Los yanquis abandonan a sus militares muertos.


Por Arthur González.

El 16 de abril de 1961 Estados Unidos inició la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, con la intención de derrocar a la Revolución popular que decidió caminar, a partir de 1959, sin la tutela de Washington, elemento suficiente para eliminarla.

Dicha invasión fue organizada por la CIA, según se puede leer en los documentos desclasificados, entre ellos el informe realizado por el Inspector General de dicha agencia, donde expone, con lujo de detalles, las causas de su aplastante fracaso.

Los primeros en tocar las costas cubanas la madrugada del 16 de abril, fueron los hombres ranas de la CIA, quienes colocaron las boyas lumínicas que marcaron el camino para iniciar el desembarco de las tropas mercenarias, las que soñaban con imponer nuevamente un gobierno servil a las órdenes yanquis.

Los aviones de la brigada mercenaria contaban con pilotos yanquis para lanzar bombas contra campesinos inocentes, matando sin piedad a hombres, mujeres y niños.

Uno de esos aviones fue derribado cuando intentó bombardear el central azucarero Australia, y su piloto, Thomas Willard Ray, murió al caer a tierra.

Estados Unidos se negó, por muchos años, a reconocer que era un ciudadano yanqui, pero el gobierno de Cuba, que logró recuperar la documentación que portaba, lo guardó en congelación a la espera que algún día ese gobierno se decidiera a aceptar que un miembro de la fuerza aérea norteamericana, había participado en dicha invasión para bombardear a la población civil de la zona.

El cadáver de Ray estuvo durante veinte años abandonado por Estados Unidos, en una solitaria gaveta de congelación en el Instituto de Medicina Legal de Cuba, a la expectativa de ser oficialmente reclamado de ese limbo, hecho que constituye un record histórico.

No es fácil superar esa acción por parte del país que lo envió como militar estadounidense, a cumplir actos de guerra en completa violación de todas las leyes internacionales y donde la muerte siempre es una posibilidad.

Pero lo peor vendría cuando pasado veinte años, el gobierno de Estados Unidos decidió reconocerlo y recuperar su cadáver.

La familia del piloto una vez recibido y enterrado el cuerpo, vio la posibilidad de sacarle lascas monetarias al muerto, aprovechándose de una cláusula de la enmienda de la Ley de Inmunidad Soberana de los estados, e impusieron una demanda contra el gobierno cubano, con el fin de obtener dinero a costa del muerto.

La verdadera víctima de aquella invasión mercenaria es el pueblo cubano y no los invasores mercenarios que sembraron el luto entre las familias de la isla.

Demostrando más interés que amor, Janet Ray Weininger, estableció reclamación legal contra Cuba en las cortes yanquis, en un proceso totalmente politizado.

Como era de esperar, el fallo fue a su favor y de las cuentas bancarias cubanas congeladas en Estados Unidos, le fueron entregados 24 millones de dólares como recompensa, además de otros 65 millones de dólares por supuestos daños punitivos, ya que acusó a las autoridades de la Isla de haberlo “torturado y asesinado”. En total se apoderó de 89 millones de dólares pertenecientes a los fondos de Cuba.

O sea, un piloto de Estados Unidos que lanzó metrallas y bombas contra una industria cubana, matando e hiriendo a trabajadores y vecinos inocentes del poblado que lo circundaba, resultó ser para los tribunales yanquis una víctima, a pesar que su cadáver fue dejado por su gobierno en una lúgubre gaveta de congelación, y ser el único responsable de compensar a esa familia por su muerte y abandono durante veinte años.

Esa es la verdadera cara del país que se auto proclama “paladín de los derechos humanos”.

Al cumplirse 59 de la primera derrota de Estados Unidos en Latinoamérica, también recordamos que durante la guerra contra Vietnam sucedieron casos similares, muertos abandonados durante la criminal e injusta guerra ganada por el pueblo que luchó por su soberanía e independencia, igual que sucedió en las arenas de las playas cubanas en Bahía de Cochinos.

Ante hechos similares expresó José Martí:

“Con que villano regocijo gozan las almas miserables”


Donald Trump y Mike Pompeo repiten la historia de fracasos.

 Por Arthur González.

 

 

 

 

 

 

Resulta evidente que ni el presidente de Estados Unidos ni su actual secretario de Estado, repasan la historia de su actuación contra Cuba en los últimos 60 años, pues de hacerlo se percatarían que está llena de fracasos. Por ignorancia, insisten en una política que lejos de crear descontento en el pueblo cubano y culpar a la Revolución de sus penurias, incrementan el rechazo hacia Estados Unidos y sus actos imperiales para apoderarse de la Isla.

Martí expuso con su habitual brillantez: “La historia no es cera que se moldea en manos caprichosas”, por eso es importante recordarles a ambos funcionarios yanquis, que lo que ahora hacen contra Cuba y Venezuela, ya lo hicieron en 1960 el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, sin obtener ningún resultado.

Cuando en abril del 2019 Trump comenzó a imponer sanciones a embarcaciones relacionadas al transporte de petróleo hacia Cuba y a las agencias aseguradoras, para ahogar la economía cubana, no hizo más que copiar los planes de Eisenhower y Dulles, quienes en 1959 tomaron la decisión de hacer lo mismo.

¿No conocerán Trump y Pompeo que la primera medida contra la Revolución fue anular los créditos comerciales para las importaciones cubanas? Con aquella acción pretendían impedir los nuevos programas de desarrollo económico y social, pero nada de eso cambió el rumbo del proceso cubano.

¿Se olvidaron que el 6 de julio de 1960 Estados Unidos suspendió la cuota azucarera que compraban a Cuba, y además cortaron los envíos de petróleo y la negativa de procesar en sus refinerías el crudo procedente de la URSS?

Aquellos actos de la naciente guerra económica, no impidieron el desarrollo que comenzaba a experimentar la Isla.

En esos primeros años del triunfo, las acciones se incrementaron y Washington decidió eliminar todas las exportaciones de sus productos a Cuba, incluidas las piezas de repuesto para una industria totalmente dependiente de Estados Unidos, con el fin de arrodillar al nuevo gobierno, pero tampoco obtuvieron nada.

Importantes documentos desclasificados prueban las malsanas intenciones que perseguía el gobierno yanqui, como es el memorando del 27 de junio de 1960, que versa sobre la reunión efectuada para analizar “Cuestiones relacionadas con el programa de presiones económicas contra Castro”.

Dicha reunión estuvo presidida por el secretario de Estado, con la participación de varios de sus sub secretarios, el secretario de Defensa, el sub secretario de Agricultura, dos representantes de la Casa Blanca y por la CIA el sub director General Charles P. Cabell y el Coronel J.C King, Jefe de la División del Hemisferio Occidental.

La lista de temas a debatir fue presentada por el representante de la Casa Blanca, Gordon Gray, el cual afirmó que el presidente autorizó el 17 de marzo de ese 1960, el programa de Acciones Encubiertas (presentado por la CIA), para el establecimiento de presiones contra Castro.

Al preguntarle el secretario de Estado al General Cabell, de cómo estaban las cosas por Cuba, el sub secretario de la CIA respondió:

“Por ahora no parece que el gobierno de Castro este bajo ninguna presión económica grave y de hecho es necesario imponer presiones económicas concertadas”.

Con total cinismo añadió el Coronel J. King:

“Cada vez hay más temor en la población cubana de que los Estados Unidos realicen una acción como la aquí propuesta, pero se sentirá aliviada, y se puede proporcionar un importante apoyo moral y material a la creciente oposición interna en Cuba”.

Pensamiento idéntico al de Mike Pompeo, quien afirma que las sanciones a Cuba van en apoyo del pueblo, evidencia de que la actual estrategia yanqui es copia de lo que hicieron desde 1960.

En aquella reunión se lanzó la propuesta de aplicarle a Cuba la Ley de Comercio con el Enemigo, para congelar todo el comercio entre Cuba y Estados Unidos, lo que hicieron unos meses después y aún mantienen.

El secretario de Estado expuso que: “mientras más rápido se apliquen las sanciones mejor será”, y añadió:

“Los cubanos tienen problemas en este momento con su situación petrolera y nosotros no debemos demorar el seguimiento a eso”.

Posterior a la derrota aplastante sufrida con su invasión por Bahía de Cochinos, en abril de 1960, el presidente J.F. Kennedy organizó dentro del Consejo de Seguridad, un Grupo Especial Ampliado para aprobar nuevas acciones que dieran al traste con la Revolución cubana.

Fue así como nació la Operación Magosta el 18 de febrero de 1962, en la cual se aprobaron medidas diplomáticas para condenar a Cuba y aislarla del resto del Hemisferio, otras acciones para el sabotaje a los buques de petróleo hacia la Isla y la contaminación del petróleo, aceites y lubricantes por parte de la CIA.

La guerra económica tiene en esa Operación un papel protagónico con 13 medidas, entre ellas presiones a México y Canadá para cortar el comercio con la Isla; aplicar el Acta de Producción para la Defensa de 1950, prohibiendo el empleo de buques estadounidenses en el comercio con Cuba; la inclusión en las medidas a los buques arrendados por Cuba y de los países socialistas, los que serían hostigados negándoles la entrada en los puertos estadounidenses; influir en las corporaciones estadounidenses con subsidiarias fuera del país, para que se sumaran al espíritu de las sanciones económicas.

Así mismo, fueron aprobadas otras acciones como que la CIA provocara el fracaso de las cosechas de alimentos en Cuba; convencer a las naciones miembros de la OTAN, a dar los pasos para aislar a Cuba de Occidente; presionar a Japón para que hiciera lo mismo, y medidas ideadas por la CIA para lograr la interrupción del suministro del níquel cubano a la Unión Soviética.

Pasados 60 años los yanquis insisten en continuar con una estrategia que nunca les ha dado resultados, pero con su acostumbrada prepotencia, no cambian para no reconocer tantos fracasos, de ahí que el actual secretario de Estado Mike Pompeo, expresara hace pocos días:

“Estamos haciendo todo lo posible para negar al régimen venezolano los recursos y las capacidades para continuar imponiendo la tiranía al pueblo venezolano y tratando de apoyar el movimiento democrático venezolano junto con todos nuestros aliados en la región”.

“Estados Unidos también ha llevado a cabo una campaña de máxima presión en contra del gobierno de Cuba, por el apoyo que los funcionarios estadounidenses creen que las autoridades cubanas están ofreciéndole a Maduro, mediante servicios de inteligencia y seguridad”.

“Nuestra misión es hacer lo mejor posible y no lesionar al pueblo cubano; de hecho, es todo lo contrario, crear un espacio donde exista una oportunidad para la democracia y la libertad”.

Como dice el viejo proverbio, “Perro huevero, aunque el quemen el hocico”, siguen desgastándose e incrementando el repudio popular, algo que no pueden cambiar porque los cubanos aprendieron a leer, escribir y analizar las situaciones que los afectan, convencidos de quien es el máximo responsable de sus escaseces.

Por eso afirmó José Martí:

“La culpa no es excusada ni por el mismo que de ella se aprovecha”

 

 

 

 

Vieja historia de fracasos.


Por Arthur González.

La derrota de la invasión mercenaria a Cuba por Bahía de Cochinos en abril de 1961, la asumió el Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, a pesar de que su actor principal fue el Director de la CIA Allen Dulles, quien le aseguró al Presidente Dwight Eisenhower y al propio Kennedy, que el pueblo cubano esperaba con ansiedad que Estados Unidos “los salvara del Castrismo”.

El resultado de esa invasión fue catastrófico y los “valientes” brigadistas, se rindieron a las fuerzas cubanas que defendieron con los dientes su independencia y soberanía, en solo 67 horas. Parece que con los años aquellos “valientes” olvidaron sus lágrimas y las frases que no dejaban de repetir ante los milicianos: “nos engañaron” y “solo somos cocineros”.

Por la desinformación de la CIA al Presidente JFK, fue sustituido el viejo zorro Allen Dulles, quien dirigía la tenebrosa Agencia de Inteligencia desde 1953. Junto con él se fueron el jefe de planes especiales y otros altos funcionarios.

58 años después, el mismo 17 de abril, pero de 2019, el anciano John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, anunció las nuevas sanciones que impondrá su gobierno a los viajes de sus ciudadanos a Cuba y los nuevos límites a las remesas que reciben los cubanos de sus familiares y amigos en Estados Unidos.

Esas crueles medidas de lesa humanidad, las informó ante los mercenarios que fueron derrocados en las arenas de Playa Girón, situación que avizora para tales medidas, la misma suerte que tuvieron los auto proclamados “luchadores por la libertad”, cuando llorando se rindieron ante las fuerzas revolucionarias cubanas.

Las sanciones que reflejan el desespero de los imperialistas por acabar con la Revolución socialista, ante 60 años de permanentes fracasos. Esas mismas acciones las ejecutó George W. Bush en 2004 y no tuvieron el más mínimo éxito, a pesar de que Cuba perdió más del 85 % de su comercio exterior ante la caída del socialismo en Europa.

Como toda familia unida, el pueblo cubano ante la crisis provocada por los yanquis, resiste y busca soluciones creativas para continuar adelante, a pesar de las penurias que causan la guerra económica y financiera, actitud que los norteamericanos no comprenden pues ellos ante una guerra como la impuesta contra Cuba y Venezuela, se lanzarían a las calles porque no pueden vivir con limitaciones comerciales y de consumo.

Para hacer valer su prepotencia imperial ante el mundo, el Departamento del Tesoro también suspenderá la autorización emitida por Obama, para que compañías y bancos cubanos realicen transacciones en terceros países y que indirectamente se ejecutan a través del sistema bancario estadounidense.

Si eso se llama democracia, permitir el libre pensamiento, respetar los derechos humanos y la igualdad entre las personas, nos quedamos con el socialismo cubano que no intenta atropellar a otros, por el contrario, ayuda a los desposeídos a leer, escribir y contar, brinda salud y cultura, aspectos que no soportan los yanquis porque ellos solo llevan muerte y destrucción al mundo con sus guerras de rapiñas.

Una prueba palpable de que Estados Unidos era el dueño y dictador omnipotente de la economía cubana antes de 1959, son las entidades contempladas en las listas negras publicadas recientemente, donde prohíben a los estadounidenses comprar hasta un sencillo refresco de cola hecho en Cuba.

En dicho listado aparecen centros comerciales, hoteles, restaurantes, fábricas, bancos, aseguradoras, empresas de servicios, minas, tierras agrícolas, centrales azucareros, escuelas, hospitales, playas, marinas, puertos, aeropuertos, edificios de apartamentos, clubs nocturnos y otros centros recreativos, rones y cervezas.

El recrudecimiento de las sanciones contra el pueblo cubano afecta a empresas europeas, asiáticas y latinoamericanas, por lo cual la Unión Europea, con España a la cabeza, y Canadá, aseguran que no reconocerán las sentencias que puedan dictarse en tribunales de Estados Unidos, contra intereses europeos o canadienses en Cuba, a partir de la decisión de reactivar totalmente la execrable Ley Helms-Burton, que permite acusar ante las cortes federales yanquis a las empresas extranjeras que operan en la Isla.

La Unión Europea y Canadá declararon que la aplicación extraterritorial de medidas unilaterales contra Cuba son contrarias al Derecho internacional y trabajarán unidos para proteger los intereses de sus empresas y compañías, según expresaron Federica Mogherini, Alta Representante de Política Exterior de la UE, la Comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, la Ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland y la Ministra portavoz del Gobierno español, Isabel Celaá.

Todos recalcan que, si Estados Unidos sanciona a sus compañías, llevaran el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), como pretendieron hacer en 1996, cuando el Presidente Bill Clinton aprobó la mencionada Ley, bajo las presiones políticas de la mafia terrorista anticubana de Miami, situación que lo obligó a posponer cada 6 meses la aplicación del Título III.

La suerte está echada y el mundo seguirá condenando la actitud imperialista de Estados Unidos. La actual controversia de Trump con Europa puede traerle graves consecuencias y restar apoyo a otros proyectos yanquis que le descontará protagonismo en este mundo, del que se creen dueños y señores. Veremos si con ese fracaso la actual directora de la CIA también es defenestrada.

Los cubanos pasarán momentos difíciles, pero los unirá aún más el rechazo y odio a los yanquis, para impedir que nuevamente se apoderen de la Antilla Mayor, como deseaba desde 1823 el ex Presidente Thomas Jefferson, cuando reiteró:

“Yo confieso, con toda sinceridad, que siempre consideré a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de estados”.

Lo mismo pensaba el entonces Secretario de Estado, John Quincy Adams:

“Por su ubicación geográfica, Cuba y Puerto Rico constituyen apéndices naturales de Estados Unidos”.

Siempre tenemos que recordar la advertencia de José Martí, cuando nos dijo:

“Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

Los yanquis no se respetan.


Por Arthur González.

Acostumbrados a las mentiras, a los gobernantes yanquis no les importa que pasado un tiempo la verdad les salte en la cara, demostrando como falsean la verdad cuando pretenden alcanzar un objetivo concreto.

Aún se recuerda con la firmeza que el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson, negó que su país estuviera involucrado en los ataques aéreos a los aeropuertos de la Habana, Santiago de Cuba y la base aérea de San Julia, el 15 de abril de 1961, preámbulo de la invasión mercenaria a Cuba preparada por la Casa Blanca y la CIA.

En su declaración contra la acusación del canciller cubano Raúl Roa, el embajador Stevenson mostró una foto, entregada por el Departamento de Estado, donde se veía un supuesto avión de las fuerzas aéreas revolucionarias cubanas, con el inventado piloto desertor.

Poco duró la farsa y el embajador Stevenson reconoció años después que “aquella había sido la experiencia más humillante de mi vida pública, al sentirme deliberadamente manipulado por mi propio gobierno”.

Otras mentiras se han producido en los años, como la que Irak tenía armas químicas y era preciso invadirla con el ejército yanqui, días después el mundo conocía que todo era parte de un plan expansionista para apoderarse del petróleo, entre otras razones.

Cuba tiene una larga lista de hechos mentirosos desarrollados por Estados Unidos para justificar agresiones, actos de guerra económica y otros con la esperanza de destruir a la Revolución socialista que tanto odian.

El más reciente es la gran mentira de los inventados ataques acústicos y las falsas enfermedades, casualmente de los oficiales CIA que con ropaje diplomático trabajaban en su misión diplomática en La Habana, todo con única intención de cerrar la embajada y congelar al máximo las relaciones establecidas por Barack Obama, tal y como prometió Donald Trump en Miami, durante sus discursos de campaña en 2016.

Después de dos años sin mostrar una sola prueba de las inventadas enfermedades y las causas, el legendario diario The New York Times, publicó un artículo donde afirma que un grupo de “importantes científicos y biólogos” de Estados Unidos y el Reino Unido, después de realizar “un profundo estudio” sobre los presuntos ataques acústicos sufridos por los diplomáticos estadounidenses en La Habana, llegaron a la conclusión de que de lo escuchado por los diplomáticos “afectados”, son realmente los chirridos de un tipo de insecto específico, nada menos que el grillo cubano “Anurogryllus celerinictus”.

Como mismo le sucedió al embajador Adlai Stevenson, le pasará los supuestos científicos que se prestaron al juego de la CIA para afirmar tal ridiculez, pues nadie con un poco de sentido común puede creerse que un grillo cause las enfermedades que afirman padecer los oficiales diplomáticos.

El verdadero causante de esos hechos se llama Mike Pompeo, director de la CIA, en ese entonces, que aprobó el plan para cerrar poco a poco la misión diplomática en La Habana, a pesar de que muchos de sus subordinados se opusieron a tal acto, debido a la pérdida de posibilidades para el trabajo de espionaje, que un cierre de la misión les ocasionaría.

Hay más tiempo que vida, por tanto, en unos años se conocerá toda la verdad y harán el ridículo todos los que se prestaron para esta patraña, incluidos biólogos, científicos y demás especialistas, quienes perderán todo prestigio ante la comunidad científica.

Mientras, la CIA tendrá que disponer de altos presupuestos para pagar las indemnizaciones que seguramente reclamarán los afectados, ahora respaldados por esas “consideraciones científicas”.

A la par, Cuba exhibe seguridad y bellezas naturales a los turistas y visitantes a la Isla, incluidas figuras de la cultura, la ciencia y de variadas ocupaciones que poseen aquellos que siguen optando por disfrutar de las playas y ciudades cubanas, porque como afirmara José Martí:

“La dicha es el premio de los que crean y no de los se destruyen”

 

 

El 11 de septiembre fue el pretexto de EE.UU. para ejecutar invasiones


Por Arthur González.

Fatídico día el 11 de septiembre, tal parece estar marcado como un día de muertes.

En Chile ese día de 1973 moría el presidente Salvador Allende, en medio de un golpe militar diseñado, financiado y respaldado por la CIA y la Casa Blanca, algo vergonzoso para los que se proclaman campeones de los derechos humanos y de la democracia.

En el centro de New York el 11.09.2001, el mundo observaba estupefacto como se destruía una poderosa mole de hormigón y acero, sin que se pudiera hacer algo por detener su caída, hecho incomprensible y muy sospechosos para ingenieros y arquitectos que conocían de la calidad de su construcción.torres-gemelas

Lo sorprendente del caso fueron las imágenes cinematográficas del primer impacto, calidad que las cámaras de seguridad instaladas en la ciudad no poseen, lo que hace versionar que se esperaba el hecho con fotógrafos profesionales que las divulgarían para darle mayor dramatismo al suceso, él que posteriormente sirvió de pretexto para invadir a Afganistán.

A partir de ese hecho el mundo no ha vuelto a ser el mismo y los actos terroristas afectan hoy a cualquier ciudad de Europa, Asia o el Medio Oriente.

Estados Unidos, con su política de guerras de rapiñas para apoderarse de los recursos naturales y eliminar físicamente a líderes que no eran de su agrado, cambió la paz mundial por la guerra y la inestabilidad de millones de personas que hasta ese entonces vivían en armonía y relativa prosperidad.

La guerra contra Irak demostró hasta donde son capaces de llegar por obtener recursos naturales. La mentira tejida contra Sadam Husein de poseer armas químicas, sirvió para invadir un país que había alcanzado un buen desarrollo económico, cultural y social.

Contra él se diseñaron campañas para hacerle creer al mundo que era un criminal desmedido. Sin embargo, los que le criticaron fueron peores, al aniquilar poblados enteros en una guerra de rapiña que posteriormente se comprobó fue ejecutada sobre mentiras expresadas por altos funcionarios de Estados Unidos.

Le siguieron Libia y Siria, algo que desestabilizó toda la región, donde han muertos centenares de miles de civiles inocentes, se perdieron monumentos patrimoniales y el terrorismo se adueñó del mundo que, como bola de nieve en caída libre, resultará muy difícil de detener.

A pesar de tantas muertes y daños causados por Estados Unidos, aún tienen la desvergüenza de juzgar a los demás y confeccionar listas de supuestos violadores de los derechos humanos, siendo ellos los principales responsables de lo que sucede hoy a nivel mundial.

Cuba es un ejemplo vivo de lo que son capaces los políticos estadounidenses, con tal de derrocar su sistema socialista.

Planes de terrorismo de estado, de asesinato a sus principales líderes, introducción de plagas y enfermedades contra las personas, la flora y la fauna, más acciones contra su desarrollo económico con la imposición desde hace casi 60 años de la más larga y cruel guerra económica, son pruebas de la naturaleza de los Estados Unidos.

Recordando el 11 de septiembre vale la pena releer un plan propuesto el 13 de marzo de 1962 por el Jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor del ejército de los Estados Unidos, el General L.L. Lemnitzer, quien remitió un memorando al Secretario de Defensa, clasificado “Top Secret, Special Handling, Noforn”, para ser trasladado al Jefe de Operaciones del Proyecto Cuba, en el cual se proponían un conjunto de acciones con el fin de justificar una intervención militar de los Estados Unidos en Cuba.

Dichas acciones son las siguientes: Sigue leyendo

Insisten en Miami darle lecciones a Cuba


Por Arthur González

Medio siglo no es suficiente para darse cuenta de la realidad, pues los autodenominados “exiliados” cubanos continúan con su arcaica y gasta retórica de “luchar por una Cuba Libre”.

Parece que la vejez de muchos de los miembros del mal llamado “exilio” les impide discernir lo que es realmente un exiliado y el concepto de libertad. miami

Los que abandonaron su país en 1959, lo hicieron huyéndole a la justicia que les pedía cuenta por los crímenes cometidos durante la sangrienta tiranía de Fulgencio Batista, hechos de los cuales esos “exiliados” no protestaban ni reclamaban el cumplimiento de los derechos humanos, cuando la sangre de los cubanos si corría calles abajo por todas las ciudades.

Tampoco pedían transiciones en Cuba ante el robo a manos llenas que cotidianamente cometía Batista. Ante eso callaban y se salpicaban con lo que podían alcanzar de tantos negocios turbios ejecutados por la mafia ítalo-norteamericana.

Jamás esos “exiliados” en Miami, protestaron por los abusos de la guardia rural que quemaba casas de campesinos, ni por los niños pidiendo limosnas en las ciudades, o por los que no tenían dinero con que pagar una cama en un hospital, ni enviar a sus hijos a una escuela para no engrosar el ejército de analfabetos que encontró la Revolución tras su triunfo.

Ese “exilio” que se enriqueció con el dinero recaudado para “liberar” a Cuba otorgado por la CIA y el Gobierno estadounidense, ahora se las dan de excelentes emprendedores, pero olvidan que el capital inicial no fue del sudor, como muchos quieren aparentar.

Solo basta con leerse los recientes documentos publicados por la CIA, para comprobar lo que en ese “exilio” ha hecho. Ahí está el caso de uno de los cinco hombres que se introdujeron secretamente en la sede del Comité Nacional Demócrata en 1972, dando lugar al escándalo del Caso Watergate.

En sus más reciente desclasificaciones, la CIA reconoce que ese cubano Eugenio Martínez, alias “musculito”, estaba a sueldo de la Agencia y calificado como un ferviente miembro del “exilio” anticastrista, participante en 1961 de la derrotada invasión por Bahía de Cochinos.

La propia CIA afirma que “musculito” secretamente le proporcionaba información sobre sus compatriotas “exiliados” en Miami. Sigue leyendo