¿Dónde está la fanfarroneada libertad de pensamiento?


Por Arthur González.

El pasado 7 de julio 2019 el diario dominical londinense, Mail on Sunday, publicó informaciones secretas del embajador del Reino Unidos de Gran Bretaña, Kim Darroch, enviadas al Foreign Office, en las que plasma consideraciones sobre la actual administración del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, donde lo califica de “inepto, inseguro e incompetente”.

Otros diarios locales e internacionales replicaron la noticia de inmediato, tomando por sorpresa al gobierno británico.

El documento secreto fue filtrado a la prensa, pero se desconoce cómo y quiénes lo hicieron, situación análoga a lo ejecutado por el sitio WikiLeaks, cuando puso al descubierto miles de documentos secretos, en los que se comprueba la forma sucia de actuar de los yanquis, e incluso las opiniones negativas emitidas sobre líderes mundiales, algo que ahora parecen olvidar los británicos.

Entre las alertas que hace el embajador Darroch a sus superiores en Londres, están sus valoraciones respecto a la política que sigue la Casa Blanca, en las que se puede leer: “La carrera del actual Presidente podría terminar en desgracia y su Administración es excepcionalmente disfuncional”.

Dentro de las tareas que tiene una embajada que representa a su país en el exterior, están las contempladas en el Artículo 3 de la Convención de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas, del 18 de abril de 1961, donde se establece:

-Enterarse por todos los medios lícitos de las condiciones y de la evolución de los acontecimientos en el Estado receptor e informar sobre ello al gobierno del Estado acreditante.

El Artículo 41 establece de igual forma:

-También están obligados a no inmiscuirse en los asuntos internos del Estado receptor.

Lo antes expuesto deja en claro que el embajador británico cumplió con lo establecido y los requerimientos de su ministerio de Relaciones Exteriores, Foreign Office, pero al hacerse públicos sus informes, en Londres no desean desatar la furia patológica de Donald Trump y crear un roce político negativo; por tanto, el embajador Darroch será llamado a consultas, y seguramente le informarán de su sustitución inmediata y quizás hasta sea sancionado.

En ese sentido, la dimitente primera ministra, Theresa May, declaró rápidamente que ella tiene total fe en su embajador, pero no comparte sus opiniones respecto a la actual administración, de que del presidente Donald Trump es “disfuncional e inepta”.

Realmente el informe de la embajada británica afirma lo que dice todo el mundo, referente a la actual administración yanqui, al afirmar:

No creemos realmente que esta administración vaya a ser mucho más normal; menos disfuncional, menos impredecible; menos dividida en facciones; menos torpe diplomáticamente e inepta”.

Para limpiarse las manos y evitar la reacción violenta de Trump, el portavoz de la residencia oficial de Downing Street, recalcó el 8 de julio 2019:

“La función del embajador es hacer evaluaciones políticas honestas del país donde está destinado, aunque sus opiniones no sean compartidas por el Gobierno del Reino Unido. Esta filtración no es aceptable y se abrió una investigación para escalecer todos los detalles”.

¿Evaluaciones honestas? Pero cuando se trata de países no aceptables para Estados Unidos todo vale, y se hacen eco de calumnias y desinformaciones de la situación real del país, como sucede contra Venezuela, donde las informaciones describen una situación inexistente, en apoyo a las campañas sucias dirigidas por Estados Unidos.

Una muestra de la subordinación de los británicos a los Estados Unidos la dio el ministro de Comercio, Liam Fox, a quien la revelación lo sorprendió en plena visita a Washington, por eso rápidamente declaró a la BBC: “me disculparé por este incidente con Ivanka, hija de Trump, cuando nos reunamos”, y añadió:

“Lamento que filtraciones de este tipo puedan llegar a dañar la relación bilateral y tener un efecto en los intereses de seguridad de los dos países”.

¿Se habrá disculpado Trump por las ofensas que hizo contra el alcalde de Londres antes de su visita?

Triste papel tendrá que jugar el gobierno del Reino Unido para no enfurecer al “emperador”, pero la realidad demuestra que Trump es evaluado en su justo medio, porque sus actitudes ponen de relieve los serios problemas psicológicos que lo afectan, de ahí que los británicos conociendo sus rasgos de personalidad, lo recibieran por segunda ocasión con bombos y platillos por la Reina Isabel II, pues una de las alertas emitidas por el embajador Darroch, respecto a su visita a Londres, fue que:

Trump se sintió deslumbrado por la pompa y el boato desplegado”

Por ese motivo, en su más reciente viaje, la Reina Isabel II le ofreció una cena de honor en el palacio de Buckingham a todo lujo, donde hizo gala de su mejor vajilla, cubertería de plata y seis copas, deslumbrándolo a él y a su amplia comitiva, de la que no faltaron parte de su familia, la cual tiene mucho dinero, pero carece de una educación a la altura, como demostró Ivanka durante la reunión del G-20.

Gústele o no, la verdad es que Trump sufre de un fuerte trastorno de personalidad, descrito en detalles por eminentes psicólogos estadounidenses, unido a lo publicado por Michael Wolff en su explosivo libro “Fuego y Furia”, en el que narra en detalles el caos que reina en el despacho Oval; el libro “Fear: Trump in the White House”, del destacado periodista Bob Woodward, quien dibuja una Casa Blanca caótica, disfuncional y mal preparada.

Igual descripción aparece en el libro “Locura Mediática: Donald Trump, la prensa y la lucha por la verdad”, escrito por Howard Kurtz, periodista del canal Fox News, donde retrata el ambiente caótico en la oficina Oval.

Por tanto, en Londres no deben preocuparse por un secreto a voces y menos pedirle disculpas a Ivanka Trump, de algo que conoce desde pequeña y que, a pesar de los millones, su padre no ha podido enmendar.

En Downing Street deberían tener presente lo dicho por José Martí:

“No hay cosa más ciega y levantisca que las preocupaciones”

 

La doble moral de Donald Trump.


Por Arthur González.

Para que todos sepan la doble moral que tiene el actual inquilino de la Casa Blanca, el pasado mes de abril 2019, Donald Trump y tres de sus hijos, Donald Jr., Ivanka y Eric, más y su empresa la Trump Organization, interpusieron sendas demandas a los bancos Deutsche Bank de la República Alemana y al Capital One, de propiedad estadounidense.

El motivo de las mismas es impedir que los bancos entreguen informaciones sobre sus finanzas personales, a dos Comités de la Cámara de Representantes, situación a la que dichas entidades bancarias están obligadas debido a un requerimiento judicial presentado en la Corte del distrito sur de New York.

El Clan Trump trata de impedir, por todos los medios, la investigación que llevan a cabo los demócratas en la Cámara de Representantes

El contenido de la demanda de los abogados de los Trump, se hizo público y ha permitido conocer que en la misma alegan que la solicitud de información “no tiene ninguna legitimidad ni fin legítimo y ha sido emitida por los demócratas con un objetivo político”.

El Deutsche Bank, a través de su portavoz, Kerrie McHugh, declaró que “están comprometidos en brindar la información correspondiente para todas las investigaciones que han sido autorizadas y ellos cumplirán con las órdenes judiciales”.

La negativa del Clan Trump pone en evidencia la doble moral yanqui, que mientras obstaculizan las informaciones sobre sus finanzas, aprueban anualmente altos presupuestos para que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, se ocupe de exigirle a los bancos de todo el mundo, información sobre las transacciones que ejecutan con entidades cubanas, incluso para pagar las cuotas de los organismos internacionales, entre ellas las de Naciones Unidas, todo eso con un fin político.

Precisamente en el 2014 bajo la administración de Barack Obama, la OFAC solicitó al Deutsche Bank, información concerniente a los pagos en dólares efectuados por sus instituciones, provenientes o hacia Cuba.

En 2015 el banco alemán Commerzbank, fue obligado a pagar a varias autoridades estadounidenses 1,196 millones de euros (1,452 millones de dólares) por haber realizado transacciones con empresas de Cuba. Otras compañías comerciales alemanas como Siemens, Daimler y Deutsche Telekom, recibieron advertencias de la OFAC para que no ejecutaran ninguna acción financiera con la Isla.

Ante tales imposiciones imperiales, el abogado y profesor de Derecho Internacional en Düsseldorf, Siegfried Elsing, declaró en ese momento:

En Estados Unidos existe la tendencia de imponer sus propias leyes y un banco que actúa a nivel global, no puede evitar a Estados Unidos, por eso hay que someterse ante ellos”.

Con anterioridad la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), había multado a una de las sucursales del banco alemán Commerzbank, situada en Nueva York, por respaldar transacciones con entidades cubanas, que violan la guerra económica, comercial y financiera que Estados Unidos impone a la Isla desde hace más de medio siglo.

La multa más alta aplicada por los yanquis a bancos extranjeros que mantienen relaciones con Cuba, la recibió en 2015 bajo el gobierno de Obama, el BNP Paribas, el mayor banco de Francia, por un total de 10 mil millones de dólares, rebajado a 8 mil 834 millones de dólares después de un largo proceso de conversaciones entre París y Washington.

Adicionalmente, dicho banco fue sancionado a no realizar operaciones en dólares durante un año, especialmente en el sector del petróleo y el gas, demostrando con ese proceder que Estados Unidos está por encima de lo regulado en derecho internacional, al imponerles sanciones por comerciar directamente con Cuba a naciones soberanas.

Con esos antecedentes, es posible que el banco alemán entregue los requerimientos solicitados por la Corte de New York respecto a las cuentas del Clan Trump, como desquite por las multas y presiones políticas que reciben las entidades alemanas, pues como afirmó José Martí:

“La historia salda cuentas”.