unidos de ente evaluador de los Derechos Humanos para conformar imágenes mediáticas, no alzó su voz de condena a esa acción, a pesar de que se emplearon los mismos métodos de la tenebrosa Operación Cóndor, ejecutada en la década de los años 70 del siglo XX.

El pueblo se encargó de revertir el macabro golpe, pero el gobierno yanqui no conforme con ello, continuó su accionar subversivo entrenando a cabecillas opositores como Leopoldo López, enviándolo a tomar un curso con Lech Walesa, en el instituto que lleva su nombre en Polonia, junto a mercenarios cubanos como Berta Soler, Yoani Sánchez Cordero, Antonio Enrique González-Rodiles y Eliecer Ávila.

Para que nadie se llame a engaños, la prensa yanqui divulgó recientemente la información de que el Departamento de Estado paga casi 1 millón de dólares a expertos para que trabajen con la oposición en Venezuela, dinero que sale del contribuyente, en vez de emplearlo en mejorar la asistencia médica para las personas de bajos ingresos.

Ahora no podrán decir que la oposición en Venezuela es libre y espontánea, porque ya se sabe que la Oficina de Operaciones de Conflictos y Estabilización del Departamento de Estado, entregó, el pasado mes de septiembre, 900 mil dólares al Atlantic Council, para promover la resolución “no violenta” de conflictos en Venezuela, siguiendo la teoría de Gene Sharp.

Por esa razón refuerzan la guerra económica para que el pueblo se revele contra Maduro, a la vez que siguen orientando a los opositores a negarse a dialogar y llegar a un entendimiento racional que traiga paz a ese pueblo.

Paralelamente, continua la guerra mediática que intenta responsabilizar al gobierno bolivariano de la actual situación interna, cuando el único culpable es el gobierno estadounidense, y la prueba evidente fueron las declaraciones de Jason Marczak, director del Centro Latinoamericano Adrienne Arsht, del Atlantic Council, quien confirmó haber recibido los fondos para trabajar con sus “amigos” dentro de Venezuela, incluso llevar a Washington a algunos elementos de esa contrarrevolución para recibir entrenamiento.

Agregó Marczak, que la misión que tienen es proporcionar a la oposición y a otros miembros de la sociedad civil, herramientas necesarias para trabajar de forma más cohesionada, como una coalición unida, para organizar conversaciones, recopilar datos y hacer análisis, espionaje a manos llenas.

La CIA es experta en emplear organizaciones “no gubernamentales”, constituidas para canalizar su dinero de forma enmascarada y encubrir a sus oficiales, con el objetivo de trabajar en los países que no siguen la línea política dictada por la Casa Blanca.

Ante esa injerencia yanqui, la OEA, la Unión Europea y el Parlamento europeo hacen silencio. No hay una sola declaración de ellos para condenar a Estados Unidos por su guerra permanente contra el pueblo venezolano, lo que demuestra la doble moral que poseen ante tales violaciones de los derechos humanos, en una nación que lucha por ser independiente y soberana.

Tales actos subversivos son los que obligan a los países que sufren esas agresiones, a hacer patentes las ideas de José Martí cuando aseveró:

“Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas.Es la hora del recuento y la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.