Eliminado John Bolton, pero queda Elliott Abrams.


Por  Arthur González.

El despido a caja destemplada de John Bolton, asesor de Seguridad Nacional del presidente de Estados Unidos, pudiera ser un posible cambio de táctica de Donald Trump, para ganar en apoyo popular e internacional ante el futuro proceso eleccionario, donde aspira a ser reelegido por 4 años más, pero aún queda en pie otro viejo halcón, Elliott Abrams, enviado especial para Venezuela, quien junto a Bolton  arrastraron al presidente Trump por un camino equivocado, poniéndolo en ridículo ante el descalabro sufrido por el apoyo a Juan El Títere Guaidó.

Bolton le hizo mucho daño a Estados Unidos con sus propuestas nefastas, como la retirada del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la salida del acuerdo nuclear con Irán y la recomendación de una guerra contra ese Estado, la organización y financiamiento de la fallida intentona golpista en Venezuela, encabezada por El títere Guaidó y Leopoldo López, demostrándole a Europa la ausencia total de apoyo popular a esos opositores, sostenidos económica y políticamente por Washington.

Otras de las infortunadas posiciones asumidas por el halcón Bolton, fue su oposición a una negociación seria con Corea del Norte y con Rusia para restablecer su participación en el G-7.

Elliott es muy probable que termine siendo expulsado con la misma receta aplicada contra Bolton, al no lograr remover las bases del apoyo popular al presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, a pesar de la intensa y despiadada guerra económica, comercial y financiera a la que someten al pueblo de ese gigante sudamericano, dueño de las más grandes reservas de petróleo del planeta.

La cruzada mediática contra el presidente Maduro, haciéndolo parecer como un líder incapaz, fracasó, porque cada una de las medidas tomadas por él ante la escalada yanqui para caer de rodillas, demuestran su capacidad de dirección, liderazgo y fortaleza, demostrado en el respaldo de la mayoría de los venezolanos, al comprender que Estados Unidos es el único responsable de las carencias y limitaciones que hoy padecen.

La reciente fabulación propagandística de Abrams contra Venezuela, es la fabricada “acogida” de los líderes guerrilleros colombianos, para confundir a la opinión pública internacional, mentira que pretende desviar la atención de la contundente denuncia venezolana, sobre los planes terroristas que Colombia organizó contra la estabilidad y seguridad de Venezuela.

En esa denuncia, la parte venezolana mostró magistralmente los planes tejidos desde Colombia, señalando a cada uno de los elementos terroristas implicados, sus campamentos y materiales explosivos que serían empleados contra instalaciones estatales de Venezuela, actos que sin dudas estaban financiados con dinero de Estados Unidos, el más interesado en apoderarse de las riquezas mineras venezolanas.

La mano de Elliott Abrams se percibe en sus propias declaraciones, al exponer: “La comunidad internacional debería estar muy preocupada por el apoyo de Maduro a los narcoterroristas”.

Además, reiteró el soporte total de Estados Unidos a Colombia, frente a la tensión con Venezuela, pero no mencionó la ola de asesinatos de los líderes comunitarios colombianos, ni las decenas de ex guerrilleros que son literalmente cazados, por fuerzas paramilitares sostenidas por el gobierno de Colombia.

Al constatar el fracaso de sus acciones de guerra económica contra Venezuela, ahora se lanzan en la desprestigiada OEA, a solicitar la activación del TIAR, Tratado Interamericano de Defensa Reciproca, que se aplica solo ante una posible agresión a un estado miembro. Sin embardo, cuando Estados Unidos invadió militarmente a la República Dominicana y a Panamá, la OEA no se acordó de la vigencia del TIAR.

Para lograr esa aprobación por 12 países, el Departamento de Estado intimidó fuertemente a varios gobiernos, ya que la convocatoria fue realizada por el embajador que representa ilegalmente a Juan El Títere Guaidó, porque Venezuela se retiró oficialmente de la OEA.

Hace unas semanas, John Bolton había asegurado: “mi gobierno responderá con represalias a cualquier país que apoye al gobierno de Maduro”, y añadió: “es una herramienta rara vez empleada por Estados Unidos y sólo la hemos utilizado con moderación en el último medio siglo”.

Todo el mundo sabe que la intimidación es precisamente su arma más eficaz para someter a los gobiernos.

En la segunda quincena de septiembre 2019, los Cancilleres de los países firmantes del TIAR, se reunirán nuevamente para decidir las medidas a tomar contra Venezuela, entre las que pudieran estar la ruptura de relaciones diplomáticas e incluso un bloqueo aéreo y marítimo, algo que demuestra la impotencia yanqui ante el fracaso de sus políticas para derrotar a la Revolución bolivariana.

Hoy los 55 países que reconocieron a Juan El Títere Guaidó, entre ellos algunos europeos, están en la disyuntiva de enfrentarse a los yanquis por haberlos engañado, o volver a darle apoyo a Nicolás Maduro, quien exhibe gobernabilidad y moral ante las patrañas imperiales, evidenciando quien es verdadero usurpador del poder en Venezuela.

Veremos si la Unión Europea acepta las presiones del enviado especial de Estados Unidos, Elliott Abrams, quien exigió imponerle nuevas sanciones al régimen de Maduro, al considerar que “las reticencias europeas a adoptar más medidas, no han ayudado a las negociaciones entre el Gobierno y la oposición del país latinoamericano auspiciadas por Noruega”.

No se puede perder de vista la política del garrote empleada por Estados Unidos, contra países que mantienen su soberanía e independencia, como lo hacen contra Irán, algo que dejó claramente expuesto su actual Secretario de Estado, Mike Pompeo, al asegurar:

“La política de máxima presión de Washington, está diseñada para cambiar el comportamiento de Teherán, y tomando en cuenta la severidad de las sanciones, parecen diseñadas para poner de rodillas a Irán. Ahora hemos hecho que la economía iraní sea un desastre”.

Es la misma fórmula que aplican contra Cuba y Venezuela, a pesar del fracaso y rechazo que reciben de sus pueblos, que los repudian y vencen cada día, porque como señaló José Martí:

“El aire de la libertad tiene una enérgica virtud que mata a las serpientes”

 

 

 

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No hay dudas, la guerra económica contra Cuba es total.


Por Arthur González.

Para aquellos que pudieran tener algún titubeo de que Estados Unidos persigue matar de hambre y enfermedades al pueblo cubano, las constantes medidas que toma la Casa Blanca contra la economía de la Isla, son pruebas irrebatibles de sus propósitos criminales.

Todo lo que le permita a Cuba algún ingreso de divisas, Donald Trump y su camarilla neo nazi, integrada por Mike Pompeo, John Bolton y Elliott Abram, se han propuesto cortarlos.

La búsqueda de información detallada de los ingresos de Cuba la lleva a cabo la CIA, en parte por las estadísticas oficiales que se publican, intervenciones públicas de ministros y altos funcionarios y también con sus agentes secretos dentro del país, con el único fin de sancionar, presionar y chantajear a gobiernos y empresarios extranjeros que establezcan negocios con la Isla.

La guerra económica contra Cuba es total, porque aspiran a ver la caída de la Revolución; vieja y fracasada aspiración de 11 administraciones anteriores, y la actual no será la excepción.

La más reciente arremetida fue anunciada el 26 de julio 2019, por el ex director de la CIA y actual secretario de Estado, Mike Pompeo, coincidiendo con la celebración del Día de la Rebeldía Nacional en Cuba, asegurando que: “Estados Unidos sancionará a los funcionarios cubanos que explotan y coaccionan a los médicos cubanos, desplegados en más de 65 países en las llamadas misiones internacionalistas”.

El odio es tal que se les retuercen los intestinos al ver como la pequeña Isla del Caribe, resiste con hidalguía sus medidas punitivas, los actos terroristas, las campañas de mentiras y cuantas sanciones se les han ocurrido ejecutar en los últimos 60 años.

Para seguir dándole vueltas a la tuerca de la criminal guerra económica, ahora persiguen a los médicos que brindan salud y bienestar en el mundo, porque saben que también es una fuerte entrada de divisas empleadas para mantener la economía cubana, su sistema de salud y educación gratuitos, la cultura, el deporte, la seguridad social, investigaciones en las ciencias y la alimentación, todo en beneficio del pueblo.

La participación de la medicina cubana por países del mundo, salva vidas y previene enfermedades curables, porque en su sistema de salud lo primero es el ser humano y no el dinero, como en Estados Unidos, donde la medicina y los medicamentos son un negocio jugoso para enriquecerse e incapaz de prestar solidaridad humana a los que no tienen dinero para pagar los costosos servicios de salud.

El banal argumento esgrimido es que Cuba “explota” y “coacciona” a sus médicos que prestan servicio de colaboración en más de 65 países.

Hipocresía al por mayor, pues a los yanquis no les importan los seres humanos, de preocuparse no hubieran desarrollado campañas en Brasil contra los que participaban en el programa Mais Médicos, creado por la presidenta Dilma Rousseff y eliminado por Jair Bolsonaro, peón al servicio de Estados Unidos, quien trabajó para lograr la deserción del personal de la salud de Cuba y después los abandonó a su suerte, sin trabajo ni dinero para mantenerse.

La labor casi eclesiástica de los médicos cubanos, es reconocida mundialmente e incluso por la Organización Mundial de la Salud, porque sus valores humanos los impulsa a ayudar a los necesitados, sin importarle horas ni falta de descanso, mientras haya un niño u otros pacientes que requieran atención y cariño, lo que los médicos norteamericanos no hacen sino les pagan altos salarios.

Esa es la gran diferencia de un sistema y otro, por eso acusan de explotación, porque no hay un médico yanqui que trabaje por amor a su profesión de salvar vidas, sino hay dinero de por medio.

¿Por qué Pompeo no indaga en África la opinión que tienen los pacientes contagiados con Ébola y sus familiares, atendidos humanamente por el personal de salud cubana?

Mientras los estadounidenses bajo el salario de la USAID, estuvieron en África con un estilo de trabajo acorde a su sociedad, los médicos y enfermeros de Cuba no tenían horas ni reclamaban descanso para luchar por arrebatarle a la muerte a cada enfermo y gracias a ese esfuerzo muchos fueron salvados.

¿Cree Pompeo que algún médico o enfermera de su país estuviera dispuesto a trabajar en condiciones difíciles como hicieron los cubanos durante el terremoto en Pakistán, Chile, Perú, Ecuador, o ante fuertes inundaciones como las sufridas semanas atrás en Mozambique?

Si tienen tanta preocupación por el salario que reciben los médicos cubanos en sus misiones, ¿por qué mejor no se preocupan por los millones de pobres que residen en Estados Unidos, según cifras oficiales?

Antes de tener tanto desasosiego por lo que recibe el personal de la salud de Cuba durante sus misiones internacionales, deberían ocuparse de restructurar su sistema de seguro médico, trabajar en alcanzar un régimen gratuito como el de los cubanos, e incluso buscar una solución para elevar el salario mínimo en muchos estados, donde es de solo 8 dólares la hora, lo que ni siquiera alcanza para pagar los elevados costos de las rentas, viéndose esos trabajadores obligados a tener dos y hasta tres trabajos, con jornadas de 14 y 16 horas diarias para malamente subsistir.

La verdad que esconden Pompeo y sus pandilleros es que las misiones de la salud de Cuba permiten un ingreso anual de 8,000 millones de dólares, empleados en sostener la economía y hacerle frente a la despiadada guerra económica, comercial, financiera y biológica, que ejecutan contra once millones de cubanos desde hace 60 años, delito de Lesa Humanidad por el que deberían ser sancionados en la Corte Internacional de Justicia, si ese órgano fuese realmente imparcial e incólume ante las presiones del imperio yanqui.

La ridícula sanción impuesta a los funcionarios del Ministerio de Salud de Cuba, anunciadas por Pompeo, consiste en restringirle o denegarle el visado para ingresar en Estados Unidos, penalidad que incluye a sus familiares inmediato, aunque estos no tengan vinculación con el sistema de salud, lo que demuestra la violación flagrante de los derechos humanos al libre movimiento de las personas.

De acuerdo con afirmaciones del ex director de la CIA, su gobierno seguirá incrementando las medidas para afectar aún más la economía de Cuba, lo que demuestra el carácter imperial y deshumanizado de su sistema, que no le perdonarán jamás a la mayor de las Antillas haber decidido soberanamente, romper las cadenas impuestas por Estados Unidos desde que en 1898 ingresaron injustificadamente en la Isla, con la única pretensión de convertirla en una estrella más de su bandera.

Por eso ante actitudes similares de prepotencia yanqui, alertó José Martí:

“Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”

 

Estados Unidos y su viejo afán de destruir a la Revolución cubana.


Por Arthur González.

Mucho antes de que Fidel Castro entrara triunfante en Santiago de Cuba en enero de 1959, ya el Gobierno yanqui y la CIA, planteaban: “Hay evitar la victoria de Castro”.

Así consta en el acta de la última reunión del Consejo de Seguridad de Estados Unidos, celebrada el 23 de diciembre de 1958, presidida por el entonces Presidente D. Eisenhower y Allen Dulles, director de la CIA. Aun Cuba no les había confiscado ninguna propiedad a los norteamericanos, ni declarado su carácter socialista.

Desde el propio año 59 del siglo XX, Estados Unidos ha hecho lo imposible por derrocar a Castro y revertir el sistema socialista sin éxitos, a pesar de los planes de terrorismo de estado, la invasión mercenaria preparada por la CIA, intentos de asesinato, espionaje, guerra biológica, campañas mediáticas para deformar la realidad de Cuba, unido a la guerra económica, comercial y financiera más larga de la humanidad.

Aunque el Presidente Barack Obama pasará a la historia como el que mayores multas impuso a la banca internacional por hacer transacciones con Cuba, por un monto de casi 15 mil millones de dólares en 8 años, Donald Trump no se queda atrás, y en días pasados impuso una multa a la empresa británica de prospección petrolífera Acteon, ascendente a 213 mil 866 dólares, supuestamente por violar el bloqueo yanqui contra la Isla, demostrando el carácter extraterritorial de esa criminal guerra económica que intenta matar por hambre y enfermedades al pueblo cubano.

La supuesta violación cometida consistió en ejecutar un análisis de diseño de ingeniería para proyectos de perforación de pozos petroleros en aguas territoriales cubanas y enviar a varios ingenieros para impartir seminarios, algo que los yanquis impiden a toda costa.

Para seguir apretando las tuercas e intentar ahogar la economía de Cuba, Estados Unidos activará las disposiciones recogidas dentro del polémico Título III de la Ley Helms-Burton, situación que permitirá las reclamaciones de los bienes confiscados por la Revolución a las empresas yanquis, lo que desbordará el trabajo de los tribunales estadounidenses y cuyo objetivo es asustar a los inversionistas extranjeros para que se marchen de Cuba, o no realicen nuevos proyectos que darían oxígeno a la economía isleña.

El miércoles 17 de abril 2019, el anciano asesor de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, John Bolton, anunciará en Miami ante la fracasada mafia terrorista anticubana, las nuevas sanciones que tomará el Gobierno de Trump contra Cuba, Venezuela y Venezuela, en busca del apoyo de ese sector mafioso para la reelección del actual Presidente.

La fecha escogida coincide con el inicio de la derrotada invasión mercenaria a Cuba por Bahía de Cochinos, en solo 67 horas.

Entre las más recientes sanciones a Cuba y Venezuela, están las impuestas a compañías y buques petroleros que facilitan el traslado de crudo venezolano a Cuba, con vistas a aumentar la presión contra el pueblo que resiste unido frente a las medidas del imperialismo yanqui.

Se presume que el anciano Bolton anuncie la reincorporación de Cuba a la lista de los países que patrocinan el terrorismo, la disminución de los gastos admitidos a los viajeros estadounidenses que visitan la Isla, sanciones a los cónsules cubanos en el mundo, restringir nuevamente el envío de remesas a Cuba y la exigencia de que las compañías estadounidenses con negocios en Cuba, paguen directamente a sus trabajadores.

Ya George W. Bush usó este tipo de medidas en el año 2004 y solo obtuvo más rechazo de los cubanos en las dos orillas, pero la Revolución siguió con el apoyo mayoritario del pueblo, fiascos que los yanquis no estudian.

Estados Unidos incluyó el pasado 2 de abril 2019 a Cuba en el informe anual de la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos (INCSR), que relaciona cerca de 60 naciones consideradas como “importantes destinos” para el lavado de dinero, algo ridículo y contradictorio por la permanente persecución financiera de que es víctima Cuba, por parte de los mismos Estados Unidos que persigue cualquier transacción monetaria, lo que hace imposible depósitos y movimientos financieros hacia y desde la Isla.

Demostrando su falta de seriedad y elementos probatorios para esta nueva acusación, el informe publicado por INCSR indica además que: “El Gobierno cubano se encuentra cooperando en la lucha contra el narcotráfico y que actualmente se están llevando a cabo conversaciones entre La Habana y Washington sobre el control de sustancias ilegales”, basado en el Acuerdo de Cooperación Operativa Contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas, firmado en 2016 por los dos gobiernos.

Con esas medidas ejecutadas por Estados Unidos contra la economía cubana, resulta muy difícil avanzar, algo que al parecer ignoran los sabiondos economistas que escriben en varias publicaciones independientes de la Isla y proponen cambios neoliberales en la economía de Cuba, culpando de todos los males al sistema socialista, sin reparar que los mismos tanques pensantes yanquis integrantes del Council on Foreign Relations, afirman:

La oposición de EE.UU. a la Revolución cubana y el apoyo a la democracia y al desarrollo en este hemisferio, lograron frustrar las ambiciones cubanas de expandir su modelo económico e influencia política”.

Tampoco hacen caso a lo que dice la CIA en uno de sus memorandos desclasificados:

“El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre[…] Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de Guerra Económica”.

Bolton y los demás añejos consejeros de Trump, irán a parar al mismo basurero de la historia que sus antecesores de las 11 administraciones yanquis, esas que no alcanzaron a ver el derrumbe del socialismo cubano y tuvieron que tragarse todos sus planes sin alcanzar sus idílicos objetivos.

No por gusto aseguró José Martí:

“Los pueblos de América son más libres y prósperos a medida que más se apartan de los Estados Unidos”.

 

Finalmente, los yanquis se dieron cuenta de que perdían dinero.


Por Arthur González

Los yanquis han tardado casi medio siglo para darse cuenta que anualmente perdían millones de dólares, en alimentar a una contrarrevolución dentro de Cuba que nadie apoya, ni respalda.

De eso acaba de enterarse el presidente Donald Trump, quien de política no sabe nada, pero contar dinero sí.

Por tal motivo, le ha dado un recorte profundo a los 20 millones que todos los años aprueba la Casa Blanca, para acciones de subversión en Cuba bajo el edulcorado título de: “promover la democracia y los derechos humanos en Cuba”.

Se sabía perfectamente que una gran parte de ese dinero iba a parar a los bolsillos de la mafia terrorista anticubana de Miami y solo algunos miles de dólares llegaba a los llamados “disidentes” dentro de la Isla, quienes lo emplean en comprarse nuevas casas, ropas costosas y pasar sus vacaciones en hoteles de lujo en las mejores playas cubanas.

Barack Obama fue el presidente que más dinero autorizó para la subversión contra la Revolución, y en sus ocho años malgastó 120 millones de dólares, sin obtener los resultados soñados de ver destruido el socialismo.

El propio Jefe de la misión diplomática de Estados Unidos en La Habana, Jonathan Farrar, lo informó en uno de sus informes secretos enviados al Departamento de Estado y a la CIA, con la referencia: 09HAVANA221 – ID:202438, fechado el 15 de abril del 2009, donde afirmaba:

“…No es probable que el movimiento disidente tradicional pueda reemplazar al gobierno cubano… es preciso que busquemos en otra parte, incluso dentro del propio gobierno, para identificar a los más probables sucesores del régimen de Castro. […] No vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día, de los principales organizadores y sus seguidores…”

Trump, al parecer influenciado por sus dos ancianos asesores, Elliott Abraham y John Bolton, apuesta por aplicar más sanciones económicas contra Cuba, al considerar que es el “camino correcto” para ver realizados los sueños que doce administraciones yanquis no pudieron materializar.

Quienes están remordiéndose los hígados y tratando de que Trump reevalúe su decisión, son los congresistas de la mafia terrorista anticubana, Marco Rubio, Bob Menéndez y Mario Díaz-Balart, quienes junto a Mike Pompeo, Elliott y Bolton, pudieron obligarlo a declarar que autorizará la puesta en vigor del Capítulo III de la conflictiva Ley Helms-Burton, aunque solo logrará buscarse más problemas con los aliados europeos, sin poder hacer nada efectivo contra la economía de la Isla.

El primero en quejarse fue el senador Marco Rubio, quien expresó de inmediato: “Esto demuestra la gran desconexión que existe entre las personas que llevan el presupuesto del Estado y los encargados de hacer efectivas las políticas del Presidente”.

El corte de tijeras ha dejado solo 6 millones de dólares para “promover la democracia y los derechos humanos en Cuba”, cifra que les apretará el cinto a los que en Miami llevan 60 años prometiendo “derrumbar a Fidel Castro” y nunca lograron sus propósitos.

Envalentonados con las medidas de guerra económica y sabotajes ejecutados contra Venezuela, los mafiosos anticubanos Marco Rubio y Bob Menéndez, presentaron el pasado 12 de marzo 2019 ante el Congreso, un proyecto de ley para prohibir el reconocimiento ante los tribunales de Estados Unidos, de todas las marcas comerciales cubanas que pudieran estar vinculadas con propiedades nacionalizadas después de 1959.

Parece que esa será línea de acción de los yanquis contra Cuba, olvidándose que, desde la aprobación de la Operación Mangosta, madre de la guerra económica contra el pueblo cubano aprobada el 18 de enero de 1962, por el presidente John F. Kennedy, pasando por la Ley Torricelli y la Helms-Burton, nunca obtuvieron el éxito añorado.

Quizás por sus años y la falta de estudios de la historia, Marco Rubio no recuerde los constantes fracasos que obtuvieron los gobiernos de turno en Estados Unidos y ahora pretende que Trump se sume a la lista de los incompetentes Presidentes que prometieron la caída de Castro, sin poder disfrutarlo.

Por esa razón, presentan la nueva ley que aspira a prohibirle a los tribunales de Estados Unidos, “el reconocimiento o la validación de cualquier derecho por parte de un individuo o compañía que haya registrado una marca, o los activos de la misma, siempre que estén relacionadas de alguna manera con propiedades confiscadas por el régimen cubano después de 1959, a menos que el propietario original de la marca lo haya consentido expresamente”.

Ingenuo Marco Rubio que no sabe que Cuba también puede impedir que las marcas estadounidenses que tienen aún licencias comerciales, se distribuyan en la Isla como son Coca Cola, Pepsi Cola, Gillette y muchas más, que perderían su valor en un mercado de 11 millones de personas, que, aunque no muy grande, si representa la posibilidad de ventas para esas compañías.

De todas formas, por la guerra económica, comercial y financiera aplicada brutalmente contra Cuba, los productos cubanos no circulan en Estados Unidos.

Por tanto, ese proyecto de ley no sería efectivo en estos momentos, ni en el futuro inmediato, y el auténtico ron Havana Club y los famosos puros cubanos confeccionados con el mejor tabaco del mundo, seguirán siendo consumidos por aquellos yanquis que viajen a la Isla bajo una licencia, o comprándolos en el mercado negro que existe allá, para esos deseados productos cubanos.

Siempre recordamos a José Martí cuando dijo:

“Los negocios tienen sus rufianes, sus fanáticos y sus calaveras”.

Quien vive de ilusiones muere de desengaño.


Por Arthur González

Estados Unidos lleva 60 años pronosticando la caída de la Revolución cubana, esa que nunca quisieron dejarla triunfar, tal y como expresaron el director de la CIA, Allen Dulles, y el propio presidente, Dwight Eisenhower, en la reunión del Consejo de Seguridad Nacional el 23 de diciembre de 1958.

Para su amargura, Fidel Castro entró triunfante en La Habana en enero de 1959 y a pesar de decenas de planes de la CIA y crueles medidas aprobadas por la Casa Blanca y el Congreso yanqui, Cuba lleva más de medio siglo venciendo las acciones planificadas y ejecutadas para que vuelva a los brazos del imperio.

La ilusión de Estados Unidos ha sido siempre tener a Cuba como una estrella más en su bandera, algo plasmado en un documento histórico fechado el 29 de abril de 1823, donde el entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, orienta al agente especial de Estadios Unidos en Cuba, Thomas Randall:

“…Usted observará atentamente todos los sucesos que guarden relación con la conexión de Cuba con España […] Usted se mantendrá atento a cualquier agitación popular, sobre todo a aquellas que puedan referirse a la cesión de la Isla por España a cualquier otra Potencia, o a que los habitantes asuman un Gobierno independiente…”

Por ese obsesivo deseo de adueñarse de Cuba han gastado cientos de miles de millones de dólares para derrocar el socialismo cubano, ejecutaron actos de terrorismo como la voladura del buque francés La Coubre, en marzo de 1960; la invasión mercenaria de abril de 1961; la planificación de tareas que justificaran una invasión a la Isla por parte del ejército yanqui en 1962, posibilidad frustrada por la conocida Crisis de los Misiles, que desembocó en un acuerdo con la URSS de que no invadirían la Isla.

A cambio, decidieron ejecutar actos terroristas contra la economía cubana con el fin de ahogarla, recogido en un documento preparado por la Agencia Central de Inteligencia para el Grupo permanente del Consejo Nacional de Seguridad, el 8 de junio de 1963, bajo el título “Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba”, donde se pone de manifiesto hasta dónde son capaces los yanquis de llegar por alcanzar su deseo de destruir el socialismo cubano, cuando afirman:

“Habrá fracasos con la consecuente pérdida de vidas y acusaciones contra EEUU, que resultarán en críticas en casa y afuera. Ninguna de esas consecuencias esperadas deberá hacernos cambiar nuestro curso, si el programa expuesto puede esperarse tenga éxito”.

El temor que pretendieron sembrar en el pueblo cubano estuvo respaldado por cientos de actos terroristas, como afirma documento elaborado por el Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA:

“Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluyendo 21 viviendas de comunistas y 800 incendios en plantaciones de caña”.

“…Se introdujeron ilegalmente en Cuba 75 toneladas de explosivos y armamentos, mediante 30 misiones aéreas, más 46,5 toneladas en 33 misiones de infiltración marítima, para abastecer a grupos terroristas urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas…”

Ninguno de esos actos les dio resultado, el pueblo se unió más en torno a su Revolución para no perder la independencia alcanzada.

Durante la caída del socialismo en Europa y la propia URSS, como consecuencia del Programa Democracia, desarrollado bajo la administración de Ronald Reagan, y del aprovechamiento de graves errores cometidos, muchos de ellos inducidos, por funcionarios reclutados por la CIA, Washington y sus aliados europeos se relamieron los bigotes esperando ver caer también a Cuba, pero otra vez se quedaron con las ganas, sin entender por qué el pueblo se mantuvo firme a lado del socialismo y de Fidel Castro.

Ante eso instauraron nuevas sanciones, entre ellas la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton, para apretar más la guerra económica, comercial y financiera que asfixiara la mal trecha economía cubana, pero tampoco pudieron doblegar la resistencia de los cubanos.

Barack Obama, intentó aplicar una política más sutil y engañosa, edulcorándola con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, aunque dejó intacta la guerra económica y comercial, e incluso incrementó la persecución financiera a la banca internacional para impedir el desarrollo económico cubano.

Tampoco permitió el uso del dólar, ni levantó la prohibición a los norteamericanos de viajar libremente a las Isla, solo amplió las licencias otorgadas por el Departamento de Estado con la intensión de fortalecer el sector de los trabajadores privados, para poco a poco dividir la sociedad e introducir hábilmente su ideología con el apoyo de elementos contrarrevolucionarios, los que recibieron un financiamiento de 160 millones de dólares en 8 años, algo que no desembolsó ninguno de sus antecesores.

Ahora, Donald Trump, sueña con ver caer el socialismo cubano, si lograse destruir a la Revolución Bolivariana de Venezuela, como expresó en Miami el 18 de febrero 2019.

Trump es el primer presidente yanqui sin experiencia política, al ser solo un afortunado hombre de negocios que aprovechó la decadencia del sistema político de su país, asesorado ahora por halcones de largo historial como John Bolton y Elliott Abrams, y por el amargado senador Marco Rubio, integrante de la mafia terrorista asesina de Miami, esa que apoyó siempre al dictador Fulgencio Batista y huyó cuando este perdió la guerra contra el ejército encabezado por Fidel Castro.

Triste rol que desea Trump, porque sin experiencia militar ni política, se manchará las manos de sangre inocente venezolana, ya que su pueblo, como el cubano, luchará por defender su libertad, independencia y soberanía, contra un ejército yanqui que solo ataca por el dinero que recibe, sin una ideología sólida que le permita sostener por mucho tiempo una guerra, tal y como les sucedió en Vietnam.

La provocación que diseñan con la entrega de una ridícula ayuda humanitaria desde Colombia, está dirigida a justificar el ingreso de los militares colombianos y norteamericanos, bajo el pretexto de responder a las acciones del ejército venezolano, cuando el próximo 23 de febrero impida la entrada de los camiones por su frontera.

Todo está previsto por el pentágono y la CIA, porque las medidas políticas con la desprestigiada y dividida oposición venezolana no les ha dado resultados; por tanto, solo la vía de la agresión militar les queda para alcanzar sus sueños de apoderarse de las riquezas naturales venezolanas.

Cuba es harina de otro costal, porque su pueblo conoce perfectamente quienes son los yanquis, que, embriagados con sus noticias falsas, confunden disgusto popular con oposición política.

La vida les demostrará lo que es un pueblo viril, enérgico, resistente y preparado para dar su propia sangre por sostener su bandera en alto, que, con el apoyo de sus muertos, sabrá levantar sus brazos para no verla jamás derribada.

Y como afirmó José Martí:

“Sin un plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque”

 

 

 

 

 

 

 

 

Intentan asesinar al presidente venezolano.


Por Arthur González.

Quienes exigen democracia y derechos humanos al gobierno legítimo del presidente venezolano Nicolás Maduro, actúan violándolo todo, puesto de manifiesto en el más reciente acto terrorista contra la Revolución bolivariana, al intentar asesinar al presidente ante las cámaras de la televisión, el sábado 4 de agosto de 2018.

Es la misma historia que hicieron contra la Revolución cubana, cuando la CIA, con total apoyo del gobierno yanqui, intentó de forma reiterada asesinar al líder Fidel Castro, hechos que negaron durante años hasta que la comisión del Comité de Inteligencia del Congreso, conocida como Comisión Church, obligó a declarar a los máximos dirigentes de la CIA, quienes solo reconocieron 8 planes de asesinato, algo monstruoso que debió ser condenado por la corte internacional, como crímenes similares a los ejecutados por los nazis.

Esos planes iban desde el uso de bazucas, fusil con mirilla telescópica, lapiceros con aguja hipodérmica envenenada, pastillas de veneno para introducirlo en los batidos de leche que tomaba Castro en la cafetería del antiguo Hotel Habana Hilton, lanzamientos de granadas en el estadio de béisbol, y muchos más.

En realidad, la seguridad cubana tiene elementos de 600 acciones para intentar asesinar al líder odiado por el gobierno de Estados Unidos, desde antes de lograr el triunfo revolucionario según expresiones del presidente D. Eisenhower y Allen Dulles, director de la CIA, recogidas en el acta de la reunión del Consejo de Seguridad Nacional, fechada en diciembre de 1958.

El intento de asesinar a Maduro, es un acto criminal que pudo matar a decenas de personas reunidas durante la parada militar, incluidos cientos de civiles, funcionarios del gobierno y miembros de las fuerzas armadas.

Muchos países de la región, incluidos los Estados Unidos y de Europa, no se manifestaron contra el despreciable hecho, callando en plena complicidad. Son los mismos países que sancionan a Venezuela siguiendo los dictados de la Casa Blanca, y ahora no expresan sus opiniones, poniéndose al desnudo ante los pueblos.

Washington tampoco condenó la acción, pues se alegraría de eliminar al presidente y como siempre, se encuentra detrás de esos hechos criminales. John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, negó que Estados Unidos estuviera involucrado en el presunto atentado y, siguiendo la línea acostumbrada, sugirió hipócritamente que “el propio régimen podría estar detrás del caso”, según dijo durante una entrevista ofrecida a la Fox News.

Es público y notorio que el financiamiento, abastecimiento material y el apoyo político a la oposición venezolana, proviene desde Estados Unidos, entregado a través de diferentes organizaciones como la NED y la USAID, creadas para ejecutar lo que durante años hizo la CIA, mediante sus planes de acciones encubiertas. No hay que ser un erudito para comprenderlo.

Allen Weinstein, historiador y primer presidente de la NED, declaró en 1991 de forma “cándida y sorprendente”:

Mucho de lo que hoy hacemos, lo hacía ya hace 25 años la CIA de manera encubierta”.

Ahora para tratar de acallar las voces de condena, desde Miami la oposición venezolana, apoyada por la prensa oficialista, declara que sienten preocupación de que “el presunto atentado con drones del sábado 04, pueda ser utilizado por el régimen de Nicolás Maduro para emprender una nueva y atroz oleada de represión contra la oposición y los grupos democráticos en Venezuela”.

Mucho cinismo hay en esas palabras. Primero ponen en duda el intento de asesinato denominándolo “presunto”, y después inician la escalada propagandística respecto a la supuesta oleada de represión contra la oposición “democrática”, queriendo convertir en víctimas a los asesinos y terroristas que quemaron vivos y destruyeron escuelas y centros de trabajo en Venezuela, durante las llamadas Guarimbas, como si tales hechos no fueran repudiables.

Cuando en Europa se han producido hechos terroristas a manos de los grupos extremistas del islán, nadie se pronunció para que los órganos policiales y de seguridad, dejaran de tomar las medidas establecidas contra quienes asesinan y hacen estallar bombas en lugares públicos.

Las autoridades estadounidenses persiguen y matan al instante, aquellos que disparan en escuelas y plazas, sin siquiera detenerlos para interrogarlos y posteriormente juzgarlos. Ante eso, nadie levanta la voz para decir que la policía no puede tomarse la justicia por sus manos.

Sin embargo, cuando países con posiciones no aceptables para Estados Unidos, se ven obligados a tomar medidas con los autores de actos terroristas, cometidos tras el escudo de ser “opositores”, de iso facto se despliegan las campañas de prensa en defensa de los manipulados derechos humanos.

La oposición venezolana se quitó la careta ante la vista de millones de personas que observaban el acto por la televisión. Ahora que se atengan a las consecuencias de sus crimines, pues se les aplicará el mismo racero con que la culta Europa sanciona a los que comenten actos similares.

Torpes políticos que, en su desesperación por eliminar el proceso bolivariano, no se percatan que la Revolución iniciada por Hugo Chávez, al igual que una estaca, mientras más golpes reciba se entierra más profundamente, y por tanto resultará imposible sacarla del corazón de los venezolanos.

Fue exacto José Martí cuando afirmó:

“A bien que es fiero el pueblo, cuando obra movido de justicia, o movido de ira”

Cuba 59 sin miedo a los yanquis


 

Por Arthur González

Los que en Estados Unidos se imaginan que Cuba puede tener temor por las recientes designaciones del Presidente Donald Trump, no conocen su historia. Ni Mike Pompeo y menos el veterano de 69 años John Bolton, le quitan el sueño al pueblo cubano.

Desde el mismo 1959 Estados Unidos, con el entonces presidente, Dwight Eisenhower, inició una carrera de guerra sucia contra la naciente Revolución cubana, solo por no aceptar ser una neo colonia yanqui, como lo había sido desde 1900, cuando Washington se apoderó de la Isla y le impuso la execrable Enmienda Platt, que les permitió intervenir militarmente cuando lo consideraran conveniente, al mismo tiempo que se apoderaron de la Isla de Pinos e impusieron sus bases en el territorio cubano.

Los cubanos no se amedrentaron cuando Estados Unidos con su Agencia Central de Inteligencia, CIA, organizó en 1961 la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, que terminó en una aplastante derrota en solo 68 horas, ni cuándo la Casa Blanca amenazó con invadirla militarmente durante la llamada Crisis de los Misiles, en octubre de 1962.

Menos aún en enero de 1962, fecha en que el Presidente John F. Kennedy aprobó la Operación Mangosta, la cual estableció la guerra económica y psicológica, con el fin de lograr la sublevación del pueblo, que sería apoyada por la intervención del ejército norteamericano.

Aquellos que piensan que la designación de Bolton como asesor de Seguridad Nacional, puede hacer que los cubanos se amedrenten, se vuelven a equivocar y deben saber que los tiempos son diferentes, hoy los cubanos acumulan más experiencia y están mucho mejor preparados para cualquier contingencia en defensa de su soberanía.

Cuba no tuvo ningún temor para enfrentar los miles de planes terroristas ejecutados por la CIA, que dejaron un saldo de 3 mil 478 cubanos muertos y 2 mil 99 incapacitados; ni las acciones de guerra biológica, ni los planes de asesinatos que jamás pudieron hacer blanco contra Fidel Castro, planes reconocidos en la llamada Comisión Church del Comité Selecto del Congreso, que realizó el estudio de esas operaciones de la CIA.

Tampoco a los cubanos se le aflojaron las piernas después de instalación de las Secciones de Intereses de ambos países en 1977, posibilitándole a la CIA retornar a la Habana con una fuerte Estación, ubicada en su misión diplomática para ejecutar acciones de espionaje, fundamentalmente contra la economía de la Isla.

La respuesta contundente de Cuba fue la denuncia efectuada en 1987, demostrando el poderío de sus órganos de la Seguridad, al publicar en la TV las principales operaciones de abastecimiento ilegal a los supuestos agentes que tenía la CIA, cuando en realidad fueron 27 agentes cubanos que lograron engañar a los experimentados oficiales yanquis. Además, se denunciaron 22 oficiales CIA que con estatus diplomático laboraban en la Sección de Intereses y más de 100 que llegaban a La Habana como diplomáticos en tránsito.

Mike Pompeo conoce bien la historia, porque a pesar del silencio obligado que guardó la prensa oficialista yanqui, debió leer el libro “The Human factor: Inside the CIA’S  Dysfunctional Intelligence Culture”, del ex oficial de fachada profunda Ishmael Jones, aborda en detalles como la CIA enfocó la historia de los agentes dobles cubanos, caracterizando tales hechos como una muestra de su mala profesionalidad.

En cuanto a Bolton, sus inventos en el 2002 sobre “las armas biológicas fabricadas por Cuba”, el tiro le salió por la culata cuando el propio Presidente Fidel Castro en declaración oficial, los calificó de embustes y engaños, asegurando que si un solo científico cubano perteneciente a cualquiera de las instituciones biotecnológicas, hubiera cooperado con cualquier país en el desarrollo de armas biológicas, o hubiese intentado crearlas por su iniciativa, sería sometido a los tribunales de justicia como un acto de traición a la patria.

Bolton ya es un hombre de la tercera edad y si en sus años mozos no quiso incorporarse al ejército para no ir a la guerra contra Viet Nam, y escribió en el 25º libro de reunión de la Universidad de Yale “Confieso que no tenía ningún deseo de morir en un arrozal del sudeste asiático”, no resulta lógico que ahora, a sus casi 70 años, quisiera ver a sus nietos muertos o mutilados, por participar en otra de guerra de las tantas perdidas por Estados Unidos.

Cuba tiene una historia plena de valentía y ha resistido estoicamente los cientos de planes y agresiones proveniente de los Estados Unidos; por tanto, ni Trump, Pompeo o Bolton, le harán perder el sueño y su pueblo seguirá bailando al compás del son y la rumba, como lo hizo durante aquellos días luminosos y tristes de la Crisis de los Misiles.

Allá los yanquis que desde 1959 solo tienen pesadillas por no haber podido derrocar el socialismo, los cubanos como dijo José Martí:

“No necesitan ni laurel ni corona, porque respiran valor”