Más mentiras de Rosa María Payá.


Por Arthur González.

Tal parece que Rosa María Payá Acevedo intenta competir con el actual presidente de Estados Unidos, para ver quién de los dos dice más mentiras.

De acuerdo con lo publicado por el diario The Washington Post, Donald Trump desde que asumió la presidencia ha dicho 16 mil 241 mentiras, algo que Rosa María pretende igualar, pues en su reciente visita a Bolivia, para entrevistarse con la presidenta golpista, Jeanine Áñez, expelió una sarta de mentiras como si las personas fueran estúpidas, olvidándose, “la sabionda de pacotillas”, que más rápido se detecta a un mentiroso que a un cojo.

En esa visita la susodicha aseguró a una periodista cubana que “ella vive en Cuba y salió de la Isla hacia dos semanas”.

Falso, ella salió de Cuba hace años con una visa del programa de refugiados políticos, otorgada por diplomáticos yaquis en La Habana, como un canje para que ella y su madre, Ofelia Acevedo, comenzaran una campaña de que su padre, Oswaldo Payá Sardiñas, murió en el accidente automovilístico “provocado por las autoridades cubanas” y no por conducir el español Ángel Carromero, a exceso de velocidad.

Rosa María es residente permanente en Miami junto a su madre y dos hermanos, donde acumulan una ayuda económica del gobierno de Estados Unidos, de por vida, por ser refugiados.

Sin embargo, también tiene residencia en La Habana donde posee una vivienda propiedad de su padre y, al acogerse a la nueva regulación migratoria cubana, puede estar hasta 24 meses fuera del país, sin perder derechos en la Isla.

Ella aseguró que “el gobierno cubano reprime”, pero entra y sale de La Habana sin nuca haber sido detenida ni sancionada, a pesar de trabajar para Estados Unidos y hacer campañas contra el gobierno cubano, tal y como le exigen los políticos de Miami quienes sufragan sus viajes por el mundo para desprestigiar a su país.

Otra de sus falacias fue cuando le dijo a la periodista: “pregúntale al pueblo de Cuba lo que quiere, como es no tener que pedir permisos para viajar”.

Y si los cubanos tienen que pedir permiso para viajar, ¿Cómo ella sale tanto del país? ¿A quién le pide a permiso para sus viajes?

Los cubanos no tienen que solicitar permiso para visitar otros países, pero sí tienen que sufrir la humillación en los consulados extranjeros, cuando intentan obtener un visado, entre ellos para viajar a los Estados Unidos, donde tienen que pagar previamente 136 dólares, y un 80 % de los solicitantes son denegados.

¿Por qué no le pide al presidente Trump que vuelva a abrir el consulado en La Habana y evitar de esa forma que aquellos cubanos que deseen visitar a sus familiares o emigrar a Estados Unidos por el programa de reunificación familiar, tengan que viajar a un tercer país a solicitar la visa, con un incremento de gastos en pasajes, hospedaje, traslados en taxis y regreso a la Habana, desde donde deben pagar otro pasaje a Miami?

La Oficina de Asuntos Consulares del Departamento de Estado afirma que, en 2019, más de 20 mil solicitudes del Programa de Reunificación de familias cubanas, se encuentran estancadas tras la escalada de las tensiones diplomáticas. De eso no dijo una sola palabra, no está en el guion que le han dado los mafiosos de Miami.

En su cadena de mentiras dijo: “la última vez que salí de Cuba fue para asistir a la Cumbre de las Américas y solo llevo dos semanas fuera del país”.

¿Pensará que vivimos en la era de las cavernas donde Internet no existía? Cualquiera persona en el mundo puede comprobar que reside en Miami, asiste a foros internacionales, reuniones con la mafia terrorista anticubana y tiene más horas de vuelo que una azafata de América Air Line.

Si realmente vive en La Habana, ¿de dónde proviene el financiamiento para sus viajes a Europa y a Latinoamérica, si ella no trabaja? Por supuesto que de una parte de los 30 millones de dólares aprobados por la Casa Blanca para las acciones subversivas contra Cuba.

¿Cómo justifica que sea recibida por la presidenta golpista de Bolivia, el Parlamento Europeo, por el nuevo presidente de Uruguay, o en la OEA, cuando según afirma, es una cubana residente en La Habana y no tiene trabajo? Entonces, ¿por qué merece ese tratamiento?

Si los cubanos llevan 60 años sin derechos, ¿cómo ella y sus dos hermanos estudiaron en la Universidad de La Habana, a pesar de ser hijos de un contrarrevolucionario financiado por Estados Unidos?

Si no hay derechos, ¿cómo se explica que ella pudiera presentar una carta en la Asamblea Nacional de Cuba, donde solicitaba cambios en la Carta Magna?

Entre otras mentiras aprendidas en su libreto expresó: “consúltenle a los cubanos que quieren, si un cambio de sistema y tener pluripartidismo”.

Tal parece que Rosa María no conoció del referendo popular efectuado en 2019, donde la gran mayoría de los cubanos aprobaron la nueva Constitución de la República, algo que no sucede en Estados Unidos que tiene una desde el siglo XIX, ni en otros países del mundo donde la Ley de Leyes permanece inamovible y si se cambia no se le consulta al pueblo.

También en su gastada letanía afirmó: “los cubanos deben tener la capacidad de que nadie hable por ellos”, pero ella misma se contradice, porque en Miami le crearon una organización contrarrevolucionaria denominada Cuba Decide, obviando que quienes realmente deciden en Cuba son precisamente los cubanos que trabajan, estudian y resisten la guerra económica, comercial y financiera más larga de la historia, impuesta por Estados Unidos con el propósito de matar por hambre y enfermedades a once millones de cubanos, que decidieron luchar por mantener la soberanía alcanzada, para no convertirse en títeres de los yanquis como ella.

Rosa María sigue las mismas instrucciones emitidas por la CIA y la Agencia de Información de Estados Unidos, USIA, en su programa de 1960, dirigido a preparar a la opinión pública y gubernamental de America Latina, para apoyar a Estados Unidos en sus acciones contra Cuba.

A engañar a otros con sus cuentos, que ni convencen ni pueden empañar la realidad de Cuba, esa que tanto escozor causa a los gobernantes de Estados Unidos, desde que en 1958 comprendieron que el ejército rebelde, encabezado por Fidel Castro, tenía la victoria asegurada.

Ella, como quienes le antecedieron, van directo al basurero de la historia, pues como aseguró José Martí:

“Nada falso es duradero ni útil”

 

Regresan los golpes militares en América Latina.


Por Arthur González.

Desesperados por eliminar de raíz todo vestigio de nacionalismo, soberanía y desobediencia ante sus órdenes, Estados Unidos no ha tenido otra opción que desempolvar los golpes militares, para intentar imponerse a la fuerza sobre gobiernos que levantan las banderas de la libertad e independencia en Latinoamérica.

Ante el fracaso de su política contra Venezuela, aplicaron la vieja y sangrienta fórmula contra el presidente constitucional Hugo Chávez, para lo cual contaron con el apoyo inmediato de algunos países europeos que se declaran “democráticos”, pero el tiro le salió por la culata, al no tomar en cuenta al pueblo que respaldó a su presidente, hasta regresarlo al palacio.

La OEA, desprestigiada y fiel servidora de su amo, ni habló para condenar el golpe militar, como tampoco lo hizo cuando Juan El Títere Guaidó, junto a Leopoldo López, sirvieron de pantalla al nuevo golpe militar contra el presidente Nicolás Maduro, electo por el voto popular. La Unión Europea no reprobó la acción, al contrario, arreció sus sanciones contra Venezuela, como muestra evidente de su subordinación a Washington.

La puñalada a la democracia popular la dio el presidente de Ecuador, Lenin Moreno, al enfrentar al ejército con el pueblo con una brutalidad descomunal, para acallar los reclamos de quienes sufren las consecuencias de la aplicación de una economía neoliberal, por mandato del Fondo Monetario Internacional, ídem Estados Unidos.

Los hechos que viven hoy los chilenos son idénticos a los que ejecutó la dictadura militar de Augusto Pinochet, quien derrocó al presidente Salvador Allende, mediante una Operación de la CIA y el Departamento de Estado yanqui, para impedir que un presidente socialista imitara las acciones de soberanía nacional de Cuba.

Los cientos de miles de asesinados, desaparecidos y torturados por esa tiranía, nunca recibieron el repudio de la Casa Blanca, no hubo ruptura de relaciones, ni guerras económicas, comerciales y financieras contra Pinochet, vivió felizmente e impuso una constitución al deseo de Washington

Hoy, Sebastián Piñera goza del apoyo pleno de los yanquis y no hay una sola declaración de la Unión Europea, la Comisión de Derechos Humanos ONU ni de la OEA, en contra de sus asesinatos, cientos de detención arbitrarias, adolescentes y jóvenes heridos por las balas del ejército que reprime con saña a pacíficos chilenos que piden una vida mejor.

La alta jerarquía de la Iglesia Católica ecuatoriana y chilena se ha quedado muda, sin embargo, para acusar a Venezuela y exigir libertades en Cuba tiene incontinencia verbal.

Ahora lo sucedido contra el mandatario Evo Morales, demuestra lo que alertaba Ernesto Che Guevara, que “al imperialismo no se le puede dar ni un tantico así”.

Ellos no respetan soberanía nacional, ni libertad de pensamiento y menos democracia. La de ellos es sobre la base de represión y sangre para amedrentar a los pueblos.

La Operación desarrollada por la CIA y el Departamento de Estado, contra el presidente Evo Morales, estaba avisada. La oposición ecuatoriana estuvo asesorada desde el inicio del proceso eleccionario, por oficiales de la CIA, bajo manto diplomático, desde la misión estadounidense en La Paz. Oficiales de esa Agencia, con diferentes coberturas, campearon a sus anchas por Bolivia, como realizan en todo el mundo los No Official Cover, NOC, para no evidenciar a sus “diplomáticos”.  

La OEA se relamió los bigotes al ser designada por Evo Morales, para ejecutar la auditoría de las elecciones, algo que bien pudo asesorarle algún agente CIA reclutado dentro de su equipo de trabajo, pues se sabe perfectamente que Luis Almagro es uno de los cientos de colaboradores secretos, que poseen en Latinoamérica para penetrar los movimientos sociales, como le orientaron cuando trabajaba con José Mujica, ex miembro del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros.

Sabiendo que Evo ganaría las elecciones a pesar de la cruzada mediática desarrollada por la prensa y las redes sociales, debido a los avances económicos y sociales alcanzados durante los años de sus mandatos, comenzaron el golpe militar con las declaraciones públicas de sus contrincantes de derecha, de: “no reconoceremos los resultados”.

Los altos mandos militares, formados en academias yanquis, fueron reclutados uno a uno, mediante dinero y ofertas jugosas, lo mismo que hicieron antes del golpe militar de Pinochet.

El mecanismo de la Operación CIA estaba listo para ejecutar cada tarea aprobada en Washington, algo muy parecido a la Operación Mangosta contra la Revolución cubana, aprobada por el Grupo Especial Ampliado del Consejo de Seguridad, en febrero de 1962, la cual incluida actos provocativos para justificar una invasión con el ejército norteamericano.

Carlos Mesa Gispert, ex presidente de Bolivia y Francisco Camacho, líder del Comité Cívico de Santa Cruz, son las caras visibles del golpe militar, pero quien gobierna hoy en el país es el alto mando militar, quienes colocaron la banda presidencial a la senadora opositora Jeanine Áñez, a pesar de no ser aprobada por la mayoría del legislativo, pero sí el visto bueno de la CIA.

Así funciona la democracia que imponen los yanquis ante su impotencia de no poder derrocar los deseos del pueblo.

Una imagen bien definida, evidentemente contemplada en la Operación CIA en Bolivia, la dio Stanislaw Dowlaszewicz, Obispo Auxiliar de Santa Cruz de la Sierra, polaco, nombrado por el Papa San Juan Pablo II, quien en su homilía calificó el 12 de noviembre 2019, como “un día histórico para el país, por ser la resurrección de una nueva Bolivia”; y añadió:

Gracias por recuperar la democracia. Gracias Santa Cruz por pacificar a nuestra nación y a nuestra ciudad. Gracias por el sacrificio a lo largo de los paros y los bloqueos. Gracias a los policías y a las fuerzas armadas, y gracias a los jóvenes de Santa Cruz y Bolivia. Gracias por su testimonio, fortaleza y valentía y por su entrega, porque ustedes luchaban por su presente y futuro”.

Todo encaja y por eso el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, en el contexto de la Sesión Especial del Consejo Permanente, solicitó a la Conferencia Episcopal Boliviana, “guiar el proceso de pacificación constitucional en Bolivia”.

Significativo resultó que Francisco Camacho, sin ser molestado por el ejército, ingresó al Palacio de Gobierno de La Paz y depositó una Biblia, pocos minutos antes del anuncio de dimisión de Evo.

Una vez culminada esas etapas de la Operación, Mike Pompeo, ex director de la CIA y secretario de Estado, declaró que, con el fin de restaurar la credibilidad del proceso electoral, “todos los funcionarios del Gobierno y los funcionarios de cualquier organización política implicada en las elecciones defectuosas del 20 de octubre, deben hacerse a un lado del proceso electoral”.

Vergüenza histórica para los que apoyan a los yanquis en este nuevo golpe militar que pisotea la voluntad de los pueblos y mancha de sangre inocente a Latinoamérica, sin recibir la justa condena de aquellos que levantan su voz contra gobiernos verdaderamente democráticos y luchadores por el bien de sus ciudadanos.

Por esa razón, José Martí expresó:

“Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber, puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”.