Reconoce Donald Trump que fue engañado sobre Venezuela.


Por Arthur González.

El diario The Washington Post acaba de publicar un artículo donde afirma que el actual inquilino de la Casa Blanca, el inexperto en política Donald Trump, aseguró sentirse frustrado ante las constantes derrotas sufridas en Venezuela, en su obsesión por derrocar al presidente constitucional Nicolás Maduro.

Todo indica que el Presidente yanqui está insatisfecho con la estrategia diseñada por los especialistas de la CIA y su asesor de seguridad nacional, John Bolton, la que no logra aglutinar al pueblo venezolano a favor del títere Juan Guaidó, figura gris mal seleccionada para fungir, o, mejor dicho, fingir como gobernante interino.

Guaidó, ausente de carisma, imagen atractiva y de un discurso encendido, no ha sido capaz de movilizar a la oposición y menos aún de ser reconocido por los militares, demostrando una nefasta actuación durante el fallido intento de trasladar hacia Venezuela la ayuda “humanitaria” por la frontera colombiana, el pasado mes de febrero 2019, a pesar del fuerte apoyo sustentado por Estados Unidos, en el que movilizaron al Secretario General de la OEA, y a los presidentes de Colombia, Chile, y Paraguay, para estar junto al títere Guaidó.

Como operación mediática, Estados Unidos aprobó un concierto organizado por el empresario británico Richard Branson, fundador del Grupo Virgin, el que atrajo a un grupo de artistas de fama internacional, quienes quedaron en ridículo y marcados para la historia como peones de los yanquis, al no obtener los resultados planificados.

Funcionarios del Gobierno y de la Casa Blanca, aseguran que Trump se siente engañado, pues la CIA y Bolton le aseguraron que reemplazar al presidente Maduro por Juan Guaidó, sería una tarea muy fácil, pero en realidad ha sido todo lo contrario.

Ya pasaron tres meses de su auto proclamación como Presidente sin resultados, y la vida dice que todo el dinero gastado en sostenerlo ha sido un fiasco total. Los 50 países que se dejaron presionar por Washington, deben estar sacando las mismas conclusiones y en el futuro tendrán que volver a reconocer a Maduro como único y legitimo presidente de Venezuela.

Lo que le sucede hoy a Trump, también lo sufrió el presidente John F. Kennedy, cuando el entonces director de la CIA, Allen Dulles, le aseguró en 1961, que el pueblo cubano “esperaba ansioso” la llegada de la invasión con la brigada mercenaria por Bahía de Cochinos, la que fue enfrentada y vencida en solo 67 horas.

Al tener que asumir la derrota, Kennedy tomó la decisión de defenestrar a la CIA y a varios de sus asesores por engañarlo, medida que tendrá que tomar Trump con Bolton y Elliott Abrams, que no dan en el centro de la diana con sus planes imperiales contra Maduro, y solo han incrementado el odio de millones de personas y de países como los centroamericanos, a los que les retiró más de 450 millones de dólares, al no poder detener el flujo de inmigrantes indocumentados de Guatemala, El Salvador y Honduras, hacia la frontera sur de Estados Unidos con México.

Hoy Estados Unidos posee mayor rechazo en América Latina y otros lugares del mundo, debido a su política intervencionista e injerencista, incluidas las sanciones económicas y financieras a Cuba y Venezuela, unido a las elevadas multas impuestas a bancos extranjeros y la reciente liberación de la aplicación del Título III de la execrable Ley Helms-Burton, que perjudica a miles de inversionistas extranjeros en Cuba, muchos de ellos procedentes de países aliados a Estados Unidos.

Kennedy también subestimó a Fidel Castro y su prepotencia imperial no le permitió valorar el mayoritario respaldo popular que tuvo, de ahí sus constantes fracasos en derrocarlo, llegando en su desesperación a aceptar los planes propuestos por la CIA para asesinarlo, unido a operaciones de terrorismo de Estado, acciones de guerra económica y biológica, que sus sucesores han seguido sin el menor resultado, porque continúan sin evaluar objetivamente el apoyo del pueblo a su Revolución.

Con Venezuela les sucede de forma idéntica, y cuales trasnochados embriagados, persisten en la guerra económica como medio para que el pueblo se lance a las calles, ante las crecientes limitaciones alimentarias.

Si Trump no toma en serio sus fracasos en Venezuela, terminará aceptando las propuestas del anciano John Bolton, que pide constantemente una intervención militar en Venezuela, y sin dudas será el fracaso y fin de su carrera política, debido a la cantidad de muertos que pondrá el ejército norteamericano, bajas que no podrá justificar ante sus ciudadanos, pues los venezolanos, al igual que los cubanos en Bahía de Cochinos, defenderán su patria con todo el coraje que tienen como herencia de sus próceres, principalmente de Simón Bolívar.

Hay que estar ciego para no ver que la oposición venezolana no está dispuesta a enfrentarse en las calles con el pueblo, pues la integran miembros de la burguesía acostumbrados a vestir con sacos y corbatas, sin mezclarse con los trabajadores y personas humildes, quienes apoyan a Maduro por ser los más beneficiados de la Revolución chavista y de sus programas sociales.

Esa oposición burguesa tomó el camino de Miami, España y otros países de habla hispana, llevándose en sus maletas el capital suficiente para vivir bien en el “exilio”.

Los que se quedaron, después del fiasco de la intentona golpista, corren a refugiarse en embajadas para evitar la justicia y otros son encarcelados por violar las leyes del país.

Guaidó sigue en libertad, como una magistral maniobra de Maduro para que aumente su desprestigio ante el mundo, detenerlo sería convertirlo en víctima, pero él caerá por su propio peso sin penas ni glorias.

Mientras, desde Washington, Bolton y Abrams con total ignorancia del sentimiento de los pueblos, continúan jugando a la guerra desde posiciones seguras, pero sin mojarse sus posaderas.

Certero fue José Martí cuando afirmó:

“La ignorancia es la garantía de los extravíos políticos”.

 

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Estados Unidos contra Venezuela.


Por Arthur González.

Desde que Hugo Chávez Frías alcanzó la presidencia de Venezuela, Estados Unidos inició variadas operaciones especiales para derrocarlo, siguiendo los mismos planes aplicados contra Cuba desde 1959.

Su plan maestro es la guerra económica, comercial y financiera para evitar que el gobierno satisfaga las necesidades del pueblo y luego culpar al sistema de la crisis, aunque todos saben que el único responsable es Estados Unidos, quien a través de sus agencias de inteligencia presionan, reclutan y organizan a la contrarrevolución, copiando sus fracasados métodos aplicados a la Revolución cubana.

Contra Nicolás Maduro incrementaron sus acciones subversivas, con el fin de evitar que ganara las elecciones presidenciales, situación que el pueblo no respaldó, eligiéndolo en las urnas de forma democrática en dos oportunidades.

De nada valieron los millones de dólares repartidos entre estudiantes universitarios, partidos opositores, la burguesía y hasta grupos de delincuentes; ni la preparación llevada a cabo por la USAID y la NED desde la misión diplomática yanqui y otras entidades, incluida la Iglesia Católica venezolana.

Ante la impotencia por sus constantes fracasos en Cuba, en 1962, Estados Unidos optó por intentar comprar algún funcionario de alto rango dentro del gobierno, ofreciéndole una alta suma de dinero, con vistas a provocar un golpe militar que justificara la invasión a la Isla por el ejército yanqui.

De acuerdo con la Operación Mangosta, aprobada por el presidente J.F. Kennedy, la CIA tenía que:

“Proponer el 1ro de febrero 1962, un plan para la defección de altos funcionarios gubernamentales cubanos, con el fin de dividir el régimen desde dentro. Este empeño debe ser imaginativo y bastante atrevido para considerar el nombre de un desertor valorado al menos en un millón de dólares”

Esas acciones estarían respaldadas por la desprestigiada OEA, siempre al servicio de los dictados de la Casa Blanca, y al analizarlas se constata la similitud de las aplicadas ahora contra Caracas, copia fiel de las que desarrollaron contra La Habana en aquel año de 1962, y según consta en la mencionada Operación:

“El Departamento de Estado está concentrando sus esfuerzos en la Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, la cual comenzará el 22 de enero, esperando obtener un amplio respaldo del Hemisferio Occidental, a las resoluciones de la OEA que condenen a Cuba y la aíslen del resto del Hemisferio. Se está considerando una resolución solidaria, mediante la cual OEA ofrezca alivio directo al angustiado pueblo cubano…, como un medio para lograr la simpatía del pueblo, sin tener que reconocer al gobierno comunista. La reunión de la OEA será apoyada por demostraciones públicas en América Latina, generadas por la CIA y las campañas psicológicas asistidas por USIA”.

La mayor tarea para nuestra hábil diplomacia es alentar a los líderes latinoamericanos a desarrollar operaciones independientes similares a este Proyecto, buscando una rebelión interna del pueblo cubano contra el régimen comunista”.

Igual que hicieron contra la Revolución cubana, ahora Estados Unidos presionó a un grupo los líderes latinoamericanos, para aceptaran sus decisiones y afirmen que el presidente de Venezuela “es un gobernante cada vez más autoritario que ha arruinado la economía de su país, provocando una escasez extrema de alimentos y medicinas”, como resultado, el colapso que desencadenó el éxodo de venezolanos desesperados”.

Todo es parte del montaje de la guerra económica, prevista para lograr el desencanto y el desaliento de la población, respaldado por campañas de prensa diseñadas para influir psicológicamente en los venezolanos y el mundo en general.

El pasado 08 de septiembre 2018, un artículo de The New York Times afirmaba que: La administración Trump sostuvo reuniones secretas con militares rebeldes de Venezuela el año pasado, para discutir sus planes de derrocar al presidente Nicolás Maduro”.

El final que busca el diseño de esa operación contra Venezuela, es la invasión militar norteamericana con el apoyo de varios países de la región, tal y como planificaron contra Cuba, lo que quedó plasmado en el Plan Mangosta, que expone textualmente:

“La CIA ha alertado al Departamento de Defensa que hará falta un considerable apoyo militar, incluyendo dos submarinos, lanchas PT, guardacostas tipo Cutter, instructores de fuerzas especiales, aviones C-54, aviones F-86, aviones anfibios, portahelicópteros, un batallón del ejército dedicado a la confección y lanzamiento de volantes, y Guantánamo como base para las operaciones submarinas. La CIA cree que su papel será fabricar y extender un movimiento popular, prestigioso y real, el cual creará un clima político que puede proporcionar un marco de justificación plausible, para la intervención armada de Estados Unidos en Cuba”.

Recordemos que, en agosto 2017, el presidente Donald Trump declaró: “Estados Unidos tiene una opción militar para Venezuela”, lo que provocó la condena de sus aliados en la región. Además, prorrogó por un año más, el decreto de “emergencia nacional”, que declara a Venezuela como una “amenaza inusual” a la seguridad nacional y a los intereses estadounidenses, precepto firmado por primera vez en el 2015 por su antecesor, el presidente demócrata Barack Obama.

La historia está carga de hechos similares ejecutados por Estados Unidos. Entre los más cercanos están la invasión a Cuba por Bahía de Cochinos, la invasión a República Dominicana, el golpe militar contra Salvador Allende en Chile, la organización de la contrarrevolución en Nicaragua, que culminó con el escándalo del Irán-Contra, la invasión a Panamá y a Granada, entre muchas otras.

No por gusto José Martí alertó:

“Los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las 7 leguas…y para eso, hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes”.

 

Filmará Hollywood accionar terrorista de la mafia anticubana en Miami.


Por Arthur González.

La verdad siempre se abre camino, aunque demore, y ahora Hollywood aceptó llevar a la gran pantalla la historia de una parte de las acciones terroristas ejecutadas por la mafia terrorista anticubana de Miami, que tanto el pueblo cubano ha denunciado.

La totalidad de las denuncias de esas acciones terroristas contra Cuba, tendrán que esperar para que Hollywood se decida a contarlas, pues muchos de sus ejecutores aún viven plácidamente en Estados Unidos, apoyados por Congresistas renombrados como Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Bob Menéndez, Marco Rubio, Ted Cruz y otros más.

El filme basado en el reciente libro titulado The Corporation, intenta relatar los hechos acontecidos durante 30 años, ejecutados por mafiosos cubanos, todos con estatus de “refugiados políticos” otorgado por las autoridades estadounidenses, aunque en el libro son catalogados como “aventuras reales”, evitando llamarlos actos terroristas para no buscarse conflictos con los máximos responsables de esos planes.

Esa mafia fue formada, entrenada y financiada por la CIA para actuar en Cuba contra la Revolución, muchos de sus miembros formaron parte de la Brigada mercenaria que invadió la Isla en 1961 y después de ser liberados por el Gobierno cubano regresaron a Estados Unidos, entrenándose para actos terroristas, donde la lucha por el dinero y el poder político trajo como consecuencia una guerra entre ellos.

The Corporation, relata parte de la vida de un solo grupo de esos “refugiados políticos” cubanos, dirigido por José Miguel Battle, mercenario de la invasión por Bahía de Cochinos, devenido en capo del juego ilegal y las drogas, desde Miami hasta New York, algo que todavía se materializa en el bajo mundo de esos anticubanos, muchos de los cuales amasan poderosas fortunas con la que apoyan a políticos de origen cubano y estadounidense, para que se opongan a la mejoría de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

José Miguel Battle, es uno de los cientos de esbirros del dictador Fulgencio Batista, que lograron escapar de la justicia revolucionaria y encontraron apoyo y refugio seguro de las autoridades yanquis, las que se negaron a cumplir con el acuerdo de extradición firmado con Cuba y vigente hasta 1961, a pesar del reclamo oficial que las autoridades cubanas hicieron durante años.

Asesinos, torturadores y ex miembros de los órganos represivos del dictador Batista, como Battle, conforman esa mafia descrita a medias en el libro, porque otros como Rafael Díaz-Balart, ex ministro del interior, también refugiado en Miami; Rolando Masferrer, asesino jefe de un órgano paramilitar conocido como Los tigres; el Coronel Esteban Ventura, asesino de cientos de jóvenes; Conrado Carratalá Ugalde, ex jefe del Departamento de la Dirección de la policía batistiana; Luis Alberto del Rio Chaviano, General de Brigada del ejército batistiano; los Coroneles Orlando Piedra Negueruela, Mariano Faget Díaz y Rafael M. A. Gutiérrez Martínez; Pilar Danilo García y García, General de Brigada jefe de la policía del tirano; Teniente Coronel Irenaldo Remigio García Báez ex jefe del Servicio de Inteligencia Militar de Batista, entre otros, no son mencionados en dicho libro a pesar del volumen de crímenes que acumulan.

El texto tampoco narra la Operación Cóndor, ejecutada por la CIA en América Latina, donde muchos de esos mafiosos cubanos se encargaron de asesinar y torturar a miles de jóvenes; ni los actos terroristas que sufrió el pueblo cubano a manos de agentes de la CIA, como Carlos Alberto Montaner, detenido y sancionado por colocar una petaca incendiaria en un centro comercial en La Habana, fugado de la cárcel y refugiado hoy en Estados Unidos.

Igualmente, omiten mencionar al asesino múltiple Luis Posada Carriles, “refugiado político” en Miami a pesar de ser el autor confeso de la voladura de un avión civil cubano en pleno vuelo, donde murieron 73 inocentes.

Los actos terroristas planificados y ejecutados por decenas de organizaciones contrarrevolucionarias financiadas por la CIA, como los Comandos L, Alfa 66 y Omega 7, necesitan de una serie con muchas temporadas, para que el mundo conozca la verdad del por qué Cuba lleva 60 años denunciándolos.

Miles son los muertos y asesinados por esos mafiosos, entre ellos diplomáticos cubanos, la detonación de bombas en embajadas, consulados y oficinas comerciales de Cuba en el exterior, buques dinamitados, la introducción de gérmenes patógenos para enfermar a personas, animales y la flora de la Isla, y muchos crímenes más. 

The Corporation es una mínima parte la historia de esa mafia anticubana, toda con estatus de “refugiados políticos”, gracias a la manipulación subversiva de la política migratoria de Estados Unidos contra Cuba, encabezada por la Ley de Ajuste Cubano.

Los relatos de enfrentamientos a tiros a plena luz del día en las calles de La Pequeña Habana y los golpes exitosos celebrados con fiestas donde regalaban bolsas de cocaína, son casi juegos de niños comparado con las tenebrosas acciones de esa mafia, como fue la colocación de una bomba bajo el asiento del ex canciller chileno Orlando Letelier en Washington, donde murieron despedazados él, su esposa y el chofer.

Sus autores, entre ellos Guillermo Novo Sampol, viven tranquilamente en Miami como “refugiados políticos”, gracias a las gestiones realizadas por la congresista Ileana Ros-Lehtinen.

El libro, aunque no abarca todas las acciones terroristas, es una muestra de quienes son esos asesinos a los que Estados Unidos acogió como” refugiados”, ocultándole la verdad a sus ciudadanos que con parte de sus impuestos han mantenido a esa crápula que conforma parte del mal llamado “exilio cubano”.

Por eso recordamos a José Martí cuando expresó:

“Se sonríe ante la aparición de la verdad”.

 

 

 

Estados Unidos acepta que los cubanos de Miami son terroristas


Por Arthur González

La verdad se abre camino y pasado más de medio siglo, el gobierno de Estados Unidos no ha tenido otra alternativa que decidirse a desclasificar miles de documentos en los que se demuestra que los llamados “luchadores por la libertad” e integrantes del denominado “exilio cubano”, son realmente comunes asesinos terroristas al servicio de la CIA  y directa participacion en el asesinato de JFK.

El actual presidente Donald Trump, se reunió en Miami con parte de esos asesinos, a los que, para complacerlos, les prometió endurecer la guerra económica contra Cuba.

Ante la posible desclasificación de cientos de miles de páginas celosamente guardadas en los archivos de la CIA y del FBI, el mundo podrá comprobar que las denuncias de Cuba durante casi 60 años son ciertas y que la mafia anticubana está integrada por asesinos y terroristas, que de políticos no tienen ni la ropa que llevan puesta.

Funcionarios gubernamentales yanquis admiten hoy que muchos de los participantes en el magnicidio del Presidente John F. Kennedy, son cubanos radicados en Miami bajo el estatus migratorio de refugiados, otorgados bajo las administraciones de Dwight Eisenhower y paradójicamente por el propio Kennedy.

Muchos de esos delincuentes comunes nunca fueron entregados Cuba, a pesar de las reclamaciones legales del gobierno cubano, debido a los delitos que habían cometido en la isla antes de 1958.

Esos asesinos estuvieron bajo las órdenes de la CIA en sus planes para aplastar los movimientos revolucionarios en América Latina y África, pero nunca se les sancionó, como son los casos de Orlando Bosch, Félix Rodríguez y Luis Posada Carriles, quienes recibieron además el apoyo de congresistas de origen cubano como Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart.

Debido a su participación en acciones terroristas y asesinatos de líderes revolucionarios, la CIA aún se opone a que se desclasifiquen importantes documentos, ya que prueban la responsabilidad de esa Agencia en el asesinato del presidente J.F. Kennedy y de su hermano Robert, y provocaría que la opinión pública los acusara de tales actos, bajo el supuesto nombre de “la libertad”.

Cuando la Revolución cubana califica a los cubanos acogidos en Miami de terroristas, la prensa oficialista yanqui cumpliendo órdenes de la CIA, los llama “patriotas que luchan por liberar a su pueblo”.

Esos supuestos “patriotas” fueron parte de la brigada mercenaria, organizada y financiada por la CIA, para invadir a Cuba en 1961 y en otras misiones de bombardeo y ametrallamiento a objetivos económicos y civiles cubanos, donde perdieron la vida personas inocentes.

Organizaciones contrarrevolucionarias como Comandos L, Alfa 66, Omega 7 y otras similares, cometieron miles de actos terroristas contra embajadas cubanas y oficinas cubanas en el exterior, pueblos pesqueros, buques mercantes y de pesca, instalaciones turísticas y centros de producción y servicios, con el fin de causar la muerte y el terror en el pueblo.

Tampoco faltaron la introducción de virus y gérmenes patógenos que produjeron múltiples enfermedades en la población, la flora y la fauna de la isla, como fue el Dengue Hemorrágico que solo en 1981 infestó a 344 mil 203 personas, de las que murieron 158, de ellos 101 eran niños.

Ahora la prensa oficialista de Estados Unidos no tendrá otra alternativa que publicar alguno de esos documentos, donde se prueba la participación de los “refugiados cubanos”, los que han sido protegidos por las autoridades estadounidenses desde 1959, a pesar de la supuesta lucha mundial que dicen librar contra el terrorismo, cuando son ellos los creadores del terror a escala planetaria.

Nombres como los de Manuel Artime, integrante de la brigada mercenaria que invadió Cuba por Bahía de Cochinos, Virgilio González, Eugenio Martínez, Ricardo -El mono- Morales, Antonio Cuesta, unido a Bosch y Posada, aparecen en numerosos informes como actores de asesinatos y otras acciones terroristas, lo que obligará al FBI a tomar algunas medidas legales, a no ser que continúen protegiéndoles bajo el manipulado calificativo de “patriotas por la libertad”, dedicados a la “causa por la democracia cubana”.

El propio presidente Trump tendrá que dar explicaciones a sus electores, por el apoyo público que brinda a esos ciudadanos de origen cubano, que tienen sus manos manchadas de sangre inocente de un pueblo que su único delito es haber decidido, en 1959, tomar un camino sin el tutelaje de Estados Unidos.

Habrá que esperar para conocer cuáles serán los documentos que Donald Trump autoriza a desclasificar, siempre que cuente con el visto bueno de la CIA y el FBI, porque en ellos aparecen personas y organizaciones creadas en la Florida, las que han tenido un papel protagónico en delitos que van, desde los planes para asesinar al líder cubano Fidel Castro, hasta su participación directa en los programas de acción encubierta elaborados por la CIA y aprobados por los presidentes de Estados Unidos.

El mundo conocerá que Cuba nunca ha mentido y lleva más de medio siglo siendo una víctima de ese país que se autodenomina paladín de los derechos humanos, cuando en realidad es el principal violador de cuanta norma internacional existe en el mundo, como es la criminal guerra económica que persigue matar por hambre y enfermedades a todo un pueblo.

Por eso, José Martí que los conoció bien por dentro, aseguró:

“De esta tierra no espero nada más que males”