José Martí, el político.


Por Arthur González.

El 19 de mayo de 1895 caía en combate José Julián Martí Pérez, el hombre que luchó en las tres guerras libertarias cubanas, algo de lo que no se divulga mucho.

Siempre se habla del Martí poeta, escritor y periodista, cuando su más trascendental obra fue su permanente labor política para que Cuba fuera libre y soberana.

A quienes no les interesa que se conozca profundamente la posición anti imperialista del más universal de los cubanos, han vendido su imagen como conquistador de corazones y poeta, dejando a un lado sus ideas patrióticas y la claridad con la que denunció los propósitos yanquis de apoderarse de toda la América Latina.

Con solo 16 años, Martí fue detenido y sancionado a seis años de trabajo forzado como preso político.

Fue deportado de la Isla, no por versos de amor, sino por sus ideas anticolonialistas contra España, donde expresó su apoyo ideológico al levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes, en su gesta libertaria.

Ahí están El Diablo Cojuelo, La Patria Libre y su poema político Abdala, como pruebas de sus ideas patrióticas siendo aún un adolescente.

Muy cierta y destacada es su obra como periodista, poeta, dramaturgo, novelista, crítico de arte y traductor, pues innegablemente era un hombre de alta sensibilidad artística, pero más que eso fue un revolucionario a cabalidad y su colosal obra política es de altísima importancia y no debe ocupar un segundo plano.

En sus 42 años vividos, no tuvo descanso en su lucha política, al denunciar y alertar del peligro que, con esa genial lucidez, veía crecer peligrosamente en la ambición de los Estados Unidos para apoderarse de Cuba y de otros países de América.

En Madrid condenó el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina en 1872, hecho considerado de los viles cometidos por España. En 1873 publica el folleto: “La república española ante la Revolución cubana”.

De regreso a Cuba, ya casado y con un hijo, en 1879 vuelve a ser deportado a España por su conspiración a favor de la independencia.

Se escapa a New York en 1890, donde no detiene la preparación de la guerra de independencia.

Trabaja en Venezuela como periodista por un año, pero sus escritos políticos lo obligan a dejar ese país que tanto quiso.

Qué decir de su labor diplomática al servicio de países hermanos, Uruguay, Argentina y Paragua, donde alzó su voz para denunciar las injusticias sobre los pobres de la tierra.

Su artículo publicado en La Revista Ilustrada, New York, mayo de 1891, sobre la Conferencia Monetaria internacional celebrada el mismo año, a la que Estados Unidos puso varias trabas para evitar su participación, posee una vigencia total de lo que vive el mundo hoy, pues denunció las pretensiones yanquis de dominar la economía regional.

La fundación del periódico Patria, el 14 de marzo de 1892 y la creación del Partido Revolucionario Cubano, 10 de abril del mismo año, como único partido que permitió la unidad de los cubanos para la lucha, son pruebas de su elevada capacidad como líder político.

En abril del propio año, es elegido como delegado del Partido Revolucionario Cubano e inicia la preparación de la guerra de 1895 y trabaja en la unificación de las fuerzas entre los emigrados, incluidos Antonio Maceo y Máximo Gómez.

No por gusto las autoridades norteamericanas, en complicidad con España, desplegaron una intensa labor de espionaje sobre Martí, recrudecida a partir de marzo de 1880 cuando asume el cargo de presidente interino del Comité Revolucionario Cubano, de New York, sustituyendo al Mayor General Calixto García Iñiguez.

Ante ese acoso, Martí despliega su agudeza y sagacidad política, conformando una red secreta de contrainteligencia e inteligencia al servicio de la causa revolucionaria, para evadir el trabajo de la agencia Pinkerton de Estados Unidos, que lo vigilaba y perseguía su trabajo conspirativo en favor de la libertad de Cuba.

A pesar del fracaso de la expedición denominada La Fernandina, por la traición de un coterráneo, insiste en organizar el levantamiento interno en la Isla, para el inicio de la guerra de 1895.

Su dimensión política está expuesta en el conocido Manifiesto de Montecristi, como preámbulo del inicio de la guerra de independencia, en el cual afirma:

“Cuba vuelve a la guerra con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno, o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primarios de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones, las silenciosas colonias de America”.

Es necesario dar a conocer más la faceta política martiana, porque sus ideas patrióticas no tienen la misma divulgación que la artística, pero ahí están sus discursos, circulares y cartas donde se ponen de manifiesto sus cualidades y el alcance de sus ideas revolucionarias.

Hoy sus alertas sobre las verdaderas pretensiones de Estados Unidos tienen total vigencia, como las plasmadas en sus crónicas Escenas Norteamericanas, donde afirmó:

El Norte revuelto y brutal que nos desprecia” y “Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas”. 

Aunque el sello de sus consideraciones sobre los yanquis, las expuso en su carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado, al decirle:

“…impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.

Ese es el Martí que sirvió de guía a la generación en el Centenario de su nacimiento, encabezada por Fidel Castro, porque tal como indicó ese apóstol de la independencia de Cuba:

“Los arboles de han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas”

Contra Cuba todo, hay que ahogarla económicamente.


Por Arthur González.

Estrangular económicamente a la Revolución cubana ha sido y es el propósito de Estados Unidos, al no permitir que un país tan cercano decidiera, soberamente, cortar de raíz la subordinación a ellos.

Por esa razón se diseñó contra Cuba la guerra económica, esa que persigue todas las entradas de dinero fresco, su comercio con terceros, la inversión extranjera, el uso del dólar estadounidense y las transacciones bancarias.

Como esas medidas no han podido derrocar el socialismo en la Mayor de las Antillas, en un arrebato de histerismo del actual mandatario yanqui y sus más cercanos colaboradores, John Bolton, Elliott Abram y Mike Pompeo, se lanzaron contra la entrada de turistas para cerrar esa fuente de dinero, que además permite constatar una realidad bien diferente a la que cuentan en Estados Unidos.

Para lograrlo, redujeron el alcance de las licencias que posibilitaban viajar a Cuba y cortaron de raíz la entrada de cruceros, y además con la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton, permitieron que esas compañías sean acusadas de utilizar un muelle en La Habana, exigiéndoles compensaciones millonarias.

A renglón seguido arremeten contra otra de las entradas de dinero al país, la exportación de los servicios médicos, iniciando una cruzada mediática para presionar a los países que mantienen relaciones contractuales con La Habana, a fin de que cierren sus negocios y de esa forma cortarle los ingresos monetarios.

El primero en reaccionar a favor de los yanquis fue el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, acusando a los profesionales cubanos de incapaces y otra sarta de falsedades, unido a la estimulación al abandono de la misión para desgajarle médicos a Cuba.

Seguidamente comenzó la campaña de que el estado cubano “trafica” con sus médicos, dando lugar a que el Departamento de Estado incluyera a Cuba en su espuria lista de país que trafica con personas, todo eso para crear condiciones para nuevas sanciones, al ver que el socialismo se mantiene apoyado por la mayoría del pueblo, que resiste estoicamente las limitaciones que impone la criminal guerra económica desde hace 60 años.

En una muestra de su desfachatez e impunidad, Estados Unidos declaró públicamente que ofrece hasta tres millones de dólares a organizaciones que busquen información e investiguen a las misiones médicas cubanas en el exterior, dinero que pagarán de los fondos destinados a la CIA, utilizando como fachada pública a la USAID.

El argumento para ese espionaje legalizado, es obtener información sobre inventadas violaciones de los derechos humanos del personal de salud cubano, durante su labor en el extranjero, ocultando que esos médicos y enfermeros cubanos son los únicos que salvan vidas en los lugares más intricados del planeta, a donde los médicos nativos no acuden, y menos los yanquis que tienen a la medicina como un mercado inalcanzable para los pobres.

La convocatoria para esa acción pretende que grupos con experiencia en Cuba o en países similares puedan desarrollar herramientas para tal actividad, e incluso sin exigirle a grupos dentro de la Isla, revelar que el Gobierno norteamericano financia ese trabajo.

El objetivo real de Washington no son las inventadas violaciones a los derechos humanos, sino impedir la entrada de dinero fresco, como afirman sus declaraciones oficiales, al decir:

“El régimen cubano explota a sus profesionales médicos, maestros y otros trabajadores, usándolos para comprar apoyo financiero y político internacional y mantener a flote su ajustada economía, mientras se embolsa la mayoría de los salarios”.

La irritación de los yanquis es la cifra que oficialmente informan las autoridades cubanas, cuando aseguran:

“Las misiones médicas cubanas, que constituyen la principal fuente de ingresos para la isla, comenzaron a desplegarse en los primeros años de la Revolución liderada por Fidel Castro en 1959. En la actualidad tienen a más de 50 mil médicos y paramédicos en más de 60 países de todo el mundo, y en la mayoría de los casos trabajan en zonas desfavorecidas y apartadas. En 2018, las misiones aportaron casi 6 mil 400 millones de dólares a la isla, donde la formación universitaria es gratuita”.

Esto es un ejemplo del por qué José Martí afirmaba:

“En silencio ha tenido que ser, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”.

El libro, “Los Escudos Invisibles, un Martí desconocido”, del historiador cubano Raúl Rodríguez, permite ahondar en el pensamiento del Apóstol, cuando al preparar la guerra de 1895 alertaba:

“En Revolución los métodos han de ser callados, y los fines, públicos”. “Me he estado callado evitando toda publicidad, puesto que la actividad esta vez consistía en no tenerla”. “Ocultar nuestro contento, acabar callados, que no haya la menor razón, ni en nuestros rostros, para que se crea que no estamos tan adelantados como estamos”. “No me faltarán la cautela, la desconfianza extrema y necesaria…”

Mientras Cuba padezca una persecución implacable por parte de Estados Unidos y sus agencias de espionaje, está obligada a seguir esos principios martianos.

El seguimiento que hace la CIA sobre los ingresos e inversiones de Cuba, requieren de una sólida estrategia del silencio para evitar sanciones.

No hay razones para exponer a diario la cantidad de la entrada de turistas a la Isla, ni los ingresos obtenidos como expone la ONEI, que son rastreados permanentemente por los enemigos de Cuba, y despues se reflejan en algunos de sus informes:

“En el 2017 la ONEI reportó que Cuba había exportado servicios por valor de 11 mil 379 millones de dólares. Obviamente, esa cifra no corresponde única y exclusivamente a la exportación de servicios médicos.” […] “aún es cuestionable la estadística reciente de 6 mil 400 millones aportados por la medicina cubana desde el exterior”.

Hay que convencerse que la búsqueda sobre los ingresos obtenidos por Cuba es total y global, su fin es uno solo: cortarle todas las entradas para que la economía agonice.

Un ejemplo es otra información publicada recientemente donde se afirma:

“Una investigación de la Universidad de Pensilvania concluye que el gobierno cubano recibió 11 mil millones de dólares en 2015 por exportar el trabajo de 37 mil médicos cubanos a 77 países, la mayor parte en Centroamérica, Brasil y Venezuela”.

Obligada está Cuba a cumplir con las alertas de José Martí, cuando escribió:

“Es licito callar, cuando del silencio se sale más útil y mejor”.

Donald Trump y el fantasma de sus errores


Donald Trump y el fantasma de sus errores

Por Arthur González.

El actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump es perseguido por el fantasma de sus errores, tanto en su política doméstica como en la internacional.

Desde que tomó posición de la Sala Oval en la Casa Blanca, ha sufrido múltiples críticas por los tropiezos en su desarrollo como Presidente, que van desde una actitud descortés y poco amorosa con su esposa, hasta en la forma de expresarse hacia la prensa.

No existen antecedentes de una conducta similar en los Presidentes de Estados Unidos, por lo que sus desmanes tienen preocupados al Congreso y a gran parte del pueblo que no votó en las urnas por él, al considerarlo errático, torpe y con falta de pericia para conducir el país.

Ejemplos son muchos, pero uno evidente y súper complejo es la polémica con el ex director de FBI James Comey, y la manera inusual de despedirlo, enterándose el afectado por la prensa.

Evidentemente el traje de Presidente le queda grande a quien maneja hábilmente sus negocios, pero un país no se dirige como una empresa y menos ante las complejidades que vive hoy el mundo, en gran parte por las políticas erróneas de sus antecesores, debido a las guerras injustificadas en el Medio Oriente, las que cambiaron el panorama mundial y la estabilidad política y económica que tenía esa zona antes de las guerras en Afganistán, Irak, Libia y Siria.

A tal punto llegan sus tropezones que, hoy Trump es el Presidente con menos imagen positiva en los primeros meses de su mandato, con solo el 40% de apoyo. En el Congreso la tiene aún peor, y solo lo salva, por el momento, la catástrofe que significaría su destitución para el partido republicano.

La situación que creó el mismo Trump, con las presiones sobre el director del FBI para que no siguiera hurgando en las relaciones con Rusia, son una bomba de tiempo que los demócratas están dispuestos hacer estallar y, de llevarse a cabo, traería como resultado un juicio político, pues tal acción tipifica como obstrucción a la justicia, y por tanto al partido republicano se le haría sumamente difícil defenderlo.

El más reciente resbalón fue su comunicado hacia Cuba al conmemorarse la fecha del 20 de mayo, día que los cubanos recuerdan como nefasto para su independencia, pues en 1902 el ejército de Estados Unidos terminaba su primera intervención militar en la Isla, pero dejaba a los cubanos encadenados a la oprobiosa Enmienda Platt, apéndice que el Congreso norteamericano aprobó para limitar la libertad de Cuba, estableciendo el derecho a invadirla cada vez que lo entendieran, la instalación de la Base Naval en Guantánamo, más el control político y económico.

A tal punto llegó la citada Enmienda que la isla de Pinos, hoy de La Juventud, siguió en posesión yanqui hasta 30 años después, de ahí que los cubanos con vergüenza y dignidad no celebran ese día por considerarlo triste y negro en la historia de Cuba, después que tanta sangre se anegó en los campos luchando por obtener la independencia de España.

Trump intentó hacerle una señal a la mafia terrorista anticubana de Miami, esa que nunca lo apoyó en su campaña electoral pero que lo presiona para que rompa las relaciones diplomáticas y elimine algunas flexibilizaciones que instauró Barack Obama, no para beneficiar al pueblo cubano, sino para destruir a la Revolución socialista cambiando de métodos para lograrlo.

No se puede olvidar que, en una cena en la residencia de Jorge Mas Santo, al frente de la terrorista Fundación Nacional Cubano Americana, a finales del año 2013, Obama abrazó a dos de sus asalariados, Guillermo Fariñas y a Berta Soler, y declaró:

“…la libertad de Cuba llegará, gracias a sus extraordinarios activistas y el increíble valor personal de personas como ellos […] Estados Unidos puede ayudar, pero debemos ser creativos, y recalcó:

“Los objetivos seguirán siendo siempre los mismos”.

La carencia de asesores profesionales y conocedores de la historia, están minando el camino del actual mandatario estadounidense y respecto a Cuba, debieron haberle informado que precisamente José Martí, dedicó su vida a evitar la presencia de los Estados Unidos en la Isla, alertando del peligro que representaban para la verdadera independencia.

Para mencionar al Apóstol de la libertad de Cuba, Trump tiene que conocer lo expresado por Martí, solo horas antes de caer en combate contra las fuerzas coloniales españoles, cuando escribió:

[…] ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América […]

De igual forma, debe solicitarle al FBI información sobre las acciones terroristas ejecutadas por los mafiosos de origen cubano y el apoyo que dieron a sus participantes esos que hoy son congresistas, muchos de ellos testaferros e hijos de los que sirvieron al asesino Fulgencio Batista y en 1959 encontraron refugio en Miami.

Solo así conocerá la calaña de algunos de esos que “han hecho contribuciones sobresalientes en Estados Unidos… y se han sacrificado en defensa de nuestra libertad”.

Precisamente, ante el panorama político que vive hoy Estados Unidos, los cubanos hacen más firmes los criterios de José Martí, cuando dijo:

¡Los Arboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas!

Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.

La verdad una vez más deja mal parada a la CIA


Arthur González

CIA+logoEn días recientes se conoció la desclasificación de documentos guardados en las bóvedas de la CIA, relacionados con la invasión a Cuba por Playa Girón, en la Bahía de Cochinos en abril de 1961, donde las tropas mercenarias entrenadas, financiadas y equipadas por la CIA y el gobierno norteamericano, sufrieron una aplastante derrota en solo 72 horas. Sigue leyendo

El pronóstico de los buitres


Arthur González

Tío SamDesde los albores del siglo XIX los gobernantes de Estados Unidos soñaron con adjudicarse al archipiélago cubano y sumarlo como un estado más de la Unión. Eso fue alertado por José Martí en su última carta al amigo mexicano Manuel Mercado cuando afirmó: Sigue leyendo