Los yanquis no se respetan.


Por Arthur González.

Acostumbrados a las mentiras, a los gobernantes yanquis no les importa que pasado un tiempo la verdad les salte en la cara, demostrando como falsean la verdad cuando pretenden alcanzar un objetivo concreto.

Aún se recuerda con la firmeza que el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson, negó que su país estuviera involucrado en los ataques aéreos a los aeropuertos de la Habana, Santiago de Cuba y la base aérea de San Julia, el 15 de abril de 1961, preámbulo de la invasión mercenaria a Cuba preparada por la Casa Blanca y la CIA.

En su declaración contra la acusación del canciller cubano Raúl Roa, el embajador Stevenson mostró una foto, entregada por el Departamento de Estado, donde se veía un supuesto avión de las fuerzas aéreas revolucionarias cubanas, con el inventado piloto desertor.

Poco duró la farsa y el embajador Stevenson reconoció años después que “aquella había sido la experiencia más humillante de mi vida pública, al sentirme deliberadamente manipulado por mi propio gobierno”.

Otras mentiras se han producido en los años, como la que Irak tenía armas químicas y era preciso invadirla con el ejército yanqui, días después el mundo conocía que todo era parte de un plan expansionista para apoderarse del petróleo, entre otras razones.

Cuba tiene una larga lista de hechos mentirosos desarrollados por Estados Unidos para justificar agresiones, actos de guerra económica y otros con la esperanza de destruir a la Revolución socialista que tanto odian.

El más reciente es la gran mentira de los inventados ataques acústicos y las falsas enfermedades, casualmente de los oficiales CIA que con ropaje diplomático trabajaban en su misión diplomática en La Habana, todo con única intención de cerrar la embajada y congelar al máximo las relaciones establecidas por Barack Obama, tal y como prometió Donald Trump en Miami, durante sus discursos de campaña en 2016.

Después de dos años sin mostrar una sola prueba de las inventadas enfermedades y las causas, el legendario diario The New York Times, publicó un artículo donde afirma que un grupo de “importantes científicos y biólogos” de Estados Unidos y el Reino Unido, después de realizar “un profundo estudio” sobre los presuntos ataques acústicos sufridos por los diplomáticos estadounidenses en La Habana, llegaron a la conclusión de que de lo escuchado por los diplomáticos “afectados”, son realmente los chirridos de un tipo de insecto específico, nada menos que el grillo cubano “Anurogryllus celerinictus”.

Como mismo le sucedió al embajador Adlai Stevenson, le pasará los supuestos científicos que se prestaron al juego de la CIA para afirmar tal ridiculez, pues nadie con un poco de sentido común puede creerse que un grillo cause las enfermedades que afirman padecer los oficiales diplomáticos.

El verdadero causante de esos hechos se llama Mike Pompeo, director de la CIA, en ese entonces, que aprobó el plan para cerrar poco a poco la misión diplomática en La Habana, a pesar de que muchos de sus subordinados se opusieron a tal acto, debido a la pérdida de posibilidades para el trabajo de espionaje, que un cierre de la misión les ocasionaría.

Hay más tiempo que vida, por tanto, en unos años se conocerá toda la verdad y harán el ridículo todos los que se prestaron para esta patraña, incluidos biólogos, científicos y demás especialistas, quienes perderán todo prestigio ante la comunidad científica.

Mientras, la CIA tendrá que disponer de altos presupuestos para pagar las indemnizaciones que seguramente reclamarán los afectados, ahora respaldados por esas “consideraciones científicas”.

A la par, Cuba exhibe seguridad y bellezas naturales a los turistas y visitantes a la Isla, incluidas figuras de la cultura, la ciencia y de variadas ocupaciones que poseen aquellos que siguen optando por disfrutar de las playas y ciudades cubanas, porque como afirmara José Martí:

“La dicha es el premio de los que crean y no de los se destruyen”

 

 

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El 11 de septiembre fue el pretexto de EE.UU. para ejecutar invasiones


Por Arthur González.

Fatídico día el 11 de septiembre, tal parece estar marcado como un día de muertes.

En Chile ese día de 1973 moría el presidente Salvador Allende, en medio de un golpe militar diseñado, financiado y respaldado por la CIA y la Casa Blanca, algo vergonzoso para los que se proclaman campeones de los derechos humanos y de la democracia.

En el centro de New York el 11.09.2001, el mundo observaba estupefacto como se destruía una poderosa mole de hormigón y acero, sin que se pudiera hacer algo por detener su caída, hecho incomprensible y muy sospechosos para ingenieros y arquitectos que conocían de la calidad de su construcción.torres-gemelas

Lo sorprendente del caso fueron las imágenes cinematográficas del primer impacto, calidad que las cámaras de seguridad instaladas en la ciudad no poseen, lo que hace versionar que se esperaba el hecho con fotógrafos profesionales que las divulgarían para darle mayor dramatismo al suceso, él que posteriormente sirvió de pretexto para invadir a Afganistán.

A partir de ese hecho el mundo no ha vuelto a ser el mismo y los actos terroristas afectan hoy a cualquier ciudad de Europa, Asia o el Medio Oriente.

Estados Unidos, con su política de guerras de rapiñas para apoderarse de los recursos naturales y eliminar físicamente a líderes que no eran de su agrado, cambió la paz mundial por la guerra y la inestabilidad de millones de personas que hasta ese entonces vivían en armonía y relativa prosperidad.

La guerra contra Irak demostró hasta donde son capaces de llegar por obtener recursos naturales. La mentira tejida contra Sadam Husein de poseer armas químicas, sirvió para invadir un país que había alcanzado un buen desarrollo económico, cultural y social.

Contra él se diseñaron campañas para hacerle creer al mundo que era un criminal desmedido. Sin embargo, los que le criticaron fueron peores, al aniquilar poblados enteros en una guerra de rapiña que posteriormente se comprobó fue ejecutada sobre mentiras expresadas por altos funcionarios de Estados Unidos.

Le siguieron Libia y Siria, algo que desestabilizó toda la región, donde han muertos centenares de miles de civiles inocentes, se perdieron monumentos patrimoniales y el terrorismo se adueñó del mundo que, como bola de nieve en caída libre, resultará muy difícil de detener.

A pesar de tantas muertes y daños causados por Estados Unidos, aún tienen la desvergüenza de juzgar a los demás y confeccionar listas de supuestos violadores de los derechos humanos, siendo ellos los principales responsables de lo que sucede hoy a nivel mundial.

Cuba es un ejemplo vivo de lo que son capaces los políticos estadounidenses, con tal de derrocar su sistema socialista.

Planes de terrorismo de estado, de asesinato a sus principales líderes, introducción de plagas y enfermedades contra las personas, la flora y la fauna, más acciones contra su desarrollo económico con la imposición desde hace casi 60 años de la más larga y cruel guerra económica, son pruebas de la naturaleza de los Estados Unidos.

Recordando el 11 de septiembre vale la pena releer un plan propuesto el 13 de marzo de 1962 por el Jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor del ejército de los Estados Unidos, el General L.L. Lemnitzer, quien remitió un memorando al Secretario de Defensa, clasificado “Top Secret, Special Handling, Noforn”, para ser trasladado al Jefe de Operaciones del Proyecto Cuba, en el cual se proponían un conjunto de acciones con el fin de justificar una intervención militar de los Estados Unidos en Cuba.

Dichas acciones son las siguientes: Sigue leyendo

Insisten en Miami darle lecciones a Cuba


Por Arthur González

Medio siglo no es suficiente para darse cuenta de la realidad, pues los autodenominados “exiliados” cubanos continúan con su arcaica y gasta retórica de “luchar por una Cuba Libre”.

Parece que la vejez de muchos de los miembros del mal llamado “exilio” les impide discernir lo que es realmente un exiliado y el concepto de libertad. miami

Los que abandonaron su país en 1959, lo hicieron huyéndole a la justicia que les pedía cuenta por los crímenes cometidos durante la sangrienta tiranía de Fulgencio Batista, hechos de los cuales esos “exiliados” no protestaban ni reclamaban el cumplimiento de los derechos humanos, cuando la sangre de los cubanos si corría calles abajo por todas las ciudades.

Tampoco pedían transiciones en Cuba ante el robo a manos llenas que cotidianamente cometía Batista. Ante eso callaban y se salpicaban con lo que podían alcanzar de tantos negocios turbios ejecutados por la mafia ítalo-norteamericana.

Jamás esos “exiliados” en Miami, protestaron por los abusos de la guardia rural que quemaba casas de campesinos, ni por los niños pidiendo limosnas en las ciudades, o por los que no tenían dinero con que pagar una cama en un hospital, ni enviar a sus hijos a una escuela para no engrosar el ejército de analfabetos que encontró la Revolución tras su triunfo.

Ese “exilio” que se enriqueció con el dinero recaudado para “liberar” a Cuba otorgado por la CIA y el Gobierno estadounidense, ahora se las dan de excelentes emprendedores, pero olvidan que el capital inicial no fue del sudor, como muchos quieren aparentar.

Solo basta con leerse los recientes documentos publicados por la CIA, para comprobar lo que en ese “exilio” ha hecho. Ahí está el caso de uno de los cinco hombres que se introdujeron secretamente en la sede del Comité Nacional Demócrata en 1972, dando lugar al escándalo del Caso Watergate.

En sus más reciente desclasificaciones, la CIA reconoce que ese cubano Eugenio Martínez, alias “musculito”, estaba a sueldo de la Agencia y calificado como un ferviente miembro del “exilio” anticastrista, participante en 1961 de la derrotada invasión por Bahía de Cochinos.

La propia CIA afirma que “musculito” secretamente le proporcionaba información sobre sus compatriotas “exiliados” en Miami. Sigue leyendo